Sociedad

Día con día

  1. ¿Los asesinos creen en Dios?

Recogeré en estos días de guardar, lunes martes y miércoles, cosas escritas aquí mismo para la semana mayor de hace siete años. Sus enigmas siguen intactos.



Según el censo de 2010, 97 de cada 100 mexicanos creen en alguna forma de Dios y practican algún credo religioso (87 por ciento católicos). Solo 3 por ciento nos declaramos ateos. ¿En qué creemos los que no creemos en Dios? En formas sustitutas de la inmortalidad y de Dios. Digamos el amor, la fama, el dinero, la naturaleza, la permanencia en la memoria de otros. Todas estas son cosas triviales si se las compara con la idea de Dios, del más allá, de la vida ultraterrena.

Pocos ateos dan en su corazón el salto implícito en la frase de Iván Karamazov: “Si Dios no existe, todo está permitido”.



Muchos menos actúan en consecuencia, como el hermano idiota de Iván, Smerdiakov, que mata al padre opresivo. Todos los hermanos quieren ver muerto a su padre, pero solo Smerdiakov se atreve a hacerlo, autorizado por el dicho de su hermano Iván: “Si Dios no existe, todo está permitido”.

La frase de Iván Karamazov anuncia el salto moral hacia el nihilismo, esa tierra de nadie inherente a la idea de un mundo sin Dios.



El principio del nihilismo es duro y claro: si no creo en nada trascendente, todo es aquí y ahora. Como mi aquí y ahora no tiene rumbo ni rienda, soy mi propia medida, mi propia moral, sin otro referente que yo mismo: soy mi propio Dios.

Sin dioses que observen, ordenen, regulen, conforten y moderen la conducta humana, no hay reglas ni límites, solo la voluntad de cada quien.

El mundo sin dios de la política, vuelto solo voluntad de poder, es el de Hitler y Stalin, y el de todos los reinos utópicos, sustitutos de la Ciudad Dios: el reino milenario de los nazis, la utopía comunista del Gulag, los campos de muerte de Pol Pot.

Pero estamos en México. Me pregunto cuántos de los mexicanos que se dedican hoy a matar, decapitar, enterrar a otros en fosas anónimas o en puentes visibles han dado el salto de Iván Karamazov. Y cuántos no lo han dado y se siguen diciendo creyentes en Dios.

Nuestros creyentes homicidas son un misterio teológico y moral.

  1. Razón y fe

Dijo Tomás de Aquino, el teólogo mayor de la cristiandad católica: “Considero el principal deber de mi vida para con Dios esforzarme para que mi lengua y todos mis sentidos hablen de él”.

Pocas lenguas habrán hablado tanto y tan bien de Dios como Tomás de Aquino. Nadie habrá inventado pruebas más breves y elegantes de su existencia: sus famosas cinco vías.

La primera de ellas es la del “primer motor” o el “motor inmóvil”: si todo lo que se mueve es movido por algo, algo hubo inmóvil en el principio del movimiento.

“Ejemplo”, dice Tomás de Aquino: “Un bastón no mueve nada si no es movido por la mano. Por lo tanto es necesario llegar a aquel primer motor que nadie mueve. En este, todos reconocen a Dios”.

Nominalismo, se dirá: la palabra movimiento llama a la palabra inmóvil, la palabra bastón a la mano que lo mueve. Esas palabras se reclaman como necesarias en la lógica binaria del lenguaje, pero no en la realidad.

Lo cierto es que cualquier cabeza honradamente racional tendría que rendirse a la fuerza del argumento del primer motor, resuelto por Tomás de Aquino en doscientas palabras. (En cierto modo, la ciencia moderna reconoce la idea de un primer motor inmóvil en el Big Bang que dispara y hace nacer al universo).

El centro de la catedral teológica de Tomás de Aquino fue hacer compatible la fe con la razón. Pero la fe genuina no es un asunto racional. No se recibe por la razón, ni se adquiere por la voluntad. Se adquiere, en buena doctrina cristiana, por la gracia.

Si la fe verdadera se recibe, no se adquiere, es imposible convertir a nadie. Largarse a predicar por los caminos es ocioso, pues nadie convierte a nadie.

La historia de las Iglesias nos dice lo contrario: credos en expansión y evangelizaciones masivas.

El ardor de la fe verdadera no es carga fácil de llevar, como muestran las vidas de los santos.

La fe de las multitudes es una fe discreta, epidérmica. Es la fe tolerable para el mundo: la fe difusa, distraída, amateur, cuando no supersticiosa o idolátrica, de la que es capaz el hombre común.

  1. Religión y civilización

En el prólogo a El último Cuaderno, de José Saramago, Umberto Eco dice no estar seguro de que, como dice Saramago, “si todos fuéramos ateos, viviríamos en una sociedad más pacífica”.

Comparto la duda. Es verdad que en la historia del hombre hay pocos espectáculos más homicidas que las guerras de religión. Es verdad que los hombres se valen de los dioses para dar rienda suelta a su intolerancia, quizá a su necesidad de odio.

Hay también el otro lado del problema. Creer en Dios inflama, pero también apacigua. La religión es el opio del pueblo en el doble sentido de que nubla el entendimiento pero conforta la vida.

La creencia de Dios ofrece el consuelo de algo inconmensurablemente mayor que nosotros, más sabio, más bello, más justo, que sin embargo nos ama, nos protege, nos explica, y nos espera en su reino.

Un verdadero creyente no puede entender al verdadero no creyente. Lo mira con extrañeza y compasión, acaso con escándalo. Pero la intolerancia del creyente es menor ante el descreído que ante la competencia del que cree en otra cosa, aquel que porta en sí la propagación de dioses extraños que niegan el propio.

El creyente puede convivir con el descreído, si el descreído no se empeña en imponerle su falta de fe, su ateísmo, como una religión sustituta.

Los dioses combaten pero también ordenan. Son surtidores de guerras y de reglas. Reglas de culto, reglas de convivencia, reglas de conducta, reglas sobre lo bueno y lo malo, sobre lo que nos enaltece y lo que nos degrada.

Las reglas pueden ser absurdas y hasta dañinas para la salud, la dicha o la libertad, pero son ordenadoras: legislan, reprimen, contienen.

Porque han ordenado y reprimido, porque se han vuelto autoridad de las costumbres, los dioses y sus clérigos pueden después llamar a la guerra, abusar hasta el crimen de la fe.

¿Son gobernables los pueblos sin religión? No lo sabemos porque no hay pueblo sin religión, esa necesidad abrumadoramente mayoritaria en el género humano de una cura espiritual para el sentimiento de orfandad y pequeñez con que somos echados al mundo.

Mundo Nuestro. Kene Gil, fotógrafa de la vida cotidiana en Puebla, ha seguido de cerca las fiestas de carnaval en los barrios antiguos de la ciudad. Presentamos este conjunto de retratos logrados en la temporada de huehues que recién ha terminado. Su cámara nos recuerda tembién que detrás de las máscaras existe una organización social que año tras año rescata y recrea una de las tradiciones más sentidas de los pueblos y barrios de México.



De día, tarde y noche, tres cuadrillas de huehues, Cuadrilla Xonaca Veintiséis 0riente, Cuadrilla Experiencia y Juventud, ambas de Xonaca, y del barrio del Alto, la de El Alto Garibaldi.

Los barrios antiguos de Puebla, con sus estilos y vestuarios diferentes, la misma música tal vez, más no las danzas, porque las bailan en sus barrios, y bailando visitan a familias y escuelas, recorren la ciudad, llevan su alegría a muchas personas y el asombran a los visitantes.

Retrato sus rostros y les pregunto: ¿qué piensan de la posibilidad de que se pierda el carnaval en Puebla?

Sus voces saltan desde las máscaras, sin pensarlo, y la respuesta es la misma: ¿Desaparecer? No.

Sus voces acompañarán estas fotografías del mundo al que le da vida la gente detrás de las máscaras:



“Al contrario, ha ido evolucionando para que cada día y año sea mejor, en organización y esfuerzo de las Comisiones Organizadoras, con personas con amor a ser huehues por tradición y herencia. Muchos van a la universidad, estudian maestrías y doctorados en etnografía, y ellos aportan mucho al lucimiento de la fiesta, y se quedan y participan con nosotros.”

“Es una tradición de esta Ciudad de la gente del barrio, de las familias, desde nuestros abuelos, padres y ahora de nuestros hijos y nietos pequeños.”

“Sabemos que tenemos muchos detractores por tanto desmán que han provocado gente sin conciencia de la importancia de promover y difundir nuestra cultura. Pero está en nosotros un cambio de pensamiento, más positivo y viendo el futuro de la fiesta.”



“Son meses de preparación, ensayos, logística, caretas y vestuarios cada día más elaborados plumas coloridas, y sobre todo el ánimo de toda esta gente que sin importar el cansancio, el sol inclemente, noches de frío, trajes pesados y horas bailando, esperan con ansias el próximo año para volver a ser orgullosos los orgullosos Huehues de la Ciudad de Puebla.”

Ahí están ellos y ellas. Los huehues. Pensar en el mundo que rescatan y recrean todos los años en la cuaresma. Convivir con ellos en todo el proceso me ha hecho gozar esta fiesta, aprender de ellos y agradecer me permitan convivir y sobre todo hacer fotografías.

¡Que perdure por siempre el Carnaval de Puebla!

De Kene Gil en Mundo Nuestro también hemos publicado:

Los huehues de Kene Gil: Todo es luz en la fiesta, ¡que perduren siempre!

En 2018, el precio de la goma de opio en México cayó en 80 % debido al aumento exponencial del uso del fentanilo por los consumidores de Estados Unidos, de acuerdo a un estudio del Network of Researches of International Affairs (Noria en sus siglas en inglés).


El fentanilo, que es una droga sintética, es 40 veces más potente que la heroína. La mayor cantidad que ingresa al mercado de Estados Unidos provine de China.

Al inicio del siglo XXI, la producción de la heroína mexicana vivió una época de auge ante la demanda estadounidense, pero a partir de 2014 empieza a ser desplazada por el fentanilo.

De acuerdo a Noria, que realiza trabajo de campo en Guerrero y Nayarit, el precio por kilogramo de goma cayó de los 20 mil pesos, que se pagó en 2017, a los seis u ocho mil pesos en 2018.

El desplome del precio ha traído graves problemas económicos, para los campesinos productores en México y también diversos tipos de consecuencias sociales en las zonas productoras del país.

En 2017, el monto de la producción de heroína alcanzó los 19 mil millones de pesos en México, pero en 2018 cayó a siete mil millones de pesos, según Noria.

El cambio del mercado de la heroína en Estados Unidos, el máximo consumidor mundial, que ahora la sustituye por el fentanilo, plantea una nueva situación para las regiones productoras de México.

En la visión de Noria se abre una nueva oportunidad, para que las autoridades mexicanas consideren la posibilidad de introducir programas de sustitución de cultivos, pero sobre todo de legalizar la producción, para el uso de la medicina del dolor.

Hoy en México hay 27 millones de personas que sufren de dolores agudos a crónicos como consecuencia de diversas enfermedades. Y de ellas 95 % no recibe el tratamiento adecuado para aliviar el sufrimiento, según la Asociación Mexicana para el Estudio y Tratamiento del Dolor.

La demanda de la morfina en México, con fines médicos, es de 20 toneladas por año, de acuerdo a cifras oficiales. Y solo se importan 700 kilos al año, para utilizarlas en los servicios de salud. Hay un amplio espacio, para que en el marco de la legalización del cultivo de la amapola se resuelva el actual problema de salud.

Y también, para que mejoren las condiciones de vida de los campesinos que ahora se dedican al cultivo de la amapola y así se quite el control de la producción y la venta al crimen organizado. El actual gobierno tiene la palabra.

Twitter: @RubenAguilar

Soñar es algo que todos los seres humanos hemos hecho alguna vez. Algunos soñamos aventuras en los cielos, otros sueñan con aventuras en el mar. Pocos logramos hacer esos sueños realidad, hay tantos obstáculos en nuestro camino. Sin embargo algunos tienen la fortuna de volver su sueño realidad.

El sueño de Alexa.



Había una vez una pareja, que, como tantas, empezó su vida en común con muchos sueños, individuales y luego compartidos en su vida juntos. Sueños por los cuales han luchado día a día. A diferencia de tantas otras, esta pareja de navegantes cumple ahora uno de sus más grandes sueños; un sueño que no pocos hemos tenido algún día: dar la vuelta al mundo.

El sueño del ALDIVI



Berna Sánchez y Alejandro Irigoyen, junto con sus hijos Alexa, Diego y Vital llevarán, para cuando ustedes estén leyendo este artículo, más de 14 días de haber zarpado del puerto de Acapulco, y más de una semana sin haber tocado ni visto tierra firme.



Al zarpar en el recién bautizado velero ALDIVI (las iniciales de sus hijos ALexa, DIego, VItal), la familia Irigoyen Sánchez ha logrado lo que pocos pueden hacer, soltar amarras. Soltaron las amarras de tantas cosas que hoy en día nos atan a los seres humanos y han decidido vivir una vida en la que no tienen por guía más que el viento y como base el mar.

Dejar atrás tantas cosas, la casa, el colegio, la rutina diaria, la familia, los amigos, suena fácil, y de momento muchos podríamos decir que nos encantaría seguir sus pasos. Sin embargo, los años de planeación que tomó este proyecto, desde buscar los recursos necesarios y la embarcación adecuada, pensar y calcular la ruta, tomar en cuenta el clima, las estaciones, los temporales, los puertos a tocar, son algunos de los detalles técnicos que no se ven desde fuera. También había que considerar la logística para transformar un velero de 50 pies de eslora en el hogar, la escuela y el centro de trabajo de esta familia por los próximos dos años y medio aproximadamente.

Dos años en el mar...

No puedo recordar con exactitud la primera vez que Berna y Ale hablaron de este proyecto, sé que son años ya, por lo menos cuatro o cinco. Desde el inicio ambos estuvieron muy ilusionados y optimistas de poder cumplir este sueño. Fueron llegando los hijos, primero Alexa y luego Diego, y mientras los niños crecían, el sueño crecía también. Diego, ha sido una parte clave de este proyecto. Cuando conoció al Capitán Vital Alzar, a quien me atrevo a llamar la inspiración y mentor de este proyecto y saber que su mamá estaba embarazada, tuvo una certeza y convencimiento impresionantes al decir que el bebé sería niño y se llamaría Vital. Ese es el convencimiento y certeza que Berna y Ale nos han transmitido a familiares y amigos que hemos tenido la fortuna de estar con ellos de una u otra forma desde los inicios del proyecto, durante su cuidadosa planeación, hasta zarpar de Acapulco el 10 de marzo pasado, y apenas el viernes pasado cuando soltaron la última amarra a México en Puerto Vallarta, y que seguimos y seguiremos teniendo a lo largo de esta aventura.

Lo que sí puedo recordar es la experiencia de acompañarlos a Acapulco hace poco más de dos semanas. El martes 5 de marzo saltaron al ojo público al ser entrevistados en cadena nacional. Ya no era nada más un proyecto conocido por algunos poblanos y acapulqueños. Como era de esperar, saltaron voces a favor y voces en contra de este proyecto, críticas negativas y constructivas, un proyecto así tiene muchos ángulos y cristales por los cuales mirarlo, este artículo no es para tratarlos.

Aquí me resta compartir las vivencias de tres días en los que familia y amigos pusimos manos a la obra para ayudar, de una u otra forma a atar todos los cabos sueltos, a empacar y acomodar lo mejor posible lo mucho o poco que tenía que caber en ALDIVI.

Fue Alexa quien me explicó y me enseñó cómo subir a bordo. También será Alexa la que nos irá contando a través de las redes sociales de sus vidas a bordo. Así que, tomando los cables, subiendo una pierna y volando la otra sobre la red, me adentré en un velero con espacios reducidos pero muy bien planeados. A ayudar a acomodar sartenes, cacerolas, guardar detergentes, trapos, toallas y mil cosas más, todo bajo la atenta mirada de mi tía Berna, quien cuidaba con gran cariño que el hogar de sus hijos y nietos fuese perfecto.

Berna y Alejandro.

El sábado en la ceremonia donde la familia fue nombrada Embajadores de Paz, fue Diego quien tomó junto con su papá la bandera en sus manos rodeado de vivas y aplausos de los que pudimos entrar en el recinto.

En ese mismo evento fue Vital Irigoyen quien se robó no sólo el corazón de su tocayo, el Capitán Alzar, sino de todos los presentes con su sonrisa y afecto.

De ahí nos dirigimos al muelle en el que, con gran botella de champagne se bautizó a ALDIVI y brindamos todos por una travesía tranquila y una buena mar.

Y más pronto de lo que imaginamos llegó el domingo, el día de soltar amarras y partir. El muelle y el ALDIVI desde muy temprano eran un hervidero de gente, subíamos y bajábamos, unos ayudando, otros queriendo conocer el velero y alguno que otro curioso que algo escuchó y quería saber si era verdad que una familia entera zarparía ese día.

Los últimos preparativos. Quienes se quedan en tierra echan una última mano.

Aún el plan más perfecto puede ser modificado, y así pasó con la hora estimada de partida. Entre toda la comida y ropa que había aún que acomodar en las entrañas de ALDIVI, en cubierta un grupo liderado por Alejandro Irigoyen, compuesto por sus hermanos, suegro, cuñados, amigos y personal del embarcadero, etc., trabajaban al rayo del sol comprobando que todo estuviese en orden para partir.

La hora fijada pasó y ALDIVI seguía en puerto y la gente subía y bajaba. Entre todo ese ir y venir, un invitado llegó al área de cocina. Con alba blanca y estola con colores de mar el Padre Francisco de Catedral subió a bendecir a ALDIVI y a toda su tripulación. En ese momento en la cocina estábamos un grupo de hormiguitas, mujeres que entre calores y prisas buscábamos la forma de seguir el dicho aquel de “todo cabe en jarrito sabiéndolo acomodar”, y lo logramos, no a la hora prevista, pero todo tiene un porqué. Eran ya poco más de las seis cuando se formó una fila larga en el muelle, una fila de gente que queríamos ver y aplaudir a los Irigoyen Sánchez cuando por fin se soltara la última amarra al muelle.

No faltaron lágrimas, sonrisas, cantos, porras, aplausos, y de ahí, unos cuantos tuvimos la fortuna de subir a lanchas, yates y veleros para acompañar al ALDIVI hasta el final de la bahía.

Los abuelos. La esperanza de que todo saldrá bien...

Gritar un último hasta pronto, ver a los tripulantes, emocionados y nerviosos decirnos adiós, y decir adiós a las demás embarcaciones de la comitiva, y después ver al ALDIVI avanzar hacia un sol que se acercaba más y más al agua. Verlo después volverse un pequeño punto en el horizonte.

Al dar la vuelta y volver al muelle con las emociones revueltas, entre alegría, nervios, tranquilidad, incertidumbre y esperanza por buena mar y buen viaje, no había rostro que no se viese afectado de una u otra forma. Entre todos compartíamos anécdotas de los últimos tres días, en parte para no pensar y en parte para no dejar de pensar en ellos, en Alejandro, Berna, Alexa, Diego, Vital, acompañados de Federico, Federica y Federico, que partían rumbo a Puerto Vallarta, escala antes de iniciar el camino hacia las Islas Marquesas en la Polinesia Francesa. Desde el viernes pasado los celulares dejaron de tener señal, pero gracias a la tecnología, podemos ir siguiendo la trayectoria y saber con gran exactitud la ubicación del ALDIVI.

No hay descripción de la foto disponible.

#ALDIVI #ViajeConCausa #VeleroPorLaPaz #IslasMarquesas

El sueño ya se está haciendo realidad, apenas empieza, le falta mucho camino por recorrer, mucho que conocer, aprender, y en algunos meses estará cumplido. Mientras tanto, a nosotros en tierra nos debe quedar mucho que soñar. Esta impresionante aventura es la prueba de que los sueños se pueden hacer realidad, de que no siempre será fácil conseguirlo, pero que si hay alguien junto a nosotros, así como Alejandro tiene a Berna, dispuesto a apoyarnos y acompañarnos, entonces vale la pena seguir soñando.

En lo personal, espero poder alcanzarlos en algún puerto y pasar algunos días con ellos en el mar, vivir en carne propia la experiencia. Mientras logro cumplir este sueño, termino con la oración que Emma HS, sobrina de Berna y Ale pensó. Oración que la familia en tierra firme repetimos todos los días:

QUE DIOS BENDIGA LA VELA,

QUE DIOS BENDIGA LA MAR,

QUE DIOS BENDIGA EL CAMINO

POR EL QUE VAN A PASAR

ALE, BERNA Y ALEXA, DIEGO Y VITAL…

https://cruisersat.net/track/ALDIVI

Pueden seguir a esta familia a través de sus redes sociales:

  1. proyectosoltandoamarras.com.mx;

FaceBook: Soltando Amarras; Instagram: proyectosoltandoamarras

Vida y milagros

La casa en la crecí con mis hermanos estaba en el llamado barrio de Santiago, uno de los barrios más viejos de Puebla, aunque nunca alcanzó la categoría de colonia. Era una casa que alquilaban mis papás a una señora llamada Doña Elvira, quien al morir la heredó a su hija, amiga de mi mamá y que puntualmente pasaba a recoger su renta el día primero de cada mes. Mi mamá tenía listo el sobre desde la víspera porque era una mujer amante del orden, cualidad que no heredé. La casa tenía en la entrada una escalerita y un árbol de colorín que la hacían particularmente graciosa; era de dos pisos y con un jardín en la parte de atrás que se veía desde la ventana del comedor. En la parte de arriba estaban los cuartos en donde dormíamos y en medio de ellos, un espacio distribuidor al que daban todas las puertas, formando una armoniosa unidad.

Había además un cuarto adicional que tenía varias funciones; en él había dos armarios - libreros que hacían esquina, formando entre ellos un hueco que se volvió el escondite perfecto y el refugio ideal para los momentos de turbulencia familiar o emocional que existen en toda niñez. A ese hueco con un poco de más de dos metros de hondo le llamábamos " el hoyo", y se subía usando los entre paños como escalones. Entrar era fácil, salir no lo era tanto y se requería agilidad de chango para esconderse ahí de manera rápida. Carlos mi hermano y yo teníamos la habilidad para trepar a la velocidad de la luz cuando había emergencias, por ejemplo, que llegara el doctor que traía la vacuna de la polio. Ese cuarto hacía también las veces de costurero, pues ahí estaba la máquina de coser que usaban mi mamá o doña Irene, una costurera de edad difícil de definir para un niño y que iba a la casa dos veces por semana. Doña Irene tenía un cuerpo sin cintura y yo la consideraba para entonces una mujer viejita. Se peinaba de chongo y su suéter siempre estaba lleno de alfileres a un lado de su pecho. Tenía un olor que recuerdo con una precisión asombrosa. Dicen que los olores están ligados de manera corta y directa a la zona del cerebro que guarda las memorias, y quizás por eso nos conectan de manera profunda y sin atajos a situaciones y recuerdos de una manera especialmente vívida. Doña Irene olía a talco, madera y a todos los olores de un almacén de telas: a algodón, a estambres, a satín y a tul. Se sentaba ante la máquina de coser y desde ahí gobernaba ese pequeño cuarto sin hacer mayor ruido, aunque se reía de una manera muy chistosa, como entre dientes, y le encantaba molestarnos con cuentos de miedo o nos entretenía con chismes de su vecindad. Dentro del armario de usos múltiples también había una casita de muñecas, así que nuestras visitas al cuarto de la costura eran frecuentes. Recuerdo a Irene dándome retacitos de las telas sobrantes que se guardaban en un canasto; con ellos me enseñaba a hacerles faldas, vestidos o gorritos a mis muñecas o a mi gata Casiopea. Irene me daba conversación e información cuando yo estaba escondida en el hoyo y no había más adultos alrededor. La verdad es que tenía que echar mano del escondite más de lo que yo hubiera deseado. Por esas épocas falté al colegio varios meses porque tuve fiebre reumática y cada dos semanas llegaba el químico Vergara a sacarme sangre para ver si iba yo mejorando. El químico tenía paciencia de santo, porque hacerme salir del hoyo requería de una cantidad enorme de chantajes o definitivos regaños de parte de mi mamá. Olía yo al químico tres cuadras antes de que su cochecito se parara en la puerta de mi casa. Irene era una buena cómplice. No delataba nuestra presencia en el divertido escondite, lleno de cuentos de vaqueros, La Pequeña Lulú, o La Zorra y el Cuervo. Doña Irene pasaba el día rodeada de hilos de colores, ropa por arreglar, retazos de tela, un huevo de madera de cedro que servía para zurcir calcetines, un gran alfiletero rojo que simulaba un jitomate y una máquina de coser verde marca Edna, con la que sostenía una lucha constante, ya que Edna solía jugarle la mala pasada de "enhebrarse" , si es que esa palabra existe. Una máquina enhebrada es una máquina a la que los hilos se le hicieron bolas en el interior de sus misteriosas entrañas metálicas. Doña Irene sabía desenhebrar la máquina con paciencia admirable. A mí me daba por lidiar con Edna sin supervisión, así que solía hacer la maldad de enhebrarla de tal manera que los hilos enredados en su interior se volvían una maraña solo destructible a base de tiempo, tijeras, punzones y muchísimo desperdicio de hilos ahorcados. Doña Irene siempre dejaba su máquina limpia antes de irse, aceitada, sin hilos enredados, con su aguja ensartada con un hilo blanco montado en un carrete plateado, todo listo para una emergencia. De las manos de mi mamá y de Doña Irene salieron fundas e individuales, nuestros uniformes del colegio, los vestidos de nuestra primera comunión, las composturas de los uniformes de mis hermanos, los manteles de la mesa, o los baberos de cuadros que usábamos hasta antes de cumplir ocho años para no ensuciar los uniformes a la hora de la comida. Nada más placentero que Doña Irene te trepara en un banquito en una tarde lluviosa para tomarte medidas con la vieja cinta métrica que colgaba de su cuello ,o para marcarte la altura de la manga o el dobladillo del uniforme o una falda .Marcaba la prenda que tenías puesta con una barra de tiza blanca y luego iba llenando la prenda de alfileres. Sentir sus manos temblorosas trajinando sobre el cuerpo, ya sea marcando la tela con la tiza o tomándote las medidas era un placer sutil que pocos comprenderán. Era un cosquilleo suave, casi una caricia imperceptible e involuntaria que te hacían cerrar los ojos de gusto. El chiste era permanecer quieta. Ella te iba dando la vuelta mientras hacía su trabajo y nunca me dio más gusto obedecer a alguien -"Irene, tómame medidas"- le decía yo cuando quería atención. Irene fue la que se ofreció un día a enchinarme las pestañas porque las tenía yo muy largas, pero poco rizadas. Descubrí con ella que lo aparentemente feo podía ser mejorado. Con un alfiler de seguridad me las enchinó y desde entonces, la perseguía por las tardes en el costurero para salir de ahí con unas pestañas demasiado rizadas para la forma de mis ojos pero que a mí me parecían una genial y hermosa impostura. También me hacía anchoas en el fleco enredando el pelo con papelitos de china y dos pasadores cruzados. Una hora después, mi fleco lacio era rizado. De vez en cuando las anginas recurrentes me daban unas calenturas espantosas; Doña Irene me dijo que tenía yo "escalofríos". Pensé que era el nombre de una peligrosa e innombrable enfermedad. "¿Como es eso de los escalofríos, Irene?" "son esos temblores que te dan, por eso te suenan los dientes." Me daba un vaso de agua de limón acompañado con una pastillita rosa que ahora sé que era un mejoral infantil, y al rato ya andaba yo libre de la maligna enfermedad, jugando con los trapos, vistiendo a las muñecas o molestando a Irene con que me arreglara un dobladillo con tal de que me subiera al banquito, me llenara de alfileres, y me tomara las medidas. Digamos que nos caíamos mutuamente en gracia. A los niños de la casa nos mantuvieron en una burbuja en la que la muerte no tenía cabida. Particularmente en la familia de mi madre todos vivían como si siempre fueran a ser eternos y jóvenes. Cuando los padres de mi papá se murieron, simplemente nos dijeron que ese día no iríamos al colegio porque los abuelos se habían ido al cielo. No sé si a Doña Irene también se la llevaron para allá, porque un día supe que estaba enferma y luego nunca se le volvió a mencionar. El único muerto con el que tuvimos contacto antes de los diez años fue con un pavo que les regaló a mis papás poco antes de una navidad un amigo al que llamaban el Charro Ausencio. Sus bigotes, su atuendo y su cuerpo eran idénticos a los de un panzón de Corpus. Todos tuvimos que ver con el guajolote porque nos correteaba en el jardín y nos picaba las agujetas. Cuando lo vimos colgado de la escalera de caracol que subía a la azotea con el pescuezo estirado, hubo muchas lágrimas derramadas, mucho llanto infantil. Todo esto lo digo para explicar por qué no supimos que fue de Doña Irene hasta mucho tiempo después, cuando ya no éramos niños. Desapareció de nuestras vidas con una suavidad que solo pudo ser producto de la negación de que la muerte existía en nuestras vidas. La vida siguió en el cuarto de costura, luego tuvo otros usos, pero nunca regreso a él la paz, la boruca, la complicidad y el ambiente especial del costurero cuando en él vivió y trabajo Doña Irene.





Mundo Nuestro. La Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz en esta ciudad de Puebla anuncia la relización del Simposium Nacional "Universidad y Antigüedad: reforma educativa y humanismo", con las conferencias magistrales a cargo de los doctores Héctor Velázquez Fernández, Leticia López Serratos y Jesús Manuel Araiza Martínez y diez ponentes invitados.

El evento se llevará a cabo el próximo 30 de marzo en las instalaciones de la Academia en la 7 Poniente 502, en el Centro Histórico de la Ciudad de Puebla.

Mundo Nuestro. El l marzo un grupo de funcionarios y periodistas que realizaban un recorrido de trabajo (auditoría de movilidad) por las calles del centro de la ciudad de Puebla fue agredido por comerciantes ambulantes. La reportera del diario El Popular, Alba Espejel, fue amedrentada en particular por su condición de periodista. Este es el reclamo que la Red Nacional de Periodistas, la Red Puebla de Periodistas y la organización Comunicación e Información de la Mujer, AC (CIMAC) han hecho a las autoridades poblanas.

Leer en el Popular: Salen a evaluar calles y son agredidas

12 de marzo de 2019



Gobernador del Estado de Puebla Guillermo PachecoPulido

Presidenta Municipal de Puebla Claudia Rivera Vivanco

Fiscal Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE) Ricardo Sánchez Pérez del Pozo

PRESENTE



La Red Puebla de Periodistas condena la intimidación que sufrió nuestra compañera, Alba Espejel Linares, reportera del periódico El Popular, diario imparcial de Puebla, por parte de vendedores informales del centro histórico, el pasado 9 de marzo. El sábado por la tarde nuestra colega cubría la primera auditoría de caminabilidad con perspectiva de género en la que participaron más de 20 mujeres, entre ellas, activistas e incluso dos funcionarias municipales, la titular de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Sustentabilidad Municipal, Beatriz Martínez Carreño, y la Secretaria de Movilidad Municipal, Alejandra Rubio Acle. La actividad dio inicio en la plazuela Sor Juana Inés de la Cruz situada en la 4 poniente y 5 norte; avanzaron sobre la 5 norte; luego bajaron por la 10 poniente y al llegar a la 3 norte, el grupo de mujeres, quienes fueron confundidas con periodistas, fueron interceptadas por un grupo de vendedores ambulantes. “Alrededor de seis vendedores rodearon a las activistas y les preguntaron: ‘¿Por qué están grabando? ¿Qué documentan? ¿Son reporteras y nos quieren sacar de aquí? Pues ya saben de antemano que no nos van a sacar’”, narró Alba. Las activistas hablaron con los vendedores y les aclararon que estaban ahí por un proyecto de movilidad. “Caminamos tres negocios, cuando vimos que unas chicas corrieron, volteamos y veo que esos seis vendedores ya eran como 20, incluso había mujeres, y empezaron a jalonear a las chicas, incluso las tiraron, las patearon, a otras les quitaron sus lentes, les jalaron su cabello. Yo entré en pánico y me escondí en una zapatería. Guardé mis cosas. Después llegó una patrulla y yo salí, en ese momento una señora, que era vendedora informal, me preguntó que si yo era reportera. Yo le contesté que sí. Ella me dijo, ‘ya te ubicaron, yo te sugeriría que te vayas, porque escuché que a la siguiente que van a madrear es a la de florecitas’ y yo era la única vestida así. En ese momento me subí a la patrulla y me trasladaron a otro punto”, describió la reportera. Ante los hechos, Espejel manifiesta que tiene temor de pasar por esa zona o hacer una cobertura periodística del comercio informal, el cual se ha extendido en los últimos meses. Es preocupante que la agresión a nuestra compañera, a las activistas y funcionarias, ocurriera un día después de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, fecha en la cual se exige un cese a la violencia contra las mujeres y justicia contra los crímenes de los cuales son objeto. La Red Puebla de Periodistas documentó 45 agresiones a comunicadoras de julio de 2014 a la fecha, la mayoría de los casos ocurrieron en la ciudad de Puebla. Por todo lo anterior, la Red Puebla de Periodistas hace un llamado a los gobiernos municipal y estatal para que garanticen la seguridad a las y los periodistas, el derecho de éstos a ejercer libremente su profesión y el derecho de la ciudadanía a informarse. También la agrupación solicita a la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (Feadle) atraer el caso de nuestra compañera Alba, y de ser necesario, brindarle medidas cautelares.

Segunda Parte

Mundo Nuestro. Publicado originalmente en nuestra revista en marzo de 2014, presentamos este conjunto de voces de mujeres de todos los sectores sociales de nuestro país. Dijimos entonceas: Van esta voces frente el hecho rotundo del asesinato de una mujer joven, Karla López Albert, a quien sus asesinos fueron a arrojar a un paraje yermo en el oriente de la ciudad de México. Una más entre miles y miles de muertes violentas de mujeres que, una por una, devastan todo ánimo por construir un mejor país."

Son voces que responden a preguntas directas al corazón de la catástrofe mexicana: ¿Qué violencia es esta? ¿Tú cómo la has sufrido? ¿Por qué se comportan así los hombres? ¿Es posible explicarla? ¿Qué pasa con este sistema judicial que lo permite? ¿Qué se puede hacer desde la acción civil?¿Cuál es la respuesta de las mujeres?

Su lectura impone un subrayado ineludible: la quiebra del sistema judicial mexicano. Su fracaso como mecanismo del Estado para frenar la violencia. La quiebra profunda de la sociedad mexicana.



Pero también ofrece un aliento lúcido: el de que es posible transformar nuestra realidad. Y que la acción inicia con la defensa que las mujeres hacen de sí mismas al decir ya basta, al defender su libertad, al demandar justicia.

(Las entrevistas fueron realizadas por el equipo del Taller de Periodismo Narrativo Mundo Nuestro, todos ellos estudiantes de Literatura en la Facultad de Letras de la BUAP: Alejandro Ramírez Rojo, Andrea Catzalco, Ednilma Durana Filizola, Inés del Río, Margarita de los Santos, Paulina Mastretta Yanes y Victoria Sandoval.)

Enfrentar la violencia desde la voz de las mujeres

No existe justificación para lo que él hacía. Me decidí a poner un límite.



Anónima. 33 años, enfermera, casada

La voz de una mujer víctima de la violencia se hace escuchar en el centro de la ciudad de Puebla. Ella se sienta en una banca del zócalo Angelopolitano, me dice que su edad es 33 años. Ella es enfermera general y su estado civil ante un juzgado es el de una mujer casada. Realmente ella se separó de su marido. La causa, la violencia psicológica a la que se sometió.



He sufrido violencia por parte de mi pareja. Mi pareja quiso utilizarme, pero los valores que he tenido a lo largo de mi vida son los que me hicieron decir no al maltrato. Decidí alejarme de esta persona y actualmente me hago cargo de mis hijos sin la ayuda de nadie.

Llegó el momento en que me acerqué a ser víctima de la agresión física. Fue en ese momento cuando decidí poner un límite a la vida que mantenía.

Las causas. Cómo fue que comenzó el maltrato sobre mi persona. Creo que mi marido y yo nos encerramos cada quien en un mismo mundo. No nos interesamos en saber cómo era la otra persona y aunque pasaron los años no nos dedicamos a conocernos.

Qué puedo decir acerca del señor con el que lleve una vida de matrimonio. Mi pareja nunca tuvo una familia fundamentada en valores. Su actitud tal vez se debe a que en su infancia fue violentado, no por su padre sino por su madre. Eso debió afectarlo

Independientemente de lo que sufrió no me parecieron correctas sus actitudes. No existe justificación para lo que él hacía.

Yo me cansé. No era su gata, si su cocinera, pero estaba enamorada y permití los abusos.

Tenía una empresa, tenía dinero y no me faltaba nada material. Laborábamos juntos, el trabajo de ambos nos llevó a iniciar un negocio. Éste se basaba en la reparación del equipo de cómputo. Aprendí armar y desarmar las computadoras, también formateé y comencé a usar Internet. Un día revisé el disco duro de nuestra computadora y encontré información oculta. Fue así como supe sus preferencias, sus adicciones y aunque el enamoramiento puede nublar nuestro juicio, decidí ponerle fin a esa vida.

Actualmente ya terminé una profesión y trabajo. Ahora ya tengo una forma distinta de ver el mundo. En el hospital en que laboro me encuentro mujeres víctimas de violencia, y probablemente se someten porque sus maridos las mantienen, pero no están conscientes de que ellas puede trabajar y salir adelante por sí mismas. Ellas se limitan. Por unos cuantos pesos se dejan lastimar, se tienen que someter. Existen mujeres que presentan enfermedades venéreas, pero también hay mujeres que no llegan a consulta hasta que no llegue el papá, porque la responsabilidad es de ambos.

El sistema judicial (suspiro largo) no me ayudó cuando acudí a ellos. Levanté una denuncia y no les importó en nada. Nunca te dan respuesta. Lamentablemente cuando se trata de justicia el que tiene dinero avanza y quien no, pues ya se fregó

Actualmente participo en una organización civil que pertenece a la Iglesia y se llama Servicio ayuda de Pablo. Ayudamos madres solteras, ancianos en abandono total. Lo que podemos hacer por ellos es darles despensas. Yo aplicó medicamentos y hago curaciones.

Con una amable despedida la mujer que se detuvo a confiarme parte de su vida se tiene que retirar. Ella dice que debe regresar a asumir las responsabilidades de una mujer que se hace cargo de sus hijos sin la ayudad de nadie.

Cuando hablamos de machismo no podemos generalizar a todos los hombres.

Anónima. Abigail, 15 años, soltera

La violencia en la mente de una joven estudiante. La agresión en contra de la mujer existe y ahora se encuentra ante la mirada de una joven con uniforme escolar. La agresión viaja por el centro de la ciudad Angelopolitana, en las mentes de su gente.

Qué puedo decir acerca de la actual ola de violencia en contra del sexo femenino. Yo creo que todos somos iguales, pero han hecho menos a la mujer. Una inclinación de la vista refleja el peso del problema. La decepción se hace presente en los gestos faciales de la joven y como si la magnitud de los conflictos cayera de golpe sobre los pensamientos de la menor de edad, se crea un vacío en el sonido. Un silencio breve invade la tarde.

Sí, el machismo debe ser una de las causas, pero también hay que tener en cuenta la baja autoestima de algunas mujeres. Una tranquilidad en el tono de voz hace creer en una verdad que se ha tomado con resignación.

Cuál puede ser la causa de esta terrible realidad. La causa es que hay algunas mujeres que no están seguras de lo que son o de lo que valen porque el valor que se da uno mismo es lo que uno mismo permite. También es problema por el machismo. Pero cuando hablamos de machismo no podemos generalizar a todos los hombres. El problema con los machistas es que creen sentirse más que las mujeres. Esa es otra de las causas de llegar a ver parejas en las que el hombre trata mal a su mujer, ya sea de manera física o verbal.

Cómo actuaría si atravesara un momento de esta naturaleza. Yo lo que haría sería, en primer lugar, acudir ante las autoridades, obviamente dejaría a esa persona que me llegue a lastimar porque como mujeres valemos demasiado.

La seguridad de la entonación y el volumen de la voz hacen llegar la firmeza de la frase “porque como mujeres valemos demasiado”.

Hay corrupción en el sistema judicial de nuestro país. No se hace lo que se debería hacer. Quienes conforman la justicia no hacen lo que deberían, esa es una realidad a la que nos tenemos que enfrentar en la vida cotidiana.

Ilustración de Lety Mundo

Lo principal es que no hay que dejarse.

Daniela, 22 años de edad, comerciante y vive en unión libre

Una mano arrulla a un bebe que llora mientras el otro es mecido en el carro para infantes. Una mujer que atiende a sus hijos me presta atención mientras le pregunto su opinión acerca de la violencia de género existente en nuestro país. La mujer mira a sus hijos un breve momento.

Pues, creo que es algo que está mal. Las mujeres ya tienen demasiados derechos y saben de ellos y que no deben dejarse. No conozco ningún caso, nunca he sufrido de violencia. A veces hacen falta los valores, unas ocasiones creemos que unos somos más o menos. Estas pueden ser las causas de este `problema. También creo que aquellas personas a las que les suele afectar más ellas mismas lo permiten. Al que le ocurre esto es porque se deja.

Respecto a las personas que son violentas yo creo que depende de una enfermedad, a la mejor vivieron violencia en su familia. Tampoco podemos juzgar a todos los hombres por igual. Todos los hombres son diferentes y existen formas de pensar muy diferentes.

Afortunadamente los hombres que yo he conocido no son personas agresivas ni tampoco ofensivas. Gracias a Dios no lo son. Pero en el caso de llegar a pasar por esto, yo denunciaría ya que hay leyes que protegen a la mujer y lo principal es que no hay que dejarse.

En cuanto a los policías, algunos son demasiado corruptos, pero yo creo que todavía hay gente que de veras se dedica a su trabajo.

Mi hermana trabajaba para la Procuraduría General de la República, y en ese lugar atendían bastantes casos de violencia intrafamiliar. En lo que platica mi hermana es que algunas habían sido golpeadas de forma muy violenta. No sé más que eso, existen mujeres violentadas

Necesitamos comunicación, conocer mejor nuestros derechos.

Daniela. 22 años, estudia ciencias en la educación, soltera

Ella fue agredida, pero decidió llevar a cabo acciones que cambiaron el rumbo de su vida.

En nuestro estado no están justificados los casos de violencia. Sí, he llegado a atravesar por momentos de agresión a mi persona. Lo que hice en ese entonces fue acudir con personas más expertas en la materia. Especialistas que me orientaron a asimilar este fenómeno. Me dijeron qué hacer. Lo que más me ha ayudado es la comunicación.

La valoración que puedo hacer de los hombres es que su conducta parte de la educación que tuvieron en su casa. Obviamente la sociedad también influye, todo influye. Pero hay que tener en cuenta que la educación es pieza fundamental para el desarrollo de cualquier persona.

Yo creo que debería existir más comunicación, que la gente no pase tanto tiempo en la televisión, los videojuegos y se debe tener más cercanía entre las personas. Ayudaría hablar más con la gente que tenemos en nuestro entorno.

También tenemos problemas con el sistema de justicia en nuestro país. La corrupción es muy frecuente y nosotros mismos la fomentamos, es decir si hay alguien que tenga alguna palanca lo dejan pasar sobre la ley. Nosotros nos dejamos influir. Conozco amigos que abiertamente admiten sus actos de corrupción.

No conozco asociaciones civiles, pero creo que las que existen deben de ser leales con lo que se proponen. En nuestro caso como ciudadanos estoy segura que debemos difundir más la información, hay que conocer más nuestros derechos.

Hay que educar a los hombres.

Anónima. 19 años, estudiante, soltera

Un rotundo “está mal” dice la opinión respecto a la violencia de género que guarda una joven estudiante. Indignación es la palabra que explica su sentimiento.

He visto entrevistas acerca de esto, la violencia en contra de las mujeres. Nunca lo he vivido, tampoco he conocido a nadie cercano que pasara por esto.

Cómo se puede originar un caso de agresión. Yo creo que se debe al hecho que hay personas que se sienten con necesidad de maltratar a otras personas. Hay veces que viene del entorno familiar. Una vez que los niños pasan por situaciones de maltrato, es fácil que cuando crezcan repitan los errores que cometieron en contra de ellos. Es una cadena que se debe detener.

La idea de que el hombre tiene el dominio está vigente. Sé que en lugares del norte del estado se han presentado con mayor frecuencia

Yo no puedo hablar de algo que no he vivido pero en el caso de vivir humillación o maltrato yo me alejaría. Porque una persona que hace eso no cambia.

En una persona adulta se le debería tratar de brindar ayuda, para que mejore su actitud. También claro, se le puede brindar ayuda a esa persona, pero es mucho más complicado que si se le brinda ayuda cuando aún es pequeño, es decir a una corta edad. Desde chiquito se le debe inculcar a una persona la gravedad de las acciones violentas. Desde el entorno familiar se le debe de orientar, desde que somos pequeñitos.

¿Existen problemas con la justicia? Sí, porque si se trata del sistema de justicia, está un poquito mal, lo que hacen los policías es decirte: –Ah, sí–. No te hacen caso cuando reportas un delito. Otro problema es que no ayudan a la persona con orientación psicológica. En cuanto respecta a los agresores no tratan de mejorar su conducta. Prevenir es tratar de orientar a las personas, no enseñar a defenderse con más violencia.

Hay que educar a los hombres para que no hagan ese tipo de cosas.

Lourdes Rosas, 50 años, profesora de jardín de niños, casada

Violencia siempre ha habido y siempre va a haber, al menos así me parece a mí. Lo que cambia es la actitud que tengamos hacia ella, no creo que la podamos erradicar por completo pero se puede mantener a raya. La violencia contra la mujer es igual, siempre va ha haber quien se deje. No sabría decir mucho sobre la violencia en otros lados, yo siempre he vivido aquí. La única referencia que tengo de otros países es la tele, dicen que México es un país muy machista, Yo creo que tienen razón. De otras ciudades sólo conozco bien el df, que se me hace muy parecido a Puebla, aunque quizás haya más personas cultas allá, creo que la cultura va de la mano con la no-violencia.

Cuando yo era niña, en mi casa no había violencia física pero sí había lo que ahora llaman maltrato psicológico. Mi papá nunca nos pegó, ni a mi mamá, ni a mis hermanas, pero siempre nos hacía de menos por ser mujeres; no nos quiso pagar una educación como a mis hermanos hombres, decía que estábamos para atenderlo a él y en un futuro a nuestros maridos. Se enojaba si no teníamos la comida lista a las 2, aunque mis hermanos ni hubieran llegado de la escuela, nosotras teníamos que irnos corriendo a la casa para preparar todo. Mi mamá nunca nos defendió de todo eso, pero nos ayudó a salir adelante, a estudiar aunque mi papá no quisiera, para salir de ese tipo de vida.

Estas cosas siguen pasando porque dejamos que pasen, una mujer sumisa y dejada enseña a sus hijas a ser de la misma forma, así como le enseña a sus hijos a ser violentos. Creo que es un problema de educación y de que somos bien dejados. No digo que todos los hombres sean machistas, nomás hablo por los que yo conozco.

Quiero creer que la solución está en nosotros, viendo por generaciones futuras. Por ejemplo mi marido, la situación con mi padre me sirvió para ver lo que no debe de ser y me busqué un hombre bien distinto, mi marido no es de esos. No imagino que se diera una situación violenta con él, pero si así fuera yo no me dejaría porque no es el ejemplo que quiero dar. Yo soy maestra de kínder, ¿Qué clase de formación estaría dando si permitiera esas cosas en mi casa? Para mí todo está en la formación familiar.

No sabría qué decir respecto al papel del gobierno en esto, yo veo que por más que se hagan leyes el problema está en que nadie ve que se cumplan, los crímenes siguen pasando y nadie hace nada. Dicen que con lo del feminicidio va a ir cambiando eso pero a mí no me parece la solución. Lo que hay que hacer es no quedarnos callados, y enseñarle a nuestros hijos e hijas a ser mejores personas que nosotros, a tampoco callarse.

Anónimo, 62 años, enfermera retirada, divorciada.

Yo creo que hay violencia contra las mujeres porque nuestro género nos amarra a los hijos. En el caso de una familia con hijos, si tu esposo se pone violento, ¿Qué puedes hacer al respecto? En mis tiempos o te dejabas o te quedabas casi en la calle porque no había como mantener tú sola a los hijos, además de que una mujer sola era muy mal vista.

Yo tuve suerte, mi esposo se fue porque se encontró a otra, pero nunca me maltrató. Digo que tuve suerte porque tuve una educación y un trabajo medianamente bueno con el que pude mantener a mis hijos yo sola. Claro que si decían cosas de mí porque era madre soltera de cuatro, nunca me quise volver a casar, la verdad me daba miedo conocer a alguien y que me maleducara a mis hijos o algo. Sí conocí casos de violencia a la mujer, era más o menos común que a mis amigas les soltaba la cachetada su viejo, a veces hasta desde novios, pero así eran las cosas y no se hacía mucho escándalo, eso es más bien de estos tiempos. Pero nunca conocí un caso como los que se dicen ahora, que hasta las terminan matando, igual y sí pasaba pero no nos enterábamos.

Estos conflictos pasan porque las mujeres lo permiten, luego no sabemos cómo salir de esas situaciones, o el amor es tan tonto que ni vemos el problema hasta que ya estamos bien adentro, nos hacemos dependientes de la misma persona que nos está creando violencia y no podemos salir de eso.

Los hombres son machistas porque así están hechos, se agarran de las diferencias que hay, como que son más fuertes y esas cosas, y con eso nos dominan. Están acostumbrados a ser los que proveen, los que resuelven, cuando un hombre mantiene a la mujer siempre la va a ver como un ser inferior, va a sentir que tiene ciertos derechos sobre ella y que ella tiene obligaciones ara con él, como puede ser obedecerle y esas cosas. Yo diría que no es nomás que sean machistas sino que se sienten dueños y responsables de cosas que no necesariamente les tocan.

La única pareja que he tenido se fue luego luego, nomás nació nuestro cuarto hijo, no fue violento ni nada. Yo no me hubiera dejado porque sí puedo ver sola por mis hijos, tan puedo que lo hice. Si no hubiera tenido el trabajo que tuve pues hubiera conseguido uno, yo tenía una amiguita que limpiaba casas y lavaba ropa para darle de comer a sus hijas, también estaba sola como yo, pero nunca supe bien por qué.

Los crímenes de los graves, esos de muerte, yo creo que pasan porque las personas ya piensan que todo se puede. Ven en la tele cosas de muerte, conviven con ella y ven que ningún crimen se castiga, tanta gente que desaparece y casi nunca se sabe nada. Pues ya se les hace fácil.

Lo que hay que hacer para que ya no pase es no dejarse ni de cosas chiquitas, si yo sé que a una de mis hijas su esposo le pega, o le pega a mis nietas pues le diría que no se dejara, que hasta dónde va a permitir que siga. Ya hasta hay instituciones que te apoyan, te dan abogados y todo. Yo prefiero que haya divorcios a que haya familias que conviven infelices a la fuerza.

De la justicia ya dije que no creo que se haga mucho, lo que tienen que hacer es atrapar a los que hacen cosas malas, no nada más la violencia. Todo pasa: no los agarran, los delitos quedan impunes, los mismos lo siguen haciendo y a nuevas personas se les hace fácil meterse a la vida del delito. Entre eso y que no hay trabajo pues ya se van todos por lo ilegal.

La sociedad debe de apoyar a las madres solteras, ayudarlas a encontrar trabajo, guarderías y todo. Está bien todo lo de la unión familiar pero no a la fuerza, una familia no debe seguir solamente porque ya se tuvieron hijos y ni modo.

Anónimo, 23 años, estudiante embarazada, soltera.

Hay más violencia contra las mujeres en México que en países primermundistas porque hay más violencia en general, y porque acá son bien machistas, quizás no tanto en Puebla, acá más bien son mochos, pero sí hay violencia de todas formas.

No tengo amigas que el novio les pegue ni nada de eso, pero antes tenía amigas cristianas y luego me contaban que sus papás engañaban a sus mamás, que ellas sabían y no hacían nada al respecto, vivir así es una forma de violencia. Las mujeres deberían darse su lugar, ser así de sumisas es como permitir a violencia contra las mujeres, dejar que los hombres no respeten los compromisos que hicieron. A mí tampoco me ha pasado como violencia así, si he tenido novios que me tratan mal pero los dejaba y ya, nunca pasó a más.

Creo que hay personas, en este caso hombres, que ya son muy violentos pero lo esconden, luego se consiguen una novia y son bien lindos con ella, la chica se enamora, después cuando menos se da cuenta a él le sale lo violento y ni sabe qué hacer. Ese es el origen, que no saben qué hacer al respecto y dejan que las cosas les sucedan, a veces hasta se dejan chantajear para que siga la relación.

No sólo es culpa de los hombres, el machismo no es algo que ellos les hacen a ellas y ya. La culpa también la tienen las mujeres que buscan a un hombre para que las cuide, las mantenga, las defienda… ellas solitas se ponen en esa posición de víctima indefensa cuando en realidad no lo somos. Pero no todos los hombres son así, claro que hay muchos, pero depende de dónde los busques, aquí en la uni hay muchos chavos que respetan, le saben dar su lugar a la mujer como igual.

Yo me peleé con el papá de mi bebé y fue porque me supe dar mi lugar que ya no estoy con él, no fue una pelea así física, simplemente yo no estoy de acuerdo con eso de que como es padre de mi hijo ya lo tengo que aguantar, siempre voy a tener una relación con él porque mi hijo tiene su sangre, va a ser parte de su vida también, pero no como mi pareja.

Los crímenes de violencia contra la mujer se pueden impedir cuando las mujeres son precavidas, tienes que conocer a alguien antes de empezar una relación. Obviamente si una chava tiene días de conocer a alguien no está bien que crea que lo ama y que le tenga una confianza que de pie a que él le haga daño. Como las chavitas estas que apenas tienen 14, 15 años y si alguien mayor se fija en ellas ya se sienten soñadas, luego van y hacen tonterías. Tienen que saberse cuidar y no confiar en cualquiera, luego hasta miembros de su familia o amigos de sus papás acaban abusando por confiadas. Es triste pero así es la realidad en que vivimos.

El sistema de justicia está bien mal, se hacen leyes que protegen a unos cuantos, leyes que luego no aplican porque la gente tiene contactos y se zafa de alguna forma. Otro problema es que no todos se enteran de que pueden denunciar o se pueden tomar ciertas medidas. Hay zonas marginadas donde las mujeres no les queda más remedio que aguantar la violencia.

Yo creo que como sociedad lo que debemos hacer es crear conciencia, hablar con las personas de nuestro alrededor, compartir experiencias y que sea como una red, ir alcanzando a más y más mujeres, que sepan que no están solas.

Fernanda Cruz, 27 años, estudiante, casada.

Creo que hay más violencia en México que en otros lados, pero pienso que mucha de la culpa la tiene la misma mujer. A final de cuentas quien nos da ese tipo de educación es nuestra madre, de pequeños nos enseñan a convivir en con las demás personas dentro de nuestra familia, y es más común que la mamá sea quien enseña a los hombres la forma de tratar a las mujeres porque es la que más convive con los hijos.

Cuando yo iba en secundaria una de mis amigas se embarazó, tenía como 15 años, sus padres como que la querían apoyar pero lo que fuera a pensar la gente les preocupaba mucho, luego vino el novio con toda su familia y los convenció que lo mejor era que abortara. A nadie le preocupó mucho lo que mi amiga quería y decidieron por ella, el problema es que esto fue antes de que el aborto fuera legal así que la chica contrajo una especie de infección y meses después murió. La causa oficial fue sepsis o algo así, pero todo se originó porque la hicieron abortar, en mi opinión eso es un tipo de violencia contra la mujer.

Yo creo que la violencia contra las mujeres sucede en México por culpa de la familia, lo que se nos enseña es que el hombre debe de ir a trabajar y la mujer debe tener un rol de dominada, o sea, vivimos en una cultura muy machista.

Los hombres son violentos porque sacan una especie de placer de ello, les gusta demostrar su supuesta superioridad, en mi opinión es de esas cosas como de instinto que todos traemos, se supone que como vivimos en sociedad vamos suprimiendo esas cosas negativas, sin embargo siguen muy arraigadas en algunas personas.

No dejaría que hubiera violencia en mis relaciones porque yo entiendo que eso de la superioridad del obre y todo no es real, quizás alguna vez lo fue, pero ya no. Vivimos en una sociedad en la que la fuerza física ya no es relevante, lo que importa son las habilidades intelectuales y emocionales, aunque seamos distintos, para el orden social somos iguales.

Todo está en la denuncia, si estas cosas siguen pasando es porque las mujeres siempre se quedan calladas, ya sea porque no saben a quién acudir o porque tienen miedo, lo que no se dan cuenta es que si se callan va a seguir pasándole a ellas y a sus hijas porque es lo que aprenden.

El sistema de justicia es machista aún, en algunos casos, lo digo por relatos que luego te cuentan. Por ejemplo, supe de un caso de una chica que la estaban tratando de violar, se defendió y acabó matando a su violador, obviamente fue en defensa propia pero no le hicieron caso, la trataron como si fuera una criminal, tuvo que ir un tiempo a la cárcel por haberse defendido.

Anónimo, 55 años, arquitecta, casada

En mi casa no se ha dado nada de violencia, ni conozco a nadie que le haya sucedido pero sí creo que sucede mucho. En comparación con otros países en México creo que sucede más, esto es por la cultura que tenemos, lamentablemente vivimos en un país muy machista.

Yo supe de una mujer que denunció a su marido porque le pegaba y le dijeron que no tenía evidencia porque no llevaba ojos morados ni marcas, el caso es que ni la declaración le quisieron tomar, se terminó separando de él, pero siempre tuvo miedo de que su ex la fuera a buscar. Como no tiene pruebas de que él la maltrataba pues le costó trabajo obtener custodia de sus hijos.

Sí es culpa del machismo, pienso que los hombres son como son porque nadie les enseña lo contrario, nuestra sociedad es permisiva, hay cosas que en otros lados están mal vistas pero acá son normales. Cosas que en otros lugares son arcaicas acá son normales, como que las mujeres les atiendan a los demás a la hora de la comida y sólo cuando los demás terminen entonces ya pueden comer ellas. Eso no es precisamente violento, pero es de actitudes como esa de las que surge la violencia contra las mujeres.

La solución está, primero que nada en tener un aparato judicial más eficiente y después en tener igualdad de oportunidades para ambos géneros. No se vale que en los trabajos prefieran contratar a hombres que a mujeres. Cuando era joven eso si me llegó a pasar, recién terminaba la carrera y dejaba currículums en constructoras, luego hasta me decían “pero tú cualquier día te nos embarazas y nos vas a descuidar el trabajo.” Esas cosas ya no pueden seguir pasando.

La ley es muy lenta y se enjuicia a menos de uno de cada 100 delitos, por una o por otra los delincuentes o no los atrapan o por falta de pruebas no procede, bueno fuera que la ley tuviera la eficiencia de los programas de televisión pero aún estamos muy lejos de eso.