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25 Julio 2021, Puebla, México.

Sobre la Fundación Mary Street Jenkins Jenkins, la UDLA y nuestra ignorancia histórica

Universidades /Gobierno /Sociedad | Opinión | 14.JUL.2021

Sobre la Fundación Mary Street Jenkins Jenkins, la UDLA y nuestra ignorancia histórica

Sergio Mastretta

En memoria de mis abuelos Carlo Mastretta Magnani (1874-1955) y Sergio B. Guzmán (1890-1975)

 

Cuánto sabemos hoy del pleito por el dinero de la Fundación Mary Street Jenkins: lo que me expresa un amigo viejo, politólogo experto, un ejemplo él de la calidad académica que puede tener la Universidad de las Américas en Puebla.

“Estoy preocupado –me dice al teléfono--. ¿Tú inscribirías a tu hija en esta universidad al contemplar lo que está ocurriendo con ella?”

Soy un padre de familia. Mis hijas han estudiado en la UNAM y en la BUAP. Le respondo que no sé qué haría.

Qué sí sabemos ahora: que la UDLA, en el cerco de los policías estatales que la han tomado, sufre la más grave crisis de su historia sometida por el enredo legal a la que la llevaron los desheredados Jenkins a la fundación de su bisabuelo --para ellos mismos, todavía patronos, pero para el aparato legal del gobierno de Miguel Barbosa, ya ex patronos--, con los sucesivos gobernadores de Puebla y su séquito de abogados y testaferros hasta parar en dos recientes, Rafael Moreno Valle y Miguel Barbosa decididos, cada uno en su momento y el último hasta el extremo, a meterle mano a la fundación en un conflicto al que no se le ve una salida inmediata. Porque es una historia que ha llegado al territorio del desgarramiento de la familia del fundador, de las demandas penales y las órdenes de aprehensión, de los amparos y juzgados federales y de los recursos a los organismos internacionales. Y que, en la deriva de lo que tiene toda la cara de un proceso golpista para tomar el control de la universidad con la figura de un rector esquirol, está la incertidumbre de los académicos, los estudiantes y sus familias sobre su destino inmediato.

Es una historia triste. Un hecho extraordinario, contradictorio en su raíz –la fortuna acumulada por el mayor de los representantes del capitalismo salvaje que resultó de la Revolución mexicana se transforma en un patrimonio de beneficencia para los pobres en Puebla, porque tal fue la decisión de su fundador--, se ha convertido en sus 67 años de existencia en la más oscura de las tramas que se han urdido en la historia del poder en Puebla.

El último capítulo es el de la confiscación de la Universidad de las Américas. Pero el primero es el de la opacidad en la que el propio Jenkins y su financiero y socio Manuel Espinosa Yglesias montaron el andamiaje de la Fundación, siempre de la mano de los gobernadores y, cuando les fue posible, de sus desheredados descendientes.

Paso la tarde del jueves 15 escribiendo estas notas. Siempre con la pregunta de mi amigo académico sobre la desgracia que le ha caído encima a la institución en la que da clases y, como tantos compañeros suyos, proyecta inteligencia sobre la vida nuestra.

 

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Mis dos abuelos fueron contemporáneos de William O. Jenkins. Los tres fueron hombres del arranque de un medio siglo XX de revolución, violencia y desamparo, pero también de ilusión de un mundo nuevo. Un gringo, un italiano y un poblano. Intento comprender desde sus ojos el siglo poblano de este aventurero gringo que conquistó el país con las armas que le dieron su inteligencia y osadía, su espíritu de trabajo y su falta de escrúpulos para entenderse con los hombres que tienen el poder y que por su vía con él se empoderan y enriquecen. Mis dos abuelos vivieron como él ese siglo de guerra y reconstrucción social que llamamos Revolución Mexicana, la misma que se explica en Puebla en la figura del dictador Maximino Ávila Camacho y el entrepreneur Guillermo Jenkins.

Como el norteamericano de Tennessee, Carlo Mastretta Magnani también llegó a México en 1901, huyendo de la refriega política en Italia; trabajó como ingeniero constructor de puentes y estructuras ferroviarias para el Ferrocarril Nacional en la región de Querétaro, y después presas para sistemas hidroeléctricos de molinos y textileras en Tequixquiapan y San Juan del Río; así llegó a Puebla en 1907, contratado por unos señores Rivero Quijano propietarios de las fábricas Atoyac, en Mayorazgo, y San Juan Amandi, en el Paseo de San Francisco, para quienes trabajaría como apoderado y director de esas industrias hasta 1945, año en que sus patrones vendieron las fábricas a un textilero De la Mora que llegó Saltillo. Carlo moriría diez años después, justo en el año en que nací, 1955, en su casa de la 3 Oriente frente al Sol de Puebla, y no sabría del destino final de su querida Atoyac Textil, destruida para siempre en el 2011 por la ambición inmobiliaria, reflejo de la muerte por contaminación del río por el que llegó cien años antes a participar del sueño de modernización industrial con la que él contribuyó al encabezar la construcción de un sistema de generación de electricidad en el entonces poderoso y limpio río Atoyac. No tengo conocimiento de que se haya relacionado en algún momento con el magnate Jenkins, migrante como él y avecindado también hasta el final de sus días en la ciudad de Puebla.

Sergio B. Guzmán, mi abuelo materno, nació en 1890 en Puebla, hijo de Daniel Guzmán, un médico de pensamiento liberal que lo mandó a estudiar odontología a la Universidad de Chicago en 1907, profesión que ejerció de inicio en los años de la guerra civil, recorriendo en una moto India los pueblos serranos de la región de Teziutlán, la tierra de su mujer, María Luisa Ramos, con quien casó en 1920 para asentarse desde entonces en la ciudad de Puebla. Allá en Teziutlán, en 1913, conocería a los hermanos Maximino y Rafael Ávila Camacho, y los tres a un joven michoacano, Lázaro Cárdenas, oficial de alguna de las huestes levantadas en armas contra el usurpador Victoriano Huerta. En algún momento de esos años dieces y veintes, Sergio y William se hicieron amigos. El futuro magnate ya era millonario en 1910, pero para los rancios hacendados e industriales de Puebla no pasaba de ser un arribista al que por desgracia se veían obligados a pedirle prestado y a aceptar que el gringo se convirtiera en el propietario del primero de los clubes Alfa. Sergio fue presidente municipal de Puebla en 1937, con un mandato entonces de dos años, pero renunció al término del primero, tras la amenaza de muerte por Maximino Ávila Camacho, el gobernador al quien no le aceptó la intención de malversar fondos municipales a su favor. Sergio regresó a la vida civil y nunca más regresó a la política; era dentista, y no dejó de serlo nunca. No hizo ni buscó, entonces, negocio alguno con Jenkins. Se enteró de que había sido nombrado patrono de la fundación de su amigo cuando la muerte del magnate, en 1963.

Dos hombres, mis abuelos, contemporáneos de William Jenkins. Carlo el italiano, dedicado a su trabajo en Atoyac Textil; por su cabeza no pasó nunca la idea de hacerse millonario. El dentista, nunca atado a una dependencia económica con el potentado, fue sobre todo, su amigo. Los dos exponentes de una ciudad que produjo al hombre más rico del país en 1950.

Reflexiono en ello con la mirada puesta en mi abuelo Sergio B. Guzmán, patrono de la Fundación Mary Street Jenkins entre 1963 y 1975, el año de su muerte. Lo recuerdo abatido en su queja primera: con el control absoluto por Manuel Espinosa Yglesias desde la ciudad de México, junta tras junta de patronos, la Fundación desdibuja paso a paso el testamento de Don Guillermo, como mi abuelo y sus amigos le decían al magnate norteamericano: las donaciones para proyectos y obras fuera de Puebla, la primera de ellas en 1964 para la Universidad Anahuac en la ciudad de México; el olvido de la idea de construir un gran orfanato en los campos de Las Ánimas, uno de los dos proyectos fundamentales del norteamericano; el abandono del hospital contra el cáncer –el otro gran proyecto--, que ya en 1967 está terminado y equipado con equipo de punta y que, desmantelado, terminará convertido en hotel insulso cerca de la avenida Juárez. De eso platicaba y se abatía el abuelo Sergio.

¿De quién es el dinero de la Fundación Mary Street Jenkins?, me pregunto 46 años después de que se fue mi abuelo. El dinero que le produjeron las fábricas textiles, la caña y el alcohol del Ingenio de Atencingo, los cines de COTSA, vendidos al gobierno federal al principio de los años cincuenta,  las rentas del prestamista que poco a poco se hicieron de lo que sería el Banco de Comercio, los tantos negocios en los que urdió su fortuna Jenkins a lo largo de 50 años, todo fue a dar a la Fundación Mary Street Jenkins en 1954 en una decisión que confirmó el testamento de 1958. ¿Los excedentes –llamémosle así por un momento y positivamente al producto del trabajo que se puede llegar a acumular en una economía capitalista y salvaje como la mexicana-- son un patrimonio público al pasar a formar parte de una fundación de asistencia?

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Con una gran parte de esos recursos se fundó y construyó a finales de los años sesenta la Universidad de las Américas en Puebla. La identificamos como una institución privada, ¿pero en qué medida es una institución pública dado el carácter de origen de los recursos donados para su construcción? En el otro extremo de los destinos del dinero de Jenkins está la Ciudad Universitaria de la BUAP, cuyas cien hectáreas de terreno y la construcción de la totalidad de sus edificios inaugurados en 1969 se pagaron con recursos de la fundación. La BUAP es una institución pública. Pero una y otra se fondearon con recursos provenientes de la fortuna del magnate norteamericano.

¿Qué tan público es lo privado del dinero Jenkins?

¿Qué tan privado es lo público del dinero Jenkins?

 Le doy vueltas a esos cuestionamientos y concluyo que eso es justo lo que no se ha respondido nunca en Puebla frente al hecho concreto de la existencia del ente que llamamos desde hace medio siglo Fundación Mary Street Jenkins.

 

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Dos semanas después de la confiscación de la Universidad de las Américas por el patronato nombrado por el gobierno de puebla en junio pasado, enfrento un interrogante que me lleva al fondo de las ambiciones y los litigios alrededor de los recursos de William O. Jenkins. ¿Cuál ha sido la historia del dinero del dinero de la Fundación Mary Street Jenkins? De los 60 millones de dólares originales, según el historiador Andrew Paxman dispuestos en 1954 --millones que incluyen los dineros provenientes de la compra por el gobierno federal de los edificios que albergaban a principios de los años cincuenta los cines de la Compañía Operadora de Teatros, COTSA—saltamos en el 2021 a los “más de 700 millones de dólares” como manosean a diario los medios de comunicación. En el video de presentación del portal de internet https://www.fundacionjenkins.org/historia se afirma que esta institución de beneficencia privada ha donado más de mil millones de dólares para obras de todo tipo en el país. No es fácil entender este milagro en la repartición de los panes dada la opacidad en la que la Fundación se ha mantenido a lo largo de sus 67 años de historia. Pero por ahí debería de empezar la Junta para el Cuidado de las Instituciones de Asistencia Privada del estado de Puebla, si algún sentido tiene su existencia más allá de ser el instrumento para la toma de la UDLA por el gobierno de Puebla –no tiene esta Junta, por cierto, presencia alguna en el portal digital del gobierno del estado de Puebla, no hay huella alguna de ella en Transparencia--. No hay un antecedente de intervención alguna en los años de control del patronato de la fundación por Manuel Espinosa Yglesias, ni en los que le siguieron bajo el control de los Jenkins Landa. Lo intentó finalmente Rafael Moreno Valle en el 2014 pero los bisnietos del magnate jalaron con la fundación para Zapopan y con la ubicación legal del patrimonio en razones sociales del paraíso fiscal Panamá. Con ese argumento interventor ha tomado Miguel Barbosa el patronato de la Fundación y con él la Universidad de las Américas.

 

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Empezar por lo elemental, entonces. ¿Qué dice la Fundación que ha hecho en 67 años? ¿A dónde están esos mil millones de dólares donados?

En el portal en internet de la Fundación Jenkins –ya no Mary Street por alguna de las razones del enredo legal que vive esta organización--, y que todavía está al mando del patronato en manos de los Jenkins Landa desconocido por Miguel Barbosa, encuentro el listado de las obras y donaciones que desde 1954 ha realizado esta organización de beneficencia. Igual para la ciudad y el Estado de Puebla que para las donaciones fuera del territorio poblano. Es una lista larga que no ofrece información del dinero involucrado en las obras, salvo en un caso y hasta el 2018, con los 2.5 millones de dólares donados a la Universidad de Guadalajara para la construcción del Agora Jenkins.

 

El Agora Jenkins y los 2.5 millones de dólares donados a la Universidad de Guadalajara en el 2018 por la Fundación Mary Street Jenkins.

 

Las de Puebla primero

Donativo para la  Escuela Hogar para Ciegos (1955);

donativo para la construcción del Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec, CENCH (1957);

donativo para el edificio de la Cruz Roja de Puebla y otro más para un hospital en Izúcar de Matamoros (1957);

a petición del arzobispo Octaviano Márquez y Toriz, Arzobispos de Puebla se otorgó un donativo para la construcción del Seminario Diocesano de Puebla (1963);

donativo para la construcción de la secundaria y preparatoria del Colegio Americano Campus Las Ánimas (1964);

en el marco de los festejos del Centenario de la Batalla del 5 de mayo, Fundación Mary Street Jenkins donó los terrenos que ocupan los Fuertes de Loreto y Guadalupe a la Secretaría de Patrimonio Nacional (1964);

donativo destinado a apoyar la creación del Club Alpha 3 (1965);

donativo para la compra de 100 hectáreas para la construcción de  la Ciudad Universitaria de Puebla (1965);

 donativo para la dignificación de monumentos en Puebla, como el trabajo realizado en la Catedral,  la Iglesia de Guadalupe, La Compañía y San Francisco y la restauración de la Capilla del Rosario en el Ex Convento de Santo Domingo (1967);

inicio de la construcción de la Universidad de las Américas de Puebla (UDLAP) en el terreno conocido como rancho de Santa Catarina, Cholula (1967);

construcción de Ciudad Universitaria de la Universidad Autónoma de Puebla (1966-1968);

donativo para dotar de agua potable a 250 comunidades rurales (1969);

se termina e inaugura la la Universidad de las Américas Puebla (1970);

donación de 50 hectáreas al Gobierno del Estado de Puebla para establecer un centro agropecuario en Los Amatitlanes, Izúcar de Matamoros (1971);

a solicitud de los gobernadores de Puebla, Gonzalo Bautista O’Farrill y Guillermo Morales Blumenkron nuevos donativos para la introducción de agua potable a diversas comunidades (1972 a 1976); 

donativos para las obras de restauración del templo de La Compañía (1977);

donativo para las obras de restauración de la iglesia y del ex Convento franciscano de Huejotzingo (1979);

donativos para financiar la visita de Juan Pablo II a Puebla (1979);

donativo para la construcción del Centro Escolar No. 2 en Puebla (1982);

donativo para la construcción del Hospital General en Castillotla (1984);

se entrega en comodato la Casa del Dean, propiedad de la fundación, al gobierno de Puebla (1985);

se consituye la Fundación de la Universidad de las Américas Puebla (1986);

donativo para el rescate del atrio del exconvento de Santo Domingo (1986);

donativos para la recuperación del mercado La Victoria, el Parque Ecológico, el Paseo Bravo y el Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos (1989);

donativos para la restauración de las pinturas de la Capilla del Rosario del artista José Rodríguez Carnero (1996);

se inaugura el Centro de Convenciones de Puebla William O. Jenkins financiado en su totalidad con recursos de la Fundación Jenkins (1999);

donativo para constituir un Fideicomiso con Gobierno del Estado para la reconstrucción del centro histórico de Puebla afectado por el sismo (1999);

donativo para la restauración de Catedral de Puebla (1999);

entrega de la Casa Aguayo, sede del Poder ejecutivo del Estado (2000);

donativos de apoyo a Cruz Roja Mexicana, Club Alpha, Cáritas Puebla, Hospital de la Mujer y UDLAP (2004);

donativos para la Cruz Roja Mexicana y la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) (2005);

donativo para los damnificados de la Sierra Norte de Puebla por el huracán Stan (2005);

donativo a la Arquidiócesis de Puebla para el inicio del rescate del Archivo Histórico Diocesano de Puebla (2007);

donativo para la restauración del Teatro Principal de Puebla (2010);

donativo a la Cruz Roja Mexicana para la remodelación de la fachada del hospital en Puebla (2010);

donativos para el levantamiento digital arquitectónico de la Catedral de Puebla y la entrega de la nueva sede del Archivo Histórico diocesano (2011);

donativos a la UDLAP para la modernización de sus instalaciones y actualización de programas educativos (2012);

la Fundación cambia su sede a Zapopan, Jalisco (2014);

donativo para la construcción del nuevo Archivo General Municipal de Puebla en la Antigua Cementera (2014);

dentro del programa Adopte una Obra de Arte donativo para la tercera intervención al convento de Huejotzingo con la restauración del retablo mayor (2015);

entrega de la Sala Puebla de los Ángeles con maqueta monumental en el Museo Internacional Barroco (2015);

remodelación del Auditorio de la UDLAP con el nombre de Guillermo y Sofía Jenkins, en el marco del 75 aniversario de la Universidad; donativo de 50 millones de pesos para la reconstrucción de viviendas y templos en la Mixteca Poblana por el sismo del 19 de septiembre (2017);

por la pandemia se realiza el donativo para el pago de 300 habitaciones de hotel por cinco meses para personal de salud (2020).

 

Las de fuera de Puebla después

 

Del mismo portal de la Fundación Mary Street Jenkins extraigo el listado de donaciones y obras que contra la voluntad testamentaria original acabaron fuera de Puebla. Es una cuenta larga, y sólo en un caso, el del Ágora Jenkins en la Universidad de Guadalajara, nos enteramos del monto: 2.5 millones de dólares. En este listado no se incluyen los donativos que Jenkins hizo para las obras de restauración entre 1944 y 1949 del sitio arqueológico de Monte Albán en Oaxaca.

1964 / La cuarta parte del presupuesto utilizado para la construcción de la Universidad Anáhuac de la Ciudad de México fue donado por Fundación Mary Street Jenkins.

1964 / Atendiendo la petición del Secretario de Salubridad y Asistencia, el Dr. Salvador Aceves Parra, se hizo una donación al Instituto Nacional de Cardiología.

1964  Donativos para el  Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán.

1965 / Se otorgó un donativo a la Universidad del Estado de Morelos.

1966 / Fundación Mary Street Jenkins otorgó importante donativo a la Universidad Iberoamericana Campus Ciudad de México.

1966 / Entre 1966 y 1974, Fundación Mary Street Jenkins otorgó donativos para la creación del Centro Cultural Universitario Copilco (CUC), vecino a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

1972 / Se otorgó donativo para la construcción y equipamiento de las Escuelas de Agricultura y Veterinaria de Nayarit, Zacatecas y Durango.

1973 / Fundación Mary Street Jenkins otorgó un segundo donativo al Instituto Nacional de Cardiología, dirigida por su fundador, el Dr. Ignacio Chávez.

1976 / Fundación Mary Street Jenkins otorgó donativos para la construcción de la nueva Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.

1977 / Fundación Mary Street Jenkins otorgó un donativo para la Orquesta Sinfónica Nacional.

1978 / Con el fin de obtener mejores variedades de trigo, la fundación concedió un donativo al Centro de Investigación Agrícola de Sonora.

1978 / Durante la estancia del papa Juan Pablo II en México, Fundación Mary Street Jenkins realizó una donación para financiar las visitas en Puebla y México.

1980 / Se otorgaron donativos para la restauración del Centro Histórico de la Ciudad de México en las calles de Moneda y Corregidora, así como para la sede en construcción del nuevo Congreso de la Unión en San Lázaro.

1982 / Se concluyeron las donaciones otorgadas desde 1966 al Instituto Tecnológico de Monterrey.

1982 / A petición del cardenal Ernesto Corripio Ahumada, se otorgó donativo para la Universidad Pontificia Mexicana en Tlalpan, Ciudad de México.

1984 / Se otorgaron donativos para la construcción del Centro de Enseñanza Técnica y Superior (CETYS) de Mexicali, con extensión en Tijuana y Ensenada.

1986 / Se otorga donativo para la reconstrucción tras el sismo.

2005 / Se otorgan donativos al Instituto para el centro oncológico del Hospital ABC.

2005 / Se otorgan donativos al Instituto Nacional de Pediatría (INP).

2009 / Se otorga donativo para el Centro de Cáncer del Hospital ABC entre otros.

2011 / Se otorga donativo para el gimnasio del Colegio Americano de la Cd. de México nombrado el Jenkins Foundation Wellness Center.

2014 / La Fundación se ubica en Zapopan, Jalisco.

2014 / A solicitud de los Amigos del Museo del Palacio de Bellas Artes la Fundación Jenkins inicia la relación con el Museo del Palacio de Bellas Artes para patrocinar los catálogos de todas las exposiciones nacionales e internacionales que ahí se presenten.

2017 / Donativos para la restauración de Monte Albán, en Oaxaca, por las afectaciones sufridas por el sismo de septiembre.

2018 / La Fundación Jenkins entrega un donativo por 2.5 millones de dólares al Fideicomiso del Conjunto de Artes Escénicas de la Universidad de Guadalajara como apoyo al proyecto. Se nombra al espacio central “Ágora Jenkins”.

2018 / Nace la Beca Jenkins – Del Toro con el propósito de fomentar el desarrollo del arte cinematográfico en México en jóvenes que deseen realizar sus estudios en el extranjero.

2019 / La Fundación Jenkins patrocina por primera ocasión el concurso del Fondo de Innovación 100,000 Thousand Strong in the Americas, con el Departamento de Estado de los Estados Unidos de Norteamerica, con la Embajada de los Estados Unidos en la Ciudad de México y con Partners of the Americas.

2020 / Derivado de la contingencia sanitaria, la Fundación destina más de 38.4 millones de pesos en recursos para la instalación y equipamiento de un hospital ambulatorio para pacientes COVID en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias.

2020 / El INAH entrega el galardón editorial Antonio García Cubas a la Fundación Jenkins, por las publicaciones de los libros Redes de Vanguardia y Emiliano Zapata después de Zapata.

Con mil millones de dólares de la Fundación Mary Street Jenkins se ha fondeado todo, según afirman en su portal los Jenkins Landa. No hay manera de probarlo dada la opacidad con la que se ha manejado la institución en todos sus años de existencia.

Los edificios de la Ciudad Universitaria BUAP lo prueban, diremos.

Las instalaciones de la UDLA que se jalonean lo prueban, lo aceptaremos.

Lo que también se prueba es que de sus números no se sabe nada. Ni de cada solicitud y negociación de donativo, de cada valoración de proyectos contra principios fundadores, de cada favor, de tal amarre, de tal pago y bendición al presidente de la república, al gobernador de tal estado, al cura de tal corporación religiosa. Entre filántropos y políticos ha quedado oculta la historia del dinero que no dejó para sus herederos y sí para Puebla el mayor de los oligarcas de los tiempos de mis abuelos.

 

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Desde esa memoria quiero entender lo que ocurre en esta nueva coyuntura en la que se jalonean la UDLA. Una historia que da cuenta de la ignorancia y la indefensión en la que se ha mantenido a la sociedad poblana por las élites del poder a lo largo de sesenta años. Los acontecimientos recientes en la universidad no se pueden comprender sin valorar lo ocurrido entre los gobernadores de Puebla y el patronato de la Fundación Mary Street Jenkins a lo largo de los últimos setenta años. Una historia en la que no ha importado el interrogante más simple: ¿El dinero de una institución de beneficencia privada debe y puede ser supervisado en su administración por el Estado, tal como la marca la ley? ¿La confiscación de la UDLA por el gobierno estatal se justifica por ello?

Creemos saber algo ahora mismo, según hablen los actores de esta tragicomedia de enredos, todos muy seguros de sus acciones.

Que un Juez de Control Federal de Almoloya de Juárez, Estado de México, libera órdenes de aprehensión contra la familia Jenkins Landa, además de sus abogados –el mismo que ha ignorado dos amparos federales existentes--, encuentra responsabilidad penal en la trama financiera que utilizaron para desfondar a la fundación de los recursos que tenía hasta el 2013;

Que Guillermo Jenkins de Landa afirma que la denuncia contra su familia, la que ha permitido que la Fiscalía General de República declare el ejercicio de acción penal contra su madre y sus hermanos, tiene sentido para que no se deje de cumplir el testamento de su bisabuelo;

Que su madre, Elodia Sofía de Landa de Jenkins, la viuda de Guillermo Jenkins Astead, nieto pero también hijo adoptivo del magnate, piensa que su hijo mayor es un ser despreciable cegado por la ambición;

Que según Virgilio Patrón Salas, abogado de la Fundación Mary Street Jenkins y responsable de la trama financiera para ubicar el patrimonio de la fundación fuera del país --y por tanto uno de los indiciados por la Fiscalía General de la República--, todo este litigio parte de la intención que tuvo Rafael Moreno Valle en el 2014 de apoderarse de los recursos de la Fundación;

Que según el gobernador Miguel Barbosa, quien muy ufano se lava las manos y dice que él simplemente está cumpliendo con el mandato de un juez federal,  su intervención no tiene otro propósito que recuperar los más de 700 millones de dólares que los patronos de la Fundación sacaron ilegalmente del país;

Que ese dinero que se disputa en los tribunales y en la toma de la universidad por la fuerza pública y que el gobernador imagina que regresarán con una simple transferencia electrónica no se encuentra en dólares contantes y sonantes y que en las cuentas de la lechera que se ofrecen en los medios es imposible saber cómo se llega a la cifra de 700 millones de dólares: que la instalación física de la UDLA en Cholula, parte de ese patrimonio, vale algo así como 300 millones de dólares y los activos de la Fundación en el año 2012 alcanzaban los 233.4 millones de dólares. Y que el patrimonio de la Fundación, valuado en 3,750 millones de pesos, repartido en al menos 19 inmuebles en Puebla y el estado de México, entre predios, casas y edificios; 21 automóviles, un helicóptero, medio centenar de obras de arte, acciones en empresas y cuentas bancarias, pasó en el año 2014, por la vía de una donación, a una empresa de nombre Fundación Bienestar de Filantropía, registrada en Aguascalientes, y que en el 2015 reapareció en Panamá con la razón social Fundación para el Desarrollo Latinoamericano, para derivar finalmente en la empresa FPDL S.A con la que la familia Jenkins Landa administra ha administrado desde entonces los recursos de la antigua Fundación Mary Street Jenkins.

Que Enrique Rodríguez, el abogado de la Fundación Mary Strett Jenkins, sostiene en sus manos los dos suspensiones federales que se han violado con la destitución de los patronos de las fundaciones Jenkins y UDLA;

Que luego dice más Miguel Barbosa, que el rector Derbez es el que concibe, planea y ejecuta el desfalco de la Fundación;

Que en la UDLA hay un solo rector, “y ese soy yo”, dice Luis Ernesto Derbez, que la toma de la UDLA es “un circo mediático”, que “aquí hay un complot” y que el nombramiento de Armando Ríos Piter como rector de la UDLAP es ilegal e improcedente.

Que Armando Ríos Piter consuma la toma-despojo-desposesión por el gobierno de Puebla, y que dice no saber si las empresas en las que participa han facturado  para el gobierno de Miguel Barbosa, afirma que su perfil “es de buena fe”, y que todo será transparente y que está “para recuperar la certidumbre”, que “esto no es de amistades” y que se manejará con el principio de la autonomía universitaria.

Que, de paso, y tal vez de frente, el fiscal Alejandro Gertz Manero ha encontrado el camino para hacerse al fin de la Universidad de las Américas, por lo que no le preocupa que el funcionario de su Fiscalía perseguidora de los Jenkins Landa y Luis Ernesto Derbez, ha sido su apoderado en los pleitos por la marca UDLA;

Que los miembros de Consejo Empresarial de la UDLAP firman y no firman con sus nombres un comunicado el jueves 15 en el que rechazan la imposición de Ríos Piter como rector. Esa es una historia vieja de los hombres y mujeres del dinero en Puebla. El miedo al poderoso en turno que ostenta el cargo de gobernador.

Cuánto dice saber cada uno, y con todo lo que dicen no sabemos nada.

Cuánto no sabemos en el pleito por el dinero de la Fundación Mary Street Jenkins. Cuánto historia no se ha contado tras 58 años de la muerte del magnate. Cuántas horas de juntas de patronos en la oficina de Manuel Espinosa Yglesias entre 1964 y 1995 se ocuparon para trastocar con lo establecido en el testamento de William O. Jenkins y sin que ni por equivocación a alguien se le ocurriera pensar en la Ley de Instituciones de Asistencia privada que existe desde 1901 en Puebla.

Cuánto de lo que no sabemos ahora.

Me hago estas preguntas para plantar una última, la que me hace esta tarde una madre de familia, la misma que desde su salón virtual de clase me ha hecho mi amigo académico.

“Si tuvieras un hijo estudiando en la UDLAP, ¿qué harías? ¿Que se quede o se cambie?”