Jardín botánico en CU: aprender a mirar a las plantas y las aves. Y aprender a imaginar una mejor ciudad

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Mundo Nuestro. Descrubrir un sábado el jardín botánico de la BUAP. No ha sido el simple azar. Acompañamos a nuestra hija bióloga que quiere darle el golpe a lo que los botánicos de la universidad han logrado construiir en los últimos años. Porque lo que encuentro no es un asunto de la semana pasada. Y contra la imagen que tenía de los descampados polvosos de ciudad universitaria a principios de los años setenta, lo que encuentro me confirma sin más el paso del tiempo. Los cedros, los fresnos, los pinos y los encinos han crecido ya lo suficiente para no confundir al visitante: cada conjunto logra el cometido de introducirte en el bosque que estos árboles son capaces de crear si simplemente se les deja crecer.

Ahí está el cielo de los cedros:



Y los magueyes como en un altar:



Y la posibilidad del trópico en un rincón de sombra fresca.



O esta blancura que puede encontrarse en las selvas bajas del sur mixteco:

Y siempre con el vecindario de la flor y los insectos:

Subo estas fotos simples desde el celular a facebook sin más proposito que el de animar a mi propio vecindario a conocer este lugar. Y se me ocurre añadir que este lugar es espectacular.

Y eso lo confirman los especialistas. Al jardín le acaban de dar este reconocimiento por algo que parececer elemental. Hay jardines botánicos, como el que me cobija este sábado, y jardines no-botánicos, incapaces de conservar las plantas.

Aprender que los sábados pueden ser distintos. Que el conocimiento descubre y construye entornos vitales, que le den a una ciudad una vista nueva. Que nos permita mirar de una manera grata el mundo.

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