Sociedad

1. Circulares y Santo Patrón del barrio anfitrión de la Tlahuanca en el templo de la Capilla Real o de Naturales



2. San Pedro de Ánimas y Santa María Magdalena Coapa. Barrio anfitrión de la Tlahuanca-2016



3. Mayordomos de los Circulares y de los diez barrios de San Pedro Cholula en la Fiesta de la Tlahuanca

4. La ceremonia de la Misa en el Altar del “Anima sola” y los Alumbradores (tiachcas y principales).

5. Tiachca participando en la Comunión como acto de reflexión, espiritualidad, recibiendo el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo que recuerda la pasión y muerte de Jesucristo y a los difuntos tiachcas.

6. La entrega de la Cruz de San Pedro de Ánimas, elemento que representa la Fiesta de la Tlahuanca.

7. Responsorio durante la Procesión de San Pedro de Ánimas.

8. El tochacatero haciendo sonar el tochacate que recuerda el lamento de los difuntos, recuerda la Pasión de Jesucristo y como instrumento para atraer la lluvia.

9. Agradecimiento del barrio anfitrión a mayordomos de barrio, principales y Tiachcas.

10. Agradecimiento del barrio anfitrión a mayordomos de barrio, principales y Tiachcas.

11. Agradecimiento a mayordomas de barrio. Quienes portan cetro y plato.

12-13. Tiachcas, principales y mayordomos bebiendo pulque como elemento que simboliza y para celebrar la Tlahuanca

14. Tochacatero anunciando la partida al terminar la ceremonia.

15. El anfitrión se retira del templo de la Capilla Real o de Naturales hacia su barrio

Un día despiertas con la certidumbre de ya no poder entender ni descifrar el mundo en el que vives. Recuerdas que hubo pequeños avisos casi imperceptibles antes de llegar a esta certeza: una tarde ya no viste el enorme pirú que estaba en el cruce de una calle diagonal con una recta. El aire todavía huele a su resina, pero él ya no está ahí, lo talaron ayer para que se vea bien un espectacular desde el que sonríe alguien cargado de promesas. Otro día pasaste por la casa colonial del siglo XVII en la que estaba la tienda de mochilas llamada "El Potro Alazán" y ya solo quedaba la fachada; sus tres patios son ahora un estacionamiento propiedad de un señor que tiene cientos de gasolineras. El INAH nada vio, ni nada supo. Rumbo a las 2 sur han ampliado la calle Margaritas y del camellón desapareció una jacaranda que tenía una buganvilia trepada hasta la punta, una oda al color en primavera. Subes a la terraza del hotel Colonial y entre la cúpula de la Compañía y tu mirada se interponen dos antenas repetidoras de sepa dios qué. Frente a la pirámide de Cholula coronada por el templo de Los Remedios han puesto un alumbrado público muy salidor, de luz mercurial y postes largos en forma de chicote. Ya no está limpio el paisaje entre la pirámide y tú, ya hay un estorbo, ya no se ven las flores. La ex fábrica textil de Mayorazgo fue demolida tan lentamente que dio tiempo de que te acostumbraras al hueco que quedó en su lugar, como una boca negra y sin dientes. Justo ahí, en el nudo vial de cuatro calles por el que cruza el metrobús, construirán unas torres inmensas. En un costado de catedral, en la calle cerrada de la 3 oriente, dos enormes pantallas de plasma y una carpa gigante tapan la reja y afean el zócalo porque va a haber un concierto. Los probadores del sonido, los reyes de la plaza, cuentan a todo volumen, "uno, dos, tres, probando, uno, dos, tres, probando". La catedral, el plasma y esa carpa de plano no se llevan.



La destrucción criminal de la antigua fábrica Atoyac Textil, en Mayorazgo.

Tras el crimen impune, la especulación inmobiliaria y "los desarrolladores".



Anoche antes de dormir supe que sobre la barranca donde desembocaba el río Chinguiñoso tirarán los pocos árboles que quedan y construirán un centro comercial; la barranca unirá los predios de dos particulares para lograr tal fin. Los caminos del agua tienen memoria, igual que los caminos de la mente. El agua de repente recuerda, retoma sus caminos y se lleva todo a su paso: ¿Se llevará graciosos cafecitos, tiendas de ropa y carritos del súper gourmet con todo y la señora que lo irá empujando? Ya saldrá la nota en los periódicos y luego se olvidará, aunque el agua no olvide y regrese otro día por su factura

Las referencias que me hacían familiar mi ciudad van desapareciendo y la vista de los volcanes hay que espiarla de puntitas entre espectaculares que anuncian más progreso hacia al precipicio de la modernidad. ¿No progresaríamos si se quitaran y viéramos la vista? ¿No podrían retroceder para quitarlos? ¿Por qué hay espectaculares en los camellones públicos? ¿Quién los regentea? ¡Dioses! Ya tampoco se ven los volcanes desde ningún punto del cerro de la Paz. Y no tenemos un mapa mínimo de lo que debiera preservarse sin reservas ni en la ciudad, ni en el estado, ni en el país.

Todo se vende en el paisaje poblano.

Immanuel Kant, (1724-1804) uno de los grandes filósofos alemanes de todos los tiempos, pasó su vida dentro de los alrededores de su ciudad natal, Königsberg, pensando, escribiendo y dando clases. Fue un estudiante constante, no espectacular. La constancia, ay la constancia. Por fin la estoy entendiendo como un don equiparable a la paciencia. El gran constructor de la "Crítica de la Razón Pura" era un alma humilde, necesitada de la rutina de sus hábitos y aferrada al paisaje. Uno de sus grandes tratados fue el de "Observaciones sobre lo bello y lo sublime". El hombre es un animal de costumbres y él era el emblema de ese dicho. Desde ayer me uno a él de la manera más enfática. ¿Qué somos sin nuestro paisaje, sin raíces, sin sombras y rincones familiares?

Immanuel Kant (1724-1804)

Kant era tan metódico que la gente de Königsberg sabía la hora exacta cuando Kant pasaba de ida o de regreso de la universidad a su casa. Era un reloj ambulante. Un día el filósofo no fue a clases. Se preocuparon todos y pensaron lo peor. Seguro había muerto. Fueron a su casa y el único y discreto empleado de Kant les dijo que estaba incomprensiblemente triste, mirando silencioso por la ventana de su estudio. Pasaron semanas hasta que cayeron en la cuenta de que el vecino de al lado había tirado el árbol que Kant veía todos los días mientras escribía. La intención era buena: que entrara más sol a su jardín. La comunidad se organizó y sembraron un árbol lo más grande posible para suplir al caído....y poco a poco Kant recobró la paz del espíritu.

El tiempo exacto con el filósofo caminante.

Él mismo explicaría lo sucedido así: "Cualquier cambio me hace aprensivo aunque ese cambio ofrezca la mejor promesa de mejorar mi estado, y estoy convencido por este instinto mío, de que debo llevar cuidado si deseo que los hilos que las parcas tejen finos y débiles, en mi caso sean tejidos con cierta longitud. Mi sincero agradecimiento a quienes piensan tan bondadosamente por mí, al grado de comprometerse con mi bienestar, pero al mismo tiempo pido del modo más humilde, protección a mi estado frente a cualquier alteración."

Cuando Kant salió de ese largo silencio tenía 57 años; el resultado fue su obra de la Crítica de la Razón Pura, obra poco comprendida en su momento, pero piedra angular del pensamiento filosófico contemporáneo, pues en esa obra Kant defiende la autoridad de la razón pero también marca sus límites y la necesidad de la virtuosa unión de la razón sumada a la experiencia. Y esta obra estuvo a punto de no ver la luz porque al filósofo le tiraron su árbol más amado.

Ya no descifro al mundo, los hilos de la parca son débiles, muy finos.

Arbeitszimmer Lithographie, Better Credo, Königsberg Antique.

Mundo Nuestro. Cocina Cinco Fuegos recupera guisos y recetas guardadas en la memoria de nuestros abuelos. Y también historias como ésta, la del dictador Maximino que suplica en la invitación a su banquete que no le pronuncien discursos. Política y cocina en esta crónica de Lilia Martínez y Torres.



La ostentación de la riqueza se refleja muy bien en la opulencia de los banquetes. Para el que organiza el banquete, es una forma de hacer ostensible su poder y su riqueza. El banquete que ofrece el Gral. Maximino Ávila Camacho, Gobernador Constitucional del Estado de Puebla, con fecha 23 de agosto de 1938 a sus colaboradores, empleados y amigos, en ocasión de su onomástico. Esto denota que los banquetes, también se usaron en la política para recompensar a los grupos cercanos al gobernante.

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Mandado sin pregón ni marchantas en Sonata Market



En las casetas de entrada, lejos de registrar a los visitantes con protocolo aduanero como medida de seguridad, los polis se limitan a cumplir la tarea de escanear una identificación oficial, levantar la pluma y, si el ánimo o los modales del conductor lo solicitan, responder al saludo. En vano las múltiples casetas que adentro dividen una zona de la otra, el protocolo es el mismo, pero ello no ha evitado narcoescándalos dentro del complejo.

Ya dentro, me siento como una usuaria hipotética más entre los árboles, calles y muros virtuales de un render. Diseños tan perfectos que parecen ilusorios. Aunque el lugar ya no es novedoso, no dejo de quedar pasmada ante el brutal crecimiento arquitectónico y micro-urbanístico de Lomas de Angelópolis. No me sorprendería si el color que adereza los jardines con cascadas y fuentes fuera de flores artificiales. Aquí todo es ornamento no porque nada sirva, sino porque todo adorna. Ya sea en el apogeo del calor bochornoso o en temporada de diluvios, siempre sobran palmeras a la Beverly Hills en los jardines recreativos y faltan en las banquetas sobre las que albañiles y trabajadoras domésticas caminan empapados en agua o sudor hacia la parada del camión.

…calles y muros virtuales de un render.



En este espacio planeado con minuciosidad wes-andersoniana no sé si creer que no se podría llegar más lejos, o lo contrario: que no hay límites para sus “innovaciones”. Es difícil percibir si el complejo opera emancipado del “mundo real”, si se ha vuelto parte del mismo o incluso si existe tal mundo. La separación de dos mundos se vuelve tangible y a la vez etérea. Me he preguntado más de una vez qué necesidad me haría rebasar la frontera que lo divide del exterior para poder cubrirla. Dentro de la rutina promedio, la respuesta es que ninguna. Porque de un cercado all inclusive ataviado con esculturas de artistas reconocidos y jardines pulcros, salir sería un capricho, no una necesidad. Todo está, casi literalmente, a la vuelta de una esquina donde nada apesta y nada estorba.

Aquí no hay camioneros impertinentes ni humo negro de vehículos viejos sobrepoblados: los autobuses no cruzan la caseta de entrada. Aquí no hay ambulantes, mazapanes de a 3 por 10 ni le doy una limpiadita ahí me lo pasa luego. Tampoco malabaristas, escupefuegos ni repartidores de publicidad. No hay circo de semáforo sino calles despejadas para acceder a las viviendas con las que los residentes tienen garantizada “La vida como debe ser”. En un proyecto que rebasa por mucho la idea de lo residencial, ofreciendo “una comunidad planeada y diseñada con sentido” basada en un “enfoque sustentable (…) y humano” para un ambiente “natural y seguro”, rodeado de restaurantes canchas guarderías bares gimnasios tiendas escuelas, habría que replantear el concepto de natural (y muchos otros) si quisiéramos evitar el riesgo de que sus campañas resulten más satíricas que publicitarias a la hora de ser sometidas al mínimo análisis. Pero también reparar en que la inexistencia de cuestionamientos ha logrado que más de la mitad de su oferta inmobiliaria esté vendida.

Y ello tiene que ver con la manera en que el proyecto se ha visto permeado por manifestaciones culturales contemporáneas que acompañan sus principios sociales, estéticos y económicos. Dentro de estas doscientas y tantas hectáreas de artificialidad exclusiva, de paraíso hermético, se ha adoptado la tendencia a cernir lo popular para su incorporación a la rutina de las élites, dando como resultado una democratización quimérica, una asimilación reconstruida de lo ajeno para consuelo y comodidad de quienes lo adoptan, cayendo constantemente en la idealización de lo “auténtico”, lo “identitario”: lo mexicano, incluso lo “autóctono”, que satisface ciertas perversas fantasías culturales. Me parece que el fenómeno excede la fusión musical para cumbieros de clóset porque no sólo busca que converjan entornos casi opuestos a través la unión de sus manifestaciones, sino que las manifestaciones en sí son transformadas para su final adaptación en un espacio lejano a su punto de partida. No es un caso más de Ángeles Azules con orquesta sinfónica: más bien tortas de tamal gluten-free no ambulantes y garnachas fritas con aceite de olivo en comal de teflón.

El mercado: la venta en internet.

En la entrada, el único puesto donde venden flores; en realidad orquídeas y una que otra maceta con cactus miniatura. Por ningún pasillo huele a cazo con manteca quemada. No se ven espejos de sangre en el suelo, escurrida del cuerpo de un cerdo sin cabeza colgado de un gancho. Mucho menos la sonriente cabeza del cerdo custodiando al carnicero mientras aplana bisteces. Los pollos muertos, en filita y boca abajo, tampoco existen: pura pechuga empaquetada. Pero sí venden barbacoa, “Barbacoa contemporánea”, dice el anuncio. Desconozco el término o la innovación de la receta, yo nomás he comido en mixiote y de hoyo. No hay zona con hedor a puerto ni la mirada fija de un ejército de huachinangos sin vida. Apenas un refrigerador cubierto con plástico para evitar que el olor se expanda y un pizarrón con los precios de filetes sin espinas. En los pasillos no hay mujeres ofreciendo quelites, epazote y té limón. O granada y nuez de castilla en temporada de chiles en nogada. Por primera vez extraño la repugnancia del pápalo: hay local de cemitas que huele a gel antibacterial. No hay tortillas de mano y la limpieza en el puesto de carnitas ahuyenta el antojo. No estornudo junto a costales de chiles secos porque no los hay. Los huacales de plástico quitan frescura: no están esas pirámides de mangos y chayotes con espinas. No hay sobrepoblación de papayas y jitomates. No hay torres de nada. No hay cartulinas fluorescentes con el precio del aguacate.

Por primera vez extraño la repugnancia del pápalo…

Como servicios adicionales, en el segundo piso encuentras una “boutique de reparación” y servicio técnico de Apple. Se dan tickets, y en algunos puestos aceptan visa y mastercard. Coca-cola está presente en los refris o cartas de bebidas, no en el respaldo de las sillas o en las mesas de plástico. En realidad hay pocas sillas y ni una mesa: casi todo es para llevar, señito. Pero no hay señitos ni seños ni güeras. Ni lléveles ni de a cuánto el kilo. No hay gritos. La gente compra el mandado en silencio. La poca gente, porque tampoco hay multitud y es fácil caminar y no se debe tener cuidado con pisar alguna mercancía o tropezar con un costal de frijoles bayos.

Aquí falta caos, y eso cumple las expectativas. El súper ya no es suficiente. Ante el éxito de lo “orgánico” y lo “natural”, el cliente cree apoyar el comercio local en un espacio impecable, estilizado y mudo. A estos pasillos les faltan demasiadas cosas para consagrarse como mercado. Y faltan porque aluden a él, sin pretender serlo en verdad, a través de su estructura arquitectónica. Es su diseño y distribución espacial lo que resulta engañoso. Esto no es un mercado. Tiene más etiquetas que sabores y un hedor a popurrí de fragancias finas: huele a duty-free. El abandono de grandes almacenes con una sola firma frente al éxito del aglutinamiento de pymes y microempresarios responde a la dinámica de un escenario que evita interactuar con sus opuestos, que precisamente aísla a sus usuarios de la contaminación cultural que esos opuestos suponen.

…un hedor a popurrí de fragancias finas: huele a duty-free.

Lomas de Angelópolis es una especie de cautiverio voluntario que sustituye la privación de libertad por la exagerada privatización de su ejercicio. Y no es que dude del sazón de la señora en la pozolería del Sonata Market, es que comer en un mercado mexicano sin escándalo y mugre parece tan ajeno como los clientes de este lugar deben de sentirse cerca del pregón de las marchantas.

La fiesta de la Tlahuanca y el ritual de los bebedores cholultecas



Mundo Nuesto. Este texto forma parte del libro que su autora presentará en la última semana de octubre, “antes del cambio de la mayordomía de la circular de San Pedro de Ánimas –dice ella--, la segunda festividad más importante dentro del ciclo festivo de este cargo mayor que también celebra a la muerte.”

La fiesta de la Tlahuanca forma parte de las tradiciones campesinas con claras raíces prehispánicas en Cholula. Es fundamental para entender el sistema de cargos de los diez barrios de San Pedro Cholula.

En San Pedro Cholula, las fiestas religiosas se realizan a través de la estructura y organización social de los barrios conocida como sistema de cargos o mayordomías, sistema de autoridad tradicional religiosa. Los más importantes para los barrios de San Pedro Cholula son las mayordomías de los circulares. Se les denomina circulares porque los cargos recorren los diez barrios en forma radial de orientación; los circulares son: la Virgen de los Remedios, San Pedro de Ánimas y la Virgen de Guadalupe.



Alumbradores. Tiachcas y Principales en la Procesión de San Pedro Ánimas.

Una de las fiestas religiosas que realizan los circulares, es la Fiesta de la Tlahuanca, conocida también entre los barrios como Fiesta de los bebedores del saber, Fiesta de la borrachera espiritual o Fiesta de los grandes. Su origen es mexica, tiene como antecedente la veintena del calendario solar llamada tlacaxipehualiztli o “sacrificio gladiatorio”, fiesta dedicada a Xipe Totec (Nuestro Señor el desollado), Dios de la fertilidad, la petición de lluvias y el crecimiento de la vegetación. Se celebraba en la estación seca, en Tenochtitlan y algunos pueblos nahuas del centro de México, donde los asistentes eran principales, sacerdotes, señores de los pueblos sujetos al imperio y las provincias del Anáhuac, con la finalidad de celebrar una ceremonia iniciática que coincidía con el equinoccio de primavera y tiempo de iniciar la siembra, donde se ofrecían rituales con desollados y desmembrados; además, se ofrecía pulque a los cuatro rumbos y se bebía para la embriaguez ritual, ello con el propósito de realizar la petición de lluvias, la renovación de la vegetación y buenas cosechas.

Los sacrificados eran guerreros águila y jaguar capturados en las guerras floridas (xochiyaolotl) con rangos de nobles, sacerdotes, aliados y guerreros comunes de las provincias. En el tlacaxipehualiztli, se ofrecía el corazón de los sacrificados al sol, la luna y los dioses, su sangre se derramaba en la tierra para fecundarla, así una nueva tierra (piel) estaba lista para sembrarla, “la piel se arranca para renacer” sin muerte no hay resurrección” y si “la semilla no muere la planta no nace”.

Tlaacaxipehualiztli

En Cholula el tlacaxipehualiztli se inició en Xipecalco (casa de Xipe), actualmente conocido como templo de Ecce Homo en el barrio de Santa María Xixitla, esta fiesta se fortaleció recordando el mito de Quetzalcóatl y la creación de los hombres, por el carácter espiritual que representaba este Dios. Con la llegada de los españoles el clero regular y principales cambiaron la fiesta, para darle el nombre de fiesta de la Tlahuanca, posiblemente dedicada en un inicio a la Virgen del Carmen abogada de las Ánimas Benditas del Purgatorio, posteriormente Juan de Palafox y Mendoza dio la titularidad del circular a San Pedro Apóstol.

La Tlahuanca es una fiesta principal, la voz Tlahuanca provine de tlahuana, palabra de origen náhuatl, significa embriaguez o borrachera. La fiesta es una de las más importantes a nivel de barrios en cuanto al calendario litúrgico católico y dentro del sistema de cargos mayores de los barrios, se celebra el cuarto lunes de Cuaresma en la Capilla Real. Se realizan ceremonias y rituales dedicados a recordar a los tiachcas difuntos que realizaron el cargo del circular de San Pedro de Ánimas, recordar la Pasión, muerte y resurrección de Jesucristo y como ritual petitorio de lluvias, fertilidad y buenas cosechas del ciclo agrícola, especialmente del maíz.

Entre estos rituales con sincretismo religioso el día previo a festividad se ofrecen “alba y serenata” con dobles y repiques de campanas, música con teponaxtle, tochacate y cohetes. El día lunes de la fiesta sale una Procesión con San Pedro de Animas, la Virgen de Guadalupe, la Virgen de los Remedios, el Santo Patrono del barrio anfitrión (donde se encuentran los circulares), las autoridades tradicionales y la comunidad, todos dirigiéndose hacia la Capilla Real, acompañando el tochacate, cohetes, banda de música de viento entonando “San Dimas” y melodías de la pasión de Jesucristo. En esta procesión acompañan los circulares de la Virgen de los Remedios y la Virgen de Guadalupe. La ceremonia de la Misa la preside el “ánima sola”, en la interpretación de los barrios, esta sustituyó a Mictlantecuhtli el señor del inframundo; al lado, la Virgen de Guadalupe, quien sustituyó a Mictlancíhuatl, la señora de la muerte; ambos en el templo de la Capilla Real, el Mictlán (lugar de los muertos o inframundo).

La Tlahuanca desde la época prehispánica hasta la actualidad es una fiesta que manifiesta totalmente la espiritualidad y/o reflexión, por su vinculación con Quetzalcóatl y las culturas mesoamericanas quienes consideraban que la resurrección garantizaba el orden del universo que dependía de los cargos y atributos habidos para espiritualizarse a la siguiente fase de la vida eterna. Para los barrios de San Pedro Cholula implica la reflexión sobre la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, transformarse desde su interior para vivir, entregar el corazón y dejar al espíritu actuar a través de la resurrección y en recuerdo de sus tiachcas difuntos que resucitaron, todo un vínculo entre la reflexión profunda y las ofrendas a Jesucristo y los difuntos.

En la ceremonia el mayordomo obsequia cruces negras de madera a todos los alumbradores (tiachcas o principales) que acompañaron a la Misa, esta representa tortura, martirio, vida y muerte; el color negro representa la muerte y el duelo de Jesucristo y de los tiachcas difuntos. Posteriormente se realiza una Procesión con San Pedro de Ánimas alrededor del templo de la Capilla Real, porta sus llaves de la mano hacia abajo, su vestimenta en color blanco y negro, el sacerdote reza responsorios en los cuatro altares y el tochacatero sopla el tochacate para reflexionar sobre la Pasión y Muerte de Jesucristo, recordar a los difuntos y evocar la lluvia para el ciclo agrícola. En los barrios se refieren al simbolismo de la Procesión, posiblemente es cuándo Mictlantecuhtli le dice a Quetzalcóatl: da cuatro vueltas alrededor del “circulo de jade” para bajar al Mictlán por los huesos de sus antepasados y sopla el caracol. El color de la vestimenta representa a Quetzalcóatl y Xolotl, y el mito es símbolo de fertilidad y renacimiento espiritual.

Al final las ceremonias y los rituales el barrio anfitrión agradecen la participación y asistencia a la Tlahuanca, ofrecen un vaso o una jícara de pulque. Este ofrecimiento tiene dos simbolismos: el primero desde el punto de vista católico porque representa el banquete de la Eucaristía y culto a Jesucristo a través del vino que simboliza su sangre; el segundo con un carácter prehispánico que recuerda al pulque como una bebida sagrada en las fiestas religiosas mesoamericanas para la embriaguez ritual, en la que sólo podían consumirlo sacerdotes con edad mayor de 50 a 70 años que ya habían cumplido con la sociedad, tal como ocurre con los principales y/o mayordomos de las circulares; se bebían cuatro xomas (recipiente hecho a base de la penca del maguey) para estar en contacto con los dioses dadores y mantenedores en la tierra.

Un antecedente de la embriaguez ritual y sobre esta fiesta religiosa de origen prehispánico se puede observar en el Mural de Bebedores que se ubica en el interior de la pirámide de Cholula y hace alusión a un ritual de pulque relacionado con la fertilidad y la luna. Posiblemente los barrios de San Pedro Cholula aún siguen realizando el mismo ritual petitorio y de embriaguez ritual.

A la memoria de Carlos Mastretta, mi papá.



Yo era una adolecente. En las tardes ociosas me gustaba la sala en penumbra de mi casa porque ahí estaba el tocadiscos con su música, mi cómplice de toda la vida, y además, a la sala casi no entraba nadie. Estaba en la edad en que nuestros padres y sus vidas nos importan un comino y son invisibles para nosotros. Estaba en la edad en que también nos gustaría ser invisibles para nuestros padres y sus ojos vigilantes. Ahí, un ocho de mayo en la tarde, estaba repantingada en el sillón cuando vi entrar a mi padre al comedor a darle cuerda a un reloj de pared que mi madre había heredado de su abuelo. El reloj tenía números romanos y un gran péndulo dorado encerrado en una caja de cristal. Mi padre no me vio, pero yo lo vi a él concentrado en abrir el vidrio redondo que protegía la caratula del reloj y darle cuerda con todo cuidado. Me dio ternura verlo pero no le dije que ahí estaba agazapada en el sillón. Quería seguir rumiando mis tonterías y amoríos adolescentes sin que nadie me molestara; eso no me impidió sentir cariño y una seguridad extraña que emanaba de mi padre y su rutina de darle cuerda al reloj cada sábado en la tarde. Se alejó silbando...lo hacía todo el tiempo, cuando estaba contento y tranquilo o triste y nervioso. Uno podía leerlo en su silbido, pero no supe o no pude descifrarlo en su ánimo de esa tarde. Ya entonces no silbaba mucho, pero ese día todos sus pollos nos encontrábamos en la casa, en especial las dos mujeres, entregadas a la aventura de estudiar en México, tragadas por la capitalota, como él le decía al DF. Le daba miedo que anduviéramos por ahí, como chivos sin mecate, trajinando en camiones o pidiendo aventones para llegar a tiempo a la universidad, en especial Ángeles, que sufría de epilepsia y había decidido valientemente tirar su enfermedad a la basura, salir del capelo protector de mis padres e irse conmigo a México, hasta la UNAM, a buscarse una vida.

"Hoy puedo dormir tranquilo, están todos aquí", dijo esa noche antes de meterse a su cama con un libro. Una hora después, a las once, mi madre salió alarmada del cuarto y llamó a un amigo que era doctor. Mi padre había sufrido un derrame cerebral. Nuestro mundo cambió en ese momento. A nuestro círculo familiar, tan cercano, cálido y frágilmente seguro, había llegado a tocar la muerte.

Tres días después mi padre murió. Solo mi madre estaba con él en esa madrugada del once de mayo. Ingenuos como éramos entonces, creíamos que se salvaría. Cuando llegamos al hospital, su cuerpo tibio parecía dormido. Le dimos las gracias sin saber si los muertos escuchan, sin saber a dónde van, ni si nos oyen o nos pueden ver acongojados. Hay quien dice que sí. Ese mismo día por la tarde lo enterramos. Mi hermano Carlos, el mayor de los hombres, les tenía terror a los velorios que acaban en jolgorio y corrillos de personas contando chistes.



Todo en el entierro de mi padre fue sencillo, como su vida misma. Nos dimos cuenta esa tarde de cuántas personas lo querían. Llegaron convocados por la esquela de "La voz de Puebla", periódico en el que mi padre escribía todos los días, sin cobrar un centavo, porque para él escribir su columna que llamó "Mundo Nuestro" era un gusto. Como en un sueño o una pesadilla todo pasó a la vez, lento y rápido. La fuerza de mi madre ante la adversidad hizo que la casa siguiera funcionando esa semana, como si la rutina pudiera engañarnos, como si la comida servida en punto de las dos , cuando él llegaba, pudiera hacerlo entrar de regreso de su trabajo silbando como siempre.

Una mañana de esa semana adversa, entré al cuarto de mis padres mientras mi madre dormía aún. Vi el espacio de mi padre vacío en la cama, y la mano de ella depositada sobre ese hueco, como si así pudiera tocarlo o convocarlo. Nunca la vimos derramar una lágrima. Yo solo vi ese gesto, ese brazo tratando de llenar el espacio en que ya no estaba su marido.

El sábado siguiente, después de la comida, me volví a refugiar en la sala en penumbra. El tocadiscos estaba apagado. Mis divagaciones adolescentes ya eran otras, ya eran las de una mujer y no las de una niña estúpida. Pensaba en los labios delgados de mi padre, en su forma sensual de fumar después de la comida, en su olor a lavanda, en su forma de tratar con su vieja cafetera italiana cada mañana, en su voz, sobre todo en su voz suave que nunca nos hirió. En la sala en silencio solo me acompañaba el ir y venir del péndulo del reloj acompasadamente, como el latido de un corazón. Seis vibrantes campanadas me anunciaron la hora...y luego de nuevo el constante latir del péndulo dorado siguió acompañando mis atormentados pensamientos. No sé cuánto tiempo pasó, quizás media hora, y entonces el péndulo se detuvo. Me vino a la cabeza con una nostalgia que espantaba, la figura de mi padre de apenas una semana atrás, entrando en el comedor a darle cuerda al reloj, como cada semana. Como una puñalada recordé que no seguí mi impulso de levantarme a darle un beso a pesar de la ternura que sentí al mirarlo. Fue en ese momento, con el último viaje del péndulo dorado, que supe de verdad que mi padre había muerto y que no lo volvería a ver nunca.

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El valor y la mar/El Puerto Libre de Ángeles Mástretta



Haberle encontrado nombre al viento que a veces trastornaba mi cuerpo, convocó una tranquilidad misteriosa. Decir la palabra fue conjurar el peor de los hechizos: la oscura incertidumbre.

Epilepsia: deriva del verbo griego epilambaneim, que significa ser tomado, quedar avasallado por la sorpresa. Saberlo me llevó a enterarme de que entre los grandes desórdenes cerebrales convulsionar es uno de los más comunes. Y que lo provocan tan distintas causas que cuesta saber cómo curarlo. Por eso, por su condición de imprevisible, de repentino, de estupor, desde los tiempos más lejanos suele estar rodeado de mitos y prejuicios que es difícil desafiar.

He contado ya que descubrí un reporte médico en el escritorio del ingeniero Mastretta tras el naufragio que fue perderlo. Sin duda la epilepsia era un mal menor en mitad del verdadero asalto: la mejor mezcla de melancolía y humor que ha dado la especie humana dejó de hablar un sábado por la noche. Murió en la madrugada del martes. Frente a ese abismo, el miedo a la epilepsia era una canción de cuna: Yo te lego el valor y la mar, decía la tonada que una bisabuela llevó a Puebla desde un puerto abierto al Atlántico.

El tiempo es un miserable, por eso todo pasó hace tanto y tan apenas. Era mayo de 1971, hace cuarenta y cinco años. La sonrisa exhausta de ese hombre al que por décadas consideré un traidor traicionado me recibió con su dueño ya metido en cama. Ahí entré a preguntarle una sandez. Había vuelto de la universidad con la tarea de buscar cinco invenciones que justificaran la guerra de Vietnam. No olvido su gesto, ahora lo reconozco en mí cuando oigo de nuevo una de esas preguntas que se instalan sin más tregua entre nosotros: “¿quién delibera semejante necedad?”.



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Ilustración: Gonzalo Tassier

He contado ya que descubrí un reporte médico en el escritorio del ingeniero Mastretta tras el naufragio que fue perderlo. Sin duda la epilepsia era un mal menor en mitad del verdadero asalto: la mejor mezcla de melancolía y humor que ha dado la especie humana dejó de hablar un sábado por la noche. Murió en la madrugada del martes. Frente a ese abismo, el miedo a la epilepsia era una canción de cuna: Yo te lego el valor y la mar, decía la tonada que una bisabuela llevó a Puebla desde un puerto abierto al Atlántico.

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Ilustración: Gonzalo Tassier

La insoportable levedad de los 28 gramos

Verónica Mastretta



En México hemos dado un pequeño paso leve, como los 28 gramos de mariguana que podrá portar legalmente una persona para su consumo, solo un pequeño paso de 28 gramos como contrapeso a las absurdas y contumaces políticas de combate a las drogas y la criminalización de su consumo.

28 gramos contra los mil cuatrocientos millones de dólares del Plan Mérida que desde 2008 México conviniera con los Estados Unidos para la lucha contra el poder del narcotráfico y su capacidad de fuego. Mil cuatrocientos millones que se supone serían destinados en un quince o hasta un veinte por ciento para la prevención del consumo y el fortalecimiento de las instituciones de procuración de justicia. Estados Unidos dio con una mano miles de millones de dólares al estado mexicano para fortalecer su "capacidad de fuego" contra las ONT (organizaciones del narcotráfico) y con la otra se los reembolsó vendiéndole a México armas y equipo para atizar una guerra que tiene su origen en la enorme demanda de drogas en el mundo, pero especialmente en Estados Unido, lugar en el que originalmente se popularizó el consumo de la mariguana como enervante a partir de los años 30 del siglo XX. Antes de eso la mariguana convivió con el ser humano sin problemas, como fibra textil, como semilla comestible y como producto medicinal. Miles de años sin ser satanizada. Luego pusieron el espanto, se espantaron y nos espantaron a todos. Como sucedió con el alcohol, la prohibición ha generado un círculo vicioso y un desequilibrio entre el poder del estado y las ONT.



Con el Plan Mérida se intentó ampliar la capacidad de fuego del estado mexicano, pero no se acompañó con nuevas leyes y un enfoque moderno y audaz hacia la legalización y control de la producción de mariguana y amapola, que de todos modos siguen llegando ya procesadas y a la carta a los millones de consumidores de Estados Unidos; la apuesta fue por una guerra de sangre y fuego que vamos perdiendo porque el abordaje elegido es erróneo.

Lo del dinero destinado a fortalecer las instituciones judiciales fue un timo, casi todo fue a parar a la compra de armamento y equipos que produce nuestro vecino, el país que mayor cantidad de drogas consume en el mundo, según lo señala Sonja Wolf en un extenso y puntual documento titulado "La Guerra de México contra el narcotráfico y la Iniciativa Mérida: piedras angulares en la búsqueda de la legitimidad", Colmex, Diciembre de 2011. En parte de dicho estudio se describen las iniciativas de gasto y las categoría de su aplicación. La prevención fue muy mencionada, pero terminó mal ejecutada y muy disminuida.

Ocho años y muchas discusiones después, los tímidos 28 gramos son la delicada llave destinada a abrir una caja fuerte de mil combinaciones, cuyo alquiler y manejo deja mucho dinero a delincuentes sangrientos pero también a delincuentes de cuello blanco. 28 gramos contra un negocio de miles de millones de dólares. Dejará de ser delito portar 28 gramos de mariguana para consumo personal, pero seguirá estando prohibida su producción y su venta, o sea, toda la cadena perversa seguirá ahí y con tremendo candado ¡Qué llave tan frágil! Necesitaremos las habilidades del gran mago Houdini para que esa llavecita esperanzadora abra paso a políticas públicas que rompan paradigmas y nos saquen como país del baúl de guerra en el que estamos sumergidos.

Y en todo esto y desde 2007, Hillary Clinton aparece como senadora firmante que aprueba el Plan Mérida en 2008 ; de nuevo suscribe el acuerdo como Secretaria de Estado de Relaciones Exteriores de Obama y promueve y aprueba otra vez algo que no funciona. Como remate, la hoy candidata demócrata al gobierno de Estados Unidos se dio el lujo de decir hace unos días que si ella fuera presidente de México ya hubiera resuelto el caso de los estudiantes de Ayotzinapa, caso que no hubiera existido si el Plan Mérida hubiera sido eficaz e inteligente. Ligera y oportunista declaración de Hillary, siempre cercana al fracasado Plan Mérida y a quien ahora se le hace fácil hablar de las consecuencias de un problema que en su país también genera violencia y están muy lejos de resolver.

El Plan Mérida debió acompañarse de muchos cambios, pero el más importante era la despenalización y la no criminalización del consumo. Esa política prohibicionista ya fue fallida en la cruzada contra el alcohol emprendida por su país en los años 30 del siglo XX. Desde que Bill Clinton fue presidente de Estados Unidos hasta la fecha tampoco ha disminuido el consumo y el tráfico de drogas en Estados Unidos ni en México, ni con el Plan Mérida apoyado por Hillary. No señora Hillary, para nada. En cambio en Holanda, en donde está regularizado todo, el consumo es muchísimo menor y no se ha incrementado.

Leí que el 9% de los que consumen mariguana se quedan atados a ella, 15% de los que consumen alcohol se vuelven dependientes y consumidores de por vida y 30% de los fumadores se vuelven adictos al cigarro. Los dos últimos, más dañinos, no están penalizados en México, están regularizados. Leí también que el consumo excesivo de azúcar es el más grave problema de salud pública que México enfrenta hoy. No hay muertes por consumo de mariguana. Si las hay por consumo de alcohol, de cigarros y de azúcar en exceso. No por eso el estado mexicano los ha prohibido, solo los regula. Nadie paga de más por un cigarro ni se trafica con alcohol como en la época de Al Capone, pero se pagan impuestos duros por ellos. Tampoco un dañino Gansito Marinela o una coca cola se trafican ocultos en dobles fondos en un camión de Bimbo. La apuesta del estado mexicano para acotar el consumo de estos productos es la correcta: información, prevención, educación, más impuestos a su consumo, regulación de su venta y de la publicidad de los mismos. Esa política adecuada dejó a Chabelo sin patrocinadores, pero evita la existencia de los traficantes del azúcar, que seguro existirían si estuviera prohibida. La regulación y no la prohibición es la solución evidente. Regulación atinada incluso para dar alivio a los enfermos y moribundos con morfina accesible que hoy tenemos prohibido producir.

Pesan poco los 28 gramos de mariguana anunciados la semana pasada, y sin embargo, se mueven...