Poder y Política

Mundo Nuestro. Esto escribí al enterarme del asesinato de Meztli Sarabia el 29 de junio de 2017:

"Qué pena el asesinato de Meztli Sarabia. Y qué coraje.

Me entero de sus muerte por un mensaje de Rubí Soriano que me encuentra en el metro de la ciudad de México. El convoy me deja en el andén y su masa indiferente. Y ahí estoy, incrédulo, sometido por la impotencia que nos deja a todos varados frente a los acontecimientos que nos aturden para disolverse después, como el ruido del tren que se pierde en el tunel. Ya vendrá el siguiente.

Llevo toda la tarde pensando en lo sucedido. Cuatro sicarios arremeten en la oficina del 28, cinco minutos después un video los verá huir por la 64 Poniente hacia el Mercado Unión. Atrás dejan a una muchacha muerta por un disparo en la cabeza. Y la cartulina, y las amenazas contra Simitrio. ¿Por qué esta saña contra esta familia? No bastaron los 12 años de prisión en penales de máxima seguridad para el papá de Meztli. ¿Qué ha motivado todo este odio irrefrenable?



Del fondo del andén llega un nuevo bramido. La vida vuelve indiferente.

Para el recuento diario de la violencia en México la muerte de esta muchacha será simplemente un crimen más. Pero no es así. La organización popular 28 de Octubre está en la historia de la ciudad de Puebla como la única que ha sostenido una postura de independencia frente a los gobiernos y los partidos políticos. Es una historia de 44 años y está metida en el estómago de la ciudad. Una ciudad, y unos gobernantes, que sistemáticamente se ha negado a reconocer el espacio vital de los pobres: la calle, la vecindad, el mercado.

Mucho tendrá que explicar la autoridad estatal y municipal que durante los últimos tres años ha atentado abiertamente contra la familia de Rubén Sarabia. Ahora le han matado a la hija. Cualquiera que haya sido la motivación de los matones, es imposible no mirar atrás para encontrar todos los elementos para pensar en un crímen de Estado.

Aquí quedo yo, periodista, varado en un estación anónima del Metro, viendo la tristeza que consume a mi ciudad al otro lado de los volcanes."

El cantautor Arturo Carcará ha compuesto esta canción en video como memoria de Meztli Sarabia.
Y como recordatorio de la violencia política en Puebla.



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Lo sucedido en Amozoc la madrugada del 23 de junio obliga a realizar una pregunta muy sencilla: ¿por qué el gobierno del estado de Puebla, igual con Barbosa que con Gali o con Moreno Valle, para no ir más lejos, no han procedido contra el crimen organizado como lo hizo con el grupo que encabeza el descontento popular contra el alcalde de ese municipio? ¿Por qué no enfrenta a los grupos criminales que ha tomado decenas de pueblos en el estado, paralizado autopistas y atentado contra autoridades y civiles con total impunidad? ¿Cuándo hemos visto cateos en la madrugada contra las cabezas de los grupos de huachicoleros que han tomado la autopista y quemado patrullas y unidades de transporte en Texmelucan, Tepeaca, Quecholac, Palmar de Bravo, Esperanza y muchos lugares más?
Bloqueo de la autopista a la altura de Palmarito, en mayo de 2017.
Queman huachicoleros dos tractocamiones y bloquean la México-Puebla
Agosto de 2018. Huachicoleros cierran autopista e incendian trailers a la altura de Santa Ana Xalmimilulco. (Foto de Milenio)
Y otras preguntas elementales: ¿por qué esperó la fiscalía exactamente cinco meses para proceder contra quienes acusa de haber incitado la quema de patrullas el 23 de enero pasado? ¿Por qué justo después de que Eloy Méndez, quien ha encabezado el descontento popular en Amozoc, expusiera en carta a López Obrador lo que ocurre en ese municipio? Lo sucedido en Amozoc no puede desvincularse de las denuncias que por más de un año pobladores organizados en Amozoc Seguro y Agua para Amozoc han realizado contra el alcalde Mario de la Rosa. Es obligación de la autoridad investigar a fondo hechos como los ocurridos el 23 de enero en Amozoc. Patrullas quemadas, pedradas entre granaderos y ciudadanos, gases lacrimógenos, cierre de carreteras: ¿por qué ocurrió ese hecho violento?. ¿Hubo agitadores infiltrados, como denuncian los ciudadanos de Amozoc? ¿Por qué no se investigó de inmediato? ¿Por qué hasta cinco meses después las detenciones? ¿Y las denuncias contra el alcalde? ¿Qué respuesta dio el gobierno de Miguel Barbosa a los planteamientos del grupo encabezado por Eloy Méndez?
Son preguntas elementales que merecen respuesta del gobierno del partido Morena en Puebla. ¿Acepta si más ese partido la criminalización de la protesta social? ¿Va a mirar para otro lado al tiempo que afirma que lo que se persigue en este caso son los hechos violentos y no el conflicto social que motivó el estallido social? ¿Le interesa a Morena lo que ocurre en Amozoc con un gobierno que surgió de su marca de partido?
El jueves 25 fueron catorce personas vinculadas a proceso y enviadas al CERESO de San Miguel con cargos por los delitos de lesiones calificadas en la agravante de ser cometidas contra funcionarios públicos; daño en propiedad ajena doloso; daño en propiedad ajena doloso por incendio. Y además, motín. Poco faltó para que los acusaran de "disolución social". Los testimonios gráficos de la detención en la madrugada del martes 23 no dejan duda sobre los métodos de detención aplicados por los ministeriales del gobierno del estado: puertas abiertas a marrazos, entrada violenta a las casas sin presentación de órdenes de cateo, detenciones sin presentación de órdenes de aprehensión. Imposible no identificar ahí acciones violatorias de la ley y los derechos humanos de los ciudadanos acusados de un delito.
Pero ocurre que estas acciones no son del gobierno del panista Rafael Moreno Valle. Es el gobierno de Miiguel Barbosa y de Morena el que las realiza.
Lleva muchos el gobierno en Puebla --y quien sea el que ostente el cargo-- con la misma solución a los conflictos sociales: la criminalización. Ahí está el caso de Chalchihuapan y Canoa, con Moreno Valle, y por supuesto el encarcelamiento de los Xicale en San Andrés Cholula, y la persecución por el descontento ocasionado por el gasoducto en Atlixco. El gobernador Barbosa con esta ya lleva dos conflilctos resueltos a la mala, pues a la vista todavía está el encarcelamiento del activista opositor a las probadas obras corruptas que le heredaran como solución a las aguas negras e industriales de Ciudad Textil en Santa María Zacatepec.
Entiendo que no es sencillo gobernar en un país como el nuestro. Los conflictos sociales muy fácilmente derivan en violencia. Lo ocurrido en Amozoc es ejemplo de que en Puebla se ha estirado la cuerda de la desigualdad y la injusticia demasiado. No se resuelve nada culpando al gobierno si no se entiende el desastre institucional que hemos construido como sociedad por acción u omisión. Pero los ciudadanos de Amozoc denunciaron repetidas veces el desgobierno en el municipio, con dos demandas claras: agua y seguridad. Sin respuesta alguna. Hasta esta semana que paso: con la criminalización del conflicto. Lo que está a la vista ahora: un gobierno que se dice de izquierda resuelve los conflictos con el mismo autoritarismo de los gobiernos del PAN y del PRI que nos heredaron este desastre.

Puebla Contra la Corrupción y la Impunidad

La destrucción de monumentos del patrimonio histórico en el estado de Puebla provocada por los sismos de septiembre de 2017 obligaron a iniciar un proceso de reconstrucción por parte de las autoridades y a casi tres años no existe claridad respecto a lo que pasó con eso. A la opacidad y el hermetismo se suman las acusaciones de corrupción en la operación del programa de reconstrucción que han surgido desde el interior del Centro INAH Puebla. Hay incongruencia en los números oficiales, las contradicciones en la fuente de los recursos (FONDEN, Seguro Banorte, Sedatu) y la confusión entre montos aprobados, autorizados y realmente aplicados; ahora se suman acusaciones sobre enriquecimiento ilícito, abuso en el ejercicio de funciones, cohecho, tráfico de influencias y un buen número más de responsabilidades administrativas que obligan a una respuesta inmediata y estricta de los órganos de control del gobierno federal.

IR A LA INVESTIGACIÓN COMPLETA EN PUEBLA CONTRA LA CORRUPCIÓN Y LA IMPUNIDAD



Día con día

Ilustración/ Narración/ Dibujos/ Palabras: PFA. Praxis Crimminalis ...

Ilustración tomada del blog Aproximaciones en dibujos.



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El historiador Benjamin T. Smith, latinoamericanista de la Universidad de Warwick, compartió hace unos días en su cuenta de tuit un hilo espeluznante sobre el origen de la violencia policiaca mexicana, ésa que salta a las primeras planas todos los días y que parece una plaga gemela, la plaga estatal, de la violencia criminal que azota al país. (@benjamintsmith7).

El hilo publicado por Smith es el adelanto de una investigación en curso. Lo que Smith parece haber descubierto es la escuela invisible de las policías mexicanas, eso que una generación de policías aprendió una vez y enseñó luego a las generaciones siguientes, hasta volverlo práctica común, curriculum oculto de nuestras corporaciones policiacas: la escuela de la tortura y de la violencia prohibidas en la ley pero recurrentes en la faena diaria.



Como todo, nos sugiere Smith, la brutalidad policiaca de nuestros días no es una maldición genética o idiosincrática. En una historia, Smith resume así su hilo conductor:



“Fueron Estados Unidos y la policía mexicana, no los narcotraficantes, quienes introdujeron la violencia en el negocio de las drogas. La causa de la violencia fue la guerra contra las drogas, no el tráfico de drogas”.

Antes de 1969, nos recuerda Smith, los policías encargados del negocio de las drogas eran los miembros de la Policía Judicial Federal, radicada en Ciudad de México.

“Había pocos arrestos”, dice Smith, “las penas de cárcel eran cortas y la violencia infrecuente”.

La Operación Intercepción, establecida por el presidente Nixon en 1969, obligó a México a “endurecer su política contra las drogas y a aceptar más agentes de la DEA (entonces Bureau of Narcotics and Dangerous Drugs) en el país”.

Entre 1969 y 1975, se endurecieron las leyes y las penas contra las drogas. “En 1976, México arrestó más narcotraficantes per cápita que Estados Unidos, pese a que el problema de drogas de México era nimio”.

La Policía Judicial Federal creció de 200 a 700 miembros, y se desplegó por el país en una guerra sin cuartel contra los narcotraficantes. Empezaron entonces las acusaciones en cascada contra ellos y contra los agentes de la DEA por “asesinatos, golpizas y tortura”.

Qué era la Dirección Federal de Seguridad (DFS)?

2

Los inicios de la escuela de la brutalidad policiaca mexicana han sido fechados por el historiador inglés Benjamin Smith en los años 1970, cuando México, obligado por Nixon, declaró su primera guerra contra las drogas.

Entre 1969 y 1974 la Policía Judicial Federal, encargada de perseguir las drogas, creció de 200 a 700 agentes que empezaron a abatir narcotraficantes, de la mano de la DEA.

Benjamin Smith reproduce un informe del modus operandi al que había llegado la PJF en Tijuana, en 1973:

Es normal que los agentes de la PJF sostengan tiroteos que dejan múltiples muertes y lesionados, como parte de sus investigaciones contra narcotraficantes. Se han vuelto una plaga, una amenaza para la ciudadanía en general, para familias pacíficas y gente inocente... Que una persona trafique con drogas, no quiere decir que su familia también. Esto no le da derecho a los federales a hostilizar a esas familias y allanar sus casas.

De aquellos años data, dice Smith, la fama de algunas de las torturas mexicanas más tristemente célebres: el tehuacanazo, consistente en echarle al interrogado agua mineral con burbujas por la nariz; la chicharra, consistente en aplicar toques eléctricos en el cuerpo, y el buzo, consistente en semiahogar al sospechoso en tambos o inodoros.

La Operación Cóndor, lanzada en el año de 1973 sobre las montañas del noroeste para erradicar plantíos de mariguana, significó un salto en la brutalidad policiaca.

Véase el reporte de un agente de la DEA, citado por Smith, sobre las formas, celebradas en el texto, del jefe antidrogas de la PJF, Florentino Ventura:

Echa mano de lo que sea para hacer su trabajo. Es la persona más brutal que he conocido. Y eficiente. Brutalmente eficiente. Quien se interpone en su camino es hecho a un lado, vivo o muerto... La tortura para él no es más impactante que el mal tiempo... Creo que Ventura es un clásico. Uno de mis personajes favoritos. https://t.co/y0B3UI7Yvo

Un “clásico” de la brutalidad. Un favorito de la DEA. Un padre fundador de la escuela de brutalidad y violencia rutinaria en tantas de nuestras corporaciones policíacas.

Sitios de Memoria

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En la escuela invisible de la brutalidad policiaca, corazón del crimen dentro del Estado, la Policía Judicial Federal, potenciada en los 1970 por la guerra contra las drogas de Nixon y por la DEA, fue el verdadero huevo de la serpiente.

En su espiral de violencia criminal amparada por las instituciones, “el crimen con charola”, la PJF de aquellos años fue un surtidor de brutalidades, tal como cuenta Benjamin T. Smith en el adelanto de su investigación sobre el tema.

Como si fuera una competencia por el sadismo mayor, proceso común a todas las situaciones en que el verdugo tiene a su completa merced a sus víctimas, policías de la Judicial Federal crearon formas delirantes de tortura y violencia contra interrogados y sospechosos.

“Cada comandante de la PJF”, escribe Smith, tenía sus especialidades. “En Guerrero, un prisionero denunció que le habían colgado de un gancho un cuerpo congelado en su celda y lo habían dejado ahí hasta que el cuerpo se desintegró”.

La violencia sexual era parte rutinaria del macabro juego de interrogar. “Las esposas de los sospechosos”, dice Smith, "eran detenidas y muchas veces violadas. En 1976, en Tijuana, la esposa de un narcomenudista se cortó el cuello con un clavo para poner fin a su sufrimiento”.

Durante estos interrogatorios, sigue Smith, a menudo la DEA estaba presente. Y aunque era su obligación reportar casos de tortura, no se presentó ninguna queja al respecto entre 1970 y 1980.

Algunos de los comandantes estrellas de la Policía Judicial Federal, aquel cuerpo envilecido por su implícita licencia para matar durante la guerra contra las drogas, llegaron al centro del poder policiaco del país.

En 1976, un colega de la corporación, Arturo Durazo Moreno, fue nombrado jefe de la policía de Ciudad de México y del gobierno todo del presidente José López Portillo.

La escuela adquirió entonces el beneplácito presidencial y la impunidad consecuente.

Hubo antes, sin embargo, otro momento culminante de la escuela. Fue el alcanzado por las policías antidrogas en la llamada Operación Cóndor del año 1973, de la que, siempre siguiendo el hilo de Benjamin Smith (https://t.co/y0B3UI7Yvo), escribiré mañana.

Las torturas de “El Negro” Durazo en la colonia Doctores

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La escuela de la brutalidad policiaca mexicana dio un salto cuántico durante la primera guerra declarada del país contra las drogas, en los años setentas.

La violencia policiaca tolerada y premiada por el Estado mexicano, por Washington y por sus agentes en suelo mexicano, se volvió rutinaria durante la Operación Cóndor, de 1973.

“La brutalidad alcanza su cima durante esta campaña militar contra las drogas, apoyada por la DEA”, dice Benjamin Smith, cuya historia sobre la droga verá la luz el año entrante. “En Sinaloa, la Operación Cóndor es dirigida por el comandante Jaime Alcalá de la Policía Judicial Federal” .

Durante aquella campaña, miles de pequeños sembradores de mariguana eran arrestados, torturados y asesinados.

Los agentes de la DEA llamaban aquel periodo el de las ‘atrocidades’. Decían, bromeando, que el comandante Alcalá ‘mató más mexicanos que la viruela’.

Así recuerda un agente de la DEA al comandante Alcalá y a su lugarteniente, Gerardo Serrano:

Alcalá empezó de inmediato a torturar y matar criminales. Se sabía que tenía cementerios clandestinos en áreas remotas donde enterraba a cientos de criminales violentos. Su brazo derecho, Gerardo Serrano, cumplía las órdenes de Alcalá al pie de la letra. Serrano parecía un estudiante universitario, pero podía matar sin dudarlo ni estremecerse.

Los comandantes educados en aquella escuela del hampa tomaron el mando policiaco del país con el ascenso de Arturo Durazo al favor presidencial, en 1976, y ya en 1980 los dueños del tráfico de drogas eran ellos, no el Cártel de Guadalajara.

Toda aquella violencia dejó dos legados, dice Smith:

Primero, puso a los narcotraficantes a denunciarse entre sí para evitar la tortura o la muerte. Segundo, arrebató a las policías locales el negocio de la protección al narco que debieron compartir desde entonces con la PJF y los militares.

Los dos legados persisten a la fecha, concluye Smith. Lo que los medios y la policía describen como guerras entre cárteles son a menudo ilusiones ópticas. Solo son conflictos generados por un cártel que denuncia a otro o pleitos de distintas instituciones del estado por el control de la protección del narco y sus ganancias (https://t.co/y0B3UI7Yvo).

5

Nuestra violencia: La historia secreta

He dedicado la semana a uno de los momentos fundadores de la brutalidad policiaca mexicana, la escuela real, la escuela invisible, en que han sido educadas, y siguen educándose, generaciones de agentes y cuerpos policiacos.

Aquella escuela vino de la mano de la primera guerra declarada contra las drogas que hizo el gobierno de México, presionado por el gobierno de Nixon, en los años setenta del siglo pasado.

Hubo también la escuela de violencia policiaca y militar en los sótanos de la guerra sucia de aquellos mismos años, pero el salto cuántico de los métodos y de los egresados de aquella escuela fue la batida contra el narcotráfico impuesta por Nixon.

He seguido en esta historia la guía del historiador inglés Benjamin Smith sobre cómo la “licencia para matar”, otorgada implícitamente a los agentes antidrogas, especialmente a los agentes de la Policía Judicial Federal, sembró una especie de ADN que podemos reconocer hoy en la conducta de agentes y jefes policiacos de todas las corporaciones del país.

Los hallazgos de Benjamin Smith corresponden a un libro que está en sus últimos retoques editoriales y que verá la luz el año entrante. Su título es: Dope. The Secret History of the Mexican Drug Trade and the War Against It.

La historia arranca en 1900 y avanza rigurosamente, década por década, hasta 2012. La primera parte del libro se llama “First Puffs, (Primeras fumadas) 1900-1920”; la última se llama “In The Abyss (En el abismo) 1990-2020”.

Esta es la historia, simple y trágica: un país sin problema de drogas se volvió un país abismado por su violencia contra las drogas.

La conclusión de Smith, luego de su largo recorrido, es también simple y trágica: La agresividad policiaca convirtió lo que había sido un comercio relativamente pacífico y colaborativo en un mundo competitivo y violento, abierto a todos. Como ser detenido significaba una prisión larga, si no la tortura y la muerte, los narcotraficantes dejaron solo de portar armas y empezaron a usarlas. Las usaron contra policías y contra soldados. Pero sobre todo contra informantes y contra otros narcotraficantes que pudieran traicionarlos. La violencia del estado sembró la violencia de las drogas.

Emilio Maurer Espinosa, diputado

Entiendo las inquietudes que existen, particularmente de las instituciones privadas de la entidad por la desinformación que ha permeado a partir de la aprobación de la Ley de Educación, en especial por lo que hace al artículo 105, que señala que los bienes muebles o inmuebles destinados a la educación, incluyendo los particulares, así como los servicios e instalaciones necesarias formarán parte del Sistema Educativo Estatal. Formar parte de algo es integrarse dentro de una estructura para potenciar nuestras posibilidades de desarrollo, pero ello de ninguna manera significa expropiación o injerencia dentro de los espacios académico- administrativos que le son propios a los centros de enseñanza públicos y privados.

Quiero recordarles que yo sufrí en carne propia la expropiación exprés de mi patrimonio en manos de Moreno Valle y pasé los años más ingratos de mi vida ante la posibilidad de perder todo, y gracias a un juicio largo y costoso pudimos derrotar a la injusticia.



Derivado de lo anterior, cuando llegué al Congreso del Estado, como Diputado en compañía de la diputada Tonantzin nuestro primer acto fue derogar la figura de la “expropiación exprés”, aprobado por la Legislatura pasada con mayoría panista, para poder favorecer a unos cuantos, sin importar que se violentaran derechos humanos ampliamente reconocidos y consagrados.

Y señalo esto, porque aquella reforma realizada a la Ley de Expropiación por los anteriores Diputados golpeó directamente a mi familia y el solo oírla hace que se me enchine el cuerpo.

Siempre he sido respetuoso, en todo momento, del papel de las instituciones educativas privadas en la consecución de los fines que establece nuestra Constitución y la Ley General de Educación, por lo que mi voto a favor de esta Nueva Ley de Educación fue con la finalidad de que los bienes muebles e inmuebles sirvan para proporcionar una "educación de excelencia con equidad e inclusión”, jamás expresaría mi consentimiento- y aquí quiero ser muy claro – para generar afectaciones o para que el Estado se apropie de esos bienes, o en su defecto, pueda expropiarlos.

Por lo que reitero que esta nueva Ley de Educación del Estado de Puebla solo tiene como finalidad proteger a tus hijas e hijos y otorgar las herramientas necesarias para garantizar una educación de calidad en nuestra Entidad.

En 1962, Luis Buñuel, el famoso director de cine español, estrenaba en México su película El Ángel Exterminador que, en resumen, narra la historia de un grupo de personas que se reúnen a cenar en una lujosa mansión después de asistir a la ópera. Una vez que han terminado sus alimentos, pasan a la sala para escuchar la ejecución de una obra de piano a cargo de una de las invitadas. Al terminar, los comensales comentan que están cansados y que es hora de retirarse pero, por una extraña razón, no pueden cruzar el umbral para pasar al comedor y salir de la casa. Quedan así recluidos y amontonados por varios días: poco a poco se quedan sin alimentos y sin agua, fallecen varios de los comensales, y la fatiga y la desesperación hacen presa del grupo. Cuando algunos de ellos tratan de linchar al dueño de la casa por hacerlo responsable de la situación y, mientras forcejean con otros que buscan impedirlo, de repente una de las invitadas descubre que todos están en el mismo lugar que guardaban cuando se dieron cuenta que no podían salir. Entonces tratan de recordar los diálogos que tuvieron en esos segundos y logran vencer el miedo y alcanzar la calle. Pocos días después, celebran una misa de gracias y al terminar, ni los sacerdotes ni los feligreses, otra vez sin razón aparente ni obstáculo alguno, se muestran incapaces de traspasar la puerta y salir de la nave del templo.

El argumento del filme ha sido comentado ampliamente en muchas reseñas y libros. Las diversas interpretaciones del inexplicable encierro y la imposibilidad de romperlo se basan en la inspiración surrealista de la obra de Buñuel; en su visión crítica de la iglesia y los dogmas religiosos; e incluso en una condena política de la burguesía o, por lo menos, de los más privilegiados de la sociedad. El director, por supuesto, nunca aceptó dar una razón. Lo que parece claro es que se basó en la existencia de un ángel citado en el Apocalipsis bíblico que representa el triunfo del mal. Su naturaleza destructiva alude entonces al advenimiento de catástrofes que se ciernen sobre las personas, las cuales no se sabe bien a bien porqué suceden y qué las originan.

La pandemia que hemos vivido durante 2020 ha recluido a miles de millones de habitantes de este planeta en sus casas. Se ha tratado de un encierro voluntario que nos ha impedido cruzar el umbral de nuestros hogares por el temor a ser contagiados por un enemigo invisible, un virus muy contagioso que –nos han repetido mil veces– puede enfermarnos gravemente y poner en peligro nuestras vidas. Las explicaciones científicas de este cataclismo mundial son numerosas. Sin embargo, de la misma manera que al ver la obra de Buñuel nunca alcanzamos a comprender cabalmente la conducta de los protagonistas ni su significado, ahora que nosotros hemos quedado presos voluntariamente queremos saber las razones de ese ángel exterminador que apareció en nuestras vidas y decidió condenarnos al encierro.

¿Por qué hoy? ¿Por qué somos tan vulnerables? ¿Cuándo podremos salir sin temor alguno? ¿Se repetirá un fenómeno parecido en un futuro cercano?



Las respuestas a estas y otras preguntas han incluido la negación de las tesis científicas, aduciendo que en realidad el virus no existe y que se trata de una especie de conspiración para controlar al mundo. En realidad, alegan, podemos salir, somos nosotros mismos quienes nos hemos dejado convencer de no traspasar la puerta. Desde luego, cuando el contagio se multiplica y caen enfermos o fallecen las personas a nuestro alrededor, la interpretación cambia por otra más o menos iguales: el virus ha sido inoculado intencionalmente para dañarnos. Es una forma de pensar atávica y, básicamente, la misma que durante muchos siglos se ha esgrimido respecto por ejemplo a la peste negra, una de los azotes más antiguos y criminales en la historia de la humanidad: se trata de un castigo divino, producto del enojo de Dios por nuestras prácticas pecadoras.

Hay otras respuestas más interesantes, por ejemplo, la de Eduardo Campanella (disponible en www.project-syndicate.org/onpoint/the-invisible-killers-by-edoardo-campanella-2020-04), quien aduce que este virus ha resultado catastrófico por la arrogancia de nuestra civilización. Creímos que el conocimiento y la tecnología actuales, al igual que nuestra voluntad de doblegar a la naturaleza, podían terminar con las enfermedades contagiosas. Nos impregnamos de una cierta sensación de invulnerabilidad, particularmente en Occidente. Pensamos que las epidemias podían ser controladas o se desarrollaban solamente en las regiones más pobres del planeta. El Covid-19 rompió definitivamente con estas ilusiones. Y los científicos y las autoridades sólo tuvieron a la mano un remedio: encerrarnos a todos en nuestras casas, incluso en los países más desarrollados, provocando una de las mayores disrupciones laborales, económicas, sociales y humanas que se hayan conocido en los últimos siglos. A pesar de que el saber y la técnica de que disponemos puede enviar hombres al espacio, poner robots en lugar de humanos en las fábricas, comunicarnos instantáneamente desde cualquier punto del planeta y proveernos de casi toda la información existente, no ha habido vacuna, medicina o tratamiento que valga para detener al virus. Y así, en muchos casos, nos impidieron trabajar, convivir con nuestras familias, reunirnos para celebrar o consolarnos, y acariciar o ser acariciados por otras u otros por el simple hecho de estar lejos en el momento que estalló la catástrofe.

Esa arrogancia debe ser corregida para cambiar un modelo civilizatorio que fomenta la desigualdad, el desperdicio y la ostentación, y adoptar un modo de vida más respetuoso con la naturaleza. Debería obligarnos, asimismo, a utilizar la tecnología y el saber para lo que realmente importa: la salud y la felicidad de todos.

La pandemia nos ha revelado la enorme fragilidad de nuestras sociedades y la posibilidad de que otro desastre se repita algún día, por ejemplo, como resultado del cambio climático, y no podamos tampoco ni prevenirlo ni remediarlo.

Cabría otra interpretación: el distinguido historiador marxista Walter Benjamin, en un conjunto de apuntes que se publicaron después de su muerte, Tesis sobre la historia y otros fragmentos, también hizo alusión a un ángel. En el apartado IX, observa que en un cuadro del pintor Paul Klee que se titula Angelus Novus, se ve un ángel que se aleja de algo sobre lo cual clava su mirada. Tiene los ojos desorbitados, la boca abierta y las alas tendidas. Según Benjamin, se trata del ángel de la historia que mira hacia el pasado y ve una catástrofe, una pila de ruinas. El ángel quisiera detenerse y recomponer la destrucción, pero un huracán sopla desde el paraíso y lo arrastra hacia el futuro. Ese huracán –dice Benjamin– es lo que llamamos progreso.



Escrito entre 1939 y 1940, la visión de Benjamin respondía al drama que significó el triunfo del nazismo en su patria. A la sensación de derrota y de indignación al darse cuenta de que ni los valores de la civilización occidental, ni la lucha del proletariado y los partidos socialistas habían podido detener el horror de Hitler. Sin embargo, la tesis de Benjamin siguen siendo vigente para tratara de intentar una lectura alternativa de la historia. La humanidad no avanza, por lo menos no lo hace lineal e ineludiblemente, hacia un futuro más promisorio. Ni hemos construido un mundo mejor, ni el mal (la injusticia, la desigualdad, la explotación) ha sido derrotado, ni las catástrofes se han podido evitar. Más bien, hasta ahora, hemos vivido destruyendo. Además de la soberbia de la que habla Camponella, nos hemos equivocado en la interpretación de la historia.

El Ángel del exterminio y el de la historia pueden ser el mismo. A menos que cambiemos nuestra perspectiva intelectual y política y tratemos de reconocer que no podemos tener fe ciega en el progreso ni en el conformismo. Cada victoria contra el atraso o la injusticia puede traer consigo el peligro de la barbarie. Y cada derrota y tragedia en la historia puede servir para construir un mejor futuro.

La nueva normalidad que se ha anunciado puede ser una desgracia peor de la que teníamos antes, o sentar la posibilidad de un cambio para construir algo nuevo. O una mezcla de ambas cosas. En cualquier caso, siguiendo a Benjamin, tenemos que estar preparados. No podemos perder la fe en un futuro mejor pero tampoco descuidar nuestro presente, pensando que la destrucción que llevemos a cabo hoy podrá ser reparada mañana.



La película de Buñuel ha sido tan influyente que hace pocos años, en 2016, un joven y talentoso compositor inglés, Thomas Adès, estrenó una ópera en el Festival de Salzburgo con el mismo nombre y basada en el guión original del filme. La obra tuvo amplio reconocimiento por su valor musical y fue ejecutada después en Inglaterra y Nueva York en las mejores salas de concierto. En una de las entrevistas que concedió, al compositor le preguntaron sobre su interpretación de la trama buñuelesca y la razón por la cual los protagonistas no podían salir de la casa. Adès definió al ángel destructor como “una ausencia de voluntad, de propósito” y dijo: “La sensación de que la puerta está abierta pero no la atravesamos está con nosotros todo el tiempo”. Esa inacción, agregó, puede provocar el “colapso de la sociedad”.

Ahora que salgamos del confinamiento, puede ser una idea rescatable en un momento histórico tan siniestro (como ya se dieron cuenta en Estados Unidos).

saulescobar.blogspot.com

Mundo Nuestro. El siguiente es el pronunciamiento suscrito por más de cincuenta organizaciones de la sociedad civil en el que se exige al gobierno del estado de Puebla transparencia en el uso de los recursos que se aplican en la entidad para enfrentar la pandemia:



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