Actitud, esa pequeña gran palabra que vencerá la pandemia Destacado

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Mundo Nuestro. El autor de este texto, un joven poblano víctima de secuestro hace dos años y medio, llama, desde su experiencia como sobreviviente de la violencia en nuestro país, a comprender la dimensión personal de la emergencia sanitaria.

(Fotografía de Raúl Gil)

Me prometí que si salía vivo de aquella minúscula celda donde me tuvieron completamente cautivo por 290 días, compartiría mi historia, mi experiencia y mi aprendizaje a quien quisiera escuchar mi historia y así lo he hecho desde entonces. Nunca le niego mi relato a quien con buenas intenciones me pregunta. No lo hago con otro fin que abrirle los ojos y sensibilizar a toda esa gente que cree que su vida es complicada y están a punto de a ceder ante la adversidad. Solo pretendo que mediante mi experiencia se den cuenta que sus problemas son minúsculos y que probablemente tengan solución, solo deben redescubrir lo que los mueve, lo que los apasiona, lo que los hace sentirse vivos, para seguirle pedaleando en este mundo, un mundo que por momentos puede parecer complejo, duro e incluso injusto. Si mi familia y yo pudimos sobrevivir de tan espantosa experiencia, ellos en su jaula de oro (pero finalmente jaula) y yo en mi mazmorra, creo podemos ser el ejemplo involuntario para todo aquellos que se está ahogando en un vaso de agua.

Hoy sé que estamos viviendo una situación sumamente compleja para toda la humanidad, probablemente inédita. Por lo que no crean que le resto seriedad o minimizo esta pandemia. Pero si me preocupa ver a gente desesperada y frustrada por qué no ha salido de su casa (llena de comida, comodidades y entretenimiento), cuando yo viví literalmente en una celda de 1.50 x 2 m por casi 1 año, sin oír o ver a nadie, (incluyendo mis captores) durmiendo en el piso y haciendo mis necesidades en un balde, bañándome con agua helada a través de una esponja y teniendo un plato de frijoles fríos, que debía racionar cuidadosamente para que me durara durante todo el día. Pero en verdad, mi carencia más grande no fue las falta de comodidades, sino el estar lejos de mi familia, sin saber a ciencia cierta si tendría la oportunidad de volverlos a ver o al menos poderme despedir de ellos. Ellos fueron mi verdadera fuerza, mi motivo de no hundirme en la desesperanza y la desolación. Así, que me aferre de Dios y junto con él forme un equipo extraordinario. Un equipo que aguanto vara y resistió lo que era inimaginable resistir, el secreto residió en enfocarme en mis porqués y dejar todas mis demás preocupaciones a un lado, pues solo me estorbaban.



Y heme aquí, 2 años y medio después, más vivo y feliz que nunca, pero sobre todo muy agradecido con esta segunda oportunidad de vivir que créanme no he desperdiciado ni un segundo, priorizando en recuperar el tiempo que me robaron con la gente que más amo y viviendo sin duda más ligero de equipaje. Así, que sin quitarle la gravedad a lo que sucede hoy en día, solo los quiero hacer reflexionar en que bendigan la forma en que están afrontando este aparente aislamiento que es más mental que realmente físico. Valoren que están dentro de una casa (su casa), con el refrigerador lleno, la alacena al tope, con una regadera caliente a su disposición, una cama acolchonada y con suficientes distractores (tele, libros, juegos, internet) para entretenerse por meses, pero sobre todo están rodeados de su familia. Aprovechen esta oportunidad única para disfrutarse, para jugar juntos, para conocerse, para amarse. Dejen por un momento los teléfonos, que solo nos van a desquiciar con tanta desinformación e histeria colectiva y conéctense a la vida a su vida, esa que la mayoría a descuidado por pensar que es eterna e inamovible. Irónicamente y aunque piensen que no hay mucho que hacer en esta crisis, créanme si lo hay. Gozan de más libertad de la que pueden imaginar, no dejen que la toxicidad los invada pues luego será muy difícil poder salir de la obscuridad que ustedes mismos se crearon. Como padre de familia, obviamente estoy preocupado por la economía familiar y las repercusiones de esta desaceleración económica, luego me acuerdo de como sorteé mi aislamiento y como es que durante tantos meses en verdad pude vivir con tan pocas cosas materiales, en verdad lo estrictamente necesario para mantenerme respirando. Así que, si es momento de apretarnos el cinturón, de aprender a racionar y compartir yo les digo que con voluntad, amor y ganas se puede. Vivimos con exceso de cosas que no necesitamos y en situaciones como estas es cuando nos damos cuenta. Prioricemos lo que realmente vale la pena.

Termino citando al Dr. Víctor Frankl (sobreviviente de un campo de concentración nazi) con esta frase que si la comprenden vale oro molido ¨Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento¨.

Ánimo, esto es temporal y sin duda nos reconstruiremos más fuertes, más sabios, más humildes pero sobre todo más agradecidos con Dios y con la Vida. Aprendamos de esta crisis, pero mientas afrontémosla con la frente en alto y siempre viendo para adelante.

Compartan este mensaje sin creen le puede servirle a alguien



Alberto de la Fuente y de la Concha (Chorro)

Marzo 2020

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Sobre el autor

Sergio Mastretta

Periodista con 39 años de experiencia en prensa escrita y radio, director de Mundo Nuestro...