Poder y Política

Esta solicitud al INE debe replantearse: la exigencia debe ser al Congreso de la Unión: elecciones de excepción en México, que el INE tenga sus recursos para organizar la eleccion y que los recursos para los partidos se destinen para las víctimas de los terremotos de este septiembre del 2017.

Debe INE donar los casi 7,000 millones de partidos a víctimas del Sismo de 7/09 y 19/09

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Que el INE Instituto Nacional Electoral done los casi 7,000 millones de pesos destinados a los partidos políticos en México a los damnificados de la tragedia del sismo del 7 y 19 de Septiembre de 2017 en Ciudad de México, Tlaxcala,Puebla , Morelos y también a Oaxaca y Chiapas. Muchas personas, familias, niños, niñas, han quedado en condiciones críticas, es decir, sin refugio, sin comida, sin agua, sin ropa, lesionadas y otras han fallecido y dejado desamparados a sus familias , necesitan mucha ayuda económica. No es justo destinar tanto dinero a los partidos políticos si miles de mexicanos sufren ante esta enorme tragedia.

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Mundo Nuestro. En este texto --que tomamos del portal Todo Puebla, que lo publicó en septiembre del 2012--, Gabriel Hinojosa rememora un hecho histórico en la política poblana: el primer el Grito de Independencia dado por un alcalde no priista. Fue el 15 de septiembre de 1998. Esta es la crónica escrita por el actor principal de esa jornada.

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¡Viva México fuerte con municipio libre!
No los quiero marear con una historia muy larga, pero algunos antecedentes pueden ayudar a entender mejor la gran simbología que para mí tuvo ese grito desde el balcón principal del hermoso Palacio Municipal de Puebla, aquel 15 de septiembre de 1998.

El domingo 12 de noviembre de 1995 día de las elecciones, mientras estuvieron abiertas las casillas, salí de mi casa solo para votar para no arriesgarme a que me pusieran alguna trampa y con ella tener pretextos de escándalos o pleitos electorales, era el muy esperado fin de una campaña electoral agotadora, las cosas ya estaban ahora en manos de otros que cuidarían la elección. Me tocó ser el candidato del PAN a la alcaldía de la capital, aunque no era panista ni nunca busqué ser candidato. Estoy seguro que me ofrecieron el puesto los altos directivos del PAN porque pensaron que con Bartlett de gobernador sería imposible ganar y yo resultaba un buen perfil para abrir camino, sobre todo porque mis padres fueron de los fundadores del PAN en Puebla y yo tenía cierta imagen de activismo social en el “Foro de Cambio Empresarial” que se oponía al virtual exterminio de muchas empresas en México como consecuencia del Tratado de Libre Comercio firmado durante la presidencia de Carlos Salinas. También cobré cierta notoriedad por haber estado con 60 familiares en San Cristóbal de las Casas en la cena de Año Nuevo precisamente en el zócalo cuando estalla la Rebelión Zapatista en el primer minuto del 1 de enero de 1994, quedamos atrapados en la ciudad de la que no se permitió salida ni acceso por varios días y fuimos testigos vivos de ese episodio y al regresar a Puebla inmediatamente trabajamos en una campaña de banderas blancas para pedir al presidente el cese unilateral al fuego de parte del ejército, pero bueno, ésa es otra historia interesante. Puedo decir un poco en broma y un poco en serio, que llegué a ser candidato del PAN “como el burro que tocó la flauta” aunque espero que ustedes no lo repitan porque se oye feo. Me la ofrecieron y me aventé sin entender cabalmente a dónde me metía, pero eso sí, dispuesto a hacer un buen esfuerzo.

A pesar de que nuestras encuestas nos ponían arriba ese 12 de noviembre, esperábamos un fraude electoral como el que ya había sucedido antes con Ricardo Villa Escalera, quien ganó la elección en 1983 y se la robaron, al igual que otras antes y después, no sería yo el primero, pensé, en tener mayoría de votos ni el primero al que se la robarían. Durante la campaña algún amigo me pidió que hiciera un alto para desarrollar un plan de gobierno y recuerdo haber contestado, “No perdamos tiempo y energía en eso si nunca nos dejarán ganar, concentremos todas las baterías en conseguir votos y después ya veremos”. El caso es que a las 11:00 p.m. de ese día al estar recibiendo y agradeciendo a todos los que cuidaron casillas, una cosa se puso en evidencia: el presidente Zedillo había intervenido para evitar el robo burdo de la elección que ya estaba preparado y los resultados de las actas nos daban el triunfo por un amplio margen. Estoy seguro de que me puse blanco y con cara de susto, tomé conciencia de que sería el alcalde y no estaba preparado, la vida nos da sorpresas.

Unos días después y asimilado este triunfo, me dediqué en cuerpo y alma a configurar, con ayuda de muchas personas capaces y generosas, un plan de gobierno. Mi mente estructurada me dijo entonces, como me dice ahora, que toda organización y planes exitosos parten de tener claros los valores fundamentales. Muy fácil dije yo, tomaremos los mejores valores del PAN y seleccioné entre otros: democracia; honestidad, preferencia por los pobres y uno que había sido bandera panista por mucho tiempo y con el que me identifiqué de inmediato, el Municipalismo, que es el que les pido tener en mente para comprender mejor la historia.



Un par de semanas después de la elección busqué una cita con el gobernador Bartlett para tener un primer acercamiento, finalmente me la da y le expreso mi disposición a trabajar juntos y llevar buena relación para el bien de la sociedad, él me contesta con una sinceridad pasmosa que refleja su estado de ánimo ante la pérdida de la capital del estado, “Mira Gabriel, déjame irme de vacaciones a Paris a lamer mis heridas, cuando regrese hablamos”. En eso quedó mi primer intento de establecer una buena relación, habría otros, todos fallidos por una u otra razón y no estoy exento de responsabilidad sobre eso.

El caso es que tomo posesión el 15 de febrero de 1996 y empezamos a hacer lo mejor posible, no hay dinero y la prensa en general nos golpea a diario y por todo, mentira o verdad, ni qué decir de muchos priistas en el gobierno que nunca expuestos a la alternancia, hacían esfuerzos para obstruirnos, algunas veces, me consta, ni siquiera por órdenes del gobernador y solo por creerlo su deber ante el PRI. Cuando me pasan a firmar los primeros oficios, observo que todos incluyen bajo mi firma la leyenda “Sufragio Efectivo, no reelección” que es una especie de mantra priista con el que estoy totalmente en desacuerdo en la parte de la “no reelección” la que me parece una fórmula para el fracaso. Para los priistas primeros era la garantía de que todos tendrían su turno y ningún generalote revolucionario se podría eternizar en el puesto. Pregunto a mis expertos si hay alguna ley que nos obligue a poner esa leyenda, me informan que no, inmediatamente ordeno firmar todo con la siguiente leyenda “México fuerte con municipios libres”. Ya se imaginarán el escándalo y berrinche de esos priistas y sus jilgueros. Para mí, fue el primer cañonazo certero en la batalla municipalista, bandera que levanté con vigor y convicción entonces y nunca he arriado hasta la fecha.

Llega agosto y las relaciones con el gobierno del estado seguían tensas a seis meses ya de que tomamos el gobierno, en eso empiezan a zumbar como abejas rumores y recados de personeros del PRI y del gobernador ¿Qué no van a turnar invitación al Sr. Gobernador para que venga a dar el grito al palacio municipal? Ajá… nunca pensé que le daban tanta importancia, además no estaba yo de humor, más bien dicho nada contento por decirlo suavemente, con el gobernador y sus huestes que hacían lo posible por hacernos colapsar y demostrar a la sociedad que, como dijo Bartlett días después de la elección “el pueblo se había equivocado al elegir a Hinojosa”. A pesar de la presión de mi equipo y asesores que aconsejaban turnar la invitación para mejorar relaciones, yo dije no, no lo invitaremos porque ésta es la sede del gobierno municipal, los gobernadores del pasado se equivocan en su convicción de que los alcaldes son uno más de sus empleados, eso es autoritario y sobre todo humillante para el municipio libre y autónomo. Además el gobernador Bartlett en su afán de tener un balcón que diera al zócalo, ya la había “comprado” al municipio en la anterior administración: el salón de protocolos en la esquina de la 2 Norte y entonces Av. Maximino Ávila Camacho, actualmente Av. Juan de Palafox –nosotros le cambiamos el nombre y ésa es otra buena historia- díganle que dé el grito en su balcón, mandé el informal recado.

No pues para qué quieren, la presión creció y yo como que no escuchaba nada fingiendo demencia. Finalmente, casi llegada la fecha, les digo “si el gobernador está interesado, que me reciba y vamos a negociar el asunto” Así sucedió, me recibe en su casa de gobierno y yo navegando con bandera municipalista le expreso que no veo la razón por la que él deba dar el grito en el Palacio Municipal, que tiene todo el estado y seguramente habrá varios alcaldes priistas que le pondrán a su disposición sus balcones, los dos con caras de jugador de póker, supongo que él mejor que yo, finalmente me hace el ofrecimiento de que en mi tercer año de gobierno, saldrá a dar al grito a otro municipio y yo podré dar el de Puebla, le acepto el trato y dejo claro que deberé estar en el balcón a su derecha en el momento del grito. Al día siguiente le hago llegar la invitación, naturalmente firmada y con la leyenda “México Fuerte con municipios libres”



(Bartlett dando el grito negociado en 1996, a su derecha su esposa Gloria Alvarez, luego yo y a mi derecha mi esposa Liz Brigham)



Ese primer grito en 1996 fue un evento de tregua al que invitamos a otros priistas al palacio, una convivencia austera después de la ceremonia pública con vinos mexicanos nada caros y tequila Jimador, que en ese entonces era bueno y barato, antojitos mexicanos y párenle de contar, era más la belleza de las mujeres que en esa fecha y lugar, deciden vestir con motivos, rebozos, aretes, trenzas y colores que son muy nuestros ¡qué bien se ven¡

(Despues del grito en el patio del palacio municipal con esposas y familia. Se rompia el hielo con un apretón de manos)

Al llegar el 15 de septiembre de 1998, Bartlett cumple su compromiso y se va a Zacapoxtla a dar su grito. Nosotros organizamos libremente el nuestro. Los gritos del quince en nuestra administración se ordenan para que la gente tenga más seguridad, mejores espacios, los ambulantes que anteriormente tomaban el zócalo por asalto con todo tipo de fritangas, son retirados a las calles cercanas y el cambio es muy bien aceptado por los asistentes. Creo que desde entonces hay mejor orden y el grito es más agradable, tanto en la calidad del espectáculo, como en su ambiente familiar. La lluvia casi no falla, pero eso no detiene a miles de personas para las que asistir al zócalo es una tradición importante.

(Momentos antes de dar el grito, recibiendo del ejército la bandera)

(A la derecha de Liz el comandante de la zona militar y Sra. esposa. A mi Izquierda Mario Riestra y Sra.)

Nuestro trabajo y compromiso por dignificar al municipio logró, con la ayuda de muchos otros alcaldes de todos los partidos, que se subieran notablemente los recursos a todos los municipios del país por la vía del llamado ramo 33. Eso derivaría en la tristemente célebre llamada “Ley Bartlett” que en el fondo sólo era una forma de evitar que esos recursos llegaran de la federación al municipio y pretendía que el gobierno del estado manejara ese dinero. Con otros 15 municipios interpusimos una controversia constitucional, que es el juicio para dirimir diferencias entre gobiernos y poderes, juicio que ganamos y es un notable triunfo municipalista y derrota para Bartlett. Al final Bartlett logra su objetivo porque impuso de mi sucesor al priista Mario Marín que era su Secretario de Gobernación, todas sus obstrucciones y ataques al gobierno que encabecé llevaban el objetivo de recuperar para el PRI la capital, pero bueno, ésa también es otra historia que habré de contar un día.

Debo confesar mi travesura; expuesto el simbolismo que tenía para mí dar el grito, confieso que mandé previamente comprar una bandera mexicana similar a la que en una vitrina con llave se tenía en el Salón de Cabildos, la hice substituir y con ella di el grito desde el balcón, posteriormente repuse la original en su lugar y me llevé la comprada por mí como recuerdo de esta batalla. No tomé bienes del municipio, no se violó ninguna ley, pero ahora ya saben dónde está esa bandera que vieron en el balcón ese día, no le vayan a decir a nadie. FIN

(El grito de 1997 no se incluye en la narración pero estas imágenes corresponden a esa fecha.

Saliendo del salón de Cabildos despues del grito)

(1997 bajando por la escalera del palacio para el brindis en el patio)

(1997 Ya a la luz de unos tequilas, las cosas se ven más claras)

Gabriel Hinojosa Rivero a 15 de septiembre de 2012 V1.2


El juez federal brasileño Sergio Moro (44) se ha hecho de fama mundial por su actuación en el caso que se conoce como Operación Lavo Jato, que está relacionado con hechos de corrupción en la empresa petrolera Petrobras, propiedad del gobierno de Brasil.

En marzo de 2014 se hace público que de esa paraestatal, a lo largo del gobierno del presidente Inácio Lula da Silva y del primer período de la presidenta Dilma Rousseff, se saquearon poco más de tres mil millones de dólares. En esa operación se involucraron cientos de políticos de todos los partidos, congresistas, gente del gobierno y también grandes empresarios.

Hace apenas tres años atrás, Brasil estaba sumido en la corrupción institucionalizada y la impunidad absoluta. Esa era la práctica común para obtener contratos en el gobierno. Y los funcionarios y empresarios gozaban de una total impunidad. Los poderosos, dice Moro, en una entrevista exclusiva concedida a Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), podían transar a sus anchas, sin riesgo de castigo.

El juez Moro ha realizado las investigaciones que han puesto a la luz la corrupción en Petrobras a partir de la 13 Sala Criminal Federal en la ciudad de Curitiba. Hasta ahora producto de la misma se han apresado a 160 involucrados y hay órdenes de captura contra otros 500.

En versión de Moro “el enfrentamiento de la corrupción, inequívocamente, depende de agentes de la ley que puedan actuar de manera independiente y eficaz” y dice que “lo importante para un sistema nacional anticorrupción es garantizar la independencia de estos agentes, sean policías, fiscales o jueces y condiciones efectivas para que ellos puedan realizar su trabajo, como presupuesto y número de personal suficiente”.

En la entrevista plantea que lo primero para las personas que vive “en un país dominado por la corrupción es no perder la esperanza. No se deben perder las esperanzas y creer que la corrupción es un estado natural, que es algo inevitable, que no puede ser enfrentado. Con las acciones, las instituciones pueden reaccionar. Estos esquemas de corrupción no son una enfermedad natural”.

Y añade que “la corrupción siempre va a existir. Pero lo importante es que la impunidad no sea más la regla para ese tipo de criminalidad tan dañina a la economía, a las arcas públicas y la propia democracia. Cuando la impunidad de la corrupción era la regla en Brasil, eso también generaba un sentimiento de descrédito en la democracia”.

El sistema corrupto brasileño se vino abajo con la acción de un juez federal instalado en una ciudad media de ese país. Los instrumentos institucionales estaban ahí, pero nadie los había utilizado. La situación de México no es tan distinta a la de Brasil. La diferencia la hace un juez como Moro. ¿Dónde están los Moro de México? ¿Un fiscal a modo como el que quiere imponer el gobierno federal puede cumplir este papel?

Vida y milagros

Luis Carlos Ugalde sabe hacer muy bien las cuentas de lo que se gastará el año que viene en las elecciones presidenciales y anexas. Sus cuentas no solo contabilizan el dinero del erario etiquetado para la organización de toda la elección por parte del INE, 12 500 millones de pesos, sino lo que se les dará a los partidos para que a su vez lo gasten en las campañas y promoción de sus candidatos, otros 12, 500 millones en números redondos. Hay que tomar en cuenta que los partidos reciben de manera gratuita las pautas en radio y televisión, pautas que antes tenían que pagar y ahora se ahorran. Por eso 24 mil millones de pesos tendrían que ser el gasto total de la elección de los más de tres mil cargos a elegir en 2018, incluidos el de presidente de la república, 120 senadores, 500 diputados, 9 gobernadores y los congresos locales y cabildos municipales de todo el país. Luis Carlos Ugalde señala que Los OPLE , organismos públicos electorales estatales ya salen sobrando, pues los estados supuestamente no debieran organizar ya las elecciones locales , pues las modificaciones a la ley electoral se hicieron entre otras cosas para acotar la poderosa influencia de los gobernadores en turno en los procesos, cosa que no ha sucedido; se sigue entregando dinero público a los estados para ese rubro y los gobernadores siguen metiendo sus cucharas, las manos y los pies en los procesos. De ese dinero encontré cifras del año pasado: solo las mini gubernaturas de Puebla y Veracruz costaron en 2016, en Veracruz 1,153 millones de pesos y en Puebla, para elegir un único cargo, el de gobernador, 658 millones de pesos. El próximo año, sumados los gastos de los OPLE de todos los estados, el costo conservador adicional de dinero público estará arriba de los 15 mil millones de pesos. Gran total de cerca de 40 mil millones de pesos.



Hasta ahí la cuenta del dinero oficial. Pero hay otro dinero, el invisible y secreto, el que no se contabiliza, y ese, según Ugalde, anda alrededor de 80 mil millones de pesos adicionales. Así como lo lee, lo oyeron mis espantados oídos, que ya se asustan ante pocas cosas. Esta cifra es una de esas. Mucho de ese dinero viene de patrocinadores privados que supuestamente y según la ley electoral tienen un límite para que no se vuelvan el factor determinante que defina una elección. En realidad ese dinero es casi imposible de medir por parte de INE porque llega a las campañas disfrazado de tantas maneras y por tantos vericuetos que sus huellas se pierden en un lodazal. Vales de gasolina, entrevistas a modo en los medios, regalos para los votantes, espectaculares que anuncian libros invendibles, dinero en efectivo o el esquema de mordidas que la empresa constructora brasileña Odebrecht practicó en América latina y cuyas huellas ya empezaron a aparecer también en México. El esquema es "te ayudo en tu elección y luego me das obra o favores y ahí me recupero".

La otra parte del dinero oculto sí nos cuesta de manera indirecta a todos porque viene del desvío de recursos de los gobiernos estatales, de los municipios, de las aún existentes delegaciones de la Ciudad de México y del gobierno federal.

Oí el dato de que en la última elección federal un partido repartió doce millones de licuadoras y otro 15 millones de sombrillas. Así como lo lee, lo oí contado por dos amigos ex panistas: platicaban que un señor les había ofrecido sus servicios como operador electoral a estas nobles almas que ya desertaron del PAN por también nobles razones. El señor, con cartas credenciales de años de experiencia en el PRI, explicaba con absoluta seriedad que no sería posible ganar ni una junta auxiliar sin licuadoras, mochilas, sombrillas, y solo le faltó poner en el menú juguetes eróticos.



Yo en ese momento me multipliqué por cero para que mis amigos hablaran con confianza de sus intimidades. Todo el asunto de las obscuras licuadoras me pareció más privado que una sífilis.



Ahí andan, ya desde ahorita, circulando los 80 mil millones o más a los que Ugalde hizo referencia en la entrevista que escuché. Esas son hoy las reglas del juego fácticas en nuestras elecciones por venir. Sin licuadoras, sombrillas y demás aditivos, difícilmente una candidatura flotará por sí misma.

Existen excepciones: cuando la ciudadanía silenciosa se vuelca hacia una candidatura que entusiasma y anima tanto a los votantes que los saca a votar muy por arriba del 50% del padrón. Ese fue el fenómeno inesperado que Gabriel Hinojosa generó en la ciudad de Puebla en 1996, en la elección intermedia durante el gobierno de Manuel Bartlett cuando aún era priísta y debido a su fama de excelente alquimista de las urnas se le consideraba invencible en la arena electoral. Gabriel ganó al PRI el primer gobierno municipal de alternancia de la ciudad de Puebla invitado "amablemente" por el PAN como candidato externo porque ante Bartlett daban la plaza absolutamente por perdida. No fue por demócratas. Mejor que se desgastara un incauto candidato ciudadano. No lo vieron venir. Priistas inconformes con Bartlett se cruzaron de brazos y Gabriel hizo una campaña a pie ayudado por cientos de voluntarios. Ganó a puro pulmón, sin sombrillas, sin licuadoras y sin dinero.

¿No les parece una costumbre cafre la cifra del dinero que corre debajo de la mesa?

Realmente es un delito, impune como tantas cosas en México.

(Ilustración tomada de SIPSE.COM)

“Amarás a Dios sobre todas las cosas”, sobre la novela de Alejandro Hernández. México, Tusquets, 2013, 320 pp.

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El 24 de agosto de 2010, hace ya siete años, la Secretaría de Marina informó del hallazgo de 72 cadáveres abandonados en un rancho-bodega ubicado en el municipio de San Fernando, Tamaulipas. Se trataba de personas asesinadas por el grupo criminal Los Zetas. Eran 58 hombres y 14 mujeres, todos ellos migrantes que cruzaban México para llegar a Estados Unidos. Tenían las manos amarradas y el tiro de gracia. Según el informe oficial, ese día había llegado al puesto de control de los marinos instalado en la carretera un hombre de nacionalidad ecuatoriana herido con arma de fuego que denunció haber estado secuestrado en un rancho cercano. La Marina decidió acudir al lugar señalado. Después de un enfrentamiento armado con los secuestradores se encontraron los 72 cuerpos. Según la Embajada de Estados Unidos, todos eran migrantes provenientes de Guatemala, Honduras, Brasil, Ecuador y la India.



Siete años después, la investigación sigue abierta. Todavía quedan por identificar los restos de varias personas. Hay ocho detenidos, pero ninguno ha sido sentenciado y los familiares de las víctimas no han recibido reparación del daño. Según la directora de la Fundación para la Justicia y el Estado Democrático de Derecho (FJEDD), en todo este tiempo, la actuación del gobierno ha estado marcada por la impunidad, el desprecio por los derechos de las víctimas y un tremendo hermetismo respecto de las indagatorias sobre el caso. “¿Qué es lo que están escondiendo?”, se preguntó en una conferencia de prensa ofrecida apenas el jueves pasado en la que participaron algunos familiares de las víctimas.

La historia no termina aquí. En abril de 2011, la Procuraduría de Justicia del Estado de Tamaulipas, respondiendo a diversas peticiones, incluyendo una del FBI estadounidense, encontró 47 fosas con 193 cuerpos en San Fernando. Probablemente sólo 54 han sido identificados y entregados a sus familiares. Una investigación periodística especial que puede ser consultado en www.masde72.org da cuenta de distintas versiones de los hechos, las incongruencias de las investigaciones oficiales, las dudas y pendientes sobre la matanza de 2010 y las fosas halladas en 2011. Todo ello nos habla de varios dramas: el tránsito de los migrantes centroamericanos, principalmente guatemaltecos, salvadoreños y hondureños por territorio mexicano para tratar de llegar a EU; la decisión del gobierno mexicano de cuidarle a su vecino del norte la frontera sur para evitarlo; la violación de los derechos humanos por las autoridades mexicanas y su complicidad con los grupos criminales.

Este conjunto de tragedias son el motivo y argumento de la novela de Alejandro Hernández, “Amarás a Dios sobre todas las cosas”, Tusquets, México, 2013. Narrada en primera persona (excepto las últimas frases que dan cuenta de la conclusión de la historia) por un personaje ficticio, Walter Milla Fuentes que nació en San Pedro Sula, Honduras, la novela fue resultado de una investigación realizada durante cinco años. El autor recorrió las rutas migratorias en México, Centroamérica y Estados Unidos y dialogó con cientos de hombres y mujeres.

Según el autor, el estado mexicano ha dejado a los migrantes a merced de la delincuencia, y muchas veces son sus agentes los que abusan de ellos o se coluden con el crimen para cometer delitos en su contra. Y agrega que, si bien el libro es una ficción, “un altísimo porcentaje de los episodios narrados fueron presenciados por mi o me fueron relatados por los migrantes en muchos casos a unas horas de haber sucedido. Son reales los abusos, los homicidios, los secuestros masivos, la violencia extrema que se ejerce sobre las víctimas”.

El título de la obra, según Hernández, quiere dar cuenta de la fe que guardan los migrantes cuando se internan en territorio mexicano lo que al mismo tiempo representa una gran paradoja pues quien padece tantas injusticias se preguntará dónde está Dios en medio de tantas desgracias y agresiones. En un momento del relato, uno de los jefes de la banda de criminales advierte: “ustedes están secuestrados y nadie se va hasta que sus pinches familiares… paguen lo que deben… Todos van a pagar o se chingan. Aquí el que no paga se muere”. Y para ello la banda obliga a cada uno de los migrantes secuestrados a llamar por teléfono a algún familiar para darle instrucciones de los depósitos en efectivo que tienen que hacer para liberarlos. En otra parte de la narración, cuando una mujer implora compasión a Dios delante del jefe sicario, éste la golpea brutalmente y le dice: “Aquí no existe Dios hijos de la chingada… Aquí Dios soy yo, méndigos…Su Dios no existe…”.



La obra de Alejandro Hernández es un extraordinario relato literario que logra meter al lector en la piel del migrante. El que se atreva a recorrer estas páginas discutirá con sus familias si se va o no, caminará con ellos, subirá al tren, enfrentará innumerables peligros y agresiones, sentirá miedo, rabia, indignación y tristeza.

Como otros relatos en los que la frontera entre ficción y realidad es muy delgada, el libro puede ser leído como un testimonio, una crónica, una denuncia, o un retrato. La novela puede ayudarnos a entender por qué alguien decide abandonar a sus familias, dejar su hogar y arriesgarse a pasar por el territorio mexicano y luego la frontera con Estados Unidos. Una confesión íntima de una fantasía compartida por familiares, amigos, vecinos, cientos de miles de personas que anhelan llegar a la tierra donde “se gana en un día lo que se gana (allá, donde sea que provenga el migrante) en una semana”.

Puede ser leída también como una crónica de viaje: los lugares de paso, las rutas del tren, el hambre, el sueño, la vigilia, el peligro de caerse del tren por quedarse dormido, la mala suerte de caer en manos de policías o agentes del Instituto nacional de Migración (INM); la complicidad o participación directa de estas autoridades en la violación de las mujeres y el maltrato a los hombres para hacerles saber que están en tierra ajena, que han invadido “nuestro” territorio “ilegalmente”; las redadas y detenciones, y finalmente la deportación a sus lugares de origen, para que escarmienten y no repitan el viaje tantas veces anhelado, planeado, platicado.



Una denuncia de más de 300 páginas de una tragedia contemporánea, una de las peores que existen en nuestra América Latina y en particular en el área mesoamericana: el paso de Centroamérica a México y luego a Estados Unidos, y la red de complicidades, corrupción, y ausencia total de respeto a los derechos humanos.

Y quizás sobre todo la novela es un retrato, una gran postal de México hoy. Un lugar en el que Dios, en efecto no existe, y se ha convertido en un infierno. Un país donde no faltan almas buenas que atienden las casas de ayuda a los migrantes, que los acogen, que les dan de comer, que los curan y les dan un poco de aliento. Un consuelo que sin embargo se pierde en un denso paisaje dominado por torturadores y asesinos que deciden quién vive y quién muere.

Dioses siniestros: sicarios de bandas del crimen organizado, policías y soldados cómplices o tránsfugas, una colección de personajes brutales que se han adueñado del territorio: carreteras, caminos, predios, ranchos y pueblos.

¿Cómo llegamos hasta acá? ¿Cómo se pudo convertir nuestro país en un lugar así? La novela da algunas respuestas que tienen mucho de verdad pero que al mismo tiempo son insuficientes, de la misma manera que resulta difícil entender por qué alguien decide quitarle la vida de un jalón a 72 personas. En el caso de San Fernando hay varias hipótesis: se negaron a colaborar con la banda; no pagaron sus rescates; fue un mensaje al cartel rival. Todas ellas inexplicables, incompletas, irracionales.

Si no hay respuestas a estas preguntas, quizás tampoco podamos saber lo más importante: cómo detener el reinado de los criminales, cómo devolverle la paz a México y hacerlo un lugar mínimamente habitable para todas las personas que pisan o habitan nuestro suelo.

Twitter: #saulescoba

La agencia de noticias rusa Sputnik entrevistó al economista venezolano Rafael Quiroz Serrano y a partir de este encuentro publicó el pasado dos de agosto, el artículo: Claves para entender por qué EEUU no se mete con el petróleo venezolano. Es una explicación original y sugerente, para comprender la política estadounidense frente al gobierno de Maduro que acaba de dar un golpe de Estado.

Asegura Quiroz Serrano que en materia de hidrocarburos los vínculos comerciales entre Estados Unidos (EEUU) y Venezuela son estrechos. En la actualidad, ese país exporta 823,000 barriles de crudo hacia el vecino del Norte. El producto es adquirido por refinerías privadas y no por el gobierno estadounidense.

De esos, 550,000 son para las cuatro refinerías del gobierno venezolano en EEUU, que abastecen a las 6,000 gasolineras que tiene en ese país. Refinerías y gasolineras son propiedad de CITGO Petroleum Corporation, filial de PDVSA, la petrolera del Estado venezolano. Las refinerías de Venezuela en EEUU, dice Serrano, tienen una capacidad de refinación de un millón de barriles, los otros 450,000 se los compra a México y Canadá para poder alimentar sus cuatro refinerías.

Y añade que "EEUU podría establecer una ley para evitar exportaciones de Venezuela hacia su país, pero es posible que eso no ocurra porque generaría impactos negativos en su propio territorio. De tomarse esa medida le costaría mucho sustituir los 823,000 barriles en el mercado".

Los precios de la gasolina en la costa este de EEUU aumentarían de tres a cinco dólares el galón de aplicarse una sanción a los hidrocarburos venezolanos, sostiene Quiroz Serrano.

Lo que sí resulta viable es que EEUU tome medidas relacionadas con las exportaciones estadounidenses al país bolivariano. "En Venezuela, dice Quiroz Serrano, compramos 113,000 barriles diarios de crudo, 50,000 de gasolina y 45,000 de aditivos. Si EEUU logra trancar eso, productos que ellos puedenacomodar de forma fácil en el mercado, Venezuela sí se vería en aprietos, sobre todo en el consumo doméstico de combustible".

El gobierno de Estados Unidos no está dispuesto a hacer daño a sus consumidores elevando, por escasez, el precio de los hidrocarburos. Y el gobierno de Venezuela no puede dejar un mercado que le compra la mitad de su actual producción y le queda más o menos cerca con relación a los mercados de Asia.

Los dos gobiernos saben jugar una retórica más o menos agresiva y rijosa, pero ni uno y otro, más allá de los discursos, están dispuestos en poner el riesgo el intercambio de los dos países enmateria de hidrocarburos. A los dos les es funcional y conveniente.

Lo anterior, por lo menos en parte, sirve para explicar por qué las sanciones anunciadas por EEUU se centran en la congelación de los activos personales de Maduro y una docena de los suyos y algunas medidas adicionales. Los expertos califican estas medidas como muy menores. El punto, en todo caso, sería intervenir el patrimonio petrolero del gobierno venezolano en Estados Unidos y esto, parece, no va a suceder.



Las declaraciones del presidente Trump sobre la acción de un grupo de neonazis en Charlottesville, Virginia, en las que reconoce que en el mismo hay “personas muy buenas” es lo que convenció a “casi todos los líderes empresariales que tenían que terminar la asociación con él”, aseguran Ed Crooks y David Crow del Financial Times.

Los empresarios le habían perdonado muchas cosas, entre ellas la salida del Acuerdo de París sobre cambio climático, pero estas declaraciones van más allá de lo que cualquier empresario de Estados Unidos puede aceptar de cara a la propia sociedad estadounidense. Era el momento, plantean los analistas, que los empresarios debían “trazar una línea”, para deslindarse del presidente.

El presidente Ejecutivo de JP Morgan Chase, Jamie Dimon, que participaba en un de los dos consejos de asesores empresariales creados por Trump, ahora en crisis, envío una nota a los empleados de la firma donde dice: “Estoy totalmente en desacuerdo con la reacción del presidente Trump a los acontecimientos que tuvieron lugar en Charlottesville”. Eso piensan los otros empresarios que también renunciaron. Jorge G Castañeda sostiene que por encima de cualquier otra declaración hecha por Trump esta es la más grave: “(…) se metió con media humanidad: con todos los norteamericanos bien pensantes; con la corrección política, por odiosa que sea; con la comunidad judía norteamericana; con todas las organizaciones de derechos civiles, de afroamericanos, de defensa de los derechos humanos en general. Los palomeó todos. Al querer establecer una igualdad, simetría o equivalencia moral y política entre los grupos de ultra derecha, de nacionalismo blanco -que lo han apoyado con fervor- y por otro lado los sectores de izquierda o incluso de extrema izquierda, en ocasiones también violentos, extremistas y dogmáticos, cruzó un Rubicón que no es fácil de atravesar de regreso”.

Castañeda, profesor de la Universidad de Nueva York y conocedor profundo de la sociedad estadounidense, plantea que “Trump quizás no entendió que afortunadamente en EU hoy, al igual que en muchos otros países, no se puede ser “una buena persona” y al mismo tiempo participar en una manifestación donde figuran personas que portan banderas con esvásticas, o que lanzan consignas antisemitas tipo “sangre y tierra”, o que evocan o usan la vestimenta del Ku Klux Klan” y continúa, “(…) esta crisis es la más grave. Trump transgredió normas infranqueables en EU”.

Los analistas del Financial Times y Castañeda señalan que vendrán nuevos tiempos para Trump. Todavía más difíciles de los que ha tenido hasta ahora siempre provocados por él. Su ideología racista y a favor de la supremacía blanca estuvo siempre en la campaña y ahora la ratifica como presidente. Esta vez se pasó de la raya y ya no va a poder regresar a donde estaba. Existe una alta posibilidad de que se radicalice y profundice su aislamiento. El futuro de EEUU y el mundo no es promisorio con ese personaje.

Este lunes Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), dio a conocer una serie de documentos bancarios, que registran los presuntos pagos de la constructora brasileña Odebrecht a Emilio Lozoya Austin, en ese entonces Coordinador de Vinculación Internacional en la campaña del candidato Enrique Peña Nieto.

Lozoya, que fuera director de PEMEX en los primeros meses de la actual administración, niega “categóricamente las imputaciones y la información que hace referencia a supuestos actos de solicitud y/o de sobornos directa o indirectamente de mi parte a la empresa Odebtecht o a sus funcionarios”.

En 2012, ya en la contienda electoral, la constructora transfirió 3 millones 140 mil dólares a una empresa establecida en Islas Vírgenes, ligada a Lozoya Austin. MCCI obtuvo copia de estados de cuenta del Meinl Bank de Antigua, propiedad de Odebrecht, donde aparecen siete transferencias a favor de Latin American Asia Capital Holding, señalada como la empresa a través de la cual se pagaban los sobornos a Lozoya Austin.

El dinero fue enviado desde la cuenta 244006 del Meinl Bank, ubicado en Antigua, a nombre de la compañía fachada Innovation Research Engineering and Development Ltd. (IRED), que era utilizada por Odebrecht para ocultar el pago de sobornos a políticos latinoamericanos. Las transferencias equivalen a 40 millones de pesos, al tipo de cambio de aquel entonces.

El diario brasileño O’Globo y la organización mexicana El Quinto Elemento Lab revelaron, el 13 de agosto,el contenido de la delación premiada del ex director de Odebrecht en México, Luis Alberto Meneses Weyll, donde aseguraque en marzo de 2012 se reunió con Lozoya, y que en ese encuentro éste le solicitó cinco millones de dólares como pago por haberlo auxiliado en el posicionamiento de la compañía en Veracruz, en donde la constructora asentó su base de operaciones en México.

La empresa aceptó pagarle sólo cuatro millones de dólares. Según Meneses Weylle, Lozoya le dio el nombre del banco Latin American Asia Capital Holding, establecido en las Islas Vírgenes, para que le hicieran las transferencias a una cuenta que tenía en el banco suizo Gonet et Cie. Según el funcionario de la constructora ésta aceptó pagar el soborno porque Lozoya se perfilaba como un funcionario influyente en el próximo gobierno, de ganar Peña Nieto.

De acuerdo a MCCI, el dinero que se transfirió a la empresa ligada a Lozoya salió de la División de Operaciones Estructuradas de Odebrecht, conocido como el departamento de sobornos, a través del cual se financiaban las campañas electorales en los países. Eduardo Cunha, presidente de Odebrecht Ambiental, en su acuerdo de delación premiada aseguró que el acercamiento en campañas se daba en todos los países donde la constructora tenía presencia. El gobierno del presidente Peña Nieto está obligado a investigar e informar a la ciudadanía ante tales evidencias.

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