Poder y Política

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Día con día

En la semana se hizo visible la que será probablemente la batalla estratégica de los años que vienen: la batalla por la forma del federalismo mexicano.



El plan centralizador del próximo gobierno es algo más que un poco o un mucho jalar las riendas. Es un rediseño que, de cumplirse a la letra, cambiará la República federal vigente en una centralista. Más precisamente: el país pasará de tener una arquitectura institucional de diseño y espíritu federalista a una de instituciones y espíritu centralista.

Este cambio mayúsculo tiene dos piezas convergentes: la figura ya legislada de delegados federales únicos en los estados y la figura, por legislar, de la Guardia Nacional con mando único militar, que no incluye a las policías estatales y municipales.



En un país donde, por un pacto fiscal vigente desde 1978, la Federación recauda y entrega a los estados tanto como 85 por ciento en promedio de sus recursos, un delegado federal único, encargado de vigilar y representar la inversión federal en los estados, puede erigirse en un poderoso gobernador de facto o al menos en un poderoso rival político del gobernador en funciones.

Si a esto agregamos que los superdelegados serán piezas claves en el aterrizaje territorial de las unidades de la Guardia Nacional que será responsable de la seguridad en las calles, lo que tenemos es una triple pinza de poder político regional: administrativa, financiera y policial.



Y si recordamos que Morena ganó en la elección pasada 19 de los 32 congresos estatales, el efecto de la pinza múltiple crece. El proyecto ha desatado ya la oposición pública de 13 de 32 gobernadores, 12 del PAN y la coalición PAN/PRD y uno de MC, al que me referí aquí el viernes pasado.

Los gobernadores del PRI no se han manifestado, pero la presidenta de ese partido, Claudia Ruiz Massieu, lo mismo que su homólogo del PAN, Marko Cortés, anunciaron que interpondrán denuncia de inconstitucionalidad del proyecto centralizador para que la Corte decida. Será la primera gran prueba de la división de poderes en la cuarta transformación.

No es para menos. Está en juego la redefinición del imperfecto y maltrecho, pero histórico y vigente federalismo mexicano.

La restauración

De cumplirse a la letra el proyecto del nuevo gobierno para fortalecer el poder central a costa de los poderes locales, estaríamos ante el renacimiento de un híbrido típicamente mexicano: el federalismo centralista. O o su contrario idéntico (al revés volteado): un centralismo federal.

No sería una novedad. Sería más o menos lo que hubo en México durante los años de la hegemonía del Pri.

“Federación” quería decir entonces “Centro”. Federalizar algo era centralizarlo, no repartirlo entre las entidades federativas.

A partir del año 2000, la democracia fragmentó el poder de la federación, que se concentraba en las facultades legales y en las facultades no escritas del Presidente.

La federalización/centralización siguió en muchos ámbitos, pero no fue ya en servicio del poder ejecutivo y el Presidente, sino en su demérito, mediante la proliferación de innumerables entes autónomos, como el instituto y los tribunales electorales, el Banco de México, la Comisión Federal de Competencia y tantos otros que, en el reparto institucional de facultades, servían de contrapesos al presidente: recortaban y acotaban su poder.

La federalización/ centralización que plantea el nuevo gobierno pretende recobrar el control anterior sobre los estados y disminuir o desaparecer el peso de los entes autónomos.

Tiene los visos de una restauración.

En el entorno democrático de hoy, restaurar aquello es imposible sin sembrar en la opinión pública la sospecha de que lo que se busca es una restauración autoritaria, la restitución del centralismo que precisamente la democracia desmontó.

En una mesa que coordiné el sábado pasado en la Fil de Guadalajara sobre el tema del federalismo, con la presencia de Cuauhtémoc Cárdenas, José Ramón Cossío, Beatriz Paredes, Jorge Castañeda y los gobernadores Javier Corral y Enrique Alfaro, apareció con claridad, en todas las voces, la reflexión sobre la necesidad de un nuevo trato federal, un rediseño negociado para que el federalismo deje de ser el animal disléxico que es.

Lo que baja del nuevo gobierno federal, sin embargo, no es la oferta de un nuevo pacto sino un jalón unilateral de riendas: un despliegue administrativo, financiero y militar sobre los territorios estatales, que se parece a, o al menos admite la metáfora de, una ocupación.

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Ilustración tomada de El Informador, 25 de noviembre.

Ocupar o negociar

La cuarta transformación avanza con banderas desplegadas sobre los estados. Los estados han empezado a resistir en las figuras de 13 gobernadores de oposición, entre los cuales brillan por su ausencia los del PRI.

Los gobernadores están en una posición política débil para reclamar con credibilidad que pueden ser actores eficaces en los dos asuntos que sofocan a la República y que definieron las elecciones de 2018: la corrupción y la inseguridad.

Pero el gobierno federal tampoco tiene grandes credenciales al respecto. La guerra contra las drogas fue declarada y librada por gobiernos federales con las consecuencias terribles que conocemos.

El pacto fiscal bajo el que operan los estados, sin rendir cuentas, fue diseñado federalmente en todas sus fases y modalidades. Los gobiernos estatales que rinden cuentas solo a sus congresos locales de cómo gastan los fondos federales han producido casos alucinantes de corrupción.

El gobierno federal no se ha quedado atrás tampoco en la creación de redes de corrupción sistemáticas, como la estafa maestra, ni en la falta de voluntad para investigar y castigar judicialmente esas conductas. El gobierno federal electo no ha encontrado mejor solución para atacar el problema de la violencia, que multiplicar la injerencia militar en cuestiones de seguridad pública.

Y no ha encontrado mejor solución política para lidiar con la corrupción de la historia reciente que declarar la amnistía para corruptos, con un soberano perdón al pasado. El hecho es que ni los poderes locales ni el federal pueden decirse, hoy por hoy, capaces de resolver estos dos problemas determinantes: ni la inseguridad ni la corrupción.

No han podido resolverlos cada uno por su lado, ni tampoco juntos, bajo el esquema de colaboración y responsabilidad del federalismo realmente existente. Los huecos y deformidades de este último no han hecho sino empeorar ambos problemas.

La Federación y los estados necesitan crear un nuevo pacto de competencias y responsabilidades exigibles por los ciudadanos y claros para ellos en la ley.

Hace falta una negociación cabal, de largo aliento. Una negociación de la periferia al centro, no una ocupación del centro a la periferia. Un nuevo federalismo.

La casa vieja

Dice el ministro José Ramón Cossío que hasta 2017 la Suprema Corte de Justicia de la Nación se dedicaba a dirimir, en materia de federalismo, complicados temas competenciales: a quién le tocaba decidir sobre qué parte de las decisiones en materia de uso del agua, cobro de impuestos o cualquier otro de los innumerables huecos de legislación que hay en el maltrecho diseño de nuestro federalismo.

El mismo Cossío me describió una vez, con una metáfora, las discordancias paralizantes que hay en normas de los tres órdenes de gobierno de la República: federal, estatal, municipal.

Es como una casa de tres pisos, dijo, que no tiene escaleras del primer al segundo piso, que tiene puertas por donde se puede entrar pero no salir o azoteas que dan directamente a la calle.

Su conclusión es la que puso en el ensayo de un libro colectivo Y ahora qué. México ante el 2018 (Random 2018), que parece prehistórico ahora pero que puede ser de útil consulta para los funcionarios que empiezan a gobernar este 1 de diciembre.

Ahí escribió Cossío que el primer mandamiento de un estado de derecho es que se cumpla la ley, pero que para que la ley se pueda cumplir en México primero hay que ordenarla, hacerla clara y congruente para los tres órdenes de gobierno, con escaleras que lleven de uno a otro piso, puertas por donde se pueda entrar y salir, y azoteas que no den la calle.

Este es el ejercicio a que se dedicaba la Suprema Corte, dijo Cossío en la mesa sobre federalismo en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, a que me referí anteayer en este mismo espacio.

Pero lo que la Corte tiene que hacer ahora, en 2018, es dirimir un conflicto no de carácter técnico, competencial, sino de naturaleza política.

Siguiendo la metáfora, lo que la Corte debe definir ahora no es cómo debe ser la escalera que lleve de la planta baja al primer piso, o el atajo que va de la azotea a la calle, sino cómo debe ser la nueva casa que plantea la cuarta transformación en su ofensiva política, financiera y de control territorial sobre las entidades federativas.

El patriotismo local

He viajado en estos días por dos estados centrales de la República y conversado en círculos académicos, periodísticos, empresariales y políticos sobre la redefinición de poder y de control territorial que plantea la cuarta transformación a las regiones.

El sentimiento predominante que pude recoger, volviendo una y otra vez al tema, fue de incertidumbre.

Nadie sabe cómo aterrizará el rediseño federal sobre las estructuras locales vigentes. Nadie sabe, para empezar, cómo vendrá el Presupuesto, salvo que será reducido y etiquetado según las prioridades de la cuarta transformación.

Nadie sabe cómo se construirá la red administrativa y política de los superdelegados y sus coordinaciones regionales, frente a la red institucional de los gobiernos estatales y municipales. Nadie sabe cómo aterrizarán las unidades de seguridad de la Guardia Nacional, de mando militar único, sobre la estructura vigente de seguridad pública basada en la coordinación de las policías estatales y municipales con los efectivos de la comandancia militar del estado.

El sentimiento predominante que recogí fue de incertidumbre, pero en distintos momentos percibí también un filón de lo que tendría que llamar patriotismo local: cierto orgullo herido por el trato recibido de parte del nuevo gobierno federal.

Esa sensación de maltrato toca fibras históricas, de la sensibilidad antifederal, que es una pasión central del largo litigio mexicano sobre el federalismo.

La Revolución de 1913 y la rebelión cristera de 1926 fueron muchas cosas pero, entre otras, rechazos regionales a imposiciones del centro.

El rechazo al centro del incipiente patriotismo local que percibí no tiene un cariz violento, sino cívico, político, administrativo: nada que no pueda negociarse con ganancia para todos.

Pero está ahí ya, presente como siempre, en cuanto se rasca un poco, abierto en el apoyo a los gobernadores de Jalisco y el de Chihuahua en el foro de la FIL de que he hablado estos días, cuando decían con claridad que nadie iba a gobernar por ellos sus estados y que ellos tenían un mandato local de gobierno tan legítimo y democrático como el del nuevo Poder Ejecutivo federal.

Mundo Nuestro

Finalmente el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación le puso fecha a la sentencia del juicio que interpuse. Mañana a las 17 horas, y como primero de la lista, el juicio JDC/499/2018.

Entiendo que mañana los magistrados votarán la ponencia sobre si como ciudadano soy (y de paso todos ustedes conmigo) sujeto de interés jurídico para impugnar la elección del 1 de julio para gobernador en el estado de Puebla por la violencia que ese día se produjo en al menos 25 secciones electorales en la ciudad. Impugno que la la elección se dirima a balazos, que la violencia no sea "determinante", como lo sentenciaron los jueces poblanos.Ese es el tema de fondo, como dicen los propios jueces, pero ese no lo tratarán mañana. Sólo resolverán si soy o no sujeto de interés jurídico o, como me declararon los jueces poblanos, promotor de una acción legal "notoriamente improcedente".

El viernes pasado, como por aquí les comenté, estuve con los equipos de Instrucción de tres de los magistrados del tribunal. Acompañado del abogado Alberto Peralta Merino, intenté sensibilizar al tribunal del impacto brutal contra la democracia en Puebla que dejará la decisión de no anular una elección agarrada a balazos por grupos de poder fáctico que utilizaron a bandas del crimen organizado para tronar la jornada; y que el hecho pase sin más, sin tener idea de quién y por qué lo hizo, sin un detenido, sin el menor asomo de información por parte de la FEPADE en torno a las denuncias que se presentaron por un gran número de ciudadanos y por el propio INE. No sé si lo logré. Tampoco sé si los jueces se animarán a otorgar a un ciudadano el interés jurídico, pues bien claro me dejaron las consecuencias que ello tendría para los futuros procesos electorales. A mí no me representan los partidos, nunca he pertenecido a uno. Encuentro contrario a los derechos humanos esta exclusión de los ciudadanos en un litigio electoral que ha ocurrido por una violencia a todas luces criminal. No fueron ciudadanos descontentos los que balearon las secciones en Puebla.



Confío en que habrá justicia.

Como quiera, ahí está el juicio que resolverán mañana los llamados magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Mundo Nuestro. El martes 20 de noviembre, en el marco de la presentación de la nueva organización civil Puebla contra la Corrupción y la Impunidad, se dio a conocer dentro de la revista digital Mundo Nuestro el trabajo de investigación periodística sobre la violencia ocurrida el 1 de julio en Puebla. Decenas de secciones electorales fueron atacadas a balazos ese día en una acción orquestada y de la que no hay, a la fecha, una sola persona detenida ni información oficial sobre las centenas de denuncias presentadas ante la FEPADE.

Violencia y memoria histórica

Con la memoria crítica construir la historia de la violencia política en Puebla. Elecciones generales del 1 de julio del 2018. Entre las 2 y las 6 de la tarde una veintena de secciones electorales son asaltadas a balazos por bandas armadas, en una jornada de violencia como no se había visto en décadas en la ciudad de Puebla.



Este es el recuento testimonial de una acción simple repetida al menos veinte veces: grupos de alrededor de diez hombres bajan de dos o tres vehículos que estacionan frente a los centros de votación; realizan disparos al aire para ahuyentar a los votantes que esperan afuera; cuatro o cinco entran a las instalaciones y, según el caso, balean el aire, las paredes, las puertas y, al bulto, a funcionarios y votantes; avientan mesas, papelería, arrebatan al azar urnas, las patean, las despanzurran; en segundos, dejan patas pa’rriba las casillas. Contar lo ocurrido con las voces que sufrieron la violencia. Exigir justicia. Salvar la democracia en Puebla.

1 de julio del 2018: la violencia en las elecciones en Puebla

Mundo Nuestro. Este martes 20 de noviembre se presentó en Puebla una nueva organización civil. Puebla contra la Corrupción y la Impunidad es un proyecto ciudadano que encabeza el Doctor Enrique Cárdenas.

Enrique Cárdenas ha esrito este texto de presentación que resume los propósitos y perspectivas de la agrupación:



SURGE PUEBLA CONTRA LA CORRUPCIÓN Y LA IMPUNIDAD

Puebla, Pue., 20 de noviembre de 2018.- Hoy se ha oficializado el surgimiento de Puebla Contra la Corrupción y la Impunidad (PCCI), organización de la sociedad civil dedicada a la investigación aplicada y el litigio estratégico respecto a casos representativos y trascendentes de corrupción e impunidad en el estado de Puebla.
PCCI cuenta con áreas de investigación periodística, litigio estratégico, de difusión, así como una unidad de acción inmediata contra abusos de autoridad y violaciones a la ley.
Como parte de su presentación, PCCI ha dado a conocer los dos primeros productos de investigación relativos a las irregularidades ocurridas en los comicios del pasado 1º de julio. El primero es un trabajo del periodista Sergio Mastretta Guzmán, quien realizó una indagatoria pormenorizada de la violencia ocurrida en las elecciones, así como de las irregularidades suscitadas en diversas casillas de la entidad, hechos que siguen impunes hasta la fecha.
Por su parte, el politólogo Alejandro Guillén Reyes elaboró un análisis cuidadoso de los actos violentos y el papel de las autoridades en los comicios de julio, que han provocado un franco retroceso en nuestra democracia electoral. Ambos trabajos ya pueden ser consultados en el portal de PCCI http://pueblacontralacorrupcion.org.
También colaboran en PCCI, en la dirección ejecutiva, Enrique Cárdenas Sánchez y en el área de litigio estratégico, Karla Michelle Vera Báez.
PCCI es apoyada por Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) con quien se colabora estrechamente para asegurar la calidad, pertinencia y efectividad de sus tareas. Ambas organizaciones son aliadas en la misma lucha y comparten los mismos estándares de calidad, ética e integridad en su trabajo y en el de sus colaboradores.
El Consejo Asesor Ciudadano de PCCI está integrado por Emilio Baños Ardavín, Fernando Canales, Juan Carlos Canales, María Amparo Casar, Leobardo Espinosa, Fernando Fernández Font, Blanca Lilia Ibarra, Juan Antonio Le Clercq, José Antonio Meyer Rodríguez, Alfredo Miranda López, Manuel Molano, Lourdes Morales Canales, María Elena Morera, José Manuel Rodoreda, Herberto Rodríguez Regordosa, Job César Romero Reyes, Rodolfo Ruiz Rodríguez, Lilia Vélez Iglesias y Francisco Vélez Pliego.
Para obtener más información, hacer denuncias sobre corrupción y apoyar este esfuerzo, le invitamos a seguirnos en nuestro sitiohttp://pueblacontralacorrupcion.org y en nuestras redes sociales: Twitter @puebla_vs y Facebook Puebla Contra la Corrupción y la Impunidad. El correo de PCCI es Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

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Vida y milagros
El pasado jueves 8 de noviembre Ricardo Monreal subió una iniciativa en el Senado para acotar el cobro de las abusivas comisiones que los bancos nos cobran a todos a los usuarios por casi cualquier operación, como retirar nuestro dinero, hacer una transferencia electrónica, pedir un saldo, o solicitar un estado de cuenta. Cobran comisiones que en otros países donde operan son gratuitas. Además cobran intereses de terror por usos de tarjetas de crédito, créditos a PYMES, hipotecarios o de lo que sea. Esos bancos en ningún lado del mundo ganan lo que en México. En la tarde del mismo jueves, un desencajado Ricardo Monreal salió a matizar su postura. Le leyeron la cartilla y echaron para atrás sin mayor discusión una propuesta que permitiría que miles de millones de pesos de comisiones se quedaran en los bolsillos de los usuarios y no en manos de una banca muy abusiva.
La Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) informó el 20 de Diciembre de 2017 lo siguiente:
- " Que para los bancos, a diferencia de otros sectores económicos de la economía mexicana, 2017 volvería a ser un año de utilidades enormes."
¿Qué raro no? Estas utilidades son desproporcionadas con respecto a los pocos rendimientos de otras empresas, que aún siendo eficientes, jamás soñarán con tener los rendimientos leoninos que las leyes mexicanas que regulan las actividades de los bancos permiten. Según informó la CNBV, las instituciones bancarias tendrían en 2017 un rendimiento del 27.8% respecto al año anterior. Descontando la inflación, las ganancias de los bancos en términos reales, crecieron un 21.6% con respecto a 2016. ¡Su mejor resultado desde 2009! Cafres. De enero a noviembre, decía el informe de la CNBV, los bancos que operan en México acumularon un rendimiento de 124 mil 713 millones de pesos. Salvador Camerena en su columna del sábado pasado, mencionaba que ese rendimiento sería de más de 140 mil millones de pesos en 2018 por "diversas comisiones".
Esta declaración y esta nota no le sorprenderán a nadie que tenga que tratar de manera obligada con los bancos. Los intereses que paga en nuestro país cualquier ciudadano que tenga un pequeño negocio con necesidades de un crédito serán de los más altos del mundo. Cualquiera que logre un pequeño historial crediticio sólido, se espantará si pretende pedir un financiamiento para arreglar su casa, financiar su negocio, o lo imposible, dinero para empezar un negocio nuevo. Nadie, ningún banco le prestará a alguien que empieza un negocio. A todos les exigen mínimo 3 años de operación y números con rendimientos probados para prestarle una mínima cantidad. Muchos pequeños y medianos empresarios se ven obligados a recurrir a créditos personales en los que dejan en garantía tres veces lo que se les presta, o al financiamiento vía las tarjetas de crédito. Las tarjetas de crédito en México también cobran los intereses más caros del mundo. Una tarjeta de crédito normal de HSBC, BANAMEX o BANCOMER, cobran hasta el 60% anual, algo impensable en sus países de origen. No me crea a mi, cheque en cualquiera de estos bancos cuánto cobran de intereses anuales en una tarjeta.
En cuanto a cualquier crédito que usted solicite, si es que lo logra, los primeros cinco años de pagos se abonan a intereses, así que a los 5 años, usted no habrá pagado NADA, ABSOLUTAMENTE NADA, DEL CAPITAL.
La Ley de Títulos y Operaciones de Crédito tendría que ser revisada a fondo junto con su aplicación, porque permite enormes abusos en cobros y porque por disposiciones hacendarias o por voluntad caprichosa de los bancos se viola cada día. Para mí este era un tema mucho más importante que cancelar Texcoco, y con costo CERO para el erario y un reconocimiento popular inmediato. El problema es que la banca y sus abusos no fue un tema de campaña para ninguno de los candidatos, pero es algo que afecta a todas los usuarios del país.
La propuesta de Monreal era apenas justa, y ni siquiera se metía con las altas tarifas de interés, solo con las comisiones gandallas. Cobran $33 pesos por sacar dinero en un cajero que no es de su banco, $9 pesos por dejarlo mirar su saldo, $30 pesos por lado de hoja de un estado de cuenta y hasta por hacer un pago electrónico. Tienditas de raya muy bonitas las que se han organizado los banqueros sobre las tarjetas de débito con la que cobran su sueldo la mayoría de los empleados mexicanos. Cobran por todo. La verdad a mí la iniciativa de Monreal desde el Senado me pareció, como a muchos, un buen primer paso, aunque hay muchas cosas más que tendrían que ser corregidas.
De momento la banca ganó el round y se consiguió a sí misma un plazo de gracia de tres años otorgado por boca de Andrés Manuel después del sainete de la bolsa del jueves pasado: "En tres años no habrá modificación a marco legal de bancos."
Lástima. Lo que se requería hacer bien, tendrá que esperar. Hay quien cree que a Monreal lo mandaron a medirle el agua a los camotes para ver las reacciones al tema de una mejor regulación bancaria. Yo no lo creo así. No decía eso su cara del jueves en la noche ni su declaración del viernes por la mañana, que de verdad, hasta ternura dio: "En el Senado no aceptamos regaños ni manotazos de nadie". Pues ya se le apareció la dura realidad, Senador. No sé de quién vino el manotazo, pero de que lo hubo, lo hubo. Y sí, lástima, porque los que utilizan estos bancos abusivos de manera cotidiano no tienen los tratos cómodos de intereses preferenciales que tienen las grandes empresas o los gobiernos federales y estatales, que se chupan gran parte de los recursos de los bancos. Con el dinero que les sobra, les dejan a su merced al ciudadano común para exprimirlos a su antojo. Por eso la economía informal no disminuye. Por eso me pareció correcto que el Senado, que es otro poder, o por lo menos debiera serlo, presentara una iniciativa de revisión indispensable. Cancelar esta justa revisión es quizá el costo de haber enterrado Texcoco contra viento y marea y a un costo del erario público que en lo personal considero absurdo.
México no crecerá ni fortalecerá a las micro y medianas empresas, que son las que verdaderamente sostienen a un país, si no se revisan a fondo las condiciones de usura y cobros injustificados que ejercen los bancos.
Cada vez el dinero se concentra más en menos manos, y una parte fundamental del embudo que propicia esas desigualdades es nuestro sistema bancario. Los países del mundo que han salido adelante han logrado tener una banca social realmente eficaz y accesible para los micro y medianos empresarios.
El informe del 29 de Diciembre de 2017 es claro: es más caro hoy que el año pasado hacer uso de tarjetas de crédito, créditos para negocios, préstamos personales y cualquier otro servicio bancario. Nuestra banca es ineficaz y abusiva. Y acaban de obtener, por lo menos de palabra del presidente electo, un valioso plazo de gracia. Ojalá Andrés Manuel lo reconsidere, fomente la discusión del tema y permita a su enorme bancada en el Senado actuar con independencia de su persona.
(Ilustración tomada de la revista Nexos)

Mundo Nuestro.

Este texto de la editora y critica literaria Stellla cuéllar, fue leíído durante la presentación del libro: La guerra que nos ocultan, de Francisco Cruz, Félix Santana Ángeles y Miguel Alvarado. México, Planeta, 2016



Carlos Díaz Dufoo dijo alguna vez que “De los libros valen los escritos con sangre, los escritos con bilis y los escritos con luz”.

El libro que comento en estos párrafos sin duda alguna se escribió no sólo con y por la sangre derramada de Julio César Mondragón Fontes y otros 43 muchachos más, todos estudiantes de la escuela rural de Ayotzinapa “Isidro Burgos”, en el estado de Guerrero, sino también con mucha pasión, elemento que quizá dan sentido a la sangre y a su correr por el cuerpo o, como en el caso que aquí se documenta, su derramarse fuera de él.

También se escribió con bilis, la bilis producida por el miedo y la angustia que Julio César y sus compañeros sintieron cuando se vieron frente a los verdugos que les arrebatarían sus vidas de modo dantesco, diabólico. Está también la bilis de quienes escribieron este volumen, provocada al tener que enfrentarse a lo grotesco, a lo inexplicable, a la frustración y al coraje, todo como consecuencia de su genuina preocupación por lo que sucede en nuestro país y por esa imposibilidad que tienen de quedarse azorados, pero de brazos cruzados. No olvidemos la bilis de las demás víctimas de esa noche negra, que lucharon y luchan, de modo incansable, por preservar sus tierras, su agua y sus vidas.

El libro también está escrito con luz… esa naranja y tenue del alba, esa que de modo suave apenas dejó ver lo que sucedía, pero que le dio su tono amarillento primero, y rojo intenso después de los hechos, y la luz radiante y luminosa que produce el trabajo profundo y arriesgado –arriesgadísimo–, de investigación y reflexión profundas, de análisis serio, y de aprendizaje que llevaron a cabo los autores de este desgarrador libro. Entonces, sin duda les digo: este libro vale, y vale mucho.



Los tres autores son reporteros, y al menos los dos que hoy nos acompañan son de esos que no se conforman con trabajar desde su escritorio, con noticias que les llegan de las agencias o de fuentes oficiales y de chismorreos, o analizando llamadas, unas serias y otras no tanto.

Basta decir que Miguel Ángel Alvarado estuvo en Ayotzinapa, se metió a las entrañas del monstruo para conocerlo por dentro y hasta el fondo, arriesgando así su vida. Y Félix, no menos osado, se adentró a investigar y conocer como pocos se atreven el actuar de los militares. Con ese fin los ha seguido y sigue de cerca, conoce sus mañas y argucias, las ha documentado, con lo que eso también implica… De Francisco Cruz no apuntaré nada, porque le conozco actos incongruentes y deshonestos, y con ello perdió por completo mi respeto, aunque no niego la valía de su aportación en este libro.

Se trata, pues, de hombres que en su afán de informar y saber meten sus ojos y todos sus sentidos en este tipo de temas horrendos por su carga de violencia, de sangre y de horror.



La guerra que nos ocultan es un compendio que revela la esencia del mal… es una suerte de narración de un viaje por los círculos del infierno.

Está dividido en 14 capítulos y Julio César Mondragón, como la Beatriz de Dante, es nuestra guía en este recorrido para desandar los pasos de muerte de la noche negra que comenzó en Ayotzinapa y terminó en Iguala. Leemos en el libro: “lo que quedó del cuerpo de Julio César, para el 12 de febrero de 2016, era lo que sus verdugos querían: una lección de terror visual”, pero yo creo que en su pecado estos malditos también dejaron su confesión del mismo.

Me explico: unos días antes de los hechos, Julio compró a un compañero un celular, un LG, y esa noche, como es obvio, envió mensajes a su esposa. Por estos mensajes sabemos que los perseguían, que les disparaban, que ya habían matado a otros… que se venía lo peor.

Su cuerpo desollado sí fue una amenaza clara para los chicos de Ayotzinapa: ¡esto les sucederá a ustedes!, pero también delató a los malditos, porque nos dejó saber que quien o quienes perpetraron algo así, saben cómo hacerlo, no eran improvisados, y que el Estado, y las instancias de autoridad que lo componen, que se supone deben cuidarnos, son el verdadero enemigo, y que su maldad puede olvidar todo límite y abandonar todo escrúpulo.

Julio César Mondragón es el mapa para desandar los pasos hasta la tragedia de Iguala. Es un mapa de cuerpo entero, pero un mapa sin rostro… un mapa que en sus entrañas ocultaba incluso un ojo, uno de los ojos de Julio César… Los malvados, los asesinos, los malditos, quizá creyeron que al arrancarle la lengua y los ojos al chico éste no vería más ni hablaría más de la cuenta, pero se equivocaron, porque sí lo hizo, y vaya en qué forma. Con mayor potencia y claridad que las que tuvo mientras estuvo vivo.

Ya desollado, miró todo; ya desollado y muerto y arrojado a la ladera de un camino, sirvió ayudó a estos reporteros a revelar lo que había sucedido, no sólo a él y a sus compañeros estudiantes, sino, peor aún, lo que sucede cada día en México, en específico, en Guerrero, o más aún, en el “Cinturón del Oro”, que va desde Tlatlaya, en el Estado de México, hasta Mezcala, en el corazón de Guerrero. A la mitad de este enorme territorio se encuentra Ayotzinapa. Y Julio sigue, no se calla, y quizá no se calle nunca.

En las páginas de este libro, Julio César Mondragón –el mapa– nos lleva por Ayotzinapa, que parece ser una de las antesalas del infierno que ya es todo México. Él es la llave, o una de las tantas llaves, pero la de él es de oro, titanio y uranio…, tesoros preciados del subsuelo de Guerrero, por el que las empresas extractoras están dispuestas a hacer lo que sea, a cambio de tenerlo.

Julio César Mondragón es el grito de muchos mexicanos que, como él, pelean por la tierra y por el agua que les arrebata la industria extractiva, extranjera y mexicana, y también por justicia… y claro, por eso, nos lo hace saber también, son criminalizados.

El caso de Julio César Mondragón nos recuerda la frase famosa de “no hay crimen perfecto”, pues los malvados, los hombres oscuros y siniestros que le robaron a este joven el rostro, la voz sonora, la mirada joven y altiva y la vida… cometieron un error: robarle también su teléfono celular.

Y no sólo lo robaron, sino que lo usaron, lo usaron muchas veces, y gracias a eso Julio, ya muerto e incluso ya enterrado, siguió dejando pistas, huellas, para que estos investigadores pudieran descifrar quiénes le hicieron todo esto a él y a sus compañeros.

El libro nos muestra lo más negro, lo más oscuro del gobierno mexicano, de la corrupción, de la ambición desmedida de las empresas extractivas –nacionales y extranjeras–, en particular de las canadienses, de Gold Corp, entre otras. Su cuerpo desollado y abandonado devino en lámpara, en una bengala de alerta, que los mexicanos insistimos en no querer ver.

El libro devuelve a Julio su voz, su rostro, su potencia juvenil arrebatada. La investigación que aquí se muestra persigue a los perseguidores y hasta arrancarles la máscara, como ellos le arrancaron el rostro al chico. El libro los desnuda y los exhibe. Por estas páginas, escritas con sangre, con bilis y con luz, sabemos que esos malvados se escondieron o esconden aún en el Batallón 27, en el mismísimo cisen y en el campo militar número 1. Gracias a esta investigación exhaustiva y profunda sabemos que alrededor de 11 hombres tuvieron que detener al joven, mientras otro le arrancaba el rostro con cortes precisos de bisturí. Y no cualquiera sabe cómo hacer esto, pero algunos del ejército sí.

El libro nos revela que la “verdad histórica” es tan falsa como la honestidad de nuestras autoridades; que las intensiones de quienes se ven beneficiados con las multimillonarias ganancias que produce la industria extractiva son más negras que el petróleo; más oscuras que la tierra que escarban y envenenan para obtener un gramo de oro. Por este libro sabemos que la violencia y muerte en Guerrero, al igual que sucede en Veracruz, en Tabasco, en la Sonda de Campeche, o en Chiapas, se debe a su riqueza… y casi puedo decir que más les valdría ser en verdad pobres… pobres en recursos naturales, que desde que los malditos los descubrieron sólo les han traído muerte…

El volumen provoca lágrimas, da rabia, no se soporta en las manos; no es fácil leerlo de corrido porque ahoga… pero es necesario, porque debemos saber lo que pasó y pasa en Guerrero. El libro da luz y describe con puntualidad lo que se oculta en Ayotzinapa, y entendemos que ahí está la clave que explica casi todos los magnicidios que suceden sin freno en nuestras tierras. Por momentos el volumen es grotesco, increíble por lo abominable de los hechos que narra. Es un relato de horror, que nos espeta lo que la mayoría no queremos ver: los intereses mezquinos y ruines de las empresas extractivas, y los del gobierno mexicano y sus instituciones todas, y de todos los niveles.

El libro, tomando a Julio César Mondragón como guía, como mapa y como ruta de viaje, nos lleva al centro de la herida, al fondo de la llaga, y sin cortapisas revela lo que en realidad es México, con sus políticos sátrapas, asesinos, corruptos e impunes; sus empresarios insaciables, y a los pueblos criminalizados, pauperizados, furiosos. Nos señala quiénes son los que han sido convidados al banquete de oro y sangre; a los narcotraficantes que se han convertido en gobierno y autoridad, y nos revela también lo vulnerables, débiles y pequeños que somos los ciudadanos; lo indefensos que estamos, la fosa común en que se ha convertido nuestra patria. No deja duda sobre que el gobierno que debiera cuidar a sus ciudadanos los considera sus enemigos, y sin temblor de mano los aniquila o silencia, si considera que estorban.

Los autores de este libro, en particular Félix Santana y Miguel Alvarado, pasaron de la conmoción y preocupación a la acción por hacer algo al respecto. Hicieron lo que mejor saben hacer: dar a conocer los hechos de un modo por demás puntual. Ahora el balón está en nuestra cancha…

Los autores hicieron todo lo posible por comenzar a aclarar lo sucedido la noche negra de Iguala, y al dar a conocer tan puntualmente los hechos colaboran para que lo sucedido ahí no vuelva a ocurrir jamás… anhelo de todos, que esperemos no sea estéril, o no lo siga siendo.

Urge que todos, como ellos, no sólo estemos prestos a abrir los ojos ante las respuestas que reporteros como ellos y otros nos ofrecen para entender, o al menos saber, lo que sucede debajo del tapete de nuestro México oficial, ese bajo-alfombra en el que vivimos la inmensa mayoría, y en el que unos cuantos –los privilegiados de este país–, esconden, o pretenden esconder al México real.

Todos estamos obligados a contribuir y trabajar para recuperar a nuestro México, no sólo con sobrecogernos con las respuestas y evidencias que libros como este nos ponen frente a los ojos, sino sumándonos a las posibles soluciones que se ofrezcan para resolver y evitar que hechos tan terribles como este y los que suceden día a día a lo largo y ancho del verdadero México, del nuestro, dejen de ocurrir. Cierto es que este México nuestro, que sangra tanto, poco tiene que ver con el otro, el oficial, tan parecido al cielo...

En lo personal, el volumen me significa mucho. Me llevó a conocer seres humanos maravillosos, y a ver en acción el verdadero significado del compromiso social verdadero, de la entrega y la voluntad de dar ojos y voz a quienes otros, de modo atroz, y hasta ahora impune, les arrebataron.

Me cuentan que un viejo funcionario universitario de la época del ex rector de la UAP, Alfonso Vélez Pliego, solía plantearles a sus subalternos esta primera y única regla: "Si metes la pata te la saco, si metes la mano te la corto" muy necesaria en estos tiempos de nuevos rostros en las llamadas esferas de poder.

Tras la elección del 1 de Julio, y luego de la aplastante victoria del Movimiento Regeneración Nacional en los 3 niveles de gobierno de buena parte del país, centenares de nuevos rostros ocuparon los espacios de poder. Una buena parte de estos espacios que tradicionalmente ocupaban las mismas personas de siempre fue llenada por "Don Nadies" ciudadanos de a pie que lograron candidaturas por sorteos, por méritos activistas, sociales o académicos, por currículum obradorista, o por mera casualidad.

Muchas voces de la opinión pública se han planteado la inexperiencia en el ejercicio del poder como un defecto, como una barrera infranqueable que les limitará permanentemente su labor. Las nóveles autoridades han sido acusadas de no conocer los protocolos, por omitir las formas, por legislar al vapor, o hasta de ser improvisadas. Jesús Zambrano, viejo caimán, y uno de los culpables de la casi extinción del perredismo, acusó de locura e insensatez a los jóvenes diputados locales de Morena en Puebla y los comparó con los nuevos ricos. El Instituto de Finanzas Internacionales mostró su preocupación por que "mucha gente nueva que no estuvo antes en el poder ahora está tomando decisiones importantes" mientras advertía la posible fuga de inversiones en el país, sin olvidar el llamado de Eduardo Ruiz-Healy para que los de Morena aprendan a ser gobierno.

¿Hasta dónde la inexperiencia es un defecto, en un contexto de corrupción, tráfico de influencias, ineficiencia e impunidad? Parece que, para muchos mexicanos, impera el clásico dicho "Más vale malo por conocido que bueno por conocer".



¿Cómo se mide la experiencia de un político actualmente en México? ¿Por la cantidad de cargos que este ha ocupado? Hemos conocido infinidad de casos de políticos chapulines que brincan de partidos y de puestos como estilo de vida. Muchos ahora juran fidelidad a muerte al obradorismo mientras mantienen los privilegios a los que se acostumbraron viviendo en otros partidos; Políticos, otrora funcionarios segundones, de algún gobierno local que luego escalaron a diputados locales, secretarios de estado, diputados federales, alcaldes, senadores, repitiendo el ciclo tanto como su estilo de vida se los exija. Estos son los expertos en el cabildeo, en la negociación, estos conocen el "teje y maneje" de las instituciones, y estos son vistos como un clásico ejemplo de experiencia y sabiduría.

En tanto, cuando un novel político accede al ejercicio del poder tiene por obligación aprender los protocolos y aprender las mañas. En el discurso de muchos idealistas de esta nueva generación, promotora de la Cuarta Transformación, se trata de romper paradigmas y cambiar la forma de gobernar. De acuerdo, pero… ¿Cómo caminar a esa transformación con lo que hay? El mayor reto para muchos de estos recién llegados será aprender a nadar entre cocodrilos; Se trata entonces de aprender más rápido los protocolos que las mañas.

Mientras la anquilosada clase política mexicana mandó a sus hijos a estudiar a Harvard, Yale o Princeton en materia de Ciencias de Gobierno, Economía, Administración y cosas por el estilo, decenas de "Don Nadies" acabaron con esfuerzos alguna licenciatura en las universidades públicas.

Muchos de ellos no traen historial político ni en el servicio público, a muchos de ellos los antecede la lucha social, el activismo, la academia y la investigación, muchos tienen horas de vuelo, experiencia y pertinencia en el rubro para el que fueron seleccionados, en contraste con los clásicos ejemplos de abogados en el sector salud, y economistas en cultura. También muchos vienen de la izquierda militante en donde el ejercicio del poder parecía sólo teórico y reflexivo.

Hay y habrá muchas pifias, y una de sus primeras culpas será no aprender de ellas. Al ser mi tema yo subrayo muchas en materia de comunicación social e institucional, la izquierda nunca ha sabido comunicar bien, se dedicó a la asamblea, a la conferencia y al conversatorio. Redujo a la prensa y la propaganda a sólo mecanismos de ataque y defensa.



Hoy creo que es uno de los primeros retos de las nuevas autoridades que aún se equivocan buscando incidir en la opinión pública comunicando mal, que buscan transformar la forma de gobernar sin tomar el control de la agenda mediática, y buscan revalorar la honestidad y la eficiencia en su mandato sin capacidad para prever contener la contra-propaganda de todos los días.

Finalmente creo que el riesgo más fuerte que sufrirán las noveles autoridades en funciones será el lograr abstraerse de la seductora adicción al poder, de los pequeños, insignificantes y deliciosos privilegios del puesto, dispuestos por todos los besamanos acostumbrados al "lo que usted diga" esos que no te niegan nada dentro de los dominios de patrón. Muchos jóvenes antes idealistas cayeron en esta seducción y ahora son citados ejemplos de "los mismos de siempre".

Les podemos tolerar por un rato que metan la pata, pero que nunca metan la mano.



Vida y milagros

Los últimos 21 años nos acostumbramos a ver un Congreso de la Unión en el que el presidente de la república dejó de tener mayoría y perdió el control rudo que mantuvo durante los años de los gobiernos de mayoría priísta. Eso fue a nivel federal, pero en los congresos estatales era inusual ver congresos que no estuvieran controlados por los gobernadores. Ese fue el caso del congreso de Puebla hasta hace 5 semanas. En 2010 hubo alternancia de siglas, aunque no de modos, pues el congreso siguió alineado a lo que se dictara desde el poder ejecutivo. Por supuesto que a lo largo de los años hubo alguno que otro diputado o débiles bancadas opositoras que ejercían su propio criterio al votar, intentando tener algo de independencia mientras se oponían desde la tribuna a muchas medidas impuestas por el gobernador y su mayoría a la hora de votar en el pleno. Al final, durante casi 80 años, lo que el congreso local votaba se decidía desde otro lado. Tanto era así que la mayoría de los diputados tenían, cuando mucho, una secretaria o asistente, y rara vez, un asistente jurídico. Simplemente no los necesitaban. La mesa directiva la controlaba la mayoría ganadora y desde ahí se construían y decidían, en completo acuerdo con el poder ejecutivo, todas las cosas importantes, desde el presupuesto, las iniciativas de ley, los nombramientos estratégicos de procuradores, jueces, auditores, consejeros electorales, expropiaciones, titulares de los organismos descentralizados y cualquier cosa que tuviera que ver con el manejo de las riendas del estado. Había una mayoría controlada por el ejecutivo que trabajaba poco y aprobaba todo. La independencia que por 21 años vimos en el Congreso de la Unión aquí no la vimos jamás.



Hoy el Congreso de la Unión transita hacia la antigua manera de hacer las cosas y la hegemonía la ejerce la coalición de MORENA y sus aliados, muy bien puesta de acuerdo, por lo menos hasta ahora, con el presidente electo. Pocos imaginaron un retorno así antes de la elección de Julio. Todo un cambio: de la imperiosa necesidad de construir consensos al regreso de una mayoría partidista que era lo normal antes de 1997.

Mientras tanto en el congreso de Puebla hay un nuevo escenario: debido al conflicto electoral que ha impedido definir quién ejercerá el cargo de gobernador, se vive una muy particular independencia por parte de los diputados. Los de la oposición aglutinada por el PAN están bien orquestados y dirigidos para oponerse a casi todo lo que proponga la mayoría morenista, pero aún así, la falta de una definición de quién hará cabeza en el estado les permite cierta libertad e iniciativa que hasta hace 5 semanas eran no solo impensable sino imperdonable. Por otro lado, la mayoría morenista ha tenido la oportunidad de hacer visibles a liderazgos novedosos e interesantes que en otros tiempos estarían opacados por los antiguos modos de ejercer el poder de los gobernadores electos, que se entendían con dos o tres diputados y a los demás los ponían a obedecer.

Ante este nuevo y quizás momentáneo escenario, algunas diputadas y diputados continúan sanamente ligados a los liderazgos y a los presidentes municipales electos de sus distritos, quienes entrarán en funciones en diez días. Conservan un gran contacto con ellos y están actuando y pensando en cómo ayudarlos desde el congreso. Eso he visto y me parece muy interesante que así sea. Por supuesto que hay y habrá líderes dominantes en el congreso y en los partidos, pero eso no está impidiendo que los diputados y los presidentes electos, ante el vacío de poder que ha generado la falta de gobernador electo, llenen los espacios que les corresponden, espacios que antes les tenían vedados.



A lo largo de los años he tenido la oportunidad de estar en diferentes sesiones del congreso y he tratado con algunos diputados algunos temas específicos. En general permeaba la sensación de que tenían que ir a tocar base a otro lado antes de poder externar una opinión por parte de los diputados. El ambiente que hoy se vive en el congreso es distinto, más relajado, más vital, en síntesis, más libre. Un congreso sin la pata de un gobernador en el pescuezo ¿Durará? ¿Será constructivo y enriquecedor? ¿Se fortalecerá su independencia para bien?



Habrá que esperar dos cosas: uno, que finalmente se defina quién gobernará el estado y cómo reaccionará el congreso ante eso, y dos, cuál será la influencia y el poder que la figura del delegado federal plenipotenciario ejercerá sobre la incipiente libertad de un congreso independiente que es absolutamente novedoso para los poblanos.

Los contrapesos son sanos en cualquier institución. El contrapeso posible de un congreso independiente con perfiles que van desde la joven diputada Vianey García, de 24 años, hasta el mayor de todos, Emilio Maurer, que cumplirá 80 años este mes, a mí me parece no solo interesante, sino hasta divertido y, sobre todo, enriquecedor. Ojalá que dure para bien esta extraña e inesperada libertad.

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