Sociedad

Mundo Nuestro. La pasión por el dibujo explica la vida de Daniel Mastretta. Y como él expone en esta conferencia de TED, la pasión por convertir lo que el lápiz ha trazado en un objeto real. El arte y la ingeniería plasmados, por ejemplo, en el Mastretta MXT, el primer auto diseñado y producido en México.

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Hoy me detuve, guardé lápiz y papel en el baúl del olvido, amordacé mi sentir como tantos años lo hice… y eso fue peor que la causa que me desanimaba.

Es cierto, el país está en caos, pero no somos el país... Somos el México querido, la sonrisa que contagia, la preocupación solidaria, la tradición y la historia, la mirada hacia el volcán, las indígenas de alma hermosa y colorida vestimenta, las arrugas del anciano vendiendo su cosecha, las manos del buen doctor, los pequeños pasos tambaleantes de quien inicia el recorrido, el atardecer en la playa y la aurora de los campos donde veo a mi padre con el mismo caminar de mi abuelo Silvino, de quien nunca supe qué pensaba.

Mi abuelo con su profunda mirada y sus cejas tapizadas... No supe mucho de él, pero cuánto aprendí recordando su ausencia. Y cuando lo recuerdo me duelen las yemas de los dedos y siento la nostalgia de aquellos atardeceres eternos cuando le debía arrancar las canas en su corte militar saturado de brillantina… Daba igual el cabello desprendido, siempre le mostraba la misma cana.



Hoy me pregunto ¿quién paga porque le arranquen las canas cuando la cabeza es casi blanca…? Sin duda era su forma de decir te quiero, de saberte abuelo y dejar el recuerdo para una eternidad...

Hoy, al llegar a Tehuixtla, el pueblo de mi abuelo Silvino, allá en Morelos, pierdo la mirada en el dorado atardecer con olor a sorgo. Ahí los cerros custodian mi niñez callada y abrigan a Zapata en cada anciano con pantalón de manta que ha quedado en mi recuerdo como el olor del pan mezclado en valores que con los años se han perdido. Escurridos entre las calles empedradas y entre los autos y los burros, los chivos y las vacas, arreados por niños y chiflidos.



Y al entrar a casa, abuelo, la ausencia se vuelve presente ante las paredes altas y las guayaberas blancas, allí el eco de tu fuerte voz aún retumba, igual que el amor callado, escondido en tu gruesa piel, negándote al abrazo y a millares de besos que se quedaron esperando... sin comprender que tu mirar amaba.

Al caminar con mi padre, a las seis de la mañana, te sigo viendo abuelo... y sin darme cuenta, he vuelto a sacar la pluma...mientras te escucho decir "quien se pierde el amanecer se pierde la mejor parte del día…"

Y con mis siete años y el bolsillo lleno de monedas, te observo tomar un puño de guajes, tu sombrero viejo, y salir como la luz del sol al nuevo día.

Los cientos de miles de emigrantes japoneses que llegaron a América apenas traían realmente lo más indispensable: un poco de ropa y algunas fotografías que les recordaran por siempre de dónde venían. Pero los emigrantes llegaron en cambio con una carga innumerable de tradiciones y costumbres que habían ido adquiriendo de su propia familia y de los pueblos de donde procedían. Aunque estuvieran a miles de kilómetros de sus lugares de nacimiento, como recuerdos indelebles, traían grabados los colores, sabores y olores de la comida y de las fiestas que celebraban en ocasiones especiales.

La festividad del año nuevo, shōgatsu, sin duda era y es una de las más importantes celebraciones de los japoneses. Para despedir el año, durante la noche vieja, ōmisoka, la cena familiar era el punto de unión que permitía degustar platillos especiales y recibir el año nuevo en un ambiente de alegría y solemnidad. Esta celebración que antiguamente se llevaba a cabo de acuerdo al calendario chino, durante, a partir de la era Meiji (1868-1912), se empezó a festejar justo el primero de enero con la adopción del calendario gregoriano en el año de 1873, fecha que coincidía con los festejos que en las sociedades americanas también lo celebraban de manera efusiva.

En las primeras décadas del siglo XX, la mayoría de emigrantes eran hombres solteros que al enraizarse formaron familias y comunidades más amplias. Los festejos de año nuevo se fueron generalizando y constituyéndose en parte de la vida de los japoneses en América. Las festividades permitieron entonces que los emigrantes se cohesionaran y se unieran de manera más estrecha.



Antes de que estallara la guerra, las comunidades dispersas en distintos estados de la República -aunque no totalmente aisladas unas de otras- se organizaban en una serie de asociaciones por regiones. Estos gérmenes de organización les permitieron agruparse de manera más sólida durante la concentración en la capital de la República. Los lazos solidarios y de amistad se reforzaron y gracias a éstos, los enormes retos y dificultades que traería la guerra fueron afrontados de manera colectiva.

Al estallar la guerra en 1941, la concentración forzosa de los emigrantes japoneses y sus descendientes, ordenada por los gobiernos de muchos países americanos, representó una enorme tragedia para todas las familias de los emigrantes. En México, el gobierno los obligó a concentrarse en las ciudades de Guadalajara y México en enero de 1942. Sin recursos monetarios debido a que les fueron confiscados y sin sus fuentes de trabajo, la concentración en estas grandes ciudades significó el inicio de una nueva emigración.

La concentración también permitió un logro mayor: la creación de las distintas escuelas en los barrios de la ciudad de México donde se agruparon los emigrantes. Las escuelas de Tacuba, Tacubaya, Contreras y del centro de la ciudad lograron que no sólo los niños se educaran, sino que los padres se integraran y participaran colectivamente en las tareas que la organización de las mismas les demandaba. Al relacionarse y apoyarse mutuamente las familias, la guerra dejó un saldo positivo al fomentar con más fuerza los lazos y la organización comunitaria.

Padres de familia en Tlalpan reunidos para organizar la escuela de los niños (Colección de Sergio Hernández Galindo)



¿En ese ambiente de guerra habría algo que festejar a fines del año de 1942? Los grupos de emigrantes de los distintos barrios de la ciudad entendieron que era importante celebrar ese fin de año. Las comunidades esperaron la llegada del nuevo año preparando una gran variedad de guisos. Uno de ellos era el de fideos japoneses, el toshikoshi soba, palabras que podemos traducir como fideos para pasar el año.

Fideos para pasar el año, Toshikoshi soba (Foto: Wikipedia.com)

Pero además de la soba se sirvieron otra serie de platillos. Tal vez el más popular era el tazón con caldode pollo o pescado caliente llamado ozouni al que se le agregaba un pedazo de mochi asado. El mochi se elaboraba con arroz cocido, que era machacado con un mazo de madera hasta que se convirtiera en una pasta que se moldeaba de diversas formas. También las familias comieron esta pasta de arroz asado con un guiso de frijol dulce denominado oshiruko. Los platillos tenían igualmente un significado simbólico, por ejemplo el comer fideos representaba el deseo de tener una larga vida llena de salud y prosperidad.

Ozouni (Foto: Wikipedia.com)
Oshiruko (Foto: Wikipedia.com)

Sin embargo, la importancia del año nuevo no sólo radicó en la comida que se lograba preparaba sino en los lazos que entrelazaban a todas las familias. Para la preparación de la comida, las mujeres se organizaron en los distintos barrios para elaborarla de manera colectiva desde días anteriores. En el primer día del año nuevo, los hombres salieron a visitar a los amigos en los distintos barrios de la ciudad para, en primer lugar, agradecerles sus atenciones a lo largo del año que terminaba y desearles lo mejor en el año que iniciaba. Los niños, engalanados con su uniforme de la escuela, asistieron a la misma para saludar a sus compañeros y cantar canciones acordes con el festejo de año nuevo.

Tamales de pollo con salsa verde cocido en hoja de maíz (Foto por Sergio Hernández Galindo)

Para recibir a los invitados que traían los mensajes de agradecimiento y buenos deseos, las familias también prepararon alimentos para compartirlos y convivir durante esos momentos. Para esta ocasión no sólo se degustaban los tradicionales platillos japoneses; las mujeres prepararon guisos mexicanos que habían aprendido a cocinar en los lugares donde radicaban. Los tradicionales tamales mexicanos (preparados con harina de maíz con un guiso de carne de res o pollo en salsa de chile roja o verde) fueron compartidos en esa ocasión, así como otra serie de comidas típicas más como el pozole o la pancita.

El festejo de año nuevo de esa forma unió las tradiciones culturales mexicana y japonesa. En el barrio de Contreras, al sur de la ciudad de México, donde se agrupaba un núcleo importante de emigrantes, se empezó a convertir en una tradición que una de las familias más conocidas debido al cultivo de los crisantemos, los Katagiri, recibiera a sus invitados con comida mexicana. Los niños también eran agasajados con las tradicionales piñatas mexicanas (ollas de barro cubiertas bellamente con papeles multicolores) que se rompían para que salieran frutos de la estación como caña de azúcar, tejocotes, limas, naranjas y dulces con que eran rellenadas.

Mural del pintor Diego Rivera representando la quiebra de “piñatas”. Hospital Infantil de México 1953. (Foto por josephbergen, Flickr.com)

Debemos de recordar igualmente, que la gran mayoría de los emigrantes al llegar a México usaron un nombre en castellano que les permitía comunicarse mejor con las poblaciones locales. Al formar familias, los japoneses empezaron a bautizar a sus hijos y los introdujeron en la religión católica sin por eso dejar sus creencias budistas y sintoístas. Como parte de esta tradición católica, en la noche vieja asistían a la llamada “misa de gallo” en las iglesias católicas, celebración con la que se recordaba el nacimiento de Jesús.

Como nos podemos dar cuenta, los festejos y tradiciones que conservaban los emigrantes y que reprodujeron en América, incorporando las costumbres mexicanas, crearon una especie de coraza que les permitió enfrentar de manera festiva las dificultades que la guerra y la persecución les presentaron.


*Agradezco la colaboración que me brindaron para elaborar este artículo Miyuki Sakai, Take Nakamura, René Tanaka, René Nakamura y la familia Katagiri.

© 2016 Sergio Hernández Galindo

Vida y Milagros

Creí que no escribiría hoy. ¿Quién escribe y quién lee el primer día del año, ebrios aún de festejos y sobredosis de temporada navideña, deseando alargar el momento antes de hablar y lidiar con la amenaza de un mal año para nuestro país y el mundo? Eso pensaba cuando me topé con un envío que me animó a hacer el esfuerzo de sentarme ante el teclado para traducirlo y compartirlo con los raros ojos de un lector que se anima a leer el dos de enero.



La revista Collective Evolution publicó una reseña escrita por Joe Martino acerca del libro de una enfermera de cuidados paliativos para enfermos terminales. "The five top regreats of the dying", Los cinco principales arrepentimientos de los moribundos.

Antes de entrar a la lista es bueno retomar el concepto de "arrepentimiento". Es útil saber que independientemente de en qué etapa de la vida nos encontremos, es inútil vivir con arrepentimientos; el arrepentimiento es un sentimiento innecesario, que solo nos deja sufrimiento sin ganancia, pues al atarnos a él permitimos que sea el pasado el que dicte el cómo debemos sentirnos en el presente. En cambio, sí podemos usar el pasado como un punto de referencia para entender los ajustes que debemos hacer para seguir adelante con una vida razonablemente feliz. Los ajustes no tienen por qué surgir del dolor o un juicio permanente hacia nosotros mismos, pero sí de elegir hacer las cosas de manera distinta a las conductas del pasado que hoy nos disgustan. La vida es un aprendizaje permanente, pero detenemos ese proceso natural cuando nos aferramos al arrepentimiento. Cuando haya necesidad de cambios, lo mejor es hacer las paces con el pasado y recordar que cada momento de la vida nos ofrece una nueva elección. Hacerlo puede salvarnos de vivir y morir arrepentidos.



Los cinco arrepentimientos dominantes:

  1. Desear haber tenido el valor de vivir la vida de acuerdo a lo que verdaderamente queríamos y no de acuerdo a lo que otros esperaban de nosotros.

Este es el más común de todos los arrepentimientos, tanto en hombres como en mujeres. Cuando la salud falta y el tiempo se acaba, se cae en la cuenta de que la salud otorga una libertad de la que pocas veces estamos conscientes. La mayoría de las personas no realizaron muchos de sus sueños debido a decisiones que se tomaron más en función de los demás que de lo que realmente deseaban.

  1. Desear no haber trabajado tanto.

Este sentimiento fue mucho más frecuente en los hombres que en las mujeres. Más hombres que mujeres lamentaban haberse perdido la niñez y la juventud de sus hijos y muchas veces también la compañía de sus parejas. Algunas mujeres también hablaron de este sentimiento, pero las entrevistadas fueron mujeres de generaciones anteriores, en las que el trabajo fuera de casa no era tan demandante para las mujeres como lo es ahora. Cada día más mujeres se empezarán a arrepentir también de esto.

  1. Desear haber tenido el valor para expresar con claridad los sentimientos y emociones.

Las personas suprimen a lo largo de su vida mucho de lo que sienten para llevar la fiesta en paz, confundiendo una sana prudencia con la represión de lo que se piensa y siente. Como resultado se instalaron en una mediocre existencia y nunca llegaron a desarrollar sus verdaderas capacidades. El artículo documenta que muchas personas que no se atrevieron a expresar sus sentimientos desarrollaron enfermedades relacionadas con la amargura y el resentimiento.

  1. Desear haber conservado a sus buenas amistades.

Muchas personas no se dan cuenta de la importancia de conservar a los buenos amigos hasta que están viviendo una enfermedad terminal, cuando ya es imposible recuperar a las amistades perdidas o abandonadas a lo largo de la existencia. Muchas personas manifiestan haberse centrado demasiado en sus vidas familiares y sus trabajos, olvidando a las amistades doradas, las que suelen iluminar y enriquecer la existencia. Hay un profundo arrepentimiento por no haber dado a las amistades el esfuerzo y el tiempo que se requiere para conservarlas. Casi todos los enfermos terminales extrañan profundamente a sus amigos, cuando ya no hay tiempo de recuperarlos y cuando ya han pasado una larga parte de la vida sin ellos.

  1. Desear haberse permitido ser más felices.

Este es un sorprendente sentimiento compartido por hombres y mujeres. Muchas personas no se dan cuenta hasta casi el final de sus vidas que la felicidad puede ser una elección consciente. Se quedan atadas a viejos patrones y hábitos aprendidos, entre ellos el del amargue o la melancolía permanentes. La zona de confort o familiaridad con una forma de vivir y sentir arrasó con sus vidas, sin tomar consciencia de ello hasta que fue demasiado tarde. Muchas personas manifestaron que el miedo al cambio los mantuvo pretendiendo ante otros y ante sí mismos que estaban contentos, aunque en el fondo, muchas de estas personas deseaban que un milagro o un evento exterior trajera algo de locura, felicidad y emoción a sus vidas. La mayoría de las personas lamentaban esto cuando sabían que su tiempo de vivir había llegado irremediablemente a su fin.

Es bueno recitar para nosotros mismos o a quien quiera escucharnos lo que escribió el poeta Jaime Sabines:

Si sobrevives,

si persistes, canta,

sueña, emborráchate.

Es el tiempo del frío: ama.

Apresúrate. El viento de las horas

barre las calles, los caminos.

Los árboles esperan: tú no esperes,

Este es el tiempo de vivir, el único.

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Vida y Milagros

Creí que no escribiría hoy. ¿Quién escribe y quién lee el primer día del año, ebrios aún de festejos y sobredosis de temporada navideña, deseando alargar el momento antes de hablar y lidiar con la amenaza de un mal año para nuestro país y el mundo? Eso pensaba cuando me topé con un envío que me animó a hacer el esfuerzo de sentarme ante el teclado para traducirlo y compartirlo con los raros ojos de un lector que se anima a leer el dos de enero.



La revista Collective Evolution publicó una reseña escrita por Joe Martino acerca del libro de una enfermera de cuidados paliativos para enfermos terminales. "The five top regreats of the dying", Los cinco principales arrepentimientos de los moribundos.

Antes de entrar a la lista es bueno retomar el concepto de "arrepentimiento". Es útil saber que independientemente de en qué etapa de la vida nos encontremos, es inútil vivir con arrepentimientos; el arrepentimiento es un sentimiento innecesario, que solo nos deja sufrimiento sin ganancia, pues al atarnos a él permitimos que sea el pasado el que dicte el cómo debemos sentirnos en el presente. En cambio, sí podemos usar el pasado como un punto de referencia para entender los ajustes que debemos hacer para seguir adelante con una vida razonablemente feliz. Los ajustes no tienen por qué surgir del dolor o un juicio permanente hacia nosotros mismos, pero sí de elegir hacer las cosas de manera distinta a las conductas del pasado que hoy nos disgustan. La vida es un aprendizaje permanente, pero detenemos ese proceso natural cuando nos aferramos al arrepentimiento. Cuando haya necesidad de cambios, lo mejor es hacer las paces con el pasado y recordar que cada momento de la vida nos ofrece una nueva elección. Hacerlo puede salvarnos de vivir y morir arrepentidos.



Los cinco arrepentimientos dominantes:

  1. Desear haber tenido el valor de vivir la vida de acuerdo a lo que verdaderamente queríamos y no de acuerdo a lo que otros esperaban de nosotros.

Este es el más común de todos los arrepentimientos, tanto en hombres como en mujeres. Cuando la salud falta y el tiempo se acaba, se cae en la cuenta de que la salud otorga una libertad de la que pocas veces estamos conscientes. La mayoría de las personas no realizaron muchos de sus sueños debido a decisiones que se tomaron más en función de los demás que de lo que realmente deseaban.

  1. Desear no haber trabajado tanto.

Este sentimiento fue mucho más frecuente en los hombres que en las mujeres. Más hombres que mujeres lamentaban haberse perdido la niñez y la juventud de sus hijos y muchas veces también la compañía de sus parejas. Algunas mujeres también hablaron de este sentimiento, pero las entrevistadas fueron mujeres de generaciones anteriores, en las que el trabajo fuera de casa no era tan demandante para las mujeres como lo es ahora. Cada día más mujeres se empezarán a arrepentir también de esto.

  1. Desear haber tenido el valor para expresar con claridad los sentimientos y emociones.

Las personas suprimen a lo largo de su vida mucho de lo que sienten para llevar la fiesta en paz, confundiendo una sana prudencia con la represión de lo que se piensa y siente. Como resultado se instalaron en una mediocre existencia y nunca llegaron a desarrollar sus verdaderas capacidades. El artículo documenta que muchas personas que no se atrevieron a expresar sus sentimientos desarrollaron enfermedades relacionadas con la amargura y el resentimiento.

  1. Desear haber conservado a sus buenas amistades.

Muchas personas no se dan cuenta de la importancia de conservar a los buenos amigos hasta que están viviendo una enfermedad terminal, cuando ya es imposible recuperar a las amistades perdidas o abandonadas a lo largo de la existencia. Muchas personas manifiestan haberse centrado demasiado en sus vidas familiares y sus trabajos, olvidando a las amistades doradas, las que suelen iluminar y enriquecer la existencia. Hay un profundo arrepentimiento por no haber dado a las amistades el esfuerzo y el tiempo que se requiere para conservarlas. Casi todos los enfermos terminales extrañan profundamente a sus amigos, cuando ya no hay tiempo de recuperarlos y cuando ya han pasado una larga parte de la vida sin ellos.

  1. Desear haberse permitido ser más felices.

Este es un sorprendente sentimiento compartido por hombres y mujeres. Muchas personas no se dan cuenta hasta casi el final de sus vidas que la felicidad puede ser una elección consciente. Se quedan atadas a viejos patrones y hábitos aprendidos, entre ellos el del amargue o la melancolía permanentes. La zona de confort o familiaridad con una forma de vivir y sentir arrasó con sus vidas, sin tomar consciencia de ello hasta que fue demasiado tarde. Muchas personas manifestaron que el miedo al cambio los mantuvo pretendiendo ante otros y ante sí mismos que estaban contentos, aunque en el fondo, muchas de estas personas deseaban que un milagro o un evento exterior trajera algo de locura, felicidad y emoción a sus vidas. La mayoría de las personas lamentaban esto cuando sabían que su tiempo de vivir había llegado irremediablemente a su fin.

Es bueno recitar para nosotros mismos o a quien quiera escucharnos lo que escribió el poeta Jaime Sabines:

Si sobrevives,

si persistes, canta,

sueña, emborráchate.

Es el tiempo del frío: ama.

Apresúrate. El viento de las horas

barre las calles, los caminos.

Los árboles esperan: tú no esperes,

Este es el tiempo de vivir, el único.

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He pasado frente a La Esmeralda Relojería numerosas veces en los últimos dos años en mi camino a la Casa de la Cultura en Juchitán. Siempre me llama la atención, me recuerda los escaparates en La Habana o el Puerto de Veracruz. Con la cortina metálica levantada se pueden ver los mostradores de cristal llenos de joyas y relojes, y siempre hay alguien sentado en la entrada, a menudo un anciano de pelo gris platicando con algún amigo. Muchas veces he querido pedirles permiso de tomar una fotografía, pero la pena y el temor al rechazo me lo han impedido. Pero esta vez estoy decidido, “¿por qué no?, en todo caso no pasará de que me digan que no.”

¡Pero no lo han dicho!



Saludo al viejo de pelo gris sentado en la entrada y me acerco al hombre que trabaja en un reloj en el mostrador. Se llama José. Le platico de mi proyecto de libro sobre "oficios" y le muestro el folleto 5 x 7 que siempre llevo conmigo con fotos que he tomado de otras personas haciendo su trabajo. Pronto él reconoce a algunos de los Juchitecos en el folleto y me dice que le parece bien que lo fotografíe trabajando, pero me pide que le tome también algunas fotos a su padre, Vicente, el hombre de pelo gris en la entrada. Estoy de acuerdo y le digo que volveré para para la entrevista y las fotografías un poco más tarde.

Así ha empezado este relato de Vicente el relojero.



En la tarde José me muestra el salón detrás del taller y me dice que llamará a su padre. Caigo así en la cuenta de que esta entrevista no será con él, sino con su padre Vicente, el creador de La Esmeralda.

Don Vicente tiene ochenta y nueve años y se ha retirado recientemente de su profesión como joyero y relojero… ya los ojos le fallan y sus manos tiemblan. Pero aunque sus ojos y sus manos no lo sean, su mente es segura y aguda, así que no tiene problema para mirar hacia las ocho décadas y media de su vida.

Como muchas de las personas que he entrevistado para el proyecto de los oficios, en cuanto Vicente terminó la escuela primaria se inició en el oficio de joyero. Trabajó con su cuñado en una tienda que fabricaba joyas de oro y vendía relojes suizos de precisión. Después de un tiempo, Vicente decidió que quería aprender a montar y reparar los relojes que vendían. Así que dejó a su esposa y a sus dos hijos en Juchitán y se fue a la ciudad de México. Allá encontró un relojero que lo aceptó como aprendiz para enseñarle el arte de montar y reparar relojes suizos. Al cabo de un año, cuando terminó su aprendizaje, regresó a su familia en Juchitán y continuó trabajando con su cuñado en La Esmeralda.

Y con su testimonio entiendo al fin la importancia de la joyería entre los juchitecos.

He podido asistir al rito de las Velas en San Blas, un pueblo indígena cercano a Juchitán, con un fotógrafo mexicano amigo que me invitó a acompañarlo en 1998. Me quedé muy impresionado por las mujeres Juchitecas que estaban adornadas con increíble orfebrería de oro. ¡Incluso algunos de sus dientes tenían incrustaciones de oro! Descubrí que no eran de plata chapeada las que portaban, sino de oro puro. Me dijeron que era una forma de mostrar su estatus social en el Istmo.

Vicente ha sido por mucho tiempo uno de los joyeros que hacen esos aretes, brazaletes y collares de oro puro. Me explica que cuando era más joven, el oro era mucho más barato. Lo que costaba entonces diez pesos ahora cuesta cuatrocientos. Solía ​​hacer cadenas y pulseras de monedas de oro puro que pesaban 100 gramos (3.5 oz). Pero además de expresar un estatus social, la joyería era una muy importante manera de contar con capital para financiar las siembras y cosechas en la temporada de lluvias. Juchitán y los pueblos circundantes tienen una economía basada en el oro. El oro es empeñado para cubrir los costos de la cosecha, y cuando se termina, la mujer compra de nuevo sus joyas de oro. El mismo proceso continúa hasta el día de hoy.

Lamentablemente, los tiempos han cambiado. El crimen organizado se ha trasladado al área de Juchitán y ya no es seguro usar la joyería de oro en público. En su lugar, se almacena en cajas de seguridad y se saca sólo cuando se cambia por dinero en efectivo para la cosecha.

Unos días antes de mi partida de Juchitán, Vicente envía a su nieto, Diego, a buscarme en la Casa de la Cultura. Como agradecimiento por sus fotos me regala una pila de totopos frescos (tostadas de maíz tradicionales de Juchitán) y un trozo de queso seco (tipo parmesano) para el viaje de regreso a casa. ¡Es un hombre con corazón de oro!

Vicente ha perdido a tres de sus hermanas durante el último año. Todas tenían más de ochenta años. A medida que se acerca a los noventa años, todavía está muy alerta y lleno de vida. Pero sabe que el reloj está corriendo. Por suerte, es un maestro relojero y sabe muy bien cómo lidiar con el tiempo. Podría estar con nosotros por muchos años todavía. Eso espero.

Mundo Nuestro. En este cierre del año presentamos algunas de las crónicas destacadas a lo largo de los meses de este 2016. Aquí el mes de diciembre.

Cultivos tradicionales entorno a la Gran Pirámide de Cholula



Por Julio Glockner Rossains

Cultivos tradicionales entorno a la Gran Pirámide de Cholula

El corregidor Gabriel Rojas, que según René Acuña hablaba bien el náhuatl, escribió en 1581 la Relación Geográfica de Cholula. En ella describe muy brevemente una ciudad que antes de la conquista calculaba estar habitada por 40 mil habitantes, pero después de dos epidemias de peste redujo su población a 9 mil habitantes. Describe un clima templado con fríos y calores soportables en invierno y verano y una tierra que produce una buena diversidad de flores como clavellinas, lirios y azucenas. Habla de las lluvias y los vientos saludables del norte y el este y de las que son algo dañosas que provienen del sur, con vientos fuertes en febrero, como todos sabemos. Menciona la existencia del río Atoyac y de pequeños arroyos y dice que la ciudad se abastece de agua mediante pozos que han sido cavados por todas partes. “Es tierra abundosa de mantenimientos y frutos –dice- y falta de pastos y montes, por ser poca tierra y estar toda cultivada de sementaras [que en su lengua llaman milpa] y nopales, en que se coge la grana”.



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La guerra de odio y persecución contra los emigrantes japoneses en América. Mirarnos en ese espejo

Por Sergio Hernández Galindo

La guerra de odio y persecución contra los emigrantes japoneses en América. Mirarnos en ese espejo

Para los millones de mexicanos y musulmanes que residen en Estados Unidos

En la tarde del 7 de diciembre de 1941 por todo el continente americano ya se había esparcido como reguero de pólvora la noticia del ataque de la armada japonesa a la base naval norteamericana de Pearl Harbor. En los Estados Unidos, en México y en otros países donde residían gran número de emigrantes japoneses y sus familias se comenzó a vivir un periodo de gran incertidumbre, miedo y angustia.

-“¿Qué será de nosotros? ¿Se nos deportará? ¿Se nos encarcelará?” Fueron las primeras preguntas que las familias de los emigrantes se hicieron.

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Standing Rock: La mayor movilización indígena en EE UU en más de un siglo
Revista Sin Permiso

Por Silvia Arana, periodista argentina residente en Quito, Ecuador, colaboradora de la agencia de noticias Alainet.

Standing Rock, en el estado de Dakota del Norte, forma parte de la Reservación Sioux, como se llama comúnmente a los pueblos originarios dakota, lakota y otras tribus de las praderas. El río Missouri, fuente de agua potable de unos 17 millones de persona

s, atraviesa el territorio, que está bajo jurisdicción de las autoridades indígenas de la Reservación Sioux de Standing Rock según los tratados firmados con el gobierno de EE.UU.

En violación de los tratados y en contra de la voluntad de los sioux, la corporación petrolera Energy Transfer Partners está construyendo un oleoducto que destruiría el sitio sagrado y cementerio indígena de Standing Rock y cuyo tramo subterráneo pasaría por debajo del lecho del río Missouri. El proyecto es una inversión de 3.800 millones de dólares, financiado por Goldman Sachs, Bank of America, HSBC, UBS, Wells Fargo y otros grandes bancos. Tiene una extensión de 1880 km, va desde los yacimientos de petróleo de Bakken en Dakota del Norte, pasando por Dakota del Sur, Iowa hasta llegar a Illinois.

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Comer para entender de dónde venimos

Comer para entender de dónde venimos

Pero qué rutas descubro con el libro de Lilia: las que me abren mis ojos, mis oídos, mis manos. Y no he abierto aun las que deslumbran desde el olfato. Ni las que se derraman en el gusto, el más ciego e inquisidor de los sentidos.

Todos los sentidos entonces expuestos…

Estamos en Pueblo Nuevo. Mis ojos de niño siguen las manos de la mujer de Ausencio. He dejado de mirar todo: ya no veo la olla enorme en el que regurgita el mole, ni la pala con la que no lo deja de menear la más robusta de sus hijas, a tono ella con las tres redondas piedras del Atoyac en las que descansa el barro de La Luz y entre las que se queman trozos de madera que uno de sus hijos ha traído de algún embalaje de la fábrica El Patriotismo, al otro lado del río.

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Mundo Nuestro. En este cierre del año presentamos algunas de las crónicas destacadas a lo largo de los meses de este 2016. Aquí el mes de noviembre.

En busca del señor Jenkins: para entender el poder oligarca en Puebla

Por Sergio Mastretta



En busca del señor Jenkins: para entender el poder oligarca en Puebla

En busca de nuestra propia historia, una que deje de mirarnos a retazos y nos contemple enteros, que se atreva a mirar de largo un siglo. Me pregunto si es posible hacerlo a partir de la vida del hombre cuya existencia mejor explica esta oligarquía que ha gobernado a saltos, sí, asaltos, de gobernadores desde hace más de ochenta años en Puebla, pero que no hemos aprendido a ver sino a retazos de una gran pieza de tela ajada que nadie reconoce como propia.



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Una tragedia norteamericana

Por Héctor Aguilar Camín

Una tragedia norteamericana

Apenas puedo imaginar las consecuencias de la presidencia de Donald Trump. No veo frente a nosotros sino una sacudida catastrófica de todos los supuestos en que se finca la democracia americana y su relación con el mundo.

Para México, el riesgo es inminente y directo, pues ha sido una pieza capital en las amenazas de Trump.

Pero México será solo un episodio en la oleada global de incertidumbre y desconfianza. El efecto en los mercados es ya impresionantemente negativo en la noche misma de la elección. Su efecto en las redes del poder mundial no puede imaginarse con exactitud, pero puede anticiparse como del más alto riesgo.

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Retrato de un político de última generación

Por Verónica Mastretta

Retrato de un político de última generación

Lo que abajo transcribo es el retrato de un político de última generación en su arranque hacia las alturas del poder. Un político descrito como alguien que pretende transmitir una actitud extraordinaria: la de un hombre que aun siendo un caudillo envía el mensaje insólito de ser alguien capaz de negar, desde el origen, los derechos a su caudillaje, lo cual es como ver a un león sacándose los dientes y arrancándose las uñas.

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Un rebozo amarrado a la cintura:crónica de una ilusión por Margarita

Por

Un rebozo amarrado a la cintura:crónica de una ilusión por Margarita

Si Donald Trump ganó la presidencia de Estados Unidos para el 2017, si a Bob Dylan le otorgaron el Premio Nobel de Literatura y Javier Duarte pudo dejar a Veracruz en la ruina, ante la vista de tantos que ahora se ostentan ofensivamente ciegos, entonces ya todo es posible en el mundo; también en este nuestro México, mágico, surrealista que le ha dejado redondos los ojos a quienes los tienen rasgados.

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De las matemáticas en la Zapata a la alarma por la BUAP ante el recorte del presupuesto

De las matemáticas en la Zapata a la alarma por la BUAP ante el recorte del presupuesto

Dos noticias contrastantes y que dan idea de un país con la brújula perdida:

La primera: De las matemáticas en la prepa Zapata. Enrique Aguilar Méndez y Gustavo Coronel Corte (#orgullozapata), estudiantes de la preparatoria Zapata –la mejor del estado en las mediciones de los últimos cinco años-- obtienen la medalla de oro y bronce respectivamente en la Olimpiada Mexicana de Matemáticas realizada a principios de noviembre en Acapulco.

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El cambio del Nevado de Toluca, un error histórico

Por Alicia Mastretta Yanez

No podemos arriesgarnos a perder los bosques del Nevado. Protegen a los pueblos pendiente abajo de deslaves y abastecen de agua a Toluca y la Ciudad de México. Además, su biodiversidad es la de una isla en el cielo que ha subsistido a través de erupciones volcánicas y cambios climáticos.

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