Elecciones 2018: dos sucesos y una quema para arrancar el año electoral

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De este domingo dos sucesos políticos y un toque de realidad.

Imposible no ver que el año electoral se nos viene encima con su caudal de ruido, derroche de recursos, banalidades discursivas y amarguras a granel.

¿Porqué tengo esta mirada pesimista? Tal vez por la vista desde una ventanilla de ADO este domingo en la tarde en la autopista a México, en uno más de los incendios que sufre nuestro país y que se fundan en gran medida por el fracaso de nuestra política.



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Hoy por la mañana el rostro positivo de la política: ciudadanas y ciudadanos articulados en el movimiento civil SUMAMOS invitan para el lunes 8 de enero al arranque de un mes de vértigo en búsqueda de las firmas que los partidos que controlan el Instituto Electoral en el Estado les impusieron a los independientes. Enrique Cárdenas logró echar abajo el candado de los 141 municipios obligatorios, pero no el del 3 por ciento del electorado ni el plazo máximo de 30 días. Si algún ejemplo podemos tener de la sobrevivencia de un sistema autoritario antidemocrático está aquí. Y sin embargo ahí están, dispuestos a competir por la posibilidad de terminar con el secuestro que los partidos políticos han hecho de la democracia mexicana, cuya consecuencia más inmediata se encuentra en la incapacidad de dirimir los conflictos y problemas que son estratégicos para lograr una mejor convivencia social.

A mí me ayuda a pensar en que sí es posible por la política construir un mejor mañana.

Pero justo ahí está mi pesimismo: las elecciones en México no están diseñadas para debatir proyectos nacionales en disputa. Son, sobre cualquier cosa, un entramado de arreglos y desarreglos entre los grupos de poder fáctico a la hora del traspaso de los aparatos de gobierno, y para eso están las estructuras electoreras que llamamos partidos. Y eso es lo que veo con nitidez en Puebla, igual en la disputa por las alcaldías que por el aparato de gobierno estatal. La política como el campo de batalla para el cambio o la continuidad de los grupos de poder en el control del aparato de gobierno estatal y los recursos públicos de seis años de presupuesto. No una política de ciudadanos, la del debate abierto, democrático e inteligente de los problemas estratégicos del estado y sus alternativas de solución.



Cárdenas, con SUMAMOS, es una alternativa fuera del guión que de lograr la candidatura obligará a que la segunda de estas dos cuestiones al menos se ponga en la mesa.

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Creo, sin embargo, y a juzgar por el video que encuentro en internet esta tarde, que tendremos unas elecciones entre poderes fácticos, no entre ciudadanos. Para decirlo simplemente: Moreno Valle es el mejor ejemplo que encuentro para ilustrar el poder que puede alcanzar una persona que llega a controlar un gobierno estatal. Y este señor tiene siete años en ello.

Moreno Valle es el otro rostro de la política: el de los políticos profesionales, sus amarres y rupturas, sus berrinches y abrazos que esconden premios y derrotas. Por el video nos enteramos que Moreno Valle le deja el camino franco al panista Anaya en lo que es un claro acuerdo entre el PRI y el PAN en la ciudad de México para que el exgobernador mantenga el control del estado por otros seis años de la mano de su señora. Y si mal pienso, no es descabellado imaginar que Meade y el PRI ganen en Puebla de la mano del aparato electoral que el exgobernador lleva aceitando desde el 2010 en el estado de Puebla --para eso se hizo del PAN, del PRD, de Nueva Alianza y los otros satélites que inventó en Puebla. El saldo para los panistas será que así podrán cerrarle el paso a Andrés Manuel López Obrador. Aunque en el camino queden damnificados como el del tweet de más abajo:

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En esto pienso cuando me llega por el Whats este conflcito. Ya al caer la noche, en ese sendero de la autopista que cada día me recuerda más a la novela de Los Bandidos de Río Frío, pobladores de Santa Rita Tlahuapan mantienen cerrada la vía por un conflicto el sábado entre grueros que derivó en la detención de un regidor municipal y en la insurrección del pueblo. Tlahuapan tiene prendido el foco rojo desde hace más de dos años pues por su territorio se mantiene la conducción de diésel por los ductos de Pemex que trepan a la montaña desde San Martín. Es, sin lugar a dudas, un problema que ha rebasado a las autoridades a todo lo largo del eje carretero de Puebla entre San Martín Texmelucan y Esperanza, en la frontera con Veracruz. Un tema del que es público el involucramiento de las policías municipales y estatal, que tiene funcionarios del gobierno de Moreno Valle presos y que ha derivado en la militarización del centro del Estado como no se había visto desde tiempos de la revolución.

Una punta de esa madeja es Santa Rita Tlahuapan. Y su carretera sin ley.

“No se ven nada amigables –me escribe una viajera del ADO que atestigua el cierre carretero--. Encapuchados con gorras y bats, la boca tapada con paliacates. Son un montón de jóvenes. Mujeres y niños observan todo desde el puente peatonal. Del otro lado la fila interminable de coches parados.”

¿Qué pueblo es ese de jóvenes encapuchados y llantas de lumbre? ¿De dónde esta furia? ¿Qué política es la que no ocurre para que estos sucesos sean cada vez más materia de todos los días? ¿Se discutirá en el proceso electoral a fondo la realidad de los pueblos y comunidades rurales que se han ligado a la actividad del robo del combustible?

Una pregunta más: ¿por quién votarán en Santa Rita Tlahuapan?

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Sobre el autor

Sergio Mastretta

Periodista con 39 años de experiencia en prensa escrita y radio, director de Mundo Nuestro...