Poder y Política

De la columna Día con Día

José Woldenberg ha publicado en la revista Nexos (julio 2016) una respuesta crítica a mi ensayo “Nocturno de la democracia mexicana” publicado el mes anterior. Me estimulan por igual sus coincidencias y sus diferencias con mi texto. Las primeras porque se refieren a aspectos fundamentales del diagnóstico. Las segundas porque cuestionan aspectos también claves de mis remedios, que no tengo empacho ni en repensar ni en corregir.



La coincidencia mayor que celebro es haya leído con claridad mis propósitos. En efecto, como dice Woldenberg, el áspero retrato que tracé del estado de nuestra democracia, no es para darla por muerta y tirar el niño junto con el agua sucia de la bañera. Menos aún para decretar México padece una tara ingénita para la democracia y la modernidad política.

No es un diagnóstico para ejercer la trivial incredulidad de que no tenemos remedio, que los políticos son una basura ,los partidos una pandilla y los ciudadanos una tribu de indignados impotentes.

Mi crítica de la democracia mexicana quiere describir, como dice Woldenberg, “las patologías que la debilitan en serio y en serie” para “corregir aquello que está desgastando muestro precario arreglo democrático, con la intención de fortalecerlo”. (subrrayado mío)



Las patologías de nuestra democracia son muchas y visibles, pero la vitalidad del organismo, me parece que está fuera de duda.

Basta ver las palizas que diversas ciudadanías locales pusieron en las elecciones estatales recientes a gobiernos que les habían colmado el plato, que parecían tener la sartén por el mango, y que perdieron sin embargo la sartén, el mango y la cocina.

La vitalidad del espíritu democrático mexicano me parece innegable, en medio de la proliferación de reglas mal puestas que acabaron produciendo lo que querían evitar.

El ejemplo mayor es el del financiamiento público que quería evitar la entrada de dinero privado o del crimen al proceso electoral y acabó creando un mercado negro de dinero electoral varias veces mayor que el reconocido oficialmente.

La búsqueda de lo que hay que corregir para fortalecer nuestra democracia tiene que ver precisamente con las normas que hay que cambiar para corregir las patologías de un cuerpo no sólo sano, sino poseído también a momentos por una energía inusitada, y de una rabia y una indignación que necesita nuevos cauces nuevas reglas, menos agua sucia en la bañera.

Hay la tradición, a la vez oculta y conocida, de lo que debe hacer en las elecciones presidenciales un presidente “emanado” del PRI.

De la columna en Milenio Día con Día.



Esa tradición dice el que el presidente debe poner en su gabinete a unos secretarios que puedan sucederlo en el cargo, volver luego precandidatos a cuatro o cinco de esos secretarios, escoger luego a uno, imponerlo luego como candidato a su partido y hacer luego todo lo que esté de su parte, con la ley y sin la ley en la mano, para que su candidato y su partido ganen las elecciones.

La tradición dice que el presidente priista debe heredar intacto el bien que le heredaron: la presidencia de la república.



El libro ya clásico de Jorge Castañeda sobre el particular se llama precisamente La herencia. El título sugiere que en México el poder presidencial no se ganaba sino se heredaba. No se obtenía en la arena democrática con los votos de muchos, sino en el juego palaciego, con el voto de Uno.

Ese Uno fue en su momento, también, un heredero. Su deuda por haber heredado, era heredar a su vez. Y heredar quería decir que quien él había decidido ganara la presidencia sin problemas, con menos problemas incluso que él.

Nobleza y herencia obligan. Ya que no podía quedarse con el poder heredado, el presidente debía heredar lo mejor y lo más limpiamente posible la presidencia.

Este juego de legitimidades, en el fondo de ilegitimidades, imponía en los presidentes priistas la responsabilidad de pagar la herencia recibida, de honrar el código en el que había recibido y ejercido el poder.

Ahora bien, esta herencia era factible porque junto con el cargo los presidentes heredaban otras cosas: un partido político hegemónico, el PRI; una élite económica dependiente de la política; una opinión pública controlada; una desigualdad social administrable con clientelas presupuestales; y la indiferencia o la aquiescencia de la opinión internacional.

Todo estas cosas se han ido. La herencia cabal de antaño es hoy imposible. Pero lo que vemos en la presidencia priista de hoy es el esfuerzo de reproducir La Herencia de antes. Apenas sorprende que el proceso vaya tan mal para los priistas y para el presidente.



Mundo Nuestro. Javier Ávila A. S. J., es Presidente de la Comisión de Solidaridad y Defensa de los Derechos Humanos, A. C.

Son más de cuarenta años de mi caminar en Tarahumara con períodos de paz, épocas de tranquilidad, convivencias pacíficas, situaciones difíciles, sequías, hambre, injusticias, amenazas y persecuciones. Pero debo decir que es la primera vez que atravesamos una crisis de impunidad, violencia, y que a muchos nos hace pensar que URGEN cambios profundos en el Estado. Los gobiernos y sus decisiones nada favorables para el pueblo pobre, para los indígenas, han venido orillando a la sociedad a situaciones intolerables e insoportables que nos hacen gritar ¡YA BASTA!



Memoria de Marisela Escobedo.

Protesta de madres chihuahuenses en la ciudad de México.


Es necesario gritar para que se nos escuche, para que se preste atención al “clamor del pueblo”. La verdad se disfraza de bondad, la mentira se maneja como lo ordinario en los discursos políticos y los candidatos presumen su cercanía al pueblo abrazando a gente pobre para tomarse una fotografía, fotografía que queda en el álbum de los recuerdos, porque no vuelven a permitir ni siquiera que se les acerquen cuando están en Palacio de Gobierno.
Las policías construyen delincuentes, detienen a su antojo a personas inocentes, justifican sus ineptitudes y arbitrariedades “cargando” a los afectados, construyen circunstancias a su antojo, mienten con desfachatez y descaro, e inventan delincuentes en cuanto una persona reclama o se les enfrenta para defender sus derechos.
Parece que la consigna de los mandos superiores no es perseguir el delito sino construir delincuentes e inventar culpables.
“Ya se perdió la vergüenza y la discreción para hacer lo ilícito”, recientemente lo dijimos los miembros de la Diócesis de Tarahumara a propósito de la quema criminal que padeció el bosque en el Municipio de Bocoyna.

Incendio intencional en el bosque de Bocoyna. Foto de zocalo.com.mx


El sufrimiento y la frustración de la sociedad es cada vez mayor, sus gritos se escuchan con más frecuencia, las quejas se reciben a diario en esta Comisión de Derechos Humanos, y ya no podemos tolerar que se repitan los mismos patrones ni que se siga deteriorando nuestro Estado de Chihuahua con tanta rapidez. Urge una renovación en serio y a fondo.
Desde los centros de poder, todo se tiene en cuenta antes que el sufrimiento de las víctimas. Se funciona como si no hubiera dolientes ni perdedores, y se tiene que escuchar un grito de indignación absoluta: el sufrimiento de los inocentes ha de ser tomado en serio; no puede ser aceptado socialmente como algo normal pues es inaceptable para Dios.


No contentos con esas situaciones, aparecen ahora los tiempos de la mentira y la promesa, de la represión y el control si no vas con “el candidato”. Ya no se puede ejercer la libertad de expresión porque aparecen las represalias.
Hago la precisión de que no tengo ninguna opción partidista por mi carácter sacerdotal y porque NO creo en ningún partido; los respeto, pero no creo en ellos, creo en las personas. Pero esto no es razón para callar una realidad que ofende.
Recientemente de un Centro de Salud parte del personal que ahí labora acudió a la visita del candidato del partido en el poder, abandonando su trabajo, y cuando otra persona de ese Centro tuvo el valor de señalarlo le llegó “de arriba” su cambio a otro municipio sin mayores explicaciones.

Protestas de maestros en Chihuahua.


Lamentablemente los maestros vienen sufriendo las mismas represalias si no aplauden y apoyan al candidato tricolor, al candidato oficial.
Ex militantes de otro partido han confesado abiertamente las “consignas” y las órdenes que recibían durante las votaciones para hacer cualquier tipo de marrullerías a favor de un candidato y así lograr su triunfo (y las cosas no cambian…). Desde el propio gobierno siguen cancelando la democracia.
¿Hasta cuándo vamos a seguir bajando la cabeza y soportando tanta suciedad y podredumbre? El reclamo es para mí, es para ti y para nosotros que navegamos en este enorme océano de incredulidades, corruptelas, desvergüenzas, imposiciones y mentiras.
¡Ya basta! De verdad ¡YA BASTA!

Javier Ávila, S.J.

Ha ganado Tony Gali el round principal de este pleito de camarillas en el que se convirtió la elección poblana.

Y ha cerrado la noche a su manera, pero ahora con el entendido de que a su feligresía ya la tiene en la bolsa.

Escribo ya en la madrugada, luego del jolgorio futbolero y la recopilación de un día sonámbulo que terminó con el chipichipi que ahora envuelve a la ciudad.



Sonámbulo, digo, el ciudadano. 56 de cada cien decidieron quedarse en casa. O irse a misa. O a comer carnitas. Porcentaje restante le llama el PREP al abstencionismo del 56 por ciento. Sonámbulo, recojo el número y, a como van las cuentas a la 1.30 de la mañana del lunes 6 de junio lo convierto en ciudadanos que con su puño votaron por el candidato triunfador: unos veinte de cada cien poblanos con derecho a voto.

20 de cada 100 ciudadanos escogen a los gobernantes en Puebla. A ese entredicho hemos llegado en la democracia mexicana.

Pero hasta donde veo a la media noche, la ventaja en el filo de los doce puntos representa el peor escenario para el viejo-nuevo PRI de ese enredijo de marinistas y extraviados del partido monopólico derrotado en el 2010, y que hoy se fueron a casa con la amenaza de la judicialización del proceso y el pensamiento de que en política no hay cadáveres, y el mejor para el viejo PRI neo-neo PAN de los morenovallistas y conversos que se apropiaron del vetusto neo PAN que Paco Fraile y Ana Tere Aranda y los Yunques construyeron a principios de los años noventa.

Supongo entonces que esta noche es la de la derrota total de los que llamaré viejo-panistas, pues a estos neo-neo panistas les sienta bien pensarse modernos y nada proclives a las armonías de la pandereta scout, y se han ido a festejar a la gringa en el hotel Intercontinental. Para los otros, la rumia para el 2018.

Qué enredo éste de camarillas viejo nuevo pri, viejo neo pan, neo neo prian.



Qué lío de cruces y de brincos en esta era de la bancarrota de la vieja política priista.

Qué enredijo de saltos y enroques en esta era de la resurrección de la vieja política priista.

Así que ahí está Tony Gali triunfador, muy a la moderna envuelto entre sus seguidores en el salón del hotel Intercontinental. Adiós jardín del Carmen de la vieja oposición panista, la que ganó hoy no es la camaradería del rezo y la pandereta sino la estructura que se construye con los recursos del gobierno, que para algo les ha servido su vieja escuela priista y por algo tienen el control del Estado.

45 puntos. Un golpe de mano que hace trizas la recuperación de los marinistas y termina con el resuello de los viejos panistas. Tal es el resultado que el Gali ganador agradece a los cuatro vientos, como descubro que dirá dentro de un ratito.

De nuevo lo veo ir y venir por una pasarela, ahora la del triunfo, entre el griterío y los pegajosos pepelitos que le disputan el primer plano a las cifras que rondan el 45 contra 34. Y no pierdo de vista el significado de esos números: cerca de 8 de cada 10 votantes lo hicieron (se dicidieron, dirá para los suyos Gali) por los dos partidos históricos de Puebla, y sin rencor alguno por lo que representan.

Cinco minutos después de dos docenas de muchas gracias a todos los que sus ojos y su memoria encuentran, sigo entretenido el video que las huestes de Gali han subido al FACE

(https://www.facebook.com/TonyGaliFayad/videos/1211181068915523/).

La victoria alivia los nervios, pues lo encuentro distendido, nada gritón, ni por asomo en busca de conversos. Entiendo que ahora todos pasamos a ser parte de su feligresía.

“Gracias Puebla”, dice una y otra vez. Y yo no dejo de hacer mi cuenta. 56 de cada cien no votaron, 20 de cada cien lo hicieron por el candidato al que le levantan el puño uno por uno a los que él reconoce y agradece.

“Somos una gran familia”, dice y al fin viene el discurso. Y yo, ya no tan sonámbulo, me digo si dejará salir al predicador que lleva dentro. Atento, sigo sus pasos, sus movimientos.

“Hicimos una campaña muy alegre, pero muy seria, muy ordenada de principio a fin, donde se presentó un plan para Puebla, tenemos compromisos que cumplir, y por eso digo…”

Entonces dio un salto. Éste, sí, un pequeño salto, claro, no estamos en el estadio. Pero cuánto se contiene en un saltito. Se confirma una era, así que el recurso histriónico lo merece. Ah, reconozco lo que sigue: la mano que marca el giro hacia adelante, y los pasitos cortos, claro, y la técnica bien aplicada de la oratoria, el uso de los recursos a la vista, como encontrar a su paso los ojos de su coordinador de campaña:

“Ya le pedí, ya le exigí a mi coordinador… -- y va y abraza a Javier Lozano, el mismo que ahora sí lo ha presentado, hoy no hay Chelis que valga, y lo describe ‘un coordinador discreto’, y se distrae pues mira a Marcelo, claro, igual que Marcelo, sí, claro que sí, muchas gracias Marcelo García y gran abrazo a Marcelo el representante del neo CEN del viejo neo pan, el comunicador que ha manejado la política de comunicación social del morenovallismo así que venga otro abrazo, para al fin continuar sin más paréntesis-- que convoque a todo este equipo de campaña para que desde mañana mismo se ponga a trabajar, porque esos veintidós compromisos tenemos que convertirlos en un Plan Estatal de Desarrollo, porque así soy y así seré --faltaba más, la bamba--...Y por eso en los próximos siete meses de transición recorreremos los 217 municipios para construir ese plan, para continuar ese gran trabajo que ha hecho Rafael Moreno Valle, porque lo digo a los cuatro vientos, que Rafael Moreno Valle ha trabajado para este cambio para no regresar a ese pasado que nos ofendió. Porque ya decidió Puebla, decidió por seguir avanzando, porque esto que construimos durante día y noche es para todos los ciudadanos.”

Descanso. No, sigue, y yo digo ahora, así, ahí viene el predicador, pues al final se desboca al conjuró de todas las regiones, pues esto que hizo dice es para todos los ciudadanos, de la sierra norte, de las sierras en todas sus vertientes, los ciudadanos, y hace un alto y extiende el brazo y mira al infinito de la sierra oriental, muchas gracias, de la sierra negra, muchas gracias, y nuevo alto, y nuevo brazo extendido y mirada al infinito, y a la sierra que siga, y que, digo yo, no deja de ser sierra, reseca, pero sierra la mixteca con todos sus infiernos, y en Tecali, donde ganó consistentemente y en Tehuacán donde también ganó consistentemente.

“y muchas gracias a mi capital --y digo yo, ahora sí ya viene, pues repite, muchas gracias a mi capital, y ahí ya grita y se deja ir pues dice él--: porque es un trabajo de equipo, es un trabajo que no descansa, es un trabajo de partido, es un trabajo de ciudadanos --y ya prendió a sus discípulos, ¡Tony, Tony,Tony!--, porque es un trabajo de ustedes –y para confirmarlo baja del estrado, camina hacia ellos--, es la Puebla que ha construido cada ciudadano y cada ciudadana, cada poblana y cada poblano y ustedes –supongo que su mirada encontró a algún representante de los medios así que brincó hacia ellos—me han acompañado hasta el último rincón en ese compromiso con –y aquí viene una gran hilera de ciudadanos en masculino— los niños, con los jóvenes, con los universitarios, con los empresarios, con los campesinos, con las personas de la tercera edad y –feliz memoria—por las mujeres, que es tan importante, --sí, el tiempo del verbo ser en singular, y faltaba más— con la población indígena, con los consejos ciudadanos, con los comités de contraloría que estarán vigilando cada una de las acciones y cada una de las obras de gobierno --y se da un respiro para subir de nuevo a la pasarela y mientras yo pienso que esto último no lo dijo en el debate, así que comités de contraloría, ya tendremos siete meses para asimilar lo que para Gali querrán decir…

El respiro me da un tiempo para pensar que en su discurso no le dio al medio ambiente su carta de ciudadanía, y que hoy mismo un grupo civil ha demandado al que resultara triunfador en la elección el rescate del río Atoyac como algo que sí se puede empezar a hacer en los próximos dos años. Ni encontró lugar para un vistazo a las heridas abiertas por la violación de los derechos humanos que, entre otras consecuencias, impidió a dos cholultecas (Adán y Paúl Xicale) ejercer su derecho al voto, sometidos como están todavía a un proceso judicial declaradamente ilegal.

Siete meses tiene el ganador para pensar en esas cosas.

Pero Tony Gali está ahora en el remate. Extiende el brazo derecho, pues no separa el micrófono de sus labios, y mira a su feligresía.

“No me queda más que reiterarles que aquí estoy para servir, y vamos a trabajar unidos para que esta Puebla siga progresando, para que esta Puebla no se detenga, para que esta Puebla siga en transformación…”

Y por último, con puñetazo al aire:

“Muchas gracias, y que dios los bendiga.”

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A las dos de la mañana lo veo terminar su discurso. Está emocionado, está encendido. Se deshace del micrófono. ¿Qué hará ahora? Toda acción es un símbolo, ell orador exaltado todavía tiene un aire para el raciocinio. No busca al fondo. No busca al frente. Ahora no hay esposa ni familia ni coordinadores ni dirigentes de partidos ni periodistas en el chaleco. Mira a su derecha, mira a Martha Érika Alonso. Corre hacia ella.

El abrazo es fundido.

El día ha confirmado para los dos la era prianista

De la columna Día con día.

Escribo esta columna el sábado por la noche, desconozco los resultados de las elecciones de ayer en trece estados, y es imposible adelantar alguna reflexión sobre ellos.



Es posible, en cambio, hacer una reflexión sobre el pobre espectáculo democrático en que hemos convertido nuestras elecciones.

Quizá el rasgo dominante de ellas sea la ilegalidad sistemática e impune con que proceden los competidores.



En primer lugar, echando al juego todo el dinero ilegal que pueden colectar.

En segundo lugar, ejerciendo sin recato la difamación y la calumnia en todas las modalidades imaginables de guerra sucia.

En tercer lugar, organizando lo que ha dado en llamarse “operación electoral”, que no es sino la antigua y viciosa práctica de comprar, inducir, obligar e inventar votos.

En cuarto lugar, comprando medios y encuestas al punto de que es imposible guiarse por ellos para leer o anticipar lo que realmente está sucediendo en cada elección.

No hubo ayer una sola elección que no hubiera sido intervenida por los gobiernos locales en busca del resultado que querían.

No hubo ayer una sola elección en la que se haya cumplido la ley respecto a respetar los topes de campaña fijados por ella.

No hubo una sola elección en que todos los participantes hayan cumplido con su obligación legal de rendir cuentas de sus gastos de campaña.

No hubo una sola elección ayer de la que podamos decir que no estuvo sujeta a manipulaciones de toda índole, ninguna en la que podamos decir que los candidatos compitieron lealmente, utilizando sólo los recursos que la ley les provee y recibiendo y aceptando los votos que quiso darles su ciudadanía.

Las elecciones de ayer son en muchos sentidos todo lo que quisimos evitar con la implantación de las reglas democráticas.

A la vista de las elecciones de ayer creo que debemos hacer un examen de conciencia, un corte de caja, de nuestras instituciones y prácticas democráticas.

Nuestras elecciones han llegado a ser competidas por la peor de las razones, porque se han emparejado las capacidades de hacer trampas de todos los contendientes.

Nadie puede decir de las elecciones de ayer cuántos de los votos y cuántos de los triunfos vienen de la trampa y cuántos de la voluntad ciudadana.

Tenemos que revisar a fondo nuestras elecciones.

Hay respuestas que muchos tenemos a flor de piel. Esta es una.

Votamos por un Estado de ciudadanos con el que hoy no contamos, porque hoy todavía tenemos un Estado capturado por los poderes de facto que sostienen sus estructuras antidemocráticas y para los que no hay más votantes que los que genera la sobrevivencia del hambre y el hartazgo.

Votamos por un Estado soportado en la sociedad civil organizada que poco a poco, y por la vía de quitarle a los grupos de poder el control de los procesos electorales, ha logrado en los últimos treinta años desmantelar mucho de ese monolito que conocimos como la dictadura perfecta del PRI.

Votamos entonces porque entendemos que los procesos de transformación social sólo se comprenden con una perspectiva de largo plazo. Y que es el derecho al voto informado y libre el que construye ciudadanos e instituciones democráticas que desmantelan ese Estado capturado.



¿Por qué se habla de una elección de Estado?

En una perspectiva larga, porque el gobernante en turno asegura el control del organismo de Estado a cargo de las elecciones. El IEE. Y porque desde un Congreso a su servicio ha dispuesto reglas del juego que en la coyuntura le favorezcan; por ejemplo, el conjunto de obstáculos a las candidaturas independientes con los que logró al menos dos cosas: mínimo presupuesto y escasísima presencia masiva ante el conjunto del electorado; o la seguridad de que, en contubernio con las propias empresas de medios, nunca será fiscalizado el gasto aplicado con fondos públicos en periodistas y medios de comunicación.

En el corto plazo –y seguimos aquí el análisis hecho por el escritor Héctor Aguilar Camín para el caso corriente en Quintana Roo-- porque el gobierno obstruye la competencia, compra a los medios, desvía recursos para la “operación electoral” por su partido; y pone a sus funcionarios a organizar el voto, los responsabiliza de pirámides de votantes que empiezan por sus propios subordinados y se extienden a las familias y a sus amigos. El gobierno actúa como aliado y como sustituto del partido. Paga salarios a los activistas electorales, reparte de despensas y regalos, compra los votos.

De nuevo, ni más ni menos que el viejo PRI renacido.



¿Por qué votar este domingo?

La respuesta más racional, y que brota de lo observado en estos últimos meses, sería que contra una elección de Estado. Aquella en la que el poder económico y político sustentado por el grupo que gobierna, y con el uso de recursos públicos, se aplica para ganar la elección por la vía legal o ilegal, ni más ni menos. Justo lo que ha sido la historia de nuestro país en la llamada era del Partido de Estado, el PRI, y que hoy con formas nuevas o parecidas, se reproduce.

Pero esa respuesta por sí misma no resuelve otro asunto de fondo: ¿cuáles son las alternativas? ¿El otro viejo PRI sobreviviente al que se llevó consigo Moreno Valle? ¿El rescoldo de partido opositor de la izquierda perredista, convertido en satélite desde tiempos de Manuel Bartlett? ¿Los arrestos lopezobradoristas resistentes en Morena? ¿O la novedad incierta de una candidatura independiente?

¿Por qué votar entonces? No es sencilla la respuesta.

La respuesta más subjetiva, la fundada en el juego de las emociones que parten de las historia personal de cada uno de nosotros –nuestra visión del mundo, nuestra experiencia política, nuestras querencias y fobias particulares—, confrontadas con la personalidad de cada uno de los candidatos y lo que sus partidos, desde nuestra perspectiva, representan, probablemente deje de lado el tema de la elección de Estado. No lo dudará el llamado “voto duro” de cada partido, y si las estructuras trabajan, pagados o convencidos, irán a las urnas. Otros, y serán probablemente mayoría, se quedarán en casa.

En medio, los indecisos. Y los que se negaron a responder a los encuestadores por el sentido de su voto. La tercera parte del electorado.

En todo ese espectro está el voto contra ese Estado capturado que todavía nos explica como sociedad subdesarrollada.

Decisión informada

En días pasados, Mundo Nuestro, en alianza con e-consulta, presentó cuatro entrevistas con los candidatos de los partidos de oposición (PRI, MORENA, PRD y la independiente) y una crónica sobre el cierre en Puebla del candidato del gobierno, quién dejó esperando a los reporteros Sergio Mastretta y Rodolfo Ruiz. A su manera, y aún con el silencio del candidato del actual gobierno, los personajes de nuestra política ofrecieron un proyecto de Estado. Y la posibilidad de tomarlo o rechazarlo.

¿En qué medida ayuda ese trabajo periodístico a la toma de decisión personal de los ciudadanos lectores?

La que sea, pero que contribuya a generar votos informados y libres.

Como caballeros… ¿o como lo que son? ¿Qué esperar de priistas y panistas este 2016?

Mundo Nuestro. En este texto publicado en nuestra revista en enero pasado Verónica Mastretta plantea un interrogante que tiene en la jornada del domingo 5 su punto de quiebre. Ya el proceso ha probado por igual dos cuestiones: que estos partidos no pararon en gastos –particularmente el candidato del gobierno--, y que para vencer a su rival aplicarían todos los juegos sucios que sus asesores en mercadotecnia les recomiendan.



¿Cómo se comportarán los dos grupos que han gobernado Puebla en los últimos años?

Una de las 12 elecciones para elegir gobernador este año se llevará a cabo en el estado de Puebla. Es una elección única, pues se elegirá un solo cargo: gobernador o gobernadora por 1 año 8 meses, de manera que el calendario electoral quede empatado con el resto del país en el 2018, en que en una sola elección se elegirá no solo presidente de la república, sino miles de diputaciones locales y federales, senadores y gobernadores. En 2018 habrá en las casillas urnas y boletas como confetis. En esta elección poblana de Junio de 2016 solo habrá en cada casilla una urna y se cruzará una sola boleta. Será como un referéndum para el actual gobierno que encabeza Rafael Moreno Valle, emanado en 2010 de una coalición de 4 partidos, PAN, PRD, PANAL y lo que hoy es el MC de Dante Delgado. Alianza que no se repetirá porque las condiciones que la hicieron posible ya no existen ni la justifican.

Si el gobernador creyera en los múltiples logros que anuncia en los spots que paga a nivel nacional y local, con demasiado ruido y dinero, no tendría nada de qué preocuparse. La elección debiera ser fácil y sin mayor problema, un simple trámite para dejar a alguien que ocupe su lugar y le limpie y cuide la casa 20 meses. En el congreso actual, incluidos los partidos de oposición y en particular el PRI, se hace exactamente lo que él les pide. Como muestra está la votación por unanimidad para que su procurador de estos últimos 5 años, Víctor Carrancá, fuera elegido fiscal hasta el 2022 hace apenas unas semanas. Las modificaciones a las leyes electorales locales que pretendían dificultar las candidaturas independientes, también fueron aprobadas sin mayor respingo y con escasos dos votos en contra. Fueron las dirigencias nacionales del PRI, MORENA y MC quienes acudieron a la SCJN a presentar controversias contra la ley antibroncos de Puebla. Los locales ni pío dijeron. Algunas pequeñas cosas se lograron ablandar, como el número de firmas requerido, que graciosamente disminuyeron de 130 mil a 127,500. Nada significativo. Se dejó el candado de que cualquier candidato independiente debió renunciar a su partido, si es que lo tenía, un año antes de presentarse como candidato. Esto es inconstitucional y controvertible, pero por lo pronto pone en jaque a la candidatura independiente de la ex-panista Ana Teresa Aranda, que compitió en la planilla de Javier Corral por la presidencia del PAN hace menos de seis meses. En el horizonte no ha aparecido una figura para candidato independiente que realmente pudiera amenazar el triunfo de cualquiera de los dos verdaderos contendientes de este año: el del PRI o el que el gobernador designe desde su hoy muy solitario partido, el PAN. Y digo solitario porque tengo serias dudas de que el PAN vaya de nuevo en alianza con el PRD, que aunque hundido en el descrédito nacional, podría aportar dos o tres puntitos de oxígeno que hoy parecen ser necesarios para ganar la elección de este año. Hoy o mañana ya sabremos si el PAN y el PRD irán en alianza. De seguro ya no irán con el PANAL y dudo que el MC se una, después de que en Colima, solitos, tuvieron 12 por ciento de la votación, más de 10 puntos por arriba de Morena y el PRD, que perdieron sus registros. Oyendo hablar al hoy poderoso coordinador del PRD en el senado, Miguel Barbosa, es improbable que esa alianza se logre. En síntesis, el paseo por las nubes electorales del 2016 empieza a complicarse para el actual gobierno estatal poblano. Las travesuras cuestan y las desatenciones a los partidos aliados en 2010 empiezan a presentar facturas.



Qué hermoso sería que los partidos, en particular el PRI y el PAN, decidieran por esta vez jugar limpio. No lo harán. Ya empezaron a conjugar la odiosa y abusiva palabra "operar”. Algunos mandos en el ayuntamiento de Puebla ya están pidiendo a los trabajadores que lleven como tarea 20 copias de credenciales de elector y veinte hojas con nombre, firma y dirección de amigos o conocidos. ¿Estarán pensando juntar firmas para sacar un candidato independiente a modo? ¿Y para qué les serviría? De cualquier modo no se vale.

Otro caso, y ese sí es no solo ilegal, sino más abusivo y patético, es el que está sucediendo en las escuelas públicas, y cuya responsabilidad no sé a quién se le vaya a atribuir, pues en las escuelas tres partidos pueden mover el atole: el PAN, el PRI y el PANAL. Las pruebas ahí están y esperamos que el órgano público local electoral, IEE, haga sus averiguaciones dentro de su relativa independencia. Están llegando a las escuelas a repartir uniformes muy corrientitos, ni siquiera de las tallas del alumno, unas mochilas, unos pases para todos los museos del estado, que de por sí son gratuitos, y unas tarjetas de descuento de tiendas que nadie conoce. Me consta el caso de la Escuela Técnica 112, colonia Constitución Mexicana, en el municipio de Puebla. Hasta ahí pasaría, pero a cambio los padres o tutores del alumno deben de enviar una copia de su credencial de elector y una hoja blanca con su nombre, dirección y firma. Usted puede pensar -"pues que no la manden". Pues entonces su hijo o hija, léalo bien, no puede entrar a clases. ¿Por qué regalar uniformes y mochilas a medio ciclo escolar?

¿Usted qué cree, que van a jugar la elección como caballeros o como lo que han sido?

Dice Juan Manuel Serrat en una vieja canción:

"Sería fantástico"...

y todo un síntoma de urbanidad,

que no perdiesen siempre los mismos,

que todo fuera como está mandado,

que ganara el mejor, y que la fuerza no fuese la razón".

Sería fantástico que gane el que sea limpiamente, sin meter y manipular a la sociedad en el juego endemoniado de las trampas. ¡Con un demonio! Les damos como país dinerales a los partidos, se hizo la complicada y caprichosa reforma electoral de 2014, se le cambió hasta el nombre al Instituto Federal Electoral con los gastos y complicaciones que eso significó, todo para que al final acaben jugando sucio como siempre, intentando usar la cancha más limpia que debieran ser las escuelas, sus alumnos y los padres de familia. Sí, sería fantástico que se instalara en mi país el paraíso terrenal y el imperio de la ley, pero todo lo que pide Serrat en esa canción y lo escrito en la ley, parecen ser puras ilusiones irrealizables.

Este texto recoge lo sucedido en la jornada de escrutinio de los votos en el Comité Municipal Electoral de la ciudad de Puebla, el domingo 3 de diciembre de 1989. Para esta jornada del 5 de junio del 2016 Mundo Nuestro le ofrece dos crónicas para comprender mejor el proceso electoral de este domingo. De dónde venimos (1989, cuando el gobierno tenía el control absoluto del proceso electoral), en dónde estamos (2015, cuando el proceso es controlado por la burocracia monopólica en los partidos). A dónde vamos (cuando el proceso está a la deriva del desencanto ciudadano por la democracia en México) es un interrogante tercero que responderemos en alguna medida con esta elección por la gubernatura. Tres interrogantes a los que nos asomamos desde la crónica de comportamientos sociales que nos ayudan a entender lo que somos.

La ilustración de portadilla fue tomada del blog crónica de castas.



Corajes y mayoriteos

3 de diciembre de 1989, una semana después de las elecciones se realiza la jornada de cómputo oficial de los votos de los comicios del 26 de noviembre. Avenida 16 de Septiembre más allá de Boulevard Valsequillo, una casa de dos pisos reconvertida en recinto del Comité Municipal Electoral.



He pasado las últimas nueve horas en el Comité Municipal Electoral. Logré colarme justo antes de que la guardia de soldados decidiera impedir el paso de los reporteros a la sesión. Una jornada que inicia con el mayoriteo implacable del PRI (sus comisionados, sus funcionarios de gobernación, sus comisionados de los partidos satélites) a las comisiones del PAN y del PRD y que termina con el coraje del viejito presidente del organismo, Efraín Castro Rodríguez, que ya para esta hora, a pesar de que no habló mucho durante el día, no es capaz de guardar compostura y se pelea con los reporteros, quienes simplemente le piden que cumpla con su papel.

Nueve horas, desde las diez en que dejaron entrar al salón del cómputo a tres reporteros –dos muchachas y yo--, cuando inicia el conteo del II Distrito, hasta las 7 de la noche, cuando Marco Antonio Rojas Flores responde en el pasillo a la prensa por primera vez como presidente electo, mientras en la calle, Venustiano Cervantes, el comisionado panista explica por qué junto con el PRD se ha negado a firmar el acta final del escrutinio, y a un lado suyo las huestes panistas de Francisco Fraile, acostadas en el suelo, casi bajo las piernas de los granaderos frente a la casa del Comité –“como acto de protesta”-- se enteran del conteo de la aplanadora y de su derrota.

Una jornada similar a la del domingo electoral del 26 de noviembre: obedientes funcionarios contratados por un sistema infalible revisan una por una y multiplicadas por tres, las actas de las mil ochocientas y tantas casillas, escuchan las impugnaciones, atienden a la respuesta que ya trae el secretario técnico, y mayoritean al ingenuo comisionado de la oposición.

Iniciar una crónica con lo que está más a la mano: el conteo total de cada partido. El Secretario Técnico, el profesor Carlos Pérez Marín –el hombre que manda en el Comité Municipal Electoral y quien responde una a una las impugnaciones panistas, pide a los seis muchachos estudiantes de Contaduría de la BUAP, hoy ya contadores muy formales con las calculadoras guillotinan votos y repiten dos veces los números del partido que les toca registrar.

PAN 54,479, dice el primero, 90,077 para el PRI, sigue el segundo. Y luego, con la pena, el resto: PPS, 1,823, PRD, 6,586, Frente Cardenista, 7,172 y PARM 1,406.

Muy bien nadie objeta, pero el reportero presente que soy yo también hace cuentas. Y no me checan. Claro, yo no tengo calculadora, así que pluma en mano cuento y sumo las cifras dadas distrito por distrito. No me checan. Ya el Secretario Técnico se ha subido a la redacción de las actas. Me acerco al joven estudiante de la UAP, trabajador de Gobernación y aspirante a contador público, que nos sacará de la duda: “Joven, nuestra cuenta da 58,027, la rectificamos dos veces, ¿No habrá algún error?” Hombre, cómo no, faltaba más, accede a repetir la operación, pin, pin, pin, los números saltan por sus dedos, pero con sus cuentas que él ha anotado en su libreta, y claro, le vuelve a salir los 54,479 para la panista. “A ver permítenos”, le digo y le doy la cuenta distrito por distrito, según él mismo las había dado a conocer: 11,762, 10,458, 12,677, 11,132, 11,998.

Sorpresa, 54,027, casi cuatro mil votos de diferencia.

“Ah caray –dice-, tiene razón, sale 58,027”.

“Tienes que hacerlo público –le digo--, esos cuatro mil votos por lo menos le significan un regidor menos a los priistas.”

“Me van a regañar”, me dice.

“¿Qué ocurre? ¿A quién van a regañar?”

Es el Secretario Técnico el que pregunta. Ya tiene el acta final en la mano y va a reiniciar la sesión.

“Señor Secretario –le dice al profesor Carlos Pérez Marín que en ese momento regresa del segundo piso--, hay un error de dedo...”

“¿Cómo que hay un error de dedo?”, exclama el Secretario Técnico.

El estudiante sumador le muestra las cuentas, claritas.

Y tiene que rectificar. No puede ser, ¿dónde aprendiste a sumar? Allá va de nuevo Pérez Marín al segundo piso a rehacer el acta con los cuatro mil votos panistas perdidos en la calculadora del aspirante contador en la Secretaría de Gobernación.

Y por eso, a la hora de la firma del acta de cómputo final, el panista Venustiano Cervantes y el perredista Pedro García, se niegan a firmarla.

“Señor –dice el panista--, pedimos que en el acta se asentaran dos cosas y no están ahí, el cómputo de los comisionados funcionarios está hecho a lápiz, con errores aritméticos, pedimos que se rectificara simplemente, y no lo hicieron. Si en la suma de los partidos de pocos votos se equivocaron según el muestreo que realicé en los distritos I y IV, donde el PRD le dan 1,047 cuando tuvo 536, y al Frente Cardenista le dan, 1,748 cuando tuvo 688, como estarán las de los otros partidos. Por eso no vamos a firmarlas”

“No se asentó porque ustedes dijeron que no iban a firmarlas”, responde el Secretario Técnico. Su lógica es implacable.

“Se ha repetido lo de siempre –intervino el PRD--, ustedes se niegan a asentar en el acta las irregularidades y nos quieren hacer firmar un acta maquillada, como si no hubiera pasado nada durante el día.”

“Señores comisionados –interviene el comisionado del PRI Gildardo Ayala García--, una vez más se pone de manifiesto la actitud caprichosa de la oposición, no firman cuando no les conviene.”

“Disculpa, pero errores aritméticos simples no son un capricho, actas con números consignados con lápiz, cuando se quedó que se pasaría una pluma encima”, lo interrumpe el panista.

“Pero le conceden más importancia de la que tiene, esto no varía los resultados”, contraataca el priísta.

“Nosotros pedimos que se rectificaran las cuentas y ustedes dijeron que no, el propio presidente de la Comisión dijo que eso se llevará a la Comisión Estatal”, sigue el panista.

“Pero es que usted está hablando con suposiciones”, rebota el priista.

“No señor, no hablo con suposiciones, hablo con una práctica de contaduría pública: errores en números chicos llevan a pensar que existen en los grandes.”

“Bueno, señores –una vez más el Secretario Técnico--, si ustedes consideran que ya está suficientemente discutido, pasemos a votar el acta.”

“Como siempre, una vez más mayoritean”, dijo el panista luego de ver las once manos levantadas de los comisionados.

“Señores –interrumpe el viejito Presidente del Comité Municipal Electoral, don Efraín Castro, que para algo está, y cambia de conversación--, según el artículo 188 de la Ley procede que se llame a la planilla triunfadora.

Y la llaman. Afuera ya es de noche. Encuentro el encono de los reporteros a los que desde la mañana se negó el acceso al recinto del Comité. Yo madrugué, los soldados no me impidieron la entrada. Me aventé todo el día parado para atestiguar el mayoriteo de los priistas. Los reporteros están enojados, han esperado toda la tarde por la información. Ahora sí les dan acceso para el aplauso de “la planilla triunfadora”, para el festejo de los priístas.

Del otro lado de la calle, los panistas en su noche oscura, encabezados por Paco Fraile, acostados, apostados, en el piso, miran todo por entre las piernas de los granaderos.

Rincón Brujo

Recinto del Comité Municipal Electoral. Es mediodía. La aplanadora trabaja incansable.

Tu puedes imaginar una casa clasemediera, con un pasillo lleno de guaruras donde ya no cuelga ningún paisaje ni golondrinas y angelitos de pasta; un jardín atiborrado de urnas y paquetes electorales resguardados por un piquete de soldados aburridos como siempre, mal encarados como ahora, guachos, pelones, federales, “buenos elementos” que se pasarán el día viendo el fútbol, mentándose la madre con acento jarocho o de la Costa Chica, pensando en sus noches libres y en sus mujeres calientes, sonámbulos en ese itinerario de guardias que de cuando en cuando los mete en la vida real ajena a los cuarteles, la de la sociedad que los crea y mantiene pero que no se hace a la idea de verlos fuera en algo que no sea un desfile. Puedes disponer de tres mesas de comedor de veinte personas en sus puestos: seis jóvenes empleados de la Secretaría de Gobernación , con alguna idea de la Contaduría y calculadora en mano; seis comisionados gubernamentales, licenciados o maestros con una larga trayectoria de espina doblada por la burocracia que los cobija; cinco comisionados de partidos (nunca apareció el PPS), con el priísta encorbatado| de pies a cabeza con el discurso del triunfador, con las comparsas del PARM y del Frente Cardenista que no manifiestan ninguna mala conciencia, y la ingenuidad atrincherada del panista y el perredista a los que no les dolerá tampoco el hombro de levantar la mano en contra; un Secretario Técnico que tiene la voz dominante (“¿Se computa?”) la varita mágica para la mano levantada de los comisionados propios, y en el sí continuo del auxiliar (un joven de 24 años, estudiante de Contaduría Pública en la UAP, que coteja los números de las actas de los paquetes), la formula elemental de la alquimia, el “Chala cabula Chalchicomula” que rompe el encanto de Cenicienta; y un presidente que tiene ya muchos años en el ombligo de la senilidad y que está ahí como una pieza original de una maquinaria arcaica pero vital en el juego de la democracia mexicana.

Puedes tenerlos vivos, ágiles entre bostezos, como en un museo de cera, carnal, un domingo de otoño. Es el Comité Municipal Electoral.

Aprieta un botón en esas nueve horas de encierro (entramos siete u ocho reporteros a las once, cinco abandonaron con la esperanza de regresar, pero ya no los dejan los soldados, se quedaran afuera, con los demás y esperarán dos horas y media desde las cinco de la tarde, entrarán en bola furiosos a increpar al viejito (que está hecho para entregar constancias de mayoría, no para dar cifras). Saca una casilla cualquiera y entérale del mecanismo:

“Casilla 12 del segundo Distrito, impugnada por el PAN porque no les entregaron copia del acta a su representante”.

“Está firmada por el PRI, PAN y PRD”, dice el Secretario Técnico.

“La firmó pero no se la entregaron”, responde el comisionado panista.

“Es excesiva la demanda --lee el secretario Técnico la resolución elaborada por él en la semana--. No hay pruebas, el recurso es improcedente. ¿Se computa?”

El mecanismo funciona, las manos se levantan. El PRI gana la casilla 400 contra 200.

Otro botón. Casilla 13: protestada por haberse encontrado en la urna un “taco”. Dice la resolución: “Afirmación audaz e imprecisa, no aporta pruebas, es improcedente”. “No lo hicieron constar en el acta –dice el Secretario Técnico-, es una suposición”.

“Señor, sí hay pruebas –dice el panista, que muestra un racimo de boletas marcadas PRI--, pero no las aceptó, hay imparcialidad…”

No hay imparcialidad. Así dice el comisionado panista.

“Lo auténticamente verídico –dice el licenciado Narciso López Vázquez, comisionado de la Comisión Estatal Electoral, funcionario de la Secretaría de Gobernación estatal-- es que las boletas vinieran con la impugnación, el que impugna tiene que demostrar.”

“Acción nacional nunca tuvo la oportunidad de contar los votos”.

“Señores –la voz del Secretario Técnico se impone--, ya rebasamos los cinco minutos de discusión para este caso. ¿Se computa o no se computa?”

La casilla la ganó el PRI 429 contra 404.

Un botón más: casilla 23 del mismo II Distrito: protestada por el PAN por robo de actas por individuos en carro placas TWZ-303 y en combi roja SA-3065; dice la impugnación que en el robo participaron el representante del PRI y el auxiliar electoral; el agente del MP se negó a recibir la denuncia. Dice la resolución: “Sí en especie se cometió robo, la autoridad competente no se puede negar a recibir la denuncia (...) De cualquier forma, el supuesto robo no varía los resultados obtenidos del paquete.”

“Pero señor, el agente del MP se negó a recibir la denuncia, tenemos las pruebas...”, alcanza a decir el panista, que a esa hora se ve completamente derrotado, atrincherado por su posición de que “está funcionando la aplanadora y no vale la pena la discusión.”

“Señores –dice el comisionado priísta-, existe una instancia superior, ¿Por qué no se hizo de conocimiento del Director de Averiguaciones Previas o más arriba, del Procurador de Justicia. Hubo omisión por parte del PAN, la impugnación es infundada e improcedente”.

La casilla se computa y gana el PRI 1925 contra 38.

Ahora un botón atípico: casilla 42 del mismo II Distrito. Se protesta por estar el acta visiblemente alterada por mil votos a favor del PRI: Dice la resolución elaborada por el Secretario Técnico: “Resulta oficioso, la casilla no está identificada, no existe, no se computa”.

Confusión entre los comisionados. Resulta que el acta sí existe, igual que el paquete electoral. Primero el comisionado del Frente Cardenista da números sin acta: PRI 1,302, PAN 291. El Secretario Técnico tiene el acta en sus manos, dice que está firmada por Francisco Monterrey, representante del PAN en la casilla. El comisionado panista dice que nunca les entregaron la copia. El comisionado del PRI solicita ver el acta que tiene el Secretario: “Es penoso para mi aceptar –afirma luego de revisarla-, que con número dice: 1,302 pero con letra está escrito trescientos dos”.

“No se computa”, dice el Secretario Técnico, y pasa a otra cosa.

Chalacabula Chalchicomula

Venustiano Cervantes, comisionado panista en el Comité Municipal Electoral, contador público, tesorero de la UPAEP desde su fundación, un ciudadano gordito, pelado a casquete corto, de una familia tradicional de Xonaca, a las 11 de la mañana ha doblado las manos. Muy bien sentado en su lugar –no lo vi pararse en ninguno de los recesos en el computo de los distritos--, con su altero de folders con copias y copias de las actas que su partido logró juntar para este día –por lo demás, era el único comisionado que se presentó con papeles a la sesión y esa fue su tarjeta de acceso al local, ninguno de esos guachos le impedía la entrada por la mañana--, ha visto pasar unas tras otras las resoluciones de las casillas impugnadas. Ya nada dice, y mis dos colegas reporteras y yo ahí de testigos nos desesperamos: “Señor –queremos decirle--, haga algo, sino para qué vino, ahí tiene usted sus actas, defiéndase”.

Pero el hombre nada hace, está derrotado.

Pero no podemos hablar los reporteros, aunque por la posición en que quedamos sí nos damos cuenta de algunos de los artilugios del Secretario Técnico. Uno de sus auxiliares, el que finalmente nos ha permitido el acceso y la permanencia en el salón de cómputo, se acerca en los momentos álgidos y nos solicita que pasemos al fondo, al rincón donde el viejecito de cuento que hacía de presidente, Efraín Castro Rodríguez, “modera” la sesión. “Es obvio que ahí no cabemos”, le decimos y señalamos los treinta centímetros de espacio entre la silla del hombre y el ventanal con los barrotes de prisión que le dan al local ese aire prohibido, tras la reja, tabernáculo del civilismo al fin. Y en las discusiones, que llegan a interrumpir una o dos veces la sesión, uno se pregunta sí el viejito se habrá enterado de la presencia de los reporteros en el evento. Y uno se pregunta más: qué consecuencias tendría que fueran públicas las sesiones de cómputo electoral. Por lo menos, más allá de lo que sucediera una semana antes, el día de las elecciones, los Secretarios Técnicos tendrían que cuidarse más las espaldas.

Porque a sus espaldas estamos tres reporteros, dos jovencitas recién salidas de la escuela, y un joven veterano que soy yo.

Y como vemos, no podemos creer lo sucedido a la hora de pasar por la cuchilla del mayoriteo la impugnación de la casilla 31 A del III Distrito.

“Acta alterada –dice la impugnación--, se agregó un número a la cifra, con mil votos a favor del PRI.”

Pero la resolución, leída por el Secretario Técnico, no ve problema alguno: le da el triunfo al PAN por 204 contra 191.

“Qué absurdo, entonces para que impugnaron”, dijo un comisionado del Estado.

“Es increíble”, dice a media voz el comisionado del PRI.

Pero los reporteros estamos atrás del Secretario Técnico. Y vemos la copia del acta de la casilla 31con el casillero de cómputo del PRI con un 1191 bien plantado, aunque el 1 del millar aparecía un poco más nublado.

“Señores –dijo Venustiano sin alterarse, como no lo hizo en todo el día--, el acta que tenemos en nuestro poder dice 1911, por eso es la impugnación.”

“A ver –concede el Secretario Técnico--, cotejemos el acta con el paquete.”

Y la saca su ayudante. Y la tieneo en sus manos. Y nuevamente la vemos nosotros. Y ahí está, clarito, con un buen pulso, el 1 del millar para formar un civilizado 1191.

Pero los ojos engañan, profanos irredentos en este altar de vuelos mágicos, y no ven lo que afirma el Secretario Técnico.

“No, si está muy claro –expresa--, aquí también dice 191. No hay problema, ¿Se computa?”

Y a la voz del oráculo se levantan las manos, los comisionados del Estado guasean, el el PRI se arrebola, y el PAN ganó la casilla 204 contra 191.

La varita mágica

Horas después, en la redacción, a la hora en que escribo escucho de lejos las voces de los panistas en una asamblea en su local. Su local está en el mismo edificio en el centro que cobija las oficinas del diario para el que escribo. Habla Fraile y le achaca la derrota a la falta de decisión plena de los ciudadanos. “Hay pocos ciudadanos –dice-- lo que hay es pueblo, porque ciudadanos son los que se expresan a la hora de votar.”

Y yo pienso si se vale esta distinción, si no estará aquí la razón de fondo de la derrota de la oposición política al sistema priista: el PAN es un partido que finalmente piensa que todos aquellos que no votan son culpables de esta dictadura, y que nada tiene que ver su historia, sus personajes, sus programas, y que poco importa la ausencia de penetración real en la vida cotidiana de los ciudadanos.

Pero Ana Tere Aranda, la candidata panista a la que le pasó la aplanadora el domingo pasado, no está de acuerdo con Fraile, dice a los panistas que hubo menor abstención en 1989 que en las elecciones de 1988. Ella le achaca lo sucedido a “la varita mágica”. Y luego la agarra contra el gobernador Pina Olaya. Después narra su viaje al Congreso en México y de la defensa que hizo del caso Puebla al diputado Oropeza, de Querétaro –no la defendieron los diputados panistas poblanos, contados entre los “tradicionales”. Luego se pierde en detalles y en la nula defensa priísta, y en las pruebas aportadas por los panistas, y en las carcajadas que provocaban entre los diputados.

Ana Tere dice a sus correligionarios que agotaron las instancias, y que lo que sigue es “una labor política, un trabajo de resistencia civil.”

Y yo me quedo pensando. A la hora de la batalla, el partido en el poder es de veras un viejo boxeador que se las sabe todas, pero por ahora compite con sparrings que carecen de un manager que les platiquen de las malas mañas. Los panistas montaron un aparato como nunca lo habían hecho, recabaron actas en casi la totalidad de las casillas, capacitaron representantes, dispusieron de una logística profesional. Pero a la hora de la verdad, con los mecanismos de siempre, los ataron de manos. Están derrotados en todos los frentes. El comisionado Venustiano Cervantes lo tenía claro este domingo por la mañana, no bastaban las impugnaciones:

“La verdad es que no se compite en igualdad de condiciones”, me dijo apesadumbrado, poco después de las seis de la tarde, cuando el Secretario Técnico elaboraba en el segundo piso del local de la CME el acta final, que no firmaría don Venustiano.

A buena hora se dio cuenta.

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