Postales del país del agua y la piedra milenaria III

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Tulum

La selva resistente. Todo Yucatán por carretera no tiene otro paisaje que el muro de verde antiguo cortado por pueblos de santos jacintos, crisantos y elenas y mayas con ches y kas y haches aspiradas que se abren con arcos estilizados que dan cuenta de la pudorosa estima que sus moradores le tienen a los visitantes. Aquí y allá intento descubrir los campos henequeneros pero sólo encuentro selvas bajas que a golpe de zarpa y secas se abren al cielo en ramones, higueras, flamboyanes, ceibas, leks y decenas de nombres más de los que cuelgan juncales que rondan abejitas traviesas. La derrota de la mirada larga se ayuda con la memoria de los trazos mayas en la selva, sus senderos de piedra llanos y lizos para el caminante que carga lejos, para el que sabe mirar a través del bosque, que nombra y se arregla con las sabidurías de sus ancestros…



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Si vas en bici tienes otra vista que guardan en común los pueblos. El arco a la entrada, el panteón, el mercado, los templos, los mensajes cívicos.

En el hotel Los Jaguares que no es hotel sino una casa airosa plantada a la vera del camino y la selva 14 kilómetros antes de Tulum descubrimos a Regina, una cerdita y una perrita al mismo tiempo con sus patas diminutas, su colita feliz y su hocico de cilindro infalible, un asunto que no le preocupa mucho a los genes de esa aspiradora bajo la mesa. Y descubrimos a Clare, una mujer francesa-vietnamita nacida en mi año 55, justo en el parteaguas de la revolución contra la colonia gala en Indochina que dará paso unos años después a la invasión nortemericana, el ejemplo sublime de la ruindad de la guerra fría. No habla de ello esta mujer cuyas manos fusionan culturas y cocinas en este pedacito de selva que ha logrado salvar de nuevos destrozos de la historia. Ella sonríe, cuenta historias gratas y llena de milagros culinarios la mesa de sus huéspedes.

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La industria turística. El INAH acosado por la empresa privada. El estacionamiento de 160 pesos. El outlet para empachar de sombreritos y mescales a los gringos. Los aguiluchos gritones y la foto. El mono con el payaso y la boa albina con el presunto azteca, el tren que salva del sol como la última sombra al penado que llevan al ajusticiamiento.
Frases así he escrito en la libreta antes de entrar a las ruinas marinas de Tulum. Recojo la del estacionamiento privado que cobra 160 pesos.
“Es de Carlos Salinas de Gortari –me dice el muchacho que nos cobra en la entrada--, y si no le parce lo que cobra, no se preocupe, si quiere mentarle la madre puede hacerlo ahora mismo, para eso está la cámara.” Él y yo reímos ante la cámara de seguridad, y yo cumplo con ese reclamo para el paso. De tal tamaño es la desgracia de la política mexicana. Si el expresidente de la debacle nacional es o no el propietario de este timo turístico poco importa. El hecho que se viene encima es el cerco a ese bastión se los mayas vuelto al mar en sus pequeñas mirillas para observar a los astros en las madrugadas celestes. Aquí los nuevos negociantes apoderados de sus selvas le sacan todo el jugo posible a los turistas y a la tierra.
Mientras esperamos en el acceso a la zona arqueológica me doy tiempo para buscar en la red algo sobre los conflictos provocados por el crecimiento voraz de los desarrollos inmobiliarios.
Noticaribe me da un encabezado del 28 de junio de este año:
Balazos en la zona turística de Tulum: disputa por un predio desemboca en enfrentamiento sin heridos en Punta Piedra
De inmediato me auxilia Lydia Cacho con un reportaje del 2015:
Tulum: tierra de ambiciones. Desapariciones forzadas, homicidio, persecuciones, amenazas, extorsión... así se consigue despojar de tierras a ejidatarios de la Riviera Maya. Las dinámicas de despojo responden a una guerra abierta entre empresarios corruptores y políticos corruptos, que han tomado a los tribunales agrarios como rehén, corrompiendo jueces en ocasiones. Tulum es un botón de muestra de lo que enfrenta el país: una batalla por desaparecer los ejidos en un contexto de pulverización institucional en el que la ambición empresarial se impone a la ley y a los planes de desarrollo sustentable.
Cacho documenta de inicio el asesinato de Álvaro López Joers, un abogado del DF, litigante especializado en juicios mercantiles y agrarios. Entre 1992 y 1996, nos informa Lydia, fue subdelegado jurídico de la Procuraduría Agraria en Chetumal, capital de Quintana Roo, lo que le convirtió en un experto en el tema. “Él documentó los incontables intentos de despojo, robo e invasión de terrenos propiedad de ejidatarios originarios de la región. En el momento de su homicidio, Álvaro llevaba la defensa de 40 personas, propietarias legítimas de diversos terrenos en el ejido de Tulum, denominado oficialmente Ejido José María Pino Suarez; López Joers también representaba legalmente a la Asociación de Colonos Turísticos Ecológicos Pino Suárez.”
Lo mataron de dos tiros en el baño de su oficina, a plena luz del día del 17 de mayo del 2012.

Eso no está en la cabeza de nadie en el balcón al mar entre El Castillo y el Templo del Dios Viento. Selfis en carretadas en la insolación fulminante en la vida de anónimos turistas.

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A las 10 de la mañana el sol rostizado en playa Maya. Palapas y empresas turísticas. El guía que explica en inglés el auge de Tulum como alternativa a la explosión de Playa del Carmen se refiere a una soledad inmobiliaria en esta costa que por suerte poco a poco termina. Ese grupo ilusionado que dirige a la palapa en la que se les otorgará una lancha con capitán latinlover y grumete buceador con aletas y snórkeles es uno más del engranaje –el nuestro fue otro—de una maquinaria que mueve ya millones de turistas al año en una rivera maya convertida en el principal ingreso de dólares turísticos en México.
Letreritos invisibles marcan el estrecho campo del territorio federal de playas caribeñas y piedras mayas.

Coba

Cenotes. Aquí todo escurre de abajo para arriba. Alguna consecuencia dejó el meteorito. Ahí están los colapsos de la tierra para probarlo. Los ríos subterráneos, las simas y sus misterios anunciados en el azul obscuro de los círculos en las lagunas.

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Las lagunas como centro de vida... La que dio vida a la ciudad maya de Coba es una de las más bellas y mejor tratadas desde el punto de vista del turista. Un malecón de madera al borde, con restaurantes sombreados y panuchos y demás guisos al otro lado de la carretera.
Las masas y los guías. Es tal vez el mayor acierto de los mayas a la hora de entenderse con la masa de turistas. Un arreglo que se trepa en bicicletas y carritos tamaleros para cubrir el tramo que lleva a la pirámide más alta de los mayas en territorio actualmente mexicano: 42 metros contra 75 de la de Tikal en Guatemala.
Nuestro guía maya va enojado conmigo porque le pido de algo exaltado que no nos diga chicos. Igual que nosotros termina trepado en un bici dentro de la corriente que por dos kilómetros nos lleva a centenares de turistas entre juegos de pelota, senderos luminosos de piedra caliza. Se da tiempo para hablarnos del maya, las estelas, lisas y gravadas, el estuco en rojo como base para los glifos que trazan dioses y vida cotidiana de un mundo ido hace un milenio. Algo decididamente ignorado por mí: las estelas lisas estucadas servían de periódicos murales dispuestos a lo largo de los senderos para ser vistos por los caminantes. Discurro sobre el alcance de ese periodismo maya primigenio. Y sobre los trazos adivinados en las piedras ahogadas por la selva : la pirámide al dios abeja de miel. El dios de la lluvia, Yun Chac. El templo de la Iglesia. El señor de los Cuatro puntos cardinales.
Después la selva y los dioses quedamos atrapados en el aluvión de turistas.

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Bacalar

Para llegar a ella el camino es un corte de máquina feroz que deja desde Tulum una rajadura mortal en la selva maya.

Es un lienzo perfecto. El sol se aferra a una nube en el amanecer, como si no quisiera herir el sueño de la laguna y el agua se lo agradeciera otorgándole su superficie de colores múltiples a sus rayos pinceles floridos.

A lo lejos la voz en el pueblo induce a los placeres de los sábados de matanza. Saturnino Balam es el carnicero que muy temprano ha degollado a un puerco que acabará en guisos de sabores igualmente floridos, como los rayos del dios de la luz sobre la laguna.

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La política me persigue hasta estas tierras de sombras perennes en el dominio absoluto del sol.

"Al Palacio o a La Chingada" resuena la consigna un mediodía de calor benigno frente a la estatua de un proser tropical enfundado en abrigo neoyorquino. Los escultores no saben de climas ni de historias de crímenes, ellos cumplen el cometido del brazo extendido y el dedo que señala un porvenir sin sudores ni traiciones. A Felipe Carrillo Puerto lo mataron los rebeldes delahuertistas un día infame del invierno yucateco hace ya 94 años. Nadie por aquí recuerda con fervor al motuleño indigenista que tomó partido por los zapatistas en 1911para hacerles la revolución a los hacendados yucatecos, ni se preocupan por saber que llegó a gobernar el estado en el ascenso del caudillo Álvaro Obregón en 1922 con su Partido Socialista del Sureste; sobrevivía sin pudor alguno el poder de las castas y las haciendas henequeneras y la esclavitud de los mayas, y en ese entorno de perfiles sureños norteamericano, y así su gobierno fundó escuelas socialistas, creó la Academia Mexicana de la Lengua Maya y la Universidad del Sureste y se tomó en serio los propósitos zapatistas del reparto de la tierra. Esas ideas no se las perdonaron sus enemigos que lo fusilaron en la borrasca de la rebelión delahuertista que derrocó su gobierno el 3 de enero de 1924.

Otro altavoz ayer anuncia el mitin que hoy sábado tendrá López Obrador en Carrillo Puerto, un pueblo grande que algún día fue cabeza de playa para el propósito estricto de devastar la selva de Sian Kan. No descansa el Peje un 30 de diciembre, no hay vacaciones que valgan ni otro propósito en su historia que ganar la presidencia de un país desvalido pero que no olvida sus ritmos propios de pueblo de mudanzas sabatinas. Sí, estamos jodidos, pero hoy se come puerco.

Más tarde me entero que otro político, este sí del centro de esta República de desmanes y abusos de los de su clase, ha comprado tierra y construido mansión con los dineros públicos de los poblanos. Moreno Valle mira en algún momento de sus obstinados días desde una hamaca está reliquia de los dioses mayas que bien sabe de los desayunos humanos.
"Ya se lo chupará la bruja del Cenote Negro", me dice en su despecho quién esta noticia me cuenta. Ese buen deseo se cumplirá algún día. Y la bruja convertida en él mismo, que ya se lo chupa en todo momento al infeliz ex gobernante de esa selva inhóspita del concreto angelopolitano que con tanto esmero han construido tlatoanis como él.
Vergüenza de la mala política mexicana. Violencia de los abusivos como Rafael Moreno Valle.

Graciela tiene la gracia de la conversación y la tranquilidad del viajero que sabe que siempre alguien aparecerá en el camino. En estos senderos mayas se ha especializado en el transporte en triciclo tamalero, muy abundante en los pueblos. De ellos trae relatos que ayudan a mirar con otros ojos el mundo. Y sí, no todo aquí es un paraíso. H regresa con Graciela y el mandado desde Buenavista, y además de identificar al vuelo dos especies de tucán distintas, el de pico rayado y el más común de pecho amarillo, le cuenta que los criminales se han apoderado del pueblo de Bacalar, y entre ellos su papá, un narcomenudista que ya no mira por su familia.

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Estamos en un pueblito llamado Buenavista, como a veinte Minutos de Bacalar. A mediodía cae un chaparrón de aliento veraniego. La laguna lo resiente con un tono verde uniforme, como si se tapara con las hojas serias de las palmas. Pero la lluvia se va como llegó y no se despide. Nos ha dejado un trance de viento fresco de las plantas que la transpiran para mantenerse sedientas siempre.

Cadencia de los colores vivos en la rotundidad del mediodía al que llega a salvar la lluvia sobre la laguna.

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Sobre el autor

Sergio Mastretta

Periodista con 39 años de experiencia en prensa escrita y radio, director de Mundo Nuestro...