Nuestro hastío. Una mirada a la próxima elección en Puebla

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Vida y milagros
(Ilustración de Estelí Meza/Revista Nexos)
La palabra hastío tiene varios significados. En el diccionario de la Real Academia Española lo equiparan con el hartazgo de comida, pero también es sinónimo de tedio, disgusto, cansancio, agotamiento, hartazgo o aburrimiento con respecto a personas, cosas o situaciones .

En el último tercio de 2017, a poco más de un año de haber elegido gobernador , empezaron de nuevo las pre campañas para la nueva elección de 2018. La elección larga, la buena. Todo el menú propagandístico para todos los cargos: espectaculares, spots en radio y tele, entrevistas, mítines, bardas pintarrajeadas,el transporte público con caras de los pre candidatos, bolsas, sombrillas, playeras, cachuchas,tinacos, despensas. Ya desde entonces, ante la fuerza emergente de las banderas guindas y el poco espacio que dejaba Moreno Valle a los que no fueran de su equipo, empezaron a florecer las alianzas, las traiciones, las deserciones, la cargada. Una vez definidas las candidaturas partidistas y eliminadas las independientes por la asfixiante ley electoral local, otra vez cinco candidatos a gobernador compitieron por Puebla. El escenario fue completamente distinto a la elección de 2016. En solo dos años, una mirada a las bardas y a los anuncios en el transporte público fueron el indicador de que Puebla estaba siendo peleada casa por casa, calle por calle, taxi por taxi, y peleado también en el nuevo terreno de guerra, el de las redes sociales, que permanecieron incendiadas durante toda la elección. Las encuestas eran claras con respecto a quien ganaría la presidencia, y de nariz con nariz con respecto a la gubernatura poblana, aunque en voz baja, los propios panistas afirmaban que en las encuestas que tenían, perderían la elección.Los priistas de cepa la supieron perdida desde antes de escoger candidatos. Algunos aceptaron competir por pura lealtad a su partido. A Ricardo Anaya lo desparecieron de la campaña panista local. Para el PAN de Puebla no hubo candidato presidencial. La estrategia final de Moreno Valle fue salvar a la reina. Si de algo sabía era de operación política y aunque supo que perdería el control del congreso local, no imaginó por cuánto. Él ya tenía su plurinominal al senado en la bolsa. Desde ahí se preparaba para librar una nueva batalla hacia el 2024. Jamás fue una persona que pensara a corto plazo.

En Puebla ganó la presidencia Andrés Manuel, como en 2006 y 2012.Pero a diferencia de esos años, ya con su nuevo partido ganó también casi todas las diputaciones locales y federales, el senado, las ciudades más importantes del estado y en especial la capital y los ocho municipios conurbados. Por eso fue atípico el resultado de la gubernatura . La legalidad y la certeza de la elección quedaron gravemente vulneradas por la violencia de la jornada electoral en Puebla, violencia de la cuál jamás se presentaron culpables .Tan atípico que acabó en los tribunales. Cinco largos meses de dimes , diretes, visitas a los jueces de parte de los contendientes y un controvertido y manoseado fallo emitido en vísperas del tiempo límite. Por supuesto,todo aderezado por la polarización política y social y una larga incertidumbre.

Luego vendrían los 10 días de gobierno de Martha Erika, la breve certeza de que el capítulo había quedado cerrado, y luego la trágica e inesperada caída del Augusta.

Después de Moreno Valle llegó el diluvio para el panismo poblano.La zona de incómodo confort en la que él controlaba todo, terminó. Finalmente fue nombrado como interino para cinco meses un priísta que nunca negó la cruz de su parroquia, Guillermo Pacheco Pulido, propuesto por un sagaz diputado de Morena y electo en el congreso local por 40 votos, incluidos los de todo el bloque panista. A todos los actores los conocía Pacheco como la palma de su mano.

Se convocó a elecciones para el 2 de Junio de 2019.
En menos de dos años y medio estamos ya en la tercera elección para gobernador. Están de regreso las bonitas pre campañas, las dirigidas a los militantes del partido pero que todos veremos y oiremos a fuerza, a menos de ser sordos o ciegos. Los espectaculares que hace dos años y medio tenían las caras de los candidatos de Moreno Valle cruzados del soberbio azul panista, hoy tienen las caras de los pre-candidatos de Morena y el color guinda de Morena. Y es lógico. Ahí se está jugando ahorita la elección. Por eso en Morena se están matando por la candidatura. Sobra esta batalla, dado que el candidato obligado, por mínima congruencia con lo que defendieron en los tribunales, tendría que ser Luis Miguel Barbosa.

En el panismo pondrán a un candidato de "unidad", aunque no se sabe qué es lo que unirán y con qué pegamento, porque el del dinero se acabó. Los partidos que Moreno Valle tuvo en su mano no son nada sin él. Los perfiles panistas que hubieran podido ser un poco más competitivos, han declinado con rapidez. Han leído bien el momento de tocar retirada. Uno de los tres candidatos con los que el PAN buscará competir ha dicho que "el PAN dará la batalla para impedir que el PRI disfrazado de Morena llegue al gobierno". Me permito recordarle que eso fue exactamente lo que sucedió en 2010, cuando Moreno Valle fue de candidato por el PAN. Creímos, y me incluyo, que habría alternancia. No señor mío. No la hubo. Solo hubo cambio de escudos y colores.

Por otro lado, el PRI está pensando si manda candidato y no dudaría que al final se unieran al candidato de Morena. Sus aliados del verde volaron con sus alitas de tucán a Morena y a los del Panal los mató la elección del 2018, aunque varios se mudaron a la casa triunfante antes de que los arrollara el tren

¿Tiene algún caso verlos competir? Contemplaremos aburridos el simulacro de una contienda inexistente. Moriremos de hastío.O crearemos un mundo. Kierkeegard y Nietzsche sostenían que Dios creo el mundo para abatir su hastío. ¿Qué haremos con el nuestro?

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Sobre el autor

Verónica Mastretta