Mundo Nuestro. La pandemia nos mantiene con los ojos inciertos. La ciudad se nos oculta en el encierro. Salimos a la calle buscando los tapabocas que alejan el riesgo que pueden cargar los otros. Buscamos en el aire toda posibilidad de riesgo, y perdemos así el instante. Dejamos de mirar a los ojos. No nos vemos. No nos escuchamos.

¿Qué hacer para recuperarnos de este exilio impuesto?

Recuperar la ciudad que nos acoge, mirarla desde los ojos de nuestros ancestros. En las palabras con las que nombraron sus rincones. Imaginar a los niños que fueron.

Recuperar la ciudad entonces en el detalle del mural en una esquina del Barrio de los Sapos. Recordar que venimos de lejos.



Para comprender el proyecto cultural que recupera la historia del Barrio de los Sapos

Arte Popular: el mural que contará la evolución del Barrio de los Sapos





Para comprender el proyecto cultural que recupera la historia del Barrio de los Sapos

Arte Popular: el mural que contará la evolución del Barrio de los Sapos

Recuperar el barrio. Ese es el intento que respalda el grupo Emprendedores del Barrio de los Sapos, y una idea de ello la encontramos en el parque que custodia La Casa del Mendrugo. Es la esquina de la 5 Oriente con la 4 Sur. Hace tiempo que la casona del siglo XVI que llenaba el espacio ha desaparecido. Muy pocos recuerdan ya que durante algún tiempo ahí existió una gasolinera. Finalmente el parquecito es uno de los que existen en el centro histórico producto de los mínimos momentos de lucidez que de cuando en cuando aflora en la autoridad en turno en la historia moderna de nuestra ciudad.

Emilio Maurer Espinosa, diputado

Entiendo las inquietudes que existen, particularmente de las instituciones privadas de la entidad por la desinformación que ha permeado a partir de la aprobación de la Ley de Educación, en especial por lo que hace al artículo 105, que señala que los bienes muebles o inmuebles destinados a la educación, incluyendo los particulares, así como los servicios e instalaciones necesarias formarán parte del Sistema Educativo Estatal. Formar parte de algo es integrarse dentro de una estructura para potenciar nuestras posibilidades de desarrollo, pero ello de ninguna manera significa expropiación o injerencia dentro de los espacios académico- administrativos que le son propios a los centros de enseñanza públicos y privados.

Quiero recordarles que yo sufrí en carne propia la expropiación exprés de mi patrimonio en manos de Moreno Valle y pasé los años más ingratos de mi vida ante la posibilidad de perder todo, y gracias a un juicio largo y costoso pudimos derrotar a la injusticia.



Derivado de lo anterior, cuando llegué al Congreso del Estado, como Diputado en compañía de la diputada Tonantzin nuestro primer acto fue derogar la figura de la “expropiación exprés”, aprobado por la Legislatura pasada con mayoría panista, para poder favorecer a unos cuantos, sin importar que se violentaran derechos humanos ampliamente reconocidos y consagrados.

Y señalo esto, porque aquella reforma realizada a la Ley de Expropiación por los anteriores Diputados golpeó directamente a mi familia y el solo oírla hace que se me enchine el cuerpo.

Siempre he sido respetuoso, en todo momento, del papel de las instituciones educativas privadas en la consecución de los fines que establece nuestra Constitución y la Ley General de Educación, por lo que mi voto a favor de esta Nueva Ley de Educación fue con la finalidad de que los bienes muebles e inmuebles sirvan para proporcionar una "educación de excelencia con equidad e inclusión”, jamás expresaría mi consentimiento- y aquí quiero ser muy claro – para generar afectaciones o para que el Estado se apropie de esos bienes, o en su defecto, pueda expropiarlos.

Por lo que reitero que esta nueva Ley de Educación del Estado de Puebla solo tiene como finalidad proteger a tus hijas e hijos y otorgar las herramientas necesarias para garantizar una educación de calidad en nuestra Entidad.

Para: C. Presidente de la Republica Andrés Manuel Lopéz Obrador, C. Secretario del Medio Ambiente Victor Manuel Toledo Manzur, C. Comisionado Nacional de Áreas Naturales Protegidas Roberto Aviña Carlin

Impedir los recortes en CONANP




La reducción presupuestal de 75% para gastos operativos, de acuerdo al decreto del 23 de abril pasado, significarán una paralización de las actividades fundamentales que hace CONANP, incluyendo el trabajo en proyectos productivos con comunidades, la atención de incendios, la protección de sitios fundamentales que proveen el agua que tomamos en las ciudades, los paisajes que visitamos en vacaciones, así como el hogar y sustento de miles de personas.

¿Por qué es importante?

La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) está en riesgo.

La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) es la institución encargada de administrar los sitios ecológicos más importantes del país: las áreas naturales protegidas, como el Cañón del Sumidero, el Nevado de Toluca, la Selva Lacandona y las Cumbres de Monterrey. Se creó el 05 de junio del 2000 y el próximo viernes cumple 20 años.



Hoy más que nunca es fundamental que la sociedad respalde a la CONANP y detener su desmantelamiento operativo y de personal, resultado de continuos recortes presupuestales desde hace 10 años. Actualmente, la disminución de recursos pone a la institución en una situación crítica para lograr su misión de protección de especies, combate a incendios, y desarrollo comunitario sustentable. El sector ambiental es prioridad para superar la pobreza en el país. Las Áreas Naturales Protegidas son clave para México, protejamos a la CONANP.

En las ANP hay ejemplos de un desarrollo distinto, incluyendo ganadería regenerativa, pesca responsable y turismo de naturaleza, entre otros. Además, hay ejemplos únicos de gobernanza y acuerdos sociales.

Por favor comparte este mensaje entre tus contactos y tus redes con los siguientes hashtags: #SoyCONANP #ConservarParaVivir #NoAlosDespidos #NoMasRecortes



Voces en los días del coronavirus

Lilia Martínez y Torres, historiadora

Hoy, 2 de junio, mi amado señor marido y yo llevamos 77 días en confinamiento, en el nadie entra - nadie sale. Estamos bien, muy cuidados por nuestras dos hijas, yernos y la nieta grande. 77 días de cuarentena a los 70 años parecerían pocos (pasado), pero no, a los 70 años, 77 días son muchos (presente); especialmente para mí, que siempre he sido una irredenta pata de perro.



Desde muy chica aprendí que el mundo era muy ancho y largo, y no pasaban más de 3 días sin que fuera al centro de la ciudad, que siempre ha sido mi disfrute y mi pasión. Cuando vivíamos en la colonia Humboldt impartía clases en la Ibero (en ese entonces todavía ubicada en la colonia Vicente Budib), y también en el Colegio Humboldt; mi mercado era La Acocota, todo al norte y oriente de la ciudad, así que todos los días me daba mi tiempo para ir al centro, aunque fuera solo a caminar por los portales.

SOBRE LILIA MARTÍNEZ Y TORRES: Comer para entender de dónde venimos



La cuarentena, hasta antes del COVID-19, era una palabra que me remitía a la que se guardaba después del parto, o por el sarampión, e indudablemente ahora tendrá otras connotaciones. Los 3 primeros días de confinamiento fueron angustiantes, no me sentía a gusto en ningún lugar de la casa. Me asomaba por las ventanas que dan a la calle, me asombraba ver tanta gente y automóviles circulando y me sentía peor.

Al cuarto día me entró una gran tranquilidad y entonces empecé a organizar cómo sería mi día a día. Normalmente, de lunes a viernes, me levanto a las 7:00 am y me acuesto a las 11:00 pm, con una siesta de 20 minutos después de comer, así que en el horario no habría diferencia. En el nadie entra - nadie sale ahora me hago cargo del aseo de la casa y de la comida. Mi señor marido lava los trastes y la ropa. El martes y el domingo nuestras hijas y nieta nos traen el abasto del mercado y el super, esos días entre los dos desinfectamos, lavamos, secamos y guardamos todos los víveres.

Para mí, leer es de todos los días, y es algo en lo que me sigo ocupando en este encierro, así que no ha habido diferencia. Hemos visto películas y series como nunca, y ponernos de acuerdo sobre qué ver es sencillo, tenemos gustos muy afines. Creo que las redes sociales las he manejado bien, me es muy importante estar en contacto con la gente, así que todos los días comparto en ellas diferentes temas. También me han invitado a charlar en varias plataformas sobre los temas que trabajo, lo cual me ha hecho más ágil en el manejo de la tecnología.



Reflexionando sobre lo positivo de esta cuarentena puedo decir que con mi señor marido ha sido una oportunidad diferente de disfrutarnos más y de recibir de mis hijas, yernos, nietos y bisnietos, cariños y provisiones. De mis hermanos y amigos, sentir su solidario y amoroso acompañamiento vía telefónica y virtual. También disfrutar cocinando ¾siempre me ha gustado cocinar y ahora lo hago con lujo de detalles¾. He organizado de una manera más accesible la Colección Cocina Cinco Fuegos, que tan importante es para mí y que siempre requiere mucho trabajo y tiempo. Y, para todo, he aplicado lo que mi mamá tanto me decía: lo que tengas que hacer, hazlo rapidito, de buen modo y con buena cara.

Mis principales experiencias en este confinamiento han sido aprender a recibir (siempre he dado, procurado, atendido, cuidado) y a tener paciencia (una semana a la vez) … aunque me dijeron que era un mes, después otro y ya vamos en el tercero. Extraño mucho comer con la familia y o los amigos, también, esa largas tertulias que se dan después de saborear una deliciosa comida, pero más que todo, abrazarlos.

Sé que habrá un antes y un después por el COVID-19, y que ese después traerá otras reglas y nuevas maneras, ¿cuáles? no sabemos. Mientras, mi amado señor marido y yo nos seguimos cuidando, y ustedes cuídense también. Los quiero (ver en persona y abrazar).

Miércoles, 03 Junio 2020 00:00

El Ángel Exterminador

En 1962, Luis Buñuel, el famoso director de cine español, estrenaba en México su película El Ángel Exterminador que, en resumen, narra la historia de un grupo de personas que se reúnen a cenar en una lujosa mansión después de asistir a la ópera. Una vez que han terminado sus alimentos, pasan a la sala para escuchar la ejecución de una obra de piano a cargo de una de las invitadas. Al terminar, los comensales comentan que están cansados y que es hora de retirarse pero, por una extraña razón, no pueden cruzar el umbral para pasar al comedor y salir de la casa. Quedan así recluidos y amontonados por varios días: poco a poco se quedan sin alimentos y sin agua, fallecen varios de los comensales, y la fatiga y la desesperación hacen presa del grupo. Cuando algunos de ellos tratan de linchar al dueño de la casa por hacerlo responsable de la situación y, mientras forcejean con otros que buscan impedirlo, de repente una de las invitadas descubre que todos están en el mismo lugar que guardaban cuando se dieron cuenta que no podían salir. Entonces tratan de recordar los diálogos que tuvieron en esos segundos y logran vencer el miedo y alcanzar la calle. Pocos días después, celebran una misa de gracias y al terminar, ni los sacerdotes ni los feligreses, otra vez sin razón aparente ni obstáculo alguno, se muestran incapaces de traspasar la puerta y salir de la nave del templo.

El argumento del filme ha sido comentado ampliamente en muchas reseñas y libros. Las diversas interpretaciones del inexplicable encierro y la imposibilidad de romperlo se basan en la inspiración surrealista de la obra de Buñuel; en su visión crítica de la iglesia y los dogmas religiosos; e incluso en una condena política de la burguesía o, por lo menos, de los más privilegiados de la sociedad. El director, por supuesto, nunca aceptó dar una razón. Lo que parece claro es que se basó en la existencia de un ángel citado en el Apocalipsis bíblico que representa el triunfo del mal. Su naturaleza destructiva alude entonces al advenimiento de catástrofes que se ciernen sobre las personas, las cuales no se sabe bien a bien porqué suceden y qué las originan.

La pandemia que hemos vivido durante 2020 ha recluido a miles de millones de habitantes de este planeta en sus casas. Se ha tratado de un encierro voluntario que nos ha impedido cruzar el umbral de nuestros hogares por el temor a ser contagiados por un enemigo invisible, un virus muy contagioso que –nos han repetido mil veces– puede enfermarnos gravemente y poner en peligro nuestras vidas. Las explicaciones científicas de este cataclismo mundial son numerosas. Sin embargo, de la misma manera que al ver la obra de Buñuel nunca alcanzamos a comprender cabalmente la conducta de los protagonistas ni su significado, ahora que nosotros hemos quedado presos voluntariamente queremos saber las razones de ese ángel exterminador que apareció en nuestras vidas y decidió condenarnos al encierro.

¿Por qué hoy? ¿Por qué somos tan vulnerables? ¿Cuándo podremos salir sin temor alguno? ¿Se repetirá un fenómeno parecido en un futuro cercano?



Las respuestas a estas y otras preguntas han incluido la negación de las tesis científicas, aduciendo que en realidad el virus no existe y que se trata de una especie de conspiración para controlar al mundo. En realidad, alegan, podemos salir, somos nosotros mismos quienes nos hemos dejado convencer de no traspasar la puerta. Desde luego, cuando el contagio se multiplica y caen enfermos o fallecen las personas a nuestro alrededor, la interpretación cambia por otra más o menos iguales: el virus ha sido inoculado intencionalmente para dañarnos. Es una forma de pensar atávica y, básicamente, la misma que durante muchos siglos se ha esgrimido respecto por ejemplo a la peste negra, una de los azotes más antiguos y criminales en la historia de la humanidad: se trata de un castigo divino, producto del enojo de Dios por nuestras prácticas pecadoras.

Hay otras respuestas más interesantes, por ejemplo, la de Eduardo Campanella (disponible en www.project-syndicate.org/onpoint/the-invisible-killers-by-edoardo-campanella-2020-04), quien aduce que este virus ha resultado catastrófico por la arrogancia de nuestra civilización. Creímos que el conocimiento y la tecnología actuales, al igual que nuestra voluntad de doblegar a la naturaleza, podían terminar con las enfermedades contagiosas. Nos impregnamos de una cierta sensación de invulnerabilidad, particularmente en Occidente. Pensamos que las epidemias podían ser controladas o se desarrollaban solamente en las regiones más pobres del planeta. El Covid-19 rompió definitivamente con estas ilusiones. Y los científicos y las autoridades sólo tuvieron a la mano un remedio: encerrarnos a todos en nuestras casas, incluso en los países más desarrollados, provocando una de las mayores disrupciones laborales, económicas, sociales y humanas que se hayan conocido en los últimos siglos. A pesar de que el saber y la técnica de que disponemos puede enviar hombres al espacio, poner robots en lugar de humanos en las fábricas, comunicarnos instantáneamente desde cualquier punto del planeta y proveernos de casi toda la información existente, no ha habido vacuna, medicina o tratamiento que valga para detener al virus. Y así, en muchos casos, nos impidieron trabajar, convivir con nuestras familias, reunirnos para celebrar o consolarnos, y acariciar o ser acariciados por otras u otros por el simple hecho de estar lejos en el momento que estalló la catástrofe.

Esa arrogancia debe ser corregida para cambiar un modelo civilizatorio que fomenta la desigualdad, el desperdicio y la ostentación, y adoptar un modo de vida más respetuoso con la naturaleza. Debería obligarnos, asimismo, a utilizar la tecnología y el saber para lo que realmente importa: la salud y la felicidad de todos.

La pandemia nos ha revelado la enorme fragilidad de nuestras sociedades y la posibilidad de que otro desastre se repita algún día, por ejemplo, como resultado del cambio climático, y no podamos tampoco ni prevenirlo ni remediarlo.

Cabría otra interpretación: el distinguido historiador marxista Walter Benjamin, en un conjunto de apuntes que se publicaron después de su muerte, Tesis sobre la historia y otros fragmentos, también hizo alusión a un ángel. En el apartado IX, observa que en un cuadro del pintor Paul Klee que se titula Angelus Novus, se ve un ángel que se aleja de algo sobre lo cual clava su mirada. Tiene los ojos desorbitados, la boca abierta y las alas tendidas. Según Benjamin, se trata del ángel de la historia que mira hacia el pasado y ve una catástrofe, una pila de ruinas. El ángel quisiera detenerse y recomponer la destrucción, pero un huracán sopla desde el paraíso y lo arrastra hacia el futuro. Ese huracán –dice Benjamin– es lo que llamamos progreso.



Escrito entre 1939 y 1940, la visión de Benjamin respondía al drama que significó el triunfo del nazismo en su patria. A la sensación de derrota y de indignación al darse cuenta de que ni los valores de la civilización occidental, ni la lucha del proletariado y los partidos socialistas habían podido detener el horror de Hitler. Sin embargo, la tesis de Benjamin siguen siendo vigente para tratara de intentar una lectura alternativa de la historia. La humanidad no avanza, por lo menos no lo hace lineal e ineludiblemente, hacia un futuro más promisorio. Ni hemos construido un mundo mejor, ni el mal (la injusticia, la desigualdad, la explotación) ha sido derrotado, ni las catástrofes se han podido evitar. Más bien, hasta ahora, hemos vivido destruyendo. Además de la soberbia de la que habla Camponella, nos hemos equivocado en la interpretación de la historia.

El Ángel del exterminio y el de la historia pueden ser el mismo. A menos que cambiemos nuestra perspectiva intelectual y política y tratemos de reconocer que no podemos tener fe ciega en el progreso ni en el conformismo. Cada victoria contra el atraso o la injusticia puede traer consigo el peligro de la barbarie. Y cada derrota y tragedia en la historia puede servir para construir un mejor futuro.

La nueva normalidad que se ha anunciado puede ser una desgracia peor de la que teníamos antes, o sentar la posibilidad de un cambio para construir algo nuevo. O una mezcla de ambas cosas. En cualquier caso, siguiendo a Benjamin, tenemos que estar preparados. No podemos perder la fe en un futuro mejor pero tampoco descuidar nuestro presente, pensando que la destrucción que llevemos a cabo hoy podrá ser reparada mañana.



La película de Buñuel ha sido tan influyente que hace pocos años, en 2016, un joven y talentoso compositor inglés, Thomas Adès, estrenó una ópera en el Festival de Salzburgo con el mismo nombre y basada en el guión original del filme. La obra tuvo amplio reconocimiento por su valor musical y fue ejecutada después en Inglaterra y Nueva York en las mejores salas de concierto. En una de las entrevistas que concedió, al compositor le preguntaron sobre su interpretación de la trama buñuelesca y la razón por la cual los protagonistas no podían salir de la casa. Adès definió al ángel destructor como “una ausencia de voluntad, de propósito” y dijo: “La sensación de que la puerta está abierta pero no la atravesamos está con nosotros todo el tiempo”. Esa inacción, agregó, puede provocar el “colapso de la sociedad”.

Ahora que salgamos del confinamiento, puede ser una idea rescatable en un momento histórico tan siniestro (como ya se dieron cuenta en Estados Unidos).

saulescobar.blogspot.com

Voces en los días de Coronavirus

Luis Alberto Fernández G.

Hace tan solo unos meses, realmente creía que los que hoy son jóvenes vivirían más de cien años y que incluso habría que elegir de qué morir. La mayoría de nosotros se acercaría también a ese límite de edad. Hoy vemos, sin embargo, que un pequeño agente infeccioso, que no llega ni a célula, modificó seriamente la trayectoria de nuestro mundo.

Ese diminuto conjunto de genes, envuelto en grasa y con una corona de espinas con las que se clava en las células humanas, me hizo pensar qué pasará cuando me infecte yo, vergonzante miembro del grupo de la tercera edad (se llega a él sin apenas percatarse) y con alguna comorbilidad de riesgo: ¿seré del 80% asintomático, o iré a dar a terapia intensiva? En este caso, ¿habrá lugar?



Hay que reconocer que dicho pequeño agente tiene una enorme avidez por la reproducción y la realiza en forma sumamente eficiente. Y también, hay que observar que todos los científicos del mundo dedicados a las disciplinas relacionadas no han logrado descubrir cómo aniquilarlo eficazmente, ni cómo combatir la enfermedad que causa en los humanos y ni siquiera si llegó a nosotros proveniente de otro animal –y ¿de cuál?-- o de una malévola o bien descuidada mente en un laboratorio chino. Este parcial fracaso, ¿tendrá que ver con la pequeña proporción de recursos que dedicamos a la ciencia, comparada con lo que se gasta en espectáculos, empezando por los deportes-espectáculo? De todos modos, la ciencia nos está brindando las mejores respuestas y es razonable esperar que lo seguirá haciendo y esto, quizá, nos dé ocasión de cambiar de héroes, de orientar el aprecio social y los recursos de otra manera.

La reclusión, además de la higiene --la única medida que se ha propuesto contra peores consecuencias de la pandemia--, sin embargo, nos ha brindado ocasión de caer en la cuenta de qué tan ricos somos; esto es, ¿ricos en qué? En afectos, por ejemplo. ¿Tenemos con quién recluirnos más de dos meses y vivir bien? Añoramos los abrazos ¿de cuántas personas? ¿Y tenemos a quién abrazar en la reclusión? Y, además, ¿vivimos con espacio suficiente para disfrutar la naturaleza sin acercarnos a contagiar o ser contagiados? ¿Sabemos qué hacer con el tiempo? ¿Podemos trabajar a la distancia? ¿Tenemos forma de solidarizarnos con los que han dejado de percibir un magro ingreso diario? ¿Tenemos qué leer, qué música escuchar o tocar o cantar, o qué escribir? Es tiempo, entonces, de hacer recuento de los privilegios y responder, de alguna manera, en solidaridad con los que tienen menos que eso. Muchos tienen mucho menos. Porque los que podemos contestar afirmativamente a estas preguntas somos enormemente privilegiados. Y debemos tenerlo presente.


Luis Alberto Fernández G.

junio de 2020



(Imagen de la portadilla tomada del portal del National Institute of Allergy and Infectious Diceases)

Del fogón a la boca

“Anda, vamos a limpiar frijol mientras revisamos las tareas que terminaste” me decía la bisabuela Valito mientras me ordenaba sacar los cuadernos de la mochila y revisar cada una de las asignaturas que me tocaban al día siguiente, así como las tareas escolares que había terminado a toda prisa para poder salir a jugar al patio, antes que anocheciera.

Esa orden solo significaba una cosa: yo limpiaría el frijol, mientras ella revisaba los cuadernos. “¡Fíjate bien que no se te vaya a ir una piedrita, que alguien se puede romper una muela! Y abusado, si ves un gorgojo en el frijol me avisas, ¡que un buen reclamo le haremos al tendero que lo vendió!”

Después de haber reposado en agua toda la noche, los frijoles eran lavados y escurridos en un colador que colgaba cerca al fregadero de la cocina; era entonces cuando la bisabuela bajaba su consentida: la gran olla ‘Gallo Gallina’ que había comprado en el barrio de La Luz hacía un tiempo y que sólo se empleaba para cocinar los frijoles de cada semana.

Empezaba picando cebolla blanca muy finamente, pelaba y picaba un buen diente de ajo y todo lo freía en una generosa ración de blanca manteca de cerdo; mientras que se doraba todo, volvía a revisar los frijoles someramente a modo de asegurarse que efectivamente no hubiéramos pasado por alto alguna piedrita o impureza y los ponía en la olla, con una generosa cantidad de agua. Luego salía al patio por una hoja de aguacate, la más grande que alcanzara, verde y sin mancha alguna, que lavaba y agregaba a la gran olla.

Alternando con sus actividades de la tarde, la bisabuela no descuidaba la olla que despedía intensos vapores, inundando toda la cocina de efluvios suculentos, cuyos recuerdos aún hoy, me hacen salivar.

Antes de la merienda, picaba muy finamente un manojo grande de hojas de epazote sobre una tablita de madera y lo agregaba a la enorme olla, a la vez que revisaba el contenido de sal. “Niños, vénganse a comer un buen plato de frijoles parados” como llamaba a los frijoles recién cocinados: para servir, ponía sobre los frijoles una generosa ración de queso fresco o de Cotija desmoronado.

Los frijoles como hoy los conocemos, son leguminosas endémicas de nuestro continente, con antiguas y remotas historias de domesticación desde la Patagonia en el sur, hasta orillas del Rio San Lorenzo en Canadá.

En Mesoamérica, esa región biocultural que se extendía desde Centroamérica hasta las llanuras al norte, de lo que hoy conocemos como El Bajío, nuestros antepasados - y las cocineras novohispanas después - practicaban todas esas técnicas culinarias que hoy seguimos: limpieza de granos, remojo en agua durante una noche, desechar agua de remojo, cocción en cerámica adicionando Tequesquite y/o sal, y usar condimentos como la hoja de aguacate y el epazote, etc.

Las investigaciones científicas en el S.XX han demostrado ampliamente las enormes ventajas bioquímicas y nutricionales que todas y cada una de esas técnicas ancestrales practicaban: el remojo en agua inicia procesos germinativos en el grano, muy convenientes para la digestibilidad humana; toxinas solubles son eliminadas en el agua de remojo desechada; el proceso de cocción es más eficiente y corto, las sales contenidas en el Tequesquite mejoran también esa eficiencia.

La Cocina Tradicional Poblana es el resultado de siglos de conocimientos acumulados y transmitidos por mujeres en nuestro país, algunos plasmados cuidadosamente en recetarios manuscritos; gran parte de esos saberes han sido evaluados y certificados por la ciencia moderna: es urgente que nos dediquemos a conocer, valorar y conservar todos y cada uno de ellos.

¡Charlemos más de Gastronomía Poblana y ‘’a darle, que es Mole de Olla’’! #tipdeldia: Una buena fuente de proteína, sabrosa y de gran calidad, la encontramos en los humildes frijoles que en casa de nuestras abuelas nunca faltaban. Siguiendo los procedimientos descritos en esta columna, podemos cocinarlos en casa muy fácilmente. ¡Se los recomiendo ampliamente!

Revista Sin Permiso

Las últimas palabras deGeorge Floyd
George Floyd / El hombre de 46 años al que el pasado lunes, 25 de mayo, un agente de policía de Minneapolis (Minesota)

Estas son las últimas palabras de George Floyd, el hombre de 46 años al que el pasado lunes, 25 de mayo, un agente de policía de Minneapolis (Minesota) sujetó en el suelo durante siete minutos con la rodilla contra el cuello hasta que se ahogó:



que es mi cara hombre

no he hecho nada grave hombre

por favor

por favor



por favor no puedo respirar

por favor hombre

por favor que alguien



por favor hombre

no puedo respirar

no puedo respirar

por favor

(inaudible)

hombre no puedo respirar mi cara

levántese solo

no puedo respirar

por favor (inaudible)

no puedo respirar mierda

quiero

no me puedo mover

mamá

mamá

no puedo

mi rodilla

mis huevos

estoy acabado

estoy acabado

tengo claustrofobia

me duele el estómago

me duele el cuello

me duele todo

un poco de agua o algo

por favor

por favor

no puedo respirar agente

no me mate

me van a matar hombre

vamos hombre

no puedo respirar

no puedo respirar

me van a matar

me van a matar

no puedo respirar

no puedo respirar

por favor señor

por favor

por favor

por favor no puedo respirar

Traducción para SP: Lucas Antón

Avaaz.org, 30 de mayo de 2020

La revuelta es el idioma de los ignorados

Arwa Mahdawi / Escritora y publicitaria radicada en Nueva York, es columnista del diario británico The Guardian.

Cuando estás oprimido, no hay forma aceptable alguna de luchar contra la opresión. Te motejan de “antipatriótico” por poner pacíficamente una rodilla en tierra para protestar contra la brutalidad policial. Te vilipendian por recurrir al boicot como instrumento no violento de resistencia. Os tachan de “MATONES” cuando, después del asesinato de otro hombre más, negro y desarmado, a manos de la policía, protestas en la calle.

El repugnante video en el que se ve cómo a George Floyd lo mata un agente de policía blanco de Minneapolis, tras los asesinatos de Ahmaud Arbery en Georgia y Breonna Taylor en Kentucky, ha provocado manifestaciones por toda Norteaméricas. En Minneapolis algunas de las protestas han acabado en violencia: hay edificios (entre ellos una comisaría de policía) a los que se ha prendido fuego y se ha saqueado una tienda de Target. Donald Trump reaccionó prometiendo sangrientas represalias, tuiteando: “Cuando empieza el saqueo, empiezan los tiros”. Otros han reaccionado retorciéndose las manos. Se han oído muchos gritos de que “¡la violencia nunca es la respuesta!” y “¡los disturbios son contraproducentes!”

Pero si la agitación violenta no es la respuesta, ¿cuál es entonces? ¿Cómo hacemos para acabar en Norteamérica con la brutalidad policía y el racismo del sistema? ¿Tendrían los manifestantes que irse a casa y escribir cartas en tono severo a su representante en el Congreso? Deberían emular a Madonna y colgar videos de sus niños bailando como forma de protesta? ¿Deberían hincar pacíficamente una rodilla en tierra? ¿Deberían los norteamericanos votar simplemente para sacar a Trump y meter en cambio a Joe Biden? Ya saben, ese tipo cuya ley de 1994 sobre delitos contribuyó de modo señalado al encarcelamiento masivo en Norteamérica? ¿Tendría la gente que esperar pacientemente un cambio gradual?

“La revuelta es el idioma de los ignorados”, afirmó Martin Luther King Jr. en una alocución de 1967 que hoy reverbera a través de las redes sociales por razones evidentes. “¿Y qué es lo que Norteamérica no consigue oír? No ha logrado oír que (…) no se han cumplido las promesas de libertad y de justicia. Y no ha logrado oír que amplios segmentos de la sociedad blanca están más preocupados por la tranquilidad y el estatus que por la justicia, la igualdad y la humanidad”.

Esa alocución se pronunció hace 53 años y Norteamérica sigue sin escuchar. La incómoda verdad es que, a veces, la violencia es la única respuesta que queda. Nos gusta fingir que es de otro modo, que es la razón por la cual a a menuda se higieniza convenientemente a los movimientos sociales. Al movimiento sufragista, por ejemplo, se le honra como “no violento”. No lo fue: pasó pasó por una fase muy militante. “Si los hombres usan explosivos y bombas para sus propios fines, lo llaman guerra”, esribió la sufragista británica Christabel Pankhurst en 1913, “y el lanzamiento de una bomba que destruye a otra gente se describe como una acción gloriosa y heroica. ¿Por qué tendría que renunciar una mujer al uso de las mismas armas que un hombre?”

No me malentiendan, no estoy glorificando la violencia…que es lo que está haciendo el presidente de los Estados Unidos. Y no estoy, desde luego, llamando a la violencia. Estoy sencillamente diciendo qué debemos interrogarnos sobre a qué llamamos “violencia” y a que llamamos “política”. Mucha de la gente que chilla “la violencia no es la respuesta” a propósito de los disturbios de Minneapolis es la misma gente que apoya de todo corazón las inacabables guerras de Norteamérica. Muchas de las personas que condenan a los saqueadores son los mismas que veneran a los multimillonarios. Saquea un televisor y eres un peligroso criminal; saquea un país y eres un capitalista emprendedor.

Norteamérica no tiene problema alguno con los disturbios o el saqueo mientras se a la gente “correcta” la que los lleva a cabo. Y todos estamos obligados a pagar por esta visión del mundo. El contribuyente norteamericano ha pagado una media 8.000 dólares per cápita y más de dos billones en total sólo por la guerra de Irak, de acuerdo con un informe del proyecto Costes de la Guerra de la Universidad de Brown, lo cual suscita la pregunta: si la violencia nunca es la respuesta, ¿por qué entonces gasta Norteamérica tanto dinero en ella?

Traducción para SP: Lucas Antón

the Guardian, 30 de mayo 2020

Plaga de asesinatos de policías racistas: Ahmaud Arbery, George Floyd y la pandemia del COVID-19

Jeff Mackler

Ahmaud Arbery, de 25 años, fue asesinado cuando corría a sangre fría por tres racistas blancos el 23 de febrero en Georgia. Los abogados de la familia de Arbery, encabezados por Benjamin Crump, creen que su asesinato fue premeditado.

La policía local, que llegó a la escena poco después del asesinato, aceptó el testimonio de los asesinos. Fueron considerados "testigos", no sospechosos. Uno, un ex policía e investigador policial, Gregory McMichael, que había trabajado bajo la jurisdicción de los primeros dos fiscales de distrito asignados al caso, fue puesto en libertad de inmediato junto con su hijo, Travis. Los fiscales concluyeron que el asesinato de Arbery estaba plenamente justificado según las leyes de Georgia. Bajo presión unos dos meses después, cuando surgieron pruebas de lo contrario, se retiraron de las deliberaciones adicionales sobre el caso.
Ahmaud Arbery: "corría a pesar de ser negro"

Arbery, un destacado jugador de fútbol americano en el instituto, según el New York Times, estaba corriendo en la pequeña ciudad predominantemente blanca de clase media de Satilla Shores en el sur de Georgia, a poca distancia de su casa al otro lado de la autopista, en una zona de mayoría negra pobre. En ese día fatal del 23 de febrero, se detuvo en una obra abierta y entró en una casa parcialmente construida. Según el propietario, que había instalado una cámara de vigilancia en el interior, probablemente entró para beber un poco de agua. No robo nada. El propietario había informado previamente a la policía que varias personas habían sido grabadas antes de manera similar dentro de la casa, incluidos varios blancos. En ningún caso cogieron o dañaron nada.

En este caso, sin embargo, inmediatamente después de que Aubrey saliera y continuara corriendo, después de unos minutos dentro, le salieron al paso el hijo de Gregory McMichael, Travis, armado con una escopeta y acompañado por su padre con su pistola Magnum .357. Se pusieron a perseguir a Arbery en su camioneta, seguidos de un tercer hombre blanco, William "Roddie" Bryan, quien grabó en video la "persecución" y el posterior asesinato en su teléfono celular. Bryan siguió a los McMichaels en su propio auto. Arbery, que huía, recibió tres disparos mientras intentaba sortear a Travis McMichael, cuyo automóvil le había bloqueado el camino. Los asesinos declararon a la policía que reclamaban el derecho de "arresto ciudadano" y de "autodefensa".

El video que grabó el asesinato de Arbery no fue hecho público por la policía y el fiscal de distrito hasta unos dos meses después. La primera fiscal, Jackie Johnson, se retiró del caso porque el ex policía e inspector Gregory McMichael había trabajado en su oficina. El segundo fiscal, George E. Barnhill, finalmente hizo lo mismo después de que la madre de Arbery, Wanda Cooper, se enterase de que el hijo de Barnhill trabajaba en la oficina del Fiscal de Distrito de Brunswick, que anteriormente había empleado a Gregory McMichael.
Funcionarios de Georgia preparan su encubrimiento

Pero tanto Johnson como Barnhill habían aceptado la historia de los asesinos antes de apartarse del caso. Ambos habían visto el video y lo mantuvieron oculto. Antes de retirarse del caso, Barnhill le escribió a la policía que no creía que hubiera evidencias de un crimen, afirmando que los McMichaels portaban legalmente sus armas según las leyes de Georgia. También afirmó que debido a que Arbery era "sospechoso de robo", los perseguidores, que tenían una "causa de primera mano probablemente sólida", estaban en su derecho de perseguirlo según la ley de arresto ciudadano del estado. Barnhill declaró que existía un video del Sr. Arbery "robando una casa inmediatamente antes de la persecución y la confrontación". La declaración de Barnhill fue cuestionada por el dueño de la casa, quien había informado a la policía que no hubo robo, que "no cogió nada". En la carta a la policía, Barnhill citó un segundo video del tiroteo filmado por un tercer perseguidor, identificado más tarde como William Bryan. Barnhill dijo que este video, que no se ha hecho público, muestra al Sr. Arbery atacando a Travis McMichael después de que él y su padre lo alcanzaran en su camioneta.

La familia Arbery se defiende

Entrevistado en el programa "Democracy Now!" De Amy Goodman, el relato del abogado de la familia de Arbery, Benjamin Crump, es sorprendente. Crump insistió:
"Bueno, como la familia de Ahmaud Arbery y mis colegas han mantenido desde el principio, creemos que William" Roddie "Bryan era parte de esta pandilla organizada que intentaba, basándose en un plan premeditado, confrontar y capturar a Ahmaud Arbery mientras hacia deporte por esa comunidad ese día. Y el mensaje de texto que fue enviado por el oficial de policía Robert Rash al dueño de la casa, diciendo: 'Si lo ve de nuevo, no llame a la policía. Llame a Gregory McMichael. Es un ex policía ', por lo que creemos que se trataba de una mafia organizada que planeaba enfrentarse con Ahmaud. Por lo tanto, es totalmente justificado que Bryan fuera arrestado y acusado”.

Los comentarios de Crump tuvieron lugar solo después de que el video del teléfono celular de Bryan fuera filtrado a los medios por los abogados de McMichael, quienes creían que justificaba a sus clientes. El mencionado mensaje de texto enviado al propietario de la casa en construcción por el oficial de policía Robert Rash, con instrucciones de no contactar a la policía sino a Gregory McMichael, fue esencial en la acusación del abogado Crump de que el asesinato de Arbery fue premeditado. He ahí a los McMichaels, armados, preparados y lanzados a una persecución inmediata, mientras Arbery desarmado corría, como acostumbraba, desde el lugar abierto de la obra, mientras el obediente Gregory McMichael llamaba a la policía desde la parte trasera de su camioneta para informar de su persecución. La policía llegó en menos de un minuto.

Crump resumió de manera concisa las demandas de la familia Arbery de la siguiente manera: “Queremos que el Departamento de Justicia no solo abra una investigación como crímenes de odio, sino que también analicen posibles violaciones de la ley en virtud de la 14a Enmienda que involucre a todos los que participaron en esta investigación, desde los primeros policías en la escena hasta el primer fiscal de distrito, Jackie Johnson, quien, según se alega, le dijo a la policía que no presentara cargos en el caso; al segundo fiscal de distrito, Barnhill, quien también dijo, como Jackie Johnson, que tenía un conflicto de intereses, pero que escribió un memorándum diciendo que no creía que hubiera causa probable para arrestar a este dúo asesino de padre e hijo y, en esencia, desequilibró con su dedo la balanza de la justicia a favor de los McMichaels; y al tercer fiscal, que dijo cuando miró el video, todas estas pruebas y las declaraciones que no creía que pudiera arrestarlos, que tenía que llevarlo a un gran jurado; y el Departamento del Sheriff del Condado de Glynn, quien filtró el video de Ahmaud Arbery de hacía tres años, en un intento de calumniarlo, así como Robert Rash, el oficial de policía que envió el mensaje de texto al propietario que alentó y apoyó a esta banda de vigilantes a capturar y enfrentarse con Ahmaud Arbery".

Hasta que se hizo público el video de Bryan, el caso de Arbery se consideraba básicamente cerrado. Se respetó la ley, en todo su omnipotencia racista, así lo proclamaron las autoridades, que lograron filtrar en secreto un informe que indicaba que Arbery había sido condenado previamente por un delito de robo en una tienda. Era negro, en un vecindario blanco, traspasando una casa en construcción, etiquetado como un ladrón que huía de un crimen y perseguido por dos y luego tres transeúntes inocentes, legalmente armados, legalmente persiguiendo a un criminal y legalmente autorizados para disparar en "defensa propia". Todo esto fue considerado “dentro de la ley” por tres fiscales. Pero la verdad es que Arbery fue linchado de acuerdo con los "principios de la justicia del sur", que aplican hoy policías asesinos en todo el país.

La difusión del video por los medios nacionales

Pero nuevamente, los medios nacionales solo se dieron cuenta tras la difusión del video, en el contexto de la actual pandemia de Covid-19. El New York Times pidió a Michael J. Moore, un abogado de Atlanta que fue fiscal en Georgia, que revisara la carta de Barnhill al Departamento de Policía del Condado de Glynn, así como el informe policial inicial. Mientras tanto, The Times compiló un relato detallado minuto a minuto de los sucesos, usando múltiples videos, llamadas de teléfono y mensajes de texto. Moore envió un correo electrónico al Times indicando que la opinión de Barnhill estaba "equivocada" y que los McMichaels parecían ser los agresores y no había justificación para el uso de la fuerza según las leyes de autodefensa de Georgia. "La ley no permite que un grupo de personas forme una banda armada y persiga a una persona desarmada porque creen que posiblemente haya sido el autor de un crimen en el pasado", escribió Moore. La compilación del TheTimes, junto con la difusión de la grabación del teléfono celular de Bryan, revirtió instantáneamente la tendencia a encubrir el linchamiento. La Oficina de Investigación de Georgia (GBI), a pesar de su historial racista, se hizo cargo de la investigación y arrestó a los McMichaels con cargos de asesinato, junto con Bryan, el auto proclamado testigo presencial, que hoy está encarcelado y acusado del mismo asesinato.

La primera fiscal negra del condado de Cobb, Joyette Holmes, ha sido nombrada fiscal principal. Al igual que con los sucesos en Ferguson, Missouri, donde la policía asesinó a un hombre negro inocente, Michael Brown, se espera que el caso discurra de manera más abierta y sosegada a través de una serie de canales legales, de los que se puede esperar que el sistema de "injusticia" criminal racista temporalmente intimidado produzca nuevos argumentos "refinados" e "interpretaciones legales" dirigidos a la liberación o quizás una reivindicación parcial de los tres racistas de la banda linchadora de Georgia.

¡La policía asesina a una persona negra desarmada cada día!

En los Estados Unidos, el racismo hace que los asesinatos de negros desarmados relacionados con la policía sean trágicamente rutinarios. ¡Un estudio parcial de tales asesinatos lanzado hace varios años en el apogeo del movimiento “Black Lives Matters” demuestra que los asesinatos de policías de personas negras desarmadas tienen lugar en promedio uno por día! Digo parcial porque muchos distritos tienen a gala no informar de tales asesinatos. ¿Y cuántos de estos asesinatos terminan en la condena de los policías asesinos? ¡Menos de un puñado! Muy pocos de los miles de asesinos racistas son condenados. Enumeramos solo un puñado de víctimas negras de asesinatos policiales para mantener vivo su recuerdo mientras continuamos cuestionando el racismo inherente en la América capitalista.

Dontre Hamilton, disparado 14 veces por un oficial de policía en un parque de Milwaukee. El agente estaba respondiendo a una llamada de unos empleados de un Starbucks cercano alegando que Hamilton, diagnosticado de esquizofrenia paranoide, estaba perturbando la paz. Los agentes que llegaron primero a la escena determinaron que Hamilton no había cometido ningún delito.

Eric Garner, sometido a una llave de estrangulamiento ilegal por agentes de la policía de Nueva York durante 15 segundos por supuestamente vender cigarrillos sueltos. Garner dijo "No puedo respirar" 11 veces cuando varios agentes lo detuvieron en una acera.

Michael Brown, asesinado a tiros en Ferguson, oficial de policía de Missouri Darren Wilson.
John Crawford , asesinado a tiros por un oficial de policía en un Walmart en Beavercreek, Ohio. Estaba comprando y sosteniendo una pistola BB de juguete.

Ezell Ford, enfermo mental de 25 años, recibió tres disparos, incluido uno en la espalda, por un policía blanco.

Dante Parker, padre de cinco hijos, murió bajo custodia policial después de ser aturdido repetidamente con un Taser en el condado de San Bernardino

Tanisha Anderson, murió después de que policías en Cleveland golpearon su cabeza contra el pavimento mientras la detenían.

Tamir Rice, de 12 años, fue asesinado a tiros por la policía de Cleveland después de que los oficiales confundieron su arma de juguete con un arma real.

Rumain Brisbon, fue asesinado a tiros por un oficial de policía de Phoenix que confundió un frasco de pastillas con un arma.

Akai Gurley, asesinado a tiros por un oficial de policía sentado con su novia en una escalera de emergencia de una vivienda pública de la ciudad de Nueva York con poca luz. El comisionado del Departamento de Policía de Nueva York, Bill Bratton, calificó el tiroteo como un "disparo accidental".

Jerame Reid, asesinado a tiros por agentes de policía en Bridgeton, Nueva Jersey, cuando viajaba como pasajero en un automóvil conducido por su amigo, quien fue detenido por la policía.

Tony Robinson, asesinado por un oficial de policía de Madison, Wisconsin, que respondía a la alerta deque alguien interrumpía el tráfico.

Y el 13 de marzo: Breonna Taylor, trabajadora de autobuses en Louisville, Kentucky, fue asesinada a tiros en su propio apartamento a la una de la mañana. Utilizando una orden de registro para un sospechoso que ya había sido detenido, la policía derribó su puerta y disparó 20 tiros, ocho a Taylor.

Y justo la semana pasada: George Floyd, inmovilizado en el suelo por la rodilla de un policía de Minneapolis en el cuello, Floyd exclamó repetidamente: "No puedo respirar". Murió en un hospital poco después. La policía lleva varias noches arrojando botes de gas lacrimógeno y disparando balas de goma contra miles de manifestantes indignados desde el lugar de su asesinato hasta la tercera comisaría de policía del distrito. Dos días después, miles de manifestantes indignados incendiaron la comisaría tras ser desalojada por la policía. En la vecina St. Paul se incendiaron edificios en toda la ciudad. Y hoy, el gobernador ha desplegado 500 soldados de la Guardia Nacional.

El informe policial original decía que Floyd "parecía estar bajo influencia", había "resistido físicamente a los policias" y estaba "sufriendo angustia mental". El alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, después de ver un video de un espectador, dijo: "Todo lo que vi estuvo mal. Fue lamentable. Y fue inaceptable. No hay excusas”. Los cuatro policías involucrados fueron despedidos. No se han formulado cargos de asesinato. ¡No hay arrestos! Solo se puede esperar que la futura investigación anunciada por el FBI encuentre áreas "grises" para quizás, una vez más, exonerar a los policías asesinos.

Un artículo del 28 de mayo del New York Times , titulado "Furia en Minneapolis tras el última muerte policial", comienza señalando que el nombramiento de un jefe de policía negro que una vez se unió a una demanda acusando al departamento de ser "un caldero de comportamientos racistas", no ha podido cambiar la naturaleza racista de la policía. "Las quejas por fuerza excesiva ... se han convertido en algo común, especialmente entre los residentes afroamericanos". El artículo señala que de las muchas quejas de residentes de violencia policial racista y excesiva desde 2012, “solo alrededor del 1 por ciento ... han dado lugar a medidas disciplinarias, según los registros de la ciudad".

Además, el artículo señala los repetidos fracasos para "reformar" la policía, incluida la elección de un alcalde blanco que "cuestiona abiertamente el racismo sistémico" y el nombramiento de un jefe de policía negro "con un enfoque orientado a la comunidad" y que había demandado al departamento por ser "un caldero de comportamientos racistas".

El artículo continúa: "Ha habido algunas reformas policiales conseguidas tras mucho esfuerzo, incluido un cambio en el manual de uso de la fuerza que requiere que los oficiales intervengan cuando ven a sus colegas usando fuerza excesiva". Pero cuando George Floyd yacía en el suelo diciendo una y otra vez "No puedo respirar", mientras que el policía Derek Chauvin le clavaba la rodilla en el cuello, incluso después perder la conciencia, los tres policías que le acompañaban no hicieron nada más que alejar a los espectadores angustiados que lo vieron todo.

No es posible reformar la naturaleza racista de la policía en esta sociedad capitalista. Su trabajo es aterrorizar, dividir y someter a la clase trabajadora, para facilitar la explotación de los trabajadores con los mayores niveles de ganancias posibles. El racismo, el sexismo, la homofobia, la transfobia y el odio a los inmigrantes son ls principales herramientas de esa explotación, junto con muchas otras formas de represión institucionalizadas que la clase dominante promueve y hace cumplir para mantener a los trabajadores divididos.

En todos estos casos citados brevemente antes, las las víctimas de asesinato eran personas negras y desarmadas. Ningún oficial de policía fue acusado o condenado por asesinato.

Y entre ellos Malcolm y Martin, Trayvon y Oscar. Y ahora Mumia y Leonard y muchas otras víctimas de asesinatos y tramas racistas de la policía.

COVID-19 y Ahmaud Arbery

La difusión nacional del asesinato de Ahmaud Arbery, un asesinato racista que de otro modo habría pasado prácticamente desapercibido, ha llegado en un momento especial en la historia de los Estados Unidos. Llenó a los titulares en un momento en que la pandemia del Covid-19, como la epidemia racista que afecta diariamente a la sociedad capitalista de los Estados Unidos, ha tenido su mayor impacto en la América negra. Según todos los estudios, la tasa de mortalidad de la población negra por COVID-19 es cualitativamente mayor en todo el país que la de la población blanca. Los negros han sido sometidos sistemáticamente a políticas discriminatorias racistas que los relegan al sector servicios con los salarios más bajos y a otros trabajos similares sin salida, a las condiciones de vivienda más pobres y a la menor cobertura sanitaria, si tienen alguna.

Alimentado por las afirmaciones incesantemente exageradas de la estabilidad del capitalismo, las bajas tasas de desempleo y la prospera economía, este velo de mentiras se ha levantado repentina e inesperadamente para revelar una sociedad repleta de desigualdades: una sociedad con tasas de desempleo reales en cerca del cincuenta por ciento. Como siempre, los negros sufren una parte desproporcionada de este horror general. Muchos economistas predicen que alrededor del 42 por ciento de los empleos perdidos en los últimos dos meses nunca volverán. Y si los nuevos desempleados, 40 millones solo en las últimas siete semanas, encuentran trabajo, será con mucho peores salarios y beneficios.

Decenas de millones de trabajadores se han dado cuenta de la naturaleza de la bestia capitalista que hoy busca obligar a volver a trabajar a millones de personas a pesar del peligro solo para mantener las ganancias capitalistas.

Este es el contexto en el que el caso de Ahmaud Arbery ha atraído la atención nacional, hasta el punto de que el presentador de CNN, Chris Cuomo, hermano del gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, que presenta habitualmente los informes sobre la pandemia de COVID-19, ha tenido que abordar el racismo policial en Georgia en relación con el caso de Arbery y ahora de George Floyd. De hecho, los líderes del “establishment" del Partido Demócrata entienden perfectamente que este no es el momento para ignorar los males de la sociedad. Han presionado a su presunto candidato, el racista Joseph Biden, para que asuma una postura más razonable frente a cuestiones sociales vitales, alentando a que al menos rinda homenaje a algunas de las tímidas reformas de Bernie Sanders, y coquetean con la idea de que la “liberal" Elizabeth Warren sea la candidata a vicepresidenta. O incluso una negra, como la liberal Stacey Abrams de Georgia, que ha propuesto su candidatura como vicepresidenta, para ayudar al racista Biden a ganar los votos de las comunidades negras en el repugnante espectáculo en el que se ha convertido la política electoral capitalista.

La disparidad racista de COVID-19, cuando los oprimidos sufren las consecuencias cualitativamente más que la población en general, no es más que otra cara del racismo institucional que permite a la policía racista blanca asesinar impunemente a mujeres, hombres y niños negros desarmados, mientras llena cárceles con millones más para trabajar para las corporaciones del Fortune 500 en el complejo industrial carcelario a cincuenta centavos la hora, cada vez más privatizado y con fines de lucro. Las explosiones de descontento masivo actuales en Minneapolis, St. Paul y, mientras escribo, en Louisville, Kentucky, no son más que las chispas iniciales que pueden provocar un contraataque de la clase trabajadora y abrir un nuevo escenario para este siglo. Las grandes masas de la clase trabajadora que tienen el potencial de poner fin a este sistema degenerado tendrán la última palabra. Nunca nos hemos jugado tanto.

https://www.counterpunch.org/2020/05/29/the-plague-of-racist-cop-murders...

el hombre de 46 años al que el pasado lunes, 25 de mayo, un agente de policía de Minneapolis (Minesota)

Jeff Mackler / Corresponsal de la revista Socialist Action en Minneapolis.

Arwa Mahdawi / escritora y publicitaria radicada en Nueva York, es columnista del diario británico The Guardian.
Fuente:
Varias

Traducción:Enrique García Lucas Antón

Sábado, 30 Mayo 2020 00:00

Fotografías de un Cierre Simbólico

Fotografías de Jaime Carmona







Fotografías Cierre Simbólico (autores anónimos)

Lunes, 25 Mayo 2020 00:00

Fiel pero importuna

Mundo Nuestro.Este texto de la escritora poblana Ángeles Mastretta fue publicado originalmente en la revista Nexos en la edición de julio de 2001. Lo presentamos en el marco del Día Internacional de la Epilepsia.

“Esa es una enfermedad de genios”, me dijo hace mucho uno de los escasos pero intensos amores imposibles y al mismo tiempo entrañables, con los que he dado en la vida. Tenía casi sesenta años más que yo. Podía haber sido mi abuelo, o un padre tardío, si yo hubiera salido de él. Pero fue mi amigo-amigo, como pocos he tenido, y aún lo lloro de sólo recordarlo. Desde sus ochenta y siete, aquel hombre siempre guapo, me dijo eso de los genios para consolar la zozobra que me daba ir, cuando joven, con un mal que a la fecha, es a mí, como sugiere un poeta excepcional al que tengo el privilegio de haber vuelto mi hermano, lo mismo que es a Miguel Hernández la pena: “Siempre a su dueño fiel, pero importuna”.

—¿De qué color tendría los ojos tu epilepsia? —quiso saber este poeta.



—Grises —dije.

—¿Como los de quién?



—Como los de un diablo perdiéndose entre el paraíso y el olvido.



—¿La muerte tendría sus ojos?

—Ojalá, porque sería una muerte casi sorpresiva, pero me daría tiempo suficiente para dejarle dicho al mundo y a quienes amo en él, cuánto los echaré de menos cuando mi cuerpo se haya mezclado con las raíces de un árbol casi azul de tan verde y amarillo, o las de una bugambilia acariciada por aires que no conoceré jamás.

—¿Da tiempo de decir algo?

—Muchas cosas. Sobre todo si uno supiera que en vez de ir a perderse en un abismo del cual hay un retorno extenuante y una especie de vergüenza triste por haber asustado a los otros con la electricidad que no pudimos contener en nuestro cuerpo o sacar de un modo menos abrupto y perturbador, uno pensara como cuando la muerte avisa, que se está diciendo adiós en esa despedida sin más regreso que las marcas que hayamos podido dejar en la memoria de los demás.

—¿Da tiempo de ver algo, de oír algo?

—Hay quien ve luces o fantasmas o sueños. Yo no. Yo escucho ruidos como luciérnagas, oigo fantasmas que acarician, siento una música que parece un sueño, que podría ser el envío excepcional de un clarinete imaginado por Mozart o tres acordes de Schubert o un trozo de la voz inaudita de María Callas. Sería un júbilo ese eco si no supiera yo el destino al que me guía. Nunca he conseguido escucharlo y volver a tenerme sin antes haber perdido la conciencia por un tiempo que no sé ni siquiera cuánto puede durar. De ahí que le tema tanto como me agrada. Por eso siempre preferiré escuchar a Mozart con la Filarmónica de Budapest o cualquier otra, a Schubert cantado por María Callas y a María Callas cantando lo que haya querido. Pero esa música viene de adentro y es como es y no como uno quiere. Sin embargo, es hermosa. Te aseguro que si otros pudieran oírla, dirían que es hermosa y hasta algo de compositor se creería que hay en un vericueto de mi cerebro, en las ligas que hacen y dejan de hacer las neuronas encargadas de probarme que nadie manda sobre su cabeza. Menos aún. sobre su corazón.

—Escríbele un poema.

—No sabría cómo. Mirarla puede ser un poema atroz. Para decirla habría que ser Sabines. Yo la siento. Y sólo sé que llegaría a gustarme si un poema de Sabines fuera. Pero no fue un poema. Puede ser un temor, pero también un desafío. Yo he querido verla como un desafío. Así supieron verla quienes me crecieron y quienes han ido viéndola conmigo. Así me ayudaron a buscarme la vida en lugar de temer sus desvaríos.

DE ÁNGELES MASTRETTA: VIVIR CON EPILEPSIA

Cuando murió mi padre, en el naufragio de su escritorio encontré unos papeles que por primera vez le pusieron un nombre a lo que siempre se llamó vagamente “desmayo”. Tal nombre aprendí a decirlo con la certeza que en las noches oscuras nos dice despacio: habrá de amanecer. Haría entonces unos cinco años que habían empezado los “desmayos” y yo no les temía, porque simplemente no sabía lo que eran. Sí me daban tristeza, pero luego aprendí que tristeza dan aunque uno sepa que otros los llaman epilepsia. Y eso es parte del juego todo. Del extraño juego que es vivirla como una dádiva inevitable.

Cuando encontré los papeles, me había mudado a vivir a la ciudad de México. Esta ciudad aún no era el monstruo en que muchos dicen que se ha convertido, pero ya se veía como un monstruo. A mí me apasionaba por eso. Porque uno podía perderse en sus entrañas, recuperarse en sus escondrijos, cantar por sus travesías inhóspitas, dejarse ir entre la gente que caminaba de prisa por calles con nombres tan magníficos como “Niño Perdido”.

No se me ocurrió mejor cosa que irme a buscar a los epilépticos al Hospital General. Los encontré. Me asustaron. Muchos eran ya enfermos terminales y tenían crisis cada cinco minutos; eran, de seguro, personas que fueron abandonadas desde la infancia a su mal como a una cosa del demonio. Se hacía por ellos lo que era posible, que era poco. Cuando le vi la cara al nombre, tuve más reticencias que terror. De cualquier modo en muchos meses no volví a subirme a un Insurgentes-Bellas Artes sin un tubo de “Salvavidas”, esos caramelos de colores que no sé si aún existan pero que me ayudaban a iniciar conversación con mis vecinos de banca o de manos asidas a un tubo, para decirles que podría pasarme algo raro que luego describía tan de espantar como lo vi, pidiéndoles después que no se asustaran, que yo vivía donde vivía y me llamaba como me habían nombrado. Lo único que conseguí entonces fue asustarlos sin que pasara nada nunca.

Luego corrió el tiempo generoso y lleno de un caudal distinto, de amores nobles, delirantes o devastadores, de pasiones nuevas como la vida misma y en menos de un año volví a perder hasta la precaución, ya no se diga los temores. Más tarde encontré para mi paz un médico que no sólo conoce los devaneos del demonio con ojos grises, sino que me ha enseñado a olvidarlos de tal modo que no acostumbro hablar de ellos, que duermo menos de lo que debería y a veces hasta gozo el desorden de unas burbujas como si pudiera ser siempre mío.

¿Qué otros nombres le pondría, que tipo de conocimientos, de intimidad, de frustración, de dicha incluso, me ha dado? Eso, poeta, te lo digo otra tarde. Cuando tengamos tiempo y silencio para oírlo. Tiempo para saber de este ángel siempre fiel, pero importuno.

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