San Miguel Tecuanipan, entre las casas de plástico y el olvido Destacado

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San Miguel Tecuanipan, Tochimilco. La construcción de tres casas con Poli Etilén Tereftalato (PET)) -botellas- llenas de arena, simulando bloques, para igual número de familias pobres y damnificadas por el sismo de este lugar, es el proyecto ya arrancado por un grupo multidisciplinario de jóvenes estudiantes, algunos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en esta Junta Auxiliar de Tochimilco, municipio devastado por ese mismo fenómeno natural.

De entrada una, la de don Miguel Adorno, un hombre de 68 años de edad quien salvó su vida de milagro aquel día, prácticamente ya está lista. Es un cuarto de 3 por 3 metros concluido recientemente a unos metros de los escombros de su vivienda de adobe arrasada. Se usaron más de 2 mil 500 botellas. La segunda está en proceso, la de Cayetano Rodríguez y su esposa. Y la tercera aún no comienza. Son esquemas ecológicos, baratos, resistentes y nada peligrosos. El plan por el momento quedará en tres por la falta de recursos económicos públicos y privados para financiarlas. El costo de cada una asciende a más de 60 mil pesos.



En San Miguel Tecuanipan, pueblo viejo, rural y cercano a don Goyo, el censo indica 150 casas con daño total. Sólo 69, inexplicablemente, están en el censo del Fondo de Desastres Naturales (FONDEM). El resto de personas debe resolver su problema como pueda.

Y una de estas maneras puede ser la propuesta de quien, de manera colectiva, puede identificarse como el grupo VIEM MX.



La subida

Retratos de la reconstrucción en Tochimilco

Para llegar a San Miguel el primer paso es la cabecera de Tochimilco, cuyo centro todavía muestra sus ruinas. Repetida la escena calle tras calle: escombros y número rojos pintados en las fachadas.

La salida a Tecuanipan es por un camino muy estrecho. Rodeado de árboles y de cerros amenazantes con deslizarse en cualquier momento.

Es puro subir y subir. Y para medir los grados de altura basta con dejar atrás el espacio verde y encontrarse, casi cara a cara, con el cráter del Popocatépetl.

Desde Tecuanipan puede, dicen los moradores, sentirse los latidos del coloso. Tras una curva, aparece el pueblo: asoleado, amarillo por la arcilla y el polvo, tirado a la desgracia por el temblor, lleno de carpas color café.

Pero es una comunidad muy agradecida: en la entrada una manta, sí mal escrita, pero de solidaridad:

“Gracias a todas las personas del mundo por su ayuda”

Atentamente: habitantes de San Miguel Tecuanipan.

Casi al fondo de la calle principal está la telesecundaria. Los maestros y padres de familia están conectados. Y más luego de su desgracia.

La directora pide al presidente del Comité de Padres llevar a los visitantes con Javier Hernández. El hijo de la dueña de la tienda cercana. Es algo así como el conecte entre los universitarios y la población.

Es un joven entusiasta de cerca de 30 años dedicado a la cámara y la fotografía social. Esto permitió obtener el registro más logrado de la desgracia de su pueblo.

El rezo

Caminamos a la casa de Miguel Adorno. Un viejo solitario. Su esposa murió hace cuatro años y de ella conserva la foto. El día del temblor, quizá por suerte o destino, logró salir de su hogar que se derrumbaba.

Lo encontramos con sus dos perros guardianes, afuera de una carpa ofrecida por unos voluntarios, y a un lado de -un cuarto medio derruido.

Ya no oye bien. Entiende a gritos, y así Javier Hernández le dice que tiene visitas. Apenas puede levantarse de una vieja cama. Pero cuando lo logra de inmediato empieza a hablar de su nuevo cuarto de botellas.

“Sí, esta bonito. Pero es un poco pequeño. Ya cuando esté listo pasaré ahí unas horas”, alcanza a decir.

Los universitarios pensaron en este hombre por sus condiciones de abandono familiar, económico e institucional. “Increíblemente no esté en el Fondem, y debemos ayudarlo”, dicen.

El modelo color gris de su cuarto de botellas llamó ya la atención nacional. Sólo faltan los focos y la conexión eléctrica. Usaron varilla, cemento, alambrón y botellas de 600 mililitros.

“Es muy resistente, ecológico y barato y en caso de sismo, las botellas amortiguan el movimiento, se doblan, pero resisten, los muros son fuertes y no se caen”, dice Hernández mientras golpea dos de ellos. Luego nos cuenta que la idea surgió de este grupo interdisciplinario de universitarios quienes cada fin de semana llegan a este lugar y duermen donde pueden y ayudan a la reconstrucción.

Salimos de ahí en silencio. Para no distraer al viejo Miguel quien ya reza, acostado en su cama, la ofrenda a dios del mediodía.

Bloques

La familia de Cayetano Rodríguez pasó el mismo trago amargo. Una parte de su vivienda se vino abajo. Recuerdan con mucho miedo aquel 19 de Septiembre. A la entrada de su terreno hay dos cosas: una carpa café y unas mallas de alambre con botellas incrustadas. El proyecto de la casa apenas toma forma.

Llama la atención la idea de una de sus hijas, confirmada por Javier: “Son buenas casas porque la botella llena de arena es como un ladrillo. Fuerte y resistente. Y nosotros queremos donde dormir”.

De manera continua, un cuarto de pet puede levantarse en aproximadamente tres o cuatro semanas. “Pero, y a pesar de ser necesario, debemos resolver otras cosas quizá más importante como contar con agua potable. Desde el sismo no tenemos. Y debemos caminar media hora para traerla. A veces llega poca de las autoridades, pero no alcanza para el pueblo”. Y es que los derrumbes en los cerros de los alrededores el 19 de Septiembre, no sólo ensuciaron el manantial, el agua pasa muy poco por estar atorada. Eectivamente, la casa está en la sección alta de la comunidad, donde la presión no es suficiente para abastecerla. Funcionrios del SOAPAP me comentarán más tarde que están construyendo dos nuevas líneas para cambiar el trazo de las antiguas y evitar se repita el daño.

Mientras, la familia de Cayetano sigue durmiendo en la carpa para seis personas. “Ahí por las madrugadas el frío es muy feo, y por las tardes no es recomendable estar por la acumulación de calor”. En esta época, el frío en San Miguel llega a los menos un grado centígrado.

Los rumores

Dice el joven Hernández que con este proyecto queda claro, y de manera contundente en términos civil y arquitectónico, que las cosas pueden ser diferentes. Pero nos confirma que sólo tres están planeadas por el momento: “Hace falta pet, a pesar de las bolsas enormes de la entrada, dinero y quizá manos”. El esquema, desde luego, plantea casas de este tipo más grandes. “De dos o tres cuartos”.

Increíble, frente a la enorme acumulación de basura plástica en cualquier punto del país, no hay botellas a la mano para la construcción de este tipo de casas.

Mientras se logran apoyos, una cantidad importante de vecinos afectados por el sismo siguen propagando el rumor:

“Como no voy a tener ayuda del gobierno --sólo la mitad de familias está en el Fondem--, saco la cosecha de amaranto, muy mal pagado por cierto, y me voy a Estados Unidos. Los 15 o 20 mil pesos del campo no servirán para reparar por cuenta propia mi casa.”

Ausencia y olvido

Tecuanipan fue fundado en 1567, dicen las crónicas. Pueblo Náhuatl y católico. Pareciera que el tiempo, y el gobierno, no han pasado por aquí: sin internet, con muy pocas líneas telefónicas y sin las necesidades básicas cubiertas, vive todavía el duelo de la tragedia. Es un duelo similar al de la muerte: en los primeros días todo mundo te abraza, dice estar contigo y acude a visitarte. Pero después, la ausencia y la fatalidad se viven de manera solitaria.

La historia reciente pues, de un pueblo de duraznos “grandotes” en junio, y de solidaridad y drama tras el sismo.

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Sobre el autor

Miguel Ángel Domínguez

Miguel Ángel Domínguez es periodista en Atlixco. Actualmente encabeza el proyecto de comunicación Oxygn Noticias.