Poder y Política

Breviario de lectura, 17 de agosto, 21.30 Hs.

Don Manuel

Por Adolfo Flores Fragoso me enteré hoy en la tarde del grave estado de don Manuel Díaz Cid. De inmediato me comuniqué con su yerno, Alejandro Guillén, para corroborar la noticia. De verdad lo lamento. Don Manuel no solo ha sido uno de los pensadores políticos más importantes de Puebla; fue también uno de los protagonistas de la historia de nuestra universidad en aquellos años de confrontación entre la extrema derecha poblana y, primero, una naciente élite liberal, para dar paso, un momento después a la encarnizada lucha contra los comunistas en el seno de la institución pero, sobre todo, don Manuel ha sido un ejemplo de autocrítica y coherencia intelectuales. Como pocos, don Manuel fue capaz de revisar y cuestionar los principios que había sostenido en esos años de confrontación para derivar en una incondicional defensa de la pluralidad y tolerancia políticas, mismas que difundió en una vida dedicada al magisterio y a la generación de opinión pública y que hoy arroja sus mejores frutos en toda una generación de politólogos poblanos.

Hay que subrayar, también, el valor de su ejercicio crítico para señalar los excesos del poder político poblano en distintos momentos de nuestra historia. Personalmente tengo mucho que agradecerle a don Manuel Díaz Cid: el haberme abierto las puertas de su casa para charlar sobre la historia reciente de Puebla y grabar - y gravar- un largo programa para el Territorio del nómada, la hospitalidad de su esposa y la amistad de su hija María y de sus nietos, Lupita y Ángel, y la complicidad con su yerno Alejandro.



Sin embargo, algo más debemos agradecerle colectivamente a don Manuel Díaz y es la confianza en el diálogo democrático como el único medio para resolver nuestros conflictos, su inquebrantable fe en la racionalidad política y su apuesta por una ciudadanía cada vez más activa como pilar de la democracia.

Estoy seguro que el día que este Estado consiga una mejor calidad democrática tendremos que recordar el nombre de don Manuel Díaz Cid como uno de sus mejores impulsores



Certeza y decisión. En ese predicamento nos movemos en el día a día. Cuánto necesitamos de la primera en los asuntos graves de la vida nuestra. Entonces las preguntas elementales se vuelven puntos de quiebre: ¿qué tanto sabemos del problema que enfrentamos?, ¿el conocimiento que tenemos sobre un conflicto es el correcto como para fundar una respuesta que nos permita enfrentarlo con éxito?

¿Y si el conflicto es un asunto de interés público?

¿Con qué capacidad se toman las decisiones en las instituciones del Estado, por ejemplo en seguridad pública y justicia o en procesos ambientales?

Estas preguntas me vienen estos días al valorar la realidad del robo de combustible en Puebla, ese fenómeno cada vez más inasible que llamamos huachicol, con el que se identifica la presencia del crimen organizado cada día más mortal en Puebla. Los acontecimientos de los últimos tres años en nuestro estado no revelan más que desaciertos en el enfrentamiento que desde las instituciones públicas se realiza con acciones de corte militar y policiaco, y que se confirma en un hecho probado: el crecimiento explosivo de las tomas clandestinas no se ha detenido a pesar del involucramiento del ejército y la marina en la persecución de las bandas criminales.

Pero igual se plantean frente a otros procesos como los que se contienen en el anuncio por el gobernador Gali de la compra de “unos barquitos” para limpiar el lago de Valsequillo, con cuya acción “los niños podrán nadar en el embalse”.



Acciones policiacas contra el crimen organizado. Acciones técnicas para regenerar un lago muerto.

En el primer caso a los ciudadanos sólo nos queda contemplar el fracaso del Estado contra el crimen: Palmar de Bravo, ciudad de Puebla, Texmelucan, Venustiano Carranza. Cuatro territorios asolados por una violencia similar a la que conocemos desde hace diez años como la guerra del narco y su característica principal: autoridades civiles y mandos policiacos involucrados en la operación cotidiana de las bandas criminales. Y una más: comunidades enteras vinculadas en toda la trama operativa de esta actividad ilegal (extracción, distribución y consumo), y que contribuyen con sus sicarios, sus presos y sus muertos en las guerras intestinas que la acompañan.

En el segundo caso los ciudadanos organizados vamos muy adelante del Estado: Dale la Cara al Atoyac. A.C. no sólo ha diagnosticado con una enorme capacidad organizativa la realidad de la contaminación del río y ha hecho uso de los recursos legales para obligar a las autoridades a asumir sus responsabilidades, sino que ha elaborado un conjunto de propuestas desde la perspectiva estratégica de cuenca que permiten establecer políticas públicas capaces de lograr revertir en el mediano plazo la catástrofe ambiental que hoy se vive en el valle de Puebla y que ha puesto en jaque la viabilidad socio-ambiental de la sociedad poblana.



Certezas, entonces, para la toma de decisiones.

No las tenemos para enfrentar la violencia del crimen organizado, no las permite un estado autoritario, antidemocrático y corrupto en sus instituciones de procuración de justicia, que dejan de lado toda posibilidad de participación ciudadana. Ahí el Estado no sólo es fallido sino cómplice. Y los ciudadanos hoy estamos inermes.

Sí se construyen, sin embargo, para enfrentar la catástrofe ambiental. Igual para regenerar la cuenca alta del río Atoyac que para defender las montañas contra la voracidad de las corporaciones industriales. Es la acción civil la que encabeza el reclamo contra una decisión de gobierno que gasta 200 millones de pesos en unos barcos que no resolverán el problema de la contaminación del río y deja de lado el esfuerzo civil que ha construido un proyecto estratégico en consonancia con lo que hoy se lleva cabo en muchas regiones del mundo.

Certezas, entonces, para construir un verdadero Estado democrático.

Mundo Nuestro. Editorial del domingo 5 de agosto del 2018



Día con día

Ha caído finalmente en mis manos el pequeño célebre libro de Timothy Snyder: On Tyranny. Veinte lecciones del siglo XX.



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La verdad, es irresistible la tentación de citarlo.

Snyder es un historiador especialista en el fascismo y en el nazismo europeo del pasado siglo, y cree ver su sombra, no tan lejana, asomándose a nuestro tiempo, aunque la creemos ida para siempre.



No necesariamente, dice Snyder, y esta es la lección fundamental que recorre su libro: no estamos a salvo de la tiranía, nuestras libertades son mortales, todo puede suceder si dejamos que suceda.



Snyder piensa la tiranía contra el referente fundamental de Donald Trump, nuestro nuevo presidente amigo, pero sus reflexiones tocan en realidad el amplio horizonte de las democracias en riesgo y el ostensible vigor de regímenes autoritarios y populistas de nuestros días.

On Tyranny está propuesto en algún sentido como un manual de autoayuda. Sus veinte lecciones se refieren a lo que la gente común y corriente debe observar y puede hacer. Son lecciones simples y elocuentes:

1. No obedezcas anticipadamente.

2. Defiende las instituciones.

3. Cuidado con los gobiernos de partido único.

4. Repara en suásticas y otros signos de odio en el ambiente público.

5 No olvides la ética de tu profesión.

6. Cuidado con los paramilitares.

7. Piensa doble si andas legalmente armado.

8. Resiste.

9. Respeta el lenguaje.

10. Cree en la verdad.

11. Investiga.

12. Mira a los demás a los ojos y habla con ellos.

13. Haz política corporal: mézclate con otros.

14. Establece y defiende tu privacidad.

15. Contribuye a causas buenas.

16. Aprende de tus pares en otros países.

17. Ojo con palabras como “extremismo”, “terrorismo”, “emergencia”, “excepción”.

18. Mantén la calma cuando suceda lo impensable.

19. Sé patriota.

20. Sé todo lo valiente que puedas.

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Y aquí, alguns citas imperdibles de On Tyranny.

El epígrafe del libro On Tyranny de Timothy Snyder es de Leszek Kołakowski. Dice así:

“En política no es excusa haber sido engañado”.

Sigue Snyder:

“La historia no se repite, pero enseña”.

“El fascismo y el nazismo fueron respuestas a la globalización: a las desigualdades reales y percibidas que la globalización creó, y a la incapacidad de las democracias para mitigarlas”.

“La obediencia anticipatoria es una tragedia política. Mucho del poder del autoritarismo se le entrega voluntariamente”.

“El error es asumir que gobernantes llegados al poder a través de las instituciones no pueden cambiar y destruir esas instituciones”.

“Es difícil subvertir un estado de derecho sin abogados o montar un juicio falso sin jueces. El autoritarismo necesita servidores públicos obedientes”.

“Si los abogados hubieran seguido la norma de que no debe haber ejecuciones sin juicio, si los doctores hubieran respetado la regla de que no puede haber cirugía sin consentimiento, si los hombres de negocios hubieran apoyado la prohibición de la esclavitud, si los burócratas se hubieran rehusado a hacer el papeleo que llevaba a los campos de concentración, el régimen nazi habría tenido más dificultad para cometer las atrocidades por las que lo recordamos”.

“Los símbolos de hoy dibujan el futuro. Hay que mirar a los signos públicos de odio y registrarlos, no voltear a otro lado”.

“El lenguaje de Hitler rechazaba la oposición legítima: El pueblo siempre quería decir una parte del pueblo, no todo el pueblo; los encuentros eran siempre luchas, y todo intento de entender el mundo en una forma diferente a la del líder era difamar al líder”.

“Los fascistas despreciaban las pequeñas verdades de la vida diaria, amaban los eslóganes que resonaban como una nueva religión, preferían los mitos creativos a la historia o el periodismo”.

“La verdad muere de cuatro maneras”:

Mediante la “hostilidad a la realidad verificable, que toma la forma de presentar invenciones y mentiras como si fueran hechos”. Mediante la “repetición incantatoria, shamánica,” de dichos que suplen la realidad. Mediante el “pensamiento mágico” que abole el sentido crítico. Mediante la “fe equivocadamente puesta en una causa”.

“Renunciar a los hechos es renunciar a la libertad. Si nada es verdad, nadie puede criticar al poder porque no hay bases para hacerlo”.

“La posverdad es prefacismo”.

Vida y milagros

Lo reñido de la contienda electoral que ya mostraban las encuestas en nuestro estado hace un mes, apuntaban a que podría surgir en Puebla un congreso local que no estuviera controlado por el partido del gobernador en turno. Casi un mes después se ha definido que de los 41 diputados locales, los partidos de Juntos Haremos Historia que encabezó MORENA tendrán una mayoría simple de 22 diputados , el Frente 14, el PRI 4 y el Verde 1. Lo inesperado es que aún no se sabe con certeza quién gobernará el estado debido a la judicialización del proceso, y por lo tanto, no sabemos si quien quede tendrá una mayoría en el congreso o no.



Aquí en Puebla no ha existido independencia del congreso local con respecto al ejecutivo ni desde que el PRI es el PRI, ni tampoco después de la primera alternancia de partidos en 2010.

En 2010 se formó Compromiso por Puebla, una alianza de partidos que encabezó Rafael Moreno Valle, motivados por la idea de que por primera vez hubiera un gobierno de alternancia, pero sobre todo, por la posibilidad de que existiera un congreso con una sana independencia del poder ejecutivo. Rafael Moreno Valle ganó con una cómoda mayoría en el congreso con la participación del PAN, el Panal de Elba Esther y el PRD de entonces. Sin embargo eso no generó un congreso independiente y autónomo. Con una habilidad política implacable, el ex-gobernador Moreno Valle manejó y controló el congreso local desde entonces hasta hoy, aunque ya no sea gobernador, pues los últimos diputados colocados por él fueron electos en 2013 por un periodo único de 4 años y ocho meses. Desde Casa Puebla, como sucedía antes, se han enviado desde 2011 iniciativas, presupuestos, sanciones, aprobaciones, premios, castigos y nombramientos estratégicos, como lo fue el del procurador Víctor Carrancá, convertido en Fiscal el 5 de enero de 2016 por los siguientes siete años, hasta 2023. El congreso se alineó y actuó como antes, obediente a los designios del ejecutivo.

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Ocho años después, una ola opositora arrolló al frente encabezado por Martha Erika Alonso y lo que está sucediendo en el escenario político poblano es inédito y en parte impredecible. El grupo que hoy gobierna en Puebla perdió la mayoría en el congreso local, perdió l4 de los 15 diputados federales y la mayoría de las ciudades más grandes del estado, incluida la capital. En la elección para gobernador, aunque el Instituto Estatal Electoral le dio la constancia de mayoría a Martha Erika Alonso en medio de un fuerte dispositivo de seguridad, Luis Miguel Barbosa de Morena, con todo el apoyo de la dirigencia nacional, decidió impugnar el proceso, litigarlo y llevarlo hasta las últimas instancias locales, y en su caso, a los tribunales federales. Motivos que argumentar para esta impugnación, les sobran, pero el camino jurídico es siempre complicado y lento.



Al parecer las cosas van para largo y las posibilidades con respecto a la definición de quién gobernará Puebla son varias:

1) que instancias federales ratifiquen el fallo local que dio la mayoría a Martha Erika Alonso

2) que instancias federales declaren que ganó Luis Miguel Barbosa

3) que instancias locales (dudoso) o federales (factible) declaren que la elección tiene causas fundadas para declarar la nulidad y que la elección deba repetirse, previa destitución o remoción de los consejeros electorales de Puebla o atraída por el INE.

En el caso de que tenga que repetirse, el proceso llevaría varios meses. Y mientras, ¿Quién nombraría al gobernador interino? ¿El nuevo congreso, con mayoría de MORENA, o el congreso que se va, con mayoría morenovallista? Eso dependerá del momento en que se determine la nulidad. Si es antes del primero de Septiembre, el congreso actual, si es después, le tocará al congreso entrante. Gran dilema para los que mueven los hilos.

Es insólito que dos semanas después de una elección para gobernador en Puebla no se sepa con certeza quién gobernará el estado a partir del 14 de Diciembre de 2018.

¿Se esperaban algo así? Yo no.

Campo de amapola en Filo de Caballos, Guerrero.

Nueva mirada gubernamental sobre las drogas



La guerra contra las drogas ha fracasado”, escribió hace unos días Olga Sánchez Cordero, futura secretaria de Gobernación de México, anticipando el cambio del paradigma punitivo y prohibicionista vigente hacia un enfoque de salud y legalización durante el próximo gobierno (https://bit.ly/2xK4chG).

No hay argumentos novedosos en el artículo “Justicia transicional: política de drogas, primero la salud, fin a la violencia”, pero las palabras escritas ahí por Sánchez Cordero, y luego sus declaraciones a favor de la legalización de la mariguana, son la mayor novedad política que se ha registrado en México desde que el país se subió al tren prohibicionista.



Es la primera vez que un personaje político de ese nivel, ex ministra de la Suprema Corte y futura secretaria de Gobernación, asume una definición contraria al consenso punitivo y reconoce que la prohibición pura y dura no es el camino a seguir.

“El debate entre justicia, salud y comercio de drogas, nunca ha sido encabezado por el Estado mexicano”, dice.



Nunca, en efecto. Su postura marca un antes y un después en la materia. El nuevo gobierno electo, por su conducto, parece dispuesto a encabezar el debate y a modificar sustantivamente la legislación en el ciclo completo de la mariguana: producción, trasiego y consumo.

Sánchez Cordero tiene las cosas claras en prácticamente todos los aspectos vinculados al tema. En que la prohibición no ha inhibido el consumo. En que el paradigma prohibicionista de la mariguana está retrocediendo en todo el mundo. En que el enfoque punitivo ha traído más muertos, pero no menos tráfico. En que el consumo de drogas debe ser visto como un problema de salud y en que el combate a las bandas criminales debe hacerse con inteligencia y logística, más que con operativos militares.

Respecto a la pertinencia de legalizar el ciclo de la mariguana, y sobre el debate general de la legalización de las drogas, hay una larga acumulación de conocimiento y análisis, fuera y dentro de México.

Lo que no hemos tenido nunca aquí, ni en otras partes, es lo que hoy trae a la escena pública Olga Sánchez Cordero: un gobierno electo dispuesto a encabezar el debate, y a legislar sobre el problema, con una mirada no prohibicionista.

Bienvenida a la batalla.

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Ayuda de memoria. Para el debate sobre la legalización de la mariguana

Hay un informe científico mexicano, el primero de su clase, sobre los efectos físicos y psicológicos del consumo de mariguana. Se llama Marihuana y salud, lo publicó el Fondo de Cultura Económica y es el fruto de las investigaciones de un equipo coordinado por ex rector de la UNAM y ex secretario de Salud Juan Ramón de la Fuente.

Marihuana y salud revisa, con los matices rigurosos de cada caso, el daño físico y social que puede infligir el uso de la mariguana.

El consumo de la mariguana no es inocuo, es particularmente tóxico entre menores de edad cuyo cerebro está en desarrollo, pero es absurdo ubicarlo, por sus efectos médicos y sociales, en el lugar donde está: como par de las drogas más tóxicas y adictivas del mundo.

La mariguana es menos tóxica y menos adictiva que el alcohol y que el tabaco, drogas permitidas. Sus consecuencias médicas y sociales son también mucho menores.

La mariguana no tiene dosis letal conocida (nadie se puede morir de una sobredosis de mariguana) ni hay pruebas de que su consumo estricto, no mezclado con otros estupefacientes, genere conductas violentas, socialmente peligrosas.

El mayor daño que la mariguana causa a la sociedad es haberla tratado como una sustancia de alto peligro. Esto ha producido en México una epidemia carcelaria. En su estudio sobre el tema, http://bit.ly/1kNIDRJ, Catalina Pérez Correa reunió datos impresionantes:

Según la PGR, entre 2006 y 2014 fueron detenidas en México 156 mil personas por consumo de mariguana (pese a que éste no está prohibido, está permitido en la Ley General de Salud, en dosis no mayores de 5 gramos).

En 2012, 6 de cada 10 presos en reclusorios federales estaban ahí por delitos contra la salud. El 67% de ellos, por consumo de mariguana.

En los 15 estados que dieron información sobre menores infractores, se descubrió que también 6 de cada 10 están recluidos por consumo de mariguana.

Añado mi propia cifra: en 2013 fueron detenidos en Ciudad de México 3 mil personas acusadas de delitos contra la salud, todas ellas vinculadas a la posesión o el consumo de mariguana.

La prohibición de la mariguana produce más daños, más infelicidad y a la larga más crímenes y más criminales que el consumo de la sustancia.

(Publiqué esta columna en este espacio el 3 de noviembre de 2015. Creo que vuelve a tener pertinencia).

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Ayuda de memoria. Cómo legalizar la mariguana

“Marihuana: Cómo”, es el título del artículo en el que Catalina Pérez Correa y Jorge Javier Romero Vadillo delinearon ya lo que podría ser un sistema de legalización y regulación para la producción y el consumo de la mariguana en México (http://www.nexos.com.mx/?p=28051).

La regulación, sostienen, “debe estar orientada a lograr la descriminalización efectiva de los consumidores”. Su objetivo debe ser “reducir el mercado clandestino de la marihuana” y “arrebatarle el negocio al crimen organizado”.

Ambas cosas deben hacerse, en su opinión, “sin fomentar un aumento en el consumo”, es decir, no dando paso a la “creación de un mercado legal competitivo”, como en Colorado.

Tampoco debe pensarse en imponer altos impuestos, con fines recaudatorios, pues esta política ha demostrado, en el estado de Washington, que alienta con sus altos precios la persistencia del mercado negro ilegal.

A diferencia de lo que ocurre en los estados de Estados Unidos donde se ha legalizado la mariguana, en México no debería haber un objetivo de recaudación fiscal, como en el estado de Washington, ni uno de promoción del mercado, como en Colorado.

El modelo propuesto responde a las líneas del esquema uruguayo, donde “se ha creado un mercado controlado por el Estado, a la vez que se han abierto otras posibilidades de aprovisionamiento para el uso personal entre los adultos”.

Los componentes del modelo son:

  1. Crear un mercado no competitivo, controlado por una empresa distribuidora única del Estado. Esta empresa sería la encargada de comprar la producción de los campesinos —hoy controlada por los cárteles— y de garantizar los estándares de calidad tanto para el consumo personal como para usos farmacéuticos, médicos y terapéuticos.

  1. Despenalizar el cultivo doméstico para uso personal, permitiendo hasta seis plantas sin necesidad de registro alguno.

  1. Regular la existencia de clubes cannábicos, concebidos como asociaciones civiles sin fines de lucro, que provean a sus socios una cantidad regulada de mariguana al mes con estándares fijados por un organismo público especializado.

  1. Prohibir todo tipo de publicidad y, desde luego, la venta a menores.

Con este u otro modelo, las primeras reformas urgentes son: 1. Ampliar las dosis mínimas permitidas por la ley. 2. Eliminar el delito de “posesión simple”, responsable de la décima parte de los presos federales acusados por delitos contra la salud.

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¿Legalizar la amapola?

Quien busque una salida no violenta a la violencia producida por el narcotráfico tiene que llevar en su agenda el tema de la legalización de las drogas.

He dedicado las columnas de estos días a la legalización de la mariguana que planteó la designada secretaria Gobernación del próximo gobierno, Olga Sánchez Cordero, quien también sugirió una legalización parcial de la amapola y de sus derivados (morfina, heroína).

Es un tema novedoso, apenas explorado, al revés del caso de la mariguana, y vale la pena pensarlo con algún detalle, tal como hizo Saúl López Noriega en un artículo publicado en la revista Nexos (abril, 2016) con el buen título de: “El derecho a la amapola”.

La prohibición de la amapola y sus derivados ha tenido una consecuencia terrible en el mercado mundial (legal) de los analgésicos potentes.

De hecho, la prohibición ha inducido una escasez crónica de esos analgésicos en los sistemas de salud del mundo, fenómeno conocido, como la “pandemia global del dolor no tratado” (sic).

La muy extraña expresión anterior se refiere al hecho de que “la insuficiente producción de opiáceos y su distribución desigual en el mundo” ha logrado que más de 5 mil millones de personas no tengan acceso al alivio del dolor que deriva de los opiáceos.

Éstos están disponibles solo para una “delgada rebanada de la población mundial”, concentrada en Norteamérica, Japón y Europa, donde consumen 90 por ciento de las sustancias que hay legalmente en el mercado.

Traídas las cifras a México, la realidad es que 28 millones de personas tienen o tendrán enfermedades muy dolorosas. Y con dolores intolerables, unos 8 millones. Pero no hay cómo atenderlos.

“La demanda en México de medicamentos derivados del opio es de 19 mil 764 kilogramos”, dice López Noriega. “En el año 2013 solo hubo en el mercado legal 482 kilogramos, lo cual significa que casi 98% de la demanda no está siendo satisfecha”.

Los opioides abundan en el mercado criminal de exportación, pero apenas existen en el mercado nacional, legal, de la salud.

¿Cómo invertir este absurdo? ¿Cómo arrebatar del mundo criminal estas sustancias preciosas y darle a los mexicanos los analgésicos que necesitan para sufrir menos?

Hay un cómo legal…

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El derecho a la amapola

El viernes 13 de julio se reúnen miembros en activo del gobierno estadunidense con miembros futuros del gobierno mexicano.

Uno de los temas será probablemente la queja estadunidense contra el aumento del cultivo de amapola y de la exportación ilegal de heroína a Estados Unidos.

Quizá el (pre)gobierno electo pueda explorar una posibilidad de legalizar el cultivo de amapola y sus derivados, recordando a su (pre)contraparte estadunidense que hay una alternativa internacional para legalizar el mercado de la amapola y sus derivados con beneficios bilaterales.

Es la alternativa planteada por Saúl López Noriega en el ensayo sobre el tema que da nombre a esta columna: “El derecho a la amapola”, al que me referí ayer: https://bit.ly/2NKooDX.

Desde 1967 México forma parte de la Convención Única de Estupefacientes, fundada en 1961. Esta Convención Única contempla entre sus normas la posibilidad de que “cada Estado decida si la prohibición de cultivar ciertas plantas es la medida idónea para proteger la salud pública y evitar el tráfico ilícito” en su territorio.

Esto significa que un Estado puede cultivar amapola y producir sus derivados dentro “para satisfacer la demanda interna de medicamentos derivados del opio” si justifica que su mercado de opiáceos para usos médicos padece desabasto. Este es exactamente, como vimos ayer, el caso de México.

También es posible que un país pida la autorización a la Convención Única de producir amapola para ayudar a reducir el desabasto crónico que padece el mercado mundial de salud.

Ambas autorizaciones deben obtenerse de uno de los dos organismos fundamentales de la Convención Única, la llamada Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), de la que México es miembro y en la que tiene un representante formal.

Gestionar y obtener las dos autorizaciones internacionales para producir amapola y sus derivados legalizaría de un golpe a los amapoleros mexicanos, preservando sus siembras y sus ingresos, y sustrayéndolos de paso del crimen organizado.

Daría una respuesta también a la alarma que domina hoy la política de drogas estadunidense hacia México, que es precisamente el auge de la exportación de heroína mexicana derivada de la amapola.

Una visión actualizada de este tema es Jorge Andrés Castañeda: “Opioides. Historia de dos crisis”, Nexos, julio 2018: https://bit.ly/2LgnUE4.

En contra de una añeja costumbre de dejar todo hasta el último momento, millones de mexicanos llegaron el domingo primero de julio a muy temprana hora (cuando hasta los gallos duermen) para votar. Hacia el mediodía la suerte estaba echada. Y la ola ciudadana, en una jornada electoral con incidentes graves y localizados en el estado de Puebla, noqueó cualquier intento de fraude a escala nacional en los primeros rounds.

Al ritual institucional de la elección más grande vivida en México le impactó una de las más altas participaciones ciudadanas de los años recientes, la derrota del bipartidismo gobernante a lo largo de la transición democrática (PRI y PAN) y el encumbramiento del partido más joven de los 8 que compitieron, el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) y de su candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador. Se logró conquistar el Poder Ejecutivo, la mayoría simple en el Congreso y el Senado, mayorías en Congresos Locales y arrasó en las Presidencias Municipales. Se depuró el sistema de partidos pues varios pierden el registro mientras que el PRI, el mayor partido histórico del país, queda reducido a una penosa minoría. La república se hizo (casi) morena.



Con el inesperado peso institucional ganado, el respaldo masivo de votantes y el liderazgo consistente de AMLO las posibilidades del cambio son fuertes y urgentes. Y a la vez, afrontan a un país donde el neoliberalismo no sólo modificó su estructura productiva, reorganizó sus instituciones y sus leyes, se insertó en América del Norte y modificó la mentalidad en los espacios públicos y privados. Cuajó como sistema hegemónico, con gobiernos cada vez más corruptos e ineficientes, con graves daños sociales, ambientales y de soberanía y con muy serias oposiciones. Pero no se está desmoronando, y como estructura, poder y mentalidad aún se sostiene.

La elección histórica de este primero de julio de 2018 permite reorientar un camino iniciado hace 30 años en otro julio pero de 1988. En una elección muy polémica y que quemó las actas de votación en años posteriores por decisión de un Congreso favorable al nuevo presidente, llegó al poder Carlos Salinas de Gortari. Y con el poder de Ejecutivo federal, el motor de los grandes cambios mexicanos, rehízo a la nación y creó una coalición de poderes que a la fecha sostienen el rumbo del capitalismo mexicano. Reorientar su rumbo con medidas de justicia y de soberanía que miren primero a su población y a su territorio, cuenta ya con esa pieza estratégica, la Presidencia, pero tiene intacta a esa coalición de poderes ya madura, entretejida con el sentido común de muchos mexicanos a quienes les parece natural e inmodificable esa sólida construcción, ese fuerte imaginario de la injusticia y el privilegio.



¿Cómo pensar considerando estas dos realidades no sólo distintas sino opuestas, la fuerza ganada por el cambio y la persistencia de los poderes financieros, mentalidades y de armazones institucionales poco dispuestos a cierto curso de las modificaciones? Esta es la tensión que recorre a estas páginas, la que un clásico resumió como un reto, el de tratar de reflexionar desde el pesimismo de la inteligencia.

1. Las luchas de los imaginarios



En México, como en Chile, se ha vivido una de las experiencias más exitosas para crear el nuevo orden empresarial, en medio de muchas resistencias culturales, sociales y políticas. Desde 1983 cuando se impuso el ajuste económico y el uso del excedente petrolero para pagar la deuda, hasta este 2018 que quiere concluir las privatizaciones de las riquezas públicas afectando al agua; se construyó en México una forma hegemónica formidable que domina el dinero, la fuerza militar incrementada por las “guerras al narco”, un amplio tejido de acuerdos con el libre comercio, la mentalidad que reformateó a lo público, a la educación, a las expectativas de los “jóvenes emprendedores”, una Media implacable que ataca a sus enemigos, es decir, a todo viso de cambio con el sambenito del “populismo”.

Pero esa capa dura de dominio y de conducción cultural se realizó en un país donde la experiencia republicana tuvo una presencia popular decisiva. En la Independencia, las guerras liberales por el estado laico, y la revolución de 1910-17, aparecen y reaparecen los ejércitos populares, los autogobiernos en los ayuntamientos, las luchas por la tierra y la autogestión de las comunidades, las pugnas por el salario y por la democracia. Por ello el liberalismo, la ideología constructora de la República, tuvo que alterar su ecuación de libertad –individuo – propiedad, con otra ecuación surgida de esas luchas imprescindibles para sacar adelante a la República: Justicia- comunidad – Soberanía. Con el general Cárdenas esa ecuación se hizo realidad: expropió el petróleo en el máximo acto de soberanía contra los imperios, y masificó la justicia que dio tierras, salarios, viviendas y organizaciones a los muy diversos asociativismos mexicanos. El mito de la Nacional Popular sugerido por Gramsci tiene como una de sus “patrias” en el mundo real, con sus aciertos y sus errores, a ese México de los años treinta del siglo pasado. El nuevo imaginario global intentó borrar por todos los medios a esos mitos y creencias históricas, a esas corrientes que se hicieron subterráneas, esperando que cambiara el clima y que regresara un tiempo propicio.

En el arranque de su campaña Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y en el antiguo Paso del Norte, ahora Ciudad Juárez -ciudad que acogió a Benito Juárez en su resistencia itinerante republicana y a Madero cuando capituló el Ejército Federal y regresó victorioso a la ciudad de México- reiteró una idea que colocaba en primer plano esa lucha entre los imaginarios: los ahí presentes eran actores de una larga historia, eran la cuarta transformación en la historia de la república. Les precedía una tríada de eslabones, la Independencia, las guerras liberales, la revolución mexicana y ahora, la lucha para desterrar a “un régimen de injusticias y privilegios”. ¿Y cuál era ese régimen? Lo que la narrativa de los (neo) liberales actuales presenta como la gran conquista de la modernidad plena, la ruptura con un pasado autoritario, donde México deja de ser provinciano y se instala en la antesala del primer mundo. El “fin de la historia” iniciaba su naufragio, y regresaba a la palestra política la lucha entre imaginarios, sus historias y sus narrativas.

A pesar del avance de la hegemonía neoliberal en las creencias sobre lo público, la educación y la cultura, en México sigue existiendo esa fibra emocional que vibra y se conecta con la historia republicana del buen gobierno, de lo público como bien común, de la centralidad de la justicia, de las modernizaciones incluyentes y de la soberanía ante los imperios. Y toda esa vibración se puso en marcha de nuevo.

2. El misil de la ciudadanía “caliente” y la refundación de la democracia

Según la crítica ilustrada y liberal, AMLO, el mesías tropical, excita a las bajas pasiones de las masas peligrosas, incultas, atrapadas en un pasado ya muerto, y los orienta en su sed de poder absoluto hacia la destrucción de la representación moderna. La votación del primero de julio sorprendió a propios extraños, pues en un país con una intensa crisis de credibilidad hacia la política, con casos tan extremos de corrupción como “La casa blanca”, el supuesto pago del constructor favorito del Presidente Peña Nieto a su esposa, no se esperaba esa lluvia de votos registrada desde temprano. Tampoco que los ciudadanos y la organización civil de cada casilla resistieran los rumores de violencia en una situación de repunte del crimen, que remaran a contracorriente de la guerra sucia que utilizó llamadas personalizadas, las redes sociales y la opinión de la Media; y la compra de votos y de las autoridades civiles de las casillas.

El sistema de partidos y de elecciones mexicano, nacido en varias oleadas de presión ciudadana, fue cooptado por el dinero, la política es un asunto de inversiones y de formación de bolsas millonarias para ejercer prácticas competitivas muy costosas, de medios, de eventos pagados, y de cooptación del voto. Una vez en el poder, el sistema representativo, de manera masiva, procesa la gestión de intereses particulares y de grupos que les financiaron aparte de los dineros públicos. Las campañas se convierten en simple administración mercadotécnica de personajes reinventados y de las fobias clasistas y racistas, del miedo a los populistas, y el uso perverso de la necesidad y del hambre que impulsa a vender el voto.

¿Qué había ocurrido en las campañas que pasaron de la versión mexicana del “Que se vayan todos” argentinos a un reencantamiento de la política electoral?

La opción del cambio utilizó los recursos institucionales, AMLO fue el líder en la formación de la conversación pública en la Media empresarial y en las redes, pero su mayor impacto en la gente común fue a través de un arsenal de recursos simbólicos que mutaron la pasividad o la furia por los agravios, en una fiesta cívica con clases incluidas sobre política e historia.

En lo externo y periférico al sistema político se fabricó ese misil tempranero de la participación ciudadana que impactó al escenario institucional con su presencia, un recurso extraño a su lógica mercantil. ¿Y dónde se formó? En una praxis y espacios desechados por la mercadotecnia que reina en las campañas “modernas”:

A) En la iniciativa política que planteaba los temas nacionales del debate realizado en los actos públicos de campañas. En plazas y calles resonaron asuntos polémicos con poca cobertura en la Media que se amplificaron en el ambiente electoral, con un añadido central, lo público fue un espacio de encuentro entre el malestar local y regional con un líder que persistió en la derrota, y que se fue identificando en su diversidad cultural con tres exigencias: alto a la corrupción, paz para frenar la violencia, y recuperar el desarrollo.

B) En la recuperación de mitos históricos republicanos que a pesar de la ofensiva cultural neoliberal de tres décadas, persistieron en la memoria y en la emoción de las personas. La diversidad del malestar se alojaba en esa narrativa que le invitaba a “juntos hacer historia”, a participar en “la cuarta transformación pacífica y legal”.

C) El entroncamiento con una diversidad de movimientos y de saberes dispuestos a coincidir en una reconstrucción nacional en clave de justicia, de reconocimiento de derechos y de potenciar las riquezas territoriales y de sus culturas.

La campaña, vista en su trazo geográfico y en sus contenidos, fue un dispositivo para crecer sin prejuicios de clase, religión, cultura o ideología, creado con un puñado de temas centrales. Estableció múltiples canales comunicativos de reconocimiento entre un líder, una plataforma y la profunda heterogeneidad de localidades, culturas, edades y géneros. Y como ya había ocurrido en la campaña del 2006 y del 2012, el refrigerador mercantil de la representación -norteamericano en su lógica mercadotécnica y mediática, y mexicano en las mañas para controlar el voto supuestamente libre-, empezó a registrar corrientes cálidas, intensidades emocionales y de expectativas que le desbordaron. El cierre de campaña en el AMLOFEST, que se realizó en el Estadio Azteca lleno a reventar por la prohibición del gobierno de la ciudad para usar el Zócalo histórico, mostró esa conjunción de “pasiones alegres” que le convirtieron en una fiesta intensa.

Desde el tablero institucional y en apego a sus reglas se abrió esa marcha todoterreno de contactos, reconocimientos e intercambios simbólicos entre el líder y las poblaciones. Se fue calentando el proceso desde la precampaña y la campaña misma, para llegar al momento oportuno, al día y a la hora fijada por el ritual institucional, donde irrumpió una ola ciudadanía. El proceso que acumula y se extiende creó la voluntad común para asistir a la cita, esa convergencia de muchos que dedican su tiempo y su esfuerzo de manera gratuita para sentirse parte de una hazaña y ante eso no hay dinero que alcance. Esa fue el arma secreta.

Lo que resulta esencial es que con recursos ajenos a la lógica mercantil y mediática del proceso electoral, y que tienen que ver con la fuerza de lo simbólico, de la historia y de los mitos republicanos, la ola ciudadana rehabilitó a la incierta democracia mexicana que se convirtió en ese espacio público donde se debaten los temas centrales de la comunidad política, y se decide sobre opciones diferentes e incluso encontradas. Restituyó de paso a los esfuerzos por transformar el rumbo del país en sentido distinto al ahora dominante, por la vía pacífica y legal, en lucha de ideas, de creencias y de mitos,

La democracia electoral mexicana fue uno de las primeras que conquistó la ciudadanización plena de la autoridad en la materia, se crearon muchas garantías para el acto de votar, el escrutinio y el conteo de los votos, la creación de condiciones de competencia equitativa entre muchas otras conquistas. Fue exportado incluso a naciones emergentes después de la primera alternancia en el año 2000. Pero una y otra vez, aprovechando silencios y resquicios, ese sistema electoral frenó a la opción de izquierda en el 2006 de manera muy explícita. Creó un sistema gobernado por el dinero público y privado con supuestas regulaciones que pueden burlarse, y a la fecha no puede erradicar la compra del voto, la inducción mediática y las guerras sucias. Rehabilitar la democracia es una tarea urgente y a la mano después de esta ola vivida, y tiene como condición limpiar ese lado oscuro de la transición mexicana.

La democracia como administración de las “pasiones tristes”, de la pasividad, el miedo y la sumisión, se colapsaba en una gran fiesta colectiva. De ahí la posibilidad actual de refundarla.

3. ¿Qué se gana en una elección?

En una compleja situación de crisis y de presiones internacionales para saldar una deuda impagable, la Coalición de la Izquierda Radical (SYRIZA) en Grecia, partido emergente que se consolidó como partido gobernante en un sismo electoral en enero del 2015 -que le dejó a dos curules de la mayoría absoluta-, decidió responder al reclamo popular mediante un referéndum para declarar la moratoria al pago de su deuda. La reacción de los poderes políticos y financieros de la Unión Europea bajo el liderazgo alemán y de sus bancos, impuso luego de presiones muy duras un ajuste draconiano. La primavera insurreccional fue muy corta y el invierno del ajuste brutal aún no acaba. Se atacó de manera frontal al poder “duro” de la globalización financiera, su bolsillo, y no se pudo contener la blitzkrieg financiera.

La victoria electoral hace posible un Poder Naciente, con recursos sustantivos como la fuerza de la ley y de la legitimidad, el apoyo de sus electores, y la conquista de instituciones. Y le otorga el derecho de jugar en el tablero de los Poderes Constituidos que inciden en los destinos de la Nación. En el caso mexicano hablamos de un ámbito hasta ahora monopolizado por el bipartidismo PRI-PAN y donde se despliegan los poderes recargados en tres décadas de prosperidad. Las burocracias perennes del Banco de México que controlan la política del dinero alineados al Tesoro de Estados Unidos. El Ejército y la Marina fortalecidos por la guerra contra el narco y cercanos colaboradores del NorthCom, el Comando Norte del país vecino. Las poderosas iglesias. La Media empresarial. Las más grandes oligarquías de la historia de México y que ya ocupan lugares de punta a escala mundial. Una opinión pública dominada por liberales y socialdemócratas expertos en consolidar lo existente inventando enemigos y catástrofes inevitables si se gira un poco el timón de mando. Los poderes de la industria pujante del narco y los negocios ilegales. Y sobre todo, el pesado lastre de su inserción profunda en la panza del Imperio, la integración geopolítica a los Estado Unidos. La victoria electoral ocurrió justo cuando se intentaba resguardar bajo siete llaves al ciclo de transformaciones capitalistas del país ocurrido en treinta años, imponiendo las últimas privatizaciones pendientes, por ejemplo, la del agua.

Pero ¿al ganar las elecciones se transforma la relación de fuerzas con esos poderes o se gana un punto de apoyo sustantivo, la palanca de Arquímedes, para intentar hacerlo? Los procesos históricos lo que sugieren es lo segundo, que se abre esa posibilidad incierta.

¿Qué se ganó con la elección entonces? Una posibilidad insólita y difícil: que el Poder naciente surgido de ella primero se constituya y a la vez pueda transformar sin prisa pero sin pausa las relaciones desiguales, asimétricas, que forzosamente tiene con esos poderes legales y de facto y que a la fecha no tienen merma como fuerzas autónomas. Y así como se procedió con éxito y en “terreno enemigo” a la construcción del entusiasmo social, ahora toca modificar las relaciones de fuerza entre poderes en el seno de los juegos y relaciones institucionales para abrirle paso al cambio. Se trata de que el Poder naciente propicie otra coalición de fuerzas capaces de sostener no un instante glorioso de desafió, sino la larga marcha del cambio. Teseo traspasó la puerta mientras los Minotauros esperan.

4. La ampliación de lo posible

Lo que arrojó el triunfo electoral entonces fue una ampliación de lo posible, el Kairós, el momento oportuno para realizar un cambio histórico, la potencia del “juntos hacer historia” que habrá que desarrollar para ir construyendo en lo cotidiano las bases del cambio. Gramsci (de las herencias vitales) lo formuló como la “guerra de posiciones” al interior de las sociedades hegemónicas.

Y esa ampliación de lo posible tuvo que pagar un costo alto para ingresar a las grandes ligas de las decisiones. No tocar el mantra neoliberal del macro equilibrio y de los mercados libres y abiertos, para realizar dentro de sus márgenes una cauda de cambios que le modifiquen paulatinamente. No afrontar de inmediato a ese poder duro de la globalización financiera sino jugar en sus márgenes. Un trazo complicado donde la fuerza del cambio o se expande o puede ser absorbida por un sistema que no está roto sino en plena expansión mercantil y con la hegemonía cotidiana que bañó con los valores empresariales al Estado y a buena parte de la sociedad.

Pero como se demostró en la campaña y en esa intensificación de la ciudadanía apenas vivida, es posible transformar las relaciones de fuerza a través del combate en el territorio del poder blando, del poder de la cultura. El arsenal de los recursos simbólicos comentados incidió en ese terreno de la lucha y empató con razones y emociones de la gente común a lo largo de la campaña. Y lo más sorprendente, que alcanzó a segmentos del electorado que no eran afines: los más educados, los jóvenes, las regiones del Norte y del centro occidente. Hubo otra dimensión significativa de esta lucha simbólica: que lo que puede parecer “normal” para el sistema, el acto de votar, se convierta en un acto anti sistémico. El momento inducido y comprado de lealtad se convirtió en una irrupción ciudadano que dijo no a la continuidad. El voto fue resignificado.

El primer punto de su oferta electoral y de su próximo gobierno, la lucha contra la corrupción, muestra de manera clara este aspecto de la resignificación. En América Latina esta lucha contra la corrupción se hizo bandera de grupos empresariales y de organizaciones civiles afines para lanzar una ofensiva destituyente cuya pieza mayor fue Dilma Rouseff y en carambola, a Lula en Brasil. En México Claudio X González Guajardo y su organización civil “Mexicanos contra la Corrupción”, hijo del presidente de Kimberly Clark, intentó apropiarse de la bandera y orientarla hacia los graves casos ocurridos en el gobierno federal del PRI. Pero AMLO y su equipo le dieron la vuelta al sentido de esta consigna conservadora para plantear el alivio a un agravio pluriclasista que encendió a los ciudadanos, del norte y del sur, de hombres, jóvenes y mujeres. Su lucha contra la corrupción plantea rasurar los muy altos salarios y privilegios de los mandos superiores del sector público y con ello, crear una bolsa de recursos para el desarrollo respetando a la vez el mantra neoliberal del equilibrio presupuestal. Se juega en los márgenes del modelo.

En sus conflictos con la cúpula de los más ricos que intentaron convertir su crítica a los empresarios que hacían negocios corruptos con el Estado, en un agravio a su clase y en un intento por unificar a todas las organizaciones empresariales, AMLO acotó de inmediato y localizó el blanco de su crítica en una reducida minoría de “traficantes de influencias”. La corrupción así planteada aislaba a la minoría usufructuaria del capitalismo de compadres que monopoliza los proyectos y los mercados públicos, y con ello se ganó la simpatía de los cientos de miles de empresarios excluidos. Otra vez, su concepto de lucha contra la corrupción le ganó aliados y aisló a sus enemigos.

Pero a la vez, cada acto futuro donde el Presidente se baje el salario, quite las millonarias pensiones a los ex presidentes, venda el mega avión presidencial, tendrá una fuerza simbólica para sacudir y transformar a las conciencias e impulsar que desde abajo los ciudadanos generen proyectos y formas de vigilancia al actuar de gobernadores, diputados y presidentes municipales. Es una amplia plataforma para ir subvirtiendo las relaciones de fuerza.

5. Hacia otra coalición de poderes

Desde la campaña se creó la plataforma que permite una banda ancha de convergencias con los poderes dispuestos a prosperar en tareas para la reconstrucción nacional donde se incentive y cambie la calidad del crecimiento, sin devastación social y ambiental, abierto al sector social, que reconstruya el tejido productivo de regiones enteras y de las cadenas productivas ahora fracturadas. Y el otro tema sustantivo, la paz que frene a la violencia, se propone como otro haz de convergencias intelectuales, sociales e institucionales, un motor de alianzas diversas.

Lo que estará en juego en el próximo futuro es esta vía múltiple donde el poder naciente se consolide y produzca un tejido complejo de alianzas en sus propios términos. Es una vía compleja y difícil, que se confrontará con otra lógica de poder, la de intentar encapsular y orientar el esfuerzo del cambio a simplemente administrar lo existente. La otra praxis de la estabilidad que va a convivir con la del cambio, y donde crezcan estos poderes tradicionales y conservadores y se cancele la posibilidad de acumular fuerzas para reorientar el rumbo de la nación. Po eso el paso del poder naciente al poder constituido requiere de una estabilidad sistémica, pero que sea su estabilidad. De una calidad que a la vez que permita ampliar alianzas con poderes dispuestos, aísle a los indispuestos, y vaya acumulando fuerzas sociales y culturales que impulsen los cambios cada vez que se frenen en el plano institucional. El poder naciente debe convertirse en un poder constituido, con raíces institucionales y culturales fuertes, en retroalimentación con la libre iniciativa ciudadana, para extenderse amplio, flexible e incluyente.

Y en ese trayecto, el asunto estratégico esencial seguirá siendo el fomento a la iniciativa y la creatividad de una ciudadanía dispuesta a aprovechar el cambio climático de la política. Es el momento para que resurjan las demandas de justicia, las iniciativas de autogestión, de empoderamiento civil y del arco iris de la diversidad. Una red de afluentes intensos que destraben, orienten y presionen a la vez que reconstruyen el tejido de los autogobiernos locales, de las figuras asociativas y de la iniciativa propia. Y eso es una tarea ciudadana y de las diversas corrientes que le alimentan.

Y con esa brújula encarar el calendario político que se abre: primero llegar con fuerza a la toma de posesión en diciembre, luego recorrer con alianzas crecientes el primer tramo de tres años. Y en su último tramo, a partir de la recomposición política alcanzada y con el nuevo congreso electo, sentar las bases de una nueva coalición muy amplia de poderes, donde cuente y cuente mucho la diversidad ciudadana empoderada, el asiento para otra República que regrese a su identidad fundamental: justicia-comunidad-soberanía, y que reformule la ecuación liberal de libertad-individuo-propiedad, como lo hizo en 1917. Hablamos entonces de otro bloque histórico que sostenga los cambios y reoriente a la nación entera. Pero eso ya será materia de otro momento y de otro texto.

LA VIOLENCIA ELECTORAL EN PUEBLA APUNTA A ELECCIÓN DE ESTADO

A la Opinión Pública de México La violencia que vivió Puebla durante la jornada electoral el pasado 1 de julio significa un enorme retroceso político-democrático, que nos remonta a los fraudes electorales de la época de Maximino Ávila Camacho. Hubo ataques armados a ciudadanos indefensos en 70 casillas en Puebla, en los que robaron y vandalizaron urnas casi siempre a punta de pistola. Hay personas hospitalizadas y tuvimos que lamentar la muerte de cinco. Frente a lo anterior nos preguntamos ¿En dónde estuvieron las fuerzas del orden? ¿Hay avances en las investigaciones sobre los criminales electorales? ¿Qué opina el gobernador sobre la violencia electoral perpetrada contra ciudadanos y el desempeño de la policía? La trifulca desatada el 3 de julio en el Hotel MM de la capital entre funcionarios y personajes de MORENA y del PAN, otra vez con la deficiente actuación de las autoridades, es también reprobable. Los que firmamos estamos con los ciudadanos. No estamos con ningún partido o candidato a la gubernatura. Rechazamos la violencia desatada el domingo y martes en Puebla. La tardía o falta de acción de las autoridades el domingo indica omisión, y quizás hasta complicidad, del Ejecutivo del Estado Antonio Gali Fayad. La creciente evidencia de compra de votos, la disonancia en las cifras (casi 65 mil votos de diferencia entre la elección federal y la estatal), pérdida de miles de votos por la violencia, así como la actitud de las autoridades electorales y de seguridad ante estos hechos son, en conjunto, indicativos suficientes para pensar que la voluntad ciudadana fue falseada y se trata de una elección de Estado. Demandamos el esclarecimiento y responsabilidad de quienes han violentado la elección. Si no se aclara, la legalidad del proceso y la legitimidad del gobernante entrante y las instituciones quedarán muy dañadas, así como la confianza ciudadana en nuestra lastimada democracia. ¿Quién estará dispuesto a ser funcionario de casilla si corre peligro? Este conflicto debe resolverse con apego estricto a la ley, llegar a las últimas consecuencias, y de ninguna manera mediante un pacto cupular entre grupos de poder. No puede haber impunidad. Ante la desconfianza generalizada en las autoridades electorales locales, solicitamos que el Instituto Nacional Electoral revise con detalle la elección a la gubernatura de Puebla, y la FEPADE resuelva las denuncias presentadas por más de 140 ciudadanos. Aún no ha habido respuesta de su parte. Al PAN nacional le preguntamos si esta forma de competir es la que se proponen fomentar en su búsqueda del poder. De MORENA y sus dirigentes esperamos que vayan a fondo y agoten las instancias jurídicas, y que ambos partidos eviten la violencia. De sus acciones podremos inferir la congruencia entre lo que dicen y hacen. No abogamos por ningún candidato(a). Exigimos que se limpie esta elección, se sancione a los delincuentes electorales, y si existieran los elementos jurídicos suficientes, se invalide la elección para gobernador.



Responsable de la publicación: José Alejandro Guillén.

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