Después del vendaval, el río de todas nuestras corrientes

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Pasó el vendaval. En la memoria el paisaje que la fotografía nos ayuda a retener. Cada quien guarda los sonidos de la lluvia. Ahora mismo alguna sirena tras las inundaciones en los barrios del sur de la ciudad. El arrebol de la nube en la media tarde del valle de Cholula, con la montaña oculta, arrebatada por la furia del agua. Al anochecer el río y la basura que lo monta y nuestros ojos que no quisieran verla. El río oscuro, turbio, encorajinado contra el concreto que lo encierra. La arboleda que sobrevive como testigo de lo que hemos hecho con él.

La imagen puede contener: nube, cielo, exterior y naturaleza



Ahí está nuestro río. Denso. Negro. Guarda todas nuestras corrientes. Llueve todavía sobre la ciudad que en el cobijo de la noche ya no quiere salir del letargo que sigue a la tormenta. Miro de nuevo al río cercano, el Atoyac, su negrura me trae la escena de la pozolería en la colonia Amor el sábado por la noche. El joven estudiante de la UPAEP que defiende su teléfono, el balazo inclemente, su padre que intenta defenderlo y la frialdad del nuevo disparo que le arrebata también la vida. Qué corriente es esta que se lleva así la vida de dos personas...

Encuentro en la prensa la voz de la madre de Rafael Alfaro Espino. Ella va en otra corriente. “Estoy muy tranquila porque Dios está conmigo y, como se los dije a muchas personas, ya perdoné. Ya perdoné y que Dios los perdone y los bendiga”.

Incomprensible el mundo nuestro.

La imagen puede contener: cielo, árbol, exterior, agua y naturaleza


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Sobre el autor

Sergio Mastretta

Periodista con 39 años de experiencia en prensa escrita y radio, director de Mundo Nuestro...