Poder y Política

¿CUANTO VALE PUEBLA PARA UN GOBERNADOR? Para uno honesto, vale la oportunidad de servir y organizar progreso, para un corrupto podrían ser cientos de miles de millones de pesos, calcule usted: Seis años más le dan la capacidad de manipular un presupuesto estatal de seiscientos mil millones de pesos; más lo que pudieran ofrecerle empresarios corruptos por privatizaciones y otros negocios como el agua, las fotomultas, terrenos, permisos, carreteras de cuota, metrobus, etc.; pudiera darse el caso de que el crimen organizado como huachicol, secuestros, narcotraficantes, le aportaran mochada para que su policía volteara para otro lado. ¿Qué podría hacer con tal fortuna? Pues comprar y corromper su camino hacia la presidencia; controlar un partido que lo postule, sobornar a jueces y magistrados corruptos para que dictaminen lo que le convenga, controlar diputados locales y nacionales para que lo protejan y le aprueben cuentas públicas; comprar votos de la gente pobre para que resulten electos sus incondicionales; comprar cuidadores de casillas, autoridades electorales, etc. ¿Habrá algún juez o magistrado que resista un “cañonazo” de 500 millones de pesos, pues debe de haber, pero creo que muy pocos. ¿Estaría un corrupto dispuesto a pagar dos o tres mil millones para gobernar Puebla? No tengo la menor duda, sobre todo cuando no hacerlo significa que lo pueden llamar a cuentas y acabar en la cárcel. Sin duda la pasada elección tuvo muchas formas de fraude demostrable, pero los magistrados del tribunal electoral estatal y federal no lo vieron, como lo vimos casi todos, o acaso no quisieron verlo.
¿Qué piensas? ¿Estoy exagerando? Pues de cualquier forma nos urge elegir a un honesto y ponerle contrapesos, la diferencia será notable, sobre todo para los que menos tienen. Esa es la tarea que tenemos desde la buena sociedad civil.

Vida y milagros

Ayer por fin se decidió quien gobernará el estado de Puebla los siguientes seis años. Mucho, demasiado, se tardaron los magistrados del Tribunal Federal Electoral que preside Janine Otálora para decidir el destino político de un estado cuyos índices de inseguridad han aumentado de manera vertiginosa en estos meses. Me pareció que fueron irresponsables al estirar así los tiempos. Bien decía Jesucristo a Judas: "Judas, lo que has de hacer hazlo pronto." Pues no. Se tardaron lo que se les pegó la regalada gana para sacar un fallo dividido y que dejó hechos graves sin sancionar y sin fincarle responsabilidad a nadie. Cinco meses perdidos en encono, de dimes y diretes, mientras se evaporaba un tiempo valioso y esencial para acomodar las prioridades del estado en un presupuesto que de por si se verá drásticamente reducido por las decisiones y las prioridades del nuevo gobierno federal.

Martha Erika Alonso arrancará su gobierno con la estructura que hereda de Antonio Gali, quien fuera Secretario de Infraestructura de su marido, Rafael Moreno Valle, quien a su vez la heredó casi intacta del hoy coordinador de los Senadores panistas. Un estado que hizo a un lado prioridades como la seguridad y la impartición de justicia, las cuales fueron olvidadas y disminuidas al mínimo. Un estado con un desorden territorial e hídrico que asusta. Un estado que requiere toda una nueva estrategia para paliar la inequidad y la violencia.



Hoy recordé la anécdota de un arquitecto al que una universidad le encargó la construcción de una casa que se rifaría para la recaudación de fondos de la institución. Al arquitecto le cayó muy bien el encargo porque necesitaba hacerse de un dinerito adicional. Al presupuesto que le dieron para hacer la casa, el arquitecto le hizo recortes a todo lo que no se notara: puso varillas de mala calidad, cemento con más mezcla de arena de la debida, tuberías corrientes y de bajo calibre, cableado chafa, blocks de mala calidad. Todo lo visible no lo alteró. Lo fundamental lo recortó al máximo. La casa estaba ubicada en un fraccionamiento bien padre, de moda entre los que gustan de trepar en la escala social. El arquitecto entregó la casa y hasta publicaron las fotos en revistas de arquitectura y de sociales.

El día de la rifa, su esposa, que de verdad quería vivir en el fraccionamiento mencionado, había comprado un boleto y le tocó sacarse la casa. Una casa con muchísimos vicios ocultos.



No sé qué tanto ni que tan rápido podrá corregir Martha Erika el estado de descomposición en el que recibe la seguridad y la impartición de justicia en el estado, qué tanto el enorme desorden territorial y la contaminación del agua, la ausente gestión hídrica y la creciente desigualdad. Todos los vicios ocultos de esta casa, nuestro estado, hace ya rato que empezaron a notarse y a venírsenos encima. Corregir una casa mal hecha es más difícil que empezar de cero. No sé cuál será la estrategia que elija: si conservar las políticas públicas que le heredan o corregirlas de raíz. Desde luego las condiciones en que gobernará serán diametralmente distintas a las que por más de 80 años han tenido los gobernadores anteriores. La mayoría en el Congreso la tiene Morena y no su partido, y el presidente López Obrador tiene un proyecto de nación que busca concentrar el poder a costa de disminuir el de los gobernadores. Todo un reto para quien no es de su partido y llega tras una muy controvertida elección.

Como sea, la casa es de todos y bien haremos en remangarnos la camisa y ayudar cada quien desde donde sea que estemos ubicados. El estado, lo aceptemos o no, está en serios problemas desde hace un buen rato.



El día siguiente. Los jueces duermen tranquilos.

La vida va: notas para contar la historia de una noche oscura.

Ninguno de ellos se preguntó por el origen de la violencia ocurrida el 1 de julio en la ciudad de Puebla. No fue generalizada, dicen. Roncarán sin desmayo también sicarios y políticos malandrines.

Yo vivo en Puebla. Sé que como nunca la procuración de justicia y el crimen organizado aquí van de la mano. Tienen nombre y apellidos los funcionarios, y apodos los jefes de las bandas. Y procedimientos las extorsiones y averiguaciones previas. A eso nos condenó ese tribunal ayer para los años que vienen.



No es entonces un asunto de polarización el del ánimo que señala que aceptar la violencia electoral como se acepta la nota roja del día a día es aceptar que el crimen gobierne sin freno alguno.

Qué noche lamentable la de ayer.

Qué contraste con el luminoso cielo que se abre al domingo poblano.

La vida va/VIDEO



Notas para contar la historia de una noche en la que el tribunal electoral de la federación avala que las elecciones se puedan agarrar a balazos y no pase nada.

9.25 de la noche en el TEPJF. Habla ahora el quinto magistrado. El marcador en este momento, 3 a favor de validar la elección y 2 por la anulación. Antes han hablado el magistrado ponente José Luis Vargas y el magistrado Felipe Alfredo Fuentes Barrera, uno propone y el otro respalda la anulación. Vargas presenta un video que da idea las violaciones la Constitución en las que ha incurrido el Instituto Estatal Electoral de Puebla. Los otros tres, de cuyo nombre uno debe acordarse, han votado en contra: Reyes Rodríguez Mondragón, Felipe de la Mata Pizaña e Indalfer Infante González, dos de ellos recién llegados de un viaje por Europa, y seguro sin tiempo para leer las 448 páginas de la ponencia de su colega Vargas. Pero hablan largo, los tres, y me dan tiempo suficiente para contemplar la magnitud de las violaciones constitucionales que ocurrieron y la dimensión de la violencia que Vargas pudo asentar para que la valoraran sus colegas.



La posibilidad de que se anule ahora está en manos de las dos mujeres magistradas.

En este momento estoy francamente pesimista.

La bodega del IEE/VIDEO

La violencia para estos jueces no es causa de anulación. Para ninguno.

Abro por un instante la ponencia que el propio Vargas Valdez hizo pública en internet. En una página aparece listada entre otras mi Sección 1187, la que he documentado con rigor que fue asaltada a balazos y destruido su material electoral. Esta es la denuncia que hizo Morena ante los jueces:

"Suspensión temporal de la votación por riesgo de violencia y/o violencia en la casilla."

Contrasto esta información con la información que en Mundo Nuestro y en PCCI hemos hecho de lo ocurrido en mi sección, y comprendo el abismo existente frente a lo denunciado por Morena. Comprendo que Morena no fue capaz de presentar la violencia como fundamento de la anulación.

La Sección 1187

La magistrada Mónica Aralí sigue en su atolondrado discurso. Así que tengo tiempo de contrastar otra sección 1537, por cierto la única en la que Morena denunció específicamente como un sección en la que hubo balazos en las casillas.

Y aquí lo que en nuestra investigación registramos de esa Sección 1537:

Y el testimonio del CAE del INE en la denuncia levantada ante la FEPADE:

Capacitador-Asistente Electoral: “…una camioneta tipo pick up de color blanco arribó a dichas instalaciones de la cual descendieron aproximadamente ocho personas fuertemente armadas e ingresaron de manera violenta a la institución. En ese momento, opté por brincar las escaleras y buscar un lugar para resguardarme encontrando un pequeño pasillo entre dos salones. Ahí me resguardé boca arriba observando toda la acción de los delincuentes. Una persona que estaba enfrente de mí fue alcanzada por uno de ellos recibiendo un cachazo en la cabeza. Inmediatamente veo cómo pasan frente de mí todos los delincuentes que estaban armados diciendo que si no entregábamos las urnas nos iba a cargar la chingada. De ahí vi como estos sujetos pasaban con las urnas. Escuché de tres a cuatro detonaciones. Alrededor de minuto y medio después, se retiraron.”

“Sucedido lo anterior, observé a las personas heridas, de las cuales una fue por impacto de una bala en el brazo derecho; otra, de sexo femenino, tenía una cortada en la cabeza; la persona que nos abrió la puerta de la escuela tenía una cortada en el brazo ya que ella se encerró al momento de ver llegar a los delincuentes, pero estos, con un cachazo abrieron la puerta, la sacaron y esta se lesionó con uno de los cristales de la puerta, sustrajeron sus pertenencias personales, también las de unacompañera y las mías, de las cuales se llevaron una mochila con 3 mil 600 pesos que era para pagar a ocho funcionarios de casilla (…) Se llevaron urnas y dejaron material electoral regado en los salones, en dos de ellos rompieron los cristales …”

Y Todavía puedo escribir aquí que este mismo ponente Vargas Valdez tuvo en sus manos lel juicio que interpusimos en ese mismo TEPJF por la violencia aquel 1 de julio en la elección poblana, y que desechó llanamente por no tener como ciudadano "interés jurídico".

Analizo entonces la ponencia del magistrado Vargas y en ella los elementos que le aportó Morena. Concluyo que los ciudadanos, olvidados para la ley entre los jueces y los partidos, estamos perdidos.

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A las 9.45 es el turno de la magistrada Mónica Aralí Soto Fregoso. Intento adivinar por dónde va su voto. Por lo pronto respalda al magistrado Vargas por hacer pública su ponencia: modalidad diferente, justicia abierta, ha dado cátedra, dice la señora. Chin, ¿por dónde va? ¿Empatará el resultado? La magistrada sabe esconder sus ánimos... Pero creo, espero, que empatará el marcador. Pone la violencia por delante, eso me anima.

Ya las 10, y la magistrada sigue sin dar el sentido de su voto. Creo, sin embargo, que votará por la anulación. Tarda tanto que me da tiempo de pensar en la enorme discrecionalidad que tienen los jueces para valorar los mismos acontecimientos, de ahí que puedan tener votos tan opuestos. Por fin, 3 – 3, Mónica Aralí confirma que está por la anulación. Así que será Janine Otálora, la que funge como magistrada presidenta, la que decante a un lado o a otro la votación.

Si no fuera trágico todo esto… Esta señora puede ser guionista de Cantinflas. Mónica Aralí ha decidido alargar su justificación más allá de la hora y media de un discurso bizarro que aturde y aburre, pero que la pone de lado de quienes no están dispuestos a que el tribunal avale crímenes ciertos contra la Constitución.

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11.17. Seguimos 3 a 3. El magistrado Vargas defiende su proyecto. Pone en evidencia a los tres magistrados que por alguna razón se ausentaron de la sesión mientras la magistrada Mónica dormía a la tribuna. Anulación por principios constitucionales, dice. Interesante. No veo cómo la tal Janine votará en contra y validará la elección, pero lo hará, eso es lo que pienso desde que quedó claro que de ella dependerá la decisión.

"La elección huele mal", dice Vargas Valdez. Y luego cuestiona el retraso del juicio. Este tipo está salvando la noche, me digo.

Su voz, su ánimo, sus cuestionamientos, así da Vargas Valdez a entender que Janine Otálara validará la elección.

La magistrada presidenta del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), Janine Madeline Otálora Malassis

Y sí, va Janine. Temo que no anulará. Sé que no lo hará. Da vueltas sobre los documentos, su mirada mira a uno y a otro lado.

Ya lo dijo. No se anula. No hay motivos que funden la anulación. Hay que salvar el voto de los que sí votaron.

No sólo es un permiso para agarrar balazos las elecciones el que ha dado el tribunal. Es la confirmación de que en Puebla seguirá al mando el crimen organizado en los ministerios públicos y en los juzgados.

Qué grave la decisión del tribunal, opaca toda esperanza de una vida mejor para todos en los tiempos que vienen.

Jodida la patria nuestra, escribo en la libreta.

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Más allá de la medianoche aparece el video de Martha Érika Alonso, "Es tiempo de la reconciliación, de darle la vuelta a la página, de hacer a un lado nuestras diferencias", dice. Olvidar, entonces, que la suya es una elección avalada a balazos.

El 1 de diciembre de 2018 culminó un ciclo de batallas en la historia reciente de México. Ha terminado el Andrés Manuel candidato y ha nacido el López Obrador presidente. Tuve la fortuna de presenciar la culminación de ese ciclo desde una butaca ubicada en una de las galerías del Palacio Legislativo de San Lázaro. Nunca antes, salvo dos días antes, había estado allí pese a que voy camino a 15 años de participación en el movimiento lopezobradorista. Fue tanta el ansia de ver el momento por el que había luchado durante tanto tiempo, que fui el primero en arribar a la referida galería en las primeras horas de aquella fría mañana. El recinto estaba casi vacío, las gigantescas pizarras electrónicas anunciaban que solamente habían arribado a la sala 20 diputados. Y en la galería del tercer piso, solamente estaba yo. Desde las 7 y 20 de la mañana, es decir dos horas antes de que comenzara la ceremonia de investidura presidencial. Fue tan curiosa la situación que se me acercó Alfonso Velasco, secretario particular de Porfirio Muñoz Ledo, actual presidente de la Cámara de Diputados, para saludarme. Y tomarle una foto a la cartulina que tenía el número de asiento y mi nombre y que se encontraba ubicada en el respaldo del mismo. Sonriendo me dijo mientras tomaba la fotografía: “es para dejar constancia de quien fue el primero en llegar aquí”.

La imagen puede contener: Carlos Figueroa Ibarra, sonriendo

El primero en llegar a San Lázaro...

Dos horas después, el lugar estaba abarrotado desde el pleno del recinto legislativo, las dos galerías que ocupan el primer y segundo piso del lugar, los palcos especiales hasta los corredores que conducían a dichos lugares. Y allí estaba yo con mi gafete de invitado especial para el evento del Zócalo. Y mi invitación y boleto para poder estar presente en un acto que no fue solamente un acto de alternancia sino talvez, el inicio de lo que hemos llamado La Cuarta Transformación. Allí estaba yo con mis recuerdos de todo el largo camino que había transitado para tener el privilegio de estar allí. Recordé cómo en noviembre de 2003 en Arequipa, Perú, en el transcurso de una cena con Raquel Sosa, decidí que no quería observar desde un balcón las elecciones presidenciales de 2006. Andrés Manuel ya era un líder ascendente en ese momento y Raquel era muy optimista con respecto a sus posibilidades presidenciales. En enero de 2004 me incorporé a las redes ciudadanas por López Obrador. Y desde entonces he seguido militando en el movimiento lopezobradorista. Como cientos de miles viví la lucha contra el desafuero en 2005, contra los fraudes electorales de 2006 y 2012, la lucha contra la privatización del petróleo de 2008, la transformación del movimiento en partido de 2012-2014, la experiencia de ser dirigente estatal en 2012 y a partir de 2015, serlo a nivel nacional.



Fue emocionante ver entrar a Andrés Manuel al recinto legislativo y verlo sentarse al lado de Porfirio Muñoz Ledo momentos antes de que le pusieran la banda presidencial. Recordé entonces como el 7 de abril de 2005, un López Obrador con un cabello más abundante y menos canoso entró a ese recinto para ser desaforado. Recordé cómo habíamos soñado todos sus partidarios en 2006 y 2012 ver la escena que ahora contemplaba desde la galería en la que me encontraba. Allí estaba Andrés Manuel levantado su brazo derecho jurando fidelidad a la Constitución y a las leyes que de ella emanaren, un acto brevísimo que lo llevaba al lugar por el cual se había luchado durante largos 18 años. Evoqué a los cientos de ancianos que a lo largo de todos estos años trabajosamente asistieron a los mítines y fueron a firmar en contra del desafuero. La gran mayoría de ellos no vio la victoria que ahora yo estaba presenciando. Como tampoco los aproximadamente 35 morenistas que han sido asesinados en los últimos años. Y volví a pensar y sentir lo que pensé y sentí la noche del 1 de julio: “es la primera vez que siento el sabor a la victoria”. En efecto nunca las empresas políticas a las que me metí habían resultado victoriosas. Pensé en mis afanes revolucionarios en mi natal Guatemala y en cómo la gran mayoría de mis amigos y compañeros en dichos afanes, nunca llegaron a los 30 años o apenas los sobrepasaron.

La multitud en el zócalo/VIDEO

La imagen puede contener: 7 personas, personas de pie, cielo y exterior

Pero todavía faltaba lo más emotivo: meternos en la apretada multitud que desde la mañana estaba abarrotando el Zócalo de la ciudad de México. Advertir de cerca esa alborozada muchedumbre gritar estentóreamente, en el momento en que Andrés Manuel caminó desde el Palacio Nacional hasta el magnífico templete que se levantó enfrente de la Catedral Metropolitana. Sentí que las lágrimas afloraban a mis ojos cuando el Presidente de México se hincó ante las autoridades indígenas en el momento de recibir el Bastón de Mando. El caracol ceremonial sonaba con solemnidad mientras miles y miles de personas levantaron sus brazos hacia los cuatro puntos cardinales. Allí estaba el nuevo presidente, doce años más viejo que aquella tarde del 20 de noviembre de 2006, cuando después del fraude, se declaró “Presidente Legítimo”. Debajo de su saco negro lucía una banda presidencial que en esta ocasión no era solamente un ornamento simbólico.

Ha terminado un ciclo en todo este enorme movimiento que empezó a surgir probablemente en 2002. Acaso haya terminado un ciclo también en mi vida. Ha terminado el ciclo de la lucha por la Presidencia de México. Se inicia uno nuevo, mucho más complicado, lleno de obstáculos y adversarios en los dos lados del espectro político. Este ciclo nuevo será el de la lucha por la transformación de México. Será “la Cuarta Transformación” decimos entre nosotros. Ojalá que así sea.



Foto de portadilla tomada de Cuarto Oscuro.

Vida y milagros

De todas las leyes que nos rigen, el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales contiene enormes huecos que permiten mucha discrecionalidad a la hora de que el Tribunal Federal Electoral tiene que dirimir querellas y emitir fallos. Pueden cargarse a uno u otro lado y tendrán letras chiquitas en qué justificar sus decisiones. Así sucedió con la anulación de la elección para la alcaldía de Monterrey y la orden de repetirla, o con el perdón de la multa que el INE le impusiera a Morena por usar cuentas creadas para apoyar a damnificados de los sismos y desde ahí mandar dinero a candidatos de su partido. Complica aún más las cosas el que los magistrados se encuentren bajo los reflectores cuando en las querellas hay mucho en juego, en especial cuando los fallos afectan el entorno político de una gran ciudad, la imagen de un partido fuerte o la estabilidad de un estado.

Obviamente son muchas las querellas que le llegan al Tribunal después de una elección tan grande como la que vivimos en julio, pero debería de existir una priorización del tiempo que le dedican a cada caso de acuerdo a su nivel de importancia. La anulación de la elección de Monterrey y de la multa de Morena se hizo de manera bastante rápida. Se ve que en esos casos la presión para uno u otro lado fue suficientemente eficaz para que tomaran la decisión de manera pronta. El caso de la definición de anular o no la elección de gobernadora o gobernador en Puebla es increíble: a cinco meses de la elección, los jueces siguen desojando la margarita mientras en el estado se ha creado una enorme incertidumbre y un vacío de poder que nos afecta en muchísimos sentidos. La inseguridad está desatada y el combate al huachicol se complica cada vez más, con todo y que el ejército está metido en el triángulo rojo desde hace casi dos años. El gobierno de 22 meses que le tocó encabezar a Antonio Gali, lo más que pudo hacer en enero de 2017 fue echar una llamada de auxilio a la federación para que le mandaran ayuda militar. La falta de presupuesto para la impartición de justicia y el debilitamiento de las policías que heredara de Rafael Moreno Valle le pasó la factura al estado de manera inocultable. Tampoco el gobierno de Gali corrigió eso en el único presupuesto que le tocó armar por su cuenta, el de 2018. El efímero gobierno de Gali termina en 12 días y junto con su gobierno, el tiempo para organizar una nueva administración que debiera entrar el 16 de diciembre.

Estamos terminando el año y seguimos sin saber si la elección se anulará. Qué irresponsables. Cinco meses y los magistrados no han dimensionado el problema en el que meten a un estado que tiene que tener lista su Ley de Ingresos 2019 y el Presupuesto de Egresos terminado y alineado no solo al nuevo plan de gobierno estatal, sino a las claras prioridades que ya trae el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Esos números ya los tendrían que estar armando las autoridades electas con los diputados del congreso local y los diputados federales. Por lo pronto solo sabemos que al estado de Puebla se le recortarán cerca de 20 mil millones de pesos en 2019, así que la reestructuración de la nueva administración tendrá que estar muy bien pensada para no debilitar aún más a las instituciones con las que se gobierna. Es bueno tener un gobierno esbelto, pero uno anoréxico no le conviene a nadie.



El gobierno saliente de Gali simula una aparente normalidad y continua con una entrega recepción hacia Martha Erika Alonso, a quien el tribunal local calificó como gobernadora electa, como si el fallo federal no estuviera pendiente. La idea de transmitir una normalidad inexistente creo que no ayuda en mucho. Más sano sería que hubiera un abierto apremio no solo de parte de todos los involucrados hacia los magistrados, sino de la sociedad en su conjunto. El Tribunal local electoral fue elegido por el congreso anterior, el que estuvo bajo la mano férrea de Rafael Moreno Valle, así que no es sorpresa que haya reconocido a Martha Erika Alonso como ganadora de la elección, pero la impugnación de Luis Miguel Barbosa fue casi inmediata, así que la incertidumbre ha estado ahí desde los primeros días de julio. El pretender una normalidad inexistente no ha servido de nada. A ninguno de los dos, y mucho menos a nuestro estado, le ha convenido esta larga incertidumbre. El TEPJF está tratando a nuestro estado como si fuéramos de cuarta o parte de otro país.

López Obrador ya tomó posesión, su súper delegado Rodrigo Abdala ya entró en funciones, y mientras, la figura de quien gobernará Puebla sigue indefinida. En los medios nos informan de las visitas oficiales que ambos contendientes han hecho a los jueces para defender sus causas. De por sí el nuevo papel que jugarán los gobernadores es incierto, su cancha ha cambiado y su capacidad de maniobra y discrecionalidad será muy distinta y menor a la que tuvieron gobernadores como Mario Marín o Moreno Valle. Ojalá sea para bien.

No sabemos aún cómo quedará definido el federalismo en los nuevos tiempos de López Obrador, pero creo que un gobernante estatal bien plantado, con una sana independencia del centro, aunada a una buena capacidad de cabildeo con todos los poderes federales y locales sí será una ganancia y un plus para cualquier estado.

Puebla lleva cinco meses perdidos para planear y organizar un nuevo gobierno que será de por si complicado, mientras el tribunal local y el federal se patean la pelota de un lado para el otro.

Las idas y venidas a México de ambos grupos siguen. Las negociaciones y las fuercitas seguramente suben de tono en el Tribunal Federal Electoral, ante la inmutable cara de póker de la Magistrada Otálora. La señora y sus magistrados no tienen prisa.



Mundo Nuestro. 2 de diciembre, el día después. Alumbra el sol de la tarde el país que viene, guardado entre sus encantos y sus desencantos.

Entre el mando del Estado y el Bastón Mágico. Retratos a bote pronto de un 1 de diciembre histórico. Apuntes en la libreta mirando los nuevos tiempos mexicanos con Amlo.

El mando del Estado

Fin de régimen autoritario y corrupto, es la primera frase que escucho al conectarme con dos o tres de los seguimientos que encuentro en internet con la toma de posesión. La ha dicho el diputado de Morena Mario Delgado.
El del PRI habla de mirar por las siguientes generaciones. El del PAN, que la sociedad vota para avanzar, no para retroceder. Y que México no debe ser la próxima Venezuela, y que se debe acabar con la impunidad. Por fortuna, las cámaras siguen más el recorrido motorizado de Andrés Manuel que los gritos y susurros de los diputados.



Ahí va Andrés Manuel por la Calzada de Tlalpan, en un democrático Golf. Creo que Beatriz Gutiérrez va con él. Encuentro en ella lo mejor de lo que puede venir para México con su marido. Miro el brazo que saluda a quienes se han apostado a lo largo de la avenida. Me entero por la locutora que el nuevo presidente desayunó huevos estrellados, y por ahí lo que se nos viene con la nueva narrativa del poder en los canales oficiales. Miro el convoy de motocicletas y automóviles que rodean y persiguen al cochecito blanco que recorre despacio el trayecto hacia San Lázaro. Trato de imaginar los tiempos que se abren mientras la imagen en la tele nos trae el pasado que hoy termina en la figura de Peña Nieto que se baja de una suburban negra, tal vez la del color con el que ha permeado el borrascoso país que nos heredan quienes con él han ocupado el poder en México.

Yo miro todo esto que ocurre con el velo de la violencia que nos plantó un grupo de poder fáctico en la elección del 1 de julio en Puebla. No puedo hablar llanamente del colorido democrático que envuelve este día para México. En Puebla nos agarraron a balazos en la elección. Los jueces nos han mandado a callar y obedecer a los ciudadanos que reclamamos justicia.

Así arranca para mí este 1 de diciembre.



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Se apretujan los diputados en el pasillo de la Cámara para ver el paso de Peña hacia el estrado. Osorio Chong y él se abrazan y tal vez rumien su fracaso. Atrás un sonriente Fernández Noroña, uno que bien me recuerda a Robespierre, Y las voces que narran para la tele oficial; los escucho y casi me confirmo que por la comunicación social no pasará la transformación, no veo una tele pública independiente del ejecutivo en el tono que ella y él que hablan guardan hacia el nuevo presidente. En fin.


Jolgorio, gritos y cada vez más chilangos en las calles rumbo a San Lázaro.

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Ahí está Porfirio, viejo y pícaro. Cuarenta años a cargo y desde muchos rumbos del discurso. Un ejemplar perfecto del dinosaurio político en México. Pienso en ello mientras observo la última pelotera que atraviesa Andrés Manuel en su largo camino a la presidencia de México, ahora para dejar atrás a los diputados muy duchos en el manejo de los celulares. Y en la voz ajada de Porfirio que anuncia el juramento.

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Resultado de imagen para amlo toma de protesta

Cambio de régimen, dice AMLO, que arranca con su propio librito: la relatoría de lo que para él es la cuarta transformación: se trata de dejar atrás la más inmunda de las corrupciones de una pequeña minoría.
Inmunda es una palabra certera para referir lo que ha ocurrido en México.
Y por ahí sigue el discurso del nuevo presidente, para caer en el tema más álgido hoy: el del perdón a quienes crearon y se beneficiaron de ese batidero. Pensar para el porvenir, dice, pero que decida la ciudadanía. Y por ahí nos informa que dejará lo del perdón a consulta.
Por un instante me planto en los ánimos de los Morenos Valles, Galis y Marines que se despacharon a su gusto con los negocios inmobiliarios bajo el amparo de sus cargos. Han de estar felices.


"El gobierno no será un comité al servicio de una minoría rapaz". Miel sobre las hojuelas de los morenovallistas.

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Elecciones limpias y libres, dice Amlo. La Constitución dice "libres y auténticas", pero no importa ahora, y que se lo digan a Janine Otálora, la presidenta magistrada del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Apenas el miércoles han sentenciado ella y sus colegas jueces que los ciudadanos no tenemos interés jurídico para impugnar una elección que en Puebla agarran a balazos. Quince segundos tardaron los magistrados en votar por unanimidad una ponencia que avala justo lo contrario a una elección libre y auténtica.

Bautizado como el ciudadano 499 por esta señora Janine. Por un rato me lo tomo a guasa. En el castillo de Kafka las marionetas levantan las manos aprobatorias y las sentencias rebotan contra los paredones digitales. El Ciudadano 499 ve rodar su cabeza por la ladera rocosa hacia la fosa de los lamentos.

VIDEO DE LA SENTENCIA AL CIUDADANO 499

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Amlo ahora se pone el cascabel de bajar el precio de los combustibles. La masa morenista vitorea la descripción que hace del derroche con Fox y Calderón. Y la carga de la deuda, que supera los diez billones.
Peña, un lado de Muños Ledo, escribe notas, supongo que para sus nietos, quienes no irán a saludarlo a la cárcel.

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Cortinas de desarrollo de sur a norte del país. Y la apuesta es por la producción petrolera. No puedo mirar eso más que como una apuesta por el pasado. No habla de invertir en el aire y el sol como las verdaderas alternativas para el sostenimiento socio-ambiental. Esa sí es una apuesta equivocada.

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Su apuesta de fondo, "primero los pobres" como sustento de las políticas de Estado. Política de principios. Ya no va a haber ninis,dice. Ni la mal llamada reforma educativa. Creará cien nuevas universidades públlicas. Y a cachos, algo que no puede ser más que una pensión universal. Los viejos, los discapacitados, los jóvenes, los indigenas, los campesinos.
Ni fracking ni transgénicos. No se refiere más al tema de la minería.
Amlo sigue con su librito: a subasta el avión presidencial. Todo a partir del "plan de austeridad republicana". Vivir en la justa medianía. Sin espionaje. Todos los soldados al servicio del Estado Mayor, a la guardia nacional, eso si lo autoriza el pueblo.
Y por ahí al otro tema: aceptar la gravedad del problema de la delincuencia y la corrupción de las policías. El ciudadano en estado de indefensión.
Y va de nuevo a su librito, ir a las causas de la violencia.
Pero ni modo, en lo inmediato, los soldados a la policía guardia nacional. Realismo y argumentos, dice.
Caray.
Ese mismo ejército tiene a su cargo frenar a los huachicoleros en Puebla. Mientras, las tomas clandestinas florecen en San Martín Texmelucan y Tlalancaleca; ese pueblo razo de soldados no ha podido con ellos.

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Loas al ejército.
Entiendo aquí lo que no nos dice abiertamente: el país está sometido por el crimen organizado, que ha tomado también a lo que conocemos como "fuerzas de seguridad pública". Y contra eso, la salida está por la vía militar.
Caray.

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Ejército y Estados Unidos, dos temas que AMLO enlaza para probar que no hay librito en la transición de poder que deje de lado las dos anclas históricas de México. Pienso en ello mientras el discurso cumple con la reseña de los políticos que vinieron a nuestro "coronamiento".
No se puede pensar al país sin valorar el estrangulamiento histórico en el que nos tienen los gringos.
Ni en el papel que juegan los militares en la tragedia mexicana de la violencia.
Dice Amlo que someterá el tema de la Guardia Nacional a consulta. Contra todo lo que pueda decir, me queda claro que para el nuevo presidente por el momento no hay otra salida.

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Tú no tienes derecho a fallarnos, dice que le dijo el joven que vimos aproximarse en bicicleta sobre la avenida Tlalpan hace un rato.

¿El fracaso posible es un asunto de decisiones personales?
El poder se ejerce. Y le da forma al Estado. Así ha sido éste, el nuestro, forjado en la corrupción más recóndita. ¿Dejará de ser así por la mera voluntad personal del presidente?

Para eso no tengo respuesta.

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Amlo ahora se asoma a nuestras fortalezas. Sol y viento entre ellas.
Así que nos imagina como potencia económica. Muchos discursos como ese se han escuchado en ese mismo recinto. "Recogeré los sentimientos de la gente", dice. Y que va su honor en ello.

Dieciséis horas diarias para oponerse a las regresiones que intentarán sus adversarios. Demasiado tiempo es poco para su voluntad, me imagino.

Y sigue con su librito: no a la reelección y sí a la posibilidad de la revocación. Y por supuesto, se pondrá a sí mismo a consulta. Y ya termina.
¿Cuántos años le llevó a México que Amlo gratara ahí "que viva México"? ¿Qué país seríamos si no le hubieran ganado a la mala la eleccion en el 2006?

Para eso tampoco hay respuesta.

Suena el himno. Y yo le canto así a la posibilidad de un mejor país.

Se va Peña, con toda la carga de pasado que no se ha ido. Se retira Andrés Manuel con la carga de lo que ahora es posibilidad de país más justo y digno.

Allá va él de nuevo en su pelotera. La primera de su mandato.

El bastón mágico

Regreso al día de Andrés Manuel López Obrador. Media tarde, ya con el sol recuperado tras los días de lluvia en Puebla.

Qué cosa encuentro. En el zócalo de la ciudad de México el rito de purificación al que se somete el nuevo presidente para recibir el bastón de mando.

Primero la limpia y el rito. Pienso que la religiosidad no dejará fácilmente de ser un asunto de Estado. Y me digo que lo que veo va mucho más allá de este jaleo colorido en esa plaza que nunca se aburrirá de sorprendernos.

El mundo indígena le toma la plaza y será que la palabra al nuevo presidente.

Insoportables los locutores de El Universal. Encuentro en ellos el tono del entreguismo histórico de ese periódico.

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Y a Beatriz Gutiérrez Müller también le pasan yerbas y copales. De todo tendrá que haber este día. Fuerza del universo, fuerza de todos los pueblos, escucho que dice una mujer micrófono. Una pareja se hinca, el yerbero pierde la compostura, llora no sé si en náhuatl y logra que Andrés Manuel también se hinque. El locutor afirma que esto es histórico mientras el presidente carga un crucifico envuelto en flores y rinde culto a los horizontes. Ometéotl, dicen, armonía histórica, rezan, saludos a los cuatro tiempos cardinales explican ya expertos los locutores, "los ritos muy antiguos y muy profundos", claro, pensamiento dualista, pensamiento indígena en general.

Entretenido no deja de ser. Vientos del norte, dicen, vientos del sur, invocan.

El país ya es un asunto de los dioses. Eso tengo que entender con estos bastones de mando que recibe Andrés Manuel.

Guau, qué momento, dice la locutora de El Universal.

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Vuelvo a la realidad y a la tragedia mexicana. Ayer en la noche, en la más mexicana de las plazas que en Puebla se reconocen como indígenas: San Miguel Canoa. Han decidido crear su policía comunitaria, y ello tras el asesinato antier de dos hermanos en ese pueblo, al parecer por un asalto, en su propia casa. En Canoa se han decidido por plantar contra cualquiera que llegue uniformado su propio bastón de mando. Ese es el país que recibe Andrés Manuel: gobiernos rebasados y miles de pueblos hartos de la violencia.

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Qué larga cuenta de promesas le carga el nuevo presidente a su bastón de mando. Recojo uno: 120 mil millones de pesos para los adultos mayores. Y la pensión para un millón de niños discapacitados. Y los más de dos millones de jóvenes con su beca para capacitación. Y los caminos rurales en Oaxaca y Guerrero. Ojalá le den las cifras a este hombre que con su banda al pecho describe una tierra largamente prometida para los pobres en México.

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Seguridad Alimentaria Mexicana. Así llama Andrés Manuel a la empresa que fusionará a Diconsa y Liconsa, las añejas empresas estatales estrellas de los gobiernos priistas imperiales. Rescatar las empresas sociales, dice. "Vamos a apoyar el campo", grita. Pero la memoria es rejega, trae al cuento la imagen de la CONASUPO en manos de Raúl Salinas y de sus aliados estratégicos apellidados Antorcha Campesina.

En esa apuesta estratégica, inversión en el campo y no meros subsidios, y más si le apuesta a los maiceros como productores libres y no acasillados en el clientelismo político, me digo mientras el presidente deriva hacia otros complicados escenarios de la economía --"Nos están entregando un país en quiebra, sobre todo en el petróleo y la electricidad"--, y me pregunto si esta promesa estará sustentada no en estructuras burócratas sino en procesos fundados en las capacidades de los millones de pequeños productores en el país. Recuperar la mejor visión del Estado en el campo.

Qué complicada la vista del país que este hombre quiere reconstruir.

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Ahí está Andrés Manuel, asomado en su discurso al abismo de un Estado de bienestar desmantelado por la economía neoliberal. Propone algo que no mencionó en la mañana: el banco del bienestar.

Responde así a la pregunta de sus adversarios y no solo: de dónde va a salir el dinero: del ahorro que surja del fin de la corrupción y por la política de austeridad republicana.

Ahí está el presidente, emocionado, colgado de su bastón de mando, lo más parecido que encuentro en este momento a una varita mágica, decidido a transformar el Estado mexicano. Magia y poder siempre han ido de la mano.

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La imagen arranca con un sombrero de plumas en la cabeza de uno de los representantes de los pueblos originarios. Llegaron con sus mejores trajes.

Andrés Manuel está metido en el suyo mientras desgaja uno tras otro los gajos de la austeridad republicana. Y da detalles, precisos: ningún funcionario podrá cerrar calles, ni tendrán guaruras, ni mucho menos podrá pasarse los altos.

Se va de largo el discurso: los ciudadanos serán los mandantes. Y para ayudarlos, observadores de la ONU. Esa es nueva. y tampoco lo dijo en la mañana.

Y por lo que se ve, los discursos del presidente serán largos. Tato de adivinar si sobreviene un final, pero la afición de Calle 13 tendrá que esperar otro buen rato.

Pero creo que ya remata: se abolirán los fueros y los privilegios, se acabará la impunidad, y se juzgará al presidente en funciones, como a cualquier ciudadano.

Último acuerdo del bastón mágico: "todos nos vamos a portar bien".

Otro remate: no va a haber huachicoleo, ni abajo ni arriba. Y que lo entiendan las mamacitas de los huachicoles, dice, con mucha ternura y con mucho amor. Señora, su hijo ya va a tener trabajo, pero si se dedica al robo de combustible, será tratado como delincuente grave. Y sin derecho a fianza. Igual para la corrupción, para la portación de armas, para la falsificación de facturas. Delito grave. ¿Quién irá a hablar con las mamás de los huachicoleros en Tepeaca y en Palmar de Bravo? ¿Cómo convertirá este mensaje a un tiempo comprensivo y enérgico en política de Estado?

Y una casi última: delito grave el fraude electoral. No más frijol con gorgojo. No más moches para los deputados. ¡Eso se acabó, eso se terminó!, casi grita. Y yo pido a gritos que se refiera a Puebla, que le marque un alto a Moreno Valle, que con todo respeto al poder de los jueces les diga que las elecciones no pueden ganarse a balazos.

Y la última, que no lo será, pues aún falta media hora más de discurso: a las 6 de la mañana de todos los días verá cómo amanecimos en seguridad pública. Le pasarán la cuenta de los muertos. Y a las 7, todos los días, el mensaje del gobierno para el pueblo.

Sigue por ahí Andrés Manuel. Hace rato que dejó de lado el guion, aunque sigue leyendo un discurso escrito. Así lee que no habrá más CISEN ni espionaje político. Y que se venderá el avión presidencial.

Es un torrente entonces el bastón de mando, no deja la voz de dominar la plaza. A trazos inflexiones fuertes la voz repasa uno tras otro los mandos de la transformación de México. La república ya no tendrá inspectores. Todos protestaremos con decir la verdad, y a la suerte la llegada del SAT.

Creo que ya me mareó el bastón mágico.

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El AMLO FEST tardará en empezar un buen rato. El bastón de mando es un micrófono que no encuentra fondo.

El nuevo presidente no deja de dejar a un lado el texto escrito. Tiene una historia de desastres por arreglar que le pueden llevar la noche entera.

Los trenes para aprovechar el legado cultural que nos dejaron los mayas. El turismo a 160 kilómetros por hora. Y para el istmo el futuro de las maquiladoras al paso del tren entre Salina Cruz y Coatzacoalcos.

Andrés Manuel a esta hora de la tarde oscura arremete contra la reforma energética. Ese tema sí lo trató en la mañana: este país petrolero ha vuelto a comprar crudo. "Vamos a detener la crisis --dice--, vamos a rescatar Pemex como lo hizo el general Cárdenas en 1938." Pero ahora sí se refiere a la generación alternativa. Y por ahí a la protección de la socio-biodiversidad. Y nada que afecte al medio ambiente. Y no se privatizará el agua. Así que el presidente desgrana el fin de los proyectos industriales de muerte. Buena noticia. Vaya tarea para el bastón mágico.

Buenos presagios que para estas casi 7 de la noche vuelven al tema más trágico. "Se acabará la guerra", dice. "Se castigará a los criminales de los 43 de Ayotzinapa". Se amnistiará a los presos políticos encarcelados por los gobernadores caciques. Se respetará el derecho a disentir.

Pero un discurso así puede ser interminable.

Y Andrés Manuel le ha puesto un límite: el 1 de julio del 2021, cuando se someterá a la posible revocación de su mandato.

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Democracia sindical. Y acompaña ese propósito con esta frase: el poder ejecutivo dejará de ser el poder de los poderes. La línea es que no hay línea. No se meterá en la vida interna de los sindicatos. Que lo entienda la tal Elba Esther. Y espero que los petroleros al fin echen a Dechamps.

Andrés Manuel no para. Ha desatado todos sus sueños de país. Tanto que ya le ha dado a un ayudante el bastón de mando. Ahora trae el amor a flor de boca. Y ya imagina el "bienestar del alma". Su voz reverbera y ya me aturde. Justo cuando trae a la plaza aquello de la nueva constitución moral. De ese propósito suyo sí que me bajo.

Cada uno con su espíritu, me digo, yo no me planto ante nuevos sacerdotes omnipresentes. Aquí ya me corto, justo cuando dice "concluyo".

Demasiado para una tarde que ha sido luminosa.

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Día con día

En la semana se hizo visible la que será probablemente la batalla estratégica de los años que vienen: la batalla por la forma del federalismo mexicano.



El plan centralizador del próximo gobierno es algo más que un poco o un mucho jalar las riendas. Es un rediseño que, de cumplirse a la letra, cambiará la República federal vigente en una centralista. Más precisamente: el país pasará de tener una arquitectura institucional de diseño y espíritu federalista a una de instituciones y espíritu centralista.

Este cambio mayúsculo tiene dos piezas convergentes: la figura ya legislada de delegados federales únicos en los estados y la figura, por legislar, de la Guardia Nacional con mando único militar, que no incluye a las policías estatales y municipales.



En un país donde, por un pacto fiscal vigente desde 1978, la Federación recauda y entrega a los estados tanto como 85 por ciento en promedio de sus recursos, un delegado federal único, encargado de vigilar y representar la inversión federal en los estados, puede erigirse en un poderoso gobernador de facto o al menos en un poderoso rival político del gobernador en funciones.

Si a esto agregamos que los superdelegados serán piezas claves en el aterrizaje territorial de las unidades de la Guardia Nacional que será responsable de la seguridad en las calles, lo que tenemos es una triple pinza de poder político regional: administrativa, financiera y policial.



Y si recordamos que Morena ganó en la elección pasada 19 de los 32 congresos estatales, el efecto de la pinza múltiple crece. El proyecto ha desatado ya la oposición pública de 13 de 32 gobernadores, 12 del PAN y la coalición PAN/PRD y uno de MC, al que me referí aquí el viernes pasado.

Los gobernadores del PRI no se han manifestado, pero la presidenta de ese partido, Claudia Ruiz Massieu, lo mismo que su homólogo del PAN, Marko Cortés, anunciaron que interpondrán denuncia de inconstitucionalidad del proyecto centralizador para que la Corte decida. Será la primera gran prueba de la división de poderes en la cuarta transformación.

No es para menos. Está en juego la redefinición del imperfecto y maltrecho, pero histórico y vigente federalismo mexicano.

La restauración

De cumplirse a la letra el proyecto del nuevo gobierno para fortalecer el poder central a costa de los poderes locales, estaríamos ante el renacimiento de un híbrido típicamente mexicano: el federalismo centralista. O o su contrario idéntico (al revés volteado): un centralismo federal.

No sería una novedad. Sería más o menos lo que hubo en México durante los años de la hegemonía del Pri.

“Federación” quería decir entonces “Centro”. Federalizar algo era centralizarlo, no repartirlo entre las entidades federativas.

A partir del año 2000, la democracia fragmentó el poder de la federación, que se concentraba en las facultades legales y en las facultades no escritas del Presidente.

La federalización/centralización siguió en muchos ámbitos, pero no fue ya en servicio del poder ejecutivo y el Presidente, sino en su demérito, mediante la proliferación de innumerables entes autónomos, como el instituto y los tribunales electorales, el Banco de México, la Comisión Federal de Competencia y tantos otros que, en el reparto institucional de facultades, servían de contrapesos al presidente: recortaban y acotaban su poder.

La federalización/ centralización que plantea el nuevo gobierno pretende recobrar el control anterior sobre los estados y disminuir o desaparecer el peso de los entes autónomos.

Tiene los visos de una restauración.

En el entorno democrático de hoy, restaurar aquello es imposible sin sembrar en la opinión pública la sospecha de que lo que se busca es una restauración autoritaria, la restitución del centralismo que precisamente la democracia desmontó.

En una mesa que coordiné el sábado pasado en la Fil de Guadalajara sobre el tema del federalismo, con la presencia de Cuauhtémoc Cárdenas, José Ramón Cossío, Beatriz Paredes, Jorge Castañeda y los gobernadores Javier Corral y Enrique Alfaro, apareció con claridad, en todas las voces, la reflexión sobre la necesidad de un nuevo trato federal, un rediseño negociado para que el federalismo deje de ser el animal disléxico que es.

Lo que baja del nuevo gobierno federal, sin embargo, no es la oferta de un nuevo pacto sino un jalón unilateral de riendas: un despliegue administrativo, financiero y militar sobre los territorios estatales, que se parece a, o al menos admite la metáfora de, una ocupación.

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Ilustración tomada de El Informador, 25 de noviembre.

Ocupar o negociar

La cuarta transformación avanza con banderas desplegadas sobre los estados. Los estados han empezado a resistir en las figuras de 13 gobernadores de oposición, entre los cuales brillan por su ausencia los del PRI.

Los gobernadores están en una posición política débil para reclamar con credibilidad que pueden ser actores eficaces en los dos asuntos que sofocan a la República y que definieron las elecciones de 2018: la corrupción y la inseguridad.

Pero el gobierno federal tampoco tiene grandes credenciales al respecto. La guerra contra las drogas fue declarada y librada por gobiernos federales con las consecuencias terribles que conocemos.

El pacto fiscal bajo el que operan los estados, sin rendir cuentas, fue diseñado federalmente en todas sus fases y modalidades. Los gobiernos estatales que rinden cuentas solo a sus congresos locales de cómo gastan los fondos federales han producido casos alucinantes de corrupción.

El gobierno federal no se ha quedado atrás tampoco en la creación de redes de corrupción sistemáticas, como la estafa maestra, ni en la falta de voluntad para investigar y castigar judicialmente esas conductas. El gobierno federal electo no ha encontrado mejor solución para atacar el problema de la violencia, que multiplicar la injerencia militar en cuestiones de seguridad pública.

Y no ha encontrado mejor solución política para lidiar con la corrupción de la historia reciente que declarar la amnistía para corruptos, con un soberano perdón al pasado. El hecho es que ni los poderes locales ni el federal pueden decirse, hoy por hoy, capaces de resolver estos dos problemas determinantes: ni la inseguridad ni la corrupción.

No han podido resolverlos cada uno por su lado, ni tampoco juntos, bajo el esquema de colaboración y responsabilidad del federalismo realmente existente. Los huecos y deformidades de este último no han hecho sino empeorar ambos problemas.

La Federación y los estados necesitan crear un nuevo pacto de competencias y responsabilidades exigibles por los ciudadanos y claros para ellos en la ley.

Hace falta una negociación cabal, de largo aliento. Una negociación de la periferia al centro, no una ocupación del centro a la periferia. Un nuevo federalismo.

La casa vieja

Dice el ministro José Ramón Cossío que hasta 2017 la Suprema Corte de Justicia de la Nación se dedicaba a dirimir, en materia de federalismo, complicados temas competenciales: a quién le tocaba decidir sobre qué parte de las decisiones en materia de uso del agua, cobro de impuestos o cualquier otro de los innumerables huecos de legislación que hay en el maltrecho diseño de nuestro federalismo.

El mismo Cossío me describió una vez, con una metáfora, las discordancias paralizantes que hay en normas de los tres órdenes de gobierno de la República: federal, estatal, municipal.

Es como una casa de tres pisos, dijo, que no tiene escaleras del primer al segundo piso, que tiene puertas por donde se puede entrar pero no salir o azoteas que dan directamente a la calle.

Su conclusión es la que puso en el ensayo de un libro colectivo Y ahora qué. México ante el 2018 (Random 2018), que parece prehistórico ahora pero que puede ser de útil consulta para los funcionarios que empiezan a gobernar este 1 de diciembre.

Ahí escribió Cossío que el primer mandamiento de un estado de derecho es que se cumpla la ley, pero que para que la ley se pueda cumplir en México primero hay que ordenarla, hacerla clara y congruente para los tres órdenes de gobierno, con escaleras que lleven de uno a otro piso, puertas por donde se pueda entrar y salir, y azoteas que no den la calle.

Este es el ejercicio a que se dedicaba la Suprema Corte, dijo Cossío en la mesa sobre federalismo en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, a que me referí anteayer en este mismo espacio.

Pero lo que la Corte tiene que hacer ahora, en 2018, es dirimir un conflicto no de carácter técnico, competencial, sino de naturaleza política.

Siguiendo la metáfora, lo que la Corte debe definir ahora no es cómo debe ser la escalera que lleve de la planta baja al primer piso, o el atajo que va de la azotea a la calle, sino cómo debe ser la nueva casa que plantea la cuarta transformación en su ofensiva política, financiera y de control territorial sobre las entidades federativas.

El patriotismo local

He viajado en estos días por dos estados centrales de la República y conversado en círculos académicos, periodísticos, empresariales y políticos sobre la redefinición de poder y de control territorial que plantea la cuarta transformación a las regiones.

El sentimiento predominante que pude recoger, volviendo una y otra vez al tema, fue de incertidumbre.

Nadie sabe cómo aterrizará el rediseño federal sobre las estructuras locales vigentes. Nadie sabe, para empezar, cómo vendrá el Presupuesto, salvo que será reducido y etiquetado según las prioridades de la cuarta transformación.

Nadie sabe cómo se construirá la red administrativa y política de los superdelegados y sus coordinaciones regionales, frente a la red institucional de los gobiernos estatales y municipales. Nadie sabe cómo aterrizarán las unidades de seguridad de la Guardia Nacional, de mando militar único, sobre la estructura vigente de seguridad pública basada en la coordinación de las policías estatales y municipales con los efectivos de la comandancia militar del estado.

El sentimiento predominante que recogí fue de incertidumbre, pero en distintos momentos percibí también un filón de lo que tendría que llamar patriotismo local: cierto orgullo herido por el trato recibido de parte del nuevo gobierno federal.

Esa sensación de maltrato toca fibras históricas, de la sensibilidad antifederal, que es una pasión central del largo litigio mexicano sobre el federalismo.

La Revolución de 1913 y la rebelión cristera de 1926 fueron muchas cosas pero, entre otras, rechazos regionales a imposiciones del centro.

El rechazo al centro del incipiente patriotismo local que percibí no tiene un cariz violento, sino cívico, político, administrativo: nada que no pueda negociarse con ganancia para todos.

Pero está ahí ya, presente como siempre, en cuanto se rasca un poco, abierto en el apoyo a los gobernadores de Jalisco y el de Chihuahua en el foro de la FIL de que he hablado estos días, cuando decían con claridad que nadie iba a gobernar por ellos sus estados y que ellos tenían un mandato local de gobierno tan legítimo y democrático como el del nuevo Poder Ejecutivo federal.

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