Poder y Política

Los ciudadanos tenemos nombre y apellido. Pero la hora de una elección nos miramos unos a otros simplemente iguales, sin mirar a las historias personales que explican la decisión que cada uno.

Los candidatos igual se refieren a los votantes como parte de una masa de la que no se distinguen cabezas ni historias. Tal vez en los mítines establezcan términos como “jóvenes”, “campesinos”, “obreros”, “amas de casa”. La política tradicional de los partidos ha dejado a los llamados operadores identificar con mayor precisión a los votantes. Y si tienen a la mano un programa de gobierno como los que manejan Sagarpa, Sedesol, Sedatu y etcéteras, entonces ya se piensan en brigadas y comités vecinales para perseguir el voto contra beneficiario.

En eso pienso cuando miro por la carretera los indicios que me revelan conglomerados de personas que sí se identifican a sí mismas con una actividad que da sentido a sus vidas. Un cambio de turno en Volkswagen. Unos hortelanos agachados en el corte de brócoli en Tlalancaleca. La parada del camión frente al CIS en Angelópolis a la hora de salida de los oficinistas del gobierno estatal. Miro entonces jornadas y atenciones aplicadas en oficios y habilidades, máquinas que producen ruidos y ensamblajes, charolas que llevan viandas y recogen trastes, manos que teclean incansables, sellos que cierran destinos en oficios incontables. Cuento números en salarios apenas advertidos en las carteras. Contemplo el trabajo que nos hace humanos con historias propias a la espera de una narración que las vuelva públicas.

Destinos. Conglomerados. Personas. Trato de figurar en el papel estos territorios que conforman ciudadanías particulares, intereses comunes, simpatías colectivas



Los conglomerados votantes:

Los obreros del clúster automotriz en Puebla, Cuatlancingo, Huejotsingo, Papalotla, Etla. ¿Cuántos son? Algunas cifras apuntan arriba de 80 mil trabajadores en los cascarones de autopartes, más unos quince miles en el encierro blanco de Volskwagen y Audi. El clúster es uno de los tres o cuatro que en el país producen en conjunto más de cuatro millones de automóviles. Volkswagen de México vendió en Estados Unidos 354 mil 064 vehículos en el 2018, que no son pocos si se atiende al escándalo por el fraude cometido por la empresa alemana en ese mercado, descubierto en el 2016. Audi, la armadora alemana plantada con todo el regocijo modernizador no paga más de 12 mil pesos mensuales en promedio a sus empleados, un salario insuficiente todavía para cotizar para la compra de una casa en las todavía relucientes viviendas construidas en Ciudad Modelo.

Los trabajadores de la confección invisibles en centenares de talleres familiares y empresas sin rostro en Texmelucan, Teziutlán y Tehuacán. Pienso en ellos al cruzar un puente de una carretera vecinal en Tlalancaleca, con un arroyo de aguas azules por los tintes que corren por un arroyo abastecido por las descargas de decenas de talleres caseros que hacen florituras con las mezclillas.

Los pequeños productores rurales vinculados al mercado capitalista por la vía de Wall Mart y Chedraoui, o por las agroindustrias Bachoco, Granjas Carrol y Romeros. Campos extensos o minifundios en Texmelucan, Tepeaca, Tecamachalco, Tehuacán, y por las centrales de abasto de Huixcolotla, Puebla y México.

Los trabajadores rurales sin tierra a todo lo largo del territorio: igual en los cafetales de Xicotepec que en los campos de legumbres en Texmelucan, Tepeaca, Acatzingo, Tecamachalco, Palmar de Bravo.



Los empleados del comercio establecido en las decenas de plazas comerciales. Pienso en las chicas y chicos de Sears, en sus horarios de trabajo, en los ingresos que logran en la empresa del hombre que presumimos como estrella principal entre los magnates del mundo.

Los empleados del sistema educativo. Maestros y maestras de escuelas públicas y privadas. Los profesores de asignatura en las universidades, para no ir más allá del enredo en el que hemos convertido en nuestro país una profesión fundamental para imaginar cualquier futuro.



Las trabajadoras domésticas. Apenas reconocidas por la ley. No han sido tema de las campañas. No hay familia que no se sostenga por su trabajo en Puebla.

Los trabajadores del sistema de salud. Las imagino en cualquier hospital, las enfermeras cumplen labores de doctor, de camillero, de sacerdote. La trinchera de mayor mal pago laboral al final de la senda.

Las familias de trabajadores migrantes en Estados Unidos. No es posible entender el funcionamiento de la sociedad rural al sur de la ciudad de Puebla. 1560 millones de dólares en el 2017 y 1698.6 en el 2018. No muy lejos de los seis mil millones de dólares que llega a ingresas la Volkswagen al año.

Los comerciantes de mercados y ambulantes. Los vemos todos los días en cualquier calle y plaza, sometidos por sus líderes, que ni por equivocación perdonan una cuota semanal. Ahí están los 28 de Octubre, y sus rivales antorchistas y demás siempre aliados con los gobiernos municipales para disputarle los puntos de venta a los insumisos independientes de Simitrio.

Por ahí puedo seguir para pensar en votantes con nombre y apellido, con un lugar en la economía, con una seguridad en el ingreso que les permita los mínimos para un vida digna. ¿En qué funda cada quien su decisión de voto? ¿Pesa la ideología? ¿Vale todavía el “yo siempre he sido priista”? ¿La fuerza arrolladora de López Obrador se sostendrá en algo más que el hartazgo que dejaron los años de corrupción de presidentes panistas y priistas? Esas preguntas simples las hago frente a esos conglomerados de trabajadores que le dan cuerpo concreto a una sociedad, a un territorio, a una ciudad.

¿Puede un candidato, del partido que sea, ofrecer futuro para estos mundos tan variados?

Barbosa me recuerda a Moreno Valle en lo obcecado por el poder, pero está trepado en el tren morenista, en sus discursos afloran frases que rematan el la 4ta Transformación. ¿Lo hará valer más allá de esta perspectiva que me ofrece de confirmar un sistema de operación de un aparato de gobierno con los rasgos de un muy conocido priismo?

Y Cárdenas, el candidato que rompe el cartabón del político profesional y establece su calidad de ciudadano sin partido como el principal de sus valores. La transparencia y la lucha contra la corrupción lo desmarcan absolutamente de la trayectoria morenovallista reciente de los tres partidos que lo cobijaron, pero esos conservan su agenda y sus cuadros y sus modos, ¿hará valer entonces la agenda ciudadana que le da sentido a su candidatura?

Qué preguntas se me ocurren para los candidatos.

Ni modo de no empezar por la violencia. ¿Cómo llegamos a estos extremos en Puebla:

+ Las muertes de mujeres esta semana. La mujer apuñalada en la ciclopista, la estudiante de la BUAP asesinada por su novio, la muchacha de quince años ahorcada por un joven de 17 quien, además, ayudado por sus familiares, arroja su cadáver en una cueva en la Sierra Negra.

+ El Toñín y la toma de la alcaldía en Tecamachalco, con civiles que protestan por la inseguridad de las carreteras en la región. Un ejemplo del poder del crimen organizado que, operativos van y vienen, y siguen ahí campantes.

+ Dos agentes ministeriales arman un zafarrancho en el C5 cuando los quieren detener acusados de corrupción. Esa es tan sólo una hebra de la corrupción que existe en la Procuraduría, donde son igualmente extorsionados los hampones que se detienen que las víctimas que los denuncian.

+ El MP de Texmelucan, uno para nueve municipios. Moreno Valle quitó a 7 de cada diez MP.

Puedo seguir con la descripción de esta catástrofe. ¿Qué en concreto van a hacer para revolucionar el sistema de procuración de justicia en Puebla? ¿De dónde van a sacar los recursos? ¿De dónde los cuadros para cubrir los nuevos puestos en la Fiscalía que van a tener que purgar si quieren cambiar de fondo las cosas? ¿Qué harán para apoyar a los presidentes municipales y sus policías aterrorizadas por los cárteles?

El empleo y la visión de progreso que tenemos:

+ El caño podrido escurre desde Lara Grajales su podredumbre a todo lo largo del lado sur de Ciudad Modelo, y pasa a unos metros de la planta de tratamiento del “nuevo núcleo urbano”, capaz de limpiar 28 litros por segundo y que actualmente sólo trata cinco, dado que las descargas residuales de los 310 habitantes y los dos mil alumnos y profesores por ahora no dan para más. Audi y todo lo que trae de cargo, es la inversión pública más importante en la historia reciente, preñada de opacidad y despotismo en su implantación, más de 25 mil millones de pesos que no han tenido la más mínima fiscalización.La planta Audi y el interrogante sobre el progreso que queremos. El enclave Audi y el clúster automotriz funcionan sin mayor preocupación por lo que ocurra en el territorio en el que plantaron a la armadora. ¿Qué van a hacer? ¿Olvidar que ahí el gobierno del estado comprometió más de 25 mil millones de pesos para la implantación de los empleos que dan los alemanes? ¿Por qué no se ocupan las casas en Ciudad Modelo? Sólo 93 de 560 casas se han ocupado. Los obreros de Audi ganan en promedio 12 mil pesos, no los 18 mil que la industria de la vivienda necesita para asegurar que las casas se paguen. Así de simple, ¿qué van a hacer con Ciudad Modelo?

Para un proyecto de Estado

Planto aquí otros asuntos estratégicos para el Estado, y que deberían formar parte de una discusión entre candidatos. La que no hemos visto a lo largo de estos dos meses de campaña. Todas ellas involucran a organizaciones de la sociedad civil que las han logrado imponer como temas prioritarios, y que sin embargo no forman parte todavía de políticas públicas convertidas en acciones de gobierno:

+ Las montañas, las Sierras, su vocación natural como fábricas de agua. Agua para Siempre.

+ La recuperación de la Cuenca Alta del Atoyac. La realidad de las cuencas de los ríos en Tehuacán, Teziutlán, Atlixco e Izúcar de Matamoros. La responsabilidad de los actores principales, gobiernos y empresarios. Dale la Cara al Atoyac.

+ Agroindustria y pequeños productores. La reconfiguración de la anómala relación entre el capital (Wall Mart, Bachoco, los Romero, Granjas Carroll, Centrales de Abasto) y los productores del campo.

+ El clúster automotriz, el capital extranjero y la visión de largo plazo.

+ Industria y tecnología. La inversión estratégica en la educación superior. El Consorcio Universitario.

+ La reconfiguración del territorio huachicol. No basta la Marina.

Puebla a debate, eso es lo que esperamos ocurra este domingo. Será difícil que el evento ofrezca respuestas a los interrogantes que muchos tenemos sobre la realidad poblana. El formato no lo permite, pues los debates se plantan siempre en la presentación de preguntas abiertas sobre temas generales: ¿qué hará usted candidato para frenar la violencia, para generar empleos, para bajar la contaminación, para impedir la corrupción? Y allá va el verbo de los candidatos que harán el esfuerzo máximo en presentar en lances de tres o cuatro minutos lo que tienen a bien proponer sobre problemas y procesos que no tienen una solución inmediata y que reclaman mecanismos de gobierno democrático que no existen. Por ejemplo, jueces y diputados que no estén sometidos a la voluntad y el dinero del gobernador en turno. Y tendrán que darles lugar a los enconos que estas semanas de campaña provocan los mutuos señalamientos sobre opacidades y mal hechuras de sus rivales.

No es sencillo caracterizar a un candidato. Ni yo estoy como periodista con el ánimo de intervenir en el análisis que cada uno de nosotros tiene sobre los políticos que se disputan el poder en Puebla.

Pero les ofrezco la mía.



De las entrañas del sistema



Miguel Barbosa me lleva a pensar en la eterna restauración del sistema político priísta. No es alguien que llega a aprender cómo funciona este entuerto. Cuarenta años en la grilla, y como Moreno Valle, con la vista clavada en el largo plazo para entender cada decisión, cada alianza, cada abrazo que se palmea, cada chaquetazo que se da. Es difícil encontrar ahora, sin la figura del político muerto en diciembre, una personalidad con más habilidad para urdir en la enredada trama de la política en Puebla. Listo como pocos, especialista en los bastidores que sostienen el tinglado en el que se escenifican farsas y tragedias de la vida pública.

El interrogante sobre su salud es obligado, a la vista de los imprescindibles lazarillos que le acompañan en todo momento, y es un hecho que no existe información pública sobre el verdadero estado de su salud. Así que es válido pensar en el riesgo que corre nuestra sociedad por una nueva crisis política si los dichos que le acompañan sobre su capacidad de visión y su salud son ciertos.

A la vista los apellidos Manzanilla y Estefan, a cargo el primero de la Secretaría General de Gobierno y de la lana de Finanzas el segundo. Dos personajes con rutas ya largas y con pretensiones de poder manifiestas en sus semblanzas. Son los políticos profesionales mejor labrados en las maneras de crecer en las cortes de los poderosos que los han cobijado. Repetirán en agosto, de ganar Barbosa, por lo menos eso dicen sus personeros. Miguel Barbosa dijo que no gobernará con priistas y morenovallistas. No veo cómo vaya a cumplir eso. Para observar a Manzanilla y Estefan ayuda entender una restauración que de hecho es una confirmación si nos asomamos al comportamiento tradicional de los medios de comunicación que se comportan al son que estos dos políticos tocan, sometidos propietarios y periodistas por los convenios y los enjuagues de negocios con quienes manejan el dinero hoy con Pacheco Pulido; en el extremo, personajes como Fernando Crisanto, Mario Alberto Mejía, Arturo Rueda, punta de lanza de la relación entre el periodismo al servicio del poder, los periodistas más cercanos al proyecto político de Rafael Moreno Valle en Puebla, y sin duda sus principales beneficiarios, hoy los principales trompetistas de la campaña de Miguel Barbosa.



Pero Miguel Barbosa ha acumulado muchos saberes y mañas políticas. Conocedor de fondo del territorio y la política rural, sabe cómo funciona ese mundo que llamamos “fuerzas vivas”. Experto en el papel que juegan los “operadores” y el dinero que necesitan para cumplir con su función. Es consciente, entonces, de la importancia que todavía tienen estructuras con siglas viejas como SNTE, CTM y CNC, pero también otras ya no tan jóvenes como Antorcha Campesina y 28 de Octubre. Y lo vital que resulta para cualquier candidato que desde el gobierno estatal y el Congreso se impulse la vinculación con los presidentes municipales. La política, en esta óptica, es negociación inmediata, te doy, me das, me quitas, te quito. Todo eso juega a favor de Miguel Barbosa.

Un ciudadano entre las patas de los caballos

Cárdenas es la oportunidad histórica perdida por Morena. En el manejo de sus fichas lo dejó ir López Obrador en el 2017, incapaz de pensar un partido nuevo para Puebla construido por sus bases más sufridas, apostó por sumar a toda costa “las estructuras”, esa mezcla de profesionales y dinosaurios, llevada hoy al extremo por las alianzas de campaña que logra Miguel Barbosa. Sin embargo, Enrique Cárdenas tiene un argumento demoledor si lo aprovecha: la imborrable marca priista del gobierno que puso el congreso con Pacheco Pulido, y las alianzas y sumas recientes en lo que todos conocemos en México como “la cargada”.

A la vista del candidato Cárdenas, no recuerdo a uno como él que rompiera el cartabón del político profesional en los últimos cincuenta años de disputas por la gubernatura. Ni en las izquierdas ni en las derechas, ni mucho menos en la neutralidad conservadora del PRI. Rancios Frailes y Anateres, Dógeres y Zavalas, idolitos Melquiades y Marines, catrines de besamanos Bartletts y Morenos Valles. Tal vez, Gabriel Hinojosa en 1995 y por la alcaldía poblana.

La espontaneidad de ciudadano Cárdenas la respalda con el conocimiento crítico de la estructura social en la que vivimos. No basta la academia, pero cómo le ayuda para entender las construcciones civiles sobre problemas estratégicos como el de la contaminación del río Atoyac (Dale la Cara al Atoyac) o la recuperación de las montañas como fábricas de agua (Alternativas-Agua para Siempre). Y se comprende que se maneje como pez en el agua en los ambientes universitarios que lo han acogido en su campaña.

Y con habilidad política: convenció con Sumamos a los detentadores de los despojos partidistas PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, destrozados por la era Moreno Valle, de prestarle sus membretes. Y con ellos su lastre principal: con esos tres partidos construyó Moreno Valle un régimen absoluto y funcional para manejar para su proyecto personal el dinero y los recursos legales del Estado. Y con ellos también el riesgo de que el pensamiento progresista con el que se le identifica se vea sometido por las agendas de las estructuras partidistas sobrevivientes.

Espontáneo y honesto, Cárdenas es sin duda la mayor de las novedades en la historia política de Puebla. Por más que se lo han impedido igual los comunicadores barbosistas que los propios partidos que le prestaron el membrete, ha logrado plantar su calidad de ciudadano de la sociedad civil organizada.

Pero no podemos olvidar de dónde venimos

Moreno Valle, el gobernador más poderoso que ha tenido Puebla en los últimos cincuenta años, un autócrata con un proyecto nacional decidido a llevarlo a cabo, fue batido el 1 de julio por el tsunami Obrador. Logró impedir, sin embargo, que la elección de Martha Érika el 1 de julio se invalidara, a pesar de la violencia brutal ocurrida en la ciudad de Puebla contra más de 25 secciones electorales atacadas balazos. Estamos en esta situación justo por lo ocurrido el día de la votación hace un año. El tribunal electoral federal avaló la elección, Martha Érika tomó posesión tan solo para morir diez días después junto con su marido en el helicopterazo del 24 de diciembre. En esa coyuntura se reconstruye el priismo poblano que ahora lleva la marca Morena, para desgracia de ese histórico movimiento social que llevó a la presidencia de la república con márgenes superiores a los 60 puntos de los votos en Puebla.

En este convulso mar de contradicciones, el debate es la última isla que la elección toca antes de llegar al puerto de la elección el 2 de junio.

Vida y milagros

El invento de la luz eléctrica es uno de los que más cambió la forma de vivir de los seres humanos a partir del siglo XX. La luz que ilumina un foco, que recarga un celular, que bombea el agua que alimenta nuestras llaves y los campos que producen lo que comemos, ya no nos parece motivo de asombro. Ni siquiera sabemos de dónde proviene ni cómo se genera. Cada vez es más difícil la generación de energía eléctrica para los más de 125 millones de mexicanos que la demandamos y el impacto ambiental para producirla deja huellas preocupantes que además nadie quiere tener cerca. Hay diferentes grados de impacto ambiental en cada forma de generar electricidad. Hay tecnologías mucho más limpias que otras, pero México aún necesita andar un largo camino para transitar hacia ellas, a la energía eólica y solar, que comparadas con las que queman carbón o petróleo son infinitamente mejores.

Las energías limpias harán la diferencia para detener el cambio climático. Para los gobiernos que aún minimizan su existencia, la plaga del sargazo en las playas de la riviera maya, un alga que se reproduce excesivamente entre otras cosas por el aumento de la temperatura global del agua debido al consumo de combustibles fósiles es una clara llamada de atención para quienes insisten en seguir atados a tecnologías del pasado. Llamaremos bendita a la realidad, que al parecer y de momento, es el único contrapeso real para ciertas decisiones gubernamentales que no abonan al cuidado de nuestro planeta.



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Playa de Progreso, en Yucatán, atestada de sargazo. /Foto de Progreso Hoy.

Tan les ha alcanzado la realidad, que ahora han tenido que aceptar que una planta de luz que funciona con gas natural es mucho menos dañina que una planta de combustóleo o de carbón. Quizá fue por eso o porque la escasez de generación de luz nos alcanzó, que el gobierno de López Obrador retomó la puesta en marcha de la termoeléctrica de Huesca, en Morelos, eslabón final del PIM (Proyecto Integral Morelos), que consistió en construir un larguísimo gasoducto de casi 160 kilómetros en su última fase. Aunque las constructoras fueron las empresas españolas Elecnor, Abengoa, Enegás y Bonatti, los 25 mil millones de pesos de inversión fueron erogados al 100% por CFE.



En febrero de 2019 se llevó a cabo una consulta pública local acerca de la terminación de dicha termoeléctrica, diseñada para abastecer de electricidad a casi todo Morelos. El gobierno de López Obrador supo con certeza que, sin esa planta, los apagones en el sur de la ciudad de México y en Morelos estarán a la vuelta de la esquina, tan cerca como este octubre de 2019. La consulta, aunque se llevó a cabo ya en la administración actual, se hizo con una metodología que no es pública ni estuvo vigilada como debiera estarlo, por lo que jurídicamente no es vinculante. El imperio de la ley no es precisamente popular en este momento, así que las consultas poco rigurosas se han usado para respaldar decisiones del presidente. Podría decidir igual sin dichas consultas. Es su atribución y está dentro de sus facultades, pero dada la complejidad social que rodea al proyecto, optó de nuevo por ese tipo de consultas, que a mi parecer pueden ser armas de dos filas. La última etapa de 160 kilómetros del gasoducto pasa por 24 municipios de Puebla, Morelos y Tlaxcala. A sólo 400 metros de llegar a su destino, el gasoducto se detuvo y en el municipio en donde operará la termoeléctrica, los consultados dijeron NO. La puesta en marcha de la planta es de pronóstico reservado, porque muchos de los grupos que se unieron a Morena y apoyaron a López Obrador en la elección de 2018, se opusieron a la construcción de la planta y lucharon activamente contra el proyecto, entre otras cosas, interponiendo un gran número de acciones judiciales y amparos. Sin embargo, cuando López Obrador vio los números y los beneficios de terminar el Proyecto Integral Morelos y las consecuencias de que siguiera detenido, tomó la decisión de apoyarlo. La realidad pesó. El estado mexicano decidió no darse el lujo, como sí se lo dio en el aeropuerto, de tirar los 25 mil millones de pesos ya invertidos en la termoeléctrica. De momento no hay otra alternativa para dar luz a Morelos en el plazo inmediato. La consulta se hizo para intentar pacificar a los opositores del PIM, pero la oposición tiene una honda raíz y no desaparecerá por la pura voluntad presidencial.



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Foto de La Jornada de Oriente.

Fui testigo hace 5 años de cómo el Gobierno Federal vía la CFE empezó a negociar el ducto de gas natural que terminaría en Huesca. El ducto pasó a 16 km. de la ciudad de Puebla. Muchos dueños de tierras se negaron a permitir el paso por sus predios. Todos desconfiaron y para muchos no hubo explicación técnica que valiera. Los técnicos de CFE visitaron casa por casa, predio por predio, para pedir el permiso para que el gasoducto pasara por cada terreno afectado. La afectación era lineal con diez metros de ancho y cerca de un metro de profundidad. Yo conocí la propuesta de primera mano, una propuesta muy completa y bien explicada en cuanto a riesgos y afectaciones. Conocer el proyecto me obligó a pensar en muchas cosas. Nunca me había preguntado de dónde venía la luz que usaba cada día. El ingeniero responsable explicó los años que llevaban negociando para cruzar por la zona de Puebla hacia Atlixco y Morelos. Muchos dueños de predios, ejidos o pequeños propietarios dijeron que no, y con cada no hubo que diseñar un nuevo trazo para el ducto. El proyecto para una generación más limpia de luz avanzó de manera lentísima a pesar del enorme esfuerzo de gestión política que se llevó a cabo. Muchos de los que se opusieron hoy gobiernan, y hoy se han visto obligados a cambiar de opinión. La realidad es un gran contrapeso cuando todo lo demás falla.

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Ilustración tomada de e-consulta.com

Otras tecnologías como la eólica y solar, que antes eran muy caras para generación masiva, han tenido un notorio avance en estos últimos años. México es un país de muchas horas/sol al día y buen viento en varias zonas del país, y sin embargo la CFE no parece muy interesada en impulsarlas.

En el estado de Puebla se ha incursionado en los últimos años para generar luz eólica de manera seria y exitosa en base a las reglas de la reforma energética, hoy en la congeladora. La generación de esta energía equivale ya a un ahorro de 55 mil toneladas anuales de CO2 y equivale a dar luz a 25 mil hogares. Un segundo campo eólico se está construyendo y contará con 84 aerogeneradores en los municipios de Cañada, Chapulco y Nicolás Bravo. Abastecerán a las empresas Telmex, Cervecera Modelo y grupo Mabesa. Pero al parecer CFE no seguirá por este camino. Integrantes de la Unión de Propietarios de Energías Renovables del Istmo manifestaron su preocupación tras conocer el anuncio de CFE en enero de 2019, en el que Manuel Bartlett canceló la licitación de la línea de transmisión de corriente directa que saldría del sur de Oaxaca a las entidades del centro del país. Esa línea daría salida a 2000 MW, suficiente para dar energía a 700 mil casas y ahorrar la emisión de un millón y medio de toneladas anuales de CO2. Se haría con una inversión privada de mil 700 millones de dólares. Es una paradoja que mientras en Huesca el gobierno de López Obrador batalla para echar a andar la termoeléctrica, por otro lado, detenga la licitación de las líneas de conducción para sacar la luz eólica en la que ya se está invirtiendo en esa zona del país, con reglas del juego claras y legítimas.

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La industria eólica en Esperanza, Puebla. (Foto de e-consulta)

Si la demanda de luz va por delante de su generación y hay lugares como Morelos, en que los apagones serán inevitables sin nuevas fuentes de electricidad, cuesta trabajo comprender qué los llevó a tomar la decisión de continuar con una termoeléctrica que se combatió duramente desde muchas de las bases sociales de Morena, y por otro lado se detiene la conducción de energía limpia del Istmo de Tehuantepec hacia el centro del país.

Lázaro Cárdenas creó CFE el 14 de agosto de 1937. Su finalidad era proveer luz sin fines lucrativos a los sectores sociales abandonados por las empresas privadas, que no encontraron alicientes económicos para proveer a comunidades rurales que no consideraban rentables. La decisión de Cárdenas en ese entonces fue acertada. El estado empezó a producir luz y muy pronto, las empresas extranjeras, una canadiense y otra norteamericana, empezaron a frenar su producción y a comprar luz a CFE. Se volvieron intermediarias entre CFE y muchos usuarios, revendiendo la luz de CFE al triple de su precio y dejando de invertir en sus instalaciones propias. En Puebla, industrias textileras de gran tamaño, que producían su propia luz, como Atoyac Textil, que tenía su propia hidroeléctrica funcionando desde 1910, empezaron a comprar la luz a CFE a partir de 1957. Para 1960, México tenía 20 millones de habitantes, era predominantemente rural y solo el 44% tenía luz en su casa. En ese contexto se entiende perfectamente la decisión de Lopez Mateos de nacionalizar la generación y distribución de luz. La luz privada era cara y la estatal barata. Era otro momento y otra realidad de país. Pero nada es estático y la realidad actual es muy distinta. Hoy la luz de CFE es cara y la privada se ha ido abaratando. Regresar a ese modelo del pasado será imposible, simplemente porque no hay dinero que alcance.

No creo que regresar al monopolio del estado sea la solución. Los monopolios no son sanos. Sí lo sería la participación mixta, con una poderosa y justa rectoría del Estado sobre cada proyecto, aplicando las normas ambientales y reglamentando bien las consultas públicas. La desconfianza hacia los mega proyectos y la oposición a los mismos genera divisiones en las comunidades, o entre las comunidades y sus autoridades, o entre las autoridades y los constructores, y peor aún, entre todos. Se requiere de la verdad científica y técnica y de un manejo de comunicación social extraordinario para saber si esos proyectos serán viables o no. También se requiere fortalecer a las instancias inspectoras gubernamentales, a las que prácticamente se les está dejando en los huesos y en manos de los sindicatos, los cuales no están facultados por ley para tener responsabilidades administrativas. Ya llegará la realidad a poner orden, aunque quizás será demasiado tarde. El estado mexicano se está desmontando a sí mismo a una velocidad inusitada y con altísimo riesgo de volverse inoperante.

Una buena rectoría del Estado sobre la generación de luz es preferible a un nuevo monopolio que difícilmente se auto regulará. El actual gobierno federal ha demostrado que cumplir con las normas ambientales no es su prioridad, como tampoco parece serlo el cumplir con los compromisos internacionales adquiridos en materia de reducción de contaminantes. En particular, los monopolios en la generación de luz están desapareciendo en el mundo, pero los controles sobre sus impactos ambientales y su mitigación están creciendo en los países comprometidos con los acuerdos de París para detener el calentamiento global.

¿Queremos luz? Tendremos que abrir los ojos y aceptar que la que hoy nos llega ni siquiera sabemos de dónde viene.

¿Hidroeléctricas? ¿Quema de Carbón? ¿Del petroleo? ¿Luz eólica? ¿Solar? ¿Termoeléctricas? ¿Energía Nuclear? ¿De un monopolio estatal? ¿De participación mixta?

Averigüemos de dónde viene nuestra luz y pensemos: ¿De dónde es mejor que venga? ¿Cuál tiene los menores costos ambientales , económicos, políticos y sociales? Cualquier proyecto que se proponga debería estar perfectamente alineado a la normatividad ambiental, sometido a una absoluta transparencia, a una contraloría abierta, y acompañado de una extraordinaria política de gestión social y financiera.

El domingo 5 de mayo un variado contingente de hombres y mujeres iniciaron su marcha del ángel de la independencia hasta el monumento a la revolución. Luego se informó que hubo marchas en 15 ciudades. Pedían desde la renuncia del actual presidente hasta que trabaje bien; la atención a todos los mexicanos y cancelar el atizamiento de las divisiones entre fifís y morenos entre otras cosas.

La marcha de franca oposición al actual gobierno fue en parte silenciosa, sin alteraciones del orden público y sin sufrir agresión policiaca. Llegar a ese clima benigno para las expresiones ciudadanas nos ha costado sangre y décadas de confrontaciones.

Había prisa para enjuiciar a un régimen con cinco meses de vida y también mesura en sus exigencias de inclusión para todos los mexicanos que no se sienten atendidos. Con excesos verbales (traidores, dictador, sin cerebro) pero también con tres jóvenes treintañeros y su pancarta: “Los fifís también somos mexicanos y queremos que le valla bien a todos”. Personas como cualquiera, agitadas entre la pasión sin la cual nadie sale a marchar en la calle, y las razones que deben alimentar la conversación pública sana.

En esa expresión ciudadana hay ciertos síntomas que hablan también de una lucha de poder, como muchas veces ocurre. Fue el cuarto intento de una asociación “Alianza por México, todos somos uno”, dirigida por Francisco Javier Chavarría Díaz hasta que se logró una convocatoria amplia. Esta asociación ya pidió su registro como partido político. Se unieron los ex presidentes Fox y Calderón, la invitación se hizo vía twitter donde miles de celulares recibieron un águila de mirada fiera que en su pico sangrante trae una cabeza de pato.



https://www.eluniversal.com.mx/columna/ricardo-raphael/nacion/la-marcha-de-la-destitucion-presidencial



Algunos datos del contexto también sugieren que se encrespa la lucha de poder: Twitter y Youtube registraron casos de censura al segmento de usuarios pro Peje y se incrementaron los boots exigiendo su renuncia. Arrecian las críticas en la gran prensa con dos focos: la violencia y la “concentración de poder”, una descalifica la acción gubernamental y la otra se queja por su activismo. No es raro, se acerca julio, mes de elecciones en dos estados, Baja California Sur y Puebla, donde partidos hasta ahora alicaídos, intentan ganar fuerza.

Habrá quien vea en esto el asomo de una grieta que se extiende del centro hacia las costas y las fronteras. Un primer ensayo para que México sea Venezuela, crispado en la polarización extrema y el riesgo de guerra civil y de intervención externa.

Y habrá quien vea, por el contrario, el orden que muchos queremos, donde los gobiernos y la sociedad disputen y acuerden, se critiquen y trabajen juntos, haya piso parejo para que todas las manifestaciones se expresen y que la disputa por el poder se atenga a reglas de convivencia democrática, por ejemplo, que las expresiones ciudadanas y las luchas de poder pinten clara su raya. ¿Qué se asomó el 5 de mayo? Depende de cada uno de nosotros, y, sobre todo, de ir ganando voluntades y pasiones hacia la democracia.



La muerte de Panuncio Flores.

- ¿Qué quieres?

¿Una casa? ¿Un automóvil? Tu dime.

-No patrón, no quiero nada, los compañeros me eligieron como líder del sindicato para que los protegiera, no para que los venda.



-Si no quieres nada, te atienes a las consecuencias pinche indio muerto de hambre.

Este diálogo sentenció la vida de Panuncio Flores.

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El 1º de mayo de 1981 fue brutal y cobardemente asesinado a la altura del Rastro de Aves, justo en donde empieza Tehuacán y termina Santiago Miahuatlan.

Un pistolero de Avícola El Calvario lo interceptó para romperle el cráneo con la cacha de su arma. Un esquirol del sindicato lo había llevado con engaños a una comida a Miahuatlan después del tradicional desfile obrero.



Al regresar se consumó la amenaza. ¿Por treinta monedas? ¿Una casa? ¿Un automóvil?

Se sabe que el judas de la CROM estuvo en el sepelio de Panuncio en la Sierra Negra y lloraba con más estridencia y dolor que la viuda. Sin duda los remordimientos y su conciencia le gritaban que treinta monedas no sirven para una chingada.

Su cuerpo fue tirado en ese rumbo y el carro ensangrentado fue dejado dentro del Rastro de Aves. Ahí lo encontró la policía que nunca investigó nada. Era la época en que los amos y señores del emporio avícola y porcícola se jactaban en decir que ellos no eran de Tehuacán, sino que “Tehuacán era de ellos”.

“Ese federal, ese chivato y ese sapo, el sindicato, el obispo y el general son propiedad del señor Matanza” escribió Manu Chao para el mejor disco de Mano Negra, Casa Babylon de los noventa. Las similitudes son una extraña coincidencia. ¿O tal vez se lo platiqué a Manu cuando fuimos a Huautla?

Panuncio llegó a la vida en San Pablo, Zoquitlan.

Jugaba y corría descalzo o en huaraches en la montaña, libre y alegre entre la neblina, la lluvia y el lodo como todos los niños nahuas de su comunidad. Cuando despertaba su mirada se detenía en la cuesta, entonces arbolada, del cerro Tzinzintepetl, el coloso de la Sierra Negra. Sus sueños volaban con las nubes que forma el Río Coyolapa en tierra caliente.

Cuando llegó a la Ciudad de Indios, era casi un adolescente y esta ciudad era otra, tan distinta y tan parecida a la vez. Era propiedad del Señor Matanza. A la muerte del jefe familiar, el trono lo ocupó su hermana, un alma piadosa, que nunca faltaba a misa y cultivó una estrecha cercanía con la jerarquía católica. No todos los del clan eran así. Quién mandaba en esa época en El Calvario era de mano dura.

Es sabido de todos de las grandiosas dádivas del clan oriundo de Tonalá, en la mixteca oaxaqueña, a la babilónica y apostólica institución. También es público el pleito familiar interno por la herencia de la lideresa a su muerte en 2009. No sé en que terminaría la disputa, parecida a un episodio judicial de los Soprano, con todo y testamentos alterados.

Hasta en las mejores familias se cuecen habas.

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En los ochenta, Tehuacán era opresivo, mojigato, conservador y pequeño. No existían tantas colonias como hoy en día. Era difícil para los militantes de izquierda hacer actividades de agitación u organización obrera en la región. No tenía mucho que se había legalizado la existencia de partidos políticos de izquierda, si es que existen o existieron partidos con esa tendencia.

Había procesiones católicas por todos lados. “Mayo, mes de María, reza el rosario en familia” se ordenaba en carteles pegados en cualquier pared del pueblo. Resabios del “Cristianismo si, comunismo no” de décadas anteriores. La disidencia era perseguida por policías torturadores y represivos.

Para hacer propaganda política, tenías que tener tu propio esténcil y comprar un ciento de hojas blancas aquí y las doscientas siguientes allá. El gran hermano siempre estaba atento de todo para informar a las autoridades al servicio y paga del Señor Matanza.

La contracultura también estaba perseguida. No se toleraban greñudos. A los contados melenudos que existíamos, incluso entrados los noventa, tiro por viaje, báscula y apañe policiaco.

De niño recuerdo a mis padres bajar la propaganda electoral del PRI de los postes. No olvido las latas con el rostro de Marco Antonio Balseca. Era una forma de resistir al dinosaurio priísta que ahora se tornasola de guinda.

Como era común en esa época, el tricolor ganó sin problemas las elecciones cuando fue candidato y se volvió alcalde de Tehuacán en 1981, el año en que asesinaron a Panuncio. ¿Sabrá algo al respecto? ¿Se habrán dado las facilidades respectivas? ¿Una llamada al MP? ¿Al médico legista? Nadie sabe.

A pesar del clima represivo y conservador, había disidencia.

Años después del asesinato de Panuncio Flores muchas pintas negras hechas con chapopote, pintadas clandestinamente en las fachadas recordaban “Panuncio, caíste pero nunca te vendiste”.

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Desafortunadamente las practicas terroristas y de explotación laboral de este consorcio no han cambiado para nada. Para esto han tenido maiceados por décadas a los corruptos líderes del Sindicato de Oficios Varios de la CROM, la cual no olvidemos fue creada en el norte del país hace una centuria como grupo pistolero de la patronal contra el combativo anarcosindicalismo magonista.

El 24 de noviembre de 2016, los trabajadores José Esteban, Antonio Flores, Damián López y otro más fueron torturados por la guardia blanca de Avícola y Porcícola de Tehuacán SA de CV, una empresa de la familia.

La guardia blanca los trajo de manera ilegal desde una granja de Tepelmeme hasta las instalaciones de la empresa en San Pedro Acoquiaco para ser sometidos a tormento acusados falsamente de robar combustible de la empresa.

Pudieron aguantar el castigo y llevar el asunto a los tribunales. El Presidente de la Junta de Conciliación y Arbitraje de Tehuacán, Irán Rodríguez Toaboada, hizo perdediza la demanda laboral por un mes. Ante el escándalo mediático la empresa pagó sus indemnizaciones, pero las guardias blancas siguen en funciones.

La saciedad del clan no ha reparado en nada para hacerse del poder político y económico de la región. Desde el despojo de tierras ejidales, la corrupción de autoridades, la alianza con el clero, el manejo de todos los partidos políticos y el control sindical.

Su riqueza no está basada solo en la sobre explotación obrera, la que da para que el heredero de Avícola y Porcícola de Tehuacán pueda competir en la Fórmula 1 y tener su propia pista de carreras en las faldas del Cerro Colorado, ya que también está cimentada en la explotación de todos los mantos acuíferos de la región y en la grave contaminación ambiental que sus actividades provocan.

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Quisiera imaginar que si Panuncio estuviera vivo estaría participando con nosotros en la resistencia indígena de la Sierra Negra en defensa de los ríos contra los proyectos de muerte como la represa hidroeléctrica que Minera Autlan quiere construir en el municipio en el cual nació este mártir del movimiento obrero de Tehuacán.

Seguramente Panuncio Flores y Sergio Rivera, ambos indígenas nahuas de Zoquitlan, este último desaparecido desde agosto por la mano criminal de Minera Autlan, son un gran ejemplo para las resistencias obrera e indígena contra el capitalismo voraz que padecemos en Tehuacán y en la Sierra Negra

Cuando era coordinador de Comunicación Social y portavoz de la Presidencia de la República propuse al presidente Fox (2000-2006) que se dejaran de utilizar los recursos públicos en la compra de publicidad a los medios.

En esa ocasión me dijo que, si yo convencía a los gobernadores, la gran mayoría del PRI, de no comprar publicidad discutiríamos mi propuesta. Le respondí que eso era imposible y las cosas se quedaron como estaban.

En las democracias más desarrolladas los gobiernos no gastan los recursos públicos en anunciarse y promoverse. El actual gobierno, con su legitimidad y mayoría en el Congreso, pudo haber decidido que se terminara para siempre esta práctica.

Cuando la relación del gobierno con los medios de comunicación está mediada por el dinero, por la compra directa de publicidad, siempre será perversa. No puede ser de otra manera.

La intención del presidente López Obrador (2018-2024) es gastar la mitad del presidente Peña Nieto (2012-2018), que es una reducción, pero que aún así es una cantidad enorme y el doble de lo que se gastó en el gobierno del presidente Fox.

En 2018, el gasto en publicidad fue de 8 mil 988 millones de pesos, un año electoral, la mitad son 4 mil 494 millones de pesos, pero el actual gobierno ya dijo que el gasto para 2019 será de 4 mil 711 millones que son 217 millones más.

A esto se añade que Jesús Ramírez, coordinador de Comunicación Social del gobierno, dice que para este año existen mil millones adicionales, por lo que el presupuesto podría alcanzar los 5 mil 800 millones de pesos, que sería solo el 35 por ciento menos que el último año de Peña Nieto.

En principio, el gasto del gobierno de López Obrador en publicidad, para el sexenio sería de 28 mil 626 y los 39 mil 800 millones de pesos que equivale a 4 mil 771 anuales, pero podría ser más. De hecho, ya es más.

Ramírez se comprometió a que en 2019 no habrá ampliaciones. Queda por verse si en los próximos años el presupuesto y el gasto se sujetan a lo dicho. En todos los años de Peña Nieto el gasto ejercido fue mayor al presupuestado.

La nueva política implica que el gasto en publicidad no rebase nunca el 0.1 por ciento del Presupuesto de Egresos. Con este límite, que es una medida acertada, todos los años el gasto en publicidad va a crecer en la medida que aumente el presupuesto, cosa que siempre ocurre.

El presidente, en el anuncio de la nueva Política de Comunicación Social, sostuvo que no se van a “utilizar los recursos públicos para premiar o castigar a ningún medio, que el presupuesto no sea un mecanismo de coerción, de castigo”. Ya se verá cómo se distribuyen los recursos.

Ramírez anunció que para evitar la concentración del presupuesto en pocos medios “queda prohibido que un medio de comunicación concentre un porcentaje mayor al 25 por ciento de la pauta publicitaria".

El presidente al presentar la nueva política, que en lo sustantivo es la de siempre ya que el gobierno sigue con la compra directa de publicidad, dijo que “al final somos simplemente administradores de los dineros del pueblo".

Si esta administración quiere romper la relación perversa entre gobierno y medios de comunicación debe crear un órgano de Estado, no del gobierno en turno, que sea el que contrate la publicidad en los medios. Pienso, con todo, que el ideal es que el gobierno, por ley, no gaste en publicidad.

Twitter: @RubenAguilar

Vida y milagros

Hay un dicho que dice- "yo de lengua me como un taco". En el brete de cumplir la inmensa cantidad de promesas que hiciera en su larguísima campaña se encuentra actualmente el presidente López Obrador, quien está padeciendo los excesos de sus promesas, muchas solo cumplibles a largo plazo, un término muy difícil de digerir en la política mexicana, que le apuesta más a la inmediatez que a la discreta gradualidad. Para tratar de cumplir muchas de sus promesas, el presidente está maniobrando para concentrar el mayor poder posible en su persona, invadiendo de facto espacios de poder que no le corresponden al ejecutivo, sino al legislativo o al judicial. Estas medidas pasan también por concentrar gran parte del poder y el presupuesto que antes ejercían los gobernadores, colocando en los estados a la figura de los super delegados, que por cierto están bastante atrasados en los quehaceres encomendados de organizar la distribución de los apoyos.

La concentración del poder que hoy nos sorprende en el presidente, fue de uso común antes de 1997. El poder que los presidentes vieron disminuido en esos años fue tomado por los gobernadores y lo ejercieron a su antojo y casi sin contrapesos, como antes lo hicieran los presidentes. Hoy el péndulo parece regresar al lado contrario. Lo que no fue sano en los estados y que debió ser acotado por los otros dos poderes no debiera remediarse regresando a un presidencialismo que llena todos los espacios y que en su momento ya demostró ser asfixiante e ineficaz. No me parece que repetir un poder sin contrapesos sea lo mejor para nuestra república. Construir contrapesos ha llevado muchísimos años, destruirlos puede ser tan rápido como la quema de Notre Dame. Un presidente con contrapesos y gobernadores con los suyos hubiera sido lo más sano. Hoy los roles de cada parte del conjunto político están movidos. Aunque en el papel y en la Constitución estén perfectamente definidos, en la realidad las piezas se mueven de manera distinta e impredecible.



Es un hecho que los gobernadores andaban como chivos sin mecate haciendo de las suyas, porque normalmente les era fácil controlar al poder legislativo con dinero o favores, y de pasada tenían una enorme influencia sobre el poder judicial, sobre los organismos electorales locales, los órganos de transparencia y sobre todo lo que fuera posible acotar con el idioma universal del dinero. En el caso de Puebla tenemos dos muy buenos ejemplos al respecto. Moreno Valle fue el único gobernador del país que pudo dejar nombrado un fiscal a su gusto y más allá de su mandato, hasta el año 2022. Ante la nueva realidad política, ese fiscal pidió licencia hace unos meses. Ni el presidente Peña pudo dejar al suyo, ni Duarte el de Veracruz, ni Borge en Quintana Roo, ni ningún otro en ningún estado. Moreno Valle pudo. También podía lograr que le aprobaran sus cuentas públicas en 15 minutos, o que tardaran años en revisar las de alcaldes enemigos, dejándolos en jaque constante. Eso mismo hicieron muchos gobernadores. El otro ejemplo poblano es el de Mario Marín, que organizó la complicadísima detención de Lydia Cacho en diciembre de 2005 para darle gusto a su amigo Kamel Nacif, manipulando al poder judicial local y en contubernio con el gobernador de Quintana Roo de ese entonces, Félix González Canto. El solito lo comenta y se auto implica y celebra su actuar en la llamada telefónica entre él y Kamel: "Ya le dimos sus coscorrones a esa vieja cabrona". O sea, él le dio los coscorrones. Catorce años después hay una orden de aprensión en su contra. Así de grande ha sido el poder de los gobernadores. Al controlar a los congresos locales, que son los que les revisan el ejercicio del presupuesto, la rendición de cuentas es pura ficción. La Auditoría Superior de la Federación podía observar, pero hasta ahí llegaba su poder. Podían hacer con los recursos que les enviaba la federación, 80% de su presupuesto, lo que se les ocurriera y antojara.

¿Qué puede prometer y cumplir un gobernador en campaña el día de hoy? ¿En qué espacio se moverá quien resulte electo en Puebla y sobre qué tendrá control a partir del primero de agosto? Si gana Luis Miguel Barbosa, candidato de Morena, se podrá mover con mayor comodidad porque su partido tiene mayoría calificada en el congreso local, aunque eso no le quitará de encima al delegado especial ni a la particular forma de ejercer y controlar el poder de Andrés Manuel. La cancha y los espacios políticos en los estados ha cambiado a escasos nueve meses de la elección presidencial de 2018, y son radicalmente diferentes a los amplios espacios discrecionales que gozaron los anteriores gobernadores. Eso no quiere decir que vayan a dejar de tener poder, simplemente será de otra manera que aún no conocemos porque los paradigmas han cambiado. De todos modos, ganando Barbosa o ganando cualquiera de los otros dos candidatos, Enrique Cárdenas, que va postulado por tres partidos, PAN, PRD y MC, o el ingeniero Alberto Jiménez Merino, postulado en solitario por el PRI, su poder y capacidad de maniobra serán mucho más limitados. Si esto es así por la existencia de los contrapesos legales, qué bueno. Malo si es solo porque alguien más ocupa su lugar y sus facultades. Los recursos propios de los estados no llegan ni al 20% de lo que ejercen. Hace mucho que por comodidad delegaron muchos cobros en la federación, y el precio es que hoy dependen de la voluntad de quien manda en ella. Sin el control ilimitado del dinero, el papel de los gobernadores exigirá mucha más estrategia, sensatez, voluntad e inteligencia.

¿A qué quedará reducido el rol de un ejecutivo estatal? Ya no manejarán dinero y programas como arroz. Eso ya lo acaparó la federación. Con respecto al marco normativo, un gobernador puede enviar iniciativas al congreso local o puede proponer un presupuesto anual de acuerdo a sus prioridades, pero yo me pregunto qué iniciativas y qué presupuesto puede ser si el Congreso de la Unión y el propio presidente nos sorprenden cada día con iniciativas que incluyen cambios a la constitución que necesariamente cambiarán los escenarios del pacto federal en el futuro inmediato. Habrá que revisar cómo están las leyes locales existentes y qué atribuciones y en materia de qué tienen o tendrán los estados. Los marcos jurídicos no son estáticos y siempre serán perfectibles o destructibles. En algunas de las leyes federales y estatales, el papel de los gobernadores es plantear un programa de desarrollo estatal, presentar los presupuestos anuales, establecer prioridades y ser gestores hacia arriba con la federación y la cámara de diputados federal, tanto para conseguir recursos como para gestionar lo que abonara a la gobernabilidad de sus estados. En el centro les toca establecer el ordenamiento de su territorio interno, resolver conflictos limítrofes internos y externos, coordinar la seguridad pública, tener al día el inventario de sus estados en materia de recursos naturales y particularmente la disponibilidad de agua. Eso les ha importado poco. Hacia abajo, organizar y apoyar bien a los municipios y suplir sus carencias de gestión y administración para que el conjunto funcione mejor. Aún sin mucho dinero, la capacidad de gestión de un gobernador podría ser muy grande. Pero insisto, aún no sabemos qué tanto los gobernadores escogerán alinearse al poder que hoy concentra el presidente.



En dos temas centrales, la educación y la seguridad pública, poco se ha concretado aún, excepto la creación de la Guardia Nacional. Aún no se sabe qué espacios tendrán los gobiernos estatales y municipales en este nuevo esquema.



En el tema de educación, con su memorándum, el presidente está ignorando lo que señala el artículo 49 de la Constitución* acerca de la división de poderes, artículo que Lázaro Cárdenas propusiera para acotar los abusos y los poderes metaconstitucionales que usurparon los presidentes de la república que lo precedieron. En materia de educación, los estados, de momento, están en un pantano ajeno. Y también sin dinero.

En materia de seguridad pública, que es el tema que más descuidaron la mayoría de los gobernadores, el especialista en seguridad pública Alejandro Hope ha escrito: "Los elementos de la SEMAR y la SEDENA no son suficientes para construir una Guardia Nacional eficaz y de cobertura de manera amplia y pronta. Los asesinatos, robos y delitos irán a la alza a menos que los gobiernos estatales y municipales refuercen sus policías." Mi pregunta es ¿Con qué dinero?

A los candidatos a encabezar un gobierno estatal solo les queda prometer poco y ofrecer, en la medida de sus atribuciones, llenar de manera responsable los espacios de gestión que la ley les ha otorgado. Puede, para variar, ofrecer una transparente administración de la escasez, totalmente abierta al escrutinio público. En cuanto a ofrecer respetar la independencia del congreso y del poder legislativo, será una propuesta que cada candidato deberá de manejar de manera distinta. Para Miguel Barbosa el escenario es uno: prometer que respetará la independencia de poderes. Enrique Cárdenas o Alberto Jiménez, lo que deberán exigir y por lo que tendrán que luchar es por la imparcialidad de parte de ambos poderes.

Lo que sí puede ofrecer cualquier candidato es defender el federalismo y la autonomía de sus estados. Será interesante oír lo que proponen los tres candidatos al respecto. ¿Sumisión absoluta o un federalismo inteligente y propositivo?

* Artículo 49 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos:

El Supremo Poder de la Federación se divide para su ejercicio en Legislativo, Ejecutivo y Judicial. No podrán reunirse dos o más de estos poderes en una sola persona o corporación, ni depositarse el legislativo en un individuo, salvo el caso de facultades extraordinarias al Ejecutivo de la Unión, conforme a lo dispuesto en el artículo 29. En ningún otro caso, salvo lo dispuesto en el segundo párrafo del artículo 131, se otorgarán facultades extraordinarias para legislar al ejecutivo.

Mundo Nuestro. La vida da vueltas. Tal cual una rueda de la fortuna. Ahora, en el fondo, Mario Marín, un político que se veía resucitado al dicho de "en política no hay cadáveres". ¿Hay un trasfondo en la decisión de la juez federal en Quintana Roo al expedir la orden de aprehensión en contra del exgobernador y sus secuaces de entonces? ¿Es la cuenta por el ardor de del señador expriista Armenta en contra del candidato Barbosa? ¿Está detrás la mano siempre alerta del poder presidencial? ¿O es la simple rueda lenta de la justicia?

No lo sabremos en lo inmediato. Pero vale la memoria histórica para mirar con perspicacia crítica esta coyuntura poblana.

El 26 de febrero del 2006 una enorme movilización ciudadana exigió en las calles la renuncia del gobernador Mario Marín. En Puebla los gobernadores han caído cuando el poder presidencial se suma al enojo popular, sea cual sea. Felipe Calderón sostuvo al gobernador que para la historia quedó como “el precioso”. Esta crónica de aquel domingo se publicó originalmente en la revista Nexos en el mes de abril siguiente.



No se perdió Portugal en Portugal, ni Cataluña en Cataluña, sino dentro de Madrid, y ahí se perderán las Indias Occidentales, porque donde se honran y se premian los excesos públicos ahí es donde se levantan los nublados que después vienen a dar sobre los reinos que a fuerza de pecados, violencia y tiranía se desunen y apartan de las coronas. Juan de Palafox y Mendoza, Obispo de Puebla y Virrey de la Nueva España, 1648.

Alicia, a sus veinte años estudiantiles, es parte de la masa que ha salido a las calles en Puebla el domingo 26 de febrero con el ánimo simple de derrocar al gobernador Mario Marín. Sus ojos de bióloga contienen preguntas para el análisis de esta tolvanera poblana que se parece al viento helado que nos conmueve. “¿De dónde ha salido tanta gente? –dice--. ¿De dónde viene? ¿Esto que ocurre en México hacia dónde nos lleva?”. Alicia, como la inmensa mayoría de los jóvenes mexicanos, no encuentra una memoria regional reciente, ordenada, escrita, ni qué decir cinematográfica, a la mano. Sin embargo, para las masas que ocupan las plazas, hay historia.



1.- Primer acercamiento, una simple consideración de lo vivido. “Qué bonito es lo espontáneo”, me dice Checo Sánchez, un empresario de 58 años, hijo de Abelardo Sánchez Gutiérrez, baluarte de la derecha poblana en los años sesenta, fundador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, en 1973, cuando la alianza de priistas y comunistas –que se ajustarían las cuentas después-- expulsó de la Universidad Autónoma de Puebla a todo aquel que oliera a FUA (Frente Universitario Anticomunista) y a escuela confesional. Masa y espontaneidad, contradicción antigua. “Me cae que tenemos una ciudad hermosa –afirma Checo Sánchez, y rompe cualquier pesadumbre y coyuntura--, mira ese azul entre la nubes…”



Es el cristalino cielo poblano, que por un instante, y como tantas veces en su vida, lo trastorna: el cielo poblano, intenso azul, retenido todavía contra el luminoso templo de Guadalupe, en el Paseo Bravo, con las nubes como un apunte del viento y la sombra que acompañará la mañana de una masa que no duda de su poblanía, que conoce de las traiciones del clima, de los requiebres del tiempo, de sus estocadas frías, inclementes. Una voz, que ahora mira al cielo y reconoce su sangre; no le importa el griterío, ni siquiera el día y lo que nos convoca, él mira el cielo antiguo de una ciudad acostumbrada a los delirios y las pasiones políticas: ahí está su traza de sol y sombra contra sus cúpulas y campanarios, sus casonas y sus reliquias.

Por un instante, frente a ese espejo del mundo, a quién le importa Marín, a quién le importa la política.



2.- El helicóptero de la policía rompe el encanto, se barre sobre la avenida en un despliegue de técnica y disposición para medir la calidad y la cantidad de la marcha. Arranca desde la antigua penitenciaría, de la que escapara en los años sesenta un ratero afamado, el Capitán Fantasma, y corre desde el Paseo Bravo por todo Reforma hacia el Zócalo, con el tiempo suficiente para entretener a la masa, que no halla la hora para iniciar la caminata, justo frente a la Villita, entre la 11 y la 13 Sur, desplegada en todos los colores ideológicos y de clase, con la uniformidad de la convocatoria, la de tirar una vez más a un gobernador del régimen priista que ha controlado Puebla desde 1935, cuando el PNR de Lázaro Cárdenas impusiera como hombre fuerte al teziuteco Maximino Ávila Camacho. En 1964 cayó el General Nava Castillo; en 1971 el General Rafael Moreno Valle; en 1973, Gonzalo Bautista Ofarril. Eran tiempos de masas y tanquetas del ejército, de gases lacrimógenos y balaceras en las azoteas de las casonas. Ahora sólo hay masas, y me pregunto si la misma espontaneidad.

1964: Atrás quedó el pleito entre mochos y carolinos, entre cristianismo sí/comunismo no. Ahora es el momento de tumbar al militar impuesto por Díaz Ordaz, el presidente electo que anda de viaje y no será capaz de impedir una conjura urdida en las oficinas del Presidente López Mateos; el General Nava Castillo, el que tomó partido por unos y se metió en el pleito de otros y provocó, entre una revuelta de campesinos lecheros y estudiantes sesenteros, a una ciudadanía que ya no hallaba el rumbo sometida entre el autoritarismo eclesiástico y el académico, y una burocracia feliz en el letargo de la dictadura. La ciudad de Puebla comprobó el paso del tiempo y los rencores de la clase media. Cayó, sin miramientos, y a pesar de los tanques en las calles, el general Nava Castillo.

1973: “Estoy girando en este momento –grita frente a una masa en el Zócalo el gobernador Bautista Ofarril, también impuesto por Díaz Ordaz en relevo del fracasado doctor y general, como le decían, Rafael Moreno Valle, echado del cargo en 1971--, las órdenes de aprensión contra el rector de la Universidad Autónoma de Puebla”. No llegarán a tiempo. En esa guerra que logra la alianza entre los gobernantes priístas y la derecha poblana, la cabeza que rueda es la del gobernador, acosado por sus propios encierros ideológicos y por las mudanzas de los entonces imperiales presidentes de la república –Luis Echeverría en turno. Junior auténtico de la revolución, Bautista, cargará con los homicidios nunca aclarados de los profesores universitarios Enrique Cabrera y Joel Arriaga en 1972.

3.- Veinte años tiene Alicia. ¿Qué le devela el caso Marín? ¿Qué procesos sociales están ahí, ocultos para cualquier joven envuelto en esta masa que empieza a moverse sobre la avenida Reforma, y que ni siquiera acontecimientos de esta magnitud logran revelar? Son las preguntas por la región, por el país en detalle que no adquiere dimensión nacional sino hasta que alcanza el carácter policiaco. Cualquier valoración de la coyuntura obliga a una mínima apreciación histórica de una trama social que una vez más rebota con sus gritos contra las fachadas de los edificios. Cuántas cosas no ha visto de esta ciudad Alicia. No voy a ir muy lejos. Dos décadas de masas de la Reforma al Zócalo. Es la misma avenida. La Reforma, la borracha, la calle tomada, decimos. Así lleva un siglo, así que toda referencia a la historia hay que buscarla en la masa misma: “Si Carmen Serdán viviera los demonios del Edén escribiera”, leo en uno de tantos carteles que la gente lleva. Y Carmen sí se fue a la guerra. “Lo significativo es que hoy salió la clase media –me dice un político de Tehuacán, curtido cardenista, hoy funcionario en el gobierno michoacano--, eso no sucedía desde los tiempos carolinos”. O una mujer de 82 años que por primera vez participa en una manifestación –la única vez que caminó por el centro de la avenida Reforma fue como escolar en el desfile del 5 de mayo de 1937--, y que dice: “Ustedes no conocen lo que es vivir en una dictadura, no se imaginan lo que fue vivir en el avilacamachismo”.



Por cincuenta años, y más allá del zócalo, a la Reforma la llamamos la Maximino, en honor al sátrapa Maximino Ávila Camacho, camarada del presidente Lázaro Cárdenas y compadre del Gringo --como le decían en Izúcar a William Jenkins, el contrabandista de alcohol en el ingenio de Atencingo en la era gansteril de la ley seca en Estados Unidos, y el patrono de la distribución cinematográfica en México, y quien, en un descargo comprensible de reconocimiento por Puebla, creara la Fundación Mary S. Jenkins, con 150 millones de dólares de 1963, el año de su muerte, sólo para que la manejara a su arbitrio y por 35 años, el banquero Manuel Espinosa Iglesias, quien no tuvo empacho en olvidar todos los propósitos del millonario: la educación pública, el orfelinato, el hospital de oncología, la ampliación del sistema deportivo popular Alfa--. Maximino Avila Camacho, el empleado postal teziuteco en 1913, nuestro general revolucionario, dispuso del estado como de su casa, y por mucho, por sus hermanos, por sus compadres y sus ahijados, por lo menos sesenta años después de muerto. La Maximino, la hermosa calle de la dictadura es la espléndida calle de la burocracia, plantado como tenía en ella el palacio de gobierno, en la esquina del zócalo con la 2 Norte. En 1996, el presidente municipal panista Gabriel Hinojosa recuperó la calle para el obispo novohispano del XVII Juan de Palafox y Mendoza, quizás el único político con una verdadera visión de futuro en la historia de Puebla.

Por ello, entre estas fuerzas que nos contienen –qué antiguas son: liberales y conservadores, centro y región, inteligencia y cerrazón--, la memoria para ejercerla mientras el griterío de la marcha hilvana los trazos del tiempo contenidos en los años frágiles de mi hija Alicia. Son imágenes las siguientes como mojoneras que establecen los ámbitos profundos de una sociedad en movimiento –con la capital como punta de lanza de una compleja trama económica y social--, pero que en su inercia nacional de modernización, carga en su entraña lastres antiguos de un país que ya no es, pero que sigue vivo en Puebla.

1983: Cualquier día En Houston, Texas, Eulogio Huesca Zapata, sobrino nieto del general Zapata, recibe a un grupo más de paisanos de Zacapala que, desde la Mixteca Baja, a 80 kilómetros al sur de la ciudad de Puebla, han cruzado la frontera en Texas para trabajar en la limpieza de tiendas y escuelas en esa ciudad petrolera. Eulogio salió veinte años antes, arrojado por la pobreza de la tierra que repartió la revolución que no ganó su tío abuelo, pero en dos décadas ha logrado levantar un negocio indispensable en el trasiego de los ilegales mexicanos a los Estados Unidos: presta los dólares para el viaje; les da cobijo a los mojados mientras arreglan acomodo en un trabajo; después, cobra disciplinadamente quincena tras quincena su capital y sus intereses. Poco a poco, y desde lejos, se convierte en el nuevo cacique de su pueblo. Punto de quiebre: la sequía de 1982 arrecia en los campos del sur mixteco, el hambre y la muerte azota las familias, en un hecho histórico que no forma parte de los anales de la historia de Puebla. El éxodo, la masa disuelta, la ausencia. Don Eulogio Huesca Zapata, allá en Houston, prospera. En el largo plazo de una generación, entre 1980 y el 2005, el concepto de pueblayork se extiende en más de 600 mil migrantes y remesas cercanas a los 900 millones de dólares anuales. La salvación del campo y del Estado en Puebla, una entidad que contiene a México en su concentración (cerca de tres millones de personas viven en no más de siete ciudades contando la capital) y su dispersión (dos millones de personas diluídas en 200 municipios, 800 pueblos y 6 mil aldeas).

1983: El PRI pierde la elección municipal 6 a 1, pero es otro país, así que el gobierno recurre igual al ejército para robar las urnas, que a los judiciales y a los funcionarios del Ayuntamiento para rellenarlas y cubrir las apariencias que le permitan presentar su victoria con un considerado 3 a 1. La masa sale a la calle, con manifestaciones encabezadas por el candidato panista, el textilero Ricardo Villa Escalera. No hay tribunal que valga. El PRI no se ha robado todavía la elección en Chihuahua, ni ha ocurrido el sismo de 1985, así que la presidencia de la república sigue siendo imperial y no habrá ninguna batalla de Puebla.

1987: El gobernador Mariano Piña Olaya ha venido de fuera a gobernar el estado en el que nació por casualidad –sus padres eran maestros en la Normal rural de Champuzco, en Atlixco--. Con su llegada se han ido los viejos militares policías Flores Narro y Álvarez Moguel. Todavía no otorga el mando al mayor José Ventura Rodríguez Verdín, hijo él del capitán Rodríguez, jefe policiaco local en los sesenta y setenta. Ahora es el momento de los hermanos Inurreta, hijos del militar fundador de la DFS en 1947; uno de ellos ha sido judicial de la Procuraduría General de la República. Señalado por el narcotraficante Rafael Caro Quintero en su proceso como uno de los agentes en su nómina, desaparece del mapa hasta que Piña Olaya lo nombra jefe de la policía en Puebla. El territorio es de ellos: de boca en boca se lleva la historia de las avionetas del narcotráfico y las pistas de aterrizaje en las carreteras del aeropuerto de Huejotzingo y la de Valsequillo a Tecali. Todo mundo rumora del general Poblano y su actividad desde la jefatura de la XXV Zona Militar en ese tráfico de vuelos. Pero hay más: ni qué decir de las cuotas que tienen que pagar los mandos de policía y tránsito a los Inurretas, o las francachelas con las putas de la casa de Rosy ahí en la avenida Juárez. Llegan lejos los Inurretas: asaltan la casa de una mujer amante de un general de apellido Camargo; además de robar joyas intentan la violación de la hija; furibundo, el militar llega hasta la oficina de Inurreta pistola en mano. Supongo que lo contienen. Pero los cercos están rotos con los asaltos a las casas del propio secretario de Gobernación en funciones, Marco Antonio Rojas, y de uno de los principales exponentes de la colonia libanesa, Pedro Budib. Piña Olaya fue sometido por el presidente Salinas y los señores Inurreta abandonan el estado, por supuesto sin averiguación previa de por medio. También se va el general Poblano, si no recuerdo mal, a la jefatura militar en Tamaulipas.



1989: 1 de mayo, las dos horas continuas de la columna independiente en el desfile sorprenden a los notables de la corte en una tribuna de 65 asientos –es la apoteosis de nuestro estalinismo--; el grueso lo forman los ambulantes, locatarios y amas de casa de la organización 28 de Octubre y Unión de Amas de Casa. Pasan con ánimo de unidad y de mostrar fuerza. Sus mantas: “Sector Verduras: muera el imperialismo”; “Primero de Mayo, revolución proletaria mundial, viva el marxismo leninismo pensamiento Mao Tse Tung”. Y el grito cantado por esa masa inexplicable para los jerarcas: “Aquí está el 28, gritando bonito y padre, pinches priistas, su gobierno vale madre”. El martes 4 de julio siguiente, Rubén Sarabia, Simitrio, dirigente de la organización popular de ambulantes 28 de Octubre, creada en 1973 luego de una represión policiaca, es detenido en la ciudad de México; el viernes 7 ingresa en el Cereso de San Miguel. Los cargos: delitos contra la salud, acopio de armas, incitación a la rebelión y privación ilegal de la libertad. Todos, menos los jueces, sabemos que la policía estatal, al mando del mayor José Ventura Rodríguez Verdín plantó un cuatro en el corralón de la 28 en la 14 Poniente con el que el gobierno logrará el encierro del dirigente por los siguientes doce años. Entre 1973 y 1987 Simitrio trató con el Mayor Flores Narro, el antiguo jefe policiaco, ambos jugaron las reglas de “te aprieto pero no tanto”, para llegar por último a la negociación para la salida de los ambulantes a los llamados mercados de apoyo como el Hidalgo, en el norte de la ciudad. Simitrio tensó las cosas hasta un extremo con el gandallismo de los taxistas piratas de la base Corsario, con la fayuca, con los inquilinos de las vecindades, con la venta clandestina de alcohol en los mercados. Flores Narro y él al final se entendieron en el mexicano arreglo de la sobrevivencia mutua: la 28 se mantuvo como organización popular independiente y el gobierno logró su salida de las calles del centro. Tres años después, con un nuevo policía y un nuevo gobierno, ya no hubo acuerdo. Otro militar, Xavier Rueda, opera con las reglas de la vieja Dirección Federal de Seguridad. En unos cuantos meses pasa todo: la detención lapidaria de Simitrio, el ajusticiamiento de Gumaro Amaro, dirigente de la Unión de Amas de Casa, a plena luz del día y a las puertas de su casa, apenas unos días después de una impresionante movilización de más de 20 mil mujeres de los cinturones pobres de la ciudad.

1989: Partida en dos, la Universidad Autónoma de Puebla, la llamada universidad democrática, crítica y popular, dominada por cuadros del Partido Comunista en Puebla desde 1975, se bate en guerra civil. El 21 de diciembre por la tarde, y luego de una semana de refriegas en las calles del centro, el grupo respaldado por el gobernador Piña Olaya, que ha tomado la universidad y ha expulsado al rector Samuel Malpica, decide cortar a balazos el intento de sus rivales por recuperar el edificio Carolino. En la Plaza de la Democracia queda tendido el cuerpo del profesor universitario Miguel Antonio Cuellar Muñoz. La etapa que sigue será conocida como “la era de los Dóger” --José Dóger Corte y Enrique Dóger Guerrero, primos hermanos, gobernaron la institución entre 1990 y el 2004—realizará la modernización administrativa, reducirá la matrícula de cien mil nominales a 40 mil, elevará el presupuesto hasta superar por dos tantos el del ayuntamiento de la ciudad, transformará la fachada y la entraña de la administración, con sus cuadros dirigentes formalmente afiliados al Partido Revolucionario Institucional.

1991: Montado en una expropiación federal, el gobernador Mariano Piña Olaya vende ilegalmente entre empresarios poblanos terrenos ejidales sobre los que se fundará un programa de reordenamiento urbano de la ciudad de Puebla. Y los clientes sobran. Pagarán hasta cinco veces más por el metro cuadrado, y sin documentación alguna. Piña Olaya, con el mote de rapiña, se irá muy contento a su casa en el Distrito Federal. El subsecretario defraudador, Alberto Esteban Morelos, gozará como premio de una notaría en Tecali y años después será recontratado por el gobernador Melquíades Morales en su mismo cargo. En medio de todo el litigio, la movilización campesina contra la expropiación es paralizada con el asesinato nunca aclarado del comisariado ejidal de Momoxpan.

1992: La armadora alemana Volkswagen ve venir el Tratado de Libre Comercio salinista y estira hasta la ruptura la cuerda del sindicato que ha cobijado siempre, primero con la CTM en los sesentas, después con la Unidad Obrera Independiente del cacique obrero Ortega Arenas, y al final con un sindicato independiente de centrales y afiliaciones, aislado y manipulable; la huelga dura más de un mes y termina con la derrota obrera total, fuerza pública de por medio, y el desmantelamiento de las bases originales del contrato de trabajo. El sindicato acepta la llamada fractalización, por lo que operaciones directamente relacionadas con la fabricación de los autos serán realizadas por compañías externas. Siemens (arneses), Seglo (logística), Venteler de México (frenos), Johnson y Control (asientos), Dyw Auto Accesorios (rines), entre otras 150 empresas de proveeduría. Diez años después, la relación de autos vendidos quedará 80-20 favorable a la exportación a Estados Unidos.



1993: Manuel Bartlett, que ha asumido el cargo de gobernador el 1 de febrero, propone su “megaproyecto para recuperar la grandeza de Puebla”. Dos años después del despojo y la defraudación inmobiliaria de Piña Olaya, el gobernador Bartlett desconocerá las compraventas, reembolsará la quinta parte a los defraudados, y desarrollará el Megaproyecto Angelópolis sobre la misma expropiación del territorio campesino. Mil cien hectáreas arrebatadas por el progreso tan sólo a los ejidatarios de San Bernardino Tlaxcalancingo. Palabras como reordenamiento urbano, planificación, modernización aparecen en los legajos de la empresa consultora Mackensy, a la que el gobierno estatal paga 34 millones de dólares por los proyectos, y margina como proveedoras de conocimiento a las universidades de educación superior poblanas UAP, UDLA, UPAEP, Ibero. Expropiación de centenares de casonas en el centro histórico, centro de convenciones, acueducto desde los pozos perforados en los pueblos cholultecas de Acuescómac y Nealtican, periférico, radiales viales, transporte colectivo, 25 mil viviendas, agua potable, plantas de tratamiento. Bartlett restriega a los poblanos su ilustración y su despotismo, tan rancios como sus ligas con los poderes federales y la cartera pública, pues por primera vez en treinta años, el gobierno de la república destina a fondo perdido los recursos necesarios para el desarrollo de un proyecto público en Puebla. Todo pasa por una cuota autoritaria: represión policiaca al descontento campesino; picota y trascabos contra las casas ocupadas por las familias que promovieron amparos contra la expropiación de las casonas en el centro; cambio al uso del suelo del decreto expropiatorio, con la pérdida de más de 60 hectáreas de áreas verdes; transacciones ocultas al público, como las que derivaron en el regalo de más de 45 hectáreas al empresario Carlos Peralta y 10 a los Legionarios de Cristo.

1995: Una semana antes de las elecciones municipales, el 19 de noviembre, eufórico, Manuel Bartlett invita al grupo Bronco a un concierto de inauguración del periférico ecológico, una línea de 29 kilómetros de los que sólo seis cuentan con los seis carriles para la ida y la vuelta, que acabará como el chiste más malo y costoso del barttlismo. Tal vez 50 mil personas se divierten en el descampado de la expropiación. Una semana después, en el domingo electoral, por primera vez en la historia de la ciudad, el PAN le arrebata al PRI la capital del estado con una votación de 2 a 1.

1998: Domingo 7 de noviembre, elecciones municipales; la historia se le viene encima al gobernador Bartlett, pues una vez más se le cae el sistema, ahora en la ciudad de Puebla; a las diez de la noche no hay resultados, ni a la medianoche, ni al día siguiente. Crisis política y riesgo de elección impugnada por PAN y PRD. Mitin en el zócalo el 14 de noviembre: Felipe Calderón Hinojosa, presidente nacional del PAN, rompe el acuerdo con los perredistas que impulsaron al sorprendente candidato futbolero Emilio Máurer, probable triunfador si el cómputo no hubiera estado en manos de la maquinaria priísta. El PAN se hace a un lado y no hay impugnación del proceso electoral. El PRI gana en los medios. Salvado por el PAN, el antiguo burócrata de Gobernación escucha en las tertulias con sus amigos: “de norte a sur se oye un clamor, Marió Marín Gobernador”.

1999: Domingo 17 de octubre, miles de personas desplazan hacia el zócalo víveres y materiales de toda índole para los damnificados de la Sierra en una movilización que rebasa por mucho la aletargada respuesta de las instituciones gubernamentales frente a la catástrofe. Una tormenta tropical devasta entre el 4 y el 6 de octubre la llamada Sierra Norte de Puebla. Inundaciones y desplazamientos de tierra se llevan miles de viviendas, escuelas, edificios, campos de labor. Más de 250 muertos. Centenares de pueblos incomunicados. El esfuerzo de cincuenta años en caminos, escuelas, luz eléctrica, en buena medida, se lo han llevado los ríos. Sumado al terremoto del 15 de junio de este mismo año, la pérdida de viviendas rebasa las diez mil. La naturaleza desnuda la precariedad del estado poblano, la pobreza de sus pueblos, la marginación extrema de la población indígena. El gobernador Melquíades Morales mirará con ironía que, por primera vez en la historia del estado, el gobierno de la República destina a fondo perdido más de 600 millones de pesos para la reconstrucción.

2001: Arranca el gobierno de Vicente Fox. En Puebla está en auge el espejismo exportador fundado en el capitalismo salvaje. La industria maquiladora genera 15 mil empleos en Teziutlán y 32 mil en Tehuacán. Decenas y decenas de fábricas de autopartes proliferan alrededor de la planta de Volkswagen, con cifras en empleo superiores a los 50 mil puestos de trabajo. Dos huelgas, la primera en diciembre del 2000, en la trasnacional Siemens, productora del entramado eléctrico de los New Beatles, y la segunda en enero del 2001, en la maquiladora coreana Kuk Dong, en Atlixco, perfilan las condiciones laborales de lo que muchos consideran un espejismo económico: mano de obra mayoritariamente femenina, salarios que no superan los cuatro dólares por día, jornadas de entre diez y doce horas, sindicatos blancos o de control charro (croquista) puro. El paro en Siemens inicia por el descontento de las mujeres por la comida en la fábrica; la huelga en Kuk Dong arranca por la rebelión de las costureras contra el despido de cuatro supervisoras que se quejaron por la mala calidad de los alimentos.

2003: El gobernador Melquíades Morales y Vicente Fox inauguran las instalaciones del Tecnológico de Monterrey plantadas en Angelópolis, en 25 hectáreas que le donan a los regios, parte de un terreno de 45 hectáreas a su vez donadas por Manuel Bartlett a Carlos Peralta, dueño del campo de golf vecino La Vista Country Club. Melquíades llega a afirmar en público que el regalo al Tec fue el único pretexto para quitarle por lo menos una parte al ex-dueño de Iusacel. Estamos en plena explosión inmobiliaria en el territorio de las expropiaciones. Los grandes capitales comerciales –CARSO, Liverpool, Palacio de Hierro, Wall Mart, Comercial Mexicana, Cinépolis, Cinemark, etc--, convierten el sueño de Manuel Bartlett en realidad: Angelópolis atrae una expansión extraordinaria sostenida por el consumo de las ciudades del sureste; fraccionamientos residenciales y campos de golf conviven con la explosión de miles de pies de casa de veinte y cuarenta metros cuadrados. Los viejos apellidos árabes y españoles que desde los ochenta huyen de la industria se convierten en los nuevos potentados del desarrollo inmobiliario. En las 20 hectáreas que el gobernador Bartlett le regalara a Carlos Peralta, el todopoderoso hijo de Alejo Peralta construyó un remedo de parque de diversiones llamado “Valle Fantástico”.



4.- En el zócalo, Alicia mira a Flor Coca Santillana, periodista y académica de la Universidad Autónoma de Puebla, la maestra de ceremonias en esta manifestación: ignora que el abuelo de Flor, Leobardo Coca, sindicalista textil en los años treinta, murió ejecutado a la luz del día en una calle del centro de la ciudad por matones de Maximino Avila Camacho, gobernador en la era del Presidente Lázaro Cárdenas; su mujer no se había enterado de la muerte de su marido cuando de la oficina del dictador le llegó a su casa una corona funeraria. Años después, los herederos de Maximino bautizaron con el nombre de aquel obrero a una colonia popular en el sur de la ciudad. La vida da vueltas, y ahí está su nieta al frente de una masa que increpa al gobernador Marín, la expresión última de la burocracia que ha controlado por más de sesenta años el poder en Puebla.

¿De dónde viene Marín? ¿De dónde Melquíades Morales? De dos pueblitos, en su tiempo aldeas, para pasar por la vía de la carrera universitaria a la militancia del PRI y a los oficios recónditos de las secretarías particulares. ¿De dónde viene Manuel Bartlett? ¿De dónde Mariano Piña Olaya? De los escritorios profundos de Gobernación, de las bancas antiguas de la escuela de un presidente. En esos dos extremos, la burocracia local y la imposición federal, la sociedad poblana ha derivado entre la parálisis por sus crisis políticas y la medianía del estancamiento económico, pero siempre sometida a los rigores, las intrigas y los discursos de su clase política. Pero en el más puro estilo de los pasillos de Bucareli, el espionaje telefónico filtrado a la prensa, se ha desatado nuevamente el reclamo de la masa al poder, representado por un hombre que en los últimos años supo mover los hilos rancios del culto a la personalidad.

Mario Marín nació en 1951, como uno de los once hijos de una familia que en los índices de la SEDESOL caería sin duda en la categoría de marginación extrema. No caen muy seguido las tormentas en Natívitas Cuautempan, en plena Mixteca Baja, en el centro sur del estado de Puebla, pero de ese pueblito –y a la manera del exgobernador Melquiades Morales-- salió a pie para ir a estudiar a Puebla; también estudió Leyes, y por supuesto en la UAP, pero ya en los años setenta. Lo apadrinó otro santón de la política priista, el actual presidente del Tribunal Superior de Justicia, Guillermo Pacheco Pulido, a principios de los ochenta, quien como Magistrado lo contrató de tinterillo en el Tribunal, y ya como presidente municipal, en 1987, se lo llevó como secretario particular. De ahí todo fue escalar desde las oficinas municipales a las estatales, siempre en Gobernación. Piña Olaya y Bartlett, los dos extranjeros, pelearon sus guerras contra los santones locales, y se apoyaron en políticos de segunda línea, que no dudaron en jugar los dados de los gobernadores. Como subsecretario primero, y como secretario después, Marín cumplió con el cometido de toda Secretaría de Gobernación de la era priista: amañar las elecciones y aplicar la fuerza donde la política lo requiriera. Con el encarcelamiento de campesinos contrarios a la perforación de pozos de agua potable para la ciudad de Puebla, en la región de los pueblos de Cholula, o en la represión de movimientos populares como el de la 28 de Octubre en 1995, por ejemplo, Marín se ganó a pulso su alineamiento con el gobernador Bartlett, y por supuesto la candidatura para la presidencia municipal en 1998. Jugó sus cartas como alcalde, no hubo freno en el uso de los recursos públicos para impulsar su imagen, y a pesar de la derrota del PRI en las elecciones municipales del 2001, arrebató a Melquiades el control de la estructura del partido en el estado, tendió sus puentes hacia las amistades y los recursos de personas como Kamel Nacif y brincó al carro madracista que lo llevó a la gubernatura en el 2004. Atrás quedaron sus lazos con Manuel Bartlett. Sus partidarios más cercanos llegaron a verlo como el Secretario de Gobernación de la restauración priista en el 2006, y por qué no, futuro presidente de la república. Marín, efigie, esculpió su propio culto. Y su propia caricatura.

2001: 15 de febrero, segundo informe de Marín como presidente. El culto a golpe de pala. La figura, en el pedestal de la imagen, no se fragmenta. En la era electrónica, el aparato ya no necesita de las masas. Mejor aun, el milagro de la comunicación: las masas ya no necesitan de los actos públicos. Quebrará el sistema, pero se sostendrán los líderes. En el auditorio de la Reforma, en el cerro de los Fuertes, hace justo un mes, Melquiades Morales acaparaba las miradas y los aplausos para confirmar que es el poder presente. Hoy es la fiesta de Mario Marín, y pocas veces la liturgia del Informe reproduce los viejos tiempos. Pero no todos: afuera, en la explanada, no hay masas ni porras ni pancartas. No hay acarreo. Y, a juzgar por el video, no es que el bolsillo que esculpe el monolito de la personalidad del futuro ronde la insolvencia o se rija por pruritos republicanos y austeros. ¿Que ocurre? Si hoy el viejo sistema se reproduce a la perfección dentro del auditorio, ¿por qué no están las sufridas masas para cantar que sigo siendo el rey y aquí están los altavoces para confirmarlo? No, no hay masas ni porras en la explanada del Auditorio de la Reforma. Apenas entiendo, pero Mario Marín no acarreó colonos o ambulantes, no necesitó de combis o microbuseros para el oficio del Informe. Los jerarcas llegaron en suburbans. Una mayoría de burócratas, ceñida al empleo, llenó la galería y cumplió de corifeo en el rito antiguo de los hombres que se esculpen a sí mismos: orgulloso, solitario, militante, Marín se modela para el poder.

Para la historia nuestra, la de este día marca el segundo año en la construcción de un culto a la personalidad. Hace un año, en el primer informe, Mario Marín dijo: “Es el principio, yo soy el hombre....”. Inició entonces, sin remilgos, ya no en las cenas con la cofradía, sino desde su cargo público, la carrera al trono de nuestro pequeño reino. Mario se mira de nuevo en video. Lo mira Melquiades. Hace mucho que uno y otro se miran a si mismos, son su espejo, los separa un escritorio. Imagino su monólogo: “El hombre político siembra futuro para llegar al poder. Parte de abajo, caravanea, es su sombra la que mira desde arriba. Esculpe su personalidad en la grilla en corto, en el templete, en la imagen electrónica. En todo momento es ahijado y padrino, aplaudidor y, poco a poco, el aplaudido, el hombre que salió del escritorio oscuro para mirar desde tribuna con el rostro del que salva a las masas, el poseedor del futuro”.

Escribo estas frases para el monologo moderno de un político cruzado en la estantería del sistema, alentado por los moribundos dinosaurios en el sueño de la Restauración. Dice el italiano Norberto Bobbio que la tarea del hombre de cultura es sembrar dudas, no recoger certezas. Y lo dice siempre ilusionado por entender la relación entre los intelectuales y el poder, pero con la sabiduría de un viejo que ha visto demasiadas equivocaciones como para creer en la salvación por los iluminados. De tantas certezas electrónicas, de tanta liturgia megalómana, este poder arcaico que domina Puebla, se deshace en dudas, se desmiente en proezas y se reproduce de nuevo a sí mismo. De Mario Marín guardo cuatro imágenes delirantes: En el video, lo miro paleando tierra a la manera de los grandes e infernales líderes europeos en los años treinta; Mario palea y los fotógrafos lo catapultan al futuro, el suyo es un espíritu que se piensa para las masas que lo admiran porque con él el mundo dejará de ser una desgracia. Y si besa niños y da banderazos de salida a corredores esforzados es porque él bendice y encausa destinos. En el salón de protocolos del Ayuntamiento se manda pintar en un mural como constructor de la ciudad, casco de por medio, arropado por sus arquitectos, embelesado en el plano de sus sueños. A la altura de las visiones del presidente municipal, el empresario José Abed levanta en su honor una estructura metálica de estación ferrocarrilera coronada por una bola dorada desastrosa, y que Marín bautiza como la torre del milenio.

Una última imagen: terminado el video, se encierra en la entrega del viejo aparato al informante municipal: Mario Marín apenas parado tras la mesa pétrea de Melquiades Morales y Pacheco Pulido, es por un instante el futuro de la cúspide en ese monumento gris a la jerarquía mayor de la burocracia que ha gobernado Puebla desde hace sesenta años. Entre los santones de la política priista hay uno nuevo, todavía más santón, más joven, mestizo y fiero, para decirles a todos que él es el renacimiento.



5.- 26 de marzo, nueva marcha y nueva masa, un mes después, con todo lo que ha ocurrido desde entonces: un probable pacto de sobrevivencia entre Marín y el gobierno federal, con la creación de una fiscalía antipederastia inaugurada por los funcionarios foxistas Medina Mora y Yunes; el gobernador en el clandestinaje –ni siquiera puede rendir homenaje a su santón Juárez--, intenta recomponer el amasiato con la prensa y los empresarios constructores del sexenio; la crispación del candidato Madrazo ante la desazón priista en Puebla; la oposición panista en el más burdo oportunismo regala senadurías a los aliados priistas de la maestra Elba Esther; las redes de Andrés Manuel crecen como piezas fundamentales en el movimiento antimarinista.

Mediodía en el zócalo. No son cuarenta mil pero sí rebasan los diez mil. No hace frío, pero va a llover. Los gritos y las consignas son mucho más airados –hay uno extremo: “¡Maldito el cerro que te parió, Marín, come nopales!”. Es la personalidad partida, la injuria racista contra el déspota. No puede haber otro tono frente a tal indefensión pública. En la memoria las frases de dos hombres acostumbrados al delirio que los ha esculpido a imagen y semejanza: “Mi góber precioso…”, flota en los altoparlantes, y la multitud responde a carcajadas como aldabonazos que conspiran contra el extremo grotesco del poder. “Aquí te tengo una botella bellísima…”, cantonea Kamel por la espesura de los fresnos y los pensamientos de todos los marchistas. “Ya le di su coscorrón a esa vieja cabrona…”, confirma el gobernador a la masa ante los paredones de Catedral. La grabación ilegal no cuenta para la ley mexicana. El estado de derecho no cuenta para los mexicanos. Dos frases entre tantas en mi cabeza. Por un momento pienso que las voces de estos dos hombres –roncas, altivas, léperas en la altisonancia de los que todo lo pueden y ni por asomo se permiten pensar en que alguien lo ponga en duda-- las hemos amasado todos en nuestra incapacidad histórica para construir contrapesos democráticos, en nuestra debilidad para desatar los amarres de esa urdimbre criminal en la política: no hay una reforma electoral en el estado que garantice procesos electorales transparentes, partidos democráticos y legislaturas independientes del ejecutivo; las contralorías, las gubernamentales y la del Congreso, obedecen al gobernador; los medios de comunicación escritos y electrónicos sobreviven de las contrataciones del gobierno; y la procuración de justicia y los tribunales… tan sólo hay que escuchar las grabaciones.

Pero la voz de Flor Coca lo corta, es sólida, compensa todos los interrogantes que ha hecho Alicia: “Esta marcha ha sido convocada por el Frente Cívico Poblano…”.

Sí, la masa se organiza como última defensa ante la ausencia de Estado de Derecho. No ha podido ser de otra forma en la historia de Puebla.





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