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18 Mayo 2021, Puebla, México.

 Crónicas de Guerra 1. El combate de Santa Inés en el Sitio de Puebla de 1863

Cultura | Crónica | 25.ABR.2021

Crónicas de Guerra 1. El combate de Santa Inés en el Sitio de Puebla de 1863

Oscar Ernesto Hernández López

¿Por qué un hecho de armas cargado de tanto heroísmo es ignorado por los mexicanos?


A los diez meses y once días del triunfo mexicano sobre el ejército francés en los fuertes de Loreto y Guadalupe, la ofensiva dirigida por el Mariscal Forey al mando de más de treinta mil hombres puso sitio a la ciudad de Puebla mismo que inicia el 16 de marzo de 1863. A los pocos días, el 29 de marzo, los franceses, tras un nutrido bombardeo, asaltan y toman posesión del derruido fuerte de San Javier. Lo que los franceses suponían sería un avance rápido y fácil sobre los demás puntos estratégicos de la ciudad se torna difícil e incierto cuando la estrategia del general González Ortega de fortificar y defender cada calle y cada casa comienza a causar demasiadas bajas al ejército galo y sus progresos parecen ser insignificantes. Así, luego de casi un mes de bombardeos y un asedio feroz, los franceses apenas han avanzado 4 cuadras, de lo que hoy es la 13 sur hasta el templo de San Agustín situado en la 5 sur y 3 poniente. Los combates en las manzanas aledañas se habían tornado intensos, las calles estaban repletas de escombros y cadáveres que ninguno de los dos bandos había podido recoger y servían de alimento de perros y gatos hambrientos que deambulaban por la ciudad.


Esta es la historia de la heroica defensa del convento de Santa Inés.

 

 

24 de abril de 1863 

 

Un lado de la calle de Pitiminí [hoy 5 sur] estaba ocupada por los soldados franceses. A las seis de la tarde hicieron explotar dos minas que destruyeron una cuadra de esa calle, de inmediato emprendieron la toma de las ruinas a lo que seguiría, según sus planes, el asalto al resto de las manzanas.


La explosión ocurrió a las seis de la tarde cuando algunas casas de la primera línea de defensa estaban casi desocupadas, pero sí hubo bajas mexicanas. Los franceses cruzaron la calle pues pensaban que todos los que se encontraban ahí habían muerto, sin embargo, de manera repentina los soldados del segundo batallón de Toluca sobrevivientes a la explosión de Pitiminí y algunos de la División de Jalisco, aparecen, enfrentan y logran repeler a los cazadores de Vincennes en dos ocasiones. El comandante de los Toluqueños era el general Berriozábal, entre sus principales jefes y oficiales se encontraban el teniente coronel Padrés y el ingeniero Ochoa al mando de los zapadores. Con gran esfuerzo impiden el acceso de los franceses a los edificios de la manzana de Pitiminí. La lucha se extendió por toda la noche, pero los mexicanos logran expulsar a los invasores. Ante este fracaso, el general francés Félix Douay planea entonces dirigir un ataque al convento de Santa Inés. Moviliza al 2° y 3er batallón de zuavos, y al 51° de línea bajo el mando del
coronel Garnier, eran cerca de 3000 hombres bajo las órdenes del general De Castagny.

 

 

El combate


25 de abril de 1863


A las 5 de la mañana los franceses inician el bombardeo sobre San Agustín y los fuertes Hidalgo e Ingenieros con 8 cañones rayados, este ataque era solamente una táctica de distracción pues el objetivo real era el convento de Santa Inés cuya defensa estaba a cargo del coronel Miguel Auza que contaba con 800 soldados de los batallones 3° y 5° de Zacatecas. La consigna que había recibido del comandante en jefe González Ortega era la de salvaguardar la fortificación de Santa Inés a toda costa pues constituía una posición estratégica que no podías ser perdida. Los zapadores, cavaron afuera de los muros del convento 4 trincheras provistas de filosas estacas de madera amarradas con redes de cuero para dificultar al máximo el asalto francés. Sobre las puertas de entrada al convento, se hizo montar una sólida reja de acero con la finalidad de que ahí rebotaran los proyectiles de los cañones. A las 6 de la mañana se inicia un intercambio de fuego de artillería que dura más de tres horas. Hacia las 9 y media de la mañana, el general Castagny da la orden de iniciar el asalto, al frente marchan dos columnas del 1er batallón de zuavos, la de la derecha comandada por el oficial Merlot, y la de la izquierda bajo las órdenes del capitán Devaux, esta segunda columna se dirige hacia la puerta principal del convento.  

El 2° batallón ligero de Toluca del coronel Padrés enfrenta a esa segunda columna y retrasa su avance al dirigirles y hacer explotar muy cerca de ella un obús de montaña, pero el 3er batallón de zuavos avanza y gana terreno, llega a la trinchera de la infantería de los toluqueños y se apodera de esa posición. Los franceses sienten que falta muy poco para tomar el convento, de pronto aparecen tiradores mexicanos por todas partes, por las ventanas, las azoteas, en la calle, por los costados, se calculan más de mil, todos
concentran sus disparos en las dos columnas de zuavos mientras la artillería francesa sigue castigando los edificios cercanos al convento causándoles severos daños estructurales.


Una granada de mortero francés explota y derrumba una parte del edificio del convento bajo fuego, el coronel Auza y varios de sus hombres quedan completamente sepultados bajo el techo y paredes desplomadas.


Al enterarse Gonzáles Ortega de este lamentable suceso ordena que el general Negrete refuerce con sus reservas la defensa de Santa Inés. Negrete acude de inmediato en auxilio de los asediados reforzado a su vez por dos compañías zacatecanas; soldados de Oaxaca y Jalisco se integran a la defensa del convento. Tal era la desesperación de los comandantes de la defensa por no ceder y no ser derrotados que el mismo general
Berriozábal dispara en varias ocasiones uno de sus cañones.


Douay, ante la dificultad de tomar el convento debido a la defensa tan férrea de los mexicanos, echa mano de una compañía de cazadores del batallón sudanés y envía una nueva columna de ataque. Para entonces, más de la mitad de los edificios del convento han caído en manos de los zuavos lo que les hace suponer que en ese combate saldrán victoriosos.


Intempestivamente aparecen los batallones de Puebla y Zacatecas bajo las órdenes de sus comandantes Palacios y Ghilardi, atacando con sus bayonetas y atravesando con ellas a cuanto zuavo se encuentran enfrente. Negrete ordena un acto temerario pero indispensable, manda al general Mariano Escobedo con su primer batallón de San Luis Potosí para que corten de manera violenta el avance del primer batallón de zuavos del comandante Melot que ya se habían posesionado del patio principal del convento. Douay ordena intensificar el fuego de artillería sobre Santa Inés dejando a sus soldados en medio del fuego cruzado. Los franceses están envueltos en una densa nube de polvo y pólvora además del fuego amigo, reciben descargas muy de cerca del batallón de San Luis Potosí, y desde arriba de los combatientes veracruzanos. El patio del convento se va cubriendo de cadáveres franceses, los sobrevivientes huyen en estampida arrastrando a sus heridos. En su repliegue, son perseguido con tiros de granada, abandonan el convento y regresan a su
punto de partida. 


Es así como el ejército de Oriente se cubre de gloria una vez más. Hacia las once y media de la mañana el combate ha terminado pero la operación ha salido muy cara, el  batallón potosino de Mariano Escobedo se redujo a la mitad. Ciento treinta franceses son hechos prisioneros, además de las cuatrocientas bajas contando muertos, heridos y desaparecidos entre los que se cuentan diez oficiales.


El coronel Auza no murió en ese enfrentamiento, milagrosamente salió de entre los escombros muy golpeado pero vivo.


Jesús Gonzáles Ortega escribió luego de ese combate: 

“Espléndido triunfo que acaban de tener nuestras armas.”


En la Ciudad de México el Lic. Iglesias escribiría: 

“Las victorias han causado en México un entusiasmo que ha rayado en el delirio”-


En la capital de la república este triunfo se celebró con música, gallos, repique de campanas, cuetes y salvas. Casi al terminar el día, se esparce por la ciudad de Puebla una mala noticia: los alimentos de los sitiados no durarán más de ocho días y no hay municiones ni pólvora más que para cinco días. Por el contrario, el abastecimiento que desde Veracruz se envía a las tropas francesas sigue llegando de manera regular, Acaban de recibir pólvora, 3 obuses de 30 mm y cuatro cañones de montaña. 

“Gloria a vosotros sublimes mártires de la libertad cuya sangre ha salpicado los derruidos muros de Santa Inés”. Antonio Mateos. Poeta y dramaturgo. 


¿Por qué un hecho de armas cargado de tanto heroísmo es ignorado hasta el grado del olvido por los mexicanos, pero principalmente por los poblanos?

 

Plano del convento de Santa Inés utilizado por los franceses. Fuente: Francisco de P. Troncoso.
Referencias

Acevedo, Esther., Casanova, Rosa y Pérez Gasca, Angélica. Diario del sitio de Puebla de
Carlos Casarín. Libro electrónico. Consultado en la WWW
https://www.mediateca.inah.gob.mx/webapps/publicaciones-digitales/carlos_casarin/


Aguilar Ochoa, Arturo (2015) El Sitio de Puebla. 150 Aniversario. Instituto Nacional de
Estudios Históricos de las Revoluciones de México Secretaría de Educación Pública
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.


Leicht, Hugo (2010). Las calles de Puebla. Décima Impresión. Secretaría de Cultura.
Gobierno del Estado de Puebla.


Noix, G. (1874) Expédition du Mexique 1861 -1867 Récit Politique et Militaire. Librairie
Militaire de J. Dumaine. Libraire-Éditeur. Paris.


Troncoso, Francisco (1909). Diario de las operaciones militares del Sitio de Puebla de
1863. Secretaría de Guerra y Marina. México.