Cultura

Mundo Nuestro. La vida de una pareja no termina con la muerte de la mujer amada, con la ausencia del hombre que se ha ido. El dolor lo enfrentamos con la memoria. Así, poco a poco, construimos un territorio nuevo en el que la figura ausente resplandece.

Dick Keis, académico estadounidense, ha iniciado esta crónica de viaje (Moving on, diario de mi tiempo y mis viajes en Francia y México http://dick-keis.blogspot.mx/) en homenaje a Marie su esposa, quien muriera a principios del 2011. Marie fue una artista plástica francesa que en Oaxaca logró plasmar la complejidad de la belleza de una sociedad mexicana desigual, injusta, contradictoria. Ella no pudo terminar su libro Faces and Stories: a Sketchbook Journey in México (Rostros e Historias: bocetos de un viaje a México). Ahora Dick lo reconstruye con una narración que es al mismo tiempo memoria amorosa de la vida de una pareja y recorrido por un país visto y valorado desde la perspectiva plástica y la sensibilidad social de esta artista gráfica. Reproducimos aquí, con permiso de su autor, la entrada Una ráfaga de viento, en la que explica la forma en que Marie trabajaba y nos regala la riqueza espiritual de su vida.



Marie

“Quiero sentirlo todo, capturarlo todo”



El 9 De enero fue el segundo aniversario de la partida de Marie. Tengo la fortuna de estar en Oaxaca, uno de sus lugares favoritos, trabajando en un libro sobre su vida y sus dibujos. Pocos minutos antes de su muerte le prometí que haría algo con sus cuadernos de dibujo. Creo que es una de las cosas que le permitieron irse. No ha sido un camino fácil para mí, y mi progreso ha sido muy lento. Pero Oaxaca es el lugar para escribir. Es el lugar donde Marie realizó la mayoría de sus bocetos de México. Así que para esta entrada del blog he decidido compartir un poco de lo que he escrito hasta ahora, nada acabado o pulido, es un trabajo en progreso. Como los bocetos de Marie, estos fragmentos no los escribo con la intención de publicarlos. Son los recuerdos, la influencia de los momentos que compartimos juntos. Son mis dibujos verbales, así como sus dibujos fueron su diario visual.

El título de este libro es: Una ráfaga de viento. En febrero pasado recibí un correo electrónico destinado a Marie en mi cuenta. Fue escrito en inglés por Ana, una joven mujer mixe a quien Marie había bosquejado en el zócalo de Oaxaca en el año 2002.

Retrato de Ana lado izquierdo

Ella escribió que se había encontrado el bosquejo que Marie había hecho de ella, y quería volver a verla. Cuando respondí que Marie había fallecido, ella me escribió un largo correo electrónico expresando su pesar por no haber escrito antes. Ella dijo, "Dick, siento mucho lo ocurrido. Es una verdadera pena, y en ocasiones así, uno se pregunta, ‘¿por qué esperé tanto tiempo?’ Pero también así te das cuenta de que alguien ha sido muy importante para ti, aunque pasó por tu vida como una ráfaga de viento, como ha ocurrido conmigo."

Ana no era la única persona que Marie había tocado en la intimidad con su dibujo. Marie era una "ráfaga de viento", y las vidas que ella tocó están para atestiguarlo.

Las siguientes palabras las he tomado del prefacio que Marie escribió para su propuesta de libro:

"Dibujar mientras se viaja es como tener un pasaporte de algún tipo. Estar ahí con tu cuaderno y un lápiz, bosquejando lo que ve y se siente le da algunos tipo de "raison d'être" donde quiera que estés. El dibujo te da la oportunidad de comunicarte con la gente por un rato, para escuchar sus palabras. En otras palabras, el dibujo te permite viajar de otra manera, y detrás de cada página de un libro con bocetos, detrás de cada rostro, hay historias… Confío en que lo que no pueden transmitir las palabras, lo harán los dibujos. Las palabras pueden tergiversarse y traicionar el significado y la verdad. Estos dibujos no. Son tan francas como la verdad desnuda, como el movimiento de la mano que obedientemente apunta lo que el ojo percibe."

ProOax-Collage de Toledo

En 2002, la empresa McDonald's comenzó los procedimientos para abrir una franquicia en el zócalo de la ciudad de Oaxaca, uno de los sitios de patrimonio de la humanidad determinados por la UNESCO. Oaxaca es el estado con el mayor porcentaje de población indígena en México y es conocido por sus fuertes lazos con sus raíces prehispánicas y sus tradiciones, y una de ellas está en su cocina. La respuesta de Oaxaca se dio en un espontáneo movimiento ciudadano, liderado por una organización comunitaria, ProOax (Patronato Pro Conservación del Patrimonio Natural y Cultural de Oaxaca), y encabezado por el artista oaxaqueño y activista, Francisco Toledo. El propósito de este grupo era proteger el rico patrimonio cultural de Oaxaca. El grupo organizó una tamaliza (una fiesta donde se comen tamales) frente el sitio seleccionado para ser el futuro de McDonald. Se recolectaron más de 10 mil firmas en oposición a la apertura de un McDonald's en el zócalo. El resultado final fue el rechazo de la solicitud y una victoria para ProOax.

El 21 de diciembre de 2002, Marie encontró un artículo en el diario mexicano La Jornada, acerca de la victoria de ProOax. Ella recortó el artículo y pegó una parte en su cuaderno de bocetos. Ella escribió, "Una prueba de que la gente puede vencer a la invasión cultural." Más tarde, ese mismo día, ella trabajó con el graffiti pintado en la pared roja. Las palabras le eran ajenas, tal vez estaban en zapoteco, mixe o en otra lengua indígena. Ella comentó, "Esa pared de terracota roja tiene una calidad dramática que se adapta a la lucha de Toledo, y quiero creer que de alguna manera está conectada con lo que acaba de ocurrir, ¡a pesar de que no vea las palabras "McDonald" o imperialismo!”

Todavía recuerdo la primera vez que fui a Francia con Marie en 1978. Quedé muy impresionado por la protección de la cultura culinaria de los franceses. Ella me dijo enfáticamente "McDonald's nunca pondrá los pies en Francia, nunca!" Sin embargo, a pesar de la lucha que muchos franceses han dado, con toda seguridad McDonalds ahora está firmemente establecida en varias ciudades francesas.

Francisco Toledo y el collage sobre el IAGO

Marie se encontró con otro artículo sobre Toledo y el IAGO (Instituto de Artes gráficas de Oaxaca), un centro cultural Iniciado por Toledo para volver el arte y el conocimiento accesibles para todos, no sólo para los privilegiados. Esta idea embonaba perfectamente con la filosofía de Marie, quien pensaba que todos somos artistas, con una pequeña "a". Voilá! Otro collage, lleno con los saludos mañaneros de los loros en un patio tropical.

Cuando estuve en Oaxaca la primavera pasada, intenté contactar a Toledo para darle copias de los collages que Marie había hecho, pero no tuve suerte. Pero hace unos días lo vi en el mercado de La Merced, y decidí acercarme para preguntarle cómo podría darle los bocetos. Él escuchó amablemente mi propuesta y me dijo cómo podría hacerlo.

Esta charla breve con Toledo me recordó que él y Marie tienen mucho en común. Además de ser muy dotados como artistas gráficos e impresores, también comparten una conciencia social que es parte integral de su ser. Oaxaca inspiró siempre a Marie. Al igual que Toledo, ella amaba la cultura indígena, la sencillez de su gente, su creatividad y su fuerza en la defensa contra las innumerables injusticias que enfrentan como pueblos indígenas. La desigualdad que vio en las calles y la relación personal única que logró con las personas a las que dibujó le permitieron a menudo ir más allá de la mera captura del momento; sus bocetos tienen una postura política que ella asumió profundamente. La política es parte de su estética.

Poema en lengua indígena

El collage de arriba incluye un poema de un periódico que encontró en el suelo el día en que ella salía a realizar bosquejos. El título es: Las Lenguas Indígenas Van Muriendo. Ella escribió en la periferia de la página sobre las injusticias que vio esa mañana, y la incongruencia de los turistas pasaban frente a seis mujeres indígenas sentadas y agotadas. Ella escribe: "¿Donde duermen? Se puede ver la realidad de su sufrimiento en sus ojos".

Visitamos Oaxaca otra vez en 2009, sin saber que sería la última visita que Marie haría a la ciudad que amaba. El levantamiento popular en 2006 provocó que ella cancelara el taller previsto para ese año. Lo hizo en solidaridad con el movimiento, ya que no le pareció adecuado traer un grupo en medio del conflicto social. Cuando llegamos en 2009, las huellas de la lucha eran evidentes en todas partes. Los graffitis políticos cubrían muchos muros en el Centro Histórico. Aunque las cosas parecían esta en relativa calma, el movimiento estaba todavía vivo y activo. Habían pasado cuatro años desde que Marie había estado por última vez en Oaxaca.

Este bosquejo es una de sus impresiones de la ciudad tras el alzamiento. Cuando ella lo realizaba, un hombre se acercó y se sentó junto a ella. Su nombre era Antonio (dibujo de la izquierda de la página), y empezaron a hablar. Mientras conversaban, Marie vio a una familia zapoteca sentada en la acera, cerca de ellos. Los dos niños tenían sus cuadernos abiertos y hacían su tarea. Como a menudo ocurría, tuvieron curiosidad por ver lo que ella estaba haciendo. Se acercaron y se sentaron junto a Antonio. Cuando vieron el bosquejo de Marie, le preguntaron si ella podría dibujar en sus cuadernos, y ella lo hizo. Cuando Marie se levantó para ir a almorzar conmigo, decidió pedirle a la madre de los niños si le permitía dibujarla. ¡La mujer aceptó! Arriba del retrato Marie copió unas palabras escritas en alguna de las paredes: " Morelos aguanta, Oaxaca se levanta”.

El bosquejo de arriba se realizó en noviembre de 2004, un día después de la muerte de Yassar Arafat. Marie estaba en Oaxaca en ese tiempo, y entendió su muerte en el contexto global de la lucha y agitación social. Debajo de la imagen del Zapatista escribió: "En Oaxaca o en cualquier lugar del mundo, aquí o allá, la misma dualidad existe, riqueza y pobreza, guerra y paz, belleza y fealdad, ¡y en todas partes iglesias y desigualdades sociales!”

Para Marie dibujar era capturar el momento en un contexto social y político. La yuxtaposición de la belleza y la fealdad, la riqueza y la pobreza, era parte de su observación, su percepción del momento. No podía ser ignorarlos ni separarlos. Un artículo en un periódico a menudo lo convertía en una amalgama con una imagen que parecía no tener relación con el evento. El bosquejo hecho aquí durante la guerra en Irak, combina el retrato de Luz María, una mujerindígena, joven, hermosa, con un poema de José Angel Leyva titulado, Su nombre es Bagdad.

En este poema un joven pregunta a su padre: “¿Las bombas disminuyen el color del sol?, ¿le quitan a la gente su sombra? ¿Desvanece la guerra el color del corazón, o solo seca la sangre de la gente? Papá, ¿cómo matan las sonrisas? ¿Cómo le llamas a estas voces que desde tan lejos dan la orden de estallar el mundo?”

Los mexicanos estaban muy bien informados de la guerra en Irak. No sólo la gente con estudios, también el hombre y la mujer en la calle estaban conscientes de lo que ocurría allá y se alarmaban por las lesiones y las muertes causadas por los misiles y bombas de los estadounidenses.

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Otro dibujo que mostró esta yuxtaposición fue el retrato de Señora Estela, una vendedora de pan en un mercado de Oaxaca. Con anterioridad Marie le había propuesto dibujarla, pero ella se había negado. Marie decidió intentarlo una vez más, y para su sorpresa, la Señora Estela aceptó. Como Marie anotó en la parte inferior del boceto, "¡incluso posó!" Y una vez más las noticias del día, el 23 de diciembre de 2002, se reflejan en su "captura del momento". Palabras como CIA, Saddam Hussein, ataque, y Estados Unidos envuelven el rostro de la panadera.

Los bocetos que he compartido aquí son sólo algunos de los muchos con los que tengo la fortuna de trabajar. Como he propuesto, espero que mis palabras no tergiversen ni traicionen los bocetos de Marie. Espero que los complementen con el esbozo de un panorama más amplio; el conjunto es mayor que las partes. Ella me ha dejado un tesoro de imágenes que ofrecen la verdad desnuda. Quiero que mis palabras logren lo mismo. Los bocetos de Marie lo merecen. Este libro será un collage de palabras e imágenes, como los bocetos de Marie.

Sus palabras, mis palabras, nuestras imágenes, todo ello combinado para contar nuestra historia.

Mundo Nuestro. No es fácil mirar a México. Cuántos países se contienen en él. Y tan aislados. Ciudades y pueblos, todo conectado por el pavimento. El mundo urbano vive en su encierro. El mundo campesino sobrevive cercado por las montañas y los desiertos. Y mientras, vamos y venimos por carreteras que son fronteras que no cruzamos. El paisaje se paraliza en una postal. Así, difícilmente vemos a México.

A menos que vayas en bicicleta. Desde la ciudad de Puebla, y por caminos rurales, hasta el albergue El Refugio a 4,260 metros de altura. Y que tu primer destino sea llegar a la cumbre del Pico de Orizaba, cerca de los 5,700 metros. Y que bajes después, en un solo tranco de cinco horas, 3.8 kilómetros de bicicleta desenfrenada. Y que duermas en un maizal. Y que en tres días recorras 100 kilómetros de brechas por barrancos insondables hasta llegar al río Antigua. Y que ahí regales las bicis a los lugareños y trepes a un bote inflable río abajo hasta llegar cuatro días después al mar veracruzano.



Cuatro norteamericanos capacitados para el deporte extremo. Gringos, les decimos. Ellos lo hicieron. En bicicleta, en escalada, en kayacs. 360 kilómetros en dos semanas. Solos. Sin guía. Sin el menor asomo de miedo por el México profundo.

Con la fuerza de sus piernas en los pedales, con sus manos como garras en los ramos.

Cuerpos extremos para conocer mejor a México.

Para mirar mejor a México



El alucinante viaje a la playa de cuatro deportistas extremos

Por Luc Mehl y Steve Fassbinder

Desde la frontera extrema

En enero de 1989, cuando tenía 11 años, la temperatura llegó a -60 º C. Me encanta Alaska, sus montañas agrestes y sin límites, ¡pero enero es un buen momento para las vacaciones!

La idea de viajar a México se me ocurrió después de completar la travesía de las dos montañas más altas de América del Norte: Denali, en Alaska, y el Monte Logan, en Canadá. La tercera montaña más alta, el Pico de Orizaba, era el paso lógico.

El estilo de estas travesías es el de viajar por nuestros propios medios, ´la tracción humana’: llevar nuestras provisiones y movernos tan rápidamente como sea posible. La travesía del Denali (320 km) requiere 25 días; y 30 días la de Monte Logan (600 km). Al Pico de Orizaba se puede acceder por carretera, pero queríamos “alcanzarlo” con nuestro propio esfuerzo. Planeamos ir en bicicleta 130 kilómetros hasta su falda; después de treparlo, bajar otros cien kilómetros en bici hasta el río Antigua; y de ahí, otros 130 kilómetros hasta el mar en Veracruz.

Yo soy Luc Mehl, tengo 34 años y soy profesor de Ciencias Ambientales en la Alaska Pacific University-

Tres amigos se sumaron al viaje: Steve Doom Fassbinder, de 38 años, trabaja en Alpacka Raft, la empresa que elabora los kayacs; Jim Harris, fotógrafo profesional de deporte extremo, de Salt Lake City, y Todd Tumolo, de 27 años, de Anchorage, guía de montaña en la la Alaska Mountaineering School.

“Cuando recibí la invitación de Luc Mehl para unir fuerzas en un viaje al centro de México en una travesía al Pico de Orizaba (5,636 metros sobre el nivel del mar) y al mar de Veracruz en bicicletas baratas, a pie y en kayacs inflables, mi respuesta rotunda fue: ¡Sí! La propuesta básica era: comprar bicis de bajo costo --no más de cien dólares-- en Puebla. Cargar veinte kilos con el equipo indispensable, crampones, piolets, kayacs. Y la regalía de las aguas bravas. Iríamos en bici varios días hasta el albergue a 4,260 metro sobre el nivel del mar. De ahí escalaríamos hasta la cima del glaciar del Pico, el tercero más alto en América del Norte. Después, durante algunos días, de nuevo en bici, bajaríamos por las cañadas hasta alcanzar en el río Antigua, el cañón Barranca Grande; ahí dejaríamos las bicis, inflaríamos los botes y a lo largo de cuatro días de remo saldríamos al Golfo de México.” (Steve Fassbinder)

Todos sabíamos que salir en bicicleta a través de la ciudad de México sería la parte más peligrosa de nuestro viaje, así que mejor cogimos el autobús directo a Puebla. No es un ciudad pequeña (la población del área metropolitana es de tres millones), pero como teníamos un contacto en Cholula yo estaba seguro de que podríamos encontrar bicicletas y la rutas para atravesarla. Nuestra amiga, la profesora Gabriela Ruiz Guevara, fue una ayuda increíble. Ella nos recogió en la estación de autobuses y nos llevó a las tiendas de bicicletas. No esperábamos una hospitalidad así, pero pronto entendimos que la generosidad nos esperaba en México.

El altiplano en bici, a la vista el Pico

En Cholula compramos las bicicletas más baratas que encontramos, a 1200 pesos, y pasamos la tarde ajustando nuestros equipo y aparejos. Cada uno de nosotros cargaría 20 kilogramos de equipo. Nuestros botes inflables (de tres kilos) fueron atados al manillar de la bicicleta; piolets, crampones, ropa de abrigo se montaron en su cuadro. Para salvar peso dejé el sleeping bag y la almohada, lo que claramente demostró ser un error.

Salimos de Cholula temprano en la mañana para evitar el tráfico. Ir en bicicleta por la ciudad fue una locura. Lo único que me acuerdo es que un pedal de la bici de Jim golpeó una camioneta cuando se cambió de carril en una avenida. Yo estaba ansioso por llegar al campo.

Con largos días sobre las bicis hicimos grandes progresos. Algunas secciones de la carretera tenían los acotamientos muy estrechos, pero tomamos las docenas de perros muertos como prueba de que sería más seguro pedalear por ellos.

“Cuando viajo en bici siempre me gusta acampar en la cima de un paso, si es posible. Así, normalmente, lo bueno supera a lo malo. Al amanecer ves el sol, al atardecer lo ves irse. Puedes mirar cuesta abajo y mirar lejos, y puedes empezar el día con el pie derecho… En contra de esta perspectiva, los fuertes vientos y las mañanas frías. Pero descubrí un punto negativo inesperado en México, por lo menos en esta ruta: ¡el tráfico nocturno en la carretera, con los camioneros que frenan con el motor y usan el claxon sin el menor escrúpulo! Tengo el sueño pesado, pero las noches fueron largas.” (Steve Fassbinder)

La escalada

En Tlachichuca, a unos 100 kilómetros de la ciudad de Puebla, muy cerca ya de El Pico de Orizaba, compramos suministros para acampar. Y cuando se terminó el pavimento, empujamos las bicicletas. El tiempo era perfecto y fue muy gratificante empezar a subir la falda de la montaña, elevarse por encima de los campos y ver las aldeas que habíamos dejado atrás.

“Empujamos nuestras bicicletas en la luz mortecina, sacando el máximo provecho de tiempo en nuestro lento avance. Listos para simplemente dejarnos caer en cualquier lugar del bosque y ahí fue cuando conocimos a estas jóvenes doctoras. Tuvimos una pequeña fiesta. Al parecer, les cayeron bien unos montañistas realmente sucios, cansados, y barbudos llegados desde Alaska. Vaya usted a saber… afortunadamente, sólo quedaba una cerveza, que los cuatro compartimos.” Este enlace dice todo http ://vimeo.com/58764997 (Steve Fassbinder)

Piedra Grande, el refugio alpino a los 4260 metros sobre el nivel del mar, estaba vacío cuando llegamos; ahí pasamos un día para aclimatarnos, ordenar equipos, arreglar las bicicletas y explorar los alrededores. Al día siguiente partimos del albergue a las 4 de la mañana, alcanzamos el glaciar antes del amanecer y descubrimos al sol esperándonos en la cumbre. Como no llevábamos botas de escalada, atamos los crampones a los tenis y utilizamos cubre botas hechos con chamarras de niño usadas.

La vista desde la cumbre fue impresionante, sobre todo por el contraste entre el árido campo al oeste y los cañones de exuberante selva al este.

Amigos en la cima

Esfuerzo coronado

“Cuando íbamos a descender aparecieron ellos, unos niños en un grupo nada tradicional de escaladores. Y sus cámaras, que nos hicieron sentir mejor con nuestras cámaras gringas. Y su vestimenta, nada convencional para la montaña. Treparon a la cumbre por la menos utilizada ruta del suroeste. Era un grupo de veteranos y jóvenes, flacos y gordos, ¡todos extasiados por haber alcanzado la cima juntos! Qué colección de montañeros sin pretensiones con la que compartimos la cumbre. Tanto como quería continuar en mi viaje hacia el mar, me hubiera gustado seguir hasta el corazón de la patria mexicana a este grupo, y averiguar cómo había llegado hasta el Pico que ha dado sombra desde siempre a sus vidas.” (Steve Fassbinder)

En caída libre al río

Después de relajarnos en la cumbre regresamos al albergue, empacamos nuestras bicicletas, y comenzamos el descenso más increíble de nuestras vidas. No estábamos seguros de lo que nos esperaba. Yo había elegido una ruta basado en mediocres imágenes satelitales, y no sabíamos qué tan empinadas estarían las carreteras y si las bicicletas aguantarían.

Las brechas eran sensacionales. Volamos hacia abajo, levantando "colas de gallo" de polvo. Los primeros pueblitos que pasamos eran increíbles, a diferencia de lo que habíamos visto en el lado oeste. Los niños, con rostros tan sucios como los nuestros, corrían a nosotros como el agua de los campos y las casas.

Nos detuvimos con frecuencia para apretar tornillos y renovar los frenos, pero aun así, bajamos 3,800 metros en un día. Todd, nuestro ciclista menos experimentado, manejó con abandono imprudente, pues claramente no entendió qué tan cerca estaban las bicicletas de una falla catastrófica, y que una caída a esas velocidades significaría equipo roto, o peor aún, huesos.

“El día era joven, así que empacamos nuestros equipos y agarramos camino. Yo esperaba que este descenso en bicicleta estuviera en el escalón más alto de los descensos históricos, pero mis estimaciones se quedaron cortas. A las 2 de la tarde abandonamos el albergue y empezamos a bajar 2,400 metros de brechas mexicanas en las siguientes cinco horas. Al final del día, ya en la penumbra, acampamos en un maizal a la orilla de un abismo en la más grande bajada que alguna vez pudiera imaginar. Alrededor de cuatro mil metros de descenso en un solo día. Lo más chistoso fue que al día siguiente despertamos para bajar otros ochocientos metros en caída vertical. Todo esto tuvo un precio, como todas las buenas montañas lo cobran: ¿cuántas pastillas de frenos? Ayudó la creatividad mecánica, pero al final todos estábamos desconcertados por el hecho de que las bicicletas siguieran rodando.” (Steve Fassbinder)

Los días siguientes no fueron tan fáciles: cruzamos tres cañones tremendos, con bajadas emocionantes seguidas de subidas brutales. La amplitud de estas gargantas era nueva y exótica para mí. Las paredes estaban cubiertas de plantas con hojas verdes que nunca había visto o imaginado.

Descanso

“El viaje desde el Refugio hasta la Barranca Grande, en el río Antigua, nos llevó tres días. Hablo por todos al decir que estábamos sorprendidos de que no tuviéramos un percance mecánico mayor, como un cuadro o una clavícula rotos, por ejemplo. El descenso inicial fue increíble, mis ojos literalmente se quemaban de lo rápido que bajábamos, y por tanto tiempo.” (Steve Fassbinder)

Barranca Grande

Llegamos a Rio Antigua emocionados por el agua clara y limpia. Regalamos las bicicletas a unas confundidas pero agradecidas personas, y compramos algunos suministros críticos: cerveza y jabón de baño. La cerveza era cerveza, pero el jabón de baño resultó ser jabón de lavandería, pero aun así eliminó la semana de polvo y sudor de nuestros cuerpos.

Resistencia de las bicis hasta el final

A la mañana siguiente inflamos los botes y comenzamos el recorrido de 130 km al mar. El primer día fue en el impresionante cañón Barranca Grande. Las paredes del cañón eran exuberantes con afloramientos de rocas escarpadas y los zopilotes apenas visibles en las alturas. Los rápidos no eran técnicos, pero eran suficientemente fluidos para mantener nuestra atención. Naranjas flotaba en el agua. Los siguientes días en el río no fueron tan emocionantes, pero estábamos satisfechos con nuestro avance.

“Barranca Grande ha sido descrita en las guías turísticas como ‘una aventura impresionante y hermosa a lo largo de 32 kilómetros de lo mejor que México puede ofrecer’ (…) ¡Como sea, es la mejor carrera que tenido el privilegio de realizar!” (Steve Fassbinder)

En cayac hasta el mar

De regreso al mundo: la basura, el mar

Empezamos a notar que caía ceniza negra del cielo. Tomó un tiempo darnos cuenta de que la ceniza era descendente. Veíamos botellas de plástico en cada remolino. Fue triste observar este tipo de contaminación en lo que era por lo demás un paisaje impresionante. También fue triste reconocer que estábamos contribuyendo con el problema: bebíamos agua embotellada todo el viaje.

Las aves marinas, pelícanos y garzas, fueron las señales de bienvenida, habíamos alcanzado nuestro objetivo. Fue impactante la primera visión de las olas rompiendo en la costa. Pusimos nuestras tiendas en la playa, entre nopales y retazos de madera, y mantuvimos una hoguera encendida hasta altas horas de la noche.

Los cuatro viajeros reflexionamos sobre nuestro viaje de dos semanas a través de México: el paisaje, los nuevos amigos, la comida deliciosa, el sol al amanecer a 5,636 metros de altura, gallinas felices, perros muertos, bicicletas como sonajas. Cuando empezó a llover nos trasladamos a las tiendas, cansados, realizados, y aún sin estar listos para el regreso y los compromisos que nos esperaban en el norte.

Texto Luc Mehl

(http://thingstolucat.com/orizaba-traverse/)

(Blog de Luc Mehl: http://thingstolucat.com/)

Texto Steve Doom Fassbinder

Parte 1: http://therepublicofdoom.blogspot.mx/2013/02/vamos-la-playa-part-1.html

Parte 2: http://therepublicofdoom.blogspot.mx/2013/02/vamos-la-playa-part-2.html

Parte 3: http://therepublicofdoom.blogspot.mx/2013/02/vamos-la-playa-part-3.html

Los trabajadores de la tierra

La arcilla, polvo del viento

Sergio Mastretta



Video en youtube de Javier y Bárbara: https://www.youtube.com/watch?v=wgXKBHNy2T4

Por las manos y el fuego en Oaxaca la tierra es el corazón del tiempo. ¿En dónde estás, si los orígenes están vivos en los colores que retienen tus ojos? Aquí, dice Bárbara Campbel, en los materiales antiguos, en este regalo de la tierra, en los insectos que producen la grana cochinilla, en las arcillas que forman el barro, en ellos está la vida.

Y miro las mujeres a las que han dado vida sus manos: de cuerpos blancos, encendidos, como las espigas que funde el sol; mujeres que te miran y platican con el murmullo colorido de las muchachas juchitecas. Y veo que están prendidas de los corazones atrapados en los marcos de madera, encarnados, como si se los sacaras del pecho como frutos de un ritual antiguo, sacrificio de todos nuestros sueños, corazones con rostro, rojos y palpitantes, corazones rotos, rajados, ajados, surcidos a mano, corazones cabeza de toro, flor de biznaga, corazones atados a la sangre que perdieron, aturdidos por el ímpetu de los cuerpos, y que no dejan de buscar el sentido del tiempo.



Piel de Tierra Siete, la propuesta de escultura cerámica en alta temperatura que encontré en un fin de semana reciente en la capital de Oaxaca. Y por ella acercarse a ese mundo originario desde una propuesta plástica contemporánea, por la cerámica y por la pintura, y dejarse sacudir por la sorpresa que provoca esta vuelta a los orígenes. Literalmente ver partido el corazón en el árbol que se escurre en el lienzo, en la mirada disuelta de las mujeres de barro.

Piel de Tierra Siete, la exposición que la nueva galería 2 AMATT Arte Contemporáneo en la ciudad de Oaxaca ha presentado en este arranque del año, con la obra de los ceramistas Javier Cervantes y Bárbara Campbel, es la confirmación de que esta sorpresa por los materiales siempre ha estado aquí. Como la grana cochinilla, el antiguo tinte natural producido por el insecto nopalero con el que los pintores Samuel Rojas y Alejandro Martínez realizan los cuadros que completan la propuesta plástica de la exposición de la obra de los ceramistas.

“Cuando se trabaja con materiales tan primigenios como el barro para la cerámica --dice el pintor Samuel Rojas, al frente de este proyecto de difusión de las artes plásticas oaxaqueñas--, al final de cuentas, la arcilla, que es el polvo del viento de todo lo que somos, hay una conexión muy natural. Lo importante es dejarse fluir. Eso es lo que ocurre con estos materiales, la cerámica y la arcilla, la grana y la pintura, nos hacen fluir.”

Piel de Tierra Siete, en la galería 2 AMATT en Oaxaca. Mundo Nuestro presenta aquí, con una muestra fotográfica, un video, y las entrevistas con los artistas Samuel Rojas, Javier Cervantes y Bárbara Campbell, un nuevo acercamiento a este territorio de los trabajadores de la tierra, generadores de nuestras raíces.

"Soy parte de quienes han amado los objetos hermosos y han velado por ellos, de quienes los han buscado cuando estaban perdidos y han procurado conservarlos y rescatarlos mientras pasaban literalmente de mano en mano, salvándolos del naufragio del tiempo para llevarlos a los brazos de otra generación de amantes cautivados." Donna Tart



"Het puttertje" (El jilguero) , de Carel Fabritius. El cuadro, un óleo sobre madera, supera sus delicadas dimensiones (33,5 por 22,8 cm) con la luz tangible y la equilibrada composición, más oriental que europea. Se titula Het puttertje (en holandés, El jilguero) y forma parte de la colección permanente del museo Mauritshuis —hogar también de Meisje met de parel (La joven de la perla) de Vermeer y De anatomische les van Dr Nicolaes Tulp (La lección de anatomía), de Rembrandt—. Las tres obras fueron pintadas en la edad dorada, la primera mitad del siglo XVI, de la llamada escuela de Delft, una ciudad del sur de Holanda situada a medio camino entre Rotérdam y La Haya. (La tragedia tras el cuadro de la nueva novela de Donna Tartt Trasdós, Helena Celdrán y José Ángel González)

En 1654, a los 32 años, Carel Fabritius pintaría la obra maestra por la que es más conocido, El Jilguero, o en traducción exacta, "Jilguero atado", un cuadro pintado sobre una tabla de tan solo 30 centímetros de altura. Una joya perfecta e invaluable. Cuando pintó ese cuadro, el pintor holandés ya era un famoso y reconocido artista por su especial manera de dar luz y atmósfera a sus creaciones. En ese mismo año contrajo matrimonio y también, en el mes de Octubre, perdería la vida mientras pintaba en su taller, en la explosión de la fábrica de pólvora ocurrida en la ciudad de Delft. Casi todas sus obras desaparecieron, pero El Jilguero encontraría su camino hasta llegar al siglo XXI, y ahí está, 350 años después, en la casa que alberga a la Colección Freack, en Nueva York. En el cuadro, el jilguero es el centro de una composición adelantada a su época por su simplicidad, sin más entorno que un muro desnudo que refleja una luz envolvente de un amarillo pálido; el jilguero fija en el espectador una mirada enigmática desde la repisa de madera a la que se encuentra atado por una cadena dorada. Un toque de amarillo fuerte vibra en las plumas de sus alas obscuras.



Renbrandt, 'The Anatomy Lesson of Dr. Nicolaes Tulp' 1632.

Fabritius es el eslabón entre dos de los más grandes maestros de la pintura universal, ya que fue alumno de Rembrandt y maestro nada menos que de Vermeer. Ambos pintores fueron maestros de la luz, y Carel también lo es de una manera conmovedora en el pequeño cuadro del jilguero, que podría no solo ser un autorretrato del autor, sino del espíritu humano atrapado en las complejidades de la vida terrenal, obligado a posarse siempre en el mismo lugar sin esperanza. Hay una extraña similitud entre la forma de mirar al espectador en los dos autorretratos que se conservan de Fabritius y la forma de mirar hacia nosotros del jilguero.

La joven de la perla, de Johannes Vermeer, 1665.

La escritora norteamericana Donna Tart ha tomado el cuadro de El Jilguero como hilo conductor y centro de la extraordinaria novela que la hiciera merecedora del premio Pulitzer en 2014. Ha tomado también del cuadro el título de su novela.

Donna Tartt con su novela The Goldfinch, ganadora del Premio Pulitzer 2014.

Donna Tart ha escrito tres novelas extraordinarias y en cada una se ha tardado más de diez años. Con una cara hermosa y enigmática, pequeña de estatura, empezó a escribir a los 18 años y publicó su primera novela, El Secreto, a los 28. Es imposible hacer una reseña de esta última novela de 800 páginas llenas de complejidad y belleza. Solo puedo decir que el personaje del joven protagonista que Donna Tart construye en su libro es un reflejo del espíritu del cuadro de Fabritius. En el pequeño cuerpo del jilguero podemos ver el reflejo de nuestra propia vida, un pequeño ejemplo de coraje, todo plumaje hinchado y huesos frágiles, negándose a retirarse del mundo a pesar de su cautiverio, igual que nos pasa a nosotros cuando la vida se nubla, o no la comprendemos y la encontramos cruel. Somos como el jilguero, imposibilitados para volar, y sin embargo, libres.

Los dos jilgueros, el libro y el cuadro, dos obras maestras desgarradoras e irresistibles, se honran mutuamente, o están, cada uno en su género, en el mismo nivel de perfección y profundidad. La indiferencia no cabe cuando uno entra en contacto con estas dos obras de arte intemporales y fantásticas.

Si existiera la reencarnación y el personaje del joven Theo Decker creado por Donna Tart fuera real, quizás en otra vida habría sido la digna y trágica gran alma del ave prisionera representada en el cuadro de Fabritius, y el espíritu ascético, creativo y genial del pintor estaría quizás entre nosotros en la persona de esta novelista, cuya única ambición es escribir con toda calma, en la soledad de la casa de campo en la que vive, otros dos antes de irse.

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