Sociedad

Puerto Libre/Revista Nexos

Mientras voy leyendo las entradas al hashtag #MiPrimerAcoso, oigo el Agnus Dei de Jenkins. Cantar quita el miedo, pero no consigue quitarme la tristeza. Todo esto que leo sigue pasando, como un aire ruin, a nuestro alrededor. Aquí tan cerca, entre mujeres que tienen Twitter y teléfonos inteligentes.



Con frecuencia tendemos a creer que el mal está en otra parte, entonces alguien lo nombra a nuestra vera, tan abrumador como parece transparente.

Hay hombres que están mal hechos por dentro, incluso si salieron de mujeres que también pueden haber sufrido acoso o mucho peor, violación, violencia, maltrato a sus hijos, espanto diario. Pero también cuando al parecer han vivido en familias estables y sin violencia.

Yo había olvidado por completo lo que podría considerar como mi primer acoso, no me marcó como el peor agravio, pero buscándolo recuerdo que cuando Brasil ganó el Mundial en 1970, un periodista entrado en años, si yo tenía diecinueve él pudo tener cincuenta, me pescó a besos en la boca sin que yo quisiera y por sorpresa. A mí, lo digo con cierta ironía, porque ya no era niña, nunca me habían besado en la boca, y jamás, en ninguna parte, con tal fuerza. No pude, ni supe cómo alegar defensa, salí corriendo. Pensé que esos besos no estaban entre mis quimeras, me turbaron. Un disgusto me persiguió esa noche. Recorrí muchas veces los bordes de mis labios, imaginando algo mejor. Con la lengua, con los dedos: algo más benévolo. Todo eso tenía que ser distinto, deseado, casi sobrenatural.



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Ilustración: Gonzalo Tassier

¿Qué es un dios? ¿Cuál es su naturaleza? ¿Cuándo y cómo nació la noción o la idea de dios? Estas y otras preguntas sobre el origen y la naturaleza de dios han sido temas ineludibles para teólogos, historiadores, filósofos, antropólogos e interesados en la religión de los pueblos y las naciones. Sin embargo, el objetivo de este texto es presentar una interpretación sobre la creación de los dioses en la antigua Mesoamérica, o más precisamente, cuáles fueron los instrumentos utilizados en la creación de la idea, la concepción y la imagen de los dioses. Mi recorrido es histórico y de larga duración: va desde los olmecas, 1500 años a. C., hasta poco después de la conquista y los tiempos recientes. Es decir, incluye los cultos y mitos actuales de los pueblos indígenas de México y Centroamérica.

Las características que definen a los dioses, sus imágenes, representaciones, poderes y efectos sobre el mundo sobrenatural y terreno fueron rasgos meticulosamente construidos por sus creadores. Esta es la tesis que sostengo aquí, apoyada en el análisis de dos deidades principales de la antigüedad prehispánica: el dios del maíz y el dios del viento.



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Hay gente que nos enriquece la vida con sus conocimientos, su curiosidad, su sabiduría y hasta sus chismes coloquiales. Humboldt fue una de esas personas, un científico genial y versátil, pero también un gran divulgador y un ser particularmente curioso. Vivió hasta los 90 años, viajó por todo el mundo, corrió riesgos y modificó el sistema de enseñanza universitario porque privilegió el aprendizaje en base a la experiencia por encima de la simple información. Quizás le dio tiempo de hacer muchas cosas porque nunca se casó.

A México llegó en 1803, cuando tenía apenas 34 años y llevaba poco tiempo de haber heredado una gran fortuna de su madre viuda y recién fallecida. Una madre fría y enérgica a la que algo extrañó, aunque al parecer valoró más la libertad que le regaló su orfandad. Su inteligencia era de amplio espectro, pues igual le interesaban la botánica, la minería, la geografía, pero también la comida, las costumbres y las formas de vida de los pueblos que iba visitando.



Humboldt.

Carlos de Montufar



A México llegó acompañado por el Doctor y naturalista Aimé Bonpland y un joven noble peruano, guapo como Adonis, Carlos de Montúfar, con quien sostenía una relación amistosa y amorosa. Muchas biografías de Humboldt no tocan ese vals, pero el vals está ahí y no debiera sorprendernos ni el que lo hayan ocultado ni el que ahora se sepa. Nada hay nuevo bajo el sol, pero qué tangos hacen quienes pretenden actuar como sí así fuera.

Hablando del sol, leyendo acerca de la visita de Humboldt ,a nuestro país me interesó mucho su relato de cuando él vio por primera vez al calendario Azteca o Piedra del Sol, entonces adosado en el costado poniente de la catedral de México, a la altura de la mirada y al alcance de la mano. La enorme piedra labrada apenas había sido encontrada 13 años atrás, el 17 de diciembre de 1790, mientras se hacían unas obras de nivelación de la Plaza Mayor de la ciudad de México. Casi a flor de tierra y a los pies de la escalinata de la catedral apareció el enorme monolito de basalto de 24 mil kilos.

En 1559, 38 años después de la conquista, estaba por terminar el ciclo del calendario azteca de 52 años. Por miedo a que en esa fecha los habitantes reavivaran el fervor hacia sus antiguas creencias, el virrey de ese entonces decidió enterrar la Piedra del Sol con la parte labrada hacia abajo, como solían hacerlo los españoles con las figuras poderosas de dioses derrotados. 231 años después, el suelo de la catedral dejó que cortésmente un icono y rival en religiones asomara la espalda y luego la cara: ahí, en todo su complicado esplendor estaba una obra emblemática de la cultura azteca. El recopilador Diego Durán ( Sevilla 1537-1588) narra en su Historia de las Indias de Nueva España que la piedra fue traída entre cientos de hombres desde los rumbos de Xochimilco; Durán rescata el nombre de su escultor, Tecpatl, y la posible fecha de su creación, ordenada por Axayacatl 42 años antes de la caída de Tenochtitlán . No recuerdo ninguna otra obra de arte prehispánica de la que se conozca el nombre de su creador.

Eduardo Matos en el Templo Mayor, en el recinto Cuauuhxicalco.

Se supone que la piedra ya tallada fue usada en posición horizontal en ceremonias de gladiadores y de sacrificios rituales dentro de un recinto cerrado llamado Cuauhxicalco. Aunque se le conoce como el Calendario Azteca, en realidad es una piedra ceremonial cuyo tema es el tiempo y la cosmogonía del mundo azteca. Muchos de los símbolos e imágenes que aparecen en la piedra pueden ser rastreados cientos de años atrás, provenientes de otras culturas mesoamericanas. El centro de la piedra está dominada por la cara del quinto sol, el de la era cósmica vigente, con la mitad del rostro descarnado y la mitad con piel, símbolo de la vida y la muerte. Su lengua de fuera tiene la forma de un cuchillo de obsidiana. En sus cuatro costados están los soles de las épocas anteriores, el sol jaguar, el del agua, el del viento y el de la lluvia. Leer y recordar todo lo que significan los símbolos de esa compleja obra es apasionante.

El virrey Revilla Gigedo.

Cuando en 1790 la Piedra del Sol fue descubierta, ya el proceso civilizatorio europeo había dado una buena barnizada al virrey Revilla Gigedo, quien tomó la decisión de conservar, valorar y proteger tan maravillosa pieza .Primero la dio en custodia al clero de la catedral y en 1793 se decidió fijarla en el exterior de la torre poniente; ahí, a la intemperie, permaneció otros cien largos años .Los colores originales se fueron desvaneciendo aún más y sólo quedaron restos de los pigmentos amarillos y rojos, los colores del sol, con los que fue pintada. Durante la guerra de intervención de Estados Unidos contra México, entre 1847 y 1848, los soldados norteamericanos que tomaron la ciudad de México usaron algunas veces la escultura para tirar al blanco. Esa anécdota habría que contársela a Trump, tan respetuoso de otras culturas. Por eso la parte de la cara del Quinto Sol está sumamente dañada. En 1887 fue trasladada por órdenes de Porfirio Díaz al Museo Nacional. Hay una foto fantástica de Porfirio Díaz junto a la enorme pieza; encontré otra de Venustiano Carranza retratado en el mismo lugar y en la misma postura.

La piedra y el poder.

En 1964 la Piedra del Sol fue trasladada al Museo de Antropología e Historia, ocupando un espacio central y lleno de luz, como compensación a tantos años de obscuridad y de castigo.

Entre otras anécdotas más, Humboldt cuenta también que el Marqués de Güemes, Conde de Revillagigedo, fue el responsable de hacer el primer censo de la Nueva España. Según sus datos, la ciudad de México tenía entonces 135 mil habitantes, diez mil de ellos miembros del clero. Un cura o monja por cada 13 habitantes. El bajo clero podía vivir en la miseria mientras las altas jerarquías tenían fortunas mayores a las de un príncipe alemán; el país tenía poco más de cinco millones de habitantes. Muy cerca del Palacio del Virrey, hoy Palacio Nacional, las chinampas aún llegaban con verduras y frutas de una variedad increíbles. Humboldt conoció y describió con precisión un sistema hidráulico prodigioso y frágil cuya crisis pronosticó con exactitud.

Le alarmó la desigualdad social y así lo contó: "Hay una enorme y lacerante desigualdad entre ricos y pobres. México es la ciudad de los palacios y la abundancia, pero también la de los jacales y las pocilgas, la penuria y el infortunio. Hay salidas, solo falta que en España deseen encontrarlas; los gobernantes de verdad interesados en la educación y el bienestar de la población, por su propio bien procurarían eliminar la monstruosa desigualdad de derechos y fortunas, aunque tendrían que enfrentar poderosos obstáculos." No lo hicieron y los alcanzó la terrible y violenta guerra de independencia.

Las manos y el cerebro que escribieron esto, también tocaron y valoraron bajo el sol de la plaza mayor de México a la enigmática cara central del Calendario Azteca, la fiera cara del dios Tonatiuh, líder del cielo, el Quinto y último sol azteca, inmortalizado en la Piedra del Sol que acababa de ver de nuevo la luz.

1. Circulares y Santo Patrón del barrio anfitrión de la Tlahuanca en el templo de la Capilla Real o de Naturales



2. San Pedro de Ánimas y Santa María Magdalena Coapa. Barrio anfitrión de la Tlahuanca-2016



3. Mayordomos de los Circulares y de los diez barrios de San Pedro Cholula en la Fiesta de la Tlahuanca

4. La ceremonia de la Misa en el Altar del “Anima sola” y los Alumbradores (tiachcas y principales).

5. Tiachca participando en la Comunión como acto de reflexión, espiritualidad, recibiendo el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo que recuerda la pasión y muerte de Jesucristo y a los difuntos tiachcas.

6. La entrega de la Cruz de San Pedro de Ánimas, elemento que representa la Fiesta de la Tlahuanca.

7. Responsorio durante la Procesión de San Pedro de Ánimas.

8. El tochacatero haciendo sonar el tochacate que recuerda el lamento de los difuntos, recuerda la Pasión de Jesucristo y como instrumento para atraer la lluvia.

9. Agradecimiento del barrio anfitrión a mayordomos de barrio, principales y Tiachcas.

10. Agradecimiento del barrio anfitrión a mayordomos de barrio, principales y Tiachcas.

11. Agradecimiento a mayordomas de barrio. Quienes portan cetro y plato.

12-13. Tiachcas, principales y mayordomos bebiendo pulque como elemento que simboliza y para celebrar la Tlahuanca

14. Tochacatero anunciando la partida al terminar la ceremonia.

15. El anfitrión se retira del templo de la Capilla Real o de Naturales hacia su barrio

Un día despiertas con la certidumbre de ya no poder entender ni descifrar el mundo en el que vives. Recuerdas que hubo pequeños avisos casi imperceptibles antes de llegar a esta certeza: una tarde ya no viste el enorme pirú que estaba en el cruce de una calle diagonal con una recta. El aire todavía huele a su resina, pero él ya no está ahí, lo talaron ayer para que se vea bien un espectacular desde el que sonríe alguien cargado de promesas. Otro día pasaste por la casa colonial del siglo XVII en la que estaba la tienda de mochilas llamada "El Potro Alazán" y ya solo quedaba la fachada; sus tres patios son ahora un estacionamiento propiedad de un señor que tiene cientos de gasolineras. El INAH nada vio, ni nada supo. Rumbo a las 2 sur han ampliado la calle Margaritas y del camellón desapareció una jacaranda que tenía una buganvilia trepada hasta la punta, una oda al color en primavera. Subes a la terraza del hotel Colonial y entre la cúpula de la Compañía y tu mirada se interponen dos antenas repetidoras de sepa dios qué. Frente a la pirámide de Cholula coronada por el templo de Los Remedios han puesto un alumbrado público muy salidor, de luz mercurial y postes largos en forma de chicote. Ya no está limpio el paisaje entre la pirámide y tú, ya hay un estorbo, ya no se ven las flores. La ex fábrica textil de Mayorazgo fue demolida tan lentamente que dio tiempo de que te acostumbraras al hueco que quedó en su lugar, como una boca negra y sin dientes. Justo ahí, en el nudo vial de cuatro calles por el que cruza el metrobús, construirán unas torres inmensas. En un costado de catedral, en la calle cerrada de la 3 oriente, dos enormes pantallas de plasma y una carpa gigante tapan la reja y afean el zócalo porque va a haber un concierto. Los probadores del sonido, los reyes de la plaza, cuentan a todo volumen, "uno, dos, tres, probando, uno, dos, tres, probando". La catedral, el plasma y esa carpa de plano no se llevan.



La destrucción criminal de la antigua fábrica Atoyac Textil, en Mayorazgo.

Tras el crimen impune, la especulación inmobiliaria y "los desarrolladores".



Anoche antes de dormir supe que sobre la barranca donde desembocaba el río Chinguiñoso tirarán los pocos árboles que quedan y construirán un centro comercial; la barranca unirá los predios de dos particulares para lograr tal fin. Los caminos del agua tienen memoria, igual que los caminos de la mente. El agua de repente recuerda, retoma sus caminos y se lleva todo a su paso: ¿Se llevará graciosos cafecitos, tiendas de ropa y carritos del súper gourmet con todo y la señora que lo irá empujando? Ya saldrá la nota en los periódicos y luego se olvidará, aunque el agua no olvide y regrese otro día por su factura

Las referencias que me hacían familiar mi ciudad van desapareciendo y la vista de los volcanes hay que espiarla de puntitas entre espectaculares que anuncian más progreso hacia al precipicio de la modernidad. ¿No progresaríamos si se quitaran y viéramos la vista? ¿No podrían retroceder para quitarlos? ¿Por qué hay espectaculares en los camellones públicos? ¿Quién los regentea? ¡Dioses! Ya tampoco se ven los volcanes desde ningún punto del cerro de la Paz. Y no tenemos un mapa mínimo de lo que debiera preservarse sin reservas ni en la ciudad, ni en el estado, ni en el país.

Todo se vende en el paisaje poblano.

Immanuel Kant, (1724-1804) uno de los grandes filósofos alemanes de todos los tiempos, pasó su vida dentro de los alrededores de su ciudad natal, Königsberg, pensando, escribiendo y dando clases. Fue un estudiante constante, no espectacular. La constancia, ay la constancia. Por fin la estoy entendiendo como un don equiparable a la paciencia. El gran constructor de la "Crítica de la Razón Pura" era un alma humilde, necesitada de la rutina de sus hábitos y aferrada al paisaje. Uno de sus grandes tratados fue el de "Observaciones sobre lo bello y lo sublime". El hombre es un animal de costumbres y él era el emblema de ese dicho. Desde ayer me uno a él de la manera más enfática. ¿Qué somos sin nuestro paisaje, sin raíces, sin sombras y rincones familiares?

Immanuel Kant (1724-1804)

Kant era tan metódico que la gente de Königsberg sabía la hora exacta cuando Kant pasaba de ida o de regreso de la universidad a su casa. Era un reloj ambulante. Un día el filósofo no fue a clases. Se preocuparon todos y pensaron lo peor. Seguro había muerto. Fueron a su casa y el único y discreto empleado de Kant les dijo que estaba incomprensiblemente triste, mirando silencioso por la ventana de su estudio. Pasaron semanas hasta que cayeron en la cuenta de que el vecino de al lado había tirado el árbol que Kant veía todos los días mientras escribía. La intención era buena: que entrara más sol a su jardín. La comunidad se organizó y sembraron un árbol lo más grande posible para suplir al caído....y poco a poco Kant recobró la paz del espíritu.

El tiempo exacto con el filósofo caminante.

Él mismo explicaría lo sucedido así: "Cualquier cambio me hace aprensivo aunque ese cambio ofrezca la mejor promesa de mejorar mi estado, y estoy convencido por este instinto mío, de que debo llevar cuidado si deseo que los hilos que las parcas tejen finos y débiles, en mi caso sean tejidos con cierta longitud. Mi sincero agradecimiento a quienes piensan tan bondadosamente por mí, al grado de comprometerse con mi bienestar, pero al mismo tiempo pido del modo más humilde, protección a mi estado frente a cualquier alteración."

Cuando Kant salió de ese largo silencio tenía 57 años; el resultado fue su obra de la Crítica de la Razón Pura, obra poco comprendida en su momento, pero piedra angular del pensamiento filosófico contemporáneo, pues en esa obra Kant defiende la autoridad de la razón pero también marca sus límites y la necesidad de la virtuosa unión de la razón sumada a la experiencia. Y esta obra estuvo a punto de no ver la luz porque al filósofo le tiraron su árbol más amado.

Ya no descifro al mundo, los hilos de la parca son débiles, muy finos.

Arbeitszimmer Lithographie, Better Credo, Königsberg Antique.

Mundo Nuestro. Cocina Cinco Fuegos recupera guisos y recetas guardadas en la memoria de nuestros abuelos. Y también historias como ésta, la del dictador Maximino que suplica en la invitación a su banquete que no le pronuncien discursos. Política y cocina en esta crónica de Lilia Martínez y Torres.



La ostentación de la riqueza se refleja muy bien en la opulencia de los banquetes. Para el que organiza el banquete, es una forma de hacer ostensible su poder y su riqueza. El banquete que ofrece el Gral. Maximino Ávila Camacho, Gobernador Constitucional del Estado de Puebla, con fecha 23 de agosto de 1938 a sus colaboradores, empleados y amigos, en ocasión de su onomástico. Esto denota que los banquetes, también se usaron en la política para recompensar a los grupos cercanos al gobernante.

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Mandado sin pregón ni marchantas en Sonata Market



En las casetas de entrada, lejos de registrar a los visitantes con protocolo aduanero como medida de seguridad, los polis se limitan a cumplir la tarea de escanear una identificación oficial, levantar la pluma y, si el ánimo o los modales del conductor lo solicitan, responder al saludo. En vano las múltiples casetas que adentro dividen una zona de la otra, el protocolo es el mismo, pero ello no ha evitado narcoescándalos dentro del complejo.

Ya dentro, me siento como una usuaria hipotética más entre los árboles, calles y muros virtuales de un render. Diseños tan perfectos que parecen ilusorios. Aunque el lugar ya no es novedoso, no dejo de quedar pasmada ante el brutal crecimiento arquitectónico y micro-urbanístico de Lomas de Angelópolis. No me sorprendería si el color que adereza los jardines con cascadas y fuentes fuera de flores artificiales. Aquí todo es ornamento no porque nada sirva, sino porque todo adorna. Ya sea en el apogeo del calor bochornoso o en temporada de diluvios, siempre sobran palmeras a la Beverly Hills en los jardines recreativos y faltan en las banquetas sobre las que albañiles y trabajadoras domésticas caminan empapados en agua o sudor hacia la parada del camión.

…calles y muros virtuales de un render.



En este espacio planeado con minuciosidad wes-andersoniana no sé si creer que no se podría llegar más lejos, o lo contrario: que no hay límites para sus “innovaciones”. Es difícil percibir si el complejo opera emancipado del “mundo real”, si se ha vuelto parte del mismo o incluso si existe tal mundo. La separación de dos mundos se vuelve tangible y a la vez etérea. Me he preguntado más de una vez qué necesidad me haría rebasar la frontera que lo divide del exterior para poder cubrirla. Dentro de la rutina promedio, la respuesta es que ninguna. Porque de un cercado all inclusive ataviado con esculturas de artistas reconocidos y jardines pulcros, salir sería un capricho, no una necesidad. Todo está, casi literalmente, a la vuelta de una esquina donde nada apesta y nada estorba.

Aquí no hay camioneros impertinentes ni humo negro de vehículos viejos sobrepoblados: los autobuses no cruzan la caseta de entrada. Aquí no hay ambulantes, mazapanes de a 3 por 10 ni le doy una limpiadita ahí me lo pasa luego. Tampoco malabaristas, escupefuegos ni repartidores de publicidad. No hay circo de semáforo sino calles despejadas para acceder a las viviendas con las que los residentes tienen garantizada “La vida como debe ser”. En un proyecto que rebasa por mucho la idea de lo residencial, ofreciendo “una comunidad planeada y diseñada con sentido” basada en un “enfoque sustentable (…) y humano” para un ambiente “natural y seguro”, rodeado de restaurantes canchas guarderías bares gimnasios tiendas escuelas, habría que replantear el concepto de natural (y muchos otros) si quisiéramos evitar el riesgo de que sus campañas resulten más satíricas que publicitarias a la hora de ser sometidas al mínimo análisis. Pero también reparar en que la inexistencia de cuestionamientos ha logrado que más de la mitad de su oferta inmobiliaria esté vendida.

Y ello tiene que ver con la manera en que el proyecto se ha visto permeado por manifestaciones culturales contemporáneas que acompañan sus principios sociales, estéticos y económicos. Dentro de estas doscientas y tantas hectáreas de artificialidad exclusiva, de paraíso hermético, se ha adoptado la tendencia a cernir lo popular para su incorporación a la rutina de las élites, dando como resultado una democratización quimérica, una asimilación reconstruida de lo ajeno para consuelo y comodidad de quienes lo adoptan, cayendo constantemente en la idealización de lo “auténtico”, lo “identitario”: lo mexicano, incluso lo “autóctono”, que satisface ciertas perversas fantasías culturales. Me parece que el fenómeno excede la fusión musical para cumbieros de clóset porque no sólo busca que converjan entornos casi opuestos a través la unión de sus manifestaciones, sino que las manifestaciones en sí son transformadas para su final adaptación en un espacio lejano a su punto de partida. No es un caso más de Ángeles Azules con orquesta sinfónica: más bien tortas de tamal gluten-free no ambulantes y garnachas fritas con aceite de olivo en comal de teflón.

El mercado: la venta en internet.

En la entrada, el único puesto donde venden flores; en realidad orquídeas y una que otra maceta con cactus miniatura. Por ningún pasillo huele a cazo con manteca quemada. No se ven espejos de sangre en el suelo, escurrida del cuerpo de un cerdo sin cabeza colgado de un gancho. Mucho menos la sonriente cabeza del cerdo custodiando al carnicero mientras aplana bisteces. Los pollos muertos, en filita y boca abajo, tampoco existen: pura pechuga empaquetada. Pero sí venden barbacoa, “Barbacoa contemporánea”, dice el anuncio. Desconozco el término o la innovación de la receta, yo nomás he comido en mixiote y de hoyo. No hay zona con hedor a puerto ni la mirada fija de un ejército de huachinangos sin vida. Apenas un refrigerador cubierto con plástico para evitar que el olor se expanda y un pizarrón con los precios de filetes sin espinas. En los pasillos no hay mujeres ofreciendo quelites, epazote y té limón. O granada y nuez de castilla en temporada de chiles en nogada. Por primera vez extraño la repugnancia del pápalo: hay local de cemitas que huele a gel antibacterial. No hay tortillas de mano y la limpieza en el puesto de carnitas ahuyenta el antojo. No estornudo junto a costales de chiles secos porque no los hay. Los huacales de plástico quitan frescura: no están esas pirámides de mangos y chayotes con espinas. No hay sobrepoblación de papayas y jitomates. No hay torres de nada. No hay cartulinas fluorescentes con el precio del aguacate.

Por primera vez extraño la repugnancia del pápalo…

Como servicios adicionales, en el segundo piso encuentras una “boutique de reparación” y servicio técnico de Apple. Se dan tickets, y en algunos puestos aceptan visa y mastercard. Coca-cola está presente en los refris o cartas de bebidas, no en el respaldo de las sillas o en las mesas de plástico. En realidad hay pocas sillas y ni una mesa: casi todo es para llevar, señito. Pero no hay señitos ni seños ni güeras. Ni lléveles ni de a cuánto el kilo. No hay gritos. La gente compra el mandado en silencio. La poca gente, porque tampoco hay multitud y es fácil caminar y no se debe tener cuidado con pisar alguna mercancía o tropezar con un costal de frijoles bayos.

Aquí falta caos, y eso cumple las expectativas. El súper ya no es suficiente. Ante el éxito de lo “orgánico” y lo “natural”, el cliente cree apoyar el comercio local en un espacio impecable, estilizado y mudo. A estos pasillos les faltan demasiadas cosas para consagrarse como mercado. Y faltan porque aluden a él, sin pretender serlo en verdad, a través de su estructura arquitectónica. Es su diseño y distribución espacial lo que resulta engañoso. Esto no es un mercado. Tiene más etiquetas que sabores y un hedor a popurrí de fragancias finas: huele a duty-free. El abandono de grandes almacenes con una sola firma frente al éxito del aglutinamiento de pymes y microempresarios responde a la dinámica de un escenario que evita interactuar con sus opuestos, que precisamente aísla a sus usuarios de la contaminación cultural que esos opuestos suponen.

…un hedor a popurrí de fragancias finas: huele a duty-free.

Lomas de Angelópolis es una especie de cautiverio voluntario que sustituye la privación de libertad por la exagerada privatización de su ejercicio. Y no es que dude del sazón de la señora en la pozolería del Sonata Market, es que comer en un mercado mexicano sin escándalo y mugre parece tan ajeno como los clientes de este lugar deben de sentirse cerca del pregón de las marchantas.

La fiesta de la Tlahuanca y el ritual de los bebedores cholultecas



Mundo Nuesto. Este texto forma parte del libro que su autora presentará en la última semana de octubre, “antes del cambio de la mayordomía de la circular de San Pedro de Ánimas –dice ella--, la segunda festividad más importante dentro del ciclo festivo de este cargo mayor que también celebra a la muerte.”

La fiesta de la Tlahuanca forma parte de las tradiciones campesinas con claras raíces prehispánicas en Cholula. Es fundamental para entender el sistema de cargos de los diez barrios de San Pedro Cholula.

En San Pedro Cholula, las fiestas religiosas se realizan a través de la estructura y organización social de los barrios conocida como sistema de cargos o mayordomías, sistema de autoridad tradicional religiosa. Los más importantes para los barrios de San Pedro Cholula son las mayordomías de los circulares. Se les denomina circulares porque los cargos recorren los diez barrios en forma radial de orientación; los circulares son: la Virgen de los Remedios, San Pedro de Ánimas y la Virgen de Guadalupe.



Alumbradores. Tiachcas y Principales en la Procesión de San Pedro Ánimas.

Una de las fiestas religiosas que realizan los circulares, es la Fiesta de la Tlahuanca, conocida también entre los barrios como Fiesta de los bebedores del saber, Fiesta de la borrachera espiritual o Fiesta de los grandes. Su origen es mexica, tiene como antecedente la veintena del calendario solar llamada tlacaxipehualiztli o “sacrificio gladiatorio”, fiesta dedicada a Xipe Totec (Nuestro Señor el desollado), Dios de la fertilidad, la petición de lluvias y el crecimiento de la vegetación. Se celebraba en la estación seca, en Tenochtitlan y algunos pueblos nahuas del centro de México, donde los asistentes eran principales, sacerdotes, señores de los pueblos sujetos al imperio y las provincias del Anáhuac, con la finalidad de celebrar una ceremonia iniciática que coincidía con el equinoccio de primavera y tiempo de iniciar la siembra, donde se ofrecían rituales con desollados y desmembrados; además, se ofrecía pulque a los cuatro rumbos y se bebía para la embriaguez ritual, ello con el propósito de realizar la petición de lluvias, la renovación de la vegetación y buenas cosechas.

Los sacrificados eran guerreros águila y jaguar capturados en las guerras floridas (xochiyaolotl) con rangos de nobles, sacerdotes, aliados y guerreros comunes de las provincias. En el tlacaxipehualiztli, se ofrecía el corazón de los sacrificados al sol, la luna y los dioses, su sangre se derramaba en la tierra para fecundarla, así una nueva tierra (piel) estaba lista para sembrarla, “la piel se arranca para renacer” sin muerte no hay resurrección” y si “la semilla no muere la planta no nace”.

Tlaacaxipehualiztli

En Cholula el tlacaxipehualiztli se inició en Xipecalco (casa de Xipe), actualmente conocido como templo de Ecce Homo en el barrio de Santa María Xixitla, esta fiesta se fortaleció recordando el mito de Quetzalcóatl y la creación de los hombres, por el carácter espiritual que representaba este Dios. Con la llegada de los españoles el clero regular y principales cambiaron la fiesta, para darle el nombre de fiesta de la Tlahuanca, posiblemente dedicada en un inicio a la Virgen del Carmen abogada de las Ánimas Benditas del Purgatorio, posteriormente Juan de Palafox y Mendoza dio la titularidad del circular a San Pedro Apóstol.

La Tlahuanca es una fiesta principal, la voz Tlahuanca provine de tlahuana, palabra de origen náhuatl, significa embriaguez o borrachera. La fiesta es una de las más importantes a nivel de barrios en cuanto al calendario litúrgico católico y dentro del sistema de cargos mayores de los barrios, se celebra el cuarto lunes de Cuaresma en la Capilla Real. Se realizan ceremonias y rituales dedicados a recordar a los tiachcas difuntos que realizaron el cargo del circular de San Pedro de Ánimas, recordar la Pasión, muerte y resurrección de Jesucristo y como ritual petitorio de lluvias, fertilidad y buenas cosechas del ciclo agrícola, especialmente del maíz.

Entre estos rituales con sincretismo religioso el día previo a festividad se ofrecen “alba y serenata” con dobles y repiques de campanas, música con teponaxtle, tochacate y cohetes. El día lunes de la fiesta sale una Procesión con San Pedro de Animas, la Virgen de Guadalupe, la Virgen de los Remedios, el Santo Patrono del barrio anfitrión (donde se encuentran los circulares), las autoridades tradicionales y la comunidad, todos dirigiéndose hacia la Capilla Real, acompañando el tochacate, cohetes, banda de música de viento entonando “San Dimas” y melodías de la pasión de Jesucristo. En esta procesión acompañan los circulares de la Virgen de los Remedios y la Virgen de Guadalupe. La ceremonia de la Misa la preside el “ánima sola”, en la interpretación de los barrios, esta sustituyó a Mictlantecuhtli el señor del inframundo; al lado, la Virgen de Guadalupe, quien sustituyó a Mictlancíhuatl, la señora de la muerte; ambos en el templo de la Capilla Real, el Mictlán (lugar de los muertos o inframundo).

La Tlahuanca desde la época prehispánica hasta la actualidad es una fiesta que manifiesta totalmente la espiritualidad y/o reflexión, por su vinculación con Quetzalcóatl y las culturas mesoamericanas quienes consideraban que la resurrección garantizaba el orden del universo que dependía de los cargos y atributos habidos para espiritualizarse a la siguiente fase de la vida eterna. Para los barrios de San Pedro Cholula implica la reflexión sobre la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, transformarse desde su interior para vivir, entregar el corazón y dejar al espíritu actuar a través de la resurrección y en recuerdo de sus tiachcas difuntos que resucitaron, todo un vínculo entre la reflexión profunda y las ofrendas a Jesucristo y los difuntos.

En la ceremonia el mayordomo obsequia cruces negras de madera a todos los alumbradores (tiachcas o principales) que acompañaron a la Misa, esta representa tortura, martirio, vida y muerte; el color negro representa la muerte y el duelo de Jesucristo y de los tiachcas difuntos. Posteriormente se realiza una Procesión con San Pedro de Ánimas alrededor del templo de la Capilla Real, porta sus llaves de la mano hacia abajo, su vestimenta en color blanco y negro, el sacerdote reza responsorios en los cuatro altares y el tochacatero sopla el tochacate para reflexionar sobre la Pasión y Muerte de Jesucristo, recordar a los difuntos y evocar la lluvia para el ciclo agrícola. En los barrios se refieren al simbolismo de la Procesión, posiblemente es cuándo Mictlantecuhtli le dice a Quetzalcóatl: da cuatro vueltas alrededor del “circulo de jade” para bajar al Mictlán por los huesos de sus antepasados y sopla el caracol. El color de la vestimenta representa a Quetzalcóatl y Xolotl, y el mito es símbolo de fertilidad y renacimiento espiritual.

Al final las ceremonias y los rituales el barrio anfitrión agradecen la participación y asistencia a la Tlahuanca, ofrecen un vaso o una jícara de pulque. Este ofrecimiento tiene dos simbolismos: el primero desde el punto de vista católico porque representa el banquete de la Eucaristía y culto a Jesucristo a través del vino que simboliza su sangre; el segundo con un carácter prehispánico que recuerda al pulque como una bebida sagrada en las fiestas religiosas mesoamericanas para la embriaguez ritual, en la que sólo podían consumirlo sacerdotes con edad mayor de 50 a 70 años que ya habían cumplido con la sociedad, tal como ocurre con los principales y/o mayordomos de las circulares; se bebían cuatro xomas (recipiente hecho a base de la penca del maguey) para estar en contacto con los dioses dadores y mantenedores en la tierra.

Un antecedente de la embriaguez ritual y sobre esta fiesta religiosa de origen prehispánico se puede observar en el Mural de Bebedores que se ubica en el interior de la pirámide de Cholula y hace alusión a un ritual de pulque relacionado con la fertilidad y la luna. Posiblemente los barrios de San Pedro Cholula aún siguen realizando el mismo ritual petitorio y de embriaguez ritual.