diciembre 5, 2025, Puebla, México

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La 4T no es propiedad privada

«La revolución», «la causa», «el movimiento», «la transformación»… «la Cuarta Transformación». Históricamente quienes deciden andar el camino del activismo político desde la izquierda construyen un nombre común para llamar al propósito de sus luchas.

Todos estos conceptos, con el pasar del tiempo, de las voces, de los caminos y de los intereses se van convirtiendo en etéreos, de fácil uso, pero difícil entendimiento, casi dogmáticos, muy útiles para defender las posturas personales que por interés o por protagonismo profesan sus más férreos defensores.

Quienes desde hace décadas hemos andado en el camino del activismo, podemos constatar numerosas luchas que tristemente terminan fragmentadas, dispersas y con rencores. Las causas terminan enterradas ante el protagonismo y el sectarismo, haciendo visible uno de los mayores retos del activismo político desde las izquierdas.

En la efervescencia de una lucha, en la escalada de conquistas y triunfos, los activistas diluyen sus individualidades y construyen una colectividad a partir del ideal y el propósito; sin embargo, sin poder renunciar a su naturaleza humana y a sus condiciones sociales y culturales, estos mismos triunfos comienzan a mutar al escenario de las individualidades, forzando realidades que justifican que lo hecho propio dio por consecuencia esas pequeñas victorias, y que los errores de los otros son la causa de las derrotas; al menor conflicto recurren a la búsqueda de culpables.

Cuando Irene Vallejo comenta en su último artículo que » …el pensamiento mágico cree que, señalando nombres y rostros, el mal quedará exorcizado» pienso en las tantas veces que la izquierda pelea con la izquierda, por culpa de la otra izquierda.

Y pienso en el gran reto que ha tenido las y los activistas convertidos en funcionarios públicos para eludir la falsa seducción del protagonismo y de ponerle su nombre y apellido a las revoluciones.

Hoy, la llamada Cuarta Transformación es utilizada por propios y extraños como un concepto etéreo, útil para adornar discursos y más útil para defender posiciones, pero poco aplicado en el escenario colectivo de simpatizantes y militantes, de un movimiento social que —no podemos olvidar— está basado en 2 grandes pilares: uno, el liderazgo moral y ético de Andrés Manuel López Obrador, y el otro, las terribles décadas de agravios, excesos e injusticias de una clase política acostumbrada a los privilegios y el saqueo.

Mientras algunos sectores defienden y apropian su 4T personal, convierten los espacios políticos en círculos de estudio solo para suscriptores y utilizan los medios digitales para pelear y descalificar —no para debatir ni discernir— con quienes no pertenecen a su individual visión «cuatroteísta» la derecha avanza, camina tratando de recuperar sus privilegios.
Una vez más parece que nos estamos equivocando de adversario.