Poder y Política


A los pocos días de tomar la presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump puso sobre la mesa de discusión el tema de las noticias falsas (fake news). En la Conferencia de la Acción Política Conservadora dijo que estaba “en contra de las noticias falsas (…) estoy en contra de la gente que inventa historias e inventa fuentes”. Esto para referirse a los medios de comunicación que no le son afines, los que su gobierno califica como enemigos del “pueblo estadounidense”.

Y añadió que los medios de comunicación que se reservan o no identifican de manera pública a sus fuentes lo hacen, para crear noticias falsas. Lo afirma un presidente que el 80% de lo que dijo en la campaña fue mentira, como lo demostraron los grandes medios estadounidenses. Para Trump la verdad es algo irrelevante. Y asume que tiene derecho a la mentira en la lógica de que el fin justifica a los medios.

Kellyanne Conway, asesora de Donald Trump, llama “hechos alternativos” a las mentiras manifiestas de Trump y algunos de los integrantes de su gobierno. Con sus mentiras trata de ganar a sus electores, a los que trata como débiles mentales, que quieren oír precisamente lo que él les dice. Así obtiene su apoyo y fidelidad. Estos, a su vez, se sienten validados en su pensamiento, en sus actitudes y comportamientos.

Los seguidores le creen, es una cuestión de fe, que Trump dice la verdad y los medios a los que éste acusa de mentirosos lo son y por eso pasan a ser enemigos del “pueblo estadounidense”. No importa lo que realmente es, se exprese o suceda. Lo que vale es lo que su líder dice. Robert G. Parkinson, profesor de la Universidad de Bringhamton, en un artículo publicado en The Washington Post, afirma que la construcción de noticias falsas no es un fenómeno nuevo en la política de Estados Unidos.

Documenta cómo algunos de los padres fundadores de la Nación construyeron noticias falsas en su lucha por la independencia y la consolidación de la misma.

Shane Harris, periodista de The Wall Street Journal, documentó cómo los órganos de inteligencia de Estados Unidos han decidido no entregar toda la información al presidente Trump por temor a que la haga pública. El gobierno por eso lo acusó de divulgar noticias falsas. Dice que los seguidores de Trump desconfían de los medios veraces y “solo van a las fuentes de noticias donde ven lo que quieren escuchar”. Esa gente califica de noticia falsa todo lo que no le gusta.

Comenta que el periodismo de Estados Unidos tiene ahora un gran reto: hay que ganar la confianza de la gente. Y para eso es necesario hacer un trabajo con fuentes confiables. Se requiere más que nunca de parte de los periodistas honestidad intelectual y transparencia. Sostiene que la mayoría de los simpatizantes de Trump se hacen de información de fuentes muy poco confiables, de otros simpatizantes, de Facebook –que en ese país tiene 200 millones de usuarios diarios– y de la prensa afín.

La llegada de Trump al poder abrió un doble discurso en torno a lo que se conoce como noticias falsas. De un lado está que toda noticia que no gusta a Trump y a sus simpatizantes la califican como falsa. Del otro lado está que Trump y los medios afines construyen y difunden noticias falsas que son asumidas como verdad por sus simpatizantes. Eso y no otra cosa es lo que quieren oír.

En ese horizonte, Steve Coll, decano de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, plantea que a pesar del ambiente contaminado que generan las noticias falsas en Estados Unidos hay un “periodismo robusto” que se hace valer en la sociedad estadounidense. Así, el portal de los periódicos del grupo Gannet tiene 100 millones de visitas diarias y CNN en su Web la misma cantidad. Hay otros medios que sus portales tienen entre 70 y 50 millones de visitas diarias.

Coll dice que estos son medios que invierten en la construcción de un periodismo profesional serio. Y también hay un gran número de periodistas que están dando la batalla contra las noticias falsas de Trump y los medios que le son afines. Eso exige de los periodistas un trabajo más duro. El público lo empieza a reconocer. Un ejemplo es que The New York Times y The New Yorker han aumentado en forma considerable sus suscriptores. La gente busca información fiable.

El problema de las noticias falsas en su doble vertiente no es exclusivo de Estados Unidos. Está presente en otros países. En el caso de México ocurre algo muy semejante con Andrés López Obrador y sus seguidores. Si una noticia no les gusta la califican como falsa. La atribuyen a una campaña orquestada en su contra. En cambio los seguidores de López Obrador están dispuestos a creerle todo lo que éste les diga incluso cuando es una noticia evidentemente falsa.

Para la redacción de este texto se revisaron, entre otros, los siguientes artículos: “Las vacas locas de Trump”, John Carlin, El País, 20.02.17; Cómo sobrevivir a la era de Trump, Joseph E. Stiglitz, Negocios, El País, 26.02.17; “Incertidumbre trumpiana”, Joseph E. Stiglitz, Negocios, Reforma, 11.01,2017; “¿Falsas noticias? Una historia muy antigua”, Robert G. Parkinson, El Economista, The Washington Post, Año II, Número 103, 2-8.12.16; “Los trucos publicitarios no son políticas reales”, Paul Krugman, El Financiero, The New York Times, 24.04.17; “Las noticias que no les gustan ahora son falsas”, Carlos Loret de Mola, El Universal, 23.02.17; “El ambiente está contaminado por las noticias falsas”, Andrea Aguilar, Ideas, El País, 27.11.16.

Vida y milagros

Andrés Manuel López Obrador tiene, como todo ser humano, virtudes y defectos. Sus fortalezas en el ámbito político han sido básicamente las de centrar su visión sobre la parte más débil de la sociedad y la necesidad imperiosa de enfocarnos como país a sacar a millones de personas del rezago social, de la pobreza extrema y de la falta de oportunidades. Desde luego no es la única voz que ha hablado de eso, pero sí ha sido la más enfática, ruidosa y tenaz. Sin embargo, su proyecto de nación tiene una fractura innegable: se centra de manera extrema en su liderazgo, disminuyendo e inmovilizando los liderazgos de otros, lo cual impide un trabajo mucho más de equipo y de conjunto y una visión mas amplia y diversa para mejorar al país en todos sentidos. Y por eso, quizá, es que divide tanto.




Hace ya muchos años leí un pequeño libro, fantástico en su contundencia hacia los proyectos centrados en una figura en la cúspide, escrito por Krishnamurti. Me parece muy importante recordarlo ahora, y sobre todo recordar el contexto en que dicho libro fue escrito. Krishnamurti nació en 1895 en una familia muy pobre y numerosa de la India. Su padre trabajaba de jardinero en la casa de unos ingleses que pertenecían a la Comunidad Teosófica de Adzar. A los doce años fue adoptado por la comunidad pues les llamó la atención la extraordinaria inteligencia e intuición del muchacho. Él mismo se reiría años más tarde de los atributos que atrajeron las miradas sobre él, tales como saber lo que decía una carta antes de leerla o tener el don de la premonición y el de curar con las manos. Para él esos eran dones tan normales como el que puede tener alguien que corre muy rápido o domina las matemáticas. Solo un don más, y nada que para él mereciera adoración. La comunidad puso en él todas sus esperanzas y lo vislumbró como su futuro líder, gurú y guía, dándole una educación esmerada en la India y en Inglaterra. No había cumplido los 23 años cuando la comunidad se congregó para nombrarlo líder máximo de los Teosofistas. Justamente en la ceremonia en la que lo nombrarían el nuevo mesías, Krishnamurti leyó una pieza oratoria extraordinaria que escribió para esa ocasión, y que ahora usó de prólogo para su libro "Reflexiones sobre el Ego". Su postura, para sorpresa del grupo, fue la declinación de la autoridad moral que le querían otorgar y se negó rotundamente a ser el intermediario entre los que buscan la verdad y la verdad misma. Dejó claro que no aceptaba otra acción que no fuera la transformación individual y espiritual de cada persona. Renunció al poder que se le ofrecía y se limitó a invitar a otros a buscar y encontrar su propio poder y verdad, que existe de manera intrínseca en todo ser humano. "Hay algunos seres humanos que necesitan báculos y jaulas para vivir. La única obligación que yo puede tener hacia ellos es decirles que pueden caminar solos y vivir en libertad, y que no me necesitan." Dicho esto, abandonó para siempre a la comunidad teosófica. Dedicó su vida a la enseñanza, escribió muchísimos libros fundamentales para el desarrollo personal y comunitario y vivió pacífica y discretamente hasta la edad de 91 años.

Nuestro país recorre hoy terrenos tortuosos y se asoma a peligrosos precipicios y tentaciones de llamados a imaginar un país en blanco y negro, dividido entre malos y buenos, los que están del lado correcto y los que están del lado equivocado. Así, sin grises ni matices. López Obrador habla de serenar al país. Serenar a nuestro país y tratar de alejarlo del desasosiego y el infortunio pasa por serenarse a uno mismo, pensando bien en lo que podemos aportar a México para después, hacerlo. Pasa por entender que somos parte de la solución de los problemas del país pero que de ninguna manera podemos ser la única solución, la verdadera, la buena.



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Ante la tentación de ser elegido como guía, de tener seguidores ciegos e incondicionales y ser el representante de la verdad en la tierra, Krishnamurti eligió enseñarles a otros que hay muchas verdades, muchas formas de hacer las cosas y que lo sano y perdurable es lo que se construye sobre la fortaleza de empoderamiento de cada ser humano. Hay quienes en las relaciones amorosas depositan su poder en el otro, y se sienten perdidos si ese otro se va, se cansa o se muere. Los países y las personas que salen adelante tienen la sabiduría de reconocer que todos necesitamos de los demás pero que nadie es indispensable, ni en la vida de las personas ni en la vida de las naciones y las comunidades. A veces, después de haber dado o recibido mucho, tenemos que aprender a dejar ir, o a nos, y a decir adiós, aunque nos duela.


No imagino de qué forma Morena saldría adelante, unido, centrado y fuerte, si hoy, como lo hizo Krishnamurti, Andrés Manuel dijera adiós a sus seguidores. Todo y todos en Morena dependen demasiado de su voz, de la jaula y el báculo que él significa.

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El PRD llamó, hace unos días, el 25 de junio, a la formación de un Frente Amplio Democrático (FAD) para las elecciones de 2018. Según el documento aprobado por la mayoría de su Comité Ejecutivo Nacional (CEN), se trata de hacer posible la unidad para ganar con amplia mayoría las elecciones del próximo año. Puntualiza que el competidor a vencer es la coalición de partidos que se proponen la continuidad del modelo actual de gobierno, es decir, “el PRI y sus aliados estratégicos”. Pretende también “integrar organizaciones civiles, sindicatos, asociaciones empresariales, líderes de opinión, partidos progresistas y democráticos”, con un programa y una ruta común para designar a los candidatos “idóneos” de este Frente.

Bajo la idea de que “la agenda neoliberal se ha agotado” y de que “el Estado se ha debilitado en grado extremo y es vulnerable ante los intereses más ilegítimos”, por lo que hay una constante violación a los derechos humanos y campea la impunidad y la corrupción en los diversos órdenes de gobierno, se propone edificar una Nueva República, construir un Estado Social y Democrático de Derecho, un crecimiento económico sostenido y una distribución equitativa de la riqueza. En resumen, “una salida democrática a la crisis y superar el modelo neoliberal y su corrupto sistema político presidencialista”

Desde la izquierda, la idea de crear un frente se ha adoptado muchas veces con la intención de construir una organización que encabece una causa, un objetivo o un programa, y al mismo tiempo unifique a diversos sujetos sociales o políticos. Aunque no es un patrimonio exclusivo de las izquierdas, pues la derecha también ha recurrido a este nombre (como el Frente Nacional de Francia), es más común hablar de un frente para oponerse a una situación de injusticia o de opresión y para impulsar causas progresistas.



En México ha habido y existen actualmente varios frentes, casi todos con causas sociales, como el FASU, Frente Amplio Social Unitario, que agrupa a sindicatos y organizaciones campesinas. Pero hay muchos otros. En cambio, los frentes políticos se crean casi siempre con fines electorales mediante una coalición de partidos, la cual normalmente subsiste hasta el día de los comicios.

Hago estas breves consideraciones para analizar la propuesta del PRD, porque en el documento hay varias incongruencias y confusiones que deben aclararse. La primera reside en la discrepancia entre sus objetivos programáticos y la composición de sus posibles participantes. Por un lado, se plantea buscar superar el modelo neoliberal (es decir reemplazarlo por otro) y edificar una Nueva República, pero al mismo tiempo se convoca a todos los partidos, sin importar sus trayectorias programáticas y políticas.

Es evidente que los objetivos señalados no son compartidos por la mayoría de los invitados al FAD. Algunos, destacadamente el PAN, ha reiterado su oposición a esta línea programática, particularmente en lo que se refiere a la necesidad de un nuevo modelo de desarrollo. Además, la corrupción, el debilitamiento del Estado “en todos sus niveles” y su vulnerabilidad ante los llamados intereses ilegítimos que suponemos provienen de los poderes fácticos del dinero y el crimen organizado, afecta a todos los partidos incluyendo el PRD, pero también y sobre todo a aquellos que se han beneficiado de estas perversiones desde los más altos niveles del poder del estado. Es el caso no sólo el PAN sino también de los aliados del PRI a los cuales, de manera inexplicable, se les invita al FAD y, al mismo tiempo se les califica como parte de los contendientes a los que hay que vencer en las elecciones de 2018.

No parece necesario hablar mucho del principal aliado potencial del Frente, el PAN, el cual representa la continuidad de las políticas públicas impuestas desde hace varias décadas y ha sido uno de los protagonistas centrales de la destrucción de las instituciones, de la corrupción, y de la penetración de los llamados intereses ilegítimos en la política. Basta revisar la lista de sus precandidatos a la presidencia de la república para comprobarlo.

Si se fuera consecuente con los objetivos del Frente, las organizaciones y personalidades de la sociedad civil deberían ser los principales protagonistas convocados. Y ello debería llevar también a una autocrítica del propio PRD y a su reestructuración interna para dar paso a una nueva orientación de su política electoral y de la estrategia para el 2018.


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Pero todo parece indicar que, lo que se busca en realidad es, simplemente, una coalición electoral de partidos. En este caso, los objetivos programáticos se vuelven secundarios pues lo importante es la construcción de una mayoría electoral. Bajo este esquema, que, en efecto se ha puesto en práctica en algunas entidades del país y en otras partes del mundo, lo importante no es la agenda del cambio, sino la gobernabilidad, como dice el propio documento del CEN del PRD. En una coalición como ésta, resulta indiferente si los candidatos son de un partido, de otro, o se proclaman “independientes”.

Lo anterior se confirma cuando el documento señala que se perfilan tres grandes tendencias electorales. Una que impulsa el extremismo y la polarización social y política del país. Otra, la del PRI que representa la continuidad. Y la tercera que plantea la construcción de una nueva mayoría política y social que represente la pluralidad democrática de México. Y también cuando se precisa que la agenda común del FAD deberá ser progresista, democrática y liberal (contradiciendo el propósito antes expuesto de “superar el modelo neoliberal”)

Pluralidad democrática y agenda liberal, pueden ser en efecto, la base de una coalición de partidos diversa que se proponga un gobierno estable. Pero no es la de un Frente que aspira a la transformación del país y la creación de una Nueva República. Según los postulados del propio documento, si vivimos en un Estado que sufre una profunda crisis institucional, la gobernabilidad ya está fracturada y la polarización social y política también es una realidad existente. Una coalición de partidos amplia y flexible, preocupada sobre todo por administrar la estabilidad política y sin voluntad para resolver los problemas del país no sería entonces la solución sino la garantía de la continuidad de la crisis. Ése ha sido precisamente el error de los gobiernos del PRI y el PAN en los últimos sexenios.

Los cambios que requiere México pasan por una trasformación no solo del régimen político presidencialista sino también y principalmente de las instituciones del Estado para liberarlo de las pandillas y sus intereses ilegítimos, y para cambiar el curso del desarrollo neoliberal. Por ello, la construcción de esa mayoría política y social requiere de un frente mayoritariamente ciudadano que conduzca y sostenga la ruta de ese cambio.

El desastre que vive el país desde hace más de 10 años no se reduce a una crisis del régimen presidencialista, ni ha sido producto de la torpeza e ineficiencias del presidente Peña y su gobierno como dice el documento del PRD. Para que el cambio sea posible, de manera pacífica y dentro de los cauces democráticos, la solución no se encuentra en una coalición de partidos diversos, en la que el programa es lo de menos y la gobernabilidad es lo importante. Se requiere de una amplia participación social organizada en un frente distinto al que en realidad se está proponiendo.

Si el PRD cree que un gobierno de coalición es la respuesta a la crisis del país, su agenda programática se convierte en una mera ficha de cambio para acceder a un reparto de posiciones políticas. No significa una posibilidad de transformar realmente la situación del país.

Quizás valdría la pena que el partido volviera a discutir el asunto y nos propusiera una cosa distinta. Un proyecto de Frente en el que sus participantes manifiesten realmente su voluntad de construir una agenda para el cambio, y en donde el principal interlocutor sea esa mayoría social a la que se alude lateralmente en el proyecto del FAD.

Twitter: #saulescoba

Los rectores han dado la cara esta semana por la sociedad civil en Puebla: el Sistema Estatal Anticorrupción debe están en manos de ciudadanos de probada independencia frente a los grupos de poder.

Y lo han dicho en una semana en la que se confirma el perfil criminal y grotesco del Estado en sus instituciones de gobierno –basta ver la denuncia del espionaje operado desde el gobierno de Peña Nieto a los ciudadanos y la amenaza de persecución penal a quienes lo señalaron--, por lo que la postura de las universidades en torno a la creación de organismos contra la corrupción verdaderamente ciudadanos es una gran noticia.

Son las instituciones de educación superior en Puebla las que hoy representan el perfil ciudadano de las instituciones del Estado. Ello frente al virtual secuestro de las instituciones publicas por los grupos de poder que representan los gobernadores en la sociedad poblana. Sólo la sociedad civil organizada es capaz de enfrentar al poder autoritario que concentra la figura del gobernador. Y a la vista el ejemplo extremo al que se llegó con Rafael Moreno Valle.



Sin la presión de los grupos ciudadanos organizados en Puebla el Congreso estatal será incapaz de asegurar un perfil ciudadano para la mentada fiscalía anticorrupción. Son muchos los ejemplos que tenemos en Puebla para confirmar la sumisión que los diputados de las últimas legislaturas han mantenido frente a los gobernadores de turno. Una tras otra, igual con Manuel Bartlett que con Melquiades Morales, Mario Marín y Rafael Moreno Valle. Ahora mismo, con Tony Gali, una mayoría de diputados es afín al exgobernador que quiere ser candidato del PAN a la presidencia de la república. No es nueva la sumisión de los poderes legislativo y judicial a los gobernadores en Puebla. La novedad la encontramos en la emergencia de la sociedad civil organizada. Y al frente de ellas, las instituciones de educación superior, incluida la universidad pública.

Por eso destacan las posturas de los rectores esta semana ante la comisión de diputados responsables de la conformación del Sistema Estatal Anticorrupción, con la tarea principal del nombramiento de los ciudadanos que operarán este nuevo organismo legal a cargo de un Comité Estatal de Participación Ciudadana Y aquí damos cuenta de ellas:


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Alfonzo Esparzo Ortiz, Rector de la BUAP:

“La Comisión de Selección debe de hacer un cuidadoso escrutinio para que quienes lleguen sean personas que no sean susceptibles a presiones, amenazas y que no haya conflicto de intereses. Uno de los elementos que daría mayor certeza sobre los miembros del Comité Estatal de Participación Ciudadana es que como requisito se les exija hacer su declaración 3 de 3, en la cual se aclararía el patrimonio, sus intereses y su situación fiscal. Y debe asegurarse la participación de las mujeres, menos proclives a la corrupción y opacidad en comparación a los hombres.”

Fernando Fernández Font, Rector de la Ibero Puebla:

“La problemática que tienen las instituciones es la falta de ética e identidad de parte de sus integrantes. Es positivo que el proceso se abra a la sociedad civil, pero esto podría quedarse como un ejercicio si los grupos políticos insisten en mantener sus intereses. Si lo que buscan los grupos políticos es mantener su propio interés en mantenerse en el poder, pues esto es imposible, parece que ya no hay banderas e identidades propias de los grupos políticos, hay chapulines según la conveniencia van brincando de un lado para otro, eso también es sumamente combatible… La desconfianza y críticas hacia los institutos políticos e instituciones se originan en quienes están al frente de los mismos, que lo único que consideran son sus intereses. Los ladrones de cuello blanco, es gente buena porque no mata, no asesina, no secuestra, pero no paga salarios justos, no tiene distribución de la riqueza, evade impuestos, muy buenos porque van misa pero no son buenos porque no están trabajando verdaderamente por la justicia y la igualdad de nuestra sociedad.”

Mundo Nuestro. Xóchitl Formacio, una joven cholulteca que ha encabezado la resistencia del pueblo contra la imposición del los proyectos comerciales en la zona arqueológica de la Pirámide de Cholula, sufre con su familia desde octubre del 2014 la persecución que pesa sobre su padre Roberto Formcio, sobre quien pende todavía una orden de aprensión dictada por un juez al servicio del poder autoritario del gobierno de Moreno Valle, y que el nuevo gobernador Tony Gali se ha negado a cancelar.

Le damos voz en Mundo Nuestro al reclamo de una hija al Gobierno del Estado de Puebla:



¡Al mejor del mundo!

¡Gracias por seguir soñando en un mundo mejor, por dar tu libertad a cambio del despertar de los cholultecas, por seguir luchando y defendiendo Cholula!

Seguiremos en pie de lucha hasta que cancelen tu orden de aprehensión

¡Gracias papá!

"No estaría aquí, hablando con ustedes, si no fuera por la marihuana". Marcus Holloway, veterano de guerra en Irak y Afganistán.

Mundo Nuestro. El testimonio es el de un muchacho que estuvo a sus 20 años en Irak... un montón de gente quiere apoyar a las tropas pero la salud mental es más descuidada... he venido a través de la marihuana para el estrés postraumático." El video dura poco más de tres minutos. Pero es una síntesis del horror que provoca la guerra y la salida que han encontrado los soldados norteamericanos que la vivieron. Y expresa la desazón que les provocan Donald Trump y Jeff Sessions con la política contraria a la legalización de las drogas. Este video fue producido por Narratively en asociación con New York Minute Films. Un video para reflexionar en nuestra propia guerra, la del Estado del narco, a la que México se encuentra encadenado.



VIDEO EN NARRATIVELY

Vida y milagros

Ha pasado una semana completa y en dos de los tres estados en donde hubo elecciones aún hay incertidumbre sobre el proceso electoral. Países como Perú, tan similar al nuestro en tantas cosas, ya han incluido dentro de su legislación la segunda vuelta, que en casos de resultados demasiado apretados, aporta certidumbre y legalidad al proceso electoral. Segunda vuelta, a votar y a otra cosa. El año pasado Keiko Fujimori se fue a su casa y no objetó los apretadísimos resultados que no le dieron el triunfo. ¿Por qué Perú pudo y nosotros no?



En Inglaterra, su sistema electoral les permite resolver las diferencias de una manera muy eficaz, y ante la pérdida de la mayoría, se pueden hacer alianzas que privilegian la gobernabilidad. Teresa May y su partido perdieron varios diputados en la elección de la semana pasada, en el peor momento para Inglaterra y de manera estrepitosa, y perdieron con eso la mayoría en la cámara de representantes. Tienen la opción de formar gobierno con el partido que aporte mayores acuerdos, aunque durante la contienda hubieran peleado ferozmente. Teresa May pasó con temple el mal trago, visitó a la Reina Isabel con un traje más chillón que el de la reina, caravanita, y a lo que sigue porque hay que ir a enfrentar a la Unión Europea para avisarles formalmente lo del Brexit. Le costó caro andar jugando con Trump a ser amigos, y los ingleses, con su carácter flemático, le pasaron cortésmente la factura y le retiraron la mayoría. Todos aceptan los acuerdos.

No sé si exista otro país con un sistema electoral tan caro, subsidiado y complicado como el nuestro. Y aun así, al final propicia sainetes interminables antes y después de la votación. En esta última elección, Andrés Manuel en el Estado de México y Ricardo Anaya apoyado por Diego Fernández de Cevallos en Coahuila, acusan de fraude a la antigüita al viejo PRI, que no ha perdido, según acusan y vimos, las malas prácticas y habilidades que todos los partidos han aprendido y copiado en la medida de lo posible. Paradojas de la vida, los dos viejos rivales coinciden ahora denunciando lo mismo. ¿Andrés Manuel y Diego no lo sabían? ¿Esperaban un escenario distinto en ambos estados? Ambos son todo menos caídos de la cuna. ¿Por qué entonces esperaban diferentes resultados con las mismas reglas?

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Fíjense lo que fomenta nuestro fallido y caro sistema electoral: fomenta que el presunto ganador Alfredo del Mazo aparezca dando las gracias por el triunfo de un proceso que aún no termina y que seguramente será impugnado. ¿Para qué la prisa? Si ganó, ya tendrá tiempo de gastar en spots y de salir a dar las gracias con toda la cursilería que a su derecho convenga. Nuestro sistema fomenta que Andrés Manuel aparezca con láminas ilustradas absolutamente ilegibles, a explicar cómo, dónde y porqué se los tranzaron, por lo que desconoce el resultado de un proceso que, insisto, aún no termina, pero del que asegura ya emanó una gobernadora legítima. En Coahuila aparecen varios humillados y ofendidos, encabezados por el candidato a gobernador por el PAN y el resto de los contendientes que no ganaron, a defender la dignidad de los ciudadanos. A su lado ha estado Diego con la energía que lo caracteriza. Convocaron y organizaron una marcha enorme de la que no se tenía memoria en Coahuila, como tampoco se tenía memoria del tamaño de las trapacerías que hizo el equipo del gobernador Moreira. Es posible que todo lo que afirman sea cierto, pero lo tienen que probar. Eso sigue. Eso toca de acuerdo a las reglas del juego que conocen muy bien. Les guste o no tiene que continuar en las instancias que marca la ley y no en la arena de las televisoras, el face o el tuit. El que afirma está obligado a probar y la ley electoral marca tiempos e instancias para aportar sus quejas. Pero todos comen ansias y quieren ganar en las calles y a tuitazos lo que tienen que probar en los tribunales. La ley les da esa oportunidad de manera clara y precisa. Así está la ley que todos los partidos aprobaron, que todos patean a placer y que ningún partido se ocupó en corregir.

Ahora, ¿por qué se repite ad infinitum este conflicto electoral? Pues porque las reglas tan retorcidas que hicieron no funcionan. No funcionan porque no están cumpliendo con los principios rectores que inspiraron a nuestras actuales leyes electorales: certeza, legalidad, independencia, imparcialidad, equidad. Certeza ya no la hubo porque hay conflicto. Legalidad dudosa porque los que se dicen ganadores y los supuestos perdedores gastaron mucho más de lo debido y, aunque unos más que otros, es seguro que todos se pasaron porque de acuerdo a las leyes no escritas es la única forma de ser competitivos. Y todos los que mandan en los partidos lo saben, aunque todos lo nieguen .El sistema se ha distorsionado tanto que el dinero bajo la mesa cuenta y pesa demasiado para definir una elección. La equidad también está cuestionada, porque ni en Coahuila ni en el estado de México los gobiernos en funciones se abstuvieron de usar y abusar de su poder y de los programas para ganar la elección. En el Veracruz de Yúnez el PAN habrá hecho lo mismo para que ganara el hijito del gobernador su municipio. Ahora sí que todos pueden cantar "culpable soy yo". Todos los fuertes hacen lo que pueden donde pueden.

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No es que los diputados y dirigentes de todos los partidos no se dieran cuenta de que urgía modificar la ley, simplemente no se les pegó la gana y le apostaron a sus cuentas y cálculos antes que al bienestar de nuestro país. Eso de darnos certeza, legalidad y confianza en nuestro sistema realmente no les importó. Ellos lo construyeron a modo, lo deformaron a modo y lo descalifican a gusto. Si ahora dicen que todo está mal, nos harían un favor a todos poniéndose de acuerdo y dejando a los más tramposos de cada comarca competir solos. Porque los tramposos sí que están repartidos equitativamente por comarcas y partidos. En 1976 el PAN tuvo la inteligencia de no poner candidato a la presidencia de la república. Ya todo era tan grotesco que competir era, literal, volverse palero. López Portillo recorrió el país con una ridícula campaña en la que solo hubo pelea de sombra entre él y su ego. Así terminó su sexenio y así empinó al país.

Si todos los partidos saben que no hay condiciones para una contienda que garantice los principios de equidad, legalidad y certeza, ¿por qué se han opuesto a hacer las reformas que plantearon a tiempo voces sensatas? Sera porque todos están haciendo cálculos equívocos.

Básicamente se han propuesto dos medidas inmediatas para corregir el comportamiento de nuestro vulnerado sistema electoral: el voto obligatorio y la segunda vuelta cuando las diferencias son demasiado cortas. Se oponen a esto los que creen que tienen más oportunidades de ganar con el sistema tal cual está: el PRI porque pretende ganar con un tercio repitiendo el modo de actuar en el estado de México; en MORENA porque creían poder ganar solos y de manera sobrada con un amplio tercio, el PAN, porque también creía que podría juntar un tercio ganador con alianzas. Creo que es una apuesta demasiado arriesgada y tal y como están las cosas solo obtendremos lo que estamos viendo en el estado de México y en Coahuila: fracturas, encono, duda, escepticismo, desconfianza y enojo y por supuesto, un país ingobernable. La otra hubiera sido darle al árbitro la facultad de expulsar a los contendientes de acuerdo a parámetros estrictos, como en el box o el fut. Pateas a mansalva, te expulsan. Pegas abajo del cinturón, pierdes la peles. Fuera. Estás fuera.

Todos los partidos saben que cuando la gente sale a votar masivamente no hay trampas que alcancen. Y que la segunda vuelta obliga a crear alianzas, como en Inglaterra o Perú. Esas reformas necesitaba nuestro país. Andrés Manuel y Diego lo saben. Me extraña su extrañeza. Ellos dos que tienen tantísimo peso político hubieran podido por fin coincidir en algo y las hubieran podido impulsar desde sus partidos. El PRD también.

Ningún partido fue capaz de la generosidad de impulsar las reformas que podrían darle a nuestro sistema electoral el aire que necesita.

No las hicieron o no las quisieron hacer. Y ya no hay tiempo.

Archivo

Las elecciones que tuvieron lugar el domingo pasado en cuatro entidades del país representan, hasta ahora, y con la posibilidad de que cambien los resultados, el triunfo de las pandillas en el poder. Por un lado, la que comanda el presidente de la República ha logrado, hasta este momento, el triunfo en el Estado de México de su candidato Alfredo del Mazo. Para ello utilizaron masivamente recursos federales y estatales, programas sociales, y una compra de votos difícil de medir, pero constatada por diversos testimonios y reportajes. El otro triunfo (hasta el momento) es el de la pandilla Moreira en Coahuila, una entidad gobernada por un grupúsculo que ha medrado sin pudor con los dineros de la gente y que ha sido acusada de vínculos con el crimen organizado.

En Nayarit, ganó la alianza PAN-PRD, al igual que en Veracruz. En el primer caso todavía falta por ver si el nuevo gobernador logra sanear una administración que se ha vinculado con el tráfico de drogas: recordemos que nada menos que el Procurador de la entidad fue detenido en abril, en Estados Unidos, por este motivo. En Veracruz hubo una clara derrota del PRI que responde, más que a las virtudes de la coalición y del gobernador en turno, al desprestigio de la pandilla que gobernó hasta hace poco el estado. Morena por su parte logró ganar ciudades tan importantes como Xalapa, Coatzacoalcos, Minatitlán y Poza Rica, estas últimas, zonas petroleras castigadas por el desempleo causado por la reforma energética.

En resumen, si las cosas van como van, las pandillas ligadas al partido en el poder ganaron dos entidades y en las otras dos perdieron. Desde luego la atención se ha concentrado en el Estado de México donde la diferencia entre el PRI y MORENA es de alrededor de 3 puntos porcentuales, poco más de 150 mil votos. La estrategia decidida por el partido de Delfina Gómez consiste en demostrar con actas que ganaron y ello se verá a partir de este miércoles. El resultado final aún está en duda.



Pero, a mi modo de ver, el problema más grave es que si las pandillas lograron imponerse, ello fue posible debido a una profunda debilidad de las instituciones. En sentido estricto no deben su triunfo a una elección de Estado (en el que se hayan concertado todos los aparatos que lo componen) sino a que estos grupúsculos aprovecharon para sus fines las instituciones que controlan. La diferencia puede parecer demasiado sutil pero no lo es. Consiste en primer lugar en que no pudieron imponerse en todas las entidades, ni creo que logren cambiar los resultados en Nayarit y Veracruz. En segundo lugar, en que se trata de pandillas diferentes que no responden al mismo jefe, lo que podría hacer más vulnerable su triunfo en Coahuila donde la diferencia es aún menor que en el Estado de México. En tercer lugar, porque el gobierno PAN-PRD que encabeza Yunes ha sido acusado de comportarse también como una pandilla, aunque de diferente signo político, imponiendo entre otras cosas al hijo del gobernador como Presidente Municipal en el Puerto de Veracruz.

Más importante: para la pandilla del titular del ejecutivo, el Estado de México representa una victoria estratégica para su continuidad en el poder. No sólo se jugaba el destino del PRI sino, precisamente, de la fracción que lo jefatura en estos momentos. Si se confirma ese triunfo, el presidente estará en mejores condiciones para imponer a su candidato en el 2018 a pesar de la posible oposición de otros grupos dentro del PRI. Y, además, ratificará o creen que ratificará que la línea que han seguido es la correcta para gobernar al país y mantenerse en el poder. En unas palabras, cierra el paso para cualquier cambio relevante de final de sexenio. Todo seguirá igual.

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Para la oposición, los triunfos del PAN-PRD tienen un significado más ambiguo. Por un lado, desde la óptica de sus dirigencias, consolidan su alianza en Veracruz y Nayarit y ello les permitiría suponer que para el 2018 esta coalición puede tener éxito. Por el otro, sin embargo, los resultados del Estado de México han levantado una gran indignación en algunos sectores de la militancia perredista y en las corrientes minoritarias de su dirección, pues es evidente que una alianza MORENA-PRD hubiera arrojado una contundente derrota del PRI y abierto una enorme expectativa de triunfo de las izquierdas para las presidenciales del próximo año. El debate, al interior de este partido, probablemente vaya a exacerbarse entre estados dos posiciones y ello hará más inestable su vida interna en los próximos meses.

MORENA también tendrá que reflexionar su estrategia si no logra revertir los resultados en el estado de México. No puede apostar, otra vez, para el 2018, a quedarse en la rayita, a unos cuantos votos del triunfo, pero a final de cuentas con una derrota a cuestas. O a ser un partido fuerte como en Veracruz, Coahuila o Nayarit, con un crecimiento muy rápido, pero a final de cuentas muy lejos de convertirse en el partido más votado. Algunas dudas surgieron en esta elección que deberían tomar en cuenta. Primero, su relación con los partidos, sobre todo con los que han sido históricamente aliados. ¿Hubiera dado mejores resultados una alianza pactada oportunamente con el PT, que una declinación tardía y forzada? Luego está la ambigüedad programática y la confrontación que se acentuó en las últimas semanas, poco antes de las elecciones, con los medios de comunicación. ¿No hay posibilidades de elaborar otra estrategia y definir una propuesta política más inclusiva? ¿Se debe descansar sólo en las redes sociales? Se pudo advertir también una posición confusa sobre la advertencia de un fraude. Incluso el mismo día de la elección, dos o tres horas antes del cierre de casillas, algunos dirigentes de MORENA, que se presentaron como representantes del movimiento “Ni un fraude más” dijeron que “en el Estado de México se confirma uno de los operativos más grandes de compra de voto de la historia”. ¿No fue un mensaje inoportuno que desalentó el voto contra el PRI, casi dando por hecho que el fraude estaba consumado?

Es evidente, o parecería serlo para algunos, que en 2018 todas las armas del gobierno incluyendo la compra de voto y la guerra sucia se utilizarán contra la oposición, en particular contra MORENA y López Obrador. ¿Tendrá sentido denunciarlas desde ahora y llegar a la contienda después de haber agrandado la desconfianza ciudadana hacia los procesos electorales, las instituciones y los partidos? ¿o es posible que, sabiendo que eso va a suceder, se pueda vencerlas con nuevas estrategias?

Desde el fraude de 1988, se había llegado a la conclusión de que la única forma de ganarle al PRI (y luego al PAN) requeriría un gran caudal de votos que no dejara dudas sobre los resultados. Ello, si se ratifica el triunfo de Del Mazo en el estado de México, será aún más difícil pues se profundizará la desconfianza en las instituciones y en los procesos electorales, y en la capacidad de la oposición de izquierda para sortear las maniobras fraudulentas del PRI. Construir esta mayoría política contundente parecería entonces ser la tarea más importante que MORENA tiene por delante (junto con el PT, MC y el PRD) si deciden construir una alianza progresista más allá de los partidos.

Mientras tanto, el desastre nacional de todos los días, con su cauda de violencia, pobreza y debilitamiento de las instituciones, seguirá su curso. Estas elecciones no parecen haber sido una buena señal para abrir mejores escenarios para el cambio. Al mismo tiempo, sin embargo, representan una nueva oportunidad para que se dé una reflexión amplia, sin sectarismos, ni prejuicios, entre muchas y diversas fuerzas sociales y los partidos que realmente quieran derrotar al continuismo que nos agobia. Pueden, podemos todos, aprender de este tropiezo y construir una nueva estrategia para sepultar al viejo régimen del PRI y del PAN con una mayoría política indiscutible. Para esto, aún hay tiempo, a pesar de las adversidades del momento.

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