En defensa de Carlos Figueroa Ibarra

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He encontrado en facebook la defensa que muchas personas han hecho del Doctor Carlos Figueroa Ibarra, reconocido investigador en el Instituto De Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP y desde hace un tiempo miembro de la dirección Nacional de Morena en el área de los derechos humanos. Qué bueno que sea así, que tantos amigos y conocidos hayan salido a parar en seco la acción de un periodismo criminal.

Yo pongo mi parte. Y lo hago consciente de aquella idea de que entre gitanos no se leen las cartas. Creo, sin embargo, que va siendo tiempo de reflexionar sobre lo que significa el periodismo en estos tiempos aciagos de México. Sus ansias libertarias pero también sus bien pagadas impunidades. Y los lamentables extremos que se viven en Puebla.



“Un guatemalteco exilado y con vínculos con la guerrilla, vocero de MMH”.

¿Qué lleva a un periódico a escribir ese encabezado? ¿Se preocuparon, por un instante, en la historia de vida del hombre que así difaman para servir al más vil de los propósitos que puede encontrar un periodista, el de ser el siervo de quienes por un tiempo detentan el poder y pagan su sobrevivencia?

Conozco a Carlos tal vez desde hace 28 años, y aquí en Puebla. Es por cierto, colaborador de Mundo Nuestro. Y es sin duda uno de los expertos en temas de México y Centroamérica más capaces que se puedan encontrar en nuestro país. Y con todo derecho, como mexicano que es, pelea hoy por el proyecto político en el que cree.



Carlos vivió la guerra en Guatemala, aquella que dejó 150 mil muertos y 45 mil desaparecidos en aquellos años de la dictadura militar y la rebelión de los pueblos indígenas contra el exterminio en el Quiché. Y la vivió desde su trabajo como académico universitario en una etapa en la que el terror del régimen asesinó a más de 400 estudiantes y maestros en la universidad en la que Carlos trabajaba. Carlos sobrevivió, pero los militares no perdonaron a sus padres, a quienes asesinaron en su casa un día de junio de 1980. Lo buscaban a él. Ni por asomo los periodistas que hoy lo atacan se les ha ocurrido por un momento preguntarse algo tan simple como “¿por qué tuvo que buscar el asilo en México?”

No es sencillo imaginar el sufrimiento del pueblo guatemalteco. No tenemos idea. Sabemos tan poco de nosotros mismos, cómo pensar entonces en la tragedia de ese entrañable país vecino. Tal vez ayude la lectura de esta crónica que escribí en el año 1984, publicada en la revista Nexos.

Guatemala: ascenso, aculturacion y muerte de Sebastián Guzmán, principal del nebaj de los ixiles

Hoy me entero de los ataques que se le hacen a Carlos desde un diario, Cambio, un medio en el que trabajé entre 1987 y 1991, justo en los años en que lo conocí, y con él a muchos de sus amigos guatemaltecos y mexicanos que lucharon por la liberación de su patria. Cambio, entonces dirigido por mi maestro Gabriel Sánchez Andraca y por Jesús Rivera, editado todavía con una prensa de linotipos, era sin duda uno de los más importantes impulsores de lo que entonces llamábamos nuevo periodismo.

Ese diario con el tiempo se traicionó a sí mismo. A principios de los 90 Gabriel y Jesús perdieron su propiedad y con ella el control de la dirección. Los años que siguieron para el diario serían los del desarrollo de una escuela que hoy ha tomado con sus egresados las redacciones de la mayor parte de los medios en puebla. En Cambio se entronizó el género de la columna para convertirla en herramienta de extorsión y el chantaje, la venta de la pluma al gobierno del estado en turno con la degradación del periodismo que pone por delante el interés público.

Hace mucho dejé de leerlo.

Pero lo he hecho hoy miércoles en su portal electrónico y he logrado ver lo que hacen estos días. Como el tema es político, realizo un recuento de las notas publicadas sobre Marta Érika Alonso y Miguel Barbosa Huerta los últimos tres días, 29, 30 y 31 de mayo. Es fácil entender entonces el periodismo que este diario realiza:

Para Martha Érika 19 notas publicadas, 18 de ellas positivas y una negativa.

Para Barbosa Huerta 34 notas publicadas, 31 de ellas negativas y tres positivas.

¿Para qué decir más de un medio que difama sin pudor a una buena persona, de las mejores que puede tener hoy la patria nuestra? Los periodistas tienen derecho a tomar partido. Sí. Los periodistas están obligados a la objetividad, también.

Pero la calumnia y la difamación es su vergüenza.

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Sobre el autor

Sergio Mastretta

Periodista con 39 años de experiencia en prensa escrita y radio, director de Mundo Nuestro...