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Puebla, la crónica gráfica de Jesús Olguín Pascualli

Jesús Olguíni Pascualli es un foto reportero de la vieja época del periodismo poblano: en la calle, con el ojo despierto y crítico, siempre alerta al suceso que venga. Todo es noticia.



Como la turba que se arremolina contra un helicóptero, que se le cuelga, que lo apedrea y que logra derribarlo. Uno de tantos conflictos que nos explican: Matamoros en 1993. Manuel Bartlett es el gobernador. Y son los del Frente Cívico Matamorense los que se han insurreccionado contra el fraude en la elección municipal, uno más en la historia del PRI.

Cuánta historia no nos hemos contado de la vida poblana que nos impide entender esto que somos.



Pero ahí están sus imágenes de Chucho Olguín para alumbrar la historia reciente de nuestra sociedad. La historia del cierre del siglo XX que a gritos pide una narración mucho más certera que lo que la historiografía en Puebla ha logrado para explicar los conflictos sociales que nos desbordan y que ponen en jaque la viabilidad ambiental y social en nuestro estado.

Puebla, crónica gráfica de los años 80 y 90 del siglo XX (BUAP, 2017) es su libro que se presenta este viernes 24 en la Feria Nacional del Libro que organiza la BUAP en el Complejo Cultural.

Es una crónica gráfica la suya que demanda una narración a la altura de lo que las fotografías exponen con la contundencia que puede alcanzar la fotografía de prensa. Imágenes con acontecimientos de hace un cuarto de siglo que todavía siguen determinando los procesos de hoy: Volkswagen y sus conflictos laborales; la 28 de Octubre y la independencia de los movimientos populares; la universidad pública y el cuestionamiento sobre el desarrollo social; la pobreza y la desigualdad extremas; el poder autoritario y la democracia que no acaba de madurar en México.

Presentamos aquí algunas de las imágenes del libro de Jesús Olguín, como la de este trabajador de Volkswagen al que los perros policías del gobierno estatal han mordido durante la represión de una de tantas huelgas ocurridas en los años ochenta en la planta alemana en Cuautlancingo.

Imágenes que nos recuerdan que esta historia nuestra merece contarse mejor. Y que sólo por ese camino entenderemos la profundidad de nuestros conflictos. Y los senderos democráticos que puede encontrar una sociedad para enfrentarlos.

Los textos que siguen corresponden a extractos de crónicas escritas por Sergio Mastretta en los años retratados por Jesús Olguín.

Y también mordimos a los perros...

Por el estrado de la Asamblea General de los trabajadores de Volkswaguen desfilan uno tras otro obreros que narran la violencia sufrida el amanecer del martes: palos, patadas y mordidas, los granaderos y sus perros cumplieron con la tarea encomendada por las autoridades. Operativo al mando del jefe de la policía judicial. Propósito cumplido: desalojar el acceso a la altura de la Aduana, la primera entrada a la empresa Volkswagen si se viene de Puebla. Único inconveniente: los trabajadores del primer turno no entran a trabajar y se suman a sus compañeros golpeados que se Han replegado al otro lado de la autopista.

Un hombre maduro, sin más datos me llama ya casi al finalizar la Asamblea del miércoles 28 de septiembre. Cuenta las acciones de lo sucedido: “A las cinco para las cinco llegó el ingeniero Rogelio Pérez, jefe del Departamento de Hojalatería o funcionario de allí me parece. Estábamos en la entrada principal de vehículos en la Aduana, de refuerzo de nosotros, en ese punto, de guardia éramos unos cuarenta. Vimos una Combi que se desvió de la Y griega de la autopista, llegó a formarse, nos echó el alumbrado y nosotros empezamos a observar: sentimos que sí venía a algo serio. Se bajó uno y quitó las piedras. De los nuestros unos se estaban calentando en la fogata, otros por ahí pendientes. Habíamos regado unos alambritos de llantas quemadas, esa era nuestra protección de que si llegaba gente pues algo se detenía a maniarse con los alambres, no eran una trampa adecuadamente como ellos lo han relatado, que nosotros agredimos a las personas de gobernación, eso es mentira.

“Bueno, llegó esa unidad, nos afocó y se arrimó, ahí reconocí a esa persona, Rogelio Pérez. Le dimos el paso, como estaba bloqueada la entrada a la Aduana se metió por los prados del jardín, directamente para la puerta. Él había quitado las piedras que pusimos de bloqueamiento cuando nos afocó. En el lapso de tres minutos llegó un camión de la ruta de Los Ángeles lleno de patrullas, lleno de garroteros, puros garroteros nada más. Se bajaron, inmediatamente yo corrí a dar la alarma: ‘compañeros están descolgándose los granaderos’. Unos segunditos y una patrulla llega para abrir campo, enseguida llegaron más carros con patrullas. Más o menos como nueve carros, digo, porque todavía estaba medio oscuro. Más atrás llegaron los perros en una camioneta. Organizamos la valla, dijimos no va a ver enfrentamientos.

“Ellos se formaron en reglamento, los garroteros primero, luego los que train gases, después los judiciales. Al frente el comandante Verdín, se bajó el cierre y sacó una metralleta que traía del lado derecho, de alto poder. Dice: ‘Órale, abran campo, abran cancha’. Y como estaban bien formados los granaderos abrieron la valla, o sea una calle, y habla por radio: ‘Quiten los bozales a los perros. Más al fondo estaban, no oíamos ladridos, pero yo me di cuenta de que habló por radio. Dice: ‘Vamos a correr a todos esos hijos de la chingada que están aquí, son poquitos’. Así dijo. Naturalmente, estamos repartidos, entonces éramos pocos ahí. Cuando vimos que abren la calle y se dejan venir los perros hacia nosotros. Como hicimos el bloqueo de carros ahí fuimos a topar todos y no hallamos en donde desviarnos. Lo que hicimos fue meternos debajo de los camiones, de panza, para colarnos pal otro lado. Legalmente no pudimos hacer nada, aunque ya llegaban los compañeros a apoyarnos, los perros se nos venían encima. Los traían con cadenas, arrastraban a los policías, eran unos perros potentes me di cuenta, eran como unas siete filas de perros, regados todos. Unos nos mordieron. Otros nos daban vueltas, como para marearnos, enredarnos. Cortábamos ramas, las ramitas de alcanfor esas, no pudimos hacer nada con yerbas, los perros se nos venían encima.

“Ellos gritaban: ‘Ora sí, hijos de la chingada, se van a ir de aquí cabrones’, así decían los policías, los granaderos y los judiciales. Venían con unas armas cortas unos. ‘Y a ver echen fuego’, gritaban. Pero no teníamos nada, señor. Los primeros camiones que llegaban fueron topados por los polis, no les dio tiempo a los compañeros de salirse, rompieron los cristales y sacaron a la gente. Es mentira que nosotros rompimos los de las patrullas. Luego ya se soltaron a golpear al que agarraban.

“Es lo que nos lastima... Mire usté lloro, no por miedo, por coraje. Fue ayer eran cinco y cuarto de la mañana, todos gritando de mordidas, y yo, calmado, ya no pudimos hacer nada. Oímos en la radio que nosotros agredimos a los policías... ya mero que dijeran que nosotros mordimos a los perros”.

El Torrente

1.- Viernes 21 de junio de 1996 por la noche: la naturaleza desnuda la fragilidad de una ciudad que ya no sobrevive a sus engaños. Para la mala metrópoli un espejo implacable, el torrente espeso de lodo, árboles, piedras y basura desborda el desastroso paisaje de su desarrollo urbano. Los espejismos del progreso nos arrojan cadáveres destrozados en el fango. Nunca nuestro periodismo gráfico encontró territorio más propicio, y sus imágenes certeras alumbran el precipicio de nuestras equivocaciones.

2.- Media tarde. Seres anónimos circulamos extasiados por el espectáculo de las nubes, cúmulos y macisos grises en tonalidades tan variadas como los verdes del campo. Presagio de tormenta que no conmueve a los automóviles con sus soledades y desatinos empañados por los primeros asomos de la descarga tropical. 46 milímetros, dirán después los meteorólogos, como pocas veces se ha visto en los últimos cincuenta años. La mayor parte correrá por las faldas erosionadas de la Malinche. La dimensión de la catástrofe nos hará entender otras medidas: la extensión y profundidad de las barrancas del norte de la ciudad, con sus nombres antiguos --Xaltonac, El Conde-- que se hunden en los ríos Atoyac, San Francisco y Alseseca; la magnitud del desastre ambiental que significa pensar en la deforestación de los bosques, la erosión de la tierra, el taponamiento de los cauces, su reconversión en caños y basureros.

3.- Rumbo a la medianoche del viernes no imagino ese torrente de lodo y equivocaciones que arrastrará la vida de diez personas. Sufro la tormenta que estropea planes y ensoñaciones de reventón adulto. Quiero reconstruir una imaginación que no se produjo el viernes: un taxi en ese arroyo natural reconvertido en la vialidad heroica Cadete Vicente Suérez, un chofer fuera de la unidad que grita, implora, increpa a su pasaje. No hay más tiempo: el auto es una piedra más, otro tronco brutal decapitado con tres seres anónimos con sus ánimos, sus proyectos, sus broncas, su futuro atrapado en el lodo, ramas quebradas que no murmuran más lamentaciones.

4.- La noche entera. La respuesta y la angustia. Por radio la voz de un bombero: “No se puede más, comandante. No terminamos en un lado cuando ya piden auxilio en otro. Qué hacemos jefe... Si metemos el camión nos va a llevar la corriente también a nosotros”. No pararían, minuto a minuto recibían nuevas órdenes de la Central.

Juan Pantaleón Sebastián, presidente de la colonia La Providencia hará un recuento el domingo: han limpiado las calles; no hay teléfonos; no hay luz. Platica con el gobenador Bartlett. “El problema está en la mala planeación, señor. No nos tomaron en cuenta cuando desviaron el cauce del río Amalucan”. Así fue: el arroyo fue desviado hacia el Alseseca en un ángulo de noventa grados para dar paso a la vialiad Vicente Suárez. No resistió el embate del torrente, que buscó su sendero original. Ahí empezó a arrastrar a los automóviles. “No nos hicieron caso --insiste--, debieron haber construído un puente”.

“Esta obra es del sexenio anterior”, responde el gobernador. “Lo que nosotros hicimos fue darle continuidad a estas vialidades”.

Luis Ontañón, director del Soapap, y Eduardo Macip, flamante secretario de la SEDUEP, se miran. “¿Quién construyó esto?”, se preguntan. “¿Tú ya estabas?”, se dicen.

El torrente tampoco tuvo conocimiento.

Las viudas de Calmeca

Matanza de campesinos en Jolalpn, 1989.

Les dicen “Los Platones” y “Los Treviños”. Según la denuncia de Jesús Cázares, ellos son los responsables de los asaltos en la carretera Matamoros-Cuautla. Llevan ya muchos años engavillados. No viven ya de fijo en el pueblo, aunque sí sus familias. Se sabe que están en Atlixco. Un tiempo, recuerdan en Calmeca, fueron perseguidos, pero no por los judiciales, sino por el ejército: “Se fueron cuando los federales les quemaron sus casas”, cuentan los campesinos, “pero no los agarraron, ellos saben las salidas que tienen estas barrancas”.

Porque en Calmeca lo que sobran son barrancos y desfiladeros buenos para el venadeo. En un punto en el que el estado de Puebla se olvidó de sí mismo y apretujó la tierra y todo es un lomerío ardiente y áspero de cazahuates, pochotes, huajes y órganos y sol y polvo que los entendidos llaman simplemente paisaje mixteco, lo único que hay es monte para el pastoreo, jagüeyes y veredas y silencio roto por el cencerro y el tropel de los chivos. Y, de cuando en cuando, por el eco quebrado y reseco de los fogonazos.

Así, venadeados, murieron Crisóforo y Guadalupe Campos Barranco. Dice la viuda de Guadalupe: “Venían de matar a Crisóforo, allá por el cerro de Tananica. Me dicen ¿No has visto a tu esposo? Y yo, que se fue con la burra a traer leña. Que no, que se parece a uno que ahí por la Mesa Redonda está muerto. Y yo voy corriendo y lo veo ahí en el suelo, muerto por Camerino Treviño y Venancio Santos. Es largo de explicarse, pero todo empezó por unas vacas que le robaron a unos, y mi cuñado, Crisóforo era Agente de Paz aquí en el pueblo, así que le pidieron auxilio. Los detuvieron y llevaron a Matamoros. Pagaron y buscaron la venganza. Por eso aquí no hay Juez de Paz, ya nadie quiere ser Juez de Paz, hay miedo, no se crea, yo también tiemblo”.

Y cómo murió Flora Barranco: “La mató ese Platón Morales. El hombre se apersonó en su casa, yo doy fe, un día de muertos, le dijo a Flor que ella escondía a los hermanos Campos, y ella le dijo que pasara que buscara, pero que si no los hallaba, que ella se iría contra él, y Platón no esperó, ahí le descargó la pistola, a la mera entrada de su casa. Luego entró y balaceo a Vidal, lo dejó muerto, pero se salvo”.

O la muerte de Marcial Jiménez: “Le llevaron los animales de ahí de su casa, mero cuando él llegaba de la vigilia, le robaban la yunta. No se aguantó, porque los animales eran su vida, los siguió y ahí delantito lo mataron”.

Un testimonio más: “Yo soy viuda de Primitivo Victoriano Cardoso, también por sus animales, él vio cómo le llevaban sesenta chivos, todo el trozo. Quedó muerto en el campo de Aguabrito, un ojito de agua que hay así pa abajo”.

Por todas las denuncias, uno busca la opinión del comandante de la judicial de Matamoros, Marcos Sánchez Campos, recién llegado de Tecamachalco: “Hay muchas órdenes de aprensión. El problema es que o no se encuentra la gente, andan en Estados Unidos, o no dan la cara las partes agraviadas. Si los agraviados no vienen a nosotros y muchos de los que buscamos andan afuera ¿Qué podemos hacer?”.

¿Qué se puede hacer entonces, según el comandante: “Es difícil hacer algo. No es un problema de apenas, es de siempre. Si la gente del pueblo dice que nosotros estamos coludidos con los criminales, que lo prueben, hay elementos que quedaron del jefe anterior, que les presenten pruebas”.

¿No tiene que ver en esto la marginación de Calmeca? Dice el comandante: “No es que estén abandonados, es que de por sí son conflictivos. No he podido checar todas las órdenes, en eso estoy. Estamos colaborando con la policía de Morelos, en el caso de los hermanos Michaca si existía orden de aprensión, allá mismo ya la tenían. No, no la tengo a la mano, es difícil, tenemos todo archivado”.

Todo archivado. Son ocho agentes judiciales para el distrito entero de Matamoros.

¿Cómo se construye una sociedad mejor?

Poco a poco, diremos. Y no por obra y gracia de un Estado paternal ni por la voluntad redentora de políticos iluminados. Poco a poco, en la acción civil que crea una empresa o un movimiento colectivo con el propósito simple (es un decir) de cambiar el mundo.

Por ejemplo: cambiar la negativa relación entre el campo y la ciudad. Entender que la mejor manera de impulsar la economía de las comunidades campesinas está en el consumo de lo que producen y en condiciones favorables en precio y abasto para los pequeños productores. Se dice fácil, pero cada vez más se desarrollan en México procesos con ese objetivo vital.

Y más: transformar por esa vía nuestros pésimos hábitos alimenticios. Comer productos frescos, sin procesamientos industriales: una hamburguesa vegetariana, para no darle vueltas al asunto y pensar en producto extremo del fast food gringo: brócoli, zanahorias, betabeles, frijoles y chipotles traídos de los campos de Texmelucan o Tepeaca y convertidos en la base de una parrilada. Y encontrarlas en presentaciones atractivas, adecuadas a la vida urbana de familias que trabajan todo el día.



Y una universidad que se decide por contribuir a esta vinculación desde los espacios generados para desarrollar empresas.

Campo, universidad, acción civil. Buena idea para pensar en una mejor alimentación.

No me lo imagino, aquí está la receta:

Las 4 gracias

4 hamburguesas vegetales, de 100 g cada una, empaquetadas individualmente.



La gracia naranja (avena, arroz integral, zanahoria y especias)

La gracia roja (avena, arroz integral, amaranto, betabel y especias)

La gracia marrón (avena, arroz integral, quinoa , frijoles, chipotle y especias). Ligeramente picantes.

La gracia verde ( avena, arroz integral, brócoli y especias)

Y los aderezos especiales: uno de salsa de tomate con albahaca y otro de tinga poblana.

Así entiendo este movimiento vegano por una mejor alimentación Beveggie “Lo Spaghettoque en alianza con el IDIT de la Ibero Puebla se presenta mañana por la noche en el lobby de ese instituto.

“México es nuestra casa –me dice Edda Beronda Mastretta, directora del proyecto que se presenta en la Ibero Puebla--, y somos poblanos porque consumimos productos del campo poblano, los que encuentras en los mercados populares.”

Y de la mano su concepción nutricional y su búsqueda de alternativas: comida sana, sin gluten, sin lácteos, sin harinas, sin huevos, bajas en sales, sin azúcares añadidos.

“Comida pura”, dice.

Tal es su ánimo y lo expone este jueves a las 7 de la noche en el IDIT de la Ibero Puebla.

Mundo Nuestro. Moisés Ramos Rodríguez trae en la belleza de las palabras el rostro oscuro de la ciudad. Y es la ciudad reciente. la de nuestro caos e ingratitudes colectivas. La del barrio que sobrevive. La que se diluye en el peso de sus casonas y sus discordias. En el marco de la presentación de su último libro de poemas (Cantares de la ciudad de los Ángeles, Buap, 2017) presentamos ocho de los poemas incluídos en él y que bien exponen la madurez alcanzada por el principal de nuestros poetas malditos en Puebla.



y la miré a los ojos

…una noche

decidí tomar de los cabellos

a la ciudad convertida en fugitiva



—nada más para mirarle el rostro—

(estaba yo cantando

como corresponde a quien se precia

de estar solo

o ser poeta)

…y la miré a los ojos:

estaba tan fuera de sí

que gritaba ofreciendo mercancías

sentada cómodamente en el retrete de su olvido

No quedaba en ella rastro

de lo que fue su vida regia:

cubierta con harapos

los pies desnudos y maltrechos

estiraba la mano temblorosa

decorada aún con el brillo

casi imperceptible

de su última joya:

la Octava Maravilla

el Osario de América

Pedía

por caridad

el verbo o la palabra que llevarse a la boca

hincado el codo en sus riquezas mal habidas

Nos vimos como se miran

los huérfanos

los gemelos

los cófrades que toda filiación abandonaron

alejados de toda pertenencia

El frío congelaba sus encías deshabitadas

babeaba como quien pierde la palabra

escurrida por la comisura de los labios

pero logró decir

que estaba dispuesta a cortarse las venas del asfalto

para dejar renacer un río limpio

Juró que recuperaría su nombre augusto

para perpetuarlo en un blasón de piedra en la memoria

Hablaba creyendo estar iluminada

mientras los dedos de los pies le carcomían las ratas

y las cucarachas le surcaban el rostro virulento

Tartamudeaba

apoyada en el báculo de sus centros comerciales

Le pedí que dijera su nombre en voz alta

que repitiera el nombre de sus padres

de sus hijos

sus entenados

las hienas que están royendo su cadáver:

ojos nublados de vieja ciega

echó hacia atrás la su cabeza

agitó su bote con monedas

tarareó las últimas estrofas de su himno

y yo me fui a buscar bronca a otra parte

Tenochtitlán seiscientos noventa y uno

Para Alekos

La boca de una mujer extraña es un pozo profundo.

Y una gran ciudad es como una mujer extraña. Norman Mailer

Lo primero que vimos al salir del inframundo fue al arcángel

espada de luz

ligeras líticas alas:

miramos a la Tierra alumbrar

la nopalera de tunas corazón

y vimos al águila guerrera

unida a la serpiente de nuestra antigua fuerza

En la plaza danzantes

—roncas voces las de sus atabales—

cascabeleando al ritmo de su entusiasta alma:

músicos de músculos frugales

nutridos por el sol y las entrañas del ayuno

Vimos el rostro antiguo de los guerreros

Ocelotl

Cuautli

ávidos de sangre

Y la primigenia madre Tlaltecuhtli

ofreciendo aún sus nutrientes pechos

en tanto al Zócalo llegaba vociferante

la voz de otro 2 de octubre

(el viento trae aún las sus plegarias

clamando por justicia para los inocentes:

letanía que se repite

para que Luzca para ellos la luz perpetua)

Plazuelas ciudadelas de agusanados años

persistente hundimiento de los escaños

oscuro esplendor y miseria de falsos tlatoanis

y fuego que nos trae copal

intentando sanar el cuerpo purulento

Calaveras en cuentas –y en los sangrantes tzompantlis—

cráneos en los tocados y las muñequeras

niños con la furia de Huitzilopochtli

repitiendo otro grito

por otra venganza clamando:

“¡Oh Cortés, oh rubio Alvarado…! ¡Oh, asesinos…!

sus petos y cascos nadan aún en sangre

¿quién se atrevió a honrarlos

quién a perdonarlos?

Aquí están nuestros corazones

aún en la incertidumbre…”

El viento sana hoy

—respiración boca a boca—

estas calles

mas aún se empuñan navajas de obsidiana

“Mi patria es el español”

uno repite

y el prójimo

en el cercano extremo

insiste

—en algo cercano a la lengua florida—

en culminar la su venganza

Se diluye la tarde:

ejércitos de las sombras vuelven al túnel

¿Cuándo aceptarán paz los corazones

—unos y otros herederos—

de estos que del inframundo suben

que al inframundo bajan?

Dos cantares de entonces

Para Juan Javier

por el vértigo en su camioneta blanca

I

Consciente o torpemente

nos confundimos con los borrachos de la calle

nos dedicamos a beber hasta tener visiones

o hasta detenernos largo tiempo en la inconsciencia:

no había uvas que ofrendar

ni algún dios joven Baco

sólo curado de pulque tochtli

Cierto es que tocamos canciones de muy alto voltaje

desafinados

y el mezcal nos ayudó a correr por los cerros de Oaxaca

y en lugar de Dionisos

arrostramos la confusión de preguntar

“¿Quién eres?”

Mas cierto es también que hicimos regla un deseo:

“Prohibido escupir a los poetas”

II

Sobre la chatarra que ardía aquel verano

mi sombra se freía como el huevo de un ornitorrinco:

era la hora de los congales fauces

hora de oficiar venéreos misterios

cantar boleros

en medio del insomnio

habitantes del Infierno

Orábamos:

“¡Oh Venus

oh Mayahuel

oh Afrodita

oh Mictlantecihuatl

queremos ser dignos de tus dones!”

y deshecho el aherrojo con el que nos sometía el Tiempo

pasamos al otro lado del espejo

Vivíamos en la calle

La calle se llamaba

bien lo recuerdo

“Lejos aún del Paraíso”

y hace unas horas al volver a tocar los sus ladrillos

vi que nadie ha trastocado la su placa

y tiene aún el mismo nombre:

en una de sus esquinas

serio en su labor de siempre

arroja piedras al vacío el Señor Tlacuache

—piedras que ya no son piedras rodantes—

Con el fuego de los sueños que quemamos en aquella esquina

asamos después bombones rellenos de veneno

del mismo sabor que tuvo para nosotros la belleza

De El Evangelio de Lucas Gavilán

Juan El Taxista

ha precedido a Jesús de Cabaret:

El Mar de Galilea rebosa

Los mercaderes del Templo

han venido a regatear

las monedas que a sus manos regresarán:

lapidaron a Magdalena

frente al Templo esta mañana

y ahora bajo luces desgastadas

le aplauden y piden un lugar privilegiado

a la hora del baile que hará sobre cada mesa

Herodes

uno entre los anónimos que pueblan otras mesas

va presto a lavarse las manos

mientras el trío Los Fariseos canta

y piensan los músicos en compensar al Buen Ladrón

dándole en concesión la barra

José de Arimatea

paga por ver:

quiere ganar para una escalera para un sepulcro

para apoyar a Jesús de Cabaret en el momento preciso

Los Romanos

carnales de la vieja y aguerrida milicia del barrio

entran con la lanza en ristre

dispuestos a la revisión en los costados

—después le ofrecerán vinagre en una esponja—

del cansado Jesús de Cabaret

quien repite frente a la barra

sobre los altos tacones de su banco acerado

“¿Por qué me has abandonado?”

mesando remordimientos

—corona espinas

victoria dos equis

después fría una negra modelo—

Ahora Los Fariseos

—el uno en la guitarra

el otro en las maracas—

lo siguen pues inició el baile

mas le temen y quieren despojarle

Los Apóstoles

expertos en música norteña

le dan duro y macizo a la redoba

mientras su Piporro de Cuetlaxcoapan

canta sobre el maná

y ofrece la Tierra Prometida:

“¿De a cómo no?” ya le preguntan

Ángeles

verdes ángeles prestan auxilio en la carretera

y el Sumo Sacerdote

—rudo luchador de todos los domingos—

manosea su Viejo Testamento

para saber qué podrá tocarle

ahora que empiece el streap tease

y la túnica por el suelo quede

Todo había comenzado con la resurrección de los muertos:

inició el viejo Lázaro

quien dormía el sueño eterno de bruces en la barra

y fue llamado por Jesús de Cabaret

para andar por ahí sin andarse por las ramas

y terminará en la cantina El Gólgota

entre infusiones y arrepentimientos

Jesús de Cabaret ha sido vapuleado

y su primo Juan El Taxista

perdió la cabeza por una tal Salomé

bailarina experimentada y poderosa

Se acerca “El fin de los Tiempos”

autobús que también cubre la ruta

Apocalipsis-Limbo-Purgatorio

“Polvo eres

y en polvo te convertirás”

dice el conductor del autobús

al informe lodo que se secará mañana

por sobre el que ahora pasa

Ora pro nobis

pide la señora del guardarropa y los cigarros

“En verdad les digo

que esta noche estarán conmigo en El Paraíso:

conozco al cadenero y la entrada será gratis”

responde y profetiza Jesús de Cabaret

En el baño del cabaret

El Mar de Galilea

las aguas están más que revueltas

Obscuro total:

los Cuatro Jinetes del Apocalipsis ya se acercan

en sus inmaculadas Harley Davidson

a más de ciento cuarenta kilómetros por hora

Sueña la ciudad un río

I

Yo soy de donde ya no hay río:

el mío era un arroyo

—Almoloya—

que crecía con los opulentos aguaceros de mayo

y

a veces

creo haberlo visto

como fluye en esta página:

veo al fiero que

—me cuenta mi padre—

traía árboles desraizados

animales fabulosamente hinchados

y artilugios deformados

Escucho que habla en el verano

aun cuando su voz huela a podredumbre

Lo veo animar pulidos batanes

molinos antediluvianos

llevarse la inmundicia de las calles

y erguir las cañas a su paso

—guerreros ante su general

cambiante y permanente—

Lo escucho defenderse

coletear al comenzar su entubamiento

Lo veo vengarse al inundar los barrios

calles y plazuelas

cada temporada de lluvias

puntual e irrefutable

Lo veo

joven serpiente

lomo esplendoroso que se expande

Lo miro seguir creciendo en los árboles antiguos

del abandonado Paseo Viejo en San Francisco

Me siento

a veces

a platicar con él

como si no hubiera sido ahogado

Miro a la ciudad pagar la cuota de su insensatez

al haberlo clausurado

contra natura

He caminado toda su ribera

mirando los barcos de papel

que ya no pude echar sobre su lomo:

aún siento su espíritu vagar

azotando los muros de la Angélica Cuetlaxcoapan

la cobarde ciudad que no supo guardarle

Entonces bajo nuevamente a recordar

que vengo de aquí

de donde no hay río

Y escucho los días navegar sin su sextante

sin Stella Maris

Y se derrumba la Angélica Ciudad

húmeda la vista al mirarla

espíritu de eternidad

cuerpo que no puede encauzar ningún olvido

I

Sueña la ciudad un río

caudaloso y fresco

espejo de las constelaciones

Río

Por momentos es tan intenso ese deseo

que los angelopolitanos hacen barcas durante la madrugada

edifican muelles desde donde zarparán

con la eclosión del día

Y escuchan ya el chocar del agua contra rocas

el chasquido de ramas sobre el lacustre pecho

Agua

líquida ensoñación

alcanza tal intensidad

que humecta los ojos que la miran

Sueña la ciudad que recupera un río…

Generaciones

El abuelo está de pie

recargado en el respaldo de la silla

donde su hijo está sentado

y carga

sobre la pierna izquierda

inclinado ligeramente hacia la derecha

al nieto

al hijo

al espejo de ambos

El abuelo

turbia cabeza lanosa

mira atento hacia la izquierda

hacia donde la Muerte ya lo llama:

por fin comenzaba a perdonarse

a ver cuál fue la bifurcación equivocada en su vía

y ya no le dará tiempo

de abrazar a su hijo

de quitarle el peso de haber sido

él

su padre

No lo toca:

toca su silla

y rehúye hasta la lente

El padre

decimonónico el traje

se ahoga por la corbata y las barbas:

sombra de la sombra de su padre

mantiene el gesto de jabalí presto al ataque

y el fotógrafo ha logrado mostrarnos

sin que él abra la boca

sus dos colmillos preparados

En el fondo de la máscara

ennegrecida por las barbas

los ojos de un hombre triste

buscan

desde hace siglos

a su padre

El niño

padre en miniatura por el traje que gasta

parece indómito fiero

general que será de mil batallas

mas

basta un ligero escrutinio

para ver su verdadera imagen:

muñeco roto

mudo

de sentidos maniatados

con los mismos apellidos

el nombre

los ojos

suplicantes

de su abuelo

de su padre

Va el poeta por su hermano

Tienes el cabello revuelto

como si acabaras de salir del Mar de los Sargazos

Ya no dices nada

Pareces agotado

como si descansaras después de un día pesado

Estás pálido

como si hubieras velado

sin saber que

por la mañana

conocerías la resolución a todo enigma

Pareces tú y muchos otros hombres:

frío y desprotegido

ya no sabrás que perdiste un zapato

Afuera llueve

y aquí

a un lado de la puerta

hay un horno en el cual quemarán tu ropa

Es verano:

el largo día había amanecido luminoso

Aquí

me inclino y te hablo al oído

te cargo para regresar a casa

como si no quisiera despertarte:

desde tus ojos semiabiertos

marrón claro

ya no replicas

Otra ciudad de polvo y verdadera

VIII

Vengo de un antiguo sueño

de urbes acedas

de cuerpos de tul y humo zarandeado

donde perviven nombres

seres a quienes sólo yo escucho

Vengo de un sueño

erigido en un desierto

de torres de carbón

calles extensas lenguas calcinadas:

oigo a seres

vacíos como sonajas de guajes sin semillas

somnolientos pesados

arrastrados por su propio nombre

Vengo de un cementerio

de una antigüedad extraordinaria

donde crecen ideas fijas como púas

cercas de alambre

pentagrama donde no escribe para cantar el aire

Escucho andar a gatas a ciertos pensamientos

otros

se vuelven remolinos que peinan los pantanos

Hay luces muertas que saben a derrota

futuros triturados en un molino extraño

despiadado

Escucho que aquí nada se oye

que pasa un día o dos

un centenar de horas guiadas por un cencerro inapiadable

y nada aquí sucede:

no se mueve el lodo de los pensamientos

se vacía la cuenca desde donde todo se miraba

Voces que no reconocería

ni la propia garganta donde se expendían

van adheridas a los muros

se destrozan las uñas buscando una salida

boquean

presas del bozal que son

que incuba su silencio

Paso buscando una mirilla

deseo sólo un respiradero

mas mi sueño es viejo y desdentado

ácido y desangrado

territorio donde ya no corre el aire:

se sofoca a sí mismo

se envuelve en llamas pardas o bien decoloradas

se ahoga

y yo me voy secando

flanqueado por esas voces en los muros

los seres de sal cual olas ocres

e ideas que se ahorcan penden

—mecate y madera el segundero—

para mostrar dónde vivimos

dónde venimos a husmear:

en medio del silencio

sin traductor para este sueño viejo

decrépito

lápida que hará de nosotros fósiles

sangre inútilmente convocada

(Todo ha pasado ya:

llega la aurora

palabra que arde y guía

voz para ser

para mostrar que consistimos

pese a que polvo inquieto

no otra cosa somos)

Mundo Nuestro. Moisés Ramos Rodríguez (Ciudad de Puebla, 1963), presentará Cantares de la Ciudad de los Ángeles en la Feria del Libro BUAP el miércoles 22 de marzo. La reportera Janet G. Jiménez nos acerca en esta entrevista a quien es ya una de las voces más elaboradas de la literatura poblana. (La imagen de la portadilla es de ©Daniel Mordzinski)



“Mi libro Cantares de la Ciudad de los Ángeles es una continuación de los cantares hechos a la ciudad desde el siglo XIX y el XX, pero, recurriendo al símil de la fotografía analógica, es su negativo, su anverso. Así, yo afirmaría que mi libro es el lado no reconocido, el lado maldito, el lado putrefacto de la canción que se ha llegado a considerar el himno de Puebla, ciudad y Estado: “¡Qué chula es Puebla…!” de Rafael El Jibarito Hernández.

“Los poemas de Cantares de la Ciudad de los Ángeles son, sin duda, la pesadilla de César Garibay, de Delfino C. Moreno, de Moreno Machuca, de Gregorio de Gante, de Amapola Fenochio y de Flora Otero; son el lado obscuro al que no se atrevieron a mirar; son su continuación y un homenaje, atroz, bárbaro y ríspido, pero homenaje al fin.

“Me hubiera gustado que los poetas de la Bohemia Poblana leyeran mi libro. Quizá lo hubieran quemado con leña verde frente a la fuente de San Miguel, en el Zócalo, encabezados por Cordero y Torres. “

Así habla el poeta Moisés Ramos Rodríguez de su nuevo libro, Cantares de la Ciudad de los Ángeles el cual presentará el miércoles 22 de marzo, a las 18 horas en la Sala Virtual del Complejo Cultural Universitario.



Ramos Rodríguez ha publicado los poemarios Olvido es nuestro nombre y Raíz de luz; la presentación de su más reciente poemario será parte de la Feria del Libro de la BUAP y le acompañarán los también poetas Roberto Martínez Garcilaso y Enrique de Jesús Pimentel.

El libro, editado en enero de este año, de 126 páginas, estará a la venta a precio especial, en tanto que su anterior poemario, Raíz de luz se vende en el stand de la propia BUAP a mitad de precio.

En entrevista, habla del poemario que presentará, y de sus temas

—Existe la opinión de que la gente no lee poesía…

—Cuando el colapso se produzca (o mejor: cuando produzcamos el colapso) por una múltiple explosión nuclear o por una transformación del planeta provocado por el sobrecalentamiento o alguna razón parecida, y queden algunos seres humanos, lo único que sobrevivirá con ellos será la poesía. Nadie será capaz de recordar cómo eran el Partenón, el Empire State o la Muralla China, y reproducirlos. Pero los únicos humanos sobrevivientes, a través de las palabras recordarán la poesía, la reconstruirán o volverán a inventarla. Dejarán que el Espíritu hable a través de ellos nuevamente.

Todos nuestros mejores inventos, todas nuestras más ambiciosas búsquedas en el espacio sideral, quedarán reducidas a nada, pero el ser humano seguirá preguntándose quién es y para qué está en el planeta Tierra, qué sentido tiene estar vivo. Y sólo la poesía le podrá contestar.

—¿Qué libro es Cantares de la Ciudad de los Ángeles…?

—El título, claro, le debe mucho a Ezra Pound, a quien leí con desmedido fervor entre los diecisiete y los veinte años de edad. Por otra parte, también es un homenaje a los Cantares Mexicanos y, si forzamos un poco… pero eso no importa.

Lo que sí se repite a lo largo del libro es el hecho de que la ciudad a la que se le canta, con admiración y desprecio, entre otras cosas, es la Ciudad de los Ángeles, nombre de la ciudad de Puebla, capital del estado de México del mismo nombre, entre 1531 y 1821: doscientos noventa años mantuvo se llamó así.

—¿Hace cuánto fue publicado el libro…?

—En enero de este año. Releí varias veces este libro en los últimos años, porque ya lo quería publicar; me sentía como Juana de Asbaje cuando escribió: “mas esta tentación me quita el juicio”. Porque es un libro viejo y ya me quería “deshacer” de él. El primer poema, con el cual se abre el libro en forma de epígrafe, es de antes de que yo cumpliera veinte años de edad. Hoy tengo cincuenta y cuatro. El último de los poemas es de hace seis años, o tal vez más.

Es un libro al que me fue difícil asomarme las últimas veces, porque si bien quería conservar la voz original de cada uno de los poemas (que fueron trabajados durante años), también quería evitar ese riesgo implícito en todo trabajo de revisión: la obsesión por una perfección inexistente, por una voz que no existe, por un libro ideal, imposible de alcanzar.

Los poemas de cada libro muestran la poesía que se ha logrado. No más. Es vesania pasar años y años revisando.

—Parece que el de tu libro no es un tema común, al menos en la poesía poblana de los últimos años…

—El tema no es nuevo, obviamente: la ciudad. En el caso de la poesía occidental, viene desde Homero. Recordemos que Odiseo dice, según el rapsoda: “Conocí la ciudades populosas y aprendí sus costumbres…” Después, obviamente, están, ya en el siglo XIX, Hugo y Baudelaire, pero sobre todo Rimbaud con sus magníficos poemas en prosa de las Iluminaciones inspirados en Londres, sí, pero que muestran a la Ciudad, así con mayúscula, de la cual dirá después Norman Mailer: “La boca de una mujer extraña es un pozo profundo. Y una gran ciudad es como una mujer extraña”.

El primer gran poema urbano, consideran algunos, es el de Apollinaire, pero para mí la gran raíz de la poesía urbana está en Rimbaud, la cual se puede notar incluso en el libro de Las ciudades imaginarias, de Calvino, por poner un ejemplo grosero.

En México, y en español, hay una gran tradición de cantos urbanos, baste recordar a Martí y su “Amor de ciudad grande”, que es también del siglo XIX. En México siempre pienso en el poeta de La Musa Callejera y en Vicente Quirarte, en el Lizalde de Tercera Tenochtitlán… Los ejemplos son innumerables y no es necesario extenderse en ello, pero para quienes nacimos en la ciudad y aprendimos a distinguir entre un Mustang 76 y un Camaro, antes que entre un sauce y un laurel, quizá sea importante recordarlo.

—Además del tema obvio de la ciudad, ¿hay un ambiente determinado en el que el libro se haya gestado? Tal vez el viaje como se lee en vario poemas…

—No sólo porque se cite en un largo epígrafe una canción de Bruce Springsteen (“Días de gloria”) es necesario decir que el rock tuvo una gran influencia en Cantares de la Ciudad de los Ángeles: además de la urbe, obviamente el protagonista es el ser humano de la ciudad, quien se pregunta quién es, que hace en este planeta; y claro, viaja porque está buscando incesantemente su lugar.

Y detalla Moisés:

“Así como en Mexico City Blues la música que acompaña a los poemas (y con los que se debe acompañar su lectura) es el jazz, en el caso de mi libro siempre la banda sonora es el rock. Además de Springsteen están visibles en el libro Led Zeppelin y The Beatles, pero la presencia del rock va más allá de esas obviedades. Muchas de las más potentes imágenes poéticas de la ciudad y sus habitantes están en las letras del rock mejor logrado, en inglés y en español; y en otros idiomas, claro. A muchos, a la par de la poesía, el rock nos salvó del naufragio, la vesania y la locura de psiquiátrico y medicamentos. Una dotación básica (guitarras, bajo, batería, unos buenos poemas) hicieron tanto por mí y alguna gente de mi generación (y posteriores), como lo hizo, verbi gratia, Leopoldo María Panero.”

—Hay una parte del libro dedicada al alcohol, a los bebedores, a las cantinas, a los borrachos en la ciudad…

—La verdadera religión de un hombre en una ciudad de Occidente (y Puebla lo es por herencia, no por esencia), es el alcoholismo; hoy cada vez se suman más mujeres o son más visibles, y los ciudadanos se unen a esas filas cada vez más jóvenes. De esos seres habla una de las secciones del libro, “Teódulo’s bar”, cuyo nombre se refiere a una cantina que estuvo en la Avenida 14 Oriente. Creo que somos una sociedad decididamente alcohólica, sin duda, y el alcohol es la única droga permitida, la única que sin prescripción puede tomarse, sin medida.

Otra sección está dedicada al río de San Francisco, en cuyos márgenes fue fundada la Ciudad de los Ángeles, el cual fue entubado hace más de cincuenta años, en los años sesenta.

Finalmente hay una sección llamada “Álbum familiar”, donde el personaje urbano hace referencia a cuestiones más familiares.

El libro cierra como ha sido abierto: con poemas dedicados enteramente a la Ciudad, así con mayúsculas, especialmente a la Ciudad de los Ángeles.

—¿Qué más explicarías de este libro al lector?

—Obviamente un libro de poesía, la poesía misma no debe ser “explicada”. Una de las mayores sandeces es pedir a un autor que “explique” un poema o un poemario. El libro de poesía sólo aspira a ser complementado por el lector; justificar su existencia de esa forma. No tiene otro sentido. Lo demás son palabras.

(Moisés Ramos Rodríguez, Cantares de la Ciudad de los Ángeles, poesía. Consejo Estatal de Ciencia y Tecnología de Puebla, 128 pp., Puebla, México, 2017. Presentación: miércoles 22 de marzo de 2017, Aula Virtual del Complejo Cultural Universitario, BUAP, 18 horas.)

Mundo Nuestro. Las cifras que los investigadores de la Ibero Puebla exponen para dar a conocer el Foro sobre pobreza y desigualdad en Nuestro país revelan el fracaso de las políticas publicas en México desarrolladas en las últimas décadas para enfrentar esta realidad brutal.

Presentamos aquí sus planteamientos con los que innvitan al público a participar en el

Foro Internacional ¿Por qué persisten la pobreza y la desigualdad en México?: miradas internacionales y propuestas de política pública.

(Imagen de portadilla tomada de e-consulta)



Políticas sociales, insuficientes para erradicar pobreza y desigualdad en México



  • La política social no es suficiente para combatir la pobreza, mucho menos ha garantizado que los salarios mínimos estén en la misma línea de pobreza: Dr. Miguel Reyes.

  • Debemos plantear alternativas que permitan generar un rumbo incluyente y una sociedad más equitativa: Mtro. Miguel López.

  • Bolivia tenía un índice de pobreza de 63.9% y bajó 42.4% en 2011. Brasil registraba 36.4% y disminuyó a 18.6% en 2012. Perú, presentaba 52.5% y para 2012 la redujo a 25.8%, mientras que México pasó de 31.7% a 37.1% de 2005 a 2012: Mtro. Juan Luis Hernández.

América Latina y el Caribe han logrado un progreso económico y político notable a lo largo de la última década. Según el Banco Interamericano de Desarrollo, la región experimentó “una disminución notable de la tasa de pobreza y una enorme expansión de la clase media” (BID, 2016). Lamentablemente, México no formó parte de este progreso y aumento de bienestar regional.

Para la Universidad Iberoamericana Puebla, es insostenible que México no forme parte de los países latinoamericanos que están aprendiendo a enfrentar sus flagelos sociales con políticas exitosas de mayor bienestar e inclusión social. Por ello, a través del Departamento de Ciencias Sociales, los días 28 y 29 de marzo se llevará a cabo el Foro Internacional ¿Por qué persisten la pobreza y la desigualdad en México?: miradas internacionales y propuestas de política pública.

La presentación de este Foro Internacional, estuvo encabezada por el Mtro. Juan Luis Hernández Avendaño, director del Departamento de Ciencias Sociales de la IBERO Puebla, quien comentó que la finalidad de este espacio es estudiar y analizar las causas y posibles alternativas que atañen a este fenómeno de exclusión en el país.

“En los últimos tiempos, no sólo nos ha preocupado la persistencia de la pobreza sino también el incremento de la desigualdad. Creemos, como Institución, que no se han atendido los factores que han contribuido a la desigualdad que hoy enfrentamos”, comentó el politólogo de la IBERO Puebla.

Asimismo, enfatizó que a lo largo de los últimos 15 años el 90% de países latinoamericanos han logrado bajar entre un 5 y 20 % la pobreza al interior de sus países. Este escenario no es visible en México, el especialista también explicó que el país en las últimas tres décadas ha permanecido en un estancamiento de pobreza y un notable incremento de desigualdad.

“En los últimos 15 años, nuestros vecinos latinoamericanos han construido políticas públicas incluyentes que han disminuido la pobreza. En México, las élites políticas y económicas continúan concentrando la riqueza. Seguimos siendo un país de pobres”, expresó Hernández Avendaño.

Por su parte, el Dr. Miguel Reyes Hernández, director del Observatorio de Salarios y académico de la IBERO Puebla, señaló que este Foro busca posicionar a la Universidad como un actor relevante en el tema, un espacio de discusión seria y rigurosa sobre la desigualdad y pobreza en México y América Latina. “Actualmente el mundo vive cambios importantes en todos los ámbitos, estos invitan a reflexionar qué se está haciendo para contrarrestar estos dos fenómenos lamentables”.

Bajo este escenario, el también coordinador de la Red de Pobreza de las Universidades Confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina (AUSJAL) compartió que en el marco de este Foro Internacional se llevará a cabo la presentación de un trabajo de investigación salarial realizado por integrantes de la red que dirige.

Este análisis es un comparativo salarial de seis países latinoamericanos: Brasil, Colombia, Venezuela, Guatemala, El Salvador y México. Este trabajo se midió la pobreza existente de 2000 a 2014 en estos países así como sus procesos de cambio.

“La idea de presentar esta información, es mostrar de manera comparativa, cómo han evolucionado algunos países latinoamericanos con respecto a México en indicadores como salario mínimo; así como vincular la política no sólo social sino salarial de estos países”.

De igual forma, el Mtro. Miguel López López, coordinador de la Licenciatura en Economía y Finanzas de la IBERO Puebla, señaló que vivimos en un país en donde el 1% de la población se apropia el 32% del ingreso nacional, esto equivale a que 1.3 millones de personas ostenten lo mismo que 115 millones de mexicanos.

Entre 1997 y 2014, el número de beneficiarios del Programa Oportunidades, pasó de 5 millones a 25 millones, y la pobreza no ha disminuido, al contrario, se ha hecho presente cada vez más entre la población mexicana”, comentó el Coordinador de la Licenciatura en Economía y Finanzas de la IBERO Puebla.

Asimismo, subrayó que la caída permanente del poder adquisitivo en los salarios mínimos de más del 75% de su valor, ha arrastrado en los últimos 10 años, al desplome sostenido y permanente del salario promedio. “Una persona con posgrado, en 2005 tenía un salario promedio de 24 mil pesos; para el 2015, éste bajó a 14 mil pesos”.

Cabe señalar que este Foro Internacional contará con la participación de figuras políticas y especialistas -nacionales e internacionales- en el tema, en conferencias magistrales y mesas de trabajo, los cuales tendrán miradas globales sobre cómo enfrentar la relación entre la pobreza y desigualdad. Tal es el caso de Santiago Levy, del BID; Gaël Giraud, de la Agencia Francesa de Desarrollo; Kaushik Basu, del Banco Mundial y Juan Carlos Monedero, entre otros.

Es importante destacar que durante este Foro se identificarán las principales causas del estancamiento mexicano, así como los aspectos de política pública y el contexto que han favorecido éxitos de mayor equidad social y económica en Brasil, Perú, Bolivia y Ecuador; así como la puesta en común de propuestas y alternativas necesarias para la elaboración de un documento que pueda servir de guía para los tres órdenes de gobierno.

La entrada a este Foro Internacional sobre Pobreza es totalmente gratuito. Sin embargo, es requisito indispensable registrarse en www.iberopuebla.mx/foroPobreza/, para mayores informes pueden escribir al correo electrónico Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. o bien llamar al teléfono 3.72.30.00 extensión 12800.