Sociedad

Mundo Nuestro. En el año 2000, durante diez semanas, un grupo de mujeres migrantes mexicanas residentes en Independence en el estado de Oregon, en Estados Unidos, se reunieron con Efraín M. Díaz Horna y Dick Keis, como parte del proyecto de escritura comunitaria, para contar ellas mismas sus propias experiencias. Con autorización de Dick Keis, seleccionamos para Mundo Nuestro algunos de esos testimonios, que ilustran la vida de estas mujeres en los Estados Unidos. Todos ellos fueron tomados del libro Voces de esperanza/Voices o hope, Writings from Libros y Familias, Milpa Press, Oregon, EUA, 2002.



Voces de esperanza: Mujeres mexicanas en Indepenence, Oregon

Cocina










A mí me gusta mucho coleccionar recetas de cocina porque me gusta cocinar, hacer galletas y pan. Pero lo que preparo me gusta que quede como yo quiero. También me gusta hacer tortillas de harina y de maíz.



Seguir la tradición de mi tierra se me hace muy difícil porque muchos de los ingredientes que necesito no los puedo conseguir en Dallas. Yo siempre les hablo a mis hijos de esta tradición pero me preocupa que mis hijos no muestren interés por lo que les cuento. Esto se debe tal vez a que la vida aquí en los Estados Unidos es muy diferente. Yo siempre me la paso hablando con mis hijos de como vivíamos y acerca de lo que hacíamos en México, y ellos me contestan que no les gustaría vivir en México.

Esto me preocupa muchísimo porque aquí no tenemos seguridad y no es nuestra tierra.

Miriam Camacho



Independence



Independence es un pueblo pequeño rodeado de muchas riquezas naturales que muchos pueblos desearían tener. Por ejemplo, tiene un rio –me parece que baila y canta—que cruza a lo largo del pueblo, arboles verdes y frondosos donde los pájaros pueden anidarse y cantar sus más bellas melodías al amanecer. Estos árboles a su vez dan a sus habitantes un poco más de vida al permitirles respirar el aire puro que ellos desprenden.

Independece es un paraíso, sus recursos naturales son una joya preciosa. Cualquier otro pueblo o ciudad grande y luminosa ya desearía poseer las riquezas naturales de Idependence.

En este pueblo los habitantes llenos de vitalidad trabajan arduamente de sol a sol y desean siempre que la noche se acorte para empezar un nuevo día.

Independence es un pueblo pequeño donde está presente la mano de Dios.

María Isabel Campos.

Mis sueños se hacen realidad

Tiempo atrás, yo soné que con paciencia las cosas cambiarían en mi vida. Especialmente después de que mi hija cumpliera quince años. Así es que alrededor de seis meses antes de su cumpleaños, mi hijo mayor decidió que quería casarse. Entonces yo empecé a preparame para cocinar para trescientas personas, algo que no nunca había hecho.

La boda se celebró tres semanas antes del cumpleaños de mi hija. La boda fue un éxito, especialmente para mí, porque mi autoestima subió por la experiencia que tuve al haber cocinado para tantas personas. De esta manera, para el cúmplanos de mi hija cocinar fue más fácil. En esa ocasión cocine para alrededor de cuatrocientas personas. Otro éxito para mí porque logre algo que nunca pensé que podría hacer.

María Isabel Campos.

El regreso a mi rancho



Yo me vine a este país cuando era muy joven, recién me había casado. Los primeros años fueron muy difíciles para acostumbrarme a vivir aquí. Fueron bastantes los cambios que tuve que hacer en mi vida. Lo que más extrañaba era a mi mama y a mis hermanos, o sea lo hermoso de vivir en una familia grande, el poder compartir cada día, entre mucho trabajo, alegría y bullicio, la vida en un clima de amor que a mí me parecía muy bonito.

Después de llegar aquí yo abrigue las ilusiones de poder regresar pronto, aunque fuera solo de visita. Pero pronto me di cuenta de que no sería nada fácil.

Transcurrieron seis años antes de que pudiera regresar a mi ranchito, para ese tiempo yo ya tenía un hijo y dos hijas.

Fue un viaje muy bonito, aunque estuve preocupada al no saber cómo iban a reaccionar mis hijos al visitar mi tierra. Existen muchas diferencias entre los dos lugares. Nuestros hijos ya estaban acostumbrados a otra forma de vivir y sabía que las comodidades de aqui no existen alla.

Encontre mi rancho igual que antes, con tristeza lo digo. Siguen sin carretera pavimentada, tienen un camino de terraceria en pesisimas condiciones. No tienen servicio de electricidad ni agua potable, hay un pozo de donde sacan agua cada dia. !Es tanto trabajo el que se debe hacer tan solo para tener agua para beber en casa!.

Asi recuerdo el viaje de regreso a mi querido ranchito.

Susana Cervantes.

Las escuelas en México



Las escuelas de Mexico son muy bonitas pero muy diferentes de las escuelas de Oregon. Por ejemplo, en Mexico los recursos economicos y el gobierno no estan bien. No hay alimentacion para los ninos ni materiales escolares. En Mexico no existe la ayuda que se presta a los maestros de Oregon. Una maestra tiene a su cargo 50 o 60 alumnos y por lo tanto es muy dificil mantener el orden.

Cuando yo era pequena me gustaba ayudar a mi maestra y le ayudaba todos los dias. Recuerdo que la ayudaba a preparar las celebraciones de la escuela. Las escuelas, a pesar de su pobreza, y esto es muy bonito, cuando era un dia de celebracion lo hacian en grande. Por ejemplo, el 10 de mayo, Dia de la Madre, organizaban bailes par alas mamas; leian poemas, cantaban y preparaban una pequena merienda y ofrecian agua fresca para tomar.

Recuerdo que un 10 de mayo hubo una bonita fiesta para las mamas. En un teatro se represento un cuento de hadas, El Lago de los Cisnes, en donde yo baile. Fue un ballet muy bonito, era un cuento de amor dedicado a las madres.

Tambien se festejan los siguientes días: el día del maestro, el día del niño, el día de los estudiantes, el día del padre, el día de la secretaria, etc. Es muy bonito recordar esos momentos. Pero más bonito es reconocer el esfuerzo de las personas que luchan por un mundo mejor.

Sofía García.

La semana santa



Yo recuerdo que cuando yo vivía en México la gente de allá celebraba la Semana Santa con mucho respeto y devoción.

Cuando era Jueves Santo, mi mama no nos permitía ver la televisión ni escuchar música, en la iglesia había varias actividades y nosotros teníamos que asistir a todas. Para mí todo eso era una experiencia muy bonita, porque aunque había una tumba vacía estábamos recordando la muerte de Jesucristo.

Aquí todo es diferente. La gente no tiene tanto respeto como antes o como en México. Mis hijos me preguntan que por qué tenemos que ir tanto a la iglesia en los días de Semana Santa. A ellos no les gusta mucho ir a la iglesia, prefieren quedarse en casa viendo la televisión y eso me molesta.

Maria Ramirez.

Tradiciones familiares



En mi familia, cuando se acerca la Navidad, procuramos mantener nuestras tradiciones. Empezamos el 3 de diciembre con los rosarios a la Virgen de Guadalupe. Se rezan los nueve días que terminan el 11 de diciembre. El 12 del mismo mes nos levantamos muy temprano, a las 4 de la mañana, par air a la iglesia a cantar las mañanitas y después en la tarde asistimos a misa. Después que termina ese día esperamos hasta el 16 de diciembre para asistir a las posadas que terminan el 24 de diciembre y asistimos a los eventos que se celebran en la iglesia. Durante el mes nos preparamos con los arreglos del árbol, le ponemos lo que podemos. Yo recuerdo que una vez uno de los niños me pidió que le pusiéramos un Santa Claus. Yo le conteste: ese señor no tiene nada que hacer en mi casa, aquí se pone el nacimiento del niño Jesús que es el que celebramos. Y así trato yo de mantener la tradición de mi familia. No sé si estaré equivocada pero lo hago porque esa es mi forma de pensar.

Elpidia Soto

Mi independencia

Salí de Guerrero, México por primera vez en septiembre de 1988. Llegue a Idependence y se me hizo muy difícil acostumbrarme al clima, a la comida, a muchas cosas.

Todavía no se manejar un carro ya que se me hace muy difícil aprender. Han tratado de ensenarme pero me pongo muy nerviosa. Mi esposo ha tratado de ensenarme pero se pone más nervioso que yo. Tendré que poner más empeño y voluntad para aprender a manejar. ¡Necesito hacerlo! ¡Significa mi independencia!

Carlota Trujillo.

Lavando en el arroyo



Nací en San Pedro de la Sierra, en el municipio de Valparaíso, Zacatecas. Soy la sexta en una familia de once, y la mayor de las mujeres. Tengo ocho hermanas y dos hermanos.

Mi pueblo es una comunidad rural de unas 150 familias y está alejado de las grandes ciudades, no tiene luz eléctrica ni agua en las tuberías.

Recuerdo que cada semana íbamos a lavar al arroyo. En el tiempo de agua, que es de junio a septiembre, no teníamos que ir lejos, pues el arroyo más cerca quedaba a solo kilómetro y medio de la casa, pero en tiempo de secas teníamos que ir lejos --como a cinco o siete kilómetros-- para encontrar agua. Nos levantábamos a las seis de la mañana, molíamos el nixtamal, hacíamos las tortillas y el almuerzo, y como a las 9 de la mañana nos salíamos rumbo al arroyo.

Lo que más me gustaba preparar para comer al mediodía eran tacos de frijoles en tortillas de harina, o carne seca en una salsa que sólo mi mamá sabe preparar, o cuando no había carne sólo poníamos salsa. Algunas veces otra familia iba con nosotras a lavar, eran una señora y su hija. Usualmente compartíamos la comida y creo que a la muchacha le gustaba nuestra comida. Mientras estábamos lavando ella se paraba, iba al lugar donde teníamos la comida y mirábamos que sacaba algo. Cuando llegó la hora de la comida fuimos todas a comer y descubrimos que casi toda nuestra comida había desaparecido.





Sin duda en este día todos se acuerdan de que tienen o tuvieron una. Muchos festejan a su madre el 10 de mayo, pero pocos la valoran el resto del año. Y hay incluso, quienes no recuerdan a quien les dio la vida.

El 10 de mayo en todas las escuelas las festejan con festivales que comienzan a partir de las diez de la mañana, con eventos artísticos, rifas de regalos y demás; o en las Juntas Auxiliares de las poblaciones, los parques y cualquier otro lugar. A nadie le importa que tuvo sus inicios en 1913 en Virginia del Oeste en Estados Unidos, ni que el día internacional es el 22 de abril. En México se oficializa esta celebración a mediados del siglo XX: “reconocer el trabajo de aquella mujer que nos dio la vida, “la luchadora incansable”, “aquella que carga con todo el peso de educar y sostener a sus hijos, de protegerlos y de amarlos sin condiciones, sin pedir nada a cambio”; “ella, la que sufre de todo, antes y después del parto, la que desempeña más de un papel, la que es esposa, ama de casa, lavandera, tortillera, vendedora, profesionista, campesina”, etc. “Ella es la razón de nuestra existencia: la madre.”

Así, año con año.



¿Y qué piensan ellas? Aquí algunas experiencias y opiniones de tres mujeres del campo, dos de ellas madres solteras acerca del significado de ser madre en Puebla. A las tres las conozco, vivimos en el mismo pueblo. Me tienen confianza. Me cuentan parte de su vida.

Los hijos son muy crueles



Ester Flores De Jesús, 53 años. Campesina.



“Lo que más me resulta difícil de ser madre, es llamarles la atención a mis hijos, me siento, pues no sé si será debilidad o miedo, o sea, yo misma no me entiendo, pues los hijos no sé si ahora son así. Los hijos son muy malos, yo lo estoy pasando de una manera en que los hijos son de una manera muy cruel. Ahora me gritan, me alzan la voz. De chiquitos se empiezan a educar, pero yo les pegaba, lentamente, despacito; les pegaba poco, no muy exagerado, se ponían a llorar. Les di a mis dos hijos educación; mi ex pareja me ayudó para que estudiara el mayor. Lo más difícil que he pasado con mis hijos es que no tuve al verdadero padre del primero, ambos son hijos de diferentes padres, ahora el padre de la niña tampoco está conmigo, aun así me apoya con los gastos para su educación, pero se me complica porque la hago de padre y madre.

“A lo mejor por el quehacer no atiendo bien a mis hijos, pero trato de pasar tiempo con ellos. Me festejan mi 10 de mayo, es el único día en que se acuerdan de mí, me dan mi abrazo, me viene a ver mi hijo; pero me gustaría que mis dos hijos estuvieran siempre conmigo, pues ahorita tengo uno fuera, casi no lo veo, me siento sola y triste. Cuando estaban chiquitos era muy hermoso, los disfrute mucho pero cuando fueron creciendo, pues sufrí, se ponen rebeldes; más ahorita pues la niña. Uno tiene veinte años y la otra doce. No es fácil ser madre, una sufre mucho por tratar de sacar adelante a sus hijos como sea, y luego ellos no agradecen el esfuerzo, al contrario se apartan y se olvidan de que tienen madre. Y es allí donde se pregunta una en que falló para que los hijos se volvieran así. A veces, se viven carencias económicas, aun así he buscado la manera de sustentarlos con lo poco que se puede, les complazco sus antojos y gustos, pero no sé de qué manera hacerlos buenos hijos o por lo menos que me respeten y no me hagan sufrir tanto. Lo que una madre quisiera es que sus hijos sean hombres y mujeres de bien, no de la calle, groseros y rebeldes.”



Tengo siete hijos y los siete viven

Amelia Flores Dolores, 52 años, campesina.



“Mi vida como madre es muy pesada, porque fui madre y padre para mis hijos. Mi esposo murió hace mucho y yo me hice de cargo de todos, luchando contra todo para sacarlos adelante y darles una buena educación. Educaba a mis hijos llamándoles la atención, que se portaran bien, que no agarren el vicio, que no andarán en malos pasos y gracias a Dios ay la llevan. Tengo siete hijos y los siete viven. Lo más difícil de ser madre es que no tenía para todo, había muchas carencias, pero saque a todos adelante, lavando, vendiendo mi maicito, a barrer, de lo que fuera. Les he dado educación a todos. El 10 de mayo y cada ocho días o cada veinte días me visitan. He sufrido algunas veces porque me faltaba lo necesario para comer; peor que no sé yo ni leer ni escribir; saqué adelante a mis hijos trabajando; pues la vida de padre y madre es difícil.”

Gracias a dios, todo el año me visitan

Concepción Evangelista, 51 años, campesina.



“Tengo cuatro hijos. Educar a mis hijos ha sido difícil, porque para llamarles la atención tiene que pensar uno cómo hacerle para llamarles la atención. Nunca me han faltado al respeto, ora si, ni ellos, ni yo. Para cuando estudiaban todos, si me costó para que estudiaran. Con mi tiendita me ayudaba, a parte pues atendía mi trabajo de la casa, el campo, atendía a mis hijos y su papá también me ayudaba. Difícil no fue mi vida. Me siento feliz de tener mis hijos, de que los eduqué, los saqué adelante, les di estudio y lo poco que estudiaron les ha servido, ya que no quisieron seguir estudiando pero ya cada quien tiene su vida. Gracias a Dios todo el año me visitan, ya cada quien tiene su casita, pero ahí vienen cuando no trabajan. Yo opino que es muy bonito de celebrar el “Día de las Madres”, tanto, ora sí, antes nosotros celebrábamos a nuestras madres, ora mis hijos me festejan. Mi mamá, aunque sea un abrazo le iba a dar; ella me decía cuando era jovencita y ya me iba ajuntar con mi esposo: tienes que respetar a tu marido, luego a tus hijos educarlos. Los consejos que me daba y valores me sirvieron mucho, nunca me trató mal, siempre éramos muy unidas. Ahorita con mi familia vivo feliz, ya que a mis hijos les di todo lo que estuvo a mí alcance.”

Reflexiono en lo que me han dicho.

En el primer caso, como pudimos apreciar, a la madre le cuesta dejar a sus hijos, le es difícil verlos florecer, se ha aferrado a ellos porque es lo único que le queda, siente que al dejarlos partir se quedará sola y nadie verá por ella. Tiene una lucha campal por obtener el dominio completo de las vidas de sus hijos, piensa que el problema ha sido el tener dos parejas distintas y que ambos hijos no aceptan; sin embargo para ambos hermanos eso no importa, pues se llevan muy bien, conviven, nunca se han faltado al respeto y sobre todo, se apoyan.

En el segundo caso, la madre, a pesar de haber sufrido críticas muy fuertes de la gente por su forma de ser --pues hay quienes le han apodado “Amelia la loca” por proteger y luchar día a día por mantener a sus hijos--, no dejó que eso le afectara y pudo sacar a su familia numerosa adelante, una vez que su marido falleció. Esto me lleva a pensar ¿por qué la madre de dos hijos le cuesta educar más que la de siete?

El tercer caso, se trata de una madre, que ha tenido una familia unida, su vida es plena, sus hijos la respetan y disfruta no sólo del “Día de la madre”, sino de sus hijos todo el año; ella atiende una pequeña tienda de abarrotes, su marido es campesino, pero ambos educaron a sus hijos y les procuraron dar lo suficiente para brindarles una buena vida. Sufrió un poco con el crecimiento y desarrollo de sus hijos; no obstante, supo darles buenos consejos. Con esto, me queda claro que el legado de la familia, es decir, la educación y valores inculcados por los antecesores, es evidente para los hijos, los nietos y futuras generaciones. A veces unos repiten los patrones de comportamiento de los padres, otros intentan mejorar, y otros más, son mejores padres que sus padres.

Al final, pienso que todas tienen en común algo: hacen lo posible por sacar adelante a los hijos.

“Madre sólo hay una”, muy cierto, a pesar de los defectos o virtudes que estas posean, a la madre no se le juzga por lo que es, sino por lo que deja. No sólo un día es para apreciarla, cuando todo el año recibe disgustos de los hijos; es como decir que disfrute de un solo día para sufrir los demás; darle un día de descanso para cargar con los quehaceres de la casa todo el año; obsequiarle algo que todos usarán o que le será de utilidad en la cocina; compran el amor y el cariño de una madre en un día, cuando en los demás sufre de ausencias, desvelos, pesares, tristezas, corajes y demás.

Vida y milagros.

Invocar a la violencia, ni de broma. Nunca. Invocarla es echar mano de lo peor de nosotros mismos. En relación al meme de Ricardo Alemán que pretendió ser gracioso y que no quiero repetir, hoy quiero recordar el discurso de Robert Kennedy al día suguiente del asesinato de Martin Luther King en 1968. Robert moriría asesinado también dos meses después. Durante una parte de su vida no fue tolerante, pero aprendió a serlo ante la realidad de la violencia estúpida que se llevó las vidas de su hermano y la de Luther King. Creo que hoy vale la pena retomar su discurso, del cual hice una traducción que intentó ser lo más apegada posible al sentido de sus palabras.



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El twett en el que Ricardo Alemán alude al asesinato de López Obrador.



“La violencia y el abuso no construyen nada que permanezca”: Robert Kennedy. 1968



La pequeña pieza oratoria que a continuación reproduzco fue escrita para que la escucharan los habitantes de un país que cruzaba por un momento histórico tan difícil y violento como el de nuestro país de estos años. Quien las escribió fue Robert Kennedy. Independientemente de sus virtudes y defectos, en este discurso supo elevarse por encima de sus limitaciones para escribir un mensaje poderoso y vigente hasta el día de hoy. El discurso fue escrito el 5 de Abril de l968, al día siguiente del asesinato de Martin Luther King, el joven líder pacifista negro, activista de los derechos civiles y premio Nobel de la Paz, abatido a sangre fría por un francotirador en Menphis. Sus palabras fueron como una premonición de su propio asesinato dos meses después en un hotel de Los Ángeles, también a sangre fría, mientras hacía campaña para la presidencia de los Estados Unidos. La traducción del texto es mía pero está apegado al sentido del texto original.

Atentado en Bangladesh.

Jóvenes y sonrientes, estos hombres asesinaron horas después a veinte personas al grito de “Allahu Akbar” (Dios es grande).

"Hoy quiero hacer a un lado la política y aprovechar este espacio para hablarles brevemente de la insensata violencia que de nuevo mancha nuestro país y la vida de todos nosotros. Esta violencia no incumbe a una sola clase social, o a una etnia; las victimas abarcan a todos los ciudadanos que forman nuestro país. Pueden ser como tú o como yo, blancas, negras, morenas, ricas, pobres, jóvenes, niños, viejos, famosos o desconocidos. Las víctimas son, sobre todo, seres humanos a los que otros seres humanos querían y necesitaban. Nadie, viva donde viva o haga lo que haga, puede predecir quién va a sufrir un acto insensato de abuso, injusticia o derramamiento de sangre el día de hoy. Sin embargo, el deterioro de quienes ejercen el poder de matar sigue y sigue en este país nuestro. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué construyen la violencia y el abuso? Nada que permanezca. Siempre que un ser humano pone fin a la vida de otro ser humano, ya sea en nombre de la ley, o desafiando a la ley, ya sea un hombre solo o de una banda que mata a sangre fría o con rabia, en un ataque de violencia respondiendo a otro ataque de violencia, siempre que se rasgue el viento de una vida que otro hombre ha tejido laboriosa y penosamente para él o sus hijos, siempre que hagamos eso, la nación entera será degradada. Y sin embargo parecemos tolerar un nivel creciente de violencia, abuso y deshonestidad que ignora nuestra común humanidad y nuestro anhelo de civilidad. Demasiadas veces celebramos la arrogancia y el abuso, celebramos a los bravucones y a los abusivos; demasiadas veces disculpamos y permitimos la conducta de los que construyen sus vidas sobre los sueños rotos de otros seres humanos. Pero hay una cosa clara: la violencia engendra violencia, la represión, venganza, y solo una intención clara y de voluntad de cambio de nuestra sociedad puede arrancar este mal de nuestros corazones. Cuando los hombres aprenden a abusar de sus hermanos, otros aprenden a temer y a odiar. Cuando enseñas a los seres humanos a creer que son inferiores por su condición social y económica, sus creencias, su color, o su partido político y les haces creer que son distintos a ti, parecerá que amenazan tu trabajo, tu hogar, tu libertad o tu familia. Es entonces que surge el enfrentarse unos con otro y que se aprende a ser intolerantes; aprendemos a vernos no como conciudadanos sino como enemigos; nos tratamos unos a otros no como personas a las que podemos sumar a la construcción de un país, sino como invasores a los que hay que subyugar y someter. Al final todos nos miramos como extraños. Extraños que compartimos una ciudad pero no una comunidad, ligados a un espacio común pero no a un esfuerzo común. El desacuerdo se supera entonces a base de fuerza y violencia. Por eso es importante dejar de compartir un miedo común. Nuestra vida en la tierra es demasiado breve y el trabajo por hacer demasiado grande. No podemos dejar que esa pobre manera de actuar prospere en esta tierra nuestra. ¿Para qué, si los que la habitan con nosotros comparten el mismo corto momento de vida, y buscan, como nosotros, la oportunidad de vivirla con bienestar y felicidad? Si somos conscientes de este vínculo, podemos empezar a ver a los otros con nuevos ojos para así empezar a trabajar con algo más de entusiasmo por nuestro país, cerrándonos mutuamente las heridas para convertirnos, otra vez, en hermanos y compatriotas de corazón."

Robert Kennedy, candidato a la presidencia de Estados Unidos, asesinado en 1968.

Estas palabras llegan a través del tiempo en el momento preciso y han sido escritas también para nosotros, los que estamos unidos por la tierra que llamamos México, en donde hoy todos nos miramos como extraños, intentando construir inútilmente sobre los sueños rotos de otros seres humanos. Hemos dejado de compartir una mirada común y carecemos de un proyecto de país que nos de espacio a todos. No logro imaginar cómo podemos rescatar el vínculo invaluable de compartir este corto momento de vida, la breve vida que tendríamos que aprovechar para construir una comunidad razonablemente justa y feliz, hoy rota en tantos lados y en tantos frentes, contaminada por las ideologías y desconectada de la compasión y la sensatez indispensables para cerrarnos mutuamente las heridas. ¿Cómo mirar y entender al otro más allá de nuestra limitada visión? Un alto en el camino es necesario para pensar en cómo construir exitosamente una comunidad de conciudadanos y no de enemigos. Un tiempo para pensar que no sé si aún tenemos, un tiempo para escucharnos antes de dar pasos fatales que pueden no dejar nada que permanezca, solo un país en que todos nos sintamos extraños y enemigos.

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El Museo de Política de Drogas es una exposición itinerante que se puede ver en la Ciudad de México el 4, 5 y 6 de mayo. En ella se muestra cómo las políticas de drogas impactan y dan forma a las comunidades y también se ofrecen modelos alternativos exitosos que se aplican en diversos países.

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Antes de venir a México la muestra estuvo en Londres, Montreal y Nueva York. A través de mesas de discusión, talleres y diversas expresiones artísticas se da cuenta de la realidad por la que pasa México, América Latina, y el mundo en materia de la política de drogas.

La exposición, que se propone eliminar prejuicios y estigmas sobre las drogas, aborda la temática de la militarización, la impunidad, la corrupción, el hacinamiento carcelario, el tratamiento forzado, la reducción de riesgos y daños, los derechos de los cultivadores y la protección de usos tradicionales.

El museo ofrece la oportunidad de conocer otras perspectivas, de aprender de otros modelos, y de analizar qué es lo mejor para la situación actual. Permite también identificar lo que es necesario, lo que es urgente, y lo que no se debe seguir haciendo en la política de drogas.

En México, los distintos gobiernos han impuesto la prohibición a ultranza de las drogas que ha conducido al abuso sistemático de las autoridades que implica, entre otras cosas, la detención arbitraria y al encarcelamiento ilegal. La política prohibicionista y punitiva contra las drogas, implementada en los últimos 50 años, ha fracasado en todo el mundo. No hay excepciones.

La violencia en el país está fuera de control. El 2017 fue el más violento en los últimos 25 años y al final del 2018 va a superar la violencia del año anterior. El sexenio va a terminar con 110,000 ó 120,000 homicidios dolosos. Es el que registra el mayor número de las tres décadas pasadas.

En el mundo, las decisiones de la política pública sobre las drogas se han tomado sin evidencia científica. Se ha privilegiado la seguridad por encima de la salud o el desarrollo, y se quiere que los ciudadanos acepten que la guerra se está ganando y la violencia se va a terminar. Es falso.

Los organizadores plantean que a nivel mundial está en juego la política de drogas. Los políticos de muchos países del mundo, los mexicanos no son la excepción, rehúyen enfrentar el problema desde nuevos paradigmas. Llegó el momento en que la sociedad les exija el cambio en la política con base en evidencia científica.

El museo a nivel mundial tiene el apoyo de la Open Society Foundations. En México, como parte de la exposición, se muestran 80 piezas de 26 artistas de nueve países, que incluye a 12 mexicanos. El museo se ubica en Lucerna 32, en la colonia Juárez, y va a estar abierto de 10 AM a 9 PM del viernes 4 al domingo 6 de mayo. La exposición y los eventos son gratuitos.

Twitter: @RubenAguilar



Museo de Política sobre Drogas

El Museo de Política de Drogas es una exposición itinerante que se puede ver en la Ciudad de México el 4, 5 y 6 de mayo. En ella se muestra cómo las políticas de drogas impactan y dan forma a las comunidades y también se ofrecen modelos alternativos exitosos que se aplican en diversos países.

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Antes de venir a México la muestra estuvo en Londres, Montreal y Nueva York. A través de mesas de discusión, talleres y diversas expresiones artísticas se da cuenta de la realidad por la que pasa México, América Latina, y el mundo en materia de la política de drogas.

La exposición, que se propone eliminar prejuicios y estigmas sobre las drogas, aborda la temática de la militarización, la impunidad, la corrupción, el hacinamiento carcelario, el tratamiento forzado, la reducción de riesgos y daños, los derechos de los cultivadores y la protección de usos tradicionales.

El museo ofrece la oportunidad de conocer otras perspectivas, de aprender de otros modelos, y de analizar qué es lo mejor para la situación actual. Permite también identificar lo que es necesario, lo que es urgente, y lo que no se debe seguir haciendo en la política de drogas.

En México, los distintos gobiernos han impuesto la prohibición a ultranza de las drogas que ha conducido al abuso sistemático de las autoridades que implica, entre otras cosas, la detención arbitraria y al encarcelamiento ilegal. La política prohibicionista y punitiva contra las drogas, implementada en los últimos 50 años, ha fracasado en todo el mundo. No hay excepciones.

La violencia en el país está fuera de control. El 2017 fue el más violento en los últimos 25 años y al final del 2018 va a superar la violencia del año anterior. El sexenio va a terminar con 110,000 ó 120,000 homicidios dolosos. Es el que registra el mayor número de las tres décadas pasadas.

En el mundo, las decisiones de la política pública sobre las drogas se han tomado sin evidencia científica. Se ha privilegiado la seguridad por encima de la salud o el desarrollo, y se quiere que los ciudadanos acepten que la guerra se está ganando y la violencia se va a terminar. Es falso.

Los organizadores plantean que a nivel mundial está en juego la política de drogas. Los políticos de muchos países del mundo, los mexicanos no son la excepción, rehúyen enfrentar el problema desde nuevos paradigmas. Llegó el momento en que la sociedad les exija el cambio en la política con base en evidencia científica.

El museo a nivel mundial tiene el apoyo de la Open Society Foundations. En México, como parte de la exposición, se muestran 80 piezas de 26 artistas de nueve países, que incluye a 12 mexicanos. El museo se ubica en Lucerna 32, en la colonia Juárez, y va a estar abierto de 10 AM a 9 PM del viernes 4 al domingo 6 de mayo. La exposición y los eventos son gratuitos.

Twitter: @RubenAguilar



Museo de Política sobre Drogas

Vida y milagros

¿No se ha aburrido usted de las campañas? Yo ya. Quién sabe que tanto retorcieron la ley que hoy son más invasivas que nunca, insoportables. El país tomado hasta el último rincón: bardas, postes, radio, tele, cientos de espantosos espectaculares, los periódicos, las redes, todo. ¿Tanto para qué? En un videíto que corre por las redes, una especie de Cantinflas norteño a caballo dice: "Mira mi raza, gane quien gane va a seguir siendo la misma chingadera. Estos cuates bien a gusto. Si hasta amigos son. Aunque el PRI dizque le tira a Morena, Morena al PAN y al PRD y el PRD ya no sabe a quién tirarle, vienen siendo lo mismo mi raza, y la gente ahí viendo como pendejos la tele,- mira este güey, creo que este güey si va a mejorar a México, sí, cómo no. No mi raza....al final ellos se sientan a cenar y se arreglan”.

Ay mi raza, creo que este Cantinflas tiene mucho de razón. Y mientras hay que aguantarse las campañas.



Pausa. Hay que poner pausa y buscar un refugio.

El refugio ideal son los libros. Los nobles libros que nos esperan siempre mientras se defienden silenciosos y leales de la invasión del ruido cibernético. Los libros que nos enriquecen en lo cotidiano y nos protegen de la locura de estas particulares elecciones. El viernes me encontré a un amigo escritor, Alberto Ruiz Sánchez, y me regaló su último libro, Los sueños de la serpiente. Como un antídoto a la toxicidad de las campañas cayó también en mis manos un libro de hace veinte años escrito a cuatro manos por Rafael Pérez Gay y Luis Miguel Aguilar, Cargos de conciencia y Nadie puede escribir un libro. Hasta ahorita que escribo, volví a acordarme de las innombrables (así llamaré en estos días a las campañas y a las elecciones). No he sacado la cabeza de mis tres novedades, del refugio de las lecturas que te van marcando y salvando cuando la vida agobia por una u otra cosa.



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Qué maravilla son los libros. No haría énfasis en particular sobre títulos y autores. Es la lectura en sí la que nos marca, la lectura constante, no de un libro, sino de los distintos libros y las épocas de tu vida en que te llegan.



El primero libro que recuerdo es un libro chiquitito con él nos enseñaban a leer. Al terminarlo ya leía. Un domingo, paseando en coche con mis papás y hermanos leí por primera vez un anuncio luminoso: "Cer-ve-za Co-ro-na". Ese día los aburrí deletreando todo lo que vi al pasar: Lu-cha li-bre, Ci-ne Re-for-ma, pa-na-de-ría, Vo-te por Sa-nen. Cuando aprendes a leer eres otro, y más al comprender lo que lees. El desarrollar esa habilidad es lo importante. Ya tienes un salvavidas.

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Después de aprender a leer me volví una viciosa de la lectura y ella ha sido mi aliada en todas las épocas de mi vida. Crucé la infancia con El Tesoro de la Juventud y todos los cuentos de escritores rusos y daneses bellamente ilustrados que nos regalaron mis papás en una navidad. Me fascinaron todas las historias y los cuentos clásicos, pero también los cuentos de a peso que compraba el domingo. Me marcó el amor eterno de Superman y Luisa Lane. Será porque nunca se casaron. Me marcó que Superman la engañara con la sirena Lory y Superniña. El amor de Superman daba para mucho. No se veía mal que pasara por tantos brazos. Me marcó el vislumbrar que puede no haber un solo amor en tu vida, o tú puedes no ser el único amor en la vida de otro. Me marcó el hecho de que existiera El Club de Tobi en las historietas de La pequeña Lulú y que les impidieran la entrada a las mujeres. Me quedó claro que había que acabar con ese club. Luego descubrí los periódicos que leía mi papá, las tiras cómicas del Excélsior o la columna de sociales de Mimí García Barna en El Sol de Puebla. Ella pasaba de un hecho feliz, una boda o un bautizo, a ponerte a temblar con la frase de "Crespones de luto sobre la familia fulana de tal", para luego soltarte el nombre del muerto motivo de los crespones. ¡Muy emocionante! Me devoraba también la página roja de dicho periódico. La página roja antes venía en la parte escondida de los periódicos y no en primera plana. Se trataba de que no la vieran los niños. En esa página en la que a veces venían envueltos los pellejos que compraba para mi gato cabía todo un mundo desconocido y violento, oculto detrás de la calma de una ciudad aparentemente apacible.

En la adolescencia me atraparon los escritores españoles del siglo XIX que estaban en el librero de mi casa. Pepita Jiménez y Fortunata y Jacinta, dos novelas costumbristas muy largas que, literal, te metían por completo en otro mundo, otra época y en el mundo de los amores imposibles e idiotas.

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Durante la prepa leí la " Rebelión del Atlas" de Ayn Ran, ese que trae el párrafo que me han enviado veinte veces por chat, el que dice que cuando en un país prosperan los que no producen nada, y es dominado por los inútiles y los flojos, ese país está perdido. Después de leerlo te da por fijarte y desconfiar de los que prosperan con rapidez. Leí todos los cuentos cortos que cayeron en mis manos, en particular de escritores rusos y mexicanos. Qué maravilla son los cuentos. Cabe en un cuento el código de un mundo, una emoción compleja o una conducta errática. Después descubrí a Balzac. Mi vida de lectora la divido en antes y después de él.

Estaba olvidando un libro que me salvó de muchos ratos aburridos en la primaria, un libro obligado en el colegio que era una versión que yo llamaría "Lo mejor de la Biblia", titulado Historia Sagrada. Un compendio de lo más divertido e interesante de relatos de amores, traiciones y buenos, malos y pésimos ejemplos, como el de Caín , que mata a su hermano Abel porque le dan celos de la preferencia injusta de Dios hacia él ,o la historia de Dalila que traiciona a Sansón seduciéndolo. Y Judith, que seduce también a Holofernes, enemigo de los judíos, para luego cortarle la cabeza. No entendía entonces lo qué era precisamente "seducir", pero la historia estaba ilustrada de manera que dejaba mucho a la imaginación: Dalila desgreñada, pelo a la cintura, traje de gitana, recostando cariñosamente su cabeza en el pecho de Sansón para sacarle el secreto de que su fuerza estaba en su larga cabellera. Lo "embriagaba", rara palabra, para luego cortarle el pelo y entregarlo a los filisteos para que le sacaran los ojos. Todo era de un maniqueísmo y una misoginia pavorosa. Dios exigía de sus hijos unas pruebas de amor más difíciles de superar que las de un cártel. Ni en la página roja leí tales barbaridades.

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En la Universidad leí El hombre rebelde de Albert Camus, mismo que me borró del panorama la fe ciega que tuve hasta entonces. Camus decía que había que portarse bien con o sin dios por mínima solidaridad con nuestros pares. Aprendí que las religiones las inventa el hombre y nacen del miedo, miedo, supongo yo, a la muerte. Si no hubiera muerte creo que no habría religiones. Liberarme de eso se lo debo a Camus.

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Recuerdo la emoción de la lectura del manuscrito-borrador de Arráncame la vida que escribió mi hermana Ángeles y que me diera a leer, como jugando, para ver qué opinaba yo. Devoré el borrador en un día y una noche. La forma en que tejió todas las historias oídas en las sobremesas de casa de los abuelos alrededor de una mujer entrañable, Catalina, y la forma en que había sabido inventar los huecos de lo que no nos habían querido hablar nuestros mayores, me dejaron conmovida y atónita. Todas nuestras influencias de lectura y de vida estaban ahí: el mundo cerrado y doble de la poblanidad, la tiranía política, la lambisconería ante el poderoso, el abuso de poder, la posibilidad de transgredirlo, de cambiarlo, de rebelarse, y sobre todo la búsqueda incansable de absoluto, de amor y libertad. Pensé que mi madre iba a necesitar las sales cuando viera el libro impreso. Me equivoqué y no fue así. Mi madre entendió que mi hermana había escrito algo realmente excepcional, tan excepcional como lo era mi madre misma. -Mira a tu hermana lo que ha escrito- me dijo- ya ves que siempre ha sido un poco fantasiosa.- Nada como la fantasía,- diría Ángeles y digo yo.

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Aferrarse a los libros es un buen salvavidas para la aventura de vivir. Te van marcando algunas líneas, algunas frases estupendamente bien construidas, una idea que te revoluciona el cerebro o una historia entrañable que a veces ya no sabes ni de quién fue.

No solo los libros pueden iluminarnos, también las ideas constantes en artículos, ensayos y blogs de escritores que nos acompañan generosamente con su trabajo disciplinado y duro de escribir cada día, esos que piensan en voz alta ante nosotros y que por medio de sus letras nos ayudan a entender y a sobrellevar el mundo de mejor manera, incluso a reírnos de él.

Me refugio no solo en los libros que no he leído, sino también en los que invitan a releerlos, que es lo más cercano a regresar a una vieja y querida casa ya solo alcanzable en sueños. Eso me pasó cuando releí Cien años de soledad o los Buddenbrook.

Gran refugio y abrazo es la lectura mientras pasa el temporal, y después, también.

Regreso a Lido

Vida y milagros

(Ilustración: Timothy Easton, Venice at Dawn


Todos tenemos lugares a los que no debemos volver, sobre todo si ya una vez logramos salir con vida de ellos. Los lugares son reales o figurados: un territorio peligroso, negocios de riesgo, nadar de noche en un mar impredecible, una pasión destinada al fracaso, amistades erráticas, una adicción.



Encontré una carta que me enviara hace años una amiga, escrita en el papel beige de un hotel veneciano, una amiga de triple banda a la que nunca volví a ver y de la que nada supe desde entonces. Me conmovió la vieja carta que hoy leo de otra manera, como si ya tuviera el código para descifrar los mensajes escritos entre líneas. La carta dice así:

"En el enorme y bizantino reloj de lápislazuli que daba a la gran plaza de Venecia estaban dando las tres de la tarde. El reloj de mi muñeca marcaba ocho horas menos, la hora de mi país. La hora era lo único que aún podíamos compartir él y yo. Quizás ni eso, porque hoy no sé ni por dónde ande, pero a mí me gustaba pensar que era así. Habíamos decidido ir a comer a la isla de Lido, en donde una vez, cuando pensaba que el hoy sería eterno, estuvimos juntos él y yo durante un verano. Quise regresar, ya sabes cómo me gusta recordar los naufragios. Si tomábamos la lancha llegaríamos al antiguo hotel con suficiente luz por delante, aunque haría mucho frío. Llegamos al embarcadero y nos fuimos en el último viaje de ese día. En marzo el hotel estaba cerrado, aunque funcionaba un pequeño restaurante bar que daba a la playa. En ese hotel se había filmado muchos años atrás la película "Muerte en Venecia", basada en la novela de Thomas Mann. Dirk Bogarde fue el actor que Luchino Visconti elegió para representar al personaje de una historia de amor desesperado y secreto que moriría de tristeza en esa exacta playa. Ir a Lido ese día era una necedad y un capricho, y sin embargo fuimos. ¿Cuántas cosas no hacemos por esas dos sin razones? Contumacia y capricho.

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“No me gusta pensar en ese viaje a un casino que me recordaba mi desfalco y mi férrea voluntad de nunca volver a jugar. Yo jugaba con fuego como otros juegan a las cartas o a la ruleta rusa. Era adicta pero no lo sabía. Según yo, lo había perdido todo en una última y equívoca jugada. Todo. Ahora sé que no es cierto, que siempre encontraremos recursos y tentaciones para regresar al juego y a los riesgos en los lugares más recónditos e inesperados de nuestros bolsillos emocionales mientras tengamos vida. Una sola moneda bien jugada y estamos de regreso. En este caso la moneda fue la maldita conversación. Esa es una moneda engañosa porque parece inofensiva. Crees que una moneda de cobre no te permitirá alquilar una lancha que te lleve a las pedregosas e inhóspitas playas de Lido. No puede ser llamado de otro modo un lugar que te invitó abiertamente a darte un tiro debajo del pezón, en la base del pecho.



“Llegamos a la isla. Todos los cuartos del hotel estaban cerrados, todo estaba vacío, excepto el restaurant en donde pedí dos martinis rojos, uno tras otro. Para llegar a la terraza que daba al mar tuvimos que pasar por las desiertas salas de juego. De las mesas de tapete verde imaginaba que surgía el eco de voces apostando y gritando mientras los dados rodaban antes de detenerse. En realidad no había voces en Lido. Sólo el ruido del mar chocando con las piedras que ahí juegan a ser arena, sólo el ruido del viento poderoso barriéndolo todo, todo menos los pensamientos y recuerdos adueñados de mi cabeza. Me imaginaba un cuarto acogedor, un cuarto en el que todo es posible adentro de una cama y adentro de uno mismo. Un solo cuarto con nosotros adentro hubiera bastado en otro tiempo para incendiar el hotel más gélido del mundo.

“Nunca, lo juré, nunca regresaría a las playas de Lido. Y sin embargo, estaba de regreso..."

Hasta ahí la carta. Qué hermoso es el papel que la conserva.

Leyéndola me digo: ¿Cuál es tu Lido, cuál el mío?

Ilustracion de Ilustración: Mariana Villanueva (Revista Nexos)

Descreídos

Descubrí por las cifras del censo de 2010 que pertenezco al escaso 3.5 de la población que se declara “sin religión”, vale decir : sin adscripción a alguna iglesia, acaso sin fe a secas.



Es posible vivir sin fe religiosa, pero no deja de ser una elección de vida que contradice a la abrumadora mayorìa.

El 88 por ciento de los mexicanos creía en la religión católica, según el censo de 2010 y un 8.5 más creía en otras religiones.

No sé cuántos que se declaran sin religión creen en algo equivalente a Dios: alguna forma de divinidad cosmológica, alguna fuerza ordenadora del mundo .

La idea de un mundo sin Dios es en cierto modo inhumana. Al empezar el siglo XXI, quienes no creen absolutamente en nada son una abrumadora minoría.

Aún para ellos vale la pregunta formulada por Humberto Eco en su diálogo con un inteligente cardenal italiano: ¿ En qué creen los que no creen?



Cuando Bertrand Russell fue llevado a prisión por su actividad pacifista contra la primera guerra, al consignar sus datos, el carcelero le preguntó su religión: “Agnóstico”, respondió Russel.

El carcelero lo miró un momento, dejando claro que no había oído nunca esa forma de credo. A continuación comentó: “No importa la religión, al final todos creemos en el mismo Dios”.

Escribí arriba que no creer es una “elección de vida”. Quizá no lo sea, quizá el agnosticismo venga infuso en cada quien, lo mismo que la necesidad de creer.



Según la doctrina católica , en la que fui bautizado y criado sin efecto religioso alguno, la fe es una gracia, un don de Dios.

Quizá el agnosticismo, la falta de religiosidad, la incapacidad de creer, también es algo que les cae del cielo a los descreidos, y que no tiene arreglo.

Los no creyentes tienden a mirar con cierta superioridad jacobina al que cree, pero la fe genuina, la invencible y llana “fe del carbonero”, debe ser uno de los grandes consuelos de la vida.

¿Los narcos creen en Dios?

Según el censo de 2010, 97 de cada cien mexicanos creen en alguna forma de Dios y practican algún credo religioso (87 % católicos). Sólo el tres por ciento nos declaramos ateos.

¿En qué creemos los que no creemos en Dios? En formas sustitutas de la inmortalidad , supongo, formas pobres de consolarnos de la muerte.

Por ejemplo: el amor, la fama, la naturaleza, el poder, el dinero, todas cosas triviales si se las compara con la idea de Dios, del más allá, de la vida ultraterrena, del cielo y el infierno.

Pocos ateos dan en su corazón y en su cabeza el salto de Iván Karamazov: “Si Dios no existe, todo está permitido”.

La frase de Iván Karamazov cifra el salto moral hacia el nihilismo, esa tierra de nadie, inherente a la idea de un mundo sin Dios.

Es el principio del nihilismo: si no creo en nada trascendente, todo es aquí y ahora. Mi aquí y ahora no tiene rumbo ni rienda. Soy mi propio Dios, mi propia medida, mi propia moral, sin otro referente que yo mismo.

La consecuencia moral y filosófica del salto al nihilismo es enormr:

Sin dioses que observan, ordenan, regulan, confortan y oprimen la conducta humana, no hay reglas, no hay límites. Hay sólo la regla de la voluntad de cada quien.

En la polìtica, el mundo sin Dios, vuelto sólo voluntad de poder, es el mundo de Hitler y Stalin, y el de todos los otros reinos utópicos, sustitutos de la Ciudad Dios en este mundo.

Pero estamos en México. Me pregunto cuántos de los mexicanos que se dedican hoy a matar, decapitar, enterrar a otros en fosas anónimas han dado el salto implícito en la sentencia de Iván Karamazov.

Cuántos de estos asesinos son ateos nihilistas y cuántos creen en Dios. Es decir: cuántos son creyentes a su manera esquizofrénica: creyendo y matando.

Cuántos respetan a su iglesia, cuántos creen en el cielo y el infierno, y cuántos de ellos saben que han optado por éste último.

Nuestros creyentes homicidas son un misterio teológico y moral. Han llevado la frase de Iván Karamazov un paso más allá. Parecen decirnos: “Dios existe, amigo, pero todo está permitido”.

Semana mayor: La razón y la fe

Dijo Tomás de Aquino,: “Considero el principal deber de mi vida para con Dios esforzarme para que mi lengua y todos mis sentidos hablen de él”.

Pocas lenguas habrán hablado tanto y tan bien de Dios como Tomás de Aquino. Nadie inventó pruebas más breves y elegantes de su existencia: sus famosas cinco vías.

La primera es la del “primer motor” o el “motor inmóvil”: si todo lo que se mueve es movido por algo, algo hubo inmóvil en el principio del movimiento.

“Ejemplo”, dice Tomás de Aquino: “Un bastón no mueve nada si no es movido por la mano. Por lo tanto es necesario llegar a aquel primer motor que nadie mueve. En este, todos reconocen a Dios”.

Nominalismo, se dirá: la palabra “movimiento” llama a la palabra “inmóvil”. Ninguna de las dos describe lo real.

Lo cierto es que cualquier cabeza honradamente racional tendría que rendirse a la fuerza del argumento del primer motor, resuelto por Tomás de Aquino en doscientas palabras. (En cierto modo, la ciencia moderna reconoce la idea de un primer motor en el big bang que dispara y hace nacer al universo).

El centro de la catedral teológica de Tomás de Aquino fue hacer compatible la fe con la razón. Pero la fe genuina no es un asunto racional.

Hablé scon un amigo creyente sobre esta paradoja insalvable: si la fe verdadera se recibe, no se adquiere, es imposible convertir a nadie.

La historia de las iglesias nos dice lo contrario. Es una historia conversiones hechas por la conquista y/o la conveniencia. Esta forma de expansión de las religiones mediante el poder politico y miltar, dce poco del poder de la fe recibida como gracia.

Lo cierto, por otra parte, es que el ardor de la fe verdadera no es carga fácil de llevar, como muestran las vidas de los santos.

La fe de las las multitudes es dispareja, por su mayor parte epidérmica. Es una fe tolerable para el mundo humano : difusa, distraída, amateur, cuando no supersticiosa o idolátrica.

Esa fe del hombre común tiene poco o nada que ver con la fe fulminante, venida del cielo, cuyo mandato no acepta sino la rendición incondicional de Paulo de Tarso en el camino de Damasco, o de Tomás de Aquino en su levitación teológica.

Plegaria laica por la fe del carbonero

¿Cuántos de los sacerdotes católicos que hoy levantarán la hostia y oficiarán la misa creen verdaderamente en lo que su doctrina sostiene ?

Por ejemplo: que Cristo resucitó efectivamente de entre los muertos y que su mismísima sangre y su mismísimo cuerpo estarán presentes en las hostias que ellos consagrarán este día?

¿Cuántos de los fieles que llenarán hoy las iglesias creen verdaderamente que Cristo es hijo de Dios y de la Virgen, que está sentado a la diestra de su padre en el cielo y comparte su esencia divina con el Espíritu Santo, que desciende sobre nosotros cada vez que se celebra una misa?

Me pregunto: ¿en qué creen realmente los que creen?

¿Creen de forma radical, hasta el último detalle, o creen más bien difusa y confortablemente, sin profundidad ni pasión, sin conocimiento verdadero de su fe pero también sin fanatismo?

Tiendo a pensar que creen flojamente, sin preguntarse ni exigirse de más, con una fe que se exacerba en la adversidad o en la tragedia, y en los días de guardar. Una fe que si fuera coche pasaría la mayor parte del tiempo estacionado o en punto muerto.

Tengo un enorme respeto por la fe genuina, teológica y popular, que en estos días de guardar mana de lo profundo de la gente. Tengo también envidia. Si pudiera elegir, elegiría creer.

Elegiría una fe que no discutiera con la ciencia ni con la razón, una fe que se resignara a no ser verdad, a tener su dimensión propia de verdad en el poder de dar consuelo y esperanza.

Acaso esa fe no existe en las doctrinas religiosas, pero quizá es la que existe mayoritariamente en el corazón de los creyentes: la fe que consuela y conforta, antes que la que discute o impone su credo.

Quizá los muchos años de laicismo en México han quitado a la religión sus filos fanáticos.

Quizá esa fe temperada, efectiva como plegaria íntima más que como arma pública, sea ya parte de nuestra cultura religiosa y , en esa medida, de nuestra fortaleza espiritual.

Quisiera pensar que es así, como quien reza paganamente, fuera del templo, por una fe de carbonero tibia, resignada a su verdad consoladora, verdaderamente horizontal, humana, tolerante.

De la inexistencia teológica del infierno

Como sabe todo buen católico, Jesús de Nazaret, “fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre, todopoderoso”.

La pregunta es a qué a qué diablos descendió a los infiernos. Me ha contestado esta pregunta Francisco Quijano, un lector, versado en los misterios de la muerte y la resurrección de Cristo, eso que la doctrina eclesiástica conoce como escatología.

En el año 404 de nuestra era, Rufino de Aquileia dejó constancia de que en el credo romano de entonces no se encontraba todavía “la cláusula: descendió a los infiernos.”

El primer testimonio de algo parecido, es una “confesión de fe” del año de 359, escrita por Sirmio ( en la Serbia actual), conocida como Credo Fechado . Dice a la letra: “Y nació de María Virgen, y convivió con sus discípulos. . . fue crucificado y murió, y descendió a la [región] subterránea, y puso allí orden en todo…Los cancerberos del hades [lo] vieron y se estremecieron; y resucitó de entre los muertos”..

Explica Rufino de Aquileia:

“No es en detrimento ni en desdoro de la divinidad el que Cristo padezca en la carne; antes bien, para que se operase la salvación por la flaqueza de la carne. . .

“Es como si un rey se dirigiera a una cárcel y, entrando en ella, abriese las puertas, rompiese las cadenas, destruyese las argollas, los barrotes y las celdas, y liberase a los encarcelados. Se dice, pues, que el rey estuvo en la cárcel, pero no en las condiciones de quienes se hallaban encarcelados. Ellos lo estaban para purgar sus penas, él lo estuvo para liberar de las penas”. [Commentarium in symbolum apostolorum, 17]

La explicación de Rufino ha suscitado en mí una duda de teólogo descalzo, que es la siguiente: Si Cristo bajó a los infiernos a liberar a quienes ahí estaban, pues acababan de ser redimidos por su muerte, ¿no quiere esto decir que terminó también con el infierno?, ¿que el infierno dejó de existir en ese momento y, por tanto, no existe más, y no hay infierno?