Poder y Política

Mundo Nuestro. La vida da vueltas. Tal cual una rueda de la fortuna. Ahora, en el fondo, Mario Marín, un político que se veía resucitado al dicho de "en política no hay cadáveres". ¿Hay un trasfondo en la decisión de la juez federal en Quintana Roo al expedir la orden de aprehensión en contra del exgobernador y sus secuaces de entonces? ¿Es la cuenta por el ardor de del señador expriista Armenta en contra del candidato Barbosa? ¿Está detrás la mano siempre alerta del poder presidencial? ¿O es la simple rueda lenta de la justicia?

No lo sabremos en lo inmediato. Pero vale la memoria histórica para mirar con perspicacia crítica esta coyuntura poblana.

El 26 de febrero del 2006 una enorme movilización ciudadana exigió en las calles la renuncia del gobernador Mario Marín. En Puebla los gobernadores han caído cuando el poder presidencial se suma al enojo popular, sea cual sea. Felipe Calderón sostuvo al gobernador que para la historia quedó como “el precioso”. Esta crónica de aquel domingo se publicó originalmente en la revista Nexos en el mes de abril siguiente.



No se perdió Portugal en Portugal, ni Cataluña en Cataluña, sino dentro de Madrid, y ahí se perderán las Indias Occidentales, porque donde se honran y se premian los excesos públicos ahí es donde se levantan los nublados que después vienen a dar sobre los reinos que a fuerza de pecados, violencia y tiranía se desunen y apartan de las coronas. Juan de Palafox y Mendoza, Obispo de Puebla y Virrey de la Nueva España, 1648.

Alicia, a sus veinte años estudiantiles, es parte de la masa que ha salido a las calles en Puebla el domingo 26 de febrero con el ánimo simple de derrocar al gobernador Mario Marín. Sus ojos de bióloga contienen preguntas para el análisis de esta tolvanera poblana que se parece al viento helado que nos conmueve. “¿De dónde ha salido tanta gente? –dice--. ¿De dónde viene? ¿Esto que ocurre en México hacia dónde nos lleva?”. Alicia, como la inmensa mayoría de los jóvenes mexicanos, no encuentra una memoria regional reciente, ordenada, escrita, ni qué decir cinematográfica, a la mano. Sin embargo, para las masas que ocupan las plazas, hay historia.



1.- Primer acercamiento, una simple consideración de lo vivido. “Qué bonito es lo espontáneo”, me dice Checo Sánchez, un empresario de 58 años, hijo de Abelardo Sánchez Gutiérrez, baluarte de la derecha poblana en los años sesenta, fundador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, en 1973, cuando la alianza de priistas y comunistas –que se ajustarían las cuentas después-- expulsó de la Universidad Autónoma de Puebla a todo aquel que oliera a FUA (Frente Universitario Anticomunista) y a escuela confesional. Masa y espontaneidad, contradicción antigua. “Me cae que tenemos una ciudad hermosa –afirma Checo Sánchez, y rompe cualquier pesadumbre y coyuntura--, mira ese azul entre la nubes…”



Es el cristalino cielo poblano, que por un instante, y como tantas veces en su vida, lo trastorna: el cielo poblano, intenso azul, retenido todavía contra el luminoso templo de Guadalupe, en el Paseo Bravo, con las nubes como un apunte del viento y la sombra que acompañará la mañana de una masa que no duda de su poblanía, que conoce de las traiciones del clima, de los requiebres del tiempo, de sus estocadas frías, inclementes. Una voz, que ahora mira al cielo y reconoce su sangre; no le importa el griterío, ni siquiera el día y lo que nos convoca, él mira el cielo antiguo de una ciudad acostumbrada a los delirios y las pasiones políticas: ahí está su traza de sol y sombra contra sus cúpulas y campanarios, sus casonas y sus reliquias.

Por un instante, frente a ese espejo del mundo, a quién le importa Marín, a quién le importa la política.



2.- El helicóptero de la policía rompe el encanto, se barre sobre la avenida en un despliegue de técnica y disposición para medir la calidad y la cantidad de la marcha. Arranca desde la antigua penitenciaría, de la que escapara en los años sesenta un ratero afamado, el Capitán Fantasma, y corre desde el Paseo Bravo por todo Reforma hacia el Zócalo, con el tiempo suficiente para entretener a la masa, que no halla la hora para iniciar la caminata, justo frente a la Villita, entre la 11 y la 13 Sur, desplegada en todos los colores ideológicos y de clase, con la uniformidad de la convocatoria, la de tirar una vez más a un gobernador del régimen priista que ha controlado Puebla desde 1935, cuando el PNR de Lázaro Cárdenas impusiera como hombre fuerte al teziuteco Maximino Ávila Camacho. En 1964 cayó el General Nava Castillo; en 1971 el General Rafael Moreno Valle; en 1973, Gonzalo Bautista Ofarril. Eran tiempos de masas y tanquetas del ejército, de gases lacrimógenos y balaceras en las azoteas de las casonas. Ahora sólo hay masas, y me pregunto si la misma espontaneidad.

1964: Atrás quedó el pleito entre mochos y carolinos, entre cristianismo sí/comunismo no. Ahora es el momento de tumbar al militar impuesto por Díaz Ordaz, el presidente electo que anda de viaje y no será capaz de impedir una conjura urdida en las oficinas del Presidente López Mateos; el General Nava Castillo, el que tomó partido por unos y se metió en el pleito de otros y provocó, entre una revuelta de campesinos lecheros y estudiantes sesenteros, a una ciudadanía que ya no hallaba el rumbo sometida entre el autoritarismo eclesiástico y el académico, y una burocracia feliz en el letargo de la dictadura. La ciudad de Puebla comprobó el paso del tiempo y los rencores de la clase media. Cayó, sin miramientos, y a pesar de los tanques en las calles, el general Nava Castillo.

1973: “Estoy girando en este momento –grita frente a una masa en el Zócalo el gobernador Bautista Ofarril, también impuesto por Díaz Ordaz en relevo del fracasado doctor y general, como le decían, Rafael Moreno Valle, echado del cargo en 1971--, las órdenes de aprensión contra el rector de la Universidad Autónoma de Puebla”. No llegarán a tiempo. En esa guerra que logra la alianza entre los gobernantes priístas y la derecha poblana, la cabeza que rueda es la del gobernador, acosado por sus propios encierros ideológicos y por las mudanzas de los entonces imperiales presidentes de la república –Luis Echeverría en turno. Junior auténtico de la revolución, Bautista, cargará con los homicidios nunca aclarados de los profesores universitarios Enrique Cabrera y Joel Arriaga en 1972.

3.- Veinte años tiene Alicia. ¿Qué le devela el caso Marín? ¿Qué procesos sociales están ahí, ocultos para cualquier joven envuelto en esta masa que empieza a moverse sobre la avenida Reforma, y que ni siquiera acontecimientos de esta magnitud logran revelar? Son las preguntas por la región, por el país en detalle que no adquiere dimensión nacional sino hasta que alcanza el carácter policiaco. Cualquier valoración de la coyuntura obliga a una mínima apreciación histórica de una trama social que una vez más rebota con sus gritos contra las fachadas de los edificios. Cuántas cosas no ha visto de esta ciudad Alicia. No voy a ir muy lejos. Dos décadas de masas de la Reforma al Zócalo. Es la misma avenida. La Reforma, la borracha, la calle tomada, decimos. Así lleva un siglo, así que toda referencia a la historia hay que buscarla en la masa misma: “Si Carmen Serdán viviera los demonios del Edén escribiera”, leo en uno de tantos carteles que la gente lleva. Y Carmen sí se fue a la guerra. “Lo significativo es que hoy salió la clase media –me dice un político de Tehuacán, curtido cardenista, hoy funcionario en el gobierno michoacano--, eso no sucedía desde los tiempos carolinos”. O una mujer de 82 años que por primera vez participa en una manifestación –la única vez que caminó por el centro de la avenida Reforma fue como escolar en el desfile del 5 de mayo de 1937--, y que dice: “Ustedes no conocen lo que es vivir en una dictadura, no se imaginan lo que fue vivir en el avilacamachismo”.



Por cincuenta años, y más allá del zócalo, a la Reforma la llamamos la Maximino, en honor al sátrapa Maximino Ávila Camacho, camarada del presidente Lázaro Cárdenas y compadre del Gringo --como le decían en Izúcar a William Jenkins, el contrabandista de alcohol en el ingenio de Atencingo en la era gansteril de la ley seca en Estados Unidos, y el patrono de la distribución cinematográfica en México, y quien, en un descargo comprensible de reconocimiento por Puebla, creara la Fundación Mary S. Jenkins, con 150 millones de dólares de 1963, el año de su muerte, sólo para que la manejara a su arbitrio y por 35 años, el banquero Manuel Espinosa Iglesias, quien no tuvo empacho en olvidar todos los propósitos del millonario: la educación pública, el orfelinato, el hospital de oncología, la ampliación del sistema deportivo popular Alfa--. Maximino Avila Camacho, el empleado postal teziuteco en 1913, nuestro general revolucionario, dispuso del estado como de su casa, y por mucho, por sus hermanos, por sus compadres y sus ahijados, por lo menos sesenta años después de muerto. La Maximino, la hermosa calle de la dictadura es la espléndida calle de la burocracia, plantado como tenía en ella el palacio de gobierno, en la esquina del zócalo con la 2 Norte. En 1996, el presidente municipal panista Gabriel Hinojosa recuperó la calle para el obispo novohispano del XVII Juan de Palafox y Mendoza, quizás el único político con una verdadera visión de futuro en la historia de Puebla.

Por ello, entre estas fuerzas que nos contienen –qué antiguas son: liberales y conservadores, centro y región, inteligencia y cerrazón--, la memoria para ejercerla mientras el griterío de la marcha hilvana los trazos del tiempo contenidos en los años frágiles de mi hija Alicia. Son imágenes las siguientes como mojoneras que establecen los ámbitos profundos de una sociedad en movimiento –con la capital como punta de lanza de una compleja trama económica y social--, pero que en su inercia nacional de modernización, carga en su entraña lastres antiguos de un país que ya no es, pero que sigue vivo en Puebla.

1983: Cualquier día En Houston, Texas, Eulogio Huesca Zapata, sobrino nieto del general Zapata, recibe a un grupo más de paisanos de Zacapala que, desde la Mixteca Baja, a 80 kilómetros al sur de la ciudad de Puebla, han cruzado la frontera en Texas para trabajar en la limpieza de tiendas y escuelas en esa ciudad petrolera. Eulogio salió veinte años antes, arrojado por la pobreza de la tierra que repartió la revolución que no ganó su tío abuelo, pero en dos décadas ha logrado levantar un negocio indispensable en el trasiego de los ilegales mexicanos a los Estados Unidos: presta los dólares para el viaje; les da cobijo a los mojados mientras arreglan acomodo en un trabajo; después, cobra disciplinadamente quincena tras quincena su capital y sus intereses. Poco a poco, y desde lejos, se convierte en el nuevo cacique de su pueblo. Punto de quiebre: la sequía de 1982 arrecia en los campos del sur mixteco, el hambre y la muerte azota las familias, en un hecho histórico que no forma parte de los anales de la historia de Puebla. El éxodo, la masa disuelta, la ausencia. Don Eulogio Huesca Zapata, allá en Houston, prospera. En el largo plazo de una generación, entre 1980 y el 2005, el concepto de pueblayork se extiende en más de 600 mil migrantes y remesas cercanas a los 900 millones de dólares anuales. La salvación del campo y del Estado en Puebla, una entidad que contiene a México en su concentración (cerca de tres millones de personas viven en no más de siete ciudades contando la capital) y su dispersión (dos millones de personas diluídas en 200 municipios, 800 pueblos y 6 mil aldeas).

1983: El PRI pierde la elección municipal 6 a 1, pero es otro país, así que el gobierno recurre igual al ejército para robar las urnas, que a los judiciales y a los funcionarios del Ayuntamiento para rellenarlas y cubrir las apariencias que le permitan presentar su victoria con un considerado 3 a 1. La masa sale a la calle, con manifestaciones encabezadas por el candidato panista, el textilero Ricardo Villa Escalera. No hay tribunal que valga. El PRI no se ha robado todavía la elección en Chihuahua, ni ha ocurrido el sismo de 1985, así que la presidencia de la república sigue siendo imperial y no habrá ninguna batalla de Puebla.

1987: El gobernador Mariano Piña Olaya ha venido de fuera a gobernar el estado en el que nació por casualidad –sus padres eran maestros en la Normal rural de Champuzco, en Atlixco--. Con su llegada se han ido los viejos militares policías Flores Narro y Álvarez Moguel. Todavía no otorga el mando al mayor José Ventura Rodríguez Verdín, hijo él del capitán Rodríguez, jefe policiaco local en los sesenta y setenta. Ahora es el momento de los hermanos Inurreta, hijos del militar fundador de la DFS en 1947; uno de ellos ha sido judicial de la Procuraduría General de la República. Señalado por el narcotraficante Rafael Caro Quintero en su proceso como uno de los agentes en su nómina, desaparece del mapa hasta que Piña Olaya lo nombra jefe de la policía en Puebla. El territorio es de ellos: de boca en boca se lleva la historia de las avionetas del narcotráfico y las pistas de aterrizaje en las carreteras del aeropuerto de Huejotzingo y la de Valsequillo a Tecali. Todo mundo rumora del general Poblano y su actividad desde la jefatura de la XXV Zona Militar en ese tráfico de vuelos. Pero hay más: ni qué decir de las cuotas que tienen que pagar los mandos de policía y tránsito a los Inurretas, o las francachelas con las putas de la casa de Rosy ahí en la avenida Juárez. Llegan lejos los Inurretas: asaltan la casa de una mujer amante de un general de apellido Camargo; además de robar joyas intentan la violación de la hija; furibundo, el militar llega hasta la oficina de Inurreta pistola en mano. Supongo que lo contienen. Pero los cercos están rotos con los asaltos a las casas del propio secretario de Gobernación en funciones, Marco Antonio Rojas, y de uno de los principales exponentes de la colonia libanesa, Pedro Budib. Piña Olaya fue sometido por el presidente Salinas y los señores Inurreta abandonan el estado, por supuesto sin averiguación previa de por medio. También se va el general Poblano, si no recuerdo mal, a la jefatura militar en Tamaulipas.



1989: 1 de mayo, las dos horas continuas de la columna independiente en el desfile sorprenden a los notables de la corte en una tribuna de 65 asientos –es la apoteosis de nuestro estalinismo--; el grueso lo forman los ambulantes, locatarios y amas de casa de la organización 28 de Octubre y Unión de Amas de Casa. Pasan con ánimo de unidad y de mostrar fuerza. Sus mantas: “Sector Verduras: muera el imperialismo”; “Primero de Mayo, revolución proletaria mundial, viva el marxismo leninismo pensamiento Mao Tse Tung”. Y el grito cantado por esa masa inexplicable para los jerarcas: “Aquí está el 28, gritando bonito y padre, pinches priistas, su gobierno vale madre”. El martes 4 de julio siguiente, Rubén Sarabia, Simitrio, dirigente de la organización popular de ambulantes 28 de Octubre, creada en 1973 luego de una represión policiaca, es detenido en la ciudad de México; el viernes 7 ingresa en el Cereso de San Miguel. Los cargos: delitos contra la salud, acopio de armas, incitación a la rebelión y privación ilegal de la libertad. Todos, menos los jueces, sabemos que la policía estatal, al mando del mayor José Ventura Rodríguez Verdín plantó un cuatro en el corralón de la 28 en la 14 Poniente con el que el gobierno logrará el encierro del dirigente por los siguientes doce años. Entre 1973 y 1987 Simitrio trató con el Mayor Flores Narro, el antiguo jefe policiaco, ambos jugaron las reglas de “te aprieto pero no tanto”, para llegar por último a la negociación para la salida de los ambulantes a los llamados mercados de apoyo como el Hidalgo, en el norte de la ciudad. Simitrio tensó las cosas hasta un extremo con el gandallismo de los taxistas piratas de la base Corsario, con la fayuca, con los inquilinos de las vecindades, con la venta clandestina de alcohol en los mercados. Flores Narro y él al final se entendieron en el mexicano arreglo de la sobrevivencia mutua: la 28 se mantuvo como organización popular independiente y el gobierno logró su salida de las calles del centro. Tres años después, con un nuevo policía y un nuevo gobierno, ya no hubo acuerdo. Otro militar, Xavier Rueda, opera con las reglas de la vieja Dirección Federal de Seguridad. En unos cuantos meses pasa todo: la detención lapidaria de Simitrio, el ajusticiamiento de Gumaro Amaro, dirigente de la Unión de Amas de Casa, a plena luz del día y a las puertas de su casa, apenas unos días después de una impresionante movilización de más de 20 mil mujeres de los cinturones pobres de la ciudad.

1989: Partida en dos, la Universidad Autónoma de Puebla, la llamada universidad democrática, crítica y popular, dominada por cuadros del Partido Comunista en Puebla desde 1975, se bate en guerra civil. El 21 de diciembre por la tarde, y luego de una semana de refriegas en las calles del centro, el grupo respaldado por el gobernador Piña Olaya, que ha tomado la universidad y ha expulsado al rector Samuel Malpica, decide cortar a balazos el intento de sus rivales por recuperar el edificio Carolino. En la Plaza de la Democracia queda tendido el cuerpo del profesor universitario Miguel Antonio Cuellar Muñoz. La etapa que sigue será conocida como “la era de los Dóger” --José Dóger Corte y Enrique Dóger Guerrero, primos hermanos, gobernaron la institución entre 1990 y el 2004—realizará la modernización administrativa, reducirá la matrícula de cien mil nominales a 40 mil, elevará el presupuesto hasta superar por dos tantos el del ayuntamiento de la ciudad, transformará la fachada y la entraña de la administración, con sus cuadros dirigentes formalmente afiliados al Partido Revolucionario Institucional.

1991: Montado en una expropiación federal, el gobernador Mariano Piña Olaya vende ilegalmente entre empresarios poblanos terrenos ejidales sobre los que se fundará un programa de reordenamiento urbano de la ciudad de Puebla. Y los clientes sobran. Pagarán hasta cinco veces más por el metro cuadrado, y sin documentación alguna. Piña Olaya, con el mote de rapiña, se irá muy contento a su casa en el Distrito Federal. El subsecretario defraudador, Alberto Esteban Morelos, gozará como premio de una notaría en Tecali y años después será recontratado por el gobernador Melquíades Morales en su mismo cargo. En medio de todo el litigio, la movilización campesina contra la expropiación es paralizada con el asesinato nunca aclarado del comisariado ejidal de Momoxpan.

1992: La armadora alemana Volkswagen ve venir el Tratado de Libre Comercio salinista y estira hasta la ruptura la cuerda del sindicato que ha cobijado siempre, primero con la CTM en los sesentas, después con la Unidad Obrera Independiente del cacique obrero Ortega Arenas, y al final con un sindicato independiente de centrales y afiliaciones, aislado y manipulable; la huelga dura más de un mes y termina con la derrota obrera total, fuerza pública de por medio, y el desmantelamiento de las bases originales del contrato de trabajo. El sindicato acepta la llamada fractalización, por lo que operaciones directamente relacionadas con la fabricación de los autos serán realizadas por compañías externas. Siemens (arneses), Seglo (logística), Venteler de México (frenos), Johnson y Control (asientos), Dyw Auto Accesorios (rines), entre otras 150 empresas de proveeduría. Diez años después, la relación de autos vendidos quedará 80-20 favorable a la exportación a Estados Unidos.



1993: Manuel Bartlett, que ha asumido el cargo de gobernador el 1 de febrero, propone su “megaproyecto para recuperar la grandeza de Puebla”. Dos años después del despojo y la defraudación inmobiliaria de Piña Olaya, el gobernador Bartlett desconocerá las compraventas, reembolsará la quinta parte a los defraudados, y desarrollará el Megaproyecto Angelópolis sobre la misma expropiación del territorio campesino. Mil cien hectáreas arrebatadas por el progreso tan sólo a los ejidatarios de San Bernardino Tlaxcalancingo. Palabras como reordenamiento urbano, planificación, modernización aparecen en los legajos de la empresa consultora Mackensy, a la que el gobierno estatal paga 34 millones de dólares por los proyectos, y margina como proveedoras de conocimiento a las universidades de educación superior poblanas UAP, UDLA, UPAEP, Ibero. Expropiación de centenares de casonas en el centro histórico, centro de convenciones, acueducto desde los pozos perforados en los pueblos cholultecas de Acuescómac y Nealtican, periférico, radiales viales, transporte colectivo, 25 mil viviendas, agua potable, plantas de tratamiento. Bartlett restriega a los poblanos su ilustración y su despotismo, tan rancios como sus ligas con los poderes federales y la cartera pública, pues por primera vez en treinta años, el gobierno de la república destina a fondo perdido los recursos necesarios para el desarrollo de un proyecto público en Puebla. Todo pasa por una cuota autoritaria: represión policiaca al descontento campesino; picota y trascabos contra las casas ocupadas por las familias que promovieron amparos contra la expropiación de las casonas en el centro; cambio al uso del suelo del decreto expropiatorio, con la pérdida de más de 60 hectáreas de áreas verdes; transacciones ocultas al público, como las que derivaron en el regalo de más de 45 hectáreas al empresario Carlos Peralta y 10 a los Legionarios de Cristo.

1995: Una semana antes de las elecciones municipales, el 19 de noviembre, eufórico, Manuel Bartlett invita al grupo Bronco a un concierto de inauguración del periférico ecológico, una línea de 29 kilómetros de los que sólo seis cuentan con los seis carriles para la ida y la vuelta, que acabará como el chiste más malo y costoso del barttlismo. Tal vez 50 mil personas se divierten en el descampado de la expropiación. Una semana después, en el domingo electoral, por primera vez en la historia de la ciudad, el PAN le arrebata al PRI la capital del estado con una votación de 2 a 1.

1998: Domingo 7 de noviembre, elecciones municipales; la historia se le viene encima al gobernador Bartlett, pues una vez más se le cae el sistema, ahora en la ciudad de Puebla; a las diez de la noche no hay resultados, ni a la medianoche, ni al día siguiente. Crisis política y riesgo de elección impugnada por PAN y PRD. Mitin en el zócalo el 14 de noviembre: Felipe Calderón Hinojosa, presidente nacional del PAN, rompe el acuerdo con los perredistas que impulsaron al sorprendente candidato futbolero Emilio Máurer, probable triunfador si el cómputo no hubiera estado en manos de la maquinaria priísta. El PAN se hace a un lado y no hay impugnación del proceso electoral. El PRI gana en los medios. Salvado por el PAN, el antiguo burócrata de Gobernación escucha en las tertulias con sus amigos: “de norte a sur se oye un clamor, Marió Marín Gobernador”.

1999: Domingo 17 de octubre, miles de personas desplazan hacia el zócalo víveres y materiales de toda índole para los damnificados de la Sierra en una movilización que rebasa por mucho la aletargada respuesta de las instituciones gubernamentales frente a la catástrofe. Una tormenta tropical devasta entre el 4 y el 6 de octubre la llamada Sierra Norte de Puebla. Inundaciones y desplazamientos de tierra se llevan miles de viviendas, escuelas, edificios, campos de labor. Más de 250 muertos. Centenares de pueblos incomunicados. El esfuerzo de cincuenta años en caminos, escuelas, luz eléctrica, en buena medida, se lo han llevado los ríos. Sumado al terremoto del 15 de junio de este mismo año, la pérdida de viviendas rebasa las diez mil. La naturaleza desnuda la precariedad del estado poblano, la pobreza de sus pueblos, la marginación extrema de la población indígena. El gobernador Melquíades Morales mirará con ironía que, por primera vez en la historia del estado, el gobierno de la República destina a fondo perdido más de 600 millones de pesos para la reconstrucción.

2001: Arranca el gobierno de Vicente Fox. En Puebla está en auge el espejismo exportador fundado en el capitalismo salvaje. La industria maquiladora genera 15 mil empleos en Teziutlán y 32 mil en Tehuacán. Decenas y decenas de fábricas de autopartes proliferan alrededor de la planta de Volkswagen, con cifras en empleo superiores a los 50 mil puestos de trabajo. Dos huelgas, la primera en diciembre del 2000, en la trasnacional Siemens, productora del entramado eléctrico de los New Beatles, y la segunda en enero del 2001, en la maquiladora coreana Kuk Dong, en Atlixco, perfilan las condiciones laborales de lo que muchos consideran un espejismo económico: mano de obra mayoritariamente femenina, salarios que no superan los cuatro dólares por día, jornadas de entre diez y doce horas, sindicatos blancos o de control charro (croquista) puro. El paro en Siemens inicia por el descontento de las mujeres por la comida en la fábrica; la huelga en Kuk Dong arranca por la rebelión de las costureras contra el despido de cuatro supervisoras que se quejaron por la mala calidad de los alimentos.

2003: El gobernador Melquíades Morales y Vicente Fox inauguran las instalaciones del Tecnológico de Monterrey plantadas en Angelópolis, en 25 hectáreas que le donan a los regios, parte de un terreno de 45 hectáreas a su vez donadas por Manuel Bartlett a Carlos Peralta, dueño del campo de golf vecino La Vista Country Club. Melquíades llega a afirmar en público que el regalo al Tec fue el único pretexto para quitarle por lo menos una parte al ex-dueño de Iusacel. Estamos en plena explosión inmobiliaria en el territorio de las expropiaciones. Los grandes capitales comerciales –CARSO, Liverpool, Palacio de Hierro, Wall Mart, Comercial Mexicana, Cinépolis, Cinemark, etc--, convierten el sueño de Manuel Bartlett en realidad: Angelópolis atrae una expansión extraordinaria sostenida por el consumo de las ciudades del sureste; fraccionamientos residenciales y campos de golf conviven con la explosión de miles de pies de casa de veinte y cuarenta metros cuadrados. Los viejos apellidos árabes y españoles que desde los ochenta huyen de la industria se convierten en los nuevos potentados del desarrollo inmobiliario. En las 20 hectáreas que el gobernador Bartlett le regalara a Carlos Peralta, el todopoderoso hijo de Alejo Peralta construyó un remedo de parque de diversiones llamado “Valle Fantástico”.



4.- En el zócalo, Alicia mira a Flor Coca Santillana, periodista y académica de la Universidad Autónoma de Puebla, la maestra de ceremonias en esta manifestación: ignora que el abuelo de Flor, Leobardo Coca, sindicalista textil en los años treinta, murió ejecutado a la luz del día en una calle del centro de la ciudad por matones de Maximino Avila Camacho, gobernador en la era del Presidente Lázaro Cárdenas; su mujer no se había enterado de la muerte de su marido cuando de la oficina del dictador le llegó a su casa una corona funeraria. Años después, los herederos de Maximino bautizaron con el nombre de aquel obrero a una colonia popular en el sur de la ciudad. La vida da vueltas, y ahí está su nieta al frente de una masa que increpa al gobernador Marín, la expresión última de la burocracia que ha controlado por más de sesenta años el poder en Puebla.

¿De dónde viene Marín? ¿De dónde Melquíades Morales? De dos pueblitos, en su tiempo aldeas, para pasar por la vía de la carrera universitaria a la militancia del PRI y a los oficios recónditos de las secretarías particulares. ¿De dónde viene Manuel Bartlett? ¿De dónde Mariano Piña Olaya? De los escritorios profundos de Gobernación, de las bancas antiguas de la escuela de un presidente. En esos dos extremos, la burocracia local y la imposición federal, la sociedad poblana ha derivado entre la parálisis por sus crisis políticas y la medianía del estancamiento económico, pero siempre sometida a los rigores, las intrigas y los discursos de su clase política. Pero en el más puro estilo de los pasillos de Bucareli, el espionaje telefónico filtrado a la prensa, se ha desatado nuevamente el reclamo de la masa al poder, representado por un hombre que en los últimos años supo mover los hilos rancios del culto a la personalidad.

Mario Marín nació en 1951, como uno de los once hijos de una familia que en los índices de la SEDESOL caería sin duda en la categoría de marginación extrema. No caen muy seguido las tormentas en Natívitas Cuautempan, en plena Mixteca Baja, en el centro sur del estado de Puebla, pero de ese pueblito –y a la manera del exgobernador Melquiades Morales-- salió a pie para ir a estudiar a Puebla; también estudió Leyes, y por supuesto en la UAP, pero ya en los años setenta. Lo apadrinó otro santón de la política priista, el actual presidente del Tribunal Superior de Justicia, Guillermo Pacheco Pulido, a principios de los ochenta, quien como Magistrado lo contrató de tinterillo en el Tribunal, y ya como presidente municipal, en 1987, se lo llevó como secretario particular. De ahí todo fue escalar desde las oficinas municipales a las estatales, siempre en Gobernación. Piña Olaya y Bartlett, los dos extranjeros, pelearon sus guerras contra los santones locales, y se apoyaron en políticos de segunda línea, que no dudaron en jugar los dados de los gobernadores. Como subsecretario primero, y como secretario después, Marín cumplió con el cometido de toda Secretaría de Gobernación de la era priista: amañar las elecciones y aplicar la fuerza donde la política lo requiriera. Con el encarcelamiento de campesinos contrarios a la perforación de pozos de agua potable para la ciudad de Puebla, en la región de los pueblos de Cholula, o en la represión de movimientos populares como el de la 28 de Octubre en 1995, por ejemplo, Marín se ganó a pulso su alineamiento con el gobernador Bartlett, y por supuesto la candidatura para la presidencia municipal en 1998. Jugó sus cartas como alcalde, no hubo freno en el uso de los recursos públicos para impulsar su imagen, y a pesar de la derrota del PRI en las elecciones municipales del 2001, arrebató a Melquiades el control de la estructura del partido en el estado, tendió sus puentes hacia las amistades y los recursos de personas como Kamel Nacif y brincó al carro madracista que lo llevó a la gubernatura en el 2004. Atrás quedaron sus lazos con Manuel Bartlett. Sus partidarios más cercanos llegaron a verlo como el Secretario de Gobernación de la restauración priista en el 2006, y por qué no, futuro presidente de la república. Marín, efigie, esculpió su propio culto. Y su propia caricatura.

2001: 15 de febrero, segundo informe de Marín como presidente. El culto a golpe de pala. La figura, en el pedestal de la imagen, no se fragmenta. En la era electrónica, el aparato ya no necesita de las masas. Mejor aun, el milagro de la comunicación: las masas ya no necesitan de los actos públicos. Quebrará el sistema, pero se sostendrán los líderes. En el auditorio de la Reforma, en el cerro de los Fuertes, hace justo un mes, Melquiades Morales acaparaba las miradas y los aplausos para confirmar que es el poder presente. Hoy es la fiesta de Mario Marín, y pocas veces la liturgia del Informe reproduce los viejos tiempos. Pero no todos: afuera, en la explanada, no hay masas ni porras ni pancartas. No hay acarreo. Y, a juzgar por el video, no es que el bolsillo que esculpe el monolito de la personalidad del futuro ronde la insolvencia o se rija por pruritos republicanos y austeros. ¿Que ocurre? Si hoy el viejo sistema se reproduce a la perfección dentro del auditorio, ¿por qué no están las sufridas masas para cantar que sigo siendo el rey y aquí están los altavoces para confirmarlo? No, no hay masas ni porras en la explanada del Auditorio de la Reforma. Apenas entiendo, pero Mario Marín no acarreó colonos o ambulantes, no necesitó de combis o microbuseros para el oficio del Informe. Los jerarcas llegaron en suburbans. Una mayoría de burócratas, ceñida al empleo, llenó la galería y cumplió de corifeo en el rito antiguo de los hombres que se esculpen a sí mismos: orgulloso, solitario, militante, Marín se modela para el poder.

Para la historia nuestra, la de este día marca el segundo año en la construcción de un culto a la personalidad. Hace un año, en el primer informe, Mario Marín dijo: “Es el principio, yo soy el hombre....”. Inició entonces, sin remilgos, ya no en las cenas con la cofradía, sino desde su cargo público, la carrera al trono de nuestro pequeño reino. Mario se mira de nuevo en video. Lo mira Melquiades. Hace mucho que uno y otro se miran a si mismos, son su espejo, los separa un escritorio. Imagino su monólogo: “El hombre político siembra futuro para llegar al poder. Parte de abajo, caravanea, es su sombra la que mira desde arriba. Esculpe su personalidad en la grilla en corto, en el templete, en la imagen electrónica. En todo momento es ahijado y padrino, aplaudidor y, poco a poco, el aplaudido, el hombre que salió del escritorio oscuro para mirar desde tribuna con el rostro del que salva a las masas, el poseedor del futuro”.

Escribo estas frases para el monologo moderno de un político cruzado en la estantería del sistema, alentado por los moribundos dinosaurios en el sueño de la Restauración. Dice el italiano Norberto Bobbio que la tarea del hombre de cultura es sembrar dudas, no recoger certezas. Y lo dice siempre ilusionado por entender la relación entre los intelectuales y el poder, pero con la sabiduría de un viejo que ha visto demasiadas equivocaciones como para creer en la salvación por los iluminados. De tantas certezas electrónicas, de tanta liturgia megalómana, este poder arcaico que domina Puebla, se deshace en dudas, se desmiente en proezas y se reproduce de nuevo a sí mismo. De Mario Marín guardo cuatro imágenes delirantes: En el video, lo miro paleando tierra a la manera de los grandes e infernales líderes europeos en los años treinta; Mario palea y los fotógrafos lo catapultan al futuro, el suyo es un espíritu que se piensa para las masas que lo admiran porque con él el mundo dejará de ser una desgracia. Y si besa niños y da banderazos de salida a corredores esforzados es porque él bendice y encausa destinos. En el salón de protocolos del Ayuntamiento se manda pintar en un mural como constructor de la ciudad, casco de por medio, arropado por sus arquitectos, embelesado en el plano de sus sueños. A la altura de las visiones del presidente municipal, el empresario José Abed levanta en su honor una estructura metálica de estación ferrocarrilera coronada por una bola dorada desastrosa, y que Marín bautiza como la torre del milenio.

Una última imagen: terminado el video, se encierra en la entrega del viejo aparato al informante municipal: Mario Marín apenas parado tras la mesa pétrea de Melquiades Morales y Pacheco Pulido, es por un instante el futuro de la cúspide en ese monumento gris a la jerarquía mayor de la burocracia que ha gobernado Puebla desde hace sesenta años. Entre los santones de la política priista hay uno nuevo, todavía más santón, más joven, mestizo y fiero, para decirles a todos que él es el renacimiento.



5.- 26 de marzo, nueva marcha y nueva masa, un mes después, con todo lo que ha ocurrido desde entonces: un probable pacto de sobrevivencia entre Marín y el gobierno federal, con la creación de una fiscalía antipederastia inaugurada por los funcionarios foxistas Medina Mora y Yunes; el gobernador en el clandestinaje –ni siquiera puede rendir homenaje a su santón Juárez--, intenta recomponer el amasiato con la prensa y los empresarios constructores del sexenio; la crispación del candidato Madrazo ante la desazón priista en Puebla; la oposición panista en el más burdo oportunismo regala senadurías a los aliados priistas de la maestra Elba Esther; las redes de Andrés Manuel crecen como piezas fundamentales en el movimiento antimarinista.

Mediodía en el zócalo. No son cuarenta mil pero sí rebasan los diez mil. No hace frío, pero va a llover. Los gritos y las consignas son mucho más airados –hay uno extremo: “¡Maldito el cerro que te parió, Marín, come nopales!”. Es la personalidad partida, la injuria racista contra el déspota. No puede haber otro tono frente a tal indefensión pública. En la memoria las frases de dos hombres acostumbrados al delirio que los ha esculpido a imagen y semejanza: “Mi góber precioso…”, flota en los altoparlantes, y la multitud responde a carcajadas como aldabonazos que conspiran contra el extremo grotesco del poder. “Aquí te tengo una botella bellísima…”, cantonea Kamel por la espesura de los fresnos y los pensamientos de todos los marchistas. “Ya le di su coscorrón a esa vieja cabrona…”, confirma el gobernador a la masa ante los paredones de Catedral. La grabación ilegal no cuenta para la ley mexicana. El estado de derecho no cuenta para los mexicanos. Dos frases entre tantas en mi cabeza. Por un momento pienso que las voces de estos dos hombres –roncas, altivas, léperas en la altisonancia de los que todo lo pueden y ni por asomo se permiten pensar en que alguien lo ponga en duda-- las hemos amasado todos en nuestra incapacidad histórica para construir contrapesos democráticos, en nuestra debilidad para desatar los amarres de esa urdimbre criminal en la política: no hay una reforma electoral en el estado que garantice procesos electorales transparentes, partidos democráticos y legislaturas independientes del ejecutivo; las contralorías, las gubernamentales y la del Congreso, obedecen al gobernador; los medios de comunicación escritos y electrónicos sobreviven de las contrataciones del gobierno; y la procuración de justicia y los tribunales… tan sólo hay que escuchar las grabaciones.

Pero la voz de Flor Coca lo corta, es sólida, compensa todos los interrogantes que ha hecho Alicia: “Esta marcha ha sido convocada por el Frente Cívico Poblano…”.

Sí, la masa se organiza como última defensa ante la ausencia de Estado de Derecho. No ha podido ser de otra forma en la historia de Puebla.





El presidente se salió con la suya, y por encima de lo que se legisló en el Congreso y lo que dice la Constitución, ya puso en marcha la Guardia Nacional Militar que quería. Sus integrantes son militares y su mando es militar. No hay más.


Al presidente no le importó lo que dijeron los expertos en la consulta realizada por el Congreso, los congresistas de la oposición y tampoco lo planteado por los organismos internacionales. En esta ocasión, hay otras, se puso en evidencia su autoritarismo.

El presidente y su gobierno se habían comprometido a poner a un civil a la cabeza de la Guardia Nacional y que los militares se sujetarían a él. Eso quedó atrás.

Las fuerzas de la oposición en el Congreso, las organizaciones de la sociedad civil, los académicos y los organismos internacionales se sienten burlados y engañados por el presidente. Así es.

El presidente con su decisión de poner a un militar en activo a la cabeza de la Guardia Nacional se ve como un mentiroso y como un hombre que no es capaz de cumplir con la palabra empeñada.

La decisión es muy grave por lo que representa en sí misma, pero también porque muestra a un presidente en el que no se puede confiar. No hace honor a los compromisos contraídos.

El entregar la totalidad de la responsabilidad de la seguridad pública a los militares implica, más allá de los discursos, la militarización del país. Es más que evidente. El opositor López Obrador se había opuesto a eso.

La decisión del presidente abre el espacio para que crezca la violencia, ya la más alta en los último 25 años, y aumente la violación de los derechos humanos. Los militares actúan como militares. No son y nunca van a ser policías.

Las fuerzas de la oposición, las organizaciones de la sociedad civil y los académicos deben recurrir, cada quien desde lo que le corresponde, a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, para que declare inconstitucional a la Guardia Nacional Militar. Lo es.

Hay muchos elementos, para demostrar que la decisión del presidente viola el Artículo 21 de la Constitución y otras disposiciones legales de carácter nacional e internacional.

Los organismos internacionales y la ONU deben denunciar lo que ahora ocurre en México y presionar al gobierno de López Obrador para que dé marcha atrás. La posibilidad de abusos por parte de los militares está a la puerta.

La decisión del presidente plantea muchas preguntas: ¿Qué lo lleva a mentir, a engañar y a violar la Constitución? ¿Qué lo lleva a no cumplir con su palabra? ¿Qué lo lleva a militarizar al país?

¿Estamos en presencia de la reedición del viejo autoritarismo presidencial? ¿Regresamos a los años anteriores a la instauración de la democracia? ¿Qué papel tienen los militares en el proyecto político del presidente? ¿Hay después otro proyecto?

Twitter: @RubenAguilar

Vida y milagros

Para la mayoría de los poblanos fue una sorpresa que el gobernador interino que nombrara el congreso local después de la muerte de la gobernadora Martha Erika Alonso no fuera alguien propuesto por el PAN, como se había acordado, o un morenista de hueso colorado, como lo hubiera podido colocar la cómoda mayoría de Morena en el congreso local. Para mí aún es inexplicable la falta de oficio político del panismo nacional y local que no tuvo el cuidado de revisar que los dos candidatos propuestos por ellos reunieran los requisitos legales para poder ser nombrados. Se confiaron en el arreglo hecho con la secretaria de gobernación Olga Sánchez Cordero en el sepelio de la gobernadora, en el que acordaron que el PAN y sus aliados pondrían al interino. Ninguna de las dos propuestas que pusieron sobre la mesa era viable jurídicamente. El resultado fue que Morena propuso como relevo a un viejo priísta ya en retiro, Guillermo Pacheco Pulido, alrededor del cual todos se pusieron de acuerdo. ¿Quién en el medio no conocía a Pacheco Pulido? Fue electo con los votos a favor de todas las bancadas y solo la abstención de un priísta que andaba en Saturno esquina con Júpiter cuando llegó a votar.



Pacheco tuvo muchos cargos a lo largo de su vida y aceptó las reglas internas del PRI cuando éstas no lo favorecieron para ser gobernador, cosa que no puede decirse de muchos ex priístas. Fue leal a su partido y se retiró de la vida política con discreción. Acaba de cumplir 86 años en febrero.

De su interinato he observado aciertos que debiera seguir quien lo suceda y gobierne los cinco años restantes de este periodo de gobierno, cuando termine el proceso electoral extraordinario que arrancó hoy.

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Cómo entiende Pacheco Pulido su estrategia de seguridad pública y su papel como gobernador interino. Una conversación con Sergio Mastretta/VIDEO

-Su discurso es sencillo y conciliador. Se propuso ser neutral y en sus palabras lo es. Dicen que hay que empezar por ser impecables con las palabras. Bueno, pues lo es. Dado el poder de la palabra y lo mucho que se abusa de ella, ésta es una buenísima cualidad.



-Es puntual, no hace esperar a nadie ni en la puerta de su oficina, ni en los eventos a los que asiste de manera formal. Esto en un político vale oro, pues están acostumbrados a disponer del tiempo ajeno con gran desparpajo.

- El protocolo dentro de su oficina es sobrio. No hay edecanes ni complicaciones, hay personas útiles a su alrededor, nada más. Se quedó viviendo en su casa y se mueve en coche. Hace las cosas que sí están en su mano hacer y delega las cosas que sabe que no podrá abarcar. Me imagino que sí cree en la división del trabajo.

-Tomó la decisión de adoptar una imagen de gobierno y comunicación social absolutamente neutral, sin escudos de colores, sin frases sobadas que adornen las obras que le van tocando terminar e inaugurar. Se usa el escudo de Puebla en blanco y negro con la leyenda simple y llana de Gobierno del Estado de Puebla. Dirán los escépticos que no le quedaba de otra, que para seis meses que caso tenía desarrollar una imagen. El ego es muy mal consejero, lo pudo haber hecho y no lo hizo. Me parece un acierto. Abolir el culto a la personalidad es un acierto que agradecemos todos. Siempre me he preguntado a dónde van a para los miles de marcos y retratos de los gobernantes que se van.

- Es práctico: sobre las grandes placas conmemorativas de los Centros Integrales de Servicios, llenos de nombres, fechas y reconocimientos, heredados de los gobiernos anteriores, se mandó colocar una hoja de papel en la que se imprimió en blanco y negro el escudo y la leyenda de Gobierno del Estado de Puebla. Se ven hasta cómicas esas hojitas encima de tan enormes fachadas. Nada de nombres ni agradecimientos por lo que se hace con dinero público y no del gobernante. Me gusta. Debiera conservarse esa institucionalidad y neutralidad en la imagen del gobierno del estado y desaparecer para siempre los cambios sexenales de imagen, los cambios de colores en los escudos y logos de los edificios gubernamentales, de la papelería y en el mobiliario urbano, que debiera tener colores fijos e institucionales sin importar qué partido gobierne. Con el PRI todo era verde o rojo, los panistas pintaban de azul hasta las bancas de los parques y los pretiles de los puentes, los perredistas migraron para el amarillo, y ahora no tarda en cundir el guinda de Morena hasta en las sombrillas de los ambulantes.

Me gusta la sobriedad monocromática del escudo y el nombre de Puebla en solitario, en todo lo que tenga que ver con el gobierno. Ojalá se conserve.

- Como gobernador interino es la autoridad rectora del transporte público en el estado y ya dijo enérgicamente que el gobierno no permitirá que se coloque propaganda de ningún partido político en las unidades de servicio público. Dicen que ya había un reglamento que lo prohibía. No lo pude corroborar, pero lo cierto es que quien controlaba el gobierno del estado podía obligar a los concesionarios del transporte público a poner los nombres, caras y promesas de los candidatos que apoyaba. Así fue desde hace muchísimo tiempo y así fue en la última elección. Un horror. Saber que ya no veremos las caras de un solo candidato en los cientos de autobuses urbanos es bueno.

No sé qué dirá la ley, pero ojalá y no permita que se utilice el transporte para acarreos a ningún acto proselitista en estas elecciones extraordinarias. Es la costumbre que han seguido todos los mandamases. Chantajean a los transportistas para que los movilicen. Ojalá que sumara el fin de esa práctica dentro de sus aciertos.

- Acierta al manifestar abierta y reiteradamente su apoyo a las energías limpias. Ha visitado los campos de energía eólica en el estado de Puebla, en Esperanza y Palmar de Bravo, impulsados por la empresa Alquimara, formada por la firma española Iberdrola y su socio poblano Gilberto Marín Quintero, quienes se apostaron por la producción de energía limpia en nuestro estado. El primer parque entró en operación en 2016. Tiene 33 aerogeneradores G97 que generan una potencia de 66 MW, suficientes para dar luz a 25 mil casas, aunque este parque fue diseñado para enviar energía a empresas. Su funcionamiento evita la emisión a la atmósfera de 55 mil toneladas de CO2, además de ser energía mucho más barata. La segunda etapa de generación ya está en proceso con 84 aerogeneradores en los municipios de Cañada, Chapulco y Nicolás Bravo. Su generación de energía equivale a alumbrar a más de 60 mil casas con luz limpia y evitará la emisión de 140 mil toneladas anuales de CO2 a la atmósfera. Este tipo de generación de luz contribuye a cumplir los acuerdos de París que nuestro país firmó para detener el cambio climático y que están vigentes.

Al parecer no es ese el camino que la CFE seguirá, ya que en enero de este año se anunció la cancelación de la licitación de la línea de transmisión de corriente directa que saldría del sur de Oaxaca. Esa línea fue diseñada para dar salida a los más de 2000 MW que se producirían en campos eólicos ya licitados y en construcción. Esos 2000 MW podrían alumbrar 750 mil casas y remediar el precario equilibrio de abasto del centro del país. No entiendo el motivo de esa cancelación, pero me gusta la postura del gobernador interino de Puebla a favor de las energías limpias que se producen acá. Me parece una postura moderna, interesante y audaz.

Mundo Nuestro. Video editorial

(Composición fotográfica tomada de e-consulta)



Mundo Nuestro. Reproducimos el discurso Miguel Barbosa ante sus seguidores este domingo 31 de marzo en el llamado Recinto Expositor, en los Fuertes de la ciudad de Puebla. El discurso del candidato inicia justo en el minuto 26 en cuenta regresiva.

https://www.facebook.com/LMiguel.Barbosa/videos/473980906473190/

Video del discurso de Miguel Barbosa a partir del minuto -26.



Mundo Nuestro. Reproducimos el discurso completo de Enrique Cárdenas este domingo 31 de marzo por la mañana en el zócalo de la ciudad de Puebla.

Iniciar en 0:37



El mismo sol inclemente de marzo. La misma calle sin lustre de la 35 Poniente. Y el nuevo escenario de la elección del 2 de junio a cargo del INE. Algo tienen en común el ciudadano sin partido Enrique Cárdenas y el político profesional Miguel Barbosa. A partir de ahí cada uno con sus luces y sus lastres. El ciudadano su reserva moral intacta y su ingenuidad en los menesteres electorales. El político su sagacidad de pícaro sobreviviente y su historial de cambio de barcos sin vergüenza alguna. Cárdenas no sostendrá fácilmente su ser ciudadano y tendrá en los votantes la memoria reciente de partidos títeres en el engranaje estratégico y perverso del difunto Rafael Moreno Valle, con el fraude y la violencia del 1 de julio de por medio. Barbosa encontrará en los electores la creciente conciencia de que con él regresa el antiguo y funesto sistema de acuerdos sin nombre del sistema priista, y la guerra civil que viven los morenistas en Puebla, y el interrogante de si otra vez lo cargará la todavía muy viva ola lopezobradorista.

En el llano cocido del medio día en esa calle anodina, dos peloteras entonces, una el martes 19, clasemediera, de siquitibúns, casi sorda, insuficiente por número y costumbre para apretujar al ciudadano candidato; otra el miércoles 20, popular, de mantas, banda musical, templete, maestro de ceremonia y bochinche que abarca la calle entera, lista para poner en jaque al equipo que acompaña el político de Tehuacán.

Para quien quiera contar esta historia, la diferencia en los modos y dichos no puede ser más que divertida.



Cárdenas

Sol rotundo a punto de la una de la tarde, y las escasas nubes de la mañana van en retirada. Unas cincuenta personas esperan al candidato, y no son suficientes para cerrar la calle frente a las oficinas del INE.

No hay templete ni música ni valla para que pase el ciudadano que, como logro político indiscutible en el escenario poblano, lleva ya el de que los rescoldos que quedaron de los partidos nacionales PAN, PRD Y Movimiento Ciudadano, tras el sunami López Obrador en el 2018, encuentren en él la única posibilidad de salvar el honor el próximo 2 de junio. Lo veo entrar en esta breve pelotera que lo espera y no me guardo el interrogante sobre el alcance que su generosidad tendrá contra la carga del pasado inmediato de tres partidos subyugados por Rafael Moreno Valle y su autoritario proyecto político derruido por un destino implacable el 24 de diciembre.

“Duro, duro, duro”, gritan los panistas. “Cárdenas gobernador, Cárdenas gobernador”, escucha Enrique cuando pasa oculto entre el grupo que abre Gabriel Hinojosa. Ha llegado a tiempo, y con él van los dirigentes nacionales de los tres partidos. Pasan repegados a la pared del edificio, y en la pelotera no alcanzo a ver al académico trasmutado en candidato.





1

La gente de Sumamos no ha traído banderas ni propaganda y no hace alaraca alguna. Reconozco a algunos en la periferia de la bola que ha cercado la entrada del INE en la oficina de la 35 Oriente. Juan Carlos Canales y su pelambre cano sobrepasa las cabezas en el conjunto; Leobardo Espinosa y su traje estricto; Maricarmen Lanzagorta y su libreta de organizadora y su relato sobre los acuerdos ayer con los partidos: diez personas por grupo, pues en el salón no entran más de cuarenta.

Veo venir lo que ocurrirá en las próximas semanas: la maquinaria panista, aunque venida a menos sin el dinero morenovallista, difícilmente permitirá que la marca “candidato ciudadano” le robe el espacio, y a Cárdenas sólo le quedará su propio discurso para marcar su raya.

2

Llego a tiempo para ver entrar al edificio a Fernando Morales Martínez, el hijo del exgobernador Melquiades. Encabeza, en acuerdo de Moreno Valle con Dante Delgado, desde noviembre del 2017 en Puebla al partido Movimiento Ciudadano, el partido que desde la ciudad de México le dio a Cárdenas entrada para su registro como candidato. ¿Qué pasará por su altiva cabeza?, pienso mientras lo observo entrar al INE con todo lo que del sistema político priista le ha dejado sus modos y su apellido.

3

Las banderas del PAN saltan cuando José María Iguíniz Cárdenas saca unos cartelitos en contra de lo que considera una imposición en su partido. Los panistas se animan e increpan a Iñiguiz, traidor, le gritan. “Eres un cinicazo, Chema”, le grita alguien en la cara. Alcanzo a preguntarle sobre su carta de renuncia: “Léela –me dice-, en ningún lado habla de renuncia, yo me suspendí del partido, sigo los principios de mi padre”. Ahora mismo no lo recuerdo nunca encrespado con la usurpación del partido por Moreno Valle. Pero ahí está, decidido a meterle ruido a la candidatura de Cárdenas y sin pena de posar con su cartelito en memoria de Rafael y Martha Érika.

3

Eduardo Rivera responde a los reporteros con la única carta que le quedó en la mano: mirar para adelante, dice. Para qué recordarle entonces la contradicción más pura en la historia reciente del panismo poblano: el político de mayor arraigo, el más perseguido por Moreno Valle, le aceptó jugar la carta de la candidatura a la alcaldía poblana el 1 de julio. Ahí quedó en hilachos su carrera política tras el vendaval morenista.

“Los partidos son instrumentos de interés público –me dice--, así que bienvenido Enrique Cárdenas, un hombre decente. Ahora hay que ver para delante, inconformarse ahora en nada abona, ahora lo que se requiere es generosidad, recomponerse desde una agenda ciudadana.”

4

Humberto Aguilar Coronado espera en la sombra de un pórtico al lado del edificio del INE. Lo veo escurrido en su traje blanco a rayas exquisito, ya no el tipo robusto y bullanguero. “Estoy recién operado”, me explica. Y luego relata sus años de exilio, todo lo que duró el morenovallismo, su refugio en el Congreso, su reconversión en empresario financiero. Y su regreso a Puebla, pero no en la arena, su tiempo ahora es el quien mira los toros desde la barrera.” No le acepté al Marko Cortés un espacio en el Comité Ejecutivo Nacional, y fui su jefe de campaña para llegar a la presidencia nacional del partido. Ya no es mi tiempo.”

Ahí mismo, bajo el sol infame, Paco Fraile se acerca para el abrazo a su colega y rival en los últimos treinta años. Por la tarde Paco jurará como Secretario General de un partido sin dinero y sin el mando de la figura que a estos dos hombres se los quitó como quien le quita un dulce a un niño. Los dos personajes me dan el retrato de un PAN que se perdió en la bruma del derroche morenovallista. Paco Fraile y Humberto Aguilar Coronado. El primero fue sometido fácilmente con la amenaza de cárcel tras su paso como delegado del Seguro Social; el segundo se refugió en la ciudad de México con la promesa de no aparecerse por este valle en el que por ocho años imperara “la fuerza del cambio”.

¿Qué le queda al PAN sin Moreno Valle? No tiene ya el cuenco de dinero ni la estructura armada a largo de diez años por el hombre fuerte sin escrúpulos que arrasó con la imagen del partido opositor urbano, clasemediero y pobretón. Se parece más en esta tarde al partido de los ochenta y noventa, maltratado eterno por el despotismo de los gobernadores priistas.

A la derecha, Paco Fraile, al centro, Humberto Aguilar Coronado. La sobrevivencia del PAN poblano, lo que quedó después de la era Moreno Valle.

5

En el 2015 lo nombraron secretario general del consejo municipal del PRD en la ciudad de Puebla. Espera desde la banqueta la escena con la salida del Doctor Cárdenas del edificio del INE. Muchos años en el PRD poblano, es de los que decidió quedarse en la era del partido maniatado por Moreno Valle. Y ahora está optimista:

“No estamos tan tirados a la calle –me dice--, aunque por supuesto ya no tenemos las 38 presidencias municipales que el partido ganó en el 2013, y claro, ni eran nuestras.”

6

El candidato Enrique Cárdenas sale a la calle tras su registro. Los líderes nacionales del PAN, PRD y MC se difuminan de la 35 Oriente. Afronta ahora sí su primera pelotera, aunque no sean muchos los que lo aprieten, ni sean tantos los que vean que los panistas cumplen con el simbolismo del gallo, ni haya templete en el que su figura escueta se levante y tenga que treparse al cofre de un Jetta para que sus votantes lo miren de abajo para arriba. Apenas resalta en el barullo su cabellera blanca y su nariz afilada. Ya carga con el gallo, ya se sube al cofre del Jetta, ya toma el micrófono y se apoya en el hombro de Gabriel Hinojosa. Habla y no se desgañita y recurre a una imagen certera: la de la barca y los remeros.

La imagen puede contener: 14 personas, personas sonriendo, multitud

Enrique Cárdenas y el hombro de Gabriel Hinojosa. A la derecha, abajo también, el rostro adusto de otro sobreviviente del panismo, Miguel Ángel Mantilla.

Escribo ahí mismo en mi libreta: “¿Qué será de este demócrata en un mar ceñudo e ingrato de la política poblana?”

Barbosa

Contemplo el regreso de la maquinaria priista en sus modos y folklores resumidos en un medio día de registro también a pleno sol, y sin remedio. Aquí estoy el jueves 20, justo a la entrada del INE y en el cierre de una valla humana que no alcanza a hacerse entre los apachurrones que se revuelven como una víbora lenta de la mar, admirado por esta capacidad de sobrevivencia de lo que por años se llamó “sistema”, ese que arrancaba y moría y renacía por las ansias de tocar al hombre fuerte en una pelotera.

Primero el candidato que no aparecerá sino hora y media después –y que ya no veré, pues algo se debe de guardar de respeto por la puntualidad--, con la usanza antigua de que la masa está hecha para esperar, para entretenerse con los alaridos del infaltable maestro de ceremonia, y para no escuchar nada por el ruido infernal que produce la tambora, la tuba, los trombones y clarinetes de una banda cholulteca que a todo mundo le da sentido de vida. Está visto que aquí no hay Morena que valga, aunque esas sean las playeras que la gente carga, y esas las siglas que las mantas portan. Hora y media que la masa entiende precisamente porque quiere que regresen los viejos tiempos del desmadre vocinglero de los apachurrones priistas, de la lotería que en México significa jugar a la política.

El gritón

“Estamos aquí por nuestro candidato –dice Arturo Spíndola enfundado en guayabera blanca y templete a media calle y frente al INE--, el próximo gobernador de Puebla…”

Y su voz es lo primero que te encuentra justo a las once y cuarto que llego, una voz engolada para la que no ha pasado el tiempo, que ha estado ahí para los gobernadores y rectores y candidatos del aparato que han necesitado de una voz que entretenga al acarreo hasta el momento en que rompa al viento el alivio del en estos momentos hace su entrada el señor que en turno sea el señalado como el hombre del poder. Hoy tendrá que trabajar en serio, pues el candidato hará esperar a la masa sin más motivo y por la sabiduría que prueba que se tiene el poder de hacer perder el tiempo a todos.

“¡Porque sí, señores, este es el tiempo de la reconciliación…! –grita Espíndola--, con el mejor amigo, el mejor candidato, el que recibe a panistas y expriístas que se vienen a sumar con él, con Miguel Barbosa, nuestro candidato!”

Arrturo Espíndola y los templetes de Bartlett, de Melquiades, de Marín...

El Cristiano

Manuel Guzmán tiene 77 años y la ilusión que da el ser un convertido capaz de hablar por los grupos de cristianos. Lo acompaña Víctor Alanís Ballesteros, que tiene un Instituto de Apoyo a la Familia en la colonia Las Hadas. “La esperanza está naciendo en Puebla”, me dice y me pasa su tarjetita y su ánimo de que una nueva camada de personas y de políticas públicas están llegando a Puebla con Andrés Manuel López Obrador. “Todo lo que le han negado al pueblo por años”, remata. Manuel viene de lejos como líder de iglesias cristianas en Puebla. Mañana jueves 21 le hará su homenaje al único santón mexicano que reconoce, Benito Juárez.

“Esto se parece mucho a un evento del PRI, ¿no le parece?”, le digo.

“¿El PRI? – reflexiona--, sí, eso es lo que acostumbramos en México.”

“Vamos, don Manuel –le dice Víctor Alanís--, hay que ir hacia el templete para que lo nombren a usted y sepan que ya anda por aquí.”

Corridos

“Manzanilla está detrás de la mampara –me dice una de las mujeres despedidas por Moreno Valle en la Dirección General de Gobierno--. Él nunca se fue.”

Son muchos los que se resguardan tras la manta que exige la solución a los laudos que el Tribunal de Justicia mantiene congelados. Y la palabra esperanza vuelve a brotar esta mañana entre quienes han llegado a respaldar a Barbosa. Dos audiencias les dio en la campaña hacia el 2018: “Él nos prometió la reinstalación”, afirman.

Y luego una de ellas relata: “Yo estaba hospitalizada por un trombo. Hasta la cama me llegó la noticia de mi despido. Es por el alza del petróleo, dice mi hermana que le dieron como causa. Y fírmele y retírese, le dijeron. Un tipo de apellidos Saavedra Peimbert, ese llegó a corrernos. Yo tenía 32 años de trabajar en la Secretaría de Gobierno.”

La esperanza de la reinstalación...

La Manta

Los hermanos Amaya aguantan la broma que les hago: órale, ustedes estaban con Armenta… Y es que han sobrepuesto el nombre del candidato, pero es obvio que abajo existía otro convocado. No, me dicen, cómo crees que nos equivocamos, es que la manta la hicimos para la contienda del interinato en enero. Nosotros propusimos a nuestro hermano Norberto.

También los Amaya vienen de lejos. Muchos años en el PRD. Y siempre tendrá a la mano una manta y unas siglas para los tiempos nuevos.

Los Amaya, otros sobrevivientes de los años noventa.

La Banda

“Somos la banda Ginebra”, al menos eso escucho que me dice un muchacho que corta el aire con su clarinete. Y vienen de algún pueblo San Francisco algo cholulteca, uniformados con una camiseta del extinto PES. Es el estruendo necesario para no olvidar que la vida es una fiesta de tamborazos y notas incomprensibles, cristalinas y desgarradas, siempre suficientes para no escuchar lo que el mundo quiere decirte con palabras.

La banca

A tres metros de la banda y su huateque, alguien se abraza y se da palmadas. Es un corrillo, el más animado, a mitad de la calle, cuando los que organizan a la masa intentan ya formar con los más entusiastas una valla. En diez segundos confirmo que son una especie de convención de tehuacaneros felices. Alguien se presenta con una mujer a la que llama Sofía Barbosa. Se entromete la banda Ginebra, ¿dijo Sofía?, se me cruza el apellido, segurito escuché Barbosa, y no tengo la menor idea de si la señora será familiar del candidato. Yo pelo más la oreja mientras la mujer parlotea radiante frente a sus amigos de Zinacatepec que la saludan y le sonríen. Claro que sí, escucho, tenemos un amigo que fue compañero de banca de tu hermano…

El Tarot

Ivonne Cruz Blanco se ha logrado plantar justo al final de la valla, a un metro de la entrada del INE que custodia David Méndez. Me sorprende de inmediato: carga en la mano unas películas sobre el Tarot, y si me dejo, ahí mismo puede empezar a echar mis cartas. Y me sorprende más: hasta hace apenas cinco semanas era panista, y con un grupo organizado, la Asociación Unidos por Siempre, y con 22 años de militancia en ese partido. Además, es enfermera y trabaja desde hace veinte años en el Centro de Salud de San Felipe Hueyotlipan.

“Genoveva destruyó al PAN –me explica--, lo entregó al Yunque, acusó al morenovallismo de traidor, y eso no me pareció, a mí con Rafael Moreno Valle me tomaron en cuenta, en las colonias, en las escuelas. Así que yo creo que hay ciclos que se cierran. Voy a extrañar las ideas del PAN, yo vengo de familia panista, mi papá ha sido militante por 38 años, y no le gustó mi renuncia, pero me dijo que respetaba mi decisión. Es que ahora a ellos no les interesa el liderazgo, Genoveva está por sus intereses. Si viviera Martha Érika no lo dudaría, seguiría en el PAN y seguiría con ella. Y no hay contradicción con el hecho de que esté ahora aquí con Barbosa, yo renuncié a mi partido, y por escrito, soy libre, y mi interés es que mejore Puebla.”

Atrás de Ivonne, la voz de Arturo Espíndola que saluda a los trabajadores del sector salud, y la respuesta de la masa: “Barbosa, amigo, Salud está contigo”.

La renuncia de Ivonne al PAN. "Genoveva destruyó a mi partido."

El vocero

David Méndez Márquez ha hecho de vocero de Miguel Barbosa y ahora resguarda la entrada al final de la valla que han logrado armar cuando dicen que ahora sí ya merito está aquí el candidato. Y ha de ser, pues ya pasaron dos o tres diputadas y ya David no deja pasar a cualquiera. Lo recuerdo de regidor por la izquierda en el Ayuntamiento 2011-2014 del panista Eduardo Rivera, de lo más serio y capaz en la historia reciente de los cabildos de la ciudad de Puebla. En los apellidos guarda el linaje de izquierda poblana. Apechugaron los Méndez Márquez en el 2018 que no le dieran a Rosa Márquez la candidatura a la alcaldía poblana. Ni a David una diputación. Para todo hay tiempo si se sabe que para todo hay tiempo.

El Fortachón

José Miguel Jiménez Castillo abre cancha encasquetado en una playera que le descubre casi todo sus brazos y deja ver sus acicalados bíceps. Averiguo que es el esposo de la diputada Mónica Lara, a la que cuida como el mejor de los escoltas y saca maloras del barrio. La memoria a flashazos: matrimonio panista que apostó por Ernesto Cordero, enemigo de Moreno Valle en la contienda por el control del PAN nacional en el 2014, sufrió las consecuencias: José Miguel, hermano de Blanca Jiménez, quien hasta hace una semana intentó ser la candidata del PAN a la gubernatura, fue encarcelado por Moreno Valle por medio de la invención de pruebas y otras marrullerías de Eukid Castañón; Mónica, cercana en un momento a Martha Érika Alonzo, llegó a ser directora del Instituto Poblano de la Mujer en el 2012, y aguantó un año, hasta que en el pleito con Moreno Valle vio que le secuestraron a un hijo.

Cuánto se me viene encima al ver pasar a la diputada hoy por el extinto PES, Mónica Lara y su enjundioso marido. Los dos, exmorenovallistas perseguidos por el despotismo morenovallista en Puebla. Hoy se plantan por Barbosa.

El comunista

Servando Galindo Ríos representa a la más vieja de las izquierdas en Puebla. La vieja izquierda de Atlixco, la del Partido Comunista que fundó la preparatoria de la BUAP en esa ciudad. “Y ahí sigo en la prepa BUAP –me dice--, y con mi misma clase, Economía Social Mexicana.” Y en su respuesta de por qué con Barbosa traza una línea del tiempo de luchas social y crimen.: “Lo conozco desde hace 26 años, es un luchador de la calle, rompió con el PRI en 1994, cuando era secretario general del Ayuntamiento de Tehuacán, y se pasó al PRD con dos mil militantes. Y lo recuerdo cuando llegó a Atlixco con Porfirio Muñoz Ledo, cuando se anuló la elección de 1994, con Alejandro Beristáin, a quien mataron en el 2017, cuando salió a comprar un carro Ibiza y sólo lo volvieron a ver muerto, arrojado en una zanja en la Barranca de los Molinos, justo cuando asesoraba a los 200 presidentes auxiliares que se rebelaron contra Moreno Valle…”

Servando Galindo, desde el Partido Comunista en Atlixco.

El ejidatario

A la vieja usanza, la Unión Nacional de Ejidos Forestales y Agropecuarios agrupa a 32,675 ejidos y a cinco millones de ejidatarios. Así me dice a bote pronto Leobardo Ortiz Fuentes, su dirigente. Lo encuentro también a la entrada, justo donde David Méndez organiza el tinglado del registro de Barbosa. Y así de rápido me cuenta que se fundó el 10 de abril de 1995, en tiempos de Zedillo; que ellos eran del Barzón, pero que los llamó el presidente y mejor formaron la UNEFA porque les prometió anular los créditos con la banca, impagables por la crisis de diciembre de 1994, y que les cumplió; y que más les prometió: la igualdad de género en los órganos colegiados, algo que el Estado cumplió hasta el 2013, y la conformación de órganos democráticos en los ayuntamientos, lo que simplemente no se cumple. Y mientras, la UNEFA ya tiene cien hectáreas en el municipio de Chilchotla donadas por los ejidatarios para fundar la Universidad Nacional Agraria y Forestal de México, la primera del país, con trece carreras y un internado para los hijos de los ejidatarios. Y remata: la UNEFA maneja ya un presupuesto de 615 millones de pesos para este 2019, casi el doble de los 370 millones que manejamos en el 2018.

Todo eso y yo sigo aturdido con la cifra de 5 millones de afiliados.

“Yo no milito en Morena –me dice--. Los ejidos son autónomos, apenas el año pasado por primera vez apoyamos a un candidato, y fue López Obrador. Ahora los políticos están saliendo de sus cuevas. Como Armenta, quien de seguro ahora le va a operar a Jiménez Merino la parte maquiavélica y el mapacheo, con la estructura y el colmillo que tiene desde hace años, pero Melquiades, Ursúa y Beltrones, esos sólo se van a chingar la lana. Pero los ejidatarios no se van a prestar, hemos sido los olvidados del sistema, pero sólo hasta el 2018.

Los ejidatarios organizados en la UNEFA y su líder, Leobardo Ortiz Fuentes.

El Cacique

A las 12.45 decido no esperar más por el candidato. Suficientes voces llevo ya para contar su lotería. De repente, me descubro diciéndole cacique al cacique: encuentro en la banqueta de enfrente al INE, y bajo la sombra de un trueno sobreviviente, a un grupo también muy animado en su refugio de frescura. Entre ellos, Arturo Barbosa Prieto, alcalde de Tehuacán en tiempos de Manuel Bartlett, también viene de lejos. En el corrillo, un hombre mayor al que presentan como petrolero de Texmelucan. En el atarante que traigo, alcanzo a preguntarle si conoce al cacique de la Petroquímica Independencia.

“Yo soy Luis Roberto Castro Lozada”, me dice.

“¡Ah, entonces usted es el cacique!”

A la derecha, Arturo Barbosa Prieto, presidente de Tehuacán en los tiempos de Bartlett. A la izquierda, con el bigotito cano, el hombre de los 46 años al mando petrolero de Texmelucan.

Dicho eso, me sonríe. Ahí lo tengo, líder histórico de la Sección 46 del Sindicato de Trabajadores Petroleros y presidente del Grupo Mayoritario “Frente Liberal Sindicalista”. Eso veo en la tarjetita que me extiende. En ella no leo que viene de los tiempos de su padrino La Quina, y que pudo sobrevivir al colapso del más poderoso cacique petrolero en la era imperial del PRI, y que por 46 años ha sido el hombre fuerte en Texmelucan, al menos hasta que el actual dirigente, Rubén Quintero, hace años su opositor y luego su gemelo como cacique, se hizo del control del sindicato tras la jubilación de propio Luis Castro.

"Oiga don Luis --le pregunto--, ¿y cómo explica el desmadre huachicolero en Texmelucan?"

"No puedo decirle nada de eso --responde sin atropello--, nosotros estamos dentro de la petroquímica. Lo que ocurre en los ductos no tiene nada que ver con nosotros."

Entendido.

El grupo me permite que les tome una foto. Al final les pregunto su opinión sobre el evento, y el hecho con el que más parecido lo encuentro; un tradicional mitin del PRI en el que el candidato sigue sin presentarse una hora y media después de lo dicho.

“Para que cambie eso en México –responde sin dudarlo Arturo Barbosa Prieto--, primero tienes que cambiar al pueblo.”

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Lotería, entonces, me digo.

Ahí los dejo en su pelotera.

Mundo Nuestro. La Unidad de Investigación Aplicada de MCCI publica en su portal y en la revista Nexos este análisis sobre los alcances de las acciones contra la corrupción que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha llevado a cabo desde el 1 de diciembre en que el presidente de México tomó posesión. El cuestionamiento es contundente: no hay una estrategia integral que permita traducida en hechos concretos que vayan más allá de las declaraciones.



A más de 100 días del inicio de la administración de Andrés Manuel López Obrador, el gobierno de México ha lanzado mensajes de compromiso con la austeridad presupuestal y el combate a la corrupción, pero no ha presentado una estrategia integral ni una política que vaya más allá de declaraciones generales.

AMLO ganó la presidencia con una amplía mayoría, misma que le garantiza gran legitimidad; a poco más de tres meses en el gobierno, su aprobación sigue manteniendo cifras históricas. Este gran capital, sin embargo, no es un cheque en blanco. Las promesas de campaña sobre acabar con la corrupción no parecen tener una estrategia clara. Los recortes presupuestales arbitrarios; las acusaciones mediáticas de corrupción hacia funcionarios de alto nivel y a titulares de órganos autónomos; el cese arbitrario de servidores públicos de niveles medios sin mediar investigaciones; el pacto de impunidad por el cual AMLO declaró que no perseguiría actos de corrupción de gobiernos anteriores, y la ampliación del catálogo de delitos “graves” en el texto constitucional que castigará a los más pobres y no a quienes realmente son responsables de los grandes desvíos de recursos, distan mucho de ser una estrategia robusta contra la corrupción.

En el discurso de sus 100 primeros días, AMLO hizo referencia a la corrupción en 18 ocasiones. Pero desde su toma de protesta lo ha hecho en 790 veces, casi siempre como un recurso narrativo sin propuestas concretas de cómo acabar con ésta. Para poner a prueba algunas de sus declaraciones, en la Unidad de Investigación Aplicada de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) hemos analizado algunos de los dichos del presidente sobre corrupción para saber si se sostienen en los hechos.



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