Pensar el populismo: reconstruir la noción de pueblo desde la izquierda

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Carta abierta de gratitud a Ana María Ashwell.

Hace algunos momentos he terminado de leer tu artículo titulado “Populismo” en Mundo Nuestro. Me lo ha enviado mi querido amigo Sergio Mastretta, a quien le agradezco en el alma su artículo escrito en mi defensa y también publicado en Mundo Nuestro. Me ha sorprendido y emocionado que me lo hayas dedicado como una muestra de solidaridad ante los ataques de los que fui objeto por el diario Cambio y en particular por su director. Y al leerlo recordé la primera vez que te vi. Fue a mediados de julio de 1980, en una sesión de academia del naciente Colegio de Antropología en la que estaban presentes además de ti, mi querido e inolvidable Daniel Cazés, Julio Glockner, Adrian Gimate-Welsh, Javier Mena y dos personas más cuyo nombre no recuerdo. En un momento de debilidad, no pude evitar relatarles la tragedia que estaba viviendo: cinco semanas antes, el 6 de junio mis padres, Carlos y Edna, habían sido asesinados por la dictadura militar guatemalteca. Y algo que no olvidaré nunca fue tu mirada consternada. En los meses siguientes los desterrados tuvimos en la Universidad Autónoma de Puebla, en Luis Rivera Terrazas, Alfonso Vélez Pliego, Jaime Kravzov una solidaridad inolvidable. Mi persona en particular tuvo en Daniel Cazés, Marcela Lagarde, Gerardo Otero y mis compañeros del Colegio de Antropología un afecto que fue trascendental para poder recoger mis pedazos, juntarlos, levantarme y seguir adelante.

Cuando han pasado 38 años después de aquellos aciagos días, vuelvo a tener en tu dedicatoria otra muestra solidaria de tu parte que tampoco olvidaré el resto de mis días. Justo es decir que se une al aluvión solidario que he recibido en estos días. Y concuerdo plenamente con tu artículo: el neoliberalismo ha construido una acepción negativa del término populismo que no es sino la reedición vergonzante de lo que la guerra fría hacía con el calificativo de comunista. Hace unos meses, esto fue lo que vino a hacer la propagandista ultraneoliberal Gloria Álvarez al Salón Paraninfo de la BUAP. Comenzó atacando al populismo, continuó diciendo que no era sino una máscara del comunismo y culminó diciendo que en México, Andrés Manuel López Obrador representaba a ese comunismo enmascarado. Al expresar nuestro desacuerdo y nuestra indignación de que a una propagandista reaccionaria le dieran el Salón Paraninfo, Giuseppe Lo Brutto, Alejandro Hernández Maimone, Jorge Hugo González Paredes, otros compañeros y yo tuvimos que salir escoltados del Edificio Carolino para evitar que nos agrediera una turba ultraderechista y de venezolanos residentes en México. Más allá de la anécdota, concuerdo con tu artículo en que en esa resemantización reaccionaria del populismo que ha inundado a la academia y a los propagandistas neoliberales, Ernesto Laclau a contracorriente ha reivindicado la noción de pueblo y populismo. Su trabajo por ello es disolvente de lo que la narrativa neoliberal ha pretendido hacer con el llamado populismo: construir una nueva otredad negativa, un nuevo enemigo real o imaginario, que sirva para la denostación y la represión. Lo que expresas en tu artículo es muy cercano a lo que hemos estado escribiendo y publicando mi colega Octavio Moreno Velador y yo.



Te agradezco con el corazón en la mano tu solidaria dedicatoria.

Carlos Figueroa Ibarra.

PD: Haré pública mi gratitud hacia ti.



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Sobre el autor

Carlos Figueroa Ibarra

Carlos Figueroa Ibarra es profesor e investigador en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla desde 1980. Ocupa el cargo de coordinador del Posgrado de Sociología del Instituto de Ciencias Sociales  y Humanidades «Alfonso Vélez Pliego» desde el 2008. Sin duda, es uno de los académicos más reconocidos por su especialización en el periodo de la guerra civil guatemalteca (1960-1996). La historia de su familia representa en buena medida la tragedia sufrida por miles de ciudadanos centroamericanos que han luchado por una sociedad democrática, justa e igualitaria.

Carlos Figueroa nació en la ciudad de Guatemala el día 5 de agosto del año 1952. Hijo de Carlos Alberto Figueroa Castro y Edna Albertina Ibarra Escobedo.1 En 1954, junto a su familia, se exilió en México tras el derrocamiento del gobierno de Jacobo Arbenz Guzmán. Posteriormente, la familia regresó a Guatemala en 1958, donde permanecería por 12 años. Desde 1970, estudió sociología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), regresando graduado a su país. En junio de 1980, durante el gobierno del general Fernando Romeo Lucas García, fueron asesinados sus padres, lo que sumado a amenazas de muerte por el Ejército Secreto Anticomunista (ESA) de Guatemala, lo obligaron a fijar su residencia en México. Ingresó como profesor e investigador en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Fue militante del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT) desde 1973 hasta 1984. Desde 1987, realiza estancias cortas en Guatemala que aprovecha para ofrecer cursos cortos o presentar sus trabajos académicos y artículos periodísticos en la prensa de ese país.

En los últimos tiempos, Carlos Figueroa ha fungido como Secretario de Derechos Humanos y Sociales en el Comité Ejecutivo Estatal del MORENA, el partido político en construcción a partir del movimiento social encabezado por Andrés Manuel López Obrador.