Poder y Política

En el año de 1988 y al caer la noche del miércoles 4 de julio, el día de la votación para la Presidencia y el Congreso, miles de gentes de manera espontánea se quedaron al recuento final en las casillas, miles caminaron llevando las urnas para depositarlas en los seccionales. Se pernoctó en la fría noche del altiplano resguardando los votos que de pronto habían adquirido un gran valor a ojo de ciudadano pues en el recuento de casillas salía victorioso Cuauhtémoc Cárdenas. A la misma hora, en los recuentos seccionales resguardados por el ejército y con funcionarios electorales dentro, se procedió a cambiar las votaciones. Así nació la democracia moderna mexicana.

Hay un gran cambio que puede venir, pavimentado por muchos grandes y pequeños cambios que se manifestaron en estos meses de una insólita campaña electoral. Pero aún con sus grandes ventajas el gran cambio no tiene garantía el primero de julio. En ese dilema de su victoria o su derrota, se van a librar las batallas de junio.

¿De qué pequeños y grandes cambios ocurridos en esta campaña hablamos? El más grande es la confluencia del malestar social muy diverso y plural con las propuestas de cambios planteada por Andrés Manuel López Obrador. La campaña a ras de tierra y la formación de una opinión pública crítica del estado de cosas da cuenta de ello y el nuevo rompimiento del techo electoral de los 50 puntos en las encuestas lo atestigua. Hay cuatro facetas surgidas de esta campaña electoral que anuncian la buena nueva de cierta innovación política de talante democrático.

Cambia la forma de la competencia electoral: el montaje de una competencia entre 5 candidatos con su identidad diferenciada y amplificada por la mercadotécnica, da paso a la lucha entre dos bandos: los que quieren la continuidad de lo que existe, y los que quieren un cambio sustantivo. La opinión liberal asegura que esa polarización hacia un referéndum fue creada por el líder mesiánico y su magia. Los hechos dicen otra cosa. Fueron el PRI y el PAN, desde 1988, los que empezaron a borrar sus diferencias y a crear el bipartidismo gobernante. Y desde el año 2012 el PRD procedió a entender la “izquierda moderna” como su adscripción al Pacto por México. No en balde, estos partidos defienden al unísono las reformas estructurales. Pero sobre todo es la percepción social ante cada modernización que les afecta como los gasolinazos lo que provoca que los diferentes según la mercadotecnia se vuelvan el mismo rostro de la continuidad que daña.



Se recupera el espacio público para la disidencia y el debate. La samba de una sola nota del mercado como solución racional, la apertura al mundo que encubre la integración a USA, el Estado no interventor que en realidad se convirtió en fábrica de políticos empresarios; esa narración hegemónica y monotemática cede ante un insólito debate abierto en la campaña electoral sobre sus temas capitales:, la turbiedad del nuevo aeropuerto, la reforma educativa que es control magisterial sin calidad pedagógica, la impunidad de los poderosos para lucrar con los asuntos públicos y las graves afectaciones sociales de la guerra contra las drogas. AMLO tuvo la iniciativa y la credibilidad para plantear los temas de la conversación pública y aprovechó las descargas contra él para afinar propuestas. Para la opinión liberal este fenómeno de ampliación del espacio público y su conversión en foro plural y crítico significa algo negativo, que se atente contra los “grandes consensos” que han construido al nuevo país por ellos imaginado.

La esterilización de los gérmenes antidemocráticos de la guerra sucia. La construcción del populista como enemigo público, la caída de la inversión, las invenciones anti religiosas, no tuvo eco ni comunicativo ni de reacción social. Tal vez porque cayó en una sociedad hastiada que ubicaron por su experiencia cuales eran los verdaderos jinetes del apocalipsis y proceden a decirlo en encuestas, redes sociales y concentraciones callejeras. Como carambola de cuatro bandas, la guerra sucia ha impulsado el debate público sobre todo en las redes sociales, obliga a precisar propuestas, daños y responsables, acentúa el ánimo combativo y rompe guetos de opinión.

La gran coalición. Como prueba de esa inmunidad social y comunicativa las adhesiones a favor del cambio rompieron las fronteras de las edades, de las regiones, de las religiones, de los jacobinos, de las clases sociales y de los géneros. Una larga modernización ineficiente y voraz, impune y violenta, fue sembrando agravios por toda la geografía y las sensibilidades de este país tan diverso. El liberalismo que machaca que todo proceso histórico es obra de grandes individualidades, no comprende ni es capaz de actuar de manera creativa sobre estas acumulaciones colectivas de agravios que ahora afloran, y no como unidad monolítica ante el gran líder, sino como expectativa de tomar la vida local, regional, en los lugares de convivencia y de trabajo, en las propias manos. Y esa gran coalición es la promesa de una potencia social que es la única capaz de realizar la gran transformación del país.

¿Y entonces, porqué insistir que esta estela de cambios positivos no da la garantía al gran cambio que viene? El fraude del siglo fue llamar democracia a la captura de instituciones electorales creadas por el esfuerzo colectivo de muchos, a manos de varias redes poderosas que las domaron. Y eso ocurrió con las instituciones que consagraron la pluralidad política: el sistema de partidos, la competencia, las alternancias; todos ellos sufrieron sus embates desde el año axial de 1988, el año del fraude. La receta fue simple, que costara mucho ingresar a ese mundo y que sus costos de operación fueran cada vez más elevados y sufragados por los impuestos ciudadanos más un plus decisivo: el dinero negro, nutrido por desviaciones de recursos públicos, aportaciones ilegales de corporaciones empresariales y por el lavado del dinero del narco. Así la democracia, junto a sus avances en la pluralidad y la competencia, dependió cada vez más de los grandes financiadores y del pago puntual vía acceso a presupuestos y obra pública. Se crearon las redes de la compra de votos, de inducción de la opinión, del tráfico de influencias y de la corrupción. Ese corazón negro de la política es lo que produjo agravios intensos en la población.

Los actos de campaña multitudinarios y el encabezar las encuestas acotan pero no desarman a esa maquinaria diseñada para ganar y cerrarle el paso a las opciones de cambio. Está indemne y acostumbra operar en silencio. Y sus tres circuitos de trincheras están listos para que en este mes de junio y con una desventaja insalvable en las encuestas, mantengan su el monopolio sobre la República y lleguen intactos a su treinta aniversario (1988-2018). El primer círculo descansa en el dinero negro orientado a la compra de votos y a inducir la opinión del elector. Su indicador es la cuantía y el ejercicio del “gasto social” y el gasto en publicidad. Se integra por los operadores electorales en programas federales, gubernaturas y municipios, que “mapean” distritos y secciones electorales para capturar votantes. Su saber es sencillo: las elecciones no son concursos de simpatías, son inversiones masivas de dinero que inician con la captura y terminan con el acto de votar. El segundo círculo es la compra de voluntades de presidentes de casilla, de representantes de la oposición, de funcionarios diversos, para que en el día D procedan a disminuir un poco las ventajas y aumentar otro poco las desventajas. Pequeñas modificaciones que en lógica matemática crean las grandes diferencias. Y el tercer círculo que refiere al operar de las autoridades electorales, las ejecutivas y las encargadas de la fiscalización, cargadas de sospechas de parcialidad y decisivas en el día que importa, el primero de julio. Esa maquinaria está lista y aceitada. Y en junio despliega su guerra relámpago.



Las batallas de junio: hacer valer el voto y el relato de lo que estamos viviendo. A diferencia de otras jornadas electorales, y especialmente de la del año de 2006, ésta cierra con una fuerza morena que provoca incluso claudicaciones previas antes del acto de votar. Empresarios y políticos revisan sus opciones para cambiar de bando. Jesús Silva Herzog Márquez, excelente ensayista político, da por consumado el triunfo de AMLO y se erige ya como la oposición cultural dueña del legado democrático liberal ante el riesgo inevitable del “populismo”. Mal harían los ciudadanos comprometidos con ese cambio en proceder de igual manera. Justo ahora empieza la batalla decisiva. Habrá que convocar a un ejército ciudadano, a una jornada cívica en dos vertientes. Una para impulsar a las caudalosas simpatías a volcarse a votar. La otra dispuesta a vigilar, frenar y denunciar la operación de la maquinaria. Interferir en la compra del voto, en los traslados, en la operación de las casillas, en su conteo, en los recuentos seccionales, en la vigilancia del INE y de los Tribunales. Todo en apego a la ley y con valor ciudadano.

Está en juego el voto y su recuento, pero también el relato de estos hechos y de la historia que se vive. Al relato hegemónico de construcción del México moderno que vive el duelo de su posible desmantelamiento, los relatos críticos de estos treinta años de hegemonía neoliberal, de sus nuevas formas de autoritarismo y control, de las gestas cotidianas para domar sus instintos antisociales, de sus momentos de fractura y de conquista de espacios liberados. La sombra del 4 de julio de 1988 estará rondando el 1 de julio del 2018. Como historia de la infamia aún vigente y como gesta ciudadana dispuesta al desafío. La batalla de junio.

(Ilustración tomada de la revista Nexos)



Día con día

¿Morena? ¿Qué es Morena?



La democracia mexicana va muy rápido en su cambio de piel. Quema a paso redoblado sus referentes básicos, adelgaza sus partidos claves, diluye sus identidades ideológicas. Anda en busca de otra forma.

No ha traído, ni remotamente, lo mucho que se esperaba de ella. Ha traído, en cambio, una desazón y una incredulidad contra ella misma que parece haber borrado sus logros. Empezando por los logros de sus actores centrales: partidos y gobiernos.



Los gobiernos han sido mediocres en sus resultados y contundentes en sus errores. Los partidos, también. Se quedaron hace unos años con el tablero electoral completo y, en vez de institucionalizar y multiplicar sus ventajas, abusaron de ellas, hasta perder la confianza de los electores.



Echaron por la borda su capital mayor que era la adhesión fiel de los votantes, el famoso “voto duro”, y le abrieron el espacio a un hijo inconforme, desafiante de sus malas prácticas. Tanto, que este hijo inesperado, brotado de sus propias reglas, está a punto de barrerlos.

Hablo, desde luego, de Morena, un hijo nacido en el seno de la partidocracia —sus reglas, sus facilidades, sus dineros— que está en camino de acabar con ella o de dejarla irreconocible. Al extremo siguiente: la democracia mexicana, construida bajo el instinto central de impedir las mayorías predemocráticas del PRI, está a punto de darle una de esas mayorías a Morena, pero ahora por la vía democrática.

La pregunta clave es a quién le está dando estos poderes, poderes de antes, la ciudadanía mexicana de ahora. Sabemos qué es el PRI, qué es el PAN, que es el PRD, y también qué son los otros partidos de la exhausta partidocracia mexicana.

Conocemos bien al líder de Morena, López Obrador, pero creo que no sabemos ni siquiera aproximadamente, qué es Morena. Al menos yo no lo sé. Tengo algunas impresiones y puedo registrar algunos hechos. Es lo que haré esta semana tratando de poner en blanco y negro lo que entiendo de este nuevo actor dominante de la partidocracia mexicana.

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El aluvión de Morena

No tenemos una idea clara de lo que es Morena, entre otras cosas porque está todavía en expansión y no acaba de tomar su forma. Esa expansión, tan reciente como acelerada, constituye la novedad mayor no solo de nuestro sistema de partidos, sino de nuestro ánimo cívico electoral.

El Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), con su alusión manifiesta al culto guadalupano, el culto de la Virgen Morena, es en su origen una escisión dentro de las filas de la izquierda mexicana, cuyo partido central fue hasta ahora el PRD.

Morena se fundó en 2011 como un “movimiento” distinto a la coalición de partidos de izquierda que llevaban a López Obrador como candidato a la Presidencia en 2012.

La decisión del PRD de participar en el Pacto por México del gobierno de Peña separó a López Obrador de la coalición y lo indujo a convertir su movimiento en un partido.

El partido Morena celebró su primer congreso nacional el 20 de noviembre de 2012 y obtuvo su registro el 9 de julio de 2014.

En su primera salida electoral, a las elecciones federales de 2015, obtuvo 3 millones 343 mil votos, 8.9 por ciento del total.

En las elecciones estatales de 2017 se hizo manifiesto su ímpetu como nuevo partido. Obtuvo 11.99 por ciento de los votos de Coahuila, 12.7 por ciento en Nayarit, 17.43 por ciento en Veracruz y 30.78 por ciento del Estado de México. Casi 2 millones de votos en solo cuatro estados.

Su financiamiento público ha crecido en forma proporcional. Fue de 33 millones en 2014 (números redondos), de 137 millones en 2015, de 381 millones en 2016, de 392 millones en 2017 y de 404 millones en 2018.

En un aluvión de crecimiento tan alto, con un proceso tan visible de incorporaciones a la causa de Morena, es imposible no suponer la existencia de una tensión política entre el núcleo de morenistas fundadores del partido, los que de verdad cruzaron el desierto, y el aluvión de políticos y personalidades de reciente morenismo.

El aluvión, por lo pronto, desdibuja el perfil ideológico original de Morena, su espíritu fundacional, y lo hace parecer menos un partido de perfiles definidos que un recipiente político donde todo cabe.

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Morena como recipiente nacional

Morena es un aluvión electoral y también, cada vez más, un insólito tejido de alianzas. Lo une todo el liderato de López Obrador, el programa que él ha definido y, cada vez más, el pragmatismo del posible triunfo.

La figura del líder es clave en el aluvión y opaca con su figura el resto del paisaje. Hace un par de meses me dijo un amigo ex priista, reinsertado al lopezobradorismo: “En este momento, Morena es un ejército donde hay un general en jefe y puros soldados rasos”.

Es imposible decir cómo quedará acomodado ese ejército después de la elección y cuál será su perfil real como fuerza gobernante.

Es imposible saber también, desde lo que puede leerse en la prensa, cómo está compuesto realmente ese partido y de qué tamaño es su militancia.

Morena encabeza una alianza de partidos y es el camino de Damasco de miles de políticos profesionales desgajados de otros partidos.

Los aliados, el Partido del Trabajo y Encuentro Social, dan cuenta del pragmatismo ideológico de Morena.

El PT es la única formación política de México que tiene en su programa la expresión maoísta “línea de masas” y el propósito de crear una “sociedad socialista”.

El PES es el primer partido confesional de la democracia mexicana, el brazo político de las iglesias evangélicas del país.

Morena, por su parte, se define a sí mismo como “una organización política amplia, plural, incluyente y de izquierda”. Pero, conforme se expande y atrae políticos de los rumbos más inesperados, va quedando claro que no es un partido de izquierda ni un partido ideológico.

Lo describe mejor este otro pasaje de su declaración de principios: “Nuestro partido es un espacio abierto, plural e incluyente, en el que participan mexicanos de todas las clases sociales y de diversas corrientes de pensamiento, religiones y culturas”.

Es un partido que aspira a cacharlo todo, a ser el nuevo recipiente de la diversidad nacional, a la manera del antiguo PRI donde todo cabía. Morena no quiere ser un partido, sino el molde de una nueva hegemonía nacionalista y nacional.

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Contradicción y coherencia de Morena

Quizá nada haya sorprendido tanto en la deriva reciente de López Obrador como su cosecha contradictoria de políticos y personajes públicos contradictorios, de izquierda y derecha, ex priistas, ex panistas y ex perredistas, líderes sindicales echados de la educación, de la minería o del sector eléctrico, empresarios conocidos y notorios familiares de empresarios conocidos, intelectuales y académicos de izquierda, socialdemócratas o liberales, por su mayor parte laicos, junto a pastores evangélicos y sacerdotes católicos.

Creo que Jesús Silva-Herzog Márquez ha leído bien el proyecto de nueva hegemonía política que explica estas contradicciones, tema del que me hice eco ya en mi columna de ayer.

En el ensayo “Sobre un volcán”, central en la revista Nexos de junio que empieza a circular mañana, Silva escribe:

“Morena carece de contornos. Ya no es un partido de izquierda, sino una cazuela que quiere recogerlo todo. El único punto de unión, por supuesto, López Obrador. Como una nueva versión del PRI, Morena les ha abierto la puerta a todos. Ahí están los líderes del sindicalismo más corrupto y los panistas más conservadores. Ahí conviven evangélicos y jacobinos. Ahí se juntan los admiradores de Kim Jong-un con los aduladores de Enrique Peña Nieto... Más que como expresión de una parte que aspira a la mayoría, se concibe como síntesis del todo. Esa es la intención: ser el vehículo político del país auténtico. Morena y sus aliados son el nuevo pulpo, el nuevo imán de una hegemonía en formación”.

No sorprende el sabor a PRI de la declaración de principios: “En Morena participan mujeres y hombres; empresarios, productores y consumidores; estudiantes y maestros; obreros, campesinos e indígenas. Estamos convencidos que sólo la unidad de todos los mexicanos hará posible la transformación del país”.

Las contradicciones en el camino de adhesiones a Morena no tienen una lógica moral o ética, como dicen sus documentos fundadores, sino una lógica política, pragmática.

La adhesión a la causa otorga el boleto de entrada al “país auténtico”, a la bondad de la causa misma. Lava y olvida diferencias previas. Y se dispara al futuro, en busca de la unidad perdida y de la nueva hegemonía política que traerá el “cambio verdadero”.

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Unidad y división de Morena

Morena tiene un líder absoluto y es un fenómeno de aluvión, por su mayor parte anónimo, en lo fundamental desconocido para la democracia mexicana.

El aluvión tiene dos vertientes: la de las plazas llenas y los votos que seguirán de ellas, y la de los políticos profesionales que serán los beneficiarios y representantes de esas plazas y esos votos.

El problema fundamental de Morena en el gobierno será, de un lado, satisfacer las altísimas expectativas que ha sembrado en sus seguidores; del otro, mantener unidos a sus políticos.

Lo primero solo podrá conseguirlo un gobierno eficaz, tarea que se antoja complicada, gane quien gane, porque la herencia central de nuestra democracia es un archipiélago de gobiernos fallidos, dispendiosos, irresponsables e ineficaces.

Otro reto mayúsculo será conducir el aluvión de los políticos profesionales.

Salvo el núcleo fundador, los políticos profesionales de Morena no tienen pedigree partidario. No son de ahí. Hay los comprometidos de la primera ola, y los de la segunda, la tercera, la cuarta, la enésima ola. No tienen historia común ni señas de identidad, ni lealtades y usos y costumbres compartidos. Vienen a un momento de la política que es como la fiebre del oro.

Es previsible que los de la primera ola se lleven mal con los de la segunda, los de la segunda con los de la tercera, y así sucesivamente hasta configurar un aleph de discordias entre gente que acaba de conocerse.

Las discordias de políticos profesionales siempre tienen consecuencias. En el camino de Morena serán más importantes los pleitos profesionales de sus políticos, escondidos hoy bajo la sombra de la unidad y la adhesión a su líder, que los desacuerdos de los seguidores.

El líder indiscutido de hoy tendrá que lidiar con los lideratos intermedios fragmentados de mañana, entre otras cosas porque no podrá saltar hacia el pueblo puro y duro por encima de sus intermediarios profesionales.

Salvo algunos casos visibles, la pregunta fundamental sobre los políticos emergentes de Morena es quiénes son realmente. Mejor dicho: quiénes resultarán ser una vez que se asienten las aguas.

Porque Morena es una especie de niño que se hizo adolescente en 12 meses, adulto en 24, y se está quedando con el gobierno de un país de 120 millones de habitantes en un solo envión electoral.

He encontrado en facebook la defensa que muchas personas han hecho del Doctor Carlos Figueroa Ibarra, reconocido investigador en el Instituto De Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP y desde hace un tiempo miembro de la dirección Nacional de Morena en el área de los derechos humanos. Qué bueno que sea así, que tantos amigos y conocidos hayan salido a parar en seco la acción de un periodismo criminal.

Yo pongo mi parte. Y lo hago consciente de aquella idea de que entre gitanos no se leen las cartas. Creo, sin embargo, que va siendo tiempo de reflexionar sobre lo que significa el periodismo en estos tiempos aciagos de México. Sus ansias libertarias pero también sus bien pagadas impunidades. Y los lamentables extremos que se viven en Puebla.



“Un guatemalteco exilado y con vínculos con la guerrilla, vocero de MMH”.

¿Qué lleva a un periódico a escribir ese encabezado? ¿Se preocuparon, por un instante, en la historia de vida del hombre que así difaman para servir al más vil de los propósitos que puede encontrar un periodista, el de ser el siervo de quienes por un tiempo detentan el poder y pagan su sobrevivencia?

Conozco a Carlos tal vez desde hace 28 años, y aquí en Puebla. Es por cierto, colaborador de Mundo Nuestro. Y es sin duda uno de los expertos en temas de México y Centroamérica más capaces que se puedan encontrar en nuestro país. Y con todo derecho, como mexicano que es, pelea hoy por el proyecto político en el que cree.



Carlos vivió la guerra en Guatemala, aquella que dejó 150 mil muertos y 45 mil desaparecidos en aquellos años de la dictadura militar y la rebelión de los pueblos indígenas contra el exterminio en el Quiché. Y la vivió desde su trabajo como académico universitario en una etapa en la que el terror del régimen asesinó a más de 400 estudiantes y maestros en la universidad en la que Carlos trabajaba. Carlos sobrevivió, pero los militares no perdonaron a sus padres, a quienes asesinaron en su casa un día de junio de 1980. Lo buscaban a él. Ni por asomo los periodistas que hoy lo atacan se les ha ocurrido por un momento preguntarse algo tan simple como “¿por qué tuvo que buscar el asilo en México?”

No es sencillo imaginar el sufrimiento del pueblo guatemalteco. No tenemos idea. Sabemos tan poco de nosotros mismos, cómo pensar entonces en la tragedia de ese entrañable país vecino. Tal vez ayude la lectura de esta crónica que escribí en el año 1984, publicada en la revista Nexos.



Guatemala: ascenso, aculturacion y muerte de Sebastián Guzmán, principal del nebaj de los ixiles

Hoy me entero de los ataques que se le hacen a Carlos desde un diario, Cambio, un medio en el que trabajé entre 1987 y 1991, justo en los años en que lo conocí, y con él a muchos de sus amigos guatemaltecos y mexicanos que lucharon por la liberación de su patria. Cambio, entonces dirigido por mi maestro Gabriel Sánchez Andraca y por Jesús Rivera, editado todavía con una prensa de linotipos, era sin duda uno de los más importantes impulsores de lo que entonces llamábamos nuevo periodismo.

Ese diario con el tiempo se traicionó a sí mismo. A principios de los 90 Gabriel y Jesús perdieron su propiedad y con ella el control de la dirección. Los años que siguieron para el diario serían los del desarrollo de una escuela que hoy ha tomado con sus egresados las redacciones de la mayor parte de los medios en puebla. En Cambio se entronizó el género de la columna para convertirla en herramienta de extorsión y el chantaje, la venta de la pluma al gobierno del estado en turno con la degradación del periodismo que pone por delante el interés público.

Hace mucho dejé de leerlo.

Pero lo he hecho hoy miércoles en su portal electrónico y he logrado ver lo que hacen estos días. Como el tema es político, realizo un recuento de las notas publicadas sobre Marta Érika Alonso y Miguel Barbosa Huerta los últimos tres días, 29, 30 y 31 de mayo. Es fácil entender entonces el periodismo que este diario realiza:

Para Martha Érika 19 notas publicadas, 18 de ellas positivas y una negativa.

Para Barbosa Huerta 34 notas publicadas, 31 de ellas negativas y tres positivas.

¿Para qué decir más de un medio que difama sin pudor a una buena persona, de las mejores que puede tener hoy la patria nuestra? Los periodistas tienen derecho a tomar partido. Sí. Los periodistas están obligados a la objetividad, también.

Pero la calumnia y la difamación es su vergüenza.

Nunca he creído que el crimen organizado de México, el narcotráfico, o sus potentes derivados de hoy: huachicol, extorsión, secuestro, tenga el proyecto de competir por el poder político como tal.

Empiezo a pensar que esto no solo es posible, sino que está sucediendo hace algún tiempo en el orden local. Y en el más local de los órdenes, el orden municipal. Para mí, este es el sentido que tiene, o empieza a tener, la epidemia de ejecuciones de candidatos y funcionarios locales de los últimos meses.



Creo que expresan un cambio en las pretensiones políticas del crimen. No solo quieren ahora comprar al poder local, sino que quieren tenerlo en sus manos, o en manos de sus marionetas, y están dispuestos a matar para lograrlo, y para impedir que otros, sus adversarios, lo alcancen.

El próximo 1 de julio, 89 millones de mexicanos serán convocados a las urnas para elegir al Presidente y a quienes ocuparán otros 3 mil 400 cargos. Durante el proceso, el más grande en la historia del país, se han registrado 305 agresiones violentas. Entre ellas, 94 asesinatos de candidatos y autoridades locales.

Además, hay al menos mil candidatos que han renunciado a la contienda, entre otras razones, por temor a la violencia. 341 de esos renunciantes son candidatos federales que contendían por un lugar en el Senado o la Cámara de Diputados.



De modo que el pleito por la influencia local tiene también una franjita federal. Las renuncias de candidatos a cargos municipales y diputaciones locales son más del doble: 664.



“Lo que define este proceso electoral es que esta violencia se ha orientado a hacer a un lado a un candidato a través de medidas violentas, quitarle la vida, por ejemplo, o mediante amenazas”, dijo a EFE el director de la consultoría Etellekt, Rubén Salazar.

Si recuerdo bien, el interés típico del crimen organizado hace unos años, respecto de los gobiernos locales, municipales en particular, era que la autoridad les nombrara un jefe de policía y de transportes ad hoc que lo dejara hacer sus negocios.

Luego necesitaron también la anuencia de la autoridad para robar, extorsionar, secuestrar.

Después vieron que podían quedarse también con parte del presupuesto del municipio y de todos los recursos de la autoridad para universalizar el delito, literalmente como extensión del poder político.

Algo de esta lógica siniestra de apoderarse del poder político en las elecciones para poner la política democrática al servicio del delito es lo que se insinúa en la estadística de los candidatos y las autoridades locales muertas camino a las elecciones de julio.

Nunca he sentido tan cercana la competencia política por el poder con la competencia criminal por la impunidad.

A propósito del debate del pasado domingo 20 de mayo comparto estas reflexiones:

El éxito de la buena conducción de un debate es que nadie se acuerde de quién lo moderó.

Los moderadores deben facilitar la discusión y hacer que salga a la luz las posiciones de los que debaten.

Deben, con habilidad y sin ningún tipo de agresión, evidenciar qué tal o cuál candidato no responde o evade las preguntas.

Son también quienes propician el intercambio entre quienes debaten.

Esas son sus tareas centrales y las deben realizar de tal forma que nunca sean los protagonistas del debate.

El debate no es el espacio para que los moderadores muestren sus conocimientos y lo que saben de los temas que se discuten.

Y tampoco es el espacio para que digan lo que piensan sobre los temas que se debaten.

Hay un error en el diseño del formato del debate si los moderadores son los protagonistas.

Los moderadores equivocan su tarea si en el debate se ponen a entrevistar a quienes debaten.

En el debate los moderadores son solo animadores de la discusión y el intercambio entre quienes debaten.

Respeto el trabajo periodístico que realizan Yuriria Sierra y León Krauze.

Pienso que el pasado domingo equivocaron su papel.

Twitter: @RubenAguilar



Newsweek en español publica la encuesta de encuestas de GPPolss que indica la tendencia creciente de AMLO desde diciembre a la fecha quien sigue arriba, pulverizando el techo de los 40 puntos y colocándose en 47. En segundo lugar aparece Anaya con 30 y en tercer lugar Meade con 18 puntos. (https://newsweekespanol.com/2018/05/gppolls-presenta-actualizacion-de-su-encuesta-de-encuestas-2/ El Financiero arrojó además un dato inesperado e inquietante pues la región que impulsó el incremento provino de 11 estados del Norte, la mayor parte inmunes a la izquierda (http://www.dossierpolitico.com/vernoticias.php?artid=204602&categoria=12)

La bola de nieve

Desde la temprana aparición del video sobre la niña bien que bailando reggaetón en una iglesia invitaba a votar por AMLO hasta el video de la señora bien del municipio más rico del país, San Pedro Garza García, Monterrey, quien también al mismo ritmo se declaraba totalmente palacio y amlover; se advertía que el orden por estancos de los votos se estaba evaporando. Los banco de votos de la derecha: el norte y el centro occidente, los medios y altos ingresos, los milennials, las escuelas privadas y empresariales, se estaban dividiendo. El tamaño de los agravios por la corrupción desmedida, los pactos de impunidad y la inseguridad pública afecta a todos. Y ahí, el único que exige cambiar de manera tajante es AMLO. Por eso, mientras éste insiste en ir por más, extender el contagio en plazas públicas, reuniones con empresarios y entrevistas en los medios; sus más fuertes competidores de derecha, el PRI y el PAN, intentan reagrupar fuerzas y consolidar su voto duro.

Lo que se va dibujando en el escenario electoral es un efecto de bola de nieve que avanza y crece. La sensación de que se perfila un ganador viable atrae a más. Las certidumbres y las confianzas se consolidan y expanden. La propuesta para “un cambio de régimen” se precisa en un debate horizontal que recorre a los medios, penetra en las organizaciones empresariales donde empiezan a hablar los mediano y pequeños empresarios; vive en las universidades públicas y privadas, agita a las organizaciones sociales y civiles y a los ciudadanos de a pié. El orden “natural” de las cosas se discute, se antoja y se hace posible modificarlo.



La guerra sucia

Desde las perspectivas de sus grandes opositores, institucionales y poderes de facto, beneficiarios del statu urge frenar esa bola de nieve, convertirla en otro competidor en piso parejo, aunque tenga 20 puntos de ventaja. ¿Cómo hacerlo?

A las certidumbres, carcomerlas con las dudas. Resulta que ese señor quemado por el sol y que vive recorriendo municipios y ciudades, hablando en plazas bajo el sol inmisericorde de mayo, mírenlo bien, es un enfermo terminal. Es un populista y el peso se cae porque el dinero le teme, aunque los fondos financieros, las PYMES y la COPARMEX insistan en hablar y abrir puentes con él. Va a destruir la democracia pues quiere un poder absoluto y personal, aunque su experiencia de gobierno en la ciudad de México lo desmienta y su propuesta de refundar la república hable del rescate de instituciones sometidas a la corrupción y al pacto de impunidad.

A la tentación de aspirar al cambio señalarla como desvarío. Va a convertir a México en Venezuela y nos hundirá gastando de más. Pues fíjense que no, porque con recuperar lo que se roban por corrupción se financia la inversión pública y el gasto social. Regresará la inflación y el desabasto como con Echeverría y López Portillo. Pues tampoco, porque se mantendrán los equilibrios macroeconómicos y la independencia del Banco de México. Va a expropiar empresas. Menos, se trata de abrirle cancha a los millones de medianos y pequeños. Va a frenar el crecimiento. Tampoco, pues se crecerá pero no de manera concentrada como ahora, en manos de pocos y en contados lugares, sino de manera horizontal y abierta. Se va a pelear con Trump. Bueno, ahí sí, no dejará un Tuit sin contestar.

A los impulsos vitales que recorren a la gente contraponer la sombra de Tánatos. En las redes aparece #amlomania y mensajes como estos: “No soy Moreno, pero si gana #amlo ofrezco 5 estudios encefalográficos con su mapeo a cinco niños que lo requieran”, “Si gana AMLO hago diez limpiezas dentales Gratis y diez resinas Gratis y una prótesis!” “¿Se dan cuenta que con la #Amlomanía se está viendo que los mexicanos podemos ayudarnos unos a otros y que en efecto Juntos haremos historia?”. Y en contraste las invitaciones a matar al candidato que provocaron que Ricardo Alemán, periodista, fuera cesado de varios medios por la reacción cívica de las redes sociales, o los rumores de su enfermedad terminal.



Paisaje antes de la batalla

Este es el paisaje para el segundo debate. En medio de la contienda entre una avalancha que se extiende y la urgencia para frenarla. Los debates, que se promueven como un espacio de excelencia de la democracia donde los candidatos se exponen a la controversia; son a la vez una pieza estratégica para los núcleos preocupados de los poderes, políticos, económicos y mediáticos. Desde ahí se conciben como detonadores de posibles cambios en las audiencias atrapadas por un evento con el más alto rating. Y en estas circunstancias, o constatan que la bola de nieve ya es una avalancha, o se convierten en la barrera que intenta frenarla.

En la experiencia internacional y nacional de las políticas mediáticas se crean sinergias entre tres polos que intentan amplificar, reducir o modificar las percepciones de los públicos hasta entonces detectadas. El primer polo es el debate organizado según las pautas de un reality show “divertido”. Luego vienen los opinadores mediáticos que enjuician a bote pronto lo apenas visto para influir en el respetable público. Y al final, como vox populi, las mediciones por empresas dedicadas a las encuestas que por cierto, carecen de reglamentación pública que verifique su funcionamiento, y que ratifican tendencias previas o anuncian espectaculares virajes.



Las encuestas que vendrán

¿Cómo van a reaccionar después del segundo debate las casas encuestadoras ahora que los registros realizados a la fecha rehabilitaron su credibilidad y que como empresas se encuentran en una burbuja favorable para el negocio? Por lo pronto, la casa encuestadora GEA – ISA ahora con su prestigio a nivel del mar, ya se adelantó y desde el primer debate planteó que se había reducido la diferencia entre AMLO y Anaya en ¡5 puntos! Hicieron la misma trampa en marzo del 2006 pero ahora, ante tanta evidencia, nadie se atrevió a sostener su delirio.

Lo que sí me parece inevitable es que esa estrategia del detonador del cambio de tendencias se aplique tarde o temprano a lo largo de este mes de mayo. No tienen otra salida en el marco flexible de las simulaciones legales. Llegar a mediados de junio con una avalancha de ese tamaño tras sus espaldas, esteriliza las millonarias inversiones para la compra de votos y no deja espacio de maniobra “institucional” para hacer creíble victorias sorprendentes. Sería tanto como entregar la silla antes del tiempo.

Mundo Nuestro. El miércoles 16 de mayo pasado el Tribunal Federal Electoral falló en contra de Enrique Cárdenas Sánchez por lo que no estará en las boletas como candidato independiente al gobierno del estado el próximo julio.

Esta decisión confirma el despotismo que prevalece en Puebla bajo el nombre de Rafael Moreno Valle. Un fallo que priva a la sociedad poblana de la posibilidad de una alternativa de gobierno construida desde la acción civil y que termina por sumir en la vergüenza a los poderes legislativo y judicial poblanos, sometidos a una figura de un autócrata que recuerda los viles tiempos del autoritarismo avilacamachista. Triste memoria para Puebla.

Este texto de Enrique Cárdenas Sánchez --leído la tarde del miércoles en Profética--, permite, sin embargo, comprender la importancia que ha tenido el movimiento SUMAMOS en la construcción de un discurso político alternativo, fundado en una ética ciudadana que vislumbra la posibilidad de un país distinto, democrático y justo. Esa es la verdadera victoria moral del Doctor Cárdenas.



El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación emitió finalmente su fallo por el que rechazó mi candidatura independiente a la gubernatura de Puebla. Ha sido un proceso muy difícil y lleno de obstáculos. Agradezco profundamente el apoyo decidido de muchísimas personas. Desde mi registro ante el IEE en diciembre pasado, durante la búsqueda del apoyo ciudadano y la obtención de firmas, y a lo largo de los procesos judiciales para llegar a la boleta y hasta el día de hoy, su apoyo ha sido extraordinario. Fueron decenas, cientos y hasta miles de amigos, colegas y personas que no conozco, quienes mostraron de muchas formas su deseo y compromiso por apoyar un cambio profundo, de esencia ciudadana y apartada de los partidos políticos. Les quiero agradecer muy sentidamente todo su esfuerzo. Sin ellos, por más que mi esposa y yo hubiéramos estado convencidos de emprender esta travesía, no hubiéramos llegado ni a la primera parada. Muchas, muchas gracias.

Nuestra lucha



Esta ha sido una lucha por la democracia en nuestro país, tan maltrecha y tan lastimada en Puebla, con un horizonte que apenas se alcanza a ver entre nubes y tormentas. Ha sido una lucha democrática para recuperar el poder para los ciudadanos, para acercar el interés genuinamente público a los miembros de la sociedad.

Esta vida pública ha sido secuestrada por los partidos políticos en México, y en el caso de Puebla por Rafael Moreno Valle y su camarilla que han cooptado a todas las entidades públicas, voluntades empresariales y hasta personas que en otro momento pudieron haber actuado de buena fe.

A pesar del avasallamiento del que son presa el Instituto Electoral del Estado y el Tribunal Electoral del Estado, que son supuestamente autónomos, se ganaron diversos recursos judiciales en la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Con esos fallos se abren oportunidades para que otros ciudadanos tengan menos obstáculos para lograr una candidatura independiente. Logramos la inaplicación de varias fracciones de la Ley Electoral del Estado, que limita la dispersión territorial de los apoyos, el porcentaje mínimo de firmas a obtener, y el plazo requeridos. Todos lo hicimos con total limpieza, apegados a la ley y sin caer en la tentación de obtener firmas apócrifas con el fin de llegar a la boleta.



Si bien estas sentencias no obligan al Congreso a modificar la ley, ahora ya se conocen los criterios del Tribunal para que otras impugnaciones se puedan ganar. Sirven de antecedentes no solamente para Puebla, sino para todo el país.

Respetamos el fallo del TEPJF, aunque evidentemente no estamos de acuerdo con el sentido de su resolución, especialmente por despreciar a las más de 24 mil personas que dieron su firma. Seguimos considerando que la razón nos asiste pues sí logramos un gran apoyo ciudadano para respaldar nuestra pretensión de ser votados. Es la naturaleza de la ley poblana, absurdamente restrictiva, y los legisladores que la aprobaron, quienes nos han impedido llegar a la boleta.

Sin otra opción, sin posibilidad para la transformación efectiva

Con esta resolución negativa del Tribunal Electoral, los poblanos nos hemos quedado sin una opción ciudadana al gobierno estatal. Todos los candidatos son de partido y hay suficiente evidencia para mostrar que la mayoría de ellos están coludidos entre sí. Por este fallo, en Puebla no podremos presentar una opción claramente distinta a las otras; nuestra propuesta está mucho más cerca de los intereses de la gente, no está contaminada. Los partidos y los políticos ganan… los ciudadanos perdemos.

Una candidatura ciudadana, sin partido, estaría dispuesta a establecer todos los instrumentos para combatir la corrupción, que hasta este momento los políticos se han negado sistemáticamente a hacerlo, tanto en Puebla como a nivel federal. Tendríamos como prioridad y guía de gobierno que los objetivos y la política pública sean consistentes para colocar el bienestar de la gente en el centro de la acción pública, y no supeditados eternamente a los intereses personales o político-partidistas.

Sería en los hechos y no sólo en las palabras.

Las propuestas

Hasta ahora no he tenido oportunidad de mencionar las propuestas que traemos en nuestro movimiento por respeto a la ley que nos lo impedía. Quisiera compartirles a lo que aspiramos, cómo imaginamos que podría ser Puebla, con la conciencia que existen los medios para lograrlo, o al menos avanzar sensiblemente en dirección correcta.

Imaginamos Puebla, como el lugar donde las posibilidades de sus habitantes sean las mismas para todos, desde el nacimiento hasta la muerte. Que el contexto socioeconómico, geográfico, o la situación de la familia, no condicionen el desarrollo futuro de cada quien. Las personas deben tener la misma oportunidad, a lo largo de su vida, para salir adelante. Así se logra mayor bienestar de las personas y sus familias, una sociedad incluyente, en donde el mérito y el esfuerzo sean los factores cruciales para que todos podamos avanzar, y se logre mayor prosperidad. En suma se trata de impulsar la movilidad social.

Para ello se requiere un sistema de protección social universal, con acceso efectivo a la salud y la nutrición de todos en todos los rincones del estado, con acceso a una educación de calidad, con aseguramiento y pensión básicas que mitigue las diferencias y provea un piso mínimo a todos los poblanos. Este sistema debe ser financiado con impuestos generales.

Imaginamos a Puebla como un lugar seguro, donde una vez más mujeres y hombres, jóvenes y niños, podamos caminar por las calles, a cualquier hora, sin ningún temor. En donde sea posible transitar por ciudades y por el campo sin sentirse amenazados por el crimen. Un lugar seguro cuyos productos transiten, desde los centros de producción hasta los centros de distribución sin ser atracados en el camino.

Una sociedad que se siente segura tiene un mayor nivel de libertad y de bienestar. No podemos acostumbrarnos a los niveles de inseguridad que existen, donde debemos tomar innumerables precauciones para evitar ser víctimas del crimen, y especialmente las mujeres, tanto en lo personal como en nuestro patrimonio.

La inseguridad va de la mano de la corrupción y la impunidad. Es indispensable echar a andar cabalmente el Sistema Estatal Anticorrupción para atacar de frente estos problemas, lo cual implica asegurar que cada una de sus partes funcione adecuadamente: la Fiscalía Anticorrupción, la Auditoría Superior del Estado, la Secretaría de la Contraloría, la Comisión de Acceso a la Información Pública, el Consejo de la Judicatura, el Tribunal de Justicia Administrativa y el Comité de Participación Ciudadana.

Para enfrentar la inseguridad y la impunidad, es necesario transformar el sistema de seguridad y procuración de justicia de modo que haya una carrera policial respetada, con remuneración y prestaciones adecuadas, sistemas de supervisión y rendición de cuentas al interior de las corporaciones, con capacitación e incentivos adecuados. También ampliar el número de agencias del Ministerio Público, capacitar a sus agentes y modernizar sus instalaciones. Y en ese mismo rubro, el Sistema de Impartición de Justicia debe ser mucho más efectivo, con un número mayor de jueces y personal especializado para hacer los procesos más expeditos, cuya carrera dependa del mérito y la calidad de sus sentencias, y no de relaciones personales o familiares, donde la corrupción se castigue conforme a la Ley. Si no atacamos estos tres elementos, corrupción, transformación institucional e impunidad, se logrará poco.

Imaginamos a Puebla como un estado donde las decisiones de interés público siempre se tomen pensando en el bienestar de las personas, de las familias y las comunidades, tanto de hoy como de la siguiente generación.

Donde las decisiones que afecten a comunidades particulares sean tomadas por los propios habitantes, en coordinación con el gobierno, y donde haya co-participación en los trabajos a realizar, tanto del gobierno como de las propias comunidades y colonias.

Los poblanos y su bienestar deben ser el centro de toda decisión. Así se facilita la toma de decisiones y se pueden diseñar mejores políticas públicas que además sean consistentes entre sí. Debemos siempre pensar y tomar en consideración las repercusiones de cualquier decisión en el bienestar de las siguientes generaciones, y no sólo en lo que ocurrirá en el corto plazo.

En este proceso, la conectividad de todos los poblanos, hasta en los lugares más apartados, es un requisito esencial para igualar oportunidades. El aislamiento físico debe combatirse con conectividad física a través de caminos y carreteras, y conectividad digital. Existe la tecnología barata para asegurar el acceso a internet y telefonía celular en comunidades muy remotas de manera económica.

Imaginamos una sociedad poblana en la que no se considera a los impuestos como imposiciones a nuestra voluntad, sino como contribuciones a un fin común. Con honestidad y eficacia de quienes manejan los recursos públicos, y cuando su destino refleja las necesidades y prioridades de la gente, los impuestos se transforman, como por arte de magia, en contribuciones voluntarias. Dejan de ser impuestos y se recupera la confianza. Esto genera mayor cohesión social.

Así, la transparencia en el gasto, el cuidado escrupuloso de los recursos y el castigo ejemplar a quienes medran con el presupuesto o lo desvían para otros fines, son indispensables para recuperar la confianza de los ciudadanos en el actuar público. El camino ideal es una política exhaustiva de gobierno abierto, donde la gente pueda conocer y usar la información pública para desarrollar proyectos, medir resultados y escrutinar las acciones del gobierno. Transparencia y rendición de cuentas efectiva.

Imaginamos a Puebla como un espacio en donde el respeto a los derechos de todos sea una constante. Empezamos por el respeto a los derechos humanos, a los derechos de propiedad de las comunidades y pueblos, y a la propiedad privada. También debe ser un espacio donde el respeto a las diferencias sea la norma. Imaginamos a Puebla tolerante y respetuosa de las diferencias de sus habitantes. Somos un estado con una gran heterogeneidad. Conviven una sociedad moderna y urbana, con comunidades originarias en el campo. Para convivir en armonía debe cumplirse la ley, respetando los derechos de todos, y así lograr una Puebla unida en medio de la diversidad de sus pobladores.

Imaginamos a Puebla como un estado en que se respeta la naturaleza, los ríos, bosques y campos, la calidad de nuestro aire y nuestros valores culturales; con una voluntad férrea para rescatar ríos, suelos y bosques que han sido abusados por personas, empresas y la negligencia de los gobiernos. Un estado en que se respeta nuestro patrimonio material y cultural, que no es nuestro sino apenas lo tenemos en resguardo. Debemos preservarlo y acrecentarlo para quienes vienen después de nosotros. Existe la tecnología y los recursos para lograrlo.

Imaginamos a Puebla como un espacio en donde las tradiciones milenarias con que contamos conviven con el desarrollo científico y tecnológico que abre oportunidades de crecimiento y bienestar. Una sociedad del siglo XXI debe estar inmersa en la innovación, debe conocer las tendencias mundiales y a la vez atesorar sus tradiciones, arte y cultura. La productividad depende de muchos factores, pero uno indispensable es el uso inteligente de los recursos humanos, materiales y ambientales. Una alta productividad permite, además, elevar las retribuciones al trabajo y, bajo ciertas condiciones, disminuir la desigualdad socioeconómica.

Imaginamos a Puebla como un estado donde se impulsa el crecimiento económico, el empleo y la formalidad. Un estado en donde aumenta fuertemente el empleo formal, bien remunerado, mediante la reducción de las cuotas patronales y de los impuestos a la nómina que encarecen la contratación formal. Así se elevan salarios, aumenta la competitividad de las empresas y la innovación. Nadie que trabaje, en ningún sector, debe ser pobre. Para financiar este programa y contrarrestar la reducción de los ingresos públicos que éste implica, se generará mayor recaudación fiscal al consumo vía IVA a alimentos procesados para mantener la solvencia económica necesaria.

Para atraer mayor inversión será necesario mantener el estado de derecho, la seguridad y la lucha permanente contra la corrupción y la impunidad. Y a través de la inversión pública y esquemas de participación privada se deberá impulsar el desarrollo regional, especialmente de aquellas zonas atrasadas y hasta ahora abandonadas del estado. No es posible tolerar las diferencias regionales que se han ahondado y que mantienen en el atraso a cientos de miles de poblanos.

Imaginamos a Puebla como un estado en donde los políticos son gestores genuinos de la sociedad. En donde el servicio público es verdaderamente el más honroso de los servicios. En donde el servicio público es exactamente eso: un servicio a las personas, a las comunidades grandes y pequeñas. Eso quiere decir que el poder público debe estar enfocado al bienestar de todos y no a los intereses y ambiciones personales de los políticos.

Para ello se requiere un servicio profesional de carrera, bien estructurado y eficaz, que brinde seguridad, estabilidad y calidad del servicio público. Se requiere que quienes forman el equipo de administración pública sean capaces, eficientes y profesionales. Esto es especialmente relevante en áreas sensibles del gobierno, como pueden ser las policías, los Ministerios Públicos, la hacienda pública, la Fiscalía General, los miembros del Poder Legislativo, el sistema de impartición de justicia, los órganos constitucionales autónomos, entre otros.

Imaginamos a Puebla con instituciones del Estado cerca de todas las comunidades que se encuentran en nuestro territorio. Instituciones que le ahorren tiempo a los ciudadanos para llevar a cabo los trámites administrativos que requieran utilizando de manera eficiente los distintos recursos tecnológicos a nuestro alcance.

Que las personas no tengan que viajar varias horas de camino y hacer filas para conseguir un papel oficial. Debemos devolver a las juntas auxiliares el Registro Civil. Ahorrar tiempo a las personas en su relación con el Estado inhibe las prácticas corruptas de los malos servidores públicos.

Imaginamos a Puebla como el estado donde todos quisiéramos vivir. Debe ser tan atractivo que nadie desee emigrar por la inseguridad o ante la falta de oportunidades. Ni un migrante más. Puebla no sólo debe retener a sus ciudadanos, sino también debe ser foco de atracción de talento, recursos y bienestar.

Imaginamos a Puebla como un estado donde se respetan las instituciones y los derechos de todos, donde hay efectiva división de poderes y vivimos valores democráticos, con transparencia y rendición de cuentas. Un estado en el que existe prosperidad generalizada, sin polarización social. Para ello se requiere un acuerdo social en el que logremos un consenso de todos, sin importar su origen étnico, socioeconómico o político.

Este acuerdo debe compartir dos principios esenciales, que deben estar basados en la honestidad: Equidad en el acceso a las oportunidades a lo largo del ciclo de vida de todos los poblanos, e igualdad ante la ley. Un verdadero Estado de Derecho en donde los ciudadanos sean quienes decidan y labren su propio destino. Así, Puebla se colocaría a la vanguardia del desarrollo integral de las 32 entidades federativas en el país, y sería inspiración para una transformación nacional.

Así, al plantearnos el diseño de políticas públicas y la forma y ética de gobierno, la toma de decisiones se vuelve sencilla. Con esta vara se debería medir toda política pública que se emprendiera. Hoy, es muy fácil darse cuenta que muchas de las políticas públicas que se han emprendido, y los gastos que se han realizado, NO CUMPLEN con poner a la gente en el centro de la acción pública, ha existido enorme corrupción, desvío de recursos, contratos diversos que van en contra de los intereses del estado, independientemente de cuestiones ideológicas. La razón es sencilla. Obedece a intereses personales y de sus camarillas y no al interés de los ciudadanos, de las personas que todos los días sueñan construir un mejor futuro para sus familias.

Lo logrado

Hemos llegado al final de este proceso de búsqueda de una candidatura independiente a la gubernatura del estado de Puebla. A pesar de no haber llegado, logramos mucho:

  • Tenemos candidaturas ciudadanas para competir por la presidencia municipal en varios municipios del estado.
  • Hemos abierto brecha en la ley electoral para que otros ciudadanos compitan con éxito en el próximo proceso electoral de 2021.
  • Hemos contribuido a despertar una mayor conciencia ciudadana sobre lo público. Muchos más de las 24, 327 personas que nos dieron su firma desean un cambio real en pro de los ciudadanos.
  • Hemos sembrado esperanza entre muchos que buscan otra opción, no partidista, para el gobierno estatal.

En línea con estos logros, en poco tiempo entregaremos una iniciativa de reforma a la Ley Electoral del Estado para que algunos diputados la promuevan como propia. Será una iniciativa que reflejará el amplio respaldo social por candidaturas sin partido, que transformen en ley los derechos que hoy hemos tenido que pelear en los tribunales y genere mayor certidumbre jurídica. Naturalmente, continuaremos como lo hemos hecho desde hace años nuestra lucha contra la corrupción.

Alguien se tenía que lanzar, me lancé yo con el apoyo de mi esposa y mi familia. Hicimos todo nuestro esfuerzo y junto con nosotros muchas más personas se comprometieron con la causa, de manera desinteresada, sin más fin que la búsqueda de una mejor calidad de vida para quienes habitamos y convivimos en esta maravillosa entidad de la República Méxicana.

Lamentablemente no se logró obtener la candidatura. No existe hoy para el gobierno de Puebla una opción no partidista, que piense realmente en la gente y su prosperidad, en la vida democrática, en la justicia y en la armonía social. En este sentido, las propuestas y promesas de todos los candidatos de partidos políticos a la gubernatura suenan huecas. No tienen credibilidad alguna.

Ahí esta lo que hemos logrado todos nosotros. Como conjunto de ciudadanos convencidos de que no podemos seguir igual. No podemos seguir así de alienados del poder público. Ahora vendrán otras personas, muchas más, que seguiremos este camino y, así lo esperamos, se intentará de nuevo.

Muchas gracias

Enrique Cárdenas Sánchez

(Ilustración de portadilla: "Animales", de Rufino Tamayo. 1941)

La sierra morena de donde bajan esos ojos que todos los mexicanos conocemos, ha quedado olvidada. Ahora, cada uno de nosotros se encuentra atrincherado en un campo minado de ideologías separatistas que desgarran el espíritu de unión. Ya no sólo es el blanco, el rojo y el verde al que defendemos con pasión, ahora son otros escudos y otras frases las que nos identifican y por las que peleamos a muerte. Una guerra contra el que antes era amigo, una sangrienta embestida contra el que en el fondo es el mismo que nosotros.



SOBRE EL AUTOR

Ser recobrado/Exposición de Humberto Schiavon en el Mendrugo



Qué deleite es ver el ahínco con el que se debate, con el que se promulga y defiende. El conflicto es la cuna de toda gran idea, del progreso que todos perseguimos como parte de nuestra naturaleza humana. No hay ningún motivo para oponerse al mundo tan distinto de ideas que existe entre los mexicanos, al revés, hay que sentirse orgullosos de abrazar el camino de este país con un fervor que enciende la sangre. El problema no yace en ser y pensar diferente, sino en la obsesión por tratar de convertir al otro en lo que soy yo, o tú. La guerra nace por limitar la mirada a lo que yo creo es mejor.

El pueblo mexicano es un terreno fértil del que brotan interminables beldades. Somos la magia de nuestros antepasados, la confusión de la conquista, el anhelo de la independencia. México es una cultura tan sagrada y única, que el mismo mexicano a veces enfrenta el problema de entenderse. Usamos máscaras para no ser, para que no vean lo que nosotros tampoco sabemos qué es; el dios, el conquistado, el indio o el español, o todo. Pero entre tanta incertidumbre que nos rodea, hay algo que no se puede negar, que es parte de nosotros desde el día que nacemos hasta que morimos; el fuego de nuestras venas, la pasión por el vivir.



Hoy el fuego está dirigido al amigo, al compañero de batallas pasadas; al mismo mexicano. Somos el perro que se muerde el rabo pensando que es una entidad diferente. Tantos ataques de uno a otro, mordidas que tiran a matar porque queremos dominar. Los partidos políticos no son naciones distintas, son únicamente subordinados de la madre patria que tratan de cuidarla y guiarla de la mejor manera. Claro que deben existir, no podridos como lo están, pero es necesario que estén, porque cada uno de nosotros es un universo particular de donde nacen miles de pensamientos. Y si uno sólo es tanto, imaginemos lo que somos como conjunto. Ese es al abuso del que hemos vivido, ese engaño de que la división de ideologías es separación también de corazones. No. El mexicano es más que sus partidos políticos, es más que los candidatos, es más que la rivalidad que hoy nos amenaza.

La gravedad del asunto radica en colgarse un estandarte diferente a la bandera de México. Colgarse de la particularidad de un partido y defenderla a muerte sin importar quién sea el que está del otro lado. El fusil que pensamos apunta al extraño, realmente está apuntándonos a nosotros. Porque no importa quién gane estas elecciones, si nosotros como mexicanos nos enredamos en una guerra sin tregua, el país nunca ira a ningún lugar.

DEL MISMO AUTOR

De fachadas y sabidurías escondidas en la noche de un vigilante cholulteca

De fachadas y sabidurías escondidas en la noche de un vigilante cholulteca

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