Poder y Política

La relación entre medio y poder se pervierte, no puede ser de otra manera, cuando media el dinero a través de la relación comercial entre estos dos actores, incluso cuando es transparente, que es la excepción.


No puede haber una relación sana, siempre tiene que ser perversa, cuando uno cobra y el otro paga la cobertura noticiosa que se disfraza a través de la venta-compra de publicidad. En el actual mercado de los medios se vende y se compra todo a nivel nacional, pero sobre todo en los estados. Se pueden vender-comprar las primeras páginas de los periódicos y también los minutos estelares de la radio y la televisión.

Algunos gobiernos, empieza a ser común, en acuerdo con los medios, dan contratos a estos en otra actividad empresarial (constructoras, venta de productos ...), para esconder cuánto es lo que se gasta en publicidad.

La perversidad de la relación crece y no parece tener límites. El periodismo deja de ser tal, para convertirse en propaganda diseñada por el gobierno y ejecutada por los medios, algunos de manera más burda que otros. En el país, solo existe una forma de romper radicalmente esta lógica perversa. Y es que por ley se prohíba que los tres órdenes de gobierno se puedan anunciar y por lo mismo comprar publicidad.

En las democracias más avanzadas existe esta prohibición. El dinero público no es para que el político o el funcionario se promueva y tampoco para que anuncie las obras de su gobierno sino para que se invierta en las obras y en los servicios que está obligado a prestar.

La prohibición de que los gobiernos compren publicidad y los medios la vendan obliga a los dos a una nueva relación. El gobierno tiene que mejorar de manera radical su comunicación y los medios elevar la calidad de su trabajo, para realmente hacer periodismo.

En el país urge que un grupo de legisladores progresistas y con visión de futuro, pueden ser de derecha e izquierda, aprueben una propuesta de ley que prohíba la compra de publicidad oficial.

El día que pase vamos a ganar todos. La ciudadanía, porque las inmensas cantidades que hoy se destinen a los medios se van a invertir en carreteras, escuelas, hospitales y porque va a disponer de mejor información. El gobierno porque no va estar sujeto a la presión de los medios y va a poder canalizar más recursos a la obra pública. Los medios que desaparecen son los que sólo se sostienen a expensas del gobierno y van a verse obligados a hacer un mejor periodismo.

En 1915, José Dutriz, fundador de la Prensa Gráfica, un diario de El Salvador, que se sigue publicando, escribió: “La principal misión del periodista es decir al pueblo la verdad, y su más imperiosa necesidad es lograr ser independiente. El propietario de un periódico que necesita para sostenerlo de las subvenciones gubernativas o de ayuda de partidos políticos, ha fracasado en su alta misión defender lealmente a los intereses de la comunidad”.

No sé si hoy este periódico, que es muy conservador, reciba o no dinero del gobierno o de alguno de los dos grandes partidos que hay. Coincido con la posición de su fundador. Si para financiar a un medio interviene el dinero del gobierno o un partido político necesariamente se establece una relación perversa entre el poder y los medios.

Es ya histórica aquella frase del presidente José López Portillo (1976-1982): “No pago para que me peguen”. Los políticos pagan a los medios, para que los traten bien. Los medios cobran a los políticos para garantizar ese tratamiento. Siempre habrá excepciones que confirman la regla. En todo caso son contadas.

El periodismo que se hace en México, a nivel nacional y en los estados, en muy buena medida está condicionado por esta relación. Sin nuevos términos de la relación medios y poder, la democracia siempre estará en deuda.

El trabajo periodístico de Javier Valdez Cárdenas (1967-2017) se distinguió por ser una bitácora precisa de la violencia sinaloense. Alimentó su famosa columna “Malayerba”—publicada en el semanario Ríodoce— con historias de niños fascinados por las armas, madres tratando de alejar a sus hijos del narcotráfico, jóvenes con los bolsillos abultados de dólares, jovencitas “emperifolladas” en busca de un narco, asesinatos que no llegan a las páginas de los diarios. El libro Malayerba. La vida bajo el narco (selección de Antonio Ramos Revillas, Jus, 2016) se alimenta de estas y otras historias rescatadas por Valdez. Presentamos algunos fragmentos de las crónicas incluidas en ese libro. (Revista Nexos)



Sinaloa: territorio de balas

malayerba



Armas de juguete

Pedro y Julio juegan a los balazos. Él dice que trae un cuerno. Su amigo y compañero del salón prefiere las uzi. Ra-ta-ta-ta-ta-ta, grita uno. Ta-ca-ta-ca-ta-ca, le contesta el otro.

Andan de chile bola a la hora del recreo. Inseparables, los une el tercero de primaria y su afición, casi obsesiva, por las camionetas jámer, las chévrolet y las lobo. También les atraen los yips del ejército, artillados; aviones y helicópteros de combate.

Sus armas no son palos ni tablas, ni trozos de muebles de madera torpemente clavados, asemejando un rifle o una pistola. Son muy parecidas a las de verdad: cromadas y negras, con los movimientos y sonidos de cuando se corta cartucho, con cargador que entra y sale y balas de plástico.

[…]

[Julio] quiere cargar los chalecos antibalas y ver si es cierto que pesan kilos. Ponerse detrás de una mira telescópica y clavar el ojo en el punto donde se cruzan las rayas de la mirilla.

Y a eso juega con su amigo: a la guerra, a los balazos, a las camionetonas y los rifles de alto poder. Nadie gana, sólo ellos dos. No hay perdedores ni muertos ni saldos rojos. En esas mentiras chiquitas e inocentes, apantalladas con tanta muerte, no existen los justes de cuentas.

[…]

¿Y tu papá?, pregunta Julio, ¿por qué no viene nunca? ¿Por qué ni viene por ti?

No puede.

Por qué.

Porque está muerto: le pegaron cuando iba manejando el carro.

Por qué.

No sé. Dos balazos aquí atrás, le dice, lustrando sus ojos y apuntando sus deditos en la parte trasera de la cabeza.

Con pistolas de verdad, balas de verdad. Qué gacho. Ni modo, vamos a jugar, pues.

***

Cibernauta

Era una chole con las computadoras: cuestión de que tuviera una enfrente y l devoraba como su platillo favorito, postre y coyotito. El Jáquer, le decían, por sus constantes hazañas como cibernauta.

[…]

Era un briago de las computadoras. Pero también un haragán sin causa, un merolico de sus fechorías y travesuras cometidas frente a los teclados y las pantallas.

Esa vez halló una conversación en un salón de chat. Entró y participó con un seudónimo. Pero él no debía estar ahí. Los participantes eran narcos y sabían de las movidas de mercancía, los casos recientes de ajustes de cuentas: todo sobre los sótanos de la droga.

No le preocupó participar. Tampoco lo pelaron. Dieron datos, nombres. Su valemadrismo y esa soberbia que da el conocimiento lo mantuvieron en ese lugar durante varios minutos.

[…]

Se lo dijo a los vecinos con los que compartía esa sed atroz por las computadoras que nunca saciaba. Hizo lo mismo con los compañeros de escuela. Sus amigos recibieron también su reporte. Parientes, conocidos, desconocidos.

[…]

Cuando llegaron a su casa ya estaba sentenciado. Lo sacaron a empujones y patadas. Le preguntaban sin parar qué tanto sabía y qué tanto de eso había divulgado por toda la ciudad.

Les dijo todo y más. Las preguntas pararon, pero no los golpes ni las patadas. Siguieron como si estuvieran entrenando. Ya había fracturas y cortadas. Los hilillos de sangre se volvieron mapas, océanos, en su cara.

[…]

Los paró su ángel de la guarda. La abuelita soltó gritos y llanto cuando lo vio ahí, derruido, en los linderos de la muerte. Abrazó con fuerza la pierna del que empuñaba el arma. Le imploró sin muchas palabras: no lo mate, por favor, por su mamacita.

Le dijo que era su niño. Lo único que tenía. No lo volverá a hacer. Perdónelo por favor, le gritó, abriendo sus brazos y entendiéndolos en oración.

El matón agarró l pistola. Hizo un clic y la guardó. Ella se agachó a arroparlo con su cuerpo. Y cuando levantó la mirada ya no estaban ahí. El Jáquer sí, pero muerto en vida.

***

Alcalde

El alcalde les hablaba al chile: aquí, mientras yo esté al frente del gobierno nadie los va a molestar ni van a tener problemas.

Y todos contentos, los narcos más que nadie.

Era su discurso para quienes vivían en la parte alta de la serranía. A ellos, durante sus giras, los surtía de todo. Pasaba y le echaban grito; pasaba con su comitiva o solo, durante las visitas a los pueblos, y de todo le pedían.

Allá, lejos de la cabecera municipal y del empedrado, no le decían alcalde ni presidente municipal ni licenciado: para ellos era Toño. Toño para acá y para allá. ¡Ei, Toño! Le gritaban desde los patios, el plantío, los montes y los zaguanes de las casas.

[…]

Bajaba de las montañas con los encargos memorizados. De subida repartía las cajas, bolsas, costales y paquetes. Los costales de semilla son para don Chuy; las dos cajas de cartuchos de nueve milímetros, para Juan; doña Petra me pidió mangueras.

[…]

Eso le permitía tratar de igual a igual a quienes se dedicaban a sembrar mariguana y amapola. Y sabía que si les llevaba mangueras, fertilizantes, motobombas, iban a terminar en las parcelas intrincada de los cerros sembrados de enervantes.

[…]

Balas. Balas. Balas. Insumos para la siembra. Semilla mejorada. Y balas. Muchas balas. Decenas, cientos, miles, en los dos años que llevaba su administración al frente del gobierno municipal.

Muchísimas balas. Decenas. Casi cien, las que le pegaron a su camioneta, entre sembradíos, cerca de la ciudad. Y a él, según el forense, unas diez.

***

Noches y balas

Lo que pasa en Las Quintas se queda en Las Quintas, o sea que no se publica en los diarios.

Lo tiene claro y procura no espantarse, sino aceptarlo.

[…]

Duerme, se desconecta, se muere en medio de la penumbra y del alumbrado público que salpica sus paredes de cristal.

Pero su sueño es ahora intermitente. Chillan las llantas cuando tallan el pavimento y ella se despierta y vuelve a acomodarse bajo la sábana. Escucha el tracatraca de las metralletas cerca y a lo lejos. Se mueve de nuevo y acomoda su humanidad.

[…]

Todo se desbordó cundo escuchó a esas dos mujeres: no le bajaban de chingatumadre y puta. Escuchó primero ruido de frenadas, luego las bocinas de los carros, y después las mentadas.

Ahí, después de haber despertado, decidió levantarse y mirar por la ventana. Eran dos jóvenes, veinticinco años en promedio; estaban a un lado de sus carros, ambos con la puerta del lado del conductor abierta, gritándose.

[…]

No se daban y tampoco parecía que los proyectiles se acercaran a ellas o a los automóviles. Bang-bang. Y del otro lado: bang-bang-bang. Era como una danza, un baile por turnos.

[…]

Se aburrió. ¡Ba!, no pasa nada. Siguieron en ese ritual cómico fatal, pero ella se regresó a la cama: espero que recojan sus cuerpos antes de que me levante.

Despertó a las seis de la mañana y buscó afanosa el periódico en la cochera. Buscó y buscó: ninguna mención al hecho.

[…]

El 26 de abril por la mañana, a días de cumplir 100 días en el cargo, el gobierno del presidente Donald Trump hizo público que Estados Unidos se salía del TLCAN. La noticia provocó la reacción inmediata al interior de ese país, sobre todo entre de los agricultores y ganaderos, y en los gobiernos de México y Canadá.

The Washington Post ha hecho un esfuerzo por reconstruir lo que sucedió ese día y lo que provocó que una decisión del presidente Trump, al parecer imprevista y desbocada, horas después fuera la contraria. El jueves 27 entrevistaron a Trump y otros integrantes del gabinete.

Al empezar a correr la noticia, que pronto se hizo mundial, dirigentes de organizaciones estadounidenses de productores de granos y de carne empezaron a llamar a sus contactos en la Casa Blanca manifestándose en contra de la supuesta decisión presidencial.

El tenor de las llamadas es que sus agremiados habían votado por Trump y éste no podía poner en riesgo sus ventas a México, su principal comprador, que en el 2016 importó 18,000 millones de dólares en productos agropecuarios y esa cantidad tiende a crecer.

Los productores de maíz amarillo viven de las ventas a México, en el 2016 exportaron 16 millones de toneladas por un valor de 2,600 millones de dólares. Los productores de carne de puerco 1,400 millones de dólares y los de lácteos 1,200 millones de dólares.

A la llamada de los dirigentes de las grandes organizaciones de productores de granos y carne siguió la de cientos de sus afiliados que hicieron presión directa, en el marco de una estrategia, sobre la Casa Blanca.

El presidente de México y el primer ministro de Canadá, al conocer la noticia, hablaron y acordaron tener una misma posición ante el gobierno de Trump; si se anuncia de manera oficial el abandono de Estados Unidos del TLCAN ambos países no volverían nunca más a la mesa de negociación.

De acuerdo con The Washington Post, el secretario de Comercio, Wilbur Ross, el de Agricultura, Sonny Perdue, y su yerno y asesor, Jared Kushner, hablaron con Trump, para ponerlo al tanto de la posición de los dirigentes agropecuarios, de los productores y de la postura compartida de México y Canadá.

Trump, dijo el periódico, “ya tenía todo listo para terminar el tratado. Ansiaba terminarlo. Lo iba a hacer”, pero dio marcha atrás ante los argumentos que se le dieron del impacto económico y político que su decisión tendría al interior de Estados Unidos y con sus vecinos.

La reconstrucción de los hechos realizada por The Washington Post plantea que Trump ya había decidido cambiar de opinión cuando el primer ministro de Canadá y el presidente de México lo llamaron, para manifestarle su preocupación y buena voluntad para renegociar el TLCAN.

Trump sostuvo en su retractación que “he decidido que en lugar de cancelar el TLCAN, que sería un gran shock para el sistema, vamos a renegociarlo” y añadió que “si no puedo hacer un acuerdo justo para Estados Unidos, voy a cancelar el TLCAN. Pero vamos a darle a la negociación una buena y fuerte oportunidad”.

Otra versión plantea que la idea de la ruptura del tratado era un proyecto del consejero Steve Bannon, en el entendido de que ésta gustaba a Trump, pero el sector realista, encabezado por Gary Chin, jefe de los asesores económicos, consiguió demostrar lo absurdo de la idea y Trump dio marcha atrás.

Este episodio pone a la vista, una vez más, de un lado las distintas posiciones en pugna que están presentes en la Casa Blanca, los ultraderechistas y los realistas o pragmáticos, y también la personalidad bravucona, veleidosa y contradictoria de Trump. Es cada vez más difícil que los gobiernos y los medios lo puedan tomar en serio.

Vida y milagros

Pasé el fin de semana pasado en la ciudad de México. En la autopista y en distintos puntos de la ciudad vi muchos anuncios de Rafael Moreno Valle promoviendo su libro "La fuerza del cambio", y digo "anuncios de Moreno Valle" porque no acabo de creer que una editorial gaste tantísimo dinero en promover el primer libro de un escritor desconocido. Sé que así no lo hacen las editoriales. No es creíble la explicación que él mismo dio en la entrevista que le hizo Carlos Loret, de que Porrúa pagaba tantos espectaculares y anuncios radiofónicos a cuenta de los derechos de los dos siguientes libros que va a escribir. ¿Miguel Ángel Porrúa es pitoniso? ¿Sabe de antemano que el supuesto éxito de los siguientes libros pagará el gasto de espectaculares que igual se ven en Cancún, en Jalisco o en Nuevo León? ¿Cuánto vale eso? Ni García Márquez hubiera logrado un arreglo tan exitoso. En fin, no hay un solo presidenciable que no le esté dando vueltas a la ley y haciendo actos anticipados de campaña. Ya que quiten esa estúpida prohibición a la que todos burlan y el INE consiente. Eso y no otra cosa son esos anuncios del libro de Moreno Valle. Podría ser un libro magnífico, pero es realmente un truco para la enorme publicidad anticipada de una campaña política que la ley prohíbe y que se presta a disfrazar una casa editorial.



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Ahora, como dice el dicho, del plato a la boca se cae la sopa y papelito habla. En la síntesis que la editorial presenta del libro dice, textual "que Rafal Moreno Valle comparte su origen familiar, su preparación académica y profesional y los resultados de gobierno respaldados por evidencias....." "... los avances logrados en los DISTINTOS INDICADORES muestran cómo Puebla inició el cambio que México necesita". Así dice la página www.porrua.com.mx. Sin embargo el libro en que el ex-gobernador y neófito escritor exalta su propia trayectoria cayó desojado con todo y los sueños del señor Porrúa de recuperar su supuesta inversión ante los últimos hechos de violencia que a partir del martes dos de mayo han puesto a Puebla en todos los encabezados de periódicos y portales del país. El asalto a una familia que venía de México hacia Puebla a la altura de San Martín conmovió hasta los periódicos extranjeros. El saldo de un bebé muerto de un balazo y la violación de la mamá y su hija de 14 años nos han dejado helados a todos. Hoy se achaca el crimen a una banda delincuencial ligada a la ordeña de ductos que abarca un territorio que va desde San Martín hasta Libres, Quecholac, Acatzingo y las colindancias con Orizaba, y pone a Puebla como el estado con más tomas clandestinas del país.



El miércoles y jueves de la misma semana, Palmarito Tochapan, junta auxiliar de Quecholac, ardió en un enfrentamiento entre militares y las comunidades a las que el tráfico de gasolina y la ordeña de los ductos de Pemex les han cambiado la existencia radicalmente. El saldo es de 10 muertos, muchos heridos, varios detenidos y toda una comunidad en pie de guerra. Cuatro soldados murieron en el enfrentamiento, y el jueves la supercarretera Puebla-Veracruz fue bloqueada de ida y vuelta con montones de llantas encendidas en el tramo de Quecholac. Al mediodía del jueves escuché parte de la entrevista que López Dóriga le hizo al gobernador de Puebla José Antonio Gali a raíz de estos sucesos. Oyéndolo me pregunté: ¿Cómo y a qué hora se hundió Puebla? ¿Qué decían los indicadores que el libro menciona? Gali hizo énfasis en que su mandato empezó hace cien días y aunque le es difícil deslindarse del todo del desastre de la violencia derivada del descuido de la administración anterior, dio datos que empiezan a marcar una diferencia en cuanto a la prioridad que se está dando obligados por los graves hechos de las últimas semanas.

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El 9 de marzo de 2017 fueron secuestrados y asesinados tres policías de la fiscalía de secuestros y delitos de alto impacto precisamente en esa zona. Sus investigaciones se habían acercado demasiado a una banda delincuencial ligada al secuestro y a la ordeña de ductos. En el crimen estuvieron involucrados el presidente municipal de Atzizintla y varios policías municipales, quienes detuvieron y entregaron a las víctimas a la banda del Buchanans, mismos que fueron detenidos en el operativo Encrucijada, en el cual participaron fuerzas federales y estatales. Ante la debilidad de las instituciones de seguridad pública poblanas el gobernador Gali convocó a una mesa de trabajo interinstitucional y pidió el apoyo de la federación y el ejército. Tantos años de abandono tenían al gobierno estatal contra las cuerdas. Por eso durante la entrevista Gali fue contundente en reconocer lo indispensable de la colaboración con la federación en este momento y lo agradeció repetidas veces. Simplemente el estado por sí solo no tiene con qué enfrentar el colapso de la seguridad publica en el llamado "triángulo rojo", aunque sí dio un dato que deja mucho que pensar: en dos meses el gobierno del estado de Puebla y la PGR han decomisado un millón de litros de combustible robado. En todo el año pasado solo se decomisaron doscientos mil litros. Y es ahí en dónde obligadamente se vuelve al tema del libro de Moreno Valle y su tesis e indicadores de un gobierno, el suyo, que sí supo cómo gobernar.

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En diciembre de 2010, en los últimos días de Mario Marín y a unos días de que iniciara la administración de Moreno Valle, la fuga en un ducto de Pemex que estaba siendo ordeñado explotó y dejó un saldo de 39 civiles muertos. El problema de la ordeña estuvo en focos rojos desde el inicio de la nueva administración, y no sólo no fue priorizado y atendido con toda la fuerza del estado, sino que hace ya dos años que el Director de la Policía Estatal Antonio Estrada López fue detenido justo en esa zona por miembros de la PGR y la Marina en una madrugada en que Estrada acompañaba y protegía la ordeña de un ducto desde una patrulla. Ahí, con las manos en la masa le cayeron y se lo llevaron detenido a México. El operativo de la Marina y la PGR se mantuvo en absoluta secrecía y fue el fruto de una larga investigación. El hecho le costó el cargo un mes después a Facundo Rosas, el Secretario de Seguridad Pública durante los primeros cuatro años de la administración de Moreno Valle. El procurador del estado era Víctor Carrancá, quien hasta la fecha permanece en el cargo pues fue ratificado en 2016 por el congreso actual hasta el año 2022.

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Moreno Valle logró como gobernador muchas de las cosas que se propuso, en particular la modernización de la infraestructura en la capital del estado y zona metropolitana, privilegiando obras de alta visibilidad que detonaron para bien el potencial turístico pero también su imagen. Para desgracia de todos descuidó enormemente el tema que más preocupa a los mexicanos: la seguridad pública y la impartición de justicia, temas hacia los cuales demostró un profundo desinterés y a los que él y el congreso les redujeron el presupuesto de manera alarmante. Nada deja más claras las prioridades de un gobierno que el revisar presupuestos que se destinan a cada tema. Los ministerios públicos del estado trabajan con poquísimo personal y en condiciones lamentables. El poder judicial está disminuido, Las policías estatales y municipales son como casi todas las del país, débiles, mal pagadas y poco confiables.

Moreno Valle mantuvo una permanente campaña mediática durante su gobierno, siempre centrada en que él si sabía cómo gobernar; la promoción de su libro recalca la imagen de que él si puede con el país y sí sabe hacer las cosas; como ejemplo pone su trabajo en Puebla, haciendo énfasis en su legado de una Puebla segura, moderna y con menos desigualdades. Dos cosas están desdibujando el retrato de este moderno Dorian Grey: la primera es el mensaje de que en la forma de promocionar su libro le está dando la vuelta a la ley acerca de los actos anticipados de campaña y promoción de imagen, o sea, el mensaje de que las leyes no están para cumplirse sino para darles la vuelta. Pasarse de listo es una de las leyes del poder que tarde o temprano pasan factura. La otra es la realidad de la galopante inseguridad pública que se logró maquillar y mantener prendida con alfileres mientras crecía a velocidades vertiginosas pero oculta por permanentes campañas publicitarias a favor de la imagen de un buen gobierno. Ahí están los números. Puebla es el primer estado en la ordeña de gasolina en el país y este récord no se logró en un año sino en un largo sexenio. Como dice Alejandro Hope, analista de seguridad pública- "Varios venimos diciendo lo mismo desde hace meses: con la crisis del huachicol Puebla se está jodiendo...y sorprende que la respuesta solo llegue en la forma de más personal militar." El gobierno del estado de Puebla fracasó rotundamente en este rubro.

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¿Para qué gastan los gobernantes en tanta publicidad y tanta promoción personal? Al final no hay nada más contundente que los hechos. No importa que un gobernante nos simpatice o no, tampoco a qué partido pertenezcan porque las mudanzas de partido están a la orden del día y ya da casi igual el partido mientras de verdad quienes quieren gobernar crean en el imperio de la ley y prueben con sus actos su verdadera convicción de que las leyes deben respetarse. Lo segundo, pero igual de importante, es que deben probar que están convencidos y preparados para garantizar la seguridad pública y la tranquilidad de las personas. Poco puede construirse sin esas dos premisas. Lo que sí se puede es escribir muchos libros. Todos los aspirantes a presidentes de la república están dedicados a eso con devoción. Ahora todos son escritores. Nada tan fácil como prometer en un libro jardines de rosas.

La matanza va

Día con día

Endemoniada tarea la de tratar de entender algo de lo que pasa leyendo boletines de las autoridades sobre la captura de grandes narcos. Añaden poco las notas de prensa que se dedican poco más o menos a glosar y repetir los boletines.



He leído en cuatro diarios las notas de la captura del ahora famoso Licenciado, Dámaso López Núñez, quien, según las notas, ayudó a escapar al Chapo Guzmán en su primera fuga del penal de Puente Grande, en el año 2001, donde Dámaso era subdirector.

Se hizo luego miembro de la banda del Chapo, luego compadre del Chapo, que le bautizó a su hijo, luego lugarteniente de confianza, luego nuevamente auxiliar de la segunda fuga del Chapo en su fuga del penal de Almoloya en 2017, luego jefe sustituto y hasta “sucesor” designado del mismo Chapo cuando este cayó de nuevo.



Aquí empieza, si entendí algo, la historia inversa. El Licenciado empieza a tener diferencias con los otros sucesores del Chapo, los hijos de este, Iván y José Alfredo, y con el capo invicto del llamado Cártel de Sinaloa. Ismael El Mayo Zambada, que no ha ido nunca a prisión.

Por razones que ninguna de las notas explica el pleito deriva en una escisión, pues el Licenciado Dámaso decide aliarse con el rival de los sinaloenses, el llamado Cártel Jalisco Nueva Generación, que tiene pretensiones de expansión hacia el norte.

Quedan todas las dudas sobre lo que realmente sucedió y sucede ahí, y no hay el menor indicio sólido de cómo fue la investigación que condujo a la captura.

De lo que no quedan dudas, pues esa la historia repetida de los últimos quince años, es de que este nuevo descabezamiento de un capo mayor, dará pie o meterá el pie en el acelerador, de una nueva epidemia de violencia en busca del reacomodo de las bandas.

La estrategia de descabezar a los cárteles ha tenido un éxito kafkiano: no ha reducido el tráfico de drogas, pero ha multiplicado la violencia y ha convertido lo que a principios del siglo eran 5 grandes bandas en las 280 que contó en su último reporte Eduardo Guerrero al empezar 2017.

No sé, la verdad, qué haya que celebrar en la noticia implícita de todo esto. A saber: que la matanza, va.

A 14 meses de la elección presidencial del 2018, Morena y el PAN están en claro empate técnico en la intención del voto. El PRI se rezaga y tiene la mitad de la preferencia de los dos primeros, según una encuesta de El Universal / Buendía&Laredo publicada el pasado sábado 15 de abril.

Morena obtiene 24% de la intención del voto, el PAN 23%, el PRI 13%, el PRD 6%, el PVEM, el MC y el Panal 4% cada uno, el PT 3% y el PES 2 por ciento. La suma de la preferencia de los seis últimos equivale a los mismos votos que solos tendrían Morena y el PAN.

Ahora lo que se ve es que para el 2018 sólo Morena y el PAN son competitivos. Los demás partidos, incluyendo el PRI, están fuera de la competencia. En su momento habrá que ver cómo se organizan las alianzas partidarias y cuál es la decisión del PRI de seguir abajo en las encuestas.

La mitad de los electores nunca votaría por el PRI, 9% por el PAN y Morena, 7% por el PRD, 3% por PVEM, PT y Panal. Por su parte, 2% nunca lo haría por el PT y el PES. El PRI es el que provoca el mayor rechazo. Eso explica, entre otras cosas, que tenga una muy baja intención de voto.

El partido que tiene el mayor nivel de opiniones negativas es el PRI con 64%, seguido por el PRD con 35%, el PAN con 37% y Morena con 21 por ciento. El que tiene un menor espacio de maniobra con el electorado es el PRI. Sólo no lo rechaza 36 por ciento. Los otros partidos están en mejor posición.

Morena, con 37%, tiene el mayor nivel de aceptación, le sigue el PAN con 29%, el PRD con 23% y el PRI con 19 por ciento. Una vez más, el PRI es el que está en peor situación con relación con los otros partidos y Morena en la mejor, seguido del PAN.

En el balance de opinión, que se obtiene de restar a la buena opinión la mala, el PRI tiene -45, el PRD -14, el PAN -10, el PVEM -11, el Panal -6, el PES -5, el PT -4, el MC +4 y Morena +16. Una vez más, el partido peor evaluado es el PRI y el mejor Morena.

La constante es que la marca PRI está mal valorada por los electores de todos los niveles sociales y grupos de edad con sólo ligeras variantes. Cualquiera que sea el candidato del PRI tendrá que remar contra la corriente. El candidato de Morena tiene en su partido una buena marca y también lo es para el PAN aunque en menor medida.

Es cierto que a la hora de votar cuenta más el candidato que el partido, pero no puede minimizarse la importancia de la valoración positiva o negativa de la marca partidaria. Ésta favorece o perjudica al candidato de la misma. Ahora quien está en mejor situación son quienes sean los candidatos de Morena y el PAN, y en peor, el del PRI.

Día con día

Javier Duarte, el ex gobernador priista de Veracruz aprehendido el Viernes Santo, es un escándalo esférico: como gobernador en funciones, como gobernador prófugo, como gobernador preso.



La opinión pública mexicana aborrece su caso al revés y al derecho. Mientras estuvo prófugo, por la complicidad política que lo había dejado escapar. Ahora que ha sido detenido, porque su captura le viene como anillo al dedo al reto electoral del gobierno, urgido de bonos en su batalla por el Estado de México.

Muchos lamentan el daño que Duarte y otros gobernadores le hacen a la imagen del país. Sin duda es un gran daño, pero, puestos a pagar por el desarreglo de los gobiernos locales mexicanos, es preferible el escándalo de gobernadores presos que el de gobernadores prófugos.



Los gobernadores presos son una raya de contención de la impunidad. Los prófugos, son la impunidad buscando refugio. Los gobernadores presos son también una advertencia para gobernadores en funciones.

El escándalo es lamentable pero no su mensaje. Dice a todos los javieres duarte del país, que la tolerancia pública para sus prácticas va en picada, y ellos con ella.

Javier Duarte es un caso extremo de excesos rutinarios en un paisaje de gobiernos locales cuyos usos y costumbres no se distinguen mayor cosa de los que Duarte llevó al delirio.

La fuente común de esos excesos, muchos de ellos legales, es la autonomía y la discrecionalidad con que los gobiernos de los estados ejercen sus finanzas públicas, es decir, por su mayor parte: los fondos que por distintos conceptos reciben de la federación.

Estos gobernantes necesitan sólo la aprobación de sus congresos locales para desviar fondos federales, sobreendeudarse, financiar ilícitamente campañas electorales, enriquecer a sus clientelas y a sí mismos con todo tipo de contratos, concesiones, obras fantasmas, burdas sobrefacturaciones o refinadas ingenierías financieras.

Duarte es sólo la punta del iceberg de una institucionalidad torcida que produce duartes. Es un monstruo estándar que estaba antes y seguirá después: una anomalía que se sale de su molde sólo porque su torpeza inaudita atrae sobre él los reflectores de la justicia.

La baja gobernabilidad que caracteriza el momento mexicano puede describirse bien con un criterio del muy conservador y muy inteligente politólogo Samuel Huntington, para el cual, el rasgo definitorio de un orden político no es el tipo de gobierno, sino el grado de gobierno.

No importa tanto si el régimen es una democracia o una dictadura, un régimen parlamentario o uno presidencial. Lo importante, dice Huntington es el grado en que ese régimen gobierna efectivamente, consigue sus objetivos, aplica sus políticas, mantiene el orden, suscita la adhesión o al menos la obediencia de sus ciudadanos.



A mayor grado de gobierno, mayor gobernabilidad. A menor grado de gobierno menor gobernabilidad. Cero grado de gobierno es la anarquía pura. Cien grados de gobierno es la dictadura total. Las realidad no produce nunca estos extremos.

Lo que se encogió en México con la transición a la democracia fue el grado de gobierno. El poder se descentralizó, se fragmentó se hizo menos hegemónico, más democrático, más compartido y también más ineficaz.



Los espacios de la vida pública que han sufrido más, en la realidad y en la percepción, son familiares para todos los mexicanos.

Ha sufrido la calidad de los gobiernos, cada vez más ineficaces y menos controlables, paradoja propiamente mexicana en donde la democracia no viene acompañada de la competencia entre poderes sino de la complicidad y los pactos entre ellos.

Ha sufrido el orden de la inseguridad y de la violencia, que eran ostensiblemente menores en el viejo régimen.

Ha sufrido un alza inverosímil la vieja enfermedad mexicana de la corrupción, extendiéndose como una telaraña por todos los espacios democratizados del poder.

Ha crecido proporcionalmente la cultura de la ilegalidad y de la trampa, al punto de la conducta de los actores públicos centrales se

Ha crecido, junto con todo esto, la falta de claridad sobre el lugar a donde México se dirige o debe dirigirse. Tenemos una crisis de futuro o al menos una disputa sorda, poco transparente, sobre él.

Ha crecido, por último, la desconfianza mayoritaria en que alguien brotado de nuestra democracia ,pueda corregir el rumbo, mejor dicho: aclararlo, trazarlo y hacerlo realidad.

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