Sociedad

(Foto de portadilla: Claudia Saucedo)

El territorio y la historia

El río de los valles y el río de la montaña: El río del agrocapitalismo y el monocultivo, la azúcar amarga: la historia de la explotación cañera. El río de la subsistencia campesina en la montaña del éxodo, al norte, a donde sea.

Todo esto ha adquirido una dimensión nueva tras el terremoto del 19 de septiembre que arrasó con las viviendas del sur mixteco poblano. Se medirán por miles las casas perdidas. Sumarán millones los que tendrán que invertirse en esta región para recuperar la infraestructura de vivienda, salud, educación, vialidades y patrimonio histórico. Los gobiernos federal y estatal se convertiran en los actores que no han sido en la historia larga, y los municipales probablemnte continúen como espectadores de la intervención pública obligada por la catástrofe. Los capitales privados llegarán al batidero de los recursos que se aplicarán para la reconstrucción. Todo repetirá lo sucedido en catástrofes similares, como la de las lluvias de octubre de 1999 que arrasaron la Sierra Norte de Puebla.



Tal vez un actor nuevo logre modificar la historia: los grupos civiles que surgen en estos días como respuesta a la habitual inercia negativa gubernamental: tardía, ineficiente, insuficiente, politizada.

Este texto intenta presentar una perspectiva amplia de la region de Matamoros, la más ligada al valle cañero, y que que tiene en la serranía que colinda con el estado de Guerrero y con la región de Acatlán una doble dinámica económica y culutral que se explica en el derrotero propio del río Nexapa: un río cañero fundamento de la economía capitalista de la región que va desde el sur de Atlixco hasta Axochiapan (el punto centro del sismo, por cierto) y un río de montaña baja escarpada que en su ruta hacia el Atoyac resguarda aún una cultura campesina de subsistencia, exportadora masiva de mano de obra.

Mirar el sur entonces desde estas raíces que el movimiento de la tierra transforma sin miramientos y con consecuencias que más vale analizar desde las ciencias sociales y la discusión colectiva inteligente.

El sur



El sur como ámbito geográfico, histórico, sociopolítico no se reduce fácilmente. Al contrario del norte, asimilado en la amplitud de sus montañas y desiertos a una menor variación de sus imágenes –por ejemplo, el número limitado de ciudades o las rutas que apuntan invariablemente a la frontera, al cruce, al tránsito a lo que está del otro lado--, el sur es un encierro de diversidades y abismos naturales e históricos que lo presentan inalcanzable para la visión del conjunto e inasible para el impulso analítico. Por ejemplo sus pueblos, demasiados y pulverizados, infranqueables a la pregunta original: ¿por dónde empezar a contar su historia?, o ¿qué historia merece contarse?, ¿la que necesita escuchar quién? ¿Y con qué recursos narrativos? ¿Con qué medios?

Una mirada a sus fortalezas ecológicas, históricas, económicas y culturales

El río Nexapa que riega miles de hectáreas de sus fértiles valles, el patrimonio biocultural de la sierra mixteca, su selva baja, sus cañadas, su flora y fauna, su calidad rural, la historia y cultura de los pueblos originarios, su capacidad de resistencia y organización ante la adversidad (migración, autodefensas),la experiencia centenaria de la producción de caña y la industria azucarera, el cambio cultural que ha provocado la migración a Estados Unidos.

Una mirada a sus debilidades añejas

La agricultura campesina en la mixteca, incapaz de revertir la pobreza histórica de sus pueblos y que ha orillado al éxodo a miles de hombres y mujeres en busca de la sobrevivencia.

El monocultivo capitalista y la sujeción al ingenio que ha subyugado por cientos de años a los campesinos y todavía determina las relaciones sociales en los pueblos cañeros.

El carácter extractivo de la agroindustria instalada alrededor de la producción azucarera y la explotación de la riqueza mineral, y que nada sabe de retornos de capital para abatir los rezagos sociales y la brutal contaminación del agua, que nada ha invertido para el desarrollo educativo y cultural.

Las consecuencias sociales de un largo cacicazgo gansteril en el que se fundó este sistema de producción agrocapitalista.

La NULA capitalización de los productores agrícolas y los empresarios locales para impulsar el desarrollo económico regional.

La incapacidad para convertir las remesas del trabajo migrante en un mecanismo de desarrollo económico alternativo a la economía de subsistencia y el monocultivo cañero.

Una mirada a las oportunidades que en los años recientes se han presentado

La recuperación de la sociedad rural contra el gigantismo y hacinamiento de los centros urbanos. La posibilidad de una agricultura sustentable inserta en el mercado.

El desmantelamiento real de una estructura de control político priista fundado en el pistolerismo posrevolucionario, con una tendencia creciente de la participación política y la contienda partidista.

Una creciente independencia de las organizaciones cañeras frente a ese aparato de control priista tradicional.

El desarrollo de alternativas agrícolas al monocultivo cañero, con la creación de empresas e invernaderos tecnificados y dirigidos al mercado de exportación.

La llegada de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla a la región, con sedes primeras en Chiautla e Izúcar, y que se suma al trabajo de la Universidad tecnológica, con programas educativos adecuados a la realidad de la región mixteca.

Una mirada a las amenazas estructurales

El riesgo de la pérdida de la sustentabilidad ambiental que la explotación del agua y la tierra por el monocultivo cañero, junto con el crecimiento desbordado y sin planificación alguna de los asentamientos urbanos. En particular, la explosiva situación de deterioro social en la ciudad de Atencingo, ya con más de once mil habitantes, contenida en su limitado territorio alrededor del ingenio, limitada en sus capacidades políticas en su calidad de junta auxiliar, y determinada totalmente por la suerte que corra el ingenio.

Una privatización del ingenio que confirme el proceso agroindustrial capitalista que ha mantenido sujetos a los productores con las mismas reglas del juego de los tiempos de Jenkins o de las administraciones del gobierno.

Creciente enfrentamiento entre el ingenio privado y los productores cañeros, que lleva aparejados los conflictos al interior de las organizaciones como la CNPR.

Dinámicas de desarrollo empresarial en el campo que generan la concentración del capital, el rentismo de la tierra, la explotación laboral y la contaminación –como ya ocurre en la experiencia de los invernaderos en Tlapanalá--, y no la organización de pequeños productores a través de esquemas sanos de financiamiento, tecnificación y acceso a los mercados de exportación.

La inseguridad pública fuera de control, con el fortalecimiento de las redes interestatales del crimen organizado por el corredor de las drogas por las carreteras que cruzan la región desde Oaxaca y Guerrero, y que conlleva el desarrollo de la criminalidad local del robo, las extorsiones, los secuestros y las ejecuciones.

Objetivo y definiciones

El propósito de esta investigación es, entonces, el de desarrollar una mirada analítica a la serranía mixteca: a su agricultura campesina y la sobrevivencia por la migración centenaria y la permanencia de su cultura. Una aproximación crítica a sus campos cañeros: al monocultivo capitalista y el yugo del mercado y el sometimiento a sus aguas muertas que bajan desde la ciudad de Puebla.

Identificar en ellas los procesos que determinan la historia de esta región: el monocultivo cañero y el éxodo a los Estados Unidos, y las consecuencias políticas y sociales para el desarrollo de la sociedad de la región mixteca de Puebla en la parte que corresponde al distrito de Izúcar de Matamoros.

En esta región, y a lo largo del siglo XX, desde la misma revolución zapatista que azotó a las haciendas cañeras, se produjo una especie de “expropiación originaria” de la tierra bajo el dominio del empresario norteamericano William Jenkins, quien llegó a poseer 23 mil hectáreas destinadas por entero a la producción de azúcar en el ingenio de Atencingo. Revolución de por medio, y con la posterior expropiación de las tierras por el gobierno cardenista en 1938, con Jenkins y sin él, con el ingenio en manos del gobierno federal o en manos privadas, lo que se impuso fue un sistema de monocultivo que ha condicionado todo el desarrollo económico de esta región cañera. Y con él un tipo de cacicazgo sobreviviente todavía hasta los mismos años noventa.

En paralelo corrió el éxodo campesino a los Estados Unidos desde todos los pueblos mixtecos.

Atoyac y Nexapa, los ríos del sur caliente

Enredo de los territorios municipales

Los valles: el río de los cañeros

La serranía Mixteca

El pueblo cañero

Los maizales en el cerro

La ciudad de 60 mil habitantes

Izúcar: un río, dos derroteros

  • Los valles del monocultivo y el cacicazgo: de la hacienda al ingenio, los pueblos sometidos al mercado capitalista y al control político gansteril .
  • La Montaña, el encierro y las rupturas: de la revolución zapatista al éxodo al norte.

Los dos ríos demográficos

Izúcar de Matamoros, Distrito político 22: 240 mil habitantes. Una ciudad, Izúcar, con 62 mil habitantes. Cuatro pueblos grandes (alrededor de 5 mil hab.): Chiautla, Atencingo, Chietla, Huaquechula. 15 cabeceras municipales más con menos de 5 mil habitantes. Un centenar de localidades con menos de 500 habitantes.

Economía y trabajo

Un resumen:

  • Agricultura campesina de temporal y autoconsumo en los pueblos de la mixteca. En las vegas de arroyos y ríos y en la cima del lomerío. Incuantificable en su monto.
  • Monocultivo de caña (9,500 productores) e ingenio (alrededor de 700 obreros y empleados). Se mantiene el carácter subyugado de los cañeros frente a la fábrica
  • Agroindustria ligada a la caña. Estrictamente dos: BACARDÍ en la Galarza, y Levaduras Fleishmann (melaza), en Atzala.
  • Cultivos alternativos a la caña: jamaica (Chiautla), sábila (Chietla) y cebolla (Tlapanalá)
  • Industria extractiva: CEMEX y Cruz Azul controlan las canteras de propiedad ejidal. Hay al menos 12 empresas establecidas en los municipios de Izúcar y Chietla.
  • Remesas de migrantes: 390 millones de dólares ingresaron por la vía bancaria a la región mixteca. Izúcar de Matamoros concentró 274. Entre un 20 y un 40 por ciento del ingreso de las familias en la mixteca.
  • Invernaderos y horticultura. Una sola gran empresa (Grupo Horticultor Galicia, en Tlapanalá), puede dar 700 empleos en temporada de corte. Sin embargo, no han proliferado en el territorio.
  • Narcotráfico y crimen organizado. Está en la boca de todos, pero no es posible la cuantificación del dinero que se lava vía comercios en la región.
  • Producción forestal en la selva baja de la sierra mixteca: incipiente desarrollo de Unidades de Manejo Ambienta (UMA) con apoyo de programas federales. Tan sólo en Chiautla se reconocen al menos 15 experiencias de este tipo.

Política y elecciones

Para entender la complejidad de la trama política en la región se puede leer esta cronca que da cuenta del motín sufrido en la cabecera municipal de Chietla luego del asesinato de una anciana.

“¡Mátenlos, son los policías, mátenlos!”: en Chietla nos asomamos al abismo

El distrito está formado por veinte municipios, con alrededor de 185 mil electores. La votación ha rondado entre el 45 y el 55 por ciento del total del padrón. En términos generales, el PRI mantiene un mayor número de votos que la alianza promovida por Rafael Moreno Valle, pero podemos decir que la población considerada urbana (los municipios de Izúcar Chiautla y Chietla) ha dejado de votar mayoritariamente por el PRI, que mantiene una hegemonía muy precaria ya en gran parte de las localidades con menos de cinco mil habitantes.

185 mil electores. Elecciones en el 13,15 y 16: entre 45 y 55% del padrón.

2013: 100 mil votos. Debacle del PRI

CPU, PT y MC ganan Izúcar, Chiautla, Chietla, Huaquechula, Huehuetlán el Chico, Epatlán, Tlapanalá, Jolalpan y Totoltepec. Total: 56,755 votos. El PRI obtiene once alcaldías, todas con menos de 5 mil Habitantes. Total: 43,383 votos.

2015: 99 mil votos. Debacle del PAN.

Derrota de Moreno Valle, al menos para la cara que da de panista: el PAN no pasa de 3 mil votos. PRI alcanza 51 mil votos. El PRD alcanza poco más de 20 mil. Morena: 4,485 voto

2016: 8o mil votos. Moreno Valle pierde sin alianza: PRI gana el distrito con apenas 36 mil votos. Tony Gali no pasa de 31,161. PRD, 2,159. Morena: 6,573.

Es un hecho, Morena sin Andrés Manuel López Obrador no califica para ganar una contienda.

Una vista a los números:

En la elección municipal del 2013, con un total de 100,se produjo la alianza contra el PRI impulsada por el gobernador Moreno Valle a través de la coalición Compromiso por Puebla, que se llevó con cerca de 25 mil votos siete municipios, por cierto los de mayor población --con excepción de Chietla ganado por Movimiento ciudadano--. Es decir, Izúcar, Chiautla, Chietla-Atencingo y Huaquechula fueron perdidos por el PRI, que ganó 11 municipios pero todos con una población menor a los 5 mil habitantes, que apenas le produjeron arribita de 16 mil votos.

Un resumen del conjunto:

  • En los últimos quince años se han roto los mecanismos tradicionales de imposición de candidatos a través de las estructura ligadas al PRI (CNC, CTM) y su control del territorio cañero desde los tiempos de Jenkins.
  • Han proliferado las opciones partidistas: PRD, PAN, MC, PT, últimamente morena. Suben y bajan.
  • El proceso político regional más importante corresponde a la elección de la dirigencia de la CNPR
  • No hay una presencia importante de Antorcha Campesina.
  • En los últimos quince años se han roto los mecanismos tradicionales de imposición de candidatos a través de las estructura ligadas al PRI (CNC, CTM) y su control del territorio cañero desde los tiempos de Jenkins
  • Han proliferado las opciones partidistas: PRD, PAN, MC, PT, últimamente morena. Suben y bajan.
  • El proceso político regional más importante corresponde a la elección de la dirigencia de la CNPR.
  • No hay una presencia importante de Antorcha Campesina. El PRI ha logrado contener su avance desde los distritos de Acatlán y Atlixco.

En el 2015 la situación cambió para el PRI, pues ganó el distrito con más de 51 mil votos incluyendo los 2,300 del Verde. El PAN entonces, en coalición con otros partidos, tuvo en lo individual una cifra mínima y casi ridícula, 3,161; el PRD alcanzó los 20,049 votos.

En el 2016, sin embargo, con una votación total de 80 mil votos (apenas arriba del 40 por ciento y cerca de 20 mil votos menos que el año anterior), aunque el PRI ganó, lo hizo apenas con 36,694 votos, contra un PAN que subió a 31,161. Llama la atención la brutal caída del PRD, que no alcanzó más de 2,150 votos.

Caracterización política

El PRI es el partido con mayor número de votos, por ello mantiene diputaciones y ganó en el distrito.

Pero ya no es el partido único y se limita cada vez más al voto rural: la suma de los votos rivales le superó por más 15 mil en el 2016, perdió 9 alcaldías en el 13 y las que gobierna son de menos de 5 mil habitantes.

En la región ya no se imponen candidatos y el voto es cada vez más libre.

El volátil derrotero partidista revela la capacidad de los grupos locales para negociar con las estructuras de poder en el estado.

Ello explica el voto morenovallista, la sobrevivencia de un anquilosado priismo y el agazapado voto perredista hoy cada vez más volcado hacia Morena.

Los grupos de poder en la región

ZUCARMEX/Eduardo de la Vega Echavarría

El ingenio de Atencingo es Propiedad de la empresa Impulsora Azucarera del Noroeste Zucarmex, de los sinaloenses Eduardo de la Vega Echavarría y Guillermo de la Vega Canelos (padre e hijo), con Oscar Diarte como gerente general. La trasnacional Cargill es propietaria del 15 por ciento de las acciones. Compraron el ingenio en junio del 2015, junto con el de Impulsora de la Cuenca de Papaloapan San Cristóbal, en Veracruz, por 1,974 millones pesos a través de una subasta del Servicio de Enajenación y Administración de Bienes (SAE). Es uno de los empresarios involucrados en el desarrollo de la industria del etanol en México. Ligado desde los años setenta como constructor a los gobiernos en Sinaloa, en tiempos de Salinas de Gortari, y con el respaldo del entonces secretario de Hacienda Pedro Aspe, se hizo de algunos de los ingenios en poder del gobierno en Sinaloa y Veracruz para fundar la empresa.

Confederación Nacional de Productores Rurales/José Luis Rosas Quiñones

La Confederación Nacional de Productores Rurales es la principal agrupación de productores de caña. Es, de hecho, la organización más importante, pues supera en fuerza política a la Sección 77. Cuenta con 4 mil 615 afiliados.

Rosas Quiñones ganó abrumadoramente y en un contexto de una muy alta participación de los productores (arriba del 74 por ciento del padrón de más de cinco mil electores). Nativo de la comunidad Derramadero perteneciente al municipio de Tilapa. Basó su campaña en el descontento entre los cañeros por el escaso trabajo y apoyo de la organización a sus agremiados.

Los grupos de poder priista

Jorge Estefan Chidiac

Actual diputado federal por el PRI. Se le conoce desde los tiempos de Bartlett. Siguió carrera de funcionario de Hacienda y otras dependencias públicas ligadas al mundo financiero. Muy ligado al gobernador Marín y a su candidato perdedor López Zavala. Con el tiempo se ha deslindado y corre por cuenta propia, llegando a ser el presidente del PRI en la elección reciente por la gubernatura estatal.

Juan Manuel Vega Rayet

Actual delegado de la SEDESOL federal. Secretario de Desarrollo Social y presidente del PRI en tiempos de Mario Marín. Su esposa. Erica Suck Mendieta, fue diputada local 2008-2011. Una idea de los manejos de los tiempos marinistas lo vemos en los nombramientos de sus familiares: sus hermano, José Luis Vega Rayet, fue Coordinador de la Sucursal de Izúcar de Matamoros del Instituto para la Asistencia Pública del Estado de Puebla (IAPEP), y Julio Vega Rayet fue Jefe del Departamento de Recursos Materiales de la Secretaría de Desarrollo Rural.

Rubén Gil Campos

Ex presidente municipal por el PRI. Ligado al narcotráfico, fue detenido en Estados Unidos. Toda una ficha ligada al grupo marinista. Migrante, desarrolló la empresa de mudanzas Gil Moving & Storage, vinculada después con el tráfico de drogas. Fue liberado en el 2012, pero al parecer permanece en Estados Unidos.

Javier Filiberto Guevara González

Nacido en Izúcar en 1965. Licenciatura en Administración de Empresas por la Universidad Cuauhtémoc. Ex presidente municipal 2005-2008, ha sido diputado local (2008) y federal (2009-2012) por el PRI. Licenciado en Administración de Empresas, no se le conoce actividad empresarial. Ha sido funcionario de su partido y en dependencias de gobierno (SEDESO, DIF).

Los grupos de poder de trayectoria perredista

Manuel Madero González

Médico de profesión. Militante del PRD, gana la presidencia en el 2013 con la alianza PAN-PRD. Aprovecha el descontento contra el PRI luego de las presidencias de Gordillo y Gil. Ha sufrido la movilización ciudadana en reclamo contra la inseguridad. En el 2014 se llevó a cabo el evento “Foros Ciudadanos Plan Municipal de Desarrollo 2014-2018”, en el que por primera vez en la historia del municipio se discutió públicamente el plan de desarrollo municipal. En la elección de gobernador en el 2016, Madero González se manifestó a favor de Tony Gali, por lo que fue acusado de traidor por el militante perredista Palemón Rojas Villegas, al tiempo que pidió su expulsión del partido.

Melitón Lozano Pérez

Profesor, expresidente municipal 2005-2008 por el PRD y diputado local 2008-2010. En el 2010 abandonó al PRD y compitió por el PT a la alcaldía, pero perdió la elección contra el PRI. Fue candidato a la diputación federal en el 2015 por Morena. Así explicó en el 2010 su salida del PRD:

Fue el PRD institucional quien traicionó a su militancia , nuestra decisión es una reacción al hecho de haber realizado una alianza con el PAN, partido que en el gobierno federal ha afectado mucho a la gente en su economía diaria, y que además, actuaron de espalda a la gente haciendo a un lado la opinión de los militantes Izucarences para decidir si era conveniente la alianza, todo se arregló arriba, con los altos dirigentes, ahí se decidió la alianza y se impusieron los candidatos, no importando que los candidatos de la coalición fueran priistas como es el caso de Izúcar de Matamoros y de muchos municipios más en el Estado.

Los grupos de poder en la ciudad de Izúcar de Matamoros

Fotografía del fotógrafo poblano Jesúis Olguín.

Los 14 barrios

Es la organización histórica de la ciudad de Izúcar, y tiene como origen una cofradía dedicada al Santísimo en el ex convento de Santo Domingo. Su funcionamiento está dado en los usos y costumbres. Se eligen representantes en elección.

Los recientes movimientos en contra de la inseguridad dan una idea de su fuerza y recuerdan la movilización de 1993 en contra del gobernador Manuel Bartlett. En estos barrios es donde el voto antipriista tomó el rumbo del PRD en los últimos veinte años.

Los grupos de poder en Chietla y Atencingo

Jorge Tenorio Rosas

Presidente municipal 2002-2005. Fue originalmente funcionario de CONAGUA. De ahí su vinculación con las comunidades cañeras en Chietla. Hoy está dedicado a la perforación de pozos para gobiernos y particulares. Con él, la primera derrota del PRI en su historia. En época reciente, jugó del lado de Moreno Valle, pero después cuestionó los modos del gobernados y mejor se ha hecho a un lado. Cuenta con gran arraigo en la región cañera de Chietla y en la propia cabecera municipal.

Renuncia obligada del alcalde Ponce Cortés por los pobladores en el motín de septiembre de 2015.

Edgar Ponce Cortés

Presidente municipal 2014-2018 por MC. En septiembre del 2015 sufrió una insurrección popular que quemó la alcaldía y se enfrentó a la policía municipal y fue respaldado por el dirigente estatal del PRI, Jorge Estefan Chidiac.

Temas estratégicos: economía

La negativa relación entre las empresas extractoras con los ejidatarios. Simplemente no se paga el valor del material. La actividad es meramente extractiva (cementeras nacionales y caleras de Morelos). No hay inversionistas locales o foráneos con proyectos de industrialización en Chietla y Matamoros.

Temas estratégicos: Medio Ambiente

  • La contaminación de la cuenca del río Nexapa en la región de los valles de Atlixco y Matamoros. Memoria del cólera en 1991.
  • La explotación irracional de la industria extractiva.
  • El resguardo del patrimonio biocultural en la sierra mixteca.
  • La multiplicación de fábricas de agua: caso Ayoxuxtla de Zapata y CONAFOR.

Temas estratégicos: urbanización

  • Crecimiento desmedido e incontrolado en Izúcar de Matamoros.
  • Atencingo y su punto de quiebre: ingenio y empleo.
  • La creciente urbanización sobre las riberas del río Nexapa y el nulo control y tratamiento de las aguas residuales.
  • Inexistencia de verdaderos planes municipales de desarrollo.

Temas estratégicos: educación

  • Refuerzo de la presencia de la universidad pública (UTEC, Sistema de Educación a Distancia y BUAP)

Del miedo de la gente al miedo a la gente

A las 3:02 del 20 de septiembre de 2017 la brigada de los topos denunció que había “45 puntos de la ciudad de México donde está atrapada la gente, el ejército y la policía no dejan que la gente ayude, que los miles de personas cooperen donde están las personas atrapadas, ni siquiera para hacer cadenas humanas para acarrear escombros.”

En un México afectado en el centro y sur, en su ciudad mayor, en Puebla, Morelos, Tlaxcala, Estado de México, los primeros en llegar a los siniestros fueron los vecinos y parientes, el Ejército y la Marina tardó entre cuatro y seis horas, cuando aparecían. Pero a diferencia de 1985, donde el gobierno se eclipsó, ahora intentó tomar el control y desalojar a la gente solidaria. Junto al dolor y la destrucción de edificios aparecía una cuarteadura simbólica. En lugar del trabajo conjunto, se impuso la pugna y el desplazamiento temeroso.

Ante el riesgo de que resurgiera el mito movilizador de la “sociedad civil” del ciudadano común, el gobierno apresuró la marcha para “normalizar”. Cada quien, a su asunto, nada de organización civil autónoma como en 1985.



Las diferentes maneras de comunicar en el desastre

Los jóvenes se multiplicaron en las labores de rescate, vigilancia y abasto. Luego en la defensa espontánea de lugares siniestrados donde intentaban introducir maquinaria pesada. O bien para obligar a una atención gubernamental errática y lenta. El whatsapp resultó el medio eficaz incluso en el instante del gran sismo del 19. La comunicación ciudadana empujaba la acción humanitaria. Se logró con esa presión que atendieran, que reconsideraran la presencia de topos y organizaciones de rescate, que echaran para atrás las demoliciones. La comunicación de gobierno y de las grandes corporaciones, Televisa y TV AZTECA, exhibieron sus viejos vicios: limpiar a percudidos personajes, crear burbujas informativas como la niña Frida para recuperar audiencias y magnificar la acción de la Marina y al impresentable de Nuño. Naufragaron. Pero inició desde el día 21 una guerra en las redes digitales para generar desconfianza hacia la información ciudadana. La reacción ciudadana no tardó en revirar: se creó un centro de verificación de información ciudadano en la página www.verificado19s.org.mx

Consumidores sin vida pública



Ahora viene la lucha por la reconstrucción. El supuesto presidente de esta República ya avisó sus medidas empresariales y de clientelas políticas: el damnificado recibirá una tarjeta para que compre lo que necesita, sí, como el Monex electoral. Los fondos previstos para desastres más un préstamo del Banco Mundial anuncian negocios a la vista. Los grandes corporativos se frotan las manos. De seguro repuntará la bolsa, pues es un estímulo inmediato a los mercados de la construcción. El PRI ya tendrá listo el padrón y los mapas calle por calle donde viven los beneficiados para recordarles el 2018 que tienen que votar de cierta manera. Viva el individuo consumidor y cliente del oficialismo. No hay propuesta para atender las urgentes necesidades de educación, de salud, de trabajo, de mejora salarial para los miles arrojados a la calle. No hay propuesta para crear instancias de diálogo y acuerdo con barrios, colonias y pueblos. No hay reconstrucción de la vida pública. Hay mercado, pero no república.

La gran brecha

Y eso en el momento de mayor desprestigio de la política institucional y oficialista donde cualquier político que asoma a la calle de inmediato es repudiado. Osorio Chong no pudo ni acercarse a unas fábricas siniestradas en la Colonia Obrera pues los ciudadanos que laboraban en el rescate lo abuchearon y lo obligaron a tomar las de Villadiego. Y lo mismo le pasó a los expresidentes panistas, Felipe Calderón y Vicente Fox, que dejaron de tuitear sus “ideas” ante la reacción irónica de las audiencias digitales. Ante esa brecha creciente de la gente y los partidos, y donde prosperó el hashtag #PartidosDenSuDinero para la reconstrucción, ahora resulta que quieren donar hasta el 100% de las jugosas partidas de nuestros impuestos cuando ya inició el plazo de la campaña electoral y bien se sabe que no se puede legalmente hacer nada.

Dos temblores y dos visiones

Hace 32 años cuando se vivió el terrible sismo de 1985, Carlos Monsiváis escribió en el Proceso: “Por eso, no se examinará seriamente el sentido de la acción épica del jueves 19, mientras se le confine exclusivamente en el concepto solidaridad. (…) El 19, y en respuesta ante las víctimas, la ciudad de México conoció una toma de poderes, de las más nobles de su historia, que trascendió con mucho los límites de la mera solidaridad, la conversión de un pueblo en gobierno y del desorden oficial en orden civil” (cursivas nuestras). Ahora, cuando los valores empresariales dirigen naciones y conciencias, Enrique Krauze escribió en El País: “El terremoto del 19 de septiembre de 1985 fue el dramático bautizo de la sociedad civil. El terremoto del 19 de septiembre de 2017 debe ser el bautizo de una nueva era de solidaridad.” Para esa nueva era, nos dice, hay que crear una Comisión Ciudadana de Reconstrucción. “Esta Comisión debe tener una participación ciudadana mayoritaria. Bastará que se animen una decena de empresarios, intelectuales, académicos, periodistas, religiosos. Nombres sobran”. Los Notables, desde el siglo XIX, son una honrosa minoría familiar, dicen.

Levantar viviendas y levantar a la República debe ser lo mismo

Pero el daño nacional supera la administración moral de los recursos, en el supuesto dudoso de la moralidad empresarial que se niega a subir salarios en la negociación del TLC y hace negocios oscuros con la obra pública. Los tres sismos de septiembre (7, 19 y 23) hicieron aflorar las cuarteaduras de la Nación. El Sur y la región del Istmo apenas atendida. Los poblados rurales de Morelos, Puebla y Estado de México invisibles. La pobreza extendida de las poblaciones con un pie en la migración. La desconfianza intensa hacia la Autoridad política que debería coordinar y cohesionar. La corrupción institucional galopante que intenta aprovechar donaciones y recursos para los damnificados.

Como en otras ocasiones, del dolor y el esfuerzo de la gente nace la esperanza. Atender a los damnificados tiene que ir sembrando la simiente de otra República con poderes sociales reconocidos para exigir y revocar mandatos, con instituciones responsables y gobernantes atados a la rendición de cuentas. Pasar del terror del temblor a la esperanza del parto. Deben proliferar las comisiones donde se anude el esfuerzo colectivo ahora mostrado con la planificación conjunta de la reconstrucción no de viviendas sino de la vida pública y del bienestar con trabajo digno. El orden civil debe contener el desorden e impudicia del orden institucional y del mercado. Los medios masivos, el Gobierno, nuestros intelectuales mediáticos no entienden lo que está pasando. Este orden injusto se volvió enojo y acción de miles que se confrontaron con él en la tragedia de los sismos. Las brechas con la gente común ya no se tapan con parches. Las fracturas entre los que pretenden gobernar y los que a veces dicen que se dejan gobernar aumentan. Se abrió un tiempo posible para que los mexicanos discutamos y reflexionemos sobre nuestra manera de convivir en República. Así, ya basta.

Mundo Nuestro. Ahora todo es emergencia. Y declaraciones extremas, como la de la demolición del edificio que hoy alberga a la escuela Héroes de Reforma.
Debemos exigir que no se tomen decisiones sin que se somentan al análisis riguroso de las condiciones en que se encuentran los monumentos históricos en Puebla afectados por el terremoto del martes pasado. Sirva esta memoria de mi papá, alumno en ese colegio jesuita hasta el día mismo en el que el ejército del gobierno de Plutarco Elías Calles lo cerró en la coyuntura de la guerra cristera en 1926.Carlos Mastretta Arista caminaba desde la 3 Norte hasta la esquina de la 11 Sur y la 11 Poniente para llegar al colegio Espina, como se llamaba entonces el Instituto Oriente de los jesuitas. Esta es la crónica escrita en 1948 --tomada del libro Memoria y acantilado que por capítulos publicamos enMundo Nuestro en la sección Libros LIbres-- de un día que no fue cualquiera de 1926 cuando Carlos era un jovencito de 13 años:




Cerraba yo los ojos y veía yo a un muchachillo caminar perezosamente con los libros bajo el brazo por la calzada polvosa del Paseo Bravo a eso de las siete de la mañana. Me gustaba la hora aquella en la cual el sol medio adormecido comenzaba a besar con sus rayos las copas de los árboles. Veía yo a la naturaleza despertarse lentamente al nuevo día y olvidaba yo la hora y la preocupación por las lecciones medio aprendidas… Sólo llegando a la esquina del colegio llegaban a mi cerebro en vacaciones la realidad de la hora y sus consecuencias inevitables: entonces la emprendía yo a correr y entrando a toda prisa no descuidaba yo de dar un manazo a la pingüe barriga de Nicanor el portero, penetrando después de puntillas hasta el lugar de la capilla donde el padre prefecto me esperaba con una mirada de todo un programa de reproches. Con cara adecuada a las circunstancias, y mientras ya los demás puntuales colegiales en coro murmuraban sus oraciones de media misa, me arrodillaba yo en el centro entre las dos filas de bancas ocupadas por los mayores que sentados y mustios se complacían de mi incómoda postura. Pero no me importaba nada: con una mueca todo quedaba arreglado, y entonces me olvidaba yo de mi condición de castigado para recrearme en mi capilla. Los ventanales laterales con dibujos de vidrios de colores reproducían a algunos de los santos jesuitas más destacados; al frente, el altar principal de mármol rodeado por los menores dedicados a la Virgen Purísima y a San Luis Góngora; sobre el altar mayor una ventana a nicho albergaba a la estatua del Sagrado Corazón en tamaño mayor del natural; atrás el coro donde en las grandes ocasiones en compañía de otros chicos y bajo la dirección del siempre enojadísimo padre Canal entonábamos el Tantum Ergo recibiendo en premio una canica de caramelo pintada con fucsina; y hacia el cielo subía con mi ensueño de chamaco díscolo… Eso recordaba yo apoyado en una columna del templo romano… Mi pasado lejano que no regresaría jamás.







Carlos Mastretta Arista, en 1919, a los 7 años de edad, en la azotea de su casa en la calle 3 Norte. Al fondo, la iglesia de San Agustín.

Pero también recordaba yo con sordo rencor que el amor que tenía por mi capilla de escolar había sido bruscamente destruido por un día por la odiosa humanidad a la que yo también pertenecía… Fue una mañana lluviosa del mes de julio de 1926 cuando después de haber atravesado el Paseo rumbo al Colegio y hecho la tradicional carrera hacia él en los últimos cincuenta metros, en vez de tropezar con la figura obesa de Nicanor me encontré con un soldado absurdo y andrajoso con tanto de fusil y bayoneta cerrando el camino que me separaba de la puerta de la capilla, de mi capilla, cuyo portón estaba cerrado y atravesado por los sellos de un inicuo juez cateador. Me retiré cabizbajo e impotente pero poseído de un odio atroz y pidiendo al cielo poder u fuerza para volver a abrir esas puertas y penetrar en ellas como en un tiempo díscolo y bullicioso pero con fe intacta y sin sombras de recelo. Siempre lloré mi colegio. A través de sus ventanales mis miradas en las horas de distracción siempre sorprendieron el vuelo fugaz de una golondrina en las tardes de verano. Era entonces el presentimiento de encontrarte así como eres, María de los Ángeles, mi vida. Pero lo que más extrañé y aún extraño, fue la capilla de mi colegio. Desde aquella mañana triste de hace 21 años no la volví a ver, y jamás quizás la vuelva a ver, como no volverá jamás mi infancia despreocupada. Y no penetraré en ella aunque el coro del padre Canal haya sido sustituido por las notas no culpables y no pecaminosas de Chopin o Bach, cierto, más melodiosas que nuestras voces de chiquillos en busca de una canica de caramelo con fuchina…



(Con fotos de de diego García y Brenda Robe y Mundo Nuestro)


Parte 1: Bajo la influencia de las redes sociales entré en pánico. Me imaginé a toda la gente de los diferentes pueblos agonizando por ayuda, MI ayuda. Y me sentí urgida por salir a carretera, a algún pueblo o comunidad, la que fuera y sentirme útil, desahogar esa adrenalina generada en mi cuerpo con algún tipo de ejercicio físico como levantar escombro.

Parte 2: Fui a Xochiteapan. Estuve horas esperando alguna orden, cuando por fin me mandaron a levantar ecombro (completamente equipada con casco, guantes, pala, cubeta y carretilla nuevos, donados) no había más escombro por levantar. Una brigada anterior ya había levantado todo y ahora había que esperar a que se demolieran las casas marcadas (hecho que podría tardar días). Ahí, a medio pueblo semi derrumbado, sin nada qué hacer, me encontré útil ayudando a una familia a mudarse... Y ni tanto pues sus muebles y costales eran demasiado pesados para mi.
Cansada de caminar de un lado a otro todo el día, sin comer y bajo el sol, me dirigí hacia el albergue. Allí me sentí útil unos momentos descargando víveres y armando casas de campaña, hasta que sobraron las casas de campaña y en las cadenas de víveres eramos tantos que se perdió la eficiencia.



Parte 3: Impotencia. No pude ayudar, hasta estorbé. Y pensé: "Si fuera más fuerte, o si fuera ingeniera, si fuera líder, si fuera doctora... Pero soy artista plástica, maestra, ceramista..."


Entonces me di cuenta que sí puedo ayudar, desde lo mío: acompañando a la gente, jugando con los niños, haciendo figuras de barro, escuchando, compartiendo mi conocimiento en cerámica, recordando en mi obra y tal vez así ayude a que ésto sea un poco menos tragedia para mi y para ellos.

El gobierno no puede actuar por la libre. Ahí están las universidades, y ahí la BUAP particularmente, para obligar a una discusión rigurosa pero urgente y organzada

Ayer en Chietla. Esa casona que observa un león atribulado es una de las reconocidas por el INAH como monumento histórico. El pueblo viejo y caliente, debastado en el siglo XX por los cacicazgos alentados por el gringo Jenkins, tiene en sus casas de adobe, de techos altos de dos aguas --muchos de los cuales sobrevivieron este último terremoto--, uno de sus principales orgullos. Sus pobladores tienen mucho que decir en la reconstrucción de las casas. Y por lo que vi y escuché, mucho saben de ello. Por supuesto que agradecen la ayuda generosa de los brigadistas que llevan ya tres días ayudando en la remoción de los escombros. Tienen la fortaleza de ese león dispuesto en la plaza.



Fuí nuevamente a Chietla. Una tarea que me he dado es la de documentar el enorme problema que supone la reconstrucción de miles de casas en el México rural. Chietla ha perdido al menos el 50 por ciento de sus casas. Ahora mismo nadie en ese pueblo viejo tiene idea de cuántas viviendas se han perdido. Tal vez mil, me atrevo a decir yo. Esta familia sacó sus cosas a la calle. Y como centenares de familias más, se preguntan qué será de sus vidas. Trataré de contar estas historias en los próximos días. Es lo que sé hacer, es como puedo ayudar.
El corazón partido. Pero tambiéln el corazón fuerte. La urgencia de soportar todo el ánimo de reconstrucción desde las propias comunidades. Escribió Octavio Paz tras el sismo de 1985:
"La enseñanza social e histórica del sismo puede reducirse a esta frase: hay que devolverle a la sociedad lo que es de la sociedad."
Y dijo más: "Los gérmenes del renacimiento están en el origen. Son los de nuestro comienzo. Han sobrevivido a muchas desdichas y tradiciones, a la seducción de la falsa modernidad y a las simplificaciones de las ideologías. Hay que preservarlos y vivificarlos. Sería funesto que se desvaneciesen o volviesen a ocultarse. De ahí que sea indispensable que en la tarea de reconstrucción-rectificación que será larga y penosa, participen todos los distintos grupos sociales. Tenemos que encontrar nuevas vías de participación popular. Es inaplazable asimismo que las autoridades oigan la crítica y acepten la fiscalización de la sociedad. Si el Gobierno quiere reconquistar la confianza popular y no exponerse (y exponernos) a un estallido más grave y profundo que el temblor, debe mostrarse más abierto y flexible. El Gobierno no es una fortaleza, sino un lugar de encuentro. No pido que abdique de su autoridad, sino que la comparta, que sea más atento y sensible a las voces de los que están fuera. El temblor sacudió a México, y entre las ruinas apareció la verdadera cara de nuestro pueblo: ¿la vieron los que están arriba?"

Si lo escucháramos como al rumor de un río lo sentiríamos: miles de personas movilizadas por el ánimo de ayudar de cualquier forma. Por un momento trato de observar a distancia todo este esfuerzo. Centenares de grupos, la mayoría de civiles, pero también de las autoridades. ¿Cómo lograr una buena coordinación? ¿Cómo asegurar que a la respuesta masiva de la ayuda vaya acompañada de la inteligencia para resolver problemas urgentes pero de muy difícil resolución. Uno, tal vez el principal para las próximas semanas: ¿demoler o reconstruir?

Pienso en ello a la vista de Chietla, con sus centenares de casas construídas con los antiguos --y por lo que vi, resistentes-- usos rurales (mudos de adobe, vigas y morillos de ocotate (un tipo de bambú que abundaba en esas selvas de la región hoy convertida al monocultivo cañero). Ayer eso encontré: casas severamente afectadas que obligan a primera vista a pensar en la demolición. Pero ahí mismo, las voces locales expertas en la construcción con elementos nativos. Y dicen, "ahí está el cemento expansivo para arreglar muchos de los daños que presentan los muros."

A gritos se pide aquí entonces la participación de expertos. No simples visores con casco que a la primera arremetan con la palabra demolición.

¿Lograremos organizar como sociedad y gobiernos a los grupos especializados para tomar tal decisión, casa, por casa, historia por historia de cada una de las familias que han perdido su patrimonio? El gobierno (y aquí me refiero a los funcionarios de Protección Civil estatal y a los directores de obras de los ayuntamientos, por pensar en algunos de ellos) no puede actuar por la libre. Ahí están las universidades, y ahí la BUAP particularmente, para obligar a una discusión rigurosa pero urgente.



Día con día

En el principio es el desbordamiento de la solidaridad, la emoción incomparable de miles de ciudadanos echados a las calles por su propia cuenta para ayudar a otros, para aliviar la tragedia de otros, para insertarse en una marea anónima, admirable, de unidad ante el sufrimiento.La cara de la solidaridad colectiva ante la desgracia desata una épica mediática, un reconocimiento universal, y confirma el orgullo de pertenecer a esta movilización autónoma, genuinamente espontánea, admirablemente generosa, irrefutable. Aparecen pronto las grandes historias de éxito y rescate, momentos de heroísmo anónimo que serán imborrables.Luego vienen los primeros choques de la colectividad solidaria con su propio ímpetu y con las restricciones que la lenta realidad y los limitados gobiernos van imponiendo al torrente. Empiezan a aparecer las frustraciones, las quejas, las derrotas ante los escombros.Crecen los desencuentros de la marea solidaria con las autoridades, el rumor y la desinformación. Se propagan grandes mentiras que acabarán siendo verdades de piedra. Empieza a ser irritante la descoordinación del gobierno con el gobierno, y de todas las formas de gobierno con la sociedad sobreexcitada en las calles y en los medios.

Pasan al primer plano la ineficacia y estupidez, las mentiras que tratan de ocultar el daño, la riña de la opinión pública con sus autoridades y con sus informadores.Se pasa poco a poco de la solidaridad a la queja, de la ayuda a la exigencia, de la emoción de comunidad sin fisuras al amargo sucedáneo de las fisuras de la sociedad consigo misma y con su gobierno. Poco a poco la tragedia busca responsables. Los damnificados voltean a la autoridad pidiendo auxilio. La autoridad está rebasada por el tamaño de los daños y por sus propias debilidades. La marea de la opinión pública cambia entonces. Pasa de la solidaridad espontánea a la búsqueda de responsables.

Las autoridades aparecen poco a poco como responsables y luego como culpables. Primero, de su ineficacia para responder a la tragedia. Luego, de la tragedia misma.



Las consecuencias políticas de esta cardiografía social del sismo apenas pueden exagerarse. Son el verdadero sismo secreto. La elección de 2018 está desde ahora cruzada por sus grietas.

(Fotografía de portadilla tomada de Muy interesante)

Chietla, Puebla. “Como no hubo muertos, el gobierno del estado nos tiene olvidados”.

Esa es la queja de los pobladores de esta cabecera municipal dos días después del sismo: más de 9 mil habitantes que han visto caer o quedar inhabitables a cerca de la mitad de sus viviendas. Esta población es probablemente la más afectada por el terremoto en sus casas habitación. Y el gobierno del estado de Puebla parece no tener la menor idea de ello.

Así puedo resumir lo visto en el recorrido realizado este jueves en este pueblo cañero al que el temblor del martes pasado le hizo pagar caro la existencia de centenares de casas construidas con adobe y piedra. Dos días en los que la gente se ha dedicado a recoger el escombro y a meditar sobre lo que será de ellos. Y a dejar correr el rumor de que el gobierno municipal empezará este mismo viernes 22 la demolición de las viviendas afectadas.

Pero ni luces del gobierno estatal. En algún lado andarán los técnicos de Protección Civil, pero no han puesto un pie en Chietla. Sí han llegado decenas de jóvenes de la ciudad de Puebla organizados en brigadas y que ayudan con picos, palas y carretillas a las familias afectadas a sacar el escombro a la calle. El ayuntamiento ha dispuesto maquinaria y camiones para ir limpiando poco a poco y calle a calle las montoneras en las puertas de las casas.



Esa es la gran noticia positiva en Chietla: grupos civiles, voluntarios provenientes igual de las universidades BUAP, Ibero Puebla, UDLA y Tec de Monterrey que de los barrios obreros de la ciudad de Puebla que se han trepado a las brigadas que desde el zócalo parten a la región mixteca desde el miércoles. Víveres, mano de obra y transporte aportados por organizaciones civiles. Y poco a poco, polines y materiales de construcción.

Pero nada que tenga sello de gobierno estatal o federal.

“No ha llegado nada del gobierno estatal”, confirma Olga María Carrillo Olea Velazco, directora del Registro Civil, quien con un equipo de tres funcionarias levanta un primer censo de las casas afectadas. A las cinco de la tarde del jueves ella me confirma que han logrado registrar la situación de catorce calles, con la identificación de entre 25 y 30 casas en cada una de ellas con daños severos que obligan a su desalojo y probable demolición.

Esa es la apreciación del arquitecto Edgar Arias, quien por su cuenta recorre con un grupo de jóvenes universitarios las calles del centro: “Por lo que hemos apreciado en esta inspección que realizamos desde ayer, de las casas afectadas, un 75 por ciento tendrán que ser demolidas. Es muy grave: la gente se aferra a sus casas, y con razón, han construido su patrimonio con el trabajo de muchísimos años y ahora se les dice que tienen que dejarlo porque se les van a venir abajo… Están aferradas.”

“No hay orden de demolición –me dice el ingeniero Tomás Jiménez Cerezo, director de Obras del gobierno municipal--. Hemos identificado algunas casas para las que no hay otro remedio, pero no lo haremos sin la firma de consentimiento de los propietarios afectados.”



“Ese registro es puro atole con el dedo –afirma el mecánico Jorge, cuya vivienda fue evaluada por el ayuntamiento como de pérdida total--, pero la verdad es que no ha llegado nadie del gobierno de Tony Gali. Los únicos que han llegado son los estudiantes de Puebla. Esos sí que están ayudando. Pero estos del ayuntamiento dicen ‘te voy a tumbar, te voy a limpiar el terreno, pero hasta ahí’. Ajá, y con qué dinero vamos a levantar una nueva casa…”

En el aire, entonces, el interrogante sobre la reconstrucción por venir. Y bien dice el arquitecto Efrén Meléndez: “Empezó todo con los huracanes, siguió el temblor en Chiapas y Oaxaca, y ahora este terremoto que afectó a México, a Puebla, ¿cuándo se van a acordar de nosotros.”

Como quiera, lo que en lo inmediato es urgente en esta región cañera es identificar las necesidades más importantes, de manera que los esfuerzos que se realizan desde la ciudad de Puebla tengan un resultado concreto: Lo que se necesita ahora son tres cosas: materiales de construcción, mano de obra para quitar escombro y equipos especializados de ingenieros y arquitectos y obreros especializados expertos en demolición, gente que conozcan de construcción con adobe para su la rehabilitación. De no ser así, lo que van a hacer los gobiernos es demoler y dejar a la gente a la espera de que un programa de vivienda los rescate.

Todo esto merece debate. Obliga a la participación de las universidades y los organismos especializados en construcción. Y compromete a una acción inteligente de las instituciones de gobierno. Y de inmediato.

(Las fotografías que ilustran esta crónica son del fotógrafo Juan Pablo H. Dircio)

A la enorme sacudida de la tierra la acompaña el rugir de las viejas casonas que nos sirven de escuelas. Salgo tratando de mantener la calma y veo cómo se estremece el Edificio Carolino. Tiembla más que yo. La calle se ondula bajo mis pasos. Trato de ubicar algún lugar seguro cuando la fachada del gimnasio se fractura y caen pedazos de cornisas que se estrellan en el piso y brincan sobre mí.

Entonces el tiempo se detiene, como en Los Recuerdos del Porvenir. Mi mundo y mis certezas se fragmentan. Siento la cercanía de la muerte. Segundos que se vuelven eternos. Escucho gritos, llantos y las casas que se desagarran por dentro y que lanzan objetos con furia hacia fuera. Siento el palpitar de la tierra y me invade el miedo.



19 de Septiembre de 1985: 8.1 grados. 7:20 horas. 20 mil muertos.



He vivido varios terremotos y muchos desastres: desde el devastador sismo del 19 de septiembre de 1985, del que se contabilizaron oficialmente 20 mil muertos. Aunque el número verdadero nunca se conoció, pero muchos edificios quedaron convertidos en cementerios. En ese entonces estudiaba yo en el mismo Colegio de Letras en el que ahora doy clases. Me preparaba para salir a la escuela cuando el terremoto me regresó a mi recámara para abrazar y proteger a mis bebés. El Distrito Federal convertido en Zona de Desastre. “Segundos y horas de terror prolongado, miles de edificios caídos y dañados, imágenes terribles y memorables, demostraciones de la cooperación internacional y pruebas de los alcances y límites de la burocracia”, consignó entonces Carlos Monsiváis en una enorme crónica. En Puebla también hubo graves daños.

15 de Junio de 1999: El terremoto de Tehuacán. 7.1 grados. 15:42 horas. Daños por 200 millones de pesos. 34 mil casas afectadas, mil 200 escuelas y 800 iglesias. 20 muertos. Este sismo me sorprendió cuando salía de trabajar de la Dirección de Comunicación de la BUAP. Entré al edificio Carolino y parecía que lo habían bombardeado. Los pasillos estaban partidos casi por la mitad. Se miraba el cielo desde el interior de las fracturadas cúpulas. La antena de radio Buap cayó. Los pináculos de la Iglesia de la Compañía estaban en el suelo. Muchas secretarias y trabajadores salían heridos y asustados del inmueble. De inmediato la ayuda y solidaridad por todos lados.

Después muchos sismos ligeros, de esos que hasta se sienten bonito, porque apenas si mecen un poco y sólo te recuerdan que la tierra está viva, pero que no dejan malos recuerdos.

7 de Septiembre de 2017: 8.4 grados. 23:49 horas. Cama que brinca, ventanas que truenan, cielo que se enciende y de irresponsable me quedo en mi cama para enterarme por las redes sociales de lo ocurrido: 96 muertos, 10 mil casas colapsadas, 50 mil dañadas y 1.5 millones de damnificados.

En clases revisamos algunas desgarradoras crónicas de los sismos más fuertes en la historia reciente de México y nos conmovimos de las desgracias pasadas. Los estudiantes extranjeros que están de intercambio en la BUAP se sorprenden porque en sus países nunca tiembla.

19 de Septiembre de 2017: 7.1 grados. 13:14 horas.

Jornada normal de trabajo que no se interrumpe ni con el simulacro convocado para conmemorar los 32 años del terremoto de 1985, a las 11 de la mañana. Cruzo el Zócalo y observo la evacuación de oficinas municipales. Todos disfrutan un rato de esparcimiento.

En mi escuela las actividades se desarrollan con normalidad. Subo al hermoso edificio Arronte por las escaleras. El elevador tiene letrero de “No usar”. A las 12:00 clase de Comunicación en el edificio Sor Juana. Recibo mensaje del secretario académico de la Facultad de Filosofía y Letras, Javier Romero Luna, de que debo firmar unos documentos importantes. Voy a su oficina, la antigua Casa del Pueblo. Justo ahí nos llega la sacudida: enorme, violenta, repentina.

Y todo lo leído se olvida. Ignorantes siempre ante la fuerza de la naturaleza.

¿Salir o no salir?

¿En dónde estamos más seguros?

Recordé lo ocurrido apenas hace dos semanas en Chiapas y Oaxaca.

Mejor salir. Ahí se desplomaron más de 10 mil casas, si la gente no hubiera salido, las muertes serían incontables.

Trato de trasmitir por Facebook live -malditas adicciones actuales-- mientras busco algún lugar seguro.

Veo como vibra de fuerte el edificio Carolino. La fachada del gimnasio se fractura y caen pedazos de cornisas que se estrellan en el piso y brincan sobre mí.

He vivido muchos sismos pero mientras no ves derrumbarse nada frente a ti piensas que no hay peligro. Todo cambia cuando estos enormes edificios se mueven de un lado a otro y empiezan a caer en pedazos o en pedacitos.

La telefonía se colapsa.

Por Whats logro tranquilizarme y calmar a mi familia.

Todos desalojados de las escuelas, sólo entramos a recoger pertenencias.

Las clases se suspenden hasta nuevo aviso.

Conforme pasan las horas nos vamos enterando de la magnitud y los daños de este terrible sismo, que ha cobrado más de un centenar de vidas en Puebla, en la Ciudad de México y otras entidades del centro del país.

El corazón se me parte. Camino por las calles desoladas, la tristeza y el polvo que hay en el ambiente me hacen llorar.

Las desgracias y muertes se multiplican.

La atención -como siempre- se centra en las grandes ciudades.

Las televisoras y los políticos –como siempre-- tratan de lucrar con el desastre.

La gente buena y solidaria –como siempre-- también aparece y nos hace recuperar la fe en la humanidad y en un México que debe renacer –como siempre-- de sus cenizas, o más bien de sus escombros.