Sociedad

Mundo Nuestro. El edificio del Museo Bello y González sufrio graves afectaciones en el sismo de 1999 en Puebla. Fue restaurado en la primera década de este siglo y como tal resistió el embate del terremoto del pasado 19 de septiembre. Vale entonces la memoria histórica. Aqui esta crónica escrita en aquel año por la historiadora Emma Yanes Rizo.

Somos nuestras costumbres, nuestros hábitos, lo que vemos a diario y el lugar donde estamos. Nuestra seguridad reside, las más de las veces, en la repetición casi desapercibida de los sucesos cotidianos: el hombre a nuestro lado, los niños y sus sueños, la taza de café para empezar el día, la ropa del colegio, la avalancha en el jardín, la nochebuena en flor cada temporada, las campanadas de la iglesia, el tráfico en la avenida, el volcán que humea desesperado y la mujer dormida que nunca le hace caso.

Nuestros lugares señalan las coordenadas del quehacer cotidiano, no hay recuerdo posible sin saber quiénes somos y dónde estamos. Por eso, las grietas en los monumentos históricos son heridas en la memoria colectiva de la ciudad. En las postrimerías del siglo xx, el sismo de junio de 1999 pareció sacudir de un tirón todas nuestras certezas, hasta entonces amanecíamos con la tranquilidad y la confianza, el gusto de saber íntegros y sólidos los elementos básicos de nuestra identidad; somos porque aquello existe: la catedral, el palacio del Ayuntamiento, la Compañía de Jesús, la iglesia de San Agustín, la de San Roque y San Francisco, la de la Virgen de los Remedios sobre el cerro-pirámide de Cholula, la legendaria Tonantzintla y su mundo indígena, Santo Domingo y la capilla del Rosario, la Biblioteca Palafoxiana, el Museo José Luis Bello y González, entre otros recintos. Lastimada la historia, lo nuestro fue la orfandad. A diferencia del temblor de 1973 que afectó a Ciudad Serdán y Tecamachalco y tuvo un amplio saldo de muertos, el sismo de 1999 registró menos vidas perdidas, pero lastimó de tajo la propiedad urbana y rural, escuelas y hospitales y el patrimonio histórico de la ciudad de Puebla y sus alrededores. La réplica del día 20, aunque de menor intensidad, volvió a llenarnos de angustia. Fuimos un poco nómadas aquellos días, una especie de turismo del desastre nos hacía recorrer las calles para quejarnos una y otra vez de las heridas abiertas: quizá tardamos en entender que debíamos cerrarlas. ¿Dónde rezar con los templos en obra? ¿A qué santo encomendarnos? ¿En qué biblioteca documentarnos? ¿Cómo pedir ayuda si el edificio del Ayuntamiento se desplomó? ¿En qué museo refugiarnos ante la agresividad del polvo y los derrumbes? Qué extraño localizar a las autoridades en recintos prestados, qué difícil hacer trámites en otros lados. Cuánta desconfianza al mirar lo que antes estaba aquí en otro lado. Y luego las lluvias de octubre parecieron quitarnos también nuestro habitual contorno, la sierra Negra y la sierra Norte, y ahora sí se perdieron comunidades enteras, vidas. El propio gobernador se quedó aislado en Cuetzalan ante la fuerza de la tormenta y la destrucción de las carreteras. “Una garra de tigre trató de quitarnos los cerros”, nos dijeron en el pueblo luego de las lluvias. Nos sentimos entonces aún más simples mortales, sin más puntos cardinales que nosotros mismos. Quizá por eso, por la angustia de no saber dónde estábamos, por la necesidad de recuperar las vidas que se fueron como despidiendo el siglo, quizá por eso se juntaron las manos, de la ciudad y de otros lados, y volvimos a ver los recintos con la convicción de levantarlos, con la esperanza de recuperar nuestra identidad y recordar desde nuestros espacios colectivos a los que ya no están.



Imagen relacionada

A las tres de la tarde con cuarenta minutos del 15 de junio de 1999, como muchos inmuebles del centro histórico, el edificio del Museo José Luis Bello y González, a una cuadra del zócalo, en la avenida 3 Poniente 302, se cimbró. Una de las guías, Dina Castillo, vio con horror como la lámpara de plata del siglo xviii en el salón rojo se movía sin parar, salió de ahí junto con una pareja de norteamericanos y se agarraron de las manos en el patio, justo cuando el domo de cristal de la escalera se venía abajo, cayendo a un costado suyo. Jaime García, el responsable del mantenimiento, miró caer parte del vitral de cacería que adornaba el pasillo, antes de lograr salir. En la pinacoteca, en el primer piso, Teresa Orea, secretaria y también guía, recorría el lugar con un grupo bilingüe cuando los candiles empezaron a moverse y los cuadros a golpearse unos con otros; salió de la sala junto con los turistas, pero no pudieron bajar por la escalera principal porque faltaban dos escalones y había un boquete. Caridad Saldaña, con veinticuatro años de servicio, estaba en la sala de calaminas, ya al final del recorrido, las puertas empezaron a moverse y a tronar, saltó a la calle y observó un espectáculo desolador: la caída de la torre de San Agustín, a sólo una cuadra del museo; el ruido y el polvo impidieron que los trabajadores lograran verse entre sí. Y ahí se quedaron, en medio de la avenida, con el miedo de que su propio edificio se les viniera encima.

Cuando el movimiento telúrico pasó, los trabajadores regresaron al inmueble preocupados por el estado de la colección. El beato de Calasanz, un busto de José Contreras que adornaba el vestíbulo, estaba tirado, roto, al igual que una de las esculturas de mármol. Al caer, el domo de cristal destrozó parte del vitral firmado por la casa Pellandini; alguien, prudentemente, recogió los vidrios. Las lámparas seguían moviéndose. Por instinto, los guías acostaron algunas de las piezas sobre las mesas. En la pinacoteca el cuadro de Santiago el Mayor, del siglo xvii, atribuido al pintor novohispano Juan Tinoco, estaba en el suelo. Los cristales, la talavera, la porcelana, permanecían en su lugar como por arte de magia. Los trabajadores bajaron al patio a esperar instrucciones.

Al día siguiente se inició la evacuación. La obra fue trasladada al edificio del Museo Poblano de Arte Virreinal, un inmueble del siglo xvi recientemente restaurado y que no sufrió daños durante el sismo. El movimiento de la obra duró un mes, el embalaje de la misma y su registro fue cuidadoso. Para mover la colección de porcelana, cristales y talavera, por ejemplo, se usaron cajas de madera rellenas de pequeños trozos de unicel. El marfil, por su parte, no debía perder humedad, y al ser las piezas pequeñas y delicadas no era fácil envolverlas; seis días tardaron en encontrar la manera de embalar el barquín de marfil del siglo xvii, de origen oriental: colocando pequeños trozos de cartón no muy flexibles entre sus distintas áreas hasta abarcar y cubrir todo su contorno. Por su parte, los cuadros fueron resguardados con una tela especial y posteriormente cubiertos con plástico de burbuja. El enorme armario que adornaba la sala Mariano Bello, en el primer piso, fue bajado con la ayuda de catorce jóvenes armados de cuerdas, ya que no podían utilizarse las escaleras. Y así, cada pieza una historia.



Hasta antes de ese día, las guías acompañaban en su recorrido al visitante y dos de los trabajadores estaban encargados de la limpieza de las salas. Ninguno de ellos imaginó que iban a ser responsables también del rescate de las obras de arte. Tener las piezas en sus manos, embalarlas, sentirlas frágiles, admirar su consistencia, sus colores, se volvió para ellos fascinante: pudieron apreciar de cerca la mirada desolada del rey que regresa a su hogar en el cuadro del Retorno del vencedor; el trabajo delicado y finísimo de la muñequita de porcelana de Bisquet, del siglo xix; el fondo rojizo a contraluz en las piezas auténticas de cristal de La Granja. Fueron sólo unos cuantos minutos de dicha antes de que los diversos objetos yacieran en sus respectivas cajas.

El edificio se quedó solo y herido, desnudo. Una lona de plástico sobre el segundo piso evitaba la entrada del agua. Las grietas en los muros de ese nivel, del lado de la calle 3 Sur, parecían irreparables. El torreón afrancesado de la esquina recordaba mejores tiempos, los plafones de la sala de música, en cambio, amenazaban con caerse ante los estragos de la humedad; la yesería ornamental en el marco de una de las puertas se desprendió, y había que acceder al inmueble por la escalera de servicio, por mencionar sólo algunos detalles.

Desnudo el edificio pudimos recorrer sus entrañas. Porque solamente así, sin la magnífica colección que lo adorna y engrandece, vimos por vez primera lo que siempre estuvo ahí: la amplitud del galerón de la pinacoteca, el color original de la alfombra de la sala de música, los muros pintados semejando papel tapiz en las que fueron la recámara principal y las contiguas, la pila de agua de la época colonial usada para sostener un muro, la chimenea ornamental y el parquet clásico en el comedor, los vitrales, la elegante escalera de madera al segundo piso, el mosaico inglés de la cocina, el sistema eléctrico de principios de siglo xx, en fin, una residencia de gusto porfiriano. Fuimos pasando de un espacio a otro, de una pregunta a otra: ¿Quién construyó la casa? ¿Cómo era la vida en ella cuando la habitó José Mariano Bello y Acedo? ¿Cuáles fueron los cambios que sufrió para su conversión en museo? ¿Qué mejoras o problemas ha tenido desde entonces? Porque sólo así, cuestionándonos todo, buscando respuestas en el sitio mismo y en los archivos, podíamos llegar a entender el valor histórico de la casa en sí. El inmueble de la otrora Victoria 2, lo sabemos ahora, fue una reconstrucción de una casona colonial realizada en el porfiriato por Carlos Bello, hermano del nuevo propietario Mariano Bello y Acedo, que la recibió en herencia de su padre José Luis Bello y González, nombre que actualmente lleva el Museo.

(Las fotografías que ilustran esta crónica son de Sol Mialma y de la propia autora)

Hoy es 20 de septiembre, ha pasado un día de del sismo que ha movido a todo México. Me decido a llevar víveres y asistir como voluntaria al centro de acopio del zócalo de Puebla. En mi recorrido dentro del súper mercado, veo con mucho asombro que casi toda la gente está comprando víveres para donar, no hay paso al centro así que caminamos mi hijo Miguel Ángel de 19 años, Tabatha, compañera del trabajo, y yo hacia el zócalo; pasamos por la Cruz Roja, coincidimos en que no queremos dejar los víveres aquí porque no confiamos más que en los ciudadanos para la entrega de los mismos.

1

Al caminar por la calle 6 norte veo el Museo Casa del Alfeñique de lado, despidiéndose de su acervo, muchos voluntarios apurados en sacar lo más que se pueda; la casa de dulce me hace añorar mi infancia, me detengo unos segundos y seguimos. Llegando al zócalo veo mucha gente, me acerco, son en su mayoría jóvenes, rápidamente mi hijo Miguel Ángel se une a ellos cargando cajas, me siento inútil ante tanto esfuerzo de estos chicos; una señora, Lupita, llega con cacerolas llenas de arroz, frijoles huevos cocidos rajas, garrafones con agua de fruta. Me apresuro y le ayudo a llevarlos a los chicos que descargan las camionetas que llegan con víveres; ellos mismos cargan las camionetas que salen al destino que los voluntarios designan, según la necesidad que se ha reportado. Pasa el tiempo, horas, pero los chicos no descansan, no quieren comer, desesperados, eufóricos solo quieren ayudar; les ruego que coman o les regaño como a mi hijo, así al fin logramos que se turnen para comer; de pronto otra señora a la que no tengo tiempo de preguntar me dice, “yo traigo café”, así que terminada la comida, reparto café a los que van a manejar y a muchos de los chicos que cargan, que piden un café, incluso los policías que vigilan nos piden uno.



2



Terminamos comida y café. Ya es de noche, me siento inútil otra vez. Tomo unos minutos para pensar, qué más puedo hacer. recuerdo entonces que el Dr. Pascuale Calone, un compañero de la Escuela de Cinematografía del ARPA BUAP me ha dicho que quiere fotografiar los lugares de desastre, lo llamo y le propongo salir con estos voluntarios para documentar y ayudar, así mismo llamo a Sergio Mastretta, periodista, a Sol Mialma, fotógrafa y quedamos en salir al día siguiente a Chietla que es uno de los lugares más afectados. Durante la noche Fabián me contacta por Facebook, me dice que él lleva camionetas que podemos llenar con víveres.

3

Por la mañana después de esperar casi dos horas a que la gente del DIF, así como la gente del Gobierno Municipal se organicen, ya que ahora son ellos quienes organizan este asunto que ya se ha vuelto un caos (como todo lo que tocan). Salimos al fin, acompañados de Jorge y dos amigos más que levantan la mano cuando Mauricio, el encargado de los voluntarios que ayudan a retirar escombro dice: “¿Quién va a Chietla?” (Ellos no saben dónde está esta comunidad, porque son de Veracruz y el DF) sin dudarlo se apuntan, les entregan palas, cascos, y guantes. Y así sin pensar salimos a Chietla dos camionetas cargadas y un auto con todo, del papá de Nery, quien tiene una empresa de construcción.

Dos horas después llegamos a Chietla. Nos recibe “la maestra” a quien ayudamos un poco a sacar cosas de su casa que ha quedado inhabitable, caída por completo, la maestra no sabe por dónde empezar, y sin pensar que somos gente extraña, llora cuando nos dice que tuvo mucho miedo porque no podía salir de sus casa, por que vive sola, llora.

En el centro de acopio bien abastecido nos dicen que en Chietla la gente no necesita víveres, sino ayuda para remover muebles pertenecías y escombros, necesitan saber si sus casas se pueden habitar, o tirarlas, el pueblo se ha caído y “nadie nos dice nada”, como afirman algunas personas mayores; nos dicen también que la comunidad de Soledad ha quedado muy mal por el sismo. Alguien más no dice, no hagan caso a nadie, que no los lleve nadie, que nadie les comente nada, aquí hay muchos intereses políticos entre la gente, no hay ánimos para ayudarnos a los ciudadanos. Así que decidimos ir en busca de esta comunidad, solos, para dejar ahí los víveres que nos han encomendado.

En La Soledad nos damos cuenta de que ahí la necesitan, así que avanzamos a El Platanal donde la gente muy honesta nos da la respuesta: “Aquí ya hay víveres, mejor llévenlo a quien necesite más”. Seguimos avanzando con el sol picante y el sudor profuso. Vemos sobre la carretera muchas, muchas camionetas con víveres, buscando un destino donde lo necesiten realmente.

4

En Huehuetlán el Chicho vemos a gente con cartulinas pidiendo ayuda. Decidimos parar, ya que hemos ido y venido más de dos horas; nos dicen que las autoridades no dejan que la ayuda llegue a la gente. Nos dicen sígannos, y los seguimos a la oficina del DIF, entramos mientras nos dicen a señas que ahí no es el lugar, aun así decidimos entrar. Nos comentan que hay una lista que tiene la autoridad donde se han anotado las personas que si necesitan el apoyo, otra persona se acerca y nos comenta que la lista es de la gente afiliada al partido, que a las personas que no están con ellos no les quieren dar víveres. Decidimos sin dejar que nadie intervenga hacer dos filas con y sin lista de nombres, y repartir lo que los ciudadanos de Puebla han acopiado, y repartirlo hasta acabarlo. Iniciamos la repartición y la desesperación de la gente se hace notar, cada vez nos repliegan más a la camioneta, pedimos que nos den espacio, de la nada surge una señora que a grito pelado dice: “Aquí no queremos a nadie de partidos políticos, a nadie del gobierno o del DIF.” La gente se enciende, comienza discutir entre ellos acaloradamente, a la vez que nos ven con ojos de extrañeza, van conmigo más de ocho personas a las que yo convoqué, así que me siento responsable de su integridad. Grito lo más fuerte que puedo para hacerme oír: “Señores escúchenme, estos víveres se los envía la gente de Puebla, el acopio lo hicieron las personas como ustedes, a nosotros no nos manda nadie, venimos solo para dejarles esta ayuda, y nos arriesgamos por puro gusto de estar aquí, así que déjennos trabajar.”

Sudé, pero la gente reacciona bien y entre aplausos seguimos con el reparto. Mi nueva amiga fotógrafa, Sol Mialma me dice que va a casa de una señora que le pide tomar fotos. Neri, que al parecer es una mujer caprichosa, me dice: "Esta gente no tiene tanta necesidad por el sismo, esta gente ya está mal desde antes. Me enojo y le digo: “Nos vale madres, por lo que sea necesitan esta ayuda, así que hay que dejarla aquí”. Obvio, se molesta por lo que al percatarse que Sol no está me dice, sino llega Sol nos vamos, pensé (no quiero discutir con esta tarada) así que busco a la gente del DIF para que por megáfono llamen a Sol, por lo que Neri y su “comitiva se ríen y comentan, “seguro que va a oír”. En mi desesperación busco a un señor de la comunidad que con moto se ofrece a buscar a Sol de entre los dueños de las veinte casas que se han caído, en menos de cinco minutos Sol vuelve, nos vamos.

Camino a Chietla me dice Fabián, novio de Neri, no pasamos a Chietla ya nos vamos a Puebla, y pregunto ¿pero los amigos de Jorge?, ellos están levantando escombro en Chietla”. Fabián responde “Pues ellos dijeron que tal vez se quedarían aquí para ayudar, pues que se queden”. Pienso… ¡además son mal plan!, y decido que si ellos se quedan yo también. Mi teléfono muerto, hasta que logro comunicarme con el Periodista Sergio Mastretta quien afortunadamente me dice que va con estos amigos camino a Puebla. Me preocupa mi nueva amiga Sol, tiene migraña, me agobian los gritos y las discusiones de Fabián y su mujer, al parecer todo lo que se haga está bajo el mando de esta mujer. En la gasolinera llegando a puebla nos comentan que las camionetas de “papi” se quedan en Las Ánimas, ¿se quedan aquí?... en la gasolinera. Nos hacen la caridad de llevarnos a Las Ánimas; les pido, aguantándome el coraje que acerquen a Jorge al Zócalo, él debe llegar al albergue.

5

No importa la mala experiencia al convivir con estos chicos: poco entienden de necesidad, nada saben de humildad, no tienen criterios de ayuda al otro que lo necesita, pero pienso que como sea ayudaron. Y lo que importa es que he hecho algo, me siento útil, me veo al lado de los jóvenes que en serio, se han movido a apoyar a nuestra gente en desgracia, que en serio se duelen del cuerpo cargando y del alma levantando los pedazos de mi país, un país donde no hay gobierno que ayude ni autoridades que sirvan en esta contingencia.

Es la tarde del primer lunes de otoño, faltan pocos minutos para que den las cinco. Poco a poco llegan familias, jóvenes en grupo, maestros y jubilados a la 11 Sur y se plantan frente al edificio de la Escuela Héroes de la Reforma y que antes fuera la Escuela Normal Superior del Estado de Puebla y más antes aún la escuela primaria de los Jesuitas en Puebla para dar el último adiós a esta institución que ha visto pasar a miles de poblanos. Su representación más reciente está aquí. Y han cerrado el tránsito de la avenida, apoyados en tres patrullas de tránsito municipal. No hay quejas de los automovilistas, no hay claxonazos, todo mundo entiende que la mole de piedra que nos mira está en riesgo por una decisión apresurada del gobierno.

El encuentro de los amigos y compañeros de generación es muy emotivo, los abrazos, las emociones, los recuerdos afloraran, y también las preguntas ¿de qué generación eres?, ¿te acuerdas de mí, fuimos compañeros?, ¿qué sabes de Eduardo? Todos intentan ponerse al día rápidamente, cuentos breves de la historia de sus vidas.

Algunos de los presentes son miembros fundadores de la Escuela Normal de Educadores y de Educación Física en 1951, otros hablan del coro infantil, algunos se identifican como líderes estudiantiles en 1972, de los tiempos subversivos y contestatarios; otros más son egresados docentes; algunos, simplemente acaban de entrar este año a la secundaria. Con lágrimas en los ojos y llenos de nostalgia sueltan globos blancos para despedirse de su alma mater.



“Gloria a la escuela que forjó mentores de la niñez…mansión de luz, Normal…Gloria a ti, mi normal” corean entusiasmados los más jóvenes; muchos cantan con la voz ahogada en la tristeza, hombres y mujeres que lloran al recordar su época de estudiante y todo lo vivido y compartido en las aulas de esta institución.

La convocatoria de las redes sociales los ha traído, la noticia de la demolición de este edificio que hasta hace unos días albergaba a los alumnos de la Escuela Héroes de Reforma, pero que en el siglo pasado fue el Colegio Espina de los jesuitas en la década de los veintes, y ya en 1951 se convertiría en la Escuela Normal de Educadores.



“No a la demolición, si a la reconstrucción”, corean con fuerza algunos de los asistentes; otros levantan las pancartas que registran su tristeza, su inconformidad, su agradecimiento.

“No a la demolición”.

“Siempre te llevaremos en el corazón”.

“Son tus aulas fuente del saber”.

“Anexa no te olvidaré”.

Cada uno de los asistentes guarda una historia llena de alegría pero también añoranza. Para Dulce Arely apenas es su primer año en esta escuela, de entre muchos niños que aspiraban un lugar en esta institución “Me siento muy triste porque apenas entré, es mi primer año aquí. Voy en primero de secundaria y me gustaba mi escuela porque es una de las mejores. Mi salón es el de aquí enfrente.”

“Estábamos en tercero de primaria, era el año del 63, cuando se formó el primer coro de la escuela, éramos como cuarenta niños y niñas y ganamos muchos concursos y nos invitaban… Algo que nunca debieron haber hecho es quitar el escudo que tenía, era de piedra y cuando cambiaron el nombre a la escuela lo quitaron… Se siente una gran nostalgia porque pasamos aquí nuestra infancia… Realmente nos vimos como hermanos y esa amistad es lo que nos dejó esta escuela… El edificio tiene una excelente ubicación y si la arreglan bien puede seguir siendo escuela”. Todas estas frases las escucho de Víctor Manuel Palacios Tejeda, Alfredo Villegas y Eduardo Palacios de la Torre integrantes del coro.

Recuerda Pablo Erasmo Moreno, que en sus años de líder estudiantil en 1972, convocó a sus compañeros para defender el edificio que en tiempos del gobernador Gonzalo Bautista lo iban a convertir en Dirección de Tránsito: “Aquí dormimos para que nos recibiera el gobernador; para que no se convirtiera en oficina pública sino que fuera la Escuela Normal Superior. Siento que aquí fue un lugar por el que luché, y la tristeza me embarga porque no fue fácil rescatar un edificio. Este edificio se creó para la educación, y educación es lo que necesita nuestro país.”

Desde el punto de vista arquitectónico este edificio es emblemático, comenta César Pérez Córdova, ingeniero civil egresado de la BUAP, además hace hincapié en que las fallas que se presentan son 50 veces más pequeñas que las que presentaron el Edificio Carolino y la Catedral tras el sismo del 15 de junio de 1999, y en esa ocasión a nadie se le ocurrió demolerlos. “En este caso hay muchos intereses presentes, es una zona muy valiosa económica e históricamente hablando. No hay ninguna justificación para demoler este edificio.”

“La recuperación del patrimonio cultural es muy importante –afirma Álvaro, maestro jubilado--. Puebla es una ciudad turística y sin monumentos no hay turismo. Desde el terremoto del 99, se han recuperado importantísimos monumentos. Es impensable demolerlo, eso es una barbaridad. En mi humilde opinión debemos tener más conciencia de nuestro patrimonio y no pensar sólo en intereses económicos o inmobiliarios. Es una lástima.”

El periodista, Sergio Mastretta también acude a la cita en la escuela a la que asistió su padre Carlos Mastretta cuando el edificio pertenecía los jesuitas en 1926 y se llamaba Colegio Espina. “Aquí estudió mi papá –me dice--, y no se vale que deje de ser escuela. Es un recinto histórico pero es escuela; que el gobierno lo convierta en negocio de algún político, a mí no me gusta la idea. La iglesia de San Agustín la han tumbado las guerras, la han tumbado los terremotos y sigue siendo la Iglesia de San Agustín, no la convirtieron en oficina pública. Está más que probado que a estos políticos el patrimonio, la cultura y la historia les valen sombrilla. Por eso hay que defender este viejo edificio porfiriano”

Cae la tarde. La pequeña multitud es un solo murmullo. Saludos, abrazos, lágrimas, fotos para “el face” y las despedidas, la eterna promesa “nos llamamos para tomar un café” o “te llamo para vernos” flotan en el aire. Ex alumnos y alumnos se retiran con la esperanza de que el edificio no sea demolido sino restaurado, que esta vez el gobierno respete el sentir de los ciudadanos que desean que no desaparezca la ciudad de sus recuerdos.

(Las fotografías que ilustran esta crónica son de la autora)

La mixteca poblana aparece a lo lejos conforme avanzamos por la carretera. El paisaje cambia, los cultivos de caña adornan los campos. Nos dicen que está quebrado el puente en Chietla, así que tomamos un atajo por los cañaverales que llevan a Atzala. Nos adentramos en un pueblo que aprecio pequeño por sus calles, Atzala, hoy de luto por la pérdida de once personas que celebraban el bautizo de un pequeñito. El templo se les vino encima.



Avanzamos y entramos a Chietla por la espalda. En el cruce de la calle Vicente Guerrero con Morelos que nos recibe con el estruendo de maquinaria pesada por la demolición de una casa seriamente dañada por el pasado sismo del 19 de septiembre. Junto a ella, la casa de Don Efrén y su esposa, quienes nos saludan con un afectuoso apretón de manos. Entramos a la parte más dañada de su casa, la oficina, que guarda entre papeles bellas piezas arqueológicas que, según me dicen, salen de la tierra apenas escarbas un poco…me duele verlas rotas.

A un lado está la casa del panadero Jorge Aguilar Torres, quien me pide que entre y constate los daños. Me cuenta cómo alcanzó a sacar rápidamente a su mamá de 92 años, cargándola mientras gritaba: “¡mis sandalias, mis sandalias!”. Me platica sus impresiones y preocupaciones: se están quedando con un pariente, pero no saben por cuanto tiempo pues están aún sin saber si su casa será demolida totalmente. Jorge pide ayuda, le urge un horno para volver a trabajar.

–Si no, ¿pues cómo le hago pa’seguir?



Apenas he visitado dos casas y ya pesa en mí el panorama que veo apenas en una calle, la primera que visito. Conforme avanzo y platico con los lugareños me doy cuenta de la calidez y facilidad de sonrisa con la que reciben a quienes vamos a constatar lo ocurrido para tratar de hacer algo: la gente es franca, me saluda, me permite entrar en sus viviendas, me ofrece un vasito de agua… Me siento bien entre la gente sencilla que pese a su desgracia me mira con calidez y cierto optimismo por haber sido un pueblo en el que afortunadamente nadie murió aunque casi las totalidad de las casas presenten daños, unas más, otras menos.

Don Jorge habla por teléfono con uno de sus hijos que vive en Estados Unidos, lo acompaña su hijo menor que trabaja en una ciudad cercana, le preocupa perder el patrimonio que poco a poco fue construyendo para sus hijos. Es la constante… La gente se pregunta si será mejor tirar ahora lo que queda de sus viviendas y reconstruir poco a poco o, si deben esperar el dictamen oficial para ver qué tanto daño presentan. Se dejan llevar por la oportunidad que representa la demolición temprana sin costo que ofrecen de momento las autoridades. ¿Pero de dónde sacarán los recursos para volver a levantar sus viviendas?, ¿quién los ayudará en ese momento? Es una decisión que deben pensar con detenimiento y en consenso con la familia. Y si luego les dicen que la casa se tiene que demoler, ¿cómo pagarán la demolición ya sin ayuda del gobierno? La mirada pensativa acompañan tanto al hijo como al padre.

Cruzando la calle saludo a Georgina saliendo de la tortillería, me extiende su mano acompañada de una bella sonrisa, me platica que la casa que veo enfrente es de su familia, ya tiene la X de la demolición; afortunadamente estaba vacía. La usan sólo cuando hacen alguna “reunioncita familiar” en Año Nuevo o en algún cumpleaños. Entramos y me platica los momentos que vivió ahí de pequeña, cómo jugaban en la huerta trasera. Hace unos cuantos meses aventó cinco semillas de sandía que se sacó de la boca “Y viera usted que acabamos de cosecharlas, bonitas las sandías, cantaban bien apenas les pegabas”, me dice refiriéndose al sonido que emiten cuando les pegas con la palma de la mano para saber si ya están buenas. De igual manera se puede ver en la huerta un frondoso árbol de aguacate, matas de jitomate y otros frutos; la tierra es rica y fértil, el clima que acompaña los meses de calor permite esta fecundidad.

Al salir y encontrarse con la hermana que ha venido de Puebla para ver lo ocurrido en su pueblo, no puede evitar unas lágrimas en complicidad. Les duele tener que echar abajo la casa; la madre aún no sabe lo ocurrido. Ella vive en Morelos con otra de las hermanas. Le ofrezco un abrazo, una caricia, me acompaña la impotencia de no poder hacer más en ese preciso momento.

Regreso a la calle Morelos, donde Marco Antonio me espera para mostrarme su casa. Él y su esposa son muy jóvenes y no tienen hijos, con mucho esfuerzo levantaron junto a la casa de su hermano una de dos pisos, la mitad del segundo piso se vino abajo; una gatita que recorre a ratos lo que queda en esa parte de la casa. “No sabe que pasó --comenta Marco Antonio, y acompaña sus palabras aguantando el llanto, pero es inevitable…afuera lo espera su esposa y Heidi, la perrita que también forma parte de esta joven familia. “Se asustaron las mascotas, pero estamos bien y eso es lo más importante”.

Me conmueve la manera de referirse con cariño a su joven esposa: “Mija, ya vámonos…”

Ella me despide con una gran sonrisa.

Al salir de ahí veo la llegada de una brigada de muchachos exalumnos de la BUAP que se organizan para hacer un dictamen de cada una de las casas de Chietla. A cargo viene la hija de Don Efrén, orgulloso me presenta a una exitosa profesionista que labora en Puebla; los muchachos vienen bien preparados con un formato que hay que llenar de la situación de cada casa, están determinados a ayudar con su conocimiento.

Camino rumbo al centro y a la par me voy encontrando con personas que me saludan y me muestran lo ocurrido en cada una de sus viviendas; la constante es la preocupación sobre lo que se viene después: cómo reconstruir, cómo volverse a hacer de lo poco con lo que contaban. En el caso de las personas que rentaban una vivienda y ésta se vino abajo, ¿dónde hospedarse? No hay casas en renta y quedarse con familiares o amigos es una solución temporal.

Aunada a esta situación, el sentir general de la población hacia sus autoridades es de rechazo por situaciones pasadas y, porque en una circunstancia tan dura como ésta, no los han visto salir a las calles a ver qué necesitan; toda la autoridad se concentra en la figura de la representante de Obras Públicas en la oficina del Ayuntamiento.

El centro de la localidad es un hervidero de gente que llega de todas partes para brindar apoyo; familias completas, brigadas de jóvenes armados de picos y palas, camionetas con ayuda que proviene de otros estados…Reina el desorden pero la gente se siente acompañada, escuchada, comprendida… De un autobús descienden 25 ingenieros y arquitectos graduados del Tecnológico de Monterrey, se distribuyen las calles para picar desechos y recoger escombros; a la par forman una fila para anotar a las personas que requieren vayan a revisar sus viviendas.

Se me acerca un hombre muy anciano, no escucha casi, sirvo de intérprete entre la brigada y su necesidad; lo he visto antes auscultado por un paramédico en una carpa de primeros auxilios junto al quiosco; quiere que le regalen un mazo o una pala para poder arreglar su hogar. No escucha cuando le dicen que no pueden regalar equipo, le proponen visitar su casa pero él vive en el campo dice, no entiende por qué no le pueden regalar una pequeña ayuda. Yo tampoco…

Recorro las calles y me topo con más brigadas de ingenieros y arquitectos, de Querétaro, de Cholula, de Guadalajara; todos quieren apoyar. Falta liderazgo, coordinación entre el ayuntamiento y la ayuda que va llegando sin cesar.

Camino rumbo al cerrito, hogar de familias que percibo de más bajos recursos. La iglesia se encuentra muy dañada y cerrada al igual que el resto de las otras que he encontrado a mi paso. Me entristece la pérdida de símbolos que son importantes para la comunidad.

Bajando las calles, encuentro una camioneta con víveres, colchas y juguetes que trae placas del Edo. de México, me acerco a conversar con ellos y me dicen que les están impidiendo el paso hacia el centro, les piden que vayan a depositar el apoyo al Auditorio. Les digo que se vayan cuesta arriba para repartir directamente la ayuda a la gente del cerrito; me despido esperando me hayan hecho caso puesto que no sabemos a ciencia cierta si la ayuda que van guardando en el Auditorio les llegará realmente.

Nuevamente en el centro conozco a Doña Tere, que me platica sobre las cosas de valor que se le quedaron atrapadas dentro de su casa: papeles antiguos, joyas de familia, códices…habla y habla sin parar, me abraza, me cuenta un poco de su vida; todos tienen una historia que compartir.

Gracias a la generosidad de Don Efrén y su esposa nos reunimos con los chavos ingenieros y arquitectos de la BUAP a comer un delicioso arroz con huevos cocidos y tortillas que me sabe a gloria, a generosidad, a comunidad…

De regreso con los lugareños sigo escuchando historias; la mayoría de ellos quieren saber por qué no se hace presente el apoyo municipal…quieren ser escuchados, buscan respuesta a sus demandas.

Casi al final de mi estancia conozco a Doña Juanita que está revisando sus pertenencias en la calle. Ella y sus hijas platican su historia: viven en casas contiguas y no pueden habitarlas, por el momento van a guardar sus cosas con un vecino y otras, con amigos y familiares. Abrazo a Juanita…llora por no saber qué hacer, dónde vivir, de qué comer; vendía junto con sus hijas memelas y quesadillas en la calle. Me dice güerita y le digo ¡que no lo soy! que al igual que ella pinto mis canas y nos abrazamos en complicidad.

Logro sacarle una sonrisa; con eso me conformo de momento.

Es un ejemplo de la devastación que el sismo del martes 19 provocó en Puebla. El municipio de Santa Isabel Cholula peridió totalmente su cuatro escuelas. Esta misma semana serán demolidas. Son746 escolares los que están a la deriva.

Este es el llamado de auxilio que hacen los padres de familia desde esa población:

"Las 4 escuelas de Santa Isabel se tienen que derruir. Están inservibles. Tú sabes de alguien que pueda prestar una carpa o dos para que los niños puedan volver a clases lo más pronto posible? También se necesitan palas, picos , guantes de carnaza y carretillas. Material escolar en buen estado, como pizarrones y sillas."





Mundo Nuestro. El siguiente es el recuento de daños que la Fundación Comunitaria Puebla IBP, a travéz del fondo Mónica Geandreau, presenta del recuento de daños provocados por el terremoto del martes 19 en comunidades de los municipios de Huaquechula, Tochimilco, Atzitzituacán y Tianguismanalco, en las faldas del Popocatépetl.



FUNDACIÓN COMUNITARIA PUEBLA IBP/FONDO MONICA GENDREAU

Informe preliminar de daños en comunidades atendidas por la asociación civil:

Municipio: Atzitzihuacán

Localidad: San Francisco Xochiteopan



No. de viviendas con daños severos o derrumbadas: 249

No. de personas afectadas: 900 persona

Municipio: Huaquechula

Localidad: Soledad Morelos

No. de viviendas con daños severos: 100

No. de personas afectadas: 350

Municipio: Tochimilco

Localidad: San Francisco Huilango

Casas con daño total 45, daños menos severos 100, presidencia y primaria destruidas.

No. de personas afectadas: 195 familias afectadas y aproximadamente 800 personas afectadas

Municipio: Tochimilco

Localidad: Tulcingo

Casas con daños severos 35, daños menos severos 90

No. de personas afectadas: 400

Municipio: Tianguismanalco

Localidad: San Pedro Atlixco

La Iglesia pérdida total

La escuela destruida

Muchas casas destruidas

No. de personas afectadas: 600

(Foto de portadilla: Claudia Saucedo)

El territorio y la historia

El río de los valles y el río de la montaña: El río del agrocapitalismo y el monocultivo, la azúcar amarga: la historia de la explotación cañera. El río de la subsistencia campesina en la montaña del éxodo, al norte, a donde sea.

Todo esto ha adquirido una dimensión nueva tras el terremoto del 19 de septiembre que arrasó con las viviendas del sur mixteco poblano. Se medirán por miles las casas perdidas. Sumarán millones los que tendrán que invertirse en esta región para recuperar la infraestructura de vivienda, salud, educación, vialidades y patrimonio histórico. Los gobiernos federal y estatal se convertiran en los actores que no han sido en la historia larga, y los municipales probablemnte continúen como espectadores de la intervención pública obligada por la catástrofe. Los capitales privados llegarán al batidero de los recursos que se aplicarán para la reconstrucción. Todo repetirá lo sucedido en catástrofes similares, como la de las lluvias de octubre de 1999 que arrasaron la Sierra Norte de Puebla.



Tal vez un actor nuevo logre modificar la historia: los grupos civiles que surgen en estos días como respuesta a la habitual inercia negativa gubernamental: tardía, ineficiente, insuficiente, politizada.

Este texto intenta presentar una perspectiva amplia de la region de Matamoros, la más ligada al valle cañero, y que que tiene en la serranía que colinda con el estado de Guerrero y con la región de Acatlán una doble dinámica económica y culutral que se explica en el derrotero propio del río Nexapa: un río cañero fundamento de la economía capitalista de la región que va desde el sur de Atlixco hasta Axochiapan (el punto centro del sismo, por cierto) y un río de montaña baja escarpada que en su ruta hacia el Atoyac resguarda aún una cultura campesina de subsistencia, exportadora masiva de mano de obra.

Mirar el sur entonces desde estas raíces que el movimiento de la tierra transforma sin miramientos y con consecuencias que más vale analizar desde las ciencias sociales y la discusión colectiva inteligente.

El sur



El sur como ámbito geográfico, histórico, sociopolítico no se reduce fácilmente. Al contrario del norte, asimilado en la amplitud de sus montañas y desiertos a una menor variación de sus imágenes –por ejemplo, el número limitado de ciudades o las rutas que apuntan invariablemente a la frontera, al cruce, al tránsito a lo que está del otro lado--, el sur es un encierro de diversidades y abismos naturales e históricos que lo presentan inalcanzable para la visión del conjunto e inasible para el impulso analítico. Por ejemplo sus pueblos, demasiados y pulverizados, infranqueables a la pregunta original: ¿por dónde empezar a contar su historia?, o ¿qué historia merece contarse?, ¿la que necesita escuchar quién? ¿Y con qué recursos narrativos? ¿Con qué medios?

Una mirada a sus fortalezas ecológicas, históricas, económicas y culturales

El río Nexapa que riega miles de hectáreas de sus fértiles valles, el patrimonio biocultural de la sierra mixteca, su selva baja, sus cañadas, su flora y fauna, su calidad rural, la historia y cultura de los pueblos originarios, su capacidad de resistencia y organización ante la adversidad (migración, autodefensas),la experiencia centenaria de la producción de caña y la industria azucarera, el cambio cultural que ha provocado la migración a Estados Unidos.

Una mirada a sus debilidades añejas

La agricultura campesina en la mixteca, incapaz de revertir la pobreza histórica de sus pueblos y que ha orillado al éxodo a miles de hombres y mujeres en busca de la sobrevivencia.

El monocultivo capitalista y la sujeción al ingenio que ha subyugado por cientos de años a los campesinos y todavía determina las relaciones sociales en los pueblos cañeros.

El carácter extractivo de la agroindustria instalada alrededor de la producción azucarera y la explotación de la riqueza mineral, y que nada sabe de retornos de capital para abatir los rezagos sociales y la brutal contaminación del agua, que nada ha invertido para el desarrollo educativo y cultural.

Las consecuencias sociales de un largo cacicazgo gansteril en el que se fundó este sistema de producción agrocapitalista.

La NULA capitalización de los productores agrícolas y los empresarios locales para impulsar el desarrollo económico regional.

La incapacidad para convertir las remesas del trabajo migrante en un mecanismo de desarrollo económico alternativo a la economía de subsistencia y el monocultivo cañero.

Una mirada a las oportunidades que en los años recientes se han presentado

La recuperación de la sociedad rural contra el gigantismo y hacinamiento de los centros urbanos. La posibilidad de una agricultura sustentable inserta en el mercado.

El desmantelamiento real de una estructura de control político priista fundado en el pistolerismo posrevolucionario, con una tendencia creciente de la participación política y la contienda partidista.

Una creciente independencia de las organizaciones cañeras frente a ese aparato de control priista tradicional.

El desarrollo de alternativas agrícolas al monocultivo cañero, con la creación de empresas e invernaderos tecnificados y dirigidos al mercado de exportación.

La llegada de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla a la región, con sedes primeras en Chiautla e Izúcar, y que se suma al trabajo de la Universidad tecnológica, con programas educativos adecuados a la realidad de la región mixteca.

Una mirada a las amenazas estructurales

El riesgo de la pérdida de la sustentabilidad ambiental que la explotación del agua y la tierra por el monocultivo cañero, junto con el crecimiento desbordado y sin planificación alguna de los asentamientos urbanos. En particular, la explosiva situación de deterioro social en la ciudad de Atencingo, ya con más de once mil habitantes, contenida en su limitado territorio alrededor del ingenio, limitada en sus capacidades políticas en su calidad de junta auxiliar, y determinada totalmente por la suerte que corra el ingenio.

Una privatización del ingenio que confirme el proceso agroindustrial capitalista que ha mantenido sujetos a los productores con las mismas reglas del juego de los tiempos de Jenkins o de las administraciones del gobierno.

Creciente enfrentamiento entre el ingenio privado y los productores cañeros, que lleva aparejados los conflictos al interior de las organizaciones como la CNPR.

Dinámicas de desarrollo empresarial en el campo que generan la concentración del capital, el rentismo de la tierra, la explotación laboral y la contaminación –como ya ocurre en la experiencia de los invernaderos en Tlapanalá--, y no la organización de pequeños productores a través de esquemas sanos de financiamiento, tecnificación y acceso a los mercados de exportación.

La inseguridad pública fuera de control, con el fortalecimiento de las redes interestatales del crimen organizado por el corredor de las drogas por las carreteras que cruzan la región desde Oaxaca y Guerrero, y que conlleva el desarrollo de la criminalidad local del robo, las extorsiones, los secuestros y las ejecuciones.

Objetivo y definiciones

El propósito de esta investigación es, entonces, el de desarrollar una mirada analítica a la serranía mixteca: a su agricultura campesina y la sobrevivencia por la migración centenaria y la permanencia de su cultura. Una aproximación crítica a sus campos cañeros: al monocultivo capitalista y el yugo del mercado y el sometimiento a sus aguas muertas que bajan desde la ciudad de Puebla.

Identificar en ellas los procesos que determinan la historia de esta región: el monocultivo cañero y el éxodo a los Estados Unidos, y las consecuencias políticas y sociales para el desarrollo de la sociedad de la región mixteca de Puebla en la parte que corresponde al distrito de Izúcar de Matamoros.

En esta región, y a lo largo del siglo XX, desde la misma revolución zapatista que azotó a las haciendas cañeras, se produjo una especie de “expropiación originaria” de la tierra bajo el dominio del empresario norteamericano William Jenkins, quien llegó a poseer 23 mil hectáreas destinadas por entero a la producción de azúcar en el ingenio de Atencingo. Revolución de por medio, y con la posterior expropiación de las tierras por el gobierno cardenista en 1938, con Jenkins y sin él, con el ingenio en manos del gobierno federal o en manos privadas, lo que se impuso fue un sistema de monocultivo que ha condicionado todo el desarrollo económico de esta región cañera. Y con él un tipo de cacicazgo sobreviviente todavía hasta los mismos años noventa.

En paralelo corrió el éxodo campesino a los Estados Unidos desde todos los pueblos mixtecos.

Atoyac y Nexapa, los ríos del sur caliente

Enredo de los territorios municipales

Los valles: el río de los cañeros

La serranía Mixteca

El pueblo cañero

Los maizales en el cerro

La ciudad de 60 mil habitantes

Izúcar: un río, dos derroteros

  • Los valles del monocultivo y el cacicazgo: de la hacienda al ingenio, los pueblos sometidos al mercado capitalista y al control político gansteril .
  • La Montaña, el encierro y las rupturas: de la revolución zapatista al éxodo al norte.

Los dos ríos demográficos

Izúcar de Matamoros, Distrito político 22: 240 mil habitantes. Una ciudad, Izúcar, con 62 mil habitantes. Cuatro pueblos grandes (alrededor de 5 mil hab.): Chiautla, Atencingo, Chietla, Huaquechula. 15 cabeceras municipales más con menos de 5 mil habitantes. Un centenar de localidades con menos de 500 habitantes.

Economía y trabajo

Un resumen:

  • Agricultura campesina de temporal y autoconsumo en los pueblos de la mixteca. En las vegas de arroyos y ríos y en la cima del lomerío. Incuantificable en su monto.
  • Monocultivo de caña (9,500 productores) e ingenio (alrededor de 700 obreros y empleados). Se mantiene el carácter subyugado de los cañeros frente a la fábrica
  • Agroindustria ligada a la caña. Estrictamente dos: BACARDÍ en la Galarza, y Levaduras Fleishmann (melaza), en Atzala.
  • Cultivos alternativos a la caña: jamaica (Chiautla), sábila (Chietla) y cebolla (Tlapanalá)
  • Industria extractiva: CEMEX y Cruz Azul controlan las canteras de propiedad ejidal. Hay al menos 12 empresas establecidas en los municipios de Izúcar y Chietla.
  • Remesas de migrantes: 390 millones de dólares ingresaron por la vía bancaria a la región mixteca. Izúcar de Matamoros concentró 274. Entre un 20 y un 40 por ciento del ingreso de las familias en la mixteca.
  • Invernaderos y horticultura. Una sola gran empresa (Grupo Horticultor Galicia, en Tlapanalá), puede dar 700 empleos en temporada de corte. Sin embargo, no han proliferado en el territorio.
  • Narcotráfico y crimen organizado. Está en la boca de todos, pero no es posible la cuantificación del dinero que se lava vía comercios en la región.
  • Producción forestal en la selva baja de la sierra mixteca: incipiente desarrollo de Unidades de Manejo Ambienta (UMA) con apoyo de programas federales. Tan sólo en Chiautla se reconocen al menos 15 experiencias de este tipo.

Política y elecciones

Para entender la complejidad de la trama política en la región se puede leer esta cronca que da cuenta del motín sufrido en la cabecera municipal de Chietla luego del asesinato de una anciana.

“¡Mátenlos, son los policías, mátenlos!”: en Chietla nos asomamos al abismo

El distrito está formado por veinte municipios, con alrededor de 185 mil electores. La votación ha rondado entre el 45 y el 55 por ciento del total del padrón. En términos generales, el PRI mantiene un mayor número de votos que la alianza promovida por Rafael Moreno Valle, pero podemos decir que la población considerada urbana (los municipios de Izúcar Chiautla y Chietla) ha dejado de votar mayoritariamente por el PRI, que mantiene una hegemonía muy precaria ya en gran parte de las localidades con menos de cinco mil habitantes.

185 mil electores. Elecciones en el 13,15 y 16: entre 45 y 55% del padrón.

2013: 100 mil votos. Debacle del PRI

CPU, PT y MC ganan Izúcar, Chiautla, Chietla, Huaquechula, Huehuetlán el Chico, Epatlán, Tlapanalá, Jolalpan y Totoltepec. Total: 56,755 votos. El PRI obtiene once alcaldías, todas con menos de 5 mil Habitantes. Total: 43,383 votos.

2015: 99 mil votos. Debacle del PAN.

Derrota de Moreno Valle, al menos para la cara que da de panista: el PAN no pasa de 3 mil votos. PRI alcanza 51 mil votos. El PRD alcanza poco más de 20 mil. Morena: 4,485 voto

2016: 8o mil votos. Moreno Valle pierde sin alianza: PRI gana el distrito con apenas 36 mil votos. Tony Gali no pasa de 31,161. PRD, 2,159. Morena: 6,573.

Es un hecho, Morena sin Andrés Manuel López Obrador no califica para ganar una contienda.

Una vista a los números:

En la elección municipal del 2013, con un total de 100,se produjo la alianza contra el PRI impulsada por el gobernador Moreno Valle a través de la coalición Compromiso por Puebla, que se llevó con cerca de 25 mil votos siete municipios, por cierto los de mayor población --con excepción de Chietla ganado por Movimiento ciudadano--. Es decir, Izúcar, Chiautla, Chietla-Atencingo y Huaquechula fueron perdidos por el PRI, que ganó 11 municipios pero todos con una población menor a los 5 mil habitantes, que apenas le produjeron arribita de 16 mil votos.

Un resumen del conjunto:

  • En los últimos quince años se han roto los mecanismos tradicionales de imposición de candidatos a través de las estructura ligadas al PRI (CNC, CTM) y su control del territorio cañero desde los tiempos de Jenkins.
  • Han proliferado las opciones partidistas: PRD, PAN, MC, PT, últimamente morena. Suben y bajan.
  • El proceso político regional más importante corresponde a la elección de la dirigencia de la CNPR
  • No hay una presencia importante de Antorcha Campesina.
  • En los últimos quince años se han roto los mecanismos tradicionales de imposición de candidatos a través de las estructura ligadas al PRI (CNC, CTM) y su control del territorio cañero desde los tiempos de Jenkins
  • Han proliferado las opciones partidistas: PRD, PAN, MC, PT, últimamente morena. Suben y bajan.
  • El proceso político regional más importante corresponde a la elección de la dirigencia de la CNPR.
  • No hay una presencia importante de Antorcha Campesina. El PRI ha logrado contener su avance desde los distritos de Acatlán y Atlixco.

En el 2015 la situación cambió para el PRI, pues ganó el distrito con más de 51 mil votos incluyendo los 2,300 del Verde. El PAN entonces, en coalición con otros partidos, tuvo en lo individual una cifra mínima y casi ridícula, 3,161; el PRD alcanzó los 20,049 votos.

En el 2016, sin embargo, con una votación total de 80 mil votos (apenas arriba del 40 por ciento y cerca de 20 mil votos menos que el año anterior), aunque el PRI ganó, lo hizo apenas con 36,694 votos, contra un PAN que subió a 31,161. Llama la atención la brutal caída del PRD, que no alcanzó más de 2,150 votos.

Caracterización política

El PRI es el partido con mayor número de votos, por ello mantiene diputaciones y ganó en el distrito.

Pero ya no es el partido único y se limita cada vez más al voto rural: la suma de los votos rivales le superó por más 15 mil en el 2016, perdió 9 alcaldías en el 13 y las que gobierna son de menos de 5 mil habitantes.

En la región ya no se imponen candidatos y el voto es cada vez más libre.

El volátil derrotero partidista revela la capacidad de los grupos locales para negociar con las estructuras de poder en el estado.

Ello explica el voto morenovallista, la sobrevivencia de un anquilosado priismo y el agazapado voto perredista hoy cada vez más volcado hacia Morena.

Los grupos de poder en la región

ZUCARMEX/Eduardo de la Vega Echavarría

El ingenio de Atencingo es Propiedad de la empresa Impulsora Azucarera del Noroeste Zucarmex, de los sinaloenses Eduardo de la Vega Echavarría y Guillermo de la Vega Canelos (padre e hijo), con Oscar Diarte como gerente general. La trasnacional Cargill es propietaria del 15 por ciento de las acciones. Compraron el ingenio en junio del 2015, junto con el de Impulsora de la Cuenca de Papaloapan San Cristóbal, en Veracruz, por 1,974 millones pesos a través de una subasta del Servicio de Enajenación y Administración de Bienes (SAE). Es uno de los empresarios involucrados en el desarrollo de la industria del etanol en México. Ligado desde los años setenta como constructor a los gobiernos en Sinaloa, en tiempos de Salinas de Gortari, y con el respaldo del entonces secretario de Hacienda Pedro Aspe, se hizo de algunos de los ingenios en poder del gobierno en Sinaloa y Veracruz para fundar la empresa.

Confederación Nacional de Productores Rurales/José Luis Rosas Quiñones

La Confederación Nacional de Productores Rurales es la principal agrupación de productores de caña. Es, de hecho, la organización más importante, pues supera en fuerza política a la Sección 77. Cuenta con 4 mil 615 afiliados.

Rosas Quiñones ganó abrumadoramente y en un contexto de una muy alta participación de los productores (arriba del 74 por ciento del padrón de más de cinco mil electores). Nativo de la comunidad Derramadero perteneciente al municipio de Tilapa. Basó su campaña en el descontento entre los cañeros por el escaso trabajo y apoyo de la organización a sus agremiados.

Los grupos de poder priista

Jorge Estefan Chidiac

Actual diputado federal por el PRI. Se le conoce desde los tiempos de Bartlett. Siguió carrera de funcionario de Hacienda y otras dependencias públicas ligadas al mundo financiero. Muy ligado al gobernador Marín y a su candidato perdedor López Zavala. Con el tiempo se ha deslindado y corre por cuenta propia, llegando a ser el presidente del PRI en la elección reciente por la gubernatura estatal.

Juan Manuel Vega Rayet

Actual delegado de la SEDESOL federal. Secretario de Desarrollo Social y presidente del PRI en tiempos de Mario Marín. Su esposa. Erica Suck Mendieta, fue diputada local 2008-2011. Una idea de los manejos de los tiempos marinistas lo vemos en los nombramientos de sus familiares: sus hermano, José Luis Vega Rayet, fue Coordinador de la Sucursal de Izúcar de Matamoros del Instituto para la Asistencia Pública del Estado de Puebla (IAPEP), y Julio Vega Rayet fue Jefe del Departamento de Recursos Materiales de la Secretaría de Desarrollo Rural.

Rubén Gil Campos

Ex presidente municipal por el PRI. Ligado al narcotráfico, fue detenido en Estados Unidos. Toda una ficha ligada al grupo marinista. Migrante, desarrolló la empresa de mudanzas Gil Moving & Storage, vinculada después con el tráfico de drogas. Fue liberado en el 2012, pero al parecer permanece en Estados Unidos.

Javier Filiberto Guevara González

Nacido en Izúcar en 1965. Licenciatura en Administración de Empresas por la Universidad Cuauhtémoc. Ex presidente municipal 2005-2008, ha sido diputado local (2008) y federal (2009-2012) por el PRI. Licenciado en Administración de Empresas, no se le conoce actividad empresarial. Ha sido funcionario de su partido y en dependencias de gobierno (SEDESO, DIF).

Los grupos de poder de trayectoria perredista

Manuel Madero González

Médico de profesión. Militante del PRD, gana la presidencia en el 2013 con la alianza PAN-PRD. Aprovecha el descontento contra el PRI luego de las presidencias de Gordillo y Gil. Ha sufrido la movilización ciudadana en reclamo contra la inseguridad. En el 2014 se llevó a cabo el evento “Foros Ciudadanos Plan Municipal de Desarrollo 2014-2018”, en el que por primera vez en la historia del municipio se discutió públicamente el plan de desarrollo municipal. En la elección de gobernador en el 2016, Madero González se manifestó a favor de Tony Gali, por lo que fue acusado de traidor por el militante perredista Palemón Rojas Villegas, al tiempo que pidió su expulsión del partido.

Melitón Lozano Pérez

Profesor, expresidente municipal 2005-2008 por el PRD y diputado local 2008-2010. En el 2010 abandonó al PRD y compitió por el PT a la alcaldía, pero perdió la elección contra el PRI. Fue candidato a la diputación federal en el 2015 por Morena. Así explicó en el 2010 su salida del PRD:

Fue el PRD institucional quien traicionó a su militancia , nuestra decisión es una reacción al hecho de haber realizado una alianza con el PAN, partido que en el gobierno federal ha afectado mucho a la gente en su economía diaria, y que además, actuaron de espalda a la gente haciendo a un lado la opinión de los militantes Izucarences para decidir si era conveniente la alianza, todo se arregló arriba, con los altos dirigentes, ahí se decidió la alianza y se impusieron los candidatos, no importando que los candidatos de la coalición fueran priistas como es el caso de Izúcar de Matamoros y de muchos municipios más en el Estado.

Los grupos de poder en la ciudad de Izúcar de Matamoros

Fotografía del fotógrafo poblano Jesúis Olguín.

Los 14 barrios

Es la organización histórica de la ciudad de Izúcar, y tiene como origen una cofradía dedicada al Santísimo en el ex convento de Santo Domingo. Su funcionamiento está dado en los usos y costumbres. Se eligen representantes en elección.

Los recientes movimientos en contra de la inseguridad dan una idea de su fuerza y recuerdan la movilización de 1993 en contra del gobernador Manuel Bartlett. En estos barrios es donde el voto antipriista tomó el rumbo del PRD en los últimos veinte años.

Los grupos de poder en Chietla y Atencingo

Jorge Tenorio Rosas

Presidente municipal 2002-2005. Fue originalmente funcionario de CONAGUA. De ahí su vinculación con las comunidades cañeras en Chietla. Hoy está dedicado a la perforación de pozos para gobiernos y particulares. Con él, la primera derrota del PRI en su historia. En época reciente, jugó del lado de Moreno Valle, pero después cuestionó los modos del gobernados y mejor se ha hecho a un lado. Cuenta con gran arraigo en la región cañera de Chietla y en la propia cabecera municipal.

Renuncia obligada del alcalde Ponce Cortés por los pobladores en el motín de septiembre de 2015.

Edgar Ponce Cortés

Presidente municipal 2014-2018 por MC. En septiembre del 2015 sufrió una insurrección popular que quemó la alcaldía y se enfrentó a la policía municipal y fue respaldado por el dirigente estatal del PRI, Jorge Estefan Chidiac.

Temas estratégicos: economía

La negativa relación entre las empresas extractoras con los ejidatarios. Simplemente no se paga el valor del material. La actividad es meramente extractiva (cementeras nacionales y caleras de Morelos). No hay inversionistas locales o foráneos con proyectos de industrialización en Chietla y Matamoros.

Temas estratégicos: Medio Ambiente

  • La contaminación de la cuenca del río Nexapa en la región de los valles de Atlixco y Matamoros. Memoria del cólera en 1991.
  • La explotación irracional de la industria extractiva.
  • El resguardo del patrimonio biocultural en la sierra mixteca.
  • La multiplicación de fábricas de agua: caso Ayoxuxtla de Zapata y CONAFOR.

Temas estratégicos: urbanización

  • Crecimiento desmedido e incontrolado en Izúcar de Matamoros.
  • Atencingo y su punto de quiebre: ingenio y empleo.
  • La creciente urbanización sobre las riberas del río Nexapa y el nulo control y tratamiento de las aguas residuales.
  • Inexistencia de verdaderos planes municipales de desarrollo.

Temas estratégicos: educación

  • Refuerzo de la presencia de la universidad pública (UTEC, Sistema de Educación a Distancia y BUAP)

Del miedo de la gente al miedo a la gente

A las 3:02 del 20 de septiembre de 2017 la brigada de los topos denunció que había “45 puntos de la ciudad de México donde está atrapada la gente, el ejército y la policía no dejan que la gente ayude, que los miles de personas cooperen donde están las personas atrapadas, ni siquiera para hacer cadenas humanas para acarrear escombros.”

En un México afectado en el centro y sur, en su ciudad mayor, en Puebla, Morelos, Tlaxcala, Estado de México, los primeros en llegar a los siniestros fueron los vecinos y parientes, el Ejército y la Marina tardó entre cuatro y seis horas, cuando aparecían. Pero a diferencia de 1985, donde el gobierno se eclipsó, ahora intentó tomar el control y desalojar a la gente solidaria. Junto al dolor y la destrucción de edificios aparecía una cuarteadura simbólica. En lugar del trabajo conjunto, se impuso la pugna y el desplazamiento temeroso.

Ante el riesgo de que resurgiera el mito movilizador de la “sociedad civil” del ciudadano común, el gobierno apresuró la marcha para “normalizar”. Cada quien, a su asunto, nada de organización civil autónoma como en 1985.



Las diferentes maneras de comunicar en el desastre

Los jóvenes se multiplicaron en las labores de rescate, vigilancia y abasto. Luego en la defensa espontánea de lugares siniestrados donde intentaban introducir maquinaria pesada. O bien para obligar a una atención gubernamental errática y lenta. El whatsapp resultó el medio eficaz incluso en el instante del gran sismo del 19. La comunicación ciudadana empujaba la acción humanitaria. Se logró con esa presión que atendieran, que reconsideraran la presencia de topos y organizaciones de rescate, que echaran para atrás las demoliciones. La comunicación de gobierno y de las grandes corporaciones, Televisa y TV AZTECA, exhibieron sus viejos vicios: limpiar a percudidos personajes, crear burbujas informativas como la niña Frida para recuperar audiencias y magnificar la acción de la Marina y al impresentable de Nuño. Naufragaron. Pero inició desde el día 21 una guerra en las redes digitales para generar desconfianza hacia la información ciudadana. La reacción ciudadana no tardó en revirar: se creó un centro de verificación de información ciudadano en la página www.verificado19s.org.mx

Consumidores sin vida pública



Ahora viene la lucha por la reconstrucción. El supuesto presidente de esta República ya avisó sus medidas empresariales y de clientelas políticas: el damnificado recibirá una tarjeta para que compre lo que necesita, sí, como el Monex electoral. Los fondos previstos para desastres más un préstamo del Banco Mundial anuncian negocios a la vista. Los grandes corporativos se frotan las manos. De seguro repuntará la bolsa, pues es un estímulo inmediato a los mercados de la construcción. El PRI ya tendrá listo el padrón y los mapas calle por calle donde viven los beneficiados para recordarles el 2018 que tienen que votar de cierta manera. Viva el individuo consumidor y cliente del oficialismo. No hay propuesta para atender las urgentes necesidades de educación, de salud, de trabajo, de mejora salarial para los miles arrojados a la calle. No hay propuesta para crear instancias de diálogo y acuerdo con barrios, colonias y pueblos. No hay reconstrucción de la vida pública. Hay mercado, pero no república.

La gran brecha

Y eso en el momento de mayor desprestigio de la política institucional y oficialista donde cualquier político que asoma a la calle de inmediato es repudiado. Osorio Chong no pudo ni acercarse a unas fábricas siniestradas en la Colonia Obrera pues los ciudadanos que laboraban en el rescate lo abuchearon y lo obligaron a tomar las de Villadiego. Y lo mismo le pasó a los expresidentes panistas, Felipe Calderón y Vicente Fox, que dejaron de tuitear sus “ideas” ante la reacción irónica de las audiencias digitales. Ante esa brecha creciente de la gente y los partidos, y donde prosperó el hashtag #PartidosDenSuDinero para la reconstrucción, ahora resulta que quieren donar hasta el 100% de las jugosas partidas de nuestros impuestos cuando ya inició el plazo de la campaña electoral y bien se sabe que no se puede legalmente hacer nada.

Dos temblores y dos visiones

Hace 32 años cuando se vivió el terrible sismo de 1985, Carlos Monsiváis escribió en el Proceso: “Por eso, no se examinará seriamente el sentido de la acción épica del jueves 19, mientras se le confine exclusivamente en el concepto solidaridad. (…) El 19, y en respuesta ante las víctimas, la ciudad de México conoció una toma de poderes, de las más nobles de su historia, que trascendió con mucho los límites de la mera solidaridad, la conversión de un pueblo en gobierno y del desorden oficial en orden civil” (cursivas nuestras). Ahora, cuando los valores empresariales dirigen naciones y conciencias, Enrique Krauze escribió en El País: “El terremoto del 19 de septiembre de 1985 fue el dramático bautizo de la sociedad civil. El terremoto del 19 de septiembre de 2017 debe ser el bautizo de una nueva era de solidaridad.” Para esa nueva era, nos dice, hay que crear una Comisión Ciudadana de Reconstrucción. “Esta Comisión debe tener una participación ciudadana mayoritaria. Bastará que se animen una decena de empresarios, intelectuales, académicos, periodistas, religiosos. Nombres sobran”. Los Notables, desde el siglo XIX, son una honrosa minoría familiar, dicen.

Levantar viviendas y levantar a la República debe ser lo mismo

Pero el daño nacional supera la administración moral de los recursos, en el supuesto dudoso de la moralidad empresarial que se niega a subir salarios en la negociación del TLC y hace negocios oscuros con la obra pública. Los tres sismos de septiembre (7, 19 y 23) hicieron aflorar las cuarteaduras de la Nación. El Sur y la región del Istmo apenas atendida. Los poblados rurales de Morelos, Puebla y Estado de México invisibles. La pobreza extendida de las poblaciones con un pie en la migración. La desconfianza intensa hacia la Autoridad política que debería coordinar y cohesionar. La corrupción institucional galopante que intenta aprovechar donaciones y recursos para los damnificados.

Como en otras ocasiones, del dolor y el esfuerzo de la gente nace la esperanza. Atender a los damnificados tiene que ir sembrando la simiente de otra República con poderes sociales reconocidos para exigir y revocar mandatos, con instituciones responsables y gobernantes atados a la rendición de cuentas. Pasar del terror del temblor a la esperanza del parto. Deben proliferar las comisiones donde se anude el esfuerzo colectivo ahora mostrado con la planificación conjunta de la reconstrucción no de viviendas sino de la vida pública y del bienestar con trabajo digno. El orden civil debe contener el desorden e impudicia del orden institucional y del mercado. Los medios masivos, el Gobierno, nuestros intelectuales mediáticos no entienden lo que está pasando. Este orden injusto se volvió enojo y acción de miles que se confrontaron con él en la tragedia de los sismos. Las brechas con la gente común ya no se tapan con parches. Las fracturas entre los que pretenden gobernar y los que a veces dicen que se dejan gobernar aumentan. Se abrió un tiempo posible para que los mexicanos discutamos y reflexionemos sobre nuestra manera de convivir en República. Así, ya basta.