¿Cuándo volverá a sonar el reloj en Xochitlán? Destacado

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Mundo Nuestro. El siguiente testimonio llega de un hermoso pueblo en la Sierra de Puebla, suspendido en la montaña al borde de la barranca del rio Zempoala. Ahí se ha detenido el tiempo. (Agradecemos a Weyi Alepetaj Taipixkej por el testimonio recabado y las fotografías que lo ilustran.)



En la Sierra Norte de Puebla la naturaleza se manifiesta en formas sorprendentes y exóticas. En sus pueblos se encuentra una gran riqueza de costumbres y tradiciones que nos hablan de nuestras raíces y de un pasado grandioso de cultura.



Xochitlán se asoma a la barranca del río Zempoala, y tiene el privilegio de sus atractivos naturales que son un encanto, pero posee una historia tan importante que muy pocos municipios de la región pueden igualar; sus pobladores a través del tiempo han forjado, con mucho trabajo y sacrificio, el perfil que ahora disfrutamos y que debemos valorar y conservar porque es parte de la herencia que nos legaron. Es lamentable que mucha gente no tenga idea de ello.

Pero hubo un tiempo en que no teníamos reloj.



Tal vez ayude para entenderlo esta historia simple que narro como si ocurriera hoy:

A media tarde de un día cualquiera del año 1951. Un grupo de Xochitecos entre los que se encuentran don José María R. Gómez y don Jesús Ramírez Nolasco departen en un despacho grande ubicado en La Palanca del Comercio. De momento, Jesús Ramírez, sale a la puerta y se queda viendo la torre de la iglesia y dice:

“¡Qué bien se vería el campanario con un reloj!”

A lo que don José María contesta:

“Pues manos a la obra, yo pongo tanto…”

Y esa fue la primera cooperación para la compra del reloj público de Xochitlán de Vicente Suérez. Los dos hombre pronto formaron un comité para recabar fondos, y en él estuvieron don Gonzalo Cabrera Jiménez, Adaucto Vázquez , José María R. Gómez, Jesús Ramírez Nolasco, y otros más, todos Xochitecos muy caracterizados en la comunidad que dejaron huella. Cuando reunieron una cantidad considerable se fueron a Zacatlán, derecho a la empresa EL CENTENARIO, y ahí compraron el reloj que de inmediato vinieron a instalar. Era el último año de la presidencia de don Anacleto Vázquez Sosa, 1951. Hubo una celebración muy suntuosa para el estreno del cronómetro, y lo vino a inaugurar el entonces Gobernador del Estado Ing. Carlos I. Betancourt. Entró al poblado en carro, lo que fue parte de la novedad, además de gran mérito, ya que no teníamos más que un camino estrecho hasta llegar a la Cumbre.

En un principio su maquinaria se movía con contrapesos que colgaban en la parte exterior. Don Filemón Vázquez Monroy lo mantenía en movimiento, y posteriormente fue don Ausencio Ramírez López, quien durante más de 15 años desempeñó esa función, pero fue don Jesús del Carmen Ramírez Vázquez quien durante su estancia en la Presidencia Municipal cambió el sistema de contrapesos por el motor. Los comisionados en hacer los cambios y reparaciones fueron Joaquín Chacón Pineda y Hugo Sánchez. Así tuvimos reloj público hasta la Administración Municipal de Alejandro Gómez Moreno.

A partir de esa fecha, 1951, tuvimos reloj, durante 63 años se escucharon sus campanas y armonías, hasta el año 2014, cuando dejó de funcionar. Hoy ya no existe tampoco esa tienda, La Palanca del Comercio.

El tiempo ha pasado, pero ya no lo cuenta el viejo reloj, ya no escuchamos las campanitas de ese emblemático y añorado aparato. El reloj enmudeció y el pueblo con él, es un adorno nada más, testigo de un pasado que estuvo pletórico de felicidad y tranquilidad. Quizás a algunos no les haga falta o tal vez midan su tiempo con los movimientos del sol o el canto de las aves, como en tiempos remotos. Pero si tenemos un poco de sentido común no deberíamos dejar de darle la importancia que merece al trabajo y esfuerzo que costó a quienes nos antecedieron, que se distinguieron por su amor al terruño. Así iremos perdiendo otras cosas.

¡Cómo añoramos a las personas de hace décadas! Aquellos que sin egoísmos, paranoia, resentimientos y deseos de venganza, solo pensaron en mejorar la imagen de la población y lograron muchos avances con bastante esfuerzo, sacrificio que hoy miramos con indiferencia, apatía.

Pero los tiempos cambian… ¿habrá que resignarse?

Dejo al pueblo mi última pregunta… ¿hasta cuándo volverá a sonar nuestro reloj?...

Xochitlán de V. S. Pue. Marzo 2016.

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Sobre el autor

Tajcuilol Tamachtijkej