Sociedad

Las matanzas van en un hilo: en un campo de futbol de Huejotzingo, a la vista de jugadores y público, un comando asesina a dos personas al mediodía del domingo; muy cerca, en San Pedro Tlaltenango, un pueblo trepado en una loma atrás de la acerera ex HYLSA, huachicoleros se agarran a balazos y cuatro quedan muertos a media calle de esa antigua comunidad prehispánica, y hoy, en una carrera infernal, un comando mata a cuatro personas en una clínica de Chachapa, y en la huida por la autopista a Orizaba matan a dos más.
Qué exitosa la muerte en Puebla.
Doce muertes para alumbrar esta semana de Muertos. Poco ayuda preguntar cómo caímos en esta barbarie, pero es un hecho que mucho de lo que ocurre está fundado en el desmantelamiento del aparato de procuración de justicia que ha dejado indefensa a la sociedad poblana contra el desenfreno del crimen organizado y la violencia gansteril.
¿Con qué cara la señora Martha Érika pedirá el voto para convertirse en gobernadora? ¿Moreno Valle se asomará a las tres de la mañana a los encabezados de la prensa para ver qué se dice de él por estos territorios de sangre y mantas blancas sobre los cuerpos tendidos en el pasto, en el pavimento, en el pasillo de una clínica?
Por eso bien hacemos al respaldar la crítica de Juan Carlos Canales que señala el fracaso del Estado al enfrentar la violencia en Puebla por la marcada impunidad y corrupción que prevalecen en las instituciones de seguridad pública. Y es incuestionable su reclamo a Tony Gali, quien ha amenazado con sancionar a los grupos civiles y universidades privadas que critican pero "no dan cursos para prevenir los delitos..."
Es lo menos que puede uno hacer, levantar la voz y cuestionar: pero qué cara dura de estos servidores públicos, como les gusta recordarnos que lo son en sus discursos vacíos.

Vida y milagros

No sabemos qué efectos causará en el cerebro humano el montón de estímulos e información que recibe constantemente y que apenas hace un siglo eran impensables. Para la historia del cerebro humano cien años no son nada. No sé si fuimos diseñados para recibir el universo entero cada día. ¿Qué fortalece nuestro cerebro y qué lo daña? ¿Funciona más y mejor nuestro cerebro que hace cien años? ¿El cerebro de una persona informada está empleado a fondo como el cerebro del escritor, científico y poeta Goethe, que en su casa no solo tenía, sino comprendía y dominaba todas las tecnologías disponibles al principio del siglo XIX? ¿En lo individual sabemos más que él dos siglos después? ¿Razonamos mejor, somos más hábiles para sobrevivir en medio del alud de información?



He tenido que pasar casi un mes sin salir en la quietud de un cuarto, mientras el cuerpo trabaja en regresar a su lugar un disco columnar. Ahora sí, como dice el clásico, he tenido que serenar la mente voluntariamente a fuerza. He ido dejando lejos la tiranía del ruido que todo lo invade en la vía pública , saliendo de las turbinas de un avión que cruza el cielo, del claxon de corneta de un camión, del motor de una moto, de las bocinas de las farmacias a donde uno va en busca de un remedio. Todo el espacio público está regido por el ruido. Los mercados, el súper, las salas de espera de los hospitales, los colegios, las iglesias. Ya ni de las iglesias puede uno esperar cierta cordura, ya llaman a misa con bocinas que imitan con pésima calidad pero altos decibeles el sonido de las campanas. En general las ciudades se han vuelto escandalosas y nuestras vidas cotidianas se han ido acostumbrando a ese tremor, aceptándolo como definitivo.

El otro tremor es que de todo lo grave o considerado importante que sucede en el mundo, nos enteramos casi en tiempo real.

--¡Qué bueno que ya no oigo bien! --decía mi padre--, para lo que hay que oír.

Eso decía pero no dejaba un solo rincón del Excélsior sin leer, ni ningún edicto ni esquela de El Sol de Puebla sin revisar. Todo devoraban sus ojos y oían sus oídos curiosos en el radio y la tele del siglo XX. Era un adicto muy serio a la información, pero ni en sueños se imaginó que llegaríamos a tener el teléfono en la bolsa y el mundo entero en él. Desde ahí nos siguen no solo nuestros lazos amistosos y familiares, sino todos los fenómenos públicos del país y del mundo. Difícil sustraerse a ellos, pero enfermizo vivir pendientes de ellos. Vivimos llenos de información inútil, pero no nos conocemos a nosotros mismos. Ya poco usamos y ponemos a prueba las potencias del alma, las llamadas memoria, entendimiento y voluntad.



Bioinformatics. Ilustración de Ticatla, 2013.

Tenemos derecho a que no nos perturben de tiempo completo los sucesos del mundo, pero no lo ejercemos. Horror. De verdad. Tenemos colonizado por completo el disco duro del cerebro. Ya no dejamos lugar para guardar la memoria de un cielo de octubre, o la luz tímida de una luna menguante, o el brillo deslumbrante de la llena. Ya no hay lugar para guardar los sonidos admirables de una casa, esos que solo se oyen cuando nos quedamos a solas. Las casas no son silenciosas del todo. Tienen sus propios ruidos, sus horarios, sus propios quejidos, su lenguaje secreto. Solo hay que darse el tiempo de escucharlas. Descubrimos qué ruido produce una rama que roza un cristal, o cómo rechina una puerta aunque sea idéntica a la otra. Cómo suenan las pisadas de un niño que llega, o de un perrito. Tic, tic, tic, tic. Esa es la perrita vieja. Tacatan tacatán tacatán tan tan... esa es la joven. A las seis de la tarde, en medio de una última escandalera, se retiran a dormir los gorriones. Puedo oír los ruidos de la casa porque he dejado fuera al mundo estrepitoso por un rato. Y todas sus noticias.

Las noticias del mundo. De repente me asomo y meto la cabeza de nuevo del puro espanto. En particular las de los díscolos partidos. Qué pesados están todos. Ni a cuál irle de mal portados, gastalones y groseros. Qué barbaridad. Que feos son y qué mal se llevan. Tendrían que castigarlos como nos castigaba mi mamá de niños cuando nos daba por pelear entre hermanos. Nos sentaba frente a frente a los peleoneros un buen rato y nos dejaba pensando. Nada de hablar ni de volver a las manos porque nos recetaba otra media hora de muda contemplación. Hasta que acababas viendo al enemigo como amigo y cómplice, hasta que regresara la concordia y la risa.

--Si son hermanos, no villanos -nos decía--. Están groseros por no gastar energía y por estar viendo tanta televisión, por estar de ociosos. ¿Tanta televisión? Si solo nos dejaban verla los viernes y sábados y un ratito el domingo.

--Tanta televisión hace daño. Váyanse a hacer algo de provecho o pónganse a jugar. Ordenen sus cajones.

Los partidos están de ociosos porque son unos mantenidos. Sí. Unos mantenidos.

Trabajar para ganarse el sustento, eso es lo que tendrían que hacer los partidos. Y ordenar por completo sus cajones de ideas. Pensar menos en la televisión y en andar de lucidos y en hacer algo de provecho, como por ejemplo mantenerse a sí mismos. Imposible. Ni a cuál irle. Ya son tan parecidos que mejor debería haber elecciones por sorteo. El resultado sería muy parecido a lo que seguramente quedará después del mentidero de promesas incumplibles de parte de todos.

Estoy pensando en el Clan del Oso Cavernario. Hace 30 mil años nadie sabía si un tigre dientes de sable o un mamut era el que había dado cuenta final del jefe de un clan. No había periodistas cavernarios. No se sabía de cuál papá eran los hijos, solo que todos eran de la misma tribu. Si había eventos catastróficos, solo te enterabas si te pasaba a tí. No había países. No creo que existieran las lágrimas sentimentales. ¿Cuándo se empezaría a llorar de una emoción? La historia de las lágrimas... no había pensado en eso. Nadie supo nunca cuándo es que se extinguió el mamut. Ni que hubo dinosaurios. Sabían solo lo útil y necesario para sobrevivir, y ese conocimiento era muchísimo. Y hubo quien se hizo un hueco para mirar la belleza del mundo para luego plasmarlo en la pared de una cueva con líneas sencillas, audaces y elegantes. Hoy, si se murieran todos y solo quedaran dos adultos y algunos niños, seguramente regresaríamos a la edad anterior a la edad de las cavernas, a bien morir de manera inmediata. Los que vivimos en las ciudades no sabemos nada, no controlamos nada. Dependemos de todo. Solo sabemos puras ociosidades.

Escribir es una ociosidad y hace tres semanas que no escribo porque estoy de ociosa. El círculo vicioso o virtuoso perfecto.

Hace mucho bien eliminar el universo entero por un rato, vivir por unos días una orgía de silencio. Al final es todo lo que nos quedará. Nuestro silencio y su universo entero.

Contla, el arte de lo posible para imaginar imposibles.

Según pasa la vida, uno se entera que no encuentra lo que busca, sino lo que debe encontrar. Por ejemplo, que Contla tendrá su asamblea de coordinación con todas las instancias civiles que le han apoyado este viernes 27 de octubre a las 10 horas.

Vine a Axochiapan, al suroriente de Morelos porque se dice que fue el epicentro del sismo. Pero en el Santuario del Padre Jesús, lugar donde se desplomó la bóveda y murió la única víctima del 19 de septiembre, doña Leonora A., de 91 años, me dijeron: no, aquí lo tuvimos muy cerca, pero en realidad ocurrió como a 12 kilómetros. Fue en Contla donde tronó el sismo, ahí sí que se cayeron las casas. A tres kilómetros de Axochiapan está una comunidad de nombre sugestivo: Quebrantadero. De ahí sale la brecha hacia Contla, en el estado vecino de Puebla. «Sube o baja según se va o se viene. Para el que va, sube; para el que viene, baja».

“Yo estaba en el campo, haciendo la labor para preparar la cosecha, de repente sentí que me empujaban hacia arriba, algunos dicen que se escuchó un ruido terrible, como que venía de debajo de la tierra. Los árboles se mecían y se empezó a levantar una gran polvareda justo donde se encuentra el pueblo. Me embargó una gran tristeza. Ahora sí, se acabó todo”; dice don Juan N., vecino de Contla.



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“Fue una gran nube polvorienta porque se rajó la Cantera, este cerrito que nos cobija, y que tiene adentro un gran depósito de yeso. Y sí se cayeron y dañaron muchas casas, pero no tuvimos un solo muerto o herido, alcanzamos a salir de las casas, incluso un grupo de señoras que estaba escuchando una plática sobre sismos en la Inspectoría y que se derrumbó, pudo salir corriendo” comenta Indira Pérez. En Puebla, la autoridad civil y su casa en las comunidades se llama así, Inspectoría.

En 2014 los habitantes de Contla cooperaron en el documental Los Jinetes del Tiempo sobre la cabalgata que realiza el Grupo Actoral de la Revolución del Sur, compañía de teatro campesino en la vecina comunidad de Quebrantadero, Morelos. Año con año recrean la histórica cabalgata del General hacia la ciudad de México en 1915, cuando los ejércitos campesinos de la Convención de Aguascalientes llevaban las de ganar. Cuando cundió la noticia de los daños en Contla por la fuerza del sismo, Los Jinetes del Tiempo se presentaron y levantaron una Inspectoría con varas de Otate de un día para otro y que ahora se distingue por su bella simetría y sus tonos café verdosos entre los escombros de las casas derruidas. La autoridad, el señor Inspector, recuperaba su lugar, indispensable para afrontar el desastre. Luego se regresaron a Quebrantadero para instalar un centro de acopio a fin de abastecerlos.



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Fue el inicio de un huracán benéfico de ayudas. Vecinos de los pueblos, universidades públicas y privadas de la ciudad de México, de Morelos y Puebla, empresarios, grupos religiosos, hicieron su cabalgata de solidaridad. “La Iberoamericana, la Universidad Nacional, Chapingo, El Tecnológico de Monterrey, La de Morelos y Puebla, todas han estado aquí”.

Hacia los niveles de gobierno distinguen entre la acción de la Gubernatura y la falta de información y de presencia en el lugar del Municipio de pertenencia, el de Teotlalco, Puebla. Llegó Protección Civil, hizo sus estimaciones, pero no ha regresado ni enviado información. Saben que hay Juntas del Centro de Mando del gobierno del Estado donde la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL) y de la Secretaría de Desarrollo Agrario, territorial y Urbano (SEDATU) informan de sus labores para crear el censo y los padrones de damnificados y beneficiarios. Y que hay fecha para el término del censo a nivel estatal, a fin de este mes, y que van a iniciar la entrega de tarjetas personales, no saben de cierto las cantidades que se darán para reparar o para demoler y reconstruir. Pero la presidencia municipal de Teotlalco brilla hasta el momento por su ausencia.

En un espacio deportivo ahora habilitado como centro de acopio, lugar de reunión e intercambio, destaca la cocina comunal. “Luego nos traen comida los pueblos vecinos, pero aquí siempre hay trabajo, sea para servir o para recalentar”. Las señoras con frecuencia son las primeras en reaccionar, organizarse y pasar a la acción. Establecieron un calendario para distribuirse las faenas, dieron prioridades para las donaciones, por ejemplo, el abasto de tanques de gas, el cuidado de lo perecedero. Se estaba sirviendo un pozole con pollo y todos sus ingredientes de rigor, acompañados por tostadas gigantes de frijol refrito con queso. En una banqueta jóvenes brigadistas con sus chalecos y cascos a un lado descansan en esta tarde con sol cantando canciones rancheras.

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Indira Pérez es una joven encargada de una de tantas comisiones de un pueblo que se abre paso en este tiempo insólito donde se encadenan las asambleas que informan y que deciden. Terminó la carrera como Técnica Superior en Administración en la Universidad Tecnológica de Izúcar de Matamoros. Y mientras comemos el sabroso pozole va señalando la ruta del orden propio que ya se trazaron, una vez realizadas las tareas urgentes del rescate y la sobrevivencia como familias y pueblo. Ahora se vuelcan hacia las prioridades de la reconstrucción según su propio querer y pensar, en diálogo con los que si están: las redes sociales y civiles, sus muy diversas organizaciones, las universidades y los empresarios. Al gobierno también lo esperan, ya tratarán con él cuando se de su tiempo. El pueblo ya tiene lo principal, sus prioridades.

Primero, que esa reconstrucción conserve la belleza del lugar y sus tradiciones de habitar. Luego que se levanten casas seguras, no vulnerables a la condición sísmica del terruño. “Nos dicen, les mandamos cemento, les mandamos varillas, y si, muchas gracias, pero necesitamos otras cosas.” Deben tener mucho cuidado después de las experiencias con los temblores, y las grandes losas de cemento no les inspiran confianza aquí en lo que fue el corazón del epicentro. Por ejemplo, les interesa probar con técnicas y materiales alternativos de construcción, tal vez las pacas de avena y arroz que luego se recubren de lodo o adobe. O las mezclas de tierra, cal y un poco de cemento que se vierten en bolsas o costales y se cohesionan con alambre de púas. O el uso de placas de micro concreto, ligero y térmico.

Quieren también que haya un orden en las entregas, pues luego resulta que se concentran sólo en algunas personas los beneficios, y no por mala voluntad, sino por falta de información y organización. También que se les dé prioridad a las mujeres solas, a los adultos mayores y a las familias con niños. Quieren tener certidumbres sobre la naturaleza de los suelos y de las peñas que rodean al pueblo. Quisieran impulsar una iniciativa de “apadrinamientos” donde asociaciones, sindicatos, empresas, organizaciones religiosas o universidades se hagan cargo de una o varias casas, ya sea para la compra y la elaboración de materiales adecuados, alguna mano de obra especializada o de apoyo a cabezas de familia exigidos por el levantamiento de las cosechas, o que se encarguen de iniciar y terminar una casa para los más desvalidos.

En esta fase de la reconstrucción les piden a las universidades que les apoyen con el conocimiento especializado en técnicas y materiales alternativos de construcción. Es la hora de geólogos, topógrafos, ingenieros y arquitectos, especialistas en energías solares, en cuidados ambientales. El orden interno que están procurando tiene que organizar las ayudas de universidades, de los pueblos vecinos, de gobiernos y de empresas, no al revés como está ocurriendo mayoritariamente en el centro – sur del país. Ese orden interno les dice que van a reconstruir su pueblo en respeto a su antigua belleza. Y esa tal vez sea la muy importante aportación de Contla, su arte de lo posible cuando ese posible se redujo a los deseos de los poderosos, donde aprenden que pueden lo que hacen, y que en el interior de ese hacer se va gestando hasta empezar a latir, lo imposible unas horas antes. La utopía a la mano de la gente común.

Para ese asunto vital a la hora de la reconstrucción, Contla les pide a todos los interesados en colaborar con ellos y sus planes, a acudir al pueblo este viernes 27 de octubre a las 10 de la mañana.

Miércoles 18 a mediodía, atorado en el tráfico por un plantón de piperos en Atlicáyotl. Tiempo para perderlo en la reflexión sobre nuestra realidad absurda. Y en la visión del alcance colectivo que tiene ya la criminalidad en Puebla.

Los piperos han aprisionado la avenida enojados porque entre el huachicol que les roba sus tanques y la burocracia gubernamental que no devuelve los que logra recuperar la fuerza pública, su economía se ha ido a pique. Aquí estoy, con tiempo de apuntar en la libreta mis preocupaciones de reportero. ¿De qué me vale venir del encuentro entre el precandidato Enrique Cárdenas con estudiantes y académicos de la Ibero Puebla? ¿Irá a cambiar la posibilidad de una mejor política la realidad de violencia que a la vista de todos ha colapsado las condiciones mínimas de seguridad por las que se puede hablar de sociedad?

Mañana es 19 y cumpliremos un mes del quiebre de la tierra, las casas, las escuelas, las iglesias. ¿Habrá tiempo para reflexionar en lo que esta catástrofe dejará para la vida de cada uno de nosotros? ¿O será ya un pasado al que nuevos acontecimientos que colman cabezales digitales en diarios y noticieros dejarán en el olvido? Ahora mismo en el radio el Z-55 alias el Cacarizo se lleva las ocho columnas tras su muerte a manos de la Marina. Así que el Cacarizo fue ajusticiado. Y hace unas semanas el Buchanans y el Cachetes y el Toñín eran los nombres que por ahora están fuera de la mira de redacciones y operativos y fiscalías.

Son demasiados acontecimientos para asimilarlos de un golpe. Pero en el atorón tengo tiempo de anotar algo en mi libreta: Pareciera que el terremoto del 19 de septiembre no hubiera quebrado la vida de miles de personas, y que la memoria del temblor fuera un mal corte que merece perderse de nuevo en el ruido de las voces y la música de las estaciones de radio comercial.



Pero el tráfico es terrible, así que logro sumar al análisis tres eventos de las últimas horas:

La Marina mató en la madrugada del martes al Cacarizo, un Z-55 que controlaba la región de Cañada Morelos, la planicie por la que como en una película de vaqueros las turbas asaltan los trenes que suben desde Maltrata y que paran con barricadas en las vías, con mujeres y niños por delante y con la conciencia de que la fuerza pública tardará lo suficiente para permitir el mercadeo. Al Cacarizo ya lo habían detenido en mayo de 2016 con las manos en la masa de un cargamento de 13 motocicletas que había robado de un trailer, pero, como siempre dicen las notas policíacas, "inexplicablemente la Fiscalía lo dejó ir", por lo que con una tal Oliva N., alias La Güera --hoy en fuga-- se dio tiempo de organizar los asaltos masivos a los trenes rigurosamente vigilados por una policía especializada en llegar siempre veinte minutos después de que la turba arreara con refrigeradores, estufas y cuanto trajeran estibados los furgones. Leo la nota en e-consulta:

“El Cacarizo” y tres de los integrantes de su banda fueron abatidos la madrugada de este martes, durante un operativo conjunto entre la Policía Estatal y la Marina Armada de México en la comunidad de Tezuapan. De acuerdo con datos proporcionados a Municipios Puebla, el “Z-55” dejaba que la gente cargara sus vehículos con la mercancía robadas del tren a cambio de una cuota. Luego su grupo de seguridad cuidaba la salida de los “clientes” para que no fueran asaltados. Llenar la batea de una camioneta pequeña costaba 2 mil pesos, entre 5 mil y 8 mil pesos por una de tonelada y media, mientras que por cargar una de 3.5 toneladas se debían pagar entre 10 mil y 18 mil pesos. Es así como la gente se llevaba granos, vino, licor, polietileno, electrodomésticos y todo lo que pudiera ser sacado de los vagones de Ferrosur, Ferromex y Kansas City Southern de México.”



Y otra nota más: en Chiautla, en el paraje “Los Zapotes” en el cerro del Titilintzi, encuentran a un ejecutado con el anuncio en lo que quedó de su cabeza un cartel que ponen sobre sus restos descuartizados nombres a los siguientes ejecutados:

“Estos son los siguientes los roba vacas y los roba carros y venta de drogas; Águila, Gallina, Diablo, Pulga y otros más. Empezó la limpia, y otros más”.

Y de remate, en Texmelucan, ahora mismo que estoy en el atorón de los piperos, un grupo agarra a plomazos las oficinas de Antorcha Campesina. Reviso la información, y sólo encuentro que se repite un boletín dado a conocer por la organización política. El tema viene de lejos: la disputa por el control del tianguis de San Martín, con unos tales Manuel Valencia y Martín Gallo, los caciques del lugar contra los que Antorcha empieza a moverles el tapete.

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No se deshace fácilmente el atorón de los piperos en la Atlixcáyotl. Tengo tiempo de otra anotación en la libreta:

Lo que ahora confirmo es que de lo que ocurre a lo que nos dicen que ocurre siempre habrá un abismo insondable. ¿El Cacarizo murió en un enfrentamiento o lo ejecutó la Marina? ¿Al descuartizado de Chiautla lo torturó y mató un grupo rival que llega a tomar la plaza? ¿Chiautla es una plaza? ¿De quién? ¿Cuántos muertos llevan encontrados así en parajes desiertos? Y Texmelucan: ¿alguien tiene una idea de lo que se disputa en ese tianguis?, ¿quiénes son estos Valencias, Gallos y Antorchos en guerra por el control del comercio informal más grande del país? Y ya en esas, ¿por qué de la nada se levanta un edificio de cien metros de altura a la entrada de Cerámica Santa Julia?

Anoto algo más en la libreta:

Por la mañana asisto a la presentación de Enrique Cárdenas en la Ibero Puebla con una audiencia académica y estudiantil que lo acoge bien. Más tarde me encontraré con Alonso Aco, también postulado a la candidatura de Morena al gobierno de Puebla, sometido ahora a la presión de un crimen en el corazón de la sierra de Puebla, con la organización Antorcha acusándolo de ser el autor intelectual del asesinato del alcalde de Huitzilan Manuel Hernández Pasión. Entre los dos personajes, un plantón de piperos en Atilxcáyotl y el asedio de los sucesos ligados al crimen organizado como materia del día a día de unos medios de comunicación que no son más que asentadero del caos y la rebatinga por la audiencia, como si no mereciéramos más que escenas partidas de una película de vaqueros en la resequedad del desierto mixteco a la que no tiene caso encontrarle sentido.

Pero no es una película. Es la vida nuestra, sometida en sus noticias por los muertos. Por la realidad de la escala colectiva que ha alcanzado en Puebla la criminalidad.

Mundo Nuestro. La tragedia que dejó el terremoto en México trajo en sus aparejos una realidad que no fácilmente veíamos antes: la existencia de una dinámica social de transformación que sin mayor ruido construye un mejor país.

Es la sociedad civil organizada en un compleja trama de personas y grupos en todos los ámbitos profesionales y productivos que no ha esperado indicación alguna de las instituciones públicas y de los grupos tradicionales de poder --gobiernos, partidos, empresas, medios de comunicación, iglesias, etc-- y responde con inteligencia y sensibilidad a los brutales retos de reconstrucción material y moral que han brotado de la catástrofe.

Un ejemplo certero es esta iniciativa que ya se lleva adelante en la región de Chietla, y que encabeza un grupo de arquitectos e ingenieros decididos a participar en la reconstrucción de la Mixteca desde las condiciones históricas y culturales de ese entrañable mundo rural, y que aquí presentamos. Da una idea también de la importancia que adquieren las universidades y sus cuerpos académicos en la generación de dinámicas públicas de transformación social.





Reconstruyendo viviendas, recordando tradiciones,

reforzando identidad.

Proyecto de construcción de hogares ecológicos con materiales propios de la región para familias.

Lugar del Proyecto:

• En un inicio: La Soledad, Ahuehuetzingo y Buenavista Municipio Chietla, Puebla).


• En un futuro: posibilidad de replicar este modelo en toda la Mixteca.

¿Cómo surge?


Esta iniciativa surge a raíz del sismo del 19 de septiembre que vivimos en México. Da inicio cuando un grupo de voluntarios (arquitectos e ingenieros especializados en sustentabilidad, así como habitantes de la región) coincide en los caminos de la Mixteca; se encuentran con la necesidad de desarrollar un
proyecto que proporcione un hogar adecuado a todas las familias afectadas por el sismo. Para ello fue necesario hacer una investigación exhaustiva del lugar,
la cual consistió en: permanecer en el municipio por más de dos semanas, conocer las necesidades especiIicas de los habitantes, entender su contexto,
conocer los materiales que ocupan para sus viviendas y su forma de vida.

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Objetivo del proyecto:

Este proyecto tiene como objetivo la reconstrucción del tejido social, económico y cultural de la región Mixteca, mediante acciones que promuevan la reincorporación con la cultura, tradiciones y materiales originarios de la zona parcialmente rezagados. Específicamente, por medio de la construcción de viviendas para pobladores, en un inicio, de las comunidades que forman parte del municipio de Chietla como: La Soledad, Buenavista y Ahuehuetzingo. Lo anterior, con el fin a mediano y largo plazo de hacer este modelo replicable en toda la región. Actualmente, está destinado a familias que hayan perdido su hogar total o parcialmente durante el sismo, que presenten espacio en su terreno para la construcción, que cuenten con solares con traspatio y que estén dispuestas a la colaboración permanente durante la construcción. Las especificaciones, con el fin de hacer a los pobladores participes de la labor, recordándoles los detalles constructivos que ya de por si conocen, para que en un futuro puedan replicar esta labor en sus propias casas o incluso con otros habitantes de la región.

Posterior al estudio de la población y de los inmuebles de la región, se llega a la resolución de diseñar casas de adobe, puesto que es un material de la región ecológico, que se ha perdido con el tiempo. Por otro lado, se encontró el promedio de área superficial disponible para la construcción, estandarizando las viviendas a 4.5mx 6.5m. Aunado a esta habitación, los hogares contarán con una estufa ahorradora de leña, la cual es una propuesta de mejora a las estufas de leña que los pobladores utilizan en la región, además de un baño seco con lavadero y bio-filtro para riego de frutales.

Se debe resaltar que la producción de adobe se llevará a cabo en la comunidad, reincorporando el trabajo de los productores del material a la sociedad y economía local.

Como parte del equipo del proyecto contamos con un arquitecto especializado en construcción con adobe, así como otros arquitectos e ingenieros que garantizan la permanencia de las viviendas durante una larga vida.

Modelo de casa


• Materiales:


✦ Adobe de la región (el cual será producido por un productor de la región).


✦ Ocotate de la región (se recordará a los pobladores cuales utilizaban en el pasado).


✦ Varas de Coatecomete y madera.


• Tamaño: 4.5 m x 6.5 m.


• Cocina ahorradora de leña (Propuesta de mejora que utiliza menor cantidad de leña y no es agresiva al contacto con los ojos).


• Baño seco con lavadero y biofiltro (para riego de frutales).

Alcance social y cultural:

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Como objetivo paralelo al proyecto se encuentra el rescate y empoderamiento de la Mixteca poblana. A mediano y largo plazo, se considera el tomar en cuenta a la Mixteca como un lugar mágico en nuestro país. Apreciando los hermosos paisajes, clima y riquezas con las que cuenta. Para ello, debemos hacer campañas de concientización en la sociedad para apreciar y ser participes en el cuidado y restauración de su región. Rescatando costumbres, danzas,
trajes y leguas que se han perdido durante los últimos años.

Planos de las viviendas

Plano corte por fachada:

Información sobre las familias que se beneficiarán:

Las familias a las que se apoyará en esta iniciativa han sido previamente contactadas y visitadas por miembros del equipo del proyecto. Como lo mencionamos anteriormente cumplen con los siguientes requisitos:

  • Residentes con daños totales o parciales en sus viviendas propiciadas de pequeñas comunidades aledañas al municipio de Chietla (Buenavista, Ahuehuetzingo, La Soledad).
  • Cuentan con viviendas de pequeñas dimensiones en solares con traspatio (generalmente con frutales y animales).
  • Su terreno tiene el área superficial disponible para la construcción.
  • Han visto el proyecto y están de acuerdo con la construcción y los materiales que se utilizarán.
  • Están dispuestos a la colaboración permanente de por lo menos un miembro de cada familia durante el proceso de la construcción.

Familia 1: Juan Bolaños Atempa (4 habitantes).

Familia 2: María Teresa Galindo Balbuena (6 habitantes).

Familia 3: Agripina Bautista Ramírez (3 habitantes).

Familia 4: Leonardo Romero (5 habitantes).

Familia 5: Lucio del León Bautista (2 habitantes).

Familia 6: Benito Correa Vázquez (5 habitantes).

Familia 7: Leonor Arconedo (5 habitantes).

Inversión por vivienda: $56,201.00 MN

Donaciones

Donaciones en efectivo:

*Todo de que salga de la cuenta será comprobada fiscalmente.

-Cada donador recibirá información y evidencias de las construcciones además de un reconocimiento de agradecimiento por su aportación.

-La construcción será grabada y documentada.


Listado de herramientas necesarias para la construcción:


• Plomo cobre
• Maceta 12 libras
• Azadón
• Pico con azadón
• Martillo
• Pinzas para electricista
• Cucharón 9”
• Nivel de plástico 24"
• Carrete de hilo
• Pala recta
• Alambre galvanizado 16 de 60 metros
• Serrucho
• Pisón
• Taladro inalámbrico
• Accesorio de brocas tipo sacabocados
• Barreta
• 25 kgs de clavos de 2, 1/2 " y 4"
• Arneros
• Lamina galvanizada sencilla
• Brocas
• Barreta

Responsables del Proyecto:

Paulina Veana Schiavon


Ing en Desarrollo Desarrollo Sustentable. Tecnológico de Monterrey. Gestión de Proyectos Sociales

Contacto: 2225881335/ Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Federico Barceló

Arquitecto Ecológico. Ibero.

Experto en Permacultura: Granja Tequio. http://www.granjatequio.com.mx/

Contacto: 2221774863/ Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.




Edgar Rodrigo Librado Arias Jiménez

Ibero. Maestría en Gerencia de Proyectos

Contacto: Contacto: 2221774863/ Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Jueves 12 de octubre en la falda sur del Popo. Es la tierra del amaranto antiguo. Aquí el temblor se llevó entre el 70 y el 90 por ciento de las viviendas en sus diecisiete comunidades, todas sus escuelas y sus templos nuevos y viejos. Veintitrés días después mucho puede y debe contarse del esfuerzo de reconstrucción que se hace lejos ya del ruido de la prensa tras el terremoto. Sociedad civil organizada que llega desde la ciudad, oficinas de gobierno reconvertidas en operadoras de contingencias, pobladores que hacen acopio de fuerzas locales, internacionales, religiosas.

¿Qué pesará más en los próximos días? ¿La inercia burocrática natural las instituciones públicas o la conciencia de que la acción de gobierno puede tener sentido? ¿El desapego propio de los civiles frente a la tragedia ajena, un vez que la distancia pesa lo suficiente para convertirse en olvido, o la compasión original que se transforma en acciones orgánicas y sistemáticas de verdadero largo plazo? ¿Y el mundo rural de los pueblos del sur regresará a la parsimonia y aislamiento que identifican su vida cotidiana?



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Santa Cruz Cuautemotitla, Santiago Tochimizolco, San Miguel Tecuanipan. Pueblos antiguos, prehispánicos, y nadie aquí me habla de razas y conquistas. Los maestros no han hecho ceremonia alguna, pues todas las escuelas están cerradas. Los niños hacen cola con sus madres cuando alguna camioneta aparece con ropa y bastimentos. Sus mamás preguntan si de casualidad traen pañales, y entre todas se arrebatan las colchonetas. Los jóvenes demuelen sus casas a golpe de marro y tal vez se pregunten por el sentido de la vida. Los hombres debaten sobre la habilidad del maquinista del trascabo para terminar de desbaratar lo que quedó de una primaria, y eso es mejor que conversar por el bajo precio de la carga de amaranto. Una mujer ha plantado flores de plástico en la tierra y las alinea en macetas para alegrar la caseta de lámina de cartón que por lo pronto sustituye a su vivienda de adobe que los voluntarios han demolido.



El volcán al fondo se esconde a mediodía. "Viene gente de fuera y mejor se esconde", me dice la mujer de las flores. Y sonríe.

Aquí nada se celebra hoy 12 de octubre.

En Santiago Tochimizolco descubro un lienzo colgado en la presidencia auxiliar que de milagro ha sobrevivido al terremoto. Ahí están los pueblos delimitados por los ríos. Y la fecha, 1609. Entenderé que es una copia, que el original lo tienen en resguardo los viejos, pero asumo que la memoria no se pierde ni se achica aunque la tierra reviente en tremores sus discordias geológicas.

Los manantiales segados

Un terremoto tumba iglesias, casas y edificios, desgaja montes, quiebra carreteras, pero poco puede hacer contra los usos y costumbres. En la región de Tochimilco sirve escuchar los nombres de sus pueblos para entender que su historia es originaria, batida ya por las guerras floridas de los aztecas desde su bastión en Huaquechula, y que pasaron por la conquista con el propio Cortés, y por las encomiendas y el control por una lejana Corona, y por las bendiciones y los infiernos desde el convento franciscano que no pudo impedir que estos pueblos cultivaran el amaranto fundamental para los ritos paganos, y por el desprecio histórico de la ciudad criolla a los pueblos indios, y por el concepto de progreso impulsado por un Estado que un siglo después de la revolución y el indigenismo no entiende el mundo rural de los pueblos campesinos: San Lucas Tulcingo, San Martín Zacatempan, Santa Catarina Tepanapa, San Miguel Tecuanipan, San Francisco Huilango, Santacruz Cuautemotitla, San Antonio Alpanocan, La Magdalena Yancuitlalpan. Y nueve o diez comunidades más.

Nada de eso es asunto de un terremoto. A quienes debe importarle entender lo que ocultan los nombres de estos pueblos es a todos aquellos que se acercan con ánimo de auxilio tras una catástrofe. La mayor parte de esos pueblos perdieron en un minuto sus sistemas de agua potable. Sus manantiales. Su enredo de mangueras, por miles, que se descuelgan desde los ameyales y tanques hacia cada una de las casas. Hasta allá llegó el equipo de funcionarios del SOAPAP al día siguiente, pues de todos los municipios afectados por el sismo, Tochimilco perdió además de centenares de casas, completitos, sus abigarrados sistemas de agua potable. Gustavo Gaytán, su director –un abogado queretano con más de treinta años de experiencia operativa en la administración pública--, lo entiende así:

“Es un asunto cultural –dice--. Si no lo ves, fracasas. Está el caso de Tecuanipa, donde se perdió por completo el manantial tapado por rocas y tierra. Es imposible recuperarlo. De inmediato estudiamos la alternativa de un pozo y la encontramos: agua a 200 metros de profundidad, una inversión de 3.5 millones de pesos. La gente se opuso, ¡ellos quieren un manantial!, y mejor quisieron arreglarse con la comunidad de Santa Cruz Cuautemotitla: una vena de su manantial a cambio de permitirles la construcción de un camino por sus terrenos. Ya lo acordaron. Muy bien, ¿y de dónde van a salir los recursos para construir ese camino? Por lo pronto: si no quieren el pozo, pues no tendrán pozo. Y en n Cuilotepec y Tepanapa la población rechazó la construcción de dos líneas nuevas y un tanque. ¡No hay ninguna razón aceptable para su negativa! Ellos dicen que la asamblea rechazó la obra. Como quiera ya se reparó la línea vieja y tienen agua desde el 23 de septiembre. Y en Santa Cruz no quisieron una bomba que tomar el agua del arroyo, porque ahí quieren conservar su mangueras que manejan por grupos de familias, pero sólo lo entiendes cuando escuchas que por lo menos diez personas han muerto desbarrancadas al cruzar las mangueras por las barrancas. Qué hicimos: reparar las manqueras dañadas. Es un asunto cultural. Si no lo entendemos, estamos fritos.”

José Martínez Paz

José Martínez Paz es el presidente del comité de agua potable de Santiago Tochimizolco, y como tal tenía que bajar desde el pueblo al río Atila todos los días a la 1 de la mañana a prender la bomba que desde el manantial conocido como La Fábrica subía el agua 140 metros arriba. Dejó de hacerlo con el terremoto. Ese sistema de agua potable es uno de los que el sismo destruyó al desgajar cientos de toneladas de tierra sobre la tubería que a saltos trepaba por la cañada hasta el pueblo para el consumo de sus 1600 habitantes, y desde hace 40 años. Sobrevivió el manantial, pero el ducto metálico, roto en pedazos, quedó inservible en la barranca.

Para este día 12 de octubre el SOAPAP ha logrado recuperar el sistema. Con el auxilio de 57 hombres que organizó José Martínez Paz metieron en un par de semanas una nueva línea con manguera de polietileno de alta resistencia para sustituir a la averiada, todo con un costo de 395 mil pesos a cargo de los dineros del organismo operador de agua de la ciudad de Puebla. La enterraron en el monte o la colgaron de los peñascos, pero la treparon en línea recta para llevarla hasta el depósito 140 metros más arriba. El proyecto suma otros 295 mil pesos para una línea alterna que llevará el agua a las partes más altas de la comunidad.

José cuenta rápido su historia: “Antes la gente bajaba hasta el río al ameyal de nombre Tecama, ahí venía con sus cántaros y sus burritos; pero se organizaron las familias y construyeron con gobierno en el manantial que llaman La Fábrica –a saber por qué--, y se puso la bomba y la tubería hasta el depósito que mentan Ametépetl, y de ahí, por etapas, la red para casas, señor, no de un jalón, pero ya a hoy todas.”

José está contento y agradecido. Cuatro veces me pide que no deje de decir que agradecen a la alcaldesa Albertana Cayenca Amelco y a los funcionarios del SOAPAP –y me da sus nombres, Gustavo, Daniel, Edmundo-- que en tan poco tiempo hayan logrado recuperar su sistema. Yo lo veo ahí, trepado en la caseta que guarda la bomba, justo sobre el manantial a la orilla del río Atila que 45 kilómetros más abajo desembocará en el río Nexapa a la altura del pueblo de Atzala. Y pienso en su trabajo de todas las madrugadas.

“Mire, acabo rematado. Bajar a prender la bomba, porque no hay un suitch, y subir a checar el llenado del depósito, de menos tres a cuatro horas yendo rápido, y luego abrir válvulas en el pueblo, y cerrarlas más tarde. El día entero. Y no se diga el fin de semana, todos los días, señor, y sin paga, todo por la comunidad. Y si hay una fuga, a colgarse con sogas de un árbol para soldar el tubo a medio barranco…”

Los ingenieros del SOPAP lo escuchan. Pondrán un timer para que la bomba prenda y apague automáticamente. Se acabarán las carreras del presidente del comité.

“No, señor, necesitamos una moto…”, me dice José al despedirse.

Señoras

Los hombres han traído los elotes tiernos desde las milpas arriba en el llano hasta la cañada. Ellas han cortado los aguacates, sazonado las salsas y elaborado unas maravillosas gorditas. Atienden así a los ingenieros y funcionarias del SOAPAP en un paraje a la orilla del rio Atila sombreado por ailites, amates, encinos y aguacates. Son las mujeres campesinas, productoras de maíz, frijol, amaranto. Son las madres de los hijos que se han ido al norte. Son las mujeres a las que el terremoto ha destruidos sus casas. Escribo sus nombres de izquierda a derecha: Yolanda Cacique Oliva, María de los Ángeles Rivera Rivera, Alicia Pérez Ramos, Martha Atenco Guerrero, Leidy Laura Alonso Torres, Angélica Martínez Cacique.

Convento

Albertana Cayenca Amelco, presidenta municipal de Tochimilco, nos lleva al interior del templo desde la casa parroquial en el ex convento de San Francisco. Los muros y contrafuertes dominan todo en el patio del curato. Tras una puerta encristalada, en una sala se refugian los santos y patronas sobrevivientes; al fondo, un cuadro de la Guadalupana del estilo de los que pintara en el medio siglo XIX Agustín Arrieta; a la derecha unos Santos Reyes todavía ofrecen oros y mirras en cofres y recipientes dorados a una virgen recién alumbrada; por ahí un San Martin de Porres mira impávido el revoltijo de cajas y envoltorios de ropa que ahogan ángeles y vírgenes.

Por un pasillo Albertana nos guía al interior del templo de Santa María de la Asunción, parte del convento que para la orden de los franciscanos edificara en los alrededores de 1560 Fray Diego de Olarte. Ella se guarda sus palabras. Basta levantar la mirada al cielo para valorar la catástrofe. Sé que estoy en una de las maravillas del XVI mexicano, el siglo de la conquista y el exterminio de los pobladores de Mesoamérica; y que el convento de Tochimilco fue una de las puntas de lanza de esa brutal entrada a los dioses europeos y al mundo moderno de la nación mexicana. Pero no es útil pensar en ello frente a la destrucción que presenta el templo franciscano, con su nervadura gótica rajada en varios puntos a todo lo largo de su bóveda. Alberta no dice nada, sabe que sobran las palabras ante la quiebra de esa maravilla antigua que está a punto de venírsenos encima.

Del patio del convento han recogido todo el cascajo. Arriba, sobre la arcada del segundo piso, ha sobrevivido el reloj de arena.

Yo salgo al atrio y quedo frente al frontón de un templo que despliega la sobriedad de su piedra negra volcánica, puesta entre el mortero blanco con la mejor técnica del puntillismo pictórico. Ha sobrevivido la capilla abierta, igual que las almenas de la muralla que cerca el convento hacia el poniente. Me resguardo del sol a la sombra de la torre. Busco sus heridas. Parece indemne, como si ignorara que vengo de ver la desgracia de su bóveda quebrada, la soledad de su espacio sin bancas, sus paredes tiesas, sus nichos vacíos, como si los 450 años transcurridos de penas murmuradas y llantos cantados se hubieran desvanecido en el polvo y el silencio que dejó el estrépito del terremoto.

Pero la mirada certera descubre la rajadura en el segundo nivel de la torre, y la doble arcada rota a la izquierda. Y las huellas blancas de las heridas que dejaron otros terremotos en la fachada. Y la interrogante llana sobre lo que costará en dinero y sabiduría arquitectónica reconstruir este vestigio de lo sucedido hace casi ya quinientos años en estas faldas de nuestro volcán y sus pueblos originarios.

Albertana se guarda sus palabras.

La presidenta y el funcionario

No se conocen aún las cifras del censo de SEDATU –las darán en lo general el domingo 15 de octubre, con 27,782 casas dañadas (97.2 % del total) y 2,352 consideradas pérdida total --, pero a la vista está es que las cifras no coinciden en Tochimilco: el ayuntamiento cuenta alrededor de mil como inhabitables, y SEDATU sólo reconoce 600.

“La labor es titánica –dice Gustavo Gaytán, director del SOAPAP (Sistema Operador de Agua Potable y Alcantarillado de Puebla), el funcionario del gobierno estatal que llegó a Tochimilco el día 21 de septiembre para reconstruir el sistema de manantiales destruido por el terremoto en esta región de pueblos al sur del volcán Popocatépetl, y quien desde entonces coordina las tareas de reconstrucción en el municipio de Tochimilco--. El territorio es enorme y el tamaño de la afectación de casas, escuelas y templos nos rebasa a todos.”

Y el problema todavía está en reconocer la extensión del desastre.

La conversación arranca por una barda que entre el ayuntamiento de Tochimilco y los funcionarios del SOAPAP han decidido tumbar. Está en la calle de atrás del Convento. Por qué en este pueblo las autoridades históricas no se miran la cara --el convento tiene la vista al poniente, y la presidencia municipal mira a su propio parque y al sur—es un asunto decidido por alguien cuyos huesos descansan hace mucho tiempo bajo esta misma tierra zarandeada por el sismo del 19 de septiembre. Pero la barda del pleito anunciado entre el INAH y el ayuntamiento es la plantada enfrente de la que resguarda a la vieja iglesia del convento franciscano, a la que por cierto llega a dar el antiguo y extraordinario acueducto. Y cuando la gente vio que otra barda del vecindario se vino abajo unos días después del temblor, para angustia de un burro que por ahí discurría su jornada, presionaron a la alcaldesa para proceder contra el muro de cuatro metros que amenazaba con venirse abajo en la calle Libertad.

“Ahora el INAH dice que nos va a multar con 80 mil pesos por el derribo de una barda del siglo XVII –me dice Alberta…, presidenta municipal de Tochimilco--, que había mejor que apuntalarla ¿pero y si la barda me mataba un niño?, ¿qué le iba yo a decir a la gente?”

El INAH, por cierto, no pone un peso para apuntalar barda alguna. Todo eso, en su caso, tendrá que esperar a los recursos del FONDEN. El convento y su templo, severamente afectados, también tendrán que esperar sin apuntalamiento alguno, a pesar de las grietas en sus bóvedas. Pero si el muro de los tiempos coloniales es de un particular, las multas aplican, como es el caso de la señora Gabriela N., a la que también ya le llegó la amenaza de multa.

“Es cuestión de sentido común –dice Gustavo Gaytán, director del SOAPAP, al frente de las actividades de reconstrucción en el municipio de Tochimilco, el más afectado en su infraestructura de agua potable en toda la región afectada por el terremoto--, pero si los inspectores del INAH no vienen a campo, y todo lo resuelven vía telefonazos diciendo que casas y muros están dentro del catálogo del patrimonio histórico, no pueden ver el peligro en el que está la gente.”

Dice entonces la presidenta: “Nos dicen del gobierno: no cierren la carretera porque es la ruta de evacuación por el riesgo de erupción del Popo, y el INAH dice espérense, no tumben nada hasta que yo diga, pero no vienen a ver las casas, las bardas…”

Y cuenta de una escuela particular asentada en una vieja casa colonial, colapsada en uno de sus muros laterales. La gente la quiere demoler. Y muchas casas están sobre zonas de riesgo a la orilla de arroyos y barrancos, pero la gente no se quiere mover de ahí.

“Y si alguien se muere –acota Gaytán--, ¿a quién van a linchar? Porque aquí la gente no se va a quedar viendo, se van a ir sobre nosotros.”

Johnny

Tres semanas después del sismo no hay un acuerdo sobre el número de casas afectadas por el terremoto en Tochimilco. El censo que levantó el ayuntamiento habla de 1,300 viviendas señaladas para demolición. La cuenta del gobierno es de 600 menos. ¿A quién creer? ¿Cuáles criterios se aplican para decidir entre demolición y reparación? El FONDEN dispone que no entren bajo su cobijo las casas de dos pisos, y buena parte de las de adobe se quebraron porque sus moradores construyeron segundos pisos con losas y blocks; tampoco rescata las casas construidas con madera, como lo son muchas de las edificadas en Cuilotepec.

“Están con ese tema los de SEDATU –dice Johnny, funcionario de Obras del ayuntamiento de Tochimilco--. Nosotros contamos 1,800 casas dañadas, y de ellas cerca de mil ya no son habitables. Lo que vemos es que no cuadra la información que ellos tienen con la nuestra, apenas estamos intentando cuadrar los números. Es el caso de Cuilotepec, que tiene muchas casas de madera… Allá la gente nos dice, ustedes ayúdennos con materiales y nosotros nos arreglamos. Y lo que piden son láminas de cartón, ellos no esperan otra cosa.”

“SEDATU concentra la información –interviene Gustavo Gaytán--, y maneja sus reglas de qué casas sí y que casas no se tienen que demoler, pero el problema es que no comparten la información.”

Trascabos

Una mirada a las escuelas. De toda la infraestructura existente en el municipio sólo sobrevive un kínder, lo demás está en proceso de demolición.

Es el caso de Alpanocan, con la primaria destruida. Y Tecuanipan, con la telesecundaria ya demolida. Y Tochimilco, con la máquina que retira los escombros este jueves 12 de octubre, pero donde la gente alcanzó a salvar el mobiliario que ahora se amontona en la cancha de básquet techada. Es la escuela primaria José Ramírez.

Oswaldo

Oswaldo Alejo Vázquez tiene 38 años y es productor de amaranto en Tochimilco. No es propietario de tierra, así que esa semilla antigua la siembra en terrenos de temporal que él y su padre rentan en 4,000 pesos la hectárea. Él no mide en kilos, piensa en cargas y almudes. Piensa en los 1,600 pesos que le pagaron en la última cosecha por carga, en los 40 almudes que contiene cada una.

Realmente no piensa en ello ahora. Observa al trascabo que recoge los escombros de lo que quedó de su casa. Me lleva al cuartito en el que guarda lo que sobrevivió del derrumbe de los viejos paredones de adobe de la casa que habitaba a la entrada del pueblo: un ropero, una lavadora, algunas cajas y otros menajes amontonados en una habitación de dos por dos metros.

“Yo estoy agradecido con la ayuda que me dieron para demoler la casa”, me dice.

Alejandrina

Alejandrina Rendón Sánchez ha plantado flores de plástico en macetas que se alienan contra la pared de lámina de cartón que terminaron de construirle hace dos días. Hoy por la mañana le dijeron que ya había fraguado el cemento del piso que le pusieron a la vivienda de 6 por 3 metros que con iniciativa del pastor de la iglesia de El Calvario le construyeron el fin de semana. La suya es una de las veintiséis casas provisionales que en el barrio cristiano de Santa Cruz Cuautemotitla se han edificado en la última semana. Hoy mismo están en construcción cuatro más. La gente pone la madera necesaria y ayuda con su mano de obra.

Desde su casa miramos el volcán que pelea con las nubes su vista. Ella sonríe: “Cuando viene la gente se esconde…”

La casa de Alejandrina quedó destruida por el terremoto. En ella vivía con su marido, cuatro hijos y una nuera. Llevan dos semanas resguardadas en una casa de lona azul a la que se le trasmina el agua por los costados; un tendido de cuatro colchonetas se seca al sol como prueba. Pero ya hoy dormirán todos en la casa de cartón plantada justo en el sitio de la casa derrumbada.

“Perdí todas mis flores –me dice-, pero para alegrar he puesto estas de plástico.”

Ella sabe de plantas. Con sus hijas y su marido siembran todos los años maíz, frijol y amaranto en media hectárea de tierra. Pero el panorama no es grato: les pagan cuando más a 1800 pesos la carga de 40 almudes. Ella mide en maquilas de a 1.5 kilogramos, cien para cada carga. Ya no les costea ese cultivo antiguo: el fertilizante se lleva 500 pesos por costal de 50 kilos; y los peones, al menos 50 jornales se tienen que pagar, y ya cobran 100, a veces 120, pesos más el refresco y la comida. No, no resulta.

“Desde que tembló no hemos regresado al campo”, me dice.

Eva

Eva Álvarez Andrade tiene 36 años, es madre soltera de un niño de diez años y trabaja en el servicio doméstico en una casa de Cuernavaca. Regresará al trabajo el lunes 16, luego de unas vacaciones, dice ella, en las que ha sido testigo de la demolición final de su casa. Sólo el pórtico sobrevivió, construido con castillos y adobe, con la fecha de 1956 grabada en el cemento.

“Me dieron mis días los patrones, entendieron lo que me ha pasado”, dice en la cocina que ha habilitado en la caseta de lona que llegó como ayuda desde la ciudad de Puebla, y que plantaron en el sitio que ocupaba la casa de adobe que construyeron sus abuelos hace más de sesenta años.

Qué sigue ahora para ella. Reconstruir con la ayuda que llegue de donde sea, pero primero valerse por sí misma. “Mi papá se apuntó con los antorchos, que dicen que van a dar casas. Él no cree en nada, todos prometen, pero no cumplen. Mejor nuestro trabajo y nuestro esfuerzo.”

Y ya sueña con su nueva casa: “Yo la prefiero de adobe, tampoco mi papá quiere que se pierda lo antiguo, y es más bonito. La verdad es que yo no quería que la tumbaran, pero ya que podemos hacer.

Alfredo

Alfredo Mantilla observa recargado en la pared de una casa de adobe al grupo que a marrazos demuele su casa. Era la suya también de adobe con una losa de concreto encima, como tantas más que no sobrevivieron al sobrepeso echado sobre los viejos muros de tierra. Ahora vive en un cuartito de madera y cartón en el patio trasero de lo que fuera una construcción de dos pisos, por cierto la primera que los tuvo en esta calle principal del pueblo. Es un hombre mayor, arriba de los sesenta, campesino productor de amaranto, como tantos otros en Santa Cruz. No puede ayudar, pues lleva ya días con un dolor que le corre de la espalda a la pierna derecha. Los marrazos no tienen reparo y posan sin descanso para lo foto que Alfredo acepta que le tome como testimonio de la pérdida total de su patrimonio.

El Pastor

Un terremoto puede volver a unir el corazón de una comunidad partido por la religión. Algo así ha ocurrido en Santa Cruz Cuautemotitla.

Lorenzo Calderón Solís es un hombrón de unos 40 años de edad que llegó desde Tabasco a Santa Cruz hace doce años como pastor de la iglesia evangelista pentecostés El Calvario. Hasta el 19 de septiembre pasado presidía el culto de los domingos desde un templo con la mejor vista al volcán Popocatépetl que se pueda imaginar para una comunidad religiosa en este territorio. En la punta de una loma al sur del pueblo, en su rededor viven las familias que en los últimos años abandonaron a la iglesia católica. Casi la totalidad de las casas resultaron con pérdidas graves que han obligado a la demolición de buena parte de ellas.

También el templo cristiano quedó destruido por completo. Hoy en su lugar existe una explanada con escombro blanco molido: en un extremo, el fierro retorcido que se ha rescatado de losas y columnas está a la espera de que se lo lleven a vender a Atlixco como una recuperación mínima de dinero ante la pérdida del edificio. Sobrevivió la casa comunal, y ahí han organizado la cocina colectiva que ha dado de comer a los brigadistas desde el día 21 de septiembre.

“Son alrededor de 160 casas las que se perdieron en Santa Cruz –me dice en un momento que tiene libre pues ahora organiza la salida de un grupo de voluntarios que levantarán una de las cuatro casas de lámina de cartón que se construirán el día de hoy--, y hasta hoy no ha habido mayor ayuda de gobierno local, sólo a dios gracias estos señores del SOAPAP que han coordinado la demolición de las casas en riesgo y construcciones como nuestro templo. Pero aquí ahora se trabaja parejo, no se ve si son cristiano o no, eso no importa. No soy de aquí, pero las carencias de aquí las sufro yo también. Ahora tenemos ya 26 casas de lámina de cartón terminadas, y cuatro más hoy, treinta. Pero fíjese, hablé de 160 casas destruidas.”

Así que en Santa Cruz la división entre católicos y cristiano se ha dejado de lado. Tan es así que se han organizado para dar de comer a los brigadistas y funcionarios del SOAPAP un día unos y al siguiente los otros.

Al pastor Lorenzo se le ocurrió la idea de levantar cuartos provisionales de lámina de cartón, como el de la señora Alejandrina.

“La gente sigue encapsulada en casas antiguas, buenas para el frío y el calor, pero ojalá haya la oportunidad de que se construyan mejores casas, una vivienda digna, con un espacio particular. Ojalá las personas del gobierno escuchen y vengan a ver, porque es fácil hablar desde el cabildo, desde una tribuna, pero aquí no ha venido ningún diputado, ningún gobernador, no ha venido Gali, y lo digo con todo el temor…”

Faustino

Al atardecer, en San Miguel Tecuanipan, Faustino Martínez García no duda: “Que nos haga caso el gobierno, nos tiene en el abandono.”

Lo que sí ha hecho el gobierno es mandar a un equipo de PEMEX experto en demoliciones y su experiencia sirvió para que hoy del edificio que albergaba la presidencia municipal no quede más que un montón de escombros blancos. “Lo puedes ver en yutub”, me dice. Ya se había caído en 1985. Así que parece que es costumbre. Sobre la loma está el templo, pero desde la carretera sólo vemos el portón del atrio quebrado. El hijo de Faustino lleva las cuentas de la dimensión de la catástrofe en su pueblo: en San Miguel el sismo tumbó totalmente 60 casas; la suma de la pérdida total en viviendas es de 146; daños graves, 90; parciales, 81. ¿Se puede dar una mejor imagen de lo que significa la palabra catástrofe?

Nacido en San Miguel Tecuanipan tampoco duda en asuntos de amaranto y de pobreza: “El de Tecuanipan es el mejor de toda la región, señor, pero somos un pueblo de alta marginación, pura sobrevivencia. Maíz, frijol, amaranto, no hay otro trabajo. Sólo el norte. ”

El amaranto.

En la región de Tochimilco lo siembran desde siempre. A pesar de que los misioneros pronto prohibieron su cultivo por el uso pagano que los antigos le daban al minúsculo grano. Tanto pesó el anatema que ya no existe la costumbre de mezclarlo con el maíz en el nixtamal, Ahora en octubre vez sus racimos rojos y verdes se miran casi a punto, pero será en noviembre cuando los productores lo cosechen. Abundan los sembradíos, pero también puedes verlo en las milpas, o envuelto entre las flores de cempasúchil. Tochimilco es la región más importante para la producción de amaranto en el país. Una maravilla de estas tierras de pueblos pobres. Levantar una tonelada se lleva al menos tres hectáreas, y la pagan a 12 mil pesos si bien va. Pocos en estos rumbos tiene más de media hectárea. Si quieres levantar un par de toneladas, tendrás que rentar, y ya piden cuatro o cinco mil pesos por la hectárea, y suma los peones, y el fertilizante, y la preparación de la tierra... El amaranto sufre igual la maldición del maíz. Y la condena de sus productores a la pobreza.

¿Logrará el terremoto modificar esta historia amarga del grano más rico en proteínas y que nos comemos en alegrías?

Vida y milagros

¿Qué tan fuertes fuimos y podemos llegar a ser en esta emergencia de los sismos de septiembre?

Y me refiero a todos, a los damnificados en lugares rurales o urbanos, al ciudadano armado con su teléfono celular y su interés por hacer algo, a las instituciones privadas, pequeñas y grandes, y a ese poderoso equipo que pueden ser las instituciones públicas de los tres niveles de gobierno cuando se articulan bien. En base a lo que he vivido y visto en Puebla, creo que podemos ser más eficaces y fuertes si nos seguimos hablando como se hablan los jugadores de futbol en medio de un partido complicado, en el que afortunadamente hay un medio tiempo para recapitular y tomar aire antes de regresar a la cancha a tratar de ganar uno de los partidos más importantes de nuestra vida.



Primero que nada, es sano dimensionar bien el peso de nuestro tamaño y esfuerzo con respecto a la totalidad del equipo de ayuda: no tiene nada de malo saber que quizá solo somos 50 gramos de un kilo, pero esos 50 gramos pueden ser claves y muy útiles en una emergencia y adquieren valor solo si sabemos sumarlos a los 950 gramos del resto de la ayuda. Exagerar de más la importancia de la sociedad civil no es realista, darle su correcta dimensión y utilidad es sano.

El sábado pasado varios de los que nos unimos o conocimos en esta emergencia nos fuimos a vestidores a pensar juntos. Fuimos los representantes de varias instituciones privadas y públicas que nos enlazamos en estos 20 días después del temblor, primero de manera espontánea y luego construyendo un orden que nos permitiera ayudar sin estorbar, con estrategia y eficacia. Era importante hacer ese encuentro para mirar con calma nuestros aciertos y errores de estos días.



¿Quiénes asistieron a este encuentro de intercambio de ideas?

De la sociedad civil Asistieron veinte organizaciones, catorce ONGs con diferentes vocaciones, cuatro organismos empresariales y dos administradores de plataformas de información, Gobierno Fácil y Epicentro.

De parte de las instituciones de gobierno asistió el responsable de uno de los ocho centros de mando que instaló el gobierno del estado de Puebla en las zonas más afectadas que son: Puebla y zona metropolitana, Izúcar, Chiautla, Atlixco, Tehuacán, Metepec y Acatlán. En esos centros de mando se enlazan los representantes y enlaces de las instituciones federales y también el ejército, nuestro ejército cuando es de paz, tan bien entrenado y admirables para eventos de ayuda en tiempos de desastre. Desde ahí también se enlazan con las autoridades municipales, muy faltas de recursos materiales pero conocedores de la realidad social, económica y política de sus enormes y complejas comunidades.

Asistieron también los ejecutivos gubernamentales responsables de coordinar los trabajos en dos de las comunidades más dañadas, Tochimilco y Chietla. Dos comunidades rurales, una en las cercanías del volcán, en zona de riesgo por muchos motivos, con clima frío y terreno escarpado y otra en la durísima y extremosa mixteca caliente. Ambas con economías muy frágiles pero con un largo historial de sobrevivencia. Difícil para sus habitantes, muchos que lo perdieron todo, y difícil para quienes tienen que ayudar a resolver la emergencia.

Creo que fue muy útil hacer este alto en el camino. Nos ayudó a entender mejor la importancia de utilizar con muchísima más responsabilidad las redes sociales, a verificar la exactitud de información que vamos a difundir, a usar esta fantástica herramienta para pedir y dar ayuda de manera más rápida, para comunicarnos con eficiencia, para saltar burocracias públicas y privadas sin crear caos, para retratar cosas que solo una imagen podía explicar con elocuencia, y sobre todo, para entender que se puede trabajar hombro con hombro y no confrontados si escuchamos y trabajamos como mexicanos sin etiquetas y con menos prejuicios hacia los demás.

Vi muchos héroes sin capa en estos días, los que no se notan pero ahí están, ante su casa caída y los trastes quebrados recogiendo con buen ánimo lo que el desastre les dejó, he visto muchos voluntarios expertos y valiosísimos y otros inexpertos, llenos de buena actitud pero faltos de guía. He visto muchos funcionarios públicos anónimos, los que no saldrán en la foto, pero que están haciendo su trabajo con responsabilidad y seriedad y en turnos extenuantes desde hace 20 días. He visto a periodistas y fotógrafos extraordinarios dedicados a documentar con rigor y sensibilidad la memoria de lo extraordinario.

Lo más importante es entender que falta mucho por hacer y que se necesita una enorme dosis de perseverancia, recursos y respeto hacia las comunidades que sufrieron más daños. El tiempo de la primera emergencia ya pasó. El tiempo largo para una mejor edificación de lo perdido apenas empieza para todos, para quienes perdieron su casa o todo su patrimonio, y para quienes en serio quieran apoyar a largo plazo.

La memoria de este encuentro y sus principales conclusiones pueden verlas en la página de www.dalelacara.org a partir del 10 de octubre. Pensamos que pueden ser útiles para otros equipos tan diversos como el que ahora menciono. Hace falta humildad para aprender de estos días que nos dejan tantas lecciones y cientos de tareas pendientes.

Foro sobre Prevención de Violencia en Niños, Niñas y Adolescentes:

Propuesta para una Cultura de Paz



Edificio de la Aduana Vieja, ciudad de Puebla, 17 y 17 de Octubre del 2017

En este evento se analizará la situación de los niños, niñas y adolescentes, como grupo especialmente vulnerable en nuestra sociedad. Las conferencias y mesas de diálogo presentarán la problemática de este grupo de población como víctimas de la violencia en México, y propondrán alternativas concretas desde diferentes niveles y sectores para reducir las prácticas discriminatorias que contribuyen a la vulneración de sus Derechos Humanos, especialmente los Derechos de este sector poblacional.

Programa:



Lunes octubre 16

10:00 a 10:15

Bienvenida e inauguración

Louise Greathouse Amador

Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego” (ICSyH, “AVP”)

10:30 a 11:30

Conferencia 1: Edad penal. Una perspectiva desde el Neuroderecho

Eric García López

Universidad Nacional Autónoma de México,

Facultad de Medicina, Programa de Ciencias Forenses

11:30 a 12:30

Conferencia 2: El testimonio infantil en el nuevo sistema de justicia, aportaciones desde la psicología jurídica

Verónica Godoy Cervera

Universidad Autónoma de Yucatán, Facultad de Psicología

12:30 a 1:00

Descanso

1:00 a 14:15

Mesa de ponencias estudiantes 1

Violencia de pareja en adolescentes y jóvenes

1. Detección de violencia de pareja en mujeres

adolescentes por medio del VADRI.

Gloria Zamora Damián

2. Ciberbullying, ciberviolencia de pareja y

sexting en adolescentes

Dulce María Mejía Tepoxcal

3. Tácticas de solución de conflictos y violencia

de pareja en jóvenes

Adriana Alvarez Chilaca

Coordina: José Luís Rojas Solís

BUAP, Facultad de Psicología

1:00 a 14:15

Mesa de ponencias de estudiantes 2 Prevención de la violencia y Educación para la paz

  1. Educación para la paz en adolescentes con discapacidad: las nuevas tecnologías y el desarrollo integral

Alejandra Justin de la Fuente Laudo

  1. Hacia la transformación del conflicto: ideas de

paz y violencia en la secundaria

Ana Luisa Jiménez Briones

  1. La no violencia en los pueblos

campesinos de San Pedro Cholula según

los usos y costumbres

Georgina Tochimani Tochimani

Coordina: Patricia Preciado

BUAP, ICSyH, “AVP”

14:15 a 16:15

Comida

16:15 a 17:15

Conferencia 3: El cine y la violencia de género. El caso de los adolescentes

Lilia Campos Rodríguez

BUAP, Facultad de Psicología

17:15 a 18:30

Mesa de análisis: Estrategias y acciones para prevenir la discriminación y la violencia de niños, niñas y adolescentes

Paulino Dzib Aguilar

Verónica Godoy-Cervera

Eric García-López

Elsa Herrera Bautista

Coordina: Luz Anyela Morales

BUAP, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Criminología

Martes octubre 17

10:00 a 11:00

Conferencia 4: Riesgo de inserción de memorias en menores de edad durante los juicios orales

Paulino Dzib Aguilar

Universidad Autónoma de Yucatán, Facultad de Psicología

11:00 a 12:15

Mesa de ponencias de estudiantes 3

Violencia social y de pareja

1. Empatía y violencia en el noviazgo

Perla Selene Martínez Lecona

2. Violencia en parejas de universitarios

poblanos y veracruzanos

Gustavo Inzunza Rodríguez y Dulce María

Velasco Santiago

3. Violencia social y violencia natural: sus

efectos

Marievna Donaji Vázquez Marcial

Coordina: Patricia Preciado

BUAP, Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego”

11:00 a 12:15

Mesa de ponencias de estudiantes 4 Prevención de la violencia y Educación para la paz

  1. Un programa de prevención de la violencia y fomento de una cultura de paz en niños de segundo de primaria

Emmanuel Roldán

  1. Necesidad de programas para la intervención con maltratadores de niños: aportaciones en el marco de la Justicia Terapéutica

Itzel García Santiago

  1. Justicia terapéutica en caso de adolescentes en conflicto con la ley.

Leticia Elena Guido Jiménez

Coordina: José Luis Rojas

BUAP, Facultad de Psicología

12:15 – 12:45

Descanso

12:45 a 13:45

Conferencia 5: Retos para la construcción de espacios para niños, niñas y adolescentes

Elsa Herrera Bautista

Observatorio de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes de Puebla

13: 45 a 14:45

Conclusiones y cierre

Louise Greathouse Amador BUAP, ICSyH, “AVP”

con la participación de conferencistas