2018: a ciegas

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Vida y milagros

Si mañana fueran las elecciones de 2018 y tuviera que elegir por cual partido votar en base a lo que los partidos divulgan de sí mismos, me encontraría a ciegas para tomar una decisión. Lo que los dirigentes o ya sabidos candidatos presidenciables dicen en los cientos de miles de anuncios de radio y televisión que las leyes electorales les regalaron, no permiten tener una idea ni remotamente clara de hacia dónde y cómo pretenden conducir al país, ni cómo y con quién construirán acuerdos para lograr sus objetivos. Los anuncios son huecos, vacíos de información.

Si usted lee los estatutos y programas que aparecen en las páginas o documentos de los partidos y les tapa las siglas que los identifican, tampoco podría tomar una buena decisión basada en información certera y dura acerca del rumbo que seguirían, ya que las propuestas de todos son un manifiesto de buenas intenciones con las que no puede uno no estar de acuerdo: educación, salud, empleo, seguridad, justicia, sustentabilidad. Por escrito y sin siglas todos se parecen bastante. Todos proponen cosas deseables aunque no explican cómo las harán ni cómo las priorizarán.



¿Cómo podría tomarse hoy una decisión de por quién votar? ¿Por los hechos y frutos del actuar de los partidos cuando ya han ejercido el poder ejecutivo estatal o federal? ¿Por la forma en que se han comportado en los últimos años sus representantes en las cámaras de diputados y senadores?¿Por la probada solidez de sus convicciones? ¿Por la calidad intelectual y moral de algunas de sus figuras más emblemáticas? ¿Por su actuar en lo local? ¿En lo nacional? ¿Por su pasado? ¿Ha visto usted un cambio radical en el lugar donde usted vive cuando ha habido alternancia? ¿Los diputados locales han tenido agendas propias claras, novedosas e independientes del poder ejecutivo? ¿En su estado la seguridad ha mejorado? ¿Si existiera revocación de mandato usted hubiera votado en alguna ocasión por quitar a alguno de sus gobernantes? ¿Usted aprecia y valora a algún partido porque sus miembros se han distinguido por su coherencia entre lo que dicen y hacen cuando gobiernan?

Vuelvo al escenario de estar decidiendo por qué partido votar la víspera de la elección del 2018. Insisto, si fuera hoy, con la información de hoy, estaría de verdad a ciegas.



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Lo único distinto que quisiera oír, que ningún partido ha dicho y creo que ninguno dirá, es que despenalizarán y regularizarán la producción, distribución y consumo de mariguana, amapola y sus derivados y que sacaran al país y al ejército de la guerra absurda del combate a las drogas . Me gustaría oír que el dinero y el esfuerzo gastado en esa guerra se destinará a combatir los delitos del fuero común, a mejorar la educación y ahondar su reforma, a fortalecer el poder judicial y a apoyar financieramente al sistema anticorrupción, para que sea el más poderoso que se pueda imaginar y también el más independiente y libre de los caprichos e intereses de los gobernantes y legisladores.



Yo votaría por el partido que abierta y claramente propusiera eso.

Cuando leo que en Las Vegas ya hay boutiques para vender mariguana con la variedad y presentación de las mezclas de una elegante tienda de tabaco de calidad mundial, y al mismo tiempo leo que en México fue detenida por el ejército una camioneta con una tonelada de mariguana, sus conductores presos y su carga quemada, pienso en lo absurdo y contradictorio que es el estúpido callejón sin aparente salida en el que estamos metidos.

Pienso en Elliot Ness el día en que se abolió la prohibición del alcohol en Estados Unidos: entró a un bar y se puso hasta el cepillo. Se murió de borracho, muy su gusto, pero a nadie se volvió a matar en su país por transportar alcohol. De todos modos el que quiere meterse por la nariz un piano encontrara la manera de hacerlo con o sin permiso.

Es hora de cambiar la ley y detener el gasto y el desgaste de la guerra al narco, es hora de obligar a todos los partidos a fijar sus posiciones, tan celosamente guardadas y escondidas. Ya que reciben tanto dinero público, de manera obligada nos deben una postura pública al respecto.

Sin guerra, con seguridad y sin corrupción creo que todo lo demás, las pequeñas y grandes agendas de México, las podemos seguir construyendo entre todos, funcionarios y ciudadanos, sin importar mucho las siglas de los partidos que gobiernen. La verdad es que todos son muy parecidos, y la prueba es que con relativa facilidad muchos de sus militantes se cambian de casa y de partido sin el menor rubor. No es que tengan un epifanía de valores cuando se mudan, simplemente las mudanzas suceden de acuerdo a sus intereses y dúctiles principios.

2018. Ni idea de por quién votar. A ciegas.

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Sobre el autor

Verónica Mastretta