La tolerancia hacia la intolerancia en la BUAP

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Viernes 17 de noviembre de 2017. Algunos profesores y estudiantes del Posgrado de Sociología del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego”, asistimos a la presentación del libro “El engaño populista” de la propagandista guatemalteca ultraderechista Gloria Álvarez. El evento había sido convocado por la Vicerrectoría de Extensión y Difusión de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Después nos enteramos que en realidad dicha Vicerrectoría había rentado el Salón Paraninfo de nuestra casa de estudios a una empresa privada que fue la que ha organizado la visita de la referida señora Álvarez. No obstante ello, dicha dependencia universitaria anunció el evento en su página de Facebook aun cuando horas después hizo desaparecer dicho anuncio.

Como era previsible para mí, la presentación de la señora no fue sino su repetición usual de los lugares comunes neoliberales y anticomunistas ajenos a cualquier rigor académico. A esto hay que agregar que terminó su disertación con ataques a Andrés Manuel López Obrador y a Morena. Con un estilo mordaz que exacerbaba los ánimos de sus fans, en su discurso López Obrador fue convertido en un exponente más de lo que ella llamó “el odio a la libertad”, “la obsesión por el igualitarismo” y la “idolatría del estado”. En suma en alguien semejante a Hugo Chávez y todo los demás personajes que en su imaginación son exponentes del autoritario populismo.

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Gloria Álvarez Cross según Wikipedia: "Nació el 9 de marzo de 1985 en Ciudad de Guatemala, realizó estudios de relaciones internacionales y ciencia política en la Universidad Francisco Marroquín de la capital guatemalteca, posteriormente cursó una maestría en Desarrollo Internacional en la Universidad Sapienza de Roma.2​ Autodefine su doctrina como libertaria y ha criticado a políticos latinoamericanos pertenecientes al Socialismo del siglo XXI, calificándolos como populistas, enemigos de la libertad y dictadores."

Conviene poner en antecedentes a los lectores y lectoras que no conocen a Gloria Álvarez sobre quién es. Se trata de una joven politóloga guatemalteca que ha adquirido relevancia mediática no solamente porque es una activa propagandista neoliberal y anticomunista sino porque ha cometido lapsus que han contribuido a su fama. Alguna vez difundió un twitter en el que decía lo siguiente: “Cuando los españoles llegaron aquí, los mayas tenían siglos de haberse extinto (sic)”. Haciendo a un lado el mal uso del español que evidencia el mensaje, es obvio que el mismo exhibía una gran ignorancia con respecto a la historia de los pueblos mayas: éstos nunca se extinguieron sino simplemente se ramificaron. Hoy sus descendientes han deplorado las formas anteriores de denominarlos y reivindican que se les llame “pueblos mayas” con lo cual reivindican su presencia actual. Lo contrario a todos aquellos que postulan, como Gloria Álvarez, que se extinguieron. Producto de un lapsus inconsciente, Álvarez llamó a la extinción simbólica de lo maya cuando lo proclamó extinto desde hace siglos. Realizó en el plano verbal lo que el neoliberalismo hace en los hechos con sus políticas etnocidas. Podemos percatarnos entonces, que detrás de la bella comunicadora no hay más que la reacción neoliberal. No era primera vez que la referida politóloga hacía el ridículo con su ignorancia. En 2015 respondiendo a una solicitud de un seguidor de su twitter sobre una recomendación de lectura, le expresó que debería leer “La patria del criollo” de Francisco Pérez de Antón (un respetable escritor de derecha). Con todo respeto se puede decir que un cientista social guatemalteco que no sepa que dicho libro fue escrito por mi maestro y amigo Severo Martínez Peláez, evidencia graves fallas en su formación académica. Por cierto Severo terminó sus días en Puebla y en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego” de la BUAP.

Álvarez se volvió una figura mediática desde que se difundió en 2014 un video en el que pronunciaba un discurso contra el “populismo” en el Parlamento Iberoamericano de la Juventud en Zaragoza, España. Desde entonces ha realizado giras por Hispanoamérica denunciándolo. Detrás del bello rostro de una mujer atractiva, en realidad no se encuentra mucha sustancia. Álvarez en su discurso se limita a difundir el uso neoliberal de la categoría de populismo, equiparando dicha forma estatal y social a gasto irresponsable del erario público, promesas imposibles que aprovechan la miseria de la gente y con ello lograr imponer dictaduras. El populismo según ella atenta contra la vida, la libertad y la propiedad privada. En la presentación de su libro en el Salón Paraninfo dijo desenfadadamente que el populismo no era una ideología ni una forma de gobierno sino “un mecanismo de manipulación psicológica”.

De la misma manera en que en la época de la guerra fría, el “comunismo” se volvió la bestia negra con la que se estigmatizó a la protesta social y a la lucha por la democracia, hoy el uso neoliberal de la categoría populismo realiza la misma vieja operación: construye un enemigo y en nombre de la libertad y la democracia llama a destruirlo. De la misma manera en que antaño el anticomunismo vio comunistas en los que lo eran, pero también en demócrata cristianos, socialdemócratas, nacionalistas y procedió a eliminarlos, hoy Álvarez advierte que el “populismo” ha infiltrado a todas las ideologías. Y llama a su “eliminación tecnológica”. Hay en este discurso un atavismo anticomunista que solamente sustituye la denominación “comunismo” por “populismo” y se convierte más que en ciencia social en mera ideología reaccionaria. En la presentación de su libro realizó la consabida operación neoliberal de volver a la categoría de populismo en una suerte de cajón de sastre en el que se encuentran tanto Lula, Néstor Kirchner, Pablo Iglesias, Rafael Correa, Hugo Chávez, Evo Morales como Fidel Castro y Donald J. Trump… Y es que para ella, el populismo no fue sino la máscara que se inventó el comunismo (Fidel Castro) después del derrumbe soviético.

En sustancia el discurso supuestamente académico de Gloria Álvarez no es sino una mezcla de fanatismo de mercado (al gobierno hay que reducirlo a seguridad y justicia) y recomendaciones dulzarronas de superación personal (la solución está en cada uno de nosotros). Su contenido reaccionario se evidencia en dos síntomas inconfundibles: 1. Convierte lo que es social en natural (pobreza, desigualdad y maldad humana son para ella condiciones naturales del ser humano). 2. Postula que la derecha y la izquierda no existen. Sobre esto último siempre recuerdo lo que le escuché alguna vez a Ludolfo Paramio, el ideólogo socialdemócrata español: “cada vez que escucho que alguien dice que no existen ni la derecha ni la izquierda, pienso que ese alguien es de derecha”.



Así las cosas, siguiendo los usos y costumbres académicos, un grupo de estudiantes del doctorado de sociología, el Dr. Giuseppe Lo Brutto y yo dispusimos asistir a la presentación del referido libro de Gloria Álvarez. Y acostumbrados como estamos a lo que se estila en la BUAP, después de la conferencia el Dr. Lo Brutto y yo hicimos uso de la palabra para rebatir las superficialidades de la expositora. La mayor parte del público eran estudiantes de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) que no habían podido escuchar a la señora Álvarez porque un retraso en su movilización desde la ciudad de México le había impedido llegar a la conferencia que tenía planeada en dicha universidad a las 13 horas. También pudimos identificar personas vinculadas a grupos ultraderechistas así como a ciudadanos y ciudadanas venezolanas. En suma, un grupo de personas fanatizadas a los cuales les resultó irritante el que expusiéramos ideas distintas a las de la expositora. Cuando hicimos uso de la palabra fuimos vejados e insultados a gritos por ese público que se transformó en una turba que nos acusaba violentamente de chavistas mientras hicimos uso de la palabra. Gritaban consignas contra lo que llamaban la dictadura de Chávez y Maduro y de manera rabiosa nos pidieron que nos calláramos. Al expresarles que respetaran el recinto y nuestra casa de estudios respondieron a gritos que para ellos ese lugar no significaba nada y que era igual a un bar. El incidente fue registrado en un video difundido por la propia Gloria Álvarez, aunque dos horas después le habían suprimido la parte en la que Giuseppe y yo fuimos agredidos. Al final tuvimos que retirarnos del auditorio escoltados por personal de la Dirección de Apoyo y Seguridad Universitaria (DASU) porque temimos por nuestra integridad física. En suma, vivimos hoy una repetición de un fanatismo que nos recordó las virulentas acciones de los golpeadores del Frente Universitario Anticomunista (FUA) en las décadas de los sesenta y los setenta del siglo pasado.

La BUAP hace bien en ser un espacio que cobije a todas las ideologías. Pero resulta sumamente discutible que rente sus espacios emblemáticos a disertantes de muy bajo nivel académico y a grupos intolerantes que además nos insultan en nuestra propia casa. Resulta ultrajante que rente espacios como el Salón Paraninfo que son simbólicos representativos de nuestra casa de estudios. Pero todavía resulta más ultrajante que los rente en nombre de una supuesta tolerancia, a grupos de fanáticos que pregonan de manera violenta la intolerancia.

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Sobre el autor

Carlos Figueroa Ibarra

Carlos Figueroa Ibarra es profesor e investigador en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla desde 1980. Ocupa el cargo de coordinador del Posgrado de Sociología del Instituto de Ciencias Sociales  y Humanidades «Alfonso Vélez Pliego» desde el 2008. Sin duda, es uno de los académicos más reconocidos por su especialización en el periodo de la guerra civil guatemalteca (1960-1996). La historia de su familia representa en buena medida la tragedia sufrida por miles de ciudadanos centroamericanos que han luchado por una sociedad democrática, justa e igualitaria.

Carlos Figueroa nació en la ciudad de Guatemala el día 5 de agosto del año 1952. Hijo de Carlos Alberto Figueroa Castro y Edna Albertina Ibarra Escobedo.1 En 1954, junto a su familia, se exilió en México tras el derrocamiento del gobierno de Jacobo Arbenz Guzmán. Posteriormente, la familia regresó a Guatemala en 1958, donde permanecería por 12 años. Desde 1970, estudió sociología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), regresando graduado a su país. En junio de 1980, durante el gobierno del general Fernando Romeo Lucas García, fueron asesinados sus padres, lo que sumado a amenazas de muerte por el Ejército Secreto Anticomunista (ESA) de Guatemala, lo obligaron a fijar su residencia en México. Ingresó como profesor e investigador en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Fue militante del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT) desde 1973 hasta 1984. Desde 1987, realiza estancias cortas en Guatemala que aprovecha para ofrecer cursos cortos o presentar sus trabajos académicos y artículos periodísticos en la prensa de ese país.

En los últimos tiempos, Carlos Figueroa ha fungido como Secretario de Derechos Humanos y Sociales en el Comité Ejecutivo Estatal del MORENA, el partido político en construcción a partir del movimiento social encabezado por Andrés Manuel López Obrador.