Poder y Política

Día con día

Javier Duarte, el ex gobernador priista de Veracruz aprehendido el Viernes Santo, es un escándalo esférico: como gobernador en funciones, como gobernador prófugo, como gobernador preso.



La opinión pública mexicana aborrece su caso al revés y al derecho. Mientras estuvo prófugo, por la complicidad política que lo había dejado escapar. Ahora que ha sido detenido, porque su captura le viene como anillo al dedo al reto electoral del gobierno, urgido de bonos en su batalla por el Estado de México.

Muchos lamentan el daño que Duarte y otros gobernadores le hacen a la imagen del país. Sin duda es un gran daño, pero, puestos a pagar por el desarreglo de los gobiernos locales mexicanos, es preferible el escándalo de gobernadores presos que el de gobernadores prófugos.


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Los gobernadores presos son una raya de contención de la impunidad. Los prófugos, son la impunidad buscando refugio. Los gobernadores presos son también una advertencia para gobernadores en funciones.

El escándalo es lamentable pero no su mensaje. Dice a todos los javieres duarte del país, que la tolerancia pública para sus prácticas va en picada, y ellos con ella.

Javier Duarte es un caso extremo de excesos rutinarios en un paisaje de gobiernos locales cuyos usos y costumbres no se distinguen mayor cosa de los que Duarte llevó al delirio.

La fuente común de esos excesos, muchos de ellos legales, es la autonomía y la discrecionalidad con que los gobiernos de los estados ejercen sus finanzas públicas, es decir, por su mayor parte: los fondos que por distintos conceptos reciben de la federación.

Estos gobernantes necesitan sólo la aprobación de sus congresos locales para desviar fondos federales, sobreendeudarse, financiar ilícitamente campañas electorales, enriquecer a sus clientelas y a sí mismos con todo tipo de contratos, concesiones, obras fantasmas, burdas sobrefacturaciones o refinadas ingenierías financieras.

Duarte es sólo la punta del iceberg de una institucionalidad torcida que produce duartes. Es un monstruo estándar que estaba antes y seguirá después: una anomalía que se sale de su molde sólo porque su torpeza inaudita atrae sobre él los reflectores de la justicia.

La baja gobernabilidad que caracteriza el momento mexicano puede describirse bien con un criterio del muy conservador y muy inteligente politólogo Samuel Huntington, para el cual, el rasgo definitorio de un orden político no es el tipo de gobierno, sino el grado de gobierno.

No importa tanto si el régimen es una democracia o una dictadura, un régimen parlamentario o uno presidencial. Lo importante, dice Huntington es el grado en que ese régimen gobierna efectivamente, consigue sus objetivos, aplica sus políticas, mantiene el orden, suscita la adhesión o al menos la obediencia de sus ciudadanos.



A mayor grado de gobierno, mayor gobernabilidad. A menor grado de gobierno menor gobernabilidad. Cero grado de gobierno es la anarquía pura. Cien grados de gobierno es la dictadura total. Las realidad no produce nunca estos extremos.

Lo que se encogió en México con la transición a la democracia fue el grado de gobierno. El poder se descentralizó, se fragmentó se hizo menos hegemónico, más democrático, más compartido y también más ineficaz.


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Los espacios de la vida pública que han sufrido más, en la realidad y en la percepción, son familiares para todos los mexicanos.

Ha sufrido la calidad de los gobiernos, cada vez más ineficaces y menos controlables, paradoja propiamente mexicana en donde la democracia no viene acompañada de la competencia entre poderes sino de la complicidad y los pactos entre ellos.

Ha sufrido el orden de la inseguridad y de la violencia, que eran ostensiblemente menores en el viejo régimen.

Ha sufrido un alza inverosímil la vieja enfermedad mexicana de la corrupción, extendiéndose como una telaraña por todos los espacios democratizados del poder.

Ha crecido proporcionalmente la cultura de la ilegalidad y de la trampa, al punto de la conducta de los actores públicos centrales se

Ha crecido, junto con todo esto, la falta de claridad sobre el lugar a donde México se dirige o debe dirigirse. Tenemos una crisis de futuro o al menos una disputa sorda, poco transparente, sobre él.

Ha crecido, por último, la desconfianza mayoritaria en que alguien brotado de nuestra democracia ,pueda corregir el rumbo, mejor dicho: aclararlo, trazarlo y hacerlo realidad.

Vida y milagros

Después de 3 años, dos meses y siete días, el Congreso de Puebla decidió inhabilitar y multar al ex alcalde panista Eduardo Rivera Pérez por observaciones a la cuenta pública de 2013 cercanas a los 400 millones de pesos. No quiere decir que falten 400 millones, sino que el monto "observado" originalmente fue de esa cifra. Podrían haber observado mil, dos mil o las estrellas. Observaron justo el monto necesario para sacarlo de la vida política 12 años.

No está mal que un congreso local decida revisar con lupa las cuentas de una administración municipal. Deberían hacerlo con todas. No está mal que exista la rendición de cuentas en otras instancias que no sean las internas de cada gobierno municipal o estatal, desde congresos neutrales y al servicio de la verdad contable y de la comunidad a la que sirven. No está mal que se sancionen los desvíos. Lo que está fatal es que dichas revisiones se utilicen desde hace muchos años como moneda de cambio y de presión para actores políticos incómodos para los poderes en turno y que se hagan sin respetar los tiempos que la razón y la ley indican.



¿Por qué el Congreso aprobó el último año de Rafael Moreno Valle en menos de una hora y cuentas del municipio de Puebla de 2015 y 2016 de manera rápida y no pudieron aprobar o reprobar hasta ahora la cuenta del 2013 de Eduardo Rivera? ¿Era una cuenta tan particularmente complicada y enredada que por eso se tardaron 3 años, dos meses y siete días? Eduardo Rivera dice que directamente le dijeron que se desapareciera del mapa político o se atuviera a las consecuencias con respecto a sus cuentas. Muy edificante. Para nadie en nuestro estado es un secreto que Eduardo y Rafael Moreno Valle chocaron muy temprano desde que ambos llegaron a sus cargos. Por eso aquí el punto importante es si lo observado tiene fundamentos matemáticos y contables duros y no solo motivos políticos. Desde lejanos tiempos los científicos saben que las matemáticas son idénticas aquí y en China. Los chinos y los rusos, los gringos y los mexicanos aprendemos que dos y dos son cuatro. No hay ideologías que cambien esa suma. Pitágoras y los mayas, los egipcios y los romanos, todos trabajaron con reglas idénticas. En la guerra fría, los rusos y los gringos tenían ideologías opuestas, pero usaron las mismas reglas matemáticas para tratar de llegar a la luna.

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Una sanción del tamaño de lo acordado el viernes pasado sólo debe basarse en reglas y argumentos matemáticos y contables. Y aquí lo que sorprende son las formas y el discurso de quienes reprobaron la cuenta. Suponiendo sin conceder que las observaciones ameritaran la inhabilitación de Eduardo Rivera por 12 años para ejercer un cargo público y una multa de 25.5 millones de pesos, las actuaciones de dos diputados claves en el caso apuntan para otro lado. Cualquier lector imparcial con un mínimo de lógica en la cabeza se da cuenta de que las matemáticas no fueron el factor decisivo de la sanción .Basta leer las declaraciones de Silvia Tanús Osorio, coordinadora de los priístas en el congreso poblano o las del Presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso, el panista Jorge Aguilar para darse cuenta de esto.

A la hora de hacer cuentas uno no puede decir que por ser priísta va a tener que aceptar que dos y dos son 19, o si se es panista, que dos y dos son 300, más doce de la inhabilitación nos dan 25.5 millones excepto si se rigen por las reglas matemáticas partidistas.

"No quedamos en rículo", dijo la priista Silvia Tanús.

El jueves, Jorge Estefan Chidiac del PRI dijo que irían en contra de la inhabilitación de Rivera porque era una persecución política que no iban a avalar. Para el viernes los diputados cambiaron de opinión y votaron unánimemente a favor; la diputada Tanús declaró lo siguiente en entrevista para e-consulta: "que su partido cambió de postura respecto al caso de Rivera Pérez pues los diputados locales de esta fracción llegaron a la conclusión de que no debían respaldar a un ex edil de extracción panista. No podemos defender como priístas a un panista. El señor no está manco y ya impugnó". ¡Dios mío de mi vida! ¿No se trataba de verificar números y cuentas y en caso de no estar bien y en orden, proceder a sancionar? ¿ De jueves a viernes hubo cambios sustanciales en una cuenta que llevaba en revisión tres años, dos meses y siete días? Las matemáticas se fueron al demonio y privó la lógica partidista.

Aguilar Chedraui, el hacedor de cuentas...

En las declaraciones que encuentro de Aguilar Chedrahui con respecto a las cuentas en diferentes notas periodísticas, él señala que al final se hicieron observaciones sobre 300 millones de pesos, de los cuales encontraron un daño patrimonial de seis millones por unas obras que no reunieron el espesor suficiente en carpetas asfálticas, o sea, por enflaquecer el pavimento, y otros seis de los que no he encontrado explicación. La multa impuesta es por lo que se encontró de daño patrimonial y otro tanto de castigo. Por la forma en que se manejaron las notas en los últimos meses, todo parecía indicar que el desvío era de 400 millones, pero no, esa cifra era únicamente la que revisaban ; de esa se bajó a 300 millones y de esa sacaron la conclusión de un desvío de 12 millones 898 mil 508 pesos. La exactitud de los ocho pesos nos demuestra el celo con el que se documentó hasta el último peso del desfalco. Los ocho pesos me dejan un montón de dudas. ¿Cómo llegaron hasta los ocho pesos? ¿Hay algún funcionario implicado en el desvío de los 12 millones o son directa y únicamente imputables al alcalde? ¿Él directamente cargó con los bultos de cemento y arena que enflacaron el pavimento o tienen algún otro sospechoso que quedará impune? Y no es que doce millones no sean muchos, ¿pero por qué arrancaron en 400 para morir en doce? Todo es muy raro, que diría Gil Gamés.

La diputada del PRD, Socorro Quezada Tiempo, identificada con el grupo de Miguel Barbosa y una de los tres diputados que votaron en contra, declaró que era lamentable que el legislativo poblano actuara por consigna para allanar el camino al proyecto político morenovallista hacia el 2018, en referencia a que Eduardo Rivera es un obstáculo para dicho proyecto pues tiene una buena imagen en Puebla. Las razones políticas que esgrime suenan a verdad, pero sería muy interesante que nos explicara los números hasta llegar a la exactitud de los ocho pesos y el porqué de los argumentos contables para haber votado en contra. Seguramente los tiene y sería de gran utilidad que los mencionara. Las razones políticas son múltiples, las reglas matemáticas son solo unas. Las matemáticas no fallan, y aquí las matemáticas son lo último que nos explican para entender si la votación del viernes fue justa o no. Al final es lo único que debiera importarnos.

La explicación contable de Pablo Montiel, único panista que votó en contra y la del diputado Julián Peña, diputado independiente, también debieran comunicarse puntualmente. Pablo Montiel sí señaló algo interesante: revisaron recursos que no le correspondía al congreso revisar pues una parte es de origen federal, estaban ya revisados y por lo tanto fuera de las competencias de la Auditoría Superior del Estado. Las diputadas del Verde Ecologista y del PT se abstuvieron. Ojalá explicaran sus motivos contables o dijeran si de plano no tuvieron tiempo para estudiar las cuentas.

Solo como dato raro o curiosos cuento lo siguiente: El primer alcalde de alternancia en el municipio de Puebla, Gabriel Hinojosa Rivero, invitado por el PAN a competir contra las huestes de Manuel Bartlett cuando era gobernador poblano por el PRI y y el PAN daba por perdido una vez más el municipio, no solo ganó inesperadamente y por sus méritos la presidencia municipal, sino que acabó distanciado de los panistas, entre otras cosas porque solían jalar más con Bartlett que con Hinojosa Rivero a la hora de gobernar. Luis Paredes, segundo alcalde de auténtica cepa panista fue expulsado al terminar su gobierno por el PAN que entonces presidía Eduardo Rivera. Recuperó mediante un juicio sus derechos partidistas y echó abajo la inhabilitación que le propinara un congreso mayoritariamente priísta en la administración de Melquiades Morales. Eduardo Rivera, militante del PAN desde los 18 años, ha sido inhabilitado por sus compañeros de partido con una abrumadora mayoría en el Congreso. Los enemigos más peligrosos sí suelen ser los correligionarios.

Hace siete años en Puebla los votantes elegimos una alternancia que no iba centrada en el proyecto de una persona, sino en el valor y el valer de los contrapesos al poder ejecutivo. Lejos estamos aún de lograr esos contrapesos tan sanos. Eduardo Rivera ha elegido el camino judicial y el juicio de amparo para dirimir el controvertido fallo del viernes 7 de Abril de 2017. La única manera de fortalecer a las instituciones es usándolas. Esperamos que el ábaco de los jueces del poder judicial federal sea universal.

La miseria de la política de Puebla en algunas frases.

La última me estremece. Es la de un padre que ve que se le muere un hijo a sus nueve añitos de leucemia. Y se siente traicionado por un político.

“Moreno Valle es una basura”, me dijo.



Hay frases, entonces, que se pegan a la pluma.

Las recuerdo luego de la noticia que da cuenta de que la mayoría de diputados de Moreno Valle en el congreso estatal inhabilitará este viernes al ex presidente municipal Eduardo Rivera. Siete años llevan estos diputados de turno, esta mezcla nada extraña de prianismo con el que el ex gobernador sometió a los partidos políticos locales para, como no lo habíamos visto nunca –casi diría que ni con Maximino— ponerlos a su servicio.

La primera, la encuentro en un mensaje en el teléfono, y expresa la desazón que deja la vileza del Congreso que trabaja para las furias de MV: “Los morenovallistas a Mario Marín lo dejaron ir sin tocarle un pelo, sin quitarle un peso y sin una sola sanción.”

Y sí, por ahí andará muy campante el último de los gobernadores priistas, muy metido en la construcción de rascacielos y mirando muy entretenido el desastre de lo que queda de su partido en Puebla.

La segunda me la dice un campesino de Jolalpan justo en la fachada del Congreso en la 5 Poniente, y tras más de treinta días de plantón para exigir la destitución del presidente municipal al que acusan de corrupción: “Lo que más enoja es el desprecio, la indiferencia, para estos diputados no existimos…”


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Y ahí siguen, día y noche, con la calle cerrada, pero ahora con la amenaza de que se crucificarán ahí mismo la semana próxima para estar a tono con la temporada.

La tercera es la que se pega a la pluma, y forma parte de una conversación que este mediodía de jueves sostengo con un campesino de las faldas del Citlaltépetl, convertido a sus 62 años en viene viene del Mega en Angelópolis. Me ha llamado la atención la desolación de un edificio abandonado en un extremo del estacionamiento que hace muy poco albergaba un restaurante italiano.

"Uh, ese quebró hace semanas", me dice el hombre. ¿Y eso?, se veía bien ubicado. Su respuesta es el arranque de la plática entre un periodista curioso de las desgracias mercantiles y un hombre que todavía mantiene su cultivo de maíz en la región de Serdán, a pesar de sus más de cuarenta años de vivir en la ciudad de Puebla, y que ve pasar la mañana entre silbatazos y monedas escurridas de las manos de los marchantes que salen de la plaza.

"Les cobraban cien mil pesos mensuales de renta."

Cien mil pesos. Hace sus cuentas, no son más de cuatrocientos metros cuadrados, y mire qué inversión hicieron, imposible pagar eso, ni que llenaran el restaurante todo el tiempo. Cien mil pesos la renta de la tierra que alguna vez fue campesina, la que expropió el gobierno a 4 pesos, a 7, a no más de 21. "Fue ese Piña Olaya, pero luego el Bartlett, y el otro, Melquiades... ¿A dónde quedó el campesino en esta tierra?"

"¿Pero usté cree que a nosotros también nos cobran?"

Veinte pesos al día tienen que pagar a un tipo que regentea la operación viene viene y que se entiende con "el dueño del edificio", me dice, porque la Mega también paga renta a quien los cuida coches identifican como "un gringo".

“Millones, señor”, me dice.

Lo escucho y confirmo que es un viene viene muy enterado. Me cuenta de él: “Venimos a estudiar a la UAP mis hermanos y yo, ellos sí se hicieron licenciados, yo no, no estuve firme, no terminé Derecho. Me casé ya grande, así que todavía veo por la escuela de mis hijos, ai están en la uap, y ai la llevan. Tuve otro hijo en medio, pero ese, señor, se me murió. De leucemia. Cuatro años peleó la vida, al quinto se fue, aunque lo intentamos todo, ahí en el hospital La Paz. Mis hermanos profesionistas dijeron 'por el niño veremos todos', pero no se pudo. Y vendimos todo. Por eso me da coraje, señor, fui con los diputados, del pri, del prd, me mandaban de una oficina a otra. Hasta que caí con ese Moreno Valle, era senador, me dijeron, y fui a pedirle ayuda. Dijo, 'no puedo ayudarte'. Está bien, le dije, no puede, pero al menos ayúdeme con un poco de dinero, no más pa llevarles hoy de comer a mis hijos, mire que ya perdimos todo con la enfermedad del niño."

Cuánto debe costar para un hombre pedir ayuda para dar de comer a sus hijos.

Entonces vino la frase:

"Me enojé, señor, mi niño se estaba muriendo, y ese Moreno valle ahí, diciendo, no puedo ayudarte. Me enojé señor, y le dije, 'eres una basura, todos ustedes del gobierno son una basura'.”

Lo dejé ahí, con los rayones al aire de su silbato. Con la memoria de su niño muerto. Y tan lejos de la miseria de la política.

La instalación no se llevó muchos minutos. Sobre la banqueta de la 16 de Septiembre, contra el enrejado de Catedral. El retrato de Miroslava, los carteles con el nombre y la fotografía de algunos de los periodistas asesinados en los últimos tiempos en México, las veladoras y el tapete en blanco con la lista larga de los 81 reporteros muertos desde el año 2012. Lo hizo Rosa Borrás, la mujer de los bordados hermosos y solidarios. "No fui más lejos en el tiempo, pero mira esa lista larga..."

La miro. Contiene el horror de México.

Contemplo a las jóvenes reporteras que han promovido este homenaje. Velada, le han llamado. Y sí, ahí están las veladoras y el ánimo de alumbrar la catedral. Y ahi están ellas, han cantado el himno nacional. Sonríen, a pesar de todo.



Creo que en el evento soy el reportero más viejo. Por ai veo a Francisco Sánchez Nolasco, de mi época, pero más joven.

A golpe de pluma, luchar por rescatar la patria nuestra.

Finalmente el gobierno estatal sacó a Simitrio de la cárcel, aunque todavía sin torcer el brazo, pues recurrió a la figura de "prisión domiciliaria" por motivos de salud.

Es sin duda una acción de desmarque de Tony Gali de su antecesor Moreno Valle. Son los mismos funcionarios y jueces los actores de su encarcelamiento injusto en diciembre de 2014 quienes lo mandan a su casa en este fin de marzo del 2017. ¿Valieron las dos lunes últimos de plantón a las puertas de Palacio Nacional en la ciudad de México? Supongo que sí. A ningún mandón de aldea le gusta que le expongan los trapitos sucios en la capital.



Pero como sea, es una acción de desmarque la que ha hecho Toni Gali, como lo son también los dos temas más relevantes de las últimas semanas y que identifican el fracaso criminal del anterior gobierno: la proliferación de las bandas huachicoleras en el centro de este estado campesino y la catástrofe ambiental y de salud pública que corre con las aguas del río Atoyac. Presos políticos, involucramiento con el crimen organizado y responsabilidad en la quiebra ambiental en Puebla. Vaya legado del que Gali tiene que desmarcarse.


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Huachicol: la solución militar que no buscó Moreno Valle con sus policías involucrados con las mafias de chupaductos en la región de Tepeaca-Tecamachalco.

Inversión de 5 mil millones de pesos en 18 meses para el saneamiento de la cuenca del Alto Atoyac, el anuncio que marca el desmarque ambiental de Gali con Moreno Valle.

Por lo pronto, ahí está el excarcelamiento de Rubén Sarabia.

En esta fotografía, tomada el día de ayer en el hospital, el veterano dirigente está acompañado de sus abogados, a la derecha Samuel Porras y a la izquierda Tonatiuh Sarabia.


Más de dos años de reclusión por probados motivos políticos. Simitrio y la 28 de Octubre expresan una realidad histórica: la de una ciudad que ha resuelto mal el proceso estructural de abasto de alimentos y el acceso que a ellos tiene una mayoría de ciudadanos de bajos recursos en Puebla. La independencia política de esta organización ha ido de la mano de este proceso y mucho se explica por la trayectoria personal de Simitrio. Cuidado que nos hace falta memoria histórica. No basta la señal del excarcelamiento. El interrogante sobre la política social y económica para un estado mal gobernado por décadas es la que está sobre la mesa.

Vida y milagros

¿Qué es un ciudadano? De acuerdo al diccionario de la lengua española, es una persona considerada como miembro activo de un estado, habitante de ciudades o estados modernos, sujetos y titulares de derechos políticos y cívicos, y sometido a sus leyes. No menciona que también estarían sujetos a obligaciones. No concibo los derechos sin ellos, excepto si se es menor de edad. Oigo a las personas exigir sus derechos, pero rara vez oigo a alguien dispuesto a asumir y pedir más obligaciones.



Entre nuestros innumerables derechos tenemos el derecho a votar, pero no la obligación de hacerlo; no hay sanciones por desatender ese derecho. Como país nos cuesta un montón generar la credencial de elector de los ciudadanos, pero esa credencial es más un documento de identificación que una herramienta para ejercer los derechos políticos. La elaboración y distribución de las credenciales del Instituto Nacional Electoral, INE, y su operación a nivel federal y estatal es muy cara, incluido el dineral que se da a los partidos para su manutención, caso único en el mundo que ya no se justifica y es, además, un abuso descomunal. Aunque usted no simpatice con ningún partido, coopera para mantenerlos a todos. Y ese complicado entramado se reduce a una credencial que sirve mayoritariamente para identificarnos en cosas que nada tienen que ver con nuestros derechos políticos. Para la vida cotidiana es un carnet de identidad, pero no era ese su papel y se usa poquísimo para reafirmar nuestros derechos y obligaciones políticas. Y es que así lo han querido los partidos. No han querido darle más juego y valor a la credencial de elector. En México no hay referéndum, ni plebiscitos, ni segundas y necesarias vueltas electorales para procesos electorales con resultados apretados. En otros países con menos parafernalia y gasto electoral, los ciudadanos ejercen muchos más acciones. Otro gallo nos cantara como país si en 2006 hubiera existido la segunda vuelta que díscolamente los partidos calculadores, mayoritariamente el PRI de Beatriz Paredes, se negaron a dejar pasar desde la época del grupo San Ángel, un grupo plural que desde 1994 proponía la segunda vuelta en elecciones presidenciales si no se obtenía un porcentaje mínimo que garantizara la gobernabilidad. Su tonto y egoísta argumento fue que con eso les alcanzaba. Y lo peor es que así siguen pensando. De haber hecho la reforma, la diferencia del 0.5 % en la elección del 2006 entre Andrés Manuel y Calderón hubiera obligado a una segunda vuelta que hubiera dirimido la pesada loza de la discordia descalificadora hacia el entonces IFE, hoy INE, que hasta la fecha arrastramos y tiene a nuestra democracia contra las cuerdas. Y para allá vamos de nuevo. Todo indica que las segundas vueltas son necesarias para no enconar al país. Es muy difícil gobernar con un tercio de los votos, que es lo que han arañado los ganadores en las dos últimas elecciones. Y qué caro lo hemos pagado.

¿A quién favorece la fragmentación? Porque fragmentación es el juego de los partidos y el de las estatuas de marfil es el que les dejan a los ciudadanos, reducidos a mirar cómo se desprestigian, se matan, se insultan y al final negocian entre sí los políticos cuando los resultados son apretados y las votaciones escasas. La fragmentación da dividendos a los partidos, si no, ya la hubieran acotado. Nuestra credencial de elector se queda para ser usada como elemento de identificación mientras los chicos rudos juegan sin límites a la lucha libre política para quedarse con sus parcelitas y parcelotas. Como ciudadanos tenemos muy poco poder para acotarlos entre una y otra elección. No tenemos otras opciones ni oportunidades de incidir de una manera más eficaz y contundente en la vida política del país, aunque queramos hacerlo. Nuestra credencial nos da derecho a ser solo unos pobres ciudadanos, bombardeados por la propaganda de los partidos que mantenemos durante todos los días de nuestras vidas a cambio de salir a votar cada tres o seis años. Los partidos no quieren ponerse de acuerdo para darle más poder a nuestra credencial de elector. Todos los partidos fuertes, PRI, PAN y ahora MORENA, y por otro ratito el PRD, le apuestan hoy a ganar, conservar o negociar el poder con un mugre tercio o con los porcentajes remanentes sin querer tomar el riesgo de ir cara cara a una segunda vuelta entre los dos primeros lugares para definir una votación que le daría al ganador la fortaleza necesaria y mínima para gobernar.


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La verdad es que se niegan a darles ese poder a los ciudadanos. Aún quieren controlarlo todo con sus cálculos y su tenebra. Tienen miedo de darle más valor a nuestra credencial de elector, tienen pánico de darnos más derechos y obligaciones porque saben que sí los vamos a ejercer y a ellos se les disminuiría su capacidad de maniobra. Los ciudadanos seguimos teniendo solo un boleto para lo que parece rifa. Solo tenemos un voto cada seis años para formar el gobierno de la república. Uno solo. Y después seis años de silencio, solo mirando cómo se desbaratan entre sí y desgobiernan al país. Sin referéndum. Sin plebiscito. Sin segunda vuelta para que nuestro voto pese más, sin poder exigirle al INE que saque de la contienda a los candidatos cuyos partidos hacen trampas.

La actual ley electoral, a pesar de las amargas experiencias de 2006 y 2012 sigue sacando al ciudadano común de las decisiones que importan. Cero poder. Todo es pasillo palaciego entre los saltimbanquis que cambian de bando por conveniencias disfrazadas de causas y razones que suenan increíbles.

A mi estado me remito para argumentar la necesidad de otras reformas políticas, como por ejemplo reducir el número de diputados y senadores. Puebla tiene hoy cinco senadores titulares. Sí, CINCO. Las dos de la formula priísta ganadora en 2012, Blanca Alcalá y Lucero Saldaña, o sea, hay dos primeros lugares; luego el de la primera minoría, el panista, Javier Lozano Alarcón, hoy de licencia porque se vino a Puebla a ver y ser visto porque quiere ser candidato a gobernador el año próximo. Y luego los obsoletos plurinominales. Aquí tenemos a dos, Miguel Barbosa que llegó de plurinominal por el PRD, al que ya abandonó formalmente para ir a apoyar a Delfina Gómez de MORENA en la campaña del Estado de México. Quinto senador, Manuel Bartlett, ex-gobernador de Puebla por el PRI, plurinominal en primer lugar por el PT, hoy en la bancada fáctica de MORENA en el SENADO. Curiosamente los cinco senadores poblanos son o fueron del PRI. Sobran partidos para que los sabios puedan cambiar de opinión y de bancada.

¿Por qué no le dan más juego a nuestras credenciales de elector? Que nos pregunten a los mexicanos si queremos y necesitamos tantos diputados y senadores si ellos mismos se consideran a sí mismos prescindibles. Que nos pregunten si deben abolirse los plurinominales. Que nos pregunten si queremos que existan diez o más partidos que tenemos que mantener. Que nos pregunten si debe expulsarse a los candidatos que hacen trampas, que nos pregunten muchas cosas para poder usar nuestra credencial de una manera más apegada al espíritu de participación que la hizo posible. Que nos dejen usarla para otorgar un mandato contundente, para revocarlo, o para derogar o impedir una mala ley.

Día con día



Respondí para Alexander Goerlach, corresponsal del diario alemán Die Zeit, un puñado de preguntas inteligentes que respondo también para nosotros:

P. ¿Qué tan bueno es el gobierno mexicano actual para negociar con el gobierno de Estados Unidos

R. Está improvisando, como todos. No hay experiencia de relaciones tan difíciles con Estados Unidos desde las diferencias por la política centroamericana con Reagan en los años 80 del siglo pasado. Y los que recuerdan aquel conflicto, encuentran mucho más agresiva, directa, y ruda la hostilidad de Trump.


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P. ¿Esta es una tendencia o es sólo que el gobierno negocia mal?

  1. Las dos cosas. Creo que nuestro gobierno no tiene densidad diplomática para el reto, y además, el reto es nuevo, se negocia mal.

Después de pactar el Nafta, México olvidó hacer política en Estados Unidos. Los intereses estratégicos de México en su relación con EU merecerían un lobby de intensidad semejante al israelí.

Trump nos recuerda esa omisión. En muchos sentidos tiene a México contra la pared: sin defensa ni aliados dentro de Estados Unidos, y con un gobierno mexicano de baja aprobación interna. El gobierno mexicano es débil allá y acá.

P. El año entrante habrá elecciones en México.- Qué espera de las campañas. Será parte del programa de los candidatos la relación con Estados Unidos, en especial la retórica de Donald Trump.

R. La relación con Estados Unidos será parte fundamental del debate en la campaña presidencial mexicana. Pero ningún candidato parece estar preparado para eso.

La relación con Estados Unidos, a partir de la vigencia de Nafta, la colaboración en seguridad y migración, se daba descontada. Ahora hay que repensarlo todo.

Ni los partidos ni los candidatos en México tienen una mirada global. No tienen siquiera una visión compleja de la relación con Norteamérica.

Aún así, Trump es una realidad tan amenazante que la vecindad con Estados Unidos será un eje de las campañas, junto con los temas de corrupción, inseguridad y crecimiento económico. También vamos a improvisar en esto.

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