Universidades

Mundo Nuestro. Una sociedad se mira al espejo y encuentra muchos rostros que la observan. Y hay rostros fulminantes, que paralizan todo propósito de mirar hacia otro lado. Las cárceles en Puebla. Y las condiciones en las que viven los 8,890 presos en los centros de reclusión poblanos.

Este espejo lo encuentro en el esfuerzo que ha realizado la Ibero Puebla a través del Instituto de Derechos Humanos Ignacio Ellacuría, S.J. (IDHIE) con el Observatorio de Prisiones, proyecto que universidad desarrolla junto con la organización civil Documenta, A.C.. Los vicios de sobrepoblación, adicciones y mala calidad de alimentos son medidos sistemáticamente y exponen la grave situación de nuestros penales.

Un dato simple para entender esta realidad:



Más de la mitad de los reclusos en cárceles del estado de Puebla no tienen sentencia.

Para ser más precisos: 54 de cada cien mujeres presas no tienen sentencia. Y son 585 reclusas.

En el penal de Tehuacán la sobrepoblación es del 700 por ciento. Y en Cholua es del 400.

En el 2015 las cifras eran contundentes: la organización México Evalúa en su informe “Justicia a la Medida” publicado a mediados de junio de ese año, estableció que Puebla es la quinta entidad a nivel nacional con el mayor porcentaje de sobrepoblación en reclusorios, después de Guerrero (48.34%), la Ciudad de México (50.65%), Quintana Roo (57.50%) y Durango (65.73%).

¿Cómo es posible que esto ocurra?



Ahí están las cifras del Diagnóstico Nacional de Supervisión Penitenciaria de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.



Relacionadas:

Mitad de reclusos en cárceles de Puebla no tienen sentencia: Ibero

Y aquí una crónica de las condiciones de vida en la Celda 119 en el penal de San Pedro Cholula:

Celda 119, la vida de quince reos en un cuarto de tres por tres en San Pedro

Para entender la crítica de las cárceles en Puebla: la Celda 119 en la cárcel de San Pedro

Mundo Nuestro. El sistema de universidades jesuitas en México ha dado a conocer este comunicado en el que rechazan las políticas discriminatorias impulsadas por Donald Trump.

La BUAP llegó al fin a Izúcar de Matamoros.

Las buenas noticias no se dan en maceta, dice el dicho. Pero esta es una, y desde una perspectiva estratégica es sin duda la noticia más relevante del arranque del año para el estado de Puebla. La universidad pública alcanza al fin con este campus una verdadera dimensión estatal y confirma que ya no es sólo la Universidad Autónoma (de la ciudad de) Puebla.



Ayer martes 17 el Rector Alfonso Esparza inauguró en Izúcar los planteles para la preparatoria y las licenciaturas en Biotecnología e Ingeniería Agroindustrial. Uno de los edificios albergará a 310 alumnos de la extensión de la Preparatoria Regional Simón Bolívar, con aulas y laboratorios de Física, Química, Biología y Cómputo, así como una biblioteca, todo equipado, amueblado y con una red de internet. Otro edificio cuenta con aulas y 10 laboratorios para los estudiantes de licenciatura.

Con el campus de Izúcar, la BUAP habla ya de un Complejo Regional de la Mixteca. Si contemplamos el crecimiento de la universidad pública en Tehuacán, Tecamachalco, Zacatlán, Teziutlán, podemos visualizar un proceso realmente nuevo para el desarrollo del estado de Puebla.

Aquí sí que vale ser optimista.

Si se analiza este acontecimiento --la verdadera regionalización de la universidad pública estatal--desde la perspectiva de la debilidad histórica de las instituciones de gobierno municipal y estatal, la precaria economía y la mínima organización de la sociedad civil en Puebla, la importancia de la presencia de la BUAP adquiere una dimensión estratégica para el proceso de desarrollo social democrático y sustentable que no hemos logrado construir en nuestro estado.



Las amenazas estructurales en la región cañera



Qué región es ésta la de Izúcar.

El hecho es simple: nunca antes el Estado mexicano había hecho una inversión así de estratégica en la región mixteca. El único ejemplo alterno que tengo a la mano es el de la construcción por Lázaro Cárdenas con su Plan Balsas del canal de riego desde el río Atoyac, al sur de la ciudad de Puebla, con el que se pudo regar el monocultivo la región cañera de Izucar. ¡Eso ocurrió hace más de sesenta años! Puedo pensar en la carretera Panamericana, y tal vez la Universidad Tecnológica, pero no hay más. La característica estructural del sur mixteco poblano es el del abandono histórico en el que los gobiernos han mantenido a la región.

Señalo algunos de los procesos conflictivos que sufre la región a la que llega finalmente la BUAP:

1.- El riesgo de la pérdida de la sustentabilidad ambiental que la explotación del agua y la tierra por el monocultivo cañero, junto con el crecimiento desbordado y sin planificación alguna de los asentamientos urbanos. En particular, la explosiva situación de deterioro social en la ciudad de Atencingo, ya con más de once mil habitantes, contenida en su limitado territorio alrededor del ingenio, limitada en sus capacidades políticas en su calidad de junta auxiliar, y determinada totalmente por la suerte que corra el ingenio.

2.-Una privatización del ingenio de Atencingo que confirma el proceso agroindustrial capitalista que ha mantenido sujetos a los productores con las mismas reglas del juego de los tiempos de Jenkins o de las administraciones del gobierno.

3.- El creciente enfrentamiento entre el ingenio privado y los productores cañeros, que lleva aparejados los conflictos al interior de las organizaciones como la CNPR.

4.- Las dinámicas de desarrollo empresarial en el campo que generan la concentración del capital, el rentismo de la tierra, la explotación laboral y la contaminación –como ya ocurre en la experiencia de los invernaderos en Tlapanalá--, y no la organización de pequeños productores a través de esquemas sanos de financiamiento, tecnificación y acceso a los mercados de exportación.

5.- La inseguridad pública fuera de control, con el fortalecimiento de las redes interestatales del crimen organizado por el corredor de las drogas por las carreteras que cruzan la región desde Oaxaca y Guerrero, y que conlleva el desarrollo de la criminalidad local del robo, las extorsiones, los secuestros y las ejecuciones.

Los retos expuestos dan una idea de la importancia de la presencia universitaria en la región como una herramienta para la construcción de políticas públicas que enfrenten estos conflictivos procesos.

El proyecto de la universidad pública

El rector Esparza lo dijo así en la inauguración de los planteles en Izúcar: “La región enfrenta grandes desafíos, pobreza, desempleo, baja productividad, clima extremo y escasez de agua, es expulsora masiva de migrantes y muchos jóvenes han descartado el estudio como medio de progreso.”

La BUAP habla ya, entonces, de un Complejo Regional de la Mixteca, que agrupa las sedes de Atlixco, Chiautla de Tapia e Izúcar de Matamoros, con oferta de bachillerato y de nivel superior. El campus de Izúcar de Matamoros impactará los municipios de Atzala, Chietla, Epatlán, San Martín Totoltepec, Tepeojuma y Xochiltepec, además de otros de Guerrero, Morelos y Oaxaca, con lo que la población directamente beneficiada rebasa los 40 mil habitantes.

Recojo lo dicho ayer por el Rector Esparza:

“La responsabilidad de la BUAP es hacer presencia en las regiones del estado, con una oferta académica de calidad y pertinente con las vocaciones productivas, para frenar la emigración y brindar a los jóvenes oportunidades asertivas de aprendizaje. Ante las medidas drásticas anunciadas por el nuevo gobierno de Estados Unidos contra los migrantes debemos ofrecer alternativas concretas de desarrollo y oportunidades de aprendizaje para los jóvenes, que respondan a las necesidades de la región y abran nichos de oportunidad para aprovechar los recursos locales.”

Sí, nunca será tarde lograr una perspectiva estratégica.

Mundo Nuestro. La Ibero Puebla arranca sus talleres artísticos de prinavera. Así los presentan:

Los Talleres Artísticos son actividades extracurriculares de participación libre y voluntaria cuya finalidad es contribuir a la formación integral de la comunidad universitaria, particularmente de los alumnos de licenciatura. El formato taller pone énfasis en la experiencia del participante, buscando que experimente y se exprese a través de su acercamiento a determinada actividad artística.

El proceso en el que se involucran los participantes de talleres va de la historia y la apreciación artística a la expresión, que culmina con la creación de obras expuestas públicamente.



Los talleres artísticos abarcan las áreas de música, literatura, danza, teatro y artes visuales (fotografía, video, pintura, textil, creación plástica, etc.) y convocan a todos los estudiantes de cualquier licenciatura, con o sin experiencia en la disciplina elegida, con el objetivo de enriquecerlos sensible, creativa, expresiva y críticamente

Mundo Nuestro.

El señalamiento es directo a Tony Gali: ¿qué va a hacer en relación al impuesto del 3 por ciento sobre la nómina que pesa sobre las instituciones privadas de educación superior.



Una vez más fue Fernando Fernández Font, el rector de la Ibero, el que levantó la voz:

“A las universidades nos pega más incluso que a la empresa. En una empresa, la mano de obra es relativamente corta. Nosotros somos una institución de servicios y, entonces, la nómina es uno de las principales afectaciones de gasto.”

Lo dijo en el marco de la inauguración del XI Foro del Campo Estratégico de Acción, Modelos y Políticas Educativas “Investigación Educativa: decisiones metodológicas”.

Fernández Font explicó que el estado no apoya a las instituciones privadas pero las afecta con el gravamen estatal.

“Si sobre esa nómina nos están cobrando tres por ciento, resulta que el estado no solo no ayuda a las instituciones privadas sino que nos quita. Ya tenemos 30 por ciento de impuesto sobre el salario y ahora sobre la nómina. Yo sí quisiera invitar a las autoridades a que reflexionen seriamente este tema. No que nos digan cómo lo van a reinvertir porque eso ya está comprometido sino quisiera unirme a la empresa privada para hacer un frente común y volver a pedir que se baje a dos por ciento.”



Es claro en este asunto que la sociedad poblana carece de políticas públicas consensadas sobre temas estratégicos como el de la educación superior.

Pero el rector de la Ibero tiene memoria, así que le recuerda al gobernador electo:

“Hay un compromiso de campaña de revisar el Impuesto Sobre la Nómina. No en todos los estados se está cobrando un impuesto similar; en otros es el uno por ciento y aquí estamos en el tres por ciento.”



Mundo Nuestro. El sábado 3 de diciembre en Ciudad Universitaria los astrónomos de la BUAP regresan con sus telescopios para encantar al cielo.

Y se trata de mirar y pelear por ellas: el tema de este año es El Derecho a los Cielos Obscuros, menos focos más estrellas.

La entrada es libre y gratuita. Puedes llevar tu telescopio. Y por un buen rato liberar tus sueños en la noche oscura.



Mundo Nuestro. El Consejo Universitario de la BUAP ha decidido otorgar la Medalla “Francisco Javier Clavijero” a Raúl Dorra Zech, uno de los más importantes acadáemicos de la universidad pública poblana.. No es para menos, Raúl es uno de los más importantes pensadores en nuestro país. Unas líneas a su trayectoria:

Desde 1997 es nivel III del Sistema Nacional de Investigadores, novelista, estudioso de la palabra, traductor, especialista en semiótica y académico de la Institución desde su llegada en 1976. Fue fundador y actualmente coordinador del Programa de Semiótica y Estudios de la Significación, de la Vicerrectoría de Investigación y Estudios de Posgrado (VIEP); además, es director del Seminario de Estudios de la Significación, asociado al Seminario de Semiótica de Paris. Su obra está integrada por una extensa colección de ensayos, textos académicos, artículos y libros sobre la palabra, literatura y semiótica. Ha recibido importantes distinciones, como la Medalla Gabino Barreda de la UNAM en dos ocasiones (1978 y 1982), y reconocimientos por parte de las universidades argentinas Nacional de Jujuy y Católica de Salta. En 2015 fue seleccionado como Miembro del Consejo de Administración de la Fédération Romane de Sémiotique (FRS). La Academia Mexicana de Ciencias lo incorporó como Miembro Regular en 2001 y la Academia Mexicana de la Lengua lo distinguió con el Nombramiento de Miembro Correspondiente por Puebla, en 2011, que se formalizó con la Entrega de las Insignias, en 2016. En este año, la Vicerrectoría de Extensión y Difusión de la Cultura le rindió un homenaje por su trayectoria académica, en la Feria Nacional del Libro de la BUAP.

Presentamos esta semblanza homenaje de Juan Carlos Canales en ocasión del ingreso de Dorrá a la Academia Mexicana de la Lengua.



Esta es simplemente una carta escrita desde la urgencia que exige la admiración

Ningún homenaje, ningún premio, ningún reconocimiento puede darnos cabal cuenta de la magnitud de una obra y, en nuestro caso, de la magnitud de la obra de Raúl Dorra. Y al hablar de magnitud, no sólo me refiero a la cantidad de libros publicados por él, sino, fundamentalmente, al radio, la densidad y la voz de esa obra.

Radio que abarca desde los estudios medievales, el Martín Fierro, el tango, la poesía de Gloria Gervitz, el fenómeno de la lectura en el mundo contemporáneo o el verbo chingar. Pareciera que nada humano le fuera ajeno a Raúl.

Densidad, por la cantidad de líneas interpretativas que esa obra articula y resume para ofrecérnoslas con una luz renovada y lejos de cualquier ortodoxia, a la vez que es una apuesta por la inteligencia del lector en el espacio común y polifónico del texto donde dos subjetividades se encuentran y desde ese encuentro amparado por el azar y la necesidad, por la voz y el silencio se reinventan.

Y sobre todo la voz, gracias a la que, un discurso, sea cual sea, se hace único, singular, irrepetible



Cierto, ya se ha dicho muchas veces, aunque nunca sobre repetirlo: Raúl Dorra es uno de los más importantes escritores hispanoamericanos vivos. Junto a ello, afirmo, sin temor a equivocarme, que Raúl es, también, uno de los más singulares pensadores de nuestro continente. Si el ensayo continúa siendo un género relativamente marginal respecto a otros, Raúl Dorra ha dignificado como pocos esa tradición que arranca con Montaigne, pasa por Ezequiel Martínez Estrada o una figura más próxima a nosotros, como Roger Bartra, devolviéndole el lugar que merece en la literatura.

Cierto también, en el caso de Raúl Dorra es inútil pretender separar los puentes que unen --y separan-- la obra propiamente creativa con la ensayística, convirtiéndose, la primera en una permanente indagación sobre las posibilidades y límites del lenguaje, al mismo tiempo que de las posibilidades y límites de la construcción narrativa. En tanto el ensayo es la más clara impronta de la pasión. Raúl Dorra es una de esas extrañas aves del mundo intelectual, capaz de mezclar la más puntual erudición y rigor académicos con la propuesta de una aventura por vastos e insospechados territorios.

Con motivo de este encuentro, de esta celebración que es también nuestra celebración porque Raúl de muchas formas ya nos pertenece, he vuelto a uno de sus más fascinantes trabajos: La casa y el caracol, publicado en 2005. No me detendré en los detalles del libro; la más escueta reseña nos obligaría a permanecer aquí varías horas para desentrañar su riqueza, pero a lo largo de su lectura --lectura que es siempre una interrogación y no sólo un don-- me he preguntado una y otra vez qué es lo que permite a Raúl Dorra sumar en un solo texto, como el referido, un complejísimo mundo teórico que va de la lingüística a la antropología y el psicoanálisis para alumbrar la relación entre la voz y el cuerpo, al tiempo que la observancia enamorada, morosa, de un molusco como el caracol. Y me respondo que esa erudición, ese espíritu aristotélico que posee Raúl, sólo pueden estar alimentados por una fuente de carácter eminentemente ético: el asombro, Thamazein, que los modernos hemos olvidado por las exigencias de un mundo dominado por la técnica, el éxito, la eficiencia y la prisa. Asombro de estar en el mundo y frente al mundo, porque los hombres no sólo estamos en él sino frente al a él, confrontados con él y con nosotros mismos, lo que nos permite ser siempre otros, definirnos como una otredad radical, una diferencia, un resto que escapa y escurre de nuestra mismisidad, de nuestro ensimismamiento. Entonces es el cuerpo lo que verdaderamente nos apertura al mundo y permite una posición determinada frente a él. En este sentido, habría que rastrear en la obra el intento de Raúl por dar un paso más allá de, al menos, la fenomenología husserliana, cuyo edificio descansa en el yo y la conciencia. Al mismo tiempo, si el cuerpo es un discurso y el discurso un cuerpo, los lazos que los unen y que nos unen a ellos son los del habla y la escucha por las cuales el mundo es un acontecimiento polisémico y polifónico, no una fijeza, y el texto, una mandala de ese mundo definido por la diferencia, y por la producción infinita de otros acontecimientos.



A la par de su tarea como autor, tarea que implica un distanciamiento y a veces un diálogo con los muertos, hay que destacar la importante labor que Raúl Dorra ha desarrollado como profesor y difusor de la literatura. Señalo apenas su aporte en el aula para profundizar en los estudios de nuestra tradición hispánica o ampliar el horizonte de lo que suele llamarse “ciencias del lenguaje”. Si es cierto que a finales de los 70s --con lo que se ha llamado, no sé si con precisión, generación de la ruptura-- Puebla vivió una importante transformación en el modo de entender y hacer literatura, se lo debemos, en gran parte a Raúl Dorra; otra parte, no menos importante, a Miguel Donoso Pareja, recientemente fallecido.

El próximo 24, se cumplirán 40 años del golpe de Estado en Argentina. Nuestra universidad recibió una parte importante de exilio argentino, particularmente el proveniente de Córdoba. Figuras como Oscar del Barco, Raúl Dorra, Juan Carlos Grosso, Rodolfo Santander, Alberto Sladogna y Oscar Terán, entre otros, vinieron a cambiar el perfil humanístico de nuestra institución. Hoy, como un gesto de gratitud, los universitarios poblanos deberíamos extender el homenaje a Raúl Dorra hasta el de los múltiples exilios con los que nuestra universidad se ha visto beneficiada a lo largo del siglo XX. Nuestra mayor riqueza debería continuar siendo la pluralidad y el reconocimiento de la diferencia: no el lugar que ocupemos en las estadísticas educativas nacionales sobre eficiencia y eficacia. En un mundo dominado por la lógica del capital, el pragmatismo, la homegeneidad, la intolerancia, los odios raciales, la brutal violencia como la que se ha desatado en México en general, y en Puebla en particular, y la pauperización de la vida política e intelectual, debemos recoger el testamento del exilio, el de los exilios, y el de Raúl Dorra, de modo singular, para repensar nuestro lugar como universitarios de cara a ese mundo que parece deshacérsenos entre las manos, luego de la crisis de la utopías.