Sociedad

Mundo Nuestro. No es común escuchar un sermón así, ni contemplar a un sacerdote decidido a cumplir con su propósito pastoral que lo involucra con la realidad de injusticia y dolor por el crimen y la ausencia de Estado en México.

Valorar las palabras que no estamos acostumbrados a escuchar de los sacerdotes de la iglesia católica mexicana. Del sermón de este 12 de julio en el marco de la peregrinación anual de la diócesis de Saltillo a la Basílica de Guadalupe ofrecido por Raúl Vera López, O.P., Obispo de Saltillo, extraemos algunos párrafos que dan idea del compromiso con quienes sufren la violencia en nuestro país, y en particular aquél que alude al asesinato de Miztli Sarabia hace unos días en la ciudad de Puebla.

Y su reclamo de justicia a las autoridades. la posibilidad de otra iglesia católica en México.



Construir un santuario de amor y justicia

Cuando el Papa Francisco visitó México el año pasado, desde esta misma Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe nos recordó que cuando ella pidió a Juan Diego su ayuda para la construcción de su “casita sagrada”, éste “en repetidas ocasiones le dijo a la Virgen que él no era la persona adecuada, al contrario, si quería llevar adelante esa obra tenía que elegir a otros ya que él no era ilustrado, letrado o perteneciente al grupo de los que podrían hacerlo. María, empecinada con el empecinamiento que nace del corazón misericordioso del Padre le dice que no, que él sería su embajador. Así logró despertar algo que él no sabía expresar, una verdadera bandera de amor y de justicia: En la construcción de ese otro santuario, el de la vida, el de nuestras comunidades, sociedades y culturas, nadie puede quedar afuera. Todos somos necesarios, especialmente aquellos que normalmente no cuentan por no estar a la “altura de las circunstancias” o no “aportar el capital necesario” para la construcción de las mismas... Al venir a este Santuario nos puede pasar lo mismo que le pasó a Juan Diego, mirar a la Madre desde nuestros dolores, miedos, desesperaciones, tristezas y decirle: “¿Qué puedo aportar si no soy un letrado?”. Miramos a la madre con ojos que dicen, son tantas las situaciones que nos quitan la fuerza, que hacen sentir que no hay espacio para la esperanza, para el cambio, para la transformación”. Esa es parte del mensaje que el Santo Padre nos dijo entonces, y con ello nos anima a que regresemos a la casa de nuestra Madre a fortalecer nuestra confianza en ella, en nosotras y nosotros mismos, y en nuestro pueblo mexicano que está lleno de dones y cualidades para construir el país que anhelamos.


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El abandono social en Coahuila

En las zonas desérticas de la Diócesis de Saltillo nuestra gente padece hambre y sed, la infancia está expuesta a la inanición y por falta de alimentos se acercan al riesgo de estar condenados a tener una asimilación atrofiada de su aprendizaje escolar. En Coahuila existe un acelerado abandono de la seguridad social en el rubro de la salud. El sufrimiento que padecen mujeres y hombres pobres, orillados a condiciones infrahumanas de vida, está cada vez más extendido. Los trabajadores de las zonas mineras, especialmente de la parroquia de Sierra Mojada, en Hércules, siguen padeciendo las consecuencias de haberse atrevido a exigirle a la empresa Minera del Norte mejores y más seguras condiciones de trabajo, luchando por su libertad sindical; en estos momentos sufren las represiones que trae consigo haber apelado a un derecho constitucional.

Por el respeto al voto en Coahuila

Otra realidad que nos toca poner en este altar frente a nuestra Madre de Guadalupe, a nivel local y estatal es lo referente al pasado proceso electoral de Coahuila. Establece el Artículo 41 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que debe anularse la elección en la que el candidato ganador rebase el tope de gastos de campaña de una elección en más de un 5% de lo autorizado, y la diferencia entre el primer y el segundo lugar sea menor al 5% y que en la elección extraordinaria “no podrá participar la persona sancionada”. Si la Comisión de Fiscalización del INE (Instituto Nacional Electoral) resuelve el que debe darse por anulada la elección o si el Tribunal resuelve validarla, nos enteraremos y hasta entonces confirmaremos si prevalecerá o no el mismo grupo político en el poder. Pero si la ciudadanía que se volcó a las calles para exigir respeto a sus sufragios, sigue levantando su voz y capacitándose civil y políticamente, será ya un triunfo y con ello una esperanza para el estado.

Contra los Crímenes de Lesa Humanidad en Coahuila

De igual manera en torno a Coahuila, acercamos a la Virgen la petición que organismos de Derechos Humanos del país y a nivel internacional, por medio de la FIDH (Federación Internacional de Derechos Humanos), han hecho a la Corte Penal Internacional (CPI) en La Haya, para que haga valer su competencia para abrir una investigación a partir de la comunicación en la que se acusa a autoridades y funcionarios del estado de Coahuila no sólo de pasivos, sino de complicidad y cooperación a través de grupos de crimen organizado y fuerzas públicas para llevar a cabo detenciones arbitrarias, tortura, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales, que implican Crímenes de Lesa Humanidad, en los periodos de gobierno del 2009 al 2016. Se ha incluido en dicho informe lo ocurrido tanto en el municipio de Allende en marzo del 2011, como en el Cereso de Piedras Negras del 2008 al 2012.

La denuncia del asesinato de Miztli Sarabia Reyna en Puebla

En el campo nacional podríamos mostrar a la Virgen un sinfín de ilegalidades, arbitrariedades y hechos de injusticia impensables en un Estado de Derecho que sin embargo saturan nuestro país y que el gobierno pretende habituarnos a ellas. La concentración de poder, las complicidades, las leyes a modo, la cooptación de los medios, la corrupción y el cinismo de las autoridades son cada vez más evidentes y atroces. Las represiones y los crímenes de Estado son cada vez más y más constantes. No podemos dejar de mencionar los feminicidios y asesinatos a periodistas, líderes sociales y ambientalistas. Nos ha dolido en lo más profundo de nuestro corazón la ejecución de Meztli Sarabia Reyna, integrante de la UPVA (Unión Popular de Vendedores Ambulantes) 28 de octubre, en el estado de Puebla. Exigimos justicia para ella y libertad para los 366 presos políticos en ese estado, fruto del “morenovallismo”. Tras ese crimen, hijos de “Simitrio” Sarabia y Rita Amador, han recibido nuevas amenazas, como si exigir justicia también fuera considerado delito.

Día con día

México llegó en el mes de marzo de este año a una cifra de ejecuciones mayor que la más alta reportada desde el inicio de la guerra contra las drogas de 2007.



Como se recordará, en una espiral vertiginosa, a partir de la declaratoria de guerra contra el crimen organizado y el narcotráfico, México pasó de una tasa de 8 homicidios por cada 100 mil habitantes en 2007, a una de 23 por cada 100 mil en 2011. En abril de 2011, registró la cifra más alta de ejecuciones atribuibles al crimen organizado: mil 626, un promedio de 54 por día.

A partir de 2011, la tasa de homicidios empezó a bajar, hasta alcanzar un rango de 16 homicidios por cada 100 mil habitantes en 2014. En agosto de ese año hubo 366 ejecuciones atribuibles al crimen organizado: unas 10 por día, contra las 54 de tres años antes.

A partir de 2014, sin embargo, la marea volvió a subir, suavemente en 2015, y con rapidez en 2016, hasta llegar en marzo de este año a la cifra récord de mil 651 ejecuciones atribuibles al crimen organizado. (Las cifras de ejecuciones son de Eduardo Guerrero: www.lantiaconsultores.com)

Parece que el sexenio de Peña Nieto entregará unas cuentas de sangre considerablemente mayores que las del sexenio de Felipe Calderón, ya de suyo desorbitadas.

¿Qué pasó? ¿Por qué la caída a partir del 2011, el nuevo ascenso a partir de 2014 y el desbordamiento de 2016-2017?


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Me temo que nadie tiene una explicación puntual para este fenómeno, amenazante y resistente como ninguno, pues en los mismos años de su propagación se han empeñado en su combate miles de millones de pesos y el esfuerzo de cientos de miles de policías locales, federales, soldados y marinos. Hay unos 450 mil policías municipales y estatales en México, unos 50 mil policías federales, unos 260 mil soldados y 54 mil marinos.

¿Cuánto dinero y cuantos efectivos más hacen falta para contener la marejada? Nadie lo sabe, pero se afianza la sospecha de que la estrategia seguida hasta hoy no es la consecuencia inevitable, sino la causa eficiente de la violencia que quiere combatir.

Mientras copiaba en Internet los requisitos para la reposición de la credencial del INE, entró la pequeña tromba llamada Teo a las 10:40 de la noche para decir: - ¡abuelo, abuelo, encontraron tu credencial! Detrás mi hijo abriendo sus grandes ojos remató, - ¡Y con todo y cartera!

Casi me caigo de mi silla.

La central de abastos de Cuautla hervía de gente hacia las ocho de la noche y ya empezaban a cerrar. Iba con mi lista de compras y jalaba una bolsa con ruedas hacia unos jitomates rebosantes de rojo en un puesto que no era el acostumbrado, son de invernadero dijo la marchanta y compré además la cebolla y los tomates verdes. En la lista sólo faltaban unas calabazas. Dos o tres filas de puestos más adelante las encontré, muy guapas, como esperándome y al intentar pagar que no encuentro mi cartera. Un frío se instaló en el corazón.



Según el libro De animales a Dioses es probable que en el origen el homo sapiens devastó a otros homínidos surgidos en Asia (Erectus), en Europa (Neandertal) y en otras partes del mundo. Algo se me atora en la garganta pues hacia futuro se habla del Antropoceno, una edad de la tierra dominada por el arrasamiento humano de la vida misma. ¿Qué es el homo sapiens? Un virus, se decía en Matrix, capaz de demoler todo, hasta a sí mismo. Origen y destino se abrazan. En un mundo que hicimos áspero, el mono violento sin confianza ni piedad se caza a sí mismo. Cierre de un círculo.

Busqué entre mis cosas con el susto agarrando carrera, una isla solitaria en el mar de gente que se movía haciendo sus compras. No estaba en ningún lado, regresé sobre mis pasos revisando puestos, pisos y pasillos. Nada. Hice memoria y encontré cada puesto visitado, menos el de los jitomates, que ya había cerrado. Traía el dinero del abasto, pero sobre todo una cosecha de tarjetas: desde las de dinero y crédito y las identificaciones. El corazón corría a todo galope.

Seguí a Teo hacia el portón, él aseguraba que tenía un oído de superhéroe pues escuchó el débil tañer de la campana desde su cuarto y con los audífonos puestos. Una pareja joven con su moto encendida, sus chamarras de plástico y sus cascos a la mano apenas se distinguían en el arco de luz del portón. El joven dijo: --Venimos a molestarlo pues me pidieron mis papás que le entregáramos esto--, y me enseña el bulto de la cartera. Revíselo, para que vea si trae todo. Somos maestros, llegamos a casa y mis papás estaban preocupados y como nos ha pasado lo mismo, pues venimos, aunque ya sea noche a molestar, así mañana ya no cancela sus tarjetas. No quise decir que ya había cancelado todo lo relacionado con el dinero, sólo susurré ¿y quiénes son sus papás? Bueno, ellos venden jitomate.

Mi vida, ya larga y buena, ha sido posible por muchos actos de gente bienhechora. Imagino un capítulo faltante para las Ciudades Invisibles de Calvino, donde ese muestrario de ciudades imaginadas que Marco Polo le platicaba al Gran Kan, incluyera una pequeñísima con gestos y actos reiterados propios de una Ciudad de la Buona Gente. O una vitrina modesta en el Museo de los Esfuerzos Inútiles de Cristina Peri Rossi que representara a dos jóvenes regresando su cartera a domicilio a un viejo, ya con la noche encima, en el segundo país más violento del mundo.

En el círculo cerrado hay grietas, muchas.


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Vida y milagros

En seguridad y justicia ¿Qué tanto hemos caído?



Solo en este año, muchas personas a las que conozco fueron víctimas de algún delito. Los casos que fueron denunciados nunca fueron bien investigados y mucho menos castigados. Desde delitos no tan graves a delitos gravísimos. Algunas víctimas han denunciado y otras no. Los delitos más comunes han sido el robo de coche, de bolsa, de cartera, asalto a sus oficinas o domicilios sin que hubiera nadie en el momento del asalto, hasta robo con violencia y a mano armada en la calle , en el negocio o en sus casas, con violencia física y amenazas. No hago mención de otros delitos aún más graves. De los casos no graves, la mitad no llegó a poner la denuncia porque temieron o se hartaron de hacer cola en el ministerio público. Los que si denunciaron aún esperan noticias sobre sus casos, y ninguno ha sido resuelto aún. Ningún policía ministerial se ha presentado a dar seguimiento a los hechos denunciados.

¿Por qué es así?

Vi las cifras de una asociación civil que apoya a víctimas del delito (Índice Global de impunidad 2016, UDLAP, Consejo Ciudadano de Seguridad y Justicia). Ellos tienen acceso a bases de datos nacionales que permiten comparar el trato que se le dio al rubro de impartición de justicia en el presupuesto de egresos 2015 y 2016 del estado de Puebla con respecto a otros estados. En 2017 nada ha cambiado y creo que empeorará pues el año pasado los señores diputados, en base a no sé qué criterios que les envió el poder ejecutivo y que ellos aprobaron, recortaron aún más el presupuesto de este año. Los datos que a continuación transcribo, nueve indicadores, nos ubican con respecto a otros estados y con respecto a la media nacional.


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Al ver los datos usted entenderá por qué no hay buenos resultados en las investigaciones y también por qué estamos a ciegas con respecto a los verdaderos índices de los delitos cometidos. La dificultad y tardanza para denunciar desalientan o impiden las denuncias, y por lo tanto, el saber el verdadero número de delitos que se cometen. Las deficiencias presupuestales en toda la cadena de impartición de justicia son francamente alarmantes y por ende la presión a la que están sometidos todos los funcionarios de este sector.

Lo visto no es juzgado. Estos son los datos:

Personal en la Fiscalía General de Justicia por cada cien mil habitantes:

Colima, 164.4

Media Nacional, 75.7

Puebla 39.3

Presupuesto ejercido por la Fiscalía General de Justicia per cápita:

Chihuahua - 965.8 pesos

Media Nacional - 241 pesos

Puebla - 109.1 pesos

Agencias del ministerio público por cada 100 mil habitantes:

Durango - 12.1

Media nacional - 3.2

Puebla - 1.6

Personal del Ministerio Público por cada cien mil habitantes:

Baja California Sur - 114.6

Media nacional - 33.9

Puebla - 11.9

Peritos del Ministerio Público por cada mil delitos registrados:

Campeche - 34.10

Media nacional - 1.76

Puebla - 0.06

Presupuesto ejercido por el Tribunal Superior de Justicia y el Consejo de la Judicatura por cada 100 mil habitantes:

Ciudad de México - 533.4

Media Nacional - 206.5

Puebla - 80.5

Magistrados y jueces por cada 100 mil habitantes:

Campeche - 10.2

Media Nacional - 3.5

Puebla - 1.5

Personal total en el Tribunal Superior de Justicia por cada 100 mil habitantes:

Ciudad de México - 75.1

Media Nacional - 34.3

Puebla - 22.9

Policías Judiciales por cada 100 mil habitantes:

Baja California Sur - 46.5

Media nacional - 11.1

Puebla- menos de uno

El haber reducido tanto el presupuesto de la fiscalía estatal implica toda una odisea para presentar una demanda o hacer una diligencia. El tiempo promedio para presentar una denuncia en un ministerio público estatal se estima entre 8 y 18 horas promedio y depende mucho de si el denunciante vive en una cabecera municipal o en una junta auxiliar. Las enormes juntas auxiliares ya no tienen ministerios públicos. Además, los agentes de los ministerios públicos trabajan turnos de 24 horas por 24 de descanso. Eso no solo es muy injusto sino ineficiente. Acaban exhaustos los funcionarios y los ciudadanos. No es justo ni para ellos ni para quien denuncia. Por eso ha disminuido el número de delitos denunciados. Y lo no denunciado no existe en las estadísticas. No han bajado los delitos, han bajado las denuncias.

Los trámites no solo son lentos con respecto a denuncia de delitos. A 30 minutos de Puebla capital, un muchacho sufrió un accidente fatal al ser aplastado por un tractor a las 10.30 de la mañana en una junta auxiliar de San Andrés Cholula. Los familiares esperaron once horas y media junto al cadáver, sin poderlo mover, hasta que el ministerio público de San Andrés se presentó a las 10 de la noche a realizar el trámite. Hubo que ir por él y regresarlo porque no tenía viáticos. A solo 30 minutos de Angelópolis, del Museo Barroco, del Tec de Monterrey, de la Buap, del Centro Integral de Servicios, de la UDLA y del Club de Golf la Vista. A 30 minutos de la zona más próspera de Puebla.

En cuanto a resolución de conflictos en los juzgados, las cosas son igual de lentas e ineficientes, tanto por falta de jueces, secretarios y diligenciarios, como por falta de insumos para trabajar. A una amiga que es abogada le gustaba llevar a los empleados de los juzgados algún regalito, chocolates o dulces. Hace unos días, una empleada le dijo: no nos traiga galletas Lic, tráiganos tóner o papel si quiere que le imprimamos sus sentencias.

No hay dinero para impartición de justicia.

- Lic, tráiganos pal tóner...

¿Así o más patético?

“La libertad de amar no es menos sagrada que la libertad de pensar. Lo que hoy se llama adulterio, antaño se llamó herejía”. ​​​​​​​Víctor Hugo

Mediodía del 25 de Junio en la CDMX. Este año, como ningún otro, la convocatoria ha sido especialmente intensa, amplificada por las redes sociales e impulsada por ONG´s, empresas y gobiernos. El aire tiene esa pesadez característica de los momentos previos a cuando ocurren hechos que marcan vidas.



Más de medio millón de personas haremos de esta marcha la más masiva de todos los años y una de las mayores del mundo.

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La comunidad LGBT llena poco a poco al espacio entre la glorieta de El Ángel de la Independencia y la puerta de los leones en Chapultepec. Es una marea sutil que avanza desde las estaciones de metrobús, del metro, baja de los autos y se condensa, calle a calle, en un espacio que año con año la comunidad reclama como suyo ¿Cómo no alegrarse al ver los colores que nos identifican en tantas y tantas fachadas? ¿Cómo no alegrarse recordando que apenas hace quince años eso prácticamente no existía? El corazón se hace pequeño con las muestras de apoyo.


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El ambiente festivo tiene su raíz en los cada vez más constantes triunfos de la comunidad LGBT en empresas, en instancias de gobierno, en la calle, en el arte, en la radio, en las redes, que dan seguridad a aquellos que ya no dudan en acercarse. Muchísima gente de fuera de la CDMX encuentra aquí una zona libre para expresarse, ya que en muchas ciudades y pueblos del interior del país todavía les es imposible hacerlo. Todos nos sumamos a los contingentes, encontramos nuestro espacio, desde los contingentes del activismo, los de las embajadas, de empresas, colectivos, bares o antros. Todos diferentes y únicos pero todos con un alma y corazón que palpitaban bajo una bandera de arcoíris que ahora es escudo, orgullo y protección.

Así comienza una marcha por la libertad de amar, de expresarse, una marcha con el reclamo en alto por los cientos de asesinatos dentro de la comunidad. Una marcha donde muchísimas embajadas y empresas suman alegría a las consignas y le dan más profundidad al movimiento poniendo el ejemplo a todos los gobiernos estatales que todavía no reconocen el matrimonio igualitario dentro de sus legislaciones.

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Cinco horas de marcha continua, drags y travestis aguantan kilómetros bajo el rayo de un sol inclemente y una humedad constante que presagian lluvia. Al frente la masa que camina; al final, y pareciera que animando a todos a continuar, vienen los camiones de los antros y bares LGBT con el color, la música y alegría incansable. Pero la marcha va más allá. Este año tiene, como nunca, una presencia inusitada de familias, de niños cargando letreros, coreando, riendo. Son la familias que expresan su amor y que apoyan a sus hijos, hermanos.

También este año queda más patente que nunca la necesidad de unión de la comunidad LGBT. Porque este año se han visto más muestras de odio de la misma comunidad que también tuvieron eco en las redes. Personas de la comunidad que olvidan que los derechos que ahora se tienen provienen de una lucha en la que decenas fueron muertos, muchos más fueron amenazados, golpeados o amedrentados, personas que no cejaron y que al final no dieron a todos la libertad que durante siglos nos había sido negada. La libertad de vivir, la libertad de amar sin miedo. Y con esa libertad nos dieron los derechos que hoy nos amparan y protegen.

Camino por Paseo de la Reforma y esta es mi consigna: marchar por mis amigos que no pudieron ir, por aquellos que todavía tienen miedo, por aquellos amigos que se me murieron presa del VIH no por falta de medicamentos sino por falta de amor y exceso de miedo. Y como yo, cientos actúan desde su trinchera, porque el avance de la comunidad LGBT es el avance de todos, porque la libertad es una y no debe ser negada, porque hace falta todavía mucho camino por delante, pero vamos con la conciencia de que ahora nuestras familias, amigos y la mayoría de la sociedad están a nuestro lado, hombro con hombro, avanzando palmo a palmo con una sonrisa en la boca y muchas lágrimas de agradecimiento.

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Para el Doctor Cesar López, un migrante valiente y generoso.*

La semana pasado, en el programa de Leo Zuckerman de Foro TV, oí una historia que me pareció extraordinaria. Busqué en internet la información complementaria para escribir este artículo.



La historia es la del científico mexicano Israel Reyes, quien nació en una comunidad marginada del estado de México hace más de 45 años. Desde niño tuvo un talento natural y excepcional para las matemáticas. No dice cómo, pero logró salir de la marginación de su comunidad para ingresar a la preparatoria del instituto Politécnico Nacional. Uno de sus maestros, al que Israel dice que le estará agradecido toda la vida, se dio cuenta de su talento y lo animó a ir a la embajada de Estados Unidos a pedir una beca. Aquí - le dijo - no hay las oportunidades que tú necesitas. Yo creo que el maestro se dio cuenta del tamaño de su talento. Israel se animó a presentar el examen en la embajada americana y obtuvo la beca para una universidad en Colorado, con el requisito de un depósito de 5 mil dólares para ingresar legalmente a Estados Unidos, 5 mil dólares que no tenía.

Me sorprendió todo: la lucidez del maestro, la seguridad en sí mismo de Israel y la posibilidad de que la embajada americana diera esas becas.


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A los 18 años, sin nada más que el papel de admisión en la mano, Israel la emprendió para el norte. Se tardó más de un mes en llegar a la frontera, y como millones antes que él, como "mojado", cruzó el río Bravo para después adentrarse en el desierto.

Israel es breve en su relato y todo lo cuenta con la ligereza de quien cuenta un viaje turístico. Nada más lejos de eso, pero él es así. No magnifica para nada sus logros.

Llegó a la universidad y ahí el responsable de la escuela de matemáticas, un amable profesor, le dijo que no podía admitirlo por no reunir los requisitos para su legal entrada al país. No se dio por vencido. Consiguió un puesto de barrendero en la misma universidad en el turno de la noche, y en el día empezó a entrar a clases de oyente. La universidad no lo podía aceptar por la puerta de enfrente, pero por la de atrás le dio trabajo. Me imagino que hoy, en los tiempos de Trump, eso sería imposible.

Israel gastaba el dinero de su sueldo en comer y en libros, y toda su energía en estudiar y trabajar. Un día, meses después de su llegada, el profesor con el que se entrevistó al llegar lo reconoció en la cafetería y le preguntó qué hacía ahí. Él le contó en qué andaba y el profesor seguramente se conmovió e impresionó con ese tenaz joven de 19 años. Buscó a los profesores que ya lo conocían, quienes le dieron excelentes referencias de su desempeño, así que lo ayudaron a regularizar su situación. El profesor hizo algo más por él: le dijo que no se perdiera en la teoría, que se enfocara en las matemáticas aplicadas porque eso le daría para vivir. Así lo hizo. Muy pronto ya estaba trabajando para compañías como IBM, Hewlett Packard y Fujitsu, dedicadas al desarrollo de tecnologías de la información. Su trabajo lo llevó a vivir en Europa, en América latina y en Japón

Israel Reyes explica en un video la Associative Law Elliptic Curve Cryptography

Después de 17 años de experiencia en manejo de crisis y seguridad cibernética, en 2012 fundó en Nueva Zelanda la empresa Solity, que además dirige hasta hoy. La empresa se especializa en la construcción de arquitectura de plataformas cibernéticas y mitigación de riesgos con amplios protocolos de seguridad que él mismo diseña.

La Doctora Eunice Rendón, otra mexicana de excepción, especialista y conocedora de las diferentes aristas del fenómeno de la migración, lo ha involucrado e invitado a participar en un programa en el que se busca que miles de migrantes mexicanos con alta preparación científica y tecnológica apoyen a distancia a jóvenes mexicanos que estudian en diferentes universidades de México. La idea es que la fuga de cerebros encuentre una forma de retorno que enriquezca al país. Lo están logrando y el programa será seguramente exitoso. Desde los lugares donde habitan, técnicos y científicos mexicanos altamente capacitados comparten sus conocimientos usando las video conferencias. No solo dan su tiempo, también gracias a sus contactos y talento, consiguen donaciones de equipos que por su costo pueden ser muy difíciles de adquirir para las universidades públicas mexicanas.

Israel Reyes no tiene ni le interesa tener otra nacionalidad, solo la mexicana. Él dice que no renunciará a ella. ¿Cómo? - dice él- si este país me dio los retos.

Estoy intrigada con esa frase- "Este país me dio los retos”. ¿No es una manera totalmente distinta y positiva de abordar la vida y de ver a México?

Donde otra persona hubiera visto desgracia y problemas irresolubles, él vio retos. Y además está dispuesto a darle al país parte de lo que es, sabe y tiene.

*Cesar López es mexicano. Es Doctor en Biología por la Universidad de Manchester. Él y el Doctor Arturo Reyes, ambos poblanos, desarrollaron exitosamente la vacuna contra el zika en Manchester, Inglaterra.

La vida que se escucha en los ojos de Salvador Flores.

Mirar el mundo por sus sonidos. Escuchar el caos para percibir el paso del tiempo. Con los ojos cerrados. Entender que desde el principio, todo es ruido.

Caminar en el centro de la ciudad de Puebla. Llevar en el maletín unos CDs de los noventa para los clientes que te han hecho el pedido. Cargar la memoria con la música que identificas entre las mesas de un restorán por los gruñidos de un joven roquero que trabaja la propina.



Salvador no tiene problema en reconocer lo que interpreta el cantante:

Es Zoe, una banda a la que por cierto nunca he escuchado hasta hoy. Pero él la identifica sin chistar, y me dice que ya tiene tiempo esa rola, tal vez de hace unos quince años. Así que Zoé. Salvador ha llegado a vender algún disco suyo.

“Nada más tienen dos canciones –me dice--, bueno, al menos las que pegaron. Esa que canta el muchacho es Soñé.”

El roquero termina la interpretación, y ahora pasa la charola guitarra en mano. Sí, soñé, así se llama la rola, me confirma. Salvador sonríe.

“También la anterior está bonita –sigue--, la de labios rotos.“


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El muchacho intérprete se emociona. Sí, está chida la rola, y el hombre de lentes negros se las sabe todas.

“Toda la música la conozco, todos los géneros, nada más se trata de escucharlas.”

Vende de todo, de pop, de cumbia, de ranchero, de salsa: “Compré muchos discos, cuando salían, compré como cien, y como ya salieron las memorias, pues las copio y las vendo. Y como la gente tiene el celular, pues me las compra.”

Las memorias. No entiendo. Ah, las memorias electrónicas. Y el celular.

Luego me da una demostración:

“Lo desarmo fácil, le quito la batería y… acá está la memoria, mire. Entonces meto mis discos en ella y ya puedo venderlos.”

Los discos, entiendo, vende los discos. A diez pesitos. O chips de teléfonos. El chiste es buscarle de todo.

Ladran los recuerdos

Lo conozco desde hace muchos años. A su papá, Don Goyo, pintor de brocha gorda en el barrio de Santiago hace cincuenta años. A él, cuando jovencito que iba a la radio en los noventa, a la Radiante 105, y participaba con una sección en el programa Revista 105. Y hablaba de temas en los que es un experto: los perros capacitados para guiar a los ciegos, el bastón, las vialidades y la infraestructura para caminar en ellas. Todo eso quedó grabado, me dice, y espera mi respuesta, ¿qué fue de esos audios de la estación en aquellos años noventa? Habría que buscarlos, me dice.

Buscar en sus recuerdos. Eso hacemos ahora.

“Así, así, ¿cuántos años me calcula, señor Mastretta?”

A ver, ¿cincuenta? Me fui de largo. 44. Lo veo más cascarón.

“Es que la vida me ha tratado mal –me dice riendo--, pero me ha dado tiempo de escuchar la música.”

Lo veo en su programa en la radio en 1996. ¿Claro y oscuro se llamaba? Ninguno de los dos lo recuerda bien. Ha pasado el tiempo.

Lo veo en su viaje a Estados Unidos en 1994. Solo. Se fue a Rochester en 1994 en busca de un perro. Regresó con Alex.

“Un tío y mi mamá me fueron a dejar al aeropuerto de México –cuenta--, y allá estuve un mes. Me patrocinó un Club Rotario, estaban en la 27 y la Avenida Juárez, aquel día el presidente era un doctor que se llama Heriberto Gómez, él fue el que me mandó. Yo fui solo a conseguir la visa y el pasaporte, y ya nada más mandé la solicitud a Estados Unidos y me la dieron dos meses después. Y en septiembre de 1994 ya estaba yo volando a Rochester, porque fue en avión. Después de un mes regresé con mi perro. Me dieron capacitación y cuando vieron que ya estábamos adaptados, me mandaron de regreso. Se llamaba Alex, estuvo diez años conmigo. Pero ya no he vuelto a tener un perro, lleva mucha responsabilidad, comida especial, y luego el veterinario, es mucho gasto.”

Salvador ríe. Son muchos recuerdos de Alex. Lo veo en una esquina, a la espera del camión. Prueba de fuego resuelta rápidamente con el civismo reprobado por los choferes.

“No nos dejaban subir a los camiones. Decían que los iba a morder. Ahí me quedaba yo, a la espera del siguiente y el siguiente, hasta que alguno se acomedía. Una vez me subí a un ruta Azteca, y el chofer me cobró el pasaje de Alex, ¿qué te parece?, me cobró lo mismo que a mí. Le dije, ¡cómo cree!, si se va a ir en el suelo, pues aun así tiene que pagar, me dice. La gente se quedó callada. Otro día iba yo a entrar a SAMS a comprar un costal de alimento de perro, y no me lo dejaban pasar, y no entré hasta que llegó el gerente y le expliqué.”

Radio

Pero ya no lo extraña mucho. Salvador se ha independizado.

“Ahorita yo sé dónde estoy. Estamos en los portales, el zócalo está atrás, la 3 Poniente hacia mi izquierda, la Reforma a la derecha, o sea, siempre estoy ubicado, ¿qué le parece? Aquí enfrentito está Telcel, y más para allá estaba el banco Scotiabank, pero ya no, lo pasaron para la 2 Poniente. Así que no extraño mucho a mi perro, desde pequeño me gustó tener iniciativa, ya ve, así llegué a su estación de La Radiante, ahí fui a tocar su puerta pa que diera chance de platicar con la gente.”

Y no fue la primera estación. Antes un locutor de nombre José Luis Ramírez Sánchez le dio la oportunidad en grupo Oro, y como tenía una tarima de sonido local en el mercado de la Cocota, ahí hizo sus prácticas, y por cuatro años estuvo anunciando a los locatarios, y daba la hora.

“Por ejemplo plásticos Aredo, que vendían tasas, platos, cubetas, todo eso lo anunciaba. Orita un ejemplo, ¿así nada más?, sale, decía ‘Plásticos Aredo, abierto de lunes a viernes, de ocho a ocho, aquí en el mercado de la Cocota, en la 16 Norte y 4 Oriente, precios accesibles, pasen a comprar…’ Así más o menos, es que yo a este locutor de radio le pedí la oportunidad de que diera chance de hacer prácticas ahí en radio oro en la avenida Juárez, y me dice a ver, demuéstramelo, vete al mercado de la Cocota y ahí haces prácticas, y sí, llegué solo, y ahí me quedé con él cuatro años.”

Cuatro años en la tarima del mercado. Entraba a las cuatro, las cinco de la mañana, y hasta mediodía, o hasta la noche cuando no aparecía el locutor. A veces comía una torta, una cemita, otras nada. Le siguió la pista al locutor hasta la Fayuca, ahí abrió otro sonido local y ahí estuvo Salvador. Todo eso le sirvió para llegar a la Radiante. Le pidió una oportunidad al productor Polo Noyola, y ahí empezó su programa los sábados por la mañana en Revista 105.

“En el 2005, cuando se acabó el proyecto de la Radiante, Polo me recomendó con el vulcanólogo Alejandro Rivera, él tenía un programa de lunes a viernes en Tribuna Radiofónica, igual, igual con mi tema de los perros, el bastón, las calles y los invidentes, ahí estuve un año, igual con la idea de concientizar a las personas que nos escuchaban.

Radar

La ciudad se camina, se reconoce en sus alcantarillas y sus baldosas rotas, en los letreros tramposos, en las casetas telefónicas malditas. Salvador habla y yo cierro los ojos, por un momento lo escucho venir desde Xochimehuacán. Sale a mediodía, porque él es gente de la tarde, en la mañana se queda en casa, deja que su mujer trajine y él escucha su música. Luego toma el camión, reconoce los tráficos por los tiempos y los parones, por las calles cortas y largas. Sabe cuándo queda atrás el mercado Hidalgo, cuándo el camión ya va por la 7 Norte y da vuelta en la 14 Poniente y cuándo por fin por la 15 Sur cruza Reforma, porque ahí se baja y camina. Lo veo andar con su maletín, con los discos, hacia sus clientes, ya está con uno que le hizo un pedido.

Abro los ojos, ahí sigue Salvador con sus lentes negros. ¿Cómo lo hace? ¿Cómo camina por esta ciudad sin ojos?

“Cuando ya tienes la idea de andar en la calle nosotros ocupamos el oído, y todo lo calculamos. Sabemos si viene o no el coche, si viene de la izquierda o de la derecha, y si se mueven, ya sé que el semáforo está en verde, todo eso lo tengo calculado.”

Y no se espera a que le ayude la gente, yo no carga silbato, no le gusta, es hacerle menos, no le gusta llamar a la gente.

“Conozco toda la ciudad –dice Salvador--, desde aquí del centro para donde quiera. Caminando hasta el hospital Universitario, a Plaza Dorada, el Paseo Bravo, el hospital de San José.”

El bastón es la extensión sobreviviente de los ojos perdidos. El bastón es la herramienta crítica, el radar implacable para un urbanismo moroso y vil.

“Las líneas en el suelo al principio sirvieron –arranca con la severidad de un profesor de arquitectura que nunca será presidente municipal--, pero como es un trabajo muy mal realizado, las placas se despegan con la lluvia y paso de la gente, así que en lugar de que sea fácil, nos complica, los bastones se traban con el concreto levantado, te tropiezas. No sirven. Tapan el sol con un dedo. Hay muchas cosas en la calle que no tienen por qué estar, pero están ahí, como esos fierros grandes en los que ponen letreros, están para que uno se estrelle con ellos. La ciudad no piensa en uno. Estamos muy olvidados. Aparentemente hay reglamentos, pero no se cumplen, no se llevan a cabo. No vamos lejos, aquí en esta calle de la 16 de Septiembre, usted ha pasado seguro por ahí, la carretera está al nivel de la banqueta, más bien no hay banqueta, no hay escalón, y pa cuando nos damos cuenta ya estamos a media calle, ¿qué le parece?”

Le digo lo que opino: que esa calle la construyó un güey que no piensa en Salvador. Se ríe. Y apunta:

“El problema de fondo, desafortunadamente, es que nosotros no contamos, no tenemos opinión. A lo mejor con esto que se publique alguien se pone la pila. Y si así estamos en el centro, imagínese en las colonias, allá todo es peor.”

Civismo

“La ciudad es agresiva. Lo veo con los choferes, les dices, oye, por favor me bajas en la Reforma y la 15, y ellos no te dicen nada y te bajan en la 5 Poniente. Y siempre prepotentes, hazte para atrás, a gritos, que estorbas, con esos tratos. Y si caminas por la 10, la gente nos empuja, nos codea, nos quita de su carril, y allá va uno rebotando de aquí para allá. O llegas a una tienda y pides algo en el mostrador, y el empleado no contesta, se queda callado, como si no hubiera nadie, como si fuera uno a pedirles limosna, como si no fuera uno a comprar algo; y si contestan te dicen no está el dueño, o si llega otra persona a esa atienden y no respetan que uno haya llegado primero. O qué tal que haces una fila, haz de cuenta un teléfono, y ahí estás, y se mueve y entonces no te avisan, se pasan delante de uno, adiós, te brincan, se pasan uno o dos. Pero la situación está complicada para todos, en todas partes, no nada más para uno que no puede ver. La sociedad está muy alterada, hay mucha violencia, nos agredimos todos contra todos, vivimos enfrentados, y vivimos sólo pensando primero en nosotros, primero en nosotros, lo que le pase al otro nos da igual.”

Salvador se involucra, habla en primera persona. “Yo he tratado de que no ser así, pero veo que así es la mayoría.”

Y de nuevo: ¿qué le parece?

Y él: “Vivimos una época terrible, tenemos que despertar, tenemos que alzar la voz.”

La felicidad

Ahora ya es un monólogo. Yo ya he cerrado los ojos:

“No es fácil ser feliz con este asunto de la vista, se pierden muchas oportunidades de trabajo, de hacer deporte como los demás. Felicidad, felicidad, casi no la conozco, nada más intento pasar la vida, ¿qué le parece? Nada de esto platico con personas como yo, cada quien anda en sus asuntos personales. Empecé a venir al zócalo hace más de veinticinco años, entonces conocí a una amiga justo a la entrada de la escuela Zapata. Ella veía bien, pero hablaba mucho al radio, cuando me daba oportunidad José Luis Ramírez en Radio Oro, ella me escuchó un día y me llamó, y aquí nos citamos, tenía un poco de emoción. Luego le perdí la pista.

“Yo vengo desde Xochimehuacán, porque ya vivo allá con mi familia, ya no estoy en Amalucan, pero es que me junté apenas con una chava, y me llevaron a vivir para allá. Ella es ciega como yo, pero no sale al centro, se queda en el quehacer en casa. La conocí en un curso de costura aquí en la 5 Poniente. Yo tomé la iniciativa, porque uno siempre tiene que ser caballero. Ella tiene 42 años. Ya tengo esa responsabilidad, todo depende de mí. Su familia nos prestó un cuarto en la casa de ella. Ai vamos con sus familiares, nos respetamos, como en todos lados se tiene que portar uno bien, aunque no falte el gandallita, siempre hay alguien en la calle, en el trabajo, en la familia, por eso siempre hay que andar preparado.

“Todo es ruido, todo viene por los sonidos. Los coches, ese ruido siempre va primero, lo escucho, percibo por dónde viene. Si arranca, ya sé que no puedo atravesar. Por ejemplo ahora, guarde silencio diez segundos… Mucha gente, de todas partes las escucho, y atrás de mí, los coches. Caótico, desordenado, como el mundo, descontrolado. Y ahí está uno, dentro del ruido…

“Me dice un día un cuate, un vendedor de no sé qué, me dice tú ya te acostumbraste a andar así, y yo le contesté, ¿tú te acostumbrarías a pegarte con los teléfonos, a caerte en las alcantarillas? Le digo, yo no me he acostumbrado. Acepto mi realidad, pero a pesar del tiempo, de los años, no me acostumbro, ¿cómo te vas a acostumbrar a los golpes? ¿Te has caído por una alcantarilla sin tapa? Y estoy así desde los seis años de edad. No veo, esa es mi realidad, pero a pesar del tiempo, no me acostumbro a los golpes contra los coches, al desprecio de la gente, no, soy muy necio, no me rindo, la gente tiene que hacer conciencia, por eso he tocado puertas, para que la gente haga conciencia. Pero yo no soy débil de carácter, quiero que la gente vea.”

Ahí quedamos los dos. Los ojos cerrados. Afuera el caos. Entender el mundo con los ojos cerrados.

Me robaron la sandía en el súper.

Estaba ahí, en mi carrito, y lo peor del caso es que aún no la pagaba.

¿Por qué lo peor? Porque habiendo un millón de sandías más para elegir, a alguien se le antojó la mía: esa que pedí que cortaran más pequeña porque "sólo es para mí". Cuando volví con el amable señor del área de frutas y le conté lo sucedido me dijo sin más “pruebe esta” (que resultó aún mejor que la anterior, más rojiza, más firme, más dulce y en el tamaño ideal).



Después me dijo con una sonrisa: "Le convino, siempre llega algo mejor.”

Y yo, con lo cursi que soy, pensé que era justo lo que necesitaba escuchar, y lo trasladé al área amorosa. Entonces, ya con la reflexión en mente se las conté al simpático muchacho de la caja y a los señores cerillos --cabe notar que los traía muertos de risa, no porque sea chistosa sino porque seguro no ven gente tan loca a menudo--, y al decirles que era como una metáfora del amor, el chico de la caja me contestó: "Esta sandía está sola, nadie la toma". Como me sacó de balance le pregunté "¿Con esta sandía te refieres a ti?", y me dijo solemnemente "sí". Entonces ya no me quedó más que decirle, como si fuera una verdad irrebatible, que no se preocupara, que de seguro pronto llegaría alguien a llevársela.

Y que seguramente cuando eso pasara alguien más también iba a querer robarse esa sandía.

(Ilustración: SANDÍAS, 1975, RUFINO TAMAYO/Tapiz en lana, punto de alfombra. Museo Tamayo, Ciudad de México.)


c/6 parrafos