Autoritarismo electoral en Puebla y el 'fantasma del cacique' Destacado

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El pasado 1 de julio era escenario de una de las fiestas democráticas más trascendentes de nuestra historia: por primera vez, la izquierda llegaba al poder de manera pacífica, aún más, por la vía de los votos. La desafección y hartazgo ciudadano frente al PRI y al PAN se condujo por las vías institucionales para plantear con claridad un cambio de régimen, tanto político como económico. Mientras millones de mexicanos abarrotaban las casillas en todo el país y pasadas las 8 de la noche el candidato del PRI a la presidencia aceptaba no sólo su derrota sino que reconocía que había ganado AMLO, en Puebla hacía su aparición el espectro de Maximino Ávila Camacho, el cacique-gobernador de Puebla de 1937 a 1941 “porque durante 18 años después de su muerte persistió en la silla gubernamental toda una serie de incondicionales suyos, políticamente formados durante su gobierno; y porque durante otro medio siglo, el espectro de Maximino ha vuelto con frecuencia, evocado por las maniobras –o de mano dura o de vil metal- de muchos gobernadores poblanos más” (Paxman, 2018, p100).

La fiesta de los ciudadanos votando masivamente sucedía en todo el país y en Puebla también. Los votantes matutinos pudieron disfrutar las escenas de familias enteras entrando a las urnas, las largas filas que anunciaban un día histórico. Pero pasado el medio día, las primeras encuestas de salida daban a Morena una ventaja en promedio de 10 puntos para la gubernatura sobre Martha Erika Alonso, esposa del ex gobernador Rafael Moreno Valle Rosas. Y el día se descompuso. La violencia se convirtió en la marca de la elección. Funcionarios electorales y votantes de 70 casillas vieron cómo grupos armados se robaron y vandalizaron, casi siempre a punta de pistola, las urnas y los votos. El resultado dejó personas hospitalizadas y cinco muertos.

Los agresores tuvieron el manto de la impunidad. El gobierno estatal y sus aparatos de seguridad brillaron por su ausencia. Así concluía un proceso electoral marcado por la violencia, más de 13 candidatos asesinados, así como un contexto de control político electoral por parte del morenovallismo para hacer ganar a como diera lugar a la candidata Alonso. Durante la campaña tanto el Instituto Electoral local como el Tribunal electoral correspondiente, en todo momento siguieron el guión morenovallista, incluidas gracejadas convertidas en pautas electorales como el hecho de que el árbitro electoral planteara que llamar a Martha Erika Alonso “de Moreno Valle” constituía “violencia política de género”, tesis que en su momento derribó el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Con todo y lo acontecido en esa funesta tarde de operación electoral, en la noche, Noticieros Televisa daba a conocer las encuestas de salida de Consulta Mitofsky y para Puebla ofrecía una ventaja del candidato de Morena a la gubernatura Luis Miguel Barbosa de 41% a 49%, mientras que para Martha Erika Alonso, candidata del morenovallismo en las siglas del PAN/PRD aparecía de 31% a 38%. Al día siguiente la encuestadora se disculpó pues dijo que sólo en Puebla se había equivocado. En el órgano electoral local hacían lo suyo. Mientras todos los PREPs de todos los estados que tuvieron elección para gobernador ya estaban funcionado, el de Puebla no. Tardó lo suficiente para hacer tortuoso la caída de los datos electorales que al final dieron el siguiente panorama inédito: Morena había ganado la mayoría de las diputaciones locales, 16, contra 9 del morenovallismo y 1 del PRI. Además, Morena ganó la primera fórmula para el Senado, las principales alcaldías de Puebla, incluida la capital, pero curiosamente, no la gubernatura. AMLO arrasó en Puebla dejando en el sótano a sus competidores para la presidencia y siempre estuvo en el aire la pregunta sobre qué tanto los poblanos harían voto diferenciado o qué tanto harían un voto en línea o en cascada hacia Morena.



Los resultados no dejan de asombrar. Por primera vez en la historia, los poblanos tuvieron una elección concurrente y, sin embargo, hay aproximadamente 65 mil votos de diferencia entre la elección federal y la local. Es decir, ¿65 mil ciudadanos que recibieron sus respectivas seis boletas tiraron tres?. Puebla cerró con 543 delitos denunciados a la Fepade, el 24% de las denuncias electorales a nivel nacional. A una semana de la elección más importante en la historia de México, Puebla fue el único saldo rojo en todo el país. ¿Sorprende? Para quien ha seguido la obsesión política de Rafael Moreno Valle Rosas por controlar Puebla y con este capital político disputar un espacio de poder nacional en el PAN y en otros partidos (tiene influencia y operación política en el PRI, el PRD, Nueva Alianza, el Partido Verde) no sorprende.

Como mostramos en el cuaderno de investigación número 16 de la Ibero Puebla (Hernandez, 2017), el morenovallismo se convirtió en un régimen autocrático que enfrentó la crítica y la oposición con represión, espionaje e intimidación.

Moreno Valle gobernó Puebla de 2011 a 2017, dejó a un administrador como gobernador 20 meses por las elecciones concurrentes y el árbitro electoral local ya le entregó a su esposa la constancia de mayoría que la acredita como gobernadora electa. Conocido y reconocido por su habilidad para la operación electoral se atrincheró sólo en la elección para la gubernatura para enfrentar el tsunami López Obrador. Perdió todo, menos el ejecutivo estatal. Hasta ahora. Morena ha anunciado que impugnará la elección y una vez que esté fuera del territorio morenovallista y haga su aparición el TEPJF, veremos qué fue lo que realmente ocurrió.

El autoritarismo electoral (Schedler, 2006) es un tipo de régimen político que con fachada democrática (elecciones recurrentes, instituciones electorales teóricamente autónomas) utiliza los recursos económicos e institucionales para beneficiar al candidato o candidata del grupo o familia en el poder. El partido, grupo o familia que tiene el poder logra tener un cerco mediático en su beneficio, controla el poder legislativo, buena parte del poder judicial, coloca a personeros en el órgano electoral local, utiliza los recursos públicos (presupuestos, burócratas, recursos materiales) para apoyar la campaña oficialista y utiliza la violencia velada o abierta para infundir temor o inhibir el voto.

El PRI había manejado magistralmente el autoritarismo electoral de tal forma que se aseguró 81 años de gobiernos ininterrumpidos en Puebla. Rafael Moreno Valle, ex priísta, convenció al PAN y al PRD de enfrentar al último gobernador priísta (Mario Marín Torres) con el anhelo de cambio y alternancia. Lo logró. Pero muy pronto él mismo se convirtió en lo que combatió. Hoy una buena parte de la sociedad poblana cree que Martha Erika Alonso es la reelección de Moreno Valle. Hay fundadas razones para pensar que si se sostiene su triunfo, no será ella quien realmente gobierne.



El problema es que a diez días de la elección el conflicto postelectoral se expande como fuego en llanura seca. Apenas el martes 3 de julio militantes y simpatizantes de Morena irrumpieron violentamente en un hotel poblano para desvelar un supuesto búnker electoral del PAN donde presumiblemente se operaba parte del fraude. Ahí se encontraban reconocidos operadores electorales morenovallistas y hasta un magistrado del poder judicial. La respuesta no tardó en llegar. El 10 de julio “un juez de control de la región judicial Centro autorizó una orden de aprehensión por al menos cuatro delitos en contra de Gabriel Biestro Medinilla, presidente estatal de Morena; los senadores electos, Nancy de la Sierra y Alejandro Armenta Mier; así como el diputado electo José Juan Espinosa Torres” (http://www.e-consulta.com/nota/2018-07-10/elecciones/ordenan-detener-senadores-y-lider-de-morena-en-puebla).

También ese mismo día apareció un desplegado en el diario Reforma firmado por académicos, luchadores sociales, defensores de derechos humanos y ciudadanos en general que solicitaban las acciones jurídicas correspondientes para investigar los delitos electorales del 1 de julio, alertaban que lo sucedido en Puebla era típico de una elección de Estado y exigían “se sancione a los delincuentes electorales, y si existieran los elementos jurídicos suficientes, se invalide la elección para gobernador” (Reforma, 10 de julio, p. 5).

Parece que las elecciones de estado se habían convertido en mitos geniales. Los gobernadores los pusieron en marcha de nueva cuenta para preservar sus controles territoriales, sus nuevos virreinatos. Así lo muestra Bernardo Barranco en El infierno electoral(2018) con la elección del Estado de México de 2017 para renovar la gubernatura. Afirma que en elecciones competidas “cualquier irregularidad, por pequeña que sea, resulta determinante en el resultado final”. En Puebla, como en el Estado de México, había que sostener la gubernatura para el grupo gobernante con la filosofía calderonista, “haiga sido como haiga sido”.

Y ese “haiga sido….”, Barranco lo expresa en los siguientes términos: “en la actualidad la operación electoral es integral y, en algunos casos, sofisticada. Utiliza incluso resquicios de la espesa y barroca ley en la materia. Hoy el fraude electoral puede ser colosal y sistémico”.

Mientras que a nivel nacional se observan modos políticos nunca vistos, cortesías políticas entre viejos enemigos, en Puebla el espectro de Maximino se niega a abandonarnos.

Dice Paxman que Moreno Valle “encarnó la tradición maximinista en casi todas las características clave: enérgico, vanidoso, altamente ambicioso, amigo de la clase empresarial, enemigo de la prensa libre, insistente sobre un congreso obediente, dispuesto al uso selectivo de la violencia, impulsor del monumentalismo y creador de un nuevo cacicazgo” (Paxman, pp 125.126).

Este nuevo cacicazgo, empero, a diferencia de la época de Maximino, enfrenta un contexto adverso y una sociedad civil más empoderada. No le será tan fácil sostenerlo. Pero vaya que está haciendo todo lo posible por lograrlo.

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Referencias

Barranco, Bernardo (2018), Coordinador. El infierno electoral: el fraude del Estado de México y las próximas elecciones de 2018. Grijalbo, 215 p.

Hernández Avendaño, Juan Luis (2017) Coordinador. Rafael Moreno Valle Rosas (2011-2017): la persistencia del autoritarismo subnacional. Cuaderno de investigación número 16. Universidad Iberoamericana Puebla, 173 p.

Paxman, Andrew (2018) coord. Los gobernadores: caciques del pasado y del presente. Grijalbo.

Schedler, Andreas. Electoral Authoritarianism: the dynamics of unfree competition, Lynne Rienner Publischers, Inc. Colorado, EU, 2006.

*Mtro. Juan Luis Hernández es politólogo y director del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Iberoamericana Puebla

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Sobre el autor

Juan Luis Hernández Avendaño

Juan Luis Hernández Avendaño es politólogo y académico de la Ibero Puebla, donde es del director del Departamento de Ciencias Sociales.