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En combate. La vida de Lombardo Toledano, (Random House, Debate, 2017) de Daniela Spenser.

La suerte quiso que cuando Daniela Spencer me invitó a presentar su libro, estuviera yo leyendo Misa Negra. La religión apocalíptica y la muerte de la utopía, del filósofo inglés John Gray. Una suerte para mí porque la lectura alternada de ambos libros me permitió colocar la mirada en la utopía soviética y en la utopía, derivada de aquella, de uno de los dirigentes sindicales más importantes que ha tenido nuestro país. Al cotejo de algunas de estas ilusiones y trágicos desencantos quisiera dedicar principalmente mis comentarios, sobre todo por que el aleteo de la utopía bolchevique sigue sobrevolando en la mentalidad de mucha gente que, o ignora o se resiste a admitir, las evidencias documentales del desastre que fue lo que se dio en llamar el socialismo realmente existente.



El libro que ha escrito Daniela hacía mucha falta para conocer, desde una perspectiva lombardista integral, la gestación del movimiento obrero en México durante buena parte del siglo XX, y la manera en que se fue estructurando al vincularse estrechamente al Estado mexicano con la conformación, primero, del Partido Nacional Revolucionario, después, durante el cardenismo, su conversión en Partido de la Revolución Mexicana, del que derivaría más tarde el Partido Revolucionario Institucional.

Por la manera en que está escrito y considerando su estructura narrativa, que según confiesa la autora se debe a la lectura de El hombre que amaba a los perros de Leonardo Padura, se trata de un libro que está al alcance de cualquier lector interesado en la historia del México contemporáneo, y no sólo del especialista, aunque también éste encontrará una investigación acuciosa que cumple con todo el rigor académico en la consulta de sus fuentes. Daniela consultó archivos en México, Estados Unidos, Gran Bretaña, Los Países Bajos, La república Checa, Rusia y Suiza, además de una minuciosa investigación hemerográfica en diarios de México, Estados Unidos e Inglaterra y una consulta bibliográfica que comprende más de 300 libros, además de artículos y tesis de maestría y doctorado. Todo ello ocupa 80 páginas de notas, cuya disposición no entorpece la lectura fluida de un texto escrito con elegante sencillez. Hacía falta un libro así, que saltara ágilmente la cerca de los especialistas en el tema para abrir su discurso a un público más amplio interesado en conocer el pasado reciente de su país y la manera en que se tejieron las redes, reales e imaginarias, del poder político en México, para usar la expresión de Roger Bartra.

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Daniela Spenser



Daniela Spencer nos entrega un amplísimo panorama, a través de la figura de Vicente Lombardo Toledano, que comprende desde las alianzas y conflictos en su natal Teziutlán, hasta los diversos escenarios político-sindicales de América Latina, Europa, los Estados Unidos y la Unión Soviética, pasando por la densa trama de negociaciones, alianzas, traiciones y rompimientos conflictivos que predominaron en nuestro país a lo largo de medio siglo.

El libro está dividido en cinco partes, al inicio de cada una de ellas la autora ha colocado una serie de frases que sintetizan el pensamiento y la postura política de Lombardo a lo largo de su vida. Veamos las que me parecen más ilustrativas antes de analizar su candoroso leninismo-estalinismo soviético: En 1923 escribió la siguiente:



“La revolución social iniciada en 1910, devuelve a la nación mexicana la ética de Cristo. Lucha por el advenimiento de un nuevo orden social basado en el amor a los hombres”.

Seis años más tarde, esa convicción cristiana encuentra en el proletariado el sujeto redentor cuando escribe:

“El proletariado mexicano hace veinte años se alzó a conquistar México. Nuestro anhelo profundo es contribuir, con el proletariado internacional, a la conquista de la tierra”.

Tres años después, en 1932, cree descubrir los dos únicos caminos del desarrollo social:

“No hay sino dos únicas soluciones para el capitalismo -dice- la una pasajera, la otra definitiva. La primera consiste en que la burguesía entregue al Estado la dirección de la riqueza pública, para salvar parte de ella por algún tiempo; la segunda es la desaparición de la propiedad privada por la fuerza de las masas y su concentración en el Estado presidido por los trabajadores”.

Hoy sabemos de la imposibilidad de ambas utopías, aunque Lombardo murió confiando en que tarde o temprano se realizaría la segunda.

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Vicente Lombardo Toledano durante una reunión con los dirigentes petroleros en las oficinas de la CTAL. CENTRO DE ESTUDIOS FILOSÓFICOS Y SOCIALES VICENTE LOMBARDO TOLEDANO.

Su inquebrantable fe en que el Estado debía incidir en todos los órdenes de la vida social, regulando la vida de los individuos, le condujo a una permanente e incondicional admiración del socialismo en la Unión Soviética, y a promover el respaldo de los trabajadores mexicanos a los distintos gobiernos emanados de una revolución paradójicamente institucionalizada, como se lo reconoce, el 20 de noviembre de 1946, haciendo honor a su nombre, el profesor Cándido Jaramillo, cuando le dice a Lombardo Toledano: “Yo sé, compañero Lombardo, que la aplicación del marxismo-leninismo a la situación particular de nuestro país nos obliga a apoyar al gobierno de la burguesía revolucionaria en el poder”.

Un año después, en 1947, durante una mesa redonda en Bellas Artes, a la que convocó Lombardo a los principales marxistas del país, sólo una frase en la que coincidieron todos, hasta José Revueltas: “No pretendamos el socialismo para mañana en nuestro país”. La idea central, definida en la caracterización que se hacía del gobierno de Miguel Alemán, consistía en afirmar que el futuro de la revolución mexicana conduciría inevitablemente al socialismo si se partía de la táctica de la unidad nacional, que implicaba renunciar, provisionalmente, a los objetivos exclusivos del proletariado para establecer, en cambio, una alianza con la burguesía progresista que representaba el gobierno de Miguel Alemán. Con algunos matices esta tesis fue aceptada por los principales líderes comunistas, como Dionisio Encina y Valentín Campa. Estas falsas apreciaciones, dice Roger Bartra, contribuyeron a hundir a la izquierda en un marginalismo que duró más de 20 años.

Daniela Spenser recoge una declaración de fe en la utopía socialista, por parte de Lombardo, cuando en 1956 escribe: “No me voy a retirar de la lucha, ni hoy ni mañana, y seguiré luchando hasta el último momento de mi existencia. Porque soy un revolucionario que no puede pensar sino de una sola manera, y que no puede vivir sino de un solo modo. Pienso al servicio de la suspensión del sistema capitalista y contribuyo con mi acción por el advenimiento del socialismo en el plazo más breve”.

Vicente Lombardo Toledano. Boceto para un retrato en mural, de David Alfaro Siqueiros.

La certeza absoluta de que el desarrollo social se regía por un conjunto de leyes, descubiertas por la supuesta ciencia del materialismo histórico, lo llevó a confiar, fervorosamente, en la profecía marxista que preveía, para el futuro de la humanidad, el advenimiento de una sociedad sin clases, de una sociedad donde, como afirman Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, una vez que el proletariado ha tomado el poder despojará, mediante acciones despóticas, a la burguesía de todo capital y medios de producción para ser centralizados en manos del Estado, lo que traerá como consecuencia la desaparición de las diferencias de clase y toda la producción estará concentrada en manos de la sociedad. Entonces, dicen Marx y Engels, el Estado perderá todo carácter político, que no es, en rigor, sino el poder organizado de una clase para la opresión de la otra. De este modo desaparecerá la vieja sociedad burguesa con sus clases y sus antagonismos de clase para ser sustituida por una asociación en la que el libre desarrollo de cada uno condicione al libre desarrollo de todos.

Lombardo Toledano aprendió de Antonio Caso que el Manifiesto Comunista era el documento más importante del siglo XIX, y veía en la Unión Soviética la materialización de este anhelo igualitario y libertario, que debía servir de modelo para todos los pueblos, sobre todo los latinoamericanos, sometidos al imperialismo norteamericano.

Sin haber leído la obra fundamental de Marx, El Capital, consideraba, cuando era estudiante, que la teoría del valor era “pueril y plagada de suposiciones gratuitas”. Quizá nunca leyó esa obra, donde Marx expone con todo detalle el funcionamiento de la economía capitalista y los mecanismos mediante los cuales se produce la explotación del trabajo y la extracción de la plusvalía. En cambio, se convirtió en uno de los mayores apologistas de la evolución social unilineal, que mediante el desarrollo de las fuerzas productivas conduciría a la humanidad, inevitablemente, al socialismo, o, para ser más precisos, al socialismo soviético presidido por Lenin y Stalin. Es decir, dio la espalda a lo mejor de Marx para abrazar su lado teóricamente más débil, aunque ideológicamente más fuerte: la utopía de una sociedad igualitaria. Lombardo era, extrañamente, un marxista utópico unilineal, sin crítica de la economía capitalista.

Daniela Spencer nos va mostrando paso a paso el crecimiento de un líder sindical que con una energía y talento excepcionales pasa de una confederación a otra y de las tareas representativas nacionales a las internacionales. Da la cámara de diputados a la interlocución directa con los presidentes mexicanos, de Lázaro Cárdenas a Gustavo Diaz Ordaz, pero también con muchos latinoamericanos, todo en nombre de una lucha contra el fascismo en Europa, en defensa del Estado mexicano que encarna, bien que mal, los principios nacionalistas de la Revolución Mexicana, que es la vía mediante la cual nos defendemos del imperialismo norteamericano y nos aproximamos a una sociedad socialista semejante a la Unión Soviética.

En julio de 1935 Lombardo viajó a la URSS con Víctor Manuel Villaseñor, quien también se consideraba marxista. Los anfitriones rusos organizaron el recorrido de dos meses visitando Leningrado, Moscú y las ciudades industriales en el sur, a miles de kilómetros de Moscú. Fue huésped de los sindicatos soviéticos y de la Internacional Sindical Roja que los llevó a Ucrania y el Cáucaso para ver la agricultura en gran escala y conocer la colectivización del trabajo, la maquinaria agrícola, la industria del petróleo y el problema de las nacionalidades. Nunca sospechó que sus guías e intérpretes multilingües eran policías encubiertos que vigilaban que no salieran de las rutas seleccionadas -dice Daniela- y a los que respondían preguntas de acuerdo con las instrucciones del partido. Al volver a Moscú quiso entrevistarse con el camarada Stalin, pero no lo recibió.

Según Lombardo, la revolución de octubre había sido violenta, había cometido errores, injusticias y hasta crímenes, pero esa violencia se justificaba con las prodigiosas recompensas que generó la revolución con los planes quinquenales y el apoyo resuelto y entusiasta de las grandes mayorías. Al terminar el viaje escribió: “Es tan hermoso ver cómo el socialismo cuaja en realidades, que me hallo absorto, conmovido y dispuesto a redoblar mi trabajo a favor de la revolución proletaria, con más ardor que nunca, con nueva fe, con el estímulo que dan los sueños o las esperanzas que se cumplen. Estoy, en el mundo del porvenir”.

Es evidente que el optimismo desbordado de Lombardo, condicionado por los lugares que debía visitar, le impedían ver sólo algunos “errores” en el diseño del hombre nuevo proclamado por la revolución, y no el horror que durante décadas fue creciendo con las hambrunas provocadas por los planes quinquenales, que dejaron como resultado millones de muertos, los campos de trabajo forzado donde fueron encerrados cientos de miles de campesinos y disidentes políticos, miles de ejecutados, incluyendo a la vieja guardia bolchevique y en general un ambiente autoritario y represor, física y psicológicamente, que percibió bien André Gide en su viaje a la URSS en la misma época que Lombardo Toledano. (Por cierto, Daniela refiere un libro de Alberto Ruy Sánchez analizando el viaje de Gide a la URSS, que ahora está nuevamente en circulación. Vale mucho la pena leerlo).

Inspirados por la idea de que la ciencia debía regir el destino humano, el socialismo soviético, en su afán de construir un hombre nuevo, se propuso experimentar en diversos aspectos sociales, psicológicos y fisiológicos. En este sentido el objetivo estalinista no era sino una prolongación de la lógica ilustrada según la cual, si hay algún defecto en la naturaleza humana, la ciencia y sólo la ciencia, puede subsanarlo. Y los bolcheviques aspiraron, desde un inicio, a crear un nuevo tipo de ser humano. Veamos algunos ejemplos mencionados por John Gray en un par de libros cuya información proviene de los archivos desclasificados en la ex Unión Soviética.

El caso más conocido, quizá es el de Trofim Lysenko (1898-1976), quien basado en la teoría de Lamarck postulaba que las características adquiridas se podían heredar. Stalin lo nombró director de la Academia Soviética de Ciencias Agrícolas y le dio plena libertad en el campo de la agricultura aplicada, donde, según afirmaba, había descubierto cómo producir nuevas variedades de trigo de alto rendimiento. Pero los experimentos de Lysenko fueron un desastre que agravó aun más la caída en la producción de alimentos que acompañó a la colectivización, provocando la muerte por hambrunas de millones de personas y retrasaron el desarrollo de la biología en la URSS hasta la década de los 70. En una conferencia que dio a los trabajadores agrícolas en 1935, a la que asistió Stalin, declaró: “En nuestra Unión Soviética, camaradas, las personas no nacen. Los organismos humanos nacen, pero las personas son creadas, y yo soy una de esas personas que fueron creadas de este modo. A mi me hicieron como ser humano”.

Menos conocido es el caso de Iliá Ivanov, quien a mediados de los años veinte recibió del propio Stalin el encargo de cruzar simios con humanos. A Stalin no le interesaba llenar el mundo de réplicas de Aristóteles o Tolstoi. Lo que él quería -dice John Gray- era nueva raza de soldado, “un nuevo ser humano invencible”, sumamente resistente al dolor y que apenas necesitara comer y dormir. Ivanov había sido criador de caballos durante la era zarista. Viajó hasta África Occidental para realizar pruebas de fecundación con chimpancés y fundó un instituto de investigaciones en Georgia, la tierra de Stalin.

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Stalin y Gorki en 1932. (Fotografía de dominio público)

Un caso más fue el del escritor Máximo Gorki, quien no tenía reparos en apoyar los experimentos en humanos. “Tenemos que experimentar con los humanos mismos -decía- tenemos que estudiar los organismos humanos, los procesos de alimentación intercelular, la circulación de la sangre, la química del sistema nervioso y, en general, todos los procesos del organismo humano. Se precisarán centenares de unidades humanas para ello”. Gorki respaldó incondicionalmente los experimentos de la colectivización en la agricultura. Él siempre había considerado a los campesinos rusos como una forma inferior de vida humana. En una entrevista realizada en 1921, cuando Rusia era presa de la hambruna, Gorki dijo a los periodistas: “Supongo que la mayoría de los 35 millones de Afectados por la hambruna morirán”. Un año más tarde escribió: “La gente del campo ruso, medio salvaje, estúpida y difícil, morirá, y su lugar será ocupado por una nueva tribu formada por los literatos, los inteligentes y los fuertes”. En el periódico Pravda escribió un eslogan que se hizo famoso durante la colectivización forzada: “Si el enemigo no se rinde, hay que exterminarlo”. Cuando en 1923 los hijos menores de 12 años podían ser penalizados con la pena capital por robo -delito que incluía el uso no autorizado de cereales por campesinos hambrientos- Gorki no protestó. Este hombre, tan leído en la Rusia Estalinista describía a los campesinos como criaturas subhumanas, como roedores que sólo servían para ser exterminados, y lo fueron en buena medida. Esta era la otra Rusia, la otra Unión Soviética que Lombardo no quiso ver, que minimizó como si fueran simples errores (cuando Nikita Jrushchev denunció los crímenes de Stalin) como desatinos inevitables en el luminoso camino hacia un futuro promisorio.

Al volver a México Lombardo recorrió buena parte del país dando conferencias sobre su experiencia en la URSS y estimulando en el imaginario de la clase obrera la necesidad de apoyar firmemente al Estado Mexicano que, tarde o temprano, arribaría a una sociedad socialista porque transitaba por el lado correcto de la Historia con el nacionalismo revolucionario como bandera. Esta actitud de hombre de fe, ligada a una indudable habilidad política, le permitió funcionar como un comodín en las elecciones presidenciales, siempre respaldando al candidato oficial, ya fuera del PNR, del PRM o del PRI. Un discípulo suyo, Miguel Ángel Velasco, antiguo dirigente del Partido Comunista y después miembro de la dirección nacional del PPS fundado por Lombardo, declaró, durante el proceso electoral del que saldría presidente Gustavo Díaz Ordaz, lo siguiente:

“En el debate en torno a la posición del PPS en las próximas elecciones se debe seguir la línea táctica y estratégica que dicta la dialéctica marxista”.

La supuesta dialéctica marxista servía para justificar el respaldo al futuro presidente a cambio de un puñado de curules. El verdadero enemigo no era el futuro presidente ni los grupos económicos y políticos que lo apoyaban, el verdadero enemigo era el imperialismo yanqui y los grupos de izquierda radical, como los trotskistas, con sus revistas.

En 1965, fallecida su primera esposa, Rosa María Otero, Lombardo se casó con María Teresa Puente, con quien había compartido su actividad política desde 1932. Con una curul asegurada se fue de luna de miel durante más de dos meses a viajar por Europa, mientras el PPS se vaciaba lentamente de militantes. Me parece que en ese momento fue evidente que Lombardo Toledano había dejado de ser el comodín que destrababa conflictos y propiciaba negociaciones, para pasar a ser un simple comodino.

El año de 1968 dejó al descubierto a un hombre degradado políticamente por lo que él suponía la firmeza de sus convicciones, que a los ojos de un Víctor Flores Olea, un José Revueltas o una Elena Poniatowska eran más conveniencias que convicciones.

Ante la invasión soviética a Checoslovaquia y las protestas en Polonia y Hungría repitió las consignas provenientes de Moscú en el sentido de que se atentaba contra la unidad de las naciones socialistas. A la rebelión juvenil en París la consideró como un infantilismo que iba contra las leyes de la historia, tratándolos de “profesionales del tumulto disfrazados de dirigentes de izquierda”.

Sus lamentables, indignas y poco inteligentes declaraciones después de la matanza del 2 de octubre, diciendo que la policía estadounidense y las oscuras fuerzas que conspiran contra nuestro país financiaban el movimiento estudiantil, son de una bajeza solo alcanzada por la estupidez represiva de Gustavo Diaz Ordaz. Es una pena que un hombre que había destacado en foros nacionales y mundiales, en buena medida por sus propios méritos, acabara opacando y denigrado su participación política al acompañar del brazo a déspotas criminales como Diaz Ordaz.

Habría mucho más qué comentar, pero no quiero extenderme demasiado, sólo me resta felicitar y agradecer a Daniela por haber escrito este libro, que, tengo la certeza, será imprescindible para comprender la vida política de México en el siglo XX.

Mundo Nuestro. Paco Vélez Pliego expone con este cierre de su informe de trabajo al frente del Insituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP los riesgos que corre la universidad públlica si no pone alto al proceso de mercantilización y comercialización de la educación superior que perpetúa la desigualdad en México.

TEXTO COMPLETO DEL INFORME DE FRANCISCO M. VÉLEZ PLIEGO EL PASADO LUNES 5 DE MARZO.

Como lo señalamos hace un año la circunstancia internacional, nacional y regional está plagada de incertidumbres; las instituciones universitarias continúan amenazadas por un entorno político cuyas acciones y políticas vulneran sistemáticamente la autonomía universitaria, la libertad de cátedra y de investigación. La gravedad de las condiciones sociales, económicas y políticas del país requiere que repensemos las distintas relaciones de la Universidad con nuestros conciudadanos. Es conveniente que las distintas comunidades discutamos el rumbo de la Universidad en función de su responsabilidad social.

Conviene que decidamos si estamos dispuestos a seguir pagando los altos costos humanos –contribuyendo a la desigualdad educativa, la desigualdad de acceso a trabajos bien remunerados, la desigualdad en el acceso a los servicios de salud, la desigualdad en la participación en la cultura, la desigualdad en las posibilidades de bienestar.- de un modelo de universidad impuesto que privilegia la contribución al conocimiento en función de sus posibilidades de “consumo” en el extranjero; en la construcción de riqueza ofensiva, en la consolidación de poderes elitistas; y descuida la creación de una cultura científica al servicio de sus ciudadanos.



De igual manera, conviene que entre todos decidamos qué tan conveniente es que sigamos cediendo ante las coacciones del Estado que vulneran sistemáticamente la Autonomía de la institución. Es igualmente relevante que decidamos si es pertinente continuar en la profundización de la comercialización y mercantilización de la educación superior que perpetua las espirales de desigualdad.

Los riesgos de no tomar estas decisiones es que continúen complicándose las paradojas: procesos de “internacionalización” que no consideran la plurietnicidad de nuestra nación; procesos de mejoramiento de calidad que se organizan en función de y a partir de criterios de “certificación” establecidos por organismos transnacionales (FMI, BM, OCDE) y que hacen a un lado las necesidades de un país ubicado entre el 25% de países más desiguales del mundo (según el informe OXFAM dado a conocer a finales de enero); procesos de valoración de los conocimientos que dependen de la lengua en la que se difunden y que trae consigo la minusvaloración del intercambio de saberes en alguna de las lenguas nacionales.

Por nuestra parte continuaremos favoreciendo la discusión de estos asuntos clave en las academias y en el Consejo de Unidad con la finalidad de:

1) Afinar nuestras prácticas de investigación para establecer en la agenda pública de la región y de la Universidad en particular el debate acerca de las fuentes de la desigualdad, su dinámica e incidir en la toma de decisiones para disminuirla;

2) Crear nuevas vinculaciones y fortalecer las ya establecidas con grupos ciudadanos y organizaciones civiles para colaborar en el establecimiento de estrategias contra la desigualdad y disminuir la vulnerabilidad;



3) Promover el trabajo directo con los alumnos y con los habitantes de localidades concretas para fortalecer la resiliencia. En este contexto expreso nuevamente mi compromiso indeclinable de fortalecer en la medida de mis modestas capacidades las labores sustantivas de este Instituto y de mantener la unidad aceptando la diversidad y pluralidad de esta comunidad convencido de que es la mejor vía para que nuestra unidad académica y la universidad se fortalezcan frente a estas amenazas.

Mundo Nuestro. En días pasados la Ibero Puebla, en su Cátedra Ignacio Ellacuría, presentó el libro Moreno Valle y la persistencia del autoritarismo subnacional/Foro en Ibero Puebla. Este acontecimiento extraordinario (una visión colectiva de una coyuntura histórica en Puebla desde la perspectiva crítica de las ciencias sociales) es sin duda una noticia afortunada. La posibilidad de un debate democrático sobre el desarrollo estratégico del estado pasa por la revisión crítica del acontecer político, con el análisis riguroso el comportamiento de los grupos de poder y los políticos que lo representan. Presentamos el primero de los textos, elaborado por Juan Luis Hernández Avendaño, coordinador de este Cuaderno de Investigación 16 publicado por la Red de Editoriales Universitarias AUSJAL en el 2017.

RAFAEL MORENO-VALLE ROSAS (2011-2017) La persistencia del autoritarismo subnacional * Juan Luis Hernández Avendaño (Coordinador) Cuaderno del Departamento de Ciencias Sociales. Primera edición, 2017



En el año 2010 un tercio del país seguía siendo gobernado autocráticamente por el pri desde 1929. El priato en los estados cumplía 81 años de gobiernos ininterrumpidos y el autoritarismo electoral que se implementaba desde el poder ejecutivo estatal hacía muy difícil a la oposición competir en serio por esas gubernaturas. Puebla era uno de esos estados. Pero la lucha por la gubernatura en aquellas elecciones de 2010 tenía una lucha simbólica agregada. El gobernador saliente, Mario Marín Torres, se había convertido en un ícono priísta despreciable. Manchado para siempre por el escándalo de vulnerar los derechos humanos de Lydia Cacho, perdonado por la Suprema Corte, pero no por la sociedad poblana, emergían aires de alternancia en el gobierno estatal. Una ola democratizadora subnacional recorría una parte de los territorios aún gobernados por el pri. El pan y el prd anunciaban lo que parecía un contrasentido: una alianza electoral anti pri. La derecha y la izquierda enarbolarían en cinco estados que tenían elecciones estatales, la bandera del cambio, la idea de que ya era suficiente pri para las historias de aquellas entidades. Repelían las críticas de la alianza “antinatura” sosteniendo que no era una alianza ideológica, sino una alianza democratizadora. En Puebla esa alianza pan/prd y otros partidos menores la enarboló Rafael Moreno Valle Rosas (rmvr), nieto del ex gobernador Rafael Moreno Valle (1969-1972) retirado tempranamente del gobierno por el entonces presidente Luis Echeverría Álvarez por sucesivos eventos de represión social convertidos en problemas de gobernabilidad. Moreno Valle Rosas, como otros priístas con honda identidad partidista pero insatisfechos porque el partido no los elegía para cargos de elección popular, decidió irse al pan tras larga militancia familiar y desde su nueva plataforma ganaría una senaduría para desde ahí arribar a la gubernatura de Puebla. Un ex priísta, como en otras partes de la república, enarbolando una alianza opositora con fines democratizadores. Un ex priísta que se subió a la ola anti pri en Puebla y que convergió con una sociedad civil que creó un ambiente social de cambio frente a la ignominia que había significado el “gober precioso”. Un ex priísta que recibió las puertas abiertas tanto del pan como del prd para construir su proyecto de gobierno y personal. Un ex priísta que capitalizó las expectativas de cambio y alternancia. Su triunfo en las urnas fue contundente frente a un candidato anodino del pri. A juzgar por los documentos de campaña, los discursos y las propuestas de Moreno Valle Rosas, la alternancia anunciaba buenos augurios para la sociedad poblana.

1. Alternancia y persistencia del autoritarismo

Las distintas teorías de la democracia siempre incluyen a la alternancia partidista en el poder como una condición necesaria para una experiencia democrática. En México, sobre todo a nivel subnacional, hemos comprobado que esa condición no es suficiente. La larga hegemonía del pri tanto a nivel nacional como local ha sobredimensionado la alternancia. Quitar al pri de Los Pinos, de Casa Puebla o de cualquier caciquismo local se convirtió en una buena bandera política, partidista y de oposición. La alternancia se convirtió en punto de llegada y no en punto de partida. En Puebla se alcanzó la alternancia después de ocho décadas de hegemonía priísta. ¿Qué seguía?



Juan Linz (1971) sostenía que un régimen no democrático es:



El gobierno personal con una lealtad hacia el gobernante generada por una mezcla de temor y necesidad de compensación de sus colaboradores. El gobernante ejerce su poder sin restricción alguna, a su entera discreción y, sobre todo, éste se ve libre de regulaciones y compromisos con una determinada ideología o sistema de valores. Las normas y relaciones obligatorias de la administración burocrática se ven constantemente subvertidas por decisiones personales arbitrarias del gobernante, quien no se siente obligado a justificarlas en términos ideológicos. El equipo de colaboradores de este tipo de gobernantes está constituido no por un “establishment” de carrera profesional definida y reclutada en mayor o menor grado de acuerdo con criterios universales, sino que preponderantemente por hombres escogidos directamente por el gobernante. A menudo se trata de individuos que no disfrutarían de ningún prestigio o estima en la sociedad por su propio mérito, pero cuyo poder deriva directamente del gobernante. Entre ellos se suele encontrar a familiares, amigos, compinches, socios comerciales y hombres directamente involucrados con el uso de la violencia para sostener al régimen.

A ese tipo de gobierno lo denomina de tipo “sultanato”, una derivación del autoritarismo. Un régimen de este tipo tiene como centro no a la sociedad que regula la política, sino al gobernante que regula la actuación de la sociedad, le marca los límites de su actuación y le manifiesta los términos de sujeción con que debe relacionarse con el poder instituido. El gobernante tipo “sultanato” ejerce el poder “personalísimamente” concentrando facultades legales y metalegales en su persona y posición. Un régimen así no soporta contestación alguna.

Linz (1971) continúa

El apoyo a este tipo de régimen se basa no en la coincidencia de intereses entre grupos sociales privados preexistentes y el gobernante, sino que sobre los intereses generados por el dominio de este último, las recompensas que ofrece a cambio de la lealtad y el temor a su venganza. A pesar de que este tipo de gobernante hace escasas exigencias de apoyo a la población, todo el mundo se ve amenazado por su ejercicio arbitrario del poder, predomina un vasto temor y los opositores o supuestos opositores son arbitraria y duramente castigados.

Sorpresivamente esto es lo que se vivió en el sexenio de Rafael Moreno Valle Rosas, el sexenio de la alternancia. El sexenio de Moreno Valle Rosas no fue muy distinto a los gobiernos subnacionales que venían sucediéndose en toda la república desde el año 2000. Habrá que recordar que durante el priato, el Presidente tenía la facultad política de remover a los gobernadores cuando éstos le significaban problemas de costo político. Así ocurrió con el primer Moreno Valle, quien no terminó el sexenio por represión social y política, y así ocurrió con 17 gobernadores que durante el salinismo fueron removidos por distintos motivos, pero todos ellos relacionados con el margen de maniobra del gobierno federal. Al irse el pri de la presidencia, automáticamente el país vivió una descentralización política nunca antes vista. Por primera vez los gobernadores de los estados alcanzaron un grado de autonomía política que para empezar no le debían lealtad ni asumían cierta responsabilidad política ante el Presidente en turno (fuese Fox o Calderón). El fenómeno político, iniciado por Roberto Madrazo Pintado, entonces gobernador de Tabasco en el sexenio de Ernesto Zedillo, se profundizó en los últimos 15 años. Ese fenómeno político lo llamamos “enclaves autoritarios subnacionales”.

Edward Gibson, politólogo norteamericano que ha investigado los últimos años sobre la concentración de poder de los gobernadores en sistemas políticos federales, ha explorado la relación entre las políticas territoriales y el autoritarismo subnacional a partir de las agendas estratégicas tanto de los políticos nacionales como de las autocracias locales.

Esa agenda de estrategias de unos y otros estaría dada por las posibilidades de que tanto los partidos políticos nacionales, como ciertas instituciones nacionales (ejecutivo, legislativo o judicial) obliguen o presionen para desbaratar ciertos enclaves autoritarios subnacionales. Un ejemplo de ello es la petición de Gustavo Madero cuando presidió al Partido Acción Nacional para que la última reforma electoral (2014) vislumbrara que el Instituto Federal Electoral (ife) asumiera las elecciones estatales en virtud del control de los gobernadores de los órganos electorales locales. Se hizo el cambio, el ife se transformó en Instituto Nacional Electoral (ine) y se estableció una relación de responsabilidad entre los órganos electorales locales (ahora llamados oples) y el órgano electoral nacional. De esta forma, se creía, se le quitaba a los gobernadores una de sus políticas de control territorial (controlar al árbitro local).A juzgar por lo acontecido en las elecciones para gobernador en 2017 tanto en el Estado de México como en Coahuila, la reforma ha sido un fracaso estrepitoso.

Siguiendo con Gibson, la otra parte de la lucha territorial se da de abajo hacia arriba. Las agendas de las autocracias locales estarían dadas por minimizar y eludir las presiones democratizadoras nacionales a partir de lo que Gibson denomina “control de límites” (Gibson, 2008: 18). El control de límites estaría dado por la capacidad de las élites políticas locales para evitar la nacionalización de conflictos locales, la construcción de alianzas con actores nacionales y, particularmente, con la sobrerrepresentación de su provincia o territorio en las cámaras de representantes nacionales. Un ejemplo de ello fue el servicio político de la bancada panista de Puebla a los intereses y objetivos del gobierno priísta federal. La alianza tejida entre rmvr y Enrique Peña Nieto (epn) no sólo se observó en los negocios de la obra pública, sino en el apoyo tácito de los diputados panistas federales de Puebla al presupuesto de egresos de 2017 que presentó epn y al que se opusieron todos los panistas, menos los panistas poblanos que votaron con el pri dicha iniciativa.

Pero sobre todo, el “control de límites” es una vieja consigna feudal de política territorial puesta en marcha por la Iglesia católica. Me refiero a la erección de diócesis, espacios territoriales de gobierno para un obispo en el que es imposible a lo largo de los siglos verificar la interferencia de otro obispo en dicho espacio o el que el obispo gobierne su territorio sin sobresalto alguno. El control de límites de su diócesis está garantizado. Es lo que ocurre actualmente con la autonomía de los gobernadores desde el año 2000. Las facultades metaconstitucionales a las que se refería Jorge Carpizo en “El presidencialismo mexicano”, se trasladaron a los gobernadores.

Rafael Moreno Valle Rosas llegó al gobierno de Puebla con la bandera del cambio y la alternancia, pero no tardó en poner en marcha su política de “control de límites”. Desde el primer día ese “control de límites” se puso al servicio de un solo objetivo: construir la candidatura presidencial. Como muchos ex gobernadores y con el ejemplo ya mostrado por Enrique Peña Nieto, Moreno Valle alentó a su grupo a prospectar el gobierno subnacional para auparse a nivel nacional. Lo más sorprendente del objetivo fue el conjunto de medios escogidos para construir el capital político. En lugar de hacer una gestión subnacional diferenciadora, democrática y de la mano de la sociedad, lo que hubiera significado construir una candidatura presidencial con argumentos, optó por una mediación inaudita: “el modelo Díaz Ordaz de gobernar”. El “modelo Díaz Ordaz de gobernar” es la configuración de una “autocracia”, un régimen político cerrado que no admite contestación a las acciones del gobierno.

El gobierno morenovallista se hizo inmediatamente dueño de la vida pública. Aprovechando el bono democrático se hizo con el control de los principales instrumentos institucionales que le permitieron un extraordinario margen de maniobra para impulsar sus proyectos personalísimos. En menos de seis meses, el morenovallismo ya controlaba la Cámara de Diputados y el Poder Judicial, había domesticado a los partidos de oposición, buena parte de la prensa y los medios de comunicación electrónicos estaban sujetos, los órganos autónomos del estado como la Comisión Estatal de Derechos Humanos, el Órgano de Transparencia, el árbitro electoral, pasaron a formar parte del ornamento institucional. Las acciones sociales y ciudadanas de contestación fueron enfrentadas con una política sostenida de presos políticos y espionaje, encareciendo significativamente el ejercicio de ciudadanía. En muy poco tiempo quedó demostrado que el pri no se había ido, que como suele ser la política mexicana y su realismo mágico, sus principales convicciones autoritarias de gobernar se implementaron en un gobierno del pan con la ayuda de una parte del prd. ¿Cómo fue eso posible?

2. El vaciamiento de los partidos políticos

A Juan Carlos Monedero, cofundador del partido español podemos, en su visita a la Cátedra Ellacuría en la Ibero Puebla, le ha llamado mucho la atención la facilidad con la que los políticos mexicanos se pasan de un partido a otro, aunque éstos sean aparentemente contrarios ideológicamente. Y a este fenómeno Monedero le ha llamado “la promiscuidad de los políticos mexicanos”.

El triunfo en las urnas del ex priísta Moreno Valle con la alianza pan/prd/Convergencia/panal puso de relieve que las asociaciones de los partidos para enfrentar procesos electorales están puestas esencialmente para ganar posiciones más que para representar y defender un proyecto de gobierno. En este sentido, las alianzas partidistas dieron el primer paso hacia el vaciamiento de la esencia, los programas y la propia historia de los partidos coaligados. Los aliancistas daban un mensaje muy claro a los electores: los partidos se conformaban ahora como plataformas efímeras para ganar, no para gobernar. Los partidos como vehículos de ocasión que sólo prestan sus maquinarias y presupuestos para invertir en una elección que posteriormente les dé beneficios a las cúpulas de esos partidos, pero no para llevar a cabo desde el Gobierno algunos de los postulados que los partidos defendieron en un momento dado.

Desde la gubernatura, Rafael Moreno Valle desnudó a los partidos políticos en su fragilidad democrática y su condición de maquinarias atentas al mejor postor. Desde la gubernatura, rmvr asaltó y se apoderó del pan. Sus 15 años de priísta le fueron funcionales para domesticar al pri y tenerlo como partido colaborador. Se apoderó de una buena parte del prd, debilitándolo como fuerza política y sosteniéndolo junto al panal y Movimiento Ciudadano, como partidos satélites. El morenovallismo se amplió con el control de dos partidos locales: Partido Compromiso por Puebla y el partido Pacto Social de Integración, membretes sólo importantes para los juegos de la partidocracia pero no para defender los intereses de los ciudadanos.

El vaciamiento de los partidos políticos tuvo como principal dimensión apoyar acríticamente al Gobernador, sea desde la Cámara de Diputados o desde la generación de opinión pública. Muchos fueron los momentos y las circunstancias para que los partidos levantaran la voz en el Congreso ante el ejercicio arbitrario del poder o llevaran la voz de la sociedad a la discusión de leyes y proyectos de políticas públicas. Pero en todo momento, el Congreso se erigió, durante las dos legislaturas del morenovallismo, en oficialía de partes. Sea para deshacerse de Juan Carlos Mondragón, presidente del panismo poblano y el primer crítico del autoritarismo que se anunciaba, o para aprobar la “ley bala”, o propiciar la privatización del agua, o quitarle los registros civiles a las juntas auxiliares o controlar los “órganos autónomos del Estado”, o para inhabilitar por 12 años a otro panista antimorenovallista como Eduardo Rivera, ex alcalde de Puebla, el Congreso siempre estuvo solícito para apoyar al Gobernador, sobre todo por parte del pri. Por eso no extraña la derrota estrepitosa de la senadora Blanca Alcalá en las elecciones de 2016 para la minigubernatura, defendiendo la postulación del tricolor. Si el pri había cogobernado y apoyado entusiastamente a rmvr, ¿qué sentido tenía votar por el pri?

El sexenio morenovallista ha sido un ejemplo claro de la irrelevancia de los partidos políticos (a excepción de una parte del prd y la posterior aparición de Morena en el sistema de partidos estatal) para la sociedad. ¿Dónde estuvieron en la política sistemática de violación a los derechos humanos?, ¿qué palabra emitieron ante las decenas de presos políticos que se agolpaban por mes durante el sexenio?, ¿qué intervenciones tuvieron para detener las múltiples expropiaciones para hacer las obras de relumbrón?, ¿qué acciones dirigieron frente al hostigamiento de la prensa crítica y las amenazas y espionaje a la oposición social? El sistema de partidos estatal y su representación en el Congreso estuvieron del lado de los intereses del Gobernador.

Pero mientras rmvr gobernaba Puebla con el “modelo Díaz Ordaz de gobernar”, el Comité Ejecutivo Nacional del pan no se hacía cargo de su gobernador. A pesar de que el Gobernador se decía panista golpeaba con furia al panismo tradicional que le hacía oposición y el cen se mantuvo en silencio. A pesar de que el inegi contabilizó para Puebla en el año 2016, 6 479 casos de quebrantamientos a los derechos humanos en materia de seguridad jurídica y libertad, el partido que fue fundado para enfrentar el abuso de poder, mantuvo mutis hacia su gobernador poblano.

Otra manera de vaciamiento de los partidos es que las dirigencias nacionales y estatales no asumen la responsabilidad por los actos de los políticos que postulan y ganan posiciones de gobierno. No sólo es un grave error de los partidos políticos, sino que es una causa más para su deterioro como institución representativa de la sociedad.

Habrá que recordar que los parlamentos, en los regímenes parlamentarios, y los congresos, en los regímenes presidenciales, fueron creados básicamente para sostener tres funciones: control del ejecutivo, crítica respecto a las políticas y ambiente social del contexto, propuesta legislativa distinta a la del ejecutivo. Nada de esto ocurrió en el morenovallismo. El Congreso en las dos legislaturas del sexenio de rmvr borró cualquier esbozo de oposición al gobierno.

Gianfranco Pasquino establece que el cometido esencial de cualquier oposición en un régimen político es “representar y proteger, individual y colectivamente, a los electores que le han dado su voto; en defender las reglas del juego político-institucional, pero también en reformarlas con el objetivo de mantener abierta la competición política” (Pasquino, 1998:35). Al pri le tocaba hacer oposición y, como dice Pasquino, tenía “el deber de contender con el gobierno demostrando ser un gobierno alternativo” (Pasquino, 1998). Al plegarse al morenovallismo el pri poblano parece haber constatado que, a su juicio, había un gobernador que representaba fielmente los intereses del priísmo y, por tanto, no había ninguna necesidad de hacer oposición.

De esta manera, los poblanos se quedaron sin representación política genuina. Con el Congreso y los partidos políticos capturados por el ejecutivo, la oposición tuvo que ejercerse en otras arenas de la vida social y política. En suma, el vaciamiento de los partidos políticos, vía control político desde el ejecutivo estatal, constataría una vertiente de “enclave autoritario subnacional”.

3. El gobernador como problema democrático

A mediados de 2017 el país observa con cierta expectación el rumbo penal de ciertos ex gobernadores. Ya en 2006 Mario Marín y Ulises Ruiz se erigían como el preludio de lo que se agudizaría en los siguientes años: gobernadores ejerciendo el poder sin contrapesos. La creciente intolerancia social ante el abuso de poder de los gobernadores condujo a una docena de ex gobernadores a la cárcel, a la fuga o a enfrentar procesos judiciales, casi todos ellos por millonarios desvíos de recursos. Javier Duarte de Veracruz, César Duarte de Chihuahua y Roberto Borge de Quinta Roo son quienes encabezan la pira, pero están también los ex gobernadores panistas Guillemo Padrés de Sonora y Luis Reynoso de Aguascalientes.

Los gobernadores se convirtieron en un serio problema para la consolidación de la democracia en México. El grave retroceso que hemos vivido en el sexenio de Enrique Peña Nieto en materia de derechos humanos, corrupción, violencia e impunidad, no puede explicarse sin la intervención directa en estos flagelos por parte de los gobernadores de los estados. La excesiva concentración de poderes en el ejecutivo estatal aunado a la intencionalidad del Gobernador de no tener contrapesos hizo de los territorios subnacionales el reino de los “neo virreinatos”, la erección de nuevos señores feudales con enormes capacidades para usar la ley en su beneficio y violar la ley, también en su beneficio. Un gobierno sin contrapesos es por definición un mal gobierno. Y eso fue lo que ocurrió en el morenovallismo. En su objetivo por alcanzar la candidatura presidencial, Rafael Moreno Valle tuvo que cuidar que su abuso de poder no fuera evaluado en el cambio de sexenio, por lo que se aseguró un Maximato de dos años con buena parte de su gobierno repitiendo en la minigubernatura (2016-2018). Pero meses después de haber dejado la gubernatura rmvr no ha podido detener algunas consecuencias heredadas de su sexenio, como el estallamiento de la violencia criminal en el triángulo rojo con el problema del empoderamiento de “la industria del huachicol”, la creciente ola de feminicidios, la expansión de la inseguridad como nunca antes se había visto en Puebla y el aumento de control social y político por su millonaria campaña de publicidad en todo el país para disputar en el pan la candidatura presidencial.

Germán Martínez Cázarez, ex presidente nacional del pan, escribió en el diario Reforma sobre Moreno Valle:

Pocos panistas representan tan claramente la podredumbre del sistema clientelar y paternalista que el PRI fundó y reprodujo con maestría, donde se obtienen cargos públicos con dinero y artificios, para cebar nuevos rebaños de electores y ordeñarlos en ‘elecciones abiertas’. Moreno Valle sabe que cuenta con otras manadas y jaurías alquiladas de Nueva Alianza, del Partido Verde, de su amigo Osorio Chong; por eso quiere que voten hasta los que hicieron fraude en el Estado de México y Coahuila ¡para decidir la candidatura del PAN! (2 de agosto de 2017).

La mejor evaluación del sexenio morenovallista es el Índice de Desarrollo Democrático. Desde el año 2011 la fundación Konrad Adenauer, la consultora Polilat, la Coparmex y, en los últimos dos años, con la ayuda del ine y El Colegio de México, ha salido a la luz pública el Índice de Desarrollo Democrático de México referente a los años 2010, 2011, 2012, 2013, 2014 y 2015. Su objetivo ha sido medir el grado de desarrollo democrático de las 32 entidades federativas que conforman el nivel subnacional de México. El Índice se conforma por 29 indicadores que se agrupan en cuatro dimensiones: democracia de los ciudadanos (ocho indicadores); democracia de las instituciones (12 indicadores); democracia social (cuatro indicadores) y democracia económica (cinco indicadores). Hasta la elaboración de este texto, el último informe corresponde al año 2015, publicado en 2016. El cuadro siguiente muestra los resultados del ejercicio 2010 y 2015. El primer Índice publicado en 2011 recoge el ejercicio político subnacional de 2010. Para el caso de Puebla, es el registro del sexenio de Mario Marín Torres con sus 81 años de pri a cuestas. Los datos de 2015 recogen para el caso de Puebla los primeros cuatro años del sexenio morenovallista, el sexenio de la alternancia. Veamos los datos comparados:

Índice de Desarrollo Democrático en México 2015-2010 por entidades federativas

Como puede observarse, en 2010 el sexenio del “gober precioso” dejó a Puebla como el cuarto estado con menor desarrollo democrático, abajo de Oaxaca, Chiapas y Guerrero. Dicho de otra manera, al caer la hegemonía de ocho décadas del pri en Puebla, el estado encabezaba la lista de las entidades con mayor autoritarismo en el país, con problemas serios en derechos humanos, falta de protección a las garantías individuales y un estado de derecho sumamente frágil. La alternancia de gobierno con la llegada de una alianza pan/prd a Puebla hacía suponer avances importantes en aspectos claves del desarrollo democrático. Como lo muestra el Índice, el gobierno de rmvr no pudo ser más decepcionante. Hacia 2015 el sexenio morenovallista estaba más que consolidado y para entonces ya se podía apreciar la marca del gobierno: ejercicio arbitrario del poder. Si Marín dejó a Puebla en el cuarto lugar de los estados más autoritarios del país, Moreno Valle lo dejaba en 2015 en el segundo lugar, sólo abajo de Guerrero, impensable.

El gobierno de la alternancia, según los 29 indicadores del Índice, fue más autoritario que el gobierno de Mario Marín. El segundo estado del país con mayores problemas para la existencia de un estado de derecho. La segunda entidad donde los ciudadanos no tienen la protección de la ley, ni de las instituciones frente al abuso de poder.

Con estos resultados no sólo se confirma el grave retroceso político que hemos experimentado los mexicanos y los poblanos en los últimos años, sino reafirma la necesidad de poner más atención en lo que sucede en la política subnacional. Rafael Moreno Valle Rosas busca ser presidente de la república con un ejercicio de gobierno en Puebla esencialmente autocrático. Peña Nieto gobernó el país como gobernó el Estado de México. ¿Eso es lo que nos espera si eventualmente rmvr llega a ser candidato presidencial y posible triunfador en los comicios presidenciales? ¿Más autoritarismo, represión, espionaje, corrupción, pacto de impunidad entre los partidos, obras públicas con sobre costo? La coyuntura política que vive México aún no permite observar el país democrático que no acaba de nacer, ni tampoco podemos ver el enterramiento del país autoritario que se niega a morir. Como en otros momentos de la historia de México, la respuesta está en la sociedad civil. En esa parte de la sociedad civil que se articula con algunos sectores democratizadores tanto del gobierno como de algunos partidos políticos, de los medios de comunicación, de las iglesias, de las universidades y del sector privado. Ahí hay una coalición social y política que empuja a México hacia un mayor bienestar y democracia. Es nuestro deseo que la ruptura fundante que vivimos termine decantándose hacia el país, el gobierno, la oposición y la sociedad civil que merecemos.

Referencias:

Gibson, Edward L. (2008/8/30). Subnational Authoritarianism and Territorial Politics: Charting the Theoretical Landscape. American Political Science Association. Boston, 38-31. Linz, Juan. (1971). The Transition from Authoritarian Regimes to Democratic Political Systems and the Problems of Consolidation of Political Democracy. Yale University Press. Pasquino, Gianfranco. (1998). La oposición. Madrid: Alianza Editorial. Martínez Cázares, Germán. (02 Ago. 2017). El candidato panista de Peña. Reforma. Disponible en http://www.reforma.com/aplicaciones/editoriales/editorial.aspx?id=117444

Sin otras opciones más allá de los partidos, la elección a gobernador en Puebla será de baja legitimidad. Eso lo afirman de manera clara los rectores de las universidades particulares de Puebla más importantes.

Cuántos hilos por jalar en esta madeja en la que se ha convertido la política local. Cuánta pasión maltrecha.

Hace un momento subimos a Mundo Nuestro esta postura de los rectores de la Ibero Puebla, UPAEP, Anahuac y Madero ante los jueces federales sobre la baja legitimidad que tendrá la elección en Puebla ante la ausencia de una candidatura independiente para gobernador. Cuestionan además que la ley electoral desincentiva la participación ciudadana.

El esfuerzo de Enrique Cárdenas por alcanzar una candidatura independiente, por fuera de esos engranajes electorales que llamamos partidos en México, me recuerda los iluminados ánimos de los antirreeleccionistas en Puebla en 1910. Todos sabemos a dónde fue a dar toda esa mirada de futuro del ingenuo maderismo. Y sin embargo soñaron nuestros abuelos un país sin déspotas, un país de mujeres y hombres libres, un país de demócratas. Y se fueron a la guerra por él.



Demasiados muertos para que el grito de sufragio efectivo no reelección se convirtiera en ese ogro filantrópico, diria Octavio Paz, ese partido en zancos, cantaría Chava Flores, ese Estado Mexicano que devoró todo atisbo de ciudadanía.

Cien años después nos batimos en este Frankenstein de perversidades en el que se han convertido los partidos políticos. Es lo que tenemos, dirán algunos. Son los gajes de la democracia, ocurre en todos los países del mundo, ahí están los trumps y los berlusconis, de qué te admiras si aquí se apellidan marines y morenovalles...

Yo guardo la memoria de los abuelos. Y ahora la mirada alegre de un demócrata, Enrique Cárdenas.

Esa es la postura que los rectores de las principales universidades particulares en el Estado han plantado ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Argumentan que la ley electoral en Puebla desincentiva la participación ciudadana. La carta es una muestra de solidaridad con Enrique Cárdenas, quien ha recurrido a esa instancia judicial. Aquí la carta en toda su extensión.