Universidades

El Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades "Alfonso Vélez Pliego" (ICSyH) se creó el 2 de octubre de 1991. Su función principal es el desarrollo de la investigación social y humanística, los estudios de posgrado en sus niveles de maestría y doctorado, así como la participación en las actividades de difusión y extensión de la Universidad. Mediante la coordinación y apoyo a las actividades de investigación de alto nivel, y a través del sostenimiento y creación de programas de posgrado se forman e incrementan los cuadros académicos necesarios y capaces de analizar e interpretar el entorno social y cultural, así como producir nuevos conocimientos en el ámbito de las ciencias sociales y de las humanidades.

Las manos en la masa: masturbación y familia

Por Julio Glockner



Amor, sexualidad y erotismo

Uno de los libros más lucidamente bellos que escribió Octavio Paz se titula La llama doble, es un ensayo sobre el amor, la sexualidad y el erotismo, de donde extraigo algunos fragmentos para precisar y esclarecer estos términos.

Sexo, erotismo y amor son aspectos del mismo fenómeno, manifestaciones de lo que llamamos vida. El más antiguo de los tres, el más amplio y básico es el sexo. Es la fuente primordial. El erotismo y el amor son formas derivadas del instinto sexual: cristalizaciones, sublimaciones, perversiones y condensaciones que transforman a la sexualidad y la vuelven, muchas veces, incognoscible. Como en el caso de los círculos concéntricos, el sexo es el centro y el pivote de esta geometría pasional. El dominio del sexo, aunque menos complejo, es el más vasto de los tres. Sin embargo, a pesar de ser inmenso, es apenas una provincia de un reino aún más grande: el de la materia animada. A su vez, la materia viva es sólo una parcela del universo.

Cadena de excepciones: las leyes que rigen al movimiento del universo macro-físico no son, según parece, enteramente aplicables al universo de las partículas elementales. Dentro de esta gran división, aparece otra: la de la materia animada. La segunda ley de la termodinámica, la tendencia a la uniformidad y la entropía, cede el sitio a un proceso inverso: la individuación evolutiva y la incesante producción de especies nuevas y de organismos diferenciados. La flecha de la biología parece disparada en sentido contrario a la flecha de la física. Aquí surge otra excepción: las células se multiplican por gemación, esporulación y otras modalidades, o sea por partenogénesis o autodivisión, salvo en un islote en el que la reproducción se realiza por la unión de células de distinto sexo (gametos). Este islote es el de la sexualidad y su dominio, más bien reducido, abarca al reino animal y a ciertas especies del reino vegetal. El género humano comparte con los animales y con ciertas plantas la necesidad de reproducirse por el método del acoplamiento y no por el más simple de la autodivisión.



Aunque las maneras de acoplarse son muchas. El acto sexual dice siempre lo mismo: reproducción. El erotismo es sexo en acción pero, ya sea porque la desvía o la niega, suspende la finalidad de la función sexual. En la sexualidad el placer sirve a la procreación: en los rituales eróticos el placer es un fin en sí mismo o tiene fines distintos a la reproducción.

La esterilidad no sólo es una nota frecuente del erotismo sino que en ciertas ceremonias es una de sus condiciones. Una y otra vez los textos gnósticos y tántricos hablan del semen retenido por el oficiante o derramado en el altar.

El erotismo es sexualidad transfigurada: metáfora. El agente que mueve lo mismo el acto erótico que al poético es la imaginación. Es la potencia que transfigura al sexo en ceremonia y rito, al lenguaje en ritmo y metáfora. La imagen poética es abrazo de realidades opuestas y la rima es cópula de sonidos; la poesía erotiza al lenguaje y al mundo porque ella misma, en su modo de operación, es ya erotismo.

El erotismo es una metáfora de la sexualidad animal. ¿Qué dice esa metáfora? Como todas las metáforas, designa algo que está más allá de la realidad que la origina, algo nuevo y distinto de los términos que la componen. Si Góngora dice púrpura nevada, inventa o descubre una realidad que, aunque hecha de ambas, no es sangre ni nieve. Lo mismo sucede con el erotismo: dice o, más bien: es, algo diferente a la mera sexualidad.

El erotismo es invención, variación incesante; el sexo es siempre el mismo. El protagonista del acto erótico es el sexo o, más exactamente, los sexos. El plural es de rigor porque, incluso en los placeres llamados solitarios, el deseo sexual inventa siempre una pareja imaginaria… o muchas. En todo encuentro erótico hay un personaje invisible y siempre activo: la imaginación, el deseo. En el acto erótico intervienen siempre dos o más, nunca uno. Aquí aparece la primera diferencia entre la sexualidad animal y el erotismo humano: en el segundo, uno o varios de los participantes puede ser un ente imaginario. Sólo los hombres y las mujeres copulan con íncubos y súcubos.

Las manos en la masa: Masturbación y familia

Aunque todos hemos experimentado en carne propia la masturbación, permítanme recurrir a la Real Academia Española para precisar el concepto: “masturbarse viene del latín masturbari y significa procurarse solitariamente goce sexual”. Consultando el Nuevo Diccionario Latino Español Etimológico, impreso en 1903, para saber qué significa masturbari, encuentro que se suprime la palabra saltando de Mastrum, una ciudad de la Patagonia, a mastus, el tubo de una fuente. Busco entonces masturbare en el Diccionario Italiano-Español impreso en Barcelona en 1957 y tampoco aparece la evidentemente temida palabra. En la Enciclopedia de México por supuesto no encontraría nada, a pesar de ser un deporte muy socorrido… recurro entonces al Diccionario Enciclopédico Salvat y finalmente hallo la explicación: masturbari viene de manus, mano, y turbare, excitar. La censura del término en algunos diccionarios me llevó a revisar el mito hebreo de Onán, el masturbador primigenio que culturalmente nos corresponde en Occidente. Al leer el mito encontré tres elementos interesantes: Censura, culpa y blasfemia.

En el Génesis del Antiguo Testamento se dice que Onán fue el segundo de tres hijos procreados por Judá, su padre, con una cananea de nombre Sué. El viejo Judá quiso que su primogénito, llamado Er, se casara también con una joven cananea de nombre Tamar. Pero Dios, al ver la maldad de Er, quien tuvo una vida perversa, le hizo morir. Entonces Judá le ordenó a Onán que tomara en matrimonio a Tamar, atendiendo a la ley Mosaica del levirato, que ordena que el segundo hijo se case con su cuñada viuda para procrear hijos en nombre de su hermano mayor. Dice el capítulo XXXVIII del Génesis: “Dijo Judá a Onán, su hijo: entra a la mujer de tu hermano, y cohabita con ella, para que levantes linaje a tu hermano. Pero él, sabiendo que los hijos no nacerían para sí, entrando a la mujer de su hermano, derramaba semen en tierra, para que no nacieran hijos con el nombre del hermano. Y por esto hirióle el Señor, porque hacía una cosa detestable”.

La Biblia no especifica si el semen esparcido en la tierra era únicamente el resultado de un coito interrumpido o también de una manipulación. Pudo ser cualquiera de las dos cosas o ambas. Lo que es claro es que se trata de un pecado mortal, de una ofensa a Dios en la desobediencia a su mandato de cohabitar con una mujer para procrear hijos… y nada más. Esa culpa, que viene a ser un eco de la culpa primigenia por la que Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso, ha sobrevivido en la cultura judeocristiana de la que somos herederos hasta nuestros días. En nombre de esa culpa se ha atemorizado, avergonzado, humillado, perseguido y castigado una de las formas más inofensivas del placer sexual en Occidente.

Sin embargo, la masturbación y la cruzada que contra ella se organizó desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX, dio como resultado, ni más ni menos, que la organización de la moderna familia nuclear. Voy a intentar explicar esto muy brevemente, resumiendo las ideas expuestas por Michel Foucault en el curso que impartió en el Colegio de Francia en marzo de 1975, publicado en el libro Los anormales.

La cruzada contra la masturbación que se inicia en el siglo XVIII tiene como propósito no la salvación de las almas sino la preservación de la salud corporal. No es el discurso cristiano de la carne el que se esgrime contra el autoerotismo, pero tampoco es el discurso de la psicopatología sexual, que surgirá más tarde, durante la segunda mitad del siglo XIX.

En la modernidad el discurso contra la masturbación no está elaborado para combatir el deseo y el placer, sino para prevenir la enfermedad y la muerte. Se trata de un conjunto de exhortaciones, de consejos y conminaciones presentadas bajo la forma de un análisis científico. Es una literatura compuesta por manuales destinados a los padres de familia sugiriéndoles una serie de ideas y estrategias domésticas para impedir que los niños y los adolescentes se masturben. Existen también tratados destinados a niños y jóvenes, el más célebre de ellos, titulado El libro sin título, analizaba las consecuencias desastrosas de la masturbación y, en la página de enfrente, incluía ilustraciones con la fisonomía cada vez más descompuesta, estragada y cadavérica del joven masturbador que agota su vitalidad progresivamente.

La campaña anti-masturbatoria comprendía instituciones destinadas a atender y curar a los masturbadores con prospectos de medicamentos y anuncios de médicos que prometen a las familias curar a sus hijos de ese “vicio”. En Alemania, por ejemplo, se afirmaba que la institución Salzmann era la única en toda Europa en que los niños jamás se masturbaban. En parís, a fines del siglo XVIII y principios de XIX se instaló un museo de cera al que se invitaba a los padres a acudir acompañados de sus hijos, en caso de que hubieran mostrado indicios de masturbarse. Allí se mostraban figuras que representaban todos los padecimientos que podía tener quien cayera en la tentación de procurarse placer por cuenta propia.

Cuando se prohíbe a los muchachos masturbarse no se les amenaza con una vida adulta perdida en el desenfreno y el vicio, sino con una vida adulta plagada de enfermedades y padecimientos. No se trata tanto de una moralización como de una somatización, de una patologización.

En el Diccionario de las Ciencias Médicas, publicado en París en 1820, se ofrece este retrato del pequeño masturbador:

“Ese joven se encontraba en el marasmo más absoluto; su vista estaba completamente apagada. Allí donde se encontrara, él satisfacía las necesidades de la naturaleza. Su cuerpo exhalaba un olor particularmente nauseabundo. Tenía la piel terrosa, la lengua vacilante, los ojos hundidos, toda la dentadura descarnada, las encías cubiertas de ulceraciones que anunciaban una degeneración escorbútica. La muerte ya no podía ser para él sino el final dichoso de sus prolongados sufrimientos”.

Nos encontramos -dice Michel Foucault- en plena fabulación científica. Los médicos oficiales de la época empiezan a identificar la masturbación como causa posible de una gran variedad de enfermedades: meningitis, encefalitis, mielitis y diferentes afecciones de la médula espinal, enfermedades óseas, degeneración de los tejidos de los huesos, enfermedades oculares y con frecuencia también interviene en enfermedades del corazón.

Más de un siglo de intensa campaña anti-masturbatoria (que en muchos casos se prolonga hasta nuestros días) tenía que concluir en un verdadero delirio hipocondríaco, mediante el cual los médicos lograban que sus pacientes asociaran sus enfermedades con una infancia o adolescencia masturbadora. De ahí derivó todo un género literario: la pequeña autobiografía del masturbador. Veamos el testimonio de una francesa del siglo XIX (aunque escrito por un hombre) publicado en el libro Los hábitos secretos de las mujeres:

“Esta costumbre me arrojó en la más espantosa de las situaciones. No tengo la más mínima esperanza de vivir algunos años más. Me alarmo todos los días. Veo avanzar la muerte a grandes pasos. Desde el momento en que comencé con mi mala costumbre me afectó una debilidad que fue constantemente en aumento. A la mañana, al levantarme tenía desvanecimientos. Mis miembros dejaban oír en todas sus articulaciones un ruido semejante al de un esqueleto que se sacudiera. Algunos meses después, al salir de la cama a la mañana, empecé a escupir y echar sangre por la nariz, tan pronto de color intenso como descompuesta. Sentía ataques nerviosos que no me dejaban mover los brazos. Tuve mareos y de vez en cuando nauseas. La cantidad de sangre que pierdo sigue aumentando… y además estoy un poco resfriada.”

Una vez localizada las causa de las enfermedades y fincada la responsabilidad a la masturbación mediante la autopatologización, como lo muestra el caso de esta mujer, se produce una voluntad de disculpar al niño y buscar a los culpables entre los adultos que conviven preferentemente en el ámbito familiar. Como esta problematización ha sido generada y está dirigida a las familias burguesas, es a esa clase social y su estructura familiar a la que se dirigen las recomendaciones de vigilar al servicio doméstico y a los parientes de todo tipo que conviven en el mismo hogar: el criado, la gobernanta, el preceptor, el tío, la nodriza, los primos etcétera. La desconfianza se esparce por todo aquél que habita la misma casa y que no pertenece a la familia celular formada por padres e hijos.

El diablo está ahí –dice Foucault- al lado del niño, en la forma del adulto, esencialmente la del adulto intermediario. La culpabilización recorre a los personajes ajenos al núcleo familiar, pero también a los padres que no se ocupan directamente de sus hijos y recurren a servicios o favores de otros adultos. Lo que, en definitiva, se cuestiona en la masturbación de los niños es su ausencia de cuidados, su desatención, su pereza, su deseo de tranquilidad. Después de todo lo único que tenían que hacer era estar presentes y abrir los ojos. En esa medida y con toda naturalidad, se nos conduce al cuestionamiento de los padres y su relación con los hijos en el espacio familiar. Lo que se requiere –concluye Foucault- lo que se exige es, en el fondo, una nueva organización, una nueva física del espacio familiar: eliminación de todos los intermediarios, supresión, si es posible, de los domésticos, o en todo caso, vigilancia muy cuidadosa de ellos; la solución ideal es, precisamente, el niño solo, en un espacio familiar sexualmente aséptico.

“Los niños deben ser vigilados en su aseo, al acostarse, al levantarse, durante el sueño. Los padres tienen que estar a la caza de todo lo que les rodea, su ropa, sus cuerpos. El cuerpo del niño debe ser objeto de su atención permanente. Esa es la primera preocupación del adulto. Los padres deben leer ese cuerpo como un blasón o como el campo de los signos posibles de la masturbación. Si el niño tiene la tez descolorida, si su rostro se marchita, si sus párpados tienen un color azulado o violáceo, si muestra cierta languidez en la mirada, si exhibe un aspecto cansado o indolente en el momento de salir de la cama, ya sabemos cuál es la razón: la masturbación… A los padres les toca organizar toda una serie de trampas gracias alas cuales podrán atrapar al niño en el momento mismo en que esté cometiendo lo que no es tanto una falta como el principio de todas sus enfermedades”.

Por estas razones el Manual de higiene pública y privada, editado en París en 1827, aconseja a los padres:

“No perder de vista a quien busca la sombra y la soledad, a quien permanece largo tiempo solo sin poder dar buenas razones de ese aislamiento. Que vuestra vigilancia se consagre principalmente a los instantes que siguen al acostarse y preceden al levantarse; es entonces, sobre todo, cuando puede sorprenderse al masturbador con las manos en la masa. Sus manos nunca están fuera de la cama y en general le gusta esconder la cabeza debajo de las mantas. Apenas acostado, parece hundirse en un sueño profundo: esta circunstancia, de la que desconfía cualquier hombre ducho, es una de las que más contribuyen a generar la seguridad de los padres… Si entonces se destapa bruscamente al joven, se encontrarán sus manos, si no tuvo tiempo de moverlas, sobre los órganos de los que abusa, o en sus cercanías. También puede encontrarse la verga erecta e incluso las huellas de una polución reciente: esta podría reconocerse además por el olor especial que exhala la cama, o del que están impregnados los dedos. Desconfíese en general de los jóvenes que, en el lecho o durante el sueño, tienen a menudo las manos en la actitud que acabo de mencionar…”

Con ello, afirma Foucault, asistimos a la introducción de toda una dramaturgia familiar que todos conocemos bien, la gran dramaturgia familiar de los siglos XIX y XX: ese pequeño teatro de la comedia y la tragedia de la familia, con sus camas, sus sábanas, la noche, las lámparas, los acercamientos en puntas de pie, los olores, la cuidadosa inspección en busca de manchas; toda esa dramaturgia que aproxima indefinidamente la curiosidad del adulto al cuerpo del niño.

Después de la revolución sexual de la segunda mitad del siglo XX la situación es radicalmente distinta. La obsesión por la salud y su cruce con la sexualidad ha producido nuevas fórmulas que buscan no tanto el placer, como el desarrollo de una “vida sana”. Los cardiólogos recomiendan a los hombres mirar los pechos desnudos de las mujeres para mantener un corazón sano; se organizan maratones masturbatorios de hombres y mujeres en varios países; recientemente un grupo de investigadores recomendó la masturbación a los mayores de 50 años para tener una próstata saludable, en fin, los tiempos han cambiado y si antes hubo una obsesiva preocupación por la excitación auto-erótica, hoy cualquier improvisado profeta puede complacer a su innumerable auditorio al proclamar gustoso: masturbaos los unos y las otras.

Mundo Nuestro. El siguiente documento firmado por un conjunto de organizaciones académicas que forman parte del sistema Jesuita de instituciones de educación superior en el país y es, además de una severa crítica a la Ley General contra la Tortura que presentó en diciembre pasado al Congreso de la Unión el presidente Peña Nieto, una iniciativa que propone acciones concretas que reparen este esfuerzo nacional por la construcción de un sistema de justicia que respete plenamente los derechos humanos de la ciudadanín.

Por su importancia aquí lo reproducimos:


¿Qué tiene que decir la investigación social desde la universidad con temas como el de los jóvenes migrantes, las cooperativas, el impacto del servicio social, la educación ambiental, los salarios y el nivel de vida, la construcción del tejido social, el impacto del cambio climático en la migración, las élites sociales, la población indígena y la identidad nacional?

Cualquiera que sea la respuesta, impactará la realidad y, para bien de todos, encausará el proceso democrático de la sociedad mexicana. Ese es el punto de arranque del esfuerzo de investigación social que lleva adelante la universidad jesuita en Puebla y que comprende las áreas deHumanidades, Ciencias Sociales, Medio Ambiente, Negocios, Ciencias e Ingenierías, Ciencias de la Salud, y Arte, diseño y arquitectura.

Esta semana la universidad Ibero Puebla realizó el Foro de Investigación en el que se presentaron por sus realizadores los resultados obtenidos de los proyectos realizados en 2015 por académicos y estudiantes de la IBERO Puebla.

En Mundo Nuestro atenderemos con detalle a lo largo de las próximas semanas los propósitos y avances de los trabajos de investigación social que en distintas áreas de la universidad llevan a cabo, y que aquí enlistamos.



Diseño de estrategias para la participación de jóvenes en migración, a cargo de la Dra. Marcela Ibarra Mateos.

Certificación de Empresas Sociales y Cooperativas, del Mtro. Ramiro A. Bernal



Salarios y niveles de vida por parte del Mtro. Miguel Alejandro López con Salarios y niveles de vida.

Impacto del Servicio Social en proyecto de larga duración, de la Mtra. Rosalba Zambrano.

Proceso regional de educación ambiental, de la Mtra. Iliana del Carmen Ayala.

Construcción del tejido social desde abajo y desde adentro de la sociedad, del Dr. Eduardo Almeida Acosta.

Regionalización de la inmigración internacional en el Estado de Puebla, bajo condiciones de cambio climático, del Dr. Miguel Ángel Corona Jiménez.

Evaluación del Enojo en Automovilistas, del Dr. Raúl José Alcázar Olán.

Elites sociales y población indígena. Las consecuencias de la identidad nacional, de la Dra. María Eugenia Sánchez Díaz de Rivera.

Evaluación del video participativo como herramienta metodológica para proyectos de transformación social,de la Dra. Claudia Magallanes Blanco.

Niveles de vida, salario y pobreza en el México contemporáneo, del Dr. Miguel Santiago Reyes Hernández.

Experiencias de Finanzas Solidarias en México y Argentina: Diferencias y similitudes para un modelo innovador de financiamiento solidario, del Mtro. Juan Manuel Martínez Louvier.

Manejo de recursos hídricos en la frontera norte de México: El rio y acuífero transfronterizo Santa Cruz, de la Dra. Ma. Eugenia Ibarrarán Viniegra.

Organizaciones Sociales hacia la sustentabilidad: Construcción de alternativas a la crisis civilizatoria, del Dr. Benjamín Ortiz Espejel y el Mtro. Jerónimo Chavarría Hernández.

Mundo Nuestro. Miles de jóvenes campesinos han regresado de Estados Unidos en los últimos años. El éxodo tiene también camino de regreso. ¿Qué será de ellos? ¿Qué vida es la que encuentran tras su regreso a casa? Esas preguntas simples guardan el compromiso de una universidad que quiere cumplir su razón de ser en la sociedad. Y las respuestas no se obtienen en el escritorio, y requieren de la investigación social aplicada que debe acompañar a las acciones de un Estado solidario que, lamentablemente, no tenemos. Hay que construirlo.

Diseño de estrategias para la participación de jóvenes en migración es el título del proyecto que encabeza en Ibero Puebla la doctora Marcela Ibarra-Mateos. Y sus resultados los ha presentado esta semana en el Foro de Investigación realizado en el campus de Niño Poblano.

Marcela Ibarra obtuvo el doctorado en el ITESO, la universidad jesuita en Guadalajara, con la tesis De Coyula a Nueva York: la construcción de espacios sociales transnacionales. Un análisis desde los imaginarios y las prácticas sociales de jóvenes. Con esa base de conocimiento ha iniciado en algunas comunidades campesinas como Huejotal en el municipio de Huaquechula, Ozolco, en el municipio de Calpan, ya en la falda del Izta, y en San Andrés Azumiatla, la junta auxiliar al sur de la ciudad de Puebla.

Presentamos aquí un resumen de los propósitos de la investigación y un conjunto de reflexiones que alumbran tanto el método de trabajo del grupo que encabeza Marcela como la concepción del mundo en el que se sostiene.



Lo que se propone el proyecto Diseño de estrategias para la participación de jóvenes en migración

El propósito central de este proyecto es el diseño de estrategias participativas y de acompañamiento a jóvenes en contextos migratorios. La migración de retorno constituye hoy en día una de las características de las zonas rurales de nuestro país. Muchos jóvenes regresan, ya sea por procesos de deportación, repatriación o decisión propia a sus lugares de origen y buscan, ante un escenario sumamente precario, opciones de trabajo. Una parte de central del proyecto consiste en la recuperación de las trayectorias de los jóvenes, los saberes y los oficios que han adquirido a lo largo de su vida; es decir, rescatar la sabiduría que en el hacer se construye en las comunidades rurales y en donde los jóvenes juegan un papel fundamental.

En este trabajo colaboran dos áreas de la Universidad el Departamento de Ciencias Sociales y el Laboratorio de Economía Social. El grupo que forma parte de este proyecto son: Dra. Marcela Ibarra Mateos, coordinadora del Campo Estratégico de Acción en Pobreza y Exclusión; la Lic. Brenda Stephany Ramírez, egresada de la Maestría en Gestión de Empresas de Economía Social, además de la participación del grupo “Raíces que nos unen”, formado por la Mtra Guadalupe Corro, la Licenciada Mónica Perera y la Licenciada Mónica Ruiz.

Entrega de material a uno de los proyectos de Huejotal.



Azumiatla




Ozolco.



Huejotal

Reflexiones para el trabajo con jóvenes

  • Partimos de la idea de que los jóvenes son sujetos con saberes, haceres, pensares y sentires que deben estar en el centro de todo acompañamiento. Son ellos los sujetos centrales del trabajo. La Universidad acompaña, reflexiona, acerca, facilita, fortalece.
  • Comprender y conocer las dinámicas propiamente juveniles dentro de las comunidades. Los jóvenes se organizan, toman decisiones y tienen una forma distinta de ver el mundo.
  • Asumir la diversidad de formas de ser joven en una comunidad. Hombres y mujeres tienen imaginarios sumamente diversos sobre lo que su vida futura significa y sobre la manera de vincularse a la vida laboral o al desarrollo de iniciativas productivas y sociales. Algunos se articulan a los negocios familiares, otros buscan continuar con el trabajo campesino ya sea como jornaleros, peones o bien organizándose en grupos para la producción y la comercialización, algunos de ellos se organizan en grupos, otros buscan incorporarse al trabajo asalariado, otros más migran ya sea internamente o internacionalmente. Otros más pueden y quieren seguir estudiando y al mismo tiempo miran opciones comunitarias o familiares de trabajo.
  • El espacio lúdico y de convivencia juvenil es fundamental. Muchos de ellos pintan, tocan algún instrumento o bien tienen oficios ligados a las tradiciones que no necesariamente se ven como trabajo. Se intenta entonces acompañar en la construcción colectiva de acciones en sus comunidades: proyectos productivos, sociales, educativos, culturales, de entretenimiento, etc. Acompañamiento en la búsqueda de experiencias fuera de sus comunidades (viajes con alguna finalidad específica: visita a lugares. Personas, conferencias, foros, ferias, espacios, etc.)
  • Identificar actores clave dentro de la comunidad, líderes de opinión, participantes activos. Son jóvenes que de alguna manera “ponen el ejemplo” en las comunidades.
  • Articular la participación de jóvenes a otros actores comunitarios y externos. Por ejemplo la familia migrante en el extranjero con quienes todavía mantienen contacto. Pero también iniciativas, instituciones y dependencias que los vayan dotando también de otros aprendizajes que se sumen a los que ellos ya tienen (a través de capacitación, intercambio de experiencias, intercambio de saberes, formas de hacer).
  • Acercar (presencial, virtual…) experiencias similares o complementarios en otros contextos de otros jóvenes y de otras comunidades.
  • Y hasta el último, la vinculación o acercamiento con organizaciones públicas o privadas que incentiven el desarrollo de sus proyectos (capital semilla).


Ludoteca en Huejotal


Azumiatla.