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Mundo Nuestro: ¿Cómo descubre una niña que algún día se convertirá en una chamana? ¿Cómo descubre que tiene en un don? ¿Cómo logra desenredar las revelaciones de sus sueños?

“Soñaba que iba al cerro –cuenta Isabel, una muchacha a la espera de que le llegue la hora en que estará lista para curar--, que unos pájaros me perseguían, y yo corría, y cuando ya me iban a alcanzar yo me convertía en una ave de color amarillo bien bonita…”

“Chamán se nace –dice la Doctora en Antropología Antonella fagetti, autora del libro “Iniciaciones chamánicas, el trance y el sueño en el devenir del chamán”--. En México, ser chamán o chamana implica haber nacido con el don y haber recorrido un camino que tarde o temprano lleva a la revelación de la verdadera condición de la persona”. Entender este complejo proceso es el propósito final de esta rigurosa investigación publicada por XXI siglo editores y el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades dela BUAP apenas la semana pasada. La antropóloga Antonela Fagetti es especialista en estudios sobre medicina tradicional y chamanismo, con varios libros publicados sobre el tema, además de realizadora de los documentales Una tetralogía del chamanismo en Mexico (2007) y La iniciación del haaco cama/el chamanismo comcaac (2014). Entre el 2010 y el 2014 ha llevado a cabo la investigación financiada por el CONACYT “Procesos de adivinación/sanación/reparación/propiciación en el contexto del conocimiento y la práctica del chamanismo de los pueblos indígenas”.



(Ilustración de portadilla: La árbol despierta, de Ticatla, 2011)

Isabel



Isabel es hija de don Mario, ixtlamatki de Tlacotepec de Díaz, Puebla. Desde pequeña “la atacan espiritualmente” porque nació con el don: “Cuando estaba chiquita, me enfermaba mucho, me llevaba mi mamá a curar con una señora y le decía que yo no estaba bien, que lo tenía eso de nacimiento, que no querían que yo naciera”. Unas veces padece fuertes dolores de cabeza, otras siente que le “aprietan” la garganta: “le grito a mi mamá que me vea porque me quiero morir, ya no puedo respirar bien. Mi abuelito me empieza a limpiar en mis pulsos, mi estómago, mi garganta y así es como se quita un poquito, pero si nadie me limpia, yo creo que sí me va a pasar algo, ¡me voy a morir!”. Su padre le explicó: “- Hay espíritus que se apoderan de ti, como te ven débil y te sienten débil, entonces ellos se aprovechan de tu debilidad y es por eso que te sientes mal”. El testimonio de doña Marina, su madre, describe los momentos de angustia que vive con su hija: “Cuando se siente mal, a mí me espanta, se pone bien blanca su cara y sus pulsos ya no funcionan. Ella ya no sabe nada, se tira, se duerme y yo agarro un huevo y su papá la empieza a limpiar y con eso se calma, se empieza a despertar otra vez y dice que ve un señor vestido de negro que se la quiere llevar”. “Veo un señor vestido de negro –aclara Isabel- y tiene un gato, me dice: ahora te voy a llevar, te vas a morir, yo no me dejo. O veo una anciana que me quiere llevar de la mano: - Vamos a ir porque no quiero que tú crezcas, ¡no quiero que estés más acá!”.



Un día que se sentía muy mal, fue a ver a doña Sabina, la partera que la vio nacer y que también es curandera; esta le confió, que había nacido con un “recubrimiento” –tal vez se refería a la ropita- y que ella la había guardado, pero no le reveló dónde: “- Esta cosa la vas a llevar en tu cuerpo, por eso, cuando ya estés grande, vas a entender y vas a curar”, y le pronosticó qué sucedería cuando tuviera veintiún años: “- Cuando llegues a esa edad, vas a ver que ¡te vas a sentir más mal!”, y así fue. Nunca hubo con la ixtlamatki suficiente confianza para pedirle ayuda, por el contrario, su padre prefería que no la consultara, pues dudaba de su probidad moral y pensaba que en lugar de ayudarla, en realidad, la estaba perjudicando. El hecho es que el futuro ixtlamatki, el que tiene un “don bueno”, es continuamente acechado por el “envidioso”, todo aquel nahualli que no es buena persona, y que por tanto se califica como amo cualli iyllis. Los malintencionados, como ya señalé anteriormente, atacan a quienes todavía no son curanderos y carecen de la fuerza anímica que les permite soportar sus embestidas. Eso le sucedió durante años a Isabel: de improviso sucumbía víctima del mal aire. Recuerda muchos sueños que tuvo de pequeña, de cinco o seis años:

Cuando estaba chiquita soñaba que iba yo al cerro, se llama Cuixtepetl. Soñaba que iba así como estoy, como ser humano, y veía muchos pájaros, muchos árboles bien bonitos. Pero luego, cuando iba yo caminando, en el camino me perseguían, me venían correteando y entonces yo corría para que no me alcancen, ya después, cuando veía que me querían alcanzar, me convertía en un ave bien bonito, era de color amarillo con muchos colores, le decimos el tekechol. Veía los animales que me iban correteando y me empezaba a reír de ellos y les decía: - ¿Ya vieron? ¡No me alcanzaron! Me iba saliendo de ese cerro e iba bajando, bajando a Tlacotepec y me paro allí en la tierra y me convierto en ser humano otra vez. Le contaba a mi papá lo que había pasado y me decía: - Tú tienes algo de don, por eso sueñas así.

Otro tipo de sueños que ha tenido Isabel confirman lo dicho por don Mario. Durante los primeros años de vida del ixtlamatki, como ocurre con muchos especialistas que poseen el don, algunos sueños son premonitorios: le anuncian al elegido que está destinado a curar pero que todavía falta tiempo, por lo cual debe aguardar el momento en que podrá entregarse a su labor.

A veces voy en los cerros, o en el Covatepetl, y atravieso un lago, un río, y me encuentro con un señor vestido de blanco y me da unas hierbas y me dice: - Los vas a ocupar el día en que llegue la hora que tú puedas curar, pero ahora no, dice, ¡hasta que yo te avise! Ahora vete y recuerda lo que te dije, yo te quiero mucho y no te preocupes porque no te va a pasar nada, yo siempre cuido de ti. Era como un viejito, tenía su calzón de manta, su camisa de manta y un sombrero.

Ese mismo anciano, que según su padre es Dios, días después, se presentó en otro sueño: “me hablaba en náhuatl y me decía: - Tienes que cuidarte, porque hay muchas personas malas que no quieren que tú cures”.

Isabel ahora tiene veinticinco años y tiene dos hijos, a pesar de que un curandero del pueblo le pronosticó que no tendría y que si se embarazaba podría morir. Los ataques de los “envidiosos” se han espaciado y ella espera que un día ese anciano vuelva a aparecerse en sus sueños y le avise que ha llegado el momento de comenzar a curar.

Arquitectura Ibero Puebla: primer lugar en el país

Extractos del mensaje del Dr. Fernando Fernández Font, rector de la Universidad Iberoamericana Puebla, en la inauguración del Quinto Congreso Nacional sobre Cambio Climático:

En los últimos años hemos constatado la voracidad consumista, la injusta repartición de la riqueza, la sobre explotación de los recursos naturales, la ambición del poseer no tienen límites ni escrúpulos, ni siquiera ante los riesgos inminentes y las amenazas globales para el planeta. Las declaraciones, los acuerdos, los informes locales e internacionales se han quedado cortos frente a lo grave de la realidad.



Dijo el teólogo de la liberación Leonardo Boff, una sociedad que decide organizarse sin una ética mínima, altruista y respetuosa de la naturaleza, está trazando el camino de su propia autodestrucción.

“Desde hace 25 años el informe de Bruntland, presentado ante la Comisión Mundial del Medio Ambiente y Desarrollo, advirtió que por lo menos necesitaríamos 10 planetas como éste para que los países pobres pudieran consumir tanto como consumen los países ricos. ¿Cuántos planetas más necesitaremos para darles una vida digna a las personas situación vulnerable?”



La pesada economía de la humanidad se manifiesta en la deforestación, en el agotamiento de la pesca; en la creciente escasez de agua dulce y en la disminución de la diversidad biológica. No es un asunto menor que el Papa Francisco se haya dado a la tarea de trabajar para crear conciencia de los modelos de producción y los paradigmas de consumo. Así pues, debemos comprometernos con la construcción de una sociedad basada en una relación distinta del ser humano con la naturaleza y consigo mismo

Para la Compañía de Jesús las universidades juegan un papel fundamental en el mejoramiento de la calidad de vida, en la conservación ambiental y en el tránsito hacia sociedades sustentables. Por ello, nosotros en la IBERO Puebla, tenemos el gran reto de trabajar desde la investigaciónpara generar alternativas y propuestas ante los sistemas ecológicos y sociales que han sido lacerados por la devastación ambiental, el agotamiento de los recursos, pero sobre todo por los proyectos, hoy conocidos comode muerte, que amenazan acelerada y agresivamente la vida de nuestro planeta.



Los interesados en seguir el programa de actividades de esta semana de congreso podrán visitar la ligahttp://www.iberopuebla.mx/eventosDetalle.asp?id=2282 o bien seguir las transmisiones en vivo por IBERO Live en www.iberopueb.la

¿Cómo entender Vive la Ibero?

De entrada el jalón de más de mil estudiantes asomados al mundo de la universidad jesuita en Puebla el sábado pasado. Mil rostros en los que uno adivina el futuro que se construye en la decisión por la que optas por un sendero u otro en la vida. ¿Cuántos senderos en este país de jóvenes que pareciera sólo ofrecerles incertidumbres ante el destino?

Tengo tres imágenes ante este encuentro en el que la Ibero Puebla abre su casa a los estudiantes preparatorianos.



Una la tengo en las palabras de Fernando Fernández Font, el rector, que resume los fundamentos que la universidad jesuita busca para sus estudiantes: debe ser competente, no puede estar mal preparado ante los retos de la vida; debe ser consciente, sensible en análisis de los problemas la sociedad enfrenta con conocimientos comprometidos con los otros, pues no se vive solo, se comparte el mundo; y debe ser compasivo, lo que significa no tener lástima del otro, sino hacer algo por mejorar la vida de los demás.



El Rector Fernando Fernández Font.

Otra la tengo en la imagen de la universidad que ha abierto sus puertas a los estudiantes perseguidos por la policía estatal en el último informe de gobierno. Pienso que la verdad te hace libre en los hechos.



El 15 de enero pasado, a las puertas de la Ibero Puebla.



Y una última en lo dicho por un egresado de la Ibero, el cineasta Ricardo Arnaiz, fundador de Animex Producciones, productor de La leyenda de la Nahuala, y cuyo equipo de trabajo presentará en marzo en el Festival Latino de San Diego, E.U., las películas animadas "Selección Canina" y "El Americano": "La IBERO creyó en mí --dijo en conferencia el egresado de Diseño Gráfico--, me ayudó a cumplir, pero sobre todo me enseñó a entender que la vida presenta retos pero que con conocimiento todo se puede lograr, de ahí que la IBERO es una buena opción para cumplir sus sueños".



Cartel de Selección canina.



Tres momentos de Vive la Ibero 2015. La posibilidad de construir un mejor país se revela en lo mejor que tiene México: sus instituciones de educación superior.

El Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades "Alfonso Vélez Pliego" (ICSyH) se creó el 2 de octubre de 1991. Su función principal es el desarrollo de la investigación social y humanística, los estudios de posgrado en sus niveles de maestría y doctorado, así como la participación en las actividades de difusión y extensión de la Universidad. Mediante la coordinación y apoyo a las actividades de investigación de alto nivel, y a través del sostenimiento y creación de programas de posgrado se forman e incrementan los cuadros académicos necesarios y capaces de analizar e interpretar el entorno social y cultural, así como producir nuevos conocimientos en el ámbito de las ciencias sociales y de las humanidades.

Las manos en la masa: masturbación y familia

Por Julio Glockner



Amor, sexualidad y erotismo

Uno de los libros más lucidamente bellos que escribió Octavio Paz se titula La llama doble, es un ensayo sobre el amor, la sexualidad y el erotismo, de donde extraigo algunos fragmentos para precisar y esclarecer estos términos.

Sexo, erotismo y amor son aspectos del mismo fenómeno, manifestaciones de lo que llamamos vida. El más antiguo de los tres, el más amplio y básico es el sexo. Es la fuente primordial. El erotismo y el amor son formas derivadas del instinto sexual: cristalizaciones, sublimaciones, perversiones y condensaciones que transforman a la sexualidad y la vuelven, muchas veces, incognoscible. Como en el caso de los círculos concéntricos, el sexo es el centro y el pivote de esta geometría pasional. El dominio del sexo, aunque menos complejo, es el más vasto de los tres. Sin embargo, a pesar de ser inmenso, es apenas una provincia de un reino aún más grande: el de la materia animada. A su vez, la materia viva es sólo una parcela del universo.

Cadena de excepciones: las leyes que rigen al movimiento del universo macro-físico no son, según parece, enteramente aplicables al universo de las partículas elementales. Dentro de esta gran división, aparece otra: la de la materia animada. La segunda ley de la termodinámica, la tendencia a la uniformidad y la entropía, cede el sitio a un proceso inverso: la individuación evolutiva y la incesante producción de especies nuevas y de organismos diferenciados. La flecha de la biología parece disparada en sentido contrario a la flecha de la física. Aquí surge otra excepción: las células se multiplican por gemación, esporulación y otras modalidades, o sea por partenogénesis o autodivisión, salvo en un islote en el que la reproducción se realiza por la unión de células de distinto sexo (gametos). Este islote es el de la sexualidad y su dominio, más bien reducido, abarca al reino animal y a ciertas especies del reino vegetal. El género humano comparte con los animales y con ciertas plantas la necesidad de reproducirse por el método del acoplamiento y no por el más simple de la autodivisión.



Aunque las maneras de acoplarse son muchas. El acto sexual dice siempre lo mismo: reproducción. El erotismo es sexo en acción pero, ya sea porque la desvía o la niega, suspende la finalidad de la función sexual. En la sexualidad el placer sirve a la procreación: en los rituales eróticos el placer es un fin en sí mismo o tiene fines distintos a la reproducción.

La esterilidad no sólo es una nota frecuente del erotismo sino que en ciertas ceremonias es una de sus condiciones. Una y otra vez los textos gnósticos y tántricos hablan del semen retenido por el oficiante o derramado en el altar.

El erotismo es sexualidad transfigurada: metáfora. El agente que mueve lo mismo el acto erótico que al poético es la imaginación. Es la potencia que transfigura al sexo en ceremonia y rito, al lenguaje en ritmo y metáfora. La imagen poética es abrazo de realidades opuestas y la rima es cópula de sonidos; la poesía erotiza al lenguaje y al mundo porque ella misma, en su modo de operación, es ya erotismo.



El erotismo es una metáfora de la sexualidad animal. ¿Qué dice esa metáfora? Como todas las metáforas, designa algo que está más allá de la realidad que la origina, algo nuevo y distinto de los términos que la componen. Si Góngora dice púrpura nevada, inventa o descubre una realidad que, aunque hecha de ambas, no es sangre ni nieve. Lo mismo sucede con el erotismo: dice o, más bien: es, algo diferente a la mera sexualidad.

El erotismo es invención, variación incesante; el sexo es siempre el mismo. El protagonista del acto erótico es el sexo o, más exactamente, los sexos. El plural es de rigor porque, incluso en los placeres llamados solitarios, el deseo sexual inventa siempre una pareja imaginaria… o muchas. En todo encuentro erótico hay un personaje invisible y siempre activo: la imaginación, el deseo. En el acto erótico intervienen siempre dos o más, nunca uno. Aquí aparece la primera diferencia entre la sexualidad animal y el erotismo humano: en el segundo, uno o varios de los participantes puede ser un ente imaginario. Sólo los hombres y las mujeres copulan con íncubos y súcubos.

Las manos en la masa: Masturbación y familia

Aunque todos hemos experimentado en carne propia la masturbación, permítanme recurrir a la Real Academia Española para precisar el concepto: “masturbarse viene del latín masturbari y significa procurarse solitariamente goce sexual”. Consultando el Nuevo Diccionario Latino Español Etimológico, impreso en 1903, para saber qué significa masturbari, encuentro que se suprime la palabra saltando de Mastrum, una ciudad de la Patagonia, a mastus, el tubo de una fuente. Busco entonces masturbare en el Diccionario Italiano-Español impreso en Barcelona en 1957 y tampoco aparece la evidentemente temida palabra. En la Enciclopedia de México por supuesto no encontraría nada, a pesar de ser un deporte muy socorrido… recurro entonces al Diccionario Enciclopédico Salvat y finalmente hallo la explicación: masturbari viene de manus, mano, y turbare, excitar. La censura del término en algunos diccionarios me llevó a revisar el mito hebreo de Onán, el masturbador primigenio que culturalmente nos corresponde en Occidente. Al leer el mito encontré tres elementos interesantes: Censura, culpa y blasfemia.

En el Génesis del Antiguo Testamento se dice que Onán fue el segundo de tres hijos procreados por Judá, su padre, con una cananea de nombre Sué. El viejo Judá quiso que su primogénito, llamado Er, se casara también con una joven cananea de nombre Tamar. Pero Dios, al ver la maldad de Er, quien tuvo una vida perversa, le hizo morir. Entonces Judá le ordenó a Onán que tomara en matrimonio a Tamar, atendiendo a la ley Mosaica del levirato, que ordena que el segundo hijo se case con su cuñada viuda para procrear hijos en nombre de su hermano mayor. Dice el capítulo XXXVIII del Génesis: “Dijo Judá a Onán, su hijo: entra a la mujer de tu hermano, y cohabita con ella, para que levantes linaje a tu hermano. Pero él, sabiendo que los hijos no nacerían para sí, entrando a la mujer de su hermano, derramaba semen en tierra, para que no nacieran hijos con el nombre del hermano. Y por esto hirióle el Señor, porque hacía una cosa detestable”.

La Biblia no especifica si el semen esparcido en la tierra era únicamente el resultado de un coito interrumpido o también de una manipulación. Pudo ser cualquiera de las dos cosas o ambas. Lo que es claro es que se trata de un pecado mortal, de una ofensa a Dios en la desobediencia a su mandato de cohabitar con una mujer para procrear hijos… y nada más. Esa culpa, que viene a ser un eco de la culpa primigenia por la que Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso, ha sobrevivido en la cultura judeocristiana de la que somos herederos hasta nuestros días. En nombre de esa culpa se ha atemorizado, avergonzado, humillado, perseguido y castigado una de las formas más inofensivas del placer sexual en Occidente.

Sin embargo, la masturbación y la cruzada que contra ella se organizó desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX, dio como resultado, ni más ni menos, que la organización de la moderna familia nuclear. Voy a intentar explicar esto muy brevemente, resumiendo las ideas expuestas por Michel Foucault en el curso que impartió en el Colegio de Francia en marzo de 1975, publicado en el libro Los anormales.

La cruzada contra la masturbación que se inicia en el siglo XVIII tiene como propósito no la salvación de las almas sino la preservación de la salud corporal. No es el discurso cristiano de la carne el que se esgrime contra el autoerotismo, pero tampoco es el discurso de la psicopatología sexual, que surgirá más tarde, durante la segunda mitad del siglo XIX.

En la modernidad el discurso contra la masturbación no está elaborado para combatir el deseo y el placer, sino para prevenir la enfermedad y la muerte. Se trata de un conjunto de exhortaciones, de consejos y conminaciones presentadas bajo la forma de un análisis científico. Es una literatura compuesta por manuales destinados a los padres de familia sugiriéndoles una serie de ideas y estrategias domésticas para impedir que los niños y los adolescentes se masturben. Existen también tratados destinados a niños y jóvenes, el más célebre de ellos, titulado El libro sin título, analizaba las consecuencias desastrosas de la masturbación y, en la página de enfrente, incluía ilustraciones con la fisonomía cada vez más descompuesta, estragada y cadavérica del joven masturbador que agota su vitalidad progresivamente.

La campaña anti-masturbatoria comprendía instituciones destinadas a atender y curar a los masturbadores con prospectos de medicamentos y anuncios de médicos que prometen a las familias curar a sus hijos de ese “vicio”. En Alemania, por ejemplo, se afirmaba que la institución Salzmann era la única en toda Europa en que los niños jamás se masturbaban. En parís, a fines del siglo XVIII y principios de XIX se instaló un museo de cera al que se invitaba a los padres a acudir acompañados de sus hijos, en caso de que hubieran mostrado indicios de masturbarse. Allí se mostraban figuras que representaban todos los padecimientos que podía tener quien cayera en la tentación de procurarse placer por cuenta propia.

Cuando se prohíbe a los muchachos masturbarse no se les amenaza con una vida adulta perdida en el desenfreno y el vicio, sino con una vida adulta plagada de enfermedades y padecimientos. No se trata tanto de una moralización como de una somatización, de una patologización.

En el Diccionario de las Ciencias Médicas, publicado en París en 1820, se ofrece este retrato del pequeño masturbador:

“Ese joven se encontraba en el marasmo más absoluto; su vista estaba completamente apagada. Allí donde se encontrara, él satisfacía las necesidades de la naturaleza. Su cuerpo exhalaba un olor particularmente nauseabundo. Tenía la piel terrosa, la lengua vacilante, los ojos hundidos, toda la dentadura descarnada, las encías cubiertas de ulceraciones que anunciaban una degeneración escorbútica. La muerte ya no podía ser para él sino el final dichoso de sus prolongados sufrimientos”.

Nos encontramos -dice Michel Foucault- en plena fabulación científica. Los médicos oficiales de la época empiezan a identificar la masturbación como causa posible de una gran variedad de enfermedades: meningitis, encefalitis, mielitis y diferentes afecciones de la médula espinal, enfermedades óseas, degeneración de los tejidos de los huesos, enfermedades oculares y con frecuencia también interviene en enfermedades del corazón.

Más de un siglo de intensa campaña anti-masturbatoria (que en muchos casos se prolonga hasta nuestros días) tenía que concluir en un verdadero delirio hipocondríaco, mediante el cual los médicos lograban que sus pacientes asociaran sus enfermedades con una infancia o adolescencia masturbadora. De ahí derivó todo un género literario: la pequeña autobiografía del masturbador. Veamos el testimonio de una francesa del siglo XIX (aunque escrito por un hombre) publicado en el libro Los hábitos secretos de las mujeres:

“Esta costumbre me arrojó en la más espantosa de las situaciones. No tengo la más mínima esperanza de vivir algunos años más. Me alarmo todos los días. Veo avanzar la muerte a grandes pasos. Desde el momento en que comencé con mi mala costumbre me afectó una debilidad que fue constantemente en aumento. A la mañana, al levantarme tenía desvanecimientos. Mis miembros dejaban oír en todas sus articulaciones un ruido semejante al de un esqueleto que se sacudiera. Algunos meses después, al salir de la cama a la mañana, empecé a escupir y echar sangre por la nariz, tan pronto de color intenso como descompuesta. Sentía ataques nerviosos que no me dejaban mover los brazos. Tuve mareos y de vez en cuando nauseas. La cantidad de sangre que pierdo sigue aumentando… y además estoy un poco resfriada.”

Una vez localizada las causa de las enfermedades y fincada la responsabilidad a la masturbación mediante la autopatologización, como lo muestra el caso de esta mujer, se produce una voluntad de disculpar al niño y buscar a los culpables entre los adultos que conviven preferentemente en el ámbito familiar. Como esta problematización ha sido generada y está dirigida a las familias burguesas, es a esa clase social y su estructura familiar a la que se dirigen las recomendaciones de vigilar al servicio doméstico y a los parientes de todo tipo que conviven en el mismo hogar: el criado, la gobernanta, el preceptor, el tío, la nodriza, los primos etcétera. La desconfianza se esparce por todo aquél que habita la misma casa y que no pertenece a la familia celular formada por padres e hijos.

El diablo está ahí –dice Foucault- al lado del niño, en la forma del adulto, esencialmente la del adulto intermediario. La culpabilización recorre a los personajes ajenos al núcleo familiar, pero también a los padres que no se ocupan directamente de sus hijos y recurren a servicios o favores de otros adultos. Lo que, en definitiva, se cuestiona en la masturbación de los niños es su ausencia de cuidados, su desatención, su pereza, su deseo de tranquilidad. Después de todo lo único que tenían que hacer era estar presentes y abrir los ojos. En esa medida y con toda naturalidad, se nos conduce al cuestionamiento de los padres y su relación con los hijos en el espacio familiar. Lo que se requiere –concluye Foucault- lo que se exige es, en el fondo, una nueva organización, una nueva física del espacio familiar: eliminación de todos los intermediarios, supresión, si es posible, de los domésticos, o en todo caso, vigilancia muy cuidadosa de ellos; la solución ideal es, precisamente, el niño solo, en un espacio familiar sexualmente aséptico.

“Los niños deben ser vigilados en su aseo, al acostarse, al levantarse, durante el sueño. Los padres tienen que estar a la caza de todo lo que les rodea, su ropa, sus cuerpos. El cuerpo del niño debe ser objeto de su atención permanente. Esa es la primera preocupación del adulto. Los padres deben leer ese cuerpo como un blasón o como el campo de los signos posibles de la masturbación. Si el niño tiene la tez descolorida, si su rostro se marchita, si sus párpados tienen un color azulado o violáceo, si muestra cierta languidez en la mirada, si exhibe un aspecto cansado o indolente en el momento de salir de la cama, ya sabemos cuál es la razón: la masturbación… A los padres les toca organizar toda una serie de trampas gracias alas cuales podrán atrapar al niño en el momento mismo en que esté cometiendo lo que no es tanto una falta como el principio de todas sus enfermedades”.

Por estas razones el Manual de higiene pública y privada, editado en París en 1827, aconseja a los padres:

“No perder de vista a quien busca la sombra y la soledad, a quien permanece largo tiempo solo sin poder dar buenas razones de ese aislamiento. Que vuestra vigilancia se consagre principalmente a los instantes que siguen al acostarse y preceden al levantarse; es entonces, sobre todo, cuando puede sorprenderse al masturbador con las manos en la masa. Sus manos nunca están fuera de la cama y en general le gusta esconder la cabeza debajo de las mantas. Apenas acostado, parece hundirse en un sueño profundo: esta circunstancia, de la que desconfía cualquier hombre ducho, es una de las que más contribuyen a generar la seguridad de los padres… Si entonces se destapa bruscamente al joven, se encontrarán sus manos, si no tuvo tiempo de moverlas, sobre los órganos de los que abusa, o en sus cercanías. También puede encontrarse la verga erecta e incluso las huellas de una polución reciente: esta podría reconocerse además por el olor especial que exhala la cama, o del que están impregnados los dedos. Desconfíese en general de los jóvenes que, en el lecho o durante el sueño, tienen a menudo las manos en la actitud que acabo de mencionar…”

Con ello, afirma Foucault, asistimos a la introducción de toda una dramaturgia familiar que todos conocemos bien, la gran dramaturgia familiar de los siglos XIX y XX: ese pequeño teatro de la comedia y la tragedia de la familia, con sus camas, sus sábanas, la noche, las lámparas, los acercamientos en puntas de pie, los olores, la cuidadosa inspección en busca de manchas; toda esa dramaturgia que aproxima indefinidamente la curiosidad del adulto al cuerpo del niño.

Después de la revolución sexual de la segunda mitad del siglo XX la situación es radicalmente distinta. La obsesión por la salud y su cruce con la sexualidad ha producido nuevas fórmulas que buscan no tanto el placer, como el desarrollo de una “vida sana”. Los cardiólogos recomiendan a los hombres mirar los pechos desnudos de las mujeres para mantener un corazón sano; se organizan maratones masturbatorios de hombres y mujeres en varios países; recientemente un grupo de investigadores recomendó la masturbación a los mayores de 50 años para tener una próstata saludable, en fin, los tiempos han cambiado y si antes hubo una obsesiva preocupación por la excitación auto-erótica, hoy cualquier improvisado profeta puede complacer a su innumerable auditorio al proclamar gustoso: masturbaos los unos y las otras.