Sociedad

A Mara Fernanda Castilla la enterraron en Veracruz el domingo. Recorro el lunes con una masa triste las calles de Puebla en su memoria. Resuena la voz estudiantil que repite apenas convencida “justicia para Mara”, pero que grita sin recato “ni una más”.

Mara está muerta. ¿Qué país es el que se reconstruye con esta tragedia?



(Con fotografías de e-consulta y Mundo Nuestro)

Esperanza viene sola a protestar. Y su voz rompe conmigo el silencio de la marcha por Mara Fernanda Castilla Miranda: “¿Por qué, si queremos ir solas, podemos acabar en el fondo de una barranca?”

Esperanza Domínguez camina sola por la Avenida Juárez a la que el Ayuntamiento aporrea por enésima vez en la historia. La falda blanca, larga, la blusa azul, la gorra de beisbolista, y su tristeza. Sola ha venido a protestar, me dice; sus hijas están trabajando. Porque ese es el reclamo que tiene, que las mujeres no puedan caminar solas por la calle un día cualquiera, sin una masa que la guarde de toda premura contra un mundo que las acecha. ¿Pero por qué?, insiste. Por el mal gobierno, por la falta de valores, por la ruptura de las familias. Porque no hay derechos en México, ella misma responde.



“¿Qué es lo que quieren todas estas muchachas que vienen a esta marcha?, me pregunta. Y se responde: “Igualdad. Y el derecho de caminar solas por la calle sin el miedo de que terminarán al fondo de una barranca.”

Dejo a Esperanza a la entrada del Paseo Bravo, sola con sus reflexiones, sola con un reclamo tan largo como la falda blanca que viste y refleja la posibilidad del mundo distinto que su nombre contiene.

Los reporteros y fotógrafos me recuerdan a las moscas. Aquí estoy a mediodía como una de ellas. El zumbido de los drones que grabarán la marcha me lo recuerda. Es el arranque, hay que tener la foto, la exclusiva. Como si fuera posible. Cuento de refilón tal vez unos cincuenta colegas trepados en cámaras y celulares a unas “redes sociales” que supongo escucharán ávidas lo que estas decenas de relatores cuentan en un segundo. Al otro lado de la línea los imagino atados a la consternación de sus jefes de redacción que se jalan los pelos al tanto de lo que sus competidores ya tienen hace un instante en el aire.

Saludos a algunos. Llevo treinta años y decenas de marchas por otros tantos asuntos amargos. ¿En la hora de las responsabilidades sobre la desgracia mexicana habrá oportunidad de sentar en el banquillo a este mar de ruido y palabrerío en el que nos ahogamos “los medios de comunicación”?

Los rectores se posesionan del espacio público. Para bien de todos nosotros. Adelante van los rectores de la Ibero Puebla y la UPAEP, Fernando Fernández Font y Emilio Baños Ardavín. Van en la segunda fila de la vanguardia de la manifestación. Los observo con sus guayaberas blancas, obligados por las circunstancias, poco a poco convertidos en cabeza de un movimiento civil de resistencia contra el colapso del Estado, un movimiento que ni siquiera es consciente de sí mismo, pero que en los discursos que estos dos rectores darán en unos minutos se perfilará con unos cimientos críticos y una fortaleza moral que hace tiempo han desaparecido de la política mexicana. El hecho es simplemente brutal: aquí los partidos políticos no tienen nada que hacer, y su ausencia es el reflejo del fracaso de la democracia en nuestro país.

Y lo resume Fernando Fernández Font en la denuncia de una autoridad cómplice del crimen organizado que en México conocemos como “los narcos”. Y la delinea Emilio Baños Ardavín en los puntos de un plan de seguridad que arranque con la declaratoria de alerta de género que los gobernantes poblanos han escamoteado durante los últimos cuatro años, cuando los asesinatos de mujeres se multiplicaron. Los dos discursos recuperan la plaza pública para la ciudadanía. Esa sí que es una gran noticia.

El Mayor Rodríguez Verdín se acuerda de Maximino. Ya no es un policía joven, pero no es tan viejo para ser testigo directo del mayor de nuestros dictadores poblanos. Pero ha estado en los sótanos de la Secretaría de Gobernación durante largos años, y ahí en las mazmorras en las que se construyeron los Piñas Olayas, los Bartletts, los Melquiades, los Marines y Morenos Valles las paredes trasminan la memoria del poder autoritario. José Ventura Rodríguez Verdín, militar de carrera, ya era jefe policiaco en 1989, cuando como prototipo del macho encabezaba a la fuerza pública que batía a los militantes de la 28 de Octubre. Ahora es el Secretario de Gobernación con el alcalde Luis Bank. Tiene buen aire para ir delante de los marchistas que han partido desde el edificio central de la UPAEP en la 21 Sur con rumbo del zócalo. Todo lo ha dispuesto, no habrá crucero en el que no aparezca una patrulla dirá cuando el rector Baños sale para encabezar el contingente.

“Este crimen es muy lamentable –me dice--, todos sabemos que a las damas no se les puede tocar ni con el pétalo de una rosa. Pero hay mucha gente violenta, y falta mucha educación en el hogar. Imagínate cómo andamos los que tenemos hijas, los que tenemos nietas…”

Lo encuentro más adelante. Tiene todo bajo control. Y tiempo para contestar a una pregunta absurda, pero al fin este jefe militar lleva una vida entera de policía: ¿por qué se producen estos asesinatos? No se queda callado: “Hay que recordar a Maximino, la manera en que resolvía estos asuntos…” Así que la aplicación de la ley fuga, el paredón o la horca simple y llana. ¿La pena de muerte? Esa postura gana en las encuestas, le digo. ¿Tendríamos que volver a los modos de Maximino, resolver esto con una soga al cuello y que alguien que le jale las patas al criminal?

El veterano policía se apresura a dejar de platicar con el reportero.

Las dudas de Stella sobre la versión de la policía. Las he leído en el Face mientras la marcha prepara su salida. Vivimos en México, me digo, y la memoria lleva a que la versión que arroje el Ministerio Público en una conferencia de prensa siempre habrá que ponerla en duda. Stella no es ingenua, y como editora de libros tiene claro que la verdad sobre la realidad puede someterse a los cortes y las velaciones, que puede administrarse en títulos y capítulos, que siempre habrá una autoría a la hora de decir “esto es lo que ha ocurrido”. Ella apunta al común sentir de que a la autoridad no se le puede creer nada así como así.

#quepasoconmaracastilla# porque yo no puede creer la versión que nos ofrecen hoy. Cómo creer que el tipo la mató y se quedó tan campante en Tlaxcala?? Cómo creer que tuvieron que pasar 8 días para que encontraran su cuerpo en Periférico?? Yo creo que la chica solicitó Cabify y se quedó dormida en el carro... el tipo la llevó a su casa y al percatarse de que estaba dormida le tomó fotos (de ahí los flashes que se ven) y las envió a quienes en verdad decidieron el destino de Mara. Esperó la respuesta de sus jefes (por eso estuvo media hora ahí), y una vez con la instrucción, se la llevó a Tlaxcala (tierra de trata de blancas). No creo que la haya llevado a un motel cómo dicen... eso lo tuvieron que armar después. Ante la presión en redes y la social, decidieron (los mismos que están detrás del chofer, sus jefes) desviar la atención del verdadero y gran problema de trata mujeres, con otro no menos grave, pero que tiene punto final: el de un feminicidio más. Y entonces armaron todo... lo del motel, la sábana, la toalla, y la aparición de Mara muerta... Esperan que ahí se detenga todo... porque Mara no les importa y sus intereses quedan a resguardo... ¿Quiénes están en verdad atrás de la trata de mujeres en el corredor Puebla-Tlaxcala? ¿Cómo es que ocho días después todo embona perfectamente? ¿Por qué no huyó el chofer desde el principio, con todo el tiempo del mundo que tuvo para hacerlo? ¿Quién es el dueño del motel? ¿Quién controla esa empresa de taxis "seguros"? En fin, ¿qué pasó en verdad con Mara? Yo no puedo creer su versión... sólo creo en la aversión que esos poderosos nos tienen a todos... creo que no les importamos; que nos ven como basura; que nos consideran idiotas... Mara, porque soy mujer, mamá, hija, amiga, víctima de violación y violencia; porque soy profesionista, porque soy mexicana, porque sin conocerte te quiero y me dueles, no puedo aceptar lo que dicen que te pasó... hay más, mucho más! Mara, no nos quedemos callados; no nos convirtamos en cómplices de quienes te asesinaron y matan en vida y de facto a muchas mujeres más.”

“Mara Castilla no es un caso aislado”, dirá más tarde en el zócalo la estudiante de la UPAEP Diana Galaviz. Yo lo confirmo en el volante que me entrega la madre de Guadalupe Zavaleta Benítez, una mujer de 40 años que salió de su casa el martes 1 de agosto pasado y no se le ha vuelto a ver. Miro las señas particulares que da a conocer la Fiscalía General del Estado: es bajita, 1.50 metros, su tez es apiñonada, sus ojos son claros, el cabello lo lleva teñido en rubio cobrizo y es lacio y largo, su frente es amplia, la nariz es chata, sus labios son delgados. Lleva el registro de desaparición CDI-12564/2017/ZC. El volante consigna escritos a mano dos teléfonos que hasta hoy no han ofrecido auxilio: 2224342786 y 2533780. Y el de la propia policía: 2286281.

Sí, no es el único caso. En esta revista digital Mundo Nuestro publicamos en marzo de 2014 el infierno de algunas familias que han sufrido en sus hijas la violencia de sus novios y sus maridos. Samai Alejandra Márquez Salgado, Olga Nayeli Sosa Carrasco, Paulina Camargo Limón, Myriam Manzola Heras, Alejandra Téllez Pérez, Fernanda Montes, Blanca Estela Solar, Brenda Michel Flores.

Recuerdo las voces dolidas de sus padres

No vivimos tiempos gratos, pero es posible rescatar al Estado desde la sociedad civil

Y la respuesta que entonces diera el gobernador de turno en Puebla:

Puebla no cuenta con el perfil para que se decrete una Alerta de Violencia de Género

Tres años y un gobernador después una multitud vuelve a salir a la calle. Perdidas entre la masa que camina van los familiares de esas muchachas muertas.

Alfredo Naime es el más importante crítico de cine en Puebla. Desde hace uno años encabeza la escuela de cine de la UPAEP, y por mucho tiempo fue director de la escuela de comunicación de la Ibero Puebla, a la que vio inaugurar en 1985. Desde entonces nos conocemos. Los dos hemos sido llaneros, y con su retiro a los 57 años –metió un gol en su último partido-- de seguro tiene el récord entre los futbolistas amateurs que han abandonado las canchas. Los dos tenemos hijas. Hablamos de ellas, de sus planes. Ninguno de los dos alcanzamos aún el título de abuelo. Caminamos por la Juárez y pensamos en Mara. A la una el sol se abate sobre nosotros. Implacable. Caminamos en silencio.

¡Alerta, alerta, alerta feminista! La consigna rompe el estilo monótono de la marcha estudiantil que encabezan los estudiantes de la UPAEP. “Aplaudan, aplaudan, no dejen de aplaudir, que el pinche machismo se tiene que morir…”

Bien dirá la reportera Laura Ruiz que esta marcha es muchas marchas. Y hay que saber descubrirlas. Y si te topas con las muchachas del Colectivo El Taller la tarea será sencilla.

Gabriela Cortés lleva un megáfono que guía el contingente de muchachas que caminan por Reforma casi con disciplina militar. Esto se parece más a la tradición de los ceceaches de los setenta: “A un lado, a un lado, a un lado reformistas… Adelante, adelante, marxistas leninistas”, coreaban entonces en pequeños escuadrones que se desplazaban por Paseo de la Reforma en la ciudad de México tal vez el 2 de octubre de 1978. Y a un lado tenía que hacerme yo y todo aquel que no se arrimara ante el paso férreo de aquellos iluminados. No sé qué vena oculta ha traído esa memoria cuando escucho a estas muchachas decididas gritar su alerta, alerta, alerta feminista, y tiemblen y tiemblen y tiemblen los machistas, que América Latina será feminista...

Pero es otro el trazo. Aquí la memoria perdió la ruta. Estas muchachas realmente están cambiando al país.

Gabriela es actriz y activista de este feminismo combatiente. Y así me lo explica al dar cuenta de su presencia este mediodía en la marcha por Mara.

“Venimos a exigir justicia no solamente por Mara, sino también por las otras 82 mujeres asesinadas, por las más de 200 mujeres desaparecidas. Y creemos que la voz de las madres de estas mujeres tiene que escucharse. Por eso vamos a ir a exigirle al fiscal que no ha hecho su trabajo, que no ha hecho nada para prevenir esta violencia, para prevenir los asesinatos.

Y así describe su lucha antimachista:

“Los hombre no quieren ceder, no quieren ceder esos espacios que las mujeres estamos ganando, no quieren ceder el poder que han tenido durante siglos, ni siquiera los espacios laborales en los que los machos están siendo desplazados por las mujeres. El machismo nos tiene miedo, los machos nos tienen miedo. Y no pedimos más de lo que ellos tienen, queremos los mismos derechos, pero ellos no quieren ceder, creen que les pertenecemos, por eso nos siguen violentando, asesinando…”

Los académicos aprueban los aplausos de la masa. Quedamos justo en medio, ya en la sombra del techado frente al costado de Catedral que da al zócalo. Juan Carlos Canales y Alejandro Guillén comentan los discursos de los dos rectores. Y les aplauden decididos. Los dos han convocado a un foro sobre la seguridad en Puebla. Uno es filósofo, el otro es politólogo, pero llevan semanas con este propósito, y el asesinato de Mara los ha obligado a adelantar el evento para el próximo 27.

Mara era alumna de Alejandro Guillén. Me cuenta de los sentimientos encontrados que su muerte le provocó: de la incertidumbre, la angustia, la desesperación, la impotencia a la rabia, el coraje, el encabronamiento.

“Estoy encabronado, pero estoy en shock –dice--. Ahora es el momento del duelo, de la resignación, pero viene el tiempo de la acción, este foro es un paso, pero tenemos que ir más allá, tenemos que generar políticas públicas, crear mecanismos de trabajo, como un observatorio contra la delincuencia. Tenemos que cambiar también como investigadores y académicos, tenemos que salir de nuestros castillos para acercarnos a la gente, sensibilizarnos para trabajar por la construcción de una Puebla que deje de ser este lugar inhóspito…”

“Mara es un símbolo –reflexiona el comunicador José Luis Pandal--, su muerte va más allá del dolor de su familia, puede ser la chispa que se necesita para que esto estalle…”

José Luis y yo fuimos compañeros de banca en la primaria del colegio Oriente de los jesuitas en 1961, y desde entonces somos amigos. Nunca se ha guardado para sí sus palabras. “Es una pena que no esté en el templete el rector Alfonzo Esparza”, dice cuando Fernando Fernández Font recuerda que el 4 de octubre del 2016 el rector de la BUAP en su tercer informe exigió a las autoridades que no permitieran una muerta más.

“Van cuatro estudiantes nuestras asesinadas en los últimos cuatro años – recuerdo yo que dijo Alfonzo Esparza Ortiz para referirse al asesinato de Tania Verónica Luna, la joven veracruzana estudiante de sociología en la BUAP asesinada --. Ni una más.”

A la izquierda del templete quedó un contingente de estudiantes de la BUAP. Al final harán un corrillo para escuchar a la mamá de Olga Nayeli Sosa Carrasco, asesinada y descuartizada en el 2013 por su marido. “¿La universidad vive?”, se pregunta un estudiante de Ciencias Políticas que ha hecho el recorrido desde Ciudad Universitaria. Me dice que está decepcionado de no ver una representación de la BUAP en el templete. Y cuestiona a los organizadores que no han permitido que la madre de Olga Nayeli hable en el mitin. “La realidad es que hay compañeras que ya no viven… Pedimos justicia para Olga Nayeli.”

Como José Luis Pandal, yo tampoco entiendo la ausencia de la universidad pública en el templete. Muchos de sus estudiantes y maestros sí están presentes, han marchado desde Ciudad Universitaria. Pero no están sus dirigentes.

¿Por qué siguieron las muertes?, se pregunta el sacerdote jesuita Fernando Fernández, rector de la Ibero Puebla. No deja la pregunta en el aire. “No somos ingenuos –dice--, el problema es difícil. Pero no lo resolveremos si no somos solidarios.” Antes nos ha dicho que la noticia de la muerte de Mara le descompuso el estómago. Y que Mara pudo ser cualquiera de nuestras hijas, de nuestras hermanas. Y que el dolor es enorme y no se quita con los gritos y las marchas, y que no podemos continuar así. Que todo esto ocurre por la connivencia entre las autoridades y los narcos, y hemos heredado el hecho de que por mucho tiempo no se persiguió a los criminales.

Pero ha dicho más: que el asesino de Mara es producto de esta sociedad que en su división, su injusticia, su pobreza nos vuelve a todos responsables.

Los académicos Canales y Guillén le aplauden con el mismo arrebato que la multitud que aclama el jesuita. Confirmo que la solvencia moral todavía puede recuperar las plazas públicas. El mitin entero alcanza con Fernando Fernández su punto culminante. Y todavía identificaré otros dos iguales.

El rezo reflexivo y aplaudido lo propusieron dos estudiantes de la UPAEP. Si ya me lo esperaba no lo imaginé como lo propusieron, la oración como un diálogo y que cada quien que le rece a sus propios dioses. Y llegó después de que desde el templete Diana Galaviz afirmó que “el asesinato de Mara no es un caso aislado, que la exigencia de justicia es categórica y que se debe castigar a los asesinos de tanta gente inocente.” Y después de que un nervioso estudiante de la BUAP dijera con buen tino que debemos todos empezar por ejercitar la justicia en nuestro propio entorno, y de que André, una estudiante de la UDLA afirmara en un discurso de dos frases que teníamos que exigir justicia y paz, y Adriana Castillo hablara por la Anáhuac para vislumbrar un futuro solidario construido por los jóvenes. El rezo incluyó un violinista greñudo y bien afinado y el llamado a la introspección y a entender que la oración no es una huida sino un impulso para trabajar con más fuerza para cambiar las cosas.

“Gracias, señor, por la vida de Mara –cerró Diana Galaviz--. Tu muerte no será en vano.”

Y el rezo se llevó el aplauso más importante de la jornada.

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A Emilio Baños se le quiebra pronto la voz. Poco después de que afirmara que una nación que desprecia a la mujer es una nación que no tiene futuro. Es que ha recordado muy pronto a Mara. “Te abrazamos… donde quiera que estés…”, le ha dicho.

Pero se recupera de inmediato y reaparece como orador de mitin político. Levanta la voz para cuestionar la insensibilidad de las autoridades ante la realidad de los ciudadanos de a pie, porque la inseguridad va en escalada. Luego tiene una frase memorable: debemos reconstruir el país desde los entornos del olvido. Y se refiere al abandono en el que se encuentra el sistema de procuración de justicia, que las acciones del gobierno frente a los asesinatos son claramente insuficientes y que lo que se tenga que hacer por lo pronto pasa por la urgente declaratoria de alerta de género que las autoridades han escamotado en los últimos años. Y debe seguir con un plan de seguridad pública transexenal, con una certera política de comunicación, con más y mejores y bien remunerados policías, con más recursos para los ministerios públicos y magistrados como mecanismo para combatir la impunidad.

Baños remata con algo más inmediato: revisar todas las concesiones de transporte y deslindar las responsabilidades de la empresa Cabify.

Y termina con una perspectiva casi jesuítica: que los estudiantes arrastren a la sociedad para cambiar las condiciones de pobreza que han provocado la situación que sufre México.

Así ganó tantos aplausos como su par Fernando Fernández Font.

Tere, contra su miedo, llámenme, vengan a casa… La encuentro en su Face. Ha ido a la marcha y llegará hasta el edificio de la Fiscalía, a donde las muchachas de El Taller han llevado sus mantas y sus consignas. Ella estudia literatura en la BUAP. Su voz resume mucho de lo que vemos en los carteles que se cuelgan de las estructuras que el ayuntamiento ha dispuesto para los alumbrados patrios en los pasillos de los jardines del zócalo.

“Hace años ya –ha escrito--, el miedo pudo conmigo porque el caso de Mara no ha sido el primero y los últimos años he visto el bombardeo de desaparecidas y muertas en mi Estado. Hace años que nos enteramos con tristeza que para esta sociedad podrida nuestra vida no vale nada. Y sí, el miedo ha podido conmigo al grado que no recuerdo la última vez que estuve sola en la calle de noche. Y es que el miedo aprisiona, te quita la libertad de vivir en los espacios públicos y sentirte segura. Hace años que temo por mis amigas cuando toman un taxi después de una fiesta o reunión. ¿Desde hace cuánto la frase "me avisas cuando llegues a tu casa" se nos ha pegado a la lengua? Porque sí, siempre que me despido de mis amigas nos decimos eso, porque nos valoramos y nos queremos vivas y felices. No sé a ustedes pero a mí el aire violento de Puebla me agobia, me agobia la impunidad, el desprecio por la vida ajena, la falta de empatía. Me uno con todas ustedes: cuando estén por mis lares y no se sientan seguras, llámenme y vengan a casa.

“El evento lo organizó el Consorcio Universitario”, me dice Fernando Fernández Font al final, cuando lo ha dejado libre la parvada de reporteros. Así entiende que no haya estado presente la BUAP, que a la fecha no forma parte de este grupo de instituciones de educación superior que en Puebla se ha organizado para cuestionar con fuerza el comportamiento de las autoridades en los asuntos públicos. “Tampoco estuvo el rector de la UDLA”, subraya.

Fernando es optimista: “Antes sólo se escuchaba la voz crítica de la Ibero Puebla –dice--, pero hoy has escuchado la voz clara y fuerte de Emilio Baños Ardavín y la UPAEP. ¿Qué otro sentido puede tener la existencia de la universidad si no es para desarrollar el pensamiento crítico?”

El himno nacional resuena contra los paredones de la Catedral. Pareciera que la masa que lo canta quisiera ser también música y piedra y sobrevivir al paso del tiempo. Aquí estoy yo también cantándolo justo en la estrofa de patria patria tus hijos te juran. Música y piedra.

A veces vale para el reportero el nudo en la garganta.

En México solo el 0.70 % de los delitos que se cometen llegan a la conclusión de un juicio, según el Índice Global de Impunidad (IGI) 2017, realizado por la Universidad de Las Américas Puebla (UDLAP). Es la segunda vez que se da a conocer este estudio, el anterior fue en 2015.

El índice de impunidad mide las fortalezas institucionales relacionadas con la funcionalidad de los sistemas de seguridad, la justicia y la protección de los derechos humanos. Cada uno de estos tramos recibe un puntaje y la suma de ellos da el total.

La investigación contempla 69 naciones de todos los continentes. Los ocho países de “muy alta impunidad” son: Filipinas (75.60 puntos), India (70,94), Camerún (69.39), México (69.21); Perú (69.04), Venezuela (67.24), Brasil (66.72) y Colombia (66.57).

Los ocho países de “muy baja impunidad” son: Croacia (36.01 puntos), Bulgaria (37.19), Eslovenia (37.23), Suecia (39.15);Noruega (40.90), Montenegro(42.13), República Checa (42.83) y Grecia(44.56).

En México se tiene una tasa de 359 policías por 100 mil habitantes que es superior a la media mundial de 319 por 100 mil habitantes. La realidad es que están mal pagados, mal capacitados y tiene malas condiciones de trabajo.

El promedio de los jueces en México es de cuatro por 100 mil habitantes y en América Latina de 16 por 100 habitantes.La diferencia es muy relevante. En el caso de Croacia, que tiene el más bajo índice de impunidad a nivel mundial, tiene 46 jueces por 100 mil habitantes.

La investigación destaca como un problema grave, los altos niveles de violación a los derechos humanos que ocurren en México. Esto, dicen, representa un factor crítico para entender los elevados grados de impunidad que existen en el país.

“El problema de la impunidad en México es funcional y estructural, no nació en el actual gobierno; sin embargo, se observa un aumento crítico en las estadísticas delictivas. Esto podría deteriorar futuras mediciones de la impunidad”, asegura el informe.

La impunidad, sostiene el estudio, se genera a partir de factores como la desigualdad social, la corrupción y un débil sistema de procuración de justicia. El estudio establece una correlación significativa entre el nivel de impunidad y la desigualdad social.

El rector de la UDLAP, Ernesto Derbez,afirma que “la muestra de los 69 países que conforma el IGI revelan que entre mayor impunidad existe, mayor es la desigualdad; o también, podría interpretarse como, entre mayor es la desigualdad, mayor es la impunidad”.

Del estudio se deriva, lo confirman otrasfuentes, que quien comete un delito en México tiene la seguridad, no importa quién sea y cuál es su crimen, de que nunca será llevado a la justicia. Las posibilidades de quedar impune es del 99.30 %.

Mundo Nuestro. Organizado por un grupo de académicos, empresarios y activistas de la sociedad civil, el próximo 27 de septiembre en las instalaciones de la Casa de la Cristiandad en la ciudad de Puebla se llevará a cabo el Primer Foro sobre la Seguridad Pública en Puebla. El siguiente es el programa propuesto para este evento que se propone como una respuesta concreta frente a la realidad de violencia que se vive en nuestro estado.



Mundo Nuestro. El asesinato de la joven Mara Castilla es un hecho que refleja el extremo al que ha llegado la violencia en México y comprueba lo que los ciudadanos vemos todos los días: el colapso de las instituciones del Estado. No es posible hacer como que no pasa nada. No podemos voltear hacia otro lado. Es la hora de la acción civil.

En el siguiente texto, el filósofo poblano Juan Carlos Canales nos invita a sumarnos a la iniciativa de un grupo de empresarios y académicos poblanos para la formación de una red ciudadana en contra de la inseguridad. Y convoca como primer paso a la realización de un foro sobre la inseguridad en Puebla y las respuestas que se pueden encontrar desde la organización civil.

Breviario de lectura, 15 de septiembre, 17.00 Hs.:
Hace unos minutos hablé con Alejandro Guillén, profesor de Mara, para ofrecerle una especie de pésame y reconocer el papel que desempeñó para aclarar la desaparición de la muchacha, igual que lo hizo toda la UPAEP.
- Carajo, Alejandro, ¿qué podemos hacer ?
- No lo sé; estoy en schok. Déjame pensar y hablamos.
- Tenemos hijos. Mañana puede ser cualquiera de ellos.
- Lo sé.
Sin embargo, por iniciativa de Alejandro Guillén y Leobardo Espinosa, desde hace meses un grupo de académicos de distintas universidades y empresarios empezamos a reunirnos para formar una red ciudadana contra la inseguridad en Puebla, misma que culminará su trabajo el próximo 27 de septiembre en El Primer Foro sobre Inseguridad en Puebla, a realizarse en la Casa de la Cristiandad de 9 a 18 Hs.
La invitación está abierta a todo el público siempre y cuando soliciten una invitación a cualquiera de los organizadores. La medida fue tomada en función de prevenir un posible intento de boicotear el evento.
Dicho foro intentará ofrecer un análisis de la situación que vive Puebla en materia de inseguridad y ofrecer algunas alternativas ciudadanas al problema.
Al mismo tiempo, hacemos un llamado a la prensa local y nacional a que nos acompañen el próximo 20, a las 10 horas en la rueda de prensa que se llevará a cabo en El Mesón de la Sacristía( 6 sur 304, Callejón de los Sapos).
Los organizadores del evento consideramos que, junto al papel que realicen las autoridades competentes, es imprescindible la participación ciudadana para coadyuvar en la solución del problema que cada vez afecta a más y más poblanos.

Juan Carlos Canales



Mundo Nuestro. La violencia contra las mujeres en Puebla es de todos los días. Para entenderlo basta con la lectura de la prensa diaria. Uno tras otro los asesinatos, una tras otra la denuncia de desapariciones. Ello ha llevado a un grupo de asociaciones civiles a denunciar la práctica dilatoria y la incapacidad en la procuración de justicia por parte de las instituciones publicas responsables.

Este es el desplegado dado a conocer este lunes por un importante grupo de organizaciones civiles que demandan del Estado su obligación de prevenir, investigar y sancionar la violencia contra las mujeres.



Vida y milagros

Los ministerios públicos federales y estatales son ineficientes y poco eficaces para coadyuvar en la impartición de justicia en nuestro país. Los procedimientos para la investigación y persecución de los delitos están atados a estructuras obsoletas, mal apoyadas desde la construcción del presupuesto que los congresos les destinan, y además han estado ligados fatal e históricamente al poder del presidente y de los gobernadores en turno. En el caso de los ministerios públicos estatales este control es más poderoso aún, pues los gobernadores suelen controlar fácilmente a los congresos locales por lo que pueden imponer procuradores y fiscales a su gusto. El presupuesto que se les asigna a las procuradurías y a los ministerios públicos también está sujeto a las veleidades y caprichos de los gobernadores. Ahí están los intentos de Duarte en Veracruz y de Borge en Quintana Roo de imponer fiscales transexenales que les garantizaran impunidad. En Puebla el ex-gobernador Moreno Valle no tuvo ningún problema en nombrar y dejar como fiscal hasta 2022 a quien fuera su procurador durante todo su sexenio. La crítica no es contra la persona específica, sino contra el marco jurídico utilizado para elegirlo.

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Reformar los ministerios públicos y lograr su verdadera autonomía es una asignatura pendiente que como país no podemos postergar. La semana pasada mucho se movió política y mediáticamente el tema con el pretexto del procedimiento para nombrar al futuro fiscal de la nación, pero de hecho y desde hace mucho tiempo, la sociedad civil desde diferentes frentes ha construido propuestas inteligentes y sensatas para reformar los ministerios públicos y la figura de los fiscales. Cito partes del interesantísimo artículo de ayer de Juan Pardinas en el periódico Reforma titulado Mapa de ruta:

"Eliminar el pase automático en la transición de la PGR a la Fiscalía General de la República es una condición necesaria pero insuficiente en el proceso de construcción institucional. Esta semana, un grupo de más de 300 organizaciones de la sociedad civil entregó al Senado un proyecto de dictamen constitucional para refundar o reformar el Ministerio Público federal. La propuesta de los colectivos #PorUnaFiscalíaQueSirva y #VamosPorMás no es resultado de un acto súbito de improvisación sino un ejercicio de construcción analítica que implicó un año de trabajo. La Barra Mexicana de Abogados, con la activa participación de su presidente José Mario de la Garza, jugó un papel clave en construir puentes entre las distintas posturas de los grupos técnicos.

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El acuerdo político que destrabó la crisis en la Cámara de Diputados simplemente reforma el artículo transitorio de la Constitución referente al pase automático del procurador, pero deja intacta la arquitectura institucional de la nueva Fiscalía General que está contenida en el Artículo 102 de la Carta Magna. Este artículo tiene tantas lagunas y deficiencias que en los archivos del Senado hay al menos nueve iniciativas distintas para reformar el parto, la infancia y el desarrollo vital de este cuarto Poder del Estado mexicano, con capacidad de persecución penal. La iniciativa construida desde la sociedad civil recuperó las mejores ideas y argumentos de estos nueve proyectos, de los principales partidos políticos...."

"La propuesta de Vamos por una fiscalía que sirva añade criterios de autonomía política al cargo de Fiscal General de la República: 1) no haber sido registrado como candidato ni haber desempeñado cargo alguno de elección popular en los últimos cuatro años anteriores a la designación, y 2) no desempeñar ni haber desempeñado cargo de dirección o representación en algún partido político en el mismo periodo. Estos requisitos no tienen el afán de sacar a una persona específica de la carrera por la Fiscalía sino de forjar una distancia razonable con la política partidista. Para evitar que el Fiscal General quiera usar su cargo como trampolín electoral, también se agregó un impedimento para que al final de su gestión no se pueda postular a un cargo de elección popular. En un país con instituciones débiles, un fiscal autónomo con ambiciones políticas puede resultar tan riesgoso como un procurador subordinado al ajedrez presidencial.

Tal y como está hoy la Constitución, el Fiscal General permanecerá en su cargo por nueve años. La idea de un periodo largo de gestión suena bien, pero desgraciadamente no atiende la evidencia histórica. Como lo manifiesta la exposición de motivos de la propuesta de la sociedad civil, desde la promulgación de la Constitución de 1917, 39 personas han encabezado el Ministerio Público de la Federación. El promedio de tiempo que han aguantado en el cargo es de dos años y medio. Sólo cuatro procuradores han permanecido la totalidad del sexenio presidencial en que fueron designados, el último en tiempos de Miguel de la Madrid. Con esta acumulación de evidencia histórica, se propone reducir de nueve a seis años el periodo del fiscal, pero que su gestión quede desfasada de los sexenios presidenciales...."

El cargo de fiscal no será sujeto a reelección. "

Hasta ahí la cita.

#Vamos Por más y han hecho una propuesta extraordinaria que debiera caer como cascada en los estados para reformar también las leyes de las que derivan las fiscalías locales, tan urgidas de legitimidad, de un presupuesto sólido que los fortalezca y de una verdadera autonomía.

Umbrales



Se va y se viene en la Sierra, en el enredo de sus caminos no hay norte y sur, cualquier punto cardinal lleva a tu destino.

El Jardín de Niños bilingüe Nicolás Bravo es un ejemplo fiel de los alcances y limitaciones del Estado mexicano en asuntos educativos. Está ahí, con sus dos salones amarillos pintarrajeados por los niños. Sus maestras, dos mujeres serranas, hacen milagros en el intento de que los pequeños encuentren el rumbo y el gusto del estudio. Sus rivales son terribles. La infraestructura: no hay luz, no hay agua, no hay baños, no hay cercado. La economía familiar: un día sí y otro también los padres retienen a sus hijos por el trabajo, porque a los cinco o seis años aquí ya se trabaja. Los programas de estudio: da la impresión de que la propia SEP no se cree el propósito de la enseñanza bilingüe y muchos de los profesores no dominan las lenguas; el español predomina por el simple motivo de que no hay textos ni materiales en totonaco.

Como sea, eso no les preocupa a dos madres de familia que esta mañana han ido a dejar a clase a sus pequeños. Insisten en permanecer en el salón, a pesar de la indicación de la maestra, y cuando no les queda más remedio se asoman por la ventana, muy atentas a los movimientos de sus pequeñines. Para ellas, como dirán en la entrevista, la posibilidad de que sus hijas encuentren un destino distinto al que ellas vivieron está en la escuela.

Observo la escena y valoro ese lindero absurdo que no alcanza a cruzar nuestro país: ahí está el kínder, pero son tales sus carencias que los resultados académicos siempre serán destrozos. Sin embargo, el hecho contundente es que ahí está el Jardín de Niños, y en él está la esperanza de estas mujeres totonacas.



Tormenta

A Ixtepec se llega primero por la memoria que la Sierra tiene de sí misma: el sábado 9 de octubre de 1999, tres días después de que escampara en la Sierra y la magnitud del colapso de los montes pesara en la conciencia, por un instante, como desgracia nacional, el pueblo de Ixtepec responde a la tragedia de la tormenta con la organización. Con las carreteras destruidas, una hilera larga de hombres y mujeres avanza por las rutas antiguas hacia Zacapoaxtla; por las veredas de siempre saltan las dos barrancas inmensas del Zempoala y el Apulco para conseguir los bastimentos mínimos de sobrevivencia: maíz, frijol, pasta, y lo que ya las tiendas de la comunidad no alcanzan a surtir. Tardarán dos semanas las máquinas en abrir la Interserrana, así que los pueblos, en un atajo de la memoria, han vuelto sobre sus pasos. Ida y vuelta por la vereda antigua, una fila larga, reconocida por la paciencia del que camina eternamente. Es una columna inteligente, que mide sus pasos y sus fuerzas, que cuenta los kilos y las tortillas que se repartirán el peso en las espaldas de cada familia. Y que no deja de mirar de dónde viene. Es la acción orientada por la sobrevivencia.

Y si se han organizado contra la catástrofe, en su irritación lo han hecho también para ajustar cuentas a la autoridad inepta que ha abandonado a la gente en su infortunio. Repudiado por desaparecer del pueblo en los días de la calamidad del cielo y la inconciencia ambiental, el alcalde será fulminantemente destituido por la comunidad por la vía de la toma de la presidencia municipal, un edificio en ruinas que refleja en su desolación la ineptitud de quienes han gobernado en la Sierra en las últimas décadas. Pero eso será unos días después a este sábado de la caminata organizada en esa hilera blanca y silenciosa por la que en el dolor humano la Sierra se vuelve sobre sí misma y señala las rutas que nunca dejarán de existir.

Dos mujeres

Dos mujeres caminan por la calle encementada en el centro del pueblo. Una es bajita y viste la falda blanca, corta, entallada por la faja en la cintura; la blusa bordada le descubre los brazos recios casi desde los hombros; dos trenzas largas, entretejidas con listones tan negros como su pelo, pero adornadas con cintas azules no dejan de provocar un toque infantil; sus piernas fuertes destacan contra el piso claro que sus pies descalzos raspan en pasos cortos y precisos; la carga de agua con el mecapal la inclina hacia delante pero sus ojos no dejan de mirar al frente. Simplemente camina con el objetivo de llegar pronto a casa con los veinte litros que el tambo de plástico guarda. La esperan sus actividades de todas las mañanas, que ella repetirá con la simpleza de las aves en sus desplazamientos de rama en rama. Ella es conciente de lo que le ha tocado vivir y sólo pide que su historia no se reproduzca en su hija.

Le acompaña una mujer joven, en pantalones de mezclilla y camiseta con símbolos que se encuentran en cualquier videojuego de batallas fragorosas entre orientales triangulados. Es el mismo rostro, igualmente requemado por el sol, apretado por una cabellera corta azabache, sujeta por una mariposa de plástico. También carga un tambo, pero sin mecapal; el brazo estirado revela el esfuerzo de subir desde el manantial, descansando a ratos, en una rutina de una hora que la familia hace todos los días cuando la lluvia se ausenta de más en esta tierra. La joven estudia el bachillerato y sabe que por ese motivo, y por muchos más que no se comprenden, cada día que pasa es más distinta de su madre, pero que el destino --a menos que en el azar de la existencia, la lleve por otros rumbos--, le regresará el parecido poco a poco, con el matrimonio, por ejemplo. Está segura de que ella no continuará la tradición de la vestimenta totonaca; sabe también que su madre no habla castilla y que responde con monosílabos a los extraños que hasta Ixtepec llegan. Las mujeres mayores nunca han necesitado escribir, y sin la lectura también se sobrevive; los escolares ayudan a sus padres en trámites como el de los miércoles cada dos meses en que el Gobierno paga el programa Oportunidades. Ella va ya por el último año de la preparatoria, y todos los días se pregunta si de algo servirá tanto sacrificio y tanto gasto para participar, al final, del baile de graduación que todo el pueblo espera.

Las dos mujeres caminan por la plaza y su paso es una ilusión breve en la vista cotidiana del pueblo. Las dos llevan enlazadas por la carga del agua sus historias.

En la cima

Ixtepec, asomado desde su loma a la barranca del Zempoala, se mira desde todas las carreteras que le comunican con el mundo. La piedra blanca, deslavada, de sus construcciones viejas, pelea en su tristeza con los bloques grises que poco a poco ganan en las paredes de las casas; las tejas pardas se confunden de lejos con los manchones de monte que a duras penas se observan como reliquias en el vecindario del pueblo.

En una cumbre, Ixtepec entra y sale de la bruma, con la torre de la Iglesia de la Virgen de la Asunción como mástil indemne a la fuerza de las tormentas en un mar solitario. Y se vigila: uno puede siempre averiguar si alguien viene. De donde se aproximen, Ixtepec siempre encontrará los ojos que le buscan. Si se viene de Zacapoaxtla, en el Peñón de Jonotla se perfila su rastro por encima de San Miguel Atlequizayán, un pueblo colgado al abismo en las rajas de sus callecitas blancas: si vienes del norte, por el camino de Caxhuacan --una línea de pavimento mal acabado que no duró la friega de una temporada de aguas--, te cuida para distraer el paso otro pueblo, San Juan Ocelonacaxtla, trepado para desbarrancarse también en un descuido de la niebla. Y si la ruta que se sigue es la de Zapotitlán, entonces Ixtepec aparece de sopetón, una vez que el viajero se ha acostumbrado a los trotes del camino prendido por el filo del cañón contra el río.

El Patic

Barrio del Patic en Ixtepec, a diez minutos a pie desde el centro de la población. Un grupo de muchachos totonacos inaugura las instalaciones del proyecto de producción de hongos zeta que llevan adelante con su organización Sasti Teltzin (Semilla Nueva): un salón-bodega donde se lleva a cabo la ceremonia y cinco casitas con techo de cartón, todo ello construído por los jóvenes con cuarenta y cinco mil pesos aportados por el gobierno federal. Luego de que una peregrinación a Ixtepec envuelta en cohetes y huapangos, cerca de cien personas suben la cuesta al barrio encabezadas por un grupo de mujeres portadoras de los arreglos florales para la Virgen de Guadalupe. No es cualquier celebración, por lo que a ella acuden los dioses antiguos: en un cuadro montado sobre un porta santos de madera, la Guadalupana acoge a cuatro figurillas prehispánicas que representan a la tierra, el agua, el viento y el sol. Se canta el Xochitlpizahuatl (La flor más bella), con un sacerdote totonaco que entre canto y canto lee en esa lengua unos larguísimos rezos. Es Gabriel Zainos, un hombre de alrededor de treinta años, yerbero, al que han invitado para realizar la limpia y arrojar las vibras positivas al proyecto de los hongos. Se ahuman los cuatro puntos cardinales y a los padrinos con un incienso fresco. Al final se comparte mole, frijoles y tortillas de máquina para tanto invitado. Todo termina con guapangos y zapateados sobre el piso de tierra. Corre entre los hombres aguardiente de caña que a media tarde habrá tumbado a varios. La tarde es grata, el sol se refleja intenso en la manta blanca de los calzones totonacos. Los muchachos bailan y platican, todos sonríen. Todos posan para las fotografía.

Mateo Gómez Pérez, a sus dieciocho años, es un hombre orgulloso de haber construído con sus manos el jacal que guarda en la penumbra las bolsas de plástico en el que se cultivan los hongos zeta. Hace cuentas, relata la venta en los tianguis de San Juan Ocelonacaxtla y Caxhuacan, sueña con comprar una camioneta para vender la producción más allá de la Sierra. Sus ojos brillan, él imagina otra Sierra

La economía como ausencia

O la medida de la marginación. O tal vez la conciencia de las posibilidades que la región tiene. Mejor hacer un breve recuento en cifras de las actividades en un municipio como Ixtepec.

Con poco más de seis mil quinientos habitantes, la mitad de ellos en la cabecera y los otros repartidos en la junta auxiliar de San Martín y las comunidades de Estacachutchut, Caxtamusing, Takalzaps y Kajinamin, Ixtepec tiene 10.22 kilómetros cuadrados, y por lo tanto es de los municipios más pequeños del estado de Puebla. En el sentimiento histórico de los pobladores totonacos de estos pueblos la más grave carencia es la del agua potable: la cabecera y Takalzaps nunca han tenido agua potable entubada –a pesar de la perforación fallida de un pozo que dejó 690 tomas de agua domésticas alborotadas y secas, a la espera del milagro desde hace unos años--. Y sus manantiales distan por lo menos a media hora de distancia a pie; en ninguna de las comunidades existe red de agua a las casas. En un territorio en el que llueve ocho meses al año la escena no es muy confortante. Eso sí, la energía eléctrica tiene más de quince años establecida en la región, con postes tendidos hasta los más lejanos caseríos.

En el municipio hay tres instalaciones públicas de salud: la clínica en Ixtepec, con un médico y dos enfermeras, y dos casas de salud, una en San Martín, sin personal especializado, y otra Estacachutchut con la presencia de un médico una vez a la semana. Los hospitales más cercanos se encuentran a más de una hora de camino, uno en Zapotitlán y otro en Huehuetla, y forman parte del sistema de unidades médicas regionales que el gobierno estatal ha desarrollado en los últimos años. Trabajan, además, tres médicos particulares, dos de ellos relativamente jóvenes –no más de 35 años--, que cobran por sus servicios entre treinta y ochenta pesos la consulta. Hay dos farmacias que también ofrecen consultas médicas una vez a la semana. En paralelo, junto a la práctica natural de las parteras –hay veintinueve reconocidas en la cabecera, dos más en San Martín y cinco en el resto de las comunidades--, existe la Organización de Trabajadores Campesinos y Médicos Tradicionales, “Hormigas trabajadoras”, que atienden padecimientos comunes como dolores estomacales y de huesos, yerberos todos muy apreciados por los pobladores.

Comercio

En la cabecera municipal ofrecen sus servicios sesenta y tres tiendas que religiosamente pagan entre diez y veinte pesos mensuales de impuestos –“donativo”, le llaman aquí; hay dos farmacias y tres comercios de materiales de construcción y electricidad –estos últimos vinculados con comerciantes de Zacapoaxtla; hay un sólo comercializador de café registrado por el ayuntamiento –no paga impuesto alguno--, nacido en Ahuacatlán, pero que compra y vende desde 1980, sin que hasta la fecha se haya establecido un beneficio propiamente dicho de este cultivo; hay cuatro panaderías con horno que tampoco pagan donativo; hay diez molinos de nixtamal registrados –no pagan donativo-- y una tortillería; cuatro personas se dedican a la matanza, normalmente res y cerdo, los días viernes para el tianguis del fin de semana, dos de los cuales son propietarios de una camioneta de carga para una tonelada; tres son las casas habilitadas como casas de huéspedes, que pueden recibir no más de treinta personas; y tan sólo tres restaurantes ofrecen tacos y platillos regionales, ninguno de los cuales pagan donativo al ayuntamiento.

En la cabecera no se cuentan más de veinticinco autos particulares y no pasan de cinco las camionetas de carga de entre un y tres toneladas, además de dos camiones materialistas; hay una talachería que hace de gasolinera –vende el litro a 7.50 pesos . Y si hablamos de transporte público, el que existe corre desde Zacatlán (vía Zapotitlán) y Zacapoaxtla (vía Caxhuacan), que cobran 35 pesos, y de allá son los propietarios de las unidades que ofrecen dos corridas en el primer destino y cinco en el segundo.

La tenencia de la tierra en Ixtepec está fundada en la pequeña propiedad; no hay ejido. La mayoría de los propietarios no tiene más de tres hectáreas, pero muchos no pasan del cuarto de hectárea. La gente identifica a cinco o seis familias con más de diez hectáreas, pero sólo uno tiene alrededor de treinta; generalmente son ganaderos. No hay que se conozcan recientemente conflictos agrarios entre campesinos de Ixtepec; la gente recuerda un pleito por invasión de tierras con hueytlalpan, cerca de veinte hectáreas, ocurrido hace más de dos décadas.

Azadones

No hay en Ixtepec una maquinaria agrícola que tal nombre merezca. Y no pasan de diez familias que tengan una yunta de bueyes. Todo el trabajo en el campo se realiza con machete, azadón, pala, pico, hacha, chuzo para hacer hoyos, hoz. En tecnología a lo más que se llega es a la bomba para fumigar. Y si a industrias vamos, en el camino de Ixtepec a Estacachutchut existe un trapiche movido por bueyes con el que se produce piloncillo y la base del aguardiente. Las tierras, como hemos visto, perdieron su forraje natural de cedros y caobas, y salvo escasos penachos de árboles en las cumbres y en las barrancas, están abiertas al cultivo de maíz y frijol, muchísimo café, un poco de chile y otros cultivos dispersos como el cacahuate y la pimienta. En números, Ixtepec siembra unas 460 hectáreas de maíz al año, según reporta el INEGI; de café la cifra llega a las 350. Cifras similares presentan los municipios vecinos de Caxhuacan, Atlequizayán, Zapotitlán y Zongozotla; Huehuetla, sin embargo, resulta más productivo pues mientras obtuvo en el año 2000 un total de 4,217 toneladas, Ixtepec sólo alcanzó 1225. Por lo demás, son los únicos cultivos que este vecindario logra anotar en las estadísticas de producción agrícola en el estado de Puebla. No hay campesinos agrupados en asociaciones establecidas como la CNC u otras, pero sí grupos aislados como el de Semilla Nueva y organizaciones como Tierra Fértil.

Jornal

Ingresos más allá de los que pueden producir las actividades agropecuarias y del comercio se encuentran en dos vías: una, la del trabajo asalariado con particulares, a no más de 35 pesos el día, o con el gobierno en las obras públicas, que paga entre 50 y hasta 120 pesos la jornada; otra en la migración a Puebla y al Distrito Federal –servicio doméstico, mercados ambulantes, ejército y policía, fábricas y albañilería--; no hay más de diez personas que hayan cruzado la frontera con Estados Unidos. Por otra parte, se identifica en Puebla colonias con gente de Ixtepec, la más importante por el rumbo de la Zona Militar, en Zaragoza.

Dos posibilidades más: los programas de gobierno, con todos sus atrasos, paternalismos y ociosidades que generan, y especialmente el de Oportunidades, por el papel que en ellos juegan las mujeres como sujetos principales. Además, el trabajo subterráneo de las mujeres en la costura y confección y las artesanías, actividad que nadie mide, pero que se encuentra si la vista observa con atención los movimientos cotidianos en la sombra de las casas, en los corredores, en las filas frente a la Presidencia para tener participación en los programas.

Tianguis

El tianguis de los sábados es uno de los más gustados de la región. El que se llevó a cabo en el segundo fin de semana de junio logró instalar 187 puestos, que le generaron al ayuntamiento ingresos por 549 pesos, tan sólo veinte son de gente de Ixtepec, por lo que la ganancia se le llevan los fuereños. La mercancía que se ofrece refleja la economía de la dependencia en estos pueblos (calzado, ropa, fantasía, música, películas, bisutería, etc) y revela la variedad agrícola (maíz, frijol y chile de todos los colores y sabores, jitomates, cilantro, papas, cacahuate, limones, aguacates, plátanos, etc). Gente de todos los pueblos circunvecinos forman la feligresía: San Martín y demás comunidades de Ixtepec, pero también de San Miguel Atlequizayán e Ignacio Allende, de Nanacatlán y Tuxtla , de Caxhuacan y San Juan Ocelonacaxtla. Región de mercaderes la Sierra, con sus tianguis en competencia permanente por compradores: los lunes en Caxhuacan, los domingos en Zapotitlán y Huehuetla, los sábados en Ixtepec y Zongozotla.

¿Ausencia de economía? Digamos mejor economía campesina. En pleno verano lo que se muestra es una región descalabrada por la quiebra cafetalera, de campesinos ahogados en el minifundio de la infrasubsistencia, con tecnologías de producción arcaicas, sometidos a los mecanismos más desventajosos de comercialización, sin la más rudimentaria mecánica empresarial. Las alternativas: empleos coyunturales en la obra pública, empleo asalariado en los deprimidos cafetales, migración a las ciudades y programas gubernamentales como el Procampo y Oportunidades.

Tiempo

La economía del tiempo. Cuando el mundo se mide en días de distancia, en horas de camino a pie. Cuando la distancia como concepto desaparece en la inmovilidad del paisaje. Cuando un trecho del recorrido puede ser un viaje eterno. En la Sierra se cruzan fronteras y se regresa de ellas con la misma desenvoltura de la niebla. Como si no corriera el tiempo en el río sereno e imperturbable o desbordado y culpable; en las lenguas cristalinas y ásperas, con sus sonidos antiguos, orientales; en la indiferencia arrolladora, fulminante, de las mujeres ante los extraños; en las escenas inverosímiles y discordantes, como la de un viejo que carga un féretro por el camino, o los niños que impulsan con una varita la llanta de la bicicleta que nunca ha llegado al pueblo; o cuando desde los barrios las familias acompañan con las ceras floridas a la mayordomía en el homenaje a la patrona del Pueblo. Se camina, siempre se camina, en un tiempo que no existe.

La memoria en la frontera de la conciencia

El maestro

Luis Martínez Reyes nació en 1937, y si no fuera por sus rasgos criollos, el totonaco que ha desarrollado en sí mismo no se distinguiría de sus paisanos en el espíritu transparente con el que recibe a los fuereños. Su padre fue revolucionario, recuerda, y por lo tanto se hizo de tierras en montes que sus ojos todavía vieron cubiertos por los cedros y las caobas. Con el tiempo se hizo profesor, y como tal recorrió la Sierra. Durante más de veinticinco años anduvo como maestro bilingüe de un pueblo a otro, a pie, con sus hijos cargados en la espalda, reconociendo los cañones que forman el Apulco, el Zempoala, el Necaxa, en horas que le templaron el espíritu y que al final le obligaron a quedarse en su tierra –a la fecha tiene casa en Puebla, hijos profesionistas y un mundo urbano alejado de las andanzas huapangueras.

Cuenta su historia una mañana cualquiera, en la calle que llega de el barrio del Patic a Ixtepec. Narra incólume la matanza de indios en el pueblo de África, más al norte, en el distrito de Huauchinango, cuando el anacrónico sueño del General Celestino Gazca quiso darle un rumbo distinto a la fantasía de la Revolución Mexicana, para terminar en una represión brutal del brote guerrillero –con bombardeos aéreos incluidos—por parte de los militares que respaldaron durante décadas los sucesivos gobiernos antidemocráticos y corruptos que produjeron los que ganaron la guerra. Don Luis no tenía ni veinticinco años en ese 1961. El y sus pequeños escolares salvaron la vida alertados por los propios soldados que tomaron la población de la espectacular cascada de muerte que del cielo emanaría para acabar con uno más de las rebeliones fallidas contra el imperio priista. Era un maestro joven entonces. No recuerda en lo más mínimo quiénes ni con qué propósito encabezaron esa asonada. Pero como los vio, tiene claro que hubo muchos muertos.

Pero sí recuerda la derrota del monte. “Nada más entraron las brechas y las carreteras –dice--, allá fueron a dar las selvas tropicales de cedros y caobas”.

Ahí está la Sierra, perdida en la frontera radical de la inconciencia: cuánto tarda la naturaleza en crecer una caoba, cuántos amaneceres despliegan la lujuria de la madera. Lo que le lleve, su tronco recto y grueso, sus hojas amplias de verde intenso, sus flores blancas arracimadas, colgantes, toda esa corporación de sabia y sabiduría no alcanzará a ver el desarrollo de una sociedad humana amorosa y reflexiva.

El síndico

El síndico José Zainos es nativo de Estacachutchut, y del cuerpo de regidores y funcionarios es de los pocos que viste, calza y habla estrictamente en totonaco. Incluso cuando se suelta bailando un huapango, la soltura y garbo de su cuerpo afilado justifica sus dudas respecto a la posibilidad que tienen los totonacos no mestizados de gobernar a sus pueblos.

“Un presidente tiene que ver a muchas gentes –dice--, tiene que leer muchos papeles y decir muchos discursos... Yo no puedo...”

Son los usos y costumbres, tema viejo y en estos tiempos recientes olvidado en la discusión de la vida pública nacional. Desde la perspectiva política los recuerda un ex-presidente municipal de Ixtepec: “Ahora hay muchos partidos, por lo tanto mucha división, no nos ponemos de acuerdo en nada”, dice quien por cierto es de los poquísimos criollos que viven en Ixtepec, y uno de los últimos que gobernaron el municipio cuando todavía no se producía una movilización totonaca para controlar el Ayuntamiento”.

En 1942 sí se pusieron de acuerdo. Comandados por los mestizos, los indios de Ixtepec caminaron decididos hasta Hueytlalpan para hacer valer sus derechos municipales. No hay crónicas mayores al respecto, tan sólo la memoria constitucional de su Ayuntamiento. Fueron por sus papeles y con ellos regresaron. Si hubo pleito o si los de aquel pueblo simplemente se los entregaron es materia que poco importa ya. De cualquier modo entonces ya mandaban los mestizos. Como en Huehuetla, como en Olintla, los fuereños que llegaron a principios del siglo XX, unos años antes, unos años después de la Revolución, comerciantes casi todos ellos, con el tiempo se hicieron de las tiendas, se hicieron de las deudas, se hicieron de las tierras y se hicieron del poder.

Por aquellos años también llegaron los misioneros del Instituto Lingüístico de Verano, cabeza de playa del protestantismo en México. Las contradicciones que generaron permanecen también ocultas en aquellos parajes de la memoria de los pueblos que no se encuentran fácilmente. Lo que haya ocurrido dio por lo menos para la construcción de un templo evangélico que en tamaño y loma le disputa la preeminencia al viejo templo católico, con sus ruinas del siglo XVI y sus paredones reconstruidos en el XIX. Lo que es un hecho es que las disputas por el poder en los años últimos treinta años se escudaron en los debates religiosos. Han pasado muchos años desde los primeros tiempos de dominio económico y político de los mestizos, con el control de la producción cafetalera y con el cerrojo echado sobre la presidencia municipal. El poder indígena, por llamar así a la presencia de totonacos en los cargos de gobierno municipal, se ha enredado por las contradicciones entre los grupos nuevos surgidos en los años noventa, como Antorcha Campesina por un lado, y los colgados a las siglas de la izquierda mexicana, en un momento el PSUM, hoy el PRD que gobierna.

Son muchos los conflictos encerrados en esa frase de “los usos y costumbres”. El poder político, los caciques, las relaciones entre los hombres y las mujeres, el matrimonio y el sexo, el alcohol, la religión y la fiesta, la religión y la muerte, las fiestas patronales y las mayordomías, la medicina tradicional y las enfermedades –el dolor de una muela en un niño y la visita al dentista, por ejemplo--, las yerbas y las limpias, el temascal, las leyendas y los nahuales, y lo que siga en añeja manera de contemplar el mundo por los mexicanos de raíz antigua. Lo que signifique usos y costumbres tiene que ser expresado en totonaco y entendido y asimilado por quienes no miran el mundo desde ese territorio.

Agua

“Es el agua”, dijo como candidato.

“Lo que la gente quiere es el agua”, repitió ya como presidente.

Fausto Cano Pérez ronda las dos vistas del mundo indígena en la Sierra: en sus raíces y pensamiento es totonaco pleno; en el éxodo con el trabajo de herrero en Puebla es un mestizo. Pero en su regreso como político a Ixtepec es un punto y aparte en la historia del pueblo. Hoy es el presidente municipal, y por un partido que no es el PRI, con la apuesta total al final de su trienio en la conclusión de la obra de agua potable, la promesa principal de su campaña política y por la que en buena medida ganó la elección del 2001.

Llegó al programa de radio Revista 105 en la ciudad de Puebla en aquellos meses electorales en el otoño de aquel año. “Estamos a una hora de Zapotitlán”, decía, y contaba de la toma del palacio municipal y la expulsión del alcalde que huyera en los días de la emergencia por la tormenta tropical de octubre del 99. La jugaría por el PRD, partido que a pesar de su naufragio poblano, ganaría más de veinte de las ochenta alcaldías que el PRI perdería en esa elección, Ixtepec entre ellas. Es difícil medir a un político serrano por su militancia e ideología, y más aún en el caso de Fausto Cano, de suyo un joven ajeno a los canales tradicionales de participación política –los de la Sierra desde siempre vinculados al PRI y a aquella frase de los usos y costumbres, la manera de referirse a la compleja trama de relaciones entre tatas y caciques, generalmente indios unos y mestizos y criollos los otros. Fausto ha gobernado su pueblo con el tema del agua por delante, lo que le ha provocado conflictos con algunos de sus regidores por motivos diversos, igual el de los salarios que los de las obras que han quedado de lado, como por ejemplo la falta de un relleno sanitario –el conflicto se agudizó en los primeros meses del 2004, cuando desde su propio partido PRD en Puebla un dirigente alentó una intentona de golpe de Estado, buscando incluso el respaldo en el gobierno de Melquiades Morales. El golpe fracasó, la población se mantuvo al margen y los regidores descontentos quedaron a un lado.

“Es el agua”, repite sin importarle mucho Fausto en este verano que corre con rumbo de la fiesta patronal el 15 de agosto, fecha prometida para la inauguración del sistema, con el tiempo que le aprieta en la entrega, con los enormes obstáculos enfrentados y con el retraso bien medido por sus paisanos, sin faltar sus enemigos. Vista sin pasiones, esta obra es sin duda una de las más importantes que los gobiernos han llevado a cabo en la Sierra para un pueblo en particular si se dejan de lado las carreteras históricas y la reconstrucción de viviendas, escuelas y caminos luego de las lluvias del 99: 23 kilómetros de tubería, con sus atraques y conexiones, saltando los ríos Apulco y Zempoala para remontar hasta el cerro de El Calvario, en el centro de la población. Entre 17 y 20 millones de pesos el costo, con fondos federales, estatales y municipales. Los problemas financieros del gobierno de Melquiades Morales han sido obstáculos tan potentes como los que han generado las negociaciones para el paso de la tubería o las dificultades que los ingenieros y sus albañiles han encontrado en el cañón brutal que guarda al Zempoala.

Mientras tanto, todos los días, más allá de los problemas administrativos y políticos del gobierno municipal, más allá de las intenciones de revancha de los exgobernantes priístas y antorchistas, por fuera de las confrontaciones religiosas, independientemente del trasiego provocado por las fiestas de graduación en todos los grados escolares, sin impedir todo el ajetreo de la fiesta de la Asunción, la gente va por el agua.

“Es el agua, presidente”, le dicen.

Agustina

Agustina Cano Juárez vive exactamente enfrente de la casa del Presidente Fausto, en una casita de madera que una vecina le presta en el camino que lleva al barrio de El Patic, justo también frente al kínder Nicolás Bravo. Tiene dos gallinas que picotean la tierra mientras ella borda un blusón con sus ojos todavía frescos. Agustina tiene 101 años, y como todos los vecinos se obliga a bajar cada que la necesita hasta el manantial, tarea que realiza desde hace noventa y cinco años. No tuvo hijos, y su marido murió hace cuarenta años, víctima del alcohol. Muchos años antes, de lo mismo, murió su padre. Si se quiere entender que el café es un asunto viejo, hay que escucharla narrar cómo de niña trabajaba para vivir en el corte de ese cultivo que hoy tiene en la quiebra esta región de la Sierra.

La veo subir desde su barrio a mediodía, para recibir los 300 pesos que cada dos meses le dan del programa Oportunidades. Cinco pesos diarios, suficientes para resistir el siglo entero, la eternidad exacta, desvalida, de la Sierra de Puebla.

Mañana comprará la leña. Y no dejará de acarrear su agua.

Los niños juegan en el atrio futbol. De hecho, no encontraremos una cancha de fut en 25 kilómetros a la redonda. Pero ellos juegan futbol. Y machincuepas. Y toro. Reconozco a dos que he visto en el Quínder Nicolás Bravo por la mañana, en el barrio de El Patic, por lo visto corretean todo el día. Quién de todos ellos estará aquí, como lo ha logrado Agustina, dentro de cien años.

Regeneración

Mirar el mundo desde Ixtepec. Aprender a mirar la Sierra, que puede ser el mundo entero. Nuestra sociedad perdió en la coyuntura de las lluvias que colapsaron este territorio florido en 1999 la oportunidad de reconstruir una entidad histórica social y ambiental en armonía. La carencia de estrategias inteligentes permanece. Los gobiernos son incapaces de generarlas. No les importa.

Pero los ánimos están ahí: mujeres y hombres jóvenes salen de las escuelas secundarias y preparatorias con instrumentos que sus padres nunca tuvieron en sus manos. Análisis social y tecnologías de la información: conocimiento de la realidad y computación, periodismo y cámaras de video.

Herramientas, como la pala y el azadón para batir la tierra en esas laderas abiertas a la espera de su regeneración.