Poder y Política

Mundo Nuestro. 2 de diciembre, el día después. Alumbra el sol de la tarde el país que viene, guardado entre sus encantos y sus desencantos.

Entre el mando del Estado y el Bastón Mágico. Retratos a bote pronto de un 1 de diciembre histórico. Apuntes en la libreta mirando los nuevos tiempos mexicanos con Amlo.

El mando del Estado

Fin de régimen autoritario y corrupto, es la primera frase que escucho al conectarme con dos o tres de los seguimientos que encuentro en internet con la toma de posesión. La ha dicho el diputado de Morena Mario Delgado.
El del PRI habla de mirar por las siguientes generaciones. El del PAN, que la sociedad vota para avanzar, no para retroceder. Y que México no debe ser la próxima Venezuela, y que se debe acabar con la impunidad. Por fortuna, las cámaras siguen más el recorrido motorizado de Andrés Manuel que los gritos y susurros de los diputados.



Ahí va Andrés Manuel por la Calzada de Tlalpan, en un democrático Golf. Creo que Beatriz Gutiérrez va con él. Encuentro en ella lo mejor de lo que puede venir para México con su marido. Miro el brazo que saluda a quienes se han apostado a lo largo de la avenida. Me entero por la locutora que el nuevo presidente desayunó huevos estrellados, y por ahí lo que se nos viene con la nueva narrativa del poder en los canales oficiales. Miro el convoy de motocicletas y automóviles que rodean y persiguen al cochecito blanco que recorre despacio el trayecto hacia San Lázaro. Trato de imaginar los tiempos que se abren mientras la imagen en la tele nos trae el pasado que hoy termina en la figura de Peña Nieto que se baja de una suburban negra, tal vez la del color con el que ha permeado el borrascoso país que nos heredan quienes con él han ocupado el poder en México.

Yo miro todo esto que ocurre con el velo de la violencia que nos plantó un grupo de poder fáctico en la elección del 1 de julio en Puebla. No puedo hablar llanamente del colorido democrático que envuelve este día para México. En Puebla nos agarraron a balazos en la elección. Los jueces nos han mandado a callar y obedecer a los ciudadanos que reclamamos justicia.

Así arranca para mí este 1 de diciembre.



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Se apretujan los diputados en el pasillo de la Cámara para ver el paso de Peña hacia el estrado. Osorio Chong y él se abrazan y tal vez rumien su fracaso. Atrás un sonriente Fernández Noroña, uno que bien me recuerda a Robespierre, Y las voces que narran para la tele oficial; los escucho y casi me confirmo que por la comunicación social no pasará la transformación, no veo una tele pública independiente del ejecutivo en el tono que ella y él que hablan guardan hacia el nuevo presidente. En fin.


Jolgorio, gritos y cada vez más chilangos en las calles rumbo a San Lázaro.

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Ahí está Porfirio, viejo y pícaro. Cuarenta años a cargo y desde muchos rumbos del discurso. Un ejemplar perfecto del dinosaurio político en México. Pienso en ello mientras observo la última pelotera que atraviesa Andrés Manuel en su largo camino a la presidencia de México, ahora para dejar atrás a los diputados muy duchos en el manejo de los celulares. Y en la voz ajada de Porfirio que anuncia el juramento.

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Cambio de régimen, dice AMLO, que arranca con su propio librito: la relatoría de lo que para él es la cuarta transformación: se trata de dejar atrás la más inmunda de las corrupciones de una pequeña minoría.
Inmunda es una palabra certera para referir lo que ha ocurrido en México.
Y por ahí sigue el discurso del nuevo presidente, para caer en el tema más álgido hoy: el del perdón a quienes crearon y se beneficiaron de ese batidero. Pensar para el porvenir, dice, pero que decida la ciudadanía. Y por ahí nos informa que dejará lo del perdón a consulta.
Por un instante me planto en los ánimos de los Morenos Valles, Galis y Marines que se despacharon a su gusto con los negocios inmobiliarios bajo el amparo de sus cargos. Han de estar felices.


"El gobierno no será un comité al servicio de una minoría rapaz". Miel sobre las hojuelas de los morenovallistas.

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Elecciones limpias y libres, dice Amlo. La Constitución dice "libres y auténticas", pero no importa ahora, y que se lo digan a Janine Otálora, la presidenta magistrada del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Apenas el miércoles han sentenciado ella y sus colegas jueces que los ciudadanos no tenemos interés jurídico para impugnar una elección que en Puebla agarran a balazos. Quince segundos tardaron los magistrados en votar por unanimidad una ponencia que avala justo lo contrario a una elección libre y auténtica.

Bautizado como el ciudadano 499 por esta señora Janine. Por un rato me lo tomo a guasa. En el castillo de Kafka las marionetas levantan las manos aprobatorias y las sentencias rebotan contra los paredones digitales. El Ciudadano 499 ve rodar su cabeza por la ladera rocosa hacia la fosa de los lamentos.

VIDEO DE LA SENTENCIA AL CIUDADANO 499

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Amlo ahora se pone el cascabel de bajar el precio de los combustibles. La masa morenista vitorea la descripción que hace del derroche con Fox y Calderón. Y la carga de la deuda, que supera los diez billones.
Peña, un lado de Muños Ledo, escribe notas, supongo que para sus nietos, quienes no irán a saludarlo a la cárcel.

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Cortinas de desarrollo de sur a norte del país. Y la apuesta es por la producción petrolera. No puedo mirar eso más que como una apuesta por el pasado. No habla de invertir en el aire y el sol como las verdaderas alternativas para el sostenimiento socio-ambiental. Esa sí es una apuesta equivocada.

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Su apuesta de fondo, "primero los pobres" como sustento de las políticas de Estado. Política de principios. Ya no va a haber ninis,dice. Ni la mal llamada reforma educativa. Creará cien nuevas universidades públlicas. Y a cachos, algo que no puede ser más que una pensión universal. Los viejos, los discapacitados, los jóvenes, los indigenas, los campesinos.
Ni fracking ni transgénicos. No se refiere más al tema de la minería.
Amlo sigue con su librito: a subasta el avión presidencial. Todo a partir del "plan de austeridad republicana". Vivir en la justa medianía. Sin espionaje. Todos los soldados al servicio del Estado Mayor, a la guardia nacional, eso si lo autoriza el pueblo.
Y por ahí al otro tema: aceptar la gravedad del problema de la delincuencia y la corrupción de las policías. El ciudadano en estado de indefensión.
Y va de nuevo a su librito, ir a las causas de la violencia.
Pero ni modo, en lo inmediato, los soldados a la policía guardia nacional. Realismo y argumentos, dice.
Caray.
Ese mismo ejército tiene a su cargo frenar a los huachicoleros en Puebla. Mientras, las tomas clandestinas florecen en San Martín Texmelucan y Tlalancaleca; ese pueblo razo de soldados no ha podido con ellos.

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Loas al ejército.
Entiendo aquí lo que no nos dice abiertamente: el país está sometido por el crimen organizado, que ha tomado también a lo que conocemos como "fuerzas de seguridad pública". Y contra eso, la salida está por la vía militar.
Caray.

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Ejército y Estados Unidos, dos temas que AMLO enlaza para probar que no hay librito en la transición de poder que deje de lado las dos anclas históricas de México. Pienso en ello mientras el discurso cumple con la reseña de los políticos que vinieron a nuestro "coronamiento".
No se puede pensar al país sin valorar el estrangulamiento histórico en el que nos tienen los gringos.
Ni en el papel que juegan los militares en la tragedia mexicana de la violencia.
Dice Amlo que someterá el tema de la Guardia Nacional a consulta. Contra todo lo que pueda decir, me queda claro que para el nuevo presidente por el momento no hay otra salida.

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Tú no tienes derecho a fallarnos, dice que le dijo el joven que vimos aproximarse en bicicleta sobre la avenida Tlalpan hace un rato.

¿El fracaso posible es un asunto de decisiones personales?
El poder se ejerce. Y le da forma al Estado. Así ha sido éste, el nuestro, forjado en la corrupción más recóndita. ¿Dejará de ser así por la mera voluntad personal del presidente?

Para eso no tengo respuesta.

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Amlo ahora se asoma a nuestras fortalezas. Sol y viento entre ellas.
Así que nos imagina como potencia económica. Muchos discursos como ese se han escuchado en ese mismo recinto. "Recogeré los sentimientos de la gente", dice. Y que va su honor en ello.

Dieciséis horas diarias para oponerse a las regresiones que intentarán sus adversarios. Demasiado tiempo es poco para su voluntad, me imagino.

Y sigue con su librito: no a la reelección y sí a la posibilidad de la revocación. Y por supuesto, se pondrá a sí mismo a consulta. Y ya termina.
¿Cuántos años le llevó a México que Amlo gratara ahí "que viva México"? ¿Qué país seríamos si no le hubieran ganado a la mala la eleccion en el 2006?

Para eso tampoco hay respuesta.

Suena el himno. Y yo le canto así a la posibilidad de un mejor país.

Se va Peña, con toda la carga de pasado que no se ha ido. Se retira Andrés Manuel con la carga de lo que ahora es posibilidad de país más justo y digno.

Allá va él de nuevo en su pelotera. La primera de su mandato.

El bastón mágico

Regreso al día de Andrés Manuel López Obrador. Media tarde, ya con el sol recuperado tras los días de lluvia en Puebla.

Qué cosa encuentro. En el zócalo de la ciudad de México el rito de purificación al que se somete el nuevo presidente para recibir el bastón de mando.

Primero la limpia y el rito. Pienso que la religiosidad no dejará fácilmente de ser un asunto de Estado. Y me digo que lo que veo va mucho más allá de este jaleo colorido en esa plaza que nunca se aburrirá de sorprendernos.

El mundo indígena le toma la plaza y será que la palabra al nuevo presidente.

Insoportables los locutores de El Universal. Encuentro en ellos el tono del entreguismo histórico de ese periódico.

La imagen puede contener: una o varias personas, personas de pie y personas en el escenario

Y a Beatriz Gutiérrez Müller también le pasan yerbas y copales. De todo tendrá que haber este día. Fuerza del universo, fuerza de todos los pueblos, escucho que dice una mujer micrófono. Una pareja se hinca, el yerbero pierde la compostura, llora no sé si en náhuatl y logra que Andrés Manuel también se hinque. El locutor afirma que esto es histórico mientras el presidente carga un crucifico envuelto en flores y rinde culto a los horizontes. Ometéotl, dicen, armonía histórica, rezan, saludos a los cuatro tiempos cardinales explican ya expertos los locutores, "los ritos muy antiguos y muy profundos", claro, pensamiento dualista, pensamiento indígena en general.

Entretenido no deja de ser. Vientos del norte, dicen, vientos del sur, invocan.

El país ya es un asunto de los dioses. Eso tengo que entender con estos bastones de mando que recibe Andrés Manuel.

Guau, qué momento, dice la locutora de El Universal.

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Vuelvo a la realidad y a la tragedia mexicana. Ayer en la noche, en la más mexicana de las plazas que en Puebla se reconocen como indígenas: San Miguel Canoa. Han decidido crear su policía comunitaria, y ello tras el asesinato antier de dos hermanos en ese pueblo, al parecer por un asalto, en su propia casa. En Canoa se han decidido por plantar contra cualquiera que llegue uniformado su propio bastón de mando. Ese es el país que recibe Andrés Manuel: gobiernos rebasados y miles de pueblos hartos de la violencia.

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Qué larga cuenta de promesas le carga el nuevo presidente a su bastón de mando. Recojo uno: 120 mil millones de pesos para los adultos mayores. Y la pensión para un millón de niños discapacitados. Y los más de dos millones de jóvenes con su beca para capacitación. Y los caminos rurales en Oaxaca y Guerrero. Ojalá le den las cifras a este hombre que con su banda al pecho describe una tierra largamente prometida para los pobres en México.

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Seguridad Alimentaria Mexicana. Así llama Andrés Manuel a la empresa que fusionará a Diconsa y Liconsa, las añejas empresas estatales estrellas de los gobiernos priistas imperiales. Rescatar las empresas sociales, dice. "Vamos a apoyar el campo", grita. Pero la memoria es rejega, trae al cuento la imagen de la CONASUPO en manos de Raúl Salinas y de sus aliados estratégicos apellidados Antorcha Campesina.

En esa apuesta estratégica, inversión en el campo y no meros subsidios, y más si le apuesta a los maiceros como productores libres y no acasillados en el clientelismo político, me digo mientras el presidente deriva hacia otros complicados escenarios de la economía --"Nos están entregando un país en quiebra, sobre todo en el petróleo y la electricidad"--, y me pregunto si esta promesa estará sustentada no en estructuras burócratas sino en procesos fundados en las capacidades de los millones de pequeños productores en el país. Recuperar la mejor visión del Estado en el campo.

Qué complicada la vista del país que este hombre quiere reconstruir.

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Ahí está Andrés Manuel, asomado en su discurso al abismo de un Estado de bienestar desmantelado por la economía neoliberal. Propone algo que no mencionó en la mañana: el banco del bienestar.

Responde así a la pregunta de sus adversarios y no solo: de dónde va a salir el dinero: del ahorro que surja del fin de la corrupción y por la política de austeridad republicana.

Ahí está el presidente, emocionado, colgado de su bastón de mando, lo más parecido que encuentro en este momento a una varita mágica, decidido a transformar el Estado mexicano. Magia y poder siempre han ido de la mano.

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La imagen arranca con un sombrero de plumas en la cabeza de uno de los representantes de los pueblos originarios. Llegaron con sus mejores trajes.

Andrés Manuel está metido en el suyo mientras desgaja uno tras otro los gajos de la austeridad republicana. Y da detalles, precisos: ningún funcionario podrá cerrar calles, ni tendrán guaruras, ni mucho menos podrá pasarse los altos.

Se va de largo el discurso: los ciudadanos serán los mandantes. Y para ayudarlos, observadores de la ONU. Esa es nueva. y tampoco lo dijo en la mañana.

Y por lo que se ve, los discursos del presidente serán largos. Tato de adivinar si sobreviene un final, pero la afición de Calle 13 tendrá que esperar otro buen rato.

Pero creo que ya remata: se abolirán los fueros y los privilegios, se acabará la impunidad, y se juzgará al presidente en funciones, como a cualquier ciudadano.

Último acuerdo del bastón mágico: "todos nos vamos a portar bien".

Otro remate: no va a haber huachicoleo, ni abajo ni arriba. Y que lo entiendan las mamacitas de los huachicoles, dice, con mucha ternura y con mucho amor. Señora, su hijo ya va a tener trabajo, pero si se dedica al robo de combustible, será tratado como delincuente grave. Y sin derecho a fianza. Igual para la corrupción, para la portación de armas, para la falsificación de facturas. Delito grave. ¿Quién irá a hablar con las mamás de los huachicoleros en Tepeaca y en Palmar de Bravo? ¿Cómo convertirá este mensaje a un tiempo comprensivo y enérgico en política de Estado?

Y una casi última: delito grave el fraude electoral. No más frijol con gorgojo. No más moches para los deputados. ¡Eso se acabó, eso se terminó!, casi grita. Y yo pido a gritos que se refiera a Puebla, que le marque un alto a Moreno Valle, que con todo respeto al poder de los jueces les diga que las elecciones no pueden ganarse a balazos.

Y la última, que no lo será, pues aún falta media hora más de discurso: a las 6 de la mañana de todos los días verá cómo amanecimos en seguridad pública. Le pasarán la cuenta de los muertos. Y a las 7, todos los días, el mensaje del gobierno para el pueblo.

Sigue por ahí Andrés Manuel. Hace rato que dejó de lado el guion, aunque sigue leyendo un discurso escrito. Así lee que no habrá más CISEN ni espionaje político. Y que se venderá el avión presidencial.

Es un torrente entonces el bastón de mando, no deja la voz de dominar la plaza. A trazos inflexiones fuertes la voz repasa uno tras otro los mandos de la transformación de México. La república ya no tendrá inspectores. Todos protestaremos con decir la verdad, y a la suerte la llegada del SAT.

Creo que ya me mareó el bastón mágico.

La imagen puede contener: 1 persona, texto

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El AMLO FEST tardará en empezar un buen rato. El bastón de mando es un micrófono que no encuentra fondo.

El nuevo presidente no deja de dejar a un lado el texto escrito. Tiene una historia de desastres por arreglar que le pueden llevar la noche entera.

Los trenes para aprovechar el legado cultural que nos dejaron los mayas. El turismo a 160 kilómetros por hora. Y para el istmo el futuro de las maquiladoras al paso del tren entre Salina Cruz y Coatzacoalcos.

Andrés Manuel a esta hora de la tarde oscura arremete contra la reforma energética. Ese tema sí lo trató en la mañana: este país petrolero ha vuelto a comprar crudo. "Vamos a detener la crisis --dice--, vamos a rescatar Pemex como lo hizo el general Cárdenas en 1938." Pero ahora sí se refiere a la generación alternativa. Y por ahí a la protección de la socio-biodiversidad. Y nada que afecte al medio ambiente. Y no se privatizará el agua. Así que el presidente desgrana el fin de los proyectos industriales de muerte. Buena noticia. Vaya tarea para el bastón mágico.

Buenos presagios que para estas casi 7 de la noche vuelven al tema más trágico. "Se acabará la guerra", dice. "Se castigará a los criminales de los 43 de Ayotzinapa". Se amnistiará a los presos políticos encarcelados por los gobernadores caciques. Se respetará el derecho a disentir.

Pero un discurso así puede ser interminable.

Y Andrés Manuel le ha puesto un límite: el 1 de julio del 2021, cuando se someterá a la posible revocación de su mandato.

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Democracia sindical. Y acompaña ese propósito con esta frase: el poder ejecutivo dejará de ser el poder de los poderes. La línea es que no hay línea. No se meterá en la vida interna de los sindicatos. Que lo entienda la tal Elba Esther. Y espero que los petroleros al fin echen a Dechamps.

Andrés Manuel no para. Ha desatado todos sus sueños de país. Tanto que ya le ha dado a un ayudante el bastón de mando. Ahora trae el amor a flor de boca. Y ya imagina el "bienestar del alma". Su voz reverbera y ya me aturde. Justo cuando trae a la plaza aquello de la nueva constitución moral. De ese propósito suyo sí que me bajo.

Cada uno con su espíritu, me digo, yo no me planto ante nuevos sacerdotes omnipresentes. Aquí ya me corto, justo cuando dice "concluyo".

Demasiado para una tarde que ha sido luminosa.

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Día con día

En la semana se hizo visible la que será probablemente la batalla estratégica de los años que vienen: la batalla por la forma del federalismo mexicano.



El plan centralizador del próximo gobierno es algo más que un poco o un mucho jalar las riendas. Es un rediseño que, de cumplirse a la letra, cambiará la República federal vigente en una centralista. Más precisamente: el país pasará de tener una arquitectura institucional de diseño y espíritu federalista a una de instituciones y espíritu centralista.

Este cambio mayúsculo tiene dos piezas convergentes: la figura ya legislada de delegados federales únicos en los estados y la figura, por legislar, de la Guardia Nacional con mando único militar, que no incluye a las policías estatales y municipales.



En un país donde, por un pacto fiscal vigente desde 1978, la Federación recauda y entrega a los estados tanto como 85 por ciento en promedio de sus recursos, un delegado federal único, encargado de vigilar y representar la inversión federal en los estados, puede erigirse en un poderoso gobernador de facto o al menos en un poderoso rival político del gobernador en funciones.

Si a esto agregamos que los superdelegados serán piezas claves en el aterrizaje territorial de las unidades de la Guardia Nacional que será responsable de la seguridad en las calles, lo que tenemos es una triple pinza de poder político regional: administrativa, financiera y policial.



Y si recordamos que Morena ganó en la elección pasada 19 de los 32 congresos estatales, el efecto de la pinza múltiple crece. El proyecto ha desatado ya la oposición pública de 13 de 32 gobernadores, 12 del PAN y la coalición PAN/PRD y uno de MC, al que me referí aquí el viernes pasado.

Los gobernadores del PRI no se han manifestado, pero la presidenta de ese partido, Claudia Ruiz Massieu, lo mismo que su homólogo del PAN, Marko Cortés, anunciaron que interpondrán denuncia de inconstitucionalidad del proyecto centralizador para que la Corte decida. Será la primera gran prueba de la división de poderes en la cuarta transformación.

No es para menos. Está en juego la redefinición del imperfecto y maltrecho, pero histórico y vigente federalismo mexicano.

La restauración

De cumplirse a la letra el proyecto del nuevo gobierno para fortalecer el poder central a costa de los poderes locales, estaríamos ante el renacimiento de un híbrido típicamente mexicano: el federalismo centralista. O o su contrario idéntico (al revés volteado): un centralismo federal.

No sería una novedad. Sería más o menos lo que hubo en México durante los años de la hegemonía del Pri.

“Federación” quería decir entonces “Centro”. Federalizar algo era centralizarlo, no repartirlo entre las entidades federativas.

A partir del año 2000, la democracia fragmentó el poder de la federación, que se concentraba en las facultades legales y en las facultades no escritas del Presidente.

La federalización/centralización siguió en muchos ámbitos, pero no fue ya en servicio del poder ejecutivo y el Presidente, sino en su demérito, mediante la proliferación de innumerables entes autónomos, como el instituto y los tribunales electorales, el Banco de México, la Comisión Federal de Competencia y tantos otros que, en el reparto institucional de facultades, servían de contrapesos al presidente: recortaban y acotaban su poder.

La federalización/ centralización que plantea el nuevo gobierno pretende recobrar el control anterior sobre los estados y disminuir o desaparecer el peso de los entes autónomos.

Tiene los visos de una restauración.

En el entorno democrático de hoy, restaurar aquello es imposible sin sembrar en la opinión pública la sospecha de que lo que se busca es una restauración autoritaria, la restitución del centralismo que precisamente la democracia desmontó.

En una mesa que coordiné el sábado pasado en la Fil de Guadalajara sobre el tema del federalismo, con la presencia de Cuauhtémoc Cárdenas, José Ramón Cossío, Beatriz Paredes, Jorge Castañeda y los gobernadores Javier Corral y Enrique Alfaro, apareció con claridad, en todas las voces, la reflexión sobre la necesidad de un nuevo trato federal, un rediseño negociado para que el federalismo deje de ser el animal disléxico que es.

Lo que baja del nuevo gobierno federal, sin embargo, no es la oferta de un nuevo pacto sino un jalón unilateral de riendas: un despliegue administrativo, financiero y militar sobre los territorios estatales, que se parece a, o al menos admite la metáfora de, una ocupación.

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Ilustración tomada de El Informador, 25 de noviembre.

Ocupar o negociar

La cuarta transformación avanza con banderas desplegadas sobre los estados. Los estados han empezado a resistir en las figuras de 13 gobernadores de oposición, entre los cuales brillan por su ausencia los del PRI.

Los gobernadores están en una posición política débil para reclamar con credibilidad que pueden ser actores eficaces en los dos asuntos que sofocan a la República y que definieron las elecciones de 2018: la corrupción y la inseguridad.

Pero el gobierno federal tampoco tiene grandes credenciales al respecto. La guerra contra las drogas fue declarada y librada por gobiernos federales con las consecuencias terribles que conocemos.

El pacto fiscal bajo el que operan los estados, sin rendir cuentas, fue diseñado federalmente en todas sus fases y modalidades. Los gobiernos estatales que rinden cuentas solo a sus congresos locales de cómo gastan los fondos federales han producido casos alucinantes de corrupción.

El gobierno federal no se ha quedado atrás tampoco en la creación de redes de corrupción sistemáticas, como la estafa maestra, ni en la falta de voluntad para investigar y castigar judicialmente esas conductas. El gobierno federal electo no ha encontrado mejor solución para atacar el problema de la violencia, que multiplicar la injerencia militar en cuestiones de seguridad pública.

Y no ha encontrado mejor solución política para lidiar con la corrupción de la historia reciente que declarar la amnistía para corruptos, con un soberano perdón al pasado. El hecho es que ni los poderes locales ni el federal pueden decirse, hoy por hoy, capaces de resolver estos dos problemas determinantes: ni la inseguridad ni la corrupción.

No han podido resolverlos cada uno por su lado, ni tampoco juntos, bajo el esquema de colaboración y responsabilidad del federalismo realmente existente. Los huecos y deformidades de este último no han hecho sino empeorar ambos problemas.

La Federación y los estados necesitan crear un nuevo pacto de competencias y responsabilidades exigibles por los ciudadanos y claros para ellos en la ley.

Hace falta una negociación cabal, de largo aliento. Una negociación de la periferia al centro, no una ocupación del centro a la periferia. Un nuevo federalismo.

La casa vieja

Dice el ministro José Ramón Cossío que hasta 2017 la Suprema Corte de Justicia de la Nación se dedicaba a dirimir, en materia de federalismo, complicados temas competenciales: a quién le tocaba decidir sobre qué parte de las decisiones en materia de uso del agua, cobro de impuestos o cualquier otro de los innumerables huecos de legislación que hay en el maltrecho diseño de nuestro federalismo.

El mismo Cossío me describió una vez, con una metáfora, las discordancias paralizantes que hay en normas de los tres órdenes de gobierno de la República: federal, estatal, municipal.

Es como una casa de tres pisos, dijo, que no tiene escaleras del primer al segundo piso, que tiene puertas por donde se puede entrar pero no salir o azoteas que dan directamente a la calle.

Su conclusión es la que puso en el ensayo de un libro colectivo Y ahora qué. México ante el 2018 (Random 2018), que parece prehistórico ahora pero que puede ser de útil consulta para los funcionarios que empiezan a gobernar este 1 de diciembre.

Ahí escribió Cossío que el primer mandamiento de un estado de derecho es que se cumpla la ley, pero que para que la ley se pueda cumplir en México primero hay que ordenarla, hacerla clara y congruente para los tres órdenes de gobierno, con escaleras que lleven de uno a otro piso, puertas por donde se pueda entrar y salir, y azoteas que no den la calle.

Este es el ejercicio a que se dedicaba la Suprema Corte, dijo Cossío en la mesa sobre federalismo en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, a que me referí anteayer en este mismo espacio.

Pero lo que la Corte tiene que hacer ahora, en 2018, es dirimir un conflicto no de carácter técnico, competencial, sino de naturaleza política.

Siguiendo la metáfora, lo que la Corte debe definir ahora no es cómo debe ser la escalera que lleve de la planta baja al primer piso, o el atajo que va de la azotea a la calle, sino cómo debe ser la nueva casa que plantea la cuarta transformación en su ofensiva política, financiera y de control territorial sobre las entidades federativas.

El patriotismo local

He viajado en estos días por dos estados centrales de la República y conversado en círculos académicos, periodísticos, empresariales y políticos sobre la redefinición de poder y de control territorial que plantea la cuarta transformación a las regiones.

El sentimiento predominante que pude recoger, volviendo una y otra vez al tema, fue de incertidumbre.

Nadie sabe cómo aterrizará el rediseño federal sobre las estructuras locales vigentes. Nadie sabe, para empezar, cómo vendrá el Presupuesto, salvo que será reducido y etiquetado según las prioridades de la cuarta transformación.

Nadie sabe cómo se construirá la red administrativa y política de los superdelegados y sus coordinaciones regionales, frente a la red institucional de los gobiernos estatales y municipales. Nadie sabe cómo aterrizarán las unidades de seguridad de la Guardia Nacional, de mando militar único, sobre la estructura vigente de seguridad pública basada en la coordinación de las policías estatales y municipales con los efectivos de la comandancia militar del estado.

El sentimiento predominante que recogí fue de incertidumbre, pero en distintos momentos percibí también un filón de lo que tendría que llamar patriotismo local: cierto orgullo herido por el trato recibido de parte del nuevo gobierno federal.

Esa sensación de maltrato toca fibras históricas, de la sensibilidad antifederal, que es una pasión central del largo litigio mexicano sobre el federalismo.

La Revolución de 1913 y la rebelión cristera de 1926 fueron muchas cosas pero, entre otras, rechazos regionales a imposiciones del centro.

El rechazo al centro del incipiente patriotismo local que percibí no tiene un cariz violento, sino cívico, político, administrativo: nada que no pueda negociarse con ganancia para todos.

Pero está ahí ya, presente como siempre, en cuanto se rasca un poco, abierto en el apoyo a los gobernadores de Jalisco y el de Chihuahua en el foro de la FIL de que he hablado estos días, cuando decían con claridad que nadie iba a gobernar por ellos sus estados y que ellos tenían un mandato local de gobierno tan legítimo y democrático como el del nuevo Poder Ejecutivo federal.

Mundo Nuestro

Finalmente el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación le puso fecha a la sentencia del juicio que interpuse. Mañana a las 17 horas, y como primero de la lista, el juicio JDC/499/2018.

Entiendo que mañana los magistrados votarán la ponencia sobre si como ciudadano soy (y de paso todos ustedes conmigo) sujeto de interés jurídico para impugnar la elección del 1 de julio para gobernador en el estado de Puebla por la violencia que ese día se produjo en al menos 25 secciones electorales en la ciudad. Impugno que la la elección se dirima a balazos, que la violencia no sea "determinante", como lo sentenciaron los jueces poblanos.Ese es el tema de fondo, como dicen los propios jueces, pero ese no lo tratarán mañana. Sólo resolverán si soy o no sujeto de interés jurídico o, como me declararon los jueces poblanos, promotor de una acción legal "notoriamente improcedente".

El viernes pasado, como por aquí les comenté, estuve con los equipos de Instrucción de tres de los magistrados del tribunal. Acompañado del abogado Alberto Peralta Merino, intenté sensibilizar al tribunal del impacto brutal contra la democracia en Puebla que dejará la decisión de no anular una elección agarrada a balazos por grupos de poder fáctico que utilizaron a bandas del crimen organizado para tronar la jornada; y que el hecho pase sin más, sin tener idea de quién y por qué lo hizo, sin un detenido, sin el menor asomo de información por parte de la FEPADE en torno a las denuncias que se presentaron por un gran número de ciudadanos y por el propio INE. No sé si lo logré. Tampoco sé si los jueces se animarán a otorgar a un ciudadano el interés jurídico, pues bien claro me dejaron las consecuencias que ello tendría para los futuros procesos electorales. A mí no me representan los partidos, nunca he pertenecido a uno. Encuentro contrario a los derechos humanos esta exclusión de los ciudadanos en un litigio electoral que ha ocurrido por una violencia a todas luces criminal. No fueron ciudadanos descontentos los que balearon las secciones en Puebla.



Confío en que habrá justicia.

Como quiera, ahí está el juicio que resolverán mañana los llamados magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Mundo Nuestro. El martes 20 de noviembre, en el marco de la presentación de la nueva organización civil Puebla contra la Corrupción y la Impunidad, se dio a conocer dentro de la revista digital Mundo Nuestro el trabajo de investigación periodística sobre la violencia ocurrida el 1 de julio en Puebla. Decenas de secciones electorales fueron atacadas a balazos ese día en una acción orquestada y de la que no hay, a la fecha, una sola persona detenida ni información oficial sobre las centenas de denuncias presentadas ante la FEPADE.

Violencia y memoria histórica

Con la memoria crítica construir la historia de la violencia política en Puebla. Elecciones generales del 1 de julio del 2018. Entre las 2 y las 6 de la tarde una veintena de secciones electorales son asaltadas a balazos por bandas armadas, en una jornada de violencia como no se había visto en décadas en la ciudad de Puebla.



Este es el recuento testimonial de una acción simple repetida al menos veinte veces: grupos de alrededor de diez hombres bajan de dos o tres vehículos que estacionan frente a los centros de votación; realizan disparos al aire para ahuyentar a los votantes que esperan afuera; cuatro o cinco entran a las instalaciones y, según el caso, balean el aire, las paredes, las puertas y, al bulto, a funcionarios y votantes; avientan mesas, papelería, arrebatan al azar urnas, las patean, las despanzurran; en segundos, dejan patas pa’rriba las casillas. Contar lo ocurrido con las voces que sufrieron la violencia. Exigir justicia. Salvar la democracia en Puebla.

1 de julio del 2018: la violencia en las elecciones en Puebla

Mundo Nuestro. Este martes 20 de noviembre se presentó en Puebla una nueva organización civil. Puebla contra la Corrupción y la Impunidad es un proyecto ciudadano que encabeza el Doctor Enrique Cárdenas.

Enrique Cárdenas ha esrito este texto de presentación que resume los propósitos y perspectivas de la agrupación:



SURGE PUEBLA CONTRA LA CORRUPCIÓN Y LA IMPUNIDAD

Puebla, Pue., 20 de noviembre de 2018.- Hoy se ha oficializado el surgimiento de Puebla Contra la Corrupción y la Impunidad (PCCI), organización de la sociedad civil dedicada a la investigación aplicada y el litigio estratégico respecto a casos representativos y trascendentes de corrupción e impunidad en el estado de Puebla.
PCCI cuenta con áreas de investigación periodística, litigio estratégico, de difusión, así como una unidad de acción inmediata contra abusos de autoridad y violaciones a la ley.
Como parte de su presentación, PCCI ha dado a conocer los dos primeros productos de investigación relativos a las irregularidades ocurridas en los comicios del pasado 1º de julio. El primero es un trabajo del periodista Sergio Mastretta Guzmán, quien realizó una indagatoria pormenorizada de la violencia ocurrida en las elecciones, así como de las irregularidades suscitadas en diversas casillas de la entidad, hechos que siguen impunes hasta la fecha.
Por su parte, el politólogo Alejandro Guillén Reyes elaboró un análisis cuidadoso de los actos violentos y el papel de las autoridades en los comicios de julio, que han provocado un franco retroceso en nuestra democracia electoral. Ambos trabajos ya pueden ser consultados en el portal de PCCI http://pueblacontralacorrupcion.org.
También colaboran en PCCI, en la dirección ejecutiva, Enrique Cárdenas Sánchez y en el área de litigio estratégico, Karla Michelle Vera Báez.
PCCI es apoyada por Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) con quien se colabora estrechamente para asegurar la calidad, pertinencia y efectividad de sus tareas. Ambas organizaciones son aliadas en la misma lucha y comparten los mismos estándares de calidad, ética e integridad en su trabajo y en el de sus colaboradores.
El Consejo Asesor Ciudadano de PCCI está integrado por Emilio Baños Ardavín, Fernando Canales, Juan Carlos Canales, María Amparo Casar, Leobardo Espinosa, Fernando Fernández Font, Blanca Lilia Ibarra, Juan Antonio Le Clercq, José Antonio Meyer Rodríguez, Alfredo Miranda López, Manuel Molano, Lourdes Morales Canales, María Elena Morera, José Manuel Rodoreda, Herberto Rodríguez Regordosa, Job César Romero Reyes, Rodolfo Ruiz Rodríguez, Lilia Vélez Iglesias y Francisco Vélez Pliego.
Para obtener más información, hacer denuncias sobre corrupción y apoyar este esfuerzo, le invitamos a seguirnos en nuestro sitiohttp://pueblacontralacorrupcion.org y en nuestras redes sociales: Twitter @puebla_vs y Facebook Puebla Contra la Corrupción y la Impunidad. El correo de PCCI es Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

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Vida y milagros
El pasado jueves 8 de noviembre Ricardo Monreal subió una iniciativa en el Senado para acotar el cobro de las abusivas comisiones que los bancos nos cobran a todos a los usuarios por casi cualquier operación, como retirar nuestro dinero, hacer una transferencia electrónica, pedir un saldo, o solicitar un estado de cuenta. Cobran comisiones que en otros países donde operan son gratuitas. Además cobran intereses de terror por usos de tarjetas de crédito, créditos a PYMES, hipotecarios o de lo que sea. Esos bancos en ningún lado del mundo ganan lo que en México. En la tarde del mismo jueves, un desencajado Ricardo Monreal salió a matizar su postura. Le leyeron la cartilla y echaron para atrás sin mayor discusión una propuesta que permitiría que miles de millones de pesos de comisiones se quedaran en los bolsillos de los usuarios y no en manos de una banca muy abusiva.
La Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) informó el 20 de Diciembre de 2017 lo siguiente:
- " Que para los bancos, a diferencia de otros sectores económicos de la economía mexicana, 2017 volvería a ser un año de utilidades enormes."
¿Qué raro no? Estas utilidades son desproporcionadas con respecto a los pocos rendimientos de otras empresas, que aún siendo eficientes, jamás soñarán con tener los rendimientos leoninos que las leyes mexicanas que regulan las actividades de los bancos permiten. Según informó la CNBV, las instituciones bancarias tendrían en 2017 un rendimiento del 27.8% respecto al año anterior. Descontando la inflación, las ganancias de los bancos en términos reales, crecieron un 21.6% con respecto a 2016. ¡Su mejor resultado desde 2009! Cafres. De enero a noviembre, decía el informe de la CNBV, los bancos que operan en México acumularon un rendimiento de 124 mil 713 millones de pesos. Salvador Camerena en su columna del sábado pasado, mencionaba que ese rendimiento sería de más de 140 mil millones de pesos en 2018 por "diversas comisiones".
Esta declaración y esta nota no le sorprenderán a nadie que tenga que tratar de manera obligada con los bancos. Los intereses que paga en nuestro país cualquier ciudadano que tenga un pequeño negocio con necesidades de un crédito serán de los más altos del mundo. Cualquiera que logre un pequeño historial crediticio sólido, se espantará si pretende pedir un financiamiento para arreglar su casa, financiar su negocio, o lo imposible, dinero para empezar un negocio nuevo. Nadie, ningún banco le prestará a alguien que empieza un negocio. A todos les exigen mínimo 3 años de operación y números con rendimientos probados para prestarle una mínima cantidad. Muchos pequeños y medianos empresarios se ven obligados a recurrir a créditos personales en los que dejan en garantía tres veces lo que se les presta, o al financiamiento vía las tarjetas de crédito. Las tarjetas de crédito en México también cobran los intereses más caros del mundo. Una tarjeta de crédito normal de HSBC, BANAMEX o BANCOMER, cobran hasta el 60% anual, algo impensable en sus países de origen. No me crea a mi, cheque en cualquiera de estos bancos cuánto cobran de intereses anuales en una tarjeta.
En cuanto a cualquier crédito que usted solicite, si es que lo logra, los primeros cinco años de pagos se abonan a intereses, así que a los 5 años, usted no habrá pagado NADA, ABSOLUTAMENTE NADA, DEL CAPITAL.
La Ley de Títulos y Operaciones de Crédito tendría que ser revisada a fondo junto con su aplicación, porque permite enormes abusos en cobros y porque por disposiciones hacendarias o por voluntad caprichosa de los bancos se viola cada día. Para mí este era un tema mucho más importante que cancelar Texcoco, y con costo CERO para el erario y un reconocimiento popular inmediato. El problema es que la banca y sus abusos no fue un tema de campaña para ninguno de los candidatos, pero es algo que afecta a todas los usuarios del país.
La propuesta de Monreal era apenas justa, y ni siquiera se metía con las altas tarifas de interés, solo con las comisiones gandallas. Cobran $33 pesos por sacar dinero en un cajero que no es de su banco, $9 pesos por dejarlo mirar su saldo, $30 pesos por lado de hoja de un estado de cuenta y hasta por hacer un pago electrónico. Tienditas de raya muy bonitas las que se han organizado los banqueros sobre las tarjetas de débito con la que cobran su sueldo la mayoría de los empleados mexicanos. Cobran por todo. La verdad a mí la iniciativa de Monreal desde el Senado me pareció, como a muchos, un buen primer paso, aunque hay muchas cosas más que tendrían que ser corregidas.
De momento la banca ganó el round y se consiguió a sí misma un plazo de gracia de tres años otorgado por boca de Andrés Manuel después del sainete de la bolsa del jueves pasado: "En tres años no habrá modificación a marco legal de bancos."
Lástima. Lo que se requería hacer bien, tendrá que esperar. Hay quien cree que a Monreal lo mandaron a medirle el agua a los camotes para ver las reacciones al tema de una mejor regulación bancaria. Yo no lo creo así. No decía eso su cara del jueves en la noche ni su declaración del viernes por la mañana, que de verdad, hasta ternura dio: "En el Senado no aceptamos regaños ni manotazos de nadie". Pues ya se le apareció la dura realidad, Senador. No sé de quién vino el manotazo, pero de que lo hubo, lo hubo. Y sí, lástima, porque los que utilizan estos bancos abusivos de manera cotidiano no tienen los tratos cómodos de intereses preferenciales que tienen las grandes empresas o los gobiernos federales y estatales, que se chupan gran parte de los recursos de los bancos. Con el dinero que les sobra, les dejan a su merced al ciudadano común para exprimirlos a su antojo. Por eso la economía informal no disminuye. Por eso me pareció correcto que el Senado, que es otro poder, o por lo menos debiera serlo, presentara una iniciativa de revisión indispensable. Cancelar esta justa revisión es quizá el costo de haber enterrado Texcoco contra viento y marea y a un costo del erario público que en lo personal considero absurdo.
México no crecerá ni fortalecerá a las micro y medianas empresas, que son las que verdaderamente sostienen a un país, si no se revisan a fondo las condiciones de usura y cobros injustificados que ejercen los bancos.
Cada vez el dinero se concentra más en menos manos, y una parte fundamental del embudo que propicia esas desigualdades es nuestro sistema bancario. Los países del mundo que han salido adelante han logrado tener una banca social realmente eficaz y accesible para los micro y medianos empresarios.
El informe del 29 de Diciembre de 2017 es claro: es más caro hoy que el año pasado hacer uso de tarjetas de crédito, créditos para negocios, préstamos personales y cualquier otro servicio bancario. Nuestra banca es ineficaz y abusiva. Y acaban de obtener, por lo menos de palabra del presidente electo, un valioso plazo de gracia. Ojalá Andrés Manuel lo reconsidere, fomente la discusión del tema y permita a su enorme bancada en el Senado actuar con independencia de su persona.
(Ilustración tomada de la revista Nexos)

Mundo Nuestro.

Este texto de la editora y critica literaria Stellla cuéllar, fue leíído durante la presentación del libro: La guerra que nos ocultan, de Francisco Cruz, Félix Santana Ángeles y Miguel Alvarado. México, Planeta, 2016



Carlos Díaz Dufoo dijo alguna vez que “De los libros valen los escritos con sangre, los escritos con bilis y los escritos con luz”.

El libro que comento en estos párrafos sin duda alguna se escribió no sólo con y por la sangre derramada de Julio César Mondragón Fontes y otros 43 muchachos más, todos estudiantes de la escuela rural de Ayotzinapa “Isidro Burgos”, en el estado de Guerrero, sino también con mucha pasión, elemento que quizá dan sentido a la sangre y a su correr por el cuerpo o, como en el caso que aquí se documenta, su derramarse fuera de él.

También se escribió con bilis, la bilis producida por el miedo y la angustia que Julio César y sus compañeros sintieron cuando se vieron frente a los verdugos que les arrebatarían sus vidas de modo dantesco, diabólico. Está también la bilis de quienes escribieron este volumen, provocada al tener que enfrentarse a lo grotesco, a lo inexplicable, a la frustración y al coraje, todo como consecuencia de su genuina preocupación por lo que sucede en nuestro país y por esa imposibilidad que tienen de quedarse azorados, pero de brazos cruzados. No olvidemos la bilis de las demás víctimas de esa noche negra, que lucharon y luchan, de modo incansable, por preservar sus tierras, su agua y sus vidas.

El libro también está escrito con luz… esa naranja y tenue del alba, esa que de modo suave apenas dejó ver lo que sucedía, pero que le dio su tono amarillento primero, y rojo intenso después de los hechos, y la luz radiante y luminosa que produce el trabajo profundo y arriesgado –arriesgadísimo–, de investigación y reflexión profundas, de análisis serio, y de aprendizaje que llevaron a cabo los autores de este desgarrador libro. Entonces, sin duda les digo: este libro vale, y vale mucho.



Los tres autores son reporteros, y al menos los dos que hoy nos acompañan son de esos que no se conforman con trabajar desde su escritorio, con noticias que les llegan de las agencias o de fuentes oficiales y de chismorreos, o analizando llamadas, unas serias y otras no tanto.

Basta decir que Miguel Ángel Alvarado estuvo en Ayotzinapa, se metió a las entrañas del monstruo para conocerlo por dentro y hasta el fondo, arriesgando así su vida. Y Félix, no menos osado, se adentró a investigar y conocer como pocos se atreven el actuar de los militares. Con ese fin los ha seguido y sigue de cerca, conoce sus mañas y argucias, las ha documentado, con lo que eso también implica… De Francisco Cruz no apuntaré nada, porque le conozco actos incongruentes y deshonestos, y con ello perdió por completo mi respeto, aunque no niego la valía de su aportación en este libro.

Se trata, pues, de hombres que en su afán de informar y saber meten sus ojos y todos sus sentidos en este tipo de temas horrendos por su carga de violencia, de sangre y de horror.



La guerra que nos ocultan es un compendio que revela la esencia del mal… es una suerte de narración de un viaje por los círculos del infierno.

Está dividido en 14 capítulos y Julio César Mondragón, como la Beatriz de Dante, es nuestra guía en este recorrido para desandar los pasos de muerte de la noche negra que comenzó en Ayotzinapa y terminó en Iguala. Leemos en el libro: “lo que quedó del cuerpo de Julio César, para el 12 de febrero de 2016, era lo que sus verdugos querían: una lección de terror visual”, pero yo creo que en su pecado estos malditos también dejaron su confesión del mismo.

Me explico: unos días antes de los hechos, Julio compró a un compañero un celular, un LG, y esa noche, como es obvio, envió mensajes a su esposa. Por estos mensajes sabemos que los perseguían, que les disparaban, que ya habían matado a otros… que se venía lo peor.

Su cuerpo desollado sí fue una amenaza clara para los chicos de Ayotzinapa: ¡esto les sucederá a ustedes!, pero también delató a los malditos, porque nos dejó saber que quien o quienes perpetraron algo así, saben cómo hacerlo, no eran improvisados, y que el Estado, y las instancias de autoridad que lo componen, que se supone deben cuidarnos, son el verdadero enemigo, y que su maldad puede olvidar todo límite y abandonar todo escrúpulo.

Julio César Mondragón es el mapa para desandar los pasos hasta la tragedia de Iguala. Es un mapa de cuerpo entero, pero un mapa sin rostro… un mapa que en sus entrañas ocultaba incluso un ojo, uno de los ojos de Julio César… Los malvados, los asesinos, los malditos, quizá creyeron que al arrancarle la lengua y los ojos al chico éste no vería más ni hablaría más de la cuenta, pero se equivocaron, porque sí lo hizo, y vaya en qué forma. Con mayor potencia y claridad que las que tuvo mientras estuvo vivo.

Ya desollado, miró todo; ya desollado y muerto y arrojado a la ladera de un camino, sirvió ayudó a estos reporteros a revelar lo que había sucedido, no sólo a él y a sus compañeros estudiantes, sino, peor aún, lo que sucede cada día en México, en específico, en Guerrero, o más aún, en el “Cinturón del Oro”, que va desde Tlatlaya, en el Estado de México, hasta Mezcala, en el corazón de Guerrero. A la mitad de este enorme territorio se encuentra Ayotzinapa. Y Julio sigue, no se calla, y quizá no se calle nunca.

En las páginas de este libro, Julio César Mondragón –el mapa– nos lleva por Ayotzinapa, que parece ser una de las antesalas del infierno que ya es todo México. Él es la llave, o una de las tantas llaves, pero la de él es de oro, titanio y uranio…, tesoros preciados del subsuelo de Guerrero, por el que las empresas extractoras están dispuestas a hacer lo que sea, a cambio de tenerlo.

Julio César Mondragón es el grito de muchos mexicanos que, como él, pelean por la tierra y por el agua que les arrebata la industria extractiva, extranjera y mexicana, y también por justicia… y claro, por eso, nos lo hace saber también, son criminalizados.

El caso de Julio César Mondragón nos recuerda la frase famosa de “no hay crimen perfecto”, pues los malvados, los hombres oscuros y siniestros que le robaron a este joven el rostro, la voz sonora, la mirada joven y altiva y la vida… cometieron un error: robarle también su teléfono celular.

Y no sólo lo robaron, sino que lo usaron, lo usaron muchas veces, y gracias a eso Julio, ya muerto e incluso ya enterrado, siguió dejando pistas, huellas, para que estos investigadores pudieran descifrar quiénes le hicieron todo esto a él y a sus compañeros.

El libro nos muestra lo más negro, lo más oscuro del gobierno mexicano, de la corrupción, de la ambición desmedida de las empresas extractivas –nacionales y extranjeras–, en particular de las canadienses, de Gold Corp, entre otras. Su cuerpo desollado y abandonado devino en lámpara, en una bengala de alerta, que los mexicanos insistimos en no querer ver.

El libro devuelve a Julio su voz, su rostro, su potencia juvenil arrebatada. La investigación que aquí se muestra persigue a los perseguidores y hasta arrancarles la máscara, como ellos le arrancaron el rostro al chico. El libro los desnuda y los exhibe. Por estas páginas, escritas con sangre, con bilis y con luz, sabemos que esos malvados se escondieron o esconden aún en el Batallón 27, en el mismísimo cisen y en el campo militar número 1. Gracias a esta investigación exhaustiva y profunda sabemos que alrededor de 11 hombres tuvieron que detener al joven, mientras otro le arrancaba el rostro con cortes precisos de bisturí. Y no cualquiera sabe cómo hacer esto, pero algunos del ejército sí.

El libro nos revela que la “verdad histórica” es tan falsa como la honestidad de nuestras autoridades; que las intensiones de quienes se ven beneficiados con las multimillonarias ganancias que produce la industria extractiva son más negras que el petróleo; más oscuras que la tierra que escarban y envenenan para obtener un gramo de oro. Por este libro sabemos que la violencia y muerte en Guerrero, al igual que sucede en Veracruz, en Tabasco, en la Sonda de Campeche, o en Chiapas, se debe a su riqueza… y casi puedo decir que más les valdría ser en verdad pobres… pobres en recursos naturales, que desde que los malditos los descubrieron sólo les han traído muerte…

El volumen provoca lágrimas, da rabia, no se soporta en las manos; no es fácil leerlo de corrido porque ahoga… pero es necesario, porque debemos saber lo que pasó y pasa en Guerrero. El libro da luz y describe con puntualidad lo que se oculta en Ayotzinapa, y entendemos que ahí está la clave que explica casi todos los magnicidios que suceden sin freno en nuestras tierras. Por momentos el volumen es grotesco, increíble por lo abominable de los hechos que narra. Es un relato de horror, que nos espeta lo que la mayoría no queremos ver: los intereses mezquinos y ruines de las empresas extractivas, y los del gobierno mexicano y sus instituciones todas, y de todos los niveles.

El libro, tomando a Julio César Mondragón como guía, como mapa y como ruta de viaje, nos lleva al centro de la herida, al fondo de la llaga, y sin cortapisas revela lo que en realidad es México, con sus políticos sátrapas, asesinos, corruptos e impunes; sus empresarios insaciables, y a los pueblos criminalizados, pauperizados, furiosos. Nos señala quiénes son los que han sido convidados al banquete de oro y sangre; a los narcotraficantes que se han convertido en gobierno y autoridad, y nos revela también lo vulnerables, débiles y pequeños que somos los ciudadanos; lo indefensos que estamos, la fosa común en que se ha convertido nuestra patria. No deja duda sobre que el gobierno que debiera cuidar a sus ciudadanos los considera sus enemigos, y sin temblor de mano los aniquila o silencia, si considera que estorban.

Los autores de este libro, en particular Félix Santana y Miguel Alvarado, pasaron de la conmoción y preocupación a la acción por hacer algo al respecto. Hicieron lo que mejor saben hacer: dar a conocer los hechos de un modo por demás puntual. Ahora el balón está en nuestra cancha…

Los autores hicieron todo lo posible por comenzar a aclarar lo sucedido la noche negra de Iguala, y al dar a conocer tan puntualmente los hechos colaboran para que lo sucedido ahí no vuelva a ocurrir jamás… anhelo de todos, que esperemos no sea estéril, o no lo siga siendo.

Urge que todos, como ellos, no sólo estemos prestos a abrir los ojos ante las respuestas que reporteros como ellos y otros nos ofrecen para entender, o al menos saber, lo que sucede debajo del tapete de nuestro México oficial, ese bajo-alfombra en el que vivimos la inmensa mayoría, y en el que unos cuantos –los privilegiados de este país–, esconden, o pretenden esconder al México real.

Todos estamos obligados a contribuir y trabajar para recuperar a nuestro México, no sólo con sobrecogernos con las respuestas y evidencias que libros como este nos ponen frente a los ojos, sino sumándonos a las posibles soluciones que se ofrezcan para resolver y evitar que hechos tan terribles como este y los que suceden día a día a lo largo y ancho del verdadero México, del nuestro, dejen de ocurrir. Cierto es que este México nuestro, que sangra tanto, poco tiene que ver con el otro, el oficial, tan parecido al cielo...

En lo personal, el volumen me significa mucho. Me llevó a conocer seres humanos maravillosos, y a ver en acción el verdadero significado del compromiso social verdadero, de la entrega y la voluntad de dar ojos y voz a quienes otros, de modo atroz, y hasta ahora impune, les arrebataron.

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