La vida sin el líder

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Vida y milagros

Andrés Manuel López Obrador tiene, como todo ser humano, virtudes y defectos. Sus fortalezas en el ámbito político han sido básicamente las de centrar su visión sobre la parte más débil de la sociedad y la necesidad imperiosa de enfocarnos como país a sacar a millones de personas del rezago social, de la pobreza extrema y de la falta de oportunidades. Desde luego no es la única voz que ha hablado de eso, pero sí ha sido la más enfática, ruidosa y tenaz. Sin embargo, su proyecto de nación tiene una fractura innegable: se centra de manera extrema en su liderazgo, disminuyendo e inmovilizando los liderazgos de otros, lo cual impide un trabajo mucho más de equipo y de conjunto y una visión mas amplia y diversa para mejorar al país en todos sentidos. Y por eso, quizá, es que divide tanto.




Hace ya muchos años leí un pequeño libro, fantástico en su contundencia hacia los proyectos centrados en una figura en la cúspide, escrito por Krishnamurti. Me parece muy importante recordarlo ahora, y sobre todo recordar el contexto en que dicho libro fue escrito. Krishnamurti nació en 1895 en una familia muy pobre y numerosa de la India. Su padre trabajaba de jardinero en la casa de unos ingleses que pertenecían a la Comunidad Teosófica de Adzar. A los doce años fue adoptado por la comunidad pues les llamó la atención la extraordinaria inteligencia e intuición del muchacho. Él mismo se reiría años más tarde de los atributos que atrajeron las miradas sobre él, tales como saber lo que decía una carta antes de leerla o tener el don de la premonición y el de curar con las manos. Para él esos eran dones tan normales como el que puede tener alguien que corre muy rápido o domina las matemáticas. Solo un don más, y nada que para él mereciera adoración. La comunidad puso en él todas sus esperanzas y lo vislumbró como su futuro líder, gurú y guía, dándole una educación esmerada en la India y en Inglaterra. No había cumplido los 23 años cuando la comunidad se congregó para nombrarlo líder máximo de los Teosofistas. Justamente en la ceremonia en la que lo nombrarían el nuevo mesías, Krishnamurti leyó una pieza oratoria extraordinaria que escribió para esa ocasión, y que ahora usó de prólogo para su libro "Reflexiones sobre el Ego". Su postura, para sorpresa del grupo, fue la declinación de la autoridad moral que le querían otorgar y se negó rotundamente a ser el intermediario entre los que buscan la verdad y la verdad misma. Dejó claro que no aceptaba otra acción que no fuera la transformación individual y espiritual de cada persona. Renunció al poder que se le ofrecía y se limitó a invitar a otros a buscar y encontrar su propio poder y verdad, que existe de manera intrínseca en todo ser humano. "Hay algunos seres humanos que necesitan báculos y jaulas para vivir. La única obligación que yo puede tener hacia ellos es decirles que pueden caminar solos y vivir en libertad, y que no me necesitan." Dicho esto, abandonó para siempre a la comunidad teosófica. Dedicó su vida a la enseñanza, escribió muchísimos libros fundamentales para el desarrollo personal y comunitario y vivió pacífica y discretamente hasta la edad de 91 años.

Nuestro país recorre hoy terrenos tortuosos y se asoma a peligrosos precipicios y tentaciones de llamados a imaginar un país en blanco y negro, dividido entre malos y buenos, los que están del lado correcto y los que están del lado equivocado. Así, sin grises ni matices. López Obrador habla de serenar al país. Serenar a nuestro país y tratar de alejarlo del desasosiego y el infortunio pasa por serenarse a uno mismo, pensando bien en lo que podemos aportar a México para después, hacerlo. Pasa por entender que somos parte de la solución de los problemas del país pero que de ninguna manera podemos ser la única solución, la verdadera, la buena.



c/6 parrafos

Ante la tentación de ser elegido como guía, de tener seguidores ciegos e incondicionales y ser el representante de la verdad en la tierra, Krishnamurti eligió enseñarles a otros que hay muchas verdades, muchas formas de hacer las cosas y que lo sano y perdurable es lo que se construye sobre la fortaleza de empoderamiento de cada ser humano. Hay quienes en las relaciones amorosas depositan su poder en el otro, y se sienten perdidos si ese otro se va, se cansa o se muere. Los países y las personas que salen adelante tienen la sabiduría de reconocer que todos necesitamos de los demás pero que nadie es indispensable, ni en la vida de las personas ni en la vida de las naciones y las comunidades. A veces, después de haber dado o recibido mucho, tenemos que aprender a dejar ir, o a nos, y a decir adiós, aunque nos duela.


No imagino de qué forma Morena saldría adelante, unido, centrado y fuerte, si hoy, como lo hizo Krishnamurti, Andrés Manuel dijera adiós a sus seguidores. Todo y todos en Morena dependen demasiado de su voz, de la jaula y el báculo que él significa.

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Sobre el autor

Verónica Mastretta