La matanza estadounidense Destacado

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Día con día

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En el sitio electrónico Gun Violence Archive, (@GunDeaths: http://bit.ly/2HpySW2), puede leerse la siguiente estadística sobre el uso de armas de fuego en Estados Unidos durante enero de 2018.

Muertes por disparo de arma de fuego: mil 260.

Heridos por arma de fuego: 2 mil 308.



Niños heridos/muertos por arma de fuego: 57.

Adolescentes heridos/muertos por arma de fuego: 245.

Incidentes de defensa propia con arma de fuego: 132.

Tiroteos no intencionales: 163.

Invasión de hogares con armas de fuego: 190.

Tiroteos masivos (más de 4 muertes en cada uno): 23.

Policías heridos/muertos por arma de fuego: 25.

He abordado ya este tema en este espacio con las cifras del caso (12 y 13 de octubre de 2017), pero vuelvo a él porque la liberalidad irresponsable, en muchos sentidos suicida, con que Estados Unidos mantiene la venta y el uso de armas de fuego en su territorio es un factor central en la violencia criminal de México y en América Latina: la abrumadora mayoría de las armas que se usan entre nosotros viene de aquel mercado sin control.

El gobierno y la sociedad estadunidenses no parecen dispuestos a corregir este despropósito ni siquiera en defensa propia.

Algunos datos:

Entre 2013 y 2017 se registraron en Estados Unidos mil 516 mass shootings: tiroteos en que mueren más de 4 personas. Es decir, en nueve de cada diez días se registró en ese país un tiroteo donde murieron 4 o más personas.

Según una investigación de las universidades de Harvard y Northeastern, difundida por The Guardian, los estadunidenses tienen 265 millones de armas como propiedad personal. Más de un arma por cada adulto. http://bit.ly/2cSVNN4.

“En los últimos 49 años”, dice The Independent, “han muerto por arma de fuego 1.5 millones de ciudadanos estadunidenses. En todos los conflictos bélicos de ese país han muerto 1.2 millones” (http://ind.pn/2kr8HXK).

Hay más de 138 mil negocios que venden armas en Estados Unidos (hay 98 mil escuelas). Los tiroteos mortales son tan estadunidenses como el American Pie. Son también, junto con el racismo, la mayor expresión de barbarie en una sociedad que, por otra parte, puede reputarse como la más moderna del planeta.

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En Estados Unidos mueren por arma de fuego 29.7 personas por cada millón de habitantes. En Canadá, 5.1. En Alemania 1.6. En Australia 1.4.

La razón de esta disparidad salvaje es que Estados Unidos, con solo 4.4% de la población del mundo, tiene dentro de sus fronteras a la mitad de la población civil del mundo que posee un arma.

Los ciudadanos estadunidenses armados de esta manera pueden sorprendernos cada vez con el tipo de matanza que sale de sus arsenales privados. Pero no con que habrá una matanza.

El mejor texto que leí a este propósito lo publicó Néstor Ramos en The Boston Globe, hace unos días. Se titula: “Ya sabemos lo que sigue”.

Los tiroteos masivos, dice Ramos, parecen seguir “el mismo triste guión”:

El homicida será un hombre, incluso un niño.

Usará un rifle semiautomático, un AR-15 o algo parecido, con muchos magazines llenos de balas.

El arma habrá sido comprada legalmente.

El homicida entrará a una escuela, un concierto o un edificio público y abrirá fuego sobre una multitud inocente.

Mientras dispara, empezarán a circular textos, videos y mensajes de las víctimas, dando cuenta en tiempo real de su terror.

Las televisoras exhibirán los videos.

Sabremos de héroes que actuaron con valentía solidaria durante los hechos.

Sabremos que el asesino era anormal, cruel con los animales, había dado muestras de desequilibrio mental, había perdido su trabajo, le pegaba a su mujer.

Habrá un coro de voces preguntando por qué cualquiera puede hacerse de un arma así, y alguien tan problemático.

Habrá otro coro acusando al anterior de “politizar la tragedia”. Otro coro habrá diciendo que si las víctimas la hubieran tenido habrían podido defenderse. Entre estos últimos, Donald Trump.

Salvo en la familia, los deudos y la comunidad agredida, el duelo se perderá pronto en la memoria.

Luego vendrá la siguiente matanza, siguiendo este guión.

Todo esto sucederá otra vez, dice Néstor Ramos. Lo sabemos desde ahora. Salvo por las tres cosas claves que no podemos saber antes de que el guión se repita:

Quién, dónde, cuántos.

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Sobre el autor

Héctor Aguilar Camín

Héctor Aguilar Camín (Chetumal, 1946) novelista e historiador, es director de la revista Nexos.