Sociedad

Vida y milagros

La casa en la crecí con mis hermanos estaba en el llamado barrio de Santiago, uno de los barrios más viejos de Puebla, aunque nunca alcanzó la categoría de colonia. Era una casa que alquilaban mis papás a una señora llamada Doña Elvira, quien al morir la heredó a su hija, amiga de mi mamá y que puntualmente pasaba a recoger su renta el día primero de cada mes. Mi mamá tenía listo el sobre desde la víspera porque era una mujer amante del orden, cualidad que no heredé. La casa tenía en la entrada una escalerita y un árbol de colorín que la hacían particularmente graciosa; era de dos pisos y con un jardín en la parte de atrás que se veía desde la ventana del comedor. En la parte de arriba estaban los cuartos en donde dormíamos y en medio de ellos, un espacio distribuidor al que daban todas las puertas, formando una armoniosa unidad.

Había además un cuarto adicional que tenía varias funciones; en él había dos armarios - libreros que hacían esquina, formando entre ellos un hueco que se volvió el escondite perfecto y el refugio ideal para los momentos de turbulencia familiar o emocional que existen en toda niñez. A ese hueco con un poco de más de dos metros de hondo le llamábamos " el hoyo", y se subía usando los entre paños como escalones. Entrar era fácil, salir no lo era tanto y se requería agilidad de chango para esconderse ahí de manera rápida. Carlos mi hermano y yo teníamos la habilidad para trepar a la velocidad de la luz cuando había emergencias, por ejemplo, que llegara el doctor que traía la vacuna de la polio. Ese cuarto hacía también las veces de costurero, pues ahí estaba la máquina de coser que usaban mi mamá o doña Irene, una costurera de edad difícil de definir para un niño y que iba a la casa dos veces por semana. Doña Irene tenía un cuerpo sin cintura y yo la consideraba para entonces una mujer viejita. Se peinaba de chongo y su suéter siempre estaba lleno de alfileres a un lado de su pecho. Tenía un olor que recuerdo con una precisión asombrosa. Dicen que los olores están ligados de manera corta y directa a la zona del cerebro que guarda las memorias, y quizás por eso nos conectan de manera profunda y sin atajos a situaciones y recuerdos de una manera especialmente vívida. Doña Irene olía a talco, madera y a todos los olores de un almacén de telas: a algodón, a estambres, a satín y a tul. Se sentaba ante la máquina de coser y desde ahí gobernaba ese pequeño cuarto sin hacer mayor ruido, aunque se reía de una manera muy chistosa, como entre dientes, y le encantaba molestarnos con cuentos de miedo o nos entretenía con chismes de su vecindad. Dentro del armario de usos múltiples también había una casita de muñecas, así que nuestras visitas al cuarto de la costura eran frecuentes. Recuerdo a Irene dándome retacitos de las telas sobrantes que se guardaban en un canasto; con ellos me enseñaba a hacerles faldas, vestidos o gorritos a mis muñecas o a mi gata Casiopea. Irene me daba conversación e información cuando yo estaba escondida en el hoyo y no había más adultos alrededor. La verdad es que tenía que echar mano del escondite más de lo que yo hubiera deseado. Por esas épocas falté al colegio varios meses porque tuve fiebre reumática y cada dos semanas llegaba el químico Vergara a sacarme sangre para ver si iba yo mejorando. El químico tenía paciencia de santo, porque hacerme salir del hoyo requería de una cantidad enorme de chantajes o definitivos regaños de parte de mi mamá. Olía yo al químico tres cuadras antes de que su cochecito se parara en la puerta de mi casa. Irene era una buena cómplice. No delataba nuestra presencia en el divertido escondite, lleno de cuentos de vaqueros, La Pequeña Lulú, o La Zorra y el Cuervo. Doña Irene pasaba el día rodeada de hilos de colores, ropa por arreglar, retazos de tela, un huevo de madera de cedro que servía para zurcir calcetines, un gran alfiletero rojo que simulaba un jitomate y una máquina de coser verde marca Edna, con la que sostenía una lucha constante, ya que Edna solía jugarle la mala pasada de "enhebrarse" , si es que esa palabra existe. Una máquina enhebrada es una máquina a la que los hilos se le hicieron bolas en el interior de sus misteriosas entrañas metálicas. Doña Irene sabía desenhebrar la máquina con paciencia admirable. A mí me daba por lidiar con Edna sin supervisión, así que solía hacer la maldad de enhebrarla de tal manera que los hilos enredados en su interior se volvían una maraña solo destructible a base de tiempo, tijeras, punzones y muchísimo desperdicio de hilos ahorcados. Doña Irene siempre dejaba su máquina limpia antes de irse, aceitada, sin hilos enredados, con su aguja ensartada con un hilo blanco montado en un carrete plateado, todo listo para una emergencia. De las manos de mi mamá y de Doña Irene salieron fundas e individuales, nuestros uniformes del colegio, los vestidos de nuestra primera comunión, las composturas de los uniformes de mis hermanos, los manteles de la mesa, o los baberos de cuadros que usábamos hasta antes de cumplir ocho años para no ensuciar los uniformes a la hora de la comida. Nada más placentero que Doña Irene te trepara en un banquito en una tarde lluviosa para tomarte medidas con la vieja cinta métrica que colgaba de su cuello ,o para marcarte la altura de la manga o el dobladillo del uniforme o una falda .Marcaba la prenda que tenías puesta con una barra de tiza blanca y luego iba llenando la prenda de alfileres. Sentir sus manos temblorosas trajinando sobre el cuerpo, ya sea marcando la tela con la tiza o tomándote las medidas era un placer sutil que pocos comprenderán. Era un cosquilleo suave, casi una caricia imperceptible e involuntaria que te hacían cerrar los ojos de gusto. El chiste era permanecer quieta. Ella te iba dando la vuelta mientras hacía su trabajo y nunca me dio más gusto obedecer a alguien -"Irene, tómame medidas"- le decía yo cuando quería atención. Irene fue la que se ofreció un día a enchinarme las pestañas porque las tenía yo muy largas, pero poco rizadas. Descubrí con ella que lo aparentemente feo podía ser mejorado. Con un alfiler de seguridad me las enchinó y desde entonces, la perseguía por las tardes en el costurero para salir de ahí con unas pestañas demasiado rizadas para la forma de mis ojos pero que a mí me parecían una genial y hermosa impostura. También me hacía anchoas en el fleco enredando el pelo con papelitos de china y dos pasadores cruzados. Una hora después, mi fleco lacio era rizado. De vez en cuando las anginas recurrentes me daban unas calenturas espantosas; Doña Irene me dijo que tenía yo "escalofríos". Pensé que era el nombre de una peligrosa e innombrable enfermedad. "¿Como es eso de los escalofríos, Irene?" "son esos temblores que te dan, por eso te suenan los dientes." Me daba un vaso de agua de limón acompañado con una pastillita rosa que ahora sé que era un mejoral infantil, y al rato ya andaba yo libre de la maligna enfermedad, jugando con los trapos, vistiendo a las muñecas o molestando a Irene con que me arreglara un dobladillo con tal de que me subiera al banquito, me llenara de alfileres, y me tomara las medidas. Digamos que nos caíamos mutuamente en gracia. A los niños de la casa nos mantuvieron en una burbuja en la que la muerte no tenía cabida. Particularmente en la familia de mi madre todos vivían como si siempre fueran a ser eternos y jóvenes. Cuando los padres de mi papá se murieron, simplemente nos dijeron que ese día no iríamos al colegio porque los abuelos se habían ido al cielo. No sé si a Doña Irene también se la llevaron para allá, porque un día supe que estaba enferma y luego nunca se le volvió a mencionar. El único muerto con el que tuvimos contacto antes de los diez años fue con un pavo que les regaló a mis papás poco antes de una navidad un amigo al que llamaban el Charro Ausencio. Sus bigotes, su atuendo y su cuerpo eran idénticos a los de un panzón de Corpus. Todos tuvimos que ver con el guajolote porque nos correteaba en el jardín y nos picaba las agujetas. Cuando lo vimos colgado de la escalera de caracol que subía a la azotea con el pescuezo estirado, hubo muchas lágrimas derramadas, mucho llanto infantil. Todo esto lo digo para explicar por qué no supimos que fue de Doña Irene hasta mucho tiempo después, cuando ya no éramos niños. Desapareció de nuestras vidas con una suavidad que solo pudo ser producto de la negación de que la muerte existía en nuestras vidas. La vida siguió en el cuarto de costura, luego tuvo otros usos, pero nunca regreso a él la paz, la boruca, la complicidad y el ambiente especial del costurero cuando en él vivió y trabajo Doña Irene.





Mundo Nuestro. La Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz en esta ciudad de Puebla anuncia la relización del Simposium Nacional "Universidad y Antigüedad: reforma educativa y humanismo", con las conferencias magistrales a cargo de los doctores Héctor Velázquez Fernández, Leticia López Serratos y Jesús Manuel Araiza Martínez y diez ponentes invitados.

El evento se llevará a cabo el próximo 30 de marzo en las instalaciones de la Academia en la 7 Poniente 502, en el Centro Histórico de la Ciudad de Puebla.

Mundo Nuestro. El l marzo un grupo de funcionarios y periodistas que realizaban un recorrido de trabajo (auditoría de movilidad) por las calles del centro de la ciudad de Puebla fue agredido por comerciantes ambulantes. La reportera del diario El Popular, Alba Espejel, fue amedrentada en particular por su condición de periodista. Este es el reclamo que la Red Nacional de Periodistas, la Red Puebla de Periodistas y la organización Comunicación e Información de la Mujer, AC (CIMAC) han hecho a las autoridades poblanas.

Leer en el Popular: Salen a evaluar calles y son agredidas

12 de marzo de 2019



Gobernador del Estado de Puebla Guillermo PachecoPulido

Presidenta Municipal de Puebla Claudia Rivera Vivanco

Fiscal Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE) Ricardo Sánchez Pérez del Pozo

PRESENTE



La Red Puebla de Periodistas condena la intimidación que sufrió nuestra compañera, Alba Espejel Linares, reportera del periódico El Popular, diario imparcial de Puebla, por parte de vendedores informales del centro histórico, el pasado 9 de marzo. El sábado por la tarde nuestra colega cubría la primera auditoría de caminabilidad con perspectiva de género en la que participaron más de 20 mujeres, entre ellas, activistas e incluso dos funcionarias municipales, la titular de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Sustentabilidad Municipal, Beatriz Martínez Carreño, y la Secretaria de Movilidad Municipal, Alejandra Rubio Acle. La actividad dio inicio en la plazuela Sor Juana Inés de la Cruz situada en la 4 poniente y 5 norte; avanzaron sobre la 5 norte; luego bajaron por la 10 poniente y al llegar a la 3 norte, el grupo de mujeres, quienes fueron confundidas con periodistas, fueron interceptadas por un grupo de vendedores ambulantes. “Alrededor de seis vendedores rodearon a las activistas y les preguntaron: ‘¿Por qué están grabando? ¿Qué documentan? ¿Son reporteras y nos quieren sacar de aquí? Pues ya saben de antemano que no nos van a sacar’”, narró Alba. Las activistas hablaron con los vendedores y les aclararon que estaban ahí por un proyecto de movilidad. “Caminamos tres negocios, cuando vimos que unas chicas corrieron, volteamos y veo que esos seis vendedores ya eran como 20, incluso había mujeres, y empezaron a jalonear a las chicas, incluso las tiraron, las patearon, a otras les quitaron sus lentes, les jalaron su cabello. Yo entré en pánico y me escondí en una zapatería. Guardé mis cosas. Después llegó una patrulla y yo salí, en ese momento una señora, que era vendedora informal, me preguntó que si yo era reportera. Yo le contesté que sí. Ella me dijo, ‘ya te ubicaron, yo te sugeriría que te vayas, porque escuché que a la siguiente que van a madrear es a la de florecitas’ y yo era la única vestida así. En ese momento me subí a la patrulla y me trasladaron a otro punto”, describió la reportera. Ante los hechos, Espejel manifiesta que tiene temor de pasar por esa zona o hacer una cobertura periodística del comercio informal, el cual se ha extendido en los últimos meses. Es preocupante que la agresión a nuestra compañera, a las activistas y funcionarias, ocurriera un día después de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, fecha en la cual se exige un cese a la violencia contra las mujeres y justicia contra los crímenes de los cuales son objeto. La Red Puebla de Periodistas documentó 45 agresiones a comunicadoras de julio de 2014 a la fecha, la mayoría de los casos ocurrieron en la ciudad de Puebla. Por todo lo anterior, la Red Puebla de Periodistas hace un llamado a los gobiernos municipal y estatal para que garanticen la seguridad a las y los periodistas, el derecho de éstos a ejercer libremente su profesión y el derecho de la ciudadanía a informarse. También la agrupación solicita a la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (Feadle) atraer el caso de nuestra compañera Alba, y de ser necesario, brindarle medidas cautelares.

Segunda Parte

Mundo Nuestro. Publicado originalmente en nuestra revista en marzo de 2014, presentamos este conjunto de voces de mujeres de todos los sectores sociales de nuestro país. Dijimos entonceas: Van esta voces frente el hecho rotundo del asesinato de una mujer joven, Karla López Albert, a quien sus asesinos fueron a arrojar a un paraje yermo en el oriente de la ciudad de México. Una más entre miles y miles de muertes violentas de mujeres que, una por una, devastan todo ánimo por construir un mejor país."

Son voces que responden a preguntas directas al corazón de la catástrofe mexicana: ¿Qué violencia es esta? ¿Tú cómo la has sufrido? ¿Por qué se comportan así los hombres? ¿Es posible explicarla? ¿Qué pasa con este sistema judicial que lo permite? ¿Qué se puede hacer desde la acción civil?¿Cuál es la respuesta de las mujeres?

Su lectura impone un subrayado ineludible: la quiebra del sistema judicial mexicano. Su fracaso como mecanismo del Estado para frenar la violencia. La quiebra profunda de la sociedad mexicana.



Pero también ofrece un aliento lúcido: el de que es posible transformar nuestra realidad. Y que la acción inicia con la defensa que las mujeres hacen de sí mismas al decir ya basta, al defender su libertad, al demandar justicia.

(Las entrevistas fueron realizadas por el equipo del Taller de Periodismo Narrativo Mundo Nuestro, todos ellos estudiantes de Literatura en la Facultad de Letras de la BUAP: Alejandro Ramírez Rojo, Andrea Catzalco, Ednilma Durana Filizola, Inés del Río, Margarita de los Santos, Paulina Mastretta Yanes y Victoria Sandoval.)

Enfrentar la violencia desde la voz de las mujeres

No existe justificación para lo que él hacía. Me decidí a poner un límite.



Anónima. 33 años, enfermera, casada

La voz de una mujer víctima de la violencia se hace escuchar en el centro de la ciudad de Puebla. Ella se sienta en una banca del zócalo Angelopolitano, me dice que su edad es 33 años. Ella es enfermera general y su estado civil ante un juzgado es el de una mujer casada. Realmente ella se separó de su marido. La causa, la violencia psicológica a la que se sometió.



He sufrido violencia por parte de mi pareja. Mi pareja quiso utilizarme, pero los valores que he tenido a lo largo de mi vida son los que me hicieron decir no al maltrato. Decidí alejarme de esta persona y actualmente me hago cargo de mis hijos sin la ayuda de nadie.

Llegó el momento en que me acerqué a ser víctima de la agresión física. Fue en ese momento cuando decidí poner un límite a la vida que mantenía.

Las causas. Cómo fue que comenzó el maltrato sobre mi persona. Creo que mi marido y yo nos encerramos cada quien en un mismo mundo. No nos interesamos en saber cómo era la otra persona y aunque pasaron los años no nos dedicamos a conocernos.

Qué puedo decir acerca del señor con el que lleve una vida de matrimonio. Mi pareja nunca tuvo una familia fundamentada en valores. Su actitud tal vez se debe a que en su infancia fue violentado, no por su padre sino por su madre. Eso debió afectarlo

Independientemente de lo que sufrió no me parecieron correctas sus actitudes. No existe justificación para lo que él hacía.

Yo me cansé. No era su gata, si su cocinera, pero estaba enamorada y permití los abusos.

Tenía una empresa, tenía dinero y no me faltaba nada material. Laborábamos juntos, el trabajo de ambos nos llevó a iniciar un negocio. Éste se basaba en la reparación del equipo de cómputo. Aprendí armar y desarmar las computadoras, también formateé y comencé a usar Internet. Un día revisé el disco duro de nuestra computadora y encontré información oculta. Fue así como supe sus preferencias, sus adicciones y aunque el enamoramiento puede nublar nuestro juicio, decidí ponerle fin a esa vida.

Actualmente ya terminé una profesión y trabajo. Ahora ya tengo una forma distinta de ver el mundo. En el hospital en que laboro me encuentro mujeres víctimas de violencia, y probablemente se someten porque sus maridos las mantienen, pero no están conscientes de que ellas puede trabajar y salir adelante por sí mismas. Ellas se limitan. Por unos cuantos pesos se dejan lastimar, se tienen que someter. Existen mujeres que presentan enfermedades venéreas, pero también hay mujeres que no llegan a consulta hasta que no llegue el papá, porque la responsabilidad es de ambos.

El sistema judicial (suspiro largo) no me ayudó cuando acudí a ellos. Levanté una denuncia y no les importó en nada. Nunca te dan respuesta. Lamentablemente cuando se trata de justicia el que tiene dinero avanza y quien no, pues ya se fregó

Actualmente participo en una organización civil que pertenece a la Iglesia y se llama Servicio ayuda de Pablo. Ayudamos madres solteras, ancianos en abandono total. Lo que podemos hacer por ellos es darles despensas. Yo aplicó medicamentos y hago curaciones.

Con una amable despedida la mujer que se detuvo a confiarme parte de su vida se tiene que retirar. Ella dice que debe regresar a asumir las responsabilidades de una mujer que se hace cargo de sus hijos sin la ayudad de nadie.

Cuando hablamos de machismo no podemos generalizar a todos los hombres.

Anónima. Abigail, 15 años, soltera

La violencia en la mente de una joven estudiante. La agresión en contra de la mujer existe y ahora se encuentra ante la mirada de una joven con uniforme escolar. La agresión viaja por el centro de la ciudad Angelopolitana, en las mentes de su gente.

Qué puedo decir acerca de la actual ola de violencia en contra del sexo femenino. Yo creo que todos somos iguales, pero han hecho menos a la mujer. Una inclinación de la vista refleja el peso del problema. La decepción se hace presente en los gestos faciales de la joven y como si la magnitud de los conflictos cayera de golpe sobre los pensamientos de la menor de edad, se crea un vacío en el sonido. Un silencio breve invade la tarde.

Sí, el machismo debe ser una de las causas, pero también hay que tener en cuenta la baja autoestima de algunas mujeres. Una tranquilidad en el tono de voz hace creer en una verdad que se ha tomado con resignación.

Cuál puede ser la causa de esta terrible realidad. La causa es que hay algunas mujeres que no están seguras de lo que son o de lo que valen porque el valor que se da uno mismo es lo que uno mismo permite. También es problema por el machismo. Pero cuando hablamos de machismo no podemos generalizar a todos los hombres. El problema con los machistas es que creen sentirse más que las mujeres. Esa es otra de las causas de llegar a ver parejas en las que el hombre trata mal a su mujer, ya sea de manera física o verbal.

Cómo actuaría si atravesara un momento de esta naturaleza. Yo lo que haría sería, en primer lugar, acudir ante las autoridades, obviamente dejaría a esa persona que me llegue a lastimar porque como mujeres valemos demasiado.

La seguridad de la entonación y el volumen de la voz hacen llegar la firmeza de la frase “porque como mujeres valemos demasiado”.

Hay corrupción en el sistema judicial de nuestro país. No se hace lo que se debería hacer. Quienes conforman la justicia no hacen lo que deberían, esa es una realidad a la que nos tenemos que enfrentar en la vida cotidiana.

Ilustración de Lety Mundo

Lo principal es que no hay que dejarse.

Daniela, 22 años de edad, comerciante y vive en unión libre

Una mano arrulla a un bebe que llora mientras el otro es mecido en el carro para infantes. Una mujer que atiende a sus hijos me presta atención mientras le pregunto su opinión acerca de la violencia de género existente en nuestro país. La mujer mira a sus hijos un breve momento.

Pues, creo que es algo que está mal. Las mujeres ya tienen demasiados derechos y saben de ellos y que no deben dejarse. No conozco ningún caso, nunca he sufrido de violencia. A veces hacen falta los valores, unas ocasiones creemos que unos somos más o menos. Estas pueden ser las causas de este `problema. También creo que aquellas personas a las que les suele afectar más ellas mismas lo permiten. Al que le ocurre esto es porque se deja.

Respecto a las personas que son violentas yo creo que depende de una enfermedad, a la mejor vivieron violencia en su familia. Tampoco podemos juzgar a todos los hombres por igual. Todos los hombres son diferentes y existen formas de pensar muy diferentes.

Afortunadamente los hombres que yo he conocido no son personas agresivas ni tampoco ofensivas. Gracias a Dios no lo son. Pero en el caso de llegar a pasar por esto, yo denunciaría ya que hay leyes que protegen a la mujer y lo principal es que no hay que dejarse.

En cuanto a los policías, algunos son demasiado corruptos, pero yo creo que todavía hay gente que de veras se dedica a su trabajo.

Mi hermana trabajaba para la Procuraduría General de la República, y en ese lugar atendían bastantes casos de violencia intrafamiliar. En lo que platica mi hermana es que algunas habían sido golpeadas de forma muy violenta. No sé más que eso, existen mujeres violentadas

Necesitamos comunicación, conocer mejor nuestros derechos.

Daniela. 22 años, estudia ciencias en la educación, soltera

Ella fue agredida, pero decidió llevar a cabo acciones que cambiaron el rumbo de su vida.

En nuestro estado no están justificados los casos de violencia. Sí, he llegado a atravesar por momentos de agresión a mi persona. Lo que hice en ese entonces fue acudir con personas más expertas en la materia. Especialistas que me orientaron a asimilar este fenómeno. Me dijeron qué hacer. Lo que más me ha ayudado es la comunicación.

La valoración que puedo hacer de los hombres es que su conducta parte de la educación que tuvieron en su casa. Obviamente la sociedad también influye, todo influye. Pero hay que tener en cuenta que la educación es pieza fundamental para el desarrollo de cualquier persona.

Yo creo que debería existir más comunicación, que la gente no pase tanto tiempo en la televisión, los videojuegos y se debe tener más cercanía entre las personas. Ayudaría hablar más con la gente que tenemos en nuestro entorno.

También tenemos problemas con el sistema de justicia en nuestro país. La corrupción es muy frecuente y nosotros mismos la fomentamos, es decir si hay alguien que tenga alguna palanca lo dejan pasar sobre la ley. Nosotros nos dejamos influir. Conozco amigos que abiertamente admiten sus actos de corrupción.

No conozco asociaciones civiles, pero creo que las que existen deben de ser leales con lo que se proponen. En nuestro caso como ciudadanos estoy segura que debemos difundir más la información, hay que conocer más nuestros derechos.

Hay que educar a los hombres.

Anónima. 19 años, estudiante, soltera

Un rotundo “está mal” dice la opinión respecto a la violencia de género que guarda una joven estudiante. Indignación es la palabra que explica su sentimiento.

He visto entrevistas acerca de esto, la violencia en contra de las mujeres. Nunca lo he vivido, tampoco he conocido a nadie cercano que pasara por esto.

Cómo se puede originar un caso de agresión. Yo creo que se debe al hecho que hay personas que se sienten con necesidad de maltratar a otras personas. Hay veces que viene del entorno familiar. Una vez que los niños pasan por situaciones de maltrato, es fácil que cuando crezcan repitan los errores que cometieron en contra de ellos. Es una cadena que se debe detener.

La idea de que el hombre tiene el dominio está vigente. Sé que en lugares del norte del estado se han presentado con mayor frecuencia

Yo no puedo hablar de algo que no he vivido pero en el caso de vivir humillación o maltrato yo me alejaría. Porque una persona que hace eso no cambia.

En una persona adulta se le debería tratar de brindar ayuda, para que mejore su actitud. También claro, se le puede brindar ayuda a esa persona, pero es mucho más complicado que si se le brinda ayuda cuando aún es pequeño, es decir a una corta edad. Desde chiquito se le debe inculcar a una persona la gravedad de las acciones violentas. Desde el entorno familiar se le debe de orientar, desde que somos pequeñitos.

¿Existen problemas con la justicia? Sí, porque si se trata del sistema de justicia, está un poquito mal, lo que hacen los policías es decirte: –Ah, sí–. No te hacen caso cuando reportas un delito. Otro problema es que no ayudan a la persona con orientación psicológica. En cuanto respecta a los agresores no tratan de mejorar su conducta. Prevenir es tratar de orientar a las personas, no enseñar a defenderse con más violencia.

Hay que educar a los hombres para que no hagan ese tipo de cosas.

Lourdes Rosas, 50 años, profesora de jardín de niños, casada

Violencia siempre ha habido y siempre va a haber, al menos así me parece a mí. Lo que cambia es la actitud que tengamos hacia ella, no creo que la podamos erradicar por completo pero se puede mantener a raya. La violencia contra la mujer es igual, siempre va ha haber quien se deje. No sabría decir mucho sobre la violencia en otros lados, yo siempre he vivido aquí. La única referencia que tengo de otros países es la tele, dicen que México es un país muy machista, Yo creo que tienen razón. De otras ciudades sólo conozco bien el df, que se me hace muy parecido a Puebla, aunque quizás haya más personas cultas allá, creo que la cultura va de la mano con la no-violencia.

Cuando yo era niña, en mi casa no había violencia física pero sí había lo que ahora llaman maltrato psicológico. Mi papá nunca nos pegó, ni a mi mamá, ni a mis hermanas, pero siempre nos hacía de menos por ser mujeres; no nos quiso pagar una educación como a mis hermanos hombres, decía que estábamos para atenderlo a él y en un futuro a nuestros maridos. Se enojaba si no teníamos la comida lista a las 2, aunque mis hermanos ni hubieran llegado de la escuela, nosotras teníamos que irnos corriendo a la casa para preparar todo. Mi mamá nunca nos defendió de todo eso, pero nos ayudó a salir adelante, a estudiar aunque mi papá no quisiera, para salir de ese tipo de vida.

Estas cosas siguen pasando porque dejamos que pasen, una mujer sumisa y dejada enseña a sus hijas a ser de la misma forma, así como le enseña a sus hijos a ser violentos. Creo que es un problema de educación y de que somos bien dejados. No digo que todos los hombres sean machistas, nomás hablo por los que yo conozco.

Quiero creer que la solución está en nosotros, viendo por generaciones futuras. Por ejemplo mi marido, la situación con mi padre me sirvió para ver lo que no debe de ser y me busqué un hombre bien distinto, mi marido no es de esos. No imagino que se diera una situación violenta con él, pero si así fuera yo no me dejaría porque no es el ejemplo que quiero dar. Yo soy maestra de kínder, ¿Qué clase de formación estaría dando si permitiera esas cosas en mi casa? Para mí todo está en la formación familiar.

No sabría qué decir respecto al papel del gobierno en esto, yo veo que por más que se hagan leyes el problema está en que nadie ve que se cumplan, los crímenes siguen pasando y nadie hace nada. Dicen que con lo del feminicidio va a ir cambiando eso pero a mí no me parece la solución. Lo que hay que hacer es no quedarnos callados, y enseñarle a nuestros hijos e hijas a ser mejores personas que nosotros, a tampoco callarse.

Anónimo, 62 años, enfermera retirada, divorciada.

Yo creo que hay violencia contra las mujeres porque nuestro género nos amarra a los hijos. En el caso de una familia con hijos, si tu esposo se pone violento, ¿Qué puedes hacer al respecto? En mis tiempos o te dejabas o te quedabas casi en la calle porque no había como mantener tú sola a los hijos, además de que una mujer sola era muy mal vista.

Yo tuve suerte, mi esposo se fue porque se encontró a otra, pero nunca me maltrató. Digo que tuve suerte porque tuve una educación y un trabajo medianamente bueno con el que pude mantener a mis hijos yo sola. Claro que si decían cosas de mí porque era madre soltera de cuatro, nunca me quise volver a casar, la verdad me daba miedo conocer a alguien y que me maleducara a mis hijos o algo. Sí conocí casos de violencia a la mujer, era más o menos común que a mis amigas les soltaba la cachetada su viejo, a veces hasta desde novios, pero así eran las cosas y no se hacía mucho escándalo, eso es más bien de estos tiempos. Pero nunca conocí un caso como los que se dicen ahora, que hasta las terminan matando, igual y sí pasaba pero no nos enterábamos.

Estos conflictos pasan porque las mujeres lo permiten, luego no sabemos cómo salir de esas situaciones, o el amor es tan tonto que ni vemos el problema hasta que ya estamos bien adentro, nos hacemos dependientes de la misma persona que nos está creando violencia y no podemos salir de eso.

Los hombres son machistas porque así están hechos, se agarran de las diferencias que hay, como que son más fuertes y esas cosas, y con eso nos dominan. Están acostumbrados a ser los que proveen, los que resuelven, cuando un hombre mantiene a la mujer siempre la va a ver como un ser inferior, va a sentir que tiene ciertos derechos sobre ella y que ella tiene obligaciones ara con él, como puede ser obedecerle y esas cosas. Yo diría que no es nomás que sean machistas sino que se sienten dueños y responsables de cosas que no necesariamente les tocan.

La única pareja que he tenido se fue luego luego, nomás nació nuestro cuarto hijo, no fue violento ni nada. Yo no me hubiera dejado porque sí puedo ver sola por mis hijos, tan puedo que lo hice. Si no hubiera tenido el trabajo que tuve pues hubiera conseguido uno, yo tenía una amiguita que limpiaba casas y lavaba ropa para darle de comer a sus hijas, también estaba sola como yo, pero nunca supe bien por qué.

Los crímenes de los graves, esos de muerte, yo creo que pasan porque las personas ya piensan que todo se puede. Ven en la tele cosas de muerte, conviven con ella y ven que ningún crimen se castiga, tanta gente que desaparece y casi nunca se sabe nada. Pues ya se les hace fácil.

Lo que hay que hacer para que ya no pase es no dejarse ni de cosas chiquitas, si yo sé que a una de mis hijas su esposo le pega, o le pega a mis nietas pues le diría que no se dejara, que hasta dónde va a permitir que siga. Ya hasta hay instituciones que te apoyan, te dan abogados y todo. Yo prefiero que haya divorcios a que haya familias que conviven infelices a la fuerza.

De la justicia ya dije que no creo que se haga mucho, lo que tienen que hacer es atrapar a los que hacen cosas malas, no nada más la violencia. Todo pasa: no los agarran, los delitos quedan impunes, los mismos lo siguen haciendo y a nuevas personas se les hace fácil meterse a la vida del delito. Entre eso y que no hay trabajo pues ya se van todos por lo ilegal.

La sociedad debe de apoyar a las madres solteras, ayudarlas a encontrar trabajo, guarderías y todo. Está bien todo lo de la unión familiar pero no a la fuerza, una familia no debe seguir solamente porque ya se tuvieron hijos y ni modo.

Anónimo, 23 años, estudiante embarazada, soltera.

Hay más violencia contra las mujeres en México que en países primermundistas porque hay más violencia en general, y porque acá son bien machistas, quizás no tanto en Puebla, acá más bien son mochos, pero sí hay violencia de todas formas.

No tengo amigas que el novio les pegue ni nada de eso, pero antes tenía amigas cristianas y luego me contaban que sus papás engañaban a sus mamás, que ellas sabían y no hacían nada al respecto, vivir así es una forma de violencia. Las mujeres deberían darse su lugar, ser así de sumisas es como permitir a violencia contra las mujeres, dejar que los hombres no respeten los compromisos que hicieron. A mí tampoco me ha pasado como violencia así, si he tenido novios que me tratan mal pero los dejaba y ya, nunca pasó a más.

Creo que hay personas, en este caso hombres, que ya son muy violentos pero lo esconden, luego se consiguen una novia y son bien lindos con ella, la chica se enamora, después cuando menos se da cuenta a él le sale lo violento y ni sabe qué hacer. Ese es el origen, que no saben qué hacer al respecto y dejan que las cosas les sucedan, a veces hasta se dejan chantajear para que siga la relación.

No sólo es culpa de los hombres, el machismo no es algo que ellos les hacen a ellas y ya. La culpa también la tienen las mujeres que buscan a un hombre para que las cuide, las mantenga, las defienda… ellas solitas se ponen en esa posición de víctima indefensa cuando en realidad no lo somos. Pero no todos los hombres son así, claro que hay muchos, pero depende de dónde los busques, aquí en la uni hay muchos chavos que respetan, le saben dar su lugar a la mujer como igual.

Yo me peleé con el papá de mi bebé y fue porque me supe dar mi lugar que ya no estoy con él, no fue una pelea así física, simplemente yo no estoy de acuerdo con eso de que como es padre de mi hijo ya lo tengo que aguantar, siempre voy a tener una relación con él porque mi hijo tiene su sangre, va a ser parte de su vida también, pero no como mi pareja.

Los crímenes de violencia contra la mujer se pueden impedir cuando las mujeres son precavidas, tienes que conocer a alguien antes de empezar una relación. Obviamente si una chava tiene días de conocer a alguien no está bien que crea que lo ama y que le tenga una confianza que de pie a que él le haga daño. Como las chavitas estas que apenas tienen 14, 15 años y si alguien mayor se fija en ellas ya se sienten soñadas, luego van y hacen tonterías. Tienen que saberse cuidar y no confiar en cualquiera, luego hasta miembros de su familia o amigos de sus papás acaban abusando por confiadas. Es triste pero así es la realidad en que vivimos.

El sistema de justicia está bien mal, se hacen leyes que protegen a unos cuantos, leyes que luego no aplican porque la gente tiene contactos y se zafa de alguna forma. Otro problema es que no todos se enteran de que pueden denunciar o se pueden tomar ciertas medidas. Hay zonas marginadas donde las mujeres no les queda más remedio que aguantar la violencia.

Yo creo que como sociedad lo que debemos hacer es crear conciencia, hablar con las personas de nuestro alrededor, compartir experiencias y que sea como una red, ir alcanzando a más y más mujeres, que sepan que no están solas.

Fernanda Cruz, 27 años, estudiante, casada.

Creo que hay más violencia en México que en otros lados, pero pienso que mucha de la culpa la tiene la misma mujer. A final de cuentas quien nos da ese tipo de educación es nuestra madre, de pequeños nos enseñan a convivir en con las demás personas dentro de nuestra familia, y es más común que la mamá sea quien enseña a los hombres la forma de tratar a las mujeres porque es la que más convive con los hijos.

Cuando yo iba en secundaria una de mis amigas se embarazó, tenía como 15 años, sus padres como que la querían apoyar pero lo que fuera a pensar la gente les preocupaba mucho, luego vino el novio con toda su familia y los convenció que lo mejor era que abortara. A nadie le preocupó mucho lo que mi amiga quería y decidieron por ella, el problema es que esto fue antes de que el aborto fuera legal así que la chica contrajo una especie de infección y meses después murió. La causa oficial fue sepsis o algo así, pero todo se originó porque la hicieron abortar, en mi opinión eso es un tipo de violencia contra la mujer.

Yo creo que la violencia contra las mujeres sucede en México por culpa de la familia, lo que se nos enseña es que el hombre debe de ir a trabajar y la mujer debe tener un rol de dominada, o sea, vivimos en una cultura muy machista.

Los hombres son violentos porque sacan una especie de placer de ello, les gusta demostrar su supuesta superioridad, en mi opinión es de esas cosas como de instinto que todos traemos, se supone que como vivimos en sociedad vamos suprimiendo esas cosas negativas, sin embargo siguen muy arraigadas en algunas personas.

No dejaría que hubiera violencia en mis relaciones porque yo entiendo que eso de la superioridad del obre y todo no es real, quizás alguna vez lo fue, pero ya no. Vivimos en una sociedad en la que la fuerza física ya no es relevante, lo que importa son las habilidades intelectuales y emocionales, aunque seamos distintos, para el orden social somos iguales.

Todo está en la denuncia, si estas cosas siguen pasando es porque las mujeres siempre se quedan calladas, ya sea porque no saben a quién acudir o porque tienen miedo, lo que no se dan cuenta es que si se callan va a seguir pasándole a ellas y a sus hijas porque es lo que aprenden.

El sistema de justicia es machista aún, en algunos casos, lo digo por relatos que luego te cuentan. Por ejemplo, supe de un caso de una chica que la estaban tratando de violar, se defendió y acabó matando a su violador, obviamente fue en defensa propia pero no le hicieron caso, la trataron como si fuera una criminal, tuvo que ir un tiempo a la cárcel por haberse defendido.

Anónimo, 55 años, arquitecta, casada

En mi casa no se ha dado nada de violencia, ni conozco a nadie que le haya sucedido pero sí creo que sucede mucho. En comparación con otros países en México creo que sucede más, esto es por la cultura que tenemos, lamentablemente vivimos en un país muy machista.

Yo supe de una mujer que denunció a su marido porque le pegaba y le dijeron que no tenía evidencia porque no llevaba ojos morados ni marcas, el caso es que ni la declaración le quisieron tomar, se terminó separando de él, pero siempre tuvo miedo de que su ex la fuera a buscar. Como no tiene pruebas de que él la maltrataba pues le costó trabajo obtener custodia de sus hijos.

Sí es culpa del machismo, pienso que los hombres son como son porque nadie les enseña lo contrario, nuestra sociedad es permisiva, hay cosas que en otros lados están mal vistas pero acá son normales. Cosas que en otros lugares son arcaicas acá son normales, como que las mujeres les atiendan a los demás a la hora de la comida y sólo cuando los demás terminen entonces ya pueden comer ellas. Eso no es precisamente violento, pero es de actitudes como esa de las que surge la violencia contra las mujeres.

La solución está, primero que nada en tener un aparato judicial más eficiente y después en tener igualdad de oportunidades para ambos géneros. No se vale que en los trabajos prefieran contratar a hombres que a mujeres. Cuando era joven eso si me llegó a pasar, recién terminaba la carrera y dejaba currículums en constructoras, luego hasta me decían “pero tú cualquier día te nos embarazas y nos vas a descuidar el trabajo.” Esas cosas ya no pueden seguir pasando.

La ley es muy lenta y se enjuicia a menos de uno de cada 100 delitos, por una o por otra los delincuentes o no los atrapan o por falta de pruebas no procede, bueno fuera que la ley tuviera la eficiencia de los programas de televisión pero aún estamos muy lejos de eso.

Mundo Nuestro . Publicado originalmente en nuestra revista en marzo de 2014, presentamos este conjunto de voces de mujeres de todos los sectores sociales de nuestro país. Dijimos entonceas: Van esta voces frente el hecho rotundo del asesinato de una mujer joven, Karla López Albert, a quien sus asesinos fueron a arrojar a un paraje yermo en el oriente de la ciudad de México. Una más entre miles y miles de muertes violentas de mujeres que, una por una, devastan todo ánimo por construir un mejor país."

Son voces que responden a preguntas directas al corazón de la catástrofe mexicana: ¿Qué violencia es esta? ¿Tú cómo la has sufrido? ¿Por qué se comportan así los hombres? ¿Es posible explicarla? ¿Qué pasa con este sistema judicial que lo permite? ¿Qué se puede hacer desde la acción civil?¿Cuál es la respuesta de las mujeres?

Su lectura impone un subrayado ineludible: la quiebra del sistema judicial mexicano. Su fracaso como mecanismo del Estado para frenar la violencia. La quiebra profunda de la sociedad mexicana.

Pero también ofrece un aliento lúcido: el de que es posible transformar nuestra realidad. Y que la acción inicia con la defensa que las mujeres hacen de sí mismas al decir ya basta, al defender su libertad, al demandar justicia.



(Las entrevistas fueron realizadas por el equipo del Taller de Periodismo Narrativo Mundo Nuestro, todos ellos estudiantes de Literatura en la Facultad de Letras de la BUAP: Alejandro Ramírez Rojo, Andrea Catzalco, Ednilma Durana Filizola, Inés del Río, Margarita de los Santos, Paulina Mastretta Yanes y Victoria Sandoval.)

La ilustración de portadilla es del Colectivo Visual Thinking.



Ilustración de Lety Mundo

“En el pueblo nos enseñan: debes cargar tu cruz”

María, 37 años, ama de casa, casada



Para empezar, considero que hay una gran diferencia entre México y Puebla, o al menos en mi localidad. En la ciudad de Puebla las cosas cambian, ya son más abiertos en cuanto a sus costumbres y creencias, y lo mismo pasa en México, las de ciudad ya no se dejan, es decir, sí hay maltrato, pero no como se ve en los pueblos. Desde pequeñas nos enseñan que debes “cargar la cruz” que te tocó, no puedes cambiar las cosas y si alguna vez tu marido te pega o te insulta, no tienes de otra más que aparentar que no pasó nada. Siempre es así. No cuentas con el apoyo de tu familia… Una vez escuché que le dijeron a una señora “esa es la cruz que escogiste, ahora aguántate.”

Por aquí hay muchos casos de violencia. Un caso fue muy sonado, un señor casi mata a la señora sólo porque no llegó temprano de donde fue. Se supone que la señora fue a dar de alta a sus hijos al “seguro popular”, lo habían anunciado tanto que se animó a ir y le avisó a su esposo, pero su suegra le metió en la cabeza a su hijo que quién sabe a dónde pudo haber ido porque ya se había tardado. Cuando llegó la señora a su casa, su esposo ya la estaba esperando y le pegó. La ambulancia vino por ella y finalmente ella no quiso levantar cargo en su contra y mucho menos se atrevió a dejarlo.



Personalmente, como mujer, pienso que de algún modo siempre lo sufrimos, desde nuestros padres porque cuando nacemos, si somos niñas, hay cierto desprecio por parte de ellos, aunque no siempre es así. En cuanto a mi esposo, como pareja, no siento que sufra maltrato o violencia, pero porque desde que éramos novios hablamos siempre sobre eso, sobre las costumbres y sobre cómo era vivir en el pueblo. Creo que como él vivió un tiempo en el centro, se dio cuenta que el maltrato a las mujeres estaba mal. En su familia tampoco hubo maltrato. Su mamá les inculcó que debían respetarse a las mujeres, y como él fue el único hombre…

Yo no entiendo por qué se están dando casos muy feos últimamente, y mucho menos en las ciudades, donde se supone que ya hay más libertad, más apoyo, más información, no sé. En realidad, puede que venga desde cómo fueron educadas en sus casas, los valores y sobre todo el darse a respetar como mujer y entender que para vivir no se necesita la compañía de un hombre, y menos si te maltrata, incluso si sólo fuesen insultos.

El maltrato a las mujeres siempre ha existido y si queremos responder qué es lo que lo origina, pienso que en parte la sociedad, las costumbres, la religión e incluso nosotras mismas porque no denunciamos, preferimos callarnos, porque nos da pena… No sé, simplemente nos dejamos.

Supongo que si algún día mi esposo me maltratara, para empezar, no lo permitiría, bastante tuve con mi madre. Mi papá insultaba mucho a mi mamá y sólo la veíamos llorar y a mí me daba mucho coraje. Le decíamos que nos saliéramos de la casa pero nunca quiso.

A mis hijas y a mi hijo, les he inculcado el respeto, más a mi hijo porque es hombre, y si algún día me enterara que maltrató a una mujer, me dolería mucho porque es lo que más he tratado de enseñarles, el respeto. Su papá también lo hace, y si no vive maltrato en a casa, no tiene por qué hacerlo con su futura familia y mucho menos con su esposa porque no lo ha vivido en casa.

En cuanto al gobierno y sus leyes para defender los derechos de las mujeres, no sé qué pensar, recientemente vi en las noticias que con el nuevo presiente se cerraron algunas instituciones que apoyaban a las mujeres maltratadas. Creo que hay poca información, ni se diga en los pueblos. Por eso hay que apoyarnos, mucho más entre mujeres para darnos valor de salir adelante. Además de exigir justicia porque cada vez empeoran los casos de violencia.

“Supuestamente ya existen leyes”

Anónima, 29 años, Contador Público, soltera.

Es un problema social que en lugar de ir en disminución, por la educación que tenemos y la información que ya existe, parece que va en aumento. Por otro lado creo que no importa el estado o país en que se vive simplemente, en cierta medida se llega a caer en el machismo sin respetar clases sociales y edades, pues la violencia, incluso se ve desde el noviazgo.

Siempre se ve la violencia entre las mujeres, ya sea en una amiga, prima, compañera de trabajo o incluso en casa. Por ejemplo, conozco a una compañera de trabajo que su mamá los abandonó cuando ella apenas tenía ocho años de edad. Finalmente termina criándolas, a ella y a sus hermanas, una tía que cuando ella tenía veinte años muere de cáncer y, entre la soledad que sentía acepta vivir con su pareja y tienen una hija. Cuando se va a vivir con él, lo conoce en realidad, pues le gustaba tomar y un día llegó tan tomado que la golpeó, sólo porque sí. Tiempo después lo volvió a hacer justificándose por los celos que tenía al ver que en su trabajo trataba con ingenieros y arquitectos. Esta vez llegó al grado de cerrarle un ojo; la golpeó de tal forma que en su trabajo la llevaron a levantar una denuncia y decidió dejarlo por el bien de su hija.

Creo que influye el “machismo” y la sociedad porque si eres criado en un ambiente donde el hombre es el que manda y el que puede hacer lo que quiera con su esposa, madre o incluso hija sólo por ser mujer, seguramente se hará un hombre machista dentro de una sociedad que lo permitió partiendo de su casa y la educación que recibió.

Si yo sufriera maltrato por parte de mi pareja, pensándolo fríamente, diría que lo dejaría, pero la verdad es que en realidad no sabría qué hacer porque la sociedad me ha enseñado que si te casas es para siempre, lo vemos con nuestros padres, que tardan los años casados, pero muchas veces a base de maltratos.

Para empezar a evitar estos tipos de crímenes, lo principal es no formar a hijos machistas ni a hijas que se dejen ser maltratadas, al contrario, enseñarle los valores suficientes para que dejen de ocurrir este tipo de muertes que al parecer cada día son más comunes. Por otro lado están las autoridades que en mi opinión son muy malas, a pesar de que supuestamente ya existen leyes que nos protegen como mujeres pero en realidad o no las conocemos o no son lo suficientemente eficientes para ayudarnos.

Como sociedad, debemos apoyarnos, exigir mejores leyes, mejor educación, y sobre todo, apoyarnos entre mujeres para salir adelante. No permitir que la sociedad nos mal ayude a tomar decisiones incorrectas.

“En fin, ese día llegó tarde mi papá de la cantina…”

Anónimo, 48 años, ama de casa, casada

Desde pequeña he visto y vivido la violencia.

Tenía dos años ocho meses cuando murió mi mamá y fue precisamente por una mala caída provocada por el machismo de mi padre. Había acabado de tener a mi hermano Raúl y no fue nada fácil, la partera le dejó parte de la placenta y desde entonces le quedó un sangrado. Difícilmente podía caminar y como a mi papá le gustaba tomar e irse a la cantina llegaba tarde.

Dicen que ese día estaba lloviendo, fue uno de esos tiempos en que hasta se ve triste el día por la lluvia interminable. En fin, llegó tarde mi papá de la cantina y, tomado e influenciado por la mala experiencia que vivió con su pareja anterior, tocó tantas veces y tan fuerte que a mi mamá le daban ansias, pero como no podía caminar rápido, tardó un poco en abrir. Cuando iba abriendo la puerta mi papá la empujó y se calló de sentón además de gritarle de lo peor y preguntándole que qué estaba haciendo pero nunca le creyó, era muy desconfiado y pensó que estaba con alguien más.

Tiempo después, le dio cáncer y murió. Mi hermano tenía nueve meses de nacido. Fue muy triste porque mi papá, de cierta forma y gracias a sus maltratos, mi mamá murió.

Las costumbres de aquél entonces eran muy cerradas y era mal visto que una mujer dejara a su esposo. La tachaban de loca o de fácil. Pero ahí desde pequeñas era así; vivían la violencia desde que eran niñas, pues veían cómo maltrataban a sus madres y luego ellas lo volvían con sus esposos. Incluso eran diferentes las labores en el hogar de un hijo y una hija. La niña tenía que ayudar en la cocina y hacer el quehacer de toda la casa mientras que los niños no, a ellos casi se les atendían como a los padres.

Tiempo después mi papá se volvió a casar pero los maltratos seguían. Pobre de mi mamá, era muy agresivo, más cuando tomaba, se ponía como loco y nos daba mucho miedo. A ella la maltrató igual o peor que a mi mamá biológica por muchos años más. Mis hermanos y yo la apoyábamos, le decíamos que lo dejara pero nunca quiso, le daba miedo “el qué dirán”. Decía que así la habían educado.

Esa fue la peor manera de conocer el maltrato, en carne propia. Ya cuando decidí tener a mi familia, procuré no enseñarle a mis hijas el maltrato, les enseñé que no se deben dejar y mucho más, a valorarse. Les pongo de ejemplo la experiencia de su abuela para que ellas no lo permitan porque es muy triste ver cómo una mujer es maltratada no sólo a golpes, sino a insultos que además de deprimirlas, las denigran.

Creo que la educación en casa es la base principal para evitar la violencia. Ahí, en la familia, aprendes todo y sobre todo los valores. Hoy en día se siguen viendo casos como estos y pienso que la sociedad juega un papel muy importante.

Si nos esperamos a que el gobierno y su justicia hagan algo al respecto o mejor aún, soluciones el problema, nunca van a cambiar las cosas. No creo en la mitad de la ayuda que ofrecen...

“Una multa al agresor, y luego la represalia contra la esposa”

Lorena, 23 años, ama de casa y secretaria, casada.

Antes se daba más la violencia y con el tiempo pienso ha ido disminuyendo o al menos así debería de ser porque como mujer, hemos adquirido más derechos y más leyes que nos protegen. No creo que exista diferencia entre lugares, en cuanto a la violencia. Sin embargo, depende de la educación recibida en el entorno familiar, es decir la cultura y la sociedad siempre han influido en el crecimiento o disminución de la violencia entre las mujeres.

No me ha tocado vivir un caso cercano, pero si me he enterado de algunos. Por ejemplo me contaron de un señor le pegaba a su esposa, y a pesar de que sus hijos ya eran adolescentes, no le ayudaban, ya lo veían como algo normal y ante todos aparentaban ser una familia unida. Cuando le pegaba a su esposa, ella dejaba de asistir a reuniones por lo mismo que querían guardar las apariencias, porque como sociedad, aún está mal visto en algunas partes.

Si aún se ven casos de violencia es por la educación que han recibido, esa que dice que la mujer debe ser sumisa y los hombres tienen más derechos sólo porque llevan dinero a la casa, el trabajo de la mujer es estar en su casa.

No creo que el maltrato se resuma en la palabra “machismo”, va más allá de eso, tiene que ver mucho el entorno en que fuiste educada, sea hombre o mujer. Es decir, siempre se va a relacionar este problema social con la familia, o incluso en la escuela en donde fuiste educada.

Si a mí me llegara a ocurrir esto, no sabría qué hacer pero seguramente lo dejaría, porque siento que tengo el apoyo de mi familia, además de que es muy importante contar con alguien, porque en otros casos, no tienen de otra más que seguirse aguantando, lo he visto, se sienten solas y piensan que sólo por eso deben aguantar una vida así, de golpes e insultos.

Pienso que para evitar este tipo de violencia debemos poner un alto desde que exista un manazo, un pellizco, un empujón o un insulto porque desde ese momento ya estamos sufriendo violencia por simple que parezca y si nosotras desde ahí lo vemos como algo normal, la violencia aumenta y puede llegar al grado de la muerte.

También depende de las autoridades, porque ellos te exhortan a denunciar pero cuando ya lo detuvieron a la persona que te agredió con una multa puede salir y toma represarías más fuertes y lo que provoca es miedo o temor en las mujeres.

“Fue muy útil contarle a mi familia lo que me estaba pasando”

Anónima, 25 años, estudiante, soltera

La violencia siempre ha existido en la sociedad, antes se pensaba que se daba en localidades de mentalidad cerrado pero lo cierto es que no importa ni el nivel económico, ni la edad, ni el nivel educativo ni el grupo social al que perteneces; la violencia en las mujeres se da y se ve en todas partes de igual manera.

Yo sufrí violencia en un noviazgo. Era adolescente y era mi primer novio. Como toda chava enamorada, le creía todo lo que me decía. No sufrí violencia física, más bien era psicológica. Siempre me hacía sentir mal pero en ese entonces yo no lo creí así, al contrario, pensaba que lo decía porque me quería. Los comentarios que me hacía al principio los veía como broma, pero conforme avanzaba el tiempo fueron más agresivos que llegaron a bajarme un chorro la autoestima. Una vez me quiso dejar y yo lloraba mucho y le rogaba que no, me volví dependiente de él, decía que no podía vivir sin él a pesar de que mis amigas e incluso mi mamá me decía que me estaba haciendo daño. Tenía como una venda en los ojos, no creía los comentarios que me hacían mis amigas de que incluso me engañaba con otras chavas, hasta peleaba con ellas. Fue horrible cuando me empecé a dar cuenta de que me estaba haciendo daño. Me di cuenta un día que fui a comer a su casa, su papá maltrataba a su mamá con los comentarios que hacía, su mamá muy apenada me dijo que no hiciera caso a los comentarios de su esposo. Me enojé y después me di cuenta de que en un futuro podía ser yo una mujer como la mamá de mi novio. Cuando lo traté de dejar, me insultaba peor y me acuerdo que no se cansaba de decirme lo inútil y fea que estaba y que por ende, nunca tendría otra pareja y mucho menos saldría adelante. Ahora lo cuento pero si me costó mucho trabajo superarlo.

En mi casa no viví violencia, sin embargo creo que fue la edad en la que la sufrí lo que influyó para que lo permitiera. Supongo que la sociedad y, en mi caso, la educación que recibió mi pareja de aquél entonces, influyó mucho, porque lo aprendió de su papá. Dicen que los niños aprenden patrones, lo que vivimos en nuestras casas se refleja en nuestra personalidad.

Para evitar este tipo de violencia, en primer lugar creo que debemos querernos; si nos queremos no permitiríamos que nos lastimen. En segundo lugar, en mi caso, fue muy útil contarle a mi familia lo que me estaba pasando. Y para evitarlo en un futuro, educar de la mejor manera a nuestros hijos.

En cuanto al sistema de justicia que existe en nuestro país, pienso que no es el mejor, porque para empezar el servicio que brindan para levantar una denuncia es muy malo. No dan ganas de regresar, son muy prepotentes.

Como sociedad, sólo nos queda apoyarnos y pedir mejores leyes. Por otro lado, se puede evitar de muchas maneras, incluso en la escuela, implementando un tipo de clase que nos informe además de orientarnos.

Composición de Lety Mundo

“Apoyar a las víctimas desde la sociedad civil”

Comerciante, 24 años, vive en unión libre, México, D.F.

Yo creía que la violencia contra las mujeres era algo del pasado, que eso ya no se daba y mucho menos ahora que la mujer tiene más roles activos dentro de la sociedad. Sin embargo, creo que ha mutado y la violencia no ha desaparecido, sino que ha tomado nuevos pretextos para hacerse presente, por ejemplo: que el hombre se sienta intimidado por el éxito de una mujer. Me da mucha tristeza cómo no ha desaparecido.

No conocía el caso de asesinato qué ocurrió en Puebla, pero he escuchado muchos otros, son tantos los casos que quizá es un poco difícil mantenerse al tanto. Este tipo de situaciones me parecen dolorosas, ya que parece que incluso hoy en día sigue pareciendo terrible que una mujer tome sus propias decisiones, decisiones que no deberían de terminar en una tragedia, ya no se diga la muerte, incluso los golpes. Por mi lado, no he conocido un caso cercano de violencia y tampoco la he sufrido.

Evidentemente seguimos siendo un país retrasado en educación y por lo tanto valores, seguimos rodeados de ejemplos a seguir que no son los mejores. Lo que más me preocupa es la falta de autonomía femenina para denunciar este tipo de casos antes de que den pie a una tragedia desde el primer momento.

No hay que culpar a la mujer o al hombre pues creo que ambas partes están casi igual de involucradas, por el lado del hombre, una baja autoestima que "recupera" con la humillación hacia otra persona y por otro lado otra persona con igual una muy baja autoestima que no respeta su persona y no se cree capaz de prohibir esos abusos.

Creo que no solamente es machismo, sino una baja autoestima, no creo que se sienta superior, al contrario, se siente tan inferior o acomplejado que debe recurrir a abusos para sentir poder. No estoy segura si sea el sistema social, ya que se pueden ver este tipo de casos en todas las clases sociales, quizá sea un tema más de educación.

Sonará gracioso pero mi mamá siempre nos enseñó que "a una mujer no se le pega ni con el pétalo de una rosa”. Hay que saber respetarse a uno mismo e identificar el momento de decir "no"... No solo con golpes, sino también con maltrato psicológico y verbal. Yo simplemente me alejaría ante los primeros signos de maltrato.

Primero hay que tener confianza en uno mismo, platicar con las personas más cercanas que tengas, no es algo que se deba ocultar, y sobre todo, acudir a las autoridades. Aunque también hay que inculcar valores a nuestros hijos, sean del sexo que sean.

El sistema judicial es otra cosa que me preocupa, ya que también he encontrado muchos casos en dónde se hacen los reportes y no se le dan seguimiento. Creo que también las autoridades deben de poner cierto tipo de códigos o procedimientos para este tipo de violencia

La sociedad civil debe apoyar a las víctimas de estos abusos, escucharlas y no ser indiferentes, no apoyar la violencia ni justificarla.

Es muy importante hablar sobre la violencia contra las mujeres, muchas veces se mantiene cómo un tabú y por lo mismo las personas afectadas se sienten intimidadas al hablar de esto. Hay que tomar diferentes puntos de vista y sobre todo saber cómo actuar en esos casos, y creo que una buena forma de conseguirlo en hablando sobre el tema

Programadora analista, 50 años, casada, Puebla.

Hay que parar la violencia contra las mujeres en México y en Puebla, y las mujeres deben de denunciar para que todo se lleve a cabo. No he sufrido ningún caso de violencia y no conozco alguno cercano.

Hay que educar a las mujeres para que no se dejen maltratar. La mala educación es lo que provoca la violencia pues los hijos al ver que sus padres golpean a su madre, repiten los mismos patrones.

Para cambiar hay que educar a las mujeres para que denuncien y a los hombres para que respeten a las mujeres como iguales. La educación es la que provoca esta situación hacia las mujeres por parte de los hombres.

Si se diera esta clase de situación de violencia con mi pareja me divorciaría y después lo denunciaría. Las jóvenes que quieren abortar o han sufrido violencia tienen que acercarse a sus familiares y platicarles la situación que está viviendo, no dejar que te obliguen a hacer algo que tú no quieres.

Es una realidad que todo lo referente a justicia no es bueno acá, sólo es buena para quien tiene dinero y poder pero aunque se tarde mucho es importante denunciar estos casos para hacer evidente de que tú estás denunciando y no te están haciendo caso de que estás sufriendo una violencia. Como sociedad lo que tenemos que hacer es unirnos, denunciar la corrupción o porqué están pasando todo ese tipo de situaciones.

“El padre golpea, los hijos golpean”

Profesora de inglés, 26 años, soltera, Puebla.

Es muy común la violencia contra las mujeres en México y en Puebla, se puede encontrar en cualquier lugar inclusive en la escuela, el trabajo, el noviazgo, e incluso también en el matrimonio donde normalmente te dicen: “Es tu responsabilidad, no la mía”.

Yo no estoy a favor del aborto, pues atenta contra la vida pero es decisión de cada quien tiene que asumir su responsabilidad, en el caso de la señora que mataron por el aborto no tenía que haber sido así, igual un castigo sí pero no matarla.

He conocido casos de violencia cercanos pero no la he sufrido. Estos casos están sucediendo porque no se dan los valores necesarios en casa y por eso el machismo todavía existe, además que desde casa todavía se crean situaciones donde la mamá dice “Eso es para tus hermanas, no para ti”.

Si se diera una situación de violencia con mi pareja, hablaría primero con él, y en dado caso ir a hablar con quien sea pertinente como es la autoridad

Para impedir estos crímenes yo promovería los valores y la equidad y mejorar el sistema judicial pues es muy malo, porque ya casi tienes que estar muerta para poder hacer algo y eso no tendría que ser así. sino investigarlo desde antes.

La sociedad civil más que señalar, debe ayudar a las personas que están pasando por estas situaciones y denunciarlas.

“Primero va la violencia verbal y emocional”

Artista plástica, 23 años, soltera, Puebla.


En realidad no sé mucho sobre la violencia de las mujeres en Puebla y México y no tengo una opinión muy clara, pero obviamente no está bien pero en realidad no tengo muchos datos de violencia.

Sé que hay violencia verbal y psicológica, y yo he estado mucho en contacto con el verbal y el psicológico. Y no solo de hombres a mujeres, también de mujeres a hombres. Violencia incluso emocional, y se presenta en chantajes y críticas que podrían parecer muy inofensivas pero que en realidad son muy directas. Hasta el sarcasmo es un tipo de violencia, aunque digan que no lo es, está como escondido pero ahí está.

No podría dar un caso de violencia que no manches esté cabrón pero yo creo que emocional en todos lados, en todas las familias, abuelos, hijos, nietos, primos, tíos, el mundo está lleno de violencia. Tanto que estamos acostumbrados a ella y ya ni siquiera la vemos.

Yo como artista, cuando necesito algún trabajo de carpintería o de herrería, voy al taller y a veces por el hecho de ser mujer como que no te pelan, te dan el avión, te cobran de más, no te explican, te discriminan, como que este trabajo no es para ti, no sé qué haces aquí, fuchi, pero nada muy violento, sólo te hacen menos.

La historia de la violencia contra las mujeres en México es muy larga, pero yo veo que son las mamás las que les enseñan a los niños y a las niñas que somos diferentes, que tenemos capacidades diferentes, que los niños tienen que hacer unas cosas y que las niñas otras, que las niñas no sirven para algunas cosas, que los niños no sirven para otras. Entonces yo creo que viene desde ahí, desde el núcleo familiar donde se hace la diferencia.

El tema del machismo es un tema muy complicado, pues se usa mucho cuando el hombre discrimina a la mujer pero precisamente como inicia desde el núcleo familiar, es cosa también de las mujeres, son las mismas mujeres las que se ponen en un situación diferente o incluso inferior y es ahí donde está el problema, que no son ellos los hombres. Bueno, a lo mejor sí nos han designado a las mujeres como seres inferiores mucho, pero somos también nosotras las que hemos permitido que continúe.

Si yo estuviese en una situación de violencia con mi pareja, lo dejaría y ya después depende de a qué grado haya llegado la situación habría que ver si se le acusa de algo.

Para impedir estos crímenes, es fundamental la educación, la educación en la escuela y en el núcleo familiar.

No estoy muy familiarizada con el sistema judicial en el país pero por lo que sé no funciona muy bien pues cada quién hace lo que quiere. Es más como la ley del a selva, cada quién tiene que hacer lo que tiene que hacer para sobrevivir pues este tema de la violencia contra la mujer es un tema pero no es el único. ¿Cuántos presos inocentes hay y cuantos culpables están en la calle? ¿O qué nivel de justicia se está aplicando a cada quién? Es un tema mucho más grande, que va más allá.

Para cambiar esta situación de violencia se debe empezar a hacer conciencia de lo que pasa con nosotros, con nuestra pareja, con nuestros hijos, con el núcleo familiar. Empezar a hacer conciencia de nosotros en el mundo, en la familia, en la escuela y de ahí para afuera, tiene que empezar el cambio desde dentro.

Están cambiando muchas cosas, cada vez más rápido pero todavía hay una gran discriminación, de hecho es algo que he estado pensando apenas, pues a mí siempre me pareció que los hombres y las mujeres teníamos los mismos derechos, pero con el tiempo he ido leyendo y me he dado cuenta de que realmente esta igualdad relativa se ha logrado en los últimos años y no es una igualdad verdadera pues sigue habiendo muchas distinciones, pero yo creo que poco a poco, trabajando todos se puede lograr una igualdad.

Viene de la familia, nuestros papás les pegaban a nuestras mamás”

Ama de casa, trabajadora doméstica, casada, 35 años.

Es mala la violencia contra las mujeres, no hay que dejarse y hay que denunciar porqué ya tenemos más apoyo para la mujer. Yo no he sufrido casos de violencia pero si me han platicado que les pega su marido, más que nada les pegan y no les dan su gasto.

Esta violencia viene de la familia, pues nuestros papas les pegaban a nuestras mamás y los hijos siguen ese caminito y en realidad así es, los hijos hacen lo que hacen los padres. Además, se dan casos de violencia de mujeres a hombres pues se dice “Si tú me pegas, yo también te puedo pegar.”

También se da por otros factores como la desesperación en el trabajo, o que no hay trabajo, pues una como mujer le pide el gasto al marido y él no tiene trabajo o están pagando muy poco.

El machismo es cuando se quieren creer muy hombres, diciendo que él manda. En caso de que una situación de violencia se diera con mi pareja, yo lo abandonaría y lo denunciaría.

Para evitar que se siga propagando esta violencia, hay que platicarlo, no llegar al grado de que ni él me pegue ni que yo le pegue, y platicar para tenernos confianza y dar un buen ejemplo a nuestros hijos para que ellos no lo puedan repetir.

El sistema judicial en nuestro país están muy mal, pues ni nos hacen caso, les hablas y pues ya pasaron las cosas, y ya hasta se fueron los criminales y el policía apenas llega, que luego no llegan y para evitar la violencia la colonia ya se junta con un silbato, y se hace justicia por la propia mano.


“El problema es por falta de educación”

Nombre María Teresa Méndez Juárez, 45 años, computóloga, casada.

La violencia contra las mujeres en México y en Puebla es un gran problema que lejos de erradicarse, se acentúa cada día más al grado de incrementarse los feminicidios. Desafortunadamente, conozco de estos casos.

Esto está pasando en México por la falta de educación, principalmente, y el origen de estos conflictos son la falta de educación y la pasividad en los medios de comunicación, la falta de oportunidades y que los organismos gubernamentales no hagan su trabajo.

Lo que provoca esta realidad de violencia, a parte del machismo, es la falta de autoestima en las mujeres.

Yo no lo toleraría si se me diera esa situación con mi pareja.

Para impedir estos crímenes se requieren programas educativos y de regularización en los medios para que difundan los derechos en la igualdad de género. Si bien no se puede impedir que vean o dependan tanto de la Tv, en las telenovelas, en los programas de espectáculos, etc., pueden informar y servir como medios para concientizar.

El sistema de justicia en nuestro país es retrograda y la respuesta como sociedad civil es: educación.

“El machismo de los hombres y la pasividad de las mujeres”

Anónima.

La violencia contra las mujeres en México y en Puebla es un gran problema al que nos enfrentamos las mujeres, creo que la liberación femenina desató más fuerte este problema, pues el machismo del mexicano se vio afectado al ver que las mujeres podemos hacer o desempeñar los mismos trabajos

Esto está pasando esto en México por el machismo del mexicano y por la pasividad de las mujeres que lo padecen.

Estos conflictos se originan la igualdad de géneros.

Yo no permitiría, que se diera esa situación con mi pareja, pues a la primera agresión se pone un alto.

Para impedir estos crímenes es necesario concientizar a la sociedad que denuncie el problema. El sistema de justicia en nuestro país es deficiente y la respuesta como sociedad civil debe incluir apoyo sicológico y moral a las víctimas

“El sistema judicial es nefasto”

Elena Catzalco León, 46 años, licenciada en Lenguas Extranjeras, casada.

La violencia contra las mujeres en México y en Puebla debe penalizarse, hace algún tiempo la sufrí. Esto pasa en México por miedos o cobardía y estos conflictos originan inseguridad e impotencia. Los hombres son personas inseguras que quieren sentirse superiores, pero que son finalmente acomplejados. Si se me diera esa situación con mi pareja, lo denunciaría.

Para impedir estos crímenes, es necesario exigir los derechos al respeto y a la seguridad, pero el sistema judicial es nefasto, pues los servidores públicos hacen muy engorrosos los trámites para las denuncias. El sistema de justicia en nuestro país es nefasto, pues no se toman con seriedad su papel y hacen tediosos los trámites.

La respuesta como sociedad civil debe exigir nuestros derechos y presionar a las autoridades.

“El sistema sigue protegiendo a los hombres”

Giselle A. Blanco, 21 años, psicóloga, unión libre.

Creo que como sociedad mexicana hemos hecho progresos en cuanto a los derechos de las mujeres, pero es una lástima que la violencia hacia las mujeres se nos haga de lo más común, ya que como mujeres la mayoría en México somos educadas para buscarla y tolerarla, lo que implica que poco a poco esto en Puebla se ha generalizado tolerando estos feminicidios, por lo que debemos reorganizarnos como sociedad poblana y dejarnos de planteamientos religiosos que resultan hipócritas y que fomentan aquí en puebla aún más violencia.

Conozco de un caso cercano, mi prima hace dos semanas murió asesinada a manos de su ex pareja.

Esto está pasando esto en México porque los hombres están sintiendo que pierden "el poder" puesto que ya existe más información y cambios feministas que los dejan desprotegidos en su ámbito evolutivo del macho dominante.

Creo que todo influye para provocar esta realidad de violencia: la falta de cubrimiento a las necesidades básicas así como la neurosis masiva que vivimos por la razón de "vivir". Como mujer feminista valoro a los hombres por su naturaleza humana y su posibilidad de cambiar de así desearlo, pero de igual forma creo que estos miedos de perder virilidad o poder los convierten en seres impulsivos poco razonables que hasta cierto punto algunas mujeres con su tolerancia hacia esto siguen fomentando la existencia del machismo. Yo creo que es un problema de las dos partes por la falta de información sobre el machismo, feminismo o hembrismo, cosas que se deben explicar a las nuevas generaciones.

Si se diera esa situación con mi pareja, yo valoraría mi ser completo y lo dejaría, si lo puedo ayudar lo ayudaría a reeducarse si él lo permite y desea, si no, me retiraría con la fuerza de mí misma.

Para impedir estos crímenes se necesita reeducar desde la familia y las madres que no sigan creando mujeres tolerantes a esta violencia ni hijos provocadores de la misma.

El sistema de justicia en nuestro país es un sistema que no sirve, que sólo fomenta mayor violencia, que deja al descubierto esta naturaleza evolutiva que en estos días no es funcional. Y nos obliga a defendernos por nuestra propia mano generando así un ciclo social inadecuado o inapropiado que no termina. En resumidas cuentas, es un sistema que sigue protegiendo al hombre y no a todos los seres humanos como tanto lo divulgan.

¿Cuál debe ser la respuesta como sociedad civil? No descuidar nuestro auto descubrimiento ni a nuestras familias, dejar de pensar que el dinero y los bienes nos van a hacer felices. Simplemente yo creo que debemos reeducarnos para hacer nuevas generaciones productivas y felices que convivan dentro del amor y la paz y no dentro de la guerra, y el deseo siempre persistente de no sentir ese gran hueco en nuestro espíritu. Asistir a terapia.

Mundo Nuestro. El mundo se sostiene por las mujeres. En México esa raíz es la más profunda. Ellas la guardan, como la tierra, en la memoria de sus ojos y de sus manos. También en el canto dulce, a veces triste, otras aguerrido, siempre nostálgico. Con esta crónica de una mujer del pueblo amuzgo Huehuetónoc, en la sierra que baja a la costa chica guerrerense, Mundo Nuestro quiere recordarlo.

Aurora

Tiene 52 años, mi edad. Le mataron al marido hace unos años, y sus asesinos pagaron con sangre y cárcel el crimen. Pero la desgracia se ha desvanecido como la bruma de la mañana, y uno sólo encuentra en ella la sonrisa asentada y tersa de la luz de la media tarde en el campo.



Su sonrisa viene de muy lejos, como si hubiera vivido siempre en Huehuetónoc, como si la escuela primaria 5 de Mayo en la que trabaja de conserje siempre hubiera contado con esos salones a los que llegó recientemente el gol por la educación para instalar las 16 computadoras, como si el salón de primero, con su piso de tierra y su techito de zinc sin paredes ni ventanas la hubiera escogido a ella como la primera alumna para el reto brutal de aprender a escribir en español sin entender una sola palabra castellana. Es Aurora, con el huipil rojo de pájaros y plumas que esconde su cuerpo voluminoso, redondo, como su rostro restirado por peinado atado a la nuca por ligas y pasadores. Aurora tiene la profundidad serena de los ojos negros, y la cadencia en la voz para pasar con ella la vida entera para escuchar sus historias, sus recuerdos, su canto.

“Ya ahora, en este tiempo –dice--, ya no quieren ser campesinos, ahora quieren que el vestido, que el reloj. La misma familia de los inditos ya no quieren, por eso yo le dije a una maestra yo le voy a cantar una canción que yo estoy observando en mi tiempo, y se la voy a cantar un cachito, no todo...

“Cuando a mí me gusta salir a los campos del hermoso pueblo donde yo nací, con mi retrocarga y mi cuaco retinto y mi voz por delante eso sí que sí.
Todos critican que aquí mi pueblito pues sí los inditos pues usan calzón, para qué queremos andar bien vestidos andar presumiendo sin cargar tostón.

Por ai se encuentran algún catrincito que maneja el carro de la población, con gusto le dicen las muy presumidas por ai yo te espero justo en mi cantón...

“Se la compuse a las chamacas presumidas. Hice otras, pero se me olvidan. Aquí la gente canta en la canción amuzgo, los hombres, cuando se enamoran de una muchacha ya agarran su botellita con su aguardiente y ya se sientan junto la muchacha y ya le están echando las flores y ya le dicen te voy a cantar el ticucha, la canción que te dediqué para ti, y ya la muchacha le dice cállate, yo no quiero oir nada. Y ellos la cantan, pero en amuzgo, con su canción enamorando la mujer. Mi esposo, ¡él no me cantó!, muy borracho, me enojaba con él, lo único que él me cantaba el barrio pobre. Ora ya no hacen eso, ora pura canción moderna, ora la juventud si canta el amuzgo, el ticucha, se burlan de ti. “



Aurora canta en amuzgo una canción de las antiguas: Cuando yo me enamoré de ti, me pensé mucho en ti, yo te dije en mis palabras que me gustabas, tú me despreciaste pero no me rechazaste. Yo estuve contigo porque yo te quiero, en nadie veo más bonita, como tú una flor en una peña muy grande que yo tuve que alcanzar. Me gusta esa flor, y aunque yo me caiga de esa peña levantaré la flor, porque me gustó... Pobre mujer chula, como una flor de la peña...

Mundo Nuestro. Este texto del escritor poblano Günter Petrak fue publicado originalmente en el portal de facebook Puebla Antigua.

A mediados de los ochenta, mientras estudiaba la Licenciatura en Psicología, conseguí un empleo temporal en Africam. Ahí conocí a Alejandro Meléndez, un artesano talabartero, proveedor de las tiendas del zoológico. Cuando terminé mi contrato le pedí que me enseñara a hacer lo que él sabía y generosamente lo hizo. Sin hacerle competencia (elaboré diseños muy diferentes), me volví también proveedor de Africam. Pero en 1989 la crisis alcanzó al ramo peletero y muchas empresas quebraron, incluida la mía. Con mi título en mano conseguí incorporarme a la planta docente de la Ibero, gracias a mi querida amiga Beatriz Samaniego y le regalé a Alejandro la mayoría de mis herramientas y materiales de artesano. Él siguió luchando por sobrevivir en el ramo. Me lo encontré varias veces, con su pareja, en stands de feria y en puestos ambulantes. La última vez que vi a su esposa le pregunté por él, me contó que había muerto…

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Soy un hombre de nostalgias. Al principio de esa década conocí también al camarada, al amigo Gallo López. Su reciente fallecimiento me empujó a caminar los espacios de antaño. Fui al Carolino, a la Casa de la Cultura, pasé por la Facultad de Psicología y por los lugares donde estaban las peleterías en las que me abastecía de insumos para mis productos. En el barrio de El Alto, cerca del mercado la Acocota, estaba una tenería de la familia Scougall; hace años que dejó de existir. Frente a la capilla de Dolores, a unos pasos del teatro Principal estaba la “Peletería Toño”. Hace apenas unas semanas que cerró sus puertas. Lo mismo pasó con otra en El Parián. La única que se mantiene, aunque quizá por poco tiempo, es la “Peletería Pegaso”, en la 2 oriente. Platiqué con el dueño, un hombre muy mayor que ya resiente el peso de los años, y sus dos hijos. Desgraciadamente no fue fácil evadir el pesimismo, su negocio está destinado a desparecer pronto. Les compré una pieza de carnaza y me hice un par de monederos con los sacabocados y las tijeras que aún conservaba en una vieja caja de zapatos, debajo de la escalera. Si yo pudiera, no le pondría monedas a esas piezas, las llenaría de recuerdos gratos, de amigos, de nostalgia…

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Vida y milagros

Largo ha sido el camino de la opiáceos desde que los seres humanos domesticaron a la planta de la amapola y empezaron a cultivarla hace siete mil años en el sureste mediterráneo europeo. Los opiáceos fueron usados a lo largo de los siglos como medicina contra el dolor, pero también como planta ritual, mágica y sagrada. Hay vestigios de ello en Italia y Alemania, pero también se encontraron cápsulas de esta planta en una cueva cerca de Granada.

500 A.C. de Cristo, el médico griego Hipócrates desechó la idea de que el opio era mágico y la definió como una sustancia analgésica y antihemorrágica. También como una sustancia de cuidado. 320 años A.C., cuando Alejandro Magno extendió sus dominios, llevó consigo a la amapola y la introdujo en Persia y la India. Desde de ahí llegó hasta Egipto y China, en donde se arraigó para múltiples usos. Durante siglos se consideró a los efectos que producían los derivados de la amapola como mágicos y místicos, aunque desde siempre supieron de su cara oculta y dañina cuando se abusaba de ella.
Durante la edad media, casi todo lo que venía de oriente era considerado demoníaco, así que el opio fue prohibido en su lugar de origen, Europa. El gran incremento de la navegación en los siglos XV y XVI reintrodujo el opio y se volvió común usarlo entre los marineros y viajeros frecuentes. Poco a poco se experimentaría para otros usos.
En 1522, Paracelso creó el láudano, un brebaje alcohólico en base al opio, que podía ser usado con precaución y moderación para combatir el dolor. Aún no se comprendía el mecanismo que generaba su adicción, pero sí que su abuso podía destruir a las personas. Debe de haber sido una maravilla tener ese menjurje para un dolor de lo que fuera.
En 1804 el alemán Sertüner sintetizó y comercializó el alcalino de la amapola y de ahí extrajo la morfina, la llamó así en honor a Morfeo, el dios del sueño, porque su uso suele inducir un sueño profundo. Este compuesto activo aislado fue comercializado por su compañía farmacéutica a partir de 1817, fue usado como analgésico, anestésico, y , curiosamente, como tratamiento para combatir la adicción al alcohol y al opio. Se ignoraba lo adictiva que podía ser. Su uso se extendió y varias de sus formas se llegaron a usar para tratar enfermedades comunes o dolores terroríficos.
Durante la guerra civil americana se usó ampliamente para abatir el sufrimiento de los soldados heridos y dejó una secuela de 400 mil soldados adictos, por lo que al abuso de su consumo se le llegó a conocer como "la enfermedad del soldado".
Hoy en día hay diferentes métodos, patentes y formas de procesar el alcaloide de la morfina. El estudio de la fuerte adicción que puede producir en quienes la usan la volvió no solo una droga controlada, sino prohibida y mal entendida.
En México, particularmente durante la segunda guerra mundial, el gobierno de Estados Unidos fomentó junto con nuestro gobierno la siembra de amapola de manera legal e intensiva con la finalidad de tener morfina accesible para sus soldados en el frente. Cuando terminó la guerra, los campesinos dedicados a cultivarla fueron advertidos de que el estatus de la amapola había cambiado y había sido proscrita. Nunca se asimiló tal esquizofrenia. No se dejó de producir, pero su cultivo se volvió ilícito y perseguido. La enfermedad del soldado regresó y proliferó en el siglo XX en Estados Unidos y contagió a muchos que jamás habían pisado un frente de guerra.
Como toda prohibición, se construyeron caminos para darle la vuelta. Los que la querían para un viaje alucinante o para alimentar una adicción, podían encontrar caminos para llegar a ella. Para quienes la necesitaban para paliar el dolor de una enfermedad progresiva o terminal, el producto se volvió casi imposible de conseguir. Eso sucedió en México durante la segunda mitad del siglo XX . Eran tantos los requisitos que se le exigían a los médicos para poder recetarla y a las farmacias para poder venderla, que en la práctica desapareció del mercado. En 1995 viví de cerca la dificultad para conseguir morfina de manera legal y a tiempo para una queridísima señora con un cáncer terminal. Lo que pudo ser una muerte piadosa usando la morfina como paliativo no fue opción en esos años; miles de pacientes murieron sin poder acceder a ella a pesar de ser muy barata.
Cada organismo procesa la morfina de manera distinta. En general produce un poderoso efecto relajante, analgésico y narcótico. La morfina es un bálsamo extraordinario para paliar el dolor más violento, ese dolor que ya no es útil para alertar al cuerpo acerca de que algo está mal y debe corregirse, sino al que ya lo tiene tomado sin utilidad alguna para el organismo.La morfina produce silencio en el cuerpo desde el cerebro. En el libro de Manuel Puig, El beso de la mujer araña, los torturados en una cárcel argentina eran enviados a la enfermería a mal morir. Ahí, un piadoso enfermero les inyecta morfina, les induce la muerte en secreto y los salva del horror del dolor.
Es importante el entender el porqué de la regulación. Yo pensé que la morfina era relativamente inofensiva y solo peligrosa por adicción o sobredosis. En lo personal tuve la experiencia de usar un parche de morfina por una operación de hombro. El hombro no se mira como algo que pueda causar grandes molestias. Falso. El hombro, como la morfina, son de cuidado. El dolor de hombro y la morfina te comen territorio a base de tenacidad.
Hay a quienes un solo parche de liberación prolongada les quita el dolor, aunque produce muchos efectos secundarios, principalmente somnolencia y alucinaciones de moderadas a graves. Hay otros, como a mi, que durante cuatro meses usé el parche según lo indicado sin haber cambiado mi percepción del mundo y sin haber soñado nada que fuera digno de recordar. Ni siquiera dormí de más y estuve dichosa de haberle dado el esquinazo al hombro que había decidido tener vida propia sin mi consentimiento. Digamos que el hombro y yo nos odiábamos y queríamos cosas distintas e incompatibles. La morfina lo aplacó y lo volvió parte del silencio propio de un organismo sano. Dejó de protagonizar en las noches y a obedecer de día.
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El problema vino cuando creí que podía dejarlo como quien se quita una curita. Cinco días después de haber abandonado el parche en la basura, el síndrome de abstinencia se apareció con un amplio menú de efectos secundarios: ansiedad, temor, intolerancia al ruido, una manada de caballos a galope en el lugar del corazón, tremor, y lo más sorprendente, los sueños vívidos. Tenía razón Hipócrates ¡Qué magia ni que conversaciones con los dioses! De repente aparece en tu cuarto una fiesta oriental, un calabozo del medioevo, una persecución , un abismo de riesgos físicos, olas embravecidas, amigos que te engañan, situaciones absurdas, tiburones en una alberca, oscuros callejones sin salida, lo que menos deseas en la vida, o lo que mas quisieras y no tienes, todo, ahí en vivo, la experiencia que sea, del calibre que sea, la oyes, la ves,la hueles, la sientes, la saboreas, todo en tercera dimensión. Lo que te sucede estando despierto lo puedes ir sorteando, pero los sueños vívidos son incontrolables. Cuando despiertas, crees que detrás de la puerta, o a tus espaldas, ahí sigue todo el tinglado. Cuatro o cinco veces por noche.
Como la ignorancia es muy atrevida, pude dejar el parche con pequeños y grandes engaños al cuerpo. El primero fue decirle que en cualquier momento le volvería a regresar el parche al punto que quisiera de la espalda. Solo le pedí que esperara un día. Y al día siguiente, otro. Le fui echando pedacitos de opiáceos sintéticos, cuartitos de ansiolíticos, inhibidores de la adrenalina mala, lecturas larguísimas acerca de la morfina y sus secuelas, caminatas interminables para cansar al cuerpo. Lo último que se fue, fueron los sueños vívidos.
Si volviera a estar en la misma situación, volvería a echar mano de la morfina. Me hubiera gustado saber lo que era y lo que producía antes de empezar a tratarla con exceso de confianza. El dolor que no alerta y solo desquicia merece ser combatido adecuadamente con las herramientas medicinales que la naturaleza y la sabiduría nos han dado. Desde luego sí hubiera debido saber ampliamente quién era la morfina y qué producía antes de usarla. Lo único que no se puede ni debe es tomarla a la ligera. Los pacientes terminales o con dolor a largo plazo tienen derecho a tenerla entre los cuidados paliativos que existen. Toda la que necesiten. Todos deberíamos de recibir una educación fundamental acerca de sus bendiciones, las dosis adecuadas y sus efectos secundarios adversos.