El finquero y la finca ¿un nuevo administrador? La pregunta por el tiempo que estamos viviendo Destacado

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Mundo Nuestro. Benjamín Berlanga es una de las personas en México con mayor autoridad para hablar desde la acción civil organizada. Ahí están para probarlo dos instituciones fundamentales en Puebla, el Centro de Estudios para el Desarrollo Rural (CESDER) y la Universidad Campesina Indígena en Red (UciRed), dos procesos sin los cuales no podemos entender la transformación social en la Sierra Norte de Puebla. Desde esa trayectoria suya este análisis sobre el cambio ocurrido en México el 1 de julio pasado. Estamos todos obligados a repensar nuestra historia, a reinventar la esperanza.

Un acontecimiento es una irrupción: es lo que adviene y nos sorprende al menos por un momento. Es lo que queríamos, quizá lo que esperábamos pero no sabíamos cómo y cuándo había de llegar. Metidos en el suceder, sucede que sucedemos, pero apenas nos damos cuenta. Socialmente pasa. Así, la presentación del EZLN el 1 de enero de 1994 devino acontecimiento porque obligó socialmente a un dar-nos cuenta: en esos días nos dimos cuenta que algo estaba pasando; en una madrugada pareciera que la historia se decantaba y hacía presente con una dignidad no conmiserativa sino afirmativa, a los que no estaban presentes sino como sujetos nombrados, como sujetos pronunciados por otros, también por los que hablábamos a su nombre, en su nombre, aun para salvarlos, para redimirlos de la injusticia histórica cometida. Siempre en su nombre.



Hoy el triunfo de AMLO es un acontecimiento: no pasa de largo, nos obliga a pensar-nos. En el acontecimiento, dice el filósofo esloveno Slavo Zizek, nos hacemos sujetos: dejamos de vivir como un transcurrir (cuidadoso y premeditado, muchas veces) y nos damos cuenta; nos hacemos sujetos al pensar lo que ha pasado como “lo que nos ha pasado”. Socialmente eso que ocurre se presenta también como una articulación “acontecimental”: es memoria social que irrumpe como condensación de lo que nos viene pasando, de lo que nos ha pasado, y que resulta en advenimiento de algo: algo está pasando exactamente ahora y es lo nuevo, lo que se abre desde un acumulado.

¿Qué es lo que ha pasado? “El tsunami AMLO” es, entre otras cosas, condensación del hartazgo social. La elección fue un crisol de la indignación. El día siguiente se ha presentado como sensación de que ahora es posible otro posible. El voto mostró la percepción meridiana común de que había que cambiar las cosas. La alegría pos electoral ha dado lugar a la irrupción de certezas: “es que ya era hora”, “no tenían llenadera”. En el acontecimiento “tsunami AMLO” se articula de un modo específico lo que ha venido aconteciendo: no sólo Ayotzinapa, la inseguridad cotidiana, los feminicidios, la casa blanca, la estafa maestra, los trasiegos de la muerte de punta a punta del país por un narco desbocado, los maestros en Nochixtlán, los gasolinazos, los ricos cada días más ricos, los pobres cada día más pobres, las reforma energética y Odebrecht, etc., sino lo que cada uno de nosotros articulamos como acontecimientos biográficos, que hacen al dar-nos cuenta de lo que está pasando y a la exigencia de querer otra cosa.

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El Tsunami de AMLO. Gráfica tomada de Noreste.net

Un compañero marxista, militante de esa izquierda anticapitalista que se reivindica partidaria, dice que lo que hay es un cambio de régimen político; que lo que hay es la crisis del régimen político oligárquico neoliberal, que tomó las riendas del país hace treinta años, y que se sostuvo en una alianza más o menos bien lograda hasta ahora entre sectores del capital; una alianza asentada en el pacto de dos partidos, el PRI y el PAN, para acometer las transformaciones estructurales necesarias que nos pusieran en sintonía con el concierto global del capital y con sus modos de dominación. Ese régimen político se degradó en lo irracional de su propia lógica, se dinamitó así mismo en las disputas entre los engendros que creó; y, esta vez, se vio incapaz de enfrentar con las mismas viejas mañas en el terreno electoral, que le sirvieron durante 30 años y que venían desde antes, los modos de la terquedad de un personaje político que en el camino fue más allá de sí mismo para generar una hegemonía política, a fin de cuentas pedagógica en su transmisión: la mafia del poder, la corrupción, la tarea histórica y titánica de una cuarta transformación del país como posibilidad, la honradez y la austeridad como pilares del comportamiento público, Morelos, Juárez y Madero como testimonios del gobernante. Tan así, que el problema de AMLO eran los cómo, que hacían de sus propuestas mera utopía, deseo fantasioso, discurso populista: por eso había que desenmascararlo, tarea del intelectual serio y crítico, para presentarlo en su populismo y nacionalismo trasnochado, y por eso no había que confiar en el pueblo, porque el pueblo poco sabe y es fácil de engañar. Y no percibieron que en lo que proponía, lo que importaba era el modo en que esas propuestas y apuestas recogían la sensación compartida de “ya no más”: el anuncio de una república moral; acabar con la corrupción barriendo desde arriba; utilizar el ahorro anticorrupción de quinientos mil millones en programas sociales; “becarios si sicarios no” como modo de relación con los millones de jóvenes estigmatizados socialmente; la venta del avión presidencial y Los Pinos, representación icónica del lugar del poder que nos tiene donde estamos, convertido en centro cultural para gozo del pueblo. Todo eso fue más, mucho más para muchos más, porque las apuestas decían más que los discursos de los políticos al uso y más que las reflexiones sesudas y expertas de intelectuales agoreros, que anunciaban de muchos modos un mesías tropical, en un ejercicio de buen estilo, y determinaban la inviabilidad de sus propuestas, en un ejercicio “serio y razonable” del análisis político sensato.

Se ha abierto un cambio de régimen político. Se ha abierto una posibilidad: el ejercicio de gobierno de un líder que para gobernar se coloca por encima de las fuerzas sociales; un líder colocado en esa posición sin duda por su fuerza moral, por la terquedad en sus convicciones, en un contexto donde lo más fácil ha sido declinar en las posiciones para caber en el esquema de poder; un líder colocado en esa posición por la fuerza del descontento social, por la esperanza de otra cosa; pero también un líder colocado en esa posición por la avidez de políticos travestidos a su causa, desde la izquierda y la derecha, que lo empujan y aúpan; un liderazgo que empieza a ser bendecido por los personeros del capital económico, reflejo de la capacidad de sobrevivencia y acomodo del capital, que a fin de cuentas el dinero no tiene contenido ideológico político, a no ser su vocación de convertirse en la ideología única sobre la que se asiente la sociedad completa y el individuo mismo. El compañero de la izquierda anticapitalista al que debo esta lectura, dice que se trata de la instauración de un “régimen bonapartista”: “Marx, dice el compañero, emplea esta categoría para caracterizar cierto tipo de liderazgo político que se independiza parcialmente de la burguesía y sus partidos políticos tradicionales, buscando un equilibrio entre la burguesía y el proletariado, centralizando en una persona con el poder ejecutivo todo el poder político”. “¿Acaso no es esa, añade, la exacta descripción de lo que es y pretende hacer AMLO?”

La alternancia electoral, asentada con contundencia en el nivel de votos alcanzado, abre la puerta a un cambio de régimen político: el PRI, el PAN, el PRD han quedado desdibujados y tocados. Su proyecto hegemónico de país nos ha llevado a donde estamos. Tendrán que re inventarse. Modos de gobernar anunciados en la idea de “primero los pobres”, en la honestidad como divisa y en la austeridad como comportamiento del servidor público, son promisorios de un estilo diferente de ser político y anuncian la sensibilidad social que caracteriza con constancia y tozudez a Andrés Manuel López Obrador: ¿es el inicio del ciclo de uno o varios gobiernos progresistas?

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"Podrá cambiar el capataz..." Fotografía tomada de Proceso.

En este marco, aparece la llamada de atención de los zapatistas que nos recuerda a muchos que hemos decidido colocarnos de otro modo, que la lucha contra el capital, la lucha por zafarnos de esto que nos agobia y nos está aniquilando, va más allá: es la lucha en todos los órdenes de la vida contra las formas del capital, contra esa capacidad de monstruo que tiene para movilizarnos a favor de su reproducción, en todos los actos y en todos los órdenes de nuestra vida.

Por eso tenemos que aceptar la dureza de la metáfora, pero no como principio de la desilusión como dejan traslucir en su declaración los zapatistas, sino desde la lucidez del que sabe que vamos más allá. Es cierto: cambia el encargado pero los finqueros siguen siendo los mismos, la finca es de los mismos dueños. Lo que ha de cambiar el mundo ha de ser de otro modo. La lucha anticapitalista “es muy otra” y se juega en todos los espacios de la vida: en los relatos de la identidad de cada uno, en nuestros cuerpos, en las relaciones intersubjetivas, en el estar juntos, en los espacios públicos, en el trabajo, en la calle y en la cama, en la mesa y en las marchas, en la soledad y en la juntura de las voluntades: y aquí de lo que se trata más que de organizarnos para hacer esa política, que también los que quieran, es de organizar de muchos modos la esperanza. Lo que tenemos frente nosotros es pregunta abierta y no encerrada en un partido, por más revolucionario que se presente, o en una coyuntura electoral, por más promisoria que resulte; es la pregunta por el “arte de organizar la esperanza”, como dice Ana Cecilia Dirnestein, que en unos día vendrá de la Universidad de Bath para estar en el curso de verano de los posgrados del CESDER en Zautla,: qué hemos de hacer juntos, ahora que nos hemos presentado como los indignados; qué hemos de negar desde el coraje y el deseo; qué cosas, múltiples y diversas, creativas y transgresoras, hemos de afirmar en muchos espacios, en muchos procesos, como otro modo de hacer las cosas, de hacer la vida misma; cómo hemos de reconocer las contradicciones de nuestros intentos, la incompleta realización de nuestros esfuerzos, sin caer en la desilusión o en el cinismo; y, cómo haremos del excedente -de eso que ha de quedar radicado en nuestro cuerpo y en la memoria, cuando el momento del acontecimiento se diluya, cuando la lógica del capital devore nuestro intento- un nuevo punto de partida para que otros acontecimientos se decanten con nuestra acción.

Este cambio de régimen es un acontecimiento, y el acontecimiento se abre a lo nuevo, a lo que ha de resolverse, pero no desde la disposición de la fatalidad sino desde el afán de la promesa y de la acción. Más que anunciar la desilusión, que ella vendrá sin que la anunciemos, hemos de preguntarnos qué hacemos desde lo que hacemos para que no resulte como fatalidad otra vez que “…vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza, y el señor cura a sus misas, la zorra pobre al portal, la zorra rica al rosal y el avaro a sus divisas….”

¿O ha de ser así?

(Foto de portadilla tomada de Hilo Directo)

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Sobre el autor

Benjamín Berlanga

Benjamín Berlanga. Desde hace 30 años vinculado cotidianamente a la vida de campesinos e indígenas en proyectos de trabajo que plantean la reivindicación de los modos de vida locales como modos de vida buena y que deben ser alimentados y apoyados por la sociedad en su conjunto. Fundador y actual Director de la Universidad Campesina Indígena en Red, una organización civil mexicana que impulsa procesos de gestión de conocimiento desde la potencia de pensamiento acumulado en la sociedad civil para la formación especializada a nivel de posgrado. Fundador, ex Director, y actualmente miembro del Consejo de Administración del Centro de Estudios para el Desarrollo Rural, una organización no gubernamental que trabaja en una región indígena náhuatl de la Sierra Norte del Estado de Puebla, cuya misión es promover el fortalecimiento de opciones de vida digna, de vida buena, en comunidades campesinas e indígenas de la región. Consultor en tema de diseño de modelos educativos, planificación estratégica, y  fortalecimiento institucional de organizaciones de la sociedad civil.