Sociedad

Cielo e infierno, y una justicia para la que no hay purgatorio. De la religiosidad popular a la madriza de barrio. De la fiesta fundada en las tradiciones al agandalle de guaruras que se saben impunes. Todo eso en el barrio de San Juan Aquiahuac en San Andrés Cholula.

Una historia que cuenta en tres tiempos Josué Xicale Coyópol, cholulteca de San Andrés, abogado defensor de los derechos humanos de los cholultecas agredidos por el gobierno de Moreno Valle y sus proyectos mercantiles en la Pirámide de Cholula. Esta semana Santa ha cumplido también con el cargo festivo de castillero del barrio de San Juan Aquiahuac.

Una historia que remata en un cuarto tiempo: la movilización de Cholula Viva y Digna.



Primer tiempo: El cielo de los castilleros

Sábado de Gloria, invitación a los periodistas: mañana domingo, a la festividad religiosa en honor a Jesús Resucitado. Este año yo soy el castillero del barrio de San Juan Aquiahuac, de San Andrés Cholula. (En este cargo, me toca ser el encargado de presupuestar los fuegos artificiales, juntar a más de 80 colaboradores y colectar el dinero para el Castillo y bombas de luz, para la festividad del domingo de Pascua, colecta que se realiza durante más de dos meses. La Iglesia donde se llevará a cabo, está atrás de la UDLA, en la 14 Oriente). La misa de fiesta es a las 8 pm y a las 9 pm es la quema de los fuegos artificiales, posteriormente empieza el baile. Ésta festividad es la más importante en el barrio de San Juan Aquiahuac y si gustan saber más sobre ella, con gusto mañana los esperamos. Participamos activamente en la defensa del territorio cholulteca y también participamos activamente en nuestras tradiciones.



Pd. Pueden asistir con toda su familia. Habrá baile y antojitos mexicanos.

Gracias. Atte: Lic Josué Xicale Coyopol

Segundo tiempo: El infierno de los cadeneros

1.36 horas del domingo de resurrección, mensaje en Whats: Urgente: Nos acaban de golpear a los castilleros del cargo de la Iglesia de San Juan Aquiahuac, los cadeneros de seguridad del antro Bhura sólo por ir pasando frente al bar camino a una cena y como nos ven mal vestidos y de la nada nos golpearon a varios muchachos de San Andrés dejándolos desfigurados de la cara.

1.17

1.20

1.05 Mediodía del domingo, el relato a las afueras del C5: Después de adornar y arreglar la iglesia, en la noche se acostumbra a que los mayordomos de esta festividad nos inviten a comer a su casa como una forma de corresponder la ayuda de los muchachos. Entonces después de arreglar las enramadas y de adornar la iglesia, íbamos caminando sobre la 14 oriente hacia la casa del mayordomo. Y fue cuando los empleados de relaciones públicas y los taberneros del bar Bhura, empezaron a ofender a los muchachos castilleros porqué llevaban sus bicicletas, y los empezaron a ofender diciéndoles que eran unos nacos, bicicleteros, pinches jodidos, y por eso es que los muchachos les dijeron que por qué les ofendían, porque se sentían muy fresas y de dinero, y por ese motivo les empezaron a golpear los cadeneros del bar Bhura, y también salieron los del bar Mantra y del bar Lips. Entonces aproximadamente como treinta cadeneros les dieron una golpiza a nuestros muchachos que habían ido a la festividad religiosa y que iban pasando por ahí. Los golpeados son aproximadamente 14 personas, entre ellos los de gravedad son Paúl Xicale, que tuvo que ser hospitalizado, Elías Tepetl Solís, que también tuvo que ser hospitalizado, Roberto Machiri Cuaheitl, que también tuvo que ser hospitalizado y Martin Cuatlehua, que le golpearon la boca, Andrés Tepete Cuautle que también lo golpearon en la cabeza, tiene muchas lesiones, también a Eduardo Romero Juárez, también a distintos muchachos que ahorita no recuerdo sus nombres. Todos ellos recibieron múltiples golpes en diversas partes de su cuerpo y tal como les enviamos las fotografías.

3.50 horas. Recuento: Sólo detuvieron a 14 cadeneros. Lesionados 3 graves y que fueron al hospital y 8 con golpes pero se aguantaron y ya no fueron al hospital.

Tercer tiempo: Viacrucis tardío, la justicia no resucita en Puebla

Recuento en el C5: Como veníamos en procesión de la iglesia hacia la casa de los mayordomos, por eso es que la gente del barrio se empezó a juntar. Solicitamos y exigimos que la policía detuviera a los responsables. La policía tardó más de tres horas en detener a los responsables, porque no querían y hasta que hubo presión del pueblo, y les taparon y solaparon la arbitrariedad que hicieron porque empezaron a dejar ir y huir a los responsables que golpearon, entre ellos dejaron huir también al gerente y a varias personas del bar Pura, ubicado en la 14 oriente.

Después de que la policía y el ayuntamiento clausuraron el bar tuvieron que salir todos los guaridas del bar y fue que uno por uno se les fue señalando a los golpeadores y los remitieron al complejo de seguridad. En el complejo de seguridad los tuvieron desde aproximadamente las 3:30 de la mañana hasta las 8:00 de la mañana para tomarles declaraciones a los agresores y a las víctimas.

Posteriormente, los trasladaron al ministerio público, en el C-5 que está sobre el periférico casi a la altura de la autopista a México. Desafortunadamente, llegando al ministerio público, lo único que se logró fue que la impunidad siga existiendo porqué lo único que pasó es que pagaron los daños y los gastos médicos de los muchachos golpeados sin tener ninguna responsabilidad mayor, todo por el trabajo mal hecho del ayuntamiento de San Andrés y de sus policías que intencionalmente hicieron mal las revisiones, los reportes de las detenciones de las 14 personas detenidas, y por eso nuestros castilleros no pudieron quedarse tranquilos de que se hizo justicia.

Y por eso es que denunciamos que mañana lunes a las 7 de la mañana, se va a reunir todo el barrio de San Juan Atliahuac, para ir a exigir a la casa de León su Paisano, que clausuren definitivamente ese antro así como toda la lista de los golpeadores y que ellos respondan por lo que hicieron, y además de que no vuelvan a cometer ningún abuso sobre la gente de Puebla y de Cholula, porque en días pasados se han registrado varias golpizas de cadeneros en ese círculo de bares que están cercanos. Si tienen alguna duda pues les agradecemos su atención. Mi nombre es Josué Chicales, soy el castillero de este año de la Pascua, gracias.

Cuarto tiempo: la fiesta religiosa sigue, la movilización civil también

16 horas: hoy a las 8pm es la misa de la Pascua y a las 9pm es la quema de los fuegos artificiales, a esa hora haremos la denuncia de lo sucedido ante todo el barrio de San Juan Aquiahuac, se informará de la acción social que se realizará mañana lunes a las 7am hacia la casa del presidente Paisano con el pueblo reunido. Gracias y si pueden más tarde nos vemos o mañana temprano, por favor. Gracias. Josúe Xicale Coyópol.

Lunes 17, 8.35 de la mañana: En la casa del presidente nos dijeron que nos va a atender en un rato, después de la ceremonia de la bandera en la presidencia. Ya vamos caminando con la gente a la presidencia.

8 am en la presidencia municipal de San Andrés Cholula: Hace unos momentos nos reunimos en la presidencia municipal con Leoncio Paisano el presidente. Estuvo Daniel Delis, secretario del ayuntamiento, la licenciada del Jurídico y otro abogado. Por el pueblo estuvimos la mayordoma de la festividad de la Pascua, la señora Reina Cuahuey, el síndico de la iglesia de San Juan Aquiahuac, Félix Pepetl, el castillero de la festividad de la Pascua, su servidor Josué Xicale, el fiscal de la parroquia de San Andrés Cholula del año 2016, Florencio Xicale, y otras personas que han hecho cargos en el barrio de San Juan Aquiahuac, así como los padres de familia de los muchachos lesionados que sufieron la golpiza de los cadeneros del antro Burha, como Paúl Xicale, quien resultó más lesionado, y el licenciado Adán Xicale, papá de Paúl y de su servidor. Se le hizo el relato por parte de la señora mayordoma. Se le aclaró al presidente que es un problema social, no jurídico, pero él al principio muy apático, y su Secretario del Ayuntamiento dándoles preferencia a los antreros, dijo que si uno pasa frente a un antro y te agreden, lo que tienes que hacer es quedarte callado y seguir tu camino. Entonces le cuestionamos que si le pegan uno de sus hijos entonces él se va a quedar callado y se va a dar la vuelta. o si le ofenden a él, ¿se va a quedar callado y se va a dar la vuelta? El secretario del Ayuntamiento mejor guardó silencio luego de esos argumentos incorrectos y con una actitud apática ante los usos y costumbres de nuestro barrio, además de que se le dijo que él ni siquiera es de San Andrés Cholula y no conoce nuestras tradiciones. Mejor se quedo callado. El presidente siguió en su actitud fría. Entonces las señoras madres de los muchachos lesionados le expusieron la golpiza a sus hijos y le exigieron justicia. Luego el licenciado Xicale hizo un planteamiento de que deben de respetarse los usos y costumbres y las tradiciones de los oriundos del barrio de San Juan Aquiahuac y no darle preferencia a los antreros e inversionistas que llegan a invadir nuestro territorio. Así que se le planteó a Paisano la exitgencia de que clausuraran definitivamente ese antro, que no le volvieran a dar licencia, y que se desmantelara esa mafia de cadeneros golpeadores, se expuso que no es el primer caso. Y se le exigió seguridad para las personas de la comunidad encargadas de las festividades, puesto que el día de los hechos los policías le dieron preferencia a los antreros, que llegaron en actitud de cuates con los cadeneros y los del antro, entraban y salían del antro y a los agraviados, a los golpeados, no nos hacían caso. Se les dijo que el papel de la policía es totalmente deficiente, que hubo errores intencionales, para que nuestra acusación de que nos golpearon no tuviera éxito, pues la policía señaló que fue una riña, con lo que no estamos de acuerdo, pues el delito fue una agresión, los cadeneros tienen la responsabilidad del cuidado dentro de su lugar de trabajo, no en la calle,no tienen nada que hacer y se pasan hasta la ciclovía. Finalmente Paisano cedió, dijo que van a buscar todos los elementos jurídicos, y nosotros les vamos a dar todos los elementos de las afectaciones y daños que nos hicieron como castilleros, vamos a proporcionar los testimonios, las fotografías de las agresiones, y se va crear un expediente para que se cancele la licencia de ese antro. Se acordó que van a cerrar definitivamente ese anatro yque van a desmantelar esa red de golpeadores cadeneros, y ya quedaron boletinados las 14 personas que fueron detenidas para que no vuelvan a trabajar en esos antros, ni de cadeneros ni de nada. Esos fueron los dos compromisos.

Puede ser cualquier año: Agua Azul, el inconmovible balneario retratado en el domingo de pascua del 2014.

Este domingo los cuerpos le pertenecen al sol. Y en el agua se revela toda la sabiduría aprendida para retener su energía.

(Foto de Periódico Digital)

Los cuerpos que veo:



El mío, con su barriga anunciada hace años, con un blanco nórdico, desencanchado de todo propósito futbolero que no sea el televisivo, con músculos que han perdido su dureza juvenil y con los que me engaño para salir del redondo título de panzón… Mi cuerpo, plantado ante una barra alta y vacía de barman y de bebidas, a medio Agua Azul, perdido en un tendedero de toallas, anafres, lonjas y griterío, en el más acuático y populoso refugio del sol puro, azufrado por infernal, el único reducto público para asolear la piel y el espíritu en todo el valle de Puebla.

Y los cuerpos de los otros, abiertos a la luz, en la absoluta libertad del volumen, inmisericordes en el desvarío alimenticio, plenos y felices, cinturitas y cuerpos de uva, petaconas y viboritas, forzudos y alfeñiques, lampiños y barbudos, tatuados tímidos y salvajes, vientres de lavadero y de pulquero, calvas tostadas y melenas arrebatadas, piernas alfileres, muslos granulados, bíceps acerados y colgantes. Cuerpos todos abrazados al sol.

¿Queda un resquicio para la soledad en Agua Azul?

Foto de Mundo Nuestro

Aquí la soledad se suda, se evapora, cumple el mandato del cuerpo etéreo, sin vergüenza ni impudicia, sin recato alguno. Leo una frase de Natalie Angier (Mujer. Una geografía íntima, Paidos, 2011): “Mis óvulos, mis genes, no me pertenecen, no son ni siquiera míos; son algo que comparto, es como donar sangre.”



Es como mirar al cielo y disolverse. Aquí abunda la sangre joven. Niños en racimos como cerezas en el pastel blanquecino, lechoso, de nuestro inframundo; niños que se esfuerzan a golpes por batirlo. Entre más chicos más ligeros y escurridos sus cuerpos, casi no veo niños obesos, pero veo retratado el futuro que se les viene en los cuerpos de los adultos porque es imposible no mirar el sobrepeso que vuela en el aire fritanguero de los anafres.

Junto a la barra, una señora despliega toda la bravura del aceite hirviente contra las mojarras. El aire quemado seduce a su marido que espera cerveza en mano.

Llega una familia joven. Dos hijos, niño y niña entre siete y diez. El padre es experto en balnearios: identifica en un vistazo el lugar perfecto y no hay duda de que es inexplicable que no esté ocupado ese rincón de sombra a medio metro de la alberca infantil. En veinte segundos e madre y niños chapotean enteros en el ritual del agua imaginada por los cuerpos con la avaricia rotunda del empuje del sol. El hombre acomoda la visera de su gorra, no se quita la playera, se sienta en la orilla, mira aborto el agua blanca. Me entretengo con un juego antiguo: imagino al hombre, ¿obrero, oficinista, profesor, policía? Su mirada regresa del agua por el grito del niño. Alcanza la pelota que han traído, la arroja a la alberca, se lanza tras ella. Su hijo lo espera.

Todos son rellenitos en la familia vecina. La abuela, cuando la dejan sola, pronto me dice que tiene 44 años, quince menos que yo, y que tiene veinte de no venir a Agua Azul, así que se entretiene en señalarme las novedades en albercas y toboganes. No se preocupa por el sol --estoy mala de la garganta, me dice--, así que a la sombra le va bien el mandil fritanguero y el vestido a la rodilla que cubre. Cuando llega el nieterío --son cinco--, una hija y un yerno, todos escurridos, ella ya ha ganado un lugar en la barra y tiene dispuesta la primera tanda de comida con el arsenal de sanwiches servidos en platos desechables que duran un suspiro. No se dicen mucho, y no tengo tiempo para entenderlo porque en un instante todos se han ido por las callejuelas de cemento de regreso al agua y al sol, sin atender el reclamo del letrero que pide contra los calambres tres horas de digestión como mínimo. No hay pesadumbre para la abuela. Está en la sombra, engulle su sanwich y yo la miro con veinte años menos, aquí mismo, ya con cuatro hijos, corriendo al agua, dejando a una abuela de mandil y vestido a cargo de la sombra y de los recuerdos.

“Al rato preparo los chilaquiles”, me dice.

+++++



Fotos de Mundo Nuestro

El sol se somete a los jóvenes. Abajo sobresalen las cabecitas y los brazos decididos a romper el equilibrio del mundo. Las dos cuerdas desplegadas a lo ancho de la alberca son el más entretenido de los juegos. Por los dos extremos se animan los cuerpos equilibristas, pies y manos sujetos a los cables sostenidos por las manos y las risas de quienes que los zangolotean. Las extremidades se tensan, plásticas, sin importar gorduras o flacuras, envueltas en el vértigo espeso y blanco del agua.

Y así todos los cuerpos son bellos ante el abismo.

+++++

Encuentro en el celular esta foto. Agua Azul en los años treinta. A la vista el esplendor del río que hemos perdido. Es un rio denso, lleno, serio, corredor de todas las tormentas, y limpio, decidido a tomar el rumbo del sur, ajeno al retén que le romperá el alma años después en Valsequillo. Después, la arboleda que circundaba al pueblo textil de Mayorazgo. En el fondo extremo, la serranía del Tentzo y la imaginería campesina de los nahuatls de San Andrés Azumiatla, ajena a los avatares modernos de una ciudad industrial incapaz de saltar la barrera acuática. Arriba, el sol y las nubes, y con ellas el paso del tiempo. Agua Azul, con el viejo tobogán perfilado en una larga onda desde el norte, el territorio de la ciudad que a todos contiene con el sol de marzo que nos derrite. La ciudad proletaria que lo ha tomado desde hace años y le planta la cara a los catrines.

+++++

Vuelvo al sol del domingo. Fundido a mediodía en el pueblo pleno, feliz, antiguo. Asado, tembloroso, escurrido.

Y miro la alberca en el primer plano. Cuántos cuerpos y esplendores e historias se han colado por ahí al sol, cuánta agua ha corrido desde la fosa que le ha dado por el azul su nombre al balneario. ¿Y cuánta ciudad se ha ido por ahí?

No todo está perdido en México.

Hay un pueblo justo del otro lado de la Malinche, San Juan Ixtenco, en la falda al nororiente de la antigua montaña tlaxcalteca. Es un pueblo 0tomí en pleno altiplano, tal vez el más retirado de la sierra poblana con ese origen. Si llegas temprano un domingo de ramos, encontrarás que todavía guardan la tradición de las palmas y el canto bendito, bendito, bendito sea dios, y verás el atrio repleto de santos y estandartes que han llegado de los barrios con las campanas del templo al vuelo.

Si fuera el día de la Candelaria se les vería dirigirse después a sus campos, a sembrar el alberjón con la seguridad de que las humedades de diciembre algo dejaron para ayudar a que brote esa maravilla que nos comeremos en tlacoyos unos meses después.

Pero hoy es domingo de ramos, el día de la fiesta del maíz.



La carpa amarilla en las calles que bordean la plaza por el lado de la presidencia municipal te da idea de que el jolgorio tras el rezo se llevará el resto del día. Hoy es la fiesta de los campesinos maiceros: cada año arman un festejo dedicado al maíz criollo de Ixtenco, un pueblo decidido a rescatar la más antigua y fuerte de nuestras raíces culturales.

Hasta San Juan hemos ido a dar en este domingo de ramos Emma y yo para encontrar a Alicia y su grupo de animosas biólogas de la CONABIO, muy metidas como están en la genética de los montes templados y en el propósito de recuperar con los campesinos el maíz criollo del altiplano de México.

Y en eso son expertos los ixtencos: identifican por su nombre al menos 22 variedades cultivadas por ellos. Y todo lo muestran en puestos atiborrados de mazorcas y artesanías. El color y los sabores se te vienen encima como discurren los pájaros que bajan del cerro para alumbrar los campos una mañana de primavera, ni pa dónde hacerse en el tumulto. Y los nombres, de tan sinceros, están para reconstruir el idioma: sangre de cristo, blanco, negro, azul, coral, crema, rosa, cacahuazintle, cola colorada, azul cola roja, ajo, gorrioncillo, gato. Y la comida, moles y tlacoyos. Y los aretes de elotitos, y los collares de pepitas. Pura ilusión campesina de un país en el que no todo está perdido. Entretenido el domingo. Muy lejos de los desastres y violencias que nos acompañan día a día en las noticias. En la útima fotografía, el botín maicero, calabaza y todo.



¿Para qué hacer un libro? Los libros son objetos solitarios, sólo se cumplen si otro los abre, sólo existen si hay quien esté dispuesto a perderse en ellos. Como la filantropía. Como este quehacer de ustedes, en el que hay que perderse para encontrar a los demás.

Los que hacemos libros nunca estamos seguros de que habrá quien le dé sentido a nuestro quehacer. Escribimos un día aterrados y otro, dichosos, como quien camina por el borde de un abismo. ¿A quién le importará todo esto?, nos preguntamos, mucho más egoístas que quienes dedican una parte de su tiempo, o su tiempo todo, a la filantropía.

¿Para qué hacer una novela? ¿A quién le importará?, nos decimos a veces.



En cambio ustedes, quienes dan por dar, los filántropos, no parecen tener esta duda. Sin embargo, sé que la tienen. Quienes practican el raro arte de dar porque sí, porque así están hechos, porque para eso viven, también dudan. ¿Valdrá la pena? ¿Por qué dedicar horas a los demás?

A veces los escritores gastamos tiempo en dudar. ¿Qué será mejor? Escribir fuego o escribir lumbre, escribir mar o escribir deseo, escribir deseo o escribir anhelo, afán, absoluto, capricho, pasión, sed, vehemencia, antojo, luna, luciérnagas.

Escribir filantropía o escribir egoísmo, ustedes no se lo preguntan.

Menos certeros que los físicos, más empeñados en la magia que los médicos, los escritores trabajamos para soñar con otros, para mejorar nuestro destino y, si fuera posible, para mejorar, siquiera a ratos, la vida de alguien.

Lo que yo hago cuando escribo no es filantropía, pero es también un afán de apego a los otros. Por eso, con toda humildad, sé lo lejos que estoy de quienes, como muchos de ustedes, dedican sus vidas, cabal y resueltamente a compartir y mejorar la vida de otros. Al mismo tiempo, sé lo que procura, lo que da, esa pasión.



Los escritores cumplimos con el deber de inventar cada mañana un mundo y escribimos para sentir que en algo mejora nuestra realidad si podemos invocar otras, crear y creer en otros. Los filántropos, tanto como los escritores, saben que la vida tiene su barbarie y sus dificultades, pero ellos quieren, tratan y muchas veces consiguen cambiarla con más que las puras palabras. Por eso resulta fascinante conocer y acompañar su trabajo. Admirarlos.

Yo muchas veces creo que la vida está regida por el azar y que poco puedo hacer para contradecir sus leyes. En cambio ustedes, los aquí reunidos, ese otro tipo de soñadores, sin duda más útiles que quienes sólo cambiamos el mundo al recontarlo, prueban para bien de muchos, que se puede lidiar con lo que parece un destino inevitable y trastocar su ley. Creen que las cosas tienen remedio. Y, para sorpresa de muchos, van probando que así es.

Que la injusticia deje de ser natural y aceptada requiere de un arte difícil de practicar. Un arte que no es ficción y que antes se llamaba caridad, que acompaña al generoso, aunque desgastado, verbo amar. Ya no está bien visto usar “caridad” como sinónimo de “filantropía”. Pero vistas las dos cosas, desde afuera, por más que una tenga más orden que la otra, son parientes cercanas.

Imposible hacer filantropía sin asirse al amor. Más difícil aún, sin acudir a la compasión que ahora no vamos a equiparar con la piedad, sino con ese otro arte que es el de compartir pasiones. Con-pasión. O el de padecer con otros. Con-padecer.

Sé, ustedes lo han oído unos de otros cuando se reúnen a pensar en su trabajo, que se encuentran dichas y abismos extraordinarios en el arte de dar. Se encuentra un regocijo que no es equiparable con otros. Hay gente que dedica su vida a los niños en situación de calle, --raro modo de llamar a los antes indescifrables niños pobres-. Quienes esto hacen cuentan su experiencia con un entusiasmo que da envidia. Entendido por envidia no la definición del diccionario: pesar por el bien ajeno, sino el sentido que le hemos dado a la palabra, acompañándola. Decimos: “envidia de la buena”. Gozo por el bien ajeno. Los filántropos me provocan esta envidia, me provocan y deberían provocar en todo el mundo, el deseo de compartir su pasión. El bien de quienes lo hacen y el de quienes al recibirlo encuentran bienes. Lo veo de cerca muchas veces, quiero pensar ahora en mi valiente amiga Leonor Ortiz Monasterio, directora de APAC, Asociación, Pro Personas con Parálisis Cerebral.

Tantas cosas arduas e incomprensibles suceden bajo las estrellas, entre nuestra gente, en nuestro país, que es un crimen no saber mirarlas, no querer detenerse a comprenderlas y buscarles remedio. No sólo a temer su sin remedio, sino, fundamentalmente a intentar remediarlas. Esto que de nadie, sino de nosotros, depende.

Elegimos modos extraños de convocar y asumir el mundo que nos rodea. Los filántropos eligen el mejor, muchas veces el que parece más arduo, creo que siempre, el que más compensa.

Yo escribo además de por el gozo y las penas de hacerlo, para contar mi certeza de que estos tiempos tienen remedio. Creo que los filántropos son también escritores. De donde no se deriva que los escritores seamos filántropos, pero sí que podemos serlo, como puede serlo cualquiera.

Yo tengo epilepsia. Lo digo, porque aún ahora es difícil oírlo. Más difícil oírlo que vivir sabiéndolo. Lo digo porque la epilepsia me ha hecho vulnerable y porque siéndolo, sé que todos somos, en algo, vulnerables. Todos, por eso, necesitamos de la filantropía de otros.

Con la epilepsia hay quien ve luces o fantasmas o sueños. Yo no. Yo, antes de perder la conciencia, escucho ruidos como luciérnagas, siento una música que parece un sueño, el sonido excepcional de un clarinete imaginado por Mozart. No dudo en afirmar que algo así les sucede a los filántropos. Yo he querido ver la epilepsia como un desafío. Como ven los filántropos la pobreza, el desamor, la violencia, al tiempo en que saben verlas con la certidumbre que en las noches oscuras nos dice despacio: habrá de amanecer.

La realidad como un desafío y el desafío como algo que nos enriquece, nos enseña la pasión y la compasión. La vida como una dádiva inevitable que uno no debe guardar sólo para sí. La vida como el deber de crear.

“Hay más cosas bajo el cielo de las que sueña tu imaginación”, dice un personaje de Shakespeare. Y claro: hay las cosas que sueña la imaginación de otros. Y con esas y con las que sueña nuestra imaginación, es posible enmendar cualquier espanto.

Porque es cierto que a diario nos espanta el espanto.

¿Y qué hacemos? Casi siempre, temer.

¿No podemos dar con algo más noble que el temor?

Vemos en los periódicos y la televisión las sombras del espanto. Amenazan con adueñarse de nuestras noches. Nos entristecen, nos asustan.

Y ni modo de no verlos, ni modo de negarse al mundo que nos tiene en vilo.

Este nuestro país se rompe a diario y según casi toda la información no parece tener remedio, pero los filántropos creen que sí. Por eso son tan valiosos. Por eso se reúenen, para reconocerse y apoyarse.

Tantos de nosotros asustados, discurriendo juicios inútiles, quejas, desesperanza. Tantos pensando que ya no existe un lugar desde el cual puedan verse las estrellas. A ratos inseguros de que existan unas estrellas que no alumbren el cielo de eso que nos espanta. Presos dentro de nuestra impávida libertad. Sin remediar nada. Mirando.

Se nos olvida con tanto temer, con tanto discurrir en vano, darles valor a encuentros como el de hoy.

Atestiguar la esperanza y el trabajo de quienes en vez de asirse al miedo lo exorcizan con su diario quehacer y su certeza de que el mundo no se enmienda de golpe.

El mundo se va cuidando, se zurce, se le acompaña y, sobre todo, se ama porque es el único que tenemos.

¿Se puede imaginar un quehacer más noble?

Yo no. Ni más arduo ni más noble que combatir el temor, desafiándolo.

Contra el miedo y la desesperanza, el trabajo en lo urgente.

Es una alegría y un privilegio estar aquí. Saber que ustedes, los que tienen esperanza, los que trabajan en construirla y promoverla, me cuentan en su haber.

No hay sin remedio entre la gente que hoy se reúne aquí. Sé que ustedes acuden todos los días a la aceptación de que éste es el mundo que los necesita, éste el tiempo que les llama, éste el lugar desde el que pueden verse las estrellas, al que a veces es necesario bajar, para encontrarlas.

Quién sabe si el mundo tiene remedio, pero para remediar nuestra vida tenemos que mantener con nosotros la certeza de que sí lo tiene.

La certeza de quienes cada día son capaces de recobrar el valor y llevarlo a donde sea necesario. Personas dispuestas y puestas en hacer el bien, en recuperar lo que se desmorona, en mantener a salvo lo que parece que no tiene remedio y rescatar lo que no estuvo a salvo.

Según los ojos, el testimonio y el ejemplo de ustedes, los miembros de la Junta de Asistencia Privada, nuestra vida y nuestro mundo tienen un mejor destino del que imaginan tantos.

Y vale la pena, y la existencia, buscarlo. Y no es fácil, pero compensa.

No hay temor que se alivie, que encuentre consuelo, que reciba ayuda, sin devolver a cambio algo crucial. Quienes esto saben encuentran primero esperanza, y luego paz. Quienes esto saben, se llaman filántropos.

Sí podemos encontrar algo más noble que el temor. Sí hay un exorcismo contra el espanto, un remedio más callado y sencillo, pero sin duda más elocuente que la inútil diatriba o la queja sin destino: hay el gusto, la filiación, por los demás.

Quienes saben esta verdad escriben la novela más digna de elogio y compañía, el libro que desafía el espanto con la vocación de compartir el bien y las estrellas. Hagamos nuestro este libro, escribamos junto una novela urgente: que sean verdad el bien y las estrellas.

Vida y Milagros



¿Tiene usted sus ahorros en un banco en México? ¿En una cuenta de ahorros, de cheques o en una de inversión? ¿Un pequeño capital producto de una pensión de retiro, una herencia o la venta de un bien? Si es así, está usted perdiendo dinero porque los bancos le pagarán de intereses menos que la inflación anual. Cada peso que usted tenga en el banco valdrá un poco menos cada año. Mientras tanto el banco presta el dinero que usted guarda con ellos a intereses altísimos aun cuando la inflación de nuestro país se ha mantenido estable y baja en los últimos 18 años. No tengo la menor idea de qué consejo darle a una amiga que me pregunta qué hacer para que su dinero no se le haga humo. Meterlo a inversiones de riesgo no es opción para quien solo cuenta con un patrimonio fijo pues corre el riesgo de quedarse sin nada.

Si su banco le ha dado una tarjeta de crédito y usted no paga el total de lo gastado cada mes, usted estará pagando intereses que fluctuarán desde el 23% hasta un poco más del 50% anual. Haga cuentas y cheque el interés de su tarjeta.

Si por falta de créditos accesibles usted se decide a financiar el inventario de un negocio pequeño, el pago de la colegiatura de una universidad o los arreglos urgentes de su casa mediante un crédito ligado a su tarjeta, ofrecido por su banco como una "excepcional promoción" debido al buen manejo de su cuenta en la pantalla de un cajero Banamex , HSBC, o similares, en que con solo dar un click a las palabras "Si acepto" usted recibe un crédito de entre 50 mil y 200 mil pesos a pagar en 24 meses, al final acabará pagando 100 mil pesos si pidió 50 mil , y 400 mil si pidió 200 mil. Negocio redondo. Es probable que a la larga tenga más problemas que los que intentó resolver. No hay casi ningún negocio legal que en 24 meses duplique el valor de su inversión. Este bonito negocio bancario francamente usurero es consentido y tolerado por la COMISIÓN NACIONAL BANCARIA Y DE VALORES (CNBV), órgano desconcentrado de la SHCP con autonomía técnica y facultades ejecutivas.



En la página de la CNBV usted puede leer algo que parece un chiste de humor negro. Dice así: "La misión de CNBV es supervisar y regular a las entidades integrantes del sistema financiero mexicano a fin de procurar su estabilidad y correcto funcionamiento, así como mantener y fomentar el sano y equilibrado desarrollo de dicho sistema en su conjunto, EN PROTECCIÓN DE LOS INTERESES DEL PÚBLICO." Aquí es en donde deberían poner por cortesía el emoticón que ríe a lágrima viva. Y sigue la ciencia ficción en la página: "La CNBV se rige bajo un estricto CÓDIGO DE ÉTICA el cual tiene como valores institucionales la LEGALIDAD, EQUIDAD, RESPETO Y LEALTAD, acorde con las mejores prácticas internacionales." Yo creo que la página se las escribió el Guasón. Les falta aclarar hacia quiénes es la lealtad y a qué prácticas internacionales se refieren. Seguro se inspiraron en El mercader de Venecia de Shakespeare.

El 28 de abril de 1995 el Congreso de la Unión aprobó la ley que rige a este órgano que nace con el mandato que arriba transcribí y que de verdad suena a broma. Nació, como todo recién nacido, lleno de purísimas intenciones, pero algo pasó que esta joven institución ha logrado que México sea un paraíso bancario para los dueños de los bancos, en particular los extranjeros, y ha permitido una serie de uniones de crédito y asociaciones como la de Tiro Moranchel y su grupo SITMA que solo en Puebla defraudaron y dejaron en la calle a miles de personas. Se supone que la misión de la CNBV es eliminar irregularidades y abusos en las instituciones que supervisa. Señores de la CNBV ¡No lo están logrando! Por ejemplo BANCOMER BBV, SANTANDER, HSBC O BANAMEX /CITIBANK obtienen una gran parte de sus utilidades mundiales en nuestro país. Sería impensable que en sus países de origen o en otros países del mundo pudieran cobrar hasta el 50% de intereses en tarjetas de crédito. No me crea a mí, cheque qué tarjeta anda usted trayendo y los intereses que le cobran.

Una tarjeta HSBC, BANAMEX/CITY BANK, o Bancomer BBV (Banco Bilbao Vizcaya) en otro país le ofrecerá tarjetas de crédito a intereses infinitamente más bajos. Busque en las páginas de esos bancos y verá. El problema es llegar a esos otros países si usted es mexicano.

De verdad que la banca mexicana y otras instituciones de crédito cometen abusos o no cumplen con su función mientras la CNBV contempla sus bellos principios desde el limbo. ¿Necesita usted dinero para hacer crecer un pequeño negocio? Si solicita un crédito en un banco, una unión de crédito o en una sociedad de crédito regulada por la CNBV, tendrá que respaldar lo que pida, si es que se lo dan, con bienes que respalden 3 a 1 cada peso que le presten. Si no puede pagar, tratarán de quitarle los tres que usted dio en garantía y no el equivalente a uno o dos, que con los intereses incluidos, usted supuestamente debería pagar. O sea, está usted frito si no leyó las letras chiquititas antes de firmar. Un grupo de abogados con dientes de tiburón lo dejarán sin nada.

(Imgen de portadilla tomada revolutionmatrix)

Mundo Nuestro. Esta revista estrena a un joven escritor enamorado del rock y las tocadas. Por ahí empieza a abrir su propio sendero en la literatura poblana. Aquí su recorrido por Casa Nueve, a la manera de los hoyos setenteros. Ruido, desmadre, soledades compartidas, viaje por una ciudad que se descubre a vuelta de camión y noche y que se escurre como en un exorcismo hacia la madrugada de la vida.

Ilustramos esta crónica con imágenes de su colega de correrías Jorge, fotógrafo autor del proyecto FloTe.



Al arranque de la tocada. Foto de FloTe.

Me propuse a llegar temprano ese día, y fallé. Desperté porque mi mamá estaba en mi cuarto diciéndome que ya se me hacía tarde, y como era: eran las cinco cuarenta, y yo me quedé de ver con mi amigo al cuarto para las seis. Cuando prendí mi celular, había un mensaje suyo pidiéndome que confirmara la hora a la que nos veríamos; le pedí que me esperara a las seis, ya estaba a punto de salir de mi casa. Bajé a la sala y desperté a mi papá, que también se había dormido.

Rumbo al centro, pensé en las ventajas y desventajas que representa –para nosotros, los que vivimos en el sur- usar el metrobús. Concluí que es una especie de adicción, puesto que nos encanta usarlo por su rapidez, que es mayor a la de un microbús normal, pero hace que nos confiemos tanto por este aspecto, que siempre salimos tarde de nuestras casas, llegando, por ende, tarde a nuestro destino, volviéndose hasta contradictorio su uso. Esta vez mis papás me dieron aventón, y me dejaron sobre la 11 Sur a la altura de la 6 poniente.

Crucé la avenida y le hice una señal a mi amigo Arturo -quien estaba en el Hnos. Rodríguez- de que se acercara a la esquina. Llegó reclamando mi tardanza, a lo que contesté en tono burlón que me había quedado dormido. Íbamos rumbo a la terminal de autobuses a Cholula, cuando se me antojó un cigarro, así que le pregunté si no llevaba uno; su respuesta fue negativa, por lo que me vi forzado a comprar un Marlboro rojo en un puesto de ropa ambulante que estaba enfrente del lado de la acera donde caminábamos. Intenté prender el cigarrillo con el encendedor de la señora, pero terminé haciéndolo con el de Arturo, porque no servía el de ella. El cigarro fue una excusa perfecta para quemar un poco de tiempo. Nos sentamos delante de la terminal mientras platicábamos un poco de lo recién acontecido en nuestras vidas, siendo el tema principal las mujeres. Cuando se extinguió el tabaco, tomamos asiento en las butacas que tiene la parada de buses, y dejamos pasar tres camiones (uno de ellos nos llevaba a nuestro destino). Se hacía cada vez más tarde, y agarramos lugar en la fila para subir al camión, que arribó pronto con el letrero de “Cuatro Caminos”, confirmando cuál debíamos tomar.



Nos fuimos a valor mexicano, sin preguntar ni pedir al chofer nos avisara dónde debíamos bajar. Hacía dos semanas visitamos Cholula para ir a un evento similar, así que los recuerdos estaban frescos. Cabe aclarar, que la primera vez que visité la ciudad fue también para asistir a un concierto; o más bien, a una tocada. Se había suscitado un año atrás, en donde Joliette tocaría en totalidad Principia, su disco debut, en Casa Nueve. Mi pareja en ese entonces me acompañó, y el proceso que ahora hice con mi amigo, era en ese momento completamente nuevo y desconocido para mí; toda esa noche fue emocionante, y lo recuerdo perfectamente, tanto que podría hacer una crónica de eso. Regresando un poco al tema principal, ahora Arturo y yo teníamos más o menos claro dónde había que bajar, lo que sirvió para que fuéramos despreocupados todo el camino.

Por dos calles erramos y nos bajamos antes; aun así, estábamos bien ubicados y sabíamos para dónde caminar. Las calles se hacían más largas que la ocasión anterior, y éstas a su vez, estaban vacías para ser un sábado por la noche (en su defensa, seguía siendo temprano, pues el reloj marcaba las siete), lo que me sorprendió. Ubiqué ahora varios lugares de los cuales me habían hablado, y noté que estaban más cerca de lo que yo creía, entre ellos Container, que está a la vuelta de Casa Nueve. Éste último nos recibió con las puertas bien abiertas, como siempre. A lo sumo había ocho personas, repartidas en dos grupos, que estaban sentadas fuera del establecimiento. Entré, y al primero que vi fue a mi amigo Jorge (fotógrafo y co-autor de estas fotos, en su proyecto FloTe). “Qué onda, ¿ya empezaron las bandas?”, le pregunté; “antes al menos me preguntabas cómo estaba”, me contestó, en tono de reclamo, pero sonando burlón. Me disculpé y saludé a las personas con las que estaba, un chico y una chica que son hermanos. Nos sentamos Arturo y yo con ellos, platicamos cada uno en distintos tiempos y de temas distintos; con Jorge hablé un poco más serio sobre un proyecto que tenemos en mente, y que espero se concrete lo más pronto posible.

Quería ir a la tienda por un jugo, y tanto Jorge como Arturo me acompañaron; las tiendas aledañas estaban cerradas, así que caminamos un poco más. Al salir, nos encontramos con que las bandas ya habían llegado, empezando a descargar el equipo de sonido y los instrumentos. Ésta era la penúltima fecha del tour: titulado Tótem Tour, el concepto original nació a finales del 2015, cuando los locales de Joliette decidieron armar una pequeña gira con bandas de países como Colombia, Chile y Canadá; la idea se retomó este año, siendo consecuencia de los tours que armaron en el 2016 (Parasimpático Tour, por Europa, y West Coast tour, por EE.UU.). En esta oportunidad trajeron dos bandas norteamericanas (Gillian Carter y Tiny Moving Parts), una banda suiza (Überyou), una venezolana (Cardiel, aunque radican acá en México) y una nacional, pero del norte (xHendrix); muchos colores de piel e idiomas flotaban por ahí.

Joliette, la banda local. Foto de FloTe.

Mis limitadas capacidades mentales hicieron que comprara un Boing de guayaba frío y un cigarro, y que no obstante a esta combinación fatal para mi garganta, creyera que sería buena idea intercalar su consumo; las consecuencias se ven hoy, pues traigo una tos infernal. Después de eso, volvimos a Casa Nueve, y las bancas de piedra que El Punto tiene fuera de su local nos acogieron. Empezó a llegar más y más gente; mi amigo Jorge entró a ver su chica, Mariel, yo saludaba a los rostros familiares que aparecían por la calle, y Arturo se quedaba ahí riéndose de las tonterías que decía. Como a los diez minutos, volvimos a entrar, y en la misma mesa que habíamos estado se encontraba el hermano de la chica que mencioné antes. Tomamos asiento con él, y muy alegre inició una charla con nosotros, en donde mencionábamos muchas bandas de punk y hardcore que nos gustaban; nos contó, entre otras cosas, que cursaba la secundaria, tiene catorce años y seguro es el más chico del concierto, sin lugar a duda. La música ya sonaba en la galería de Casa Nueve, y todos nos levantamos, a su debido tiempo, para entrar a ver el concierto.

Se me olvidó que le prometí a Arturo pagarle la mitad de su boleto (o sea, cincuenta pesos), y me quedé esperando me devolviera los cien que pagué (di un billete de doscientos de la entrada de ambos), hasta que en la mitad de la noche me recordó las palabras que proliferé. Entramos a la galería, y estaba bastante llena para tratarse de la primera banda, por lo que nos abrimos paso hasta el frente y a un costado para ver mejor. El ruido bluesero de xHendrix hacía retumbar el piso, lo que me llevó a pensar que en cualquier momento los amplificadores iban a explotar. Su música hace un buen tributo a su nombre, pues en muchas ocasiones las partes de guitarra se ven muy influidas por el sonido de Jimi Hendrix; a la par, saben equilibrar bien sus canciones, con secciones que suenan como ya lo mencioné, y otras donde se vuelven más hardcore.

Überyou, los suizos con acento peruano. Foto de FloTe.

El calor inundó la habitación, y los pocos minutos que salimos ayudaron a refrescarnos. Al volver, había más gente y nuestro lugar fue ocupado por alguien más; no pudimos avanzar, así que nos quedamos en medio y a un costado, medio viendo lo que pasaba con Überyou. Los suizos los asocié, desde la primera escuchada, con el sonido skate punk de los noventa, y un poco con el mismo pop punk. Su presentación ha sido la más energética que he visto en una tocada: además de esa misma energía, el vocalista interactuaba todo lo que podía con el público, aventándose a ellos o simplemente prestándoles el micrófono para cantar. “Amigos y amigas”, dijo, seguido de un pensamiento mío, que decía que lo demás lo pronunciaría en inglés, un idioma que la mayoría conoce. “Es hermoso encontrar tantos rostros amigables esta noche”, todo, como lo digo, en español; un español perfecto, una pronunciación sin ningún error, sin ninguna mofa que se vería en una caricatura; su dicción era más perfecta que la mía, ¡y eso que es mi idioma natal! Tocaron sus canciones y un cover de ‘Don’t Stop Believing’. Al terminar, me senté justo en los bancos fuera de la galería, y esperé a que pasara su vocalista. Lo intercepté, lo felicité por tan buena presentación, pero lo que verdaderamente me atañía era preguntarle por qué tan buen español; “es que mi papá es peruano”, me dijo, “de ahí tomó la lengua”.

Gillian Carter, una de las bandas norteamericanas. Foto de FloTe.

Esta vez no nos movimos muy lejos, y tan pronto Gillian Carter comenzó a tocar, nuestros cuerpos ya estaban en primera fila. Normalmente no me gusta el screamo como tal, pero sí hay bandas de este género que me agradan en algunas canciones. Gillian Carter se me figuró, por lo poco que había escuchado y con su presentación, a Indian Summer, mítica banda del screamo. Siendo sinceros, los norteamericanos no nos gustaron tanto; creo nos pareció tedioso que estuvieran gritando todo el tiempo (la música así lo pide, nosotros no elegimos) y el calor se volvía un poco insoportable, así que salimos. Estaba un poco resignado a lo de mi garganta, lo que me llevó a buscar otro cigarro. Llegué a mendigar por alguno, porque no quería comprarlo; siempre y cuando no me dieran Camel, todo estaba bien. Richo, bajista de Leñadores (banda local), me regaló un Benson y con eso fui feliz. La cortina del local de junto nos sirvió como asiento, pues todos los demás lugares estaban ocupados. Arturo estaba un poco desesperado porque no se conectaba al internet con su señal, y yo sólo veía pasar a los chicos nice por la calle para llegar a Mantra.

Cardiel, el venezolano. Foto de FloTe.

Afuera se escuchaba que Cardiel ya había comenzado. Llegamos casi al final de su set, pero la gente de ahí reventó por completo el lugar: muchos fotógrafos estaban más cerca de lo normal al micrófono (más bien a Mike, vocalista y guitarrista), y la mayoría estaba armando el slam y cantando las canciones de la banda. El dúo lo conforman Mike, quien ya mencioné qué rol ocupa, y Samantha, esposa de él y baterista; ambos hacen una banda fenomenal, que prescinde de un bajo, que es cubierto por el montón de pedales que usan para la guitarra. Yo tenía muchas ganas de ver qué tocaba Mike en la guitarra, si acordes completos y puros riffs, pero los asistentes delante de mí, así como los fotógrafos, me lo impidieron; esto me llevó a tomar la decisión de ahora pasarnos del otro lado.

Tiny Moving Parts, la otra banda gringa.Foto de FloTe.

Ya establecidos en el lado opuesto, y después de casi tirar un micrófono al pasarle sus maletines a Mike, nos preparábamos para ver a Tiny Moving Parts; de ahí no nos movimos hasta que acabó la tocada. Me dio la impresión de que la gente se dividió en dos: los que iban por Tiny Moving Parts y los que iban por Joliette, ya que no vi a ambas facciones al mismo tiempo. Los chicos güeritos de Minnesota ya se habían alistado, y me acordé que Arturo mencionó lo feliz que estaba el cantante, Dylan, al que inclusive le dije que se veía muy alegre; es gracioso, porque era de esa alegría que se contagia solo al verla, y le duró inclusive cuando Joliette berreara “Soy inservible / necesito empatía”; para darle créditos, creo es porque no entendía muy bien. Fue la única de las dos bandas que grabé, y que subí a un estado de WhastApp, siendo el primer estado que pongo desde que se volvió WhatsSnapChat. La gente se extasió y cantó los hits de la banda, y algunas desconocidas, sin importarles que un punto los instrumentos dejaron de sonar porque alguien desconectó los amplificadores.

Tiny Moving Parts, el exorcismo del slam. Foto de FloTe.

Nuestros tímpanos resintieron al principio estar tan cerca de la batería; temía que nos fuera a lastimar de verdad, más cuando tocara Joliette, pero el cuerpo humano es tan increíble que amplificó el sonido y todo transcurrió normal. La primera canción que los poblanos tocaron tuvo errores en cuanto a la sincronización, pero terminaron sacándola sin ningún problema. Las canciones que más predominaron en su set fueron de los splits y de su más reciente material; sólo hubo dos del Principia que tocaron, ambos clásicos que subí en WhatsApp, también. No sabría si considerarlo como un encore, pero intentaron finalizar con Dolor de Marinero en la Costa del Vesubio, y ante la insistencia de la gente que deseaba más canciones, tocaron dos más, prolongando Habano Billullo, que originalmente dura dos minutos, a una especie de cuatro minutos de improvisación.

La noche se alargó más; pasamos a cenar y le expliqué a Arturo unas cosas en guitarra al llegar a mi casa, pero de Casa Nueve partimos a la una de la mañana, y la última imagen que tuve al momento de salir, fue Jopo, guitarrista de Joliette, pateando las cuerdas del bajo de Gastón, mientras los demás terminaban su presentación. Todos quedamos sorprendidos por tanta entrega de todas las bandas, que creo no hay queja alguna de la noche: sirvieron, para muchos de nosotros, como un exorcismo a todos los problemas que pudiésemos tener; y que sabemos que si buscamos en su música eso, ésta siempre nos abrazará como debe de ser.

Tan tan, se acabó, el sol nos avisa que llegó el final...



Hoy es 9 de marzo y ya ponte a trabajar, ya déjate de jaladas y aplícate, que los niños y la comida, la ropa, el aseo de la casa, el desayuno, la cena, de nuevo la ropa, el agua para el baño, la teta, y el peine, y la escoba, y el trastero, sí, hay que amamantar, peinar, barrer, trapear, y los trastos, pocillos y cazuelas, y no te olvides de ir al mercado y pagar la luz y esperar al del gas, ah, y si te viene a cobrar el de la renta, le dices que nos aguante nomás que resuelva lo del trabajo.

Sí, se acabó, y te digo que no estaría mal que te pusieras a hacer unos tamalitos o quesadillas o hay lo que se te ocurra, para ayudar con los gastos… ayuda en algo, por Dios, no seas tan conchuda, ayuda con algo, piensa en tus hijos, sé consciente, yo no puedo sólo con tanto, ayuda con algo, ya deja de hacerte mensa.

Ah! Por favor no dejes de lavar y planchar mis camisas y pantalones, tengo una cita muy importante, limpia los vidrios por Dios que ya no se ve nada por la ventana. ¡Ah! , y que no se te olvide lavar esos trapos que me enfadan tanto, y quiero tortillas calientes en una servilleta de tela muy limpia, y ya deberías bordar unas nuevas, que los niños vayan bien limpios y peinados a la escuela, y si no te alcanza para su desayuno ahí le pides al vecino, y si no, o pues a ver cómo le haces, pero al rato que llegue no quiero quejas y no me salgas con que te sientes cansada o cualquier payasada, que se enfermó el niño, pus lo llevas al seguro popular, que para eso vas a tus mensas juntas, o no? Y me esperas bonita, como me gustas, eh! Ahí nos vemos al rato, y si no llego pues ya sabes que no quiero tangos. Ahí te ves vieja...

Ah! Ya sé me olvidaba que el 8 de marzo fue ayer, ya se me olvidaba, felicidades mujer, ahí nos vemos, ahí te debo tus flores, y ni sé qué tiene que ver el 8 de marzo contigo, pero, pues igual, ahí pal año que entra...



Vida y milagros

"La privacidad ya no es una norma social": Mark Zuckerberg, creador de Facebook



Mi abuelo materno tuvo ocho hermanos, cinco de ellos hombres. Los seis formaban una pandilla unida gracias a los escasos años de diferencia entre ellos. Su papá, mi bisabuelo Daniel Guzmán, tuvo el don y la debilidad de interesarse en demasiadas cosas. Además de ser un magnífico y generoso médico, era músico, escritor y miembro de un club anti reeleccionista. Su casa era punto de reunión de tertulias y sesiones espiritistas en las que se gestaban intrigas, se compartían conocimientos, se interpretaba música, se anunciaban descubrimientos científicos y se disfrutaba enormemente del arte de la conversación.

Entre sus múltiples inquietudes dominó la curiosidad por las tecnologías novedosas, gusto que heredó a varios de sus hijos. La llegada de la bombilla eléctrica, la fotografía, las nuevas formas de anestesia y muchos otros inventos fueron parte de las cosas que tuvo la fortuna de disfrutar.



Resultado de imagen para puebla antigua

Dentro de la pandilla desaforada que formaban sus hijos, Roberto fue catalogado como el más inquieto, travieso y audaz. Siempre que en la casa había un destrozo o una travesura infantil de grandes proporciones, el primer sospechoso era Roberto.

Maquina-De-Escribir-Antigua-Remington-1901-no-7-estandar-con-tapa-Original-Sin-Restaurar

La máquina de escribir fue hija de muchos inventores de diferentes nacionalidades, pero la primera máquina de escribir visible, es decir, la que te permitía ir viendo todo lo que escribías sin que los primeros renglones quedaran oculto por el mecanismo , se inventó en 1895. La patente Sholes & Gliden la adquirió y comercializó la empresa Remington. El Dr. Daniel Guzmán había vivido y estudiado en Estados Unidos en su primera juventud y era admirador y estaba al tanto por medio de revistas de todos los inventos que facilitaban la vida, así que compró una flamante máquina de escribir en 1901. Como un tesoro, la máquina fue colocada en su despacho y consultorio dentro de un enorme escritorio de cortina .Se les advirtió seriamente a los niños que no era un artefacto para jugar y se les prohibió tocarlo.

Imagen relacionada

Unas pocas semanas después la máquina apareció inexplicablemente aplastada e inservible en el escritorio. Ya dije que todos los hermanos juntos eran capaces de muchas maldades, pero con las pertenencias de la autoridad paterna no se metían. El doctor daba mucha importancia a la educación y su figura causaba además de respeto y cariño, también miedo. Empezaron las averiguaciones. Los seis niños negaron haber tenido algo que ver con la total e incomprensible destrucción de la máquina. Todas las voces y los dedos adultos acusaban a Roberto, el cuarto hijo, que entonces tendría 9 años. Dados sus antecedentes nadie dudaba de su probable culpabilidad. Él se defendió y juró que no tenía nada que ver, llorando a mares ante las falsas acusaciones dirigidas a su personita, acusaciones verosímiles pero no verdaderas. De qué tamaño no sería su pena y su negativa que su severísima madre le creyó y argumentó a su favor diciendo que Roberto era demasiado pequeño para siquiera poder mover la pesada máquina de su lugar, y que si bien ya debía muchas, como por ejemplo el enhebramiento fatal de su máquina de coser o el incendio de un ropero por jugar con pólvora adentro de la casa, no tenían porqué acusarlo de todas. Su madre aceptó y defendió su palabra y el asunto de la máquina pasó a ser un misterio sin resolver.

El vecino de mi bisabuelo era un abogado que no solo compartía colindancias con su casa, el huerto y el jardín, sino también el gusto por los inventos que ofrecía la naciente modernidad del siglo XX.

Una tarde de domingo llegó a la concurrida tertulia del doctor y con gran ceremonia les fue mostrando las fotos experimentales que había tomado con una novedosa cámara portatil Kodak Browni que les había presumido semanas antes. Sentados en la mesa del comedor las fotos fueron pasando de mano en mano. El amigo de mi abuelo había tomado fotos de las calles, del río San Francisco y sus puentes y algunas fotos de la casa y el huerto de su vecino.

Imagen relacionada

Al fondo del huerto había una bodega misteriosa llena de los tiliches que suelen intrigar a los niños; un lugar ideal para ver y experimentar sin ser visto. A la bodega se llegaba cruzando por el patio y el jardín.

Todos admiraban las novedosas fotos de exteriores tomadas por el licenciado. ¡Qué bonita se veía la veleta del gallito que dominaba la punta del torreón de la casa Guzmán! ¡Qué bien se veían los azulejos de la cúpula de La Compañía! ¡Qué preciosas las copas de los árboles y la fuente!¡ ¡Que interesante toma de la escalera y del gallinero! De repente el doctor se puso serio y se acercó una foto a los ojos para mirarla con mayor detenimiento: la foto, tomada desde la azotea del licenciado, mostraba la unión del camino entre el patio y el huerto, y en el camino transitaba una diminuta figura humana cargando la máquina de escribir rumbo a la bodega. Indudablemente era Roberto. La foto había sido tomada tres meses atrás. La Kodak Browni lo había delatado de la manera más artera e inesperada. En el año de 1901 fue víctima del traidor ojo de una cámara portátil, el ojo que todo lo ve. Al mundo había llegado el principio del fin de la dorada privacidad.

Nota: Roberto Guzmán se recibió de Licenciado en Derecho. Fue secretario particular de Don Adolfo de la Huerta de 1923 a 1933, y fue Don Adolfo quien le dictó sus memorias. En esos años recorrió México de arriba a abajo. Se asiló con Don Adolfo en Los Ángeles cuando éste tuvo que huir del dominio político de Calles y Obregón, que pretendían asesinarlo. Don Adolfo no fue ni pillo ni ladrón, así que huyó sin un centavo y sobrevivió dando clases de canto, ya que era excelente tenor. Mi tío trabajó en Hollywood en el cine mudo, apareciendo en papeles de árabe o extranjero exótico debido a sus enormes ojos negros. Si mal no recuerdo fue juez durante muchos años. Yo lo conocí ya viejo y retirado, pero pendiente de las novedades del mundo guiado por su insaciable curiosidad. Le gustaba la fotografía, velear en el mar de Acapulco y en el lago de Valsequillo, dibujar, oír música y disfrutar de las puestas de sol mientras tomaba cubas hechas con limón y ron Batey. Igual que su padre y casi todos sus hermanos, a excepción de mi abuelo que era agnóstico, creía en la reencarnación y participaba en sesiones espiritistas. Todo un personaje fiel a su esencia hasta el final. Ignoro que castigo recibió por haber destrozado la máquina de escribir.