"El hombre no debe compasión a los animales, sino justicia" Destacado

Compartir

Reflexiones en torno al 6° aniversario de la tipificación del maltrato animal: los seres humanos “no deben compasión a los animales, sino justicia”

Contribución del Cuerpo Académico 330: Louise Greathouse Amador, Luz Anyela Morales Quintero, Patricia Preciado Lloyd, Beatriz Gutiérrez Mueller, José Luis Rojas Solís; con la colaboración de Leticia Gallardo de Tovar, Presidenta del Consejo Ciudadano de Bienestar Animal y de A. Justin de la Fuente Laudo para la redacción de este artículo.



En el marco de la celebración del 6° aniversario de la tipificación del maltrato animal como delito en el Código Penal del Estado de Puebla, el Cuerpo Académico 330 “Prevención de la Violencia: Educando para una Cultura de Paz a través de la Participación Social”, invita a la sociedad a reflexionar sobre la importancia de fortalecer el respeto hacia todo ser vivo.



La relación entre los seres humanos y otras especies de animales es tan antigua como lo son los registros de los primeros homínidos en la historia. A lo largo del tiempo, esta relación ha sido testigo de actos de gran compasión y amor, pero también de una crueldad e indiferencia inimaginables. El propio Nietzsche lo decía “Las mentes más profundas de todos los tiempos han sentido compasión por los animales”, y como él, muchos han levantado la voz a favor de los animales en todo el mundo.

Indudablemente nos encontramos ante un cambio social. Ya en el siglo XIX la abolición de la esclavitud revolucionó el entendimiento del ser humano para con sus semejantes, poniendo fin a una práctica que se remonta a los inicios de las grandes civilizaciones. El siglo XX trajo consigo el reconocimiento de la igualdad de las mujeres, después de siglos de sumisión y represión. Ahora, el siglo XXI representa el tiempo para la reivindicación de los animales y el medio ambiente. Se trata pues, de una simple cuestión de evolución como especie: avanzar y progresar. Lo cual significa liberar, no encarcelar; respetar, no dañar; y significa cuidar, no someter.

Los animales merecen vivir sus vidas libres de sufrimiento y explotación. Jeremy Bentham, el fundador de la reforma de la escuela utilitaria de filosofía moral, declaró que al decidir sobre los derechos de un ser "la pregunta no es ¿pueden razonar?" ni "¿pueden hablar?", la pregunta fundamental es "¿pueden sufrir?". En su libro Animal Liberation (Liberación Animal), Peter Singer afirma que el principio básico de la igualdad no requiere un trato igual o idéntico; requiere de una consideración igual, una consideración pareja. El sólo hecho de ser prejuiciosos nos permite negar a otros los derechos que esperamos tener para nosotros mismos. Ya sea por motivos de raza, género, orientación sexual o especie, el prejuicio es moralmente inaceptable.



En México, las iniciativas para la protección de los animales han sido tardías, lentas, y durante mucho tiempo parecía que no existían. Afortunadamente, hemos llegado al momento en que se encuentran dentro de la agenda de las políticas públicas y poco a poco han ido en aumento. El tema de la protección de los animales va más allá de una simple actitud de querer a los animales; en realidad, tiene que ver con sus derechos como seres vivos y sintientes, al igual que los seres humanos y el medio ambiente. La protección de los animales es un tema que tarde o temprano, nos afecta a todos.

En este sentido, el pasado 5 de septiembre se cumplieron 6 años de haber entrado en vigor la reforma al Código Penal del Estado de Puebla, en donde el maltrato animal se tipificó como un delito que, de acuerdo a la gravedad de los hechos y en apego a sus Artículos 470, 471, 472 y 473, podría conllevar un castigo que va desde los 6 meses a 6 años de prisión a quien de manera intencional hago daño a algún animal.

Los amantes y defensores de los animales vieron como un verdadero logro la aprobación y publicación de esta Ley que sanciona a individuos con conductas antisociales y crueles como “el matagatos”; aquel hombre de San Martín Texmelucan que publicó en sus redes sociales actos terribles en contra de perros y gatos, lo que dio origen a la exigencia ciudadana de sancionar con la cárcel el maltrato animal, y por ello desde septiembre de 2013, existe en el Código Penal de Puebla el Capítulo XXIV que refiere los DELITOS EN CONTRA DE LOS ANIMALES.

La curva de aprendizaje de parte de las autoridades y de la ciudadanía en lo referente a las denuncias ha sido larga y complicada, por momentos incluso confrontativa. Muchos casos de maltrato de animales de todas las especies se han quedado a medio camino en la búsqueda de la justicia, con toda la impotencia generada al darse cuenta de que el tema es considerado menor y que pocas son las autoridades que alcanzan a visualizar que la gravedad de la violencia ejercida en contra de cualquier ser sintiente, es la misma, el mismo acto, lo que cambia es la víctima. Menos comprenden que el maltrato animal es la antesala de la violencia social, y tampoco les importa que, por el simple hecho de existir la normativa, ésta debiera aplicarse por principio, por el estado de derecho, más allá de considerarla relevante o no. Sin embargo, no se ha logrado más que vincular a proceso a una sola persona que dejó en la cajuela de su auto a tres cachorros y gracias a la flagrancia del hecho, la policía actuó, presionada por ciudadanos que presenciaron la escena y exigieron a la autoridad se actuara en consecuencia. Pero los casos a los que hay que integrar una Carpeta de Investigación, prácticamente están condenados a morir, como muchos de los animales que han sido víctimas de humanos sin escrúpulos cobijados por la enorme impunidad a la que los protectores de animales nos enfrentamos.

A lo largo de estos seis años, han sucedido muchísimos casos de maltrato animal, la gran mayoría de ellos no han sido denunciados penalmente, porque la ciudadanía no tiene confianza en las autoridades y menos en nuestro sistema de impartición de justicia. Sólo un pequeño porcentaje de estos delitos en contra de los animales han tenido un denunciante que, a pesar de la indiferencia de los agentes del ministerio público, de los jueces y de los policías ministeriales, no han declinado en su lucha por lograr que la violencia en contra de los animales sea castigada de acuerdo a la Ley.

Para ejemplificar lo que sucede, citaremos dos casos de denuncia de maltrato animal que se hicieron desde el año 2017. La primera en el mes de abril, por el maltrato de 67 perros y un gato, que permanecían en un Refugio en San Cristóbal Tepontla, en San Pedro Cholula. Estos animales fueros “rescatados” por una pseudoprotectora que los tenía en pésimas condiciones a pesar de recibir donativos para su atención y bienestar. Fueron las autoridades municipales quienes recibieron a los perros para posteriormente ser entregados en resguardo a protectoras de animales que se hicieron cargo de la rehabilitación física, pero sobre todo emocional de los perros y el gato. El caso, a la fecha no prospera porque la policía ministerial no ha podido localizar a la presunta culpable, quien sigue activa en las redes sociales.

La segunda denuncia tiene que ver con una señora y su hijo menor de edad, quienes retenían animales en su domicilio ubicado en Huejotzingo que el niño atrapaba y los dejaban morir de hambre. En varias ocasiones los vecinos se percataron de esta crueldad, por el olor que despedían los cadáveres de los animales. Uno de los vecinos contactó a las Asociaciones Protectoras de Animales para buscar asesoría y levantar la denuncia correspondiente y así en el mes de julio, se lleva a cabo la primera visita a la Fiscalía para hacer del conocimiento de la autoridad estos hechos terribles en contra de los animales. Después de varios meses de idas y venidas, el caso está parado porque los policías ministeriales han reportado que no han localizado a la madre e hijo, asistiendo una única ocasión a buscarla a su antiguo domicilio.

Las repercusiones de estos actos, que por desgracia no son pocos, implican tanto la gravedad del maltrato animal; como la asociación --ya demostrada[1]--, de los antecedentes de maltrato animal en muchas de las personas que después cometen actos violentos en contra de otros seres humanos. Esta situación debería preocupar enormemente a las autoridades que están a cargo de la prevención de la violencia. Sin embargo, la naturaleza de esta problemática demanda necesariamente el involucramiento de la sociedad en general.

Tal es el caso del Cuerpo Académico 330 “Prevención de la Violencia: Educando para una Cultura de Paz a través de la Participación Social”, que en conjunto con la Fundación Dejando Huella, el Consejo de Participación Ciudadana de Bienestar Animal y el Movimiento Animalista de Puebla, ha organizado Foros, Encuentros y Jornadas para promover el desarrollo de una consciencia colectiva más sensible y humana, al tiempo que reitera la importancia de hacer valer el estado de derecho y respetar las normativas en materia de protección animal.

Como bien lo expresara el Premio Nobel de la Paz, Albert Schweitzer, “mientras el círculo de nuestra compasión no abarque a todos los seres vivos, el ser humano no hallará la paz por sí mismo”. En un tenor similar, Schopenhauer señaló un punto fundamental en este tema: “El olvido intencional en el que los moralistas han puesto a los animales es bien conocido por todos, piensan que las bestias no tienen derechos. Si hablamos de moral, no tener consideración por los animales es una doctrina repugnante, grosera y llena de barbaridades”; incluso fue aún más claro en su mensaje al afirmar que “el hombre no debe compasión a los animales, sino justicia”.

[1] La bibliografía a propósito de este tema es amplia y variada, no obstante, el lector que desee un panorama general al respecto puede consultar la obra de Núria Querol y Angel Cuquerella Fuentes, intitulada “La violencia hacia los animales relacionada con la violencia interpersonal”. Disponible en https://www.academia.edu/37462192/LA_VIOLENCIA_HACIA_LOS_ANIMALES_RELACIONADA_CON_LA_VIOLENCIA_INTERPERSONAL

Compartir

Sobre el autor

Louise Greathouse Amador et al

Este texto fue elaborado por el Cuerpo Académico 330: Louise Greathouse Amador, Luz Anyela Morales Quintero, Patricia Preciado Lloyd, Beatriz Gutiérrez Mueller, José Luis Rojas Solís; con la colaboración de Leticia Gallardo de Tovar, Presidenta del Consejo Ciudadano de Bienestar Animal y de A. Justin de la Fuente Laudo.