Poder y Política

Al final de esta semana, Washington D.C. será el escenario de dos acontecimientos de suma importancia que el mundo entero seguirá con detenimiento. Uno más esperanzador que el otro.

El viernes 20 de enero, Donald Trump tomará posesión como el presidente número 45 de Estados Unidos. Los otros 44 también fueron hombres. Un día después, miles de personas planean salir a las calles de la capital estadunidense en una manifestación pacífica denominada “Marcha de las mujeres en Washington”.


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En esta protesta multitudinaria se exigirá la protección de los derechos de las mujeres, así como los de otros grupos vulnerables, como inmigrantes, afro descendientes, miembros de la comunidad LGBT, que se han sentido directamente atacados por narrativas agresivas del próximo gobierno.

Esta marcha es un movimiento organizado y dirigido por mujeres, que reúne también a hombres y a personas de diversas edades, razas, culturas, afiliaciones políticas y contextos. La idea fue concebida por Teresa Shook, una abogada retirada en Hawái, un día después de las elecciones presidenciales estadounidenses.

La convocatoria empezó como un evento privado en redes sociales por parte de grupos inconformes con las acciones y palabras de quien triunfó en las elecciones. Creció hasta convertirse en la que podría ser una de las marchas más grandes de los últimos tiempos en Estados Unidos.

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El embalsamamiento es una práctica que utiliza generalmente sustancias químicas, en especial resinas o bálsamos, y cuyo objetivo es preservar la integridad de los cadáveres, evitando su putrefacción.

¿Escenas para embalsamar un sexenio?



Hoy los políticos disponen de una gran variedad de bálsamos. Una simple selfie les sirve para convertirse en pueblo.

El cambio es posible ha bombardeado Moreno Valle esta última semana en medios impresos y electrónicos, en una mecánica que no permite más que sí o no, asentimiento o repulsa. Los periodistas se decantan, los analistas exprimen sesos y todos publican análisis ceñudos. Sea lo que sea, en dos semanas el tlatoani de la aldea se habrá ido.


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Yo trato de pensar en el sarcófago que, lo quiera o no, puntillosamente ha construido.

En el día de su despedida observo a este prototipo del tecnócrata mexicano, los hombres de los “indicadores” que, como él, gobiernan México desde hace más de treinta años. Abundan muchísimos en el último de sus discursos este domingo. Aquí van unos: 41 por ciento de aumento en la matrícula en educación superior; reducción en 28 por ciento la mortalidad infantil; primer lugar en la reducción de la inseguridad alimentaria; 34 por ciento por debajo de la media nacional en delincuencia común. Y los indicadores necesitan ir acompañados de una foto para que la figura contenga el bálsamo lustrador de su gloria.

Foto de El sol de Puebla.

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¿Es posible un recuento objetivo?

Moreno Valle no dudó en dejar su huella en la ciudad de Puebla. Así, lo vimos en ceremonias de inauguración a lo largo de los seis años. La cuenta es larga, pero hay que empezar por hacerla:

El CIS, la Rueda, el Teleférico, el Paseo en el río Atoyac, los puentes sobre la recta a Cholula y la Federal a Cholula en el Periférico, y sobre la Atlixcáyotl en la misma avenida, el Segundo Piso sobre la autopista, los puentes en Boulevard Valsequillo y la 31 Poniente, el nodo Juárez Serdán, las dos rutas del metrobús, el Museo Internacional Barroco, el edificio de la Procuraduría, el Hospital del Niño Poblano, las ciclovías en Atlixcáyotl, Periférico y Serdán.

No es poco. Marín, Melquiades, palidecen, ellos no encontraron la fórmula para embalsamar tanta obra. No se habían inventado los PPS ni los fideicomisos administrados por Pedro Aspe Armella.Tal vez Manuel Bartlett algo logró sacarle al salinismo indulgente con sus propios sótanos y se acordará del pomposo “Programa regional Angelópolis”.

Añado lo que he podido ver a vuelo de pájaro en el estado: seis CIS como el de Izúcar de Matamoros; nuevas unidades de salud (“544 edificadas y rehabilitadas, además de 50 hospitales “edificados y dignificados”), como la que ha construido en Palmar de Bravo. Seis arcos de seguridad para rodear a la ciudad de Puebla. Y más carreteras, como el libramiento en Atlixco y la por fin terminada autopista México-Tuxpan en su paso por Huauchinango y Xicotepec.

Y de remate, el complejo AUDI, con la planta y la ciudad implantadas en esa llanura del altiplano en San José Chiapa.

Atiendo a las cifras que ha dado el propio Moreno Valle: 72 mil 538 millones de pesos en infraestructura, 10 mil 257 millones de pesos en construcción y equipamiento de 50 hospitales y 7 mil 696 millones de pesos en la edificación de espacios educativos.

“Esto equivale a lo invertido en los 15 años anteriores a mi gobierno, en pesos constantes del 2016”, ha dicho ayer en su discurso.

Pero las cifras siempre llevan interrogantes: ¿cuánto costó el metro de ciclovía?; ¿cómo es posible que ese costo exceda cinco veces lo invertido por kilómetro para los ciclovías en el Distrito Federal? ¿Por qué resultaron ganadoras de los “concursos” las empresas aliadas a Peña Nieto y Hank Rohn? ¿Pensará que el puro nombre de Pedro Aspe Armella hará que olvidemos el fideicomiso que le entrega la administración de la deuda por los PPS? ¿Creerá que los pasivos registrados por la Auditoría Superior de la Federación –al menos 24 mil millones de pesos más que lo reportado en el informe como deuda pública, sin ir más lejos, hasta los 76 mil millones que denuncia el economista Eudoxio Morales—no serán identificados por quienes sí tienen ojos para ver como la hipoteca que cargarán las finanzas públicas por los siguientes treinta años?

Gráfica tomada del periódico Central.

Dejo por un momento de lado la historia del déspota. El Congreso abyecto, el Tribunal servil, los partidos sometidos, la prensa a su modo (o a su contra) comprada, el árbitro electoral en la bolsa. Y la criminalización de la protesta social y la represión cuando hizo falta: en Chignahuapan, en Cholula, en las juntas auxiliares. Y busco el análisis económico objetivo:

Recojo la conclusión del economista Enrique Cárdenas en su texto El Legado de Moreno Valle:

Se debe reflexionar sobre los activos y pasivos que dejó para las generaciones futuras. En primer lugar, es indudable que la planta AUDI es una gran adición a los activos del estado. Su potencial apenas empieza a reflejarse en la actividad económica y seguramente repercutirá en la creación de muchos empleos, si la situación internacional lo permite.[12] Los activos impulsados por el gobierno del estado, en el caso de AUDI, multiplicaron la inversión pública. También es importante aquilatar la infraestructura física de carreteras y caminos, así como la creación de capacidad hospitalaria y mejoramiento del logro educativo en la entidad. Una población más saludable y mejor educada impulsa de hecho el desarrollo del estado.

“Por el lado de los pasivos, el saldo es más bien negativo. El potencial de crecimiento económico para el futuro es incierto. La inversión total en el estado fue menor a la registrada en el sexenio anterior, lo que sin duda contrasta negativamente con lo generado en otras entidades. Su priorización en términos de productividad también es limitada, por las inversiones en proyectos poco rentables—aunque visibles, como la ciclopista. El costo de la construcción parece haber sido también muy elevado, lo que reduce su productividad y genera otro tipo de dudas. Todo ello reduce la efectividad de la inversión. Costó mucho y rinde poco. ¿A dónde se fue ese dinero excedente? ¿Quiénes y cómo se beneficiaron?

"Si tomamos en cuenta que los pasivos financieros del estado aumentaron más de cuatro veces, de 9,068 millones de pesos en 2010 a por lo menos 47,131 millones en 2015, [13] y que el estado se desprendió de algunos de sus activos como las carreteras de cuota que le generaban ingresos corrientes que excedían su costo de operación, queda de manifiesto que el balance del legado de Rafael Moreno Valle es más bien desfavorable.

“Parece excesivo el costo para el estado de los logros principales obtenidos: los empleos generados por AUDI, por los puentes y caminos, por las 383 camas adicionales de hospital generadas hasta 2015, por el mejoramiento marginal en el desempeño escolar y otros logros menos emblemáticos. Se logró algo, pero costó mucho. Desafortunadamente, el gobierno se deshizo de activos productivos para obtener recursos inmediatos y se endeudó severamente, comprometiendo ingresos estatales de por sí escasos para la provisión de bienes públicos esenciales por los próximos dos decenios. Lo logrado en el sexenio es muy poco en comparación con lo que se pudo haber obtenido y, por desgracia, deja deudas que dificultarán que la población en el futuro vea un bienestar.”

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¿Escenas para embalsamar un sexenio?

Los políticos mexicanos son expertos en embalsamamiento. “En política no hay cadáveres”, pensarán ensimismados en alguna final tertulia de despedida. La tradición mexicana establece que una vez que el tlatoani en turno deja el cargo se va a gozar las mieles de sus triunfos en algún próspero negocio inmobiliario con el nombre de sus hijos (Mario Marín) o a rumiar su imperio-sistema político perdido colgado de una curul (Manuel Bartlett). Otros esperan con paciencia el retorno de sus propios embrujos, sus hijos o sus entenados (Melquiades Morales y Mariano Piña Olaya). Pero hay algunos que se construyen un sarcófago para que los miremos renacidos dentro del gobierno que habrá de sucederlos, como parece ser el caso de quien en estos días ve expirar su turno.

¿Qué dirá de ello un político para quien el sentido de la vida se mide en indicadores? Tal vez que para eso han servido los miles de millones de pesos del erario gastados en los medios de comunicación que, sin más, son las sustancias químicas con las que disciplinadamente ha embadurnado su figura pública a lo largo de seis años, y que ahora remata con la frase el cambio en México es posible.

¿No habrá escrito su asesor para él este epitafio?

“El populismo habla en nombre del pueblo, miente sin pudor alguno, ataca a los que no comparten el pensamiento único y sobresimplifica tanto problemas como soluciones…”

La primera escena, violenta, da cuenta de la delincuencia impune y el Estado fallido. La segunda parece banal --un embotellamiento provocado por el Segundo Piso en la autopista--, pero expone la irracionalidad del actor público que llamamos Gobierno.

Ninguna de las dos primeras escenas involucra como personaje directo al gobernador saliente. Las escenas no ocurren ayer domingo 15 de enero en su auto-despedida en la tierra de Audi. No lo veremos cuando se propone como defensor de los mexicanos contra Trump, ni cuando cuestiona a Marín “por haber perdido toda referencia moral”, ni cuando se postula como el defensor de las causas populares contra “la demagogia populista”, en clara referencia a López Obrador. Ni mucho menos cuando afirma sin clemencia que todo lo que ha hecho ha sido sin tener que pedir un solo peso en préstamo. Tampoco discurriremos por el último banquete a cuenta del erario público para los cuatrocientos elegidos y más arrimados de su extensa corte, bajo algún tendido ahí mismo en Ciudad Audi.

No, estas dos escenas cierran un sexenio de otra manera. Alumbran al rostro más llano y vil de una clase política que ha construido tales cercos sobre sí que mira estos sucesos como si no fueran estrictamente suyos.

Ilustración tomada de e-consulta.

La primera se refiere al principal fracaso del gobierno de Moreno Valle: el Estado rebasado por la delincuencia.

El lunes 9 de enero a las 10 de la mañana un comando de seis hombres armados se posesiona de un fraccionamiento frente a la Pirámide de Cholula. No dudan. No yerran. Son seis o siete casas. En cada una de ellas encierran en una habitación a quienes ahí se encuentran. Y luego, una por una por una, las desvalijan de joyas y dinero, que es lo que buscan. Y los autos. Cada uno de los rateros sale manejando. Se van y no dejan huella. El robo ni siquiera fue noticia para la prensa, y no hubo red social que amparara con un testimonio gráfico este robo perfecto. Tras la puerta que dejaron abierta en su huída los rateros quedaron las familias ultrajadas, las habitaciones revueltas, la intimidad violada. Y más allá, la memoria de los innumerables sucesos recientes: el secuestro del empresario De la Fuente en Morillotla, el asesinato del agente federal por una banda de huachicoleros en Tehuacán, el hallazgo del cadáver de una joven mujer ahorcada por su pareja en su hogar en Cholula.

Grafica toma de El Sol de Puebla.

La segunda expone la irracionalidad de la acción de los gobiernos en México:

El viernes 12 voy a Tepeaca. 11 de la mañana. Trepo a la autopista por la salida del Cuauhtemoc. Arriba corre imponente en Segundo Piso. Espeluznante el atorón del tráfico. Pronto entenderé por qué: a todos los que circulamos bajo la vía elevada nos han constreñido a dos carriles. Y luego, todos los que bajan del concreto elevado derivan hacia nuestros dos locales carriles. “No puede ser”, me digo, tiene que haber un accidente. No, no hay choque ni vehículos varados, simplemente, no cabemos. No, carajo, ¿pues qué cosa estudiaron estos ingenieros y arquitectos que diseñaron este perfecto tapón? Parece broma, pero todo este dispendio de concreto ha dado por resultado que la vieja autopista a su paso por Puebla la han dejado estos modernizadores con los mismos dos carriles con los que la construyeron hace 55 años. 10,500 millones de pesos, con un sobrecosto de 500, 47.6% fueron aportados por el gobierno federal y 52.3% por capital privado –la española OHL y a mexicana PINFRA, concesionarias por 30 años--, sí, todo ese dinero nos ha dejado un tapón de dos carriles para desfogar el tráfico que sobre la autopista genera una metrópoli como la ciudad de Puebla. De algo estoy seguro: ni Peña Nieto ni Moreno Valle pasarán por este atolladero algún día de sus aristocráticas vidas.

De ninguna de estas dos escenas darán cuenta los indicadores. No darán lugar a preguntas en entrevista alguna a Moreno Valle. Porque en seis años no ha dado una sola entrevista que no esté previamente comprada y cobrada rigurosamente por los medios y que no forme parte de una estrategia instrumentada, dirán ellos, por todo un equipo de comunicadores y jefaturas de comunicación social y empresas asociadas. Si Marín tuvo su Xavier Sánchez Galicia, Moreno Valle cuenta con su Marcelo García Almaguer. Ellos son los expertos embalsamadores.

Marcelo García Almaguer, el publicista embalsamador de Moreno Valle.

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Encuentro dos escenas más, ahora sí del domingo de su embalsamiento para valorar al político que veremos reproducido en el gobierno de su heredero Tony Gali.

Foto tomada de e-consulta.

En una lo despiden como su Jefe al que han servido y le rinden reverencia. Los diputados al recibir el sexto informe lo miran presidenciable y lo postulan para el 2018. “El cambio que vive Puebla es necesario y posible para todo el país”, declara el diputado panista Víctor León Castañeda; el perredista Julián Rendón dice que Moreno Valle representa el liderazgo “firme y con visión de futuro que México requiere”; Evelia Rodríguez, del Partido Compromiso por Puebla (CCP) afirma que “Puebla vive una transformación”; Ignacio Alvízar Linares, representante del Partido Movimiento Ciudadano, le ofrece el respaldo de su instituto político para “futuros proyectos”.

Son los diputados que en las últimas dos legislaturas le han aprobado al patrón un conjunto de leyes que han determinado el rumbo de un sexenio: la que de un plumazo extirpó la palabra pueblo de la constitución estatal y con ello desaparecer las juntas auxiliares –lo que provocó la insurrección de decenas de pueblos y la represión en Chalchihuapan--; y por ahí la desgraciada Ley Bala. Y más, la ley que aprobó la figura de los PPS (Proyectos por Prestación de Servicios) con la que Moreno Valle oculta los pasivos de dejarán hipotecado los ingresos estatales del impuesto a la nómina, y por ese rumbo la privatización del agua potable a una empresa de Hank Rohn, la venta de la administración de las carreteras estatales, con lo que los gobiernos que vienen tendrán que pensar en otra cosa si esperan contar con recursos propios para su operación corriente. Y ya en esa ruta de la creación de un Maximato, como bien lo expone Rodolfo Ruiz este mismo lunes 16 de enero, la aprobación de las modificaciones a la ley por las que Moreno Valle garantiza el control de la Fiscalía General del Estado hasta el 2022, el Colegio de Notarios, el Instituto de Transparencia, la Auditoría Superior del Estado y los nombramientos en el Tribunal Superior de Justicia. Y para cerrar, el nuevo organismo contra la corrupción y el instrumento principal para su reproducción como clase política, el Instituto Estatal Electoral.

Para sí mismo el bálsamo del despotismo originario del viejo don Benito: para mis amigos justicia y gracia…

Foto cortesía de la organización 28 de Octubre.

En otra lo despiden como el déspota que ha sido. El domingo, la organización 28 de Octubre se manifiesta en la autopista y marcha por el Segundo Piso para exigir una vez más la liberación de Simitrio. Esas palabras no están en el vocabulario de Rafael Moreno Valle. Pero son las que más fielmente exponen la realidad de los derechos humanos violentados por el gobernador contra sus opositores. La 28 de Octubre ha roto todos los récords de movilizaciones registradas para una misma organización y contra un gobernador. Y absolutamente de nada les ha servido: el gobierno mantiene en la cárcel con argucias legales y sometimiento de los jueces a quienes sin duda son presos y perseguidos políticos: Simitrio el primero de ellos.

Para ellos el bálsamo del despotismo originario del viejo Don Benito: para mis enemigos, la ley.

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Y el embalsamado está ahí, en un sarcófago a punto de salir a la intemperie.. Dispuesto para el 2018.

Mundo Nuestro. ¿Es posible evaluar a un gobierno desde la perspectiva de la derrota ciudadana? Un domingo de mediados de agosto del 2014 una multitud de poblanos salió a la calle a demandar la renuncia de Rafael Moreno Valle. La denuncia de la violación de los derechos humanos en Puebla, con la criminalización de la protesta social, los encarcelamientos de activistas y la represión de los movimientos de protesta, alcanzó su momento máximo. Presentamos la crónica escrita entonces para exponer lo que sin duda identifica a un gobernante que recurrió al uso patrimonial de las instituciones de justicia para imponer un proyecto político.

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Chalchihuapan en Mundo Nuestro

1.- Un único dolor encuentro este domingo en el zócalo. Repartido entre las tres mujeres de rebozo que atajan al sol y al aturdimiento pero nunca a sus pesares. Elia es la más bajita, y su dolor va envuelto en las voces que la señalan: es la mama del niño. Lo ha escuchado tantas veces desde hace un mes. Elia concentra una pena que ninguno en esta mañana de masa y aguijón colectivo y extraviado sentimos.

A su lado, y no la deja un segundo, Roxana Luna, y por un instante vislumbro que en todo este suceso hay muchas tramas que no vemos. Es un asunto simple la ignorancia eterna de la masa, nunca tiene tiempo para pensar como individuo. No puedo dejar de ver el trasfondo político y los intereses ocultos en este conflicto. Pero ahora dejo a un lado las elucubraciones. Me concentro en Elia, en la soledad de la madre y su niño perdido. No sé su edad, pero ya la vida campesina le arrebató la juventud. Nada inmuta sus ojos tristes. Y su voz, que no tiene dudas:


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“Acabó con la vida de mi hijo”, alcanzo a escuchar en un atisbo a la mujer ahí frente al Pasaje, en la pelotera de unos reporteros agobiados por encontrar la nota del día en esta marcha atolondrada que en su disgregación final sin un templete tal vez encuentre su sentido.

“Mucha presión de los funcionarios desde el hospital --sigue Elia entrecortada--, me hicieron ofertas… Pero mi hijo no tiene precio.”

2.- Otro duelo pesa este mediodía, otro dolor profundo asoma este domingo. Ahora mismo en el templo de la Viren de la Asunción en Tetela de Ocampo, en la Sierra Norte de Puebla, una masa reducida a la impotencia entierra a un joven de apenas 18 años de edad que se preparaba para iniciar clases en una universidad en la ciudad de Puebla. Jorge Vargas Vázquez, hijo del doctor Jorge Vargas, el médico del pueblo, fue asesinado por sus secuestradores, su cadáver fue hallado el jueves 7 de agosto en la barranca de Xinanca, cerca de las comunidades de Tatzalán y Los Patios, atado a un árbol. Lo secuestraron el 30 de julio en un paraje cercano a la finca de su padre; sus captores exigían cinco millones pesos, pero la familia no pudo reunir más de dos y medio; al parecer, en uno de tantos rumores que han corrido por el pueblo, la policía no intervino. Lo que es un hecho es que el crimen paralizó a la comunidad.

Dolor y presagio de que malos tiempos se le vienen encima al pueblo. Ese mismo jueves 7 por la tarde, a plena vista de su esposa, el presidente auxiliar de San Nicolás --la misma comunidad en la que el doctor Vázquez tiene su finca--, el presidente auxiliar Florencio Díaz Villa es ejecutado de cinco balazos en lo que aparenta ser un asalto. En el pueblo corre una versión que oscurece más el panorama: que Florencio tenía identificados a los asesinos del muchacho.

Foto de Municipios e-consulta.

“Nunca había ocurrido esto en el pueblo --me dice Germán Romero desde Tetela--. Cuanta mortificación en el sepelio. ¿Y por qué pasa esto? Creo que están debilitando a las comunidades: ya no hay Ministerio Público, ya se llevaron a los judiciales. Tetela es cabecera de Distrito, tenía su Agencia de Ministerio Público y su Juzgado de Primera Instancia. Ahora salen con que van a centralizar los juzgados por lo que tendremos que ir hasta Teziutlán, ¿te imaginas el gastazo que hará la gente? Y ahora a los municipios les quieren quitar el cobro del predial, y ya van a privatizar el agua. Están debilitando mucho a las comunidades. Esta violencia nunca la habíamos visto en Tetela.”

Hiere este dolor en Tetela. Leo en el celular el mensaje que ha enviado los ciudadanos de Tetela hacia el Futuro:

“Hace dos años y medio iniciamos la defensa pacífica de nuestro territorio contra la industria minera con el único objetivo de defender nuestra vida y la de nuestras familias, y los hechos sucedidos en días pasados han golpeado profundamente a dos familias de nuestra comunidad. Hoy la población de Tetela está de luto como una muestra solidaria y fraterna con las familias heridas. Hoy nos embarga la indignación y la tristeza. Tetela de Ocampo se ha distinguido siempre por ser un lugar tranquilo y pacífico y no vamos a permitir que eso cambie. Condenamos todo acto violento.”

Y terminan con una demanda que vuelve a dar sentido a la marcha que sigo esta mañana en la ciudad de Puebla:

“Exigimos al Gobierno del Estado restablezca nuestros servicios de seguridad pública: ministerio público y policía judicial.”

Ahí están estos dos dolores jóvenes en dos pueblos. Chalchihuapan y Tetela.

Y aquí estoy yo, caminando hacia una marcha que a medio día no acaba de salir desde la Fuente de los Frailes.

3.- No todos los días una masa quiere tumbar a un gobernador, aunque según la historia, por estas tierras eso de cuando en cuando se acostumbra. Es temprano, apenas las diez, y fuera de ritmo caigo el error de llegar en tiempoa la hora de la convocatoria, pero a mi manera escojo mi propio arranque en el intermedio clásico del Paseo Bravo. Una camioneta recoge a la carrera las rejas que dan el paso a ciclistas y ciudadanos en el domingo peatonal. Queda el vacío de la Juárez.

Camino a contracorriente y pienso en los extremos del día. El duelo de una madre enrebozada viuda de su niño de trece años; la soledad de un joven asesinado, dejado ahí, amarrado a un árbol en el silencio de una barranca en el río Zempoala; el encierro y la furia del poderoso, el temblor hasta la ignominia de sus subordinados, su mirada y el orgullo en el piso y la mano en la cartera de la quincena.

Y ahora la masa que no se entona, el encono que no convoca. ¿Cuándo enfurece una masa? Pienso en el centroeuropeo Elías Canetti, obstinado por entender ese laberinto entre el poder y la masa: el individuo no es ni se comporta igual aislado que dentro de una sociedad o al interior de una masa. Algo, alguien, hace que las masas acaten órdenes.



Foto Mundo Nuestro

Qué busca la masa que increpa a Moreno Valle: su destitución. ¿Pero es una masa? No serán suficientes los cuatro mil marchistas que calculo yo desde el monumento a la Independencia, y no vendrá en su auxilio presidente de la república alguno. No es una masa festiva, como la que esperaba que con su arrojo caería Mario Marín en el 2006. ¿Qué emoción expresa? Ciertamente, al mediodía, no tendrá miedo. Ni el menor asomo de granaderos. La contra masa en este instante es el propio gobernador. Imagino a sus atareados colaboradores dándole vueltas a las cifras y si son tecnócratas sacando de la manga fórmulas y geometrías. Al final alguien dirá base por altura sobre dos, no, lado por lado, Reforma por cinco, Juárez por ocho, 1,250 gobernador, un uno más, ni uno menos. No hay masa, no se preocupe, señor gobernador.

4.- La marcha empieza tarde, así que trepo desde el Paseo Bravo por la Juárez a encontrar a los manifestantes. En el monumento a Don Benito un grupo de universitarios de la BUAP algo asoleado ha colgado una manta con el escrito La Muerte Pisó esta Tierra ¡Y tú Disparaste! Es la primera consigna que leo en el día.

En una esquina otro grupo trae los agravios cholultecas sintetizado en la consigna Cholula no es un basurero arqueológico. Ani Ashwell resume: “Encontraron dos edificios en el lugar en el que construyen el puente. ¿Qué está haciendo el INAH? Y si quieres hablar con los arqueólogos de inmediato los rodean los guaruras.”

Ahí mismo Argelia Arriaga me comenta del trazo del gasoducto. Llevo entonces tres reclamos: el niño muerto en Chalchihuapan, el absurdo puente en Cholula y el litigio por el gasoducto. Será cuestión de anotar y escuchar las consignas.

A las 12 finalmente pasa por el monumento la marcha. Y lo que llega al monumento a Juárez identifica justo este movimiento: su disgregación. No la encabezan los de Chalchihuapan; no sé quién la encabeza, no veo siglas conocidas, no hay sindicatos con pancartas; morena trae un contingente compacto, con camisetas negras; universitarios y cholultecas descontentos se suman rápido, pero no encabezan. Si alguna mano mece esta cuna, creo que se decidió por quedarse en casa.

Finalmente, aquí hay individuos. Qué los trae aquí, cuál es el aguijón que los impulsa. Identifico a una mujer con una hermosa sombrilla china que carga un retrato de Delfino Flores Melga, el viejo luchador por la tierra para los pobres de la ciudad, muerte en junio pasado en una celda en la penitenciaría de San Miguel. Ahí hay un agravio concreto, una historia de vida que la mujer carga para explicar su presencia en la masa.

Foto Mundo Nuestro

Anoto cuatro gritos:

“Moreno Valle, te echaremos a la calle”

“Si Zapata viviera, el culo te partiera”

“Queremos frijoles, queremos maíz, queremos a Rafa fuera del país”

“Moreno, fascista, tenías que ser panista”

Cuando llega el contingente de Morena, de todos, el más serio en sus playeras negras y su formación, me digo que es el primer grupo organizado que identifico. Apunto mensajes y consignas en pancartas y carteles: “Desaparición de poderes”, “Tenemos un gobierno autoritario”, “Fuera los delincuentes políticos”, Herma@s mexican@s esto no es Gaza #Rafael Moreno CH.T.M., “Esta no es la ciudad que queremos”, “¿Qué se siente ser asesino, ladrón, autoritario y prepotente?”, “SITBUAP y la Vocho, sindicatos apatronados, les dieron una lana para que no participaran, vendidos $”, “No a la privatización del agua”, “Si no hay justicia para el pueblo, que no haya paz para el gobierno. E. Zapata”, “En Cuetzala decimos NO a la mina SÍ a la vida”.

La que dice “Esta NO es la ciudad que queremos, Ciudad sin Progreso”, hace un recuento: ley bala, presos políticos, detenciones arbitrarias, expropiación de la tierra y minería a cielo abierto, verificentros cerrados, proyectos de muerte, privatización del agua, inseguridad y violencia, despidos injustificados en el H. del Niño Poblano, desaparición de registros civiles, alumnos rechazados en universidades, mototaxis confiscados, partos sin atención médica, operativos policíacos para extorsionar.”

Cuando la marcha llega al Paseo Bravo encuentro al reportero Jorge Machuca. “Gravé el paso de la gente en la esquina de la 19 Sur --me dice--, contó diez minutos el marcador de la cámara.” Pasaron por los dos carriles de la Juárez, así que de ese tamaño ha sido la marcha.

Ahí en el Paseo hago un recuento: no veo partidos, salvo Morena; veo pasar a Ana Tere Aranda, que lleva colgado en el atuendo de marchista al PAN encabronado que perdieron sin mayor relincho contra Moreno Valle quienes en 1990 eran los “neopanistas”; sin embargo no veo a Paco Fraile y a otros derrotados; pasa Gabriel Hinojosa, con su espíritu ciudadano en pro del rescate de la política de manos de la burocracia partidaria; no veo a ningún priista activo, de los que dan comentarios a los reporteros, ni membretes que representen al antiguo régimen priista; no veo pasar contingente alguno de la llamada UNT, pero sí he visto marchistas con camisas con logo de Telmex.

Veo ir y venir a Misraim Hernández Fernández, un joven de escaso cabello oculto en una gorra negra, playera de goberbala y un altavoz dando la idea mínima de que alguna mecánica organizativa ocurre en esta marcha. Misraim participa en la agrupación Puebla Vigila, una organización civil que desde el 2010 busca una acción política no partidista, involucrada primero en la vigilancia electoral promovida por Alianza Cívica y ahora en la exigencia de transparencia en la administración de gobierno y contra la corrupción. Se dice fácil, pero entiendo que expresan efectivamente una manera distinta de involucrarse en la política. Como sea, Misraim sube y baja entre las líneas que encabezan la marcha, da indicaciones y nos informa que al final leerán un comunicado para la prensa.

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5.- Para el recuento, ya en el zócalo observo una manta de cuatro metros tendida a los pies de la fuente de San Miguel, justo donde la gente se toma fotos con el hombre verde, es un collage con el tema del Goberbala, su retrato oficial y el niño Tehuatlie ensangrentado.

Elia pasa a un lado de un hombre verde contento con tanto trajín. No le faltan interesados en la foto. La marcha tiene en el grupo de Chalchihuapan su sentido y su final, que será al pie de la fuente de San Miguel. A mí me distrae el rostro de Moreno Valle, también a los pies del hombre verde. Le han acomodado sobre su cabeza la palabra asesino y un muñeco con saco negro con cabeza de cubeta y un letrero concluyente: “por si las moscas”.

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Veo a Moreno Valle en un lugar en el que no está acostumbrado. Tal vez ahí en el suelo si escuchará las preguntas elementales que cualquiera quiere hacerle: quien es, de dónde viene, de dónde se siente, a quién esconde en su figura que paraliza a sus funcionarios, en su carácter altivo, cómo toma sus decisiones, a quién vio de niño tomando decisiones, alguna vez ha llegado solo a un pueblo y se ha comido un mole sin mayor prejuicio, etc. Luego escribo más serio en la libreta: cómo se construyó este gobernador, cómo se construyeron Bartlett y Melquiades, Piña Olaya y Mario Marín. ¿Por qué tenemos esta clase política?

Y hago un mal juego entre centros perdidos, provincias a la deriva y masas de cuando en cuando explosivas: Al ampuloso Jiménez Morales lo puso como jefe del Estado un pomposo Lopez Portillo; al displicente Piña Olaya, que recuperó la fórmula del virrey nombrado desde el centro, lo puso su seguramente buleado compañero de banca Miguel de la Madrid; el regañón Bartlett le exigió un Estado al agradecido Carlos Salinas, y del DF vino para recuperar con el centro comercial Angelópolis “la grandeza de Puebla” ; el atribulado Zedillo vio cómo Melquiades recuperaba para dormir y bailar con tanto compadre al Estado para los jerarcas poblanos; ya sin presidente de por medio Mario Marín le arrebató desde los sótanos para su peculio el Estado a los Melquiades, se metió en el pozo de su degradación moral y no lo tumbó la rebelión espontánea de la masa porque desde el DF el panista Calderón y los jueces del gobierno supremo nos recordaron que México nunca ha dejado de ser un país centralista; y los avilacamachistas sobrevivientes que nunca dejaron de mecer la cuna le dijeron a Moreno Valle cuando era niño este Estado algún día será tuyo. Y por él vino dándole la vuelta a la tortilla priista-panista.

6.- Misraim Hernandez, el joven de Puebla Vigila, apoyado contra el redondel de piedra de la fuente de San Miguel, y con Elia enrebozada a un lado, lee ayudado por su magnavoz un comunicado de largo nombre: “Por la restauración de la paz social, el estado de derecho y la autonomía de los poderes públicos en el Estado de puebla”. Y concluye con palabras al vacío: juicio político al gobernador, destitución de los funcionarios involucrados con le represión en Chalchihuapan, derogación/abrogación de reformas anticonstitucionales (privatización del agua, expropiaciones, ley bala, ley orgánica municipal), cancelación de órdenes de aprensión, liberación de activistas presos, castigo a los responsables del asesinato del niño Tehuatlie, restitución del registro civil a las juntas y respeto a las libertades cívicas (expresión, manifestación, asociación).

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6.- Intento otro recuento aquí en el zócalo. Ya la masa se ha disuelto en su propia anonimia. Alrededor de la fuente de San Miguel el zócalo ha recuperado su aire de verbena. El hombre verde se cuece en su traje, abraza ciudadanos, se toma la foto. Por un momento veo en él a la figura histórica grotesca del gobernador-ogro filantrópico que ha arrasado desde el poder público con esta sociedad que llamamos Puebla.

Foto Mundo Nuestro

Por allá va el gobernador con su carga de vituperios a las redacciones a esperar la batida de las ocho columnas. Yo doy vueltas y trato de responder a una pregunta: ¿qué ha hecho de distinto este gobernador en turno? No se ha distinguido de los otros en le mecánica de “porque lo digo yo”. No ha dejado de gastar carretadas en los medios, aunque se distingue en que siguió los pasos de Peña Nieto al trepar al carro televisivo. ¿Qué lo distingue entonces, más allá de su carácter altivo y sus propósitos tecnócratas? Vuelvo a sus antecesores, ya todos metidos en la era del desmantelamiento del partido del Presidente y su monolítico Estado: Manuel Bartlett, desde la burocracia política de la Federación aterrizó y despegó y vivió Puebla en helicóptero sin necesidad de red alguna; Melquiades Morales lo desplazó fácilmente desde los abrazos y el descontento de las fuerzas vivas del partidazo; Mario Marín se construyó desde 1985 desde los sótanos y los malos y buenos oficios de Gobernación estatal una red que le arrebató el partido de Estado a Melquiades. Para entender lo sucedido con Moreno Valle me ayuda la genealogía, y supongo que a él le gustará aquello de “la alcurnia”, y tal vez así comprenda este regreso por el lado panista a la vieja estructura representada por Melquiades Morales. De la nada llegó en 1999 para convertirse a sus 31 años en Secretario de finanzas. Alguna sabiduría política en el manejo de los recursos federales para los municipios encontró ahí, dado que en diez años se hizo de las estructuras priista y panista en el estado. Y ni quien le chistara hasta que ocurrió lo de Chalchihuapan.

Todos, así, en su momento, han sido los hombres fuertes, los virreyes, los ogros. Congreso y jueces al servicio de sus luces y ocurrencias. Pero algo distingue a Moreno Valle: no da paso sin el huarache de las modificaciones a la ley. Con los diputados en la mano lo hemos visto modificar lo relacionado con expropiaciones (destino AUDI), seguridad pública, privatizaciones de servicios públicos (abasto y distribución de agua), centralización administrativa (reformas a la ley orgánica municipal). Y muchos etcéteras. Incluidas las megalomanías en la ciudad de Puebla. Es un proyecto presidencial, le cuestionan, tira largo, le alaban. Y allá va con su teleférico, sus puentes, sus ruedas, sus segundos pisos, sus museos barrocos y sus contratos con magnates y trasnacionales y sus diseñadores y sus aires exquisitos.

Es un modernizador autoritario. Sonrío por un momento: es el que más se parece a Manuel Bartlett.

Sonríe, ciudadano, los ogros siempre han existido.

6.- Camino de regreso por Reforma. Recuerdo lo más lamentable del día: la marcha ha sido homofóbica, y la condensa un hombre en la última calle antes del zócalo. Cada quien vive su marcha. Yo la busco en los ánimos que se atropellan. Tengo mala suerte: cuando arribo al zócalo gana el grito que este señor repite una y otra vez, como si fuera la suya la consigna última y primera: “por culpa de un puto el pueblo está de luto”. El hombre esgrime la frase sin disimulo. Su voz se mueve sola, no rebota en otras voces, nadie la replica ni la reclama, y él la mantiene hasta llegar a la plaza.

Entiendo en sus odios que este movimiento está perdido. Son otros sus aguijones. Nada tienen que ver con él los duelos de Elia y de Tetela.

Día con día

Me confieso incierto y confuso ante el reto que el gobierno de Trump representa para México. Incierto sobre el daño que Trump puede hacerle a México. Confuso sobre el curso que México debe tomar para reducir el daño.



Los dilemas de esto último han sido planteados por Javier Tello en el programa “Es la hora de opinar”, que compartimos los lunes , y en una conferencia titulada: “¿De vecinos distantes a devotos enemigos?”

Según Tello, los dilemas de la negociación para México son: Confrontar o apaciguar, negociar en paquete o cosa por cosa, negociar con aliados o solos; negociar abierta o discretamente.


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La negociación será peor para nosotros si México elige apaciguar, negociar cosa por cosa, negociar pensando solo en sus intereses y negociar discretamente, en el círculo cerrado de la negociación misma.

Nuestras posibilidades de reducir los daños crecerán si México define bien lo que no está dispuesto a ceder, si pone en la mesa el conjunto de la relación más que sus partes, si incluye en su estrategia los intereses de otros países y si se hace oír fuera de la mesa de negociación: en los medios, en el Congreso, en los gobiernos locales, en los frentes empresariales, políticos y diplomáticos de ambos países.

La gran desventaja de México es que parece un enemigo designado fácil de golpear. México tiene que demostrar que no es tan fácil golpearlo y que donde es fácil es injusto y, por eso, inaceptable.

Atropellando a México Trump puede presentar victorias rápidas que prueben la verdad de sus promesas ante sus votantes.

Puede empezar a levantar el Muro que falta desde el primer día de su gobierno. Desde el primer día puede ordenar deportaciones mayores que las de Obama. Desde el primer día también puede decidir que se sale del Nafta si México se niega a renegociarlo.

Si México acepta negociar sólo esos tres puntos, en el fondo no tendrá nada que negociar: su contraparte puede decidir unilateralmente sobre todas ellas.

México tiene que establecer desde el primer momento que la relación de los dos países es más compleja que lo establecido por Trump, y México un vecino más estratégico y menos fácil de golpear de lo que parece.

Vida y milgros

Revisando los eventos históricos por los que ha cruzado el país desde la segunda mitad del siglo XX hasta la fecha, no encuentro un momento tan complicado como el que estamos viviendo hoy. Nada me gustaría más que comprobar que la inquietante sensación que flota en el ambiente no tiene más fundamento que mi pesimismo.



En las siete décadas el país ha cruzado por múltiples eventos económicos, políticos y sociales que lo han sacudido y transformado. Hasta los movimientos que fueron reprimidos o se consideraron fracasados, abonaron a la construcción de un país que rompió poco a poco el monopolio del poder de un solo partido, así como el cerco de la información oficial.


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Ahí están el movimiento ferrocarrilero de 1958 y el de los doctores de 1964, ambos en busca de mejores condiciones salariales y de democracia sindical, dos momentos históricos de esperanza en medio de la obscuridad. También el contrastes y desconcierto generados por el del movimiento estudiantil del 68 seguido del encumbramiento de Luis Echeverría, símbolo del apogeo del presidencialismo absolutista de dos caras, que a trasmano reprimió en junio de 1971 una marcha que no amenazaba a nadie; está la memoria del golpe para derrocar al grupo de periodistas de Excelsior que pretendieron sostener una línea editorial independiente de los boletines del gobierno; cruzamos por la confusión generada por un gobierno que libró con una mano la oculta guerra sucia y combatió cualquier oposición desde donde viniera, pero verbalmente y con la otra mano manejaba un discurso de izquierda mientras imprimía dinero como si fueron billetes para jugar turista, provocando una inflación desenfrenada que a quien más dañaba era a las personas sujetas a un ingreso fijo. Tiempos de incertidumbre, doble moral, triple discurso. Luego vendrían los tiempos del irresponsable derroche petrolero de López Portillo que culminaría con una de las quiebras más crudas que ha sufrido el país, quiebra que no desembocó en la regulación inteligente y justa de la banca, sino en una expropiación mal planeada propia de un berrinchudo, que antes de irse, la entregó a una burocracia que acabaría con todos los bancos del país. No fueron tiempo fáciles pero aun así no corría por el aire el desconcierto de hoy. López Portillo heredó el tiradero a un Miguel de la Madrid estupefacto ante el tamaño de la quiebra y la debilidad e ineptitud gubernamental para enfrentarla. El gobierno andaba por su lado y la sociedad por el suyo como dios le daba a entender.

El terremoto de 1985 sí que fue lo que yo llamaría una buena primavera mexicana. No se basó en la violencia sino en la solidaridad. Los muertos no los causó el gobierno pero los escondieron como si fueran de ellos; las soluciones al desastre surgieron de la organización social por la libre. Ya no habría retorno de las libertades adquiridas en ese doloroso episodio. Ese momento es en mi memoria el del surgimiento visible de una sociedad civil que ya se movía desde antes por su cuenta pero de manera silenciosa. Fue nuestra adolescencia ante el gobierno, la de una joven generación que se vio a sí misma como capaz de generar cambios económicos, políticos y sociales hablándole al gobierno de tú a tú. También en esos años difíciles llegó el fin de la Pax Narca y asomaría sin pudor la violenta cara de la hasta entonces controlada guerra de los cárteles, en abierto desafío con la parte del estado mexicano que no tenía complicidad con ellos. La época en que Caro Quintero mató al agente de la DEA, el Kiki Camarena y huyó con credenciales falsas de la Dirección Federal de Seguridad.

Otro suceso crucial de esos años fueron las controvertidas elecciones de 1988, en que se hizo evidente el derrumbe de un sistema electoral obsoleto y monopólico, en el que el árbitro de las elecciones eran los secretarios de gobernación del único partido que mandaba desde que finalizó la revolución iniciada en 1910. Lo de siempre dejó de funcionar y el gobierno fue incapaz de operar con un mínimo de credibilidad los procesos electorales. No pudo contener el anhelo de elecciones limpias e imparciales que cruzaba por todo el país. Había esperanza porque había objetivos claros que alcanzar aunque parecieran imposibles. Se sucedieron entonces múltiples eventos: la polémica elección del 88 y el despertar cívico que dio luz a la reforma política de la que surgió en 1990 un Instituto Federal Electoral que sería presidido por primera vez por un ciudadano en 1997. Antes vivimos la firma del TLC, el surgimiento del movimiento zapatista que a la distancia de los años se mira como un fuego artificial difícil de entender; la guerra interna del PRI y el enrarecimiento social que derivó en los asesinatos políticos de Colosio y Ruiz Massieu en 1994, el año que cerró con otra de las quiebras más grandes de la economía nacional, la enorme quiebra de la nueva banca privatizada y la creación del FOBAPROA mediante el cual se nos endosó la cuenta de la quiebra a todos los mexicanos.

En 1995 el PRI perdió por primera vez la mayoría en el Congreso de la Unión, luego perdería el gobierno de la ciudad de México en las primeras elecciones para elegir jefe de gobierno y en el año 2000 perdería la presidencia de la república. Transitamos en calma de la dictadura de partido a la alternancia del 2000. Y luego más sorpresas: de la alternancia imperfecta a la división del poder presidencial en 32 gobernadores altaneros y con demasiado dinero entre sus manos sin obligación alguna de rendir cuentas de los enormes recursos petroleros que les encaminaron desde un congreso sin mayorías y las presidencias panistas. No dimensionamos la oportunidad perdida y dilapidada en los estados de mejorar sustancialmente los indicadores de pobreza, crecimiento económico, sustentabilidad y democratización. De las esperanzas en un sistema partidista plural incipiente que se mantenía a sí mismo, pasamos a la dictadura de los partidos que se mantienen del erario público y que carecen de credibilidad y aprecio. De un órgano electoral admirable en 2000, la montaña rusa nos condujo a la demolición y desprestigio de un sistema electoral mal modificado a raíz del cuestionamiento de las elecciones del 2006 y 2012.

En el recuento final de estos años, hay un antes y un después para un México envuelto en la guerra abierta contra el narcotráfico, guerra que ha ensangrentado el país y ha roto el tejido social. Hay un antes y un después marcado por la desesperanza. En cinco días llega al poder en Estados Unidos un megalómano que ha centrado gran parte de su discurso en atacar y culpar a México de muchos de sus males. Mal parados nos encuentra la llegada de Trump ante un cambio en los acuerdos comerciales y una política migratoria que amenaza con cerrar la llave de las remesas que han servido de amortiguador en muchas de las crisis económicas de todos estos años.

Como sociedad pudimos procesar muchos cambios difíciles sin sacrificar a cambio una paz relativa dentro del país. La primera semana del 2017 estuvo marcada por la violencia, saqueos y cierres de carreteras. Poco a poco nos vamos acostumbrando a lo que jamás debiera parecernos normal.

Hemos sobrevivido a muchas crisis pero ésta de hoy se siente distinta y densa. Hoy no conozco a nadie que no conozca a alguien que haya sido víctima de algún delito mediano, grave o muy grave. No conozco a nadie que no sienta raro el aire de estos tiempos. No conozco a ningún adulto que no sienta que estamos ante tiempos difíciles para los que no tenemos ni mapa ni ruta. Veo a los recién nacidos en sus cunas, a los niños y adolescentes empezando sus vidas con la ilusión y esperanza propios de esa edad. Por ellos es que no tenemos derecho a la desesperanza ni a rendirnos ante lo insólito.

Día con día

Los mexicanos, sociedad y gobierno, llevamos décadas ejerciendo, colectivamente, la pedagogía del motín.



La sociedad mexicana ha inventado formas cada vez más exigentes de protesta y ha ido descubriendo en el camino que la autoridad no tiene cómo evitarlas ni cómo contenerlas.

Hay instalada en el país una ingeniería de la protesta construida paso a paso sobre la base de la impunidad de la protesta misma.


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En el principio fueron las manifestaciones para expresar un malestar o establecer una demanda. De su seno fueron saliendo las marchas diseñadas para afectar la normalidad de la vida de transeúntes y residentes, pensando que el tamaño de la molestia pública doblaría la mano de las autoridades en favor de lo exigido por los protestadores.

Vinieron luego los plantones, ya decididamente orientados a entorpecer la vida de los demás, a echar el malestar propio sobre el resto de los ciudadanos para que estos a su vez lo echen sobre la autoridad.

Llegaron después los bloqueos, en especial de carreteras, que añadieron una dimensión estratégica al menú de la protesta, interrumpiendo por horas o por días carreteras fundamentales del país, y el año pasado, durante una semana, todas las de Oaxaca.

Al bloqueo se añadió luego la vandalización del espacio público, que llegó a un extremo no superado con la quema del congreso del estado de Guerrero.

Llegaron finalmente los saqueos de estos días, que han vaciado más de medio millar de tiendas departamentales en distintos estados del país y provocado la detención de al menos 1 500 saqueadores.

Lo notable en todas estas modalidades de protesta es han pasado de lo legal a lo ilegal, requieren cada vez menos participantes y provocan disturbios cada vez más graves.

Si a los saqueos de hoy se añaden alguna vez los saqueos a mano armada para repeler a la policía, estaremos en el principio de la revuelta armada.

La espectacularidad de las protestas es irresistible para la prensa que las multiplica al reportarlas. Es la pedagogía involuntaria de los medios.

Lo común a las protestas ilegales es que la autoridad no tiene respuesta para ellas: no puede evitarlas ni contenerlas.

Autoridad y sociedad hemos concedido tácitamente a nuestros ciudadanos el derecho al motín, y éstos ejercen ese derecho cada vez con mayor eficacia y visibilidad.

Día con día

Hay pruebas de que los motines de enero fueron sembrados por cuentas falsas creadas en las redes sociales con el propósito explícito de convocar a la protesta, los bloqueos y, en especial, los saqueos.



Todo eso existió. Las policías cibernéticas podrán trazar su origen y hasta dar con los responsables. Pero sería un error mayúsculo confundir el chispazo con el incendio.

Las chispas caen en la pradera seca de la irritación, mucho más extendidas que las cuentas propiciatorias de las redes sociales.


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Las incitaciones le hablan al corazón al mazo de emociones negativas que ha tomado ya el corazón de la república.

Es una veta de irritación que no puede sino crecer con decisiones tan mal instrumentadas sobre problemas tan poco explicados como el de la necesidad crónica de los ingresos fiscales, 284 mil millones, que el estado espera recoger de los impuestos especiales a la gasolina.

El gobierno federal no tiene credibilidad para reclamar esos recursos como indispensables para equilibrar las finanzas públicas. Es ese mismo gobierno el que rompió el equilibrio en estos años incurriendo en déficits fiscales que no ha podido saldar.

Incurrirá, por cierto, en un déficit adicional de casi 500 mil millones durante 2017, según la propia ley de ingresos aprobada en octubre.

Lamentablemente, el gobierno federal no tiene credenciales para prometer un ejercicio prudente o productivo del gasto público. No, mientras corra frente a nosotros el espectáculo de tantas tesorerías estatales quebradas y sobreendeudadas, sin que el gobierno federal, que les aporta la casi totalidad de los recursos, haya podido ponerles freno.

El espectáculo de gobernadores presos y prófugos no es suficiente para convencer a nadie de que empezó una corrección.

Y el de legisladores asignándose bonos y extrabonos de fin de año, logra todo menos darle legitimidad al gobierno y al Congreso para hablar de su buena administración del gasto.

Las redes sociales sólo han echado cerillos a un incendio que los estaba esperando. Las llamas de los motines recientes parecen haber menguado, pero las condiciones para nuevos incendios están dadas. Los mexicanos las hemos construido cuidadosa y ciegamente en los últimos años. Hablaré mañana de esta pedagogía colectiva.

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Día con día

A la hora de la hora, en los momentos cruciales de la vida pública, los vacíos de información del gobierno se hermanan con la falta de información oportuna en los medios.



El aumento de las gasolinas estaba previsto para los primeros días de enero desde que fue aprobado por el Congreso en octubre del año anterior, con la ley de ingresos.

Se sabía desde entonces que se esperaba un ingreso por impuestos especiales a gasolinas de 284 mil millones de pesos. Se sabía también que el gobierno había decidido adelantar un año, a 2017, el tiempo de la liberación del precio de esos productos, previsto en la reforma energética para el 2018.


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Los medios no vimos en esto un asunto noticioso, el anticipo de un posible gasolinazo incendiario, agravado por el hecho de que el gobierno había suspendido durante 2016 los incrementos mensuales previstos también en la reforma.

Quizá si el gobierno hubiera mantenido el plan original de incrementos mensuales durante 2016 y 2017, el aterrizaje de los precios en 2018 habría sido menos traumático.

Pero los medios no cargamos nuestras baterías con esa información y esas posibilidades. No cuestionamos a la autoridad ni a los legisladores que aprobaron la decisión. Sobre todo, no advertimos a los ciudadanos del ciclón que podía cernirse sobre ellos.

A la hora de la hora fuimos tan sorprendidos por los hechos como los ciudadanos mismos, salvo que nuestra obligación era haber informado de lo que iba a suceder: para que nadie se llamara a engaño y para que el gobierno y el Congreso no pudieran tomar una decisión tan delicada sin un previo debate y una debida explicación.

A la hora de la hora, el vacío de información en los medios fue llenado por la furia en las redes sociales. No porque las redes sean más poderosas o influyentes que los medios, sino porque los medios no hicimos la tarea de informar, no nos separamos del silencio del gobierno ni nos ganamos la credibilidad de la ciudadanía advirtiéndole lo que iba a pasar, dándole la información que necesitaba.

Nos hemos ganado entonces su incredulidad. El gasolinazo era tan previsible como un ciclón, los medios lo volvimos tan invisible como una conspiración de especialistas.

(Ilustración de portadilla tomada de la revista Nexos)

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