Poder y Política

De la columna Día con día

Leyendo el discurso de Enrique Ochoa como nuevo presidente del PRI he pensado, en un rapto de política ficción, que quizá el presidente Peña Nieto no está preparando un destape a la antigüita del candidato presidencial del PRI, sino que este es, de hecho, su destape presidencial. Al menos, su primer destape.



Ochoa se plantea en su discurso tareas de liderato, renovación y continuidad que le urgen al gobierno de Peña Nieto.

Primero, quiere encabezar la campaña anticorrupción contra los gobernadores de su propio partido y contra los de otros. Es la campaña contra la corrupción que el PRI parece incapaz de abanderar sino al precio de sus propias bajas, campaña fundamental para el gobierno si quiere reponer algo de su menguada aprobación y disputarle el tema a las oposiciones.

Segundo, Ochoa asume sin titubear el horizonte de reformas de Peña Nieto, que parecen perdidas en la opinión pública pero son un hecho en la Constitución, en las leyes secundarias y en las instituciones derivadas de ellas. Es el único proyecto de gobierno real que hay en el país. El proyecto que el próximo gobierno está obligado a cumplir , mientras no cambien las leyes.



Tercero, Ochoa asume la presidencia del PRI como vocero activo de ese proyecto, el lugar desde donde el gobierno enfrentará a los medios, hablará con la sociedad y discutirá con sus competidores.



Cuarto, plantea la vinculación directa del gobierno federal priista con el PRI mediante una continua interlocución de miembros del gabinete con estructuras locales del partido.

Las debilidades del destape priista de Ochoa apenas pueden ocultarse. No es de ahí, no conoce el gallinero, ni a los gallos ni a las gallinas. Llega al PRI en estado adánico, apenas salido del paraíso, inocente del todo respecto de la realidad del priismo realmente existente.

Pero este es el estado en el que salían al ruedo muchos candidatos presidenciales del PRI desde, por lo menos, José López Portillo. Remediaban su ignorancia adánica yéndose de gira al país para aprender. Esto es lo primero que va a hacer Ochoa, con su gira de cien días.

La varita mágica de aquellos candidatos adánicos se llamaba en mis tiempos “la cargada”. Amigos y enemigos sabían que ese candidato era “el bueno” y esto añadía rápidamente adhesiones impensables de otro modo.

Al PRI derrotado de estos días le urge saber quién es “el bueno”. Pienso, en mi rapto de política ficción, que Ochoa es una primera respuesta de Peña.

Salió fea, débil, cucha. Y ahora es acechada y erosionada desde muy diversos flancos: desigualdad, pobreza, corrupción, violencia, insuficiente crecimiento económico… Tal es el diagnóstico que José Woldenberg presenta en este ensayo. Un diálogo que comparte y discute las propuestas planteadas por Héctor Aguilar Camín en “Nocturno de la democracia mexicana” (nexos, mayo de 2016).

Relacionada:

Nocturno de la democracia mexicana/Ensayo de Héctor Aguilar Camín en Nexos



La gestación fue larga y penosa. Y al final el niño salió feúcho, debilucho y cucho. Defraudó a todos. La madre sabe que no será Brad Pitt, el padre se lamenta porque soñaba en un hijo como Michael Jordan y la familia entera llora por sus malformaciones. Habrá quien le quiera aplicar la eutanasia y sanseacabó. Claro, también puede reaccionar un optimista irredento y pensar que en algunos años estaremos ante un doble de Jean Paul Sartre. Pero si hay unos gramos de sensatez lo mejor será tratar de ayudarlo, reforzarlo y acompañar su desarrollo. Como se ve, el halo de opinión que rodea al niño puede ser tan importante para el futuro del infante como el niño mismo.

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Ilustraciones de Víctor Solís en Nexos



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Ilustraciones: Víctor Solís



Luego de una gestación larga y penosa nuestra democracia defrauda a (casi) todos. Para algunos no le ha tocado ni un pelo a la desigualdad y la pobreza, no ha logrado un crecimiento económico como el que México requiere, no genera los empleos necesarios. Para otros, es incapaz de revertir la corrupción y la impunidad y no puede lidiar de manera efectiva con la espiral de violencia. Los de más allá observan unos partidos incapaces de suscitar el entusiasmo, de fijar un horizonte y penetrados hasta el tuétano por la podredumbre; acompañados de unos medios de comunicación que no ayudan a entender lo que sucede en el ámbito de la política. Los derechos humanos no acaban de ser el piso de nuestra convivencia, la agresión contra las mujeres se documenta todos los días, los abusos de los “poderosos” son parte del menú cotidiano de las noticias. La lista es larga, verdadera y se puede multiplicar pero no quiero abrumar al eventual lector. (Casi) todo mundo tiene una queja o un malestar legítimo. Y al igual que con el niño malogrado no faltará quien quiera deshacerse del engendro, o en el otro extremo, quien diga que quizá mañana, con un poco de suerte, seremos como Suecia; pero otra vez lo más sensato es no tirar el niño y el agua sucia y apuntalar a nuestra germinal democracia mientras se atienden las patologías que la debilitan en serio y en serie.

De la columna Día con Día

José Woldenberg ha publicado en la revista Nexos (julio 2016) una respuesta crítica a mi ensayo “Nocturno de la democracia mexicana” publicado el mes anterior. Me estimulan por igual sus coincidencias y sus diferencias con mi texto. Las primeras porque se refieren a aspectos fundamentales del diagnóstico. Las segundas porque cuestionan aspectos también claves de mis remedios, que no tengo empacho ni en repensar ni en corregir.



La coincidencia mayor que celebro es haya leído con claridad mis propósitos. En efecto, como dice Woldenberg, el áspero retrato que tracé del estado de nuestra democracia, no es para darla por muerta y tirar el niño junto con el agua sucia de la bañera. Menos aún para decretar México padece una tara ingénita para la democracia y la modernidad política.

No es un diagnóstico para ejercer la trivial incredulidad de que no tenemos remedio, que los políticos son una basura ,los partidos una pandilla y los ciudadanos una tribu de indignados impotentes.

Mi crítica de la democracia mexicana quiere describir, como dice Woldenberg, “las patologías que la debilitan en serio y en serie” para “corregir aquello que está desgastando muestro precario arreglo democrático, con la intención de fortalecerlo”. (subrrayado mío)



Las patologías de nuestra democracia son muchas y visibles, pero la vitalidad del organismo, me parece que está fuera de duda.



Basta ver las palizas que diversas ciudadanías locales pusieron en las elecciones estatales recientes a gobiernos que les habían colmado el plato, que parecían tener la sartén por el mango, y que perdieron sin embargo la sartén, el mango y la cocina.

La vitalidad del espíritu democrático mexicano me parece innegable, en medio de la proliferación de reglas mal puestas que acabaron produciendo lo que querían evitar.

El ejemplo mayor es el del financiamiento público que quería evitar la entrada de dinero privado o del crimen al proceso electoral y acabó creando un mercado negro de dinero electoral varias veces mayor que el reconocido oficialmente.

La búsqueda de lo que hay que corregir para fortalecer nuestra democracia tiene que ver precisamente con las normas que hay que cambiar para corregir las patologías de un cuerpo no sólo sano, sino poseído también a momentos por una energía inusitada, y de una rabia y una indignación que necesita nuevos cauces nuevas reglas, menos agua sucia en la bañera.

Hay la tradición, a la vez oculta y conocida, de lo que debe hacer en las elecciones presidenciales un presidente “emanado” del PRI.

De la columna en Milenio Día con Día.



Esa tradición dice el que el presidente debe poner en su gabinete a unos secretarios que puedan sucederlo en el cargo, volver luego precandidatos a cuatro o cinco de esos secretarios, escoger luego a uno, imponerlo luego como candidato a su partido y hacer luego todo lo que esté de su parte, con la ley y sin la ley en la mano, para que su candidato y su partido ganen las elecciones.

La tradición dice que el presidente priista debe heredar intacto el bien que le heredaron: la presidencia de la república.



El libro ya clásico de Jorge Castañeda sobre el particular se llama precisamente La herencia. El título sugiere que en México el poder presidencial no se ganaba sino se heredaba. No se obtenía en la arena democrática con los votos de muchos, sino en el juego palaciego, con el voto de Uno.

Ese Uno fue en su momento, también, un heredero. Su deuda por haber heredado, era heredar a su vez. Y heredar quería decir que quien él había decidido ganara la presidencia sin problemas, con menos problemas incluso que él.



Nobleza y herencia obligan. Ya que no podía quedarse con el poder heredado, el presidente debía heredar lo mejor y lo más limpiamente posible la presidencia.

Este juego de legitimidades, en el fondo de ilegitimidades, imponía en los presidentes priistas la responsabilidad de pagar la herencia recibida, de honrar el código en el que había recibido y ejercido el poder.

Ahora bien, esta herencia era factible porque junto con el cargo los presidentes heredaban otras cosas: un partido político hegemónico, el PRI; una élite económica dependiente de la política; una opinión pública controlada; una desigualdad social administrable con clientelas presupuestales; y la indiferencia o la aquiescencia de la opinión internacional.

Todo estas cosas se han ido. La herencia cabal de antaño es hoy imposible. Pero lo que vemos en la presidencia priista de hoy es el esfuerzo de reproducir La Herencia de antes. Apenas sorprende que el proceso vaya tan mal para los priistas y para el presidente.



Mundo Nuestro. Javier Ávila A. S. J., es Presidente de la Comisión de Solidaridad y Defensa de los Derechos Humanos, A. C.

Son más de cuarenta años de mi caminar en Tarahumara con períodos de paz, épocas de tranquilidad, convivencias pacíficas, situaciones difíciles, sequías, hambre, injusticias, amenazas y persecuciones. Pero debo decir que es la primera vez que atravesamos una crisis de impunidad, violencia, y que a muchos nos hace pensar que URGEN cambios profundos en el Estado. Los gobiernos y sus decisiones nada favorables para el pueblo pobre, para los indígenas, han venido orillando a la sociedad a situaciones intolerables e insoportables que nos hacen gritar ¡YA BASTA!



Memoria de Marisela Escobedo.



Protesta de madres chihuahuenses en la ciudad de México.


Es necesario gritar para que se nos escuche, para que se preste atención al “clamor del pueblo”. La verdad se disfraza de bondad, la mentira se maneja como lo ordinario en los discursos políticos y los candidatos presumen su cercanía al pueblo abrazando a gente pobre para tomarse una fotografía, fotografía que queda en el álbum de los recuerdos, porque no vuelven a permitir ni siquiera que se les acerquen cuando están en Palacio de Gobierno.
Las policías construyen delincuentes, detienen a su antojo a personas inocentes, justifican sus ineptitudes y arbitrariedades “cargando” a los afectados, construyen circunstancias a su antojo, mienten con desfachatez y descaro, e inventan delincuentes en cuanto una persona reclama o se les enfrenta para defender sus derechos.
Parece que la consigna de los mandos superiores no es perseguir el delito sino construir delincuentes e inventar culpables.
“Ya se perdió la vergüenza y la discreción para hacer lo ilícito”, recientemente lo dijimos los miembros de la Diócesis de Tarahumara a propósito de la quema criminal que padeció el bosque en el Municipio de Bocoyna.

Incendio intencional en el bosque de Bocoyna. Foto de zocalo.com.mx


El sufrimiento y la frustración de la sociedad es cada vez mayor, sus gritos se escuchan con más frecuencia, las quejas se reciben a diario en esta Comisión de Derechos Humanos, y ya no podemos tolerar que se repitan los mismos patrones ni que se siga deteriorando nuestro Estado de Chihuahua con tanta rapidez. Urge una renovación en serio y a fondo.
Desde los centros de poder, todo se tiene en cuenta antes que el sufrimiento de las víctimas. Se funciona como si no hubiera dolientes ni perdedores, y se tiene que escuchar un grito de indignación absoluta: el sufrimiento de los inocentes ha de ser tomado en serio; no puede ser aceptado socialmente como algo normal pues es inaceptable para Dios.


No contentos con esas situaciones, aparecen ahora los tiempos de la mentira y la promesa, de la represión y el control si no vas con “el candidato”. Ya no se puede ejercer la libertad de expresión porque aparecen las represalias.
Hago la precisión de que no tengo ninguna opción partidista por mi carácter sacerdotal y porque NO creo en ningún partido; los respeto, pero no creo en ellos, creo en las personas. Pero esto no es razón para callar una realidad que ofende.
Recientemente de un Centro de Salud parte del personal que ahí labora acudió a la visita del candidato del partido en el poder, abandonando su trabajo, y cuando otra persona de ese Centro tuvo el valor de señalarlo le llegó “de arriba” su cambio a otro municipio sin mayores explicaciones.

Protestas de maestros en Chihuahua.


Lamentablemente los maestros vienen sufriendo las mismas represalias si no aplauden y apoyan al candidato tricolor, al candidato oficial.
Ex militantes de otro partido han confesado abiertamente las “consignas” y las órdenes que recibían durante las votaciones para hacer cualquier tipo de marrullerías a favor de un candidato y así lograr su triunfo (y las cosas no cambian…). Desde el propio gobierno siguen cancelando la democracia.
¿Hasta cuándo vamos a seguir bajando la cabeza y soportando tanta suciedad y podredumbre? El reclamo es para mí, es para ti y para nosotros que navegamos en este enorme océano de incredulidades, corruptelas, desvergüenzas, imposiciones y mentiras.
¡Ya basta! De verdad ¡YA BASTA!

Javier Ávila, S.J.

Ha ganado Tony Gali el round principal de este pleito de camarillas en el que se convirtió la elección poblana.

Y ha cerrado la noche a su manera, pero ahora con el entendido de que a su feligresía ya la tiene en la bolsa.

Escribo ya en la madrugada, luego del jolgorio futbolero y la recopilación de un día sonámbulo que terminó con el chipichipi que ahora envuelve a la ciudad.



Sonámbulo, digo, el ciudadano. 56 de cada cien decidieron quedarse en casa. O irse a misa. O a comer carnitas. Porcentaje restante le llama el PREP al abstencionismo del 56 por ciento. Sonámbulo, recojo el número y, a como van las cuentas a la 1.30 de la mañana del lunes 6 de junio lo convierto en ciudadanos que con su puño votaron por el candidato triunfador: unos veinte de cada cien poblanos con derecho a voto.

20 de cada 100 ciudadanos escogen a los gobernantes en Puebla. A ese entredicho hemos llegado en la democracia mexicana.

Pero hasta donde veo a la media noche, la ventaja en el filo de los doce puntos representa el peor escenario para el viejo-nuevo PRI de ese enredijo de marinistas y extraviados del partido monopólico derrotado en el 2010, y que hoy se fueron a casa con la amenaza de la judicialización del proceso y el pensamiento de que en política no hay cadáveres, y el mejor para el viejo PRI neo-neo PAN de los morenovallistas y conversos que se apropiaron del vetusto neo PAN que Paco Fraile y Ana Tere Aranda y los Yunques construyeron a principios de los años noventa.

Supongo entonces que esta noche es la de la derrota total de los que llamaré viejo-panistas, pues a estos neo-neo panistas les sienta bien pensarse modernos y nada proclives a las armonías de la pandereta scout, y se han ido a festejar a la gringa en el hotel Intercontinental. Para los otros, la rumia para el 2018.

Qué enredo éste de camarillas viejo nuevo pri, viejo neo pan, neo neo prian.



Qué lío de cruces y de brincos en esta era de la bancarrota de la vieja política priista.

Qué enredijo de saltos y enroques en esta era de la resurrección de la vieja política priista.

Así que ahí está Tony Gali triunfador, muy a la moderna envuelto entre sus seguidores en el salón del hotel Intercontinental. Adiós jardín del Carmen de la vieja oposición panista, la que ganó hoy no es la camaradería del rezo y la pandereta sino la estructura que se construye con los recursos del gobierno, que para algo les ha servido su vieja escuela priista y por algo tienen el control del Estado.



45 puntos. Un golpe de mano que hace trizas la recuperación de los marinistas y termina con el resuello de los viejos panistas. Tal es el resultado que el Gali ganador agradece a los cuatro vientos, como descubro que dirá dentro de un ratito.

De nuevo lo veo ir y venir por una pasarela, ahora la del triunfo, entre el griterío y los pegajosos pepelitos que le disputan el primer plano a las cifras que rondan el 45 contra 34. Y no pierdo de vista el significado de esos números: cerca de 8 de cada 10 votantes lo hicieron (se dicidieron, dirá para los suyos Gali) por los dos partidos históricos de Puebla, y sin rencor alguno por lo que representan.

Cinco minutos después de dos docenas de muchas gracias a todos los que sus ojos y su memoria encuentran, sigo entretenido el video que las huestes de Gali han subido al FACE

(https://www.facebook.com/TonyGaliFayad/videos/1211181068915523/).

La victoria alivia los nervios, pues lo encuentro distendido, nada gritón, ni por asomo en busca de conversos. Entiendo que ahora todos pasamos a ser parte de su feligresía.

“Gracias Puebla”, dice una y otra vez. Y yo no dejo de hacer mi cuenta. 56 de cada cien no votaron, 20 de cada cien lo hicieron por el candidato al que le levantan el puño uno por uno a los que él reconoce y agradece.

“Somos una gran familia”, dice y al fin viene el discurso. Y yo, ya no tan sonámbulo, me digo si dejará salir al predicador que lleva dentro. Atento, sigo sus pasos, sus movimientos.

“Hicimos una campaña muy alegre, pero muy seria, muy ordenada de principio a fin, donde se presentó un plan para Puebla, tenemos compromisos que cumplir, y por eso digo…”

Entonces dio un salto. Éste, sí, un pequeño salto, claro, no estamos en el estadio. Pero cuánto se contiene en un saltito. Se confirma una era, así que el recurso histriónico lo merece. Ah, reconozco lo que sigue: la mano que marca el giro hacia adelante, y los pasitos cortos, claro, y la técnica bien aplicada de la oratoria, el uso de los recursos a la vista, como encontrar a su paso los ojos de su coordinador de campaña:

“Ya le pedí, ya le exigí a mi coordinador… -- y va y abraza a Javier Lozano, el mismo que ahora sí lo ha presentado, hoy no hay Chelis que valga, y lo describe ‘un coordinador discreto’, y se distrae pues mira a Marcelo, claro, igual que Marcelo, sí, claro que sí, muchas gracias Marcelo García y gran abrazo a Marcelo el representante del neo CEN del viejo neo pan, el comunicador que ha manejado la política de comunicación social del morenovallismo así que venga otro abrazo, para al fin continuar sin más paréntesis-- que convoque a todo este equipo de campaña para que desde mañana mismo se ponga a trabajar, porque esos veintidós compromisos tenemos que convertirlos en un Plan Estatal de Desarrollo, porque así soy y así seré --faltaba más, la bamba--...Y por eso en los próximos siete meses de transición recorreremos los 217 municipios para construir ese plan, para continuar ese gran trabajo que ha hecho Rafael Moreno Valle, porque lo digo a los cuatro vientos, que Rafael Moreno Valle ha trabajado para este cambio para no regresar a ese pasado que nos ofendió. Porque ya decidió Puebla, decidió por seguir avanzando, porque esto que construimos durante día y noche es para todos los ciudadanos.”

Descanso. No, sigue, y yo digo ahora, así, ahí viene el predicador, pues al final se desboca al conjuró de todas las regiones, pues esto que hizo dice es para todos los ciudadanos, de la sierra norte, de las sierras en todas sus vertientes, los ciudadanos, y hace un alto y extiende el brazo y mira al infinito de la sierra oriental, muchas gracias, de la sierra negra, muchas gracias, y nuevo alto, y nuevo brazo extendido y mirada al infinito, y a la sierra que siga, y que, digo yo, no deja de ser sierra, reseca, pero sierra la mixteca con todos sus infiernos, y en Tecali, donde ganó consistentemente y en Tehuacán donde también ganó consistentemente.

“y muchas gracias a mi capital --y digo yo, ahora sí ya viene, pues repite, muchas gracias a mi capital, y ahí ya grita y se deja ir pues dice él--: porque es un trabajo de equipo, es un trabajo que no descansa, es un trabajo de partido, es un trabajo de ciudadanos --y ya prendió a sus discípulos, ¡Tony, Tony,Tony!--, porque es un trabajo de ustedes –y para confirmarlo baja del estrado, camina hacia ellos--, es la Puebla que ha construido cada ciudadano y cada ciudadana, cada poblana y cada poblano y ustedes –supongo que su mirada encontró a algún representante de los medios así que brincó hacia ellos—me han acompañado hasta el último rincón en ese compromiso con –y aquí viene una gran hilera de ciudadanos en masculino— los niños, con los jóvenes, con los universitarios, con los empresarios, con los campesinos, con las personas de la tercera edad y –feliz memoria—por las mujeres, que es tan importante, --sí, el tiempo del verbo ser en singular, y faltaba más— con la población indígena, con los consejos ciudadanos, con los comités de contraloría que estarán vigilando cada una de las acciones y cada una de las obras de gobierno --y se da un respiro para subir de nuevo a la pasarela y mientras yo pienso que esto último no lo dijo en el debate, así que comités de contraloría, ya tendremos siete meses para asimilar lo que para Gali querrán decir…

El respiro me da un tiempo para pensar que en su discurso no le dio al medio ambiente su carta de ciudadanía, y que hoy mismo un grupo civil ha demandado al que resultara triunfador en la elección el rescate del río Atoyac como algo que sí se puede empezar a hacer en los próximos dos años. Ni encontró lugar para un vistazo a las heridas abiertas por la violación de los derechos humanos que, entre otras consecuencias, impidió a dos cholultecas (Adán y Paúl Xicale) ejercer su derecho al voto, sometidos como están todavía a un proceso judicial declaradamente ilegal.

Siete meses tiene el ganador para pensar en esas cosas.

Pero Tony Gali está ahora en el remate. Extiende el brazo derecho, pues no separa el micrófono de sus labios, y mira a su feligresía.

“No me queda más que reiterarles que aquí estoy para servir, y vamos a trabajar unidos para que esta Puebla siga progresando, para que esta Puebla no se detenga, para que esta Puebla siga en transformación…”

Y por último, con puñetazo al aire:

“Muchas gracias, y que dios los bendiga.”

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A las dos de la mañana lo veo terminar su discurso. Está emocionado, está encendido. Se deshace del micrófono. ¿Qué hará ahora? Toda acción es un símbolo, ell orador exaltado todavía tiene un aire para el raciocinio. No busca al fondo. No busca al frente. Ahora no hay esposa ni familia ni coordinadores ni dirigentes de partidos ni periodistas en el chaleco. Mira a su derecha, mira a Martha Érika Alonso. Corre hacia ella.

El abrazo es fundido.

El día ha confirmado para los dos la era prianista

De la columna Día con día.

Escribo esta columna el sábado por la noche, desconozco los resultados de las elecciones de ayer en trece estados, y es imposible adelantar alguna reflexión sobre ellos.



Es posible, en cambio, hacer una reflexión sobre el pobre espectáculo democrático en que hemos convertido nuestras elecciones.

Quizá el rasgo dominante de ellas sea la ilegalidad sistemática e impune con que proceden los competidores.



En primer lugar, echando al juego todo el dinero ilegal que pueden colectar.

En segundo lugar, ejerciendo sin recato la difamación y la calumnia en todas las modalidades imaginables de guerra sucia.



En tercer lugar, organizando lo que ha dado en llamarse “operación electoral”, que no es sino la antigua y viciosa práctica de comprar, inducir, obligar e inventar votos.

En cuarto lugar, comprando medios y encuestas al punto de que es imposible guiarse por ellos para leer o anticipar lo que realmente está sucediendo en cada elección.

No hubo ayer una sola elección que no hubiera sido intervenida por los gobiernos locales en busca del resultado que querían.

No hubo ayer una sola elección en la que se haya cumplido la ley respecto a respetar los topes de campaña fijados por ella.

No hubo una sola elección en que todos los participantes hayan cumplido con su obligación legal de rendir cuentas de sus gastos de campaña.

No hubo una sola elección ayer de la que podamos decir que no estuvo sujeta a manipulaciones de toda índole, ninguna en la que podamos decir que los candidatos compitieron lealmente, utilizando sólo los recursos que la ley les provee y recibiendo y aceptando los votos que quiso darles su ciudadanía.

Las elecciones de ayer son en muchos sentidos todo lo que quisimos evitar con la implantación de las reglas democráticas.

A la vista de las elecciones de ayer creo que debemos hacer un examen de conciencia, un corte de caja, de nuestras instituciones y prácticas democráticas.

Nuestras elecciones han llegado a ser competidas por la peor de las razones, porque se han emparejado las capacidades de hacer trampas de todos los contendientes.

Nadie puede decir de las elecciones de ayer cuántos de los votos y cuántos de los triunfos vienen de la trampa y cuántos de la voluntad ciudadana.

Tenemos que revisar a fondo nuestras elecciones.

Hay respuestas que muchos tenemos a flor de piel. Esta es una.

Votamos por un Estado de ciudadanos con el que hoy no contamos, porque hoy todavía tenemos un Estado capturado por los poderes de facto que sostienen sus estructuras antidemocráticas y para los que no hay más votantes que los que genera la sobrevivencia del hambre y el hartazgo.

Votamos por un Estado soportado en la sociedad civil organizada que poco a poco, y por la vía de quitarle a los grupos de poder el control de los procesos electorales, ha logrado en los últimos treinta años desmantelar mucho de ese monolito que conocimos como la dictadura perfecta del PRI.

Votamos entonces porque entendemos que los procesos de transformación social sólo se comprenden con una perspectiva de largo plazo. Y que es el derecho al voto informado y libre el que construye ciudadanos e instituciones democráticas que desmantelan ese Estado capturado.



¿Por qué se habla de una elección de Estado?

En una perspectiva larga, porque el gobernante en turno asegura el control del organismo de Estado a cargo de las elecciones. El IEE. Y porque desde un Congreso a su servicio ha dispuesto reglas del juego que en la coyuntura le favorezcan; por ejemplo, el conjunto de obstáculos a las candidaturas independientes con los que logró al menos dos cosas: mínimo presupuesto y escasísima presencia masiva ante el conjunto del electorado; o la seguridad de que, en contubernio con las propias empresas de medios, nunca será fiscalizado el gasto aplicado con fondos públicos en periodistas y medios de comunicación.

En el corto plazo –y seguimos aquí el análisis hecho por el escritor Héctor Aguilar Camín para el caso corriente en Quintana Roo-- porque el gobierno obstruye la competencia, compra a los medios, desvía recursos para la “operación electoral” por su partido; y pone a sus funcionarios a organizar el voto, los responsabiliza de pirámides de votantes que empiezan por sus propios subordinados y se extienden a las familias y a sus amigos. El gobierno actúa como aliado y como sustituto del partido. Paga salarios a los activistas electorales, reparte de despensas y regalos, compra los votos.

De nuevo, ni más ni menos que el viejo PRI renacido.



¿Por qué votar este domingo?

La respuesta más racional, y que brota de lo observado en estos últimos meses, sería que contra una elección de Estado. Aquella en la que el poder económico y político sustentado por el grupo que gobierna, y con el uso de recursos públicos, se aplica para ganar la elección por la vía legal o ilegal, ni más ni menos. Justo lo que ha sido la historia de nuestro país en la llamada era del Partido de Estado, el PRI, y que hoy con formas nuevas o parecidas, se reproduce.



Pero esa respuesta por sí misma no resuelve otro asunto de fondo: ¿cuáles son las alternativas? ¿El otro viejo PRI sobreviviente al que se llevó consigo Moreno Valle? ¿El rescoldo de partido opositor de la izquierda perredista, convertido en satélite desde tiempos de Manuel Bartlett? ¿Los arrestos lopezobradoristas resistentes en Morena? ¿O la novedad incierta de una candidatura independiente?

¿Por qué votar entonces? No es sencilla la respuesta.

La respuesta más subjetiva, la fundada en el juego de las emociones que parten de las historia personal de cada uno de nosotros –nuestra visión del mundo, nuestra experiencia política, nuestras querencias y fobias particulares—, confrontadas con la personalidad de cada uno de los candidatos y lo que sus partidos, desde nuestra perspectiva, representan, probablemente deje de lado el tema de la elección de Estado. No lo dudará el llamado “voto duro” de cada partido, y si las estructuras trabajan, pagados o convencidos, irán a las urnas. Otros, y serán probablemente mayoría, se quedarán en casa.

En medio, los indecisos. Y los que se negaron a responder a los encuestadores por el sentido de su voto. La tercera parte del electorado.

En todo ese espectro está el voto contra ese Estado capturado que todavía nos explica como sociedad subdesarrollada.

Decisión informada

En días pasados, Mundo Nuestro, en alianza con e-consulta, presentó cuatro entrevistas con los candidatos de los partidos de oposición (PRI, MORENA, PRD y la independiente) y una crónica sobre el cierre en Puebla del candidato del gobierno, quién dejó esperando a los reporteros Sergio Mastretta y Rodolfo Ruiz. A su manera, y aún con el silencio del candidato del actual gobierno, los personajes de nuestra política ofrecieron un proyecto de Estado. Y la posibilidad de tomarlo o rechazarlo.

¿En qué medida ayuda ese trabajo periodístico a la toma de decisión personal de los ciudadanos lectores?

La que sea, pero que contribuya a generar votos informados y libres.

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