Sociedad

Soy buscadora

En la película Bohemian Rapsody, Freddie Mercury dijo algo que me ha hecho eco varios días después. Algo así como, “no soporto los tiempos intermedios” mientras dialogaba íntimamente con alguien sobre el dolor que esto le causaba. Me sorprendió constatar que hasta Freddie Mercury, Marx, Krishnamurti, Madonna o Bill Gates tienen que lidiar con los tiempos entre una cosa y otra… con lo difícil que resulta saber qué hacer con nuestra existencia

Me asombra darme cuenta de lo mucho que esto resuena en mí. La dificultad con la que algunas veces me topo al hacer frente a lo cotidiano de la vida, a los tiempos entre un acontecimiento y otro.

Hablo de los entretiempos entre el fin de semana que haré tal cosa, y la fiesta de no sé quién que está por llegar. O los días entre un viaje y otro; entre una comida y otra con algún ser querido. La víspera de las navidades, las vacaciones del siguiente puente, los cumpleaños, los festejos, las graduaciones, las bodas, las idas a los espectáculos, a los restaurantes, y demás lugares especiales.



El tiempo entre una meta y otra por cumplir. Los días entre algún maratón, carrera o triatlón que lograr y la siguiente hazaña.

Los días entre un sueño y otro que perseguir. Desde que nacemos hasta que nos damos cuenta, con suerte para algunos; antes de llegar a viejos, vamos tras la próxima meta por alcanzar, el siguiente evento al que asistir, el otrora lugar por conocer, el próximo hijo que tener, el siguiente puesto laboral que escalar…

Ahhhg! Lo escribo y puedo sentir en mi cuerpo una sensación de excitación que me recorre. No puedo negar que esa excitación es la que me vuelve adicta a los logros.

Tomo nota de cuánto --al menos yo-- me he acostumbrado a vivir de esta manera. Esperando algo por venir, cumpliendo nuevas metas, conquistando peldaños que añadir a mi curricular existencial.

¿Cuándo aprendí a vivir así? ¿En qué momento de nuestra existencia quedamos atrapados entre tantas y tantas “metas” que alcanzar? ¿A dónde quiero llegar? ¿Realmente existe un sitio en el que podré descansar?



Habrá quien a estas alturas se esté revoloteando en la silla mientras lee estas incómodas preguntas y añadirá para sus adentros que la naturaleza del ser humano es “superarse.”

Me considero una “buscadora”, y hace poco alguien me confrontó cuestionándome que mi afanosa búsqueda era una trampa más en mi carrera por hacer y hacer… Me molesté mucho, pero después me tomé en serio ese comentario.

Vivimos en una cultura donde nos hemos tragado completa la idea de que lograr metas y proyectos es la mejor manera de demostrar cuán valiosa es nuestra existencia. Cuantos más logros, mayores metas, más admirable se vuelve nuestro andar.



Un don nadie, es algo que ninguno de nosotros aspiramos a ser…

Y así, entre una meta y otra se nos va la vida. Donde los tiempos intermedios, – volviendo a la frase que me resuena -resultan dificiles de sobrellevar. Esos tiempos donde parece “que no ocurre nada.” Esos tiempos donde nos bañamos, donde nos vestimos, donde nos alimentamos en nuestro hogar a solas o de prisa parados metiéndonos la comida lo más rápido posible (porque no hay tiempo para disfrutar). Los tiempos horrorosos del tráfico donde estamos “detenidos” por instantes que parecen eternos. Los tiempos de espera en el banco, en la fila del súper, en el Starbucks pidiendo café. Los tiempos en los que esperamos a que nuestra pareja se termine de alistar. Los minutos fuera de la clase de algún hijo. El tiempo de comprar comida, de cargar gasolina, de ir al baño, de lavarse lo dientes, de hacer tareas, de caminar hacia la parada del camión. Los tiempos de insomnio, los minutos antes de levantarse de la cama, las horas de espera en el aeropuerto.

Los tiempos insoportables que buscamos llenar con nuestro teléfono al lado. Un like, un whatssap, o un mensaje. ¡Que ocurra algo!

¿Por qué es tan difícil detenerse? Parar por unos instantes y notar que lo que vamos dejando en esta carrera es la vida, nuestra existencia, que no volverá, que se irá no importa cuánto hagamos mientras dure…

La vida va ocurriendo entre estos tiempos intermedios y las metas que nos vamos imponiendo. Una tras otra, tiempo tras tiempo, meta tras meta.

¿Qué nos queda? La presencia. En ella no hay metas, porque las metas pertenecen al reino del futuro. No hay logros ni esfuerzos porque en el presente lo que es, está completo como está.

En ella, un simple baño de agua caliente sirve para notar con todos los sentidos el roce del agua en cada una de las partes del cuerpo. En la fila del super hay gratitud por la providencia divina de ese momento, la prueba es lo que hay delante de ti. En el tráfico existe la oportunidad única de ejercer la virtud de la paciencia.

No hay ningún lugar a donde llegar; no existe ninguna meta que cumplir. Todo nos ha sido dado por gracia divina sin que tengamos que hacer mucho salvo darnos cuenta.

Que los tiempos intermedios se vuelvan cada vez más habitables, que las metas y los logros no empañen tus ojos a tal grado que lo cotidiano se vuelva chocante.

Que bebas cada instante a sorbos… con la consciencia de que esta taza es la única que hay…

De mi vida diaria en la ciudad de México

Hace un rato que no escribo los acontecimientos de mi vida diaria en la CDMX, así que ahí les va uno:



7:00 AM. Iba yo empezando mi día Godínez. Amanecí ligeramente nerviosa y no sabía por qué, así que me puse a escuchar un poco de Cartel de Santa para amenizar mi caminata al transporte (cada quién tiene sus rituales). Unos pasos antes de acercarme a recargar mi tarjeta me viene a la mente: “Mierda, ojalá traiga mi tarjeta porque no traigo un puto varo” Y, efectivamente, no traía ni mi tarjeta y no más de cincuenta centavos que sabía que no servirían de nada.

Para todo esto tenía dos opciones: regresar a casa (esto incluía caminar de ida y de regreso), despertar a Luis y pedirle que me prestara $11 (dado que debo tomar metro y metrobús para llegar a trabajar), o dedicarme a pedir, persona por persona, un poco de dinero para el pasaje.

Opté por la segunda opción.



Después de que las primeras 5 personas ni siquiera me voltearon a ver comencé a desesperarme, hasta que vi un wey mamoncito, con su cinturonsito Hermès y unos mocasines, por si no quería pintarse un poquito más de estereotipo, acercarse hacia mí. Proseguí a, lamentablemente, quitarme la capucha, arreglarme el pelo y sonreír con hastío para que el personaje se compadeciera de mí. Dicho hombre sacó un billete de $100 pesos y lo metió a su tarjeta, volteó a verme; me miró de pies a cabeza, para acabar diciendo: “Te ves muy mal pidiendo dinero, ponte a trabajar, mugrosa”. y se fue, regocijándose en sus $100.

No tenía ni ganas ni tiempo de responder a tan “ofensiva” acusación, sin embargo, aún no tenía dinero para el pasaje y eso era, al final, lo que importaba.

Fue entonces cuando llegó un señor de aproximadamente 70 años y se acercó a mí. Me preguntó qué necesitaba y le dije, con muchísima pena, que había olvidado el dinero de mi pasaje. Entre él y, lo que yo supondría era su hijo, se pusieron a buscar monedas hasta que dieron con esos once pesos que harían que continuara mi trayectoria. Les agradecí enormemente y prometí que lo pagaría de regreso.



Una vez dentro del vagón volví a ver al cabrón del cintursonito. Admiré cómo una de las mini-revoluciones que se dan dentro del vagón para mujeres lo sacó por no querer irse al de hombres.

Esta vez hasta me quité los audífonos para poder gritar: ¡Sáquenlo! ¡Sáquenlo! Y regresar a escuchar, ahora, un poco de ska (ya saben, pa’ inspirarme).

A lo lejos me aseguré que su camino no continuara por unos minutos aunque sea.

Mientras escribo esto me encuentro en un Oxxo depositando 50 pesos a la tarjeta de metrobús del señor Agustín, para que su camino también siga.

#soybuscadora

Sobre mi y los motivos para hacer esta columna.

¡Hola por primera vez lector! Te doy la bienvenida a este espacio de letras e ideas, donde espero podamos encontrarnos una y otra vez, entre conceptos, confesiones, vivencias y formas de percibir esta aventura llamada vida con todo lo que conlleva.



Se me hace justo comenzar diciéndote quien soy, toda vez que mi clara intención tiene que ver con establecer una relación de conexión contigo que estás del otro lado de las letras.

¿Quién soy? Es la pregunta filosófica más compleja de responder, y ciertamente, una duda a partir de la cual empecé una profunda búsqueda con la firme intención de descubrirme.

Diré, para efecto prácticos, que lo primero, es que soy una eterna buscadora, una buscadora de la vida, de la paz, de la felicidad y de la verdad espiritual. Sé también, que soy una mujer que yace en esta tierra desde hace 38 años, que quizá puedan parecerte pocos, o muchos, según tu propia referencia. A mí me parece que han sido los suficientes como para haber vivido muchas de las cosas con las que algunas mujeres soñamos. Estudiar dos carreras profesionales, casarme y formar a una familia, viajar por algunos lugares exóticos, ser una afanosa madre de tres críos, amar a un hombre (bueno a varios en diferentes momentos), realizar diversas actividades físicas que me impliquen algún esfuerzo descomunal como correr maratones, hacer crossfit, nadar; irrumpir en mi cuerpo a fin de encajar con lo que hoy en día se considera belleza; realizar labores altruistas; indagar sobre mi consciencia espiritual, estudiar psicología, desarrollo humano, psicoterapia Gestalt, corporal, teatro, cocina, sobre plantas sagradas, escritura y hasta costura. Escribir poesías, meditar de varias formas con diversos maestros, y emprender varios negocios con sus debidos éxitos y fracasos. En fin, creo que, a mi manera, he buscado afanosamente por todos lados…

También de las crisis más dolorosas he aprendido suficiente, de los momentos más dolorosos de mi vida han surgido inesperados regalos, de las situaciones más cotidianas he aprendido el valiosísimo acto de agradecer por todo cuanto existe a mi alrededor; de los descalabros amorosos más estruendosos he aprendido a apreciar lo valioso que es abrir el corazón y lo prudente que es saber a quién entregárselo. Estoy convencida por experiencia propia que la capacidad de resiliencia de nuestra condición humana supera cualquier infortunio… y en mi incansable búsqueda de la felicidad he encontrado algo mucho más valioso… la decisión de abrazar la vida tal y como es…

¿Cuál es mi intención al escribir esta columna? Compartirme, compartirme contigo con la ilusión de que nuestro encuentro nos sane en una mutualidad causal en donde nuestro espacio de encuentro sea compartir una parte de la realidad que percibimos. Si has llegado hasta aquí y sigues leyendo, es porque una parte de mi consciencia se parece a la tuya; y tú y yo sabemos en el fondo (aunque no me creas) que la conexión a través del amor mueve al mundo.



Espero que te sientas acompañada, identificada, comprendida, cada vez que eches un vistazo por aquí. Me gustaría que recuerdes cada vez que lees algo de lo que aquí encuentres; que te llevas a ti contigo, como yo he aprendido a llevarme conmigo.

¡Bienvenida de nuevo! Y que sea este un espacio infinito para el encuentro.

Vida y milagros

Dicen quienes saben de psicología que el rol de los padres con los adolescentes es ponerles límites y aceptar que en ese tramo de sus vidas serán su oposición y su límite; los padres no van a ser muy queridos y populares en esa etapa, pero si deben lograr que sus hijos los respeten si quieren darles herramientas para entender las normas y las consecuencias de saltárselas. Rebelarse o desconocer a la autoridad es normal en un adolescente. La madurez llega cuando se acepta y se reconoce que hay límites. Después de lo sucedido en la explosión de Hidalgo solo podemos pensar que somos un pueblo infantilizado o en su más temprana adolescencia, apenas en la transición de pasar a ser un pueblo adulto. Somos un pueblo que apenas empieza a conocer las reglas y la necesidad de respetarlas. No sé si en algún momento de nuestra historia reciente fuimos distintos, por convicción o por la fuerza. No sé si es que ya somos muchos y no dio tiempo de que creciéramos en saber y gobierno de manera armoniosa.



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No encuentro otra manera de entender la tragedia anunciada por horas en la explosión de la semana pasada, con su enorme saldo de muertos de todas las edades y diferentes ocupaciones, como la del maestro de una primaria.



El testimonio de un soldado no deja lugar a duda de que algo está perdido en México con la autoridad y los límites:

"Les advertimos que era muy peligroso oler los gases que desprendía la fuga, que todo podía explotar. No nos hicieron ningún caso e incluso algunos empezaron a estar agresivos. La gente jugaba y se mojaba con la gasolina."



"Las mujeres y los niños también iban y venían con bidones. Primero eran pocos, luego eran cientos"

El testimonio de una persona de la comunidad que tiene un puesto de barbacoa dice:

"La gente solo quería un poco de gasolina para sus carros".

Con esos simples testimonios arma uno la película del porqué de la tragedia.

Hubo cero credibilidad a la advertencia reiterada de una autoridad.

Hubo cero respeto hacia la autoridad misma.

Hubo burlas hacia la autoridad que les advirtió del riesgo.

Hubo irresponsabilidad total de los adultos ante un riesgo manifiesto. Tanto que los niños iban y venían con cubetas o bidones. Sus familiares los colocaron en una situación de riesgo extremo.

Imperó la fuerza de la masa y no la fuerza de la ley y la razón.

La autoridad no se atreve a aplicar la legítima fuerza, aunque se trate de salvar vidas. Saben que sus vidas corren peligro ante la debilidad numérica.

En medio de la ya larga historia del huachicol, no ha habido una eficaz y continua comunicación social desde el gobierno para señalar los riesgos a los que se expone la población cuando se acercan de manera voluntaria a una fuga de gasolina, ni de la conducta culposa de los adultos que acercan ahí a los niños-

Adolecer es padecer o carecer de algo. Y sí, aquí faltó todo. Faltó por completo la conciencia de peligro de toda una comunidad ante un derrame de 30 metros de altura de gasolina. Faltó la credibilidad de la ciudadanía ante los llamados de alerta de la policía y el ejército, y sobre todo, faltó que la autoridad pudiera hacerse respetar ante el inminente peligro.

No sé a ustedes, pero a mí me sorprende la forma de minimizar la responsabilidad ante lo acontecido. "La gente solo quería un poco de gasolina para sus carros".

Señor: la gasolina explota. Si la autoridad le advierte del riesgo, aunque no quiera, se detiene. En masa es fácil ignorar a la autoridad. La cultura del manejo de riesgo fue inexistente. Las tragedias se suceden unas a otras y luego se olvidan sin dejar lecciones.

La pregunta que nos tenemos que responder es cómo volver a poner límites entre lo que queremos hacer y lo que podemos o debemos hacer,

Todos los límites hacia la autoridad, por las razones que gusten y manden, están completamente borrados en México. Ni siquiera importa si los límites son para protección de uno mismo o los demás.

La autoridad y la ley al parecer están para ser transgredidas, no respetadas. Las señales de alerta no han sido atendidas ni comprendidas. En el caso del saqueo de gasolina han sido más que evidentes:

Las explosiones y muertes por ordeña de ductos de gas y gasolina han ido al alta y no a la baja.

Las gasolineras que han comprado por años combustible robado han sobrevivido impunemente.

El enriquecimiento ostentoso del líder de Pemex ha paseado por las redes sociales sin que nada lo afecte y las complicidades en Pemex han sido muy bien descritas por Ana Lilia Pérez Mendoza en sus libros Pemex RIP y El Cártel Negro.

El mensaje es muy claro: si usted puede transgredir, hágalo. Su porcentaje de sufrir consecuencias es mínimo. ¿Qué tanto es tantito? A saber.

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¿Por qué llegamos a esto? ¿Cuánto tiempo para llegar al absoluto desprecio por el estado de derecho? ¿Cuánto para no saber ni medir que estamos atentando contra nosotros mismos? ¿Cuánto tiempo para volver a construir un mínimo respeto a las reglas que nos hacen posible convivir en paz? Para eso y no otra cosa son las leyes. Son los mínimos para poder vivir en sociedad.

Hoy la falta de estado de derecho es la principal carencia de nuestro país.

Dice mi hermano Carlos en el chat: "El no respetar las normas mínimas es un problema de país adolescente que solo arreglarán los años"

Cuando un adolescente falla y sufre graves consecuencias, son los padres los que deben preguntarse primero en qué fallaron.

Están bien las preguntas que hace el presidente López Obrador y que el Estado mexicano en su conjunto debe responder: "¿Cómo y por qué pasó esto?"

No concuerdo en que la gente estaba juntando gasolina solo por necesidad. Lo estaban haciendo porque el vacío de autoridad lo permite. Decir lo contrario es darle rienda suelta al caos. Minimizar la responsabilidad de los adultos involucrados en el accidente no ayuda en nada. Hacer a un lado que ignoraron a las autoridades, tampoco.

No podemos caer en la tontería de que esto pasó para agredir a la 4T, o por incapacidad del nuevo gobierno, ni en la simpleza de que las víctimas solo querían un poco de gasolina para sus carros. Nada de esto es ya casualidad.

Una explosión enorme sucedió en Puebla en enero del 2010 y dejó 30 muertos. En este caso las víctimas vivían cerca de un ducto que explotó en una madrugada, mientras aún dormían. Pero nadie respondió entonces desde las instituciones del Estado mexicano el cómo y el porqué de esa explosión. El escenario para estos desastres estaba montado desde mucho antes. Ordeña de ductos, asentamientos irregulares a la orilla del río, un río que se volvió de fuego porque estaba contaminado con gasolina. Ausencia de estado de derecho e impunidad.

La clave está en escuchar a los que han estudiado el tema de la impunidad y se han tomado el trabajo de plasmarlo en libros y documentos duros. Está en buscar y escuchar las respuestas, aunque nos lleve años construirlas. Nada exitoso se construye en un país por decreto.

Mientras tanto, creo que es fundamental difundir hasta el cansancio por parte del gobierno que ignorar o no escuchar las recomendaciones de las autoridades y de protección civil, específicamente en los casos de derrames de gasolina, sí ocasiona la muerte. Es importante difundir que lo que sucede a los niños en casos como el de la explosión de Hidalgo sí es responsabilidad de los adultos que los tienen bajo su cargo.

En México hemos aprendido mucho de los temblores y se han difundido extensamente los protocolos a seguir cuando tiembla. Aprendimos y se han salvado muchas vidas. No sé si lograremos generar una cultura de protección civil alrededor del fenómeno del derrame de gasolina que ocasiona el robo de combustibles. Detenerlo no va a ser fácil. Evitar, como sucedió en Hidalgo, que cerca de mil personas se acerquen llevarse una cubeta de gasolina, sí puede ser posible.

La sociedad requiere recibir información útil, dura y puntual. Todas las campañas de propaganda salen sobrando.

Vida y milagros

La semana pasada acompañé mis ratos de traslado en coche con un disco que tiene parte de lo mejor de la música que Ennio Morricone ha compuesto a lo largo de su extraordinaria vida. De ahí me brinqué a escuchar el disco de Cinema Paraíso, y ahí sigue, metido en el viejo tocadiscos de una camioneta que me permite cambiar los discos a mi antojo, a la antiguita. Así anduve, embriagada con su música, que no solo de alcohol, amor o conversación se embriaga uno.



Ayer, en el chat que mantengo con mis cuatro hermanos, Carlos preguntó cuál sería la última canción que querríamos oír antes de morir. Daniel dijo que él oiría Hey Jude. Carlos se fue por el clásico Nessun Dorma cantado por Pavarotti. Ángeles no ha contestado porque como adora la música, le rinde culto a lo perfecto y dudar es lo suyo, debe seguir pensando, aunque yo creo que sería a Mozart, su bolero preferido o la tercera de Mahler. Sergio se puso a hablar del huachicol porque no vio la pregunta, y un día después contestó que el concierto de Shumann para piano y orquesta en A menor. Tiene razón, es divino. Yo no había entendido bien la pregunta y pensé que era música para los días finales y no la última canción, así que les dije- "Depende de qué tan largo sea el final". Pensé en Mozart, en Chopin, en el apasionado y complejo Lizst, fuí a dar hasta Manzanero y de ahí a "No puede ser" cantada por Plácido Domingo; recordé el Agnus Dei de Jenkins y de pronto oí mentalmente el clarinete de la canción de amor de Cinema Paraíso. Con esa anduve silbando ayer toda la tarde mientras caminaba por el campo.

Y, cosas de la vida, ayer en el teléfono me apareció la noticia de que Ennio Morricone daría su último concierto y se retiraría de la vida pública. Nunca de los nuncas debemos dar las cosas por dadas, pero eso es exactamente lo que hacemos. Ennio Morricone y su música han estado en mi vida casi toda la vida. Alguna vez, no hace mucho, lo vi dirigir un concierto. No supe definir su edad, pero de verdad que la belleza es subjetiva, porque por lo menos una cena con velas con ese señor sí que se antojaba. Pues en ese concierto que dirigió en la Plaza de Venecia y que ya reencontré en You Tube, Morricone andaba ya cerca de los 85 años. Oír que va a desaparecer de la vida pública lo tomé como un golpe, como si uno de mis seres queridos me estuviera cortando de su vida, así nomás, por decisión unilateral.

Me fui a buscar sus datos. Qué poco sabemos a veces de las personas que están ahí durante años, dadas por dadas.



Ennio Morricone nació en Roma el 10 de noviembre de 1928. Noventa años. Hijo del músico Mario Morricone, Ennio estudió música y empezó a tocar la trompeta desde muy pequeño. A los seis años compuso su primera obra. Era precoz, y a los 12 años fue inscrito por sus padres en el conservatorio, donde terminó en seis meses un programa de estudios diseñado para cuatro años. Su diploma de trompetista lo recibió en 1946. Estudió también orquestación, composición y muchas cosas más, y a partir de ahí inició su carrera pública y profesional. Trabajó como escritor fantasma componiendo música que se atribuían compositores ya famosos. En 1956 se casó con María Travia, y sigue con ella hasta la fecha. Un hombre de otro siglo, otros tiempos.



Empezó a trabajar de manera abierta en los arreglos de otros compositores y se dio a conocer al componer música de fondo para el radio de manera independiente, hasta que Sergio Leone, su amigo de la infancia, lo invitó a componer la música de sus famosas películas del viejo oeste americano, Por un puñado de dólares (1964) fue la primera, y en 1966, compuso la música para El bueno el malo y el feo. Creo que eso fue lo primero que escuché de él. Durante toda la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI su música y su presencia han estado ahí. Compuso, orquestó y dirigió de manera extraordinaria para muchísimas series y películas. Es un músico cuya obra ya forma parte del patrimonio musical de la humanidad. No se perderá con el tiempo, se perderá cuando la humanidad se pierda a sí misma. Sus composiciones para Days of Heaven (1978), La Misión (1986) y Cinema Paradiso (1988), han sido catalogadas como obras maestras. Su versatilidad se extiende a multitud de géneros, pero en particular su música sinfónica y coral se impone.

La música de La Misión te eleva.

La de Cinema Paradiso te cautiva, te enamora.

La de El Cartero te revive sentimientos de adolescente.

Me gusta mirar las firmas de las personas y buscar su alma en ellas. Su firma es pura, clara y ascendente.

Ennio ha decidido retirarse. Me ha dejado triste saberlo, aunque en realidad no puede retirarse alguien con tamaño legado. No se retira, pensaré, solo se guarda a esperar en paz el momento de escuchar su última canción. Ahí estará cerquita, en el CD del coche o con su mano elegante en el concierto de Venecia.

¿Una última canción? Desde luego, si se vale hacer trampa, yo escogeré varias y seguramente las mezclaré indistintamente en el desorden propio de una mente que sale de viaje, aunque éste sea el definitivo. Tendré en la memoria el sonido de su clarinete o el trocito de un coro cuando me toque imaginar, aunque ya no escuche, mis últimas canciones. No puedo elegir solo una, me tomarán por asalto algunas, y una será de él.

Mundo Nuestro. La revista española Sin Permiso, en un texto de la científica Marta Pulido Salgado , recupera de la investigación inglesa Altmetric los diez más importantes artículos científicos dados a conocer en el 2018, escogidos entre más de 2.8 millones de artículos científicos publicados en el año que recién terminó. Ilustra esta cuenta un cuadro de autor desconocido sobre el juicio a Galileo en 1633, un hombre que bien representa la lucha por el conocimiento en la historia de la humanidad.

El número real de víctimas tras un desastre natural, la rápida compartición de las noticias falsas y la dosis de alcohol más segura centran los estudios con más impacto del año.



A lo largo de 2018, Altmetric ha monitorizado más de 2,8 millones de trabajos científicos, y evaluado su repercusión más allá de las métricas convencionales, como el factor de impacto. Así, menciones en blogs y redes sociales, aparición en medios de comunicación o citaciones en Wikipedia constituyen algunos de los parámetros que permiten a esta empresa, establecida en Londres, elaborar la lista de las 100 publicaciones científicas más populares del año. Los siguientes 10 artículos encabezan la clasificación.

1. Determinar la mortalidad por catástrofes naturales de forma más precisa

En septiembre de 2017, el huracán María asoló Puerto Rico. Fuentes oficiales estimaron en 64 el número total de víctimas mortales. Sin embargo, entrevistas realizadas en 3.299 hogares revelaron que, en realidad, fallecieron 14,3 personas por cada 1.000 habitantes. Es decir, una cifra 70 veces mayor que el cálculo gubernamental. Este nuevo método de estimación de la mortalidad, publicado por la revista The New England Journal of Medicine, también evaluó las pérdidas materiales y el flujo migratorio originado por el desastre.

2. La mentira corre más que la verdad

En tiempo reciente, la difusión de noticias falsas ha demostrado ser capaz de influir en política, economía y bienestar social. Según resultados publicados por la revista Science, entre 2006 y 2017, más de 3 millones de personas compartieron 126.000 rumores en Twitter. Entre las historias con mayor repercusión, la mentira alcanzó entre 1000 y 100.000 usuarios, mientras que la verdad raramente sobrepasó el millar de impactos. El grado de novedad y las emociones suscitadas por la falsedad podrían explicar su rápida propagación.



3. ¿Qué cantidad de alcohol es segura? Ni una gota

A pesar de que algunas evidencias relacionan su consumo con cierto efecto protector en determinadas patologías, un estudio publicado por The Lancet evidenció que lo mejor para la salud es no beber ni una gota de alcohol. El metánalisis incluyó datos recopilados a lo largo de casi 30 años, entre 1990 y 2016, en 195 países. Y el resultado fue claro: la probabilidad de muerte, y en concreto de desarrollar cáncer, incrementa con el consumo de alcohol. Además, la única cantidad que minimiza dichos efectos negativos es cero.

4. Calentamiento global sin fin



De acuerdo con una investigación, publicada por la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, sin una notable intervención que reduzca las emisiones, el calentamiento global entrará en un peligroso bucle de retroalimentación. En concreto, si el aumento global de la temperatura fuera mayor de 2 grados Celsius, el nivel del mar incrementaría hasta niveles nunca vistos desde el Holoceno. Asimismo, el termómetro alcanzaría los valores más altos de los últimos 1,2 millones de años.

5. Hacer ejercicio mejora la salud mental

En el estudio participaron 1.237.194 de estadounidenses mayores de 18 años. Tras considerar el tipo de ejercicio, la duración, la frecuencia y la intensidad, además de otros factores como el sexo, la etnia o el nivel educativo, los científicos concluyeron que la actividad física mejoraba un 43,2 por ciento la salud mental. El efecto más notable se observó en deportes de equipo, ciclismo y actividades aeróbicas realizados durante 45 minutos entre 3 y 5 veces por semana. La revista The Lancet Psychiatry publicó el hallazgo.

6. La clave está en la moderación

Las dietas bajas en carbohidratos, que limitan su consumo a la vez que promueven la ingesta de proteínas y lípidos, constituyen una de las estrategias más populares para la pérdida de peso. Sin embargo, la monitorización de una cohorte formada por 15.428 adultos estadounidenses a lo largo de 25 años reveló que las dietas donde los carbohidratos aportan entre el 50 y el 55 por ciento de la energía se asocian con menor mortalidad. En cambio, tanto el exceso, más del 70 por ciento, como el defecto, menos del 40 por ciento, aumentaron la probabilidad de muerte. El estudio puede consultarse en The Lancet Public Health.

7. Más y más plástico en el Pacífico

La isla de plástico del océano Pacífico, localizada entre California y Hawái, ocupa una extensión de 1,6 millones de quilómetros cuadrados. Y no para de crecer a una velocidad alarmante. Mediante varios buques y aeronaves los científicos estimaron la cantidad de residuos acumulados. Por desgracia, la cifra resultó mucho mayor, entre 4 y 16 veces, de lo esperado. Es decir, unas 79.000 toneladas de redes de pesca, microplásticos y otras piezas de este material. La revista Scientific Reports publicó la investigación.

8. Terapias alternativas y cáncer, una relación peligrosa

¿Los fármacos no convencionales aumentan la tasa de supervivencia de los pacientes oncológicos? Según un estudio publicado por la revista JAMA Oncology, la respuesta es clara: no. De hecho, el uso de las terapias alternativas, además de favorecer el abandono de la quimioterapia, la radioterapia y los tratamientos hormonales, se asocia con un riesgo de muerte 2 veces mayor. En la investigación participaron 1.901.815 pacientes con tumores de mama, próstata, pulmón o colon, no metastásicos y tratables.

9. Océanos calientes: una amenaza para los corales

Tras la ola de calor que afectó las aguas de la gran barrera de coral en 2016, los científicos observaron cómo estos animales marinos empezaron a desaparecer a gran velocidad. Al parecer, el aumento de las temperaturas afectaría la relación simbiótica entre el coral y las algas del género Symbiodinium, responsables de su característico color. Ello comprometería la nutrición del animal y originaría su muerte, hecho que transformaría la composición y distribución de los arrecifes. La revista Nature publicó los resultados del estudio.

10. ¿Cómo se distribuye la biomasa en la Tierra?

La biomasa del planeta se estima en 550 gigatoneladas de carbono repartidas entre los distintos reinos de la vida. Según la investigación publicada por la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, las plantas concentrarían la mayor parte, 450 gigatones, seguidas de las bacterias (70), los microorganismos celulares arqueas (7) y los animales (2). Por áreas, la superficie terrestre acumularía más biomasa que el medio acuático. De forma sorprendente, la masa de la especie humana supera en un orden de magnitud la de todos los animales salvajes juntos.

Otros 90 artículos completan la lista.

Referencia: «Mortality in Puerto Rico after Hurricane Maria», de N. Kishore et al., en The New England Journal of Medicine, 379, 162-170, publicado el 12 de julio de 2018

Referencia: «The spread of true and false news online», de S. Vosoughi et al., en Science, 359 (6380), 1146-1151, publicado el 9 de marzo de 2018.

Referencia: «Alcohol use and burden for 195 countries and territories, 1990–2016: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2016», de M. G. Griswold et al., en The Lancet, 392 (10152), 1015-1035, publicado el 23 de agostode 2018.

Referencia: «Trajectories of the Earth System in the Anthropocene», de W. Steffen et al., en Proceedings of the National Academy of Sciences, 115 (33) 8252-8259, publicado el 14 de agosto de 2018.

Referencia: «Association between physical exercise and mental health in 1·2 million individuals in the USA between 2011 and 2015: a cross-sectional study», de S. R. Chekroud et al., en The Lancet Psychiatry, 5 (9), 739-746, publicado el 1 de septiembre de 2018.

Referencia: «Dietary carbohydrate intake and mortality: a prospective cohort study and meta-analysis», de S.B. Seidelmann, et al., en The Lancet Public Health, 3 (9), 419-428, publicado el 1 de septiembre de 2018.

Referencia: «Evidence that the Great Pacific Garbage Patch is rapidly accumulating plastic», de L. Lebreton et al., en Scientific Reports, 8 (4666), publicado el 22 de marzo de 2018.

Referencia: «Complementary Medicine, Refusal of Conventional Cancer Therapy, and Survival Among Patients With Curable Cancers», de S. B. Johnson et al., JAMA Oncology, 4(10), 1375-1381, publicado en octubre de 2018.

Referencia: «Global warming transforms coral reef assemblages», de T. P. Hughes, et al., en Nature, 556, 492–496, publicado el 18 de abril de 2018.

Referencia: «The biomass distribution on Earth», de Y. M. Bar-On et al., en Proceedings of the National Academy of Sciences, 115 (25), 6506-6511, publicado el 19 de junio de 2018.

es una investigadora en neurobiología celular
Fuente:
https://www.investigacionyciencia.es/noticias/los-10-artculos-cientficos-con-mayor-repercusin-de-2018-17085

Mundo Nuestro. Con este esta reflexión sobre la muerte de Martha Érika Alonso y Rafael Moreno Valle inicia en nuestra revista digital la columna de Gina Fernández. Ilustra la portadilla una obra del grabador, intelectual y matemático holandés M.C. Escher (1898-1972), 'Lazo y unión', litografía de 1956.

Soy buscadora



Sobre la muerte de los Moreno Valle

Los hechos de estos últimos días tiñen el ambiente de una gran diversidad de aromas emocionales. Para algunos, huele a tristeza por haber perdido a una hermana, una amiga, una jefa, una prima, una colega.

Para otros, lo que más resuena es el enojo, la frustración, las ganas de encontrar responsables, de achacar, sin mucha consciencia, los hechos a tal o cual persona, o partido, lanzando acusaciones de todo tipo. En ellos hay desconfianza, furia…



Hay quienes incluso están contentos, si, contentos, de saber muertos a la tan pública pareja política conformada por los Moreno Valle.

Hay otros más a quienes les da lo mismo, es la indiferencia que todos llevamos dentro para poder enfrentar lo que a veces resulta difícil digerir.



Hay quienes se preocupan menos por el hecho, y más por la incertidumbre política, por la sensación de inseguridad que les embarga.

Hay quienes opinan que esto es una farsa, un teatro, una telenovela al más puro estilo de la televisión mexicana.

Hay quienes creen que todo es responsabilidad del Karma.

Hay quienes claman justicia divina…

Hay otros, como Paco, que ni siquiera se han enterado, que viven sin saber siquiera quienes son estos personajes…

Y yo me pregunto, ¿a cuántos de todos nosotros se nos ocurre responsabilizarnos en vez de buscar culpables?

Cada uno de nosotros habremos de ubicarnos en alguna de estas posturas, quizá a momentos en una y después en otra… a veces rencor, a veces tristeza, y a veces, indiferencia.

A mi me entristece que muera un ser humano toda vez que creo que lo único verdaderamente valioso que tenemos es la vida. No me importa si es Martha Erika, Emmanuel Vara, o la indigente que asesinaron hace algunos meses debajo de unas escaleras. Sus muertes me confrontan con la realidad fehaciente de la evanescencia.

Pero lo que más me inquieta, y lo que no me deja tranquila, es que me pregunto y me pregunto por qué ante una descomposición cada vez mas lacerante del tejido social de mi país, lo más que se nos ocurre es echarnos culpas y aventarnos pedradas uno a otros como niños malcriados.

Insistimos en mirar la realidad y la vida desde los escabrosos peldaños del ego, del miedo, y de la culpa, en vez de sensibilizarnos, y lo más difícil aún: responsabilizarnos.

Mi país está dividido entre quienes no quieren parecerse ni a Yalitza, ni a los chairos, ni a los morenos, ni al peje, ni a los zetas, ni a los indigentes, ni a los indígenas, ni a los rotos, ni a las sirvientas, ni a los nacos; y los que -aunque no quieran ni estén de acuerdo- son todos “ellos”.

Para mi, Paco, este hombre que a diario deambula por las calles sin entender ni importarle un carajo lo que sucede representa todo aquello que no quiero mirar, con lo que no deseo lidiar… pero que de tanto tenerlo enfrente ya no puedo ni deseo evitarlo…

Y la muerte de Martha Erika me recuerda cuanta gente muere a diario, anónima, sin que ninguno de nosotros siquiera hayamos notado su existencia…

Dos niños. Una que fue famosa, y que teniéndolo todo, murió sin llevarse nada. Un niño, que no teniendo nada ni siquiera razón, tiene la vida.

Indigentes, o importantes… anónimos o famosos, repudiados o amados, chairos o fifís, indígenas o medio españoles… Todos tenemos una cita con el olvido, con el despojo real de todo cuanto habremos de acumular a lo largo de nuestra existencia… Y claro, con la muerte.

Mientras tanto, nos queda la vida.

La vida de los que aún estamos aquí, y la posibilidad, (la responsabilidad) de encontrar una manera de convivir con nuestras diferencias, de mirarlas al menos, de hacernos cargo como humanidad del reto que representa mirar a los que no queremos mirar, a los que piensan diferente.

De intentar, intentar amar a nuestros semejantes a pesar de las diferencias, de profesarnos, aunque sea una vez al día, respeto sabiendo que ambos habremos de compartir el mismo espacio, que es esta Tierra.

De intentar, intentar, sí --aunque quizá no lo logremos del todo--, intentar, mirar más allá de nuestros intereses, nuestras “ideas”. Y abrir espacio en nuestras mentes a las ideas de otros, las perspectivas distintas a las mías…

Intentar, intentar, callar oportunamente un comentario que incite al odio, mirar, de vez en cuando, aunque cueste, los ojos de aquellos a quienes no quieres mirar.

Encontrar, tratar, la belleza física real de aquel que miras con desprecio…

Una Yalitza con una Paulina Rubio, un conductor de microbús con un alto ejecutivo de la VW, un conductor furioso con un ciclista, un analfabeto con un letrado, un rockero con un trovador, un ingenuo con un realista, un abstemio con un drogadicto, un panista con un morenista, un agnóstico con un creyente, un matemático con un filósofo, una monja con una prostituta. Un humano con otro, ¿por qué no?

Un día quizá, tal vez… Como dice Arnulfo, un día que tú comprendas que no eres mejor que yo, y claro, que yo, también entienda que tampoco soy mejor que tú, que ambos tenemos nuestro propio valor.

Si, soy una soñadora…