Medio Ambiente

Actualmente el uso de la bicicleta se ha convertido en un gusto, una necesidad y un asunto de consciencia ecológica para las clases medias y altas, además del ya conocido transporte popular, de ahí el interés por las famosas ciclo vías, asunto digno de celebrar. Sin embargo, desde mi punto de vista, en el diseño de las mismas, y si realmente queremos pensar en la movilidad urbana, tenemos que poner atención y recordar a los que cotidianamente han usado ese medio de transporte desde siempre y entonces veremos que en México las bicicletas no son un transporte individual sino colectivo e incluyen adaptaciones para quienes se mueven y al mismo tiempo ejercen un oficio.



Fotografía de Rafael Bonilla

Cualquiera ha visto en los barrios populares de Puebla y desde luego en Cholula a una familia en una sola bici: la señora en la parrilla trasera con las piernas de lado, un asiento en el travesaño para el niño, alguno más en los diablitos y hasta alguna adaptación en el volante; ni qué decir del panadero con la canasta en la cabeza, el afilador o el vendedor de tamales con su digna carga para la dicha estomacal. Ahora imaginemos la escena de cualquiera de ellos subiendo las empinadas ciclo vías proyectadas en la avenida Hermanos Serdán y sin sombra alguna por la decisión, al parecer ya reversible, de además quitar los árboles, fresnos y palmas entre otros, mismos que no sólo hermosean la avenida y nos dan oxígeno, como una grata bienvenida a quienes ingresan de la ciudad de México a Puebla, también proporcionan la adecuada sombra tan necesaria para el peatón y el ciclista. Quien diseñó sobre la Hermanos Serdán la mentada ciclo vía, no parece conocer Puebla, ya no digamos que alguna vez haya transitado a pie por esa avenida o moviendo el pedal. En hora buena entonces el movimiento ciudadano que ha logrado al parecer revertir al menos en parte, esa decisión.

En gratitud a los del pedal y a quienes aman los árboles, básicamente porque además de hermosos son fundamentales para la vida humana, va está selección de carteles ciclistas publicados en 1972: 100 Years Bicycle Posters. La edición buscó en su momento celebrar tanto el avance de la litografía que en 1872 hizo posible los posters pictóricos a color; como ese mismo año la adaptación por la compañía Smith & Sterley, de las dos llantas de la misma dimensión en las bicicletas, lo que permitió a su vez la proliferación de lo que se conoce como la bicicleta moderna.



Mundo Nuestro. Una vez una ciudadanía decidida a impedir por la vía de la movilización pacífica salió a la Avenida Hermanos Serdán, esta vez en bicicleta, a levantar la voz racional contra la más absurda y disparatada idea que ha tenido el gobernador Moreno Valle contra la ciudad de Puebla, a la que trata como si de su propiedad fuera. Y a la que impone proyectos sin tomar en cuenta al gobierno municipal de turno, consciente de que los que por ahí han circulado como alcaldes en los últimos tiempos están para obedecerle.

No es posible imaginar mayor tontería. No hay otra palabra que sirva, aunque a la mano tenemos la del negocio que como método se asocia a los proyectos de obra púbilica en nuestro país. Igual para los pequeños gobiernos que para los estatales y de la república. La vieja frase priista en el Distrito Federal: "Haz obra, que algo sobra..."

Un proyecto absurdo en una ciudad que no acaba de resolver problemas antiguos, que están en el estómago de sus ciudadanos, y que arroja como resultado reyertas entre policías y comerciantes en el cetro histórico que por verdadero azar no dejaron una estela de muertos.



¿En qué idioma habrá que dirigirse a las autoridades para exigirles que reconsideren este proyecto de ciclovía recreativa que se llevará, en el mejor de los casos --pues por ahí dejaron ver la posibilidad de que cambien el trazo hacia el centro de la avenida-- los centenares de cipreses que tuvieron a bien plantar en otro tiempo alcaldes menos pretensiosos?

Lo ha hecho en los términos legales el regidor priista Iván Galindo Castillejos en carta formal dirigida al alcalde Luis Bank.

Ya lo hemos hecho muchísimos en la plataforma change.org



¿Qué idioma hablan que no sea el de la ceguera y el negocio?

Una mirada más abierta a la complejidad socio-ambiental en la Sierra Norte de Puebla

De las granjas de peces amenazadas de cierre por incumplimiento de las leyes ambientales al interrogante por el futuro de una región invaluable en su profundidad histórica y cultural, y fundamental si se quiere entender la problemática en torno a la biodiversidad y el desarrollo económico de un país como el nuestro.

Una mirada más abierta en el mapa ayuda a entender el difícil trance que vive esta estratégica región productora de agua y biodiversidad, desde los bosques templados en los límites del altiplano, pasando por las cañadas de bosque mesófilo en el territorio totonaca, hasta las selvas tropicales cercanas a la sabana de la costa veracruzana. Un enredo de ríos y barrancas que van a dar al mar luego de atravesar en caída libre los pueblos serranos desde Huauchinango hasta Teziutlán. Los ríos Pantepec, Necaxa, Ajajalpán, Zempoala y Apulco, alimentados por infinidad de afluentes e iluminados por innumerables aldeas y pueblos colgados de barrancas o asentados en sus vegas. Ahí está la Sierra Norte de Puebla, con su compleja urdimbre de diversidad biológica y pueblos originarios, un territorio que no resuelve sus añejos problemas de pobreza y marginación y de la que penden riesgos ambientales provocados por proyectos industriales impuestos por una lógica capitalista implacable: los que ya sufrió por la explotación histórica del café y el ganado que devastó la selva tropical; y los que sufre ahora por la explotación minera del feldespato en la región de Zacatlán y el ilusorio boom petrolero en la mesa de Metlaltoyuca en los municipios de Francisco Z. Mena y Venustiano Carranza.



La Sierra Norte de Puebla: compleja urdimbre de biodiversidad y pueblos originarios. Se señala la región de Hueytamalco, muy cercana ya a la región costera de Veracruz.

Con un acercamiento a sus riesgos y conflictos ambientales



La economía de subsistencia, añeja, inextinguible, la del maíz. En esta vista los campos de cultivo en las cañadas de Tepetzintla.

Las plantaciones de café como expresión del monocultivo agroindustrial. A la vista, Monte de Chila, en el municipio de Jopala, uno de los de más alta marginación en el país.

Como el boom de la explotación petrolera en la Mesa de Metlaltoyuca y la amenaza latente por el uso del fracking como técnica de extracción. Los cuadritos blancos son justo los pozos petroleros perforados entre el 2010 y el 2012 por compañías extranjeras contratadas por PEMEX.

Y la explotación de feldespato para la industria de vidrio y cerámica en las cañadas de la región de Zacatlán-Ahuacatlán.

O los proyectos hidroeléctricos en los ríos Ajajalpan, Zempoala y Apulco. En la gráfica, el propuesto por el Grupo México en el primero de los ríos mencionados.

VER: HIDROELÉCTRICAS EN LOS RÍOS DE LA SIERRA

Y los proyectos mineros en Tetela, Ixtacamaxtitlán y Zautla, como el actualmente detenido en Tetela y promovido por el Grupo Carso del empresario Carlos Slim, que abriría un agujero de dos kilómetros y medio a lo largo por la explotación a cielo abierto y el uso del cianuro para la producción de oro y plata.

VER: CONFLICTO MINERO EN TETELA

CONFLICTO MINERO EN ZAUTLA

CONFLICTO MINERO EN IXTACAMAXTITLÁN

Riesgos y conflictos existentes y por venir que contrastan con la valoración de la biodiversidad realizada por los científicos de la CONABIO (Comisión Nacional para el Conocimiento y Conservación de la Biodiversidad en México), el organismo federal creado precisamente para fundar las políticas de conservación ambiental que demanda nuestro país, y que bien se ejemplifican en su necesidad si se atiende a regiones como la de la Sierra Norte de Puebla. Las gráficas siguientes documentan lo mucho que ya sabemos en México de regiones como la que involucran proyectos de desarrollo económico como el de la acuicultura, que podrían sostenerse mucho más desde el marco de una política estratégica para la conservación ambiental y el desarrollo social.

  1. P.F.V. la Cuenca Hidrográfica del Rio Necaxa. Es Zona de Protección Forestal Vedada.

http://regiongolfodemexico.conanp.gob.mx/rionecaxa.php#.V5ELIM6cHMO

Región terrestre prioritaria. Bosques Mesófilos de la Sierra Madre Oriental.

http://www.conabio.gob.mx/conocimiento/regionalizacion/doctos/rtp_102.pdf

Sitios terrestres considerados prioritarios por la CONABIO.

http://www.biodiversidad.gob.mx/publicaciones/versiones_digitales/Planeacion2011.pdf

Me detengo en el tema Sitios prioritarios acuáticos epicontinentales. Dice CONBIO: “Las aguas epicontinentales de México poseen una amplia variedad de ecosistemas, los cuales sustentan una diversidad de especies nativas de flora y fauna, que necesitan ser preservados por su importancia económica actual y potencial. La crisis del agua tiene repercusiones graves en la estructura, composición y funcionamiento de los ambientes acuáticos. Ante esta perspectiva, la identificación de sitios prioritarios para la conservación es una herramienta útil para dirigir los esfuerzos de rehabilitación y manejo sustentable.” Fuente. CONABIO-CONANP, 2010.

Y más en detalle, para la CONABIO la región de Hueytamalco está entre las Áreas de importancia para la conservación de las aves: “El objetivo primordial de las AICAS es identificar las áreas que son excepcionalmente importantes para la conservación de las aves, con la finalidad de proteger diversas especies al mismo tiempo. La delimitación de las Áreas de Importancia para la Conservación de las Aves (AICAS) se basó en la experiencia de alrededor de 40 especialistas, que propusieron de manera definitiva 218 áreas a nivel nacional. Fuente.” CIPAMEX-CONABIO. 1999.

¿En qué medida todo este conocimiento podría estar asociado a las organizaciones sociales y de gobierno que actúan en las regiones como Hueytamalco? ¿En qué medida los programas acuícolas, que tienen su sustento en el buen manejo de los recursos hidráulicos, podrían formar parte de políticas públicas de conservación ambiental y recuperación forestal con una visión estratégica de verdadero largo plazo?

Sobre regulación a la Acuacultura de aguas interiores

Hace 25 años que me dedico a la acuacultura. A principios de los 90’s tuve la oportunidad de trabajar en un centro acuícola productor de trucha en la Sierra Norte del estado de Puebla. En aquél tiempo los Centros Acuícolas de la entonces Secretaría de Pesca tenían como una de sus funciones distribuir gratuita y masivamente, entre los productores, las crías que los Centros Acuícolas producían en todo el país. De este modo se obsequiaban sobre todo especies como la Trucha, la Tilapia y el Bagre, entre otras, cuyo consumo y producción se proponía fomentar para poblar embalses de todo tipo, desde pequeños hasta lagos, lagunas y ríos.



Toda esta actividad realizada a nivel nacional, reitero, fue promovida por las dependencias gubernamentales. Las regulaciones por parte del Gobierno eran mínimas, así como los apoyos, sin embargo, tuve oportunidad de ver como se instalaron muchas pequeñas granjas acuícolas, de las cuales varias de ellas siguen produciendo y han sido fuente de empleos, han generado arraigo en las pequeñas localidades (muchas de ellas de alta y muy alta marginación) y he visto como en no pocos casos han dejado de dedicarse a la tala de árboles para ser acuacultores y cuidar el agua.

Cuando después de un proceso de titubeos e indecisiones, finalmente la Acuacultura y Pesca llegan a la SAGARPA, con esto entran a las “grandes ligas” de los apoyos gubernamentales, pero conjuntamente también a las grandes y excesivas regulaciones. Actualmente el sector acuícola es el más regulado de todos aquellos que se dedican a las actividades de producción primaria, y pienso que estas regulaciones, tanto ambientales como de otro tipo, obedecen a que hubo un enorme crecimiento de las Granjas Camaroneras del noroeste del país y nunca pensaron en el pequeño productor rural de aguas interiores, por lo que ellos, que producen alimentos con proteínas de excelente calidad en localidades marginadas, que generan una cantidad importante de empleos directos e indirectos, que promueven el turismo local. A esos pequeños productores se les está aplicando todo el “rigor de la ley” y son acosados con el argumento de que “contaminan” y causan daños al medio ambiente”.



Es indignante ver como la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente PROFEPA está imponiendo multas a pequeños productores de Tilapia en la Sierra Nororiental del Estado de Puebla, en específico del Municipio de Hueytamalco (entre otros), para exigirles que, después del pago de una multa, la cual puede ascender de 100 a 3000 salarios mínimos (dependiendo del criterio y hasta del humor de quien califique esta multa), presenten un estudio de “daños”, y luego una Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), que cuesta de $20,000 a $30,000.00 con el respectivo pago de Derechos, que asciende a casi $40,000.00, para que pueda trabajar en una actividad lícita y en un terreno de su propiedad. Me parece una incongruencia y una injusticia que una persona de escasos recursos tenga que desembolsar casi 70 mil pesos para poder trabajar honestamente.

Los argumentos de los funcionarios que han diseñado y ejecutado estos planes son más o menos los siguientes: en el caso de la Tilapia dicen que es “una especie exótica e invasora”, cuando desde los años sesenta el Gobierno de la República fue quien la introdujo en la Presa El Temazcal en el Estado de Oaxaca y de ahí se distribuyó por todo el País. Si aplicáramos estrictamente la lógica de este argumento no podríamos comprar chivos ni borregos ni vacas ni caballos, pues estrictamente hablando todas ellas serían “especies exóticas”. La PROFEPA debería ir a revisar, también en la Sierra Nororiente, específicamente en Teziutlán, la actividad altamente contaminante de las maquiladoras de ropa que vierten sus desechos químicos en los ríos, tantos y tan tóxicos que cambian el color de las aguas; debería supervisar a todos los Municipios que tiran sus desechos al agua sin plantas de tratamiento… o si las tienen están descompuestas. En fin, hay mucho trabajo que realizar en beneficio del medio ambiente, pero éste se debe realizar con inteligencia y honestidad, sin corruptelas que desvíen la atención hacia pequeños productores realmente inofensivos que se esfuerzan, ellos sí honradamente, en mantener una actividad que tiene un impacto benéfico a nivel local. Necesitan apoyo, no requisitos que los estrangulen y los conduzcan a cerrar sus pequeños negocios.

En el mes de abril pasado, dos granjas productoras de Tilapia de la Sierra Nororiental, del Municipio de Hueytamalco, Puebla, las cuales por cierto tienen más de 5 años de tener un reconocimiento en Buenas Prácticas de Producción Acuícola, es decir son un ejemplo a seguir por otros productores, cierran sus operaciones debido a las multas y regulaciones ambientales: ¡¡Felicidades señores funcionarios por este logro!! Su calidad como “Servidores Públicos” es inigualable, sigan así, cerrando y terminando con fuentes de empleo, sigan adelante pensando que con estas acciones combaten la contaminación.

Fidel Glockner correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Sergio Aburto, campesino de la Sierra Norte convertido en piscicultor, señala el tanque de los alevines y me dice con la mirada de quien ve perder un sueño:

“Este año ya no sembré, ya no me la juego, si no se resuelve la autorización con el gobierno, mejor cierro la granja.”



Sergio Aburto: en sus manos la que debiera ser una actividad económica estratégica para el desarrollo de la economía y la conservación de la naturaleza en las serranías calientes del norte de Puebla.

Su granja “El Piñal”, en la que su familia ha invertido en la última década alrededor de medio millón de pesos, tiene seis estanques construidos en su propiedad ejidal a la vera de un arroyo cristalino que entra en lo que la Federación denomina “aguas nacionales”; en ellos produce al año cerca de tonelada y media de tilapia para el mercado local en el municipio de Hueytamalco.



Una granja que fue resultado de un programa gubernamental pensado como alternativa a la producción agropecuaria tradicional –maíz, un tiempo el café y ahora los cítricos y el ganado—que ha acabado con las selvas tropicales en los lomeríos que bajan a la costa desde el enredo de montes de la Sierra Norte de Puebla. Granjas que, sin embargo, no cuentan con las concesiones de agua reglamentarias ni pasaron nunca por la más mínima consideración del impacto ambiental que pueden generar sobre la fauna nativa de los arroyos y ríos serranos.

La suya es una de las más de setecientas granjas piscícolas en el estado --productoras sobre todo de trucha y tilapia, ambas especies introducidas—que en las últimas décadas se han desarrollado en Puebla y que no acaban de consolidar un proceso económico generador de empleos y riqueza colectiva en armonía con la naturaleza.

Granjas a las que finalmente ha llegado el otro brazo del gobierno, el que representa el cuidado del medio ambiente y que por siglas lleva SEMARNAT, y que por brazo regulador tiene a la PROFEPA, que de cuando en cuando llega con sus sellos y sus cintas amarillas de clausura.

Rafael Tepancal vio llegar un día a los inspectores de PROFEPA. Le dejaron los sellos y la promesa de una multa.

Yo contemplo los sellos de clausura impuestos por PROFEPA en la granja de El Saltillo, propiedad del campesino Rafael Tepancal Romano, y pienso en las soluciones que los mexicanos hemos buscado para salir de la pobreza campesina desde programas de gobierno soñadores pero fallidos en su operación, empantanados como éste, el de las granjas acuícolas atoradas en su desarrollo por la carencia de una estructura organizativa que las pensara estratégicas para lo que políticos y especialistas llaman desarrollo social.

Lindo pescadito, déjame soñar…

Sergio Aburto me lleva entre los estanques de El Piñal y me explica el funcionamiento de su granja:

La historia de Sergio Aburto y Rafael Tepancal, la que los llevó a soñar por mejores condiciones económicas para sus familias, contiene en su simpleza la complejidad de las contradicciones de la sociedad mexicana.

Es una historia que revela el ánimo por salir de la pobreza; que perfila las posibilidades y ventajas del trabajo colectivo; la que alumbra una economía campesina en armonía con el agua y la naturaleza.

Pero es una historia que también expone la gravedad de la problemática ambiental de México por la debilidad sistémica de lo que llamamos programas de gobierno: las contradicciones entre políticas de desarrollo y normatividad ambiental que acaban por entrampar proyectos de toda índole; la ausencia de políticas estratégicas para la recuperación y preservación del medio ambiente fundadas y construidas desde las comunidades campesinas.

De los cítricos a las tilapias… Rafael Tepancal las alista para el asado al mojo de ajo.

Es una historia simple: Sergio y Rafael creyeron y se animaron con la propuesta de gobierno que los convertiría en acuicultores sin dejar de ser campesinos, sin tener que irse al norte al corte de la uva en Baja California, sin tener que cruzar la frontera dentro del ejército de ilegales que se lleva la fuerza de trabajo mexicana a Estados Unidos, sin ver a sus hijas salir en la madrugada en una combi hacia las maquiladoras de Teziutlán.

Vivir en Hueytamalco

El mapa de Hueytamalco, en la Sierra Nororiental.

La cabecera municipal. Apenas rebasa los 5,500 habitantes, Un gran resto, más de 21 mil personas, vive en localidades con menos de dos mil habitantes.

Una vista de la plaza con el templo al fondo.

Madaí Millán es hija de Herlindo Millán, un hombre que también creyó en su momento en la posibilidad de desarrollar una pequeña empresa piscícola. Y la tiene en la Y griega de la carretera que baja de Hueytamalco a Tenampulco, y que te permite tomar el rumbo de San José Acateno. Se llama “Los Laureles”. Ella todos los sábados sube a Teziutlán a la universidad. Y todos los sábados en la madrugada ve el paso siniestro de las camionetas Lobo negras y polarizadas, sin placas, que suben y bajan por la carretera que viene de San José Acateno. Y las conversaciones por radio entre los choferes de las combis, que se avisan de los operativos del ejército y que abiertamente hablan del tráfico de armas en los carros de transporte público. “Ellos mueven todo”, dice. Pero Madaí no duda en perfilar como problema principal en Hueytamalco el de la economía y la falta de empleo.

A esa pregunta –cuál es el problema más grave en Hueytamalco-- sus compañeros productores Sergio Aburto, Rafael Tepancal y José Lobato la responden sin dudar: la inseguridad. Sí hay extorsiones, pero sobre todo hay asaltos y robos todos los días. Para no ir más lejos, apenas asaltaron la gasolinera del expresidente municipal. Y también están las motocicletas que no paran de dar vueltas por las granjas en las madrugadas.

Pero Madaí vuelve a la realidad económica. “En mayo –dice--, en un solo día salieron para el norte todos los señores de mi comunidad.”

Entonces la secundan los otros: se van al corte de la uva, todos los años en esta temporada. Bajo contrato, en camiones directos a Sonora, a Baja California. Luego hacen memoria: José Lobato tiene cinco parientes cercanos en Estados Unidos; y Rafael Tepancal tres hermanos en Nueva York, todos indocumentados. Y Madaí dos tíos.

“No es nuevo –dice Lobato--, se van con contrato y luego desertan y allá se quedan.”

Por eso es mayoría la de las mujeres en las maquiladoras de Teziutlán. O en Confecciones de la Rosa, la maquila que está instalada en la cabecera de Hueytamalco. Es el único trabajo que se puede encontrar que no tenga que ver con el campo, los cítricos, con sus jornales de 120 pesos.

En una orilla de la cabecera, la maquiladora Confecciones de la Rosa. “Ahí hacen de todo”. Sobreviviente del boom y colapso de la industria de la confección maquiladora de los años noventa.

Y los cítricos, como este limonero cercano a la comunidad de Limontitán Grande, rodeado de sobrevivientes manchones de selva. Los que desplazaron al café luego de la nevada que se los llevó en 1989, justo cuando quebró el pozo sin fondo de la corrupción de dinero federal que conocíamos como INMECAFÉ, al que por supuesto acabaron de matar los gobiernos neoliberales.

Un vestigio de la selva alta que desapareció en la sierra que baja a la costa veracruzana.

Y de la fuerza de las corrientes que todavía descargan por ella.

La búsqueda de los peces perdidos

La perspectiva de la Sierra Norte de Puebla lleva a pensar en montañas, cañadas profundas y barrancos por los que se precipitan sus ríos agrestes. Por ejemplo, la cañada del río Zempoala, en el centro de la sierra:

Como una culebra oscura serpea el río, y ese cañón da una idea de la fuerza geológica del agua. Pero a la vista también las montañas peladas por la deforestación campesina, por la tala ilegal, por la ausencia de una visión de Estado que piense de una manera distinta a esa fuente de agua inmensa que es la Sierra de Puebla.

Una mirada más abierta a la complejidad socio-ambiental en la Sierra Norte de Puebla

De las granjas de peces amenazadas de cierre por incumplimiento de las leyes ambientales al interrogante por el futuro de una región invaluable en su profundidad histórica y cultural, y fundamental si se quiere entender la problemática en torno a la biodiversidad y el desarrollo económico de un país como el nuestro.

Los hexágonos que ha dispuesto la CONABIO sobre el mapa serrano da una idea del valor que tienen los arroyos y ríos que corren hacia el mar: en ellos vive la biodiversidad y la cultura de una región que demanda de la sociedad poblana, de sus grupos civiles organizados y de sus gobiernos, una visión estratégica que asegure su sustentabilidad en el largo plazo. Es ahí donde debemos entender la problemática específica de un programa como el de las granjas piscícolas.

Pero la mirada larga debe devolvernos al detalle. Y a los interrogantes: ¿por qué no tenemos en Puebla, con esa capacidad de escurrimiento que todavía tiene la Sierra de Puebla –y por no hablar de otras regiones en el estado, por decir la Sierra Negra o la Mixteca, además de las largas laderas de las montañas nevadas--, una industria acuícola próspera como los distintos gobiernos se lo han propuesto desde hace décadas?

Regreso a la historia de Sergio y Rafael. Y de José Lobato, de la granja “El Mirador”, y Madaí Millán, de la granja “Los laureles”. Los cuatro son productores de tilapia en pequeñas empresas que están en predicamento por la incapacidad de solventar de buena manera la burocracia de las reglamentaciones ambientales que penden sobre la cabeza de sus peces. Platico con ellos en la palapa de la granja El Saltillo. Y hago un resumen de sus lamentaciones:

Los peces fueron la alternativa a la crisis de los cítricos. Ahora parece que tendrán que volver a las mandarinas. Sus granjas son pequeñas, no son explotaciones industriales. Comercio local, restaurantes pequeños, como el de la palapa de El saltillo. No esperaban la clausura. El argumento no fue el de que manejan la tilapia, que es una especie invasiva, sino que construyeron en zona federal y no cuentan con los permisos. Pero ellos tenían que hacer el trámite ante PROFEPA si es que querían regularizar sus granjas. Ellos ya habían iniciado un trámite con un licenciado –un tal Fredy, que venía muy recomendado por el subjefe de distrito de la SAGARPA en Teziutlán--, que les sacó a cada uno 4,500 pesos, pero cambiaron a la subdelegada de Pesca y se quedaron en el aire, no volvieron a ver al abogadillo. Pero tenían un resolutivo de la SDRSOT (Secretaría de Desarrollo Rural y Ordenamiento Territorial del gobierno del estado de Puebla) con el que les dijeron que ya podían trabajar y acceder a los proyectos. Entonces llegó PROFEPA y les echó para abajo todo con los sellos de clausura. Ahora tienen que pagar las multas, presentar un estudio de daños y elaborar entonces una manifestación de impacto ambiental. Y ya hicieron cuentas, la cifra alcanza los 70 mil pesos por cabeza.

“Yo ya decidí cerrar”, dice José Lobato.

“Yo ya paré, hasta ver en qué acaba esto”, me confirma Sergio Aburto.

“A mí ya se me pasó la fecha de siembra –dice Rafael--, la granja va a quedar abandonada. Con ella me ayudaba con los cítricos, empleaba peones, ahora ya no podré hacerlo. Pero ya invertí mucho en esto, intentaré sacar la MIA, pero no sé si solo pueda.”

“Nosotros moveremos los papeles –dice Madaí--, trataremos de regularizar la granja, y si no, la cerraremos.”

El que ofrece los peces y luego los quita…

Lo sucedido con estas granjas lo explica con cuidado el veterinario Gabriel Cruz, promotor de la producción piscícola en el estado, él mismo productor en la región de Zacatlán:

Los productores necesitan obtener apoyos por la vía de los programas gubernamentales; cuando se acercan a las ventanillas de SAGARPA se encuentran con que se les exigen documentos que la ley exige y que ellos no tienen como la concesión federal del derecho de agua y la manifestación de impacto ambiental; la primera no la pueden obtener sin la segunda, pero SEMARNAT no puede autorizar una MIA dado que los productores ya construyeron y ya operan sus granjas sin los permisos correspondientes, así que tienen que empezar por reparar el daño. Y para hacerlo tienen que ser inspeccionados y multados por la PROFEPA. Hasta este momento este es el único camino que ellos tienen para regularizar la operación de sus negocios.

Luego vienen los detalles. Dice Gabriel Cruz:

“El gobierno, a través de SAGARPA, fue el que promovió las granjas con programas que otorgaron recursos económicos y capacitación técnica. El gobierno impulsó en su momento la producción de tilapia –la que introdujo hace más de cincuenta años en la presa Miguel Alemán en Oaxaca y que distribuyó alegremente por todo el país--, y la que les otorgó los permisos de funcionamiento. Si la tilapia es una especie introducida invasiva que puede afectar a la fauna nativa, el daño ya está hecho. Ahora es el mismo gobierno el que llega para exigir los permisos ambientales cuyos costos no pueden solventar los productores. Eso va a provocar el cierre de muchísimas granjas.”

++++

Leo lo escrito en el 2009 en tiempos de Mario Marín, cuyo gobierno impulsó este programa, hoy en buena medida abandonado por el régimen de Moreno Valle:

“La nueva Ley General de Pesca y Acuacultura Sustentables (LGPAS) en México en donde se otorga un importante papel a los Estados, pero también les hace responsables en mayor medida del desarrollo sostenible de la industria, en el Estado de Puebla deben iniciarse esfuerzos por generar una Ley Estatal de Acuacultura y su Reglamento, además de documentos normativos y de ordenamiento, así como planes de manejo de los diferentes embalses, requeridos por Ley… Es necesario diseñar una política para que el Gobierno del Estado impulse un programa acuícola en la entidad, estableciendo como prioridad la creación de una nueva industria, que aproveche recursos naturales, tecnología y capital que genere nuevas fuentes de empleo bien remuneradas para los campesinos y productores de la entidad, cuyas demandas insatisfechas provocan el fenómeno de la migración y la intranquilidad social y política en la población rural y que proporcionen una opción económica de alta rentabilidad a los inversionistas nacionales.” Los recursos acuícolas en el Estado de Puebla, 2009

Y para dejar sentado que los autores de esa investigación pensaban en el largo plazo y tenían una visión sistémica, reproduzco aquí este recuadro con los objetivos que da idea de ello:

Objetivo 1. Elevar el nivel de desarrollo humano y patrimonial de los mexicanos que viven en las zonas rurales y costeras.

Objetivo 2. Abastecer el mercado interno con alimentos de calidad, sanos y accesibles provenientes de nuestros campos y mares.

Objetivo 3. Mejorar los ingresos de los productores incrementando nuestra presencia en los mercados globales, promoviendo los procesos de agregación de valor y la producción de bioenergéticos.

Objetivo 4. Revertir el deterioro de los ecosistemas, a través de acciones para preservar el agua, el suelo y la biodiversidad.

Objetivo 5. Conducir el desarrollo armónico del medio rural mediante acciones concertadas, tomando acuerdos con todos los actores de la sociedad rural, además de promover acciones que propicien la certidumbre legal en el medio rural

Qué ilusos.

Desde entonces, reflexiona Fidel Glockner Rossains, miembro del CESAPUE (Comité De Sanidad Acuícola del Estado de Puebla A.C.) y reconocido como uno de los más importantes especialistas en la industria acuícola mexicana, seguimos sin ley estatal, ni reglamento de la LGPAS federal, ni plan de manejo. En definitiva, no hay una política de estado que impulse un programa acuícola.

“Pero lo que se les ha venido encima a los productores son las excesivas regulaciones ambientales”, me dice.

Excesivas regulaciones para los pequeños productores de peces en la Sierra Norte: Fidel Glockner

+++++

Daniela Migoya es la delegada de la SEMARNAT en el estado de Puebla. La perspectiva que tiene permite pensar en que el gobierno federal es consciente del estrangulamiento en el que están los productores y que se debe encontrar una alternativa que permita su sobrevivencia y desarrollo. De entrada deja claro que en este conflicto las dos partes, productores y gobierno, intervienen:

“PROFEPA hizo inspecciones porque alguien les dijo que era la única manera de iniciar la regularización –dice--. No puedes presentar una MIA si ya tienes una obra civil, antes tienes que pasar por el proceso de sanción por haber construido sin autorización. Hubo un frenesí, visítame, le dijeron a PROFEPA. No hay tal capacidad en la institución. Por eso hay que hacer esta caracterización, para que proceda PROFEPA, pero sólo los que lo requieran.”

Por un lado, entonces, el gobierno promueve las granjas y por otro las estrangula, le digo.

“En muchos de los casos PROFEPA acudió porque los productores pidieron que se les regularizara, dado que quieren acceder a los apoyos gubernamentales –explica--. Cuando ellos llegan a solicitar ser beneficiarios de los programas les piden su Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), y por lo tanto la concesión del agua, y como no lo tienen, son rechazados. Y si van a CONAGUA, también ahí les piden la manifestación de impacto ambiental.”

¿Entonces la alternativa es el cierre?

“Es un monstruo de siete cabezas, requiere de muchísimo trabajo esta regularización. Existe un padrón de al menos 700 granjas –dice--. Lo primero, entonces, es identificar quiénes necesitan la regularización federal y quiénes no. Por un lado se promueve para el consumo local, como medio de subsistencia alimentaria propia y pequeño negocio local, de traspatio. Por otro están las que ya son más grandes, que toman el agua de un cuerpo de agua federal, y ahí la ley requiere un permiso. Y si se manejan exóticos, reglas para que no se afecten las especies locales.”

Como quien dice, empezar de cero.

“Lo que se necesita es un censo, saber de qué estamos hablando. Se trata de poner orden, de tener control. Entendemos que las manifestaciones de impacto ambiental --que la más barata cuesta 39 mil pesos, y nada más de pagos de derechos--, no la puede pagar un productor mediano.”

¿Qué hacer entonces?, le pregunto a la delegada Migoya:

“La propuesta es agrupar a los productores por tipo de granja con soluciones para cada una por región. MIA presentadas en conjunto. Ya hubo cuatro reuniones con CONAPESCA y gobierno del estado. Ya compartimos la información, ya se están comparando los padrones. Ellos van a hacer la clasificación. Tiene que ocurrir pronto.”

+++++

En las semanas que vienen los funcionarios públicos ligados a la problemática que enfrentan los productores como Sergio, José, Rafael y Madaí, en Hueytamalco, finalmente tendrán en la mesa un censo que permita partir de la realidad, como lo propone Daniela Migoya. Ya se verá. Ojalá unos y otros piensen en el largo plazo y su perspectiva sea estratégica. Mirar la Sierra Norte de Puebla desde sus pequeños arroyos, desde la fronda de sus bosques, a la sombra de los cedros y ceibas que todavía sobreviven entre naranjales y cafetales. Guardar en los programas de gobierno los sueños campesinos de los cultivadores de la tilapia.

Mundo Nuestro. La experiencia de Ayoxuxtla de Zapata narrada por Verónica Mastretta hoy en su columna Vida y Milagros va de la mano con la propuesta impulsada desde hace años por el grupo Alternativas en Tehuacán, con el programa Agua para siempre. La sociedad poblana debe exigir del Congreso y de los políticos un verdadero cambio en las acciones del Estado para enfrentar el cada vez más grave problema del agua, su carencia y su contaminación. No habrá viabilidad posible para una sociedad como la nuestra si no modificamos de fondo las políticas públicas en torno al medio ambiente.

Este texto fue presentado por sus autores en 10a. Conferencia de Desarrollo Rural de la OCDE “Prosperidad Nacional a través de Políticas Rurales Modernas”, llevada a cabo en Menphis, Tennesse, este mes de mayo del 2015. El Doctor Raúl Hernández Garciadiego y la Maestra en Ciencias Gisela Herrerías Guerra encabezan desde 1980 uno de las más importantes experiencias de organización social impulsadas desde la sociedad civil en México: Alternativas y Procesos de Participación Social A.C.



Relacionada:

Ayoxuxtla de Zapata: ¿quién da un peso por mis sueños?

Estrategia de Agua para Siempre y Grupo Cooperativo Quali: experiencia moderna de Desarrollo Regional Sostenible en México



En 1980 inició un proceso de desarrollo regional sostenible en la semiárida región Mixteca – Popoloca de Puebla y Oaxaca, en el sur de México.

Video en el que el Doctor Hernández Garcíadiego explica el alcance del programa Agua para Siempre y el grupo cooperativo Qualli.

https://www.youtube.com/watch?v=EO-bnZBXZFk

A continuación queremos compartir los principales componentes estratégicos y los valores que lo han animado y orientado, que buscan elevar su nivel de seguridad hídrica, alimentaria, económica y ecológica:

1) el punto de partida es la opción ética personal realizada en favor de la población que sufre pobreza, marginación inequidad e injusticia; opción ética orientada por los dos poderes morales, que son la capacidad de reconocer el bien y la justicia;

2) inicia con la inserción en la región y la permanencia hacia el largo plazo, como condición de posibilidad para el desarrollo de un proceso de investigación- acción dialógica y participativa, asumiendo el punto de vista de los más pobres -como lo señalan los principios de la ética política- para conocer su realidad e identificar el problema-eje en torno al cual se articula la problemática: en este caso, la escasez de agua; en torno al agua giran los problemas de salud, producción, generación de empleo e ingreso, que son valores vitales e imprescindibles para una vida digna, por lo que se entabla la lucha para encontrar soluciones adecuadas;

3) avanza planteando la organización social como medio para superar las debilidades individuales, incorporando en ella la actuación permanente de un equipo interdisciplinario con alto compromiso social;

4) asume la perspectiva de cuencas y logra la recuperación de la visión hidroagroecológica y de las tecnologías apropiadas de los pueblos indígenas para el manejo de los recursos naturales del territorio: suelo agua y vegetación; una organización de la sociedad civil puede superar los límites político-administrativos que restringen la gestión gubernamental;

5) impulsa la recuperación de la alimentación balanceada en torno a los alimentos que constituyen el policultivo maravilloso llamado milpa, en el que se siembra la tríada vital de maíz, frijol y amaranto, complementada con calabaza, chile, tomate y otros cultivos; juntos, estos alimentos proveen una alimentación balanceada a la población.

6) integra una cadena agroindustrial operada por el Grupo Cooperativo Quali, que elabora alimentos altamente nutritivos y de inocuidad garantizada, creando valor agregado para generar empleos formales, y combatiendo la comida chatarra;

7) fortalece los procesos con conocimientos y capacidades aportados por la ciencia y las tecnologías disponibles en la actualidad, generando un proceso de innovación tecnológica continua, aplicado desde la regeneración ecológica para enriquecer los suelos para la producción agrícola, como a la transformación agroindustrial y comercialización de alimentos; en todo este proceso se aplica un incansable compromiso con la calidad y la inocuidad; el Grupo Quali es la única empresa en México que ha obtenido en tres ocasiones el Premio Nacional Agroalimentario.

8) privilegia el combate a la desnutrición infantil que padece el 50% de los niños indígenas, para superar esta que es una de las causas clave de la transmisión intergeneracional de injusticia; entre 2007 y 2013 se realizó una investigación científica midiendo el peso y talla en relación a la edad y aportando 25 gramos de amaranto durante 9 a 12 meses, como complemento a la dieta tradicional, logrando la recuperación total del 54% de los niños, mejorando el nivel nutricional del 78% y acabando con el 100% de la desnutrición severa, gracias al balance de los aminoácidos que se logra con esta dieta.

El modelo coloca en el centro de atención a las familias indígenas y campesinas que padecen pobreza, marginación e injusticia. Plantea la necesidad de reconocer la dinámica del medio ambiente para buscar un manejo sostenible de recursos naturales en el territorio de la cuenca tributaria -conjunto de microcuencas- como ámbito privilegiado en el que se integran el espacio natural del territorio y el horizonte cultural de los pueblos; acelera la inversión de recursos económicos y materiales para favorecer la relación sinérgica entre suelo, agua y vegetación, para enriquecer la base de recursos naturales y el incremento de la biodiversidad.

Con esto se han fortalecido dos dinámicas: 1) el proceso de regeneración ecológica de cuencas que plantea el manejo adecuado de los escurrimientos del agua de lluvia para la recarga de los acuíferos y el manejo óptimo del agua, junto con la conservación de los suelos, y 2) el proceso de organización social para la producción agroindustrial –integrada en el Grupo Cooperativo Quali- que opera una cadena productiva de alimentos nutritivos de amaranto de la más alta calidad, que eslabona la producción agrícola orgánica, la transformación agroindustrial y sistemas de comercialización con equidad.

Al cierre del 2014, el programa Agua para Siempre había ejecutado 2,868 proyectos, construyendo 10,965 obras de regeneración hidroagroecológica, que benefician a 258 mil personas que viven en 225 pueblos participantes de 67 municipios ubicados en 35 cuencas tributarias de los estados de Puebla y Oaxaca en un territorio de 8,000 km2, atrayendo una inversión de alrededor de 38 millones de dólares.

El programa de amaranto del Grupo Cooperativo Quali ha capacitado a 2,600 sembradores – obteniendo 478 de ellos un certificado oficial de la SEP por sus conocimientos en producción y consumo de amaranto; al cierre del 2014 1,100 familias están organizadas en 88 cooperativas de 60 pueblos y 400 de ellas obtuvieron ya la certificación orgánica de 868 ha, cuidando la salud de los suelos, la pureza del agua y la salud de la población que los produce y de quienes los consumen; su agroindustria cuenta con tecnología propia y opera bajo el exigente sistema de Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control, para asegurar la inocuidad de los alimentos. La cadena agroindustrial genera 77 empleos formales. Quali ha logrado una tasa de crecimiento del 24.7% anual entre 1998 y 2014, casi catorce veces más elevada que el 1.8% de crecimiento promedio anual de la agricultura en México.

Por el enfoque educativo de la metodología, en 1999 se fundó el Museo del Agua, “Agua para Siempre”, ubicado sobre la autopista que une a Tehuacán con Oaxaca, el cual al cierre de 2014 había recibido 118,600 visitantes, impartiendo capacitación a más de 186 mil personas en 1,396 actividades educativas.

Esta metodología integra las cuatro dimensiones de la sostenibilidad, al ser regeneradora de la naturaleza, promotora de la equidad social, económicamente viable y favorecedora de la riqueza de la diversidad cultural, lo cual la coloca en una posición de avanzada nacional e internacional, por lo que ha recibido diversos reconocimientos nacionales e internacionales.

La acción sinérgica de Agua para Siempre y el Grupo Cooperativo Quali impulsados por Alternativas y Procesos de Participación Social A. C. ha mostrado que aún en condiciones de extrema escasez de recursos naturales, muy bajo nivel económico y escolaridad limitada, se pueden alcanzar niveles de excelencia en un modelo de desarrollo regional sostenible.

El desafío ahora es expandirlo para incorporar a un creciente número de personas.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. y Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. e Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

www.alternativas.org.mx

www.quali.com.mx


www.alternativas.org.mx/ofrecemos_museo1.html

Vida gris, ciudad gris, gobierno gris. Y ciudadanos sometidos.

¿Tiene que ser así?

Fui el sábado a caminar por la avenida Hermanos Serdán para cuestionar, con muchos otros, el proyecto más absurdo que haya pasado por la cabeza de gobernante alguno en la ciudad de Puebla, y porque pienso que la vida pública puede tener otro semblante, inteligente y creativo, capaz de construir mejores caminos para lograr el anhelo simple de una ciudad digna para todos.



Me pregunto si tiene que ser así la vida nuestra –sometida y gris-- frente a un fresno adulto que bien podría tener la mitad de mis 61 años de edad.

Es un fresno de unos quince metros de alto, y es uno entre más de setencientos que el gobierno del estado de Puebla pretende desaparecer para una ciclovía elevada cuyo costo rebasará los 270 millones de pesos. No lo sabe él, dado que en nuestro país los árboles no tienen derechos. Son, en voz de los constructores del proyecto de bicis rampantes, “individuos arbóreos” que pueden ser removidos sin más aviso que lo que los técnicos que aprobarán tal crimen llaman “manifestación de impacto ambiental”.



Ahí está, muy tranquilo, entretenido con el frenesí de los automóviles por la que fuera la moderna entrada a la vieja ciudad de Puebla de los años sesenta del siglo pasado. Voy a la botánica: el fresno es de la familia de las oleáceas, del género Fraxinus y de la especie uhdei, y por ahora me basta saber que es nativo de México y Guatemala y sienta sus reales en las plazas y avenidas de centenares de ciudades y pueblos de al menos 14 estados de la república. Pero este ahora corre el riesgo de no calificar para un nuevo centenario.

Lo miro entre los cipreses que ya despuntan en el camellón, en algún punto de la avenida a medio kilómetro del crucero de la 15 de Mayo. Es uno de tantos árboles amenazados de trasplante por el contratista del gobierno estatal que tuvo la ocurrencia que ha provocado entre otras emociones una muy elemental pesadumbre:

¿Cómo es posible que un gobernante pueda disponer así de una ciudad como Puebla?

Y una afrenta más compleja: ¿qué sociedad ha producido estos políticos que consideran a la ciudad como si fuera su propiedad y a sus ciudadanos como unos niños que no tienen más que callar y obedecer?

Porque a la caminata fuimos personas con emociones simples, que creemos que la vida puede ser distinta, a pie de tierra, y que le puede decir al gobernante que el suyo no es el único camino, que no hay “proyectos aprobados que no se puedan cambiar”, ni mucho menos éste que una vez más no ha pasado ni por asomo por la valoración de la opinión pública. Un proyecto cuestionado por el urbanismo más elemental, el que afirma que una ciclovía no requiere fierros ni rampas ni vuelos rampantes, sino una ruta clara y bien dispuesta que le da su lugar entre peatones y automóviles y que aprovecha la sombra de centenares de árboles que contra todo pronóstico han logrado llegar a los treinta y cuarenta años de existencia.

Van aquí dos ejemplos de ciudadanía informada y crítica que exige de las autoridades reconsiderar absolutamente este aberrante proyecto de ciclovía elevada.

NO al derribo de 700 árboles ubicados en el boulevar Hnos. Serdán, en Puebla, Puebla.

Y queda el interrogante sobre si las autoridades estatal y municipal se decidirán por no cometer este crimen.

Vida y Milagros

Ayoxuxtla de Zapata es una pequeña comunidad perteneciente al municipio de Huehuetlán el Chico, en el estado de Puebla. Está enclavada en la mixteca profunda, muy cerca de Guerrero. Su clima y su vegetación son agrestes y áridos, y sin embargo fueron generosos con esa comunidad rodeada de cerros durante muchísimos años. En la cima de sus montes cubiertos de lo que a nuestros ojos ignorantes es maleza, brotaban manantiales que daban agua al pueblo. El pastoreo, la tala para leña y el no llevar un manejo sustentable del entorno que repusiera lo talado, acabó secando los manantiales. La pequeña comunidad de un poco más de 600 personas empezó a sobrevivir con pipas de agua que pagaban entre todos. Cada familia gastaba al año 10 mil pesos para tener acceso a 200 litros de agua potable semanales; el resto del agua lo tenían que acarrear de muy lejos.





Según datos de la ONU, cada peso invertido en el ciclo completo de la gestión del agua te ahorra a mediano plazo siete pesos, y a la larga, 20. Parece una fumarada de opio o un sueño, pero no lo es.

Hace poco más de tres años el gobierno federal entró en contacto con las autoridades de Ayoxuxtla y por medio de los programas que maneja la SEMARNAT con la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), la comunidad empezó a trabajar en la recuperación y regeneración de sus suelos devastados, haciendo zanjas que retienen el agua y evitan la erosión, así como resembrando los cerros pelones con las especies propias de la zona. Tres años después de haber iniciado los trabajos, la comunidad ya no necesita de las pipas en las que gastaba 600 mil pesos anuales. La inversión total de CONAFOR en lo que se llama coloquialmente "fábricas de agua" fue de 600 mil pesos; el dinero se destinó a salarios de empleo temporal, aportación de las plantas y árboles adecuados para la zona, supervisión técnica y seguimiento del proceso. Poco tiempo después el manantial brotó como si fuera un milagro; renació en un cerro a sesenta metros por encima del nivel de la comunidad. Hoy de ahí baja el agua que surte al pueblo y en cada esquina hay una toma para que la gente la lleve a sus casas. Se hizo un acuerdo para que no toda el agua del manantial se la llevara el pueblo; se construyeron aguajes para la fauna silvestre a lo largo de la bajada. Hoy otros pequeños manantiales resurgen también. Así de generosa es la naturaleza. Todo esto no nos lo contaron. Un grupo de Dale la Cara al Atoyac ya visitó la comunidad la semana pasada y pudo constatarlo. Los datos de la ONU son conservadores si se comparan con estos resultados.

Desde 2011 a 2016, CONAFOR ha manejado en el estado de Puebla un programa de Restauración de Cuencas Hidrográficas prioritarias, con especial énfasis en la cuenca del Izta Popo, la fábrica de agua más imponentes de nuestro país. Sin embargo este programa no ha tenido una contra parte presupuestal de parte del congreso local poblano, ahí no han sido prioridad las políticas ambientales. De la preservación de los bosques y suelos de esas montañas depende la viabilidad del agua de muchos municipios y de millones de personas que vivimos cerca de ellas. La superficie total de esa cuenca abarca 264 mil hectáreas, 61% del estado de Puebla, 34 por ciento del Estado de México, 4% de Tlaxcala y 1% de Morelos.

En el estado de Puebla hay 23 micro cuencas en el Izta Popo y 112 mil hectáreas son elegibles para el programa de restauración y reforestación de suelos similar al pequeño ejemplo de 300 hectáreas que ha devuelto el agua a Ayoxuxtla de Zapata.

De 2011 al 2016 la Federación ha asignado 111 millones de pesos a la cuenca del Atoyac y se han recuperado 4,600 hectáreas.

278 millones de pesos van a costar la ciclovía de la Avenida Hermanos Serdán en la ciudad de Puebla. Estoy totalmente a favor de políticas públicas que favorezcan la movilidad en bicicleta. No a favor de esos costos tan altos que además, por el diseño de la vía, sacrificarán 370 árboles sanos y adultos, más el derribo llamado "sustitución" de otros 330 por razones que desconozco. Un árbol adulto produce el oxígeno anual que consumen cuatro personas.

Con los 278 millones de la nueva ciclovía se podrían rescatar 11,600 hectáreas de la cuenca del Río Atoyac en un año. Si esa inversión se mantuviera anualmente durante 10 años, se restaurarían las 112 mil hectáreas de la cuenca de la cual dependemos para tener agua.

No sé cuánto le destinará la federación el próximo año a este programa, pero en los últimos cinco años nuestro estado no le ha destinado nada. Este tipo de inversiones se hacen una vez, pero producen agua sustentable, empleos temporales y luego empleos estables si los bosques de la cuenca se manejan adecuadamente, además de que se frenaría la frontera agrícola en una tierra cuya vocación natural es silvícola. La riqueza que dejan los bosques sustentables sería enorme para las comunidades.

Mi pregunta es: ¿Ni un peso a la restauración forestal en cuencas hidrográficas y 278 millones a siete kilómetros de ciclovía en una Puebla capital con demasiados adornos? Todo es cuestión de prioridades. Creo que están absolutamente de cabeza.