BUAP Investigación

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BUAP, Historias de vida

El Doctor Enrique Soto Eguíbar es investigador nivel III del SNI y es titular del Laboratorio de Neurofisiología Sensorial, del Instituto de Fisiología-BUAP- Dirige, además, la revista Elementos.

En sus 35 años de trayectoria, Enrique Soto Eguibar, titular del Laboratorio de Neurofisiología Sensorial del Instituto de Fisiología de la BUAP, ha publicado 94 artículos en revistas internacionales, 25 capítulos de libros y 70 trabajos en español. Nivel III en el Sistema Nacional de Investigadores, ha desarrollado tres patentes internacionales y una nacional, incluyendo el diseño de una prótesis vestibular. Además de la academia, complementa su trabajo con actividades de divulgación: ha escrito 57 artículos y desde 1991 ha sido director de la revista Elementos.



-Yo no pensé ser científico.



-¿Qué sucedió?

-Que la desgraciada vida...Bromea, ríe.

Cautivado por el pensamiento, esa cualidad que hace única a la especie humana, el fundador del Instituto de Fisiología de la BUAP ha sobresalido por sus aportaciones a las neurociencias, principalmente en los campos de neurofisiología sensorial. Quien de joven no se imaginaba con bata blanca en un laboratorio, hoy celebra que uno de sus proyectos ayudará a individuos con daño vestibular a recobrar la estabilidad postural y a los astronautas a no perder el piso, en el espacio exterior.



Tras parar de reír, el doctor Soto recuerda que son muchos los fracasos que lo condujeron a la ciencia. Un día, relata, durante una cirugía en el Hospital Universitario de Puebla en la cual amputaron la pierna a una niña, los médicos tardaron horas en la reanimación plena, pero de él, pues cayó súbitamente en la sala de cirugía. El personal se sorprendió al ver cómo el joven pasante se había golpeado, tras desmayarse por la conmoción que le generó la intervención en la menor.

Supo que atender pacientes no era su fuerte, pero que generar problemas en el quirófano, sí. Vio en la fisiología una oportunidad de desarrollo y decidió bien. En sus 35 años de trayectoria, Enrique Soto Eguibar ha publicado 94 artículos en revistas indizadas con reconocimiento internacional, 25 capítulos de libros, 57 artículos de divulgación y otros 70 trabajos en español. Un investigador prolífico.

La mayoría de sus aportaciones en neurociencias corresponden esencialmente al área de neurofisiología sensorial: auditivo y vestibular. Sin embargo, también ha abordado problemas sobre neurotoxinas, desarrollo de materiales para sensores y más recientemente aplicaciones de tecnología al desarrollo de una prótesis vestibular.

El titular del Laboratorio de Neurofisiología Sensorial recuerda que optó por estudiar medicina en la BUAP, porque en ese entonces la Universidad no ofertaba la Licenciatura en Biología. Decisión aparentemente desacertada, pero que lo encaminó a su realización. La desgraciada vida...

Recuerda que de niño interactuaba con los animales que habitaban la granja adjunta a la casa de su familia, en la colonia Bugambilias de Puebla, un hogar en el cual se tenía un alto aprecio por ser profesionista. Perros, gatos, faisanes, pavorreales… Se llevaba bien con ellos, recuerda. De ahí su amor por la vida, de ahí su inclinación infantil por las ciencias naturales.

Desde hace 35 años “no he cambiado de línea de trabajo, profesión, ciudad, universidad, ni de esposa. Toda mi vida he estado en la BUAP. Soy un hombre de hábitos”, expresa Soto Eguibar, con especial énfasis en su esposa.

Confiesa que una vez que supo que el trabajo de clínica definitivamente no era lo suyo –durante un periodo breve en el área de neurocirugía desarrolló muy rápido una úlcera por estrés-, decantó por la fisiología y se aventuró a la maestría y el doctorado en Ciencias Fisiológicas, en la UNAM, donde obtuvo la más alta distinción que esta otorga a sus estudiantes: la Medalla Gabino Barreda.

Entre anécdotas evoca su motivación más genuina para estudiar cómo funciona la vida: el amor a la misma. Más tarde, lamenta la ironía de su labor: tener que sacrificar animales para la experimentación.

El cerebro no es indispensable para la vida

-¿Considera que el cerebro es el órgano humano más poderoso?

-El cerebro no es indispensable para la vida. Los niños anencefálicos, por ejemplo, pueden vivir sin él, aunque poco tiempo. Es conveniente tenerlo, pero no indispensable.

-¿Por qué decidió encaminar su estudio a las neurociencias, particularmente a neurofisiología sensorial?

-La idea del pensamiento, la cognición, eso que nos hace humanos.

El estudio del sistema nervioso tiene cinco niveles de análisis. El más básico, el molecular; después, el celular, que se centra en las neuronas y células gliales; el de sistemas, para saber cómo un conjunto de neuronas se relaciona en una red y produce un módulo funcional en particular; el conductual, en el que se indaga el origen de las conductas integradas; y, finalmente, el nivel cognitivo, en el que se estudia cómo el cerebro da origen a los procesos mentales, al “yo”.

“Esto es como pensar en un edificio. Si se desensambla, hay ladrillos y varillas. Si se va más allá, es posible conocer los componentes de cada ladrillo y varilla. Los arquitectos consideran irrelevante eso, pues ellos ven el conjunto. El dueño, solo su amplitud y comodidad. Estas visiones se tienen en las ciencias. La conciencia humana es como un gran edificio formado por millones de neuronas y células gliales que son como los ladrillos y el cemento de los edificios”.

Las tareas del doctor Soto se centran en el nivel celular, en las neuronas: estudia las propiedades de estas células y sus tipos de receptores en las membranas, para conocer cómo responden a estímulos y cambios químicos en el cerebro.

-Las neurociencias han hecho muchos descubrimientos en los últimos años, pero aún continúan los desafíos ¿Cómo ha evolucionado desde que usted incursionó en el campo, hace 35 años?

-La cantidad de trabajos publicados anualmente debe rebasar los 25 mil. Hemos avanzado en la comprensión de los procesos cognitivos superiores. Antes, cuando estaba en la facultad, el conocimiento de las enfermedades neurodegenerativas era muy pobre. Aunque no hay curas claras, hoy en día las soluciones a enfermedades como la esclerosis múltiple, que es devastadora, están a la vuelta de la esquina.

En el área neurobiológica, continúa el académico, se desarrolla el conectoma humano: un sorprendente proyecto con el que se busca determinar con exactitud cómo están conectadas cada una de las neuronas del cerebro, una idea muy similar al del genoma humano, gracias al cual se conocen todos los genes de la especie. El proyecto avanza lentamente pues el cerebro tiene tantas conexiones, cientos de millones, que los sistemas de cómputo actuales podrían ser insuficientes para analizar los datos de la conectividad cerebral.

-¿Cuál considera que son sus principales aportaciones?

-Demostrar que el glutamato es el neurotransmisor entre las células ciliadas y las neuronas del oído interno. Esto permite diseñar estrategias farmacológicas para tratar problemas relacionados con la neurobiología del oído y del equilibrio. En el campo de las neurotoxinas hemos descubierto algunos péptidos que bloquean canales de sodio y los hasta ahora poco conocidos canales sensores de pH.

En el Laboratorio de Neurofisiología Sensorial se ha hecho un laborioso trabajo de modelaje matemático e investigación básica, una actividad que se ha desarrollado de forma multidisciplinaria con colegas de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas de la BUAP. Este trabajo los llevó a proponer la patente del diseño de la citada prótesis vestibular (en los sensores internos del oído) ante la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos. Una de las muy escasas solicitudes de la BUAP ante el organismo estadounidense otorgadas en los últimos años. El doctor Enrique Soto celebra el hecho, pues es una incursión de México en el desarrollo de neuroprótesis.

Cabe destacar que parte del diseño es utilizado para un prototipo que se probará en la Estación Espacial Internacional, con el objetivo de contribuir a devolver a los cosmonautas la sensación de la dirección normal y de los desplazamientos lineales y angulares (giros) de la cabeza. En otras palabras, la sensación de “lo que es arriba y lo que es abajo; estabilizar la mirada mediante estímulos con electrodos en la región periauricular, para devolver la sensación de dirección”.

Ser científico en sus tres dimensiones

Además de un prolífico investigador, Enrique Soto es un divulgador científico apasionado y activo. Esto tiene que ver con su aprecio por el arte, la literatura y la fotografía. Con experiencia en la escritura de textos para medios impresos de Puebla, comenzó a colaborar en la revista Elementos, de la que es su director, desde 1991.

-Muy pocos científicos se toman un tiempo para divulgar ¿por qué lo hace?

-Es muy grato, aunque se valora relativamente poco en la comunidad científica. Es bien visto pero no tiene valor alguno para las trayectorias científicas. Usualmente participaba hasta en 20 conferencias al año en preparatorias, lo he dejado de hacer porque es un trabajo poco valorado.

Elementos es, hasta donde sabemos, la única publicación de la BUAP inscrita en el Índice de Revistas Mexicanas de Divulgación Científica y Tecnológica. Enrique Soto Eguibar confiesa que algunos colegas le han cuestionado porqué “pierde tiempo en la revista”. Él no objeta; “O se defiende sola o que desaparezca”.

-Usted es investigador, docente y divulgador, ¿cuál faceta disfruta más?

-Estas son categorías de una actividad que es nata del ser humano: ser curioso. Lo más natural sería hacer las tres actividades. Pero el científico usualmente escribe solo para sus pares, cuando debería publicar para quienes realmente le pagan: la ciudadanía.

-¿Cuáles son las gratificaciones de ser científico, en sus tres dimensiones?

-En el laboratorio festejamos todos los logros, grandes o pequeños, en ciencia y en la academia. Festejamos cada que un estudiante se gradúa, un número de Elementos se imprime, el artículo de un libro es aceptado o un paper se publica. Por otro lado, la vida cotidiana es bastante grata. Debo decir que los institutos nos permiten una vida privilegiada. Eso hay que reconocerlo y agradecer.

Voluntad política para invertir en ciencia

-¿Por qué un país como México necesita de la ciencia?

-Un país tiene problemas, y los tiene que resolver. México necesita de los científicos para atender los suyos.

-¿Hacia dónde debe ir el país para afianzar la ciencia?

- Más vale que el poder político no se meta, ni en la academia, ni en la ciencia. La academia lo que menos necesita son problemas legales, contables y políticos. Lo que debe haber es la voluntad política de inversión en ciencia a través de Conacyt o programas de distribución de segundo nivel. El poder político se tiene que limitar a poner recursos. Por su parte, las universidades deben decidir localmente, con base en sus fortalezas académicas, el rumbo de sus investigaciones. Si en Puebla se destaca la física, las grandes inversiones deber ir hacia ahí, pues intentar ser buenos en todo, nos lleva a ser buenos en nada. Donde hay más fortalezas se debe invertir más y suele ser al revés.

-¿Cuál debe ser entonces el papel de la universidad pública en este proceso?

-El que se le asignó desde un inicio: formar cuadros académicos para formar a los profesionales que se necesitan para que el país pueda vivir en paz y haya desarrollo social... No creo que se deba reinventar a la universidad pública, pues sus funciones son claras. Soy egresado de la BUAP, tuve beca Conacyt, mis hijas estudiaron en la BUAP, tienen doctorado, viven bien. La universidad funciona. La pregunta debe ser sobre la función de la universidad privada, porque le han dado un gran espacio para ser un negocio enorme.

La maceta

Desde que estudiaba su preparatoria, Enrique Soto desarrolló una fascinación por la fotografía, una actividad que sigue vigente entre sus hábitos, ya que a diferencia de muchos otros científicos, no ha abandonado su vida privada. “Hay quienes se alejan de su familia y pasiones, por la ciencia. No es mi caso”.

De ser un pasatiempo, ahora la fotografía es parte de sus logros profesionales: ha montado algunas exposiciones y ha publicado libros individuales y colectivos como Paraíso Barroco de Tonanzintla, La Casa de Minerva (Arte e historia en el patrimonio edificado de la BUAP), Rodando y Gráfica Popular Mexicana, entre otros trabajos. Recientemente, en colaboración con el profesor Gauchat y otros colegas de Ciencias Sociales, publicó Construir, habitar. En dicho impreso se exhibe la arquitectura de este inmueble patrimonio de la BUAP, ubicado en el Centro Histórico de Puebla.

De entre las imágenes destaca una de una maceta. Cuando la fotografió, hace dos años, le pareció particular. Se trata de la misma maceta que se alcanza a distinguir en una fotografía de su padre cuando era pequeño, acompañado de sus padres y hermanos. La Casa de las Culturas Contemporáneas en la década de los 20 fue el hogar de los Soto Paz. Retratarla fue recordar algún domingo por la tarde, hace ya muchos ayeres.

Mundo Nuestro. ¿Es posible imaginas una molécula convertida en un chip de computadora? En eso piensan los investigadores del Instituto de Ciencias de la BUAP (ICUAP). Y llevan años en ello. "Ante la demanda del desarrollo de ordenadores a alta velocidad y su miniaturización --se explica en un reportaje que aparece en el portal de la universidad--, en los últimos 15 años investigadores del Instituto de Ciencias de la BUAP (ICUAP) han diseñado moléculas con características de magnetos de una sola molécula. Es decir, de tamaño microscópico que faciliten el almacenamiento de información."

La doctora María Graciela Yasmi Reyes Ortega es la responsable de esta investigación y del Cuerpo Académico 261 “Investigación Química Básica, Teórica y Experimental. Su enseñanza y divulgación con propósitos de sustentabilidad”. Y así explica su propósito: "Obtener este tipo de compuestos permitirá que una sola molécula sirva como un chip de computadora para guardar una gran cantidad de información en un espacio microscópico. Por consiguiente, se incursionaría en el futuro de la computación cuántica.

Así que hablar con ella lleva a intentar reducir el mundo a lo ínfimo. Y pensar en los magnetos. Una molécula diminuta en la que puedes guardar una enorme cantidad de información por unidad de superficie: "Los magnetos poseen propiedades moleculares, como respuesta a luz y a factores ambientales --explica--. Nosotros pretendemos obtener una molécula que tenga muchos iones magnéticos: átomos de metal ionizados y con electrones desapareados; estos son generadores de los espines (campos) magnéticos. Los espines son como alfileres microscópicos en una molécula; no se ven, pero se miden por la generación de su campo magnético."

Reyes Ortega es responsable del Laboratorio de Química Inorgánica del Centro de Química del ICUAP. Ella explica que el diseño de imanes moleculares implica adherir iones metálicos (en este caso de manganeso) en una molécula. Lo anterior, crea una estructura deformada que facilita la generación de un alto estado de espín que tenga una magnetización de largo alcance y que tarde mucho tiempo en desmagnetizarse.



"En el mundo --dice-- muchos tipos de compuestos multimetálicos han sido ampliamente estudiados, especialmente compuestos de coordinación con iones de manganeso, cobalto, disprosio, entre otros, y mezclas de esos iones en una sola molécula. Esto se debe al interés por su carácter científico y desarrollo tecnológico que hará un cambio drástico en la vida de las personas."

En esas andan los científicos del ICUAP. Puedes conocer más de este tema en el portal de la BUAP:

Con diseño de magnetos moleculares, científicos de la BUAP incursionan en la computación cuántica



La increíble milpa

Una experiencia auditiva a cargo del equipo del Laboratorio Multimedia de la revista Elementos de la BUAP.

milpa



Mundo Nuestro. Los encontramos sobrevivientes en algunos puntos de rivera virgen en el río Atoyac, como en el Club Campestre, en la ciudad misma. No se dejan ver, pero sabemos de ellos por los perros y sus ladridos nerviosos. Están ahí. Y luego confirmas su presencia al admirar prendidas de la nada en en la punta de un tejado, las alegres pencas de un nopal.



Son los cacomixtles.

Observo al biólogo Jesús Martínez de la BUAP revisar las muestras obtenidas en su investigación sobre los hábitos alimenticios de un mamífero al que conozco desde hace años, tantos como tengo de vivir junto a un río , nuestro Atoyac, clínicamente muerto a su paso por la ciudad de Puebla. Imagino al mismo tiempo las cañadas que desde las lomas altas del Tentzo por el rumbo de Huehuetlán El Grande bajan hacia el Atoyac, el río poblano renacido después de su desgraciado paso por la ciudad de Puebla. Y por los ojos de este científico puedo ver en un vistazo de la luz de la luna los ojos escurridizos del cacomixtle. Han estado en estas tierras mucho antes que nosotros los humanos. Ahora sobreviven a la caza despiadada y al riesgo de su desaparición. Por ello la importancia del trabajo de un científico como Jesús Martínez.



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El cacomixtle (Bassariscus astutus), Foto tomada de la revista Campiña.

Y para un animalito inteligente y sagaz existe un científico decidido a entenderlo y a luchar por su sobrevivencia. Es Jesús Martínez Vázquez, académico de la Facultad de Ciencias Biológicas de la BUAP, quien estudia desde hace tiempo las costumbres de este hermoso mamífero de cola rauda y ojos alumbrados para encontrar lo que el mundo tenga para él para comer.



El doctor en Ciencias Biológicas por la UNAM estudia la dieta del cacomixtle (Bassariscus astutus) en la región de Huehuetlán El Grande, en la extendida serranía del Tentzo, y ha identificado su gran capacidad para la necesaria dispersión de las semillas para el ciclo reproductor de muchas especies de la flora en la región.

El Doctor Martínez encontró que este mamífero de la familia Procyonidae, a la que también pertenece el mapache, tiene una dieta compuesta principalmente de frutas, las tunas, por ejemplo; en su digestión, el cacomixtle propicia la germinación de semillas. Para comprobarlo, realizó un ensayo con granos de diversas plantas. En algunas ocasiones el paso de la semilla por el tracto digestivo del animal contribuye a disminuir el tiempo de germinación, ya que los jugos gástricos desgastan la testa (cubierta del grano). Sin embargo, en otros casos, la escarificación afecta negativamente al embrión. En este experimento, Jesús Martínez observó que la germinación fue mayor en las semillas separadas de heces de cacomixtle, más del 65 por ciento, en comparación con un 8.3 por ciento del grupo testigo. Por lo tanto, comprobó que este mamífero es un importante dispersor de las semillas. Y con ellas la alimentación de pájaros y mamíferos. Y con ellas las flores y las abejas. Y con ellas el ciclo de una vida que se renueva y que puedes encontrar muy florida en el nopal que crece en el techo de tu casa.

El Doctor Martínez en su laboratorio, con sus muestras.

La foto que hemos presentado en la portadilla de esta reseña la tomé con mi celular en el tejado que existe en casa. Ahí viene, muy horondo, el nopal. No cuesta trabajo adivinar cómo es que han llegado hasta ahí las semillas de la tuna.

No queda más que decir, ¡larga vida a los cacomixtles!

“Si el Diablo fuera de veras muy chingón, no sería Diablo”. Don Inés Ávalos, campesino de San Nicolás de los Ranchos

"El primer pensamiento del día, la mejor manera de comenzar bien cada día es, al despertar, pensar si en ese día podemos complacer al menos a una persona. Si esto pudiera admitirse en sustitución de la costumbre religiosa de la oración, los demás saldrían beneficiados con el cambio". Nietzsche



Resultado de imagen para EL INFIERNO ABIERTO AL CHRISTIANO, PARA QUE NO CAIGA EN ÉL VEN'. P. PABLO SÉÑERI Puebla de los Ángeles, año de 1780

La Nueva España del siglo XVIII fue una época de grandes cambios económicos, sociales y culturales, debido al afrancesamiento de las élites que acompañó la difusión de las ideas ilustradas y que implicó una ruptura con la vida social del siglo XVII, en la que predominó una monótona y gris austeridad. Por primera vez comenzaron a proliferar los entretenimientos y placeres del mundo moderno en las diversiones públicas, los cafés, los paseos y los bailes. Por otro lado, se producía también una reformulación y una consolidación de la cultura popular urbana provocada por el crecimiento de la población y los cambios económicos que sucedieron durante el siglo.1 Como un contrapeso a estos preocupantes signos de atención a la vida mundana y sus satisfacciones, la Compañía de Jesús editó, en las primeras décadas del siglo XVIII, un libro cuyo elocuente título explica su propósito: El Infierno abierto al christiano para que no caiga en él, o consideraciones de las penas que allá se padecen. Propuestas en siete meditaciones para los siete días de la semana.

Un ejemplar de este libro, impreso en 1729 en Puebla de los Ángeles, se encuentra en la biblioteca Lafragua de la BUAP. Fue un libro muy leído en la época, según lo deja ver la nota del impresor poblano: “Reimpreso muchas veces y ahora en la Puebla de los Ángeles por la viuda de Miguel Ortega en el portal de Las Flores”. Medio siglo después, en 1780, se hizo otra reimpresión, ahora con siete imágenes en calcografía que revelan al lector los castigos del infierno, esta última edición es la que aquí comento. El autor fue un jesuita italiano Paolo Segneri,2 nacido en 1624 en un pequeño pueblo de la provincia de Roma, Nettuno, tristemente célebre en los primeros años del siglo XX debido a la muerte a puñaladas de una niña de once años, Santa María Goretti, quien se resistió a ser violada por no pecar y ofender a Dios. En reconocimiento a su valor y su fe fue canonizada en 1950 por el papa Pío XII ante un millón y medio de peregrinos. El asesino, que asistió a la canonización, fue condenado a 30 años de prisión y durante 27 de ellos no dio señales de arrepentimiento, hasta que en un sueño María le anunció que también sería llamado al Cielo, entonces cambió radicalmente su actitud, convirtiéndose en hombre piadoso, lo que le valió para ser liberado. En seguida fue a pedir el perdón de la madre de María, quien argumentó que si Dios y su hija lo había perdonado ella también lo haría.

De la vida de Paolo Segneri se sabe muy poco a pesar de haber sido un autor prolífico, muy leído durante más de un siglo y traducido a varios idiomas. Segneri escribía en toscano, que después se convertiría en la lengua italiana, perteneció a la Compañía de Jesús, fue adversario acérrimo de la doctrina quietista, que predicaba las virtudes místicas de la contemplación y la pasividad, sosteniendo que el estado de perfección se alcanzaba con la abolición de la voluntad y la aceptación plena de lo que Dios quisiera otorgar. Nada más opuesto al fervor militante que como jesuita tuvo Segneri, que lo convirtió en uno de los más populares misioneros del centro de Italia, siempre como predicador del papa Inocencio XII. Murió a finales del siglo XVII, en 1694, en Roma.



El libro está organizado de manera que cada una de las consideraciones que contiene está dedicada a un día de la semana, con su correspondiente ilustración, en la que el lector puede ver con claridad y contundencia los castigos infernales a los que será sometido de perseverar en la vida pecaminosa. Llama la atención que los pecados apenas y son mencionados, más bien el autor parte del supuesto de que el lector está enterado de su naturaleza y gravedad y concentra su esfuerzo en advertirle una y otra vez, para que quede bien grabado en su memoria, los terribles tormentos que padecerá en el Averno.

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Mundo Nuestro. Este texto fue leído por su autor en la presentaación del Libro El espíritu carolino, Puebla 1961, carisma y trascendencia del Doctor Julio Glockner, de Miguel Gutiérrez, el pasado miércoles 29 de mayo.

El rector Julio Gloxxkner Lozada en un discurso ante sindicalistas. Fotografía del archivo de la familia Gloxkner, tomada de La Jornada de Oriente.



El libro de Miguel Gutiérrez es una crónica novelada de uno de los movimientos sociales más importantes del estado de Puebla y, sin duda, el más relevante movimiento universitario, pues con él inició la Universidad Autónoma de Puebla su vocación científica, así como la reflexión y el análisis crítico y bien sustentado de la realidad social. 1961 es un año emblemático porque significa no sólo la derrota de un pensamiento detenido en prejuicios teológicos y morales, que mantenían a la universidad distanciada de los avances de la ciencia y de la reflexión filosófica de la época, sino también porque implicó su apertura definitiva a sectores sociales que hasta ese momento no tenían acceso a sus aulas. Problema que hoy vuelven a enfrentar, de manera crónica, las universidades del país. El autor, siendo muy joven, formó parte de esa voluntad colectiva de cambio que aglutinó a cuatro mil estudiantes y a un significativo número de profesores, encabezados por el doctor Julio Glockner Lozada.

El relato de Miguel recrea con buena pluma el ambiente que en la ciudad de Puebla se vivía en la víspera del centenario de la batalla del 5 de mayo, y en ese contexto, la irrupción de lo que llama “el espíritu carolino”, que fue la forma contestataria, decidida y libre que hizo posible una Reforma Universitaria que asumió plenamente los derechos y responsabilidades que otorga el artículo 3° constitucional. Los 77 días que duró el rectorado del doctor Glockner, ejercido sin subsidio federal ni estatal, con la rabiosa oposición del clero, que nunca entendió la naturaleza del movimiento, descalificándolo como “comunista”, pero además con la obtusa intolerancia de una minoría comunista, organizada en “células”, que lo tachaba de burgués y reformista, pero con el respaldo de la inmensa mayoría de la comunidad universitaria y sus familias, con la simpatía de los sectores sociales que supieron comprender los beneficios que una universidad renovada traería a la vida de la ciudad y el estado y, finalmente, con el apoyo de profesores y estudiantes de la UNAM, el Politécnico y de otras universidades, sindicatos y organizaciones sociales del país, con esa fuerza moral y política, se pudo sostener una rectoría que hizo posible la transición a una universidad abierta a las corrientes del pensamiento moderno.

En una típica escena de intolerancia y autoritarismo “revolucionario”, algunos años después, una o varias manos desaparecieron de los archivos de la universidad las actas del consejo que daban cuenta tanto de la importancia que había tenido la participación del doctor Glockner en el proceso de Reforma Universitaria, como de su expulsión años más tarde, montando una farsa construida con mentiras y difamaciones. Quienes presenciaron esa vergonzosa sesión del Consejo Universitario recuerdan el vigoroso humor sarcástico con el que se defendió el acusado.

Las causas de fondo del movimiento de 1961 venían de muy lejos. Por un lado, se remontaban al secular conflicto entre liberales y conservadores que se enfrentaron a lo largo del siglo XIX y durante la primera mitad del siglo XX, tanto en vehementes discusiones de mayor o menor calidad argumentativa, como en los campos de batalla que comprendieron desde la guerra de Reforma al movimiento cristero. Al iniciar la década de los sesenta del siglo pasado la discusión entre liberales y conservadores se centraba en la defensa del carácter laico de la educación pública, que defendían los primeros, ante la insistencia de los conservadores por mantener la educación religiosa en los colegios particulares, y si fuera posible públicos, como herencia evidente del virreinato.



Novatadaa en el patio central del edificio Carolino. Fotode Archivo Histórico de la BUAP.

Este enfrentamiento, que oponía el artículo 3º constitucional al reclamo conservador de que sólo la familia, y no el Estado, puede decidir el carácter de la educación de sus hijos, se gestaba en procesos ideológicos de larga duración y albergaba en su interior nuevas modalidades conflictivas surgidas en el contexto de la guerra fría. Entre estas modalidades conflictivas destacaba la simpatía y el respaldo que los estudiantes “progresistas” sentían por la triunfante revolución cubana, que en esos días Fidel Castro vincularía al área de influencia de la URSS, contra las ideas y los intereses económicos de quienes veían en esa revolución un peligro de expansión comunista en México. Este panorama nos presenta un fenómeno realmente interesante, en el que se enfrentan diversos grupos sociales esgrimiendo demandas de carácter político, ético, religioso, cívico, educativo y económico. Estas demandas fueron definiendo perfiles ideológicos que generaron identidades de grupo que perduran hasta nuestros días.



El panorama ideológico de la época estuvo conformado por diversas tradiciones, cada una de las cuales generaba, para autoafirmarse ante sus adversarios, una buena cantidad de prejuicios y convicciones que con frecuencia desembocaban en un agresivo fanatismo. Teniendo como símbolos la cruz del catolicismo, la oz cruzada con el martillo del comunismo y la escuadra y el compás de la masonería como emblemas contrapuestos, estos sectores se enfrentaron violentamente tanto en el discurso y las exigencias excluyentes como en los golpes y pedradas callejeras. Los emblemas operaban simbólicamente en el imaginario político de la época de manera que en muchas ocasiones lo emocional predominaba sobre lo racional y la violencia se desataba porque se tenía la convicción de que la sola existencia del adversario era una amenaza para la propia existencia. La lógica no era la de la coexistencia competitiva en un ambiente democrático, para nada, más bien se trataba de la eliminación del adversario ya convertido en enemigo inadmisible. Cada uno se pensaba como justiciero y salvador, sea por razones sociológicas, éticas o religiosas, y cada uno creía fervientemente que el enemigo era un elemento absolutamente pernicioso para la vida colectiva que debía ser eliminado, si no físicamente, sí, al menos, política y socialmente. El asunto no es nimio ni se ha borrado del pensamiento ni de los sentimientos de muchos de los protagonistas y sus descendientes ideológicos.

Un cambio fundamental ocurrió en la ciudad de Puebla y en la Universidad durante los meses de abril a julio de 1961, periodo en el que se produjo un giro muy significativo en la política educativa que orientó a la institución por el camino de la educación laica y moderna. El hecho de que el Vaticano haya reconocido la validez de la teoría de la evolución de Darwin hasta el papado de Juan Pablo II, nos debe hacer pensar no sólo en que la propia iglesia destruye el sustento de su propia mitología, expuesta en el libro del Génesis, sino en las dificultades que los estudiantes de principios de los años sesenta tenían para expandir sus conocimientos, teniendo como autoridades universitarias a miembros de los sectores clericales más conservadores, que evidentemente veían en la teoría darwiniana una especulación atea concebida en los linderos del infierno.

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El bando católico.

La pedriza al Benavente, el 24 de abril de 1961.

El arzobispo de Puebla Octaviano Márquez y Toríz, tan aficionado al dinero que la gente lo llamaba “Don Centaviano”, publicó en aquellos años una Carta Pastoral sobre el Comunismo en la que decía que el sistema filosófico y político del marxismo destruye la dignidad humana, el orden espiritual y moral, la libertad y toda convivencia civilizada.[1] El texto terminaba con un llamamiento: “¡Católicos de Puebla! ¡Hombres libres y ciudadanos honrados! ¿Vamos a claudicar vergonzosamente de las conquistas de la civilización cristiana, para caer en las redes maléficas del comunismo? Quién de vosotros se atrevería a mirar impávido que nuestra patria cayera en poder del extranjero, que en nuestros edificios públicos en vez de ondear la gloriosa enseña tricolor miráramos una bandera extranjera y que hombres exóticos, invasores, se adueñaran de nuestro territorio, de nuestras instituciones, de nuestro gobierno y de todo lo que es nuestro amado México? Estamos sintiendo ya los ataques del enemigo. Ideas disolventes contra la fe, la autoridad, las tradiciones mexicanas, la Patria misma”.[2] El ignorante fanatismo que encierran estas ideas, evidentemente tuvieron repercusiones en el linchamiento de trabajadores universitarios en San Miguel Canoa algunos años después.

Haber encausado a la UAP por el camino de la educación laica y científica y haber defendido el laicismo como principio de gobierno es uno de los méritos del movimiento de reforma universitaria. Frente a los prejuicios religiosos imperantes en la conservadora ciudad de Puebla de hace 50 años, los universitarios que defendieron el artículo 3º constitucional hicieron valer el espíritu laico indispensable para ensanchar los horizontes del conocimiento. La laicidad consiste simplemente en la independencia y libertad de pensamiento respecto a las afirmaciones o creencias avaladas por una autoridad, es decir, laico es quien piensa libremente frente a los dogmas. Un dogma es aquello que es creído o aceptado comúnmente como irrefutable y constituye el fundamente mismo del pensamiento religioso, de ahí que laico sea quien reivindica para sí el derecho de pensar diversamente sobre cualquier cuestión o problema considerado ortodoxo.[3] Esta es la lección que nos dio la generación del 61 y es este el ambiente político y cultural recreado a través de los recuerdos, los testimonios y la invención literaria de Miguel Gutiérrez, en un relato que resultará indispensable para quien quiera comprender aquel momento histórico de la ciudad y de la Universidad Autónoma de Puebla.

Termino citando las palabras del rector de la Reforma Universitaria en el discurso pronunciado en este mismo salón, el 15 de mayo de 1961, cuando el movimiento ya había logrado sus objetivos fundamentales:

Esta Universidad de Puebla abre de hoy en adelante sus puertas para todo estudiante, sin importar su condición económica ni su credo religioso, sólo exige una aspiración tenaz en el perfeccionamiento de una vida digna, liberada y culta. Esta universidad no pondrá ningún obstáculo que limite el acceso de las masas a la cultura, no habrá más monopolio de la sabiduría por parte de un grupo de señoritos en detrimento de los demás, pero tampoco permitirá que esa sabiduría se complazca en la soledad y desdeñosa vuelva la espalda a la vida. Al investigador más puro y sobresaliente salido de esta universidad debe llegar también el ruido de las fábricas, para que ese investigador sepa que es también, junto con nosotros, un obrero que está edificando México.

[1] Manuel Díaz Cid, Autonomía Universitaria. Génesis de la UPAEP, s/f.

[2] Jesús Márquez, cronología del movimiento estudiantil poblano: abril-octubre de 1961.

[3] Michelangelo Bovero, “Cómo ser laico”, Nexos, Nº 282, junio-2001.

Mundo Nuestro, Desarrollo económico y sustentabilidad. No es sencillo que estas dos palabras se vinculen en México. Y de la mano, otras duplas complicadas: ciencia y desarrollo, economía campesina y progreso. De fondo, el interrogante sobre lo que entendemos justamente por desarrollo y progreso en un país en el que la generación de riqueza ha tenido como acompañamiento la pobreza, la desigualdad y el desastre ambienta. En todo ello pensamos cuando conocemos el esfuerzo que científicos poblanos en la BUAP han llevado a cabo desde hace treinta y siete años, cuando el doctor Jesús Caballero Mellado dio los primeros pasos en el campo y en el laboratorio para desarrollar fertilizantes biológicos que pudieran elevar la productividad sin afectar a la tierra. Con el tiempo, los investigadores universitarios han logrado meter en el mercado de la producción de alimentos dos productos validados y con marcas registradas: BIOFERTIBUAP y BIOFOSFOBUAP contribuyen a la incrementar la producción de alimentos sanos y de alta calildad, viables en lo económico y con un menor impacto ambiental que los agroquímicos que se encuentran en el mercado.

Aquí puedes leer la historia completa:

Biofertibuap, innovación para el campo





Revista Elementos. Judith González Christen es investigadora del Laboratorio de Inmunidad Innata, en la Facultad de Farmacia Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Ella ha escrito este texto fundamental en un país, el nuestro, que no ha podido erradicar esta enfermedad. De entrada, las cifras que ofrece en su primer párrafo son estremecedoras. Sin duda, es uno de los principales problemas de salud pública en México.

La enfermedad febril conocida como dengue es un problema de salud que se ha extendido a más de cien países y que afecta cada año a más de 50 millones de personas en el mundo. Así también, se estima que por la difusión del mosquito transmisor, más de dos tercios de la población mundial están en riesgo de contraer esta infección. En los últimos treinta años ha habido un incremento notable no solo en el número de casos y de países afectados, sino también en la severidad de la enfermedad.1 En este lapso de tiempo, el conocimiento acerca del virus productor de la enfermedad, de los mecanismos de transmisión y de patogenia, así como de las técnicas de diagnóstico, ha avanzado enormemente ¿Por qué, entonces, este incremento en la diseminación de la enfermedad? Esta pregunta tiene una respuesta compleja, pues además de los factores inherentes al virus y a la fisiología humana, muchos de los problemas están asociados a las acciones del hombre, a los cambios técnicos y sociales, a los asentamientos humanos más grandes, a la facilidad de transporte entre diferentes continentes y a los cambios ambientales a nivel mundial.

En esta revisión trataré primero las características generales de la enfermedad. A continuación, haré un análisis de los cambios epidemiológicos y de la severidad de la enfermedad en el siglo pasado y por último hablaré de los cambios sociales que pueden favorecer la dispersión de la enfermedad y de la distribución actual del dengue en el mundo. EL VIRUS DENGUE Y LA FIEBRE POR DENGUE La fiebre por dengue es una enfermedad caracterizada por un incremento grande y repentino de la temperatura corporal (fiebre de 38oC o más), asociado con trastornos como son el dolor intenso en huesos y músculos (razón por lo cual también es conocida como fiebre quebrantahuesos), un dolor severo de cabeza, sangrados que van de leves a graves, principalmente en la mucosa oral e intestinal, disminución en el número de plaquetas y leucocitos, entre otros. Se dice que esta enfermedad es aguda, pues aparte del incremento repentino de temperatura, los malestares y la fiebre tardan en desaparecer de 5 a 8 días. Aunque, durante la fase aguda el paciente puede quedar totalmente incapacitado, llegando inclusive a la muerte.2 Esta enfermedad es producida por un virus llamado virus Dengue, del que se conocen cuatro grandes variantes (o serotipos), a las que se denominan Den-1, Den-2, Den-3 y Den-4. Pertenecen al género Flavivirus de la familia Flaviviridae. Son virus esféricos, de 40 a 50 nm, con una cubierta lipídica y poseen un RNA unicatenario positivo. Los cuatro serotipos comparten estas características estructurales y pueden producir la misma enfermedad, pero difieren en su reactividad serológica y genética.3 Cualquiera de estas variantes puede producir los síntomas antes descritos. Más adelante ahondaré en la importancia de estas cuatro variantes.



Para que este virus entre en contacto con un humano, se requiere que sea transmitido por mosquitos del género Aedes, principalmente por el denominado Aedes aegypti, aunque también puede ocurrir a través de su pariente, el mosquito Tigre (Aedes albopictus). La hembra se alimenta de sangre y cuando pica a una persona infectada por el virus (en los días de fiebre), el mosquito adquiere el virus, que a continuación se desarrolla en su estómago. Posteriormente, cuando el virus se ha multiplicado, regresa a la trompa del mosquito y cuando este pica a un nuevo individuo le transmite el virus. Por esta razón solo se transmite el dengue en las zonas donde está presente el mosquito. No todas las personas picadas por un mosquito infectado desarrollarán la enfermedad. Esta afección presenta un gran espectro de manifestaciones. Existe una alta proporción de individuos que solo muestran un cuadro leve, que incluso puede pasar inadvertido o ser confundido con una gripe, por lo que no requieren de ningún tratamiento. De los que sí desarrollan la enfermedad, más del 90% presentarán manifestaciones menos severas (fiebre, dolores y pequeños sangrados) y solamente el 10% o menos presentará vómito, alteraciones hepáticas o sangrados importantes, entre otros problemas. Y de este grupo, la minoría desarrollará una enfermedad mucho más severa, con alteraciones del sistema nervioso, daño en diversos órganos y hasta llegar al choque, que si no es controlado conduce a la muerte del individuo. Un aspecto relevante de la infección con el virus Dengue es que una vez que el paciente se ha recuperado, gracias a la acción del propio sistema inmune, quedará protegido de por vida contra este virus. Sin embargo, la existencia de cuatro variantes (o serotipos) crea la posibilidad de infectarse posteriormente con alguna de las otras variantes. Esto es, un individuo que se infectó con Den-2 estará protegido contra Den-2, pero no así contra Den-1, Den-3 o Den-4. Actualmente se desconocen las razones por las cuales algunos individuos desarrollan una enfermedad mucho más severa. Se han propuesto varias teorías, como son la de los cambios en el virus o las diferencias genéticas y fisiológicas del paciente. Se ha observado, que una gran proporción de los que presentan dengue grave han estado infectados previamente con un serotipo diferente. Esto ha generado preocupación tanto por la dificultad que implica generar una vacuna eficiente, que genere inmunidad contra los cuatro serotipos al mismo tiempo, como por la posibilidad de brotes de dengue grave cuando un nuevo serotipo es introducido en regiones donde el dengue es endémico. Por estas razones los expertos en dengue han establecido que: “El dengue es una enfermedad con diferentes presentaciones clínicas y con frecuencia la evolución clínica y su resultado son impredecibles”

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