Sociedad

Para muchos es tarde, para otros muy temprano. Yo en el insomnio no percibo ninguna hora, solo recuerdo ahora aquél tanque. Voy con mi hermano pequeño dando la vuelta en la esquina y nos encontramos con aquel tanque impresionante, fascinante que avanza hacia nosotros. Infantes que vamos llenos de vida y energía para nuestro encuentro de fin de semana al conocido como " Plan Sexenal" nuestro campo deportivo en el que jugamos fútbol, básquet, carreras, beis, etc. Es nuestro lugar para practicar deportes, jugar y convivir con nuestros compañeros de escuela.
Todos los sábados nos encontramos y jugamos, tambien a veces peleamos o competimos como todos los niños.
Hoy no es igual que siempre. Hay tanques del ejército en las calles y uno de ellos es el que avanza hacia nosotros. Corrimos con miedo y llegamos al parque. Recuerdo que en esos dias mi padre se reunia con otros de sus amigos y vecinos y preparaban comida y otras cosas " como cuando vamos a huelga decían". Mi hermano mayor, yo sabía estaba por ahí, tal vez en algún lugar de la "Normal para maestros" de la que se habla poco. Recuerdo coqueteos en los jardines de la normal, areas verdes abrigando jóvenes. Era una epoca hermosa, pubertad, adolescencia, lo mejor de la humanidad!!! Yo era sólo una adolescente que iba con su balón de basquet para el partido. Era una calle por donde todos los sábados caminábamos para llegar a nuestro parque y de pronto en la esquina aparece un tanque que avanza hacia nosotros como si no existieramos. Corrimos y desde entonces jamás dejamos de correr ante la infamia que se dio en esos días. Era Nuestro parque, lugar de juegos y deportes. Eramos jóvenes pubertos y niños jugando y nos robaron la inocencia, la justicia. Nos quitaron el suelo y la tierra. Nos arrebataron la paz. Era nuestro parque, era nuestro Octubre de lunas blancas y brillantes. Era nuestro Octubre...
Es nuestro octubre y no lo olvidamos...nunca.

La noche sigue aquí. Y yo buscando si todavía existe "El Plan Sexenal" sólo por curiosidad. Recuerdo que estaba cerca del Colegio Militar que en ese entonces estaba cerca de la estación del metro "Popotla". Ya han pasado tantos años que mi memoria se cuatrapea, y esa sí está llena de imágenes. Y sensaciones
En ese entonces yo vivía mi adolescencia en la colonia San Alvaro (entre Claveria y Tacuba. En el Df. Y qué paradoja: mi calle se llamaba "Libertad".

Mundo Nuestro. Emma Yanes Rizo , Doctora en Historia del Arte por la UNAM y colaboradora de esta revista, escribió este texto unas semanas después del crimen de Estado en Iguala, un ejercicio de memoria e historia social y colectiva.

“Superemos Ayotzinapa”, dijo el presidente de la República Enrique Peña Nieto, a unas cuantas semanas de la desaparición forzada de los 43 jóvenes estudiantes normalistas, presumiblemente asesinados, quemados vivos en Iguala, Guerrero. Lo dijo sin que hasta la fecha sepamos, a ciencia cierta, cuatro meses después de lo ocurrido, dónde están: ya sean las cenizas, los cadáveres o la posibilidad de los jóvenes vivos. Una muela de uno de los muchachos, que no fue encontrada en Cocula, ni se ha informado de dónde provino, es lo único que tenemos. De ese tamaño es el horror. Sin cuerpos, al parecer, no hay culpables, no hay delito, mejor el olvido.

Lo que sí sabemos es que a partir de entonces han crecido las protestas sociales, la detención arbitraria una y otra vez de jóvenes estudiantes y la falta de claridad en la respuesta del Estado ante la interrogante del posible vínculo del ejército, por omisión en su actuar o por participación activa junto con el narcotráfico, en la desaparición-asesinato de los jóvenes. De igual manera ha quedado abierta la interrogante de hasta dónde está involucrada la clase política, de abajo hacia arriba, con el narcotráfico en la zona. Según el periodista Héctor Mauleón, Iguala ocupa el primer lugar en el país en la producción de amapola, un equivalente a 17 millones de dólares al año. Increíble creer que esa cantidad de dinero y de producción desfile por el país sin el conocimiento y el consentimiento de los gobernantes y del ejército. Entonces para qué están.



“Superemos Ayotzinapa”, pero sin culpables claros y sin justicia, porque los procesos legales se llevan su tiempo, parece ser hasta ahora el mensaje presidencial, mientras tanto superémoslo. Y con ello pone el dedo en la llaga de la función medular de la historia: la memoria y el olvido.

En el mundo contemporáneo el por qué y el para qué de la historia resulta un asunto de vital importancia para los grupos dominantes y el Estado que busca con su interpretación de los hechos justificar su régimen y permanecer en el poder, pero desde luego también lo es para los grupos sociales marginados y oprimidos que buscan en su propia memoria la fuerza para resistir y cambiar su situación, para conservar sus tradiciones y costumbres o para pedir justicia. Qué conservar del presente como memoria histórica y qué eliminar es entonces un asunto de vital importancia. Porque un crimen no aclarado o no castigado desde luego se repite y no se puede opacar con la inauguración de obras públicas, una tras otra, por importante que estás sean. “La memoria, se dice, es perecedera, lo realmente duradero es el olvido”. En ese sentido, la memoria nos da identidad en la medida en que es selectiva, en la medida en que nos ayuda a estar en el presente y nos abre la posibilidad de crear un nuevo futuro colectivo, más democrático, como un sueño posible. Por ello, en el caso de Ayotzinapa, por doloroso que sea, no debemos apostarle al olvido.

Como bien indica Beatriz Cano, “La memoria individual no es la expresión de una realidad interior sino una construcción eminentemente social. La reminiscencia individual es social, pues lo que recoge son episodios de una vida en colectivo, que se desarrolla en escenarios sociales. Las diferentes versiones de la memoria manifiestan conflictos, que adquieren expresión en el momento presente.” Así, el proceso de la memoria forma parte de una realidad social, son los grupos sociales y el Estado los que determinan lo qué se debe y cómo se debe recordar. De igual modo, la imposición de determinadas interpretaciones del presente y del pasado inmediato, es lo que crea la memoria y construye la identidad nacional. Finalmente, el control de la memoria y del olvido es un factor determinante de legitimación del individuo, del grupo social y del Estado.

En el acto de hablar y recordar, nace la identidad cultural de los individuos y de los pueblos.

Por ello, a partir de esta primera colaboración, más allá del análisis político de lo que sucedió en Ayotzinapa y de lo que ocurre en México, que requiere un esfuerzo de análisis interdisciplinario, buscaré tan sólo recordar para la memoria colectiva, quiénes eran esos muchachos hasta hoy desaparecidos-asesinados, jóvenes de carne y hueso, como lo son nuestros propios hijos. Retomaré en ese sentido las ilustraciones sobre los 43 normalistas desaparecidos, del colectivo de artistas que los han inmortalizado en sus dibujos y de la escasa información de cada uno de ellos, hasta ahora publicada.





Ilustración de Víctor Maldonado http://ilustradoresconayotzinapa.tumblr.com/

“El frijol”, Carlos Lorenzo Hernández Muñoz.

Carlos Lorenzo es originario de la Costa Chica de Guerrero, hijo de padres campesinos. Alumno de primer grado de la normal. Según su padre, su anhelo era “ser alguien en la vida”, tener una opción distinta de la de “trabajar en el campo de sol a sol.” Por ello quería ser maestro y entró a la Normal. Era alegre, bromista, jugaba futbol. “El frijol”, le apodaban sus compañeros de juego por su color de piel tostado. “Era tranquilo, no fumaba, ni bebía.” Sus compañeros recuerdan que tan sólo unas semanas antes de su desaparición o muerte había donado sangre a un enfermo en la región de Tixtla. Al parecer ya no está con nosotros. Pero los dibujantes Víctor Maldonado y Luciana Gallegos mantienen viva su imagen.



Ilustración de Laila Cohen/ http://ilustradoresconayotzinapa.tumblr.com/



Mundo Nuestro.La historiadora Emma Yanes reflexiona en torno a estas dos palabras extremas: memoria y olvido. Escrito para esta revista en enero del 2015, lo publicamos en el marco del cuarto aniversario del crimen con el que identificamos la quiebra histórica del Estado mexicano moderno.

Amo mi patria. Los volcanes espléndidos cuando amanezco. Un parque florido. Andar en bicicleta en el Parque lineal, hasta sentir que alcanzo la copa de los árboles. Amo a aquéllos que trabajan por un río Atoyac limpio. A las mujeres de la Sierra Norte de Puebla que bordan a mano las blusas de chaquira y a las que hacen del barro su oficio. La piñata que tuve por árbol navideño. La fuente iluminada de Nochebuenas. El colibrí de aleteo infinito frente a mi ventana. Una niña ya adolescente que se mece dichosa en una cuerda. El maguey que es una diosa y que ofrece esplendida el aguamiel. El muchacho que convirtió una tasa de baño en un jardín. El artesano que todavía hace balones de futbol de cuero. El maíz en sus variables rojo, amarillo y azul y las historias que de él se cuentan. La bendición de una tortilla. Amo las comidas en el jardín y el sol radiante, un poco de sombra bajo el pino. Y el mar: las mantarrayas que brincan entre las olas sin saber porqué, los delfines a un lado de la lancha, una gaviota que se posa en el lomo de una tortuga en medio del océano. Cuántos besos en esta tierra he tenido.

Amo mi patria. Y sin embargo, nos faltan 43. Cuarenta y tres jóvenes desaparecidos, presumiblemente asesinados, quemados vivos, hace cuatro meses, este 26 de enero del 2015. A un año también del fallecimiento del poeta y amigo José Emilio Pacheco, genial y apocalíptico. Pero no sabíamos, en aquél triste día de su muerte, que estábamos en efecto en las puertas del infierno. Inimaginable para él, ni para nadie, el asesinato colectivo. Quizás, me imagino, no lo hubiera resistido.

Ayotzinapa, memoria y olvido. La pelea por la historia.



–La verdad histórica --dirá el procurador de la república Jesús Murillo Karam--, es que los estudiantes están muertos, asesinados por un grupo de narcotraficantes, los Guerreros Unidos, que los confundieron como miembros de otro grupo. Fue un caso atípico.

El hecho histórico, dirán los padres de familia, es que los jóvenes están desaparecidos y que las declaraciones de algunos de los asesinos no pueden ser concluyentes. Más aún cuando no se ha querido seguir la línea de investigación sobre la participación en los acontecimientos de la policía municipal, el presidente municipal y su esposa, así como del gobernador e incluso del propio ejército, que cerró caminos y amenazó a algunos de los estudiantes que lograron escapar. El celular de uno de los jóvenes sonó después del presumible asesinato de los muchachos, dentro de las instalaciones del 27 batallón del ejército. Y no es un caso atípico, dijeron, en México hay miles de desaparecidos. E irán en febrero los padres de familia, campesinos pobres la mayor parte de ellos, a demandar al gobierno de México en las instancias internacionales por la desaparición forzada de los muchachos.

En mi opinión, el hecho histórico es que éstos jóvenes y sus padres no buscaban protagonismo alguno en la historia nacional. Sólo querían ir a un mitin y mejoras para su normal. Nadie hasta ahora duda de su inocencia. Su desaparición, muy probablemente su muerte, destapó sin embargo el gran drama del país: el posible involucramiento del Estado, por lo menos de algunos sectores del mismo, con el narcotráfico. Un sistema de justicia que se tambalea: sin juicios penales contra policías y políticos involucrados en el caso Ayotzinapa y con la impunidad ante los ojos de todos de un Raúl Salinas de Gortari que se pasea en un BMW, para recordarnos quién manda ahora. Pareciera que la imagen certera de la justicia en México, en aquél mural de José Clemente Orozco en la Escuela Nacional Preparatoria, con la balanza de la Ley prostituida, vuelve a repetirse. Porque no es posible que el negocio de la amapola en Iguala, de miles de millones de pesos, desfile por México, sin el conocimiento e incluso contubernio de las autoridades, por lo menos locales.



José Clemente Orozco (1833-1949) La ley y la justicia, 1923-1924 Fresco. Escuela Nacional Preparatoria (Antiguo Colegio de San Idelfonso)



Crimen que no se aclara y se castiga debidamente, se repite, dije en mi artículo anterior. Y sí, ahí tenemos de nuevo al periodista veracruzano Moisés Sánchez asesinado por órdenes del director de la policía municipal de Medellín, Martín López Meneses y por instrucciones del presidente municipal del PAN, Omar Cruz Reyes. Y a los policías del estado de Tlaxcala, dirigiendo a las bandas de secuestradores.

De actuar con justicia en el caso Atoyzinapa, el presidente Enrique Peña Nieto (quizás con minúsculas) puede convertirse en un líder moral, que lo ayudaría incluso a la aplicación de sus reformas, a las que apuesta su popularidad. De lo contrario Peña Nieto pasará a la historia con un pie en la ignominia. Pero no parece importarle, preso en su propio espejo que no lo deja verse a sí mismo, salvo en las declaraciones de sus allegados.

Foto de Emma Yanes Rizo



Amo mi patria. La marcha en la ciudad de México de miles y miles de compatriotas este 26 de enero (a pesar de que estaban cerradas las estaciones aledañas al zócalo y Reforma del Metro y Metrobus), sin mayor objetivo que negarse al horror. Son muy jóvenes las muchachas que una a una, llevan a la altura del pecho colgada a su vez la foto de cada uno de los 43 jóvenes. Y no hay mejor pancarta que aquélla de una figura que busca abrazar un cuerpo inexistente. ¿Dónde están?, las cenizas, las ropas, las mochilas, los teléfonos, algo más que un diente.

Memoria y olvido. Y aquéllos que nunca pensaron entrar en la historia nacional, seguirán vivos. Tal vez como los protagonistas de la rebelión de Tomochic, durante el porfiriato, que inmortalizó el escritor Heriberto Frías. Y un nuevo mural quizás se dedique a su vez a la atrocidad del Estado.

Memoria y olvido. Siempre podremos elegir recordar día a día a los 43 muchachos desaparecidos y a nuestro gran literato José Emilio Pacheco.

(En nuestra siguiente colaboración volveremos a contar la historia de cada uno de éstos jóvenes).

David Alfaro Siqueiros, detalle.

Mundo Nuestro. Publicada en esta revista en febrero del 2015, la reflexión del filósofo poblano Juan Carlos Canales nos ayuda a pensar en la responsabilidad del Estado en la tragedia mexicana.

La memoria no consiste tanto en recordar el pasado en cuanto pasado como en reivindicar esa historia "passionis" como parte de la realidad. Dejar hablar al sufrimiento es el principio de toda verdad. La memoria tiene una una pretensión de verdad, es decir, es una forma de razón que pretende llegar al núcleo oculto de realidad inaccesible a la razón. T.W. Adorno



Más allá de su circunspección a un tiempo y espacio, lo que el caso de la Normal Isidro Burgos nos ha dejado ver es la dimensión más siniestra de la sociedad mexicana, en el sentido que Freud dio al concepto "unheimlich", como aquello que creemos como lo más distante y se revela lo más próximo a nosotros. Por suerte, no toda la sociedad mexicana puede reducirse a esa condición siniestra. Sin embargo, hay que reconocer la multitud de elementos que incidieron para que el 26 de septiembre secuestraran y asesinaran a los normalistas de Ayotzinapa: el matrimonio perverso entre instituciones del Estado con los poderes invisibles de México, la omisión o frivolidad del Gobierno Federal, los modos de operación de los partidos políticos, y las propias condiciones de los normalistas y el Magisterio mexicano. Y también, la falta de confianza de la sociedad mexicana hacia sus autoridades. Sí, sobre todo falta de confianza, entendida ésta como la capacidad de un Estado para disminuir o refuncionalizar los elementos que amenazan el equilibrio social .Como lo señaló Alejandro Guillén en un programa del Territorio del nómada, " lo que Ayotzinapa nos ha dejado ver es que la corrupción mata." ¿Abremos aprendido la lección? No lo sé.

Estoy convencido de que esos muchachos están muertos; acaso, lo que haya que investigar ahora es si todos fueron asesinados por el narco en las condiciones que se han establecido oficialmente, o bien, pudieron haber sido masacrados en días posteriores a la trifulca de Iguala y en otros lugares distintos al basurero de Cocula, e incluso, si participaron directamente en los hechos fuerzas federales, o por lo menos los toleraron. Abrir estas líneas de investigación permitiría esclarecer la situación, demanda principal de la sociedad mexicana.

Lo que es inadmisible es que desde el Poder Ejecutivo se declare el caso como cerrado, igual que lo hiciera en su momento el gobernador Moreno Valle respecto al asesinato de Karla López Albert en Puebla, aunque por supuesto, no se pueden confundir ninguno de los dos hechos en una sola lógica.

Si bien el caso Ayotzinapa no es propiamente un crimen de Estado, tampoco se puede aliviar el peso moral que recae sobre él, al menos como garante último de la seguridad de los ciudadanos.



Amén del pragmatismo político que revelan, las declaraciones tanto del presidente Peña Nieto como del procurador Murillo Karam parecen sustentarse en el fundamento biopolítico del poder, imperante en el mundo contemporáneo, y cuya característica principal es la de reducir la vida del sujeto a su pura condición biológica. De suerte que, sin posibilidad de encontrar las pistas materiales de las víctimas, éstas deben desaparecer, también, del horizonte político. Desde una perspectiva jurídica, a muchos les parecerá obvio y necesario dar por concluido el caso ante los resultados infructuosos de la investigación, pero no así desde una perspectiva ética, lo que a su vez nos plantea la inmensa fractura entre el orden jurídico y el orden ético; el límite de las pesquisas técnicas no agota ni resuelve la dimensión moral del caso. La mayor falla del Estado mexicano no estriba en la competencia técnico- jurídica, sino en su competencia comunicativa: tardar, la Presidencia de la República. casi tres semanas en enfrentar el problema es la mejor muestra de ello.

La demanda " vivos se los llevaron, vivos los queremos" sólo puede ser entendida como una exigencia moral y una metáfora en su dimensión simbólica e imaginaria, gracias a la cuales se reclama el lugar de esas vidas, cortadas de tajo, en el espacio público y en el orden de la memoria, al tiempo que el reclamo por su aparición es la reivindicación misma del espacio político. “Aparecer” según H. Arendt es la condición sine qua non del de la vida política y, desde una perspectiva antropológica, permitirá a los deudos cerrar el circuito de esas vidas, ofreciéndoles una sepultura. “Vivos se los llevaron, vivos los queremos” no encierra otra cosa que el reclamo ciudadano por la rendición de cuentas de sus autoridades; hacer verdaderamente transparente nuestra vida pública.



No hay fórmula para el olvido o el perdón. Nadie puede decretar el tiempo y la validez de un duelo. A nadie se le puede pedir “caminar hacia adelante” cuando todos los caminos se han cerrado; a nadie se le puede pedir “superar el dolor” cuando no hay instrumentos para paliarlo. Nada más misterioso que el modo en que las sociedades se recomponen de los escarnios sufridos. Seguramente hay resentimiento en muchas de las reacciones que el caso de los estudiantes desaparecidos ha provocado, solamente hay que recordar que el resentimiento es consecuencia de un sinfín de afrentas no tramitadas ni resueltas. Max Scheler, en su clásico El resentimiento en la moral definió a éste como una autointoxicación psíquica con causas y consecuencias bien definidas. Es una actitud psíquica permanente, que surge al reprimir sistemáticamente la descarga de ciertas emociones y afectos, los cuales son en sí normales y pertenecen al fondo de la naturaleza humana. (El subrayado es mío).

Ahora lo que está en juego es otra forma de justicia que no es la retributiva; nada devolverá a esos muchachos a la vida; no hay equivalente material que pague esas mismas vidas. La justicia se desplaza, entonces, a un parámetro simbólico, el del reconocimiento de responsabilidades, ni siquiera, quizá, al del castigo por esas responsabilidades, porque en el ámbito de la justicia no siempre sirven las equivalencias. Está en juego hacer transparente nuestra vida pública, hacer visible los poderes opáceos que la atraviesan debilitando todavía más nuestra ya endeble condición democrática. Y sobre todo, reconocer que cada uno de esos muchachos tuvo una vida irrepetible, inalienable, y su muerte no puede reducirse a una estadística, ni a la categoría de "daño colateral". Dar por terminado el caso sólo puede tener la pretensión de ocultar una parte esencial de nuestra historia. No será cerrando los ojos ante la realidad como podamos recomponerla. La autocomplacencia y la falta de autocrítica acaban por convertirse en dos de los males que más amenazan la vida política.

Yo no soy Ayotzinapa. No necesito mimetizarme con el otro para reconocer su dolor, para saber que, en otras condiciones, soy igualmente susceptible ante los poderes de facto que imperan en este país. Reivindico la diferencia, sólo desde ella es que puedo reconocer al otro como otro y trazar- por difícil que sea- un puente hacia él.

Vivos se los llevaron, vivos los queremos.

En algún lugar de Puebla, a 26 de enero del 2015.

(Foto de portadilla tomada de http://www.proyectodiez.mx/)

Mundo Nuestro. Volver a escribir, como en aquel septiembre de 2014, cómo duele esta violencia en México:

¿De dónde esta violencia inaudita? Se vive una guerra civil a fogonazos, y no queremos verla. Hace mucho que el país se levantó en armas, y no para la revolución imaginada en los sesenta, allá mismo en Guerrero, aniquilada sin vacilación por un Estado mexicano implacable y cruel. Cuarenta años después despertamos para comprender que las guerras civiles no necesitan causa. Cómo duele esta noche México.

Ayotzinapa en el archivo de Mundo Nuestro.



Para entender la violencia en México, Ayotzinapa en Mundo Nuestro

Memorias de un poblano en Ayotzinapa

Mundo Nuestro. Guilliaume Ledoux y Manuel Schar se conocieron en el zócalo de la ciudad de Puebla. Uno es alpinista apasionado, experto en los picos alpinos de su natal Francia. El otro es un joven científico de viaje por latinoamérica, y ha iniciado su aventura en la ciudad de México con un curso de español extremo. Guilliaume viaja con su familia, y no desaprovecha oportunidad para trepar las montañas de la tierra que visita. Manuel arranca en Puebla su viaje al sur, que terminará en el 2019 en Buenos Aires. Desde un café imaginan ambos los volcanes que este verano tapa y desptapa de bruma, y el acuerdo es inmediato: se encontrarán a las cinco de la mañana y tomarán rumbo al Paso de Cortés, y que el tiempo decida.

Esta es la reseña gráfica de su viaje. Así han mirado México desde el pecho de nuestra mujer dormida.



Soy Guilliaume Ledoux. Mi trayectoria como alpínista me ha llevado a alcanzar las 82 cumbres de más de 4000 metros en los Alpes, once veces el Monte Blanco, por cierto. También he hecho las 35 cumbre arriba de los 1000 metros del Macizo del Jura, al norte de los Alpes franceses. Vivo en Francia, estoy casado y tengo tres hijos. En México, en este viaje del verano del 2018, me he dado tiempo de ascender al Pico de Orizaba, el Iztaccíhuatl y el Nevado de Toluca.

Soy Manuel Schär, científico suizo de 30 años especializado en nutrición. Con estudios en Ciencias Biomédicas y un Doctorado en Nutrición Humana. He venido recientemente a latinoamérica a aprender español. Mi viaje empezó en México, y seguirá por Colombia, Perú, Chile y Argentina. En el camino me entretengo con la lectura, el alpinismo, las aventuras de viaje, y sobre todo con los amigos que encuentro todos los días.



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La escalada desde el Paso de Cortes (3680m) hasta el pecho de la montaña Iztaccíhuatl (5230m).

Distancia, 31km. Ascenso:1550 metros

Son las 5:45 de la mañana cuando llegamos a Paso de Cortés. Mala suerte, la barrera está cerrada, así que no podremos subir a la Joyita en automóvil, ¡siete kilómetros más a pie, de ida y vuelta! Comienza mal la jornada.

Viajamos estos primeros kilómetros rápidamente en la oscuridad, tan sólo con la luz de nuestras linternas. A nuestras espaldas sentimos todo el poder de Popocatépetl.

Impresionante vista del Popocatepetl al amanecer desde el sendero que va de Paso de Cortés a La Joya. Desafortunadamente la barrera en Paso de Cortés impidió el paso del auto, así que Guilliaume y yo tuvimos que hacer a pie el primer tramo del recorrido, elevando la distancia de nuestra caminata hasta los 31 kilómetros. Las primeras horas en la oscuridad fueron de misterio y regocijo. Sólo las figuras grises de los pinos, el pastizal y las flores. Luego, poco a poco, mientras la negrura nos rodeaba, al sureste, el colorido rojizo, naranja en el cielo, con la magnificencia del Popocátepetl y sus fumarolas.

La vista al valle de Puebla antes del amanecer. (Foto Guilliaume Ledoux)

Dejamos atrás el estacionamiento de la Joyita y finalmente iniciamos el ascenso. Nos sentimos bien, el sol se levanta en el este, de lado de Puebla. El Popocatépetl fuma su cigarrillo mañanero, y parece que es el mejor: lo vemos soberbio y omnipresente.

Ya en los pies. (Foto Guilliaume Ledoux)

A la vista el albergue. (Foto Guilliaume Ledoux)

El viento también está aquí, hace frío, así que en un respiro nos abrigamos más. El sendero es magnífico, avanzamos por desfiladeros que miran un momento al oeste y el siguiente hacia el este. El terreno va cambiando, y en algunos tramos escalamos, pero sin mayor dificultad llegamos al albergue del "Grupo de los Cien".

A las 10 de la mañana alcanzamos los 4670 metros. Nos cruzamos con un grupo de alpinistas que intentó alcanzar la cumbre muy temprano. No lo lograron: “Demasiado viento”, nos dicen.

Precumbres. (Foto Guilliaume Ledoux)

Precumbres. (Foto Guilliaume Ledoux)

Más arriba en un paso nevado y un poco empinado alcanzamos la altitud del Mont Blanc (4810 m). Tenemos que escalar algunos pasos. La montaña se inclina, ganamos altitud rápidamente, sentimos que la cumbre está cerca, y ahora estamos a más de 5000 metros, pero no, todo lo contrario, la cresta es extremadamente larga, es necesario trepar a una especie de pre-cumbre y luego volver a descender para cruzar un glaciar, subir, bajar de nuevo y volver a subir… Parece interminable. Por momentos, nos envuelve el olor a azufre del volcán. La moral disminuye. Por unos veinte minutos mi compañero Manuel va por delante de mí, lo que me permite recuperarme. Cuando recupero el frente. el viento está allí, pero la cima a la que esperamos llegar no, todavía tenemos que cruzar un último glaciar, subir una ladera inclinada…

Manuel Schar y el valle de Puebla al fondo. (Foto Guilliaume Ledoux)

Guilliaume Ledoux fotografiado por su compañero Manuel Schar.

Finalmente, la cumbre.

Pero ya son las 2.30 de la tarde, así que tan sólo un momento para algunas fotos, comer un poco, y ya es hora del obligado retorno.

Mantenemos el ritmo en el descenso. Trepamos y bajamos por los pequeños picos uno detrás del otro; es difícil, pero nos las arreglamos para alcanzar el refugio y un tiempo de descanso. Luego el camino se nos hace más sencillo, y pronto alcanzamos estacionamiento de la Joyita, donde aún tenemos que bajar hasta el Paso de Cortes, hasta el automóvil. Es camino es un poco largo, pero traemos muchos buenos recuerdos.

Al final del día estamos en Puebla, de regreso a una vida normal.

Guillaume Ledoux

http://alpinisme.over-blog.net/

https://www.youtube.com/user/Apoutsiak

Manuel Schar

Mundo Nuestro. Des… conocida 294, la mujer de la escalera… Así ha encabezado su texto una autora anónima que se identifica como Lauveg-2018. Este relato íntimo es un homenaje a quien para la cuenta oficial de los crímenes en Puebla se convirtió en el cadáver 294. Desconocida. Mary murio apuñalada en la madrugada del domingo 2 de septiembre en la escalinata que comunica a la colonia San José Mayorazgo con la Avenida Nacional. Su asesinato ha conmocionado a muchas personas en la colonia.

Mary



Des… conocida 294… la mujer de la escalera…

Estoy desconcertada, estoy triste, estoy escribiendo de ti, nunca supe tu nombre, ni de dónde venías, ni si tuviste familia. Lo que sí sé es que eras una mujer fuerte, libre, enferma, era evidente, enferma de la mente, también del corazón, del alma, lo decían tus ojos, tus actos, tus gritos, tu presencia.

Llegaste hace más de un año a la colonia, o más, no lo recuerdo; estabas sólo en el día, partías entrada la noche, a dónde, no sé, pero al otro día regresabas, a tu lugar, a tu casa, a tu escalera. Esa bendita escalera que une a dos colonias, que llevan a tomar el transporte, a los colegios, a las tiendas, a comprar el periódico, un acceso importante de comunicación… la escalera que fue tu casa.

Un tiempo te desapareciste y sí me preocupé, dónde estabas, sólo pedía que estuvieras bien. Cuando regresaste limpia, arreglada, coqueta, sonriente, qué gusto me dio. Vendías tus dulces, y algunas veces te compraba. Sin embargo, eso duró muy poco, volviste a ponerte mal, otra vez tus bolsas, tu escoba, tu recogedor, tus sombrillas, por cierto, tenías fijación con ellas, aunque ya no sirvieran, las guardabas. También por cambiarte de ropa, y lo hacías en tus escaleras, no te importaba y no, no era que no importara, no te dabas cuenta de tu alrededor, estabas en tu mundo. Un mundo que nadie entendía más que tú, entrabas en puertas, cerrabas chapas, contabas pasos para atravesar de un lado a otro, dormías en tu cuarto, bajo la marquesina o junto al árbol, y las escaleras eran tu baño, tu cocina, tu todo… Todo imaginario en tu cabeza, en tu cabecita, hasta hoy me entero con esquizofrenia. Hoy que ya no estás sé que te llamabas “Mary”, hoy sé que tenías una hermana, alguien lo dijo, también alguien dijo que vivías en El Paraíso, en unos edificios naranjas, que tuviste esposo, que tuviste 2 hijos, que bailabas, que ibas a misa. Todo esto lo dijo la gente que te conocía, que te veía, que con miedo y angustia sentía y sufría contigo, cuando en tus crisis aventabas las cosas y le reclamabas que nada te daba, que se fuera, que te dejara. En esas crisis a varia gente agrediste, a mí en dos ocasiones me tocó, en una me correteaste en las escaleras y otra abajo entre los dos caminitos de los arboles no me dejabas pasar e intentaste pegarme. Pero todos entendíamos que estabas mal, y que al otro día o más tarde estarías calmada. Estoy segura varios vecinos te reportaron con la policía --la neta Mary, sí nos dabas miedo a veces--, pero no te podían detener a menos te agarraran in fraganti, o que te recogiera el dif, y sólo que quisieras internarte por tu voluntad.

Pero no, seguías acá, en la escalera. Pasaban aguaceros, días soleados infernales, fríos y ahí seguías, seguro más de uno pensamos en ti y pedimos estuvieras bien. Hasta tenías tus visitas, tus amigos, yo solo vi al de la bici, que por cierto a todos saludaba, pero eran varios y hasta un taxista. Yo pensaba que si alguien más pernoctaba contigo eso sí sería un serio problema, sin embargo, no paso.



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Es domingo 2 de septiembre, y me quedé dormida. Y voy al vapor ya tarde, apuro a mi mamá y voy molesta con el tiempo. Al dar la vuelta veo a lo lejos tus bolsas donde duermes, en verdad es bueno verlas porque eso indica estas ya barriendo las escaleras, sin embargo, al no verte, regreso mi mirada a tus bolsas y me cruzo con tu cuerpo tirado al otro lado de donde siempre duermes, estás doblada de un modo llamemos “raro”, sin pensarlo corro hacia ti y le digo a mi mama, algo le pasó. Y sí Mary, estás rígida con tu boca abierta y tus ojitos también abiertos, con tu mirada hacia al cielo, tu rictus de dolor nunca lo voy a olvidar. Podría describir más, pero por respeto a tu memoria y a quien lea esta semblanza en tu honor no lo haré. Corro a mi casa por mi celular, siento que el piso se me hunde, se me hace que llego en cinco pasos cuando vivo en la otra privada. Llamo al 911, primera vez que llamo y me contestan de inmediato, ¿cuál es su emergencia?... Solo recuerdo decir está muerta, me preguntan quién, es una mujer no sé cómo se llama. Vive acá, en la calle, y me confirma, entonces es una indigente. Mi respuesta entonces, qué procede señorita, me hace varias preguntas, que cómo estas colocada, como vistes, en qué lugar estás, la dirección, tu edad aproximada. Me pregunta si le puedo dar mi nombre, sin dudarlo se lo doy. Si usted espera ahí, irá la ambulancia, que ya la estoy mandando, ya también avisé a la policía, ellos de acuerdo a lo que encuentren ya saben qué hacer, pero sí necesito que espere. Esto me dice la voz del 911. Por eso recuerdo perfecto todo, cómo estabas, tengo tu imagen en la mente, jamás, nunca, pienso en tomarte una foto.

Así llega la ambulancia, ya l ratito la policía. Bajan los paramédicos y nada más al verte dicen estás muerta, tienes aproximadamente 10-12 horas, por tu rigidez, y revisan tu cara, y te voltean, está tu mano doblada, con una bolsa de plástico, al parecer trataste de taparte donde te hirieron. Fue impactante oír, la asesinaron…. Mary te mataron, por qué, quién, en dónde, sí, sí, sí, ésta duda me inquieta, fuiste cortada con arma blanca, del lado izquierdo en tu espalda, a la altura del pecho, hay sangre, pero no lo suficiente para tal herida. Eso solo tú lo sabes, otro secreto que te llevaste…



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Ahora qué, Mary. Deseamos todos que las autoridades hagan bien su trabajo, simplemente eso, que no te quedes como miles de mujeres que con nombre o sin él, con apellidos o sin ellos, con familia o sin ella, no se esclarece su asesinato.

Ahora me entero también de que, desafortunadamente, hubo vecinos que te vieron ahí tirada desde la noche de tu tragedia y no hicieron nada, pensaron que era normal, y yo me angustio preguntándome ¿normal?, ¿que alguien duerma así es normal? No se vale, pero eso queda en su conciencia, así como los que bajaron por su periódico temprano, que fueron a misa y pasaron frente a ti.

Pienso en ello porque debemos ser solidarios y responsables, como un buen ciudadano, y no ser indiferentes con quien necesite ayuda. Sabes, Mary, tu partida dejó huella, te pusieron veladoras y un Cristo, están en los dos lados de tu escalera, junto a una bandera de ni una más, ni una menos. Es increíble, eras la más conocida, sin embargo, tú no serás la 294 sin nombre, eres Mary, la de las escaleras. Estarás por siempre en nuestros recuerdos, gracias a ti nos reunimos, gracias a ti limpiaremos, gracias a ti caminaremos, gracias a ti dignificaremos tu hogar, tu lugar, tu lecho, tus escaleras. Te convertiste sin querer en alguien que no tenía nada, en alguien que nos dejó todo, tu vida Mary. La mujer de la escalera, la 294 conocida….

Lauveg-2018

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Una vez más la barbarie.

Esta vez en Acatlán de Osorio. Pobladores de San Vicente Boquerón, un pequeño pueblo a tres kilómetros de Acatlán, en el sur mixteco de Puebla, sacan de la cárcel municipal a dos hombres a los que acusan de robachicos. Lo que sigue corre como un incendio del pastizal en esas lomas ardientes y se atropella en los videos que se suben a las redes desde los celulares.

El grupo de personas en la fotografía se asoma desde sus manos levantadas al escenario de los dos hombres que la turba lincha en ese momento. No vemos lo que el grupo sí atestigua: que les arrojan gasolina y los cuerpos en llamaradas se retuercen. Luego brota el humo que se levanta sobre las cabezas de los testigos y se lleva la vida de dos personas que tuvieron un nombre: Alberto Flores Morales, de 53 años de edad y vecino del municipio de Xayacatlán de Bravo, y Ricardo Flores Rodríguez, de 21 años y originario de la localidad de Tianguistengo, en el municipio de Acatlán de Osorio.

Lo que sea esto que llamamos Estado hace mucho tiempo que lo tenemos perdido.

Una vez más la barbarie.

La primera reacción es el silencio. Vacío. Cualquier razonamiento está paralizado. No hay así ánimo alguno de tener esperanza en un mundo mejor.

Poco a poco, entonces, torpes, enredadas en la garganta, las palabras intentan nombrar esta nueva tragedia: una vez más la barbarie.

¿Seremos, algún día, pronto, capaces de frenar este caos que nos envuelve con la fuerza de las llamas que se llevan la vida de estos dos hombres linchados?