El empoderamiento de los Don Nadie. Virtudes y desventuras de la inexperiencia en el ejercicio del poder

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Me cuentan que un viejo funcionario universitario de la época del ex rector de la UAP, Alfonso Vélez Pliego, solía plantearles a sus subalternos esta primera y única regla: "Si metes la pata te la saco, si metes la mano te la corto" muy necesaria en estos tiempos de nuevos rostros en las llamadas esferas de poder.

Tras la elección del 1 de Julio, y luego de la aplastante victoria del Movimiento Regeneración Nacional en los 3 niveles de gobierno de buena parte del país, centenares de nuevos rostros ocuparon los espacios de poder. Una buena parte de estos espacios que tradicionalmente ocupaban las mismas personas de siempre fue llenada por "Don Nadies" ciudadanos de a pie que lograron candidaturas por sorteos, por méritos activistas, sociales o académicos, por currículum obradorista, o por mera casualidad.

Muchas voces de la opinión pública se han planteado la inexperiencia en el ejercicio del poder como un defecto, como una barrera infranqueable que les limitará permanentemente su labor. Las nóveles autoridades han sido acusadas de no conocer los protocolos, por omitir las formas, por legislar al vapor, o hasta de ser improvisadas. Jesús Zambrano, viejo caimán, y uno de los culpables de la casi extinción del perredismo, acusó de locura e insensatez a los jóvenes diputados locales de Morena en Puebla y los comparó con los nuevos ricos. El Instituto de Finanzas Internacionales mostró su preocupación por que "mucha gente nueva que no estuvo antes en el poder ahora está tomando decisiones importantes" mientras advertía la posible fuga de inversiones en el país, sin olvidar el llamado de Eduardo Ruiz-Healy para que los de Morena aprendan a ser gobierno.

¿Hasta dónde la inexperiencia es un defecto, en un contexto de corrupción, tráfico de influencias, ineficiencia e impunidad? Parece que, para muchos mexicanos, impera el clásico dicho "Más vale malo por conocido que bueno por conocer".



¿Cómo se mide la experiencia de un político actualmente en México? ¿Por la cantidad de cargos que este ha ocupado? Hemos conocido infinidad de casos de políticos chapulines que brincan de partidos y de puestos como estilo de vida. Muchos ahora juran fidelidad a muerte al obradorismo mientras mantienen los privilegios a los que se acostumbraron viviendo en otros partidos; Políticos, otrora funcionarios segundones, de algún gobierno local que luego escalaron a diputados locales, secretarios de estado, diputados federales, alcaldes, senadores, repitiendo el ciclo tanto como su estilo de vida se los exija. Estos son los expertos en el cabildeo, en la negociación, estos conocen el "teje y maneje" de las instituciones, y estos son vistos como un clásico ejemplo de experiencia y sabiduría.

En tanto, cuando un novel político accede al ejercicio del poder tiene por obligación aprender los protocolos y aprender las mañas. En el discurso de muchos idealistas de esta nueva generación, promotora de la Cuarta Transformación, se trata de romper paradigmas y cambiar la forma de gobernar. De acuerdo, pero… ¿Cómo caminar a esa transformación con lo que hay? El mayor reto para muchos de estos recién llegados será aprender a nadar entre cocodrilos; Se trata entonces de aprender más rápido los protocolos que las mañas.

Mientras la anquilosada clase política mexicana mandó a sus hijos a estudiar a Harvard, Yale o Princeton en materia de Ciencias de Gobierno, Economía, Administración y cosas por el estilo, decenas de "Don Nadies" acabaron con esfuerzos alguna licenciatura en las universidades públicas.

Muchos de ellos no traen historial político ni en el servicio público, a muchos de ellos los antecede la lucha social, el activismo, la academia y la investigación, muchos tienen horas de vuelo, experiencia y pertinencia en el rubro para el que fueron seleccionados, en contraste con los clásicos ejemplos de abogados en el sector salud, y economistas en cultura. También muchos vienen de la izquierda militante en donde el ejercicio del poder parecía sólo teórico y reflexivo.

Hay y habrá muchas pifias, y una de sus primeras culpas será no aprender de ellas. Al ser mi tema yo subrayo muchas en materia de comunicación social e institucional, la izquierda nunca ha sabido comunicar bien, se dedicó a la asamblea, a la conferencia y al conversatorio. Redujo a la prensa y la propaganda a sólo mecanismos de ataque y defensa.



Hoy creo que es uno de los primeros retos de las nuevas autoridades que aún se equivocan buscando incidir en la opinión pública comunicando mal, que buscan transformar la forma de gobernar sin tomar el control de la agenda mediática, y buscan revalorar la honestidad y la eficiencia en su mandato sin capacidad para prever contener la contra-propaganda de todos los días.

Finalmente creo que el riesgo más fuerte que sufrirán las noveles autoridades en funciones será el lograr abstraerse de la seductora adicción al poder, de los pequeños, insignificantes y deliciosos privilegios del puesto, dispuestos por todos los besamanos acostumbrados al "lo que usted diga" esos que no te niegan nada dentro de los dominios de patrón. Muchos jóvenes antes idealistas cayeron en esta seducción y ahora son citados ejemplos de "los mismos de siempre".

Les podemos tolerar por un rato que metan la pata, pero que nunca metan la mano.



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Sobre el autor

Luis Alberto Martínez

Luis Alberto Martínez es ingeniero y comunicador, es responsable del desarrollo tecnológico en e-consulta.com, el más importante medio de comunicación en el estado de Puebla. Es consultor especializado en periodismo digital. Ingeniero en Ciencias  de la Computación por la Buap, con Master en Ciencia, Tecnología y Sociedad por la Universidad Nacional de Quilmes. Tiene más de 10 años de experiencia en desarrollo web y comunicación digital. Como Director de Desarrollo y Estrategia Digital en el portal de noticias e-consulta.com recibió en el 2016 el Premio Nacional de Innovación en transparencia con el Portal Primera Piedra.

Su nuevo blog, Eureka, será el espacio vital para la reflexión sobre tecnología, sociedad y cultura.